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LOS DOS DEUDORES
Padre,
en el nombre del Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad
nueva de estar reunidos en tu presencia por la fe. Gracias, Señor,
porque no te buscamos nosotros a Ti, sino Tú a nosotros; y no es que
nosotros te hayamos amado a Ti, eres Tú el que nos has amado a nosotros,
eres Tú el que nos ha buscado, nos ha encontrado, nos ha perdonado, nos
has atraído a Ti. Gracias Padre, en el nombre del Señor Jesús.
Concédenos en esta noche, Señor, considerar tu Palabra en tu presencia,
con tu socorro y con tu ayuda, Señor; que tu Palabra nos pueda hablar.
No te canses de hablarnos, Señor; siembra con tú Espíritu nuestro ser
para que tu Palabra dé fruto. Tú dices que tu Palabra no volverá vacía a
Ti; queremos ser buena tierra delante de Ti, que tu Palabra produzca
fruto para Ti; no queremos ser oidores olvidadizos, no estamos delante
del hombre, sino delante de Ti, Oh Dios; ayúdanos, en el Señor Jesús,
amén.
Hermanos,
continuaremos entonces hoy la serie de los misterios del reino de los
cielos en las parábolas del Señor Jesús y nos corresponde hoy ir al
libro de Mateo, al capítulo 18, a la parábola de los dos deudores; está
entre los versos 23 y 35. Esta parábola no se encuentra ni en Marcos, ni
en Lucas, ni en Juan, tampoco en el llamado evangelio de Tomás; es
exclusivamente registrada por Mateo; y desde el principio quiero
llamarles la atención a la ubicación de la parábola, su contexto con las
demás parábolas que vimos las últimas tres veces; las últimas tres
parábolas que hemos considerado son: la de las cien ovejas, las diez
dracmas y el hijo pródigo; y esta parábola también está dentro del mismo
contexto. Si ustedes quieren ver el inicio del vero 23 donde dice: "Por lo cual".
Lo que habíamos visto de la parábola de las cien ovejas, está en este
mismo capítulo 18, pero el contexto comienza desde el verso 1; en el
verso 10 viene la parábola de las cien ovejas, aquella oveja perdida de
entre las cien, lo que hizo el Señor; y luego el Señor en continuación,
como lo vimos cuando estudiamos esa parábola, dice desde el verso 15. "Por tanto, si tu hermano peca contra ti"; la palabra "Por tanto"
está ligando el contexto; sólo que la parábola que recordó Mateo fue
esta de las cien ovejas, pero él no recordó la de las diez dracmas, ni
la del hijo pródigo, que son exclusivas de Lucas, solamente Lucas las
recordó; pero Lucas las colocó como continuación de esta parábola; y a
la vez, después Mateo recordó del Señor Jesús otra parábola que es esta
de los dos deudores; o sea que la parábola de los dos deudores es una
continuación de las cosas que se dijeron en aquel día. Aquellas primeras
tres parábolas: la de las cien ovejas, la de las diez dracmas y la del
hijo pródigo, las llamamos una trilogía porque tienen un mensaje muy
similar. Esta parábola que vamos a ver hoy de los dos deudores, también
es una parábola, que no pertenece a esa trilogía, pero que sí da un paso
más allá y que tiene que ver con el contexto que se venía hablando en
Mateo 18 desde el 15 hasta al 22, cómo se debe perdonar al hermano;
vimos ese pasaje cuando estudiamos las cien ovejas; tenía que ver con
las cien ovejas; lo importante que es para el Señor una sola de sus
ovejas; por lo tanto, el cuidado que tenemos que tener con los hermanos
para que ninguno falte.
Vamos a comenzar a leer en el capítulo 18 desde el versículo 23 al 35: "Por lo cual";
y esa es la frase de hilación, de colocación dentro del contexto. Vamos
a leerlo primero todo, recibir la impresión primera, y luego
comentaremos paso por paso esta parábola que tiene muchas cosas
profundas. El hermano Watchman Nee decía que era más difícil explicar
Mateo que explicar Apocalipsis; y realmente uno de los pasajes más
difíciles, no es por él en sí mismo, sino por esta parábola que vamos a
considerar hoy. Vamos a leer desde el 23 al 35: "Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos". Otra dice: un rey que quiso hacer bodas a su hijo; pero aquí ya se trata de cuentas con sus siervos. "Y
comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil
talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su
mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo,
movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo
aquel siervo (no era otro, era el mismo) halló
a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él,
le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo,
postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo
te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel,
hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se
entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había
pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda
aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces
su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo
que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no
perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas."
Como les decía, Mateo es más difícil de entender, de explicar, que el
propio Apocalipsis. Este es uno de los pasajes más serios, más
profundos, por todas las implicaciones que tiene, y porque debemos
interpretarlo y entenderlo en todo el contexto mediato e inmediato, y
también en el general de las Sagradas Escrituras.
Comienza el Señor hablando: "el reino de los cielos es semejante";
o sea que ésta es otra semejanza más, otra parábola del reino de los
cielos; las parábolas las inicia de esa manera; y aquí la inició también
de la misma manera; no aparece aquí la expresión parábola, sin embargo
todas las connotaciones de una parábola aparecen. Entonces está hablando
del reino de los cielos; ya aquí nos da una primera clave de
interpretación. Primero, cuando dice: "Por lo cual",
acababa de hablar cómo se debe perdonar al hermano, y luego entonces
aquí da una continuación, que es con esta parábola, y dice que es el
reino de los cielos. Muchas veces el Señor Jesucristo habló del reino de
los cielos; no es la primera vez, sino una entre las muchas; aquí mismo
hemos estado estudiando ya más de veinte parábolas, porque se habla del
reino de los cielos; de manera que tenemos que interpretar también esta
parábola en relación con las demás. Él dice: el reino de los cielos es semejante a esto; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a
esto otro; de manera que todas estas semejanzas del reino de los cielos
lógicamente que no son contradictorias, sino complementarias; por lo
tanto, debemos interpretar también esta parábola dentro de la
complementariedad; es decir, en el mismo espíritu de todas las demás.
Por las demás que ya hemos estudiado, y otras que inclusive tendremos
que estudiar Dios mediante, nos damos cuenta de que el reino de los
cielos se refiere a un capítulo especial con sus partes del reino de
Dios. La expresión de éste último, para recordarlo, es una expresión
general que va de la eternidad a la eternidad; en cambio el reino de los
cielos se refiere a una sección del reino de Dios. El reino de Dios no
tiene comienzo ni tiene fin, porque Dios desde la eternidad reina y por
la eternidad reinará, pero en el reino de Dios ha habido etapas, a
partir de la creación, del mundo invisible, del mundo visible, luego la
caída de Lucero, un querubín que llegó a ser Lucifer, y la tercera parte
de los ángeles, y luego la caída del hombre, y luego la promesa hecha a
Abraham, y luego cuando Dios dio la Ley en el período de Israel, la Ley
de Moisés, luego la venida de Juan el Bautista anunciando que el reino
de los cielos se acercaba; o sea que el reino de Dios ya estaba
aconteciendo; por eso dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y
dado a otro pueblo; ya estaba aconteciendo el reino de Dios, pero el
reino de los cielos se acercaba, decía Juan; y luego Jesús dijo también:
entre vosotros está; o sea, el Señor Jesús introdujo el reino de los
cielos. Nos damos cuenta de que el reino de los cielos son unos
capítulos especiales del reino de Dios. De eternidad a eternidad es el
reino de Dios, pero desde que Juan lo anunció: se acerca el reino de los cielos,
y desde que el Señor Jesús lo introdujo, es el reino de los cielos. Y
luego, a través de las parábolas que abarcan el reino de los cielos. El reino de los cielos es como un sembrador que salió a sembrar;
el Señor es el que siembra, es la primera venida de Cristo como el
Verbo encarnado, sembrando la palabra de Dios; luego vino el enemigo y
sembró cizaña; y luego vemos el trigo y la cizaña creciendo juntos, la
historia de la iglesia con los buenos y los malos, todos mezclados;
luego viene la siega, o sea la segunda venida de Cristo; luego unos van
al reino, otros van al fuego; o sea, nos damos cuenta de que el reino de
los cielos incluye la primera y la segunda venida de Cristo, toda la
historia de la Iglesia, el tribunal de Cristo, el juicio de las
naciones, el Reino Milenial; todo eso es lo propio del Reino de los
Cielos.
Por
lo tanto, para interpretar aquí el resto de la parábola, tenemos que
comenzar teniendo en cuenta eso, que el reino de los cielos abarca el
período de la historia de la Iglesia y el Milenio; por lo tanto, cuando
entendemos la palabra "perdón", tenemos que entender la palabra "perdón" en el contexto del reino de los cielos. En la Biblia aparecen varios contextos para la palabra perdón. El perdón eterno,
que es el perdón que se le da a un pecador que reconoce sus pecados y
que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ama de tal manera
que envió a su Hijo para que Jesucristo muriera por sus pecados en la
cruz; entonces esa persona recibe al Señor Jesús, y por creer en Él como
el Hijo de Dios, como su Señor, como su Salvador, es perdonado;
entonces esa persona recibe el perdón eterno; ha pasado de muerte a
vida, y no perecerá jamás, según las propias palabras del Señor
Jesucristo; es el perdón en el nivel general, y que tiene que ver con la
eternidad; incluso más allá del Milenio; tiene que ver con el cielo
nuevo, con la tierra nueva y con la Nueva Jerusalén; ese es el perdón
eterno, el perdón que el Señor le da a cualquier persona que de corazón
sincero reconoce sus pecados y reconoce al Señor Jesús como el Cordero
expiatorio que murió en nuestro lugar, derramó su sangre y nos perdonó.
Entonces por eso Dios nos perdona definitiva y eternamente. Ahí no está
hablando de siervos, ahí está hablando de cualquier ser humano; aunque
lógico que después de ser perdonados, ahí todos nos hacemos siervos en
la práctica, aunque siempre lo somos por creación.
Pero
hay otro aspecto del perdón, que se le da a los hijos ya salvos para
restaurar la comunión perdida por los pecados de los hijos; ese es otro
tipo de perdón, que es también perdón, sólo que no es un perdón para
salvar, sino un perdón para restaurar la comunión. Ustedes recuerdan que David dijo: restáurame el gozo de la salvación;
no dice: restáurame la salvación, porque la salvación es un regalo de
Dios; la salvación es un don, la salvación nadie la puede comprar, nadie
la puede merecer; el hombre no puede hacer nada para salvarse por sí
solo; sumando todo lo que el hombre haga, no le alcanza para merecer la
salvación. Por eso es que la palabra dice: la paga del pecado es muerte; más la dádiva, o sea el regalo de Dios, es vida eterna; y por eso Pablo escribió a los Efesios de que por gracia somos salvos por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe.
Entonces la salvación eterna no se debe a lo que nosotros hacemos, sino
a lo que el Señor hizo por nosotros; lo que nosotros hacemos es lo que
nos merece el juicio. Si vamos a sumar lo que nosotros somos y hemos
hecho, merecemos este juicio, no la salvación. Por eso Dios, sabiendo
que nadie puede salvarse por sí solo, envió a su Hijo; o si no
Jesucristo no hubiera venido; hubiera bastado con Moisés, cumplan los
mandamientos, el que los cumpla se salva y el que no los cumpla se
pierde. El problema es que ninguno los ha cumplido siempre todos; por lo
tanto, todos somos culpables, y todos merecemos el juicio de Dios.
Entonces por eso Dios no dejó un solo Testamento con Moisés; la Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús;
es decir, el Señor Jesús introdujo la gracia. El juicio al que nos
condenaba la Ley, Él lo tomó sobre Sí mismo; por eso incluso la Ley ya
preparaba sacrificios con corderos, en figura del verdadero Cordero de
Dios. Ahora Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que en Su muerte
tomó sobre Sí mismo, siendo inocente, el juicio de todos los pecadores
del mundo, para que todo aquel que crea, crea y lo recibe, sea
beneficiado, sea perdonado y se salve. Entonces cuando la persona cree,
reconoce sus pecados ante el Señor, cree, recibe al Señor, la sangre de
Jesucristo su Hijo le limpia de todo pecado, y esa persona, como dijo
Jesús: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida,
es salva. Entonces, en cuanto a la salvación eterna, este perdón de
Dios es eterno, por cuanto es para salvación eterna, y la vida eterna.
La naturaleza del Espíritu que Él nos da es también eterna; nos da vida
eterna. Por lo tanto, aquí esta parábola que consideramos ahora, no está
hablando de la vida eterna, sino que está en el contexto del reino de
los cielos, en el contexto del período de la Iglesia, del tribunal de
Cristo, del juicio de las naciones y del Reino Milenial; ese es el
contexto aquí.
Tenemos
que ver otros pasajes de la Biblia que hablan también del perdón en
otro aspecto; ya no es el del perdón para salvación eterna, sino en el
del hijo que ya es salvo, y que vuelve y peca; porque ¿cuál de nosotros
que ha creído en el Señor no necesita ser constantemente perdonado? Pero
ese perdón no es para restaurarle la salvación, porque ésta en su
primer sentido es un regalo incondicional; no es algo que se da y se
quita; la salvación es un don. Pero si un hijo, que ha sido perdonado
eternamente por Dios, y salvado en ese primer sentido, falla contra su
padre, falla contra sus hermanos, falla contra sí mismo, falla contra la
sociedad, peca incluso contra la naturaleza…, no dejó de ser un hijo,
pero es un hijo que pecó. Entonces necesita que el perdón restaure su
comunión con Dios, y que el gozo de la salvación le sea devuelto.
Entonces eso no es que un hijo dejó de serlo, y vuelve y lo es; como si
en un día puede ser por tres horas hijo, y veintiuna horas perdido; no,
la Biblia no habla de eso; quien nació de nuevo es un hijo, y es un hijo
para siempre; sólo que por ser un hijo no quiere decir que esa persona
ande siempre en el Espíritu; aunque es un hijo, no andamos siempre en el
Espíritu; a veces andamos en la carne y pecamos. Entonces ¿qué pasa con
un hijo que no anduvo en el Espíritu, que pecó? Necesita arrepentirse
de nuevo, reconocer su pecado, y pedir perdón; y el perdón restaura la comunión con su Padre; ese es un segundo aspecto del perdón; es un perdón para restaurar la comunión,
no la salvación; la salvación es eterna; pero los hijos salvos, a
veces, y muchas veces, pecamos, y necesitamos de nuevo que se restaure
nuestra comunión con Dios y los demás; ese es otro aspecto del perdón.
Hay aún un tercer aspecto del perdón, que tiene que ver con el contexto del Reino;
tanto el contexto de la Iglesia, como restaurar la comunión, y también
en el contexto del Reino, del Milenio. Es que el Padre no solamente
perdona a sus hijos, y restaura la comunión con ellos, sino que también
el Padre los disciplina. No porque somos hijos no necesitamos
disciplina; si somos un hijo como David, por ejemplo, David es un hijo,
pero David cometió un pecado grande; David vio que la vecina casada con
Urías era muy hermosa, la vio que se estaba bañando; pero ella era ya
una mujer casada; entonces David se inventó una manera: como aquel
hombre, el esposo de ella, era un gran militar, entonces lo puso al
frente de la batalla de manera indirecta, para que muriera, y quedarse
con su esposa; él adulteró con ella, y mató al otro; ese fue un pecado
grave. Pero entonces Dios envió al profeta Natán, que lo encaró de
frente, y ahí David se dio cuenta de la magnitud de su pecado; David se
arrepintió de todo corazón, pidió perdón a Dios; ahí fue cuando se
escribió el Salmo 51. Ahí vemos en la historia, que Dios perdonó a
David; o sea, restauró su comunión con David; sin embargo, aunque Dios
lo perdonó, y David seguía teniendo comunión con Dios, Dios le asignó
una disciplina a David. La disciplina no es que pague por el pecado,
pues la paga del pecado es muerte; ninguna de las disciplinas que
nosotros suframos es para pagar todo lo que merecemos; sólo Jesucristo
es el único que paga todo el pecado; pero la disciplina es para perfeccionar el carácter del hijo que peca, y para desagraviar al agraviado.
Porque si el Padre solamente perdonara, y siempre perdonara, pero no
disciplinara, entonces seríamos personas que solamente estaríamos
pecando, porque diríamos: sí, mi Padre me va a perdonar; y ciertamente
que nos perdona, pero Dios sabe como somos; entonces necesitamos, además
del perdón, que es para restaurar la comunión, una medida de disciplina
para entrenarnos. Entonces Betsabé tuvo ese bebé, y David se aficionó a
ese niño; y Dios le iba a quitar el niño, pero no se lo llevó de golpe,
sino que permitió un período de enfermedad para el niño, a fin de que
David entendiera; y David empezó a luchar, y a interceder, y a orar para
que el niño no se muriera; sin embargo, Dios no le oyó, y se murió su
hijo. Después tuvo muchos otros problemas más en
su casa; uno de los hijos se peleó con el otro, y uno mató al otro, y
otro se rebeló contra él; incluso fue avergonzado públicamente; las
mujeres que tenía David se las tomó un hijo suyo y las tuvo en la
terraza delante de todo el mundo; y otras personas lo persiguieron. Es
decir, muchos sufrimientos tuvo David. No es que esos sufrimientos eran
para que David pagara totalmente su pecado, no; la expiación, el cordero
expiatorio, fue quien pagó por su pecado, en figura de Cristo, porque
en ese tiempo era una tipología; pero el castigo era en relación a
formar el carácter de David y desagraviar.
Entonces,
a pesar de que la expiación es suficiente para expiar totalmente la
muerte que es paga del pecado, para perdonar eternamente, para propiciar
suficientemente, y nosotros con nuestros sufrimientos NO añadimos nada a la expiación,
sin embargo, para nuestro tratamiento, y el desagravio de los
agraviados, para la formación de Cristo en nosotros, para nuestra
corrección, necesitamos una disciplina paternal.
Entonces, cuando Dios establece una disciplina, esa disciplina dura un
determinado tiempo, según el efecto que produzca en nosotros; NO es un
efecto de salvación eterna en base a la disciplina para con él, ¡no!,
sino que es un tratamiento para con nosotros, para ganar nuestra alma y
librarnos de lo que somos. Cuando nosotros hemos llegado al punto que
Dios esperaba con esa disciplina, entonces el Señor levanta la
disciplina, y eso es lo que se llamaría un perdón de disciplina bajo el gobierno correctivo divino. Watchman Nee lo refiere como perdón de gobierno.
Por ejemplo, puede ser, no es que haya sucedido, sino que digo solo
como un ejemplo, que mi hijo por allá se estuvo peleando con unos
muchachos en la calle; entonces yo lo llamo, lo entro, lo corrijo, lo
castigo, y luego nos tratamos de nuevo como amigos; ya estamos de amigos
otra vez, pero yo le digo: -hijo, tú no puedes por ahora salir de nuevo
a la calle con esas personas. No es que ya no sea mi hijo; sí es mi
hijo, e incluso estamos otra vez en comunión; sí, estamos en comunión,
pero no puede salir libremente a la calle, hasta que llegue un momento
en que la actitud del hijo sea sumisa; y entonces el padre le dice: -ahora si puedes salir-; se levanta la disciplina, y ese es el perdón de disciplina o gobierno, en el contexto actual del reino de los cielos, en su capítulo de la historia de la Iglesia; e incluso puede continuar la disciplina durante el Milenio.
No es fácil, como decía el hermano Watchman Nee, entrar apresuradamente
bajo la disciplina de Dios, pues Dios es comprensivo, paciente y
longánime; pero menos fácil, si fue necesario que entrásemos en esa
disciplina, es salir de ella. Si llamamos la disciplina de Dios sobre
nosotros, no saldremos de allí hasta que el Señor haya hecho en nuestro
ser lo que esperaba con esa disciplina. A veces nosotros no entendemos
aquí tan fácilmente que estamos bajo una disciplina, y lo que hacemos es
prolongarla más, porque no estamos entendiendo bien lo que Dios está
haciendo con nosotros.
Entonces son tres los aspectos diferentes del perdón: (1) el perdón eterno para un perdido que pasa a ser un hijo salvo eternamente; (2) el perdón de comunión
para un hijo que restaura con su Padre la comunión; no había dejado de
ser hijo, ni había perdido la salvación eterna, pero tenía problemas con
su Padre, y por lo tanto podía acarrearse una disciplina en esta vida e
incluso en el Milenio; entonces se necesitaba el perdón de comunión, y
(3) también el perdón de la disciplina, o perdón de gobierno paternal,
para que la disciplina, ya sea en esta tierra durante la era de la
Iglesia, o en el Milenio, también en esta tierra, sea quitada. Allí es
cuando se paga el último cuadrante. La obra expiatoria
para la salvación eterna es el Señor el que la pagó con Su muerte, pero
en cuanto a la disciplina que precisamos como hijos amados que somos del
Padre, que a nadie deja sin disciplina, somos nosotros los que pagamos
el último cuadrante; dijo el Señor Jesús: "de cierto os digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuadrante".
Entonces,
para poder captar esta parábola en el contexto integral de la Biblia,
teníamos que tener en cuenta: primero, su ubicación respecto a lo que
está hablando del perdón de los hermanos en la iglesia; segundo, su
contexto dentro del reino de los cielos: la era de la Iglesia y el Reino
en el Milenio; y tercero, los distintos niveles de perdón de que habla
la Biblia; entonces, ya con estas bases, vamos a seguir leyendo esta
parábola.
"El reino de los cielos es semejante a un hombre rey…"; realmente el idioma griego dice: hombre rey, antropos Basileo;
no sólo rey, sino hombre rey; quiere decir que aquí nos está hablando
de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la encarnación del Verbo de
Dios, que es el Señor; Él es el Rey; entonces dice: "quiso", porque es su propósito que todos sus hijos siervos pasemos por el tribunal de Cristo, de cuentas, "quiso hacer cuentas con sus siervos".
Ahora está hablando de los siervos en ejercicio; aquí no está hablando
de personas perdidas que debieran servir mas no lo hacen; sino que habla
de personas que tradicionalmente le han estado sirviendo al Señor, a
quienes el Señor les encargó una labor que hacer mientras estaban en la
tierra. Pero lógicamente que de todo lo que nosotros hacemos, o lo que
dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que decimos, lo que no queremos,
lo que no hacemos, pecados de acción y pecados de omisión, de todo eso,
cada uno de nosotros va a rendir cuentas. Pero aquí en esta parábola se
trata del contexto del reino de los cielos, que ya hemos estado
estudiando; no está hablando del Gran Juicio del Trono Blanco, porque al
juicio del trono blanco no pasan los siervos, sino los perdidos y los
que no reinaron en el Milenio; pero los siervos pasan por el Tribunal de
Cristo; son diferentes juicios; no hay que confundir los juicios. La
palabra del Señor habla de tres tipos de juicios: Primero, Dios dice que
su juicio comienza por Su casa, porque uno no puede
corregir los bastardos, hijos ajenos, sin corregir primero los propios;
entonces Dios primero corrige a sus hijos, a sus siervos, a sus amados;
son éstos los primeros que Él corrige. Entonces en la Biblia se habla
del Tribunal de Cristo para los siervos hijos; luego vendrá, según Mateo 25, el juicio a las naciones que sobreviven a la gran tribulación,
para definir las ovejas que van a entrar en el Reino, sobre los cuales
reinarán los vencedores de las iglesias; y luego sí, después del
Milenio, viene el Juicio Final del Trono Blanco. Son tres juicios
diferentes: tribunal de Cristo para los hijos, y otro juicio para las
naciones antes del Mileno y en función del Milenio; vendrá el Hijo del Hombre en su gloria y reunirá las naciones; ¿por qué? porque la recompensa que Él dará a sus hijos es reinar sobre las naciones. Dice en Apocalipsis: Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro;
eso se refiere al Milenio. Entonces primero los hijos son juzgados para
determinar quienes van a reinar sobre las naciones; entonces los que
reinarán sobre las naciones se definirán en el Tribunal de Cristo. Luego
se juzga a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, y ahí se
define quienes van al infierno de la Gehena, y quienes entran al Reino
Milenial bajo el gobierno de los hijos que resultaron facultados en el
Tribunal de Cristo para reinar con Cristo por mil años; y después del
Milenio viene el juicio final, el de los demás muertos, el juicio total
de todos los demás seres humanos; porque todos serán presentados; los
que no estén en el Libro de la Vida, van al lago de fuego y azufre de la
Gehena eónicamente; esa es ya la perdición indefinida. Se trata del
último juicio, el del Trono Blanco al final. Aquí, en la parábola por
ahora, estamos hablando del reino de los cielos, o sea, del período de
la Iglesia y del período del Milenio, antes del juicio final; y
lógicamente antes del cielo nuevo, antes de la nueva tierra, y antes de
la Nueva Jerusalén. Él está hablando del reino de los cielos. Entonces
cuando dice: "un rey quiso hacer cuentas con sus siervos",
sus siervos aquí se está refiriendo a los que pueden ser convocados al
Tribunal de Cristo; y entonces vamos a ver los versos, por causa de los
hermanos que no están acostumbrados todavía con estos detalles.
Vamos al capítulo 14 de Romanos, versículo 10; allí dice el apóstol Pablo de la siguiente manera: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? (está hablando de los hermanos) Porque
todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está:
Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda
lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios
cuenta de sí". Entonces aquí está hablando del tribunal de Cristo
para nosotros; allí está incluido Pablo, los apóstoles; o sea que es
para los hijos, para los siervos.
2ª a los Corintios capítulo 5 versículo también 10; aquí tenemos, como se dice, dos testigos: toda palabra conste en boca de dos o tres testigos; aquí vamos a un testigo nuevo, 2ª a los Corintios 5, versículo 10; dice allí: "Porque es necesario (noten, necesario, nadie puede escaparse de esto) que todos nosotros (aquí "nosotros" somos los creyentes, los hijos, hasta los apóstoles, todos los siervos de Dios) comparezcamos
ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".El galardón que los vencedores recibirán es adicional a la salvación eterna. En Efesios dice: "por gracia sois salvos, no por obras, para que nadie se gloríe".
En cuanto a la salvación eterna, somos salvos porque Él murió por
nosotros, derramó Su sangre hasta la muerte, y nosotros creímos y lo
recibimos; ahora somos salvos eternamente y somos hijos. Pero ahora los
hijos somos siervos y servimos a Dios, y ese servicio, bueno o malo, el
servicio y también los pecados no confesados, y los estorbos y
escándalos de los hijos, de los siervos, van a ser juzgado en el
Tribunal de Cristo, no para decidir la salvación, porque ya la salvación
está decidida: "El que oye a mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida, no vendrá a condenación".
En el Tribunal de Cristo no se decide la salvación eterna, pues la
salvación eterna se decidió cuando creíste en el Señor Jesús; ahí lo
recibiste y se decidió la salvación eterna; pero además de la salvación
eterna, como la salvación te hace hijo, y como hijo te haces siervo, ese
servicio va a ser galardonado no con la salvación eterna, sino con la
salvación del alma en el Reino Milenial; el Reino es una posición
especial, como está escrito: Sé sobre diez ciudades, sé sobre cinco ciudades; el Reino Milenial es una posición, algo adicional a la salvación eterna.
1ª
a los Corintios 3 nos habla de la diferencia entre galardón y
salvación; me perdonan los que ya conocen esto que vayamos tan despacio
por causa de los demás. 1ª a los Corintios capítulo 3; voy a leer desde
el versículo 12 en adelante: "Y si sobre este fundamento…",
(o sea, ya la persona está en el fundamento que se acaba de decir, que
es Jesucristo; ya está salva, la persona ya es salva) "si sobre este fundamento alguno edificare",
ahora ya habla de edificar, no habla de creer para la salvación; pero
después de creer, ya eres salvo, ahora eres siervo, y entonces el
trabajo ahora es edificar, no está hablando de la salvación, está
hablando de la edificación realizada por los salvos, los que ya están en
el fundamento; "si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera (que es distinto de oro), heno (que es distinto de plata), hojarasca
(que es distinto de piedras preciosas; oro se refiere a la naturaleza
divina, plata se refiere a la redención, piedras preciosas se refiere a
la obra transformadora del Espíritu Santo; en cambio madera se refiere a
lo meramente humano; heno es pura paja; hojarasca son las hojas que
caen, que no tienen vida, que no están viviendo del árbol, y entonces
están secas; esa es la hojarasca; entonces hay cosas que nosotros
hacemos en la carne, y eso es pura paja; no está hablando de la
salvación, sino del trabajo de los salvos por gracia; entonces dice
aquí: "la obra de cada uno se hará manifiesta porque el día la declarará"; habla de la obra, no está hablando de la salvación; "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada"; ahora dice aquí: "y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, ( no está hablando de la salvación, la salvación ya es un hecho, está hablando del reino) recibirá recompensa"; noten: "si"
es un condicional, no está hablando de la salvación, la salvación es
creer, ya eres salvo, pero ahora los salvos trabajan, y ese trabajo se
prueba en el Tribunal de Cristo, para definir su posición en el Reino,
no la salvación, la salvación ya fue definida, es otra cosa la que se
define aquí; entonces dice aquí: "si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa",
no dice: la salvación; la salvación no es por obras, para que nadie se
gloríe; pero la recompensa sí es por obras; el lugar en el Reino. "Si la obra de alguno se quemare",
si era un siervo, pero lo que hizo, él mismo lo borró, escribió con la
mano y borró con el codo, que es lo que nos pasa muchas veces, "Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida", habla de sufrimiento y de pérdida, y ahora habla de fuego, pero no eterno; "sufrirá pérdida", es decir, en relación con el galardón, "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".
O sea que la salvación es diferente del galardón; será salvo ¿por qué?
porque él no pierde la salvación, la salvación es un regalo, la
salvación no es un préstamo. Cuando Dios sabía que nadie se podía salvar
si Él no le daba la salvación, los que creyeron la recibieron,
son salvos; pero eso no quiere decir que porque son salvos no tengan que
ser hijos y siervos, y que no tengan que ser corregidos o
recompensados, no con la salvación, sino con su lugar en el Reino, o su
exclusión temporal del Reino, ¿ven?
Entonces,
teniendo en cuenta esto, volvamos a 2ª a los Corintios capítulo 5,
porque hicimos esta disgresión para captar de que es de lo que está
hablando aquí, para no confundir salvación con galardón, ni salvación
por obras; no, no es salvación por obras, es salvación por fe; pero si
la salvación es por fe, ¿qué lugar tienen las obras? Este es el lugar de
las obras, no para salvar, sino para edificar y ser recompensados en el
Reino; es algo adicional y diferente de la salvación que es un regalo,
¿amén? ¿está claro? Entonces volvemos a 2ª a los Corintios 5; estamos en
el verso 10: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba…", noten, aquí no se está decidiendo "la salvación"; ¿qué se decide en el tribunal de Cristo? El lugar en el Reino. "Bien hecho, siervo fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades,
o sobre 5, o sobre dos; ¿tú quien eres y qué hiciste? Pero si no se te
reconoce, entonces vas al castigo temporal, ¿se dan cuenta? Entonces
dice aquí: "para que cada uno reciba según lo que haya hecho…", ya no es solo por la fe; la fe es para salvación, pero aquí no se está definiendo la salvación, ¿ven? "…mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo";
si hizo algo bueno, va a recibir recompensa; pero si hizo algo malo y
no lo arregló, va a sufrir pérdida; y aunque su salvación no se pierde,
pasa por fuego; un salvo que sufre pérdida y pasa por fuego. Aquellos
siervos, que sabiendo la voluntad de su Señor, no se prepararon ni
hicieron, son castigados con pocos o muchos azotes, y van a la prisión
hasta que paguen el último cuadrante. Aquí no está hablando de que
él tiene que pagar por su salvación, como si el Señor no pagó, no; el
Señor ya pagó su salvación; aquí lo que él tiene que pagar, el precio
que el hombre tiene que pagar, es el precio para madurar, para ser hecho
a la imagen de Cristo, para desagraviar al agraviado. La salvación no
se está discutiendo aquí; no vayan a confundir una cosa con otra; la
salvación es un regalo; pero para ser maduro y ganar el alma
asemejándola a Cristo, hay que pagar un precio; si no lo paga aquí, le
toca pagarlo allá; también aquí un poquito, o más adelante y después.
Entonces
nos vamos dando cuenta de que no es cuestión de salvación eterna; nadie
vaya a salir diciendo de aquí que la salvación es por obras; ya lo
estamos diciendo muy claro; pero los salvos son hijos cuyo servicio o
pecado se juzga en el Tribunal de Cristo, donde se determina si su
edificación perduró o si se quemó; entonces allí se decide su posición
en el Reino, si va a estar reinando, o si va a ser excluido del Reino
como aquellos que son excluidos, como aquellos que van a prisión
temporal; no saldrá de allí hasta que pague el último cuadrante,
o sea, hasta que llegue a ser transformado como para no echar a perder
el Reino de los otros, y haya desagraviado al que agravió y aún no
solucionó su problema; porque si no somos transformados aquí, echamos a
perder el reino; ysi no somos trasformados en el Reino, el Cielo y la
Nueva Jerusalem; así que tenemos que ser corregidos aquí para no dañar a
los demás. No estamos hablando del infierno indefinido, o sea, de la
gehena, pues la gehena es para los perdidos eónicamente; aquí estamos
hablando del proceso del reino de los cielos; hay correcciones en la era
de la Iglesia y correcciones en la era del Milenio.
Vamos
a ver las correcciones en la era de la Iglesia; vamos a 1ª a los
Corintios otra vez, capítulo 11; leemos desde el versículo 27: "De manera que cualquiera que comiere este pan (la mesa del Señor) o bebiere esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor".
Una persona que participa de la cena del Señor, es un creyente, es un
hijo; está hablándole a la iglesia; sin embargo, puede estar culpada,
haciendo las cosas en broma; entonces ¿qué viene? "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así", habiéndose probado, habiendo pedido perdón, habiéndose reconciliado con Dios y los hermanos; "como así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí";
aquí no es el juicio eterno; vamos a ver por el contexto que es un
juicio temporal, es un juicio que se cumple durante la era de la
Iglesia, y si no fue suficiente, continuará durante el Milenio, dice: "juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay (es la era de la Iglesia) muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (o sea, mueren antes de tiempo). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos…",
si reconocemos nuestras faltas, somos honestos, falté en esto,
reconozco, perdóname, perdónenme, Señor y hermanos; listo, la sangre del
Señor lo limpió, se acabó, ¿ven? Puede ser que si la persona lo está
tomando livianamente, el Señor le permite una disciplina, pero lo
perdonó, ya fue reconciliado, David ya tiene comunión con Dios; Dios te ha perdonado
le dijo Natán a David; sin embargo el hijo murió, sin embargo tuvo
problemas con su familia, porque la disciplina no fue quitada todavía;
él fue perdonado, el gozo de la salvación vino, pero la disciplina le
duró un poquito, porque es un hijo, porque es una hija, entonces el
perdón de la disciplina es más demorado; el perdón eterno es de una vez y
para siempre; el perdón de comunión también es instantáneo, tan pronto
te arrepientes y pides perdón; pero el levantamiento de disciplina es
diferente, ¿amén? Dios es sabio y sabe cómo tratarnos para
transformarnos.
Seguimos aquí en 1ª a los Corintios 11; estamos en el verso 31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados";
¿cuál es este juicio aquí? No es el eterno, sino que es el de una
enfermedad, o el de una debilidad, o el de una muerte prematura, se
accidentó, alguna cosa, ¿verdad? Se le acabó el tiempo de seguir
sirviendo y edificando su tesoro, su cuenta, porque la Biblia habla de
que tenemos una cuenta; pero no para salvación eterna, pues eso ya está
definido; es una cuenta para el Reino, el galardón adicional a la
salvación. Entonces vemos acá: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", o sea, juzgados con debilidad, con enfermedad y hasta con una muerte. Dice: "mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" Entonces este castigo no es eterno, no es la condenación eónica, ¿se dan cuenta? Castigados para no ser condenados; o sea que Dios a sus hijos
nos corrige porque El ya nos perdonó y nos perdona, y nos perdona
constantemente; pero si vamos a seguir haciendo de las nuestras, nos
tiene que corregir; cualquier padre corrige a su hijo, no porque no sea
su hijo, sino porque es su hijo; Él comienza por su casa a corregir a
los suyos, a veces con problemas, con dificultades; no sabemos qué es lo
que está pasando; pues. Hermano, lo que está pasando es que la
disciplina está decretada porque es un hijo falluto.
Vamos
al Salmo 89, que algunos ya lo conocen, pero para enriquecer esto, voy a
leer desde el versículo 26, para ver la promesa del Señor para con
Cristo: "Él me clamará, (el Hijo me clamará) Mi padre eres Tú";
aquí está hablando del Hijo de Dios, de Cristo; es una profecía acerca
de Cristo, y de la obra de Cristo, y de los hijos de Dios gracias a
Cristo; "Él me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación"; y ahora dice el Padre: "Yo también le pondré por Primogénito"; Jesús es el mayor entre muchos hermanos; "le pondré por Primogénito, el más Excelso de los reyes de la tierra" Quién es? Jesucristo, Señor de señores, Rey de reyes, "el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y su trono como los días de los cielos". Ahora ¿qué pasa si nosotros sus hijos, que decimos ser cristianos, que amamos a Dios, comenzamos a pecar? "Si
dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren
mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con
vara su rebelión"; esa vara puede ser debilidad, enfermedad, problema; "castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades";
esos azotes pueden ser aquí en la era de la Iglesia, pero si es
necesario continúan en el Milenio, porque también se dice que en el
Tribunal de Cristo habrá personas que se presentarán con cosas malas, y
entonces tienen que continuar en el Milenio los azotes; por eso dice: unos serán azotados poco y otros serán azotados mucho;
los azotes empiezan aquí, para que aquí nos corrijamos; pero si no nos
corregimos aquí, continúan en el Milenio, ¿ven? Entonces dice: "castigará con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, más no quitaré de él mi misericordia"; no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que está en la disciplina del Padre; "no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad, no olvidaré mi pacto"; el
Señor murió por nosotros, no tenemos otra esperanza, hemos creído y lo
hemos recibido, y la dádiva de Dios es vida eterna, salvos eternamente,
ah! pero porque soy salvo ¿puedo pecar? No, el Padre te corregirá si
pecas. Entonces dice: "ni mudaré lo que ha
salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a
David. Su descendencia será para siempre"; habrá pasado por fuego, pero sigue salvo en Cristo, salvo como por fuego, por el castigo. "Y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo";
o sea que la salvación es eterna por causa de la unión con Cristo. Si
pecamos, podemos ser castigados aquí o en el Milenio, ¿amén, hermanos?
Ahora,
si entendimos 1ª a los Corintios, que somos castigados por el Señor
para que no seamos condenados con el mundo, entonces ¿cuál es la era del
castigo? Aquí, mientras estamos en la tierra, y después del Tribunal de
Cristo, durante el Reino del Milenio; ahí es el galardón o el castigo
temporal, que podemos llamar dispensacional, si queremos.
Volvamos a Mateo 18, porque todo esto era para entender esta frase: "un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos"; estábamos tratando de entender esa frase. Estamos en el 18:23 de Mateo: "el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas…",
esas cuentas son en el tribunal de Cristo, ¿ven? Claro que el Señor
quiere que te vaya bien en el Tribunal de Cristo, y te corrige aquí; por
eso dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo;…no te fatigues cuando eres disciplinado…;
porque ahí es cuando Dios te está demostrando Su amor; Él te está
disciplinando temprano, para que estés mejor en el Tribunal de Cristo;
pero algunos se escapan acá queriendo salvar la vida almática, pero allá
no se escaparán; es mejor llevar el yugo desde la juventud, el yugo del
Señor, ¿amén? Entonces dice aquí: "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado", aquí ninguno se escapa; porque ¿qué dice el Señor? que Él enviará sus ángeles y reunirán a sus escogidos;
y también ¿qué dice en cuanto a la red? Que recogerán peces buenos y
otros malos, unos que causan tropiezo; ¿qué hace el Señor? Los
apresa con sus ángeles; no hay bandido que se escape del Señor y de sus
ángeles; a cualquier bandido lo agarran y lo traen; ya sea al Juicio
del Trono Blanco, pero si es un hijo que se hace el bandido, también se
lo traen al Tribunal; entonces dice aquí: "fue presentado uno que le debía", no es cualquier bobería, "diez mil talentos",
aquí el Señor usó una medida tan grande; por el contexto en el griego
se nota después de que era una gran deuda la que tenía esta persona,
este siervo de un rey, le tenía una deuda de diez mil talentos; ¿saben
cuántos son diez mil talentos? Miren, el salario de un día es un
denario; y 6000 denarios es un talento; diez mil talentos son sesenta
millones de denarios; seguramente de ese rey tenía que ser algún
ministro; aquí está mostrando el Señor que lo que Él nos da es muy
valioso, y por eso tenemos que responder, ¿ven? Y este había dilapidado
lo grande, lo glorioso, lo inmenso que fue puesto en sus manos; eso es
lo que significa diez mil talentos; son los talentos áticos, antiguos,
que son 6000 denarios por un talento; y un denario es el jornal de un
día; imagínense lo que son 6000 denarios por un talento, y diez mil por
seis mil son sesenta millones de denarios; aquí el Señor está mostrando
que lo que Él ha puesto en manos de sus siervos no es una cosa pequeña,
es una cosa muy, pero muy grande. Pero ¿qué hizo este siervo? "A éste, como no pudo pagar,…",
aquí está mostrando la condición del hombre; el hombre en sí mismo no
puede pagar, y transmite su naturaleza pecaminosa a su familia; él no
pudo pagar, y dice acá: "como no pudo pagar, ordenó su señor venderle";
es decir, lo justo es que él pague lo que debe; si no se basa en la
misericordia, en la gracia de Dios, paga él, y paga su familia, y pagan
sus hijos, porque todos los que son hijos de pecadores son pecadores,
¿se dan cuenta? Además que aquí está el asunto de la enseñanza de la
esclavitud antigua.
Antiguamente,
cuando una persona estaba en una guerra, digamos, cuando la guerra era
justa, un país había ofendido a otro país, y entonces hubo una guerra de
desagravio y también de recuperación, como pasó, por ejemplo, en
Kuwait; llegó Irak y pasó por encima y agarró Kuwait; e inmediatamente
vino la reacción del mundo a hacerle devolver a Kuwait; entonces eso es
lo que se llamaría una guerra justa, es decir, una guerra de desagravio y
de recuperación de lo que fue robado. (Aunque en el caso de Kuwait
parece que hubo maniobras para inducir a Irak, para luego, por el
petróleo, justificar la invasión usurpadora). Entonces ¿qué pasaba
cuando había esas guerras? Estoy hablando de la antigüedad; mencioné
ahora al Irak actual, pero volviendo a lo que era la costumbre en la
época antigua, acordémonos de que aquí estaba en vigencia la ley, cuando
Jesús está hablando; entonces ¿qué sucedía? Los prisioneros de guerra
tenían que pagar, y eran esclavizados, tenían que trabajar para los
victoriosos; y también si alguien robaba, y no podía pagar, tenía que
pagar con su trabajo.
Vamos
a leer las leyes del Antiguo Testamento, para entender un poco mejor
este asunto de las leyes de la esclavitud, para entender esta frase
aquí. Éxodo capítulo 22, dice en los tres primeros versos, y pongan
atención por favor, dice así: "Cuando alguno hurtare",
mire cómo era la ley de Israel para los que estaban bajo la ley.
Acuérdense de que Israel estaba en medio de unos países bárbaros; Israel
también venía de ser bárbaro; y las leyes eran todavía más bárbaras;
ahora Dios está apaciguando de a poco esa barbaridad de la época
antigua. Entonces dice aquí: "Cuando alguno hurtare buey u
oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y
por aquella oveja cuatro ovejas." Eso es lo que Dios consideraba justo. "Si
el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido, y muriere,
el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día…", ya no de noche, porque de noche uno no sabe y está defendiendo la vida, ¿ven? "Pero
si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón
hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su
hurto"; es decir, él robó y no tiene como pagar, entonces queda como
esclavo para que por medio de su trabajo pague lo que se robó, ¿verdad?
Podemos
inclusive pasar a la página anterior, para que veamos las leyes sobre
la esclavitud, para entender un poco aquí por qué leímos eso en los dos
deudores; capítulo 21 desde el verso 7: "Y cuando alguno vendiere su hija por sierva", miren cosas que sucedían en ese tiempo; o sea, no podía vivir, y vendió su hija por sierva; "no saldrá ella como suelen salir los siervos". Los siervos salían al séptimo año; pero aquí eran tomadas como esposas. "Si
no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le
permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando
la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella
según la costumbre de las hijas"; ya dejó de ser una esclava, ahora es una hija. "Si tomare para él otra mujer," si aquel hijo que tiene a esta esclava por mujer, tomare otra mujer, dice: "no
disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si
ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia, sin dinero";
esa era la ley de esclavitud que antes era terrible; aquí el Señor le
está poniendo orden a lo que era antes; se volvió una esposa, y tiene
que cumplir con ella; y si no cumple, ella es libre; o sea, el Señor
está liberando la esclavitud bárbara que había en esa época.
Pasemos a Deuteronomio capítulo 23 versículo 15; allí también habla de las leyes; y el 16: "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo";
aquí vemos como el Señor estaba aligerando la esclavitud. Filemón se
volvió un hermano, y Pablo mandó a Onésimo mismo con una carta: recíbelo como a un hermano, no para que fuera esclavo, sino recíbelo como a un hermano, como a mí; entonces dice: "No
entregarás a su señor el siervo que huyere a ti de su amo. Morará
contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus
ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás." Miren como el
Señor estaba aligerando la esclavitud que fue tan común, y que incluso
en los siglos posteriores del Cristianismo todavía ha habido esclavitud,
y hasta hoy hay esclavitud; había personas que iban, portugueses que
decían ser católicos, holandeses que decían ser creyentes, se iban al
África a robar personas y a venderlas en los mercados para trabajar en
las minas; ¡terrible! El Señor a eso lo llamó secuestro, y lo castiga
terriblemente; el Señor no permitía esa clase de esclavitud que era lo
común, incluso en épocas dizque civilizadas, y todavía había grupos de
raza negra que se robaban a otros de raza negra para vendérselos a los
negreros, cosas terribles; entonces estamos viendo como eran las cosas
en esa época; hay otros versículos allí en la Escritura.
Vamos
a pasar a Génesis capítulo 17; allí el Señor quería que, los que eran
esclavos en ese momento, entraran a formar parte de la familia, como
persona de la familia. Dice desde el vero 11: "Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio (es decir cortar con la carne)
y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días
será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones;
el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, (porque se compraban personas por causa de la esclavitud, ¿se dan cuenta?)
que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y
el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto
perpetuo".
Ahora pasamos a Éxodo 12 versículo 44 en la continuación de esto; dice así: "Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella (de la pascua) después que lo hubiere circuncidado";
o sea que el Señor estaba calmando la esclavitud. Tu siervo también va a
ser circuncidado, va a entrar en Mi Pacto y va a participar de la
Pascua, y vas a tratar bien a tu siervo; y hay muchas otras leyes que el
tiempo no nos da, pero Dios decía: El año séptimo sale libre y no lo vas a enviar con las manos vacías,
no, sino que le vas a dejar de tus vacas, de tus ovejas, le vas a dar
su esposa, su casita; y él sale; o sea que el Señor aligeró lo que era
la esclavitud, la hizo más bien suave, de tal manera que algunos siervos
no querían dejar su casa. Decían: yo tengo aquí todo seguro, yo tengo
trabajo y estoy viviendo bien; mi amo me trata como un hijo, como un
amigo, así como aquel centurión de la Biblia que tenía un siervo
enfermo, decía que era su niño. Primero, cuando cuenta la historia, dice
que era siervo; pero él dijo que era su niño; era alguien que él amaba
como un hijo; está enfermo, por favor di la palabra y mi siervo, mi niño, mi muchacho, dice el griego, sanará;
y de hecho hubo épocas cuando Lincoln en Estados Unidos, después de
esas guerras, abolió la esclavitud; ya vino una ley que dijo: todos los
esclavos son libres; y hubo muchos esclavos que se levantaron, fueron a
la plantación, trabajaron, y no se iban; decían: somos libres, pero ¿a
dónde nos vamos a ir? Bueno, entonces se quedaron y aceptaron trabajar
con eso; vamos a pagarles tanto, y se volvieron personas que trabajaban
en común acuerdo con un salario, durante la propia independencia, y la
abolición de la esclavitud en Estados Unidos, con los que eran buenos;
claro que eso no fue en todo lugar; hubo perversos; pero hubo casos en
que los propios esclavos no se fueron, y quisieron quedarse trabajando
con sus amos como alguien más de la familia. Cuando aquellos patrones
tenían un corazón cristiano, incorporaban en su familia a los que antes
habían sido esclavos; entonces quise leer todo esto, porque a veces, si
no tenemos en cuenta el trasfondo, la época, la cultura en que se está
hablando, la juzgamos en el siglo XXI; y Él está hablando aquí en el
siglo I, cuando estaban bajo la ley, cuando a través de la ley en Israel
Dios estaba suavizando condiciones peores; entonces Él está hablando
aquí con ese trasfondo.
Volvamos a Mateo capítulo 18:25: "A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; ahora tiene que trabajar y pagar con su trabajo, ya que no puede pagar de otra manera; "y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda",
es decir, aquí está mostrando que se nos ha dado algo muy grande, que
somos absolutamente deudores y que no podemos pagar. Entonces sólo
porque el Señor es movido a misericordia, somos perdonados, ¿ven?
Verso 26: "Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia
(aquí la palabra no es paciencia, sino longanimidad, que es también
como paciencia, demórate más en cobrarme y te lo pagaré todo) conmigo, y yo te lo pagaré todo".
Realmente, él pensaba que iba a poder pagar; a veces nosotros pensamos
que podemos pagar lo que debemos; nosotros naturalmente podemos decir:
yo tengo que llevar mi "karma" encima y voy a pagar; ay, ay, no somos
budistas, hermanos, somos cristianos; aquí nadie puede pagar; si el
Señor no paga por nosotros, nadie se salva; pero él decía: te lo pagaré todo; este siervo no sabía en qué base estaba.
Verso 27: "El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó (o sea, lo dejó libre, aunque lo habían traído preso, un ajuste de cuentas), y le perdonó la deuda"
Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros; cualquiera de nosotros debe
acordarse, cuando vamos a tratar con otro, cuando vamos a reclamarle a
otro, qué es lo que el Señor nos ha perdonado, de qué nos ha librado el
Señor; eso es lo que siempre tenemos que recordar: El Señor me ha
perdonado dos, cuatro, cinco millones de veces, ¿cómo no voy a perdonar
yo? Pero miren lo que pasó. Ah! es que el hombre es terrible: "Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos",
o sea uno igual a él, alguien igual que él, un consiervo; el otro era
el señor, y el señor le perdonó a él diez mil talentos, 60 millones de
denarios; y su consiervo le debía cien denarios, es decir, más o menos
tres meses y un poquito le debía; "halló a uno de sus consiervos"; esta palabra "halló", realmente es encontró; o sea que él se vio de pronto con su consiervo "que le debía cien denarios", o sea, una sesentamilaba parte de lo que a él se le había perdonado; "y asiendo de él, le ahogaba, diciendo:"; primero actuó y después habló; aquí la palabra "ahogó"
es que lo estaba como estrangulando, lo estaba ahogando, págame lo que
me debes, págame lo que me debes, lo estaba casi ahogando al otro, no lo
dejaba ni respirar; eso está mostrando el Señor con esta parábola, como
somos nosotros, se nos olvida que hemos sido perdonados de algo tan
grande, sin embargo estamos ahogando al otro, reclamando constantemente.
¡Señor, ten piedad de mi!
Verso 29: "Entonces su consiervo", noten, como para recordar lo que había pasado con él, el consiervo hizo lo mismo que había hecho él con el señor, "postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré",
el todo aquí agregado. Fíjense, lo mismo, era como para que él se
acordara, mire él está ahora en la situación que yo acabó de estar; y ni
siquiera así él quiso perdonar. "Mas él no quiso", es decir, endureció su corazón, no quiero, no quiero, le mantengo la deuda, y dice: "sino fue",
y aquí la palabra fue son tres letras en español; en griego son más
letras, y es insistir; ustedes saben que estaban en medio de cuando era
el imperio romano, y no podían meter a alguien en la cárcel así no más.
Para meter a un siervo en la cárcel tenían que ir a un tribunal y tenía
que haber un juez, testigos, un fiscal acusador, un defensor, y después
de todo el juicio entonces el otro iba a la cárcel; o sea que este
hombre estaba tan duro que hizo todo esto; son tres letras "fue", pero
ese fue es mucha cosa; una persona dura, insistió e hizo todo el trámite
para hacerle a otro mal, para cobrarle al otro; son tres letras, pero
hay que entenderlas, "fue y le echó en la cárcel", eso
no es tan fácil, es un todo un trámite que hizo movido por la maldad,
por el enojo, por el odio, por la amargura, por la venganza; qué
terrible es el corazón humano, ¿verdad? "hasta que pagase la deuda";
ahora aquí está hablando de siervos; cuán terrible es nuestro corazón
en su naturalidad, si no estamos en el Señor, en el Espíritu.
Verso 31: "Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho";
hay una tristeza primero con lo que él es, como él es; segundo, lo que
está haciendo a otro, y la ofensa que le está haciendo a su señor que le
perdonó; eso causó tristeza, por la ofensa al rey, por la ofensa al que
casi ahoga, y por lo que él mismo se hizo, tan miserable; entonces se
entristecieron; y ahí comenzaron a orar, a interceder; dice: "viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y refirieron a su señor todo lo que había pasado";
cuando en oración se empieza a contar las cosas: Señor, tócalo,
trátalo, Señor, soluciona esto, Señor, ayuda a este pobre que está en un
problema.
Verso 32: "Entonces, llamándole su señor",
ahí está, ahí viene la disciplina, ¿se dan cuenta? No es que se salvó y
perdió la salvación; aquí entran en discusión calvinistas y arminianos;
no; por eso desde el principio hablamos de que es en el contexto del
Reino Milenial, de la disciplina dispensacional, del perdón de
disciplina; ese es el que se demoró acá en arreglar sus cosas. "LLamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné"; el Señor le está recordando y haciendo entender todo lo que Él perdonó; "te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías…",
oigan la palabra "deber"; cuando somos perdonados, adquirimos el deber
de perdonar. Hermanos, y si hacemos cuenta de todo lo que hemos sido
perdonados por Dios, es este el deber que está sobre mí, sobre tí, sobre
cada uno de nosotros: "¿No debías tú también tener misericordia de tu
consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" Porque se dice: "el
que hiciere misericordia, se hará con él misericordia. Bienaventurados
los misericordiosos porque alcanzarán misericordia; pero él que no
hiciere misericordia, juicio sin misericordia se hará con aquel que no
hiciere misericordia; por eso la misericordia triunfa sobre el juicio".
Señor, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, y la Biblia
dice que tiene que morir apedreada; el Señor no dijo que esa no era la
ley, sino que dijo: el que esté libre de pecado, tire la primera piedra;
y ahí si se dieron cuenta de que todos eran iguales de pecadores, o
peores, y se fueron empezando por los más viejos, porque más pecados
tenían; y dijo Jesús: ni yo te condeno, vete y no peques más. Sí era un pecado, pero tuvo misericordia de ella. Juicio sin misericordia se hará con el que no hiciere misericordia. "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?"
Verso 34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; dos veces en la Biblia aparece la palabra "verdugos";
aquí y en el Antiguo Testamento; en el Antiguo Testamento son ángeles.
Vamos a ver los verdugos en el Antiguo Testamento; vamos a Ezequiel
capítulo 9, y volveremos aquí. Ezequiel 9, para entender esta palabra "verdugos";
aquí aparece desde el capítulo 1 hasta el 9 la visión de los pecados de
Jerusalén, de los mismos líderes; en el capítulo 8 las abominaciones de
Jerusalén; entonces, claro, después de todo el pecado del que era su
pueblo, leyendo del 1 al 8 hay las abominaciones del pueblo de Dios, del
liderazgo mismo del pueblo, los ancianos del pueblo haciendo
abominaciones, eso lo digo para que no nos resulte tan duro el 9; pues
acaba de venir de declarar las abominaciones; entonces dice: "Clamó en mis oídos"; aquí está la voz fuerte del Señor, "con
gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno
trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones
venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y
cada uno traía en su mano su instrumento para destruir, y entre ellos
había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de
escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce". Lo primero fue el altar, para ver quien estaba bajo la expiación; pero nadie, todos pecaban y ninguno pedía perdón. "Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa;"
o sea, primero estaba en el Santísimo y se puso en el lugar santo de la
casa, después se puso en la puerta de oriente y se fue, abandonó la
casa y la gloria se fue; y dice: "y llamó Yahveh al varón
vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le
dijo Yahveh: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y
ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a
causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella", o
sea, a los que no concuerdan con las abominaciones que se están
haciendo; vayan márquenlos; él fue, marcó a Ezequiel, casi a nadie más;
todos los demás eran indiferentes y eran partícipes de la locura como
está el país, una locura de matanzas, de orgías, de sangre, de las
peores barbaridades. Bueno, primero marca a los que gimen, a los que no
están de acuerdo con esto; y después dice: "Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él";
primero en pos, o sea, primero los marcados, como cuando el juicio
venía sobre los egipcios, los de Israel estaban bajo la sangre; primero
hubo la misericordia, pero de los que no aceptan la sangre del Cordero,
los que siguen sus abominaciones, entonces dice: "Pasad por
la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis
misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta
que no quede ninguno, pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no
os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde
los varones ancianos que estaban delante del templo"; noten que
terrible. Ezequiel dijo: Señor, no está quedando nadie; estos ángeles
son llamados los verdugos, son los que vinieron con Él por el norte.
Primero viene el aspecto espiritual, el juicio espiritual, los ángeles
moviendo las circunstancias; y después vienen los acontecimientos, como
fue la invasión de Nabucodonosor, los caldeos y de los babilonios, y
arrasaron con Israel; Dios trajo juicio, pero ese juicio fue arreglado,
ordenado por ángeles; y aquí la Biblia habla de verdugos; dos veces no
más aparece la palabra "verdugos"; ¿qué dice el Señor? que serán atormentados delante del Cordero y de sus ángeles, y que el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo.
¿Usted piensa que en este momento Pablo Escobar estará teniendo reposo?
¿él a cuantos mató, a cuántos robó, a cuántos incineró? ¡Cuánta locura
hizo! ¿Usted piensa que está muy feliz ahora? Hermanos, sólo mencioné
uno, pero la historia está llena de barbaridades, de abominaciones;
entonces por eso tiene que haber juicio, por eso la palabra "verdugos",
¿ven? Entonces la palabra es "verdugos"
Volvamos a Mateo 18:34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; Dios
lo permite, incluso le entrega. Por ejemplo, dice que aquellos ángeles
que van a salir del abismo, van a atormentar por cinco meses a los que
no tengan el sello del Dios vivo que es el Espíritu Santo, en la gran
tribulación; Dios primero tiene que dar permiso para que haya un
castigo; ¿por qué a veces hay países que tienen castigo? Uno no sabe lo
qué está haciendo Dios; le pasó a uno, pero le tocó a usted después. Si
ustedes no se arrepienten, también sucede con ustedes, dice el Señor.
Dice acá: "le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía";
vemos aquí que esto no se refiere tan sólo lo que la expiación paga,
sino a lo que el hombre debe pagar; él era una persona que fue
perdonada, pero su carácter no era el de Cristo; entonces tenía que ser
corregido; y para ser corregido fue entregado a los verdugos; a veces es
aquí en la tierra, a veces es en el Milenio. Dice que será azotado
mucho; los que lo azotan, lógico que son los verdugos; esos son los que
azotan. A veces Dios permite incluso a espíritus
malignos, como le pasó a Saúl, que vinieron a estorbarlo. Entonces Dios
nos guarde y nos dé un corazón misericordioso y perdonador.
Verso 35: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros"; y El está hablando a sus discípulos, "si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas".
Hermanos, el Señor busca que perdonemos de todo corazón, no guardar
nada en el corazón, perdonar y listo; ya el Señor juzgará, porque el
Señor dijo: no os venguéis vosotros mismos, mía es la venganza, dejadme a mí dar el pago.
Si alguien está siendo injusto contigo, tú perdónalo; Dios sabe lo que
va a hacer, tú no guardes rencor, no guardes amargura, deja tu corazón
libre, quédate con el Señor, perdona tú, porque tú has sido perdonado y
perdonado muchas veces; entonces perdonemos y no nos cansemos de
perdonar. Esto ¿lo dijo cuándo? Cuando Pedro le había dicho: ¿cuántas veces perdonaré, hasta siete? No, hasta setenta veces siete;
o sea que hay que estar dispuestos a perdonar siempre para no ser
atrapados por el odio, por la amargura, por la venganza, por el rencor,
que es lo que más nos destruye; perdonemos y dejemos al Señor dar el
pago. El Señor, cuando padecía no condenaba, sino que encomendaba la
causa al que juzga rectamente. Señor, tú sabes, yo perdono, no quiero
guardarlo en mi corazón; paso por alto esto; está en tu mano, límpiame; y
entonces el Señor nos ayuda a perdonar. Y lo que dijo en el "Padre
nuestro", y con esto termino, fue lo mismo que dijo acá: "porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará";
aquí se refiere al perdón de disciplina, que es el perdón de gobierno,
¿amén? Cuando el Señor salva, su Palabra no vuelve atrás; pero si
necesita castigar, castiga a los salvos para que sean corregidos. Nunca
nuestro castigo paga la expiación; aquí no se trata de la expiación,
aquí se trata del precio para ser transformados, la disciplina de Dios.
Vamos a dar gracias a Dios.
Padre
Dios, Te agradecemos que nos hayas concedido considerar estas palabras
solemnes del cielo pronunciadas en la tierra a tus siervos; y ahora,
Señor, nosotros las hemos oídos para que las obedezcamos. Señor, concede
a nuestro corazón perdonar, concede a nuestro corazón no retener nada a
nadie, porque nosotros sabemos de cuantas cosas hemos sido perdonados
por Ti, y cómo constantemente nos estás perdonando de nuestras
barbaridades y abominaciones. Señor, ten compasión de nosotros, danos un
corazón misericordioso para también alcanzar misericordia, que es lo
que Tú quieres imprimir en nuestro ser. Te lo pedimos en el nombre del
Señor Jesús. Amén.
Esto dijo el Señor también delante de los fariseos y los saduceos que no querían perdonar. Gracias, hermanos.
Gino
Iafrancesco V., 27 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá
D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada
del autor.
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(29)
EL HIJO PRÓDIGO
Padre
celestial, gracias te damos por estar entre nosotros, por tu gracia y por tu
misericordia, por la sangre del Cordero. Señor, quisiste morar entre nosotros;
queremos que nos hagas una casa digna para ti, por medio de tu propio cuerpo,
de tu gracia, misericordia, Señor, tu sangre y tu Espíritu. Pedimos a Ti, Señor,
que una vez más nos hables por tu Palabra; que tu Palabra, que es eterna, sea
vida, sea como nueva en nuestro espíritu, que el Espíritu de tu Palabra nos
toque, Señor; te conozcamos a Ti por tu Palabra, por el Espíritu de tu Palabra.
Te pedimos que nos ayudes a deponer nuestro ser a tus pies, para que él no te
sea estorbo; lo ponemos en tus manos para que nos puedas ayudar, en nombre de
Jesucristo Tu Hijo Amado, amén.
Hermanos,
vamos con la ayuda del Señor a seguir dando continuidad a aquella trilogía que
se encuentra en Lucas capítulo 15; una trilogía de parábolas dichas en un
contexto de rechazo a ciertas personas; y el Señor, con estas parábolas, nos mostró
la actitud de la Trinidad; la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo; y
vimos la actitud del Espíritu Santo obrando a través de la Iglesia, y de su
obra con el pecador, en el santo decaído, en la parábola de las diez dracmas, y
de la dracma perdida en especial. Vimos también la obra del Hijo de Dios en la
parábola de esta misma trilogía, de las cien ovejas, donde el Hijo es el buen
pastor que da su vida por las ovejas; y el tercer elemento en esta trilogía es
la parábola famosa, quizás una de las más famosas de las parábolas, la parábola
del hijo pródigo; está en Lucas, y solamente en Lucas, en el capítulo 15 verso
11 hasta el 32; y es la parábola más larga; de todas las parábolas es a ésta a
la que el Señor le dedicó más tiempo y más cuidado; quiso expresar de manera
muy clara el corazón del Padre; porque ¿quién conoce al Padre? Sino el Hijo;
gracias a Dios que el Hijo de Dios, el Verbo de Dios, se hizo carne; el Hijo
del Hombre vino y nos ha dado a conocer al Padre. Muchas imágenes
distorsionadas existen acerca de Dios, pero el Hijo nos dio la imagen exacta,
la imagen exacta; eso es lo que quiere decir el carácter de su hipóstasis, como
dice en Hebreos 1:3, la imagen exacta de Dios. Podemos conocer a Dios a través
del Señor Jesús, a través de su carácter, a través de sus palabras que abren lo
que está en su corazón a través de su obra. Entonces aquí en la parábola del
hijo pródigo, exclusiva de Lucas, y la más larga de las parábolas registradas
del Señor Jesús, el Señor nos muestra el corazón del Padre a través de esta
conocidísima parábola que vamos a leer de nuevo, y vamos, con la ayuda del
Señor, a masticarla, para que el Espíritu pueda tocarnos y nutrir nuestro espíritu.
El objetivo de abrirnos a la palabra del Señor es poder ser nutridos en el
espíritu. Hay cosas que ya sabemos, pero el Espíritu las puede usar una vez más,
si estamos abiertos, no sólo al aspecto externo, que ya sabemos, sino si estamos
abiertos al Espíritu de la Palabra.
Vamos a
leer esta parábola con toda disposición de corazón para que el Señor nos pueda
hablar y pueda tocar nuestro corazón. Voy a leerla de corrido, aunque sea larga,
y luego volveremos sobre nuestros pies para masticar algunos puntos especiales:
“También
dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No
muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una
provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y
cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y
comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella
tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba
llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser
llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su
padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he
pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned
un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y
matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha
revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo
mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la
música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó que era
aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro
gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería
entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él,
respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote
desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis
amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras,
has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y
regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había
perdido, y es hallado”.
¡Preciosa palabra y parábola! Todos
nosotros somos hijos pródigos. Volvamos sobre nuestros pasos allí al verso 11:
“También dijo”; o sea, dijo varias
parábolas, todas juntas, una detrás de la otra, porque es como si el Espíritu
Santo quisiera que las cosas quedaran tan claras que no fue suficiente que
hablara una, ni siquiera dos, sino tres, número perfecto, el número de Dios, el
número de la Trinidad. “También dijo: Un
hombre tenía dos hijos”; es interesante que aquí este hombre, que el Señor
va a presentar en la parábola, representa al propio Dios, representa al Padre;
y fíjense que entre los hijos de Dios no es la única vez que el Señor presenta
dos; en otra parábola también había dicho que había dos hijos, que a un hijo le
dijo: hijo, ve a servir mi viña; y él
dijo: Sí padre, pero a la verdad no fue; y el otro dijo: no, no quiero ir; pero
después se arrepintió y fue. Entonces Él presenta distintas actitudes en
medio de su pueblo. Y aquí Él habla de dos hijos, porque al comienzo del
capítulo, cuando Él comenzó a decir estas parábolas, dice: se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, o
sea, los hijos perdidos; y los fariseos y escribas, o sea, los hijos que
estaban en la casa y no habían ido a dilapidar los bienes, murmuraban diciendo:
-Este a los pecadores recibe y con ellos come-; entonces les refirió la
parábola de las cien ovejas, la parábola de las diez dracmas y de la moneda
perdida, y esta del hijo pródigo, en ese contexto. Entre el pueblo de Dios hay
personas con corazón duro, corazón que no tiene misericordia para con los
caídos; entonces el Señor aquí, que vino con el objeto de llamar, no a justos
sino a pecadores al arrepentimiento, quiere ablandar los corazones de ellos y explicar
que Él está representando el sentir de Dios. A veces pensamos que el sentir de
Dios es la dureza, aunque en ocasiones tiene que ser duro; pero en esta ocasión,
como en este caso en que hubo una sincera búsqueda y un sincero
arrepentimiento, Él no fue duro, sino que fue misericordioso.
Dice el verso 12: “y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes
que me corresponde”. Lógicamente que ésta no era una obligación del Padre;
ningún hijo tenía derecho a reclamar los bienes mientras el padre no muriera;
pero de todas maneras, si el padre moría, entre los hijos tenían que repartirse
los bienes de una manera que Dios había dicho. A este hijo menor le
correspondía un tercio de la parte de los hijos, y al hijo mayor le
correspondían dos tercios. Eso está, si quieren verlo, en Deuteronomio 21 verso
17, puesto que Dios estableció la ley de la doble porción para la
primogenitura. El primogénito era el que heredaba el reino, si el padre era
rey; el primogénito era el que heredaba el sacerdocio, si el padre era
sacerdote; y el primogénito era el que heredaba la doble porción; es decir, que
si un padre tenía varios hijos, a todos los hijos se les daba una porción, pero
al primogénito, por ser el primogénito, por representar el vigor de su padre,
se le daba una doble porción. Por eso José, que era el primogénito de Raquel,
porque Rubén, que era el primogénito de Lea, mancilló el lecho de su padre, y entonces
la primogenitura le fue quitada a Rubén, y el reinado fue a parar a Judá; el
sacerdocio fue a parar a Leví, y la doble porción fue a parar a José. Pero esas
tres cosas habían sido de Rubén, pero por el error de Rubén, perdió la
primogenitura, y perdió sus derechos; uno de sus derechos era la doble porción.
Entonces en Deuteronomio 21:17 dice precisamente esa ley; lo dice en paralelo
con un contexto más inmediato; leámoslo con el verso 15: “Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y
la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de
la aborrecida, en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no
podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al
hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida
reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a
cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el
derecho de la primogenitura”. Entonces nos damos cuenta de cómo el Señor
hacía respetar el derecho de la primogenitura; aunque fuere el hijo de la
aborrecida, porque de todas maneras, el que hizo que ese hijo fuera el
primogénito, fue de Dios; el hombre no puede hacer eso, es Dios; entonces hay
que respetar la primogenitura. Por eso ustedes se dan cuenta que cuando se
están nombrando los hijos de Israel, aunque la amada era Raquel, y no Lea, y
aunque Lea le había dado más hijos, y después Raquel le dio más hijos, siempre
menciona primero los de Lea; ¿por qué? porque de allí venía la primogenitura. Fue
solamente el pecado de Rubén lo que hizo que perdiera la primogenitura; y la
primogenitura vino entonces para Judá en cuanto al reino, para Leví en cuanto
al sacerdocio, y para José en cuanto a la doble porción. Entonces este hijo era
el menor, y como eran sólo dos hijos, entonces de la herencia de los hijos le
correspondía al mayor dos tercios y al menor un tercio. De todas maneras, el
Señor aquí, al decirlo de esta forma, sólo dos hijos, está mostrando como el
hijo que se quedó en casa, que después se enojó porque el otro hijo fue
recibido, tenía más de lo que el menor tenía.
Continúa diciendo Lucas 15:12: “y les repartió los bienes”, porque eso
lo podían hacer los padres, si querían, antes de morir; pero era para cuando
murieran. De todas maneras, entre los judíos, en el libro de Eclesiástico, no
Eclesiastés, sino el Eclesiástico, que se encuentra entre los deutero-canónicos,
apócrifos, había este libro que circulaba entre los judíos aunque no es
reconocido canónico por ellos, ni por las Biblias protestantes que se atienen
al canon judío, porque el Señor dijo que a los judíos les fue encomendada la Palabra;
y como ellos no lo tienen entre los canónicos, los protestantes tampoco.
Entonces en ese libro del Eclesiástico, le aconseja el escritor a los padres
que no repartan sus bienes mientras están en vida, sino sólo cuando están a
punto de morir, o cuando mueran; porque si no, va a tener que estar dependiendo
de sus hijos, y pidiéndole a sus hijos. Entonces dice allí en el Eclesiástico
que es mejor que los hijos le pidan al padre, y no que los padres les pidan a
los hijos. Pero de todas maneras, es parte de los deutero-canónicos o apócrifos,
y no del Texto Sagrado; mas esa mentalidad existía entre los judíos. Aquí dice:
“les repartió los bienes”; o sea, un
padre generoso. Ahora, este padre, en esta parábola está representando al Señor
mismo, a Dios mismo; sin embargo, miren que un Dios omnisciente, que sabe lo
que algunos de sus hijos van a hacer, aún así les entrega bienes, sabiendo que
esos bienes van a ser dilapidados. Ahí vemos como Dios hace responsables a las
personas, como Dios quiere que las personas actúen con libertad. Ciertamente que
nuestra libertad está ahora caída; aún así, Dios permite que nosotros ejerzamos
nuestra libertad aún caída. De manera que si alguien quiere irse al infierno,
Dios se lo permite, y ha permito a muchos irse al infierno, porque el carácter
de Dios no es obligar a nadie, porque El no está tratando con títeres, sino con
personas; entonces Dios es tan respetuoso, que aún de antemano le dio los
bienes; o sea, ese tercio de la herencia a este hijo.
Y claro, este hijo,
ni corto ni perezoso, “No muchos días
después”, lo que él quería era convertir esos bienes en dinero para írselos
a gastar; es el hijo menor, o sea, es un muchacho joven. Los muchachos jóvenes
sólo quieren salirse de la casa, porque se sienten muy restringidos; yo también
me salí de mi casa, porque me sentía muy restringido; gracias a Dios que el
Señor me recogió en el camino, antes de que me llevara el diablo que me quiso
llevar antes de salvarme el Señor. Dios fue misericordioso. Los muchachos nos
sentimos en casa, nos sentimos en la sociedad, nos sentimos molestos, nos
sentimos restringidos, pensamos que nosotros queremos hacer las cosas a nuestra
manera, estar lejos de casa donde no nos estén vigilando, donde no nos estén
husmeando en nuestra vida, donde no estén detrás de nosotros regañándonos,
dándonos cantaleta; entonces queremos irnos lejos, donde hagamos la vida como a
nosotros nos gusta. Esto fue lo que este hijo hizo. Dice: “se fue lejos a una provincia apartada”; es decir, donde nadie lo
reconozca, donde nadie lo moleste, donde pueda vivir; y el Señor lo dijo muy
resumido: “viviendo perdidamente”; pero
su hermano fue más explícito: “ha gastado
tus bienes en rameras”; lo dijo más explícitamente. Aquí, cuando el Señor
fue el que habló, Él simplemente lo resumió: viviendo perdidamente; pero el otro hermano sí lo dijo con pelos y
señales, ¿verdad? Y dice aquí: “y allí
desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Lógicamente que todo eso
desgasta a la persona, los pecados lo destruyen, los pecados atraen la
maldición, atraen los problemas; y vamos a ver lo que dice allí.
Verso 14: “Y cuando todo lo hubo malgastado”; es decir, las cosas se pueden
gastar bien, o gastar mal; malgastar es invertir las cosas en algo improductivo;
es ser totalmente irresponsable, totalmente inconsciente; no pensar en el futuro,
sino solamente en su presente, en sus placeres del momento. Y dice: “vino una gran hambre en aquella provincia”;
yo pienso que si el Señor no hubiera permitido esa hambre, este hijo se hubiera
perdido definitivamente; aquí no dice que fue el Señor el que trajo esa hambre,
no lo dice explícitamente, pero nosotros sabemos que el Señor controla todo; y
quisiera que viéramos un pasaje que está en Jeremías, para que veamos el
contraste, como a veces el Señor tiene que apretar la tuerca, pero para
ayudarnos. Yo sé que es un pasaje duro, pero es necesario leerlo.
Jeremías capítulo 30, sólo para ilustrar
este fenómeno. Voy a leerlo desde el versículo 10; claro que vamos a llegar al
verso 14, pero vamos a leerlo desde el 10 para tener un contexto de los tratos de
Dios, porque este hijo que tenía bienes y estaba mal usándolos, tuvo que ser
corregido a través del hambre, un hambre que le hacía doler el estómago, que ni
siquiera podía comer lo que los cerdos comían; leámoslo desde el 10 para
ilustrar el tratamiento del hambre: “Tú,
pues, siervo mío Jacob”; aquí está el Señor hablando en amor, “no temas”; o sea, el final va a ser
bueno, pero ¿por qué le dice: no temas? porque cuando se pasa por el túnel, uno
teme; el Señor dice: no temas, no
cuando las cosas están fáciles, sino cuando están difíciles; por eso dice: “no temas”; o sea, vas a pasar por la
estrechez, vas a pasar por el hambre, vas a pasar por la prueba, pero es porque
Yo estoy tratando contigo para tu bien; “no
temas, dice Yahveh, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que Yo soy el que te
salvo de lejos”; porque él estaba lejos; “a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad”; o sea, ¿dónde
estaba Israel? En cautividad. ¿Qué profetas es? Jeremías, profeta de la
cautividad. Así como aquel, al principio no era cautivo, al principio tenía
muchos amigos seguramente, pero cuando le faltó, ahí tuvo que trabajar con lo
peor para un judío, porque el Talmud decía que era una maldición el que criara
cerdos; era un maldito, porque no estamos hablando aquí en Colombia, donde hay
Zenú y todas esas fábricas de cerdos y salchichas, no. Para un judío, porque la
Biblia llama a los cerdos animales inmundos, y había una maldición en el Talmud,
que es el libro sagrado de los judíos, para los cuidadores de cerdos; que
hubiera sido un griego, o que hubiera sido un polaco, que come muchas
salchichas, ¡ok! Pero un judío tuvo que arrimarse, y después del ser un señor,
ahora pasó a ser un arrimado, cuidador de cerdos; incluso los cerdos comían
mejor que él. Estas algarrobas eran como una especie de cañandongas, como una
especie de vainas que por dentro tienen algo pegajoso, medio dulce, que le
daban a los cerdos; y él no podía ni siquiera comer las algarrobas; o sea que
había otros que tenían la autoridad sobre él, y vigilaban para que él no le robara
la comida a los cerdos; eso no lo dice, pero nadie le daba nada; o sea que
había personas que eran las que le daban a los cerdos, y a él no le daban ni
siquiera lo que los cerdos comían; o sea, estaba peor que un cerdo; su pecado
lo hizo vivir peor que un cerdo, ¿verdad? Seguimos leyendo aquí en Jeremías: “te salvo de lejos a ti y a tu descendencia
de la tierra de cautividad; y Jacob volverá”, ¡aleluya!, como pasó con este
hijo; “descansará y vivirá tranquilo, y
no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Yahveh,
y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te
destruiré, sino que te castigaré con
justicia”; o sea, el Señor está hablando de salvarlo, pero lo salva
después de castigarlo. Digamos que lo castiga para salvarlo, ¿amén? Y dice: “de
ninguna manera te dejaré sin castigo. Porque así ha dicho Yahveh: Incurable es tu quebrantamiento, y
dolorosa tu llaga”; es el caso del hijo allá. “No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos
eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel,
a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué
gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus
muchos pecados te he hecho esto”.
Yo lo he hecho, dice el Señor. “Pero”,
no solamente la corrección temporal, “serán
consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en
cautiverio”; es decir, ellos están viendo que tu estás ahora en las vacas
flacas, y ellos en las gordas; entonces a nosotros nos tocan primero las vacas
flacas, después las gordas; a algunos les tocan primero las gordas y después
las flacas. Entonces, cuando estamos pasando por las flacas, los otros, que
están en las gordas, te menosprecian y te ofenden; entonces el Señor está
corrigiendo a través de eso; pero después Él va a curar; tú no sabes lo que
estuviste haciendo; ahora tú te vas a poner en los zapatos del otro, y vas a
pasar por lo que tú no entendías; entonces ahora le toca a uno ponerse en los
zapatos del otro, y ahora es a uno a quien le aprieta el callo. Si uno no se
mete en los zapatos del otro, uno no aprende, uno es rápido para juzgar, hasta
que le toca a uno, ¿verdad? “Serán
consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en
cautiverio; hollados serán los que te hollaren, y a todos los que hicieron
presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus
heridas, dice Yahveh; porque desechada te llamaron, diciendo: esta es Sion, de
la que nadie se acuerda. Así ha dicho Yahveh: He aquí Yo hago volver los
cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la
ciudad será edificada sobre su colina”, o sea el monte Sion, “y el templo será asentado según su forma”.
Aquí está la restauración del templo; lo fue con Zorobabel, y lo será de nuevo.
Volvemos a Lucas; pero quise leer este
pasaje, que es tan diciente, para entender el tratamiento del Señor. Este hijo
se había alejado, vivía lejos, y malgastó lo que fue puesto en sus manos;
entonces le vino esta corrección, y este pasaje nos ayuda a entenderlo. “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una
gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle”; y me alegra como Dios
hace las cosas gradualmente: “comenzó a faltarle”; es decir, no le faltó todo de golpe; a veces nos
falta una cosita, a ver si entendemos con una corrección pequeña; pero no
entendemos con una pequeña, y entonces necesitamos una más fuerte; no entendemos
tampoco con la fuerte, y entonces viene una más fuerte. Noten que el Señor no
trae las siete copas de la ira de golpe. Primero vienen los sellos, después las
trompetas, que es apenas un tercio de las copas, y después las copas que
consuman la ira. “Y comenzó a faltarle”.
Dice el verso 16: “Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le
envió a su hacienda para que apacentase cerdos”. Ya vimos que terrible
condición. “Y deseaba llenar su vientre
de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.” Ahora, ¿qué
estaba haciendo Dios cuando permitió esto? Produciendo lo siguiente: el verso
17, la primera parte: “Y volviendo en sí”; o sea que él
estaba como fuera de sí, fuera de sí, él estaba fuera de sus cabales, él había
entrado en un frenesí de locura, había perdido la cordura; y el Señor, para
traerlo de nuevo a la cordura, para que volviera otra vez en sí, para que
reflexionara, para que se diera cuenta, para que meditara, tuvo que permitir
esas cosas difíciles; pero ¿eran para qué? Para que volviera en sí, aprendiera
la cordura, y dejara de ser insensato. “Dijo:
¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí
perezco de hambre!”; estoy en esta
situación; mi padre tiene siervos, jornaleros que le sirven. Yo no merezco ser
llamado hijo. Noten que él fue alguien que se arrepintió con sinceridad.
Verso 18: “Me levantaré”; o sea que ahí está la gracia de Dios para permitirle
ejercer su responsabilidad, porque “ninguno
puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”; pero el Señor,
al decir esta parábola, está queriendo decir que la gracia de Dios está
disponible para poder levantarse y volver; porque algunos quieren decir: yo
no puedo volver, Dios no me va a ayudar, es que Dios a unos ayuda y a mi no me
ayuda, yo me voy a quedar aquí; no, no, no; él tomó una decisión que Dios
respaldó; no sé como discutirán esto los calvinistas y los arminianos, pero el
Señor dijo la parábola como para poner a meditar: “me levantaré e iré”, y miren dónde, “a mi padre”; o sea, él continuaba teniendo certeza de que era un
hijo y que ese era su padre; “me
levantaré e iré a mi padre”; a donde hay que ir es al Padre; porque podría
haberse ido a otro lugar; ya se había arrimado a un ciudadano que lo puso a
guardar cerdos; entonces él dijo: no, no, aquí hay que ir es a mi padre; lo que
el mundo ofrece es eso: cuidar sus cerdos; hay que ir es al Padre. “Y le diré: Padre”; o sea, confesaré mi
pecado; y esta es la meditación interna, reconocer; el Señor por eso hizo esta
parábola tan larga, para explicar bien ese proceso interior que es necesario,
proceso de reflexión, de caer en cuenta, de tomar conciencia, de decidir
arrepentirse y decidir buscar a Dios; todo eso es porque el Espíritu Santo está
obrando. “He pecado contra el cielo y contra Ti”; porque no se peca sólo contra el
Padre, porque el Padre está también con sus ángeles, y ellos están viendo, y el
cielo también llora. Posiblemente a nuestros hermanos que ya partieron, una
gran nube de testigos, el Señor les deja ver nuestras caídas, y se entristecen.
Entonces nuestro pecado es contra el cielo. La vez pasada hablamos de la fanaticada,
de la barra que tenemos a favor, y de la que hay en contra. Entonces nuestro
pecado es contra el Padre y contra el cielo. Aquí menciona primero al cielo, y
contra Ti, para mostrar que tenía vergüenza de los espectadores celestiales, y
que antes de poder reconciliarse suficientemente solo con Dios, Él nos pide que
nos reconciliemos antes con nuestros hermanos para poder venir a hacerle
ofrendas de amor.
Verso
19: “Ya no soy digno de ser llamado tu
hijo”; o sea que reconoció que había pecado, y reconoció su indignidad,
reconoció que no tenía mérito ninguno. Esa es la única manera de volver: volver
en sí y volverse al Padre sobre la base de la gracia del Padre, y no de ningún
mérito nuestro. Aquí él fue sincero: no soy digno; es decir, se puso en la
posición verdadera, en la posición de indigno, no iba a pretender engañar al
padre, no iba a hacerse el bobo, no iba a tratar de justificar las cosas; no,
él dice: “Ya no soy digno de ser llamado
tu hijo”. Y él había pensado también lo siguiente, pero el padre no se lo
dejó decir; él le iba a decir: “hazme
como a uno de tus jornaleros”, o sea, vengo acá aunque no sea como un hijo
tuyo; pero el padre no le dejó decir esas palabras, no le dejó actuar meramente
como un jornalero y no como un hijo.
Verso
20: “Y levantándose”; dos veces dice
algo; primero dice: “me levantaré”;
pero ahora dice: “Y levantándose”;
porque a veces decimos: me levantaré, pero no nos levantamos; entonces es
necesario esta repetición. Se propuso, y después hizo lo que se propuso;
recibió gracia de Dios para ser convencido de su pecado, para mudar su manera
de ver las cosas, convencerse de justicia y juicio, proponerse, y hacer lo que
se propuso. Había dicho: Me levantaré,
iré a mi padre y diré; y ahora no sólo se quedó pensándolo: voy a hacer
esto; sino que lo hizo. No hay que quedarse diciendo: ¡ay! si yo pudiera; ¡no!,
hay que definirse, hay que tomar una actitud responsable, que cuando tú
la estás tomando, la gracia te está sosteniendo. “Levantándose, vino a su padre”, aunque él había pensado antes quedarse por los bordes allá, en las barracas,
viviendo con los trabajadores, con los jornaleros; pero él venía ahora a su
padre. Muy importante que su foco ahora era su padre. No es suficiente estar
apenas entre los jornaleros; es necesario estar con el mismo Padre. Cuantas
personas, en vez de buscar a Dios por medio de Cristo, simplemente se juntan a una
compañía para tener un salario.
Ahora viene esta parte, la parte del padre;
aquí no lo dice, pero hay muchos comentaristas que han visto como si el padre
siempre estuviera buscando la llegada de su hijo; porque el padre no estaba adentro,
sino que pudo verlo de lejos; es como si el padre oteara el horizonte a ver si
de pronto aparecía su hijo; aquí no lo dice, pero lo da a entender. “Y cuando aún estaba lejos”, este es el
amor de Dios. Yo creo que todos los hermanos hemos tenido esta experiencia; por
lo menos, yo en muchas ocasiones no sé cómo hacer para empezar a arrepentirme,
y ya siento el abrazo del Señor recibiéndome; y digo: Señor, todavía no he
terminado de arrepentirme, pero Él ya me abrazó, ya me recibió; así es nuestro
Padre; Él sólo vio la intención de lejos, el Padre no esperó. Nosotros a veces como
padres decimos: vamos a ver qué hace, vamos a ver como se porta, vamos a darle
un tiempito, vamos a ponerlo a prueba; pero fíjense en la misericordia de Dios;
se saltó esos tiempitos, no se puso a tener en cuenta las fallas, lo único que
vio fue a su hijo volviendo; y aunque venía de lejos, y había mucha distancia
todavía para estar cerca de él, el padre se fue hacia él; ¿no es esto precioso,
hermanos? Y dice: “cuando aún estaba
lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió”, claro que
si estos dos hijos eran como adultos, como para darles la herencia, este padre
no era tan joven, y mucho menos en el oriente, donde ver un padre corriendo es
raro; en el oriente se exige mucho obedecer a los padres, y los padres tienen
que guardar su dignidad; pero aquí este padre se olvidó de sí; qué van a decir:
este viejo corriendo; no; sino que él salió corriendo, el padre salió
corriendo, “fue movido a misericordia”,
la misericordia lo movió a correr.
Hermanos, ¿entienden esa frase? Que la misericordia lo movió a correr. Cuando
uno no tiene misericordia, uno no es movido a correr, y uno se queda probando;
pero cuando uno tiene misericordia, porque ha recibido misericordia, corre, porque
“bienaventurados los misericordiosos
porque ellos alcanzarán misericordia, y juicio sin misericordia se hará para el
que no hiciere misericordia”. Cuando la misericordia nos mueve, corremos;
no nos esperamos a que el otro lo haga; por eso dice: “haced frutos dignos de arrepentimiento”. Aquí ya el padre vio de
lejos la intención de su hijo, y ya fue suficiente para el padre, no fue muy
exigente, sino que le fue suficiente ese “me arrepiento”, esa reflexión, esa
decisión; y el padre le ahorró muchas otras pruebas, se las ahorró; ¿no debemos
nosotros también ahorrar, verdad? “Movido a misericordia”, como si la misericordia fuera el combustible para que corriera; “y corrió, y se echó sobre su cuello”, no
le dejó ni siquiera arrodillarse; el hijo ya tenía planeado todo lo que iba a
decir, pero el padre se le adelantó, y antes de que el hijo le dijera, el padre
lo recibió. ¿No es esta obra grande del Señor? Ahí se ve como es nuestro Dios.
Ya el hijo tenía preparado: voy a decirle esto, esto y esto; y antes de que
empiece a decirle, el padre viene a recibirle. ¿No es esto amor, hermanos?¿ no
está reflejando aquí el Señor verdaderamente, y como es nuestro Dios? Para que
conozcamos a Dios, Él dijo esta parábola, y para que nosotros seamos como Él es;
“se echó sobre su cuello”; y aquí el
traductor dice: “le besó”; pero el
original griego dice: “repetidas veces lo
besó”; no sólo le dio un beso, sino que repetidamente lo besaba y lo
besaba; estaba feliz de que su hijo hubiera vuelto sano y salvo; lo recibió
sano y salvo, dijo después.
Verso 21: “Y el hijo le dijo:”; aquí empezó el hijo a cumplir lo que él se
había propuesto: “Padre, he pecado contra
el cielo y contra ti”; ya la siguiente frase: “ya no soy digno de ser llamado tu hijo”, y la otra que había pensado
decir: “ponme como alguno de tus
jornaleros”, aquí ya no la dice; fue tal la restauración de la gracia; incluso
la última frase falta en algunos manuscritos; algunos manuscritos no tienen la
segunda parte de la frase, algunos se la añadieron como para completar más la
confesión del hijo; pero hay manuscritos que no tienen la segunda parte; como
quien dice: el padre ni siquiera le dejó a él terminar de confesar su
arrepentimiento. Él iba a decir: padre, hazme como uno de tus jornaleros,
porque no soy digno de ser llamado tú hijo. El padre no le dejó actuar como si
no fuera su hijo; desde el principio la gracia le hizo saber que era su hijo;
el padre siempre actuó con él como con un hijo; aunque él no era digno de ser
hijo, el padre siempre fue fiel a la paternidad suya, y ni lo dejó terminar de
arrepentirse en lo externo; le bastó el retorno.
Verso 22: “Pero el padre…” ¿ven ese “pero”? Cuando el hijo empezó a hablar, no
había terminado de cumplir lo que se había propuesto en su arrepentimiento, y ya
el padre empezó a decir: “hagamos fiesta”;
como había dicho Jesús en parábola anterior, que “hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99
justos que no necesitan arrepentimiento”; aquí es la misma cosa: “El padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor
vestido”; o sea, los jornaleros tenían un vestido, pero ahora es el mejor
vestido; es decir, hay vestidos, pero el mejor vestido es el vestido de hijo;
aquí el hijo fue justificado, vestido con la vestidura de hijo; ahora sí podía
actuar como hijo, pues el padre le está haciendo sentirse como hijo; el hijo
está como queriendo humillarse tanto, pero el padre le dice: espera, espera, no
te dejes hundir tanto, no te desplomes tanto, ya sé, ya vi tu arrepentimiento,
levántate, vístanlo, porque él no se va a vestir, pónganle el mejor vestido;
así como en el caso de Josué, hijo de Josadac, que estaba Satanás acusándolo, y
Yahveh dijo: “quítenle esas vestiduras
viles, y pónganle vestiduras de gala”; hermanos, eso es lo que hace el
Señor, nos limpia de nuestras inmundicias y dice: hijo, ya es suficiente,
levanta tu rostro, olvídate del pasado, ahora de aquí en adelante usa el mejor
vestido. Y además de eso dice a sus siervos: “vestidle”, ustedes tienen que vestirlo, ayudarle, porque él como
que no podía solo; imagínense los cielos vistiéndolo, ¿verdad? “y poned un anillo en su mano”; porque el
anillo era donde estaba el sello de la familia, el sello de propiedad; las
cosas se sellaban con el anillo; o sea que es ahora como si fuera de nuevo
propietario, aun habiendo desperdiciado antes sus bienes; sin embargo vuelve a
tener anillo; los esclavos no tenían anillo, mas los hijos tienen anillo. Y
dice: “poned un anillo en su mano, y
calzado en sus pies”, porque estaba descalzo; los esclavos andaban descalzos,
pero ahora ya tiene sandalias, el apresto del evangelio de la paz. Esa es la
restauración divina proveniente de la gracia de Dios.
Verso 23: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”; esto
es como una expiación, ahora hay fiesta, comiendo el becerro gordo; esto nos
habla del Señor Jesús que murió por nosotros para que nosotros podamos ser
recibidos en la casa del Padre. En la casa del Padre hay fiesta; aquí el Señor
no se pone con remilgos; como si dijera: no voy a mencionar anillo, no voy a
mencionar música, ni danzas; ¡no! El Padre mandó el Espíritu sobre los gentiles
en casa de Cornelio incluso antes de que fueran bautizados; el Señor no es nada
de remilgado, aquí hasta mencionó danzas, ¿amén? Él no fue mojigato; aquí
mencionó la palabra anillo, usó la palabra fiesta, la palabra danza, alegría;
el Señor no fue mojigato; lo dijo con gran alegría, porque hay versículos en la
Biblia que dicen que adoremos al Señor con danza; y habla de danza, y que los
jóvenes y las vírgenes danzarán en el pueblo de Dios. La danza es normal en el
pueblo de Dios, una danza santa; si es santa, no es problema; los ósculos, si
son santos, no son problema; el problema es cuando el ósculo no es santo;
cuando es sólo ósculo, no es santo; allí sí hay problema; pero si es santo, no
es problema. Nos saludamos de ósculo santo, podemos danzar una danza santa y
hacer una fiesta santa, ¿amén? Entonces dice allí: “Y comenzaron a regocijarse” porque había dicho: este mi hijo muerto era, pero ha revivido;
se había perdido, y es hallado”. Las expresiones: “Y se había perdido” y “muerto”
están mutuamente relacionadas; como también “revivido” está relacionado con “hallado”,
o encontrado, o salvado; muerto es perdido, y revivido es salvado; entonces
dice las dos cosas allí: “muerto era, y
ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Noten,
el Señor hablando esto a los escribas duros, que decían: -¿cómo es que Él come
con pecadores?- y el Señor hablándoles de esta fiesta.
Ahora viene la segunda parte de la parábola;
uno pensaría que ya hubiera sido suficiente; pero ¿a quién era que el Señor les
estaba hablando la parábola en esos momentos? Estaba hablando a los escribas y
fariseos; o sea, a los religiosos, legalistas, duros, sin misericordia, gente
amargada, gente religiosa pero amargada, gente que vive en su justicia propia,
que no conoce su propia indignidad, y piensa que merece algo. ¿Cuánto tiempo te
serví y no me diste ni un cabrito? Esa es la justicia propia de la religión, de
la religiosidad humana que pone un ambiente totalmente desagradable en medio
del pueblo. Aquí el Señor empieza a hablar de la otra parte de la parábola;
porque Él habló de dos hijos; la parábola comienza con dos hijos, porque ahí
están aquellos que oían al Señor y recibían la gracia de Dios, pero estaban también
los que los que criticaban; entonces había que completar la parábola por el
otro lado. “Y su hijo mayor”, ahí
estaba el mayor, “estaba en el campo”,
así como Caín trabajaba también en el campo, y era alguien que trabajaba, que
producía, que hacía las cosas por moral, por ascetismo; y mucha gente religiosa
no tiene el gozo de la salvación, porque no vive por la gracia, sino que viven
en la justicia propia; entonces estaba en el campo, “y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó música, y las danzas”;
estaban en pleno baile; “y llamando a uno
de los criados”, porque eso se lo preguntó al criado, no al padre, “le preguntó qué era aquello”, danzas y
fiesta; ¿qué pasó en esta casa? ¡Qué raro! ¿qué está pasando? Está todo fuera
de lo normal.
Verso 27: “Él le dijo”, y miren como habla el padre, como habla el criado, y
como habla el hermano mayor. El criado le dijo: tu hermano; el padre le dijo: tu
hermano; pero él no dijo: mi hermano, sino: este tu hijo ha desperdiciado tus bienes con rameras; eso
fue lo que él dijo, no dijo: mi hermano, no quería reconocerlo ni como hermano,
¿se dan cuenta? Pero aquí el criado le dice: “tu hermano”, no es cualquiera, es tú hermano, otro igual que tú, no
es de otra categoría inferior, es tu hermano, “Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por
haberle recibido bueno y sano”; ¡cómo es el Señor!, bueno y sano; eso
implica que no estaba muerto como se pudo haber pensado, sino como dice Salomón:
“mejor es perro vivo que león muerto”,
mientras esté vivo, aunque sea perro, puede salvarse; el león muerto ya no
sirve.
Verso 28: “Entonces se enojó”, como se habían enojado los escribas y los
fariseos: -éste tu maestro come con los publicanos, con los pecadores-; y Jesús
era amigo de los pecadores; Él no pecaba con ellos, pero para salvarlos, se
hizo amigo; pero aquel otro “se enojó”,
el hermano mayor, “y no quería entrar”.
No quería participar, quería guardar la distancia, estaba molesto con la gracia
de Dios; ¿por qué? Porque él se basaba en la justicia propia. “Salió por tanto su padre”; noten como el
padre es bueno para con los dos hijos; aún con este que está enojado; “y le rogaba que entrase”. Le rogaba; ahí
está el Espíritu Santo tratando de convencer ese corazón para que acepte la
gracia de Dios y se alegre también, se alegre que el otro fué salvo; pero en
vez de alegrarse, está criticando y no quiere entrar.
Verso 29: “Mas él, respondiendo, dijo al padre: He
aquí, tantos años te sirvo”; él no había dicho eso externamente antes, pero
miren lo que la justicia propia guarda en su corazón. Cuando estamos basados en
la justicia propia, estamos comparándonos con otros, pensando que somos mejores
que los otros, yo ayuno, yo diezmo, pero este publicano ¡qué va a diezmar, qué
va a ayunar! ¿No es así? La justicia propia comparándose y expresando amargura;
eso hace la religiosidad que no conoce la gracia, que no vive por la gracia;
pura amargura, gente amargada, “tantos años te sirvo, no habiéndote
desobedecido jamás”; exteriormente él se aguantaba, y hacía lo que el padre
quería, pero eso era por fuera; su corazón no estaba contento, ¿se dan cuenta?
Su corazón no conocía al padre; “y nunca
me has dado ni un cabrito”, noten esa ingratitud; en realidad todo era de
él, ¿por qué? Porque el padre un tercio se lo da a su hijo menor, y los otros
dos tercios le quedaron a él; “todo lo
mío es tuyo”; todo era de él, pero él no veía lo que tenía, el sólo vivía
en su justicia propia, quejándose; “ni un
cabrito me has dado para gozarme con mis amigos”; como quien dice: -a éste
le diste mucho, a mí no me diste nada; ¿se dan cuenta de lo que es ese espíritu
religioso, hermanos? ¿qué triste que es? “Nunca
me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este
tu hijo”, no mi hermano, no, tú hijo, así como cuando las señoras están
enojadas con su marido, dicen: tu hijo, como si no fuera de los dos, ¿verdad?
Éste no quiso llamarlo hermano sino “este
tu hijo”. El Señor fue como decíamos al principio; lo dijo
resumidamente, él no entró en detalles con el morbo; porque nosotros somos tan
morbosos que queremos saber todos los detalles del pecado, como fue, donde fue,
a qué hora y todo, quien vio, quien no vio; nosotros somos morbosos; el Señor
no; vivió perdidamente, lo dijo así
rápido; pero este aquí no; lo dijo bien coloreado, lo puso bien con todos los
colores. Dijo: “que ha consumido tus
bienes con rameras”; el padre nunca había mencionado a las rameras, pero el
hijo mayor sí las mencionó; el padre no, pero el hijo sí, el hijo mayor, el
religioso; “has hecho matar para él el
becerro gordo”; la expiación es para el que no tiene, pero el que se basa
en la justicia propia piensa que él merece las cosas; no se da cuenta de que
todo es por gracia. Cuando uno se basa en la justicia propia, uno no se da
cuenta de que uno no tiene nada, que es por gracia; “has hecho matar para él el becerro gordo”; pero hijo, este becerro
gordo también es para ti, porque todo lo mío es tuyo, es para ti, tú también
vas a comer del becerro gordo, ven a la fiesta y come tú también del becerro
gordo, pero él no, él pensaba que era sólo para el otro, así como Caín se
enojaba porque Dios recibió a Abel, porque Abel se basó en el becerro gordo, en
la sangre; por eso Abel fue recibido, en cambio Caín venía del campo a
presentar sus frutos; claro, venía en su justicia propia, pero su justicia
propia no podía ser aceptada delante de Dios; entonces se enojó contra Abel y
se ensañó su espíritu hasta matarlo. Estos dos hermanos también son como Caín y
Abel, ¿se dan cuenta? O como el publicano propiciado, justificado, y el fariseo
que se gloriaba en su justicia y oraba consigo mismo.
Verso 31: “Él entonces le dijo: hijo”, hijo, qué lindo, el padre es bueno
también con él, le sigue tratando de hijo; “Hijo,
tú siempre estás conmigo”, tú no te apartas a otras partes, siempre estás
conmigo; por lo tanto, todo lo mío es tuyo; el que está con el Señor, todo lo
del Señor es de él; él pródigo se había apartado y por eso no tenía nada, y
ahora vino, ahora déjame hacer fiesta, ¿verdad? Pero dice aquí: “tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas
son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta”, y aquí está el misterio de la
gracia: “era necesario hacer fiesta”,
y dice porqué, “y regocijarnos”.
Jesús hablándoles también a los fariseos enojados, porque los publicanos oían
del Señor, y se agradaban de recibir la gracia de Dios; y los otros enojados. Entonces
dice aquí: “era necesario hacer fiesta y
regocijarnos, porque este tu hermano”, no mi hijo solamente, “tu hermano”, uno igual a ti, “tu hermano era muerto”, y lo repite de
nuevo, “y ha revivido; se había perdido,
y es hallado”. Cuando alguien revive, y es hallado, es necesario hacer
fiesta y regocijarnos. Si Dios revivió a alguien, lo halló, lo encontró de
nuevo, lo vistió, le puso su anillo, lo calzó, hermanos, es necesario, aquí en esto no debemos pensar ser apenas opcional.
Es necesario hacer fiesta y regocijarnos; y no podemos continuar con esas cosas
malignas de la justicia propia. Aquí Lucas paró; no dijo ni como reaccionaron
los otros; es decir, cada uno reacciona como debe reaccionar. ¿Cómo
reaccionamos nosotros? ¡Que sea como reaccionó el padre, y no el hermano mayor!
Vamos a dar gracias al Señor.
Señor amado, te agradecemos que Tú siempre
quieres alcanzar nuestro corazón, y que seamos como eres Tú. Señor, opera en
nuestro ser, ayúdanos a entrar en el gozo de tu fiesta, porque tú has provisto
una fiesta en este becerro gordo, y has sacrificado para la expiación, y para
el alimento con una justicia jurídica y también orgánica. Oh Padre, en el
nombre del Señor Jesús, ayúdanos a conocerte, y danos un corazón amplio, un corazón
como el tuyo, como eres Tú con nosotros; no sea que tengas que apretarnos
porque no queremos perdonar. Ayúdanos, Señor, danos un corazón amplio, en el
nombre del Señor Jesús, amén.
Gino Iafrancesco
V., 20 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.
Transcripción
de la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.
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(28)
LAS DIEZ DRACMAS
Señor, Tú conduces por tu Espíritu a tu Iglesia
a proclamar tu Nombre, tu grande victoria a nuestro favor. Gracias te damos,
Señor; exaltado seas Tú, exaltado en medio de la iglesia, exaltado en los
cielos y en la tierra; porque la tierra también será llena del conocimiento de
tu gloria, en Cristo Jesús. Gloria a Ti, exaltado seas, exaltado por tu Iglesia,
Oh Dios, en Cristo Jesús, amén. Padre, gracias por concedernos estar en tu Santa
Presencia por Su preciosa sangre. Señor, seamos con tu socorro abriendo tu Palabra,
que Tú nos hables por todos los rincones de tu Palabra, que Tú puedas, Señor,
afirmarnos en tu gracia y en tu poder; que lo que veamos de tu Palabra, Señor,
alimente nuestro hombre interior, nos establezca firmemente en Ti; seamos
afirmados para la eternidad, y habiendo acabado todo, estar firmes en el Señor
Jesús; amén.
Hermanos, muy buenas noches, la paz del
Señor Jesús sea con todos. Con la ayuda del Señor, vamos a estar hoy dando
continuidad a la consideración de las parábolas del Señor Jesús, por medio de
las cuales el Señor nos habla de los misterios del reino de los cielos. Hoy
vamos a considerar una de las parábolas de la trilogía de parábolas que
comenzamos a ver la vez pasada; y la parábola de hoy se encuentra solamente
registrada en el capítulo 15 de Lucas. Lucas capítulo 15, versículos 8-10. “O ¿qué
mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y
barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra,
reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la
dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de
Dios por un pecador que se arrepiente”. ¡Amén, hermanos! Esta parábola,
como dijimos al principio, forma parte de una trilogía que aparece solamente
aquí en Lucas; porque Mateo sólo menciona lo de las cien ovejas, y punto; pero
Lucas sí menciona las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esas
tres parábolas tienen un fondo muy semejante; y el Espíritu Santo le dio a
Lucas un principio de asociación, y las agrupó aquí en este capítulo 15; de
manera que todas ellas nos hablan algo parecido, solamente que con algunas
pequeñas variantes; y esa trilogía nos muestra también la trilogía de la
Trinidad. Ustedes se dan cuenta de que en la parábola del hijo pródigo, que
consideraremos, si Dios permite, después, ahí aparece el personaje que representa
al Padre; aparece el Padre recibiendo a su hijo pródigo. En la que vimos la vez
pasada aquí mismo en el capítulo 15, la de las cien ovejas, ahí aparece el
pastor buscando la oveja y llevándola en sus hombros; o sea que ahí aparece el
Hijo; y nos queda, entre esas dos, esta parábola de esta trilogía, la de la
moneda perdida, el dracma perdido, las diez dracmas, donde seguramente que es
el Espíritu Santo el que busca; sólo que Él lo hace usando sus medios; y
entonces vamos a ir viendo los medios que usa el Espíritu Santo para encontrar
el dracma perdido. Lógicamente que aquí la mujer no representa al Espíritu
Santo, sino que representa más bien a la Iglesia, porque la iglesia es el
cuerpo de Cristo, es la casa de Dios, es la morada del Espíritu; por lo tanto,
es el vehículo del Espíritu. Es decir que en esta trilogía aparece el Padre
resaltado en la parábola del hijo pródigo, el Hijo como el pastor en la
parábola de las cien ovejas, y aquí el Espíritu Santo obrando por los medios de
gracia para salvar a las personas perdidas, y también a los que están caídos
levantarlos.
Vamos a repasar las frases en esta
parábola. Vamos a empezar desde el verso 8: “O ¿qué mujer…?”; sólo ese inicio está diciendo que es inaudito, que
eso no se va a dar, que sería raro que a una mujer a quien se le pierde algo
que tiene, algo que valora, no le va importar, y lo va a dejar perder; eso
sería extraño; entonces el Señor está diciendo: Si una mujer de la tierra tiene
cuidado de algo que ella valora, algo que ella tiene, ¿cuánto más Dios? En otras
ocasiones también el Señor Jesús hace esas comparaciones, mostrando como
incluso personas de la tierra, que somos malos, hacemos cosas buenas. Dice: Si un hijo le pide a su padre, un hombre
de la tierra, si vosotros siendo malos,
si su hijo le pide pan, ¿acaso le va a
dar una piedra? y si le pide un huevo, ¿le va a dar una serpiente? Lo dice
a propósito para hacer el contraste; ¿cuánto más vuestro Padre? Entonces el
Señor quiere dirigir nuestro corazón principalmente a nuestro Padre, el Señor
quiere que conozcamos al Padre; lo que el Señor Jesús hizo de una manera muy
especial fue presentar a ese Dios que era tan Altísimo, tan lejano, presentarlo
tan cercano, presentarlo como nuestro Padre, Dios totalmente cercano. Entonces
esas parábolas lo que hacen es traer el cielo a la tierra, la presencia del
Señor bien cercana, como que lo podemos tocar; y lo hace con preguntas como
ésta: “¿O qué mujer…”; es que una
mujer ni siquiera se descuidaría de una moneda; ¿cuánto más Dios? Entonces Él
empieza y da estos detalles: “¿Qué mujer que tiene…”, o sea, hay un sentido
de posesión; quiere decir: cuando tú aprecias algo, tú no quieres que eso se
pierda, no eres indiferente, lo tienes. Si algo te es indiferente, si algo no
te importa, pase lo que pase no te hace ni fu ni fa, lógicamente tú no tienes
ninguna ligazón con eso, ¿verdad? Pero aquí lo que Dios quiere mostrar es que
tenemos ligazón con Dios; el corazón de Dios está ligado a nosotros; por eso Él
habla de una mujer que tiene, es decir, que posee algo; o sea que Dios sentiría
en su corazón si le faltara; eso es lo que Él quiere decir.
Vemos el ejemplo
de diez dracmas. El dracma es una moneda griega; realmente la moneda es griega,
pero equivale a una moneda romana que es el denario; digamos que un dracma se
cambiaría por un denario; y un denario es una moneda que equivale al salario de
un día de trabajo. Cuando la persona trabajaba todo ese día, ganaba un denario;
y con ese denario podía mantenerse él, mantener su familia, y quizás ahorrar un
poquito. Entonces eso sería un denario; y esa es más o menos una dracma; y aquí
Él usa diez dracmas.
El número diez en
la Biblia es un número de universalidad, es un número de generalidad, o de
totalidad; cuando aparece en la Biblia el número diez, aparece como la
generalidad. Por ejemplo, en el capítulo 10 de Génesis aparece la Tabla de las Naciones
mostrando toda la humanidad. Cuando aparece el reino final del mundo, aparece
con diez dedos, o diez cuernos rodeando a la bestia final, hablando de un
gobierno mundial. Cuando aparecen los hijos de Dios, las iglesias esperando al
Señor Jesús, los compara con diez vírgenes. Entonces, es el número de la
totalidad; quiere decir que el Señor, que es el Dios de todo, no quiere que le
falte nada.
Ustedes recuerdan un pasaje, si lo quieren
leer conmigo, y luego volveremos aquí; en Apocalipsis, vamos a leer allí un
pasaje que nos ayuda a entender ese sentir del Señor, como es el sentir de
cualquier padre, como lo decíamos la vez pasada, que si tiene tantos hijos, y
el asiento de uno de ellos está vacío en la mesa, aunque se alegra con los que
están, su corazón sabe que todavía le falta el otro hijo que se sienta ahí;
sólo cuando todos los hijos están ahí, él está satisfecho, porque su casa es
lugar de reposo de él. Entonces vamos allí a Apocalipsis, a los dos capítulos
de las iglesias, al 2 y al 3, que es donde aparecen los mensajes a las siete
iglesias; y quiero que miremos allí en el capítulo 3, en el verso 1, como el
Señor le dice a Sardis, que como ustedes saben, era una iglesia que estaba
perdiendo las cosas, y se estaban quedando con vacíos. Podemos leer lo de los
vacíos en el verso 2 que dice: “Sé
vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir;” o sea, las cosas
están muriendo, y sigue diciendo: “porque
no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que
has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete”; o sea que el Señor no
quiere que se pierda nada; aún cuando sobraron aquellos panes después de que
comieron, esos que sobraron de aquellos pocos panes y peces que El multiplicó,
hubo un principio de economía que siempre tenemos que recordar, que lo podemos
escribir en el corazón y en las paredes: “que no se pierda nada”; es una frase
corta, pero es un principio de economía: “que
no se pierda nada”.
Entonces el Señor,
al inicio del verso 1, le dice a la iglesia: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete
espíritus de Dios”; el número siete es el número de plenitud; “y las siete estrellas”. Lo mismo le dice
a Efeso; miren en el capítulo 2 al inicio: “Escribe
al ángel de la iglesia en Efeso:”, o sea, la iglesia que había comenzado a
aflojar, “El que tiene las siete
estrellas en su diestra, El que anda en medio de los siete candeleros”.
Cuando Juan vio la visión, eran siete candeleros; y ahora Él dice: -Yo soy el
que ando entre los siete-; pero ¿por qué le menciona a Efeso los siete
candeleros? A ninguna otra de las iglesias le mencionó los siete candeleros; ¿por
qué a Efeso? Porque Efeso corría el peligro de perder su candelero, y Él es el
que anda en medio de los siete, no seis, ni cinco, ni cuatro; entre los siete
candeleros. Entonces dice allí en el versículo 5 del capítulo 2: “Recuerda, por tanto, de donde has caído, y
arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y
quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”; tu
candelero de su lugar; o sea que cada candelero tiene un lugar, y el Señor es
el que anda en medio de los siete candeleros, o sea, en medio de la plenitud de
las iglesias; Él no quiere que haya un lugar vacío; así es el corazón de Él, y
así tiene que ser también nuestro corazón. Dios no es indiferente si faltamos,
Dios no es indiferente si no estamos presentes; lo mismo a nosotros no nos
puede ser indiferente ningún hermano; si no está, si falta algún hermano, y
somos indiferentes, es como si no tuviéramos ligazón con los hermanos; pero si
somos hermanos, tenemos el mismo Espíritu, y sentimos la carga del hermano. No
porqué esté el otro ya no es necesario que esté éste, no; tenemos que estar
todos, el otro y éste, todos, que no falte ninguno, ¿verdad? Entonces ese mismo
principio aparece en Lucas.
Volvamos a Lucas: “tiene diez dracmas”; antiguamente, especialmente las mujeres
casadas en ese tiempo, ellas hacían una especie de balaca con las diez monedas;
las mujeres casadas acostumbraban tener esas monedas, y se ponían esas diez
monedas porque ¿qué es lo que hay en una moneda? En una moneda está impresa la
imagen del dueño de la moneda, allá era el César. Cuando le preguntaron a Jesús
por qué no pagaba los impuestos, Él dijo: traedme
la moneda. ¿Es lícito dar tributo al César? Traedme la moneda; y le trajeron la moneda; y ¿a qué fue a lo que Él
les llamó la atención?: ¿De quién es esta
imagen? O sea, ¿a quién le pertenece esta moneda? Pertenece según la imagen
que esté grabada; eso es muy importante entenderlo. Nosotros le pertenecemos a
aquel que está impreso en nosotros. Si el Señor se imprime en nosotros, quiere
decir que somos sellados por Él, quiere decir que le pertenecemos a Él; pero si
otra cosa se imprime en nosotros, le pertenecemos a aquello que se imprime en
nosotros; por eso es que los que tengan la marca de la bestia en la mano o en
la frente, le pertenecen al enemigo; ¿por qué? porque se dejaron marcar, tanto
en su frente, y sus pensamientos son dirigidos por el enemigo; su servicio, su
mano, es para trabajar para el enemigo; por eso tienen una marca en su frente y
en su mano; y se dice que los que tienen esa marca de la bestia no tienen
reposo ni de día ni de noche, sino que van a ser atormentados delante del Señor
por los siglos de los siglos; lo dice allí en Apocalipsis. O sea que lo que
está impreso en uno, indica a quien uno le pertenece. Si nosotros nos dejamos
imprimir propaganda, ya sea directa o subliminal, porque ahora también hay
subliminal, y no hay que estar exponiéndose, ni a la directa, menos a la
subliminal, ¿verdad? Porque uno se va pareciendo a aquello que uno aprecia, a aquello
en lo que uno se concentra. Yo les contaba una vez que había un político aquí
en Colombia, yo no lo sabía, pero yo le decía a mamá: me parece que ese señor
tiene cara como de caballo; y resulta que era amigo de los caballos y le
gustaba pintarlos, dibujarlos.
Repito también para los hermanos más nuevos:
vamos a 2ª a los Corintios capítulo 3 desde el verso 17 y 18, donde dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está
el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a
cara descubierta como en un espejo…”, aquí la palabra dice: en, es una
parte de la traducción, pero realmente el espejo somos nosotros, nosotros somos
el espejo que mira al Señor; cuando el espejo se pone frente al Señor, entonces
el rostro del Señor aparece en el espejo; la intención es que nosotros
observemos al Señor. Cuando permanecemos delante de Él, vamos siendo
transformados a la imagen de Él; pero ¿qué pasa si en vez de estar en la
presencia del Señor, estamos en la presencia de una telenovela boba, y a veces
no tan boba, sino bien sucia, o estar delante de cualquier cosa indigna? eso es
lo que va a aparecer en el espejo, eso es lo que se nos va a grabar en
nosotros, aquello que nosotros miramos. Entonces dice acá: “mirando a cara descubierta como en un espejo
la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
imagen, como por el Espíritu del Señor”, o sea que el ser humano fue
diseñado para estar delante del Señor y expresar al Señor; pero ¿qué pasa
cuando uno no está delante del Señor, cuando le da la espalda al Señor, y
empieza a seguir a los demonios? se va pareciendo a los demonios; o ¿no les
parece que así es como lucen muchos artistas de rock ahora? Con lenguas largas,
bípedas, con ojos todos pintados; ellos se parecen más a los demonios. El
diablo está profanando la imagen del Señor en los seres humanos, porque nos
volvemos a las cosas bajas, y en eso nos vamos volviendo. Como dice también un
Proverbio: “Según es el pensamiento en el
corazón, tal es la persona”; lo que uno contempla en su corazón es lo que
determina a lo que uno se va pareciendo. Entonces por eso hay que mirar al
Señor, para ser transformados por el Señor.
Entonces estas
monedas, eran monedas que tenían el sello del rey; las monedas son con lo que
se paga, con lo que se compra, con lo que se entra, con lo que se sale; y en
las monedas, en las dracmas, estaba la imagen del rey. ¿De quién es esta imagen? Del César; entonces dadle al César lo que es del César; si tiene la imagen del
César, es porque es del César; entonces denle a él lo que es de él. Entonces ¿a
quién le pertenecemos? A quien está forjando su imagen en nosotros. Amén.
Tomamos estos versos para enriquecer lo que
quiere decir un dracma, una moneda; pero ya no es una, sino que son diez; y en
esas diez monedas está impresa la imagen del dueño; y eso las mujeres se lo
colocaban como una balaca en aquel tiempo; imagínense que se le perdiera, que
se le saliera una moneda. Ellos antiguamente lo tomaban como un mal agüero; no
estoy diciendo que nosotros hagamos eso; nosotros no tenemos que vivir por
agüeros; pero si a alguna de ellas se le caía una moneda, ella pensaba, bueno,
que se le iba a dañar el matrimonio, o que le estaba siendo infiel su esposo, o
que algo le iba a pasar; ellas se preocupaban si les faltaba una moneda. Nosotros
no lo tomamos en ese espíritu, claro que no. Como unos que dicen que se les
cayó el anillo, y entonces ahora se les va a romper el matrimonio; nosotros no
lo tomamos en ese sentido, pero lo digo para que comprendamos la preocupación
de esta mujer, ¿verdad? Porque ellas acostumbraban ponerse esas balacas con las
monedas. Si era una persona pobre, y no se ponía las monedas en la balaca, las
guardaban como en un pañuelito; y lógico, al manipularlas, quizás en un
tropezón se le cayó; y aquellas casas no eran como las de ahora. Recuerden que
en ese tiempo no había luz eléctrica, y Jesús hablaba para el pueblo, ¿verdad?
Las casas eran pequeñas, y el piso era de tierra, no había ventanas; algunas
casas tenían una ventanita pequeña, pero lo normal era que no había ventanas;
de manera que si se caían esas monedas, había que encender la lámpara, había
que prender la luz, no como ahora, que hay luz eléctrica; allá era un problema
si se le caía una moneda; si se caía, quedaba en la oscuridad; eso es lo que
quiere decir una moneda perdida, es una moneda en la oscuridad.
Entonces dice aquí: “si pierde una dracma”; puede ser que tenga las nueve, pero si
pierde una de las diez, no va a quedar contenta con las nueve que tiene, porque
le falta la décima, porque la décima significa algo. No piense que porque tú
eres apenas una persona, y a lo mejor quizá no seas un gran apóstol, un gran
escritor, puedes pensar que tú no eres nadie; no es así. Para el Señor cada
persona es importante, cada persona es de valor; para el Señor no hay montón; hay
seres humanos a quienes el Señor los conoce íntima y profundamente y que los
ama, que los creó para que lo reciban, lo conozcan, y participen de Su gloria;
para eso creó los seres humanos. Él no quiere la muerte de ninguno, Él quiere
que todos se arrepientan, y Él quiere que todos sean salvos y que todos vengan
al pleno conocimiento, a la epignosis, al pleno conocimiento de la verdad; ese
es el deseo de Dios para todos; no hay ninguno que pueda decir: -seguramente yo
no estoy en el interés de Dios-, no; por eso nos está hablando esta parábola,
para decirnos que cada uno está en el interés de Dios; Dios está interesado en
ti, no pienses en otro; tú puedes ser esa moneda, allá escondida en la
oscuridad, en el polvo; en ti está interesado el Señor, ¿amén?
Ahora vemos que aquí empieza a decir tres
cosas claves para encontrar esa moneda: la primera, enciende la lámpara. Entonces vamos a ver cuales son los medios de
gracia para encontrar la moneda perdida. Primero enciende la lámpara; la
lámpara en la Biblia representa dos cosas, y esas dos cosas se relacionan; por
una parte, representa la palabra del Señor. Dice en el Salmo 119: Lámpara es a mis pies tu palabra, o sea
que la palabra del Señor es la lámpara; pero no es la palabra muerta, la
palabra sin entender, no, sino la palabra vivificada por el Espíritu; por eso
también nuestro espíritu humano representa la lámpara. Dice la Biblia que el
espíritu del hombre es la lámpara del Señor; o sea que lo primero para
encontrar lo que está perdido, es encender la lámpara, usar Su palabra viva,
revelar Su palabra en el espíritu; eso es lo primero para que alguien sea
encontrado; si no, vamos a seguir en la oscuridad, no va a haber luz; para ser
encontrados tiene que encenderse la luz de la Palabra y del Espíritu, eso es lo
primero. Entonces dice: “¿no enciende la
lámpara?”, porque esa interrogación cobija a todas estas frases.
Segunda: “barre
la casa”; la casa puede tener un significado colegiado, como estaba
orando nuestra hermana Lisbeth al principio, pero también individual. Nosotros somos
cada uno, la casa del Señor; y todos juntos somos la casa del Señor, porque
cada uno lo es y todos juntos lo somos con mucha más razón. Entonces primero
tiene que haber un trabajo de encender la lámpara, que tiene que ver con un
trabajo en el espíritu, en el interior, es decir de regeneración; y es un
trabajo del Espíritu usando la iglesia, llevando la Palabra del Evangelio para
que haya primero luz. ¿Qué fue lo primero que dijo el Señor cuando tuvo que
componer el caos, porque había un caos? ¿Qué fue lo primero? Sea la luz; y luego: sepárese lo de arriba de lo de abajo,
porque estaba todo mezclado; y entonces Él empieza a separar lo que es de
arriba de lo que es de abajo, lo que es del Espíritu de lo que es de la carne,
lo que es del ego, lo que es de la naturalidad, lo que es del mundo, de lo que
es de Dios; lo que es santo de lo que es profano, lo que es vil de lo que es
precioso. Dios tiene que hacer primero un trabajo de regenerar, y luego de
santificar, de renovar. Entonces aquí estamos viendo ese trabajo del Espíritu a
través del testimonio de la iglesia, buscando la persona que está perdida pero
que para el Señor es valiosa. Regenerando primero, es decir, trayendo luz al
espíritu, trayendo vida; si no hay luz en nuestro espíritu, seguimos perdidos;
pero esa vida en el espíritu tiene que pasar al alma; entonces tiene que haber
una barrida de la casa, una limpiada, una renovación; o sea, se tienen que
sacar todas las cosas sucias; porque a veces recibimos al Señor, y somos
regenerados, pero todavía no renovados, porque son dos cosas diferentes.
Vamos a la epístola de Pablo a Tito, que
nos habla de esas dos cosas. Vamos a Tito, capítulo 3. Miremos en el versículo
3, la moneda perdida, el dracma perdido. “Porque
nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados,
esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia,
aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros”. Esa es la moneda perdida, esa
es la moneda en oscuridad, debajo del polvo, en la carne, en el mundo, en la
perdición, éramos. “Pero cuando se
manifestó la bondad de Dios nuestro Señor, y su amor para con los hombres”,
allí es cuando Él estaba buscando con diligencia esa moneda perdida,
trayéndonos la palabra de Dios, que es el evangelio, y que nos anuncia ese
amor, esa obra a favor de nosotros. Entonces dice: “nos salvo, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”;
¿qué era lo que nosotros hacíamos? Pecar, nosotros estábamos perdidos; el que
buscó la moneda fue la mujer, no fue la moneda la que buscó a la mujer, fue la
mujer la que buscó la moneda, es Dios el que nos buscó a nosotros a través de
sus medios de gracia: “nos salvó, no por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”;
eso es algo jurídico, nos salvó por su
misericordia; y ahora empieza lo orgánico, la operación en nuestro interior:
“por el lavamiento de la regeneración”;
no dice “la regeneración de lavamiento”, como si el lavamiento regenerara, sino
que la regeneración lava. Ya vosotros estáis
limpios por la palabra que Yo os he hablado. Entonces primero viene el
lavamiento de la regeneración, la palabra que limpia y que regenera, es decir,
que comunica la vida divina a nuestro ser; entonces menciona primero la
regeneración; la regeneración es la vida divina del Espíritu de Dios en nuestras
vidas; por eso es la lámpara encendida; y dice aquí: “y”, no sólo la regeneración; “y
por la renovación”; del lugar santísimo pasa al lugar santo; “y por la renovación en el Espíritu Santo, el
cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para
que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la
esperanza de la vida eterna”. Entonces aquí nos damos cuenta de que en un
sentido inicial renovación es algo más que regeneración.
Vamos a ver esa misma renovación en Romanos
capítulo 12; vamos a ver esa expresión allí en Romanos capítulo 12. Dice desde
el verso 2: “No os conforméis a este
siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento”; o sea, la renovación es la obra
del Señor en nuestra alma; quiere decir también: en nuestros pensamientos; allí
es donde hay que barrer; hay que barrer en nuestros pensamientos, en nuestras
emociones; allí también hay que barrer; hay que barrer en nuestras emociones y en
nuestra voluntad; ahí también hay que barrer, porque primero recibimos el
Espíritu en nuestro espíritu por la fe, pero esa vida viene para comenzar un
proceso de renovación; porque la regeneración es en un instante; la
regeneración es cuando crees en el Señor y el Espíritu del Señor vino a tu
espíritu; el Espíritu de Dios entró en el tuyo, y ahí tienes un nuevo Espíritu,
eres una nueva creatura, eres un hijo de Dios en el espíritu; eso es
instantáneo, la regeneración sólo requiere del instante primero de la fe
verdadera. Cuando de verdad crees en el Señor, ya naces de nuevo. Pero ahora la renovación es una barrida que dura
todo el tiempo; es decir, ahora necesitamos ser renovados, que es distinto de
regenerar; la regeneración es la vida divina en nuestro espíritu, pero que
ahora es necesario que pase a nuestra
alma, o sea, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a nuestra
voluntad, o sea, a la casa; ahora viene la barrida de la casa; ¿para recuperar
qué? aquello que Él aprecia, en lo cual está la imagen del dueño, ¿ven?, está
la imagen del dueño. Lo que el Señor quiere recuperar es la imagen de Cristo en
nosotros, porque nosotros la hemos manchado por causa del pecado; entonces
tiene que haber una barrida; es decir, primero hay la encendida de la lámpara y
entonces la barrida de la casa, barrer la casa; ¿para qué se barre la casa?
Para que toda la mugre que está encima posiblemente de la moneda, salga, y
pueda aparecer la moneda con la imagen; pero si está debajo del polvo, en la
oscuridad, no se va a encontrar; entonces se tiene que encender la lámpara y se
tiene que barrer; eso es lo que el Señor está haciendo.
Y dice más: “y
busca con diligencia hasta encontrarla”. El Señor es diligente en la
búsqueda; nosotros pensábamos que nosotros éramos los que buscábamos,
pensábamos que nosotros éramos los buscadores, ¿verdad? A veces nos jactamos de
ser creyentes. Nosotros leíamos filosofía, psicología y esoterismo, buscando la
verdad, pero realmente esa hambre interna era el Señor buscándonos a nosotros;
y luego tiene que barrer ese montón de porquerías con que nos atosigamos,
porque el que en verdad nos busca es el Señor; Él es el que nos busca. Entonces
dice:”y busca con diligencia”; ¡qué
precioso es esto! dos palabras claves: buscar;
o sea el Señor en verdad nos busca, en realidad le importamos a Él, de tal
manera que si no nos encuentra en el lugar en que tenemos que estar, que es ahí
en la mesa con los demás hijos, Él nos busca. ¿Cuándo te parece que Él ejercita
la intercesión? No solamente cuando estoy bien, sino precisamente cuando estoy
peor. ¿No le dijo eso el Señor a Simón?:
Simón, Satanás te ha pedido, porque Satanás, para poder tocarnos, tiene que
pedirle permiso al Señor; y el Señor le da permiso sólo un poquito, solamente
para que nosotros reaccionemos y veamos en qué peligro estamos. Entonces le
dijo: Satanás te ha pedido para
zarandearte como a trigo, pero yo he rogado por ti; es decir, cuando tú
estás en plena zaranda, mejor dicho, con esos nervios que suben y que bajan,
porque ¿saben que es zarandear? Zarandear es sacudirlo; o sea, cuando estamos
en esa sacudida, que estamos para arriba y para abajo, ahí es cuando Él está
intercediendo; no es cuando estás bien, cuando todo está bien contigo, tú estás
orando, ayunando, estar reuniéndote, estás amando, estás sirviendo; claro que
también ahí, pero cuando tú necesitas, cuando estás en el peligro, cuando estás
en la prueba, cuando estás en el conflicto, ahí es que Él está cuidando de ti,
ahí es que Él está intercediendo por ti, ahí es cuando Él dice: yo rogué por ti para que tu fe no falte;
es decir, fíjense que a Judas Iscariote le faltó la fe y se ahorcó, se reventó,
se explotó. Pedro también negó al Señor, pero el Señor intercedió para que no
le falte la fe, y él venció. Entonces por eso dice la palabra del Señor: cuando vuelvas, confirma tus hermanos; o
sea, Él intercedió por Pedro cuando Pedro estaba en la zaranda; dice: yo he rogado por ti que tu fe no falte;
es decir, no te puede faltar la fe cuando estás en la zaranda, porque la
zaranda viene para hacerte sentir tus sentimientos, como si Dios te hubiera
olvidado, como si ya no hay caso contigo, esas emociones negativas,
pensamientos y sentimientos negativos que el enemigo trae, es como para hacerte
sentir que estás en el aire, porque como a veces te quieres guiar por los
sentimientos, y los sentimientos son como el ascensor que sube y baja, que no
son seguros, cuando viene el día de la prueba, la hora difícil, cuando viene la
andanada de dardos de fuego del maligno y tú empiezas a desconfiar porque no
puedes sentir, ahí tu fe empieza a tambalear; esa es la zaranda. Pero dice: que tu fe no falte; la fe es en la Palabra,
nunca busques la fe en los sentimientos, nunca te bases en lo que sientes, sino
en lo que Dios dice. Si Dios dice algo, es así, tienes que creer, resistir otro
pensamiento, resistir todo sentimiento; lo que Tú dices, Dios, es esto; y esto es lo que yo creo; porque los
enemigos vienen a la mente, vienen a las emociones, vienen al sistema nervioso,
viene a la piel; ahí es donde el enemigo viene; a veces viene deleitoso, y a
veces viene terrible, de las dos maneras; él es terrible, él viene a matar, a
robar y a destruir, él nos tiene un odio terrible. Gracias a Dios que el amor
del Señor es mayor, y el poder del Señor es mayor. Pero ¿qué es lo que Él pide
para mantenernos firmes y resistir? La fe, que
tu fe no falte. Entonces allí es cuando el Señor intercede. Dice que El
intercede por nosotros siempre; no que Él es sólo sacerdote cuando estamos bien,
y luego deja de serlo cuando cometimos la falta; al contrario, es porque Él
conoce que somos terriblemente falibles, más de lo que nos imaginamos, y eso es
lo que vamos descubriendo a medida que caminamos con el Señor, cuán débiles
somos; y entonces ahí es que Él intercede, intercede para que no nos falte la
fe; la fe no en nosotros, porque nunca estaremos delante de El por la justicia
propia; sino la fe en Su amor; nunca
debemos dudar de que Él nos ama, no importa lo que pensemos, no importa lo que
sintamos; Él nos ama, y ahí tenemos que estar seguros, y ahí nos afirmamos, y
ahí resistimos, y ahí pasa la tormenta y nos levantamos de nuevo, ¿amén
hermanos? Esa es la búsqueda diligente,
es el Señor buscándote a ti, donde estás, en una cueva, porque si no estuvieras
en una cueva no habría que buscarte; pero a veces estamos en pozos, y Él nos
busca diligentemente en el pozo, porque ¿hasta dónde Él bajó? ¿saben hasta
dónde? Hasta el Seol, a llevar a los que estaban cautivos en el Seol; y predicó
el evangelio a los muertos, que Él era el Mesías que todos esperaban, para
sacarnos del hueco; para eso vino el Señor, amén. La búsqueda diligente del
Señor nos alcanza en el hueco. ¡Dónde estaba Elías? En un hueco, huyendo,
temeroso; ¿qué haces ahí Elías? Sal, sal del hueco. Lázaro ¿qué haces en la
tumba? Sal fuera; y salió; eso es lo que hace el Señor, ¿qué haces tú ahí? Sal
fuera del hueco, sal a la luz , levántate y ven, ¿amén? “busca con diligencia hasta…”, ¡aleluya! La búsqueda del Señor, “…hasta encontrarla”. No es como nosotros,
no, no; tiro la toalla; el Señor no tira la toalla, Él busca hasta encontrar; ¿a
quién? a quien ama; Él nos ama, y entonces busca hasta encontrarnos.
Verso 9: “Y cuando la encuentra”, ¡aleluya! ¡Gracias a Dios! “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas”;
si esta es la iglesia local, serán las otras iglesias; “y vecinas”, que podrán ser los ángeles, porque después habla de los
ángeles también; “diciendo: gozaos
conmigo”, ¡aleluya! Ese es el amor del Señor; todavía no estaba gozando
mientras está buscando, pero Él busca hasta encontrar para poder gozarse,
porque dice que El menospreció el oprobio
por el gozo puesto delante de Él; Él sabía el mal que existiría si dejaba a
las personas libres, pero si hacía solo títeres, ¿qué gloria habría? Entonces
son libres, tanto los ángeles, como los querubines, y los hombres; y se rebeló
el maligno. Él sabía el daño que habría, pero Él sabía también el gozo mayor
que habría; Él sabía la terrible cantidad de aflicción, pero conoce una
cantidad mayor de consuelo; si Él no permite la aflicción, no vas a conocer el
consuelo; sólo porque has probado la aflicción vas a conocer el consuelo. Una
persona que nunca conoce la aflicción, no conoce el consuelo, no sabe lo que es
salir del fango a la Roca firme. Entonces el Señor es sabio, y a veces nos
tiene que dejar un poquito conociendo lo que es el fango, para que apreciemos
lo que es la Roca firme, ¿amén?
“Gozaos conmigo”, es decir, hay que
alegrarse con el Señor, con la Iglesia, que es el instrumento del Señor;
gócense conmigo; es un gozo conjunto del Espíritu del Creador y de sus
instrumentos, de la Iglesia, de las iglesias, de sus ángeles; gócense conmigo;
qué lindo que en el reino hay gozo. Hay otro reino también, pero no hay gozo,
sólo temor; aquí en este reino del Señor hay gozo; en el del Señor. “Gozaos conmigo, porque he encontrado la
dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de
Dios por un pecador que se arrepiente”. Precioso ¿no hermanos? Gozo en los
ángeles, porque la película favorita que se ve en el cielo es lo que pasa en la
tierra; no sólo la de los ángeles electos; incluso los ángeles caídos se la
pasan mirando este planeta; ¿de dónde
vienes Satanás? De recorrer la tierra y andar por ella. Dios también tiene
siete ojos para recorrer la tierra, Dios está constantemente mirando sobre la
tierra; sobre todo ¿saben qué es lo que Él mira? Nuestro corazón, eso es lo que
Él mira, Él mira nuestros corazones, Él mira lo que está pasando en nuestros
corazones, eso es lo que Él está mirando, lo que pasa en nuestros corazones.
Lastimosamente no solamente Él ve eso; los ángeles también ven, y los demonios
ven, y cuando nos “meten un gol”, ellos hacen fiesta, y los nuestros lloran;
pero cuando nosotros “metemos el gol”, los nuestros hacen fiesta, y los otros
se enfurecen, tiran la puerta, y hacen lo que puedan; si no te pudo matar a ti,
mata al de al lado, pero te quería matar a ti, como no pudo, mató al de al lado.
Yo he visto eso, accidentes aquí al frente y aquí detrás; yo sabía que era para
nosotros, pero no pudo, porque el Señor nos guardó; entonces se lo hizo al otro;
ese es el enemigo; el Señor nos guarde. Es como si fuésemos pescaditos en un
acuario; nosotros estamos aquí en el acuario, y los otros están en la otra
dimensión; el Señor que lo llena todo; Él está en todas las dimensiones, Él es
omnisciente y omnipresente en todo, pero también los ángeles, que a veces
vienen a ésta, lo normal es que están en la suya, y también los otros espíritus;
nosotros no los podemos ver a ellos, pero ellos si nos pueden ver a nosotros, a
veces hasta adivinan algo, ellos no conocen todo, por eso es que no hay que
hablar de una manera errada cosas que vamos a hacer, porque vas a hacer algo
para el Señor, y lo dices sin cuidado, sin la protección del Espíritu, y lo
oyen los demonios, y ellos van a estorbar; entonces hay que ser muy prudentes
no solamente con el mundo natural, sino con el espiritual, porque nosotros
somos espectáculo. Vamos a leer esa
frase allí en 1ª a los Corintios para ver ese aspecto.
1ª a los Corintios capítulo 4; vamos a ver
esa noción de espectáculo, vamos a leer desde el versículo 9: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido”, noten esa palabra
“exhibición”, “exhibido a nosotros los
apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte, pues hemos llegado a
ser espectáculo al mundo”, pero
no sólo al mundo, “a los ángeles”, y
entre esos hay unos que no cayeron, dos tercios, y un tercio que cayó, que
también son ángeles. Por eso nuestras hermanas tienen el velo puesto por causa de los ángeles, ¿por qué?
porque ellos están viendo lo que significa este mundo, ellos saben lo que
significa el velo, cuando se hace con revelación; significa: yo proclamo que el
reino es del Señor y me someto al Señor, y estoy bajo la cobertura del Señor. Entonces
Dios te ve bajo esa cobertura y se sabe a quién tienes por rey, se sabe a quién
le perteneces, y bajo quién estás cubierta, y no pueden llegar, porque tienes
señal de autoridad sobre tu cabeza. Esa señal
de autoridad quiere decir que reconoces la autoridad del Señor. A
diferencia de los demonios que se rebelaron, la Iglesia sí lo reconoce, y las
mujeres representan a la Iglesia; cuando se cubren la cabeza, están dando
testimonio, están dando señal de autoridad, están mostrando que ellas reconocen
un gobierno que es el Dios, y que ese gobierno es su protección, su cobertura. Pero
si se actúa de una manera rebelde, descuidada, es como decir: yo no necesito
cobertura: entonces le llegan directo los demonios; ese es el problema; quien
no está cubierto es pasto de los demonios.
Les cuento una anécdota: una vez un hermano
le dijo al presbiterio, y no voy a decir el lugar, ni el nombre, sólo voy a
contar el acontecimiento; dijo: ah! ya estoy cansado de que los hermanos me
estén cuidando, déjenme vivir mi vida, no estén pendientes de lo que yo hago,
déjenme vivir mi vida; y salió; los hermanos lo respetaron, y él salió. Tan
pronto salió a la calle, vio a lo lejos una nube de demonios felices que
llegaban en dirección a él, porque él dijo: déjenme vivir mi vida; entonces los
demonios encontraron lugar para venir a atacarlo. Cuando él vio eso, el Señor
fue misericordioso, le dejó ver lo que pasaba, salió corriendo y les dijo:
hermanos, perdónenme, oren por mi y cúbranme; y fue cubierto. No piensen que el
mundo maligno es inocente, es asesino, hace las peores cosas. Si tú no estás
bajo la cobertura del Señor, si tú no tienes en cuenta el cuidado del Señor, la
sujeción al Señor, tú sales a tu propia manera, tú te burlas de las
prescripciones del Señor, tú estás saliéndote de la cobertura, estás
inmediatamente expuesto o expuesta a los ataques del maligno. Cuando tú estás
en sujeción al Señor, y cuando tú pronuncias la sujeción, las hermanas cuando
se colocan el velo para orar están diciendo: yo le pertenezco al Señor,
reconozco que Él es el Señor, es una señal de autoridad, yo estoy bajo
autoridad y bajo cobertura; entonces la persona está protegida.¿ Qué pasa si un
equipo de fútbol pierde cinco partidos?, ¿a quién echan? Al técnico, porque el
técnico es el que dirige, el técnico es el que dice: vayan por allá, hagan ese
juego así; y nunca le sale bien; entonces el general es el que lleva la cuenta,
porque él es el responsable. Eso es lo que quiere decir estar bajo sujeción. Si
los jugadores hicieran lo que dijo el técnico, si los soldados hicieren lo que
dijo el general, entonces la responsabilidad no está en los jugadores, no está
en los soldados, está en el técnico, está en el general; eso es lo que quiere
decir estar bajo cobertura. Cuando tú no aceptas la cobertura del Señor, tú
estás expuesto a los ataques de los espíritus; cuando tú te sometes al Señor,
estás protegido por el Señor, protegida por tu marido si eres mujer, protegido
por los ancianos de la iglesia si obedeces lo que ellos dicen; pero si te sales
y haces lo que tú quieres en tu casa, si tú no cuentas con el cuidado de tu
marido, sales y no saben para dónde, tu marido no sabe para dónde saliste, ni
que hiciste, así como cuando los hijos no obedecen una prohibición del padre,
quedan desprotegidos, porque existe un mundo espiritual. El Señor estableció la
cobertura para la protección, ¿por qué? porque somos espectáculo y esos
espectadores intervienen; los ángeles fieles intervienen a nuestro favor; se dice
que son espíritus ministradores a favor
de los herederos de salud, pero los que se rebelaron no están a favor,
están en contra, y también intervienen, provocan accidentes, provocan cosas, y
a veces Dios tiene que permitir que algo le pase a alguno de los suyos, porque
no se mantuvo debajo de la cobertura, no se mantuvo debajo de la protección,
salió por sí solo haciendo las cosas, como decía el verso anterior. Miremos el
verso anterior aquí en 1ª a los Corintios capítulo 4, verso 8: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis,
para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” Ya estamos
saciados, no necesitamos a los apóstoles, no necesitamos que nos digan nada, ya
estamos saciados, ya reinamos, no queremos oír opiniones, no queremos ser
guardados, queremos hacer las cosas, reinar solitos, ahí es donde se abre la
puerta y la brecha a los demonios. Del Libro de Crónicas, ¿qué se escribió en él?
No hay el tiempo ahora por causa de la hora; pero allí se trata de cuando los
demonios tienen acceso, por cuanto no hay cobertura. Cuando lean los últimos
capítulos de mi libro “Aproximación a
Crónicas”, los que pueden sacar fotocopia de las lecciones del libro y de los
conceptos claves del libro de Crónicas, ahí van a detenerse en más detalles
sobre esto que para ahora ya no tenemos tiempo, pero esto lo quise decir por
causa de lo que decía esa última frase: Gozo
delante de los ángeles; o sea que los ángeles son espectadores porque
nosotros somos espectáculo; nosotros estamos siendo vistos por un mundo
invisible, y en ese mundo invisible existe una guerra, y existe un campamento
que nos cubre, y un cerco que nos cerca, como Satanás se quejaba delante de
Dios porque había cercado a Job y que por eso Job lo adoraba, pero que lo
dejara probar y vería como Job iba a
maldecir. Hermanos, si Dios no nos tuviera cercados, ya estaríamos muertos;
somos cercados, pero a veces nosotros mismos nos salimos del cerco, y Dios
respeta nuestra decisión, ¿por qué? ¿saben qué, hermanos? Con esta frase termino: El temor de Dios es la sabiduría y el principio de la sabiduría.
Cuando tú respetas a Dios, y te guardas, esa es la sabiduría; y esa es la inteligencia: el apartarse del
mal; el avisado ve el mal y se aparta; pero los insensatos pasan, y llevan el daño;
¿no es así? Entonces, hermanos, mejor es temer a Dios, vivir en la comunión,
vivir en la sujeción mutua unos a otros, respetándonos, y así estamos
protegidos, y así los “hinchas” del otro equipo no nos van a molestar; nosotros
tenemos que ganar este “partido”, ya el Señor lo ganó y nos dio la victoria, y ahora nos toca a nosotros demostrar Su
victoria; y esa es nuestra misión, viviendo en unión con Él. Vamos a orar
al Señor.
Padre
amado, en el nombre del Señor Jesús, te agradecemos que eres bondadoso, te
agradecemos que Tú eres una cobertura verdadera, te agradecemos que nuestras
hermanas no tienen sólo un trapo en la cabeza sino la cobertura del Dios
Altísimo, el cerco de Dios, porque se han sometido a Ti y a tu protección.
Padre, en el nombre del Señor Jesús, gracias porque nuestras hermanas
representan a la Iglesia; lo que la Iglesia es, se ve en ellas; ayúdanos a ser
personas que te amamos, personas que quieren vivir en el Espíritu, personas que
quieren vivir en unión contigo; Tú eres el marido que te haces cargo de las
cosas, déjanos vivir bajo tu regazo, bajo tu cobertura, en el nombre del Señor
Jesús, amén.
Puede
ser que una hermana piense que su esposo no es lo suficientemente bueno,
maduro, para cuidarla; pero acuérdese de que es Dios quien la está cuidando a
través de su marido, no es sólo él. La Biblia dice que usted esté allí en ese
lugar y que ahí Dios la protege, si usted respeta a los que Dios puso para
protegerla, ¿amén? La paz del Señor sea con los hermanos.
Gino Iafrancesco
V., 13 de mayo de 2005, localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.
Transcripción de
la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.
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(27)
LAS CIEN OVEJAS
Vamos a continuar con la serie de los misterios del reino de los cielos como son vistos en las parábolas del Señor Jesús. Vamos a abrir en dos lugares, hermanos, en Mateo 18 y en Lucas capítulo 15. Vamos a considerar hoy la parábola tan cercana, creo yo, a nuestros corazones, de las cien ovejas; es una parábola que aparece en Mateo 18 desde el versículo 10 hasta el versículo 14; sin embargo, aparece incrustada en un contexto especial. Ustedes se dan cuenta de que desde el versículo 1 aquí empiezan los apóstoles a pensar antes de ser, digamos, ungidos por el Espíritu Santo, cuando apenas estaban empezando a caminar con el Señor; empiezan a decir que ¿quién de ellos sería el mayor? Ellos estaban pensando en su propia grandeza, pensaban en función de su propia grandeza mundana en el reino; porque los reinos mundanos son para la grandeza de los hombres. Como dice el Señor Jesús, los que en ellos gobiernan se enseñorean sobre los demás; y los mismos apóstoles, cuando todavía no tenían el Espíritu Santo, tenían esas preocupaciones de querer mirar a los demás desde arriba, y querer ser superiores unos a los otros; y entonces, en ese contexto, el Señor les habla de ese niño pequeño, que en la tradición se dice que era Ignacio de Antioquía ese niñito; Jesús dice que si no os hacéis como uno de esos pequeñitos, no entraréis en el reino; y habla de no causar tropiezo a ninguno de esos pequeñitos; y entonces, en ese contexto del Señor presentando el contraste de ser como niños y de no causar tropiezo a los pequeños, es que el presenta, en ese contexto, según Mateo, la parábola de las cien ovejas. Y luego, si ustedes se fijan, después del verso 14, en el verso 15, dice: “Por tanto”; quiere decir que el Señor viene respondiendo a ese interés de nuestra propia grandeza, respondiendo con una invitación a ser como niños, y no causar tropiezo ni siquiera a los más pequeños; y habla de lo seriamente grave que es causar tropiezo a los pequeños. Entonces Él habla de cómo el pastor fue en busca de su oveja perdida, y como consecuencia Él habla de cómo perdonar a los hermanos, y buscar a los hermanos que han pecado, especialmente contra nosotros, aunque esa frase “contra nosotros” no figura en todos los manuscritos. De todas maneras, si pecan contra nosotros, debemos buscar al hermano, pero no para saciar nuestra venganza, ni para desahogarnos nosotros, sino para ganar al hermano; porque un pequeñito que peca, nuestro hermano que peca contra nosotros, es importante; y hay que ganar al hermano, al hermano importante que peca, y no yo, que soy el ofendido.
Y luego, Lucas capítulo 15 presenta esa parábola también en un contexto interesante. En el capítulo 15 aparecen tres parábolas que tratan también con el mismo principio de la oveja perdida de entre las cien, o del dracma perdido entre diez, o del hijo prodigo perdido entre dos; de cien, de diez y dos. Eran cien ovejas perdidas, eran diez dracmas perdidos, eran de dos hermanos, uno, el pródigo, que se fue a malgastar los bienes; y en ese contexto, esas tres parábolas tienen una lección semejante; pero, como es una parábola que aparece en Mateo y también en Lucas, ellas tienen unas pequeñas variantes, cositas que se acordó Mateo que no se acordó Lucas, cositas que se acordó Lucas y que no se acordó Mateo; entonces hay que unificar esas dos parábolas para tenerlas de una manera más rica.
Quise antes de leerla, que pudiéramos ver el contexto en que aparece, dónde es colocada esa parábola en el contexto en que la pone Mateo, en el contexto circunstancial, y también las otras parábolas que dijo Jesús en aquella ocasión, que no mencionó Mateo, pero que registró Lucas; porque Lucas es el único que registra la parábola de los diez dracmas, y es el único que registra la famosa parábola del hijo pródigo; sólo Lucas; Mateo sólo recordó esta parábola de las cien ovejas, y no recordó el contexto en que fue dicha; pero Lucas nos recordó las otras. Hoy no vamos a detenernos en las otras, ni vamos a detenernos demasiado en el contexto, aunque lo vamos a tener en cuenta, pero principalmente vamos a detenernos en la parábola de las cien ovejas.
Entonces vamos a leer integrando Mateo 18:10-14 con Lucas 15:1-7, integrando los dos testimonios, el de Mateo y el de Lucas, acerca de esta parábola de las cien ovejas: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si un hombre tiene cien ovejas, si pierde y se descarría una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla? Y si acontece que la encuentra, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Os digo que habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Así, no es la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Tremenda parábola; y ¡cómo se enriquece juntando los dos testimonio!
En el llamado Evangelio de Tomás, que se encontró en 1945 en Nag-Hamadí, en Egipto, que contiene 114 dichos del Señor Jesús coleccionados, en el dicho o logión 107 está resumida esta parábola con las siguientes palabras: “Jesús dijo: El reino se parece a un pastor que tenía cien ovejas; una de ellas se extravió, la más gruesa (otros traducen la más grande), El dejó a las noventa y nueve y buscó aquella sola hasta que la encontró. Después de haberse fatigado dijo a la oveja: te quiero más que a las noventa y nueve”. Así es como lo cuenta el llamado evangelio de Tomás; es un recuerdo de Tomás que fue un poquito retocado por los gnósticos. Pero en Oxirrinco, que es otra ciudad más al norte, se descubrieron unos fragmentos también de estos dichos, no completos, en griego; y lo que se encontró en Nag-Hamadí es en copto, que fueron completos; los que están en copto tienen un sabor medio gnóstico, pero de todas maneras nos recuerdan estas palabras del Señor. No vamos a detenernos en la exégesis de este pasaje de Tomás; apenas lo cito como ilustración para que los hermanos lo sepan, pero vamos a detenernos en la exégesis de los pasajes que la providencia de Dios hizo canónicos en la historia de la Iglesia.
Vamos a ir leyendo de nuevo, abiertos a que el Espíritu Santo nos detenga en estas frases; porque a veces, cuando vamos muy rápido, no le permitimos al Espíritu Santo tocarnos. Nunca debemos leer la palabra del Señor solamente para saber, porque así no le permitimos al Señor tocarnos. Debemos leer la palabra del Señor en oración, en su presencia, con el deseo de que su Espíritu a través de su palabra, que también es Espíritu, nos toque. La intención no es leer rápido para saber algo; ¿de qué sirve saber si no somos tocados? Lo importante es que podamos ser tocados, para que nuestro hombre interior pueda ser nutrido en el propio ser, naturaleza y Espíritu del Señor, que se ministra a nosotros a través de su palabra; entonces por eso estamos en su presencia.
“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; ese es un buen marco para esta parábola; si esto no fuera así, esta parábola hubiera sido solamente palabras; pero antes de que estas palabras de esta parábola fueran pronunciadas, la vida que reflejaba esta parábola se manifestaba en el Señor; por eso las personas se sentían agradadas de venir al Señor, no se sentían acusadas, ni molestadas, no se sentían rechazadas, sino que tal como eran se sentían cómodas en la presencia del Señor; y acostumbraba a venir. Hendriksen, el llamado príncipe de los comentaristas de la reforma, o de los reformados, él traduce de esa manera: acostumbraban reunirse con Jesús; así traduce él: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; o sea, Él les hacía fácil el acercarse; no era una persona complicada como nosotros, como yo; Él hacía que las personas pudieran venir a oírle con gusto; no se sentían acusadas; se sentían más bien atraídas, porque Él estaba lleno de gracia y de verdad. La ley vino por mano de Moisés, pero la gracia, que es de lo que nos habla esta parábola, la gracia y la verdad, vinieron por medio de Cristo. No eran sólo palabras, porque Él todavía no había dicho esta parábola, y ya, como moscas estaban los publicanos y los pecadores alrededor de Él.
“Y los fariseos y los escribas”, o sea, las personas que se sentían mejores, confiando en su propia justicia, como los escribas en su propio conocimiento, “y los fariseos y los escribas murmuraban”; el Señor transmitía gracia, pero ellos murmuraban; como en el caso del pródigo, también su hermano se enojó y no quería entrar a la fiesta. “Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe”; ellos esperaban que no los recibiera; pero Él los recibía, porque no hay otra manera de ayudarlos. “Y con ellos come. Entonces…”, o sea, en ese contexto, “Él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”. Uno podía preguntar: ¿quiénes son estos pequeños? Pero más adelante está diciendo que estos pequeños son los pecadores que se arrepienten; no necesariamente, en este contexto, la palabra “pequeños” se refiere a los cristianos, no; Él está defendiendo a aquellos contra los cuales ellos murmuraban: esos pecadores; y son publicanos que se dedican a extorsionar al pueblo, etc. Ustedes saben bien la historia de los publicanos; y Jesús los recibe y come con ellos; y los fariseos y escribas los menospreciaban. Como dice en uno de los profetas, que algunas personas dicen: -apártate de mí porque yo soy más santo que tú- Quizá no son las palabras, pero a veces son las actitudes. Entonces dice allí en el profeta que el Señor los avergonzará a ellos, los confundirá a ellos, y se mostrará para con aquellos que son menospreciados. Jesús está en el mismo espíritu que está en los profetas. “Mirad”, o sea que hay que poner atención, “que no menospreciéis”, no tener en poco, “a uno de éstos”, o sea, a ninguno, “a ninguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Este es uno de los versos de la colección de otros con este versículo que han dado pie para el entendimiento acerca del ángel de la guarda; porque aquí habla de sus ángeles. Ellos son pecadores, y son menospreciados, sin embargo para Dios son importantes, porque Dios los hizo a su imagen y semejanza, y pueden llegar a ser sus hijos, y algunos son sus hijos que están caídos; de manera que para Dios son de tal valor que El envía ángeles para protegerlos, para guardarlos, para guiarlos; es decir, el cielo interviene, y esos ángeles tienen un privilegio: ellos pueden ver el rostro del Señor constantemente, ellos tienen acceso a la presencia del Señor; entonces, imagínense lo importante que es este pequeño, a quien nosotros menospreciamos, cuando Dios mismo pone a su servicio ángeles; porque dice en Hebreos que los ángeles están al servicio de los que han de heredar salvación. Para los hermanos más nuevos quiero leerles ese verso para que se lo graben; está en la epístola a los Hebreos, capítulo 1 versículo 14, donde viene hablando de los ángeles y dice: “¿No son todos”, hablando de los ángeles, “espíritus ministradores”, es decir, servidores, “enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” No dice solamente que ya lo son, sino que lo serán. Claro que Dios, desde antes de la fundación del mundo, sabe quien va ser salvo en el futuro; y Él empieza a cuidarlo no solamente desde que se salva, no; Él lo cuida desde que es concebido y nace, y aún lo cuida mientras está pecando, para que el diablo no se lo mate.
Hermanos, yo me acuerdo de cuando todavía no era cristiano; venía de un concierto de Rock con artistas nudistas y todo, medio locos, allá en la calle 60, en el teatro La Comedia; terminó el concierto, y venía yo bajando, y como la acera estaba ocupada, yo venía bajando por el borde de la calle; y el diablo me quiso matar; un carro se me vino por detrás a atropellarme, y yo no escuché el carro, pero en el momento en que menos me imaginé fui cambiado por la persona que iba a mi lado en la acera; yo iba por la calle; él bajó y yo subí; pero eso fue en cuestión de segundos; yo me demoro mucho en contarlo; y el carro vino y atropelló al hombre donde yo estaba, de donde yo fui sacado y él fue puesto; y él murió delante de mí; yo vi que era yo quien tenía que estar muerto; el diablo a quien quería matar a mí; y el Señor me cambió en el momento; el hombre murió, y yo me quede como grogui allí asustado, y me puse a pensar que estábamos siendo espiados, que alguien nos miraba desde otro mundo invisible; yo todavía era incrédulo, pero me di cuenta desde ese momento que éramos guardados. Entonces el Señor tiene ángeles para guardar a los pequeños; ¿eso no es muy grande? ¿Cómo vamos a menospreciar a una persona a quien Dios, para cuidarlo, le envía ángeles que tienen el privilegio de ver Su rostro? Cuando hoy en día solamente los secretarios privados pueden ver el rostro del Presidente, o de algunos de sus ministros; pero el público común difícilmente puede darles una palabra a los Presidentes o a los gobernadores o a personas prominentes de esta tierra. Así que llegar a tener el privilegio de ser alguien que tiene acceso, eso no es para cualquiera, eso es para personas recibidas por esa gran autoridad y esa gran eminencia. O sea que estos ángeles tienen acceso a la presencia de Dios, a la gloria de Dios, tienen valor ante Dios, y sin embargo Dios los pone a servir personas que nosotros menospreciamos.
Una vez, cuando Pedro estaba preso, y lo querían matar, y ya habían apresado a Jacobo, y mataron a Jacobo, y ya pensaban matar a Pedro, el Señor envió a los ángeles que lo libertaran de la cárcel; y cuando él llega a tocar a la casa de la madre de Marcos, porque allí se reunían los hermanos adentro, pues ellos no se reunían con las puertas abiertas sino con las puertas cerradas, tocó Pedro la puerta, y salió Rode, aquella chica, y al escuchar a Pedro, ni siquiera le abrió, sino que salió corriendo y dijo: vino Pedro, vino Pedro. Entonces ellos no le creyeron y dijeron: -no es Pedro, sino su ángel-; por esa expresión: “su ángel”, quiere decir que la iglesia primitiva en Jerusalén participaba también de ese concepto que era normal entre los suyos, que cada persona tiene su ángel; porque ellos habían leído en Daniel que cada nación tiene su ángel; Israel tenía nada menos que a Miguel como su ángel; una virgen humilde allá en Nazareth, de la que nadie pensaba que sería alguien, el propio Gabriel fue a visitarla; y ella dijo: ¿Quién soy yo? Soy una simple chica como cualquier otra; sin embargo, Gabriel vino a visitarla; ¿se dan cuenta, hermanos? Fíjense lo que pasó con Moisés; cuando menospreciaban a Moisés, no sabían a quién estaban menospreciando; ellos le dijeron: -¿quién te puso por juez sobre nosotros?- Pero Esteban dice: -A ese puso Dios por legislador-; entonces ahí se da uno cuenta de cómo el Señor hace.
Seguimos leyendo acá: “os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido…”, fíjense para qué fue que vino; Él no vino a condenar, no vino a criticar, no vino a terminar de hundir a las personas; Él sabía para qué vino. Juan y Jacobo le decían: -Señor, mira, llegamos a Samaria y no nos recibieron; ¿no quieres que así como Elías mandó a caer fuego del cielo, nosotros también hagamos lo mismo? Tenían fe hasta para hacer lo que hizo Elías. Señor, ¿quieres que lo mandemos? Menos mal que preguntaron, y el Señor les dijo: -No sabéis de que espíritu sois-. Y aquí vuelve a decir lo mismo: El Hijo del Hombre no vino para perder, sino para salvar. “El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido”. Esta es la identidad del Señor, este es el Espíritu de gracia propio del Nuevo Testamento.
Y entonces les llamo la atención a esta introducción: “¿Qué os parece?” Cuando te preguntan así: ¿Qué os parece? Inmediatamente tú pones atención a qué es lo que te quieren decir; porque a veces se dicen cosas, y uno las pasa por alto; entonces Él, para que no pasen por alto las cosas, les llama la atención para ver qué es lo que va a decir; les llamó la atención para que pongan atención, para que no les pase como el agua por encima de las plumas del pato. “¿Qué hombre de vosotros…”; ustedes saben que ellos estaban allá en Israel, que era un país pastoril; “Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas”, o sea que era riquito porque tenía cien ovejas, porque aquel Urías sólo tenía una ovejita, que fue la que se le comió David; lo mandó a matar a él; pero éste tenía cien; sin embargo, aún teniendo cien, porque, fíjense, uno puede pensar: si fuera una sola oveja, por ser la única oveja de la cría, porque era la única por eso la quería; pero el Señor quiere mostrar que Él quiere a todos; y no sólo puso una, sino que puso una entre cien; cien ovejas para el contexto de ellos allá en Israel era mucho; una persona que tenía cien ovejas era una persona rica en ese contexto; y aún teniendo cien ovejas, si son ricos, ni se dan cuenta de que tienen una oveja menos o no. Cuántos de los mayordomos se comen los carneros del dueño, y el dueño ni sabe cuantas vacas tiene, ni cuantos carneros, ni caballos; no sabe, ni le importa. Pero aquí a éste le importa cada uno; por eso les llamo la atención al contraste de cien por uno. Cada una de esas cien es valiosa, cada una de ellas puede ser esta oveja que se perdió; o sea, todas las cien son importantes.
“Si un hombre tiene cien ovejas, si pierde, y se descarría una de ellas…”; el Señor diciendo: -pónganse en mi lugar-, “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió?” Aquí el Señor no está poniendo muchas prioridades, porque ellas no se van a perder, ellas no necesitan de arrepentimiento, ellas son justas, un justo no necesita de arrepentimiento; Yo no vine a llamar justos, dice el Señor, sino a pecadores; o sea que el Señor aquí nos está llamando la atención a la carga que Él tiene por los que están perdidos, o por los hijos que están apartados, ya sea perdida o descarriada; perdida es que nunca se salvó, y descarriada es que siendo salva se fue a vivir al mundo, ya sea que fue débil, o que el diablo le puso una trampa, o cualquier cosa que le haya sucedido, sea la que sea, de todas maneras se descarrió; y dice acá: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto?” ¿por qué? porque la urgencia es por ésta; la urgencia es con la que está descarriada; la urgencia es con la que está perdida; no es que el Señor no ame a las noventa y nueve, sólo que las noventa y nueve ya están a salvo, ya están seguras, no están en peligro, están en la vida normal, están disfrutando de los pastos, están disfrutando de las aguas, están lejos de las fieras, están protegidas, están bajo el pastor y los que trabajan para el pastor; porque si son cien ovejas, tiene que ser alguien que contrata quien le ayude; pero la número cien no estaba protegida; puede ser que tuviera hambre, que tuviera sed, que tuviera frío, que los lobos, o los leones, o los jaguares, o los pumas se la vayan a comer, o los ladrones se la vayan a robar, o a esquilmar y a comer también. Entonces hay una urgencia que el Señor quiere despertar aquí también en nuestros corazones; nosotros a veces pensamos sólo en las noventa y nueve, pero el Señor quiere que nos acordemos de la número cien, el Señor está pensando en la cien.
El hermano Rick Joyner decía que si un padre se sienta en una mesa con sus hijos, y falta un hijo, por el puesto de un hijo que está vacío, su alegría no es completa; claro que él tiene alegría con los demás, él no está menospreciando a los otros, los otros también valen para él; si fueran los otros los que se perdieran, sentiría lo mismo por ellos; pero gracias a Dios que esos noventa y nueve están bien; pero ese puesto vacío no permite que su corazón esté tranquilo. De manera que si nuestro Padre no tiene el corazón tranquilo porque le falta uno de sus hijos, ¿cómo nosotros podemos tenerlo tranquilo? No podemos tenerlo tranquilo, debemos estar pensando en aquellos por los que el Señor está preocupado, cargado; orar por los que se han apartado, o por los que no han llegado, ni se han decidido. Entonces por eso dice así: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla?” O sea que el objetivo no es hacer el papel de que va por ahí, y como no es el dueño, se hace el que estuvo buscando por allá, y luego viene a cobrar por adelantado, y dice: son trescientos dólares; porque el asalariado hace eso, ¿verdad? Pero aquí dice: “hasta encontrarla”; el objetivo era encontrarla, salió a encontrarla, como decía en el llamado Evangelio de Tomás, fatigándose por ella. Y dice: “y si acontece”, y esta es la parte que a mí me deja preocupado, que aquí el Señor puso un condicional; hay casos en que no se cumple la condición, y la oveja no se deja encontrar, o se la comieron los lobos, o quién sabe qué; pero dice: “Y si acontece que la encuentra”, o sea que podría acontecer que no la encuentrase; ¡que triste es eso! Pero si el Señor dijo “si”, le pone una situación condicional, “si acontece que la encuentra”, es decir, no se ahogó, no se la robaron, no murió, no se la comieron, la encontró, como dice el canto: gimiendo y llorando de frío, pero la encontró, la cargó en sus hombros y al redil volvió, ¿amén?
Sigue diciendo: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;” todos recuerdan aquella persona que veía en la arena siempre dos pares de huellas, y una vez no vio si una, y dijo: -Señor, pero aquí me dejaste solo, justo cuando estaba en el mayor problema me dejaste solo; Él dice: -no, no, ahí fue que te puse en mis hombros, por eso donde están mis huellas, no son tus huellas, sino mis huellas. Cuando pensaba que lo había dejado solo era cuando estaba más seguro, sobre los hombros; ahí era que estaba seguro, cuando parecía que estaba solo, ahí estaba en los hombros y no estaba en la tierra. Qué misericordioso el Señor, la había podido traer caminando, ah! se me escapó, ahora vas a ver, te voy a llevar a rejo; nada de eso, qué comprensivo, se puso en el lugar de ella, ¿cómo va a caminar si no ha comido, si está asustada? hay que tranquilizarla; y se la puso en los hombros, así como las dos piedras de ónice con las tribus de Israel sobre los hombros del sumo sacerdote, se la puso sobre los hombros, y no dice: “triste”, sino “gozoso”; el Señor llevando el peso gozoso de su oveja; ella ya no estaba sufriendo, pero Él gozoso se la pudo poner a los hombros porque la encontró.
Y dice: “Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos”; yo pienso que aquí, como Él después lo explicó, de cierto os digo que hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por muchos justos que no necesitan arrepentirse, ya están en paz de Dios; entonces yo pienso que estos vecinos y amigos se refieren a los ángeles; hay más vecinos que los ángeles, que son los arcángeles; y unos más vecinos que son los querubines; y unos más vecinos que son los serafines. No piensan ustedes que los serafines no se van a alegrar también por las ovejas; ellos también conocen al Señor, ellos saben quien es Él. Santo, Santo, Santo, llenos están los cielos y la tierra de Tu gloria, como cantamos. Entonces sus vecinos y amigos son convidados por el Señor para alegrarse por haber encontrado esa ovejita, ¡qué cosa preciosa! “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”, ¡qué precioso! Por eso hay gozo celestial. Yo digo a los hermanos que nosotros tenemos una barra de fans a nuestro favor en el otro lado, en el mundo invisible; cuando logramos superar nuestros problemas, cuando logramos volver al seno de nuestro Señor, arrepentidos y perdonados, hay un gozo tremendo; y hay una palpitación terrible cuando estamos alejados. Es como cuando están viendo un partido de fútbol, los seguidores de un equipo; cuando le meten gol a su equipo, que cosa terrible, muchos se mueren del corazón viendo fútbol porque su equipo pierde; pero nosotros tenemos nuestros torcedores, y el diablo tiene los de él, los demonios; cuando logran hacernos caer, ellos se alegran y nuestro Señor llora y los ángeles; pero cuando somos encontrados y volvemos a estar sobre sus hombros, ya estamos en el redil, entonces ahí se alegran el Señor y nuestros torcedores angélicos del mundo invisible. Entonces dice: “De cierto”, eso es verdad, cuando El dice: amén; esa es la palabra que se traduce: en verdad o de cierto, amén, así es.
“De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron”. No quiere decir que entonces vamos a descarriarnos para que Él se goce, no, claro que no; Él se goza de encontrarnos, Él nos salvó. Una hermana, que antes de ser cristiana era una bruja y hacía “trabajos”, como dicen ellos, terribles, era terrible, terrible. Alguien una vez le predicó y le dijo: El Señor Jesús no te va a dejar; y dice ella que por todas partes donde ella iba, iba el Señor Jesús; sólo ella lo veía, pero iba con ella; se subía al bus, y el Señor Jesús con ella; se bajaba del bus, y el Señor Jesús detrás de ella; llegaba a la casa, y el Señor entraba; no le hablaba nada, pero detrás de ella; ella asombrada; ella era una bruja, y las brujas pueden ver el mundo invisible, ver demonios, pero ella veía al Señor Jesús detrás de ella. Ella hoy es la esposa de uno de los ancianos de la iglesia en Curitiba, una hermana queridísima hoy en día, y era tremenda, y el Señor detrás de ella. Este hermano le habló del evangelio y le dijo: El Señor no te va a dejar; el Señor le cumplió, y ella lo podía ver detrás de ella todo el tiempo; Él no le hablaba nada, pero ella percibía el cuidado del Señor acompañándola a donde fuera. Entonces ella empezó a hablarle: -ahora vas a ir a mi casa; mi casa es un desastre; me peleé con mi esposo, hace tiempo no habló con él-. Y el Señor la oía, y ella le contaba todas las cosas; y un día dice que el Señor le dio una visión, que ella estaba en un pozo, y que la única manera de salir del pozo era que se agarrara de Él; y ella extendió los brazos desde el pozo, ella no dijo: Señor, sólo lo recibió; nada técnico sino espiritual; y dice que el Señor la tomó en sus brazos, la tomó con gran alegría, como quien dice: te salvé. Hoy es una hermana queridísima; su esposo después recibió al Señor y son ancianos en la iglesia en Curitiba. Cosas preciosísimas, porque es verdad que el Señor salva, y dice: “os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.”
Miremos aquí una frase muy importante; me perdonarán los híper-calvinistas; pero da de frente contra el hiper-calvinismo; algunos hablan de una predestinación en la que Dios no quiere sino la salvación de algunos; pero aquí el Señor dice: “Así”, esa es palabra máxima del Señor Jesús; Dios dijo: “A Él oíd”, al Hijo es al que hay que oír; “Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Porque algunas personas se han ido al extremo del híper-calvinismo de la predestinación; ellos piensan: nosotros, la raza blanca, los ingleses, los holandeses, nosotros somos predestinados; pero esos negros del África, esos son predestinados a la perdición; y algunos actúan como si hubiera personas de las cuales Dios no quiere que se salven; pero ¿qué dice el Señor Jesús? No es la voluntad de vuestro Padre que se pierda uno de estos pequeños. Como dice también en otros lugares con toda claridad: Dios no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta y viva. Entonces nunca podemos pretender decir que si alguien no se salvó es porque Dios no quería; no, Dios no quiere que alguno perezca, Dios quiere que todos sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad; así le escribe Pablo a Timoteo, así escribe también Pedro en la segunda carta, Dios no quiere que alguno perezca; lo dice Pablo: Dios quiere que todos sean salvos, que todo hombre sea salvo, las mujeres también, los niños también, todo hombre se refiere a todo ser humano, que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Nosotros tenemos que tener esa claridad. Dios quiere que todos sean salvos; nunca debemos decir, ah! a ese no le predico porque a lo mejor no está predestinado para la gloria sino para el infierno, a él no le voy a predicar, por algo no tengo ganas de predicarle. No, hermano, eso no es así; cada persona que vemos Dios quiere salvarla; nunca debemos mirar a nadie como si Dios no quisiera; no es la voluntad del Padre que se pierda ninguno de los pequeños; dice que Él no quiere que alguno perezca, Él quiere que todos sean salvos; y nosotros tenemos que tener esa certeza, no mirar a nadie como si nosotros supiéramos los que están en el libro de la vida y encontramos que faltaban fulanos y fulanos; no, el Señor dijo: vayan y prediquen a toda creatura; a toda creatura hay que predicarle el evangelio; hay que ir a cualquier hueco porque Dios valora cualquier persona.
Hermanos, a veces uno no conoce lo preciosas que son las personas, y las menosprecia, hasta que el Señor te muestra la belleza espiritual en las personas. Yo recuerdo una vez como el Señor me avergonzó; estábamos en una reunión con la iglesia en Guarujá; era la primera vez que iba a Guarujá, en el Estado de San Pablo, en la costa, en el año de 1980, la primera vez que fui a Guarujá; había varios hermanos, y había un hermanito ahí de esos que juegan pelota, un muchacho de esos peloteros, sentado en un banquito, y estábamos todos hablando del Señor; y el Señor me mostró Su presencia en ese muchacho; el Señor me lo quiso mostrar para que yo no lo menospreciara; me quiso mostrar que el que en lo exterior me parecía el menos valioso, del que menos uno pensaría algo, el Señor me mostró lo precioso que era para Él, como para corregir mi corazón, para que yo no estuviera pensando mal. Y en otra ocasión y lugar también me corrigió el Señor. Nosotros pensamos saber dirigir la alabanza, tenemos los cantos bonitos, vamos a cantar en espíritu y en verdad, vamos a conducir a la iglesia en adoración; y por allá había un hermano que interrumpía la alabanza y decía: cantemos: ven pecador a Jesús; y con cánticos que no tenían nada que ver con el momento, todo en la carne; y cuando yo lo iba a corregir, el Señor instantáneamente me corrigió a mí primero; yo me demoro más contándolo; cuando el Señor te hace entender, lo entiendes ya; entendió, ya entendió. Me hizo entender esto: -Yo no lo estoy mirando a él como tú lo miras; tú no sabes que Yo los miro a todos a través de la sangre de mi Hijo, y Yo no recibo nada de ustedes, sino a través de Su sangre; él se está expresando de esa manera como él es; es lo mejor que él puede hacer; pero no es en los méritos de él que le he recibido, sino por los méritos de la sangre de mi Hijo que lo he recibido-; y no porque nosotros sí sabemos cantar bien bonito, bien ungido, que lo hemos recibido, no, igual que él somos recibidos por la sangre de Cristo.
Me hizo recordar mis hijos: la mayor, Silvana, la más grande, lógicamente que ella pinta muy bonito; y la más chiquita viene con un garabato y me lo muestra; pero yo me alegro con ese garabato, es lo mejor que pudo hacer, era pequeñita e hizo un garabato, yo recibo ese garabato con alegría, tengo una colección de garabatos. Entonces el Señor recibe a través de la sangre de Cristo; nunca nosotros venimos porque somos mejor que los otros y sabemos más que los otros; ah, nosotros sí sabemos y los otros no saben; nunca venimos por nuestros méritos; somos recibidos por la sangre de Cristo igual que todos, porque Dios recibe a todos por medio de esa sangre, y no podemos menospreciar a ninguno. Ay! ay! somos corregidos. Una vez el Señor me tuvo que dar una palmada en la mano por causa de pretender, yo soy aquí el maestro, los otros son las ovejitas que están aprendiendo; ay! ay! ay! Soy apenas un sirviente del verdadero pastor, ¿entienden, hermanos? “No es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” Permítanme unos minutos más, hermanos. Hemos terminado la lectura de la parábola, pero quiero que nos detengamos ahora en el contexto de la parábola ahora sí.
Vamos a Mateo 18 y veamos que esa parábola está en el corazón de una serie de enseñanzas; la parábola está en el capítulo 18, entre el verso 10 y el 14, pero el capítulo tiene 35 versículos; antes del verso 10 hay 9 versos; y del 15 al 35 hay 26 versos; y miren de qué habla antes, de lo que estábamos diciendo: Quién es el mayor, la pregunta es: ¿quién es el más importante? Esa es la preocupación de nosotros; sentimos: aquí el más importante soy yo, a quien se debe la pleitesía y el honor es a mí; así es que actuamos nosotros; y luego el Señor les habla de las ocasiones de caer, y luego les habla de los dos deudores, de la necesidad de perdonar y cómo se debe perdonar al hermano; entonces este es el contexto de esta parábola. Esta parábola está en el corazón de estos temas, porque no es una parábola aislada, aino que es una parábola que está en el corazón de estos temas, porque esta parábola ilustra estos temas.
Entonces leamos desde el verso 1 de Mateo 18: “En aquel tiempo”; ahí está, esa sola frase está ubicando el contexto de la misma parábola en la tierra, en aquel tiempo; acababa de anunciar su muerte; luego había hecho un milagro para pagar el impuesto; y ellos, como si no les hubiera hablado de la muerte, como que no entendieron, les acababa de anunciar, mírenlo ahí en el capítulo 17, versos 22 y 23, les anuncia que va a morir, y ellos están como cuando uno no tiene interés en algo, como que no se da cuenta sino de lo que a uno le gusta. Cuando uno no tiene interés en algo, no se da cuenta de lo que se dijo; y Jesús les habló de su muerte y ellos estaban pensando quien era el mayor, imagínense; están tan cegados por sus intereses que el Señor hablando de que iba a morir y ellos ni se daban cuenta; ellos pensaban que eso era quizás otra parábola; llegar a Jerusalén y allí agarraba a Herodes por el cogote, y después los iba a poner a ellos de Ministros, ¿verdad? Eso era lo que estaban pensando.
“En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” Ellos pensando en el mayor, y el Señor empieza a hablar de los pequeños, porque al Señor le importa lo que es pequeño, mas nosotros miramos por lo grande. “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños…”, y aquí hay dos verbos: el primero tiene que ver con conversión y el segundo con compromiso para crecimiento. “Si no os volvéis”, eso es convertirse, “y os hacéis”, compromiso; una cosa es que el Señor nos haga, y eso tiene que ver con la conversión; cuando Jeremías le dice al Señor: conviérteme y seré convertido; nadie se puede convertir solo; para poder volverse, uno tiene que ser ayudado por el Señor; entonces aquí es el Señor en nosotros, Cristo en mi el que me dio por gracia la capacidad para poder elegir; aquí uno tiene que tomar una decisión: hacerse niño; hay que volverse de lo que uno es; estaba buscando grandeza, estaba buscando ser el primero, pero ahora se trata de hacerse, tomar la decisión: Señor, yo quiero hacerme pequeño, yo quiero tener en cuenta a los pequeños, quiero estar con los pequeños, porque en verdad yo soy un pequeño; hacerse como niños. “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis…”; y aquí esta palabra que aparece: “no”, aquí aparece simple; pero cuando tú vas al griego, usas dos negatividades para decir: de ninguna manera entraréis en el reino; no solamente ese no que son dos letricas que casi no las vimos; en el griego es más enfático; no dice “no”, sino “de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos”; o sea que para participar en el Milenio hay que convertirse y hacerse niño; es decir, despojarnos de toda grandeza, de toda pretensión, de toda exigencia y hacernos niños. Hermanos, ¡qué cosa es el reino de los cielos! Si no os volvéis y os hacéis como niños no entraréis, de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos.
Verso 4: “Así que, cualquiera…”, y esto es para cualquiera, no es para algunos en especial, no, esto es para toda la iglesia, más adelante, en el 18, va a incluir a toda la iglesia; aquí ya empezó a incluirla: “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”, o sea que la grandeza en el reino de los cielos es la humildad, la simplicidad, es hacerse niño, es confiar, es no pretender cosas; esa es la grandeza. “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mi me recibe”; o sea, el Señor envía como embajadores de Él mismo a los más pequeños. Cualquiera que recibe a un niño como éste, en mi nombre, es decir, póngale cuidado a los pequeñitos, Dios puede estarte hablando por un pequeñito; a veces uno no se da cuenta de que está rechazando al mismo Señor; por eso tenemos que ejercer una vigilancia constante sobre nuestro propio corazón, sobre nuestras maneras, sobre nuestras pretensiones, porque el que recibe a un pequeñito en el nombre del Señor está recibiendo al mismo Señor; el Señor se deja representar por los más pequeñitos. Uno dice: no, si no va fulano, no voy, porque el único que me entiende es él; no es así; el Señor, hasta al más pequeñito le da Su nombre; lo que digas en mi nombre será hecho; lo que atéis será atado y lo que desatéis será desatado, ¡qué cosa! El Señor haciéndose representar por los más pequeñitos, honrando a los pequeños, como el mismo Juan Bautista tenía que anunciar. El hacha ya está puesta, así que los montes se tienen que bajar, los valles tienen que subir; era la aplanadora del Señor, anunciando la aplanadora que es el mismo Señor.
Y en ese contexto, “Y”, fíjense en el verso 6, porque como las Sociedades Bíblicas le pusieron ese titulito, uno a veces piensa que la perícopa ya se acabó, pero no; aquí “Y” es la continuidad: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mi, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno”; la piedra de molino de asno se refería a piedras que eran tan pesadas que los hombres no las podían mover, la tenían que mover los asnos. Es mejor, y la palabra más exacta, es preferible, que le pongan en el cuello, en el pescuezo, alrededor, en el perímetro de la traquea, una piedra de molino de la que mueven los asnos, que no hacer tropezar a un pequeñito; porque irse al fondo del mar es una cosa, pero irse a la gehena es otra peor, ¿verdad? Entonces dice: “Mejor” o sea, “preferible le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay” este ¡ay, “¡Ay del mundo por los tropiezos!”; la palabra tropiezo aquí es escándalo; el mundo a veces no solamente inconscientemente, sino a propósito, escandaliza; no sólo el diablo; ya sabemos que el diablo está condenado, y él lo que quiere es condenar a los más que puede con él; pero seres humanos a veces hacen cosas a propósito para destruir al otro; es terrible. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Y luego dice: “porque es necesario que vengan tropiezos”, escándalos; el Señor sí permitió el período del mundo, y permitió que su propio Hijo fuera probado, y su Hijo venció a Satanás; ahora Él va a permitir que nosotros seamos probados, para que la victoria de Cristo en nosotros se demuestre como verdadera; entonces Él va a permitir los tropiezos, las tribulaciones y las pruebas. Por eso, de esa manera San Pablo consolaba a las iglesias: Es necesario, no sólo opcional, es necesario que a través de muchas, no solamente ésta, sino muchas otras, muchas tribulaciones entremos en el reino. Es necesario que haya tribulación y es necesario que enfrentemos distintas pruebas y que vencemos diferentes tropiezos y escándalos; es necesario que vengan estas cosas. Por eso dice aquí: “Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre…”. Y yo pienso que aquí hay que poner también a las hermanas, las mujeres, los niños, los viejos, al ser humano; es decir, debemos hacer lo absoluto para no poner tropiezo; a veces podemos ser tropiezo sin quererlo, pero ay de aquel que a propósito hace algo para causar tropiezo, para causar escándalo; Dios nos guarde, hermanos, nos guarde, porque mejor sería que nos pongan esa piedra de molino y nos manden al fondo del mar; en estos tiempos es así, están ofreciendo drogas a los niños en los colegios, les dan un caramelo con droga para enviciarlo; si no, tú vas a abrir el computador en algo y te sale una mujer desnuda, a propósito; ¿no es así? a propósito lo hacen, gente que hace a propósito las cosas; se le obliga a los amigos a tomar, tienes que tomarte este aguardiente, y se lo embuten por la nariz, ¡terrible! Son maldades que se hacen a propósito. Entonces dice aquí: “¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer…”, o sea que ni siquiera tienes que ponerte tropiezo a ti mismo, ni mucho menos a otros, porque no eres tuyo, le perteneces a Dios. “Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno”, o sea, en la gehena; aquí puede ser, si es creyente, el daño de la muerte segunda temporalmente; y si es un impío entonces es eónico, se le echa en el fuego eónico. “Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”. Aquí la palabra es gehena.
Entonces, hermanos, aquí está hablando de lo drásticos que tenemos que ser con nosotros mismos; este corte es del que habla Colosenses capítulo 2; es la circuncisión del corazón, y esto no es solamente la parte física, porque si a ti te quitan la mano física, pero el corazón sigue siendo ladrón, y el ojo sigue siendo adúltero o perverso, ¿de qué sirve que le quiten la mano física si su corazón no ha sido circuncidado? Este corte no es solamente un asunto exterior sino principalmente en la cruz; la cruz es lo único que nos separa de nuestro propio tropiezo; sólo abrazar la cruz de todo corazón va a aplicar ese corte en nuestros ojos, en nuestras manos, en nuestros pies, para que no nos vayamos donde no nos tengamos que ir, ni agarremos lo que no tenemos que agarrar, ni miremos lo que no tenemos que mirar; tenemos que cortarlo, cortarnos a nosotros mismos, abrazar la cruz que nos corte lo más profundo para no ponernos tropiezo a nosotros mismos ni a otros. Yo creo, hermanos, que abrazando la cruz podemos hacer mucho bien; pero si no, podemos hacer mucho mal, y podemos escandalizar a muchos, y evitar que muchos reciban al Señor, o crezcan en el Señor. Esto es para detenernos para pensar. Gracias al Señor que nos da esta oportunidad de encarar sus palabras para que ellas nos ayuden; ¡amén, hermanos! Entonces en ese contexto es que habla de la parábola.
Pero luego fíjense que en el verso 15; después de la parábola de las cien ovejas, dice: “Por tanto”, es decir, no podemos menospreciar a un pequeñito; por lo tanto, no podemos escandalizarlo, ni siquiera a nosotros mismos; y por tanto es que en la vida de la iglesia tenemos que buscar que cada hermano sea restaurado. Ese “por tanto” es que no está aislando esas instancias que el Señor establece aquí, no; es para nosotros, es para cumplir la parábola de lo importante que es cada pequeño. Entonces dice: “por tanto”, o sea que esta parábola tiene consecuencias y esa consecuencia es en la vida práctica, en las relaciones de los miembros de la iglesia. Esa parábola no es solamente: yo era la oveja perdida y me salvó, qué lindo. No sólo eso, sino que tu hermano puede ser la oveja y tú tienes que cuidar a tu hermano. Si tu hermano pecó contra ti, no te preocupes porque pecó contra ti, preocúpate del problema que se le viene a tu hermano si no arregla su problema; no es para tú estar en paz; es para que al otro no le venga la cosa. Entonces dice allí: “Si tu hermano peca”, y algunos manuscritos añaden “contra ti”, otros no, no sabemos, pero ya sea que lo diga explícitamente o tácitamente, el contexto lo implica; entonces vamos a decir: contra ti; “ve”, tú, no es que eso no tiene que ver conmigo, él pecó, eso es problema de él; no, no es sólo problema de él, es problema tuyo, tú tienes que ir a hablar con él, y en privado; no vayas a tratar esto en público, no vas a avergonzarlo en público, ni vas a ir a otro, sino a él mismo, “ve y repréndele, estando tú y él solos”; solos los dos; los problemas no son para el público, nuestros problemas son sólo nuestros; si pecamos contra el Señor, es con Él; si pecaste contra alguien, es con esa persona; si la persona pecó contra ti, tienes que ir a esa persona y a solas; eso no se tiene que tratar fuera de esa instancia; es a solas; y ¿qué hay que hacer? “has ganado a tu hermano”; o sea que lo importante era ganarlo, o sea que no le venga algo peor a esa persona; hay que ganar a esa persona; lo importante no es desahogarme yo; lo importante es que el otro sea ganado porque se metió en un problema grave al pecar contra un pequeñito; porque lo que hacemos a un hijo o a una hija de Dios, a Cristo se lo hacemos. Entonces por eso dice allí: “Mas si no te oyere”, es decir, si la persona insiste en ser solamente externa, no ha sido tocada en su espíritu, no ha percibido la magnitud del pecado que ha hecho, ni del peligro en que está, entonces dice: “toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres”; uno o dos; tú eres el que decides si llevas a uno, o si llevas a dos, para que sean dos o tres contigo; no dice que tiene que ser uno, ni que tienen que ser dos; a veces puede ser uno para que contigo sean dos; o pueden ser dos para que contigo sean tres; eres tú el que debes decidir; sólo después de tratar las cosas en privado, sólo después, cuando no ha habido realmente una conciencia clara, un arrepentimiento y un pedir perdón, entonces “testigos”, personas que conocen la realidad del asunto, “que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”, es decir, todo rhema, todo asunto; dos o tres testigos.
Verso 17: “Si”, tercera instancia es la última instancia, hermanos, el Señor estableció sólo tres instancias: la privada; segundo, la instancia de los amigos íntimos, cercanos, que conocen la cosa; y tercero, la iglesia de su localidad; ahí se acaba todo; de ahí no tiene que salir; última instancia: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia”, es decir, a la iglesia en su localidad, no a la iglesia universal, ni de todos los siglos, ni de todos los países, sino a la iglesia en donde tú vives, “dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia…”, miren que delicado es no oír a la iglesia: “tenle por gentil y publicano”. ¿Qué relación tiene la iglesia con “gentil y publicano”? No, no lo condena, no lo manda al infierno, no lo decapita; simplemente guarda distancia, porque sabe que es una persona que está actuando impíamente; pero si una persona no oye a la iglesia, la iglesia guarda distancia de esa persona de la misma manera que lo hace con un gentil, como si fuera uno del mundo; no se le pueden confiar las cosas de la iglesia; la iglesia se guarda; por eso la iglesia no come con aquellos que llamándose hermanos son borrachos, ladrones, y esas cosas.
Verso 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra”, aquí esta traducción dice: “será atado en el cielo”; la traducción más exacta es “ha sido atado en el cielo”; o sea que los cielos son los que ponen el sentir en esos dos o tres, o en la iglesia, para pronunciar una sentencia por una situación difícil. La cosa es así, y en ese caso no podemos tratar más con esa persona, tenemos que dejar a la persona que siga su propio camino; eso es delicado; “lo que atéis habrá sido atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra, o desliguéis, habrá sido desligado en el cielo”; o sea que hay una relación entre el cielo y la tierra. Cuando un grupo de hermanos, de los ancianos, o de dos o tres testigos, están examinando una situación con imparcialidad, con temor de Dios, no representando el sentido del lado A ni del lado B, sino el sentir del Espíritu, y cuando el Espíritu pone ese sentir, nos damos cuenta de que fue el Espíritu el que puso en la iglesia el sentir; entonces la iglesia se pronuncia; no sólo se pronunciaron los hombres; el cielo se pronunció a través de la iglesia. “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo”; esa palabra “de acuerdo” es la palabra “sinfonía” en el griego; o sea, sinfonía es cuando hay el acuerdo de varios instrumentos que a una voz están dando una melodía acorde, ordenada, bonita; entonces ponerse de acuerdo es como una sinfonía, cuando hay el mismo sentir entre los santos sobre un asunto, no es sólo los santos los que están hablando, es el testimonio del propio Espíritu Santo de Dios hablando a través de los hermanos; por eso nunca debemos procurar hablar sino lo que el Espíritu Santo diga, nunca tenemos que actuar en función de nuestras propias afinidades naturales; nosotros podemos tener afinidades naturales, podemos tener inclinaciones naturales. Estas personas me gustan más, son mis amigas; estas personas me son antipáticas, éstas me son simpáticas; nunca la naturalidad es buena consejera; tenemos que renunciar a nosotros mismos; puede ser nuestra madre, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos, los parientes, los que sean; pero si está fuera del Señor, hay que decir, está errado. Hubo un rey que fue aprobado por Dios porque incluso a su propia madre la sacó del palacio por idólatra; el rey Asa; ustedes lo pueden ver en el libro de Reyes. El Señor Jesús nunca se guiaba en los asuntos en un plano de la naturaleza. Cuando le dijeron: -Bienaventurados los pechos que mamaste y el vientre que te trajo-, ay! Él Señor dijo: antes que eso, bienaventurados los que oyen la palabra y la guardan; eso es más importante que mi propia madre. Otra vez le dijeron: -Señor, tu madre y tus hermanos te necesitan allí en la puerta-. El respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Estos, los que hacen la voluntad de Dios, esos son mi madre y mis hermanos; nunca tenemos que resolver los asunto en base a cosas naturales, porque somos parientes, porque somos amigos, nada de eso; nunca tenemos que andar en el plano natural. Las emociones en el plano natural son usadas por Satanás.
Una vez vino Pedro en el plano natural a defender a Jesús. Señor, pobrecito mi Señor, ¿qué te va a pasar allá en Jerusalén? Tú no vas a ir a Jerusalén a la cruz. Y el Señor no dijo: ay Pedro, como me quieres, como me amas, nada de eso. Le dijo: apártate de mi Satanás porque me eres tropiezo; le era tropiezo por medio de emociones humanas, por medio de un compañerismo en la carne; Satanás usa los compañerismos en la carne para ponernos tropiezo, para enredarnos más, por eso nunca debemos actuar en la carne, porque entonces no vamos a representar al Espíritu; tenemos que negarnos a nosotros mismos para que el Espíritu nos pueda dar el discernimiento real de la cosa y poder pronunciarnos en el nombre del Señor, ¿amén, hermanos? Nunca debemos entrar en la batahola, en el remolino de las emociones; debemos frenar, y abrazar la cruz, despojarnos de todo afecto o desafecto, simpatía o antipatía natural; negarnos a nosotros mismos y decir: -Señor, tú ves las cosas-; y ser absolutamente honestos consigo mismos y honestos con las personas, y pronunciarse en el nombre del Señor. Cuando el Señor puede expresarse a través de dos o tres, lo que ellos atan ha sido atado en el cielo; lo que ellos desatan ha sido desatado en el cielo; cuánto más cuando no sólo dos o tres, sino la iglesia en general expresa su sentir verdadero. Por eso, hermanos, tenemos que preocuparnos cuando la iglesia siente algo, cuando ofendemos a la iglesia, cuando entristecemos a la iglesia; es cosa de preocupación; no debemos justificarnos a nosotros mismos, debemos preocuparnos si la iglesia fue entristecida, porque la iglesia es la última instancia en la tierra; ya no hay otra apelación, sólo el tribunal de Cristo; eso es cuando Él venga. La última instancia de apelación en la tierra es la iglesia en el Espíritu; la iglesia no andando en sus afinidades o desafinidades naturales, sino que cuando en el Espíritu se pronuncia fue el atar o el desatar del Señor, ligar o desligar. Por eso el Señor, cuando sopló el Espíritu cuando resucitó, les dijo al final: Recibid el Espíritu; lo que remitiereis será remitido; lo que retuviereis será retenido. Como la iglesia se da cuenta de que no ha habido un sincero arrepentimiento, la iglesia retiene. Dice: esta persona está jugando, esta persona está solamente queriendo salirse con la suya; cuando la iglesia retiene, el cielo retiene. Cuando la iglesia ve que hubo un sincero arrepentimiento, ¿cómo no se ha de perdonar? La iglesia perdona, la iglesia remite y el cielo remite, lo que remitiereis será remitido, lo que retuviereis será retenido; y esto en el contexto de las cien ovejas, ¿se dan cuenta? En el contexto de no causar daño a ninguno de los pequeñitos, de los santos de la iglesia; si ni siquiera a los de fuera hay que hacerles tropezar, cuánto menos a los hermanos, ¿amén?
Entonces, por eso dice aquí en el verso 19: “Otra vez os digo,” o sea, repito, ya lo dije una vez, ya lo había dicho allá en el 16, ahora lo dice en el 18 “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra”, es decir, sinfonía, si hubiera una coherencia en el sentir del Espíritu, el Espíritu da testimonio a través de varios hermanos que están en el Espíritu, “acerca de cualquiera cosa que pidieren”, y aquí lo que hay que pedir es por los hermanos que pecan; hay que pedir por quien está en problema, no pedir que se vaya al infierno, sino pedir que se salve, que se restaure; si ya está salvo, entonces que se restaure; si está perdido, que se salve, ¿verdad? Y dice: “les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre…”; congregados en mi nombre quiere decir que el Señor está donde esas personas se reúnen para buscar al Señor, interceder al Señor, pedir al Señor; “donde están dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo”. No son sólo los tres hermanitos, sino que el propio Señor está ahí. Puede ser que veamos a tres hermanitos orando, pero el Señor está ahí, ¿amén?
Verso 21: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor”; ay! eso ya le pareció un poco duro a Pedro; bueno, debo perdonar a mi hermano, pero ¿hasta cuándo? Ya no lo puedo perdonar tanto, es demasiado; “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Nosotros no queremos ni una segunda vez; a la tercera ya se acabó, pero no; “Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”; o sea hasta cuarenta y nueve, y después cuarenta y nueve por cuarenta y nueve, y después quinientos ochenta por quinientos ochenta, o sea infinito. Porque de 7 pasó a 7 x 7, y después se va por encima, ese es un principio, “no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”, no 7 x 7, sino 70 x 7, cuatrocientos noventa; hay que estar dispuestos a perdonar por siempre, ¿por qué? porque nosotros, cada vez que nos acercamos al Señor, queremos que Él nos perdone. El Señor dijo: Si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre perdonará las vuestras, pero si no perdonáis, ahí tiene que enseñarte lo que significa no perdonar.
Ya me pasé de la hora. Vamos a orar. Padre eterno, Tus palabras, que las hemos leído muchas veces, las hemos oído muchas veces, ojalá Señor no pasen por encima de nosotros, ojalá nos volvamos a Ti, nos humillemos, nos hagamos simples, no menospreciemos a nadie, no pretendamos nada; te lo ponemos todo a Ti para que te puedas expresar a través de nosotros, para que puedas cargar en tus hombros a los extraviados, y volverlos a tu redil y ganarlos para ti, para que no haya un lugar vacío en la gloria donde debiera haber estado alguien que todavía estará sufriendo fuera. Oh Padre, en el nombre de Jesús, no nos dejes que esta palabra pase, ayuda que nuestro ser sea abierto a Tu palabra, que esta palabra gobierne nuestro corazón, gobierne nuestro ser. Ayúdanos, Tú sabes cuán difícil es para nosotros en nuestra situación el vencer sin Tu ayuda. Tú sabes cuán difícil a veces es perdonar, cuán difícil a veces es cortar con nuestros propios ojos, manos o pies; Tú sabes que necesitamos de Tu socorro, no nos abandones en nuestra debilidad terrible, concédenos la gracia de vencernos, ya que Tú dices que los que aman a Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Oh Señor, ayúdanos, ayúdanos por amor de Ti mismo y de nosotros, guárdanos para Ti, ayúdanos a tomar resoluciones constantes y permanentes con Tu socorro. Oramos a Ti por cada uno de nosotros mismos, y oramos unos por otros para que esta palabra sea sanadora aunque sea dura, Señor, y no que vaya a aparecer en nuestra contra en aquel día; preferimos ser heridos ahora como dice Tu palabra: fieles son las heridas del que ama, pero son terribles los besos del que aborrece; preferimos las heridas que Tú nos causas, porque Tú eres el que hieres y eres el que sana; preferimos ser heridos por Ti para ser sanados, para ser purificados y libertados; ayúdanos a preferir las heridas que vienen del cielo, y no a seguir los aplausos del mundo que quieren crear un sopor; ayúdanos, Señor, a volvernos a Ti. Tú sabes la prueba de cada uno y de cada una; Tú sabes por lo que cada uno y cada una tiene que pasar; ayuda a cada uno en su prueba; Señor, y perdónanos a todos, rogamos todos por todos y nos amamos en Tí. Queremos que Tú nos ganes a todos, en el nombre de Jesucristo. Te pedimos que de aquí en adelante tu Espíritu Santo sea usando ésta Tu palabra; que nunca la olvidemos. Amén.
Gino Iafrancesco V., 6 de mayo de 2005, Bogotá D.C., Colombia.
Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.
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EL SIERVO FIEL O INFIEL
Padre, en el nombre de Jesús te agradecemos
por estar con nosotros y en nosotros. Rogamos con confianza que tu Santo
Espíritu pueda hablarnos, Señor, convidarnos a estar cerca de ti mientras
consideramos tu palabra. Tú sabes que separados de ti nada podemos hacer, que
te agradecemos, Señor, por tu sinceridad, por estar disponible para nosotros,
para cada uno de nosotros. Gracias por eso, Señor, por tu fidelidad. De ti
comemos y de ti bebemos en el Señor Jesús. Todo nuestro ser es para ti, Señor,
porque fuera de ti todo es muerte. Oh Dios, en el Señor Jesús háblanos, tócanos
en esta noche, Señor, vivifica nuestro hombre interior profundamente para que
seamos atraídos a ti por sobre todas las cosas y guardados en ti, para ti y
para la gloria tuya en Cristo Jesús, amén.
Hermanos, vamos a continuar hoy con la
serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús;
y hoy nos corresponde ver una parábola que está en dos pasajes, en Mateo y en
Lucas. En Mateo se encuentra en el capítulo 24 desde el verso 45 al 51, y en
Lucas se encuentra en el capítulo 12 desde el versículo 41 hasta el 48. Mateo
coloca estas palabras del Señor Jesús en el contexto del llamado “Pequeño
Apocalipsis Sinóptico”, aquellas enseñanzas del Señor unos pocos días antes de
morir, en el monte de los olivos cuando cuatro de sus discípulos le preguntaron
y El dijo muchas cosas, entre ellas esta parábola que hoy vamos a considerar.
Lucas la registra posiblemente por asociación temática en otro contexto, aunque
puede ser que el Señor haya hablado de lo mismo en varias ocasiones también;
así que sea que la habló en dos ocasiones, o que Lucas la colocó en otro
contexto por causa de su asociación con el tema que venía tratando, ya sea una
o dos veces que el Señor trató esta enseñanza, es la misma, la parábola es la
misma; casi el 90% coinciden Mateo y Lucas; pero vamos a integrarla como
solemos hacerlo, porque realmente uno dice unas cositas que el otro no dice, y
uno por el Espíritu Santo las dice de una manera, y el otro de otra manera, y
las dos son complementarias, y las dos son inspiradas. Entonces, como solemos
hacer cuando una parábola aparece en dos o más lugares, las integramos. Los que
puedan seguir en sus Biblias, vayan comparando Mateo con Lucas y Lucas con
Mateo. Yo voy a leer la integración, y voy a leer despacio para que ustedes
puedan hacer la comparación. Mateo 24 del 45 al 51 y Lucas 12 del 41 al 48; es
la parábola del siervo fiel o infiel; no son dos siervos; es un mismo siervo
que puede ser fiel o puede ser infiel:
“Entonces
Pedro le dijo: (eso no lo dice Mateo) Señor, ¿dices esta parábola a
nosotros, o también a todos? Y dijo el Señor: ¿quién es, pues, el siervo fiel y
prudente, al cual puso su señor, al cual su señor pondrá sobre su casa, para
que les dé el alimento a tiempo? Para que a tiempo les de su ración?
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo
así. En verdad, de cierto os digo que le pondrá sobre todos su bienes. Pero si
aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a
golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas, y aún a comer y a
beber y a embriagarse con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día
que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le
pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro
y el crujir de dientes. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no
se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que
sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo
aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le
haya confiado, mas se le pedirá”. ¿Se dieron cuenta al comparar los dos
pasajes, el de Mateo y Lucas, cómo se complementan? Cómo uno le agrega cositas
que el otro había olvidado, y también uno dice algunas frases en pasado, otras
las dice en futuro, y eso es complemento; porque cuando las dice en pasado se
refería a los que ya El había puesto; cuando las dice en futuro se refiere a
los que después pondría en el lugar en que había puesto a otros; entonces el
pasado y el futuro, en vez de contradecirse, se complementan y enriquecen la
palabra del Señor.
Vamos a ir meditando poco a poco sobre lo
que hemos leído. Empieza Pedro preguntando, lo dice Lucas, porque esto no lo
dice Mateo: “Entonces Pedro le dijo:”
Si ustedes ven el contexto de Lucas, que es en el capítulo 12, había narrado
antes la parábola de los siervos vigilantes, que la vez pasada consideramos, y
después de oír esa parábola que sólo Lucas registra, entonces en ese contexto
es que Pedro le pregunta; porque hay palabras que uno pensaría que se refieren
a otros, algunas que se refieren sólo a nosotros, otras que se refieren a todos;
y a veces el Señor también en ocasiones decía: lo que a vosotros digo, a todos lo digo; también al final allí en
Mateo capítulo 28, él también habla de ir y hacer discípulos a todas las
naciones, dice, enseñándoles que guarden
todas las cosas que yo os he mandado; o sea que lo que él dijo a algunos,
también es para todos; y aquí, cuando vemos que uno de los evangelistas lo dice
en pasado: a unos puso sobre su casa,
y el otro lo dice en futuro: pondrá sobre
su casa, así que ninguno de nosotros puede pensar que eso no es para uno.
Puede ser que en este momento no sea yo el que esté puesto, pero quien quita que
voy a ser puesto? A unos puso, pero a otros pondrá; y a esos que pondrá es
porque quizá estén pensando que no los ha puesto todavía; así que esa pregunta
surgió en Pedro: “Pedro le dijo: Señor,
¿dices esta parábola…?” La parábola de los siervos vigilantes, que
analizamos el viernes pasado, “ a
nosotros, o también a todos?” Y el Señor no les dijo: sólo a ustedes, ni les
dijo: a todos, sino que respondió con otra parábola, y en esa otra parábola
podemos estar o no estar; depende de si te das cuenta del llamamiento que
tienes o no.
“Y dijo el Señor: ¿Quién es, pues,” pues,
quiere decir que esta parábola que va a decir a continuación es un desarrollo
de la parábola pasada. Tanto el entonces de la pregunta: “Entonces Pedro le dijo:”, como el pues de la
respuesta, “¿Quién es, pues,”; está ligando y dando
continuidad a las dos parábolas. “Quién
es, pues, el siervo” dice uno, doulos,
y el otro: “mayordomo” o ecónomo; esa palabra que aquí se tradujo
mayordomo, es ecónomo; la palabra ecónomo es la persona encargada de la
economía. Existe algo en la Palabra que se llama la economía de Dios, el programa de Dios, el arreglo administrativo
del Señor para llevar adelante su propósito eterno. Entonces los siervos son
siervos en función de la economía divina; servimos a Dios en su economía,
siervo mayordomo, “fiel y prudente”,
dos palabras: el ecónomo y el siervo; el siervo ecónomo tiene que ser fiel.
Fiel primeramente para con Dios; y si es fiel para con Dios, lo será para con
los demás; no se puede ser fiel para con Dios e infiel para con los demás. Fiel
primeramente para con Dios, le obedece a Dios, no le agrega ni le quita, hace
las cosas por amor caminando con Dios. Pero la otra palabra es: prudente. Fiel
y prudente. Prudente quiere decir con el pueblo primeramente; hay que ser
prudente con el pueblo de Dios, porque aquí está hablando, como vamos a ver, de
administrar la ración y el alimento a la casa de Dios; entonces hay que hacerlo
con prudencia. Claro que con Dios también hay que ser prudente; sólo que con
Dios se debe y se puede ser absolutamente sincero.
“¿Quién es, pues, el siervo mayordomo fiel y
prudente al cual puso, o al cual pondrá…”; los dos evangelistas difieren en
esto; posiblemente él dijo las dos cosas, y entonces uno recordó una, y otro,
otra. “al cual puso”; la palabra realmente no es “puso”, sino constituyó, la
misma que usa después el traductor en Efesios 4, donde dice que el mismo Señor
que descendió hasta las partes más bajas de la tierra, o sea que descendió
hasta el hades y al tártaro, subió por encima de todos los cielos para llenarlo
todo, y El mismo constituyó, edoken, dió
es la palabra allí en Efesios, pero la palabra aquí en los Evangelios es
“constituyó”, la que después usa el traductor en Efesios, realmente aquí en los
Evangelios viene a lugar. Efesios traducen: Constituyó
a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y
maestros; pero ahí no para; dice que es para
perfeccionar a los santos, para que los santos hagan la obra del ministerio;
o sea que cada uno de los santos es también constituido para cumplir su función
dentro del programa de Dios, dentro de la economía de Dios. “Al cual constituyó su Señor”, porque el
que constituye no es sino el mismo Señor; nadie constituye; es Dios el que
constituye, es Dios el que pone las personas en el cuerpo como El quiere, y a
cada cual entrega lo que quiere; “puso
o pondrá”, o los dos, “su señor sobre su casa”; la raíz es “epi”;
uno pensaría que en la casa de Dios todos estaríamos sentados en las mismas
bancas, pero no, a algunas personas el Señor les pone responsabilidades sobre
los demás, y eso es lo que quiere decir la palabra “sobre”; no es para que se suban, sino para que cuiden, para que
cubran, para que asuman las cosas primeramente ellos, “sobre su casa”; esta traducción “casa”, no es la traducción exacta;
aquí la traducción Reina Valera no pudo traducir la palabra exacta; la palabra
en el griego es “terapeías”, de donde
viene la palabra “terapia”; la palabra terapia quiere decir asistencia, ayuda;
cuando alguien está enfermo se le asiste, se le cuida, se le sirve; entonces
aquí dice: “al cual puso o pondrá su señor sobre los que asisten, sobre los que
sirven, sobre los que cuidan”; algunas traducciones dicen: sobre la servidumbre de la casa; eso quiere decir que todos en la
casa sirven, que todos en la casa curan, que todos en la casa cuidan, que todos
en la casa tienen algún trabajo de asistencia que prestar; “al cual constituyó su señor sobre su terapia”,
sobre el resto del trabajo de sus siervos; no es solamente sobre la casa, como
si solamente estos a los que el Señor puso sobre este cuidado fuera los únicos
que trabajaran. La palabra “casa” no es la traducción exacta, no es oikos, es
terapia; o sea que todos en la casa tienen que prestar su asistencia, porque la
casa de Dios cumple una misión de Dios en la tierra, y todos tienen que servir
en la tierra. Pero para perfeccionar el trabajo de éstos, y para ayudarles,
entonces el Señor puso sobre su casa o sobre éstos para que les dé, y aquí no
es para que les venda, no es para que les cobre, sino para que les dé, el verbo
es dar, “el alimento a tiempo”; el
alimento tiene que ser dado a tiempo. Dice un versículo que si muerde la serpiente antes de ser
encantada, de nada sirve el encantador; así que el alimento hay que darlo a
tiempo, ver el momento de lo que se necesita, y suplir lo que se necesita en el
momento apropiado, antes de que sea tarde; el alimento debe darse a tiempo; y
aquí “tiempo” la palabra es “kayrós”,
o sea en la ocasión apropiada, en el tiempo de Dios. Tenemos que tener
sensibilidad para discernir cual es la palabra de Dios para cada ocasión, cual
es el alimento que el Espíritu está dando en una ocasión o en una coyuntura
determinada; esa es la palabra a su debido tiempo, en su kayrós, a su debida
ocasión, “para que a tiempo les dé su
ración?” esa palabra es su medida, ración, que es en el idioma griego; las
había de tres tipos: había una ración diaria, había una ración semanal y había
una ración mensual; o sea, el Señor nos da el alimento diario, el alimento de
la semana y el alimento del mes; y había que dar la ración, o sea la medida del
alimento, no menos, no más, sino el que fuere necesario para el día, para la
semana, para el mes. Había que dar el alimento exacto, con medida; no puede ser
excesivo, no puede ser menos, tiene que ser bien distribuido, bien equilibrado.
“Bienaventurado” o feliz, o dichoso,
puede traducirse esa palabra: Macario,
“Bienaventurado aquel siervo al cual,
cuando su señor venga, le halle haciendo así.” O sea que el Señor quiere
hallarnos a todos nosotros sus siervos dando el alimento, el alimento diario,
el alimento semanal, el alimento mensual, la ración, el alimento en la ocasión;
no tenemos que ser hallados en angustias febriles ni tampoco en pereza, sino
haciendo el trabajo normal. El quiere hallar a sus siervos entregando el
alimento; ¿qué tal que un día en plena reunión llegue el Señor? o nos muramos
de un ataque al corazón, por ejemplo; ya lo he visto suceder; o que venga el
Señor, o que nos lleve el Señor; entonces lo mejor que podemos hacer es hacer
la voluntad de Dios; y ésta es la voluntad de El, que su pueblo sea alimentado;
así como tú eres alimentado, Dios quiere que tú alimentes las personas que El
pone en tu mano, las personas que para una u otra función que Dios te dio; tú
estés cumpliendo tu función, haciéndolo como para el Señor, haciéndolo de la
mejor manera, de la manera más excelente, con amor, haciéndolo para Dios, y ser
hallado en esa función. No es necesario que seas hallado solamente orando o
ayunando, o preocupado, sino cumpliendo tu función normalmente, tranquilamente,
felizmente. “Bienaventurado aquel siervo
al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”. Dando el alimento a
su debido tiempo, cumpliendo su función; cada uno tiene una función el cuerpo;
y ser encontrado cumpliendo esa función, esa es la bienaventuranza del Señor.
Esta es una bienaventuranza que no aparece en el capítulo 5, 6 y 7 del sermón
de la montaña en Mateo, ni tampoco es una bienaventuranza que aparezca en las
siete que aparecen en el Apocalipsis, donde aparecen 7 bienaventuranzas; es
otra de las bienaventuranzas. “Bienaventurado
aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”, lo
hallare dando el alimento. Si es evangelista, lo hallare evangelizando; te hallare
consolando si eres pastor; te hallare enseñando si eres maestro; te hallare
sirviendo en cualquier servicio que sea el que hay que hacer.
Una vez, cuenta la historia de un santo
joven llamado Domingo Sabio, estaba jugando, y le dijeron: ¿Tú que harías si
viniera el Señor en este momento? El respondió: Yo seguiría jugando; porque él
hacía las cosas en la presencia del Señor. El que hace las cosas en Dios y para
Dios, simplemente tiene que seguir haciendo lo que es su función, haciéndola
delante de Dios, haciéndola para Dios, haciéndola con Dios, haciéndola de la
mejor manera; te va a salir excelente si lo haces en Cristo, si lo haces con
cariño; cada uno haciendo su función, qué lindo! Aunque sea barriendo para el
Señor, que el Señor lo encuentre barriendo para El; les aseguro que otros serán
los que barrerán el cielo. “En verdad,
de
cierto”, el traductor allí tradujo: en verdad, aquí tradujo: de cierto, la
palabra es “Amén”, el Señor solía
usar mucho esa palabra amén, amén o en verdad, de cierto, de cierto os digo, “En verdad o de cierto os digo que le pondrá
sobre todos sus bienes”; o sea que las personas que el Señor encuentre
siendo fieles a aquello que les encomendó, sea una cosa simple o sea una cosa
grande y compleja, no importa la cosa, lo que importa es quien te encomendó
eso. Si yo fuera una flauta rota que está en un basurero que nadie visita, y mi
función es cada 500 años decir fu cuando pase un viento, voy a decir fu cada
500 años, si eso es lo que yo tengo que hacer; voy a hacer eso, porque el Señor
no me va a pedir que haga otra cosa, sino lo que El me pidió que yo haga, eso
tengo que hacer; lo importante es entender en que me ha preparado el Señor, en
que contexto me ha puesto el Señor, qué el Señor pide de mi; claro que el Señor
a veces nos pide cosas que no son fáciles; de hecho, las cosas del Señor sólo
se pueden hacer en unión con el Señor, dependiendo del Señor, para que sea la
obra de Dios; o si no sería nuestra obra; y por eso a veces tenemos que hacer
la obra en medio de dolores, o en medio de conflictos, para que no dependamos
de nosotros mismos, sino que dependamos del Señor, y así sea la propia obra del
Señor ayudándonos, el Señor con nosotros, ¿amén hermanos?.
Entonces dice así: “sobre todos sus bienes
le pondrá”; si eres fiel en lo poco, como decía en otro lugar, te pondrá sobre
lo mucho; si eres fiel en una cosa pequeña, en hacer fú cada 500 años si eres
un pedazo de flauta rota en un rincón que nadie conoce, pero haces lo que
tienes que hacer, eres fiel, eso el Señor valora. ¿Quién aquí recuerda el
testimonio del hermano Rick Joyner, cuando el Señor le dio una visión del
tribunal de Cristo, y veía como el Señor premiaba a sus siervos y los ponía en
unas posiciones, algunas elevadísimas; y había uno de esos siervos que se llamaba
Angelo; y aquel Angelo, pues, había sido un niño que había sufrido mucho, era
mudo, era casi sordo, casi no podía sobrevivir, pero conoció al Señor,
sobrevivía con una manzanita, trabajaba arreglando los jardines, y con el poco
dinero que ganaba, se comía su manzanita y compraba folletos evangelísticos
para repartirlos en las esquinas; y no vio a nadie que se salvó con esos
folletos, pero él entregó esos folletos uno por uno de su propio dinerito. Una
vez un borrachito recibió al Señor con él, se estaba congelando, lo abrazó para
que no se congelara y murieron los dos; pero el Señor lo coronó con una gran
recompensa, porque con lo poco que le dio, hizo mucho más que los que habían
recibido más e hicieron menos; entonces el Señor mira en que circunstancia te
toca servir, con las uñas a veces; lo importante es que hagas lo mejor para
Dios; El no va a medir la producción en cantidad externa, El va a medir las
cuestiones en calidad espiritual interior, y eso es lo que El va a premiar; lo
importante es que hagas lo mejor que puedes, aquello que el Señor puso en tus
manos. Si eres fiel en lo poco, dice,
sobre mucho te pondré. “Bienaventurado aquel siervo que el Señor
halle haciendo así. De cierto te digo que sobre sus bienes…”. Si pudiéramos
entender todo lo que significan sus bienes, eso es algo inmenso, ser puesto
sobre los bienes del Señor; a veces eres puesto sobre una tarea pequeña, pero la
hacemos mal, la hacemos descuidadamente, no la hacemos con cariño; entonces
estamos mostrando que no se nos puede confiar.
Ustedes recuerdan aquel pasaje en Isaías
donde había dos sacerdotes, uno Sebna y el otro Eliaquim; y dice que Sebna era
como un clavo flojo que no se podía colgar nada en él; si el clavo está flojo y
tú le vas a colgar una cartera, pues se cae el clavo, se cae la cartera, todo
lo que usted cuelgue de ese clavo se cae; ese es el mayordomo que es infiel, no
se le puede confiar nada, no es responsable con aquello que se le encomienda;
entonces no se puede poner en él nada, porque se pierde lo que se le confía; en
cambio, por causa de su infidelidad, sería quitado Sebna y sería colocado
Eliaquim; y dice que sobre ese clavo que era Eliaquim ahí sí se podría colgar
la gloria de su Señor, se podía confiar en esa persona. A veces tenemos algunas
pequeñas tareas que hacer, a lo mejor fueron los hermanos que nos pusieron a
guardar las viñas, y la viña que era nuestra no guardamos. A veces somos
descuidados, no somos constantes, no somos responsables; no importa que sea una
cosa pequeña; para el Señor lo pequeño no es lo externo, lo grande o lo pequeño
es adentro, no importa lo que hagas, sino como lo hagas para quien lo hagas, en
quien lo hagas; lo importante es que lo que Dios puso en tu mano lo hagas en
Espíritu para el Señor de todo corazón; entonces el Señor podrá colgar en ti la
gloria, podrá después encomendarte una función en el reino eterno donde ya no
habrá más tentaciones, donde ya no habrá más llanto ni más dolor, donde será
una gloria inenarrable, donde la vida misma del Señor, su naturaleza expresada en
gloria a través de ti haciéndote majestuoso a su imagen y semejanza; podrás
servir en el reino, podrás gobernar, y podrás juzgar, porque el Señor dijo que
al que venciere le dará autoridad sobre las naciones y la regiría con manos de
hierro.
Desde Montesquieu para acá, los tres
poderes están divididos en el legislativo, el ejecutivo y el judicial; pero en
el reino, desde el punto vista bíblico, los tres poderes están juntos; el Señor
mismo es el legislador, El es también el ejecutivo y El es el juez, y también
El delegará el gobierno y el juicio a sus hijos, ¿amén? También atarán y será
atado, desatarán y será desatado; pero es en lo poco donde se nota la
fidelidad. En vano decimos: bueno, cuando me toque lo grande, ahí voy a ser
responsable; no, es ahora cuando me toca algo así como no tan visible, como ese
pedazo de flauta rota allá en un basurero que nadie conoce, ahí es donde
tenemos que ser fieles, cuando nadie nos conoce, cuando nadie nos aplaude,
cuando nadie nos reconoce, cuando las cosas se hacen es por amor al Señor, y a
pesar de lo difícil se hacen, porque El lo merece; eso el Señor lo aprecia, y
eso El lo galardonará. Entonces dice aquí: “De
cierto le pondrá sobre todos sus bienes”.
Pero si aquel
siervo, y aquí está lo curioso, no está hablando de otro siervo. “Si aquel”, aquí ese si es condicional, o
sea que una misma persona puede ser un siervo fiel o puede ser un siervo
infiel; a veces fiel, a veces infiel; él no cambió de personas. En el caso de
las vírgenes eran otras: unas eran las prudentes y otras eran las necias. En el
caso de los peces buenos, unos eran los buenos y otros eran los malos. En el
caso del trigo y la cizaña, uno era el trigo y otro era la cizaña; pero aquí
está hablando de un solo siervo. “Si
aquel siervo”, ese mismo que puede ser fiel o puede ser infiel; aquí no
está hablando de distintas personas, ni haciendo diferencia entre salvos y
perdidos, como habría la tentación de pensarlo, tanto en el calvinismo como en
el arminianismo, de interpretar. Los calvinistas dirían: bueno, el siervo fiel
era el regenerado, el predestinado; y el otro siervo, el siervo malo, era
también el predestinado a condenación, ese no había nacido de nuevo; así dirían
los calvinistas; y los arminianos dirían que aquel otro siervo, el siervo malo,
es que perdió la salvación, y lo interpretarían en esos extremos; pero aquí el
Señor no hace diferencia; la misma persona puede ser un mayordomo fiel o puede
ser infiel, hipócrita. Cualquiera de nosotros puede ser hipócrita en cualquier
momento, puede ser infiel en cualquier momento, puede ser egoísta, puede ser
duro con sus hermanos, cualquiera de nosotros; y por eso a través de esta
parábola, no la llamé del siervo infiel, ni del siervo fiel, sino “el siervo
fiel o infiel”, porque es el mismo. Si aquel siervo, y uno de los evangelistas
añade “malo”, o sea, siervo, que es una persona salva, pero que no anda en el Espíritu,
sino en su mera naturalidad, se puede poner mala, porque nuestra naturalidad es
mala. Cuando estamos en nosotros mismos somos malos, somos capaces de maldades,
somos capaces de malas intenciones, somos capaces de venganza, somos capaces de
muchas cosas, que para qué las vamos a mencionar acá, de las que todos nos
avergonzaríamos; sólo basta con ser naturales para que seamos malos; sólo si le
pedimos al Señor socorro para vivir en su poder es que seremos buenos; ninguno
es bueno en sí mismo; ¿quién es bueno, sino Dios? Pero si de Bernabé se decía
que era varón bueno, era porque vivía en Dios, porque era la vida de Dios a
través de él, para que se pueda decir que era un varón bueno, porque Bernabé
solo sería también malo, porque se dice que en
pecado nos concibió nuestra madre; la maldad no sólo está fuera de
nosotros, la maldad está en nosotros. Sí, todos descubrimos que en cualquier
momento podemos ser malos, o podemos estar vigilando, vigilando sobre nosotros
mismos, vigilando en función de encontrarnos con el Señor, ya sea cuando El
venga o cuando nos lleve. Entonces cualquiera puede ser malo, incluso el bueno;
si se suelta del Señor, se vuelve malo.
“Si
aquel siervo malo dijere en su corazón”, fíjense que no es algo público, a
veces no es necesario decirlo, porque nosotros, para cubrirnos, a veces
seguimos lo que es conveniente en el ambiente, pero lo que sucede en lo más
profundo de nuestro corazón, esa es la realidad, lo que pensamos, lo que
sentimos en lo íntimo, esa es nuestra realidad. Nosotros tenemos una vida
externa que es la que todos ven, y tenemos una vida interior que es la que Dios
ve, esa es nuestra realidad, lo que en lo más profundo de nuestro ser nosotros
pensamos, nosotros queremos o no queremos, o sentimos, o decidimos; y aquí este
siervo, que era malo, él no era malo para afuera, para afuera él cumplía con lo
que se esperaría de un siervo, ¿verdad? Podía aparentar estar sirviendo, pero
en su corazón él estaba lejos del Señor, en su corazón. “Si aquel siervo malo dijere en su corazón”, no afuera, no es
afuera, no lo dice de boca para afuera, se lo dice a sí mismo, medita consigo
mismo. “Mi señor tarda en venir”, o
sea que es una persona descuidada, es una persona que bajó la guardia; cuan
fácilmente bajamos la guardia. “Mi señor
tarda en venir”, es bajar la guardia, es pensar que no podía suceder ahora,
voy a darme un tiempito para pecar, para ser egoísta. Entonces dice aquí: “Mi señor tarda en venir, y comenzare a
golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas”. Noten que los
criados y las criadas no son inferiores, aunque él es el encargado, mayordomo,
de darles el alimento a ellos, ellos son sus consiervos; pero golpear, herir,
pisotear, pensar que somos superiores, que podemos pisar sobre los demás, eso
lo hacemos porque estamos lejos del Señor, porque no aprendimos a temer en su
presencia. En cualquier momento El viene o nos vamos.
“Y
aún”, no solamente esto, sino otro más, “Y aún a comer y a beber y a embriagarse con los borrachos”, es
decir, dedicarse solamente a la satisfacción de su carne, cuando la persona se
ha alejado del Señor pierde la sensibilidad, pierde el temor; una costra le
entra en la conciencia que adormece y cauteriza a la persona y la persona actúa
como si el Señor no lo fuere a sorprender; nos puede sorprender su venida, nos
puede sorprender la muerte, nos puede sorprender la corrección del Señor cuando
menos estamos esperando; a veces es por amor que nos sorprende la corrección.
“Vendrá
el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe”,
y los dos, tanto Mateo como Lucas usaron una palabra en griego que es dikotomesei, que aquí fue traducida “castigará duramente”, porque era difícil
explicar lo que es esta palabra, pero esta palabra es muy seria; la palabra dikotomesei, viene de la palabra dicotomía, de di que quiere decir dos, y tomía;
átomos que no se pueden dividir, por eso es átomo; pero tomía es que se lo divide en dos; o sea, el Señor dividirá en dos,
partirá en pedazos, a aquel siervo bruto con sus compañeros, dedicado a la
carne, descuidado para con el Señor. Esa palabra dicotomía es una palabra muy
seria. Ser divididos en dos en el momento del tribunal de Cristo, eso quiere
decir que siendo nosotros siervos, y que nuestro lugar debería ser en el reino
con el Señor, por no haber andado en el Espíritu en el cual tenemos al Señor,
sino por haber andado en nuestra sola alma, y en nuestra carne, entonces no
podemos estar con El en el reino, sino estar en una condición de castigo,
aunque seamos salvos. Para que ustedes vean que quiere decir eso de cortar a
una persona en dos, porque este castigar duramente no es la traducción exacta;
la traducción exacta es de esa dikotomesei,
o sea, lo dividirá en dos, lo partirá en dos, lo separará, lo despedazará; como
quien dice: una parte aquí y otra parte allá. Para comprender ese fenómeno
espiritual del castigo de ciertos salvos durante el Milenio, castigo de los
salvos, su espíritu está unido al Señor cuando son regenerados, pero su alma y
su cuerpo están como si estuvieran en el daño de la muerte segunda, pasando por
el fuego en el Milenio, y lloro y crujir de dientes; aunque son salvos, está la
persona dividida en dos, no es ni totalmente salvo, aunque es salvo en el
espíritu, pero todavía su alma y su cuerpo no han sido glorificados; entonces
tiene que pasar una prueba, como si fuera un perdido, porque aunque es un hijo,
vive como un perdido; el Señor no lo tratará como un perdido, porque es un
hijo, pero tampoco lo premiará, porque es un hijo carnal que está en pecado, y
el padre debe corregir a su hijo, no para destruirlo, sino para purificarlo,
para enderezarlo.
Para ver esa diferencia de ser partido en
dos, vamos a ver un verso en 1ª de Pedro capítulo 4 versículo 6 donde se nota
bien esa división en dos de una persona; dice allí: “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos,
para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según
Dios”. Aquí Pedro, que habló con el Señor después de resucitado de entre
los muertos, pues el Señor estuvo cuarenta días con ellos, entonces Pedro habla
cosas que las tomó de aquellas conversiones con el Señor. Entonces él dijo,
así: “por esto también ha sido predicado
el evangelio a los muertos”, ha sido,
pero algunos arminianos dicen que debe seguir siéndolo; mas aquí solamente se
refiere a que ya lo fue. Cuando el Señor murió, El fue al hades y El fue al
seno de Abraham. El hades estaba dividido en el seno de Abraham, donde estaba
Abraham, Lázaro y aquellos justos que esperaban que llegara algún día el Mesías;
ellos no conocían quien sería el Mesías, y los otros que estaban como aquel
rico Epulón en el fuego, esperando juicio, aunque ya estaba en fuego, pero no
era todavía el juicio final, era solamente como una prisión temporal donde el
ladrón espera que se le defina su situación, pero no se le deja suelto porque
es ladrón o es homicida, tiene que estar preso, pero su sentencia es después.
Entonces el hades es como esa prisión temporal; la gehena es la definitiva; hay
un estado intermedio antes de la gehena que es después del juicio; aunque
claro, algunos, las cabras, después del juicio de las naciones de Mateo 25, van
a la gehena desde que el Señor juzga a las ovejas y a las cabras, ¿recuerdan?
Pero entonces dice aquí: “predicado el
evangelio a los muertos”. Cuando el Señor Jesús murió se dice que en espíritu
fue y predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron en los días de
Noe, aquellos ángeles caídos que fornicaron con las mujeres; pero también
predicó a los muertos; ¿qué predicó? El evangelio, porque David no sabía que
Jesús era el Salvador, Abraham no sabía, todos los del Antiguo Testamento no
sabían que El era el Mesías. Ahora, los que esperaban a aquel Mesías que
vendría y creían en Dios, cuando el Señor Jesús bajó al hades, El predicó el
evangelio y las personas que en el hades recibieron al Señor, recibieron vida
eterna en sus espíritus; pero claro que los que vivieron en la tierra y vieron
como ellos vivieron, ellos sólo recuerdan su vida humana, pero no recuerdan su
arrepentimiento y fe, porque no conocieron que también en el seol recibieron al
Señor. Entonces dice aquí: “ha sido
predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne, según
los hombres”; o sea que lo que las personas hicieron tiene que ser juzgado
en la carne; pero como recibieron al Señor, entonces viven en espíritu según
Dios; pero miren cómo son posibles las dos cosas al mismo tiempo suceder: vivir
en espíritu según Dios, y al mismo tiempo ser juzgado en la carne según los
hombres; estas dos cosas se pueden dar en una misma persona. Si ustedes
recuerdan el pasaje que siempre recordamos en 1ª a los Corintios 3, por favor
vayan allí, donde se ven también las dos cosas al mismo tiempo.
1ª a los Corintios capítulo 3 versículo 15;
allí no habla de la pérdida de la salvación, sino del galardón. Dice: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo
será salvo, aunque así como por fuego”; o sea que aquí usa la
palabra “sufrir”, usa la palabra “pérdida” y usa la palabra “fuego”, y sin embargo no perdió la
salvación, no fue pérdida de la salvación, pero si fue pérdida del galardón,
pérdida de estar con el rey colaborando en el Milenio, y estar, en vez de eso,
en las tinieblas de afuera, en el crujir de dientes, en el lloro, en el llanto,
en el lamento. Entonces dice aquí: “si
bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; las dos cosas están
ahí. El es salvo porque en su espíritu algún día recibió al Señor, esa persona
nació de nuevo, pero si no anduvo en el Espíritu, si anduvo peleándose con sus
hermanos, si anduvo dedicado a la carne y al egoísmo, entonces el Señor no va a
negar que es un hijo, pero si lo va a corregir como a un hijo malcriado, porque
no va a estar en el reino si fue malcriado. Para estar en la Nueva Jerusalén
tiene que corregirse; y ¿qué época le va a quedar para corregirse si llega el
tribunal de Cristo? Tiene que ser a partir del tribunal de Cristo, que es lo que
inaugura el Milenio. Entonces por eso dice que es salvo pero como por fuego,
con sufrimiento y pérdida, pero no de la salvación; es decir, cortado en dos.
Veamos otro pasaje aquí en el Salmo 89; voy
despacio por causa de los hermanos más nuevos. Allí en este Salmo también
aparece la diferencia entre salvación eterna por gracia, y corrección o castigo
de los hijos. Entonces en el Salmo 89, leemos desde el verso 26 hasta el 37 de
la siguiente manera: “El me clamará”,
o sea, el Hijo; por eso dice: “Mi padre”;
el Hijo es el que clama: “Mi padre eres
tú, mi Dios, y la roca de mi salvación”. Entonces dice el Padre: “Yo también le pondré por Primogénito, el más
excelso de los reyes de la tierra”; o sea, ese es Cristo, ese es el Hijo,
esa es la promesa del Padre al Hijo, lo pondré por Primogénito; el Unigénito
vino a ser el primogénito entre muchos hermanos que somos todos nosotros. “Para siempre le conservaré mi misericordia,
y mi pacto será firme con él”. Dios hizo un pacto, Dios el Padre le dijo al
Hijo: De todos los que yo te dé, tú no pierdas ninguno, sino que lo resucites
en el día postrero; y por eso El murió y derramó su sangre; la sangre del Nuevo
Pacto, es decir, el precio que El pagó es la parte del pacto que El cumplió.
Ahora el Hijo se refugia en el Padre, que salva. Entonces dice aquí: “Pondré su descendencia para siempre”;
esos son los que van a reinar con Él. “Y
su trono como los días de los cielos”;
reinar tanto en el Milenio como en la Nueva Jerusalén. Pero ¿qué pasa si
esos hijos, esa descendencia, son infieles, son hijos que no andan en el
Espíritu, que descuidan lo que recibieron y andan en la carne? Entonces dice: “Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren
en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos,
entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades”; el
Señor castigará a sus hijos en esta tierra; y si no es suficiente, en el Milenio.
“Mas”, aleluya! Qué maravilla el
verso 33, a pesar del castigo, “Mas no
quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni
mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no
mentiré a David. Su descendencia será para siempre”. Ah! pero son hijos
renovados, pero son castigados. Puede sufrir pérdida y pasar por fuego, pero
son salvos, porque la salvación no es por obras, la salvación es un regalo que
se recibe por fe. Si un hijo recibió al Señor, el Señor dice: nadie los arrebatará de mi mano, esa
persona es salva, pero que sea salvo no quiere decir que no pueda ser castigado
en esta vida y en el Milenio. Por eso dice: si
sus hijos anduvieren mal, serán castigados con vara. Entonces el Señor si
anuncia castigo para los hijos, para los siervos, pero no es un castigo eterno.
La palabra eterno no aparece aquí, aparece la palabra castigo, pero no eterno.
Con los impíos, con las cabras, allá en Mateo 25, cuando el Señor se sienta
frente a las naciones y son separados como ovejas y cabras, ahí sí dice la
palabra aionico, o sea castigo
indefinido, las cabras llevarán este castigo aiónico, pero los siervos son
castigados duramente, son partidos en dos, pero no eternamente.
Dice la Palabra: “ponte de acuerdo con tu adversario, pronto, entretanto que estás con él
en el camino”; cuando estamos en esta tierra debemos arreglar nuestros
problemas, no sea que el adversario te entregue al juez, el juez al alguacil y
seas echado en la cárcel. De cierto te
digo, dice el Señor, que no saldrás
de allí hasta que pagues el último cuadrante, o sea no es que va a quedar
eternamente allí, pero va a pagar lo que debe si no lo paga ahora. Por eso es
que ahora debemos corregir los errores aquí, ahora, ponernos de acuerdo con
nuestro adversario, ya, finiquitar el problema ahora, no sea que se vaya el
uno, y tocó esperar, o me vaya yo, o nos vayamos los dos, o venga el Señor,
entretanto que estamos en el camino, porque si no, vamos a parar a esa prisión,
el daño de la muerte segunda; y dice: no
saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante. Por eso dice el Salmo
89:36: “Su descendencia será para
siempre, y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para
siempre, y como un testigo fiel en el cielo”; el Señor salva a la persona
porque la persona recibió al Señor y creyó en el Señor, los pecados que fueron
reconocidos, los pecados que fueron confesados, los pecados fueron arreglados,
la sangre los ha limpiado. El Señor dice: Nunca
más me acordaré de tus pecados; pero si ese hijo, ese siervo, aunque es
salvo, es hijo, sigue pecando y no reconoce sus pecados, sigue ofendiendo y no
reconoce sus ofensas, ¿qué va a pasar? Va a tener que ser corregido; si las
reconoce es perdonado y el Señor nunca más se acuerda. Lo que la sangre limpió,
la sangre borró, y Dios dice: lo eché en
el mar del olvido y nunca más se acuerda; el problema es si nos sorprende
la hora de su venida o nuestra muerte sin haber pagado nuestras deudas,
reconocido nuestros pecados, haber arreglado las cosas a tiempo, ¿amén?
Volvamos
a la parábola. Creo que con esas disgresiones que hicimos en Pedro, el Salmo 89
y 1°Corintios vimos que es posible estar
en el espíritu salvo, y al mismo tiempo estar en sufrimiento, en pérdida, en
lloro, en crujir de dientes, en tinieblas de afuera, que no dice que sean
eternas en este contexto, porque la persona es salva como por fuego, por eso está
dividida en dos, ¿se dan cuenta? Dividida en dos porque es un hijo, pero un
hijo que tiene muchas cosas que pagar y muchas cosas que aprender; entonces por
eso no puede estar con sus hermanos, sino que estará excluido, no para siempre,
pero lastimosamente excluido de lo que era para él, hasta que pague el último
cuadrante.
“En
la hora que no sabe vendrá el Señor y lo cortará en dos” , lo separará, lo
dividirá, que aquí se tradujo, lo castigará duramente, pero esa es una
traducción muy generalizada; la palabra exacta es lo dicotomizará, o sea que hará
una dicotomía; esa palabra se usaba cuando el sacrificio se ponía sobre el
altar, venía aquel cuchillo y lo despedazaba hasta que todos los pedazos
quedaran separados en el altar, aquí el hígado, allí el corazón, allí las vísceras,
allí la carne, allí los huesos, todo en pedacitos; así tiene que tratar el
Señor con nosotros. El trata con nosotros ahora. Amados, yo siempre lo digo, y
lo digo con mucho cariño, con mucha delicadeza: lo que no nos afecta, no nos
transforma; lo que no nos duele no nos transforma; solamente lo que trata
profundamente con nosotros, eso es lo que nos transforma, lo digo con cariño.
Tenemos que ser puestos allí y despedazados ahora para no serlo después, ¿amén?
Sigue diciendo: “y le pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas”,
aquí se refiere a los siervos infieles o siervos hipócritas, o sea que
solamente hacían teatro, pero que no han guardado la verdad en lo íntimo. El
Señor nos guarde del teatro. “allí será
el lloro y el crujir de dientes”.
“Aquel
siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó”, o sea que
para hacer la voluntad de Dios hay primero que prepararse y hacer, porque hacer
su voluntad es prepararse para su venida para encontrarnos con El, “ni hizo”, son dos cosas: prepararse y
hacer. A veces no hacemos porque no nos preparamos; hay cosas en que nos
habríamos podido preparar y no nos preparamos, y no pudimos hacer porque para
hacer tenemos que estar preparados. La oportunidad para prepararse, la
descuidamos. “Aquel siervo que conociendo
la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad,
recibirá muchos azotes”. Aquí habla de siervos azotados y les voy a decir
porqué el Señor azota.
Vamos al Libro de Proverbios; esto sobre
todo para los que somos papás; tenemos que conocer esto, Proverbios capítulo 20;
vamos a leer el verso 26 y el verso 30. Proverbios versos 26 y 30. El verso 26
dice: “El rey sabio”, ese es el
Señor, “avienta a los impíos, y sobre
ellos hace rodar la rueda”. Un rey sabio no le deja el camino fácil a los impíos.
“El rey sabio avienta a los impíos, y
sobre ellos hace rodar la rueda”, los pone a moler, eso hace el rey sabio.
El verso 30 dice: “Los azotes que hieren
son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón”. Ellos son
siervos, son hijos, ellos recibieron al Señor. ¿Cuál es la prueba de que son
salvos? Ellos dijeron: Mi señor tarda en
venir, pero dijeron: Mi señor, o
sea que se reconoció que era el Señor y se reconoció que iba a venir, que va
tardar, pero que va a venir, viene, sólo que tarda en venir, pero reconocen que
va a venir y reconocen que es su Señor, o sea que se es un creyente, un siervo
que el Señor puso, el Señor no va a poner incrédulos en su reino, El pone hijos
a servir en la iglesia, pero ese hijo primero fue puesto por el Señor como
siervo y ese reconoció que el Señor era su Señor y que iba a venir, o sea que
era un siervo, era un salvo, pero qué dice aquí: “Los azotes que hieren son medicina”, el Señor hiere. Uno qué
pensaría que el azote fuera medicina; el azote no es que el Señor tenga rabia y
quiera desahogarse de la rabia que tiene, no, El nos quiere curar, nos quiere
hacer mejores. Entonces dice: “Y el
castigo purifica el corazón”. El castigo purifica el corazón, porque el
Señor quiere purificar, castiga.
Vamos a ver otro verso: Deuteronomio
capítulo 25 versículo 2; aquí está el Señor hablando en el tiempo de la ley,
mostrando como es su rectitud; leo desde el verso 1 y voy a leer hasta el 3
para tener el contexto inmediato. Deuteronomio 25:1-3: “Si hubiere pleito entre algunos”, porque a veces hay pleito, ¿qué
harán? “y acudieren al tribunal para que
los jueces juzguen”, así era en la ley, cuanto más en el cumplimiento de la
ley que es Cristo, “que los jueces los
juzguen, éstos”, éstos (los jueces) “absolverán
al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado,
entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia”;
por eso dice que aquellos en la presencia del Cordero son azotados; “le hará azotar en su presencia, según su
delito será el número de azotes”. Por eso dice que unos serán azotados
muchos y otros serán azotados poco, porque no todos tienen el mismo delito;
según el delito serán azotados, o poco o mucho; ahora, miren la misericordia de
Dios. “Se podrá dar cuarenta azotes”,
el número de juicio es cuarenta, más de cuarenta no, cuarenta; por eso es que
ellos sólo daban 39 por si acaso daban 40 azotes menos uno, por si habían
contado mal, no sea que se excedieran, era mejor que faltara y no que se
excediera, por eso ellos daban 39, por si habían dado otro y no se acordaban,
para no pasar a 41, porque dijo: “Se
podrá dar cuarenta azotes, no más”; entonces miren aún la misericordia de
Dios, el número 40 es el número de juicio, pero ese no es un juicio eterno, es
un juicio para purificar, por eso tiene término, no más, “no sea que, si lo hirieren con muchos azotes más que éstos, se sienta
tu hermano”, o sea que es un hermano azotado, “envilecido delante de tus ojos”. Hay que castigar pero no para que
el que es castigado se sienta envilecido, sino para que él mismo compense lo
que hizo, pague lo que debe, aprenda lo que debe aprender, amén?.
Volvamos a la parábola: “Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas
de azotes, será azotado poco”. Uno pensaría: Señor, pero por qué va a ser
azotado si no sabía; uno piensa que no sabía; hay unos que saben más, que son
más conscientes, por eso dice: no os
hagáis muchos maestros porque recibiréis mayor condenación; o sea que a mí,
por ejemplo, se me juzgará más duro que al que no está aquí al frente; pero no
piense que si no sabía no pasó nada, no. A veces uno hace lo que no debe sin
saberlo, y hace eso sin darse cuenta, pero está haciendo algo malo. Cuando se
de cuenta tiene que reconocerlo y tiene que haber expiación. Confesar que hizo
algo equivocadamente. Vamos a ver eso en Levítico capítulo 5 versículo 17.
Levítico
5:17: “Finalmente”, dice allí Dios
por Moisés, “si una persona pecare”,
noten que usa el verbo pecar, “o hiciere
alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Yahveh no se han de hacer,
aún sin hacerlo a sabiendas, es culpable”; cuánto más si lo hace a
sabiendas, es más culpable, pero aún si uno hace algo malo sin saber, es
culpable, “llevará su pecado”, porque
debería haber indagado y conocido la voluntad de Dios, además que Dios no se ha
dejado sin testimonio y a través de la creación quedamos sin excusa, por eso
somos inexcusables.
Vamos a Números
capítulo 15, vamos a leer desde el versículo 22 en adelante: “Y cuando erraréis, y no hiciereis todos
estos mandamientos que Yahveh ha dicho a Moisés, todas las cosas que Yahveh os
ha mandado por medio de Moisés desde el día que Yahveh lo mandó, y en adelante
por vuestras edades, si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la
congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto en olor
grato a Yahveh, con su ofrenda y su libación conforme a la ley, y un macho
cabrío en expiación. Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de
los hijos de Israel,; y les será perdonado, porque yerro es”; noten, era
por ignorancia, pero ignorancia ¿por qué? porque no habían buscado la voluntad
de Dios, ignoraban pero de todas maneras quedaba un poquito de culpa, dice que
es culpable, no tanto como el que sabiendo y a propósito hace, pero el que no
sabe porque no buscó como hay que hacer las cosas y las hace erradamente,
cuando se de cuenta que hizo algo errado, no diga: Ay! yo no sabía; diga, erré,
no me di cuenta, pero erré, Señor, perdóname, y ofrecer el novillo, reconocer y
cubrirse con la sangre, no con la auto-justificación de que no sabía; la
justificación de que uno no sabía, no lo limpia; la sangre lo limpia, uno tiene
que confesar: Señor, éste era un error y yo no lo sabía.
Vamos a ver algunos ejemplos de eso en la
Biblia. Vamos a Lucas capítulo 23 , versículo 34: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; o
sea que necesitaban ser perdonados aunque no sabían lo que estaban haciendo,
pero estaban haciendo algo malo y Jesús no decía: Padre, ellos no saben; no, perdónalos porque no saben lo que hacen.
Pasemos a Hechos capítulo 3 versículo 17;
dice el apóstol Pedro hablando a Israel: “Mas
ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros
gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado”; o
sea, ellos hacían cosas por ignorancia, pero a esos que hacían cosas por
ignorancia les dice: “Arrepentios y
convertios para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio”, amén.
Pasemos a 1ª a Timoteo capítulo 1, versículo
13; dice Pablo: “habiendo yo sido antes
blasfemo,” o sea, no dice que porque no sabía no blasfemó, no, blasfemó
aunque no sabía; “habiendo yo sido antes
blasfemo, perseguidor e injuriador”; o sea, sus pecados fueron: blasfemia,
perseguir al Señor y a la iglesia e injuriar; él no lo sabía, pero fue pecador
en esas tres áreas. Y dice: “mas fui
recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la
gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo
Jesús”. Amén hermanos. Eso era para que enriqueciéramos esa frase del Señor
Jesús que dice: “Mas el que sin conocerla”, o sea que sin conocer la voluntad
de Dios, “hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco”.
Miremos un último verso aquí: Salmos 19
versículo 12; vamos a ver que dice allí; dice de la siguiente manera: “¿Quién podrá entender sus propios errores?
Líbrame de los que me son ocultos”; o sea que uno puede estar errando y
para uno puede ser oculto, entonces nuestra oración no debe ser, sólo Señor
perdóname de lo que soy consciente, sino perdóname Señor de lo que me es
oculto; quizá yo estoy pecando en algo que no me doy cuenta y debo pedirle al
Señor que El me muestre, aunque me duela; tengo que ver la verdad y que me
perdone, ¿amén hermanos?
Yo recuerdo
una vez, y perdón por una anécdota personal; cuando era nuevo en el Señor,
tenía apenas dos años, digamos, estaba en el segundo año de convertido, y
empecé a leer al hermano Branham; él tenía muchas cosas buenas, pero tenía
también algunos errores; como yo era nuevo, no discernía, y comía el pastel con
todas las semillas crudas y todo; él mismo decía que si encontrábamos una
semilla, debíamos sacarla, pero como yo no distinguía entre pastel y semilla,
me comía la semilla junto con el pastel, lo bueno con lo errado, y así continué
hasta que un día el Señor me concedió la gracia de decirle al Señor, así como
dice allí en Proverbios: No te apoyes en
tu propia prudencia, fíate del Señor, El enderezará tus veredas. Si tú te
apoyas en tu propia prudencia, si tú te apoyas en la forma como tú ves, tú
puedes errar, porque tú no ves todo como verdaderamente es; el que sí sabe todo
como verdaderamente es, es Dios; por eso uno no debe basarse en que como uno
ve, sino que uno tiene que decirle: Señor, yo quiero ver como tú ves. Esa vez
el Señor me concedió misericordia, y le dije: Señor, a mi esto que leo me
parece correcto, puede estar correcto o puede estar equivocado, pero yo te amo
es a ti, Señor; yo te quiero seguir es a ti, así que yo te pido a ti que
si esto es correcto, tú me lo confirmes, y si es errado, tú me lo muestres; a
mí me parece correcto, pero ya no voy a poner el punto final, yo no voy a estar
seguro, empecinado en lo que yo pienso; voy a dejar que el Señor dé la última
palabra y renuncio a mi propia prudencia. Cuando yo hice eso de todo corazón,
el Señor de a poquito me empezó a mostrar los errores, de a poquito, porque no
aguantaba todo de golpe; esto es un error, esto también es un error y esto
también, y tuve que empezar a arrepentirme y retractarme públicamente y por
escrito de los errores que yo pensaba que estaban bien; pero si yo no le
hubiese dicho al Señor, el Señor me habría respetado mi elección de mi propia
prudencia; yo escogí mi propia prudencia, entonces El no pudo enderezar mis
caminos, hasta que renuncié a mi prudencia, a mi dogmatismo y dije: Señor,
puede ser que no vea como es, quiero ver como tú, te amo es a ti, enséñame tú,
descanso es en ti, corrígeme si es necesario, yo no sé. Entonces El me
enderezó. Fíate de Yahveh de todo corazón
y El enderezará tus veredas; entonces así estamos siguiendo de verdad al
Señor y no a nosotros mismos; amén hermanos.
Ya estamos terminando: “El que sin conocerla”, vea, los pecados
ocultos, “hizo cosas dignas de azotes”,
o sea que aún sin conocer unas cosas que son dignas de azote es pecado, hay
culpa, no tanta como cuando es de adrede, pero hay una medida, como dice
Romanos 1 que el hombre es sin excusa, y Romanos 2 dice que aún nuestra
conciencia nos redarguye, aunque no conozcamos mucho, por lo menos sospechamos
algo, ¿amén? Entonces dice: “El que sin
conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a
quien se haya dado mucho…”, aquí no dice qué, haya dado lo que haya dado,
puede ser que le dio conocimiento, puede ser que le dio oportunidades, le dio
talentos, le dio dones, le dio dinero, propiedades, lo que sea que Dios te haya
dado, eso es para ponerlo al servicio del Señor. Según lo que te haya dado, eso
te pedirá. ¿Qué hiciste con lo que te di? ¿Qué hiciste para mí, claro, dice el
Señor. “a todo aquel a quien se haya dado
mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado más se le
pedirá”. Por eso el Señor dijo que el castigo para Betsaida sería menos
tolerable; para nosotros oír Betsaida, qué rico Betsaida, Felipe era de
Betsaida, la aldea de Pedro, Andrés y Felipe; Capernaum donde moró el Señor;
Corazín; el Señor dice: en el día del
castigo, será más tolerable el castigo de Sodoma y de Gomorra que el de
Betsaida, más tolerable el de Tiro y de Sidón que eran fenicios que el de estas
ciudades. ¿Por qué será más tolerable? Vemos que en el castigo no todos son
parejos, sino que a unos el castigo es más tolerable que a otros; unos sufrirán
más que otros; los dos serán castigos, pero habrá castigos menos tolerables, o
sea, más difíciles de sobrellevar y hay otros castigos más tolerables; entonces
el Señor habla de eso allí, ¿verdad?
Leamos
un verso, el último que vamos a leer. Amós capítulo 3 versículo 2. Dice allí: “A vosotros solamente he conocido de todas
las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”;
o sea, El escogió a Israel, se le reveló a Israel más que a otros, Israel hizo
cosas peores, entonces tuvo que corregirlos más duro. Cuando vemos la historia
de Israel, persecuciones, los campos de concentración, la diáspora, etc. vemos
mucho castigo, pero ¿por qué? El Señor dijo: sólo a ustedes yo los conocí, sólo
a ustedes el Señor se reveló, a Israel; las demás naciones no conocían nada,
por eso es que los voy a castigar por sus maldades. Jesús también dijo: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera
hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa. Hermanos,
nosotros que sabemos, seremos medidos más estrictamente. Al que mucho se le haya dado, más se le demandará. Al que se le dio
poco, poco se le demandará.
“Al
que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Entonces, hermanos, que
esta parábola del siervo fiel o infiel, verdaderamente nos ayude,
verdaderamente nos impulse a volvernos al Señor, a pedir su socorro, pedir su
gracia y vivir por El. Amén, hermanos! Vamos a orar de todo corazón. El Señor
es misericordioso.
Nuestro Dios, nuestro Dios, no queremos ser
oidores olvidadizos, no queremos ser como aquellas plantas espinosas que en vez
de producir fruto con la lluvia, usan la lluvia para las espinas; la misma
lluvia que alimenta los frutos dulces, alimenta también las zarzas y los
espinos. Queremos ser buenos frutos, árboles de buen fruto, que la semilla de
tu palabra, el agua viva de tu palabra que nos riega, produzca fruto para ti
que eso es lo que tú deseas, y por eso nos reúnes, no para castigarnos, sino
para ser tus hijos amados y porque nos amas nos amonestas y nos llamas. Padre,
perdona nuestros pecados, perdona aún los que no son ocultos, ayúdanos a ser
absolutamente sinceros. Si no sabemos ser sinceros, ayúdanos a serlo, ayúdanos
a vivir a tu luz para juzgar las cosas según tu luz, para ser corregidos, para
ser hechos hijos e hijas fieles, estables, firmes, para que tu gloria pueda ser
manifiesta en aquel día. Que no estemos llorando, mientras otros están
sirviendo en el Milenio. Señor, ayúdanos, ayúdanos, que la verdad no nos
ofenda, que la verdad nos convierta y nos sane, en el nombre de Jesús. Te
pedimos, Señor, que consueles nuestros corazones, que consueles todos los
corazones, Señor, que por una u otra cosa sufren. Todos sufrimos a veces, de
una u otra manera, pero tú conoces los que pasan pruebas difíciles. Señor, tu
mano sanadora sea sobre cada una de nuestras almas, sé sobre el alma de los
abatidos, porque tu viniste a dar gozo a los quebrantados, óleo de alegría a
los contritos. Señor, porque tú eres el Cristo Salvador. Señor, aquí estamos
haciéndonos más responsables delante de ti, pero no tememos esto porque de
verdad queremos ser fieles, porque confiamos que nos ayudarás. Ayúdanos a serte
fieles, es lo que te pedimos. Ayúdanos a vencernos a nosotros mismos y a ser
buenos, compasivos, misericordiosos, delicados unos con otros; en el nombre del
Señor Jesús, porque con el juicio con que juzgamos seremos juzgados y juicio
sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia. Concédenos,
Señor, ser misericordiosos para alcanzar misericordia, en el nombre del Señor
Jesucristo. Ayúdanos a perdonar, ayúdanos a corregirnos, ayúdanos, en el nombre
de Jesucristo, amén. La paz del Señor sea con los hermanos.
Gino Iafrancesco
V., 26 de abril 2005, Bogotá D.C., Colombia.
Transcripción de
la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.
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BRASERO DE FUEGO ENTRE LEÑA
Zacarías 12
Vamos a orar para que nuestro espíritu y nuestro corazón estén exclusivamente centrados en el Señor. Amén.
Querido Padre, querido Señor, Tú dijiste que donde estamos dos o tres reunidos en Tu Nombre, allí estás Tú mismo. Necedad nuestra sería no aprovechar Tu presencia prometida, y centrarnos en cualquiera otra cosa, o en cualquier otra persona diferente a Ti. Señor, límpianos con Tu preciosa sangre; te hemos pedido, y te seguimos pidiendo perdón por todos nuestros pecados; creemos en Tu fidelidad, creemos en Tu bondad, Señor; te rogamos que puedas pasar por encima de nosotros mismos, que puedas pasar por encima de cualquier mala disposición de nuestra parte, que Tú puedas, Señor, compadecerte de nosotros, y atraernos a Ti; que podamos, Señor, en nuestros espíritus, estar delante de Ti; que no estemos solo en nosotros mismos, que no estemos solo en nuestro hombre natural, puesto que Tú nos pusiste en el Señor Jesús, Tú nos crucificaste con El, y fuimos sepultados juntamente con El para muerte por el bautismo, Señor; y ahora también nos has resucitado, Padre, juntamente con El, y nos has sentado también juntamente con El en los lugares celestiales en Cristo. Así que no solamente estamos reunidos, Señor, aquí en Barbosa, sino que también estamos reunidos en Tu santa presencia y en lugares celestiales. Ayúdanos a estar delante de Ti con reverencia, con fe, y con atención; y líbranos de la obra del enemigo, y líbranos de nosotros mismos, de nuestro propio mal; y gracias, Señor, por habernos librado y habernos trasladado de la potestad de las tinieblas al reino de Tu Amado Hijo Jesucristo. Señor Jesús, reina sobre nosotros con tu Santo Espíritu, y ayúdanos a vivir por Tu gracia, delante de Ti, y para Ti, en el precioso nombre del Señor Jesús; amén.
Hermanos, estos días son días especiales, son días que el Señor escogió para que nosotros los viviéramos; no me refiero a los días en que vamos a estar aquí reunidos; o sea, hoy, o este fin de semana, si Dios lo quiere; sino estos días de nuestra generación, y especialmente estos días en que nos toca a nosotros, por una parte, ser testigos de las cosas que están sucediendo; y por otra parte, no solamente testigos, sino también de alguna u otra manera participantes. Estos son tiempos previstos en las Sagradas Escrituras; y ya desde su época, el Señor Jesús reprendía a los religiosos de todas las épocas diciendo que nosotros a veces sabemos mirar al cielo, ver los arreboles y saber si en estos días va a hacer calor, o si va a llover; y dice: ¿cómo no podéis también discernir las señales de los tiempos? Entonces el Señor Jesús usó esa expresión; esa es una expresión que viene de la boca del Señor Jesús: las señales de los tiempos.
No sé si en estos días nos vamos a estar concentrando un poquito en algunas de esas señales de los tiempos. Necesitamos estar muñidos de la munición de la palabra del Señor; a esa munición me refiero: muñidos de la palabra del Señor, para que a través del instrumento de la palabra del Señor, nosotros podamos interpretar los tiempos con sus señales, las señales de los tiempos en los cuales Dios predestinó que nosotros viviéramos. Nosotros hubiéramos podido haber nacido en la generación antediluviana, pero Dios envió a otras personas a esas épocas. Tampoco, doy gracias a Dios, nos tocó vivir en los tiempos patriarcales, en los que eran muy pocas las personas que conocían a Dios; la mayoría estaban en idolatría, en oscuridad, y el Señor comenzó un trabajo con los patriarcas, con Abraham, con Isaac, con Jacob, con los hijos de Israel, o después, en la época de Moisés, cruzando el mar rojo, cruzando el desierto de Sinaí, entrando en Canaán, o la época de los jueces, o la época de los reyes y los profetas; ni siquiera la época llamada del cumplimiento del tiempo, en la primera venida del Señor Jesucristo.
Los apóstoles preguntaban pensando si sería en el tiempo de ellos que Dios restauraría a Israel el reino; y el Señor les dijo que no les tocaba a ellos, y tampoco a nosotros, saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; o sea, el momento exacto, el día y la hora de la segunda venida del Señor Jesucristo y el establecimiento del reino mesiánico terrenal de Israel; es algo que no corresponde a nosotros saber; aunque sí, cuando está cerca; no el momento, no el día ni la hora, pero sí cuando está cerca.
Para la primera venida del Señor había fechas exactas, porque había profecías, como la de las llamadas "setenta semanas"; shabúas es la palabra en el hebreo que significa sietes, semanas, y puede ser semanas de años o septenarios; y vemos como allí en Daniel, especialmente en el capítulo 9, se nos describen desde la partida de la orden para restaurar a Jerusalén en el año 20 del rey Artajerjes de Persia; se empiezan a contar esas primeras semanas que están divididas en dos periodos: un período de siete septenarios para levantar el templo, que fue en aquellos días, y luego otro período de sesenta y dos septenarios hasta el Mesías príncipe; o sea: siete más sesenta y dos son sesenta y nueve de las setenta semanas de años o septenarios; y el Señor Jesús entró en Jerusalén en el día de la visitación, manso y humilde en un burrito, justamente el día exacto en que se cumplían esas sesenta y nueve semanas de años, o sea cuatrocientos ochenta y tres años a partir de Artajerjes, que dio la orden de restaurar a Jerusalén; desde esa época, al día exacto en que se cumplían esos cuatrocientos ochenta y tres años, son sesenta y nueve septenarios o semanas de años; ese fue el día en que el Señor Jesús, profetizado por Zacarías, entró en un burrito a Jerusalén. Antes de llegar, El lloró sobre la ciudad, porque no había conocido el día de su visitación.
La primera venida del Señor estaba señalada con cronología exacta; porque decía la Escritura: tanto hasta el Mesías príncipe; y justo en ese día el Señor Jesús llegó, entró en un burrito, lo crucificaron, como también dice: se quitará la vida al Mesías, mas no por sí, porque El había de morir por nuestros pecados; era necesario que el Cristo padeciese por los pecados del pueblo, tanto de Israel como de nosotros los gentiles. Entonces el Señor Jesús murió.
Y entonces en el versículo 26 de Daniel 9 aparece un paréntesis dentro de esa lista de las setenta semanas de años, para que en ese paréntesis se desarrollara toda la historia de aquel príncipe que había de venir y que introduciría guerras y abominaciones hasta el final; ese príncipe, que destruyó la ciudad y el santuario, fue el imperio romano. Roma se tomó Jerusalén, destruyó el templo, lo quemó como había dicho el Señor Jesús, que hasta piedra sobre piedra empezaron a sacar, porque en el incendio vieron que se derretía el oro, y se dieron cuenta que había oro; y entonces de entre las piedras inclusive comenzaron a sacar el oro; eso nos lo cuenta Josefo, que fue un testigo ocular de aquellos tiempos. El escribió varias obras; entre ellas, una llamada "La guerra de los judíos", donde se cuenta cómo Jerusalén fue tomada por Tito y los ejércitos romanos; y Vespasiano, que era el que llegó a ser emperador, y que estaba al frente de la toma de Jerusalén, dejó a Tito; y Josefo le profetizó a Vespasiano que él sería el próximo César; y justamente Vespasiano llegó a ser hecho César de Roma; y por eso Vespasiano, cuando vió que Josefo había profetizado su elevamiento al trono del imperio romano, entonces le guardó la vida, lo llevó a Roma, le permitió estar en los palacios y en los jardines y fincas del emperador, y allí Josefo escribió "Las antigüedades de los judíos" y "La guerra de los judíos" en la que él mismo participó, de lo que él mismo fue testigo; y hoy, cuando leemos esos libros, podemos ver el cumplimiento exacto de las profecías del profeta Daniel acerca del Señor Jesús y su primera venida. Josefo habló de Jesús, habló de Juan Bautista, habló de Jacobo el hermano de Jesús, en el libro de las "Antigüedades de los judíos"; y escribió acerca de la toma de Jerusalén, y cómo habían sido expulsados a todas las naciones, etc. Las profecías, hermanos, siempre se han cumplido literalmente; cuando Dios dice algo, las cosas acontecen según las mismas palabras. No es necesario alegorizar, ni tratar de sacar las cosas por otro lado; las profecías del Señor siempre se han cumplido de manera literal; incluso los tiempos, el día en que El llegó a Jerusalén en un burrito, que El llamó "el día de tu visitación", conforme estaba previsto, hasta el Mesías príncipe; abarca cuatrocientos ochenta y tres años; y ellos estaban ciegos, no conocieron el día de su visitación.
Ahora, acerca de la segunda venida, ya no hay tiempos exactos. Ya, por el contrario, El dijo: nadie sabe el día ni la hora; ni siquiera el propio Hijo, porque El, en su kenosis, en su humillación, en su despojamiento, se mantuvo como hombre, dependiendo absolutamente del Padre; y en el momento en que habló, El mismo había renunciado a estar en la condición de Dios, para estar en la condición de hombre; y dijo que ni los ángeles ni el Hijo saben; eso lo dejó solo con el Padre, porque El se despojó y se sometió.
Pero aunque El dijo que el día ni la hora nadie sabía sino el Padre, El sí habló que existían señales de los tiempos; y El dejó señales de las cosas que estarían aconteciendo cuando su venida, y el fin de este siglo, estuvieran cerca. El dio señales que mis hermanos recuerdan muy bien, acerca, por ejemplo, de terremotos; y cada vez son más numerosos y cada vez son más fuertes; habló señales de pestes y de enfermedades que también cada vez aparecen nuevas. Yo recuerdo que, cuando yo era niño, nunca había oído hablar del sida; nunca se escuchaba del sida, nunca se escuchaba del ébola, y otras pestes nuevas que han aparecido; pero cada vez van apareciendo nuevas enfermedades a pesar de que la ciencia aumenta; que la ciencia aumentaría también estaba previsto en el profeta Daniel; y nuestros ojos han visto el cumplimiento de todas esas profecías.
Y hay también profecías acerca de otras cosas; pero unas de las profecías de más interés, más notorias, las cuales han sido llamadas "el calendario de Dios", son las que acontecen en relación con Israel. Hoy en día estamos nada menos que viendo todos los días noticias de lo que acontece en Israel, porque Dios habló de que ellos serían esparcidos a los cuatro vientos por todas las naciones, y que serían perseguidos, y que al final de los tiempos Dios los traería de nuevo a su tierra; y ellos duraron más de mil novecientos años esparcidos; pero conforme a la profecía, y hoy vamos a iniciar algunas lecturas, Israel comenzó a regresar de nuevo, después de unas persecuciones terribles; la última de ellas, así notoria, porque ellos siempre han sido odiados, como estaba también profetizado, es la de los nazis, de Hitler, la que muchos están queriendo negar hoy: los antisemitas, y especialmente este presidente Mahmud Amadinejad de Irán; están queriendo negar el holocausto; pero hay muchas personas que sobrevivieron y son testigos; incluso el mismo Adolfo Eichman, que fue destinado a la cámara de gas, él mismo confesó que había sido lo peor que se había cometido; él mismo lo confesó; él mismo, que fue a la cámara de gas por causa de eso, él no negó el holocausto, él confesó el holocausto, siendo uno de esos autores y ejecutores. Entonces ¿quién iba a pensar que se negaría el holocausto, después de esa terrible matanza? hasta de niños, de viejitas, ancianitas, y todo eso solamente por el simple hecho de ser judíos, a través de prejuicios que Satanás sabe como sembrar, y que los pueblos no saben distinguir, y son llevados por hordas de demonios a hacer cosas locas.
Dios, a partir de eso, hizo que ellos quisieran volver a su tierra. Y hermanos, la historia de los judíos es demasiado clara; cuando tú lees las bendiciones y las maldiciones en el libro del Deuteronomio, que están en sus capítulos finales, desde el 28 en adelante, ustedes ven cómo realmente, si ellos eran fieles al Señor, les vendrían bendiciones; y si ellos le eran infieles al Señor, les vendrían maldiciones; y ustedes vieron cuando El describe esas maldiciones o castigos, cómo realmente se cumplieron; y empezaban de a poco. Si aun con esto que les viene, ustedes así no se vuelven al Señor, les vendrá esto otro; y si aun así no se convirtieren, entonces les sucederá otra cosa más grave aún; y dice que hasta llegarían a comerse sus propios hijos; y eso sucedió en el año setenta, cuando Jerusalén fue cercada, y Josefo era uno de los líderes de la revuelta contra los romanos que después recapacitó, y dijo que era mejor aceptar el juicio de Dios y someterse a los romanos, que no terminar todos muertos; él mismo cuenta que escuchó a una madre diciéndole a otra: -hoy nos comemos nuestro niño, mañana nos comemos el tuyo-, tal como lo profetizaba Deuteronomio; y Deuteronomio profetizó cosas terribles que se han cumplido todas ellas de manera literal.
Pero así como Dios profetizó, a través de los distintos profetas, de los castigos que vendrían sobre Israel, su diáspora o dispersión por toda la tierra, y las cosas que les acontecerían, y no solo a Israel, sino también la serie de las naciones, de los imperios mundiales, y todo esto se ha cumplido literalmente, acaso cuando Dios da vuelta a la esquina y decide que termine la dispersión, y comience la aliyá o el retorno, y ya comenzó, ¿acaso no va a cumplir también de manera literal lo que profetizó? Porque El no profetizó la destrucción de Israel sino el castigo temporal de Israel, por un endurecimiento parcial de Israel, mientras entraba de entre los gentiles a la salvación un pueblo para su Nombre. Pero luego El se volvería a Israel; y así como había velado para perseguirlos y corregirlos, velaría de nuevo con misericordia para traerlos de vuelta a su tierra y comenzar a restaurarlos, aunque tendrían que pasar tiempos de angustia, especialmente en su lucha con los vecinos.
Pero ahora a nosotros nos tocó vivir, no en la época de la dispersión, sino en la época del retorno, en la época de la restauración, del restablecimiento de Israel; y entonces nosotros hoy debemos ser entendidos de las señales de los tiempos, y comprender cuáles son las profecías que, con lo que ahora está sucediendo, se están cumpliendo; y qué está previsto para cumplirse de aquí a poco, y cuál es nuestro lugar ahora en este tiempo dentro de ese drama universal.
Entonces, hermanos, hay muchas profecías; pero yo quisiera que ustedes me ayuden a seguir algunas; y vamos a comenzar en el libro del profeta Zacarías. Vamos allí al capítulo 12 de Zacarías, donde aparecen unas profecías tan claras, que tienen que ver con lo que está aconteciendo ahora. Entonces yo pienso que estos van a ser días de intensas lecturas, ojalá no apresuradas, ojalá no pasando por encima, para que no nos acontezca como le acontece a los patos, que el agua se les desliza por las plumas pero no los toca adentro en su piel; que así no vaya a suceder con nosotros, sino que la palabra del Señor nos pueda tocar, que la palabra del Señor nos abra los ojos, nos haga entender en qué tiempos estamos, para que nosotros podamos tener los elementos de juicio que provienen de la palabra de Dios. Porque si solamente vamos a tener los elementos de juicio que vienen de la prensa, y si la prensa está interesada en presentar ciertas cosas sesgadas, y en callar otras, entonces nosotros no vamos a tener una visión clara acerca de lo que acontece, si no somos muñidos con la palabra de Dios. Necesitamos que la palabra de Dios sea el instrumento que nos ayude a interpretar los tiempos, a comprender lo que está aconteciendo; que nuestro paradigma, por medio del cual juzgamos los acontecimientos actuales, provenga del Espíritu Santo, de la mente de Cristo, y que no seamos conducidos como borregos por la media o medios de comunicación internacional.
Entonces, hermanos, vamos a empezar a considerar esta noche Zacarías capítulo 12. Son profecías para los tiempos finales; y sería bueno ir leyéndolas con calma. Yo no pretendo poder decir todas las cosas al respecto de esto; solamente vamos a ir siguiendo algunas lecturas, comentadas hasta donde podamos masticarlas, según el Señor nos vaya dando el tiempo que El nos conceda; pero yo sé que todos mis hermanos tienen el Espíritu Santo; y algunas cosas que quizá ni se mencionen acá, al leerlas, puede ser que el Espíritu Santo, de manera especial a alguno de ustedes, o al otro aquí, o al otro allá, a la hermana aquí, al hermano allá, le llame la atención cierta frase, algo en lo que no se había fijado; por eso yo no pretendo monopolizar las cosas; solamente estoy como monitor aquí, pero realmente el que preside es el Espíritu Santo, y El puede hablar con cada uno personalmente, y después entre nosotros podemos conversar. Yo no tengo la última palabra, pero la palabra de Dios, esa sí es la última palabra.
Entonces comienzo a leer Zacarías 1:1:
“Profecía de la palabra de Yahvé acerca de Israel. Yahvé, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ¡qué credenciales!, no es cualquiera el que va a hablar acá; el que extiende los cielos, ¡ay Señor! Si apenas estamos tratando, procurando, llegar con telescopios, y en estos días he visto unas fotografías de lo último que se ha podido ver de las galaxias, preciosas fotos; lo más lejano a lo que se ha podido llegar; hay unos hermanos aquí que conocemos a la hermana Elsa del Paraguay, que estuvo en el campamento pasado; ella una vez estaba orando, y el Señor, sin que ella se lo pidiera, porque ella no estaba ni siquiera interesada en la astronomía, pero el Señor la tomó, y la sacó al espacio, y le dijo dos cosas: -Ustedes conocen estos 9 planetas de su sistema solar, pero todavía no han visto estos otros-; y le mostró otros. Recién ahora se descubrió uno más. Y le dijo: -hasta aquí ustedes, a través de sus telescopios, han podido ver en el universo; pero todavía no han podido ver todo esto otro- Y le mostró a ella otra vastedad, más allá de lo que los telescopios humanos han podido descubrir. Y la palabra de Dios nos dice en Hebreos, y citado del Antiguo Testamento, que todo este inmenso universo es apenas como una vestidura que el Señor va a enrollar y se va a cambiar. El universo no es Dios, es apenas un vestido que Dios se pone. ¡Qué vastedad!, Dios lo ha hecho inmensísimo, que a veces se pueden ver varias estrellas como si fueran puntitos, y luego ir más allá, y descubrir que esos puntitos no eran estrellas sino galaxias, y galaxias más grandes que la nuestra, que están formadas de millones de soles como el nuestro, que son estrellas comunes y corrientes, medianas, tipo promedio. Nuestro sol es apenas una estrella de tipo promedio de nuestra galaxia, el cual está más o menos a dos tercios del centro, en uno de los brazos espirales de la Vía Láctea, nuestra galaxia; y eso es inmensísimo; sin embargo dice el Señor que es apenas una vestidura que El se va a mudar, porque habrá cielo nuevo y tierra nueva.
Una vez vi una fotografía que me dejó asombrado; ustedes seguramente ya han tenido esa experiencia; si están en un cuarto oscuro, y está todo cerrado el cuarto, pero hay un agujerito por donde puede entrar la luz del sol, y entra ese rayo de luz, en el rayo de luz se ven como unas motitas de polvo. Vi una fotografía del planeta Tierra, tomada por uno de esos aparatos que estaba saliendo del sistema solar; se veía de esa misma manera, como si la Tierra fuera una de esas motitas de polvo en medio de millones de motitas de polvo. Y decía: este puntito aquí, esa es la Tierra. Yo me quedé asombrado; esa es la Tierra, una motita de polvo en medio del universo. Esos rayos preciosos de luz del sol allí, y de luces estelares, y había entre esa luz esas motitas; y una de ellas, chiquitita, esa es la Tierra. Con razón dice el Señor que todas las naciones son como nada, como menudo polvo en la balanza, que no inclinan la balanza ni para arriba ni para abajo; no significa nada; nadie se preocupa de quitar ese polvo cuando va a pesar en la balanza. Y eso es lo que es el hombre frente a la grandeza de Dios, por una parte.
Pero la grandeza divina se hace todavía más admirable, cuando se relaciona con el hombre tan especialmente el Dios tan grande, que solo su vestidura, uno de sus vestidos, que no tiene nada que ver con El, en el sentido de que no es parte de El, que es solo una creación, como una ropa vieja que El va a enrollar, y se va a cambiar; qué grande es Dios, que sabe lo que está pasando con cada persona en esa motita de polvo que flota en el universo, y que se llama la Tierra. El Dios grande se puede hacer pequeño, y le gusta hacerse pequeño, y le gusta estar con los pequeños y con los humildes.
Entonces, cuando dice acá: Yahvé, que extiende los cielos, es el Altísimo el que va a hablar; no es palabra de hombre la que vamos a leer acá; no es de cualquiera.
Y luego dice que funda la tierra; porque en medio de todo eso que podría parecer el caos, sin embargo Dios colocó esa motita en el punto donde el beneficio del universo se concentra, donde las distancias, las fuerzas gravitacionales, la ecuación macrocósmica, todo, sirve a la posición de la Tierra, para que aquí, y no en otro lugar, se dé la vida humana, la vida botánica incluso. Si eso hubiera sido una "explosión", sería como si hubiera explotado una gráfica, y hubiera resultado de la explosión la enciclopedia británica; una cosa tan ordenada, tan maravillosa, que en esa motita de polvo, en medio de otras, ahí estamos a la distancia exacta del otro pedacito de aquí, y del otro pedacito de allá; y estamos a la distancia exacta del sol para no quemarnos, y para no congelarnos, sino para que puedan haber las cuatro estaciones, haber atmósfera, haber vida. Una pequeñísima variación en la ecuación macrocósmica, y no podría haber vida. Dios está tan pendiente de aquella motita de polvo, que está en el punto exacto donde haya la temperatura exacta para nosotros, con una luna que influye en las mareas para que no haya maremoto por la mañana ni maremoto por la tarde, sino que lleguen las olas a la medida de los seres humanos para tomar baño en la playa. Llega el mar justo para que nosotros nos bañemos ahí; pero si la luna no estuviera donde está, no serían olitas para disfrutar al ir a pasar vacaciones, sino que sería maremoto a mañana y maremoto a la tarde, tsunamis todo el tiempo; o no habría continentes; o sea que toda la ecuación macrocósmica, que son cantidades de factores, concentran el beneficio en esta motita de polvo de nada, que es el planeta Tierra, frente a la inmensidad; pero Dios dice que así como extiende los cielos, El funda la Tierra; y la Tierra está aquí gracias a que los otros están ahí.
¿Cómo fue que descubrieron a Neptuno? Analizando a Urano. Ellos veían que la órbita del planeta Urano tenía una cierta irregularidad que ellos no se explicaban; entonces algunos empezaron a decir: bueno, pero esta órbita de Urano solo se explica si hay otro planeta escondido que ejerce una cierta medida de gravedad, que hace que la órbita de éste otro tome esa forma; y efectivamente empezaron a hacer los cálculos y descubrieron en el punto exacto al planeta Neptuno, que era el responsable de una determinada forma de la órbita de Urano, otro planeta. O sea que si nosotros estamos acá, Marte tiene que estar ahí, la luna ahí, Júpiter ahí, y el sol tiene que estar en la posición en la galaxia; y así como algunos dicen que nosotros giramos alrededor del sol, el sol gira alrededor de la estrella Vega; y otros que de las Pléyades; o de otra estrella; y eso que está solo a dos tercios del centro galáctico, en uno de los brazos espirales de la galaxia Vía Láctea. ¡Imagínese, hermano!
El Dios que controla todas las cosas, también forma el espíritu del hombre dentro del hombre; el Dios que forma nuestro espíritu, El es el que va a hablar. No es cualquiera; y ustedes se van a dar cuenta de cómo nuestros ojos, a lo mejor leyendo el periódico, o viendo la televisión, han visto cumplirse lo que vamos a leer acá, que fue escrito inclusive antes de Cristo; porque Zacarías, este profeta, vivió antes de Cristo, varios no solo años, sino algunos siglos antes de Cristo; pero se ha referido al tiempo del fin; y ahora nosotros somos los testigos del cumplimiento de estas cosas; y estas profecías no están en el aire, no están en el vacío, sino que están en un contexto; y si vemos ya cumpliéndose la parte actual que nuestros ojos ven, nuestros oídos oyen, nuestras manos tocan, la siguiente parte está a la vera del camino, aquí a la vuelta de la esquina, porque la profecía tiene un orden.
Entonces, hermanos, miren lo que dice Dios: "He aquí Yo, ¿quién? el que extiende los cielos, el Altísimo, el que funda la Tierra, y forma nuestro espíritu dentro de nosotros, Yo, dice Dios, Yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén.
Hermanos, Dios sabe cómo demostrarse ante las naciones. Acuérdense de lo que Dios le dijo a Faraón, que Faraón se endureció porque Dios permitió que se endureciera por su pecado, y Dios lo permitió, y le explicó por qué; dice: para esto mismo Yo te he levantado, para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea anunciado en todas las naciones. Un pueblo totalmente encerrado por las circunstancias, allá el mar, aquí el desierto, y el ejército de faraón encima de él, rodeándolo por todos lados; y el Señor abre camino en el mar, y atraviesan el mar; y los egipcios siguen detrás, y son sepultados en el mar; y el pueblo de Israel sale ileso al otro lado. Y todas las naciones empezaron a conocer el nombre del Señor, porque dice que ellos fueron endurecidos, el corazón de faraón fue endurecido, para que el poder de Dios fuese manifestado. Pero hay profecías en el libro de Deuteronomio que dicen que así como el Señor hizo maravillas cuando sacó a Israel de Egipto, ahora cuando Dios retorne otra vez a Israel a su tierra, haría de nuevo maravillas. Si en aquel tiempo el río Nilo se convirtió en sangre, ahora no solo el río Nilo, sino muchos otros ríos y lagunas y mares se convertirán en sangre; si hubo unas pequeñas plaguitas en el tiempo de Egipto, habrá por toda la tierra plagas; y es ahora en estos tiempos que Dios mostrará su poder.
Dice: "Yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor"; porque el problema es contra Jerusalén, porque se quieren quedar con Jerusalén, la capital del Mesías, la sede del reino de Dios, del Hijo de Dios; y ellos, los pueblos alrededor, y las naciones unidas, y otros pueblos, para nada están teniendo en cuenta a Dios, ¡para nada! Ellos actúan solo desde un punto de vista humanista, sin entender las razones de Dios, como si no hubiera Dios, como si Dios no hubiera dicho nada, como si Dios no hubiera establecido un derecho; la última palabra la tiene Dios. Entonces Dios va a permitir que todas las naciones de la Tierra, comenzando por los pueblos de alrededor, se vengan contra Jerusalén; pero ahí, dice, subirá mi furor para que todos me conozcan, dice el Señor. -Entonces estamos en una hora demasiado seria; y mire lo que sigue diciendo aquí la Escritura:
Verso 3: “Y en aquel día Yo, (Ay! Hermanos, es Dios). Yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; o sea, la gente quiere asumir la carga de lo que pase en Jerusalén; todo mundo se quiere meter con Israel; pueden estar pasando cosas peores allá en Sudán, en África, y nadie dice nada; cosas peores están haciendo otros pueblos en otros lugares, y nadie mete la nariz; pero con los Judíos, con Judá, y con Jerusalén, todo mundo se quiere meter; y Dios dice que El pondrá a Jerusalén como una piedra pesada; todos los que se la quieran cargar, quieran sacarla de su lugar, serán aplastados; miren lo que dice aquí: en aquel día Yo pondré a Jerusalén por piedra pesada, o sea difícil de mover, a todos los pueblos; todos los que se la cargaren..., los que se quieren cargar con Jerusalén, Dios dijo de quién es Jerusalén, es la ciudad del Gran Rey, es la ciudad del Hijo de David, la ciudad del Mesías, pero algunos se la quieren cargar; quieren decir que es la capital de los Palestinos, o que es una ciudad Internacional! ¿Cómo que Internacional? Es como si yo le dijera, bueno, hermano, tu dormitorio ya no es tuyo, ahora es Internacional; y me quiero cargar con las cosas del hermano; a todos los que se la cargaren, ¿qué les va a pasar, hermanos? ¿a cuántos? a Todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntaran contra ella. O sea que habría un espíritu de tal manera antisemita moviéndose en las naciones unidas, que va a querer meter la mano, las narices, las naciones unidas, todas las naciones de la tierra, meter la mano en este asunto de Jerusalén, y de Judá, y de Israel.
Pero ¿qué va a pasar? Esto es lo que va a pasar, y ya empezó a pasar. En aquel día, dice Yahvé; hermanos, no hay problema si usted lee Jehová, si usted lee Yahvé; yo prefiero leer Yahvé porque es una traducción más cercana al hebreo pero no hay problema con eso. Me perdonan si les parece que estoy leyendo diferente; estoy leyendo lo más cercano al hebreo. En aquel día dice Yahvé, heriré con pánico ¡ah! terrible; de ustedes no sé si saben lo que es el pánico; ellos no se están metiendo con cualquiera, el pánico es terrible, es peor que el estrés; la gente que se está metiendo contra Israel, ahora usted los puede ver muy tranquilos hablando en contra, saliendo y protestando y diciendo cosas; espere a que les llegue el pánico, espere que se enfermen de los nervios, y verán. Heriré..., quien habla en primera persona, Yahveh; ...con pánico a todo caballo, y con locura al jinete; Justamente en estos días oí que el presidente de Irán estaba bastante debilitado con estrés; oí esa noticia; ...mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera; o sea, no dan en el blanco, como les pasó cuando venían a tomar preso los sirios a Eliseo,y Eliseo parece que estaba solo, aparentemente, y nadie veía sino solo al pobrecito profeta Eliseo, qué es un hombrecito, como decir, Israel; no son sino el 0,02% de la población mundial; los árabes son la quinta parte de la población mundial; los musulmanes son mil doscientos millones; los judíos son solo catorce millones; si usted ve en un mapa todo lo que le corresponde a la tierra de los musulmanes, comparada con lo que le corresponde a Israel, el estado de Israel es menor que solo el departamento de Cundinamarca en Colombia, porque Cundinamarca tiene veinticuatro mil kilómetros cuadrados, e Israel tiene veintiún mil, como la república del Salvador, una república pequeñita comparada con casi todas las demás, con los millones que son los que tienen el petróleo y todas estas cosas; pero Dios justamente hace así, escoge al pequeñito rodeado del odio de todos los demás, para mostrar su poder, su poder; por eso Israel va a entrar, y ya entró, y está entrando cada vez más en aquello a que el mismo Señor le llamó: tiempo de angustia para Jacob; pero ese tiempo de angustia para Jacob, que se ve rodeado de todas las naciones de alrededor, y en contra, y las naciones unidas en contra, y vendrán los rusos, y vendrán los Persas, o sea, los Iraníes, y vendrán otros pueblos como los de Libia y tal, porque lo vamos a seguir leyendo, y será angustia, pero en esa angustia será como un parto.
Ahí es que Israel conocerá que su ayuda no está en la mano humana, sino en la mano Poderosa del Dios de Israel, el Dios Emanuel, Dios con nosotros, el Mesías de Israel. Y dice: mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera. No van a ver; como no entendieron cuando llegaron los Sirios a llevarse a Eliseo, y Eliseo mismo salió a preguntarles a quién estaban buscando; y él mismo los llevó a una emboscada; lo buscaban a él, y no entendían; los llevó a una emboscada; le dijo Eliseo a Giesi: no te preocupes, tú estas viendo ese montón de gente, y me ves a mí solo, pero más son los que están con nosotros que los que están con ellos; Señor, te ruego que le abras los ojos a éste; y Dios le abrió los ojos a Giesi, y vio a Eliseo rodeado de carros de fuego.
Hermanos, muchas de las personas que han participado en las guerras de Israel desde su refundación como Estado en 1948, han sido testigos de la participación de ángeles en las guerras, para defender a Israel; y hasta de los enemigos, algunos los han visto; yo no tengo todo el tiempo para contar muchas cosas, pero ésta la voy a contar. Un hombre llamado Al-Chadí, piloto de élite del ejército de Israel, que ha participado en varias de las guerras de Israel, participó en la guerra de los seis días, participó en la guerra del Yom-kipur; él mismo, dirigiendo un avión, vio que lo seguían otros dos aviones, y él no sabía de dónde eran, porque no eran enemigos, pero no tenían las insignias de Israel; entonces él se quitó el casco que usan los pilotos, y les preguntó si eran amigos o enemigos, de qué ejército eran; y dice que el piloto de uno de esos aviones se quitó el casco, y era un ángel, y le dijo: somos del Ejército del Altísimo; él lo vio, él mismo vio eso; y después, parecido a lo que el contó, también contaron muchos otros, que les había sucedido la misma cosa.
La gente no sabe, ellos están ignorando a Dios en estos asuntos, no tienen en cuenta a Dios, ni la palabra de Dios, ni las razones de Dios; pero Dios dice aquí en la Biblia sus razones: El dice: Por tres pecados de Gaza, y aún por el cuarto, no revocaré su castigo; prenderé fuego en el muro de Gaza, y consumirá sus palacios; y nosotros hemos visto eso con nuestros ojos en la televisión y en los periódicos. Dios dice, por estos tres, y aún por el cuarto; y explica las razones de Dios; la gente no quiere entender las razones; y una de las razones es porque ha guardado el rencor, porque ha guardado el rencor en su corazón todo ese tiempo; esa es una de las razones, porque hay odio visceral; a los niños les enseñan el odio a los judíos; le preguntaron a una nena de cuatro añitos: ¿tú que vas a hacer cuando seas grande? respondió: voy a matar judíos; a una niña le enseñan eso, desde niños; pero, ¿a cuál de todos los judíos? ¿qué te hizo esa señora que está allá comprando en el supermercado? No le hizo nada, pero la quiere matar; y Dios lo permite así, como permitió que se endureciera faraón, para mostrar en él su poder; Dios va a mostrar su poder cuando todos se levanten contra Israel; ojalá no seamos tan tontos de ser arrastrados por ese espíritu que se esta moviendo en los medios de comunicación; ojalá nuestros paradigmas provengan de la palabra de Dios y no de los medios de comunicación; y dice, hermanos: "y los capitanes de Judá dirán en su corazón:, o sea, ellos se darán cuenta, porque, hermanos, si ustedes vieran lo que han sido los ataques contra Israel; trajimos un video para ver; no sé si lo veamos esta noche o mañana, de las guerras; hermanos, es una cosa increíble cómo Dios los ha librado de todos los ataques; lo han iniciado sus enemigos, y en los días sagrados de Israel, y en las horas difíciles, para aniquilar, borrarlos del mapa, porque eso es lo que ellos quieren, no quieren que exista Israel, no quieren que vuelva a su tierra; y Dios los ha guardado; y miren lo que dice aquí, los capitanes, verso 5 Zacarías 12: los capitanes de Judá dirán en su corazón: Tienen fuerza los habitantes de Jerusalén en Yahvéh Sabaot, su Dios.
Yahvéh Sabaot, Jehová de los ejércitos, es uno de los nombres de Dios; El puede ser el Pastor, es el Sanador, es el Rey, pero en este contexto es Yahvéh Sabaot, Jehová de los Ejércitos; ese es otro nombre de Dios; y dice: Tienen fuerza los capitanes de Judá en su Dios. Ya se van a dar cuenta de que no es porque Estados Unidos los ayuda, o porque tienen estos aliados, no; ellos van a darse cuenta de que su fortaleza está en Dios; y dice aquí: En aquel día pondré, vamos a ver si no es esto lo que estamos viendo con nuestros ojos, pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos alrededor; Y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén.
¿No es eso lo que hemos visto desde 1948 para acá, después de la segunda guerra mundial, donde hubo esa terrible matanza de Judíos, donde ninguno los quería recibir a ellos, y ellos en un barco, casi sin comida y sin agua, y en ningún puerto los dejaban llegar? Los mismos países que se dicen neutrales los devolvieron a los hornos de Hitler, y se quedaron con el dinero de ellos; a Colombia no los dejaron llegar; hermano, Colombia y Yugoeslavia fueron dos países que votaron en contra de la resolución de las Naciones Unidas para que fuera restaurado Israel en el año de 1948; y en 1949 empezó el problema de la violencia en Colombia; y Yugoeslavia ya no es un país, son seis países: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Hersegovina , Serbia, Montenegro y el último que acaba de salir: Kosovo; y fue despedazado porque se opusieron a Israel; Benditos los que te bendijeren y malditos los que te maldijeren. ¿Qué está haciendo Chávez ahora? Invocando la maldición sobre su propio pueblo, sobre él mismo; se puso en contra de Dios, ¿se dan cuenta, hermanos? Expulsaron a los misioneros cristianos de Venezuela, y trajeron misioneros chiitas iraníes, y convirtieron a Hizbolá a varios de la tribu de los wuayúes; y ahora wuayúes como los de la Guajira son Hizbolá Venezuela; las niñas con su velo para maldecir a los judíos; y los muchachos, que eran indígenas, que no tenían nada que ver con eso, ahora con sus ametralladoras, y muchos listos a suicidarse en favor del Islam, no allá en el Medio Oriente, sino en Venezuela. Y ahora el Presidente Correa contrata al presidente de Irán para que le ayude a defender la frontera con Colombia; están metiendo problemas de otros lados aquí; están ciegos; no saben con quién están jugando; no saben en qué bando se metieron, porque ignoran a Dios, ignoran la palabra de Dios, y las razones de Dios; no han oído las razones de Dios; pero aquí estamos para oír la palabra de Dios, para que la palabra de Dios forme, con la mente de Cristo, nuestros paradigmas, para interpretar las señales de los tiempos, y no según la manipulación de los medios de comunicación.
Hermanos, en aquel día pondré; entonces ¿Quién ha puesto a Israel como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas? ¿Quién lo puso? Dios dice: Yo lo pondré; y Yo digo en aquel día, y ese día es hoy, ahora. Desde 1948 para acá la ONU le dio 18% de ese territorio, que lo tenía Jordania y no Palestina; mientras lo tenía Jordania, no había ningún pueblo Palestino reclamando; nadie reclamaba ese terreno, nadie lo reclamaba; durante el tiempo de los Turcos nadie lo reclamó, ni de los Británicos, ni de nadie; pero no fue sino darle 82% a los Palestinos y 18% a Israel, un pedazo de desierto, para que se levantaran seis naciones de alrededor con los Egipcios, los Jordanos, los Sirios, los Libaneses, los Palestinos de ahí de la franja de Gaza, etc., contra Israel en 1948; ellos querían el 100 por ciento; no aceptaron el 82%, no lo aceptaron; y al pedacito que le tocó a Israel, que era solo compuesto por judíos colonos sobrevivientes del holocausto, se les vienen seis naciones para borrarlo del mapa; y se levantan a defender ese puñadito de colonos, y destruyen a los ejércitos de seis naciones, y defienden su puñadito de tierra; y ahí empezó la siguiente guerra, que no fue sino que hoy lo declaren nación, y mañana lo atacan.
Nadie protestó por el ataque contra Israel, ni protestaron contra los hornos de Hitler, pero protestaron porque Israel se defendió; y ahí mismo sesenta naciones de la tierra rompieron relaciones, no con los atacantes, sino con el que se defendió. Hermanos, y dice aquí que Jerusalén sería habitada otra vez en su lugar; eso fue lo que hizo la guerra de los seis días: recuperar otra vez Jerusalén bajo la mano de los judíos; pero ¿qué hicieron los mismos judíos? le dieron el monte oriental y la explanada de las mezquitas en Jerusalén oriental al rey de Jordania, porque ahí estaban la mezquita de Omar, y estaban los lugares sagrados musulmanes; ellos siempre respetaron los lugares religiosos de todos los pueblos; en cambio, donde los musulmanes tomaban, destruían las sinagogas de los judíos; pero Israel se tomó Jerusalén y la margen oriental, y se la dieron al rey Hussein de Jordania. Se la devolvieron después de haberla conquistado en guerra donde ellos fueron atacados; y luego el rey Hussein se la dio a Arafat de la OLP.
Pero Dios dijo: Jerusalén será habitada otra vez en su lugar; en 1967 fue recuperada, aunque ellos cometieron quizás ese error; pero ese error lo permitió Dios para dar un poco más de tiempo a los gentiles y a la Iglesia. En 1980 Jerusalén fue declarada otra vez capital eterna de Israel. Pero ninguna de las naciones que tiene relaciones con Israel, pone su embajada en Jerusalén, sino en Tel Aviv; las naciones unidas no quieren reconocer a Israel; el Vaticano se opuso a que Jerusalén fuera una ciudad judía, y dice que es solo internacional, el propio papa anterior: Juan Pablo II.
Dice la Escritura: Jerusalén será hollada por los gentiles, pero no para siempre; ...hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. Entonces, hermanos, estamos en un momento en el que a la vuelta de la esquina se va a dar. Israel estuvo esparcido cuántos siglos; pero Dios dijo: ¿acaso nacería una nación en un día? Pues El la haría nacer en un día; en ese día firmaron, y hubo dos países que votaron en contra: Colombia y Yugoeslavia; y les vino el castigo. Gracias a Dios que varios colombianos fueron a Israel a pedir perdón por el voto negativo. Entre ellos estaba mi hermana; y lloraban los parlamentarios en Israel viendo que había alguien que reconocía la injusticia que se había cometido contra ellos; ¡pero cuántas cosas ha tenido que sufrir desde esa época hasta ahora Colombia! Porque a los que te bendijeren Yo bendeciré, y a los que te maldijeren Yo maldeciré. Cuando nosotros no nos ponemos en los zapatos del otro, y juzgamos prejuiciadamente, después Dios nos pone en sus zapatos para que aprendamos.
Y viene el verso siete, cómo las cosas se cumplieron tal y como vamos a leer acá: "Y librará Yahvéh las tiendas de Judá primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá". Fíjense: Dios dijo que primero libraría las tiendas de Judá antes que Jerusalén; y fue en 1948, y en esas colonias del desierto donde comenzó. Hermanos, ellos comenzaron a trabajar el desierto. Hoy iba gente de Colombia a estudiar en la universidad de Beerseba en el Neguev, a aprender a dominar el desierto, cómo producir, reverdecer el desierto. Ellos están haciendo florecer el desierto; yo estuve allá, yo lo vi con mis ojos, tengo fotografías de allá, en el desierto donde decían ellos ser terrible, el desierto de Parán; ahora ellos están plantando, y hay lugares verdes, verdes; hay bosques de dátiles, flores, y alimentos; hay flores que yo pongo en mis blogs de internet, que son del desierto, ¡hermosísimas! Gotita por gotita. A los beduinos les tienen de esos grifos de agua en el desierto. Y les han construido casas, y ellos meten a las cabras en las casas, mientras continúan viviendo en las tiendas.
Y luego las naciones unidas se enojan con Israel porque le ayuda a los beduinos, porque los está reintegrando a su sociedad; y las naciones unidas quieren que los beduinos sigan de parias para que haya motivos para seguir atacando a Israel; pero dice la Escritura aquí: Librará Yahvé las tiendas de Judá primero y eso ya se cumplió en 1948, así fue. Y dice: para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. Es decir que para que no se engrandezca Jerusalén sobre el resto, empezó Dios por los barrios pobres, por los beduinos, por los desiertos, por la gente pobre de afuera; y después sí llegó a Jerusalén. Esto se ha cumplido tal como lo había previsto Dios por Zacarías desde cantidad de años, miles de años, para el tiempo del fin; y hoy nos tocó a nosotros verlo.
Pero miren lo que dice aquí: En aquel día Yahvé defenderá al morador de Jerusalén; ah, y entonces qué importa si Barack Obama se opone contra Israel; Yahvé defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; o sea, el que lideraba las batallas de Yahvé "el más débil será como David y dice: y la casa de David como Dios, como el Ángel de Yahvé; esta expresión, el Ángel de Yahvé, es el Verbo, una teofanía del Verbo Divino antes de la encarnación; como el Verbo era con Dios y es Dios; o sea, Dios mismo, Cristo mismo, el Mesías mismo defenderá a la casa de David, su propia casa, su propio trono y su propia ciudad. Si ellos barren con Israel, la palabra de Dios no se cumple; Dios quedaría como mentiroso; pero Dios no es mentiroso, hermanos.
Entonces dice aquí: La casa de David como Dios, como el ángel de Yahvé delante de ellos, y en aquel día, yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Hermano, qué necedad levantarse contra Dios, ignorar su palabra. Y a la vez ¿qué va a hacer Dios ahora con ellos? porque como este es el tiempo de angustia de ellos, donde Dios permite que todos se vuelvan contra ellos, y ese espíritu antisemita está en todo, en el periódico, en la televisión, en la radio, todo mundo protesta aquí, y luego se levanta contra ellos; entonces ellos van a tener angustia. Esa es la angustia del alumbramiento. Ahí ellos se van a dar cuenta de que tienen que volverse y reconocer al Mesías que traspasaron.
Y entonces dice aquí: y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, note, está hablando Yahvé Sabaot, a quien traspasaron, el Mesías, el propio Dios. Mirarán a mí a quien traspasaron, ellos lo crucificaron. Y dice: y llorarán como se llora por hijo unigénito; allí es lo que está representado en el día de la expiación, que era día de lloro; ahí reconocerán que habían rechazado al Mesías, que aquel Jesús que ellos aborrecieron era el verdadero Mesías, el único que está con ellos, y el pueblo de El que se juntará con ellos, dice la Escritura; y vamos a leerlo en su tiempo, en su momento. Llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.
Y aquí aparecen dos nombres del Hijo de Dios: Unigénito y Primogénito, que aparecen en el Nuevo Testamento; pero noten que ya venían de la profecía. El Unigénito y el Primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén como el llanto de Hadad- rimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí y sus mujeres por sí; y los descendientes de la casa de Leví por sí y sus mujeres por sí; y los descendientes de Simei por sí y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí. Por eso es que aquí, si ustedes quieren venir conmigo a Apocalipsis, vamos a marcar acá, porque tenemos que regresar, pero esa frase aparece también en Apocalipsis 1, donde dice el verso 7: He aquí que viene con las nubes, es el Señor Jesús, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron, y todos los linajes de la tierra harán lamentación por El. Sí, amén. Sí, amén. Sí y amén a todas las promesas de Dios. Aquí habla de que esto sucedería. O sea que ellos van a lamentarse por haber perdido tanto tiempo, por haber rechazado al Mesías, que es el que verdaderamente los va a librar.
Querido Padre, en el precioso nombre del Señor Jesús, te agradecemos que nos has dado esta oportunidad, porque Tu palabra dice: decid esto a las naciones. Tú quieres que esto sea dicho a las naciones; y por esto estamos acá Señor, para atender Tu palabra, entender estos tiempos, saber qué es lo que está pasando, poder interpretarlo desde Tu palabra, en el nombre del Señor Jesús, amén.
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Gino Iafrancesco V., 16/01/2009, Barbosa, Santander, Colombia. Transcripción de Bety Durán y Maria Mercedes Lozano, revisada por el autor.
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EXAMINANDO LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS A LA LUZ DEL PARADIGMA DE CRISTO
La paz del Señor Jesús sea con los hermanos. Es una alegría ver los rostros de varios que hace unos días no nos vemos; con algunos más de varios días; y es la primera reunión unida que el Señor nos concede en este año, que pinta como muy profético. El Señor nos ayude este año a estar juntos y a estar en su presencia y a seguirle de cerca.
Hagamos una oración antes de que estudiemos y miremos algo de la palabra del Señor: Querido Padre, en el precioso nombre del Señor Jesús, te agradecemos porque es la única base por la cual podemos estar delante de Ti, porque Tú has sido inmensamente bondadoso, y por la obra del Señor Jesús no estamos muertos. El ha muerto por nosotros, y también, en otro sentido, también nosotros estamos muertos, pero a la vez vivos, resucitados para Ti y sentados por Ti en los lugares celestiales; es algo que has hecho con nosotros, no en base a nuestros méritos, sino en base a Tu amor y a Tu fidelidad; a Tu amor a Tu Hijo, y a Tu amor a nosotros, que nos diste a Tu Hijo, nos uniste a tu Hijo para recibirnos como a Tu propio Hijo, siendo El santo y nosotros pecadores. Señor, te damos gracias por Tu amor infinito y profundo, que es difícil para nosotros comprenderlo. Ayúdanos a verlo cada vez más con nuestro espíritu, y ayúdanos Señor a vivir en santo temor, y a tomar fuerzas de Ti para vencernos a nosotros mismos y a la serpiente; en el precioso nombre del Señor Jesús. Ahora te pedimos, Señor, que con Tu Santo Espíritu, Tú mismo puedas hablarnos, Tú mismo puedas dirigirnos a Tu propia palabra, y darnos la capacidad espiritual, la competencia que viene del cielo, para recibir Tu palabra con luz, con espíritu, y con vida, que no la producimos nosotros, sino Tu gracia. Que podamos ser iluminados, esclarecidos, fortalecidos, encaminados, que tengamos los ojos abiertos, y las lámparas encendidas, y las vasijas también llenas de aceite en estos días; ayúdanos, Señor; te lo pedimos a Ti, y este es nuestro deseo; sabemos que no hay nada en nosotros a lo cual acudir para esto, pero también creemos que a pesar de nuestra absoluta inutilidad, podemos acudir a Ti porque Tú nos has traído, Tú nos has llamado, nos has llamado de los muertos a la vida, y es Tu voz, Tu palabra la que hemos oído, y por eso ahora vivimos por medio de la fe que Tu palabra misma nos ha dado; en el nombre del Señor Jesús. Amén.
Con un grupo mas pequeño de hermanos, aquí en la localidad de Teusaquillo, estuvimos revisando algunas porciones de la palabra del Señor, relativas a la coyuntura actual, relativas a las señales de los tiempos que nos ha tocado vivir; y es bueno que seamos de parte de Dios unidos con la palabra del Señor, para que podamos interpretar esas señales de los tiempos desde los paradigmas de Dios; porque estamos constantemente siendo bombardeados por miles de voces y miles de paradigmas que quieren ganarse nuestras simpatías, o incluso sembrarnos antipatías. Entonces nosotros necesitamos aprender a conocer las cosas, no según el hombre natural, como la mayoría de las personas interpreta las circunstancias, y su propia vida, y los tiempos; necesitamos conocer según el Espíritu, como dice allí en la carta que Pablo escribió a los corintios, la segunda, la llamada segunda, que dice que de aquí en adelante, es decir, a partir de que hemos recibido al Señor, y las cosas viejas pasaron, y nacimos de nuevo, y somos nuevas criaturas, entonces dice que ya no conocemos así las cosas según la mente natural, según el hombre natural, sino según el Espíritu; debemos aprender a no confiar en nuestra propia prudencia, ni tampoco en la del mundo, sino en la del Señor. Debemos aprender a no confiar en nuestra propia prudencia, como dice el Señor: hijo mío, no te apoyes en tu propia prudencia, que es a lo cual el ser humano esta acostumbrado, sino fíate del Señor en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas. O sea que nuestra propia prudencia nos lleva por veredas torcidas; el Señor enderezará nuestras veredas si aprendemos a desconfiar de nosotros mismos. Pienso que muchas de las cosas que Dios permite que nos acontezcan, son precisamente para conducirnos a desconfiar de nosotros mismos, como le tuvo que pasar a Pedro, que estaba tan seguro de sí mismo, que el Señor tuvo que permitir una caída, para trasladar su confianza de él al Señor, que no confiara más en él mismo, en lo que él sentía, en lo que él pensaba, que eso es completamente indigno de confianza, lo que nosotros pensamos y sentimos. A veces somos tan idólatras con nosotros mismos, que estamos tan seguros, porque nosotros pensamos o sentimos que las cosas son de una manera, que después el Señor tiene que sorprendernos, y quedarnos asombrados de que también nosotros nos podíamos equivocar, que los falibles no eran solamente los demás, sino también yo, también yo soy falible; entonces por eso necesitamos ponerle atención a las razones de Dios, ponerle atención a la palabra del Señor, porque nosotros solo conocemos un poquito, a veces no conocemos bien las cosas, no conocemos cada punto desde su inicio y todo su desarrollo, y necesitamos que Dios nos ayude.
Necesitamos recibir de Dios, luz de la palabra de Dios; y por eso hay que llegar a la palabra del Señor queriendo aprender del Señor; que El nos enseñe; no venir solamente a buscar lo que nosotros quisiéramos, sino a dejar que el Señor nos hable; y seguramente a veces encontraremos cosas que no entendemos muy bien, y hay que detenerse, y hay que preguntárselas de todo corazón al Señor, y confiar que de alguna manera, y en su momento, el Señor nos responderá esas preguntas, y nos ayudará, y así iremos seguros de la mano del Señor; porque los seres humanos están engañados por miles de demonios, por causa de confiar en su propia prudencia, en sus propios sentimientos, por poner la esperanza en carne. Millones y millones de personas están engañadas en la tierra por no seguir al Señor, sino a sí mismos y a otros hombres, pero no al Señor Jesucristo. Entonces digo esto para que nuestros paradigmas provengan de la palabra del Señor. Un paradigma es una cosmovisión por medio de la cual interpretamos el mundo, interpretamos la historia, interpretamos nuestras circunstancias, el pasado, el presente y el futuro; a eso se llama un paradigma; y hay, al fin de cuentas, dos paradigmas principales:
Un paradigma que proviene de Dios mismo, que es la voz de Dios, la palabra revelada por Dios, que es la verdadera luz; y otro paradigma: las otras voces, que son multifacéticas, pero que en el fondo se identifican allá detrás de todos los velos; porque Satanás no tiene un solo velo, sino muchos, como en la masonería; hay que ir pasando de velo en velo hasta satanizarse; entonces, a través de esos muchos velos, y muchas voces, en el fondo se esconde un mismo diablo que quiere sustituir a Dios por sí mismo, y que le vendió a la humanidad el mismo cuento: seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal; como quien dice, andando por ustedes mismos, sin necesidad de Dios.
Y Dios no forzó al hombre; ahí estaban los dos árboles, que representan esos dos paradigmas: el de la Vida, que representa la vida en comunión y dependencia de Dios, una vida realista, sabiendo que nosotros no somos Dios, y que Dios es fiel, y que podemos confiar en El, y vivir por El; pero como El no nos obliga, entonces ahí está el otro árbol, que representa esa vida que no confía en Dios, sino que se confía en sí misma, y que en el fondo participa de los mismos deseos del diablo, que son hacerse a sí mismo Dios, sacar a Dios; y ese es el problema: sacar a Dios de la vida, sacar a Dios de las cosas humanas, sacar a Dios incluso de la religión; sí, incluso en el ámbito de la religión Satanás quiere usurparle a Dios la adoración; cuánto más en los otros campos u otras áreas subsidiarias; en el área de la administración sacar a Dios, en el área del comercio sacar a Dios, en el área de la economía sacar a Dios, en el área de la política sacar a Dios, en el área de la ciencia sacar a Dios, en el área del arte sacar a Dios; pero cuando tú piensas que a Dios hay que tenerlo solamente en el ámbito privado de las creencias particulares, y que no tiene por qué afectar las demás áreas, ahí ya estamos enredados y bien apretados por la serpiente.
Ustedes recuerdan 1Co.15:28 donde dice una frase que se las voy a decir de memoria: "Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, o sometidas al Hijo de Dios, al Señor Jesús, bajo sus pies, entonces también el Hijo mismo se sujetará, y también sujetará todas las cosas al que le sujetó a él todas las cosas"; porque quien le está sujetando todo a El es el Padre; Hijo: siéntate a mi diestra, hasta que yo ponga bajo tus pies todos tus enemigos; y ese es el significado de la historia. ¿Qué es al fin de cuentas el asunto que está aconteciendo en la historia? ¿cuál es el quid de la cuestión? Pues este: el Padre le dijo al Hijo: Hijo, siéntate a mi diestra hasta que yo ponga todas las cosas, todas, inclusive el comercio, la política, la ciencia, la agricultura, la economía, el arte, la filosofía, la religión, lo espiritual, lo intelectual, lo biológico, lo material, ...todas las cosas por estrado de tus pies; Hijo, en Ti Yo tengo contentamiento, y a Ti voy a confiarte todo; no voy a crear sin Ti, sino contigo; no me voy a revelar sin Ti, sino a través de Ti; no voy a crear, no solo planear, sino crear nada sin Ti, sino contigo, y en Ti y para Ti. Y también voy a redimir por medio de Ti, y también voy a juzgar por medio de Ti, y voy a reinar por medio de Ti. Todo se lo confió el Padre al Hijo. Le agradó al Padre que en el Hijo habitase toda plenitud; porque el Padre conoce al Hijo; antes nadie conocía al Hijo sino solo el Padre; ahora el Padre y el Espíritu nos han venido dando a conocer al Hijo; y el Hijo nos ha venido dando a conocer al Padre; y hemos empezado a conocer a Dios por medio de la relación del Padre con el Hijo en el Espíritu, que es el Espíritu conjunto, el único Espíritu, pero que es del Padre y del Hijo; no necesitan ser dos espíritus; es un solo Espíritu que proviene de la relación de amor eterno entre el Padre y el Hijo; y es ese Espíritu el que determina el único paradigma verdadero, la verdad, que proviene del Padre y del Hijo por el Espíritu.
Entonces Dios está demostrando por qué es que le dio al Hijo el primer lugar y la preeminencia en todas las cosas; porque le dio también oportunidad a todas las demás creaturas; además a su Divino Hijo Eterno Él lo hizo también, en la encarnación, como una creatura, aunque su Hijo no es una creatura; Él estaba con el Padre, como parte de la Trinidad; sin embargo, la persona segunda de la Trinidad, el Verbo de Dios, su propia razón, su propia imagen, su propia palabra, su propia expresión y resplandor pleno, decidió el Padre con el Hijo y el Espíritu, que se hiciera como una creatura, se hiciera un hombre, y en serio, no de mentiritas, no como decían los gnósticos docetas: que la encarnación fue apenas solo una apariencia, no! Él vino en carne, y como un hombre verdadero, para ser probado de verdad como cualquiera de nosotros es probado.
Dios no necesitaba que el Hijo fuera probado, pero nosotros sí necesitábamos conocer al Hijo; y solo por medio de las pruebas del Hijo es que lo vamos conociendo; y va apareciendo el contraste entre el Hijo y el enemigo. ¿Por qué Dios le confió al Hijo, y no a Lucero, no a Lucifer, las cosas? Bueno, Dios le dio oportunidad a cada uno de hacer sus cosas; y cada uno salió con la suya; y por ahí Satanás también salió con la de él; y no es que lo puso Dios por allá en un rincón, oprimiéndolo por allá como el ultimo angelito, no; lo puso en medio de los querubines, un querubín protector cerca del Trono, que en medio de las piedras de fuego se paseaba, que dirigía la alabanza, los loores a Dios, lleno de sabiduría y de hermosura; pero él, no siendo, pretendió hacerse Dios; pero como ya había Dios, y además el Hijo era el modelo que Dios quería, entonces el diablo se rebeló contra Dios. Pero el Señor, el Hijo, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo. El enemigo usurpó, pero el Señor no usurpó, sino que se despojó; siendo igual a Dios, se sometió hasta lo último, hasta la copa más amarga, sin escandalizarse de su Padre; y confió todas las cosas que el Padre le había dado, de nuevo al Padre otra vez; así como Dios le pidió también después que eso hiciera Abraham.
Dios le dio a Abraham a Isaac; pero se lo pidió, para que Abraham participara de la naturaleza de su Hijo; y Abraham le dio a Isaac; y claro, Dios se lo devolvió; pero una cosa es tener a Isaac devuelto, y otra cosa es tener a Isaac sin que se nos sea pedido; Dios le pidió todo a Abraham, como le pidió todo a su Hijo. Dios ya sabía eso; Dios, desde la eternidad, conocía a su Hijo, y tenía contentamiento en su Hijo; pero Él empezó a explicarle a la creación por qué es su Hijo el Señor, por qué su Hijo es el rey de los reyes, y el Señor de los señores, y la cabeza de todas las cosas. No de balde fue probado en todo, como todos somos probados; y al final de la prueba entonces dijo Dios: bueno, ¿quién es digno de abrir el Libro? En ese Libro sellado con 7 sellos estaba el secreto, el proceso, de cómo el Señor conduciría todas las cosas bajo su gobierno, para expresar su reino; todas las etapas. ¿Quién es digno de abrir el Libro y desatar sus siete sellos? Y hubo un buen tiempo a ver, pero hasta el propio Satanás se quedó callado, ni tampoco nadie en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, fue hallado digno de abrir el Libro y desatar sus sellos.
Es después de un silencio prudencial, y después del llanto incluso del apóstol Juan, que entonces el cielo responde al llanto de Juan, a través de aquel anciano de los veinticuatro, uno de los que ocupan aquellos veinticuatro tronos; porque allí en Colosenses se nos describe que hay un mundo invisible, y un mundo visible; y entre las creaturas del mundo invisible, las primeras que se mencionan son los tronos, y después los principados, y dominios, y potestades, y huestes; pero los primeros que son mencionadas del mundo invisible, las creaturas más antiguas, y que por eso son llamados ancianos, porque ellos conocen toda la historia del mundo invisible, porque fueron, como decir, los primeros en ser creados; después Dios creó otras cosas; y la gente del mundo invisible vio la creación del visible. Ahí en el Libro de Job se nos declara cómo los hijos de Dios, que se refiere al mundo angelical, veían cómo Dios trazaba las medidas de la tierra, y cómo colocaba justamente la tierra en el punto de beneficio de toda la ecuación macrocósmica, para que hubiera vida biológica, y para que estuviéramos nosotros. Fue una "explosión", dicen algunos científicos, de alta bienaventuranza; "explotó" tan bien, que aparecimos aquí en esa explosión. Eso no fue un bing-bang, fue un fiat, sea! sea esto! Las cosas "explotaron" fue para esto; no explotaron, Dios habló, y de la palabra de Dios salió el universo; pero Dios lo hacía todo para el Hijo, y después de las pruebas de su Hijo, y en la medida en que nosotros mismos vamos siendo probados, ahí poco a poco vamos conociendo al Hijo de Dios, y vamos conociendo las razones de Dios, por qué Dios ama a su Hijo, por qué Dios todo se lo da al Hijo, y el Hijo otra vez se lo devuelve todo al Padre, y por qué Dios quiere que su Hijo sea nuestra vida: porque nos ama tanto, y quiere tenernos como a su Hijo.
Entonces, el paradigma de Dios, la Simiente de la Mujer, la línea del Hijo Varón, que es Cristo, ese es el paradigma por medio del cual nosotros debemos interpretar el todo, todas las cosas, la historia, las circunstancias, el presente, el futuro, las tendencias, las prognosis, o sea, pronósticos; los hombres hacen pronósticos o prognosis, pronósticos; pero Dios profetiza; profetiza y las cosas acontecen tal como Dios las dijo.
Entonces, hermanos, debemos aprender a ser sabios; y el comienzo de la sabiduría es el temor de Dios; cuando usted se sienta, o se crea, más sabio que Dios, y que puede pensar y sentir distinto a la palabra revelada por Dios, tenga miedo de usted mismo, porque está cometiendo la mayor burrada, la mayor necedad. Dios renueve nuestro entendimiento, y ponga en nuestros pensamientos los paradigmas de Dios; que tengamos la mente de Cristo, el sentir de Cristo, y estemos en el Espíritu de Cristo; y por medio del equilibrio y la naturaleza del Espíritu de Cristo, podamos conducirnos, y juzgar, examinar, todas las cosas, las coyunturas y los tiempos, y sus señales, las señales de los tiempos.
Estamos en el 2009, y nos tocó empezar con guerra; ya en Colombia viene una guerra desde hace rato; pero todas las guerras son con un propósito. ¿Quién fue el que dijo al caballo rojo: erkou? acércate, venga y vaya? eso es lo que quiere decir erkou, acércate; es la palabra acércate, muy parecida a la palabra erkou, acércate; erkou ha sido traducida: ven, o anda; fue el Señor. Fue el Señor el que le dijo que se acerque, que venga y que vaya, y el que le dio la espada al caballero del caballo rojo; porque Él había enviado antes a otro jinete, el del caballo blanco, que es el que está destinado a vencer. El Señor ascendió como un cordero recién inmolado; como nadie era digno de abrir el Libro, no se encontró a ninguno; cuando se dice no se encontró ninguno, quiere decir que se buscó; imagínese, como si se hubiera hecho un repaso minucioso de la vida de cada una de las creaturas, y no se halló a ninguno digno de abrir el Libro; y cuando hasta uno de los propios apóstoles, el propio Juan, estaba llorando, aquel anciano de los 24 le dijo: No llores Juan, el León de la tribu de Judá ha vencido para abrir el Libro y desatar sus sellos; y cuando se volteó Juan a ver quién era ese León, era el Cordero, era su amigo, su primo Jesús; porque Jesús era su primo, porque Salomé, la madre de Juan, era hermana de María, como lo dicen los Evangelios; y se asombró Juan que su primo había vencido, ¡aleluya!, el León era el Cordero; y hasta aquellos ancianos nobles se quitaron sus coronas, se las ponían a los pies, y le fue dada honra, como lo había ya previsto el profeta Daniel. Daniel, en el capítulo siete, dice que el Hijo del Hombre llegó en una nube al Anciano de días; ahí no está hablando de la segunda venida de Cristo en las nubes a la tierra; sino que cuando El murió, El se presentó, estaba recién inmolado; al tercer día El resucitó, y al poco tiempo ascendió a la diestra del Padre.
No pasaron sino cuarenta días; Él estuvo aquí en la tierra enseñándoles, y ascendió, y una nube le cubrió; así Él va a venir en la nube, pero porque se fue en la nube, pues esa nube lo cubrió, y El continuó en la nube hacia Su Padre; y dice Daniel que él vio al Hijo del hombre viniendo en una nube, pero no viniendo del cielo a la tierra, sino viniendo en la nube al Anciano de días, o sea, al Padre, a la diestra del Padre, y le fue dado dominio, le fue dada toda potestad en los cielos y en la tierra, todas las cosas para que Él las reúna, Él las encabece, Él las ponga en orden, porque Él es el único que está en orden con Dios, Él es el único que puede poner en orden todo lo que hay en los cielos, porque en los cielos fue que comenzó el desorden, no en la tierra. Lucero estaba en el cielo; allá comenzó el desorden; y el Hijo vino a reconciliar, o sea, a poner en orden todas las cosas en los cielos y en la tierra. Los que se reconcilian vuelven, y entran; y los que se rebelan se van al lago de fuego; es la hora del juicio; ahora, antes es la hora de la aprobación, la prueba; incluso el Hijo fue probado, y por eso Él hablaba de sus pruebas, y le decía a sus discípulos: vosotros, que habéis estado conmigo en mis pruebas. Él fue probado, y Él fue aprobado; y por eso Él resucitó.
Dios dio testimonio dos veces, tanto de su vida privada, como cuando terminó su ministerio; de su vida oculta, antes del ministerio público, cuando recién se acercaba a bautizarse, no porque Él tuviera que ser perdonado, pero Él tenía que asumir el castigo del pecado por nosotros; entonces tenía que bautizarse; aunque Él también dijo: ¿quién de vosotros me redarguye de pecado? Nadie lo podía redargüir de pecado; sin embargo dijo a Juan el Bautista que lo bautizara; Juan sabía quién era Él; y dijo: soy yo, Juan, el que necesito ser bautizado por Ti, y ¿Tú vienes a mí? Jesús respondió a Juan: conviene que cumplamos toda justicia. Si Él no asumía nuestro lugar, si Él no moría por nuestros pecados, no seríamos salvos; y por eso, aquello fue lo que Él anticipó cuando vino a bautizarse. Se bautizó; y sin embargo, en el bautismo, como para que nadie entendiera mal, el Padre dijo: Éste es mi Hijo amado en el cual tengo contentamiento, a El oíd.
Después su vida pública también fue probada; cuando ya era la hora de ir a Jerusalén a morir, allá en el monte de la transfiguración volvió ahora Dios a dar testimonio acerca de su Hijo; porque Dios es un Dios que da testimonio de las personas. Dice Jesús del que venciere, que confesará su nombre delante de su Padre y delante de los ángeles. Dios da testimonio de las personas; y por eso nosotros no debemos confiar en nuestra propia prudencia y juicio, que siempre solamente mira las apariencias, y sus elementos de juicio son muy incompletos, y muy distorsionados por muchas clases de prejuicios que tenemos, y de ignorancias; y por eso no podemos confiar en nuestra propia prudencia, sino confiar en el Señor, para aprender a juzgar, no según las apariencias, y según la carne, sino según el Espíritu. Y así como al Hijo solo se le puede conocer por el Espíritu, a las demás personas, y a las circunstancias, y las señales de los tiempos, solo se pueden conocer según el Espíritu; y la voz del Espíritu es la palabra de Dios; esa espada es la voz del Espíritu; y la palabra de Dios es la que Dios ha hablado; los hombres, por providencia de Dios, la han conservado, y nos han llegado las Sagradas Escrituras. Las Escrituras no pueden ser quebrantadas, ni una jota ni una tilde dejará de cumplirse.
Todo lo debemos examinar desde las Escrituras, y debemos aprender a despojarnos de nuestra soberbia, de nuestra pretensión, de nuestra ceguera, y comenzar a ser sabios por medio de la reverencia a la palabra de Dios. Hay gente que se cree tan grande, tan sabia, que piensa que puede decir algo distinto a Dios; y hay millones de locos en toda la tierra hablando necedades. ¡Guárdenos el Señor! Nosotros también hablamos necedades por mucho tiempo, pero el Señor nos ha ido corrigiendo, ha ido cerrando nuestra boca, ha venido apretando nuestras tuercas sueltas, porque teníamos las tuercas flojas; nos está ajustando para pensar conforme a la mente de Cristo, y sentir conforme al sentir de Cristo. Es necio llamarse cristiano y pensar distinto a Cristo. Si somos cristianos, tenemos que pensar como pensaba Cristo, hablar como hablaba Cristo, andar como andaba Cristo; en eso se conocerá si somos cristianos. Dice la Escritura: El que dice que le conoce, debe andar como Él anduvo ¡Ay! ¡ay! Dios tenga misericordia y perdone nuestras muchas necedades, y nos conceda tiempo de arrepentirnos, o sea de cambiar de rumbo, porque arrepentimiento tiene que ver con paradigma.
La palabra arrepentimiento significa en el griego metanoia, que quiere decir cambio de nous, o sea de entendimiento, o sea de cosmovisión, de manera de ver las cosas; eso es el arrepentimiento; tiene que ver mucho con los paradigmas por los cuales juzgamos las cosas, a los demás, y a nosotros mismos, y a los acontecimientos. Entonces hay que arrepentirse; arrepentirse significa no confiar más en nuestra manera de ver y hacer las cosas; sino decirle: Dios, yo confío en ti, en nadie más puedo confiar, ni en mí mismo; enséñame Tú, enséñame Tú, dame sabiduría, hazme más sabio que mis enemigos, déjame entenderte; y Dios decía por Jeremías: El hombre no se gloríe en ninguna otra cosa, ni en esto, ni en aquello, ni en aquello; en una sola cosa yo le voy a permitir gloriarse al hombre: En entenderme y conocerme. Gloriarse, no en nosotros, sino que nos tocó la gracia; por gracia nos dio el perdón, y sobreabundó la gracia también dándonos a conocer el misterio de su voluntad; lo que también es por gracia. La gracia de Dios nos va quitando todas esas nubes de oscuridad que teníamos en la mente; porque ese montón de demonios parece que llena la mente como de algodones de oscuridad; la gente es tan loca que blasfema contra Dios, dice que no hay Dios; pero sí hay Dios, pero no lo quieren; por eso lo blasfeman; porque si no hubiera Dios, ¿para qué va a protestar contra Dios, y para qué le va a echar la culpa a Dios, y para qué va a decir: ¡Ah! Pero ¿por qué Dios permite? Ah, esa pregunta la hacen, pero no quieren oír la respuesta; como Pilato, que le preguntó a Jesús: y ¿qué es la verdad? pero no se quedó para escuchar; salió inmediatamente; y tuvo que confesar, antes que Jesús le contestara; él ya se daba cuenta: no encuentro ningún mal en este hombre.
Como decía Jesús: "sin causa me aborrecieron"; y "esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz". Él vino a ser luz; pero también Él dijo: sin causa me aborrecieron. ¡Ah! hay cantidad de volúmenes de personas que dizque pretenden tener causa; hasta Shakira estaba por ahí con una canción diciendo: Dios, pero ¿por qué Tú hiciste a los perros pelearse con los gatos? echándole la culpa a Dios. Cuando la tierra fue maldecida, lo fue por culpa del hombre; y todos los males del hombre se los achacamos a Dios; mas Dios cómo aguanta, cómo aguanta, y cómo sigue amando a gente que no lo ama; y él Señor dice: De tal manera amó, no sólo a los creyentes, amó al mundo, que dio a Su Hijo, se lo dio al mundo entero, para que todo aquel que crea en Él no se pierda; si no creen en el Hijo se pierden en sus propias luces que son oscuridad.
Entonces, hermanos, todo lo que está pasando, debemos analizarlo, porque para eso tenemos la capacidad de análisis, con la mente que Dios nos dio para usarla; sólo que las emociones, la mente, la voluntad, nuestro ser todo, fue creado para funcionar en unión con Cristo. Así que El Espíritu de Cristo tiene que ungir nuestro espíritu y llenarlo, y saturar nuestros sentimientos, y nuestros pensamientos; porque nuestros pensamientos en unión con el Espíritu de Cristo van a ser muy diferentes de nuestros pensamientos solos. Nuestros pensamientos solos, sin ser refrigerados, de refrigerio, no de refrigeración, permeados, regados por la presencia de Cristo, son peligrosos. Nuestros pensamientos y nuestros sentimientos son los primeros asesinos; después vienen los asesinatos; pero ellos comienzan en el corazón, porque la Biblia pone los pensamientos no solo en la mente sino en el corazón; la Biblia habla de los pensamientos y las intenciones del corazón. Entonces hay caminos que al hombre le parecen derechos pero su fin es camino de muerte.
Hermanos, todo esto es sólo un preámbulo para leer las noticias de hoy; ya desde ayer Israel entró en Gaza con tanques, y el mundo entero se está levantando contra Israel; y ellos quieren juzgar la cuestión Palestina sólo a partir de ciertos años para acá, y sólo desde un ángulo, pero no han oído las razones de Dios. ¿Saben qué dice Dios en su palabra? Por tres pecados de Gaza, y aún por el cuarto, no revocaré su castigo; prenderé fuego en el muro de Gaza. Ahora, Dios no solamente dice: prenderé fuego en el muro de Gaza, no. Él dice:Por tres pecados de Gaza prenderé fuego en el muro de Gaza, y aún por el cuarto no revocaré su castigo. Si usted no le pone atención a las razones de Dios, y solamente escucha las filosofías de ciertos medios de comunicación, entonces usted no va a entender a Dios; si usted solo cuenta la historia a partir de cierto punto, por ejemplo, yo tengo aquí diez millones de pesos, pero yo se los robé a Hernando, pero yo no cuento que se los robé a Hernando, yo solamente cuento que yo tenía diez millones de pesos, y que los dejé aquí, y vino Hernando a llevárselos...; pero si yo no cuento que eran de Hernando antes de que yo se los robara, entonces yo voy presentar una historia muy diferente, muy diferente.
Entonces tenemos que leer lo que dice Dios acerca de las cosas, porque todo lo que acontece en Israel es el reloj de Dios; porque en cuanto a tiempos, Dios relacionó los tiempos con Israel, lo que pase con Israel, y la relación que la iglesia ha de tener con Israel por medio del Mesías, que Israel recibirá en medio de la angustia, porque las naciones de la tierra vendrán contra Israel; por medio de esa angustia, así es como va a nacer, va a dar luz, esa mujer, en cuanto a Israel tiene que ver. En la Biblia la mujer representa al pueblo de Dios, tanto al del Antiguo, como al del Nuevo Testamento; tanto en el Antiguo como en el Nuevo, Dios le llama su mujer a su pueblo. Dios dice que Él fue como un marido para con Israel; y también la Iglesia es llamada la esposa de Cristo; o sea, aquella que decidió casarse con El, decirle sí a la invitación de Dios; ¿quieres ser mi novia? Mmm, será, no será; pero en la medida que fue conociendo al Señor, entonces dijo: quiero. Amén. Israel recibió al Señor hasta cierto punto; a veces no le entendió bien, también fue corregido, pero no fue desechado. Duramente ha sido corregido Israel, más duro que cualquier otro pueblo! No hay pueblo contra el cual se hayan ensañado tanto en la historia como contra el pueblo de Israel; pero Dios dijo que eso no sería para siempre; que así como había levantado su mano para herir, la levantaría para curar; que así como los había esparcido a los cuatro vientos, los reuniría de nuevo en su tierra sin que nadie los espantara, pero después del parto. Israel está en parto en este momento.
Si juzgamos las cosas como si no hubiera Dios, como si la palabra de Dios no fuera digna de ser tenida en cuenta, con razones meramente humanistas, pero humanistas caídas, porque el hombre está caído si no cuenta con Dios y las razones de Dios, entonces erraremos; entonces, hermanos, nosotros tenemos que aprender a examinar las cosas desde el punto de vista de Dios. ¿Qué dice Dios? ¿Acaso ha sido Dios parcial con Israel? Dios es recto; incluso a su propio Hijo probó, y a nosotros nos prueba. Nunca ha ocultado el mal de sus siervos, lo publica claramente: David hizo esto, Pedro hizo esto, fulano hizo aquello; Dios no es connivente con el pecado de nadie; sin embargo, dice de la Iglesia, y dice de Israel: Un pueblo al cual antes conocí; porque Dios sí conoce; a los que antes conoció, basado en su presciencia, en su conocimiento anticipado, eligió; porque la elección de Dios, dice la palabra de Dios, descansa en la presciencia: elegidos según la presciencia enseña el Espíritu Santo por el apóstol Pedro. Dios eligió, y no eligió al más grande pueblo, sino al contrario, al más pequeño, al más insignificante de los pueblos. Le dijo a Israel: Israel, no pienses que por ser tú mejor…; al contrario, por ser el más pequeño, el más insignificante, porque Dios escogió lo vil, lo que no es, para deshacer lo que es, para que la gloria sea de Dios, y no del vaso.
Por eso el tesoro Dios lo pone en vaso de barro, para que la Gloria sea de Dios; pero si Dios escogió porque conocía, ¡Ah! hay que temer a Dios, hay que temer a Dios; porque no solo de la Iglesia se dice que nos predestinó; de Israel se dice lo mismo; su pueblo, al que de antemano, de antes, conoció. Por alguna razón Dios escogió a Israel; y dice: ¿Acaso no era Esaú hermano de Jacob? y usted, pueblo de Jacob, me está diciendo: pero Dios, Tú dices que nos amaste, pero ¿en qué nos amaste? Mira lo que nos ha sucedido, mira lo que pasa, mira todo lo que ha sido nuestra historia; ¿en qué nos amaste? Y Dios dice en qué los amó: ¿y acaso no era Esaú hermano de Jacob? y escogí a Jacob y a Esaú aborrecí. La palabra aborrecer es no escoger de la misma manera, tomar una decisión. Dios sabía de antemano que Esaú no valoraría para nada la primogenitura, y Dios le dio la oportunidad de nacer primero; pero él amó más un plato de lentejas; por eso no me gustan las lentejas. Dios sabía que Esaú menospreciaría la primogenitura, o sea la bendición de Dios. Para él, esas eran cosas etéreas, en cambio las lentejas son cosas reales, saben rico, llenan la panza y todo. ¿Bendición? ¿Qué es eso tan etéreo? Así la gente dice: -no, eso de la ontología, la metafísica, eso ya no; desde la edad de la Ilustración ya terminamos con la metafísica-; ahora se quedaron con las lentejas.
En cambio dice de Jacob: A mis ojos fuiste honorable y Yo te amé. Aunque él era tramposo en su manera de actuar, en su íntimo él quería la bendición de Dios, e hizo lo que quería para quedarse con la bendición de Dios. Dios conocía ese secretito que no lo conocían los demás; además, solo sabían los problemas de Jacob; y de hecho, el nombre de Jacob es suplantador, engañador. Se disfrazaba y era astuto, y hacía negocios, como los judíos; pero en su corazón Dios veía algo que no veían los otros. Los pueblos de alrededor querían maldecir a Israel, y contrataron a un adivino para que viniera a hacer conjuros de maldición; y cuando iba a maldecir, Dios le cambiaba la maldición en bendición; y decía Dios: no he visto iniquidad en Jacob. Todo mundo veía, pero Dios no. Pero ¿quién ve mejor? Nosotros juzgamos según las apariencias, Dios no; además, estaban debajo de la expiación, ellos confiaban en la expiación; por eso la Iglesia es la continuación de Israel; y por eso, cuando Israel reciba al Mesías una vez que los de la Iglesia que vienen de los gentiles se hayan consolidado, cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, entonces Dios volverá con Israel; pero antes del parto es que son los mayores dolores. Ellos tuvieron dolores, fueron perseguidos, holocausto por acá, y ahora están algunos queriendo negar el holocausto; claro, porque no son ellos ni sus parientes los que han pasado por el horno.
Pero Dios dijo: Así como velé, Dios lo confiesa claramente: Yo velé para castigarlos, Yo velé para que les venga espada, Yo velé para que les venga sufrimiento, Yo velé para que sean dispersos por toda la tierra, pues así como hice esa parte, voy a hacer la otra, y ahora estamos en el tiempo de la otra, del retorno de Israel. Llegó la hora, dice; ahora, como los esparcí, así los traeré de nuevo; y los trajo de nuevo, y en el orden que estaba profetizado, porque ahí en Zacarías 12 dice que comenzaría por los bordes de afuera, por las tierras de Judá, para que los de Jerusalén no se engrandecieran; y primeramente, a partir de 1948, aquellos colonos que habían tenido que entrar subrepticiamente durante el protectorado Británico, que sucedió al de los turcos, colonos proclamaron la nación de Israel.
En un día, como estaba profetizado, nació de nuevo Israel; y nadie quería nada con ellos. La tierra estaba desolada, las ciudades derruidas, no había plantas sino desierto, era peor que el tercer mundo. Pero Israel regresó, y comenzaron a trabajar, y tan pronto fue proclamado nación, ¡se le vinieron miles, de los países de alrededor, en contra para barrerlos! Se les había dado un pedacito de franja del 18%, y a Palestina se le dio el 82%. Cuando Israel nació en 1948, nació con 18%, y el 82 se le dio a los árabes; pero estos no querían el 82, querían el cien por ciento, para que todo siguiera en la misma desolación y ruina que venía desde siempre que estuvo en las manos de ellos, mientras Israel estuvo castigado en la dispersión, en la diáspora. Pero Dios dijo que los traería de nuevo, y los trajo de nuevo, y comenzaron a trabajar los colonos el desierto; hasta de aquí van a aprender agricultura; agricultura en un país que está en el desierto, porque ellos desalinan las aguas, a cada plantita le ponen su gotita; y tienen para los beduinos, no solo para ellos, para los beduinos tienen agua en el desierto; y tú recorres y encuentras grifos de aguas en pleno desierto para los beduinos que no son Israelitas. Les hacen casas a los beduinos, y barrios, y estos siguen durmiendo en las tiendas, y las casas las llenan de cabras; continúan en aquello viejo.
Pero ahora las ciudades de Israel son del primer mundo, vuelven otra vez a crecer, volvió el idioma, volvió la nación como Dios lo había dicho. Esto lo había hablado Dios; dijo: Yo Yahvé digo esto, así dice Yahvé Adonai. Sería muy bueno que las personas conocieran lo que Dios ha dicho, para que interpreten las cosas desde el punto de vista de Dios; porque ahora las cosas se cuentan desde otros puntos de vista.
Vamos a leer un poco Zacarías 12. Profecía... Ah! Dios hablando del futuro; ya no es solamente una prognosis de tendencias, un análisis estadístico de probabilidades, ¡no! Profecía de las que se han cumplido al pie de la letra todas las veces. …de la palabra de Yahvé acerca de Israel. Yahvé que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él; o sea, lo que ninguno otro ha dicho sino solo Él, El es el que habla, ha dicho: He aquí Yo… ¿Quien? El que extiende los cielos y funda la tierra y forma el espíritu del hombre. …Yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá; o sea, los pueblos de alrededor, todos los pueblos de alrededor contra Judá, contra los Judíos; pero Dios dice: Yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Ah, esa palabra es terrible, porque ya una vez, y otra vez, y otra vez, estos sitios se dieron. Jerusalén ha sufrido muchos sitios por sus pecados: en los tiempos de Nabuconodosor, y antes en el de Senaquerib, después con Antioco Epifanes, y con Pompeyo, y después con Tito, y después en el tiempo de Bar-Kobcha con Adriano, y después con los musulmanes, con los cruzados, y con los turcos, los sultanes, luego con la propia Gran Bretaña que oprimió a Israel, pero que al fin lo dejó a las naciones unidas, que casi siempre han votado en contra de Israel, y que en cuyas instalaciones se guardaban los fusiles para atacar a Israel. Las instalaciones de la ONU! No son los Estados Unidos.
¿Qué le pasó a Israel cuando confió en Roma? Lo que pasó con los Macabeos; Dios los libertó nada menos que de Antioco Epifanes, que era un prototipo del anticristo, pero tan pronto se confiaron en Roma, hicieron alianza con Roma, perdieron la libertad que habían recuperado con los Macabeos y quedaron otra vez bajo el yugo de los romanos. Los romanos sí vinieron a defenderlos de los antíocos, de los sirios, pero luego se quedaron con todo y establecieron la provincia romana de Siria, de la cual Israel ni siquiera era un país, era un pedacito de la provincia de Siria; cuando ellos habían vencido al prototipo del anticristo, Antíoco Epifanes, que se había declarado dios a sí mismo. Theo-Epifanes quiere decir el dios manifiesto, se decía él, decía ser Júpiter olímpico encarnado; prototipo del anticristo. Y una partida de "guerrilleritos" sionistas, los Macabeos, lo vencieron cuando confiaron en Dios. Pero tan pronto se aliaron con los romanos, los romanos se los comieron. Y quedaron bajo el yugo de los romanos; y así fue; y de ahí siguió la dispersión por toda la tierra, entonces por lo pronto hasta Adriano. Por eso cuando mi esposa le puso Adriana a mi hija, claro mi esposa no sabía esta historia; ahí yo le puse Salomé; y gracias que ahora le decimos más Salomé que Adriana, porque ¿sabe qué hizo el "bondadoso" emperador Adriano? Arrasó con Jerusalén, y la sembró de sal, y sacó a todos los judíos de Jerusalén. Eso era cuando Dios estaba castigando a Israel por haber rechazado al Mesías; pero ahora lo va a redimir, y Dios ya sabe, porque El conoce de antemano todas las cosas. Ya muchos se están convirtiendo, muchos judíos se están convirtiendo al Mesías, y los judíos mesiánicos se están multiplicando en Israel. Entonces dice Dios: …Yo pongo a Jerusalén... Ay ay ay, ¿quién puso a Jerusalén? Y la puso ¿para qué?, la puso ¿por qué? Yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén.
Porque al final, todas las naciones de la tierra se volverán contra Israel; y ese es el momento, cuando todos vengan contra Israel, Dios simplemente cambia los polos magnéticos del planeta con un terremotito mundial, y remueve y derriba todas las ciudades, y los montes y las islas se mudan de lugar; y eso es lo que va a pasar. Y en aquel día Yo, que extiendo los cielos y fundo la tierra y formo el espíritu del hombre, Yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos. Israel, como decía el hermano David Hunt, una nación tan pequeñita comparada con otras, no es nada, pero casi el 35% de las deliberaciones de la ONU son acerca de Israel, como si fuera un continente poblado como Asia. Ahí dice la Palabra: piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren, oigan eso, serán despedazados. Dios sabía que les iban a mandar cohetes Kasam, y todo eso; pero también sabía que los que los mandaren serían despedazados. Pobre Irán, está destinado a los chulos. Vea Ezequiel 38 y 39, donde habla del destino eterno. Dice aquí: todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra, o sea las Naciones Unidas, se juntarán contra ella.
Y eso es ¿debido a qué? A falsos paradigmas, a falsas interpretaciones, por no involucrar a Dios en el análisis de la situación; por no oír las razones de Dios, van a oír a otro espíritu; los mismos que expulsan misioneros cristianos, como Chávez, y que traen misioneros chiítas a musulmanizar wayúes, están contra Israel. Ahí se nota que esos dos espíritus están aliados. Justo ¿en qué días decidió Hamas romper la tregua que tenía con Israel? Justo antes de Navidad, porque ellos asocian Navidad con los cristianos, como para aguarles la Navidad. ¿Por qué no respetaron por lo menos esos días? Ellos no acostumbran respetar; desde el principio entraban en caballos en la tumba vacía, o por lo menos lo que creían que era la tumba, porque la verdadera estaba escondida; y tuvieron que ponerle unas puertas bajitas para que la gente entrara agachada y no pudieran entrar con los caballos, por el irrespeto total a Dios y el odio a los cristianos. ¿Saben qué casas escogen ellos para lanzar sus cohetes? Las casas de los cristianos. En la pasada guerra de Hizbolá ponían las plataformas en los barrios cristianos poblados, y en las casas de los cristianos, para que cuando Israel revirara contra los ataques, y destruyera las plataformas, destruyera las casas de los cristianos, para que los cristianos se levantaran contra Israel. Y ellos se esconden en medio de la población civil, y no la cuidan, para echarle la culpa a Israel.
Pero Israel les dejó a ellos gratuitamente la franja de Gaza; unilateralmente les entregó todo; y ellos lo que hicieron fue mandarle, mandarle y mandarle misiles a Israel desde la tierra que recibieron sin contraprestación. Pero dice Dios: todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. Entonces, ¿qué le va a pasar a las naciones? Simplemente entrar en la gran tribulación, por haber tratado así a su pueblo, a la Iglesia y a Israel. Por eso entrarán en gran tribulación, porque Dios dice en 2a. Tesalonicenses 1: Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan.
Entonces dice: En aquel día, dice Yahvé, heriré con pánico a todo caballo, ¿por qué? No solamente con bombas, con pánico, aterrorizados porque están metiéndose con Dios, no solamente con Israel. Eso es lo que la gente no entiende, ellos no ven el lugar de Dios en el asunto, ellos no se dan cuenta que no se están levantando solo contra Israel, sino contra el propio Dios! Entonces dice:... Y con locura al jinete, mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos ; por eso es que los cohetes caen en el desierto, y asustan a algunos, pero matan muy pocos....abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera. Unos están ciegos, y Dios está con los ojos abiertos. Dios abre los ojos para defender al morador de Jerusalén, y ciega, como cegó a los sirios cuando venían contra Eliseo, y Eliseo le dijo a Giezi, tranquilo Giezi, más son los que están con nosotros, pero no se veían, pero eran más, que los que están con ellos. Pero Dios le abrió los ojos al siervo, y él vio al profeta Eliseo rodeado de carros de fuego, y de gente de a caballo, pero caballos de fuego.
Entonces dice: Y los capitanes de Judá dirán en su corazón, ellos se darán cuenta, no es que somos fuertes, no, no. Ellos dirán: Tienen fuerzas los habitantes de Jerusalén en Yahvé Sabaoth, su Dios. Jehová de los ejércitos. Podría decir en este caso, Yahvé el pastor, Yahvé Shalom, Yahvé Jiré, pero aquí dijo: Yahvé Sabaoth, porque El está en medio de la guerra. Es Yahvé Sabaoth, Jehová de los ejércitos. En aquel día pondré- dice Dios- a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas, y consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos alrededor; y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén. ¿No es esto lo que está pasando desde que nació Israel? Son los otros siempre los que han atacado; y mientras los otros atacan, nadie protesta, nadie sale a la calle, nadie levanta un pañuelo; mas después de mucho aguantar y aguantar a Sadam Hussein, que quería involucrar a Israel, y Estados Unidos le dijo: tranquilo, deje esto con nosotros; Israel ha aguantado, ha soportado todas las humillaciones, y nadie protesta, nadie dice nada, nadie se mete en los otros conflictos, nadie sale a las calles para protestar por los niños que se mueren de hambre en Ruanda, por lo que pasa en Sudán, por lo que pasa en otra parte; pero Israel se defiende, y dicen: no, pero está defendiéndose muy fuerte; entonces dígame ¿cómo quiere que se defienda? ¿con pañitos de agua tibia? ¡Cómo no se va a defender, si en la frontera le están disparando cohetes? Tiene que ir y hacerse sentir, que en toda esa frontera no puedan ya más lanzarle cohetes; pero ¿cómo? Los que están protestando digan a ver cómo se va a defender. Eso les toca es a ellos, y Dios dijo cómo era: como brasero de fuego entre leña; los pueblos de alrededor son Leña, Israel es el brasero; los pueblos de alrededor son gavillas, como decir, paja seca, Israel es la antorcha.
Siempre fueron otros los que empezaron; siempre en todas las guerras no fueron ellos los que comenzaron; siempre los atacaron; a veces, cuando estaban en el día santo, en el Yom kipur, el día más sagrado de ellos, que estaban de licencia todos los soldados, ahí los atacaron, y casi los aniquilan, porque vinieron Egipto, Libia, Jordania, y otros, todos para barrer contra ellos; pero los que atacaron quedaron barridos, porque Dios dijo: ...abriré mis ojos; y aunque se demoraron tres días en reaccionar en el Yom kipur, barrieron a todos los que los atacaron. Nunca nadie protestaba cuando los atacaban, cuando los masacraba Hitler; no los querían recibir ni siquiera los suizos, ni los suizos recibían a los famélicos judíos; los devolvían a los hornos, pero la plata sí se quedaba en sus bancos. Colombia no recibió un barco de judíos. Tan pronto Colombia votó contra Israel, en el año siguiente comenzó la violencia en Colombia, para que Colombia entienda. Hoy Colombia debe ser aliado; ahora, si será una de las naciones que se vuelven contra Israel, que no sean todos los colombianos, no seamos nosotros. No hay que quedarse callado, hay que hablar, y esto lo vamos a publicar por Internet, aunque le llamé de cierta manera a Irán, porque el Señor dice: decid esto a las naciones; hay que decirlo.
Entonces dice aquí: Y los capitanes de Judá dirán en sus corazón: Tienen fuerza los habitantes de Jerusalén en Yahvé Sabaoth, su Dios. En aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y consumirán a diestra y a siniestra, a todos los pueblos de alrededor; y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén. Y miren la profecía cómo se ha cumplido: Y librará Yahvé las tiendas de Judá primero, o sea en el año 1948, pero todavía no había recuperado a Jerusalén,para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. Por eso Dios empieza con los pobres, con los bordes, porque si empezara con las élites, las élites pensarían que eso era solo para ellas, porque eso es lo que piensan ellos, que los demás no son sino carne de cañón, peones de brega, conejillos de indias, y que el mundo es de las élites, terrible! El Señor siempre empezó por los bordes, por los pobres, por los menospreciados, por los débiles, y así comenzó por los colonos que ya no podían vivir en ninguna otra parte. Por ahí empezaría Dios.
Y dice: En aquel día Yahvé, Yahvé, ojalá Israel crea esto, esta es la hora en que tenemos que orar por la fe de Israel, que Israel crea, que sean oraciones definidas, insistentes y creyentes, Yahvé defenderá; no dice que los Estados Unidos, no es Barak Obama, es Yahvé. Yahvé defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, sí, habrá débiles, pero el más débil será como David. En aquel tiempo, será como David, el más débil será como David, que fue el que peleó las batallas de Yahvé; y la casa de David, como Dios. Esta sí es una frase serísima. Dios está plenamente identificado con la casa de David, porque ¿quién es el heredero de la casa de David? ¿Quién es la raíz, el linaje de David? ¿no es el Hijo de Dios? ¿No es el Señor Jesús? Entonces aquí no se están metiendo solo con Israel; esta es la propiedad, la niña de los ojos, del Señor. Así le dijo Dios a Moisés: Moisés, Aarón va a ser tu profeta, y Aarón va a ser ante faraón como el profeta, pero tú vas a ser como Dios; es decir, lo que tú digas es lo que Yo digo. Dios se identificó de tal manera con Moisés, que dijo que Moisés sería como Dios; decía: vengan piojos, y venían piojos; venga esto, y venía; eso no lo hace ningún hombre; los otros magos después imitaron hasta un puntito esas serpientes que parecían varas que ellos hipnotizan y quedan como varas; las soltaban, pero la de Moisés se las comió. Entonces dice: la casa de David como el Ángel de Yahvé, delante de ellos. Y ¿quién es? ¿por qué dice que será la casa de David como Dios, como el Ángel de Yahvé? ¿Quién es el Ángel de Yahvé? Es el Señor Jesús, no es un Ángel creado, es el Ángel que apareció en la zarza y dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham, Isaac y Jacob; hay que estudiar este Ángel de Yahvé en la Biblia; ya lo hemos estudiado, y está por ahí, porque no se puede hablar todo al tiempo. Se refiere al Señor mismo, la teofanía de Dios, que es el Verbo de Dios. Y en aquel día Yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Oiga, no solo los palestinos; ¡cuántas naciones en manos de gobernantes ciegos van a llevar a la destrucción sus países por meter las narices donde no les corresponde, sin saber de qué se trata!
No podemos quedarnos callados los cristianos; tenemos que asesorar al gobierno. Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén..., eso era lo que faltaba; ya la parte de las guerras ya la estamos viendo, y ya de la conversión de los judíos a Cristo, ya se está conduciendo en parte, y esto continuará más. ...derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; porque es que si no tienen guerra con los vecinos, si no se le levantan todas las naciones, como que no van a orar; y Dios sabe porqué tiene que permitir que todos se enojen con ellos, para que oren, para que reciban el Espíritu de gracia; y entonces ¿qué va a pasar cuando pasen de lo natural a lo espiritual? ...y mirarán a mí, viene hablando Yahvé; ¿Quién era el que crucificaron, el que traspasaron? Era el propio Yahvé! ...y mirarán a Mí a quien traspasaron, y llorarán arrepintiéndose; por eso es que después del día de las trompetas viene el Yom kipur, donde todos tienen que llorar y lamentarse, porque en el plano de Dios, que está profetizado, ese ciclo de las fiestas, esa fiesta del Yom kipur, incluye la conversión de Israel.
Al final, antes de la fiesta de las cabañas, que es en el Milenio, entonces por eso dice acá: ...y llorarán como se llora por hijo unigénito. Note que esa expresión no se la inventó San Juan, no, esa la dijo Dios con sus propias palabras. El hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido. Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí. En aquel tiempo, o sea cuando ellos lloren y se arrepientan, así como cuando Jesús tipificado en José estaba por darse a conocer a sus hermanos, solo faltaba Benjamín, y por eso escribí Sefer Gitaim, y cuando ya Benjamín recibió su porción, que era el último hermanito que faltaba por ser reconocido, y José retuvo preso a Simeón hasta que llegara Benjamín, cuando llegó Benjamín, ya está llegando, Pablo mismo era de Benjamín, entonces ahí llegó la hora. En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.
Ese manantial es el reconocimiento del Mesías, porque manantiales de los otros ha habido todo el tiempo, abluciones ha habido todo el tiempo, pero no quitan el pecado ni la inmundicia; la que los quita es la sangre del Mesías. Ahí comprenderá Israel porqué tenía que haber muerto el Mesías, por qué tenía heridas en sus manos. Y en aquel día, dice Yahvé Sabaoth, quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, cuánta brujería hay todavía allá en Israel, hechicería, masonería y catolicismo, y tanta cosa, y también haré cortar de la tierra los profetas y al espíritu de inmundicia; es la falsa profecía. Dice: Y acontecerá que cuando alguno profetizare aún, le dirána dirán su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Yahvé; y su padre y su madre que lo engendraron le traspasarán cuando profetizare. Cosa seria, y lo está diciendo Dios. Y sucederá en aquel tiempo, que todos los profetas se avergonzarán de su visión cuando profetizaren; ni nunca más vestirán el manto velloso para mentir. Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra. Antes ser profeta era mejor que ser labrador; aquí estar en un kibut labrando el desierto y haciéndolo florecer será más honroso que estar con profecías falsas. ...pues he estado en el campo desde mi juventud. Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.
Hermanos, ya se va a enfriar la comida, y este capítulo que sigue aquí es demasiado largo para tratarlo hoy provechosamente; entonces vamos a dejarlo para otra vez. Dios nos ayude; hemos leído solo un pedacito, hay mucho más que leer. Oremos. Vamos a orar por Israel, vamos a orar por Jerusalén, que el Señor derrame como prometió espíritu de oración y gracia.
Querido Padre, en el nombre de Jesús, estamos viendo lo que está aconteciendo, por lo menos en una ínfima parte. Te pedimos en esta hora misericordia para con los inocentes, para los que no saben, atrapados en este torbellino sin saberlo. Sabemos que Tú nunca harás nada malo ni errado; y además, que esta vida no es la única que hay. Concede descanso a los sufrientes. Oramos en esta hora por la nación de Israel; sabemos que Tú estás ceñido como Yavhé Sabaoth, con Tus ojos abiertos, y como muro, porque serás muro a Israel. Te rogamos, Señor, que los guardes, que des sabiduría a sus líderes, a sus capitanes; y también, Señor, que tú Espíritu Santo traiga convicción a muchos para que no entren en pánico ni locura; que escojan, Señor, la sabiduría y no la necedad. Ten misericordia de Israel y de los pueblos de alrededor. Señor, Tú sabes qué es lo que tienes que hacer; no hay nadie más sabio que Tú, no hay nadie que sepa qué debe hacer; pero rogamos, Señor, que en tu ira te acuerdes de tu misericordia. Rogamos que salves a muchos; y sobre todo oramos por la conversión de Israel, oramos que derrames lo prometido, y que sigas derramando espíritu de gracia y de oración sobre Israel y los guardadores de Jerusalén. Señor, y que ellos tengan ojos para ver, y sepan quién eres Tú, que comprendan esta profecía, no solo la parte de la leña y del brasero, sino la parte del que traspasaron, el manantial purificador. Te rogamos de manera especial, en el nombre de Jesucristo, por esta hora. Ayúdanos, Señor, a entender; abre nuestros ojos, y danos Tu palabra, en el nombre del Señor Jesús; y ayúdanos a estar donde nosotros debemos estar. Señor, ayúdanos, Tu guianza sea con nosotros, que cada paso que demos Tú vayas delante de nosotros como Yahvé Nissi nuestra vanguardia, y sé también nuestra retaguardia, porque Tú decías que en la guerra de Dios nosotros debíamos dar la espalda al enemigo y mirarte a Ti, porque quien guarda nuestras espaldas eres Tú. En vano vela la guardia si Tú no guardas la ciudad, en vano trabajan los edificadores si Tú mismo no edificas la casa. Te rogamos que edifiques, Padre, en el nombre del Señor Jesús. Ayúdanos, ayúdanos, y bendice nuestro testimonio, como Tú dices que digamos esto a las naciones; ayúdanos a decirlo y llevar Tu palabra a donde tenga que llegar, y no temamos, porque bajo Tus alas no hay que temer. Ayúdanos a permanecer por la fe escondidos con Cristo en Dios, no confiando en armas humanas, porque nuestras armas no son carnales, pero sí son poderosas en Dios; un grano de mostaza de fe es un arma más poderosa. Señor, guárdanos y ayúdanos a estar de Tu parte en esta hora, en el nombre del Señor Jesús. Limpia nuestros pecados por la sangre del Cordero, amén.
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Gino Iafrancesco V., 4/01/2009, Bogotá D:C:, Cundinamarca, Colombia. Transcrito por Bety Durán y María Mercedes Lozano, revisado por el autor.
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EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS11
EL CIMIENTO
Siguiendo la serie sobre el misterio del reino de Dios, y habiendo considerado que las parábolas del Señor Jesús se refieren a los misterios del reino de los cielos, entonces vamos a ver hoy una parábola. Inicialmente quisiera que viéramos la ubicación de ella, tanto en Mateo como en Lucas, que es donde esa parábola aparece. Mateo capítulo 7, la última perícopa que registra Mateo del que ha sido llamado el sermón del monte. Capítulo 7, desde el 24 hasta el 29; pero antes de que leamos, quisiera que fuéramos un momentito al capítulo 5, donde comienza el sermón del monte. Dice: “Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:…” Entonces ahí aparecen las bienaventuranzas, la parábola de la sal de la tierra, la luz del mundo, la posición de Jesús ante la ley, la ira, el adulterio, el divorcio, los juramentos, el amor a los enemigos, la limosna, la oración, el ayuno, tesoros en el cielo, la lámpara del cuerpo, Dios y las riquezas, el afán y la ansiedad, el juzgar a los demás, la oración y la regla de oro, la puerta estrecha, por sus frutos los conoceréis, nunca os conocí; y ahí termina en el capítulo 7 la síntesis que hace Mateo de las enseñanzas del Señor Jesús en el sermón del monte; lo que ha sido dado en llamar la Constitución del Reino de los Cielos. Ya en el capítulo 8 dice: “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente”; y ahí nos damos cuenta de que lo que es el sermón del monte tiene su finalización en el pasaje de los dos cimientos, que está aquí, desde el verso 24 al 29 del capítulo 7.
Vamos entonces a Lucas también, al capítulo 6; y si leemos desde el verso 17, pareciera aparentemente como si hubiera una contradicción; no la hay, como lo vamos a ver; y por eso quise detenerme unos minutitos en ello. Dice: “Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades”. Entonces allí aparece como si estuviera hablando en un lugar llano; sin embargo, continúa con las bienaventuranzas, los ayes, el amor hacia los enemigos, y la regla de oro, el juzgar a los demás, por sus frutos los conoceréis; o sea, los mismos temas que registra Mateo los está registrando también Lucas; pero si tú regresas al verso 12 del capítulo 6, ahí ya te das cuenta de que ese lugar llano era en el monte, era un lugar llano que había en el monte, porque dice: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos”.... Verso 17: “Y descendió con ellos”; o sea, descendió de la parte más alta del monte; y mientras descendía, en la bajada había un lugar llano; no era que estaba en el puro llano de abajo, sino que era un lugar llano en el monte. Entonces no hay una real contradicción, sino solamente que cada uno lo cuenta desde su punto de vista; además, ellos no se pusieron de acuerdo, porque ellos no estaban inventándose nada; contaba cada uno las cosas como eran.
Luego llegamos al capítulo 7 de Lucas, que dice: “Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum”. Ya Capernaum es una ciudad que queda al lado del Mar de Galilea o Lago de Tiberíades o de Genesaret o de Cineret; son varios nombres del mismo lago o Mar de Galilea; entonces El entró a Capernaum, pero no estaba en Capernaum; había ido al monte, y mientras bajaba, se detuvo en un lugar llano de ese monte; por eso Mateo dice que era el sermón del monte; y aquí Lucas dice que era en un lugar llano, pero vemos que era descendiendo. Esto lo digo sólo por cuestión de las críticas que existen, aprovechando la oportunidad para que los hermanos tuvieran en cuenta esto.
Me llama la atención, ahora sí, la ubicación, en el contexto del sermón del monte, de esta perícopa, que aquí le pusieron: “Los dos cimientos”; pero realmente es un cimiento y un no cimiento; no son dos cimientos, es un solo cimiento. “Los dos cimientos” fue la última parábola que dijo el Señor Jesús en la ocasión del sermón del monte, en ese lugar llano en el monte por el cual El bajaba; y es muy interesante ubicar esa perícopa de la parábola del cimiento al final de todas las cosas. Mateo lo dice con unas palabras, Lucas lo dice lo mismo, también con algunas otras palabras; ustedes saben que ellos no tenían grabadora, ni hacían transcripciones exactas, sino que ellos se confiaban a la memoria que les daría el Espíritu Santo. Jesús dijo: El Espíritu Santo os recordará todas las cosas que yo os he dicho y os hará saber las cosas que habrán de venir; así que el Espíritu Santo fue el que recordó a Mateo algunas de las palabras, y a Lucas también algunas de las palabras; y esas palabras no son contradictorias, sino complementarias, porque seguramente esos pocos versos se hablaron en poco tiempo; por ejemplo, aquí en Lucas son cuatro versos; esos se hablan en un minuto; y seguramente que Jesús habló más de un minuto, verdad? Lo que pasa es que El habló con muchas palabras, y la esencia de lo que El dijo, y las frases que el Espíritu Santo les recordó a ellos, ellos las registraron; y Dios quiso que hubiera varios testigos; y si Dios quiso que hubiera varios testigos es porque El quiere que veamos aquella ocasión desde distintos ángulos, desde distintos ojos; y por eso yo me he propuesto hacer la síntesis, la armonía de este testimonio, porque un testigo es Mateo, el otro testigo es Lucas; a veces son los tres y hasta los cuatro; hablan de un mismo asunto; entonces aquí en esta hojita lo que yo hice fue unificar los dos testimonios, el de Mateo y el de Lucas, para tener más amplia visión de lo que el Señor habló. Ustedes lo pueden seguir en Mateo o lo pueden seguir en Lucas; y usted se va a dar cuenta de qué es lo que uno comparte que el otro no dijo; de todas maneras las dos cosas son inspiradas por el Espíritu Santo, son palabras del Señor Jesús que el Espíritu les recordó y que las ponemos juntas.
Voy a leerles la síntesis que tengo aquí; está basada en Mateo 7 desde el 24 al 29, y en Lucas 6 del 46 al 49; ustedes pueden seguir al que quieran; yo voy a ir leyendo despacio; primero, para que tengamos una visión completa uniendo los dos testimonios de una misma situación. Entonces dijo el Señor Jesús en este contexto, al final de todo el sermón del monte; estas palabras cobran más significado si nosotros sabemos en qué momento las dijo, porque las dijo después de hablar todo el sermón del monte, que fue una enseñanza, digamos, después de que El pasó la noche orando y luego bajaron a Capernaum; puede ser que pasaron un día entero allá; a veces los hermanos nos reunimos un día entero en un pequeño campamentito para compartir la palabra del Señor; y seguramente el Señor pasó un buen tiempo, después de haber orado toda la noche, y llamó a sus discípulos y se quedó en el monte a enseñarles; seguramente que El se quedó un buen tiempo, quizás mínimo un día estarían allá. Entonces, lo último que dijo fue esto; y esto que dice acá se está refiriendo a todo lo que trataron ese día; a todo lo que trataron ese día es a lo que El está llamándonos la atención aquí.
Entonces dice así, citando la versión integrada de los dos testimonios, juntándolos como hacen los jueces, que tienen que oír a un testigo, a otro, a otro, y armar el cuadro. Dijo el Señor Jesús: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quien es semejante. Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, (las del sermón del monte) y las hace, le compararé a un hombre prudente, que ed
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