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LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR JESUCRISTO

Por cristianogiv - 6 de Julio, 2006, 15:41, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (66)


LA SEGUNDA VENIDA

DEL SEÑOR JESUCRISTO


“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”. Apo. 19:11.

Comentarios de crítica textual

Hermanos amados, hoy llegamos a la segunda perícopa, que corresponde a la segunda venida de Cristo, algo tan precioso, tan esperado. Toda la Biblia esperaba por este momento: la segunda venida del Señor Jesucristo; de eso nos trata el pasaje de Apocalipsis 19:11-21. Voy a hacer una lectura de corrido del pasaje, de los diez versos, solamente para hacer el comentario de crítica textual, que es poco en este caso, pero de todas maneras vale la pena tenerlo en cuenta; y después, Dios mediante, con la ayuda del Señor, volveríamos sobre nuestros pasos para considerar los versos que vamos a leer. Apocalipsis 19:11-21: La segunda venida de Cristo: “Entonces”, en el griego es “kai”, otra vez la “Y”; se puede traducir también “Entonces”, después de la preparación de la esposa.

“11Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y en justicia juzga y pelea”. La expresión en el griego es “en”. Acerca de la expresión “se llamaba Fiel y Verdadero”, existen muchas variantes; principalmente tres variantes en los manuscritos: una dice: “y el que lo montaba Fiel, se llamaba Verdadero”; otros dicen: “se llamaba Fiel y Verdadero”; otros dicen: “Fiel y Verdadero se llamaba”; es decir, existen variantes, pero todas dicen lo mismo. Quizás el apóstol Juan lo dijo de una manera sui géneris que le pareció bien a algunos escribas corregirle, y a eso se deben esas tres variantes que hay entre los manuscritos antiguos; pero así como está aquí, yo pienso que también está correcto: “se llamaba Fiel y Verdadero y en justicia juzga y pelea. 12Sus ojos eran [como] llama de fuego...”; la palabra “como” hay que colocarla entre paréntesis cuadrados, “[como] llama de fuego”. Cuando en la edición crítica aparece una palabra entre paréntesis cuadrados significa que algunos manuscritos la tienen, otros no la tienen y no se logra saber con exactitud si fue agregada o fue quitada; entonces se expresa esta situación de los manuscritos antiguos colocando la palabra entre paréntesis cuadrados; o sea, la palabra “como” aparece en unos manuscritos y no aparece en otros, y a los eruditos les ha sido muy difícil saber; porque a veces se puede saber si algo fue agregado, si algo fue quitado; pero aquí no se sabe; es la palabra “os”, “como”; unos la tienen, otros no; por eso en las ediciones de crítica textual aparece entre paréntesis cuadrados. “Sus ojos eran [como] llama de fuego”, o “Sus ojos eran llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13Y...”; ahí falta la palabra “Y” en el verso 13, otra vez la palabra “kai”. “13Y estaba vestido de una ropa salpicada de sangre (algunos la traducen “salpicada”, otros la traducen “teñida”, pero parece que la más antigua es “salpicada en sangre”); y su nombre es: El Verbo de Dios. 14Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino fino finísimo, blanco y puro (esa palabra “limpio”, la palabra es “cátaro”, puro, “blanco y cátaro”), le seguían en caballos blancos”. De nuevo el verso 15 tiene la letra “Y”. “15Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las pastoreará (allí la palabra no es “regirá”, sino “pastoreará”, del verbo poimen, de pastor) con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16Y en su vestidura y en su muslo (esta palabra que se traduce “vestidura” se puede traducir más exactamente “manto”) tiene escrito este nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores. 17Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, 18para que comáis carnes de reyes y de kiliarcas (aquí la palabra “capitanes”, es traducida del griego kiliarcas, denotando un comandante de mil soldados; de kilos, mil, y arcos, regir, gobernar),  y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. 19Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. 20Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzado vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. 21Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”.


Esta es la perícopa correspondiente a la segunda venida del Señor. De esta segunda venida del Señor se ha hablado también en otros pasajes; por lo tanto, conviene leer esos pasajes para tenerlos juntos.


El Señor afirmará sus pies en el monte de los Olivos

Vamos a leer principalmente dos: uno que está en Zacarías donde aparece la venida de Jehová o de Yahveh con todos los santos, que es esta segunda venida de Cristo de Apocalipsis 19; también lo veremos después en la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses. Vamos primero a Zacarías capítulo 14 donde ya se había anunciado la venida del Señor con todos los santos. Zacarías 14:4: “Y se afirmarán sus pies en aquel día...”; este “sus” se refiere a Jehová, a Yahveh, mostrando cómo la venida de Cristo es la venida de Yahveh, del mismo Dios. En el verso 3 había dicho: “Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla”.

Ustedes recuerdan que estudiamos la séptima copa donde esto acontecía; entonces después de la séptima copa ya es la consumación, la venida del Señor, porque los capítulos 17, 18 y comienzos del 19 son un esclarecimiento de la Babilonia mencionada en la séptima copa. “4Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. 5Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá (ese terremoto es el último gran terremoto que aparece en la séptima copa); y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”.


Cristo regresará con los santos resucitados

Entonces aquí se habla de una venida del Señor con todos los santos; y en el verso 4 había dicho que el Señor pondría sus pies sobre el monte de los Olivos. Ya por la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses sabemos que los santos que estén o que estemos vivos cuando el Señor venga, en la resurrección y arrebatamiento de la Iglesia, no precederemos a los que durmieron antes que nosotros, sino que los muertos en Cristo resucitarán primero; o sea, el Señor toma a los santos que están descansando en Cristo y los resucita, y los trae con Él, como decía 1 Tesalonicenses 4:14: “Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”. Por eso es que en Lucas capítulo 12 se dice de cuando el Señor regrese de las bodas; le está hablando a los siervos que estén vivos para esperarle a Él cuando Él venga; sin embargo habla de cuando regrese de las bodas; ¿por qué? porque Él ya viene con los santos resucitados; por eso se puede decir: “venga de las bodas”, y no decir sólo: venga a las bodas. Se puede decir venga de las bodas porque Él ya tomó a los santos que murieron en Cristo; “traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él”; entonces es la venida del Señor con todos los santos. Cuando llegue a las nubes, Él trae los muertos; y cuando llegue a las nubes, nosotros, los que estemos vivos, o los que estén vivos en Cristo, serán arrebatados para recibir al Señor en el aire y entonces estar con Él siempre; y Él no viene a quedarse en las nubes; Él viene a poner los pies en el monte de los Olivos, a establecer el tribunal de Cristo y el juicio de las naciones: el Milenio. Entonces esta venida del Señor con todos los santos que dice Zacarías 14:6, es la misma de Apocalipsis 19, y es la misma de 1ª a los Tesalonicenses, y la misma de 2ª a los Tesalonicenses.

La expectativa de la venida del Señor

Vamos entonces a esas dos cartas de Pablo a los Tesalonicenses, para recordar que Pablo enseñaba a la iglesia la expectativa de la venida del Señor con todos los santos. Pablo enseñaba esa expectativa; él no enseñaba otra expectativa; Pablo no le está escribiendo a los Tesalonicenses como si ninguno de los Tesalonicenses fuera a ser un vencedor y fueran todos los derrotados que se quedan después, no; Pablo le está hablando normalmente a la iglesia; y ¿qué le dice Pablo a la iglesia? ¿Qué expectativa le enseña Pablo a la iglesia? la expectativa que él enseñaba es la siguiente: 1 Tesalonicenses 3:13: “Para que sean afirmados vuestros corazones (eso es a la iglesia), irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”. Esta expresión de Pablo: “la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”, tiene nacimiento en la que acabamos de leer en Zacarías: “Vendrá Jehová mi Dios y con él todos sus santos”. Entonces Pablo está identificando la venida en Zacarías con todos los santos, con la que él le enseña a la iglesia a esperar.

Eso fue lo que también el apóstol Juan, cuando comenzó el Apocalipsis, le enseñó a la Iglesia. Lo primero que dijo fue: “7He aquí viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron”, etc.; esa es la expectativa que introdujo el apóstol Juan; esa es la expectativa que introdujo el apóstol Pablo. Y luego entonces en el capítulo 4, habiendo ya dicho en el 3:13 de la venida del Señor Jesucristo con todos sus santos, entonces por eso Pablo dice ahora en 1 Tesalonicense 4:14: “14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor...”; es decir, lo que va a hablar en el verso 15 es una explicación del verso 13, y también del 13 del capítulo 3; en el 3:13 y en el 4:13 habla de la segunda venida del Señor con todos los santos. Luego dice aquí en el 4:14: “así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (¿cuál? la venida; él está hablando de la única, de la que acaba de hablar en 1 Tesalonicenses 3:13 y 4:13), no precederemos a los que durmieron”.

El Espíritu Santo enseña que antes de esa venida del Señor con todos sus santos, no precederemos a los que durmieron; inclusive el mismo Pablo, un vencedor, no precederá a los que durmieron; no les precederán, sino que los muertos en Cristo resucitarán primero.

“16Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Recibirlo porque Él viene a la tierra; Él viene a poner los pies en el monte de los Olivos; pero antes de que el Novio llegue a poner los pies en el monte de los Olivos, la novia sale corriendo a recibirlo en el aire, porque Él viene de la diestra del Padre a los aires, y allí lo recibe la esposa para estar con Él; y de allí desciende con Él, porque ahora ella forma parte de todos los santos, los resucitados, los transformados ahora también que descienden a poner los pies en el monte de los Olivos.


La parábola del siervo infiel

Entonces cuando Él venga, cuando haya puesto Sus pies en el monte de los Olivos, es que va a llamar a Sus siervos, a juzgar a Sus siervos, a darles un lugar; eso lo dice en Lucas capítulo 12, que es cuando Él venga que va a juzgar a los siervos; entonces ese es el tribunal de Cristo. El tribunal de Cristo es al que se refiere el capítulo 12 de Lucas cuando habla del siervo infiel; primero habló del siervo vigilante, ¿verdad? Que deben ser todos los que estemos vivos cuando venga el Señor; y luego continúa hablando del siervo infiel en el versículo 41.

Vamos al Evangelio de Lucas 12:41: “41Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola (la del siervo vigilante, la que está registrada en Lucas 12:35-40) a nosotros, o también a todos? 42Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente (aquí está hablando a los siervos, no a todo el mundo; esta parábola es para los siervos, los creyentes) al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? 43Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga...”; ¿dónde está hablando el Señor? está hablando en la tierra, está hablando que Él va a venir otra vez a la tierra. Claro que Él llega primero a las nubes, claro que lo encontramos en las nubes, pero Él no se queda en las nubes, Él desciende de las nubes con todos sus santos, los que ya habían muerto y los que fueron transformados en su venida que lo recibieron en las nubes; vendrá y pondrá Su pie en el monte de los Olivos; entonces, cuando Él venga, el juicio comienza por la casa de Dios. Primero comienza con nosotros en esta vida; gracias al Señor que somos juzgados y corregidos de nuestros pecados aquí para no serlo allá, ¿amén? 43Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 44En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes”.


El tribunal de Cristo

No hay un verso específico, que lo diga de una manera explícita, que el tribunal va a ser en las nubes; se dice que va a ser en Su venida; o sea, cuando el Señor venga; entonces es cuando Él venga que compareceremos sus siervos primero ante el tribunal de Cristo a ver quiénes van a reinar en el Milenio sobre dos ciudades, sobre cuatro, sobre diez, sobre cuáles; y después, dice el capítulo 25 de Mateo, se sentará a juzgar las naciones; o sea, aquellos sobrevivientes de las naciones que sobrevivieron a la gran tribulación, sobre los cuales van a reinar los vencedores de la Iglesia. Entonces hay el tribunal de Cristo que es para la Iglesia, para que los vencedores tomen su posición en el reino de los cielos, en el Milenio; pero el juicio de las naciones de Mateo 25, es de las naciones, no de la Iglesia. Ese juicio de las naciones es por haber ayudado o no a los pequeñitos del Señor.

“37Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?” ¿cuándo te vimos? “40De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”; o sea, los suyos; entonces ahí están las naciones. Algunas entrarán al reino para que sobre ellas reinen los vencedores de la Iglesia; y los otros irán al fuego.


El juicio de las naciones

Entonces hay el tribunal de Cristo, que es para la Iglesia, para que los vencedores tomen su galardón, y el juicio de las naciones que sobreviven, porque dice Zacarías que las dos terceras partes serán destruidas y una tercera parte sobrevivirá. Entonces esos que sobreviven, sobre los cuales reinarán los vencedores, son los que serán juzgados en el juicio de las naciones de Mateo 25, donde Él dice: “34Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubriste; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. Esos son los de la derecha; venid al reino preparado para vosotros. En cambio, para los vencedores dice así: “26Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 27y las regirá con vara de hierro”. Los vencedores de la Iglesia rigen las naciones, en cambio las naciones que son juzgadas, las ovejas que ayudaron a sus siervos, el Señor no las dejará sin recompensa; ni un vaso de agua fría lo dejará sin recompensa. Algunos sobrevivirán a la gran tribulación y entrarán a formar las naciones sobre las que reinarán con vara de hierro los vencedores.

Entonces en la venida del Señor habrá primero el tribunal de Cristo para la Iglesia, segundo el juicio de las naciones para los sobrevivientes; el juicio del trono blanco recién viene después del Milenio, que es para juzgar a todos los muertos, los que no resucitaron en la primera resurrección, que son millares y millares de personas. De manera que son tres juicios: 1) el tribunal de Cristo; 2) el juicio de las naciones para entrar al Milenio, para ser el pueblo sobre el cual gobernarán los vencedores; y 3) el Juicio del Trono Blanco al final después del Milenio.


El juicio ante el tribunal de Cristo es cuando Cristo venga; por eso en Lucas 12:43, dice: “43Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 44En verdad os digo que lo pondrá sobre todos sus bienes”. ¿Cuándo? Cuando el Señor venga; entonces ahí si halló a sus siervos siendo fieles, los pondrá sobre sus bienes.

“45Mas si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, 46vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe (como el caso de las vírgenes insensatas), y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles”.

Estos son siervos de Dios, pero que lo que hicieron fue pelearse, dedicarse a la carne; entonces recibirán castigo con los infieles; o sea, los siervos infieles no reinarán en el Milenio, sino que serán castigados; por eso dice: castigo. “47Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”. No sólo hay que hacer la voluntad del Señor, sino prepararse para hacerla. “48Mas al que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco (aquí hay una medida; no habla de eternidad; habla de mucho y de poco, como había dicho el Señor en otro lugar: “no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante”); porque a todo aquel a quien se haya confiado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se la haya confiado, más se le pedirá”.


Entonces este juicio es cuando el Señor venga; no dice exactamente la palabra si va a ser en los aires o si va a ser en la tierra. Yo me imagino que va a ser en la tierra, porque es más lógico que sea en la tierra; el juicio primero empieza por la casa de Dios y luego sigue por las naciones.


Venida del Señor con los ángeles

Vamos a la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses. Allí también habla de la venida del Señor, de la misma que había hablado en la primera; pero ahora habla del aspecto, ya no de los santos, sino de la venida con los ángeles. Leemos en 2 Tesalonicenses 1:6: “6Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, 7y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros (¿cuándo? ¿Cuándo es el reposo para los santos atribulados?), cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución...”; noten, en el mismo momento que Él se manifiesta para dar retribución, es cuando da reposo; algunos ponen el reposo antes y la retribución después, pero aquí la palabra dice cuándo nos dará reposo: “cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución (ese es el mismo momento en que los santos reciben reposo y los otros reciben retribución) a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (¿cuándo?), 10cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos”; noten que es la misma venida; Él traerá retribución cuando venga para ser glorificado en Sus santos; es decir, cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste en nuestro cuerpo mortal que será semejante al cuerpo de Su gloria; ese es el momento de la resurrección y la transformación de los vivos. “10Cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)”.

Reunión en lo alto con el Señor

Acerca de esta venida es de la que habla 2 Tesalonicenses 2:1: “1Pero con respecto a la venida (de la que está hablando en el capítulo 1, habla de una sola, la venida) de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él (episinagogia, no es sólo sinagogia; no es sólo reunión, es reunión en lo alto, episinagogia), os rogamos, hermanos, 2que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca (o ya llegó). 3Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.

Vemos, pues que la venida del Señor y nuestra reunión con Él en lo alto no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el anticristo. Por eso es que Apocalipsis 19 es 19; el anticristo aparece en el 13, aparece durante las copas, pero todavía en la sexta copa se está diciendo: “15He aquí, yo vengo como ladrón”; y en la séptima copa ya es el terremoto previo, el gigantesco; pero es después de la séptima copa que se consuma la ira donde el Señor viene; es en la séptima copa donde se juzga Babilonia, la gran ramera, y donde es preparada la esposa.


El Señor viene a juzgar

Teniendo en cuenta lo que acabamos de leer en Zacarías y las dos epístolas a los Tesalonicenses, volvamos a Apocalipsis 19:11: “Entonces”, es ese “Y” que también se puede traducir “Entonces”.

¿Cuándo es la venida del Señor? Acababa de decir que la esposa se había preparado, pero ¿cuándo aparece la esposa preparada? Después del juicio de la gran ramera. ¿Cuándo es el juicio de la gran ramera? En la séptima copa. En la séptima copa es el juicio de la gran ramera; y entonces, después del juicio de la gran ramera, que se describe hasta el capítulo 19:4, en el verso 5 se comienza a describir la preparación de la esposa; y cuando la esposa se ha preparado: “11Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba Fiel se llamaba Verdadero, y en justicia juzga y pelea”. El Señor viene a juzgar; aquí la palabra clave es “juzga”; ahora viene a juzgar. Hasta este momento Él es abogado, pero cuando Él viene ahora, viene como juez; ahora la palabra es juez. “12Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas”; por eso es que ese canto dice:

“No desmayes, siguiendo la carrera,
que al fin te espera un grande galardón;
y recuerda a lo largo del camino
que tu destino es junto a tu Salvador;
allí te espera con gloria inmarcesible,
inconfundible, tu Redentor;
y en Su cabeza (la de él),
las diademas de gloria,
que Su victoria, de ti Él recogió”.

Hacernos uno con el Señor

¿Qué quiere decir esa frase: “las diademas de gloria, que Su victoria de ti Él recogió?” porque nosotros lo coronamos cuando lo reconocemos Señor; por eso es que dice que en Su cabeza hay muchas diademas; o sea, cada persona que lo reconoce como Señor, que se somete a Él, que se hace uno con Él, es alguien que está colocando una diadema en el Señor, lo está coronando. Por eso dice en Cantar de los Cantares que Él fue coronado en el día de Su desposorio; ¿recuerdan que así dice Cantar de los Cantares? Que fue coronado en el día de Su desposorio. Aquí en el principio del capítulo 19 de Apocalipsis están las bodas del Cordero. ¿Qué son las bodas? Cuando se hacen uno, cuando nos negamos a nosotros mismos y vivimos para Él, y somos uno con Él; ese es el momento real de la boda espiritual, en lo interior, en lo real; es hacerse uno con Él.

Cuando nos hacemos uno con Él, cuando Él es el Señor, entonces es cuando lo estamos coronando, lo estamos reconociendo como el Señor; porque si decimos: Señor, Señor, y no hacemos lo que Él dice, lo estamos coronando de espinas, de dolores, pero no de gloria. Pero estas son diademas de gloria que de nosotros Él recoge.


Cuando nosotros lo adoramos, cuando nos sometemos a Él, cuando somos uno con Él, es cuando en verdad estamos coronando al Señor; como decíamos: “Reina, Señor”; estamos diciéndole que Él reine, ¿amén? Dice allí en el verso 12: “y había en su cabeza muchas diademas”; eso se refiere a la coronación de parte de Su pueblo; ahora es que hay que ir preparando esas diademas, ¿amén? que Él se pueda poner una diadema por cada uno de nosotros, por cada uno de sus súbditos.


Los nombres de Dios

Y dice: “y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo”. En la palabra del Señor aparecen varios nombres de Dios: aparecen nombres simples y nombres compuestos: Yahveh, Elohim, Adonai, El-Shaddai, El-Olam, o sea, el Eterno, el Altísimo; y también aparecen nombres compuestos: Yahveh-jireh, Yavheh-rapha, Yavheh-nissi, Yahveh-ra’ah, Yavheh-shalom, Yavheh.tsidkenu, Yavheh-shamma, nombres compuestos de Dios, Yahveh-sabaoth, Jehová de los ejércitos. Cada nombre representa un aspecto de Él; pero así como a cada uno de los escogidos, como dice la recompensa que aparece allí en Pérgamo, le dará una piedrecita blanca en la cual está escrito un nombre que ninguno conoce, sino el que lo recibe, el nombre expresa la esencia de lo que la persona es. Ahora nosotros estamos en proceso, pero un día llegaremos a ser nuestro destino definitivo.

Un nombre nuevo

El Señor tiene para nosotros un nombre que expresa aquello que nosotros somos; o sea, recibimos como recompensa un nombre que nadie lo conocerá porque no hay repetidos para el Señor; cada uno sabe quién es para el Señor y cómo lo llama el Señor, y con ese nombre expresa lo que la persona es; pero asimismo, Él también tiene un nombre que nadie lo conoce; solamente Dios conoce quién es Su Hijo, y sólo Él conoce lo que Él es. Nosotros necesitaremos la eternidad para conocerlo; siempre habrá algo por delante que nos falte por conocer; solamente Él se conoce; por eso el nombre que expresa todo lo que Él es, y que conoce de sí mismo, y que nosotros nunca terminaremos de conocerlo; por eso nadie lo conoce sino Él mismo.

Hoy conocemos Su nombre Redentor: “Jesús”; pero Él habla de un nombre nuevo. Vamos allí a las recompensas que Él da a las iglesias. Dice a Filadelfia lo siguiente; la recompensa para Filadelfia; Apocalipsis 3:12: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”. Vemos que el Señor tiene un nombre nuevo que expresa todo lo que Él es; pero ese nombre nadie lo conoce sino Él mismo; sin embargo, escribirá su nombre nuevo sobre los vencedores; los vencedores de Filadelfia tendrán ese nombre escrito, aunque no comprenderán la profundidad de lo que significa; sólo el Señor sabrá lo que significa, ¿amén? Es como cuando un padre le está diciendo cosas a su niño, que el papá entiende pero el niño no; él sabe qué son cosas muy preciosas que le dice con mucho cariño, pero el niño no entiende, sólo el padre entiende; así también el Hijo tiene un nombre; ese es el nuevo nombre del Señor.



Dice: “tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 13Y estaba vestido de una ropa salpicada...”, o teñida. ¿De dónde viene esta expresión? Viene de Isaías 63. Cuando vimos lo relativo al Armagedón vimos este pasaje. Pero como aquí tiene que ver, leámoslo de nuevo. Isaías 63:1: “1¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. 2¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como el que ha pisado en lagar? 3He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo”; de los pueblos, ningún pueblo; en cuanto a pueblo, estaban en contra; personas de entre los pueblos estaban con Él, pero no los pueblos en sí. Por eso ese canto que dice: “las naciones unidas como hermanas”, yo no lo canto así; yo lo canto: “las iglesias unidas como hermanas, bienvenida daremos al Señor”. Dice: “de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas”.

Por eso, en base a la palabra “salpicar” de Isaías 63:3, algunos manuscritos dicen “salpicar” y otros dicen “teñir”; “y manché todas mis ropas. 4Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado”. Aquí vemos las dos cosas juntas: venganza para sus enemigos, porque la gente se olvidó de Dios, de su propio Creador, y ofendió el Espíritu de gracia, rechazó Su redención, Su misericordia, entonces no le queda sino juicio; por eso dice: “con justicia juzga y pelea”. También trae redención para los Suyos.


Le siguen los ejércitos celestiales

Volvamos a Apocalipsis 19:13: “13Estaba vestido de una ropa salpicada en sangre, y su nombre es: El Verbo de Dios”. Y ahora miren por qué el verso 14 lo dice en plural: “Y los ejércitos celestiales...”; más abajo dice: “el ejército”; cuando habla en el verso 19 dice: “Su ejército”, lo dice en singular; pero en el verso 14 lo dice en plural: “los ejércitos celestiales”; no sólo el ejército celestial, sino los ejércitos. Ya hemos visto que el Señor viene con todos los santos, ese es un ejército; pero también viene con los ángeles de Su poder; ese también es otro ejército; por eso habla en plural, “los ejércitos celestiales”.

Esto de la venida del Señor, vamos a leerlo de manera literal en Mateo 24:31: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán (están juntos los ángeles y los escogidos, unos juntando a los otros) a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”; porque la mayoría de los escogidos están en el paraíso, en el tercer cielo, por eso dice que los recogerá desde un extremo del cielo hasta el otro. Otro evangelista ya dice “del cielo y de la tierra”, incluyendo a los que están vivos todavía en la tierra; pero Mateo habla del cielo; Marcos ya incluye la tierra también; por eso es en plural, “los ejércitos celestiales (hay el ejército de los escogidos), vestidos de lino finísimo, blanco, puro (cátaro), le seguían en caballos blancos. 15Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones (me gusta que aquí usa la palabra “herir”, no “matar”, porque ciertamente sobrevivirá una porción para que  sobre esos que sobreviven entre las naciones, reinen los vencedores de la Iglesia), y él las pastoreará (Él viene a guiar a esos sobrevivientes de las naciones durante el Milenio) con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. Lo mismo que leímos en Isaías 63. “16Y en su manto (la palabra más exacta es “manto”) y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores”.


El festín sacrificial de Yahveh

Y ahora viene la parte de la que ya se había hablado también en Ezequiel. En Ezequiel 39 está lo que aquí en Apocalipsis 19 tiene su terminal. Ezequiel 39:17-21: “17Y tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor: Di a las aves de toda especie, y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid; reuníos de todas partes a mi víctima que sacrifico para vosotros, un sacrificio grande sobre los montes de Israel; y comeréis carne y beberéis sangre. 18Comeréis carne de fuertes, y beberéis sangre de príncipes de la tierra; de carneros, de corderos, de machos cabríos, de bueyes y de toros, engordados todos en Basán. 19Comeréis grosura hasta saciaros, y beberéis hasta embriagaros de sangre de las víctimas que para vosotros sacrifiqué.

20Y os saciaréis sobre mi mesa, de caballos y de jinetes fuertes y de todos los hombres de guerra, dice Jehová el Señor. 21Y pondré mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán mi juicio que habré hecho, y mi mano que sobre ellos puse”. A eso se refiere aquí Apocalipsis 19:17: “17Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid y congregaos a la gran cena de Dios”; aquí cuando dice: “a la gran cena de Dios”, se está refiriendo a la que ya Dios había hablado antes; por eso se refiere a algo conocido. “Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, 18para que comáis carnes de reyes y de tribunos (kiliarcas), y carnes de fuertes, carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes”.


Ejércitos reunidos contra el Señor

Entonces ¿cuáles son estos ejércitos que van a ser comidos por las aves y las fieras de la tierra? Aquí dice: “19Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos...”. Hermanos, en estos tiempos finales, cómo debemos cuidar que nuestros hijos no sean enrolados contra Cristo, porque los reyes de la tierra, con sus ejércitos, se van a unir a la bestia para resistir la venida de Cristo. Ya les he hablado en ocasiones pasadas de cómo los luciferianos lo dicen claramente en el libro de los luciferianos que se llama “El cordón dorado”, donde ellos hablan claramente de recibir la segunda venida de Cristo con bombas de neutrones; o sea que esto de Naciones Unidas, la gente está pensando que se reúnen para un gobierno mundial, para la paz y la seguridad, pero Satanás los está engañando. Satanás quiere reunir a las naciones, un gobierno mundial para juntarlos todos allá, parece contra Israel; allá se reúnen todos los ejércitos, pero la intención de Satanás es volver sus armas contra el Señor; pero ¿qué es para el Señor una bomba de neutrones? Es como un fosforito; si hizo el sol, que es como millones de bombas de neutrones, lo puede apagar de un soplo; pero hasta ese punto el diablo quiere engañar a la gente, es el padre de la mentira; entonces por eso dice: “Y vi la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos...”; hermanos, hacia esto se dirige el mundo. Ustedes ¿quieren saber para qué se está preparando el mundo, para qué se está uniendo, para qué hay Naciones Unidas, para qué hay tribunal internacional, para qué hay pactos de defensa, etc.? es para esto: “19Y vi la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos (por favor, que sus hijos no estén ahí), reunidos (reunidos ¿para qué? ¿Para la paz y la seguridad del mundo? No, hermanos) para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército”. Esos son los ángeles de Su poder; aquí ya dice en singular.

Derrota de la bestia y el falso profeta

Y Ahora llegamos a los dos últimos versos acerca de los cuales tengo que hacer una explicación, porque si seguimos la versión Reina-Valera según está traducida la versión de 1960, aparece una supuesta contradicción. No hay tal contradicción en el griego, pero si tú lo lees así como está traducido, a lo mejor el traductor usó en una parte una palabra más de la cuenta, que ahora les voy a decir qué palabra usó, y luego aparece el anticristo en 2 Tesalonicenses 2:8 como matado por el Señor, y aquí aparece como echado vivo al lago de fuego; entonces aparenta una contradicción que no la hay, como lo vamos a ver ahora. Dice Apocalipsis 19:20: “Y la bestia fue apresada”; noten, cuando venía el Señor, se reunieron todos, pero vino el Señor, y Él pisó el lagar y apresó la bestia; ¿por qué la apresó, hermanos? Porque es que la bestia fue la máxima expresión de rebelión contra la autoridad de Dios; entonces no va a descender muerta al lago de fuego, sino viva. ¿Recuerdan cuando Datán, Coré y Abiram se rebelaron contra la autoridad de Dios? ¿Qué les ocurrió? Se abrió la tierra y descendieron vivos al Seol; pero el anticristo y el falso profeta no van a descender muertos, sino vivos; y no al Seol, sino al lago de fuego, que esa es la muerte segunda. Esa sí será su muerte; el lago de fuego es la muerte segunda; pero descenderán como Datan, Coré y Abiram descendieron vivos al Seol. La bestia y el falso profeta descenderán vivos al lago de fuego, a la Gehena.

Lanzados vivos a la Gehena

“20Y la bestia fue apresada (por eso la palabra es “apresada”), y con ella el falso profeta”. Cuando dice la bestia, se está refiriendo al personaje del anticristo que gobierna al mundo; y cuando dice: el falso profeta, se está refiriendo también a un personaje, no solamente a un imperio, sino a un personaje líder que dirigirá la adoración hacia la bestia; o sea, tendrá poder religioso, además de militar, político y económico; “y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia (la marca de la bestia es un engaño), y habían adorado su imagen”. Ayer leí un artículo donde ya se está promoviendo la implantación del microchip; una periodista se lo hizo implantar y ya está promoviéndolo por todas partes. ¡Cosa terrible! “que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen (icono es la palabra en griego). Estos dos fueron lanzados vivos (así como Datan, Coré y Abiram, porque fueron la expresión de la rebelión a la autoridad) dentro de un lago de fuego que arden con azufre”. Este lago de fuego es la Gehena, ya no es el Seol. Datan, Coré y Abiram descendieron al Seol, pero éstos a la Gehena, a la muerte segunda; porque más adelante dice que la Gehena es la muerte segunda, como ustedes lo pueden encontrar en Apocalipsis 20:14: “Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”.

La bestia y el falso profeta sí mueren, pero no mueren con la venida del Señor, sino que son apresados, anulados, hechos impotentes, que eso es lo que dice Tesalonicenses en el griego. Entonces la palabra que aquí dice el versículo 21: “Y los demás fueron muertos”, estos sí fueron muertos. La palabra aquí “muertos”, es apektanzesan, afectados de tanatos, de muerte; esa es palabra que aquí aparece “muertos”. “21Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos”.


Una aparente contradicción

Vamos a 2 Tesalonicenses 2:8. Venía hablando del anticristo desde todo el capítulo 2; habló del hijo de perdición ¿verdad? y luego dice el versículo8: “Y entonces”, o sea, cundo sea quitado de en medio el que impide, o sea, cuando el imperio romano salga, entonces surge el cuerno que le sigue al imperio romano. Mientras estaba Babilonia no podía manifestarse Persia; cuando fue quitado de en medio Babilonia, surgió Persia; mientras estaba Persia estaba detenido Grecia; cuando fue quitada de en medio Persia, vino Grecia; cuando fue quitado de en medio Grecia, vino Roma; ahora estaba Roma, y la profecía decía que a Roma le tenían que salir diez cuernos, y que entre esos cuernos le tenía que salir el cuerno blasfemo, que es el anticristo; pero mientras esté el tiempo de Roma, todavía no es el tiempo del anticristo. Es necesario que Roma sea quitado cuando el tiempo del anticristo llegue. Lo dice el contexto en el verso 7: “7Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad (en el tiempo de Pablo); sólo que hay quien al presente lo detiene (mientras está Roma en su debido tiempo, no es el tiempo del anticristo), hasta que él (Roma) a su vez sea quitado de en medio”. Claro que Pablo no va a decir: Roma va a ser quitada de en medio; la carta tiene que ser críptica; los cristianos entendían, pero cuando Roma salga es el tiempo del anticristo. “8Y entonces (cuando sea su tiempo) se manifestará aquel inicuo (el anticristo, la bestia, el hijo de perdición), a quien el Señor matará (anelei, dice el verso; no usa la palabra: apetanteson; donde usó la palabra tanatos, usa ahora la palabra anelei, o sea, la palabra anular, de donde viene anular, o sea, nulificarlo; por eso dice: fue apresado; aquí el traductor tradujo “matará”, pero dice que fueron apresados y echados vivos, y aquí lo que dice no es la palabra tanatos; no aparece esa raíz en el verbo, sino la raíz anelei, que quiere decir: anular, lo anulará, lo nulificará, lo neutralizará) con el espíritu de su boca”.

Cuando dice aquí esta traducción de Reina-Valera de 1960: “destruirá con el resplandor de su venida”, la palabra “destruir”, es del verbo apolio, de destructor. Pero aquí en 2 Tesalonicenses 2:8, no es el verbo apolio, sino catarteseis, que quiere decir: reducirlo a impotencia; entonces el verbo que se usa no es apolio sino catarteseis. Mirando el griego anelei, y catarteseis, concuerda con Apocalipsis; si no, pareciera que hubiera una contradicción, que aquí lo mata y allá lo lanza vivo; pero cuando tú ves el verbo anelei, lo anulará, y catarteseis, lo reducirá a impotencia, ahí sí es cuando son lanzados vivos como Datán, Coré y Abiram, pero ahora al lago de fuego.


Y cuando dice: catarteseis, o sea, lo reducirá a impotencia, “con la epifanía de su parusia” (aquí dice: “con el resplandor de su venida”), algunos quieren decir que la parusia es una cosa y la epifanía es otra; pero aquí en este verso en el griego están las dos cosas en la misma: “con la epifanía de su parusia”; lo que aquí se traduce “resplandor” es “epifanía”; lo que aquí se traduce “venida” es “parusia”; las dos cosas son la misma; la epifanía y la parusia es la misma cosa. Entonces esta venida a que se refiere aquí del Señor para derrocar, anular, reducir a impotencia, nulificarlo, apresarlo y lanzarlo vivo al lago de fuego, esa venida de que está hablando 2 Tesalonicenses 2, es la misma de 1 Tesalonicenses 3:13, 4:13 y la misma de Zacarías 14, y la misma de Apocalipsis 19.


Terminemos leyendo 2 Tesalonicenses 2:9: “9Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden (los que se pierden son los engañados; dice que los que no tenían su nombre en el libro de la vida fueron los que recibieron la marca; ¿por qué se pierden?), por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. No creyeron, se mantuvieron en sus pecados. “11Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”.


En estos días he estado estudiando a Jung, uno de los gurúes de la nueva era, y realmente está tratando de imponer otra religión; o sea, calificando para el poder engañoso con que se engaña a la gente en la nueva era. ¡Qué cosa terrible!


Hermanos, hasta aquí esta segunda perícopa de Apocalipsis 19, de la venida del Señor Jesús. Vamos a orar. ☐


Continúa con: El Milenio.

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