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EL DESCENSO DE CRISTO AL HADES Y AL TÁRTARO

Por cristianogiv - 10 de Julio, 2006, 14:22, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (31)

EL DESCENSO DE CRISTO

AL HADES Y AL TÁRTARO


“Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía”. Apocalipsis 6:8.

Escuelas de interpretación

Vamos a continuar estudiando la palabra del Señor en esta noche. Estamos siguiendo la serie del libro del Apocalipsis y hemos llegado al cuarto sello donde vimos aquel jinete pálido cuyo nombre era “Muerte” y que el Hades le seguía. Consideramos ya lo relativo al jinete “muerte” y aquellos instrumentos con los cuales mata, y luego nos detuvimos en la frase “y el Hades le seguía”, y estuvimos haciendo un seguimiento de todos los versículos de la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, donde la palabra Seol y Hades, que es lo mismo, una en hebreo y otra en griego, aparecía en la Escritura; pero aunque leímos todos los versículos que hablan del Seol o Hades, sin embargo, necesitamos considerar otras cositas más para que no nos quede incompleta la visión acerca del Hades que es el Seol también.

Vimos que antes de la venida del Señor Jesucristo, la Biblia nos revela ciertas cosas acerca del Hades, debajo de la tierra; pero también el Señor Jesús descendió al Hades, y hay otros versículos que nos dicen qué hizo el Señor en su descenso al mundo inferior. Necesitamos también tener presentes esos versos porque tenemos que ver qué aconteció en el Hades a partir del descenso del Señor; sin embargo, tenemos que reconocer que en este asunto del descenso del Señor al Hades hay en la historia del cristianismo varias escuelas; de mi parte yo no quiero ser dogmático porque uno siempre puede equivocarse; no somos los únicos que tenemos el Espíritu Santo, ni somos los únicos ni los primeros en leer la Biblia; por lo tanto, no debemos ser tan dogmáticos; debemos respetar las otras escuelas, tenerlas en cuenta, y cada uno claro, definirse, si puede definirse todavía, por aquella escuela que le parezca más cercana.


Agustín de Hipona. Respecto del descenso del Señor al Hades, tenemos la escuela católico-romana, tenemos la escuela ortodoxa oriental, tenemos la escuela luterana, tenemos la escuela de los reformadores radicales, tenemos la escuela calvinista reformada, tenemos la escuela arminiana y tenemos la escuela de los llamados estudiantes de la Biblia que siguen siendo los llamados testigos de Jehová y los adventistas; entonces hay varias escuelas. Yo quisiera resumirles por lo menos a grandes rasgos; darles unos pequeños datos y unas pequeñas diferencias que hay entre esas escuelas; y lógicamente que a la luz de la Palabra tengo que tomar una decisión que no la tomo de manera dogmática, sino siempre abierta al consejo del resto del cuerpo de Cristo. Dentro de la escuela católica permaneció durante 1000 años el pensamiento de Agustín de Hipona; Agustín de Hipona fue un gran líder del siglo IV, del norte de África, de lo que hoy es Argelia, y él escribió sobre muchos temas, fue muy valorado lo que él enseñó porque realmente fue un hermano muy serio y que abarcó muchos asuntos; por lo tanto, aunque otros también hablaron y escribieron, lo que él escribió tuvo como mayor peso; eso no quiere decir que sea infalible; hay cosas en las cuales, a pesar de respetarlo mucho, no concordamos con él; podemos tener un punto de vista diferente; de todos modos el Espíritu Santo ha ido enseñando a la Iglesia y ha ido aclarando cosas con el tiempo, aunque la Escritura es siempre la misma; sin embargo, el entendimiento de ella ha ido siendo más esclarecido por el Espíritu Santo; pero fueron necesarios los primeros pasos, inclusive las primeras especulaciones, las primeras cuestiones, para que las cosas se estuvieran aclarando. Agustín escribió una obra que es considerada en la literatura universal como una obra maestra que se llama “La Ciudad de Dios”, donde él trata de estos asuntos, principalmente en esa obra. Él escribió muchísimas obras, pero en esta obra que consta de 22 libros, 22 rollos, en el libro 21 él se ocupa del asunto del infierno; incluso estuvimos leyendo con algunos hermanos ayer algunos pasajes de esa obra donde el hermano casi llega a la conclusión del ínterin que hay entre la venida del Señor y luego el reino, digamos, no confundiendo lo que es el cielo con el Milenio, no confundiendo lo que es el infierno; pero las cosas no quedaron claras. El dijo: es posible que los que dicen esto, es posible que esa sea la verdad, decía él; de todas maneras nos damos cuenta de que para esa época las cosas no estaban esclarecidas. Agustín era muy sincero; cuando él tenía una cosa en la cual no tenía claridad, él mandaba consultar a otros hermanos ancianos, especialmente a Jerónimo; iba y consultaba a Jerónimo a ver que decía Jerónimo, porque él no entendía y él simplemente decía que no entendía; explicaba las cosas y dejaba sin entender, especialmente en cuanto a la formación del alma; eso fue algo que él dejó inconcluso; consultó a Jerónimo; Jerónimo tampoco concluyó; así es que la Iglesia sigue con preguntas.


Gregorio Magno. Después Gregorio Magno se basó en las enseñanzas de Agustín y dio un paso más adelante en estos asuntos y él fue uno de los que prácticamente sistematizó la doctrina del purgatorio, basado en algunas cosas que dijo Agustín; después Gregorio Magno le añadió otras cosas; parece que él tuvo como una especie de visiones; entonces a ese período intermedio de castigo dispensacional transitorio, él lo llamó “purgatorio”, y después surgió el asunto de las indulgencias, y eso se fue por otro lado; originalmente no tenía esa connotación, sino que con el tiempo se fue desviando.


Tomás de Aquino. Después en la Edad Media vino uno de los grandes escolásticos que fue Tomás de Aquino; él en su “Suma Teológica”, sistematizó este asunto del descenso de Cristo al infierno y prácticamente en el occidente se trató de manera muy a la ligera, muy de pasada la confesión de que el Señor después de muerto descendió al Hades; esa es una confesión que se hace muy a la ligera; los credos más antiguos unos decían: fue sepultado; otros decían: descendió al Hades; y entonces algunos decían: quiere decir que fue sepultado y descendió al Hades es lo mismo; pues algunos pensaban que descender al Hades era solamente ser enterrado, o ser sepultado.

 En occidente hubo esa falta de claridad durante mucho tiempo.

Juan Damasceno. La iglesia en oriente, los ortodoxos griegos, los ortodoxos de Siria, de Rusia, ellos sí trataron un poco más de este asunto y ellos sí hablaron del descenso de Cristo al infierno; especialmente uno de los líderes orientales muy famoso, Juan Damasceno o Juan de Damasco, él tiene un libro que escribió sobre la fe ortodoxa; él trató sobre el descenso de Cristo al infierno; de manera que en el oriente se hablaba más del descenso de Cristo al infierno que en el occidente.

Martín Lutero. Incluso, cuando llegó la época de la reforma, Lutero, si uno toma todos los versículos que dice él sobre el tema en sus distintos escritos, parece que es ambiguo en lo que habla; a veces lo toma como en un sentido alegórico; a veces lo toma como en un sentido literal; de manera que doctrinalmente no se puede saber de Lutero qué quería decir, si era literal o era alegórico; de todas maneras, después de Lutero, uno de los más insignes luteranos, que fue Felipe Melanchton, él en los Loci comunes, que es una especie de teología sistemática de la Reforma, él sí presentó una visión bien clara. Yo personalmente me inclino más a la manera como presentó Melanchton el descenso de Cristo al Hades; pero eso no quiere decir que todos en el protestantismo tuvieran ese mismo punto de vista.


Los reformadores radicales, contemporáneos a Lutero, discutieron también sobre este asunto y hubo varias escuelas de entre los reformadores radicales; había uno llamado Gaspar Schwenfeldt; él sostenía que Cristo había descendido al Hades en su divinidad, pero no en su humanidad. Luego otros dos reformadores radicales, los dos de nombre Johanes, el uno llamado Johanes Schlaffer y el otro Johanes Spitelmaier, estos dos reformadores radicales sostenían que no, que Cristo había descendido en su humanidad y en su humillación; entonces había entre los reformadores radicales unos que decían que había descendido en su divinidad y otros en su humanidad; Lutero y Melanchton sí decían que en su divinidad y en su humanidad; o sea, en su persona divino humana; unos decían que había descendido a ser humillado y a sufrir la muerte; o sea que era como un descenso humillante; otros decían que era como un descenso de gloria para tomar el poder y las llaves del infierno y de la muerte; o sea, unos veían un ángulo y otros, otro; puede ser que los dos tienen una parte y que los dos aspectos tienen sentido. Eso fueron los reformadores radicales, contemporáneos de Lutero.


Juan Calvino. Después de Lutero y los radicales vino Calvino; Calvino realmente era un gran lector de la patrística, especialmente de Agustín, y él mantuvo un punto de vista semejante a que era simplemente enterrado, que el descenso al Hades era como decir ser simplemente sepultado; y me puse a leer los comentarios de Calvino en aquellos pasajes, porque él comentó de casi todos los libros de la Biblia, no de todos, pero de casi todos escribió comentarios; y me puse a ver qué comentaba acerca de aquellos pasajes claves y realmente parece que él como que le da media vuelta y no da a entender qué realmente hubo; como dice 1ª de Pedro, que Cristo bajó y predicó a los espíritus encarcelados y que el evangelio fue predicado a los muertos. Calvino prácticamente da a entender que era Cristo en Noé, predicándole a los hombres de la época; es una interpretación un poco extraña, no es muy exacta. Pienso que Melanchton tenía más razón que Calvino en eso; Calvino fue muy seguido, y hasta el día de hoy, las llamadas “iglesias reformadas”, “los presbiterianos” y los “calvinistas” de las distintas denominaciones, sostienen el punto de vista de Calvino; entonces cuando tú consultas las teologías sistemáticas de los reformados, como la de Charles Hodge, como la de Luis Berkhof, tú te das cuenta de que todos ellos transmiten ese mismo punto de vista calvinista; o sea que la denominación llamada “Iglesia Reformada”, sostiene que el descenso al Hades fue simplemente a la sepultura, y que unas experiencias de Cristo fueron en la cruz, no realmente en ultratumba; personalmente yo no estoy de acuerdo con Calvino y con los reformados en este punto; concuerdo más con Melanchton; de todas maneras es necesario que los hermanos conozcan esos puntos, los examinen y luego se definan.

Miguel Servet. Contemporáneo con Juan Calvino fue otro reformador radical, que fue unicista, uno de los grandes unicistas o unitarios, llamado Miguel Servet, que murió en la hoguera en Ginebra. Este Miguel Servet tenía otro punto de vista; él decía que Cristo había descendido al infierno, pero decía que en el descenso al infierno, Cristo todavía no había vencido a Satanás, sino que Satanás todavía del infierno había hecho salir al anticristo que era el Papa de Roma, y ahora los cristianos tenían que morir también con Cristo; y de hecho Servet murió de una manera muy valiente; tenían que morir, dizque porque recién en 1585 iba a descender el arcángel Miguel e iba definitivamente a enlazar al diablo; él puso fechas y cosas raras; tuvo herejías; él escribió una obra muy famosa llamada “Christianismi Restitutio”, o sea “Restitución del Cristianismo”, donde él sostiene conceptos contra la Trinidad y algunas doctrinas erradas. Él fue un gran hombre en lo secular, él fue el que descubrió la circulación de la sangre en los pulmones; Miguel Servet fue un hombre muy serio; estuvo dispuesto a poner la vida por su pensamiento; él pensaba que los demás reformadores todavía le seguían al Papa en sus doctrinas; él se fue al otro lado; él no tuvo seguidores en toda la generalidad de su doctrina, pero en el punto de vista antitrinitario sí ha tenido seguidores pero que no empezaron con él; comenzaron con Noeto, con Sabelio, Cleómenes, Teógono, y luego Miguel Servet y los hoy llamados unitarios o iglesia pentecostal unida, los unitarios, en contra de la Trinidad; ese fue el punto de vista de Servet; pero en cuanto al descenso al infierno, a diferencia de Calvino, él sí habló de un descenso de Cristo en espíritu y alma al infierno, pero que no venció, sino que esperaba la victoria cuando el ángel Miguel atara a Satanás y lo sellara en el abismo; sin embargo, la palabra del Señor nos dice que Él, Cristo, tiene las llaves del infierno y de la muerte ahora, sólo que Él mismo es el que deja andar por un poco de tiempo al enemigo ya vencido; lo deja dar vueltas y lo deja probarnos; y el que va a mandar a Miguel es Él; pero ¿en qué puede vencer Miguel? en base a la victoria definitiva de Cristo; entonces en ese punto no puedo concordar con Servet. Esos fueron los principales puntos de vista.

Los arminianos. Después vinieron los arminianos; los arminianos fueron más parecidos al punto de vista de Melanchton, solamente que a algunos de ellos, especialmente a De Wette, a él se le fue un poco la cuenta. Como los arminianos enfatizan mucho la salvación y la salvación universal, aunque no son universalistas, algunos sí, pero abren mucho la puerta para la salvación de todos a diferencia de los particularistas, del calvinismo, que habla de la expiación limitada, ellos hablan de la expiación por todo el mundo, entonces en la línea arminiana dijeron que no solamente hay oportunidad para ser salvo aquí, sino que así como Cristo predicó allá en el Hades, así también los apóstoles y los creyentes tenemos un ministerio de predicar también en el Hades para que se salven los muertos y los muertos tengan otra oportunidad; o sea que un versículo que reconocía que Cristo predicó a los muertos, ellos dicen que así como Él lo hizo, lo hicieron también los apóstoles y lo tenemos que hacer nosotros; se les fue un poco la mano; ya hubo especulación que no lo dice la Escritura.


Adventistas y Testigos de Jehová. Yo quería mencionar así a grandes rasgos estas principales escuelas. La última ya ustedes la conocen, que es la de los estudiantes de la Biblia, que en el origen, en el siglo XIX, en 1848, de allí surgieron los llamados “adventistas” y los “testigos de Jehová”, que niegan la existencia del infierno y dicen que el infierno se refiere solamente al sepulcro; esa es una escuela bastante común, especialmente por los llamados “testigos de Jehová” y “los adventistas”; niegan la existencia del infierno y dicen que es solamente el sepulcro; que la persona muere y no queda consciente de ella, sino que simplemente espera la resurrección. Nosotros ya vimos la vez pasada los versículos que hablan del Seol y del Hades, pero tenemos que ver otros versos que acabamos de mencionar; mi sugerencia es: digamos lo que dice la Biblia, no digamos más, ni digamos menos, oigamos lo que otras escuelas tienen que decir, pero juzguemos el decir de las escuelas a la luz de la Palabra y cada uno tome su decisión; mi sugerencia es que nos quedemos con la Biblia, aunque oigamos a todos, pero quedémonos con lo que puede ser comprobado con la Biblia; lo que no, lo dejamos de lado.


La doctrina bíblica

Pedro es el apóstol que dice algunas cosas que otros no dicen con tanta claridad; claro que ya la vez pasada, cuando vimos algunos versículos del Seol, habíamos visto las promesas que el Señor redimiría del Seol a los redimidos. Ustedes recuerdan que vimos esos versículos y también la promesa de que el alma de Cristo no sería dejada en el Hades. Vamos entonces a 1 Pedro, capítulos 3 y 4, a revisar más lentamente estos versos, los cuales todas estas escuelas han mirado de alguna manera. 1 Pedro 3:18-20: “18Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, (o sea, Cristo murió en la cruz, su carne) pero vivificado en espíritu”. Esta frase es la que puso a discutir a los teólogos de las distintas escuelas; por eso Schwenfeldt, decía que “vivificado en espíritu”, se refería al Espíritu Santo y que Él había descendido en divinidad; otros decían, este espíritu es con minúscula y se refiere al espíritu humano, así que fue la humanidad la que descendió; pero realmente la persona del Hijo de Dios, el Verbo que estaba con el Padre fue el que se hizo carne y el mismo personaje divino, la segunda persona de la Trinidad, fue la que se hizo también hombre, así es que Él es hombre y es Dios; Él es Dios y es hombre, o sea, su persona es la del Verbo divino que es a la vez hombre pero es primeramente Dios, Dios y hombre. Por eso yo creo que Lutero y Melanchton tenían razón al decir que el descenso fue del Cristo divino-humano, no sólo una de las dos naturalezas, sino las dos; claro, como hombre aparece allí en minúscula: “vivificado en espíritu”; allí la palabra “vivificado” fue la que hizo decir a Schwenfeldt que era la vida divina; pero ¿quién fue vivificado? Cristo en espíritu; ahora, no es sólo el espíritu de Cristo, sino que su alma, o sea su persona, descendió; por eso dice: “no dejarás mi alma en el Hades”; entonces vemos que Hechos 2 con Salmos 16 hablan del alma de Cristo descendiendo al Hades; y también aquí Pedro habla de descender en espíritu porque ese espíritu es de esa persona, así como el cuerpo es de esa persona. ¿De quién es el espíritu de Cristo? De la persona de Cristo. ¿De quién es el cuerpo de Cristo? De la persona de Cristo; el alma de Cristo que es el yo de Cristo, es el dueño de su cuerpo que quedó en la tumba de José de Arimatea, y el dueño de su espíritu; o sea, el descendió en espíritu y alma; por eso aquí dice: “vivificado en espíritu” fue; pero ¿quién fue vivificado? Él, o sea, su alma, su persona; en su alma, vivificado en espíritu fue y por eso dice: mi alma no fue dejada en el Hades.

Donde hay diferencia de interpretación es en los versos 19 y 20: “19En el cual (o sea en el espíritu) también fue (o sea Él, su persona, su alma) y predicó a los espíritus encarcelados, 20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. Como les decía, la escuela calvinista y reformada, ellos dicen que esta predicación fue la predicación del Espíritu de Cristo en Noé en aquella época; pero ¿será que eso puede ser así? Volvamos a leerlo; dice que Cristo murió en la carne, o sea que fue después de muerto, no antes de la encarnación, porque ciertamente la Biblia dice que el Espíritu de Cristo operó en los profetas; ciertamente que el Espíritu de Cristo obró en Noé, pero está hablando aquí de que después de que Él murió en la carne, en espíritu fue y predicó; pero como Calvino dice que Él fue a la tumba y dice que esta predicación fue la del espíritu de Cristo en Noé antes del diluvio, esto no concuerda en este caso. Ustedes son libres de examinar esto; me parece que por lo que dice el contexto es que después de su muerte en la cruz, Él descendió, Él personalmente, ¿verdad? Porque dice: “fue y predicó a los espíritus encarcelados”.


La mayoría de las escuelas de los que aceptan el descenso de Cristo en espíritu y alma, no todos, pero la mayoría, incluido Melanchton, piensa que estos espíritus encarcelados son los mismos muertos de que se habla en el capítulo 4; pero si leemos con cuidado nos damos cuenta de que de los que habla en el capítulo 4, y lo vamos a estudiar ahora, son las almas de los muertos en el Hades; pero estos espíritus del 3:19 no se refiere a los muertos, sino que se refiere a unos determinados espíritus que pecaron antes del diluvio; no está hablando de los muertos en general. Mirémoslo otra vez: “Predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”; o sea que aquí se está refiriendo a unos espíritus específicos que están en prisiones porque pecaron antes del diluvio con un pecado específico; no está hablando de los muertos en general; aquí no está hablando de los muertos, pero en cambio en 1 Pedro 4:6, dice “predicó a los muertos”; el evangelio fue predicado a los muertos; aquí en 3:19 no dice que es el evangelio, ni tampoco dice que son los muertos; dice: espíritus que desobedecieron en los días de Noé, antes del diluvio, mientras se preparaba el arca; son unos espíritus específicos que fueron encarcelados por haber pecado de una cierta manera antes del diluvio.


Ángeles prisioneros en el Tártaro

Hay otros pasajes de la Biblia que nos hablan de esos espíritus. Por ejemplo, en 2 Pedro 2:4 identificamos estos espíritus: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al Tártaro los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio”. Esta es la única vez que aparece la palabra “tártaro”; aquí se tradujo “infierno”, como Gehena se traduce infierno, a veces Seol se traduce “infierno”, pero no, Seol y Hades es una misma cosa; Gehena, que es el lago de fuego, es otra cosa, y tártaro es la prisión de los ángeles; aquí esta traducción “infierno” no es correcta; la traducción exacta es “tártaro”; hay una cosa que es Hades y otra que es tártaro; aun en las religiones de los griegos y la mitología griega había diferencia entre el Hades y el tártaro; aun los griegos decían que el tártaro estaba debajo del Hades; y dividían el Hades como una parte negativa y una parte positiva que llamaban los Campos Elíseos; ese era el punto de vista de la mitología griega desde Homero y Hesíodo; ellos hablaban del Hades, de los Campos Elíseos, que era como un paraíso; y el Hades era el lugar de los muertos; Hades estaba casado con Perséfone o Proserpina, que es otra pronunciación, que es considerada la diosa de la muerte; y el Tártaro, decían ellos, estaba debajo del Hades: y Hesíodo que escribió en su Teogonía el origen de los “dioses”, él habla de los titanes que quedaron presos en el tártaro; entonces cuando Pedro usa la palabra “tártaro”, es la única vez que la usa el Nuevo Testamento, y no la vamos a interpretar a la luz de los griegos, sino a la luz inspirada del Espíritu, de lo que dijo Pedro; él dice “el tártaro” en relación con las prisiones de los ángeles.

Entonces dice en 2 Pedro 2:4: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al tártaro los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio”. Ustedes se están dando cuenta de que aquí habla de unos ángeles específicos que pecaron y que por causa de ese pecado fueron trasladados a prisiones; los ángeles son espíritus. Hebreos nos dice que los ángeles son espíritus; por lo tanto, no sólo los muertos son espíritus; los ángeles, incluso los caídos, son espíritus y espíritus malignos, espíritus inmundos, son espíritus.


Tártaro: prisión de ángeles caídos

Vamos a ver en la epístola de Judas que también identifica estos mismos ángeles que pecaron; San Judas 6,7: “6Y a los ángeles que no guardaron su dignidad”; o sea que se está refiriendo a un acontecimiento en el pasado cuando hubo unos ángeles que pecaron de una manera específica y por causa de esa clase de pecado tuvieron que ir a prisiones, o sea, al tártaro, que es una prisión de ángeles caídos. “6Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada...”; ellos dejaron de vivir en su esfera angélica y se introdujeron en una esfera diferente, en la esfera natural de los hombres, de las mujeres, entonces ellos fornicaron con mujeres antes del diluvio; a eso es que se refiere acá cuando dice: “que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas”; estas prisiones no son todavía la Gehena; la Gehena, que es el lago de fuego, fue preparado para el diablo y sus ángeles, pero eso es después del juicio. Antes, dice que ellos están en prisiones que se llaman el Tártaro; esas prisiones no son todavía lo definitivo, porque dice aquí: “para el juicio del gran día”. Vemos, pues, que el Tártaro es una prisión transitoria hasta que ellos sean sometidos a juicio; son espíritus peligrosos; entonces Dios no los dejó seguir circulando, los mandó presos al Tártaro; y dice por qué, cómo; fíjense en la palabra “como”, es decir, estos ángeles pecaron como luego se pecó en Sodoma y Gomorra. ¿Cuál fue el pecado de los sodomitas? Fue relaciones sexuales contra natura. “7Como Sodoma y Gomorra y las naciones vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, (o sea que el pecado de aquellos ángeles fue pecado de fornicación contra natura como los sodomitas) habiendo exfornicado...”; la palabra que aquí dice fornicado, no es porneia, sino ekporneuo [έκπορνεύω], o sea una fornicación fuera del contexto del mismo sexo. Ekporneuo quiere decir fornicación contra natura; no sólo es fornicación la palabra; tiene un prefijo ex; o sea es fornicación contra natura. “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo exfornicado...”; o sea que aquellos ángeles fornicaron contra natura y lo mismo hicieron los sodomitas; e incluso los sodomitas querían violar hasta a aquellos ángeles que vinieron a visitar a Lot. ¿Recuerdan en Génesis? Entonces dice: “habiendo exfornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”.

Pecaron antes del diluvio

Nos damos cuenta de que la Palabra, tanto en Judas como en Pedro, nos dice que unos ángeles pecaron con un tipo de fornicación contra natura; esa es la que encontramos en Génesis capítulo 6; vamos a ver eso donde habla de la época antes del diluvio, porque Pedro nos habla precisamente de un período específico antes del diluvio; no es otro período; es antes del diluvio. En aquella época, si ustedes leen la mitología de los pueblos antiguos, hay cosas raras; dicen que el dios tal tuvo un hijo con la mujer del rey tal, y esas cosas de la mitología antigua provienen, como lo dice aquí Moisés, de aquellas experiencias de ángeles que no guardaron su propia morada ni su dignidad, sino que exfornicaron o fornicaron contra natura; eso lo dice aquí Génesis.

“1Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 2que viendo los hijos de Dios...”; aquí no se refiere a los cristianos; estamos hablando del diluvio, estos hijos de Dios se refiere a los ángeles. Para ver eso, ustedes pueden ir al libro de Job; vean conmigo el libro de Job y después volvemos a Génesis para que se den cuenta de que los hijos de Dios en el Antiguo Testamento, se refiere a los ángeles. Job 1:6:

“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás”. Aquí aparece Satanás entre los hijos de Dios; no se refiere a seres humanos, sino a aquellos ángeles; vino Satanás entre los hijos de Dios a presentarse ante Dios, como los espíritus se presentan. Y hay un diálogo entre Dios y Satanás: ¿De dónde vienes? De recorrer la tierra, de andar por ella.

¿No viste a mi siervo Job? ¿Quiénes eran estos hijos de Dios? De la categoría de Satanás, porque Satanás vino entre ellos; y para que vean que estos hijos de Dios no se refiere a hombres, sino a ángeles, Dios le hace unas preguntas a Job en el capítulo 38 del libro de Job, y noten, es palabra de Dios, Dios es el que habla con estas palabras, es Dios el que usa estas palabras. Job 38:4: “4¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” Todavía cuando Dios estaba fundando la tierra no había nacido ni Adán, entonces Dios le pregunta respecto de antes de ser creado el hombre, o sea, cuando la tierra estaba siendo fundada: “4¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. 5¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? 6¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular, 7cuando (noten, está en el contexto de la creación) alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” Estos hijos de Dios eran los ángeles que eran testigos de la creación de Dios, la formación, la constitución y el establecimiento de la tierra. Entonces, la palabra “hijos de Dios” en el Antiguo Testamento, se refiere a los ángeles.


Volviendo a Génesis 6:2, dice: “2que viendo los hijos de Dios (ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada) que los hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. 3Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. 4Había gigantes en la tierra en aquellos días”. De esos gigantes hablan también las religiones antiguas y las mitologías antiguas, incluso los mismos conquistadores españoles; los cronistas hablan aquí de noticias y algunos vieron gigantes en América cuando llegaron. Dice el verso 4: “Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos”; como quien dice, la raza de los gigantes proviene de la unión de los caídos, de los nefilim, que quiere decir “los caídos”, con las hijas de los hombres; éstos son los ángeles que pecaron. El libro de Enoc da más detalles acerca de eso y el libro de Enoc dice cómo fueron encerrados en prisiones de oscuridad. Cuando Judas y Pedro hablan, lo hacen con el lenguaje del libro de Enoc; incluso una profecía de Enoc la cita Judas; no es todo el libro parte del texto sagrado, aunque los coptos lo incluyen en su Antiguo Testamento; ellos dan más detalles de lo que aquí aparece resumido; claro que la doctrina no la podemos hacer basados en el libro de Enoc, sino basados en la Escritura, pero el libro de Enoc ayuda a entender la Escritura, no para agregarle. Vemos que hubo antes del diluvio un fenómeno, pero sigue diciendo el verso 4: “Estos (estos gigantes, hijos de los hijos de Dios y de las hijas de los hombres) fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre”. Esta frase de Moisés, muestra que Moisés era consciente de las historias de la antigüedad, y que en la antigüedad se decía que Gilgamesh había nacido de un dios con una mujer, y que por eso era un gigante y gobernaba en la ciudad de Uruk, y no sólo Gilgamesh, sino todas las otras mitologías antiguas de los sumerios, de los acadios, de los asirios, de los caldeos, tenían estas cosas, incluso los heteos, los heveos, los griegos, la Teogonía de Hesíodo, la Ilíada, la Odisea de Homero, hablan de todas estas cosas misteriosas; por eso cuando uno lee la historia antigua, uno dice: Pero aquí habla de una mezcla de la historia real con mitologías, ¿por qué? porque antes del diluvio hubo un fenómeno que fue el descenso de estos ángeles que dice San Judas, ángeles que no guardaron su dignidad, sino que pecaron, fornicando contra naturaleza, como después hicieron igual que ellos, los sodomitas, ¿ven? Entonces Pedro dice que a esos ángeles, Dios no los perdonó, sino que los guardó en prisiones de oscuridad esperando el día del gran juicio. Ahí nos damos cuenta de que hubo unos espíritus que pecaron diferente del resto de la historia de la humanidad en la época antediluviana.


Cristo predicó a los espíritus encarcelados

Entonces volvamos a la primera epístola de Pedro 3. Ya teniendo en cuenta esos detalles, vemos que dice que Cristo “18vivificado en espíritu; 19en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados”. ¿Cuáles espíritus encarcelados? ¿Cuáles? ¿Se refiere a los muertos? No, a los muertos los llamó muertos; aquí dice cuáles.

Habla de unos espíritus específicos y de una generación específica donde hubo algo misterioso como lo hemos visto en Génesis, 2 Pedro y Judas. Dice en 2 Pedro 3:19: “19... los espíritus encarcelados; 20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé”; o sea que se refiere a unos espíritus específicos antediluvianos que fueron encarcelados por causa de un pecado específico antediluviano. De eso nos habla Génesis 6, nos habla 2 Pedro 3, nos habla Judas y también lo ilustra el libro de Enoc; el libro de los jubileos también lo ilustra y lo ilustran también varios de los documentos que fueron desenterrados de las cuevas del Qumram; aunque no hacemos doctrinas con ellos, sino sólo con la Biblia, sin embargo, esa documentación paralela de la historia del judaísmo, ayuda a ilustrar, a entender, no a hacer doctrina con base en ellos, pero sí confirma lo que la Biblia dice y lo ilustra.


Dice acá que esos espíritus encarcelados, en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca; o sea, son espíritus antediluvianos, ángeles que pecaron, hijos de Dios que tomaron hijas de los hombres, engendraron gigantes, hubo un desastre y vino el diluvio y estos espíritus, como lo dice Pedro, los ángeles que pecaron, se refería a esos, fueron encarcelados; porque no se refiere a los otros que están con Satanás; esos no están todavía encarcelados; esos están aún  molestando; a veces se te suben, a veces te hacen dormir, a veces te producen accidentes, a veces te producen enfermedades; no son esos, fueron aquellos antediluvianos específicos, se refiere a esos: “cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca”; o sea que aquí se refiere a un descenso de Cristo al Tártaro, porque esta prisión es llamada en la 2ª de Pedro, “tártaro”, y la palabra “tártaro” ya existía en el contexto de la civilización griega, porque Pedro escribió en griego, y los griegos decían que el Tártaro quedaba debajo del Hades, y que allá estaban aquellos titanes, dicen los griegos; entonces la Biblia nos muestra que Cristo descendió a las partes más bajas de la tierra, y cuando dice “partes”, no habla sólo del Hades, sino también del “Tártaro”, que también en otras partes es llamado “abismo”, donde hay unos espíritus. Por eso cuando veamos una de las trompetas, vemos que se abre la llave del abismo y sale una clase de espíritus que están encarcelados allá y que salen para atormentar a los hombres por cinco meses; eso lo vamos a ver un poco más adelante, pero nos damos cuenta de que hay unos espíritus que no están libres como los otros, sino que están encarcelados, unos hasta el día del juicio, y a algunos se les da permiso para atormentar a los hombres durante la gran tribulación. ¡Cosa terrible! Estos del capítulo 3, me inclino a pensar que son esos ángeles que pecaron, hijos de Dios, antes del diluvio. Calvino dice que era la gente del diluvio, la gente de esa época; otros dicen que son los mismos muertos del capítulo 4, pero si lo analizamos bien, ustedes van a ver si concuerdan conmigo, que realmente se refiere a aquellos espíritus.


Cristo predicó a los muertos

Ya en el capítulo 4 de 1ª de Pedro, se refiere a algo que aconteció allá. Yo no me atrevo a ir tanto como algunos arminianos, a pensar que así como Cristo predicó, también los apóstoles predicaron y también nosotros predicamos; eso ya me parece especulación, porque no hay un texto claro que lo diga; son deducciones especulativas que algunos hermanos y teólogos se animan a hacer, pero hasta dónde les podemos seguir, juzgue cada uno. Entonces, para entender a qué muertos se refiere, para que no digan  que son muertos espirituales pero que están vivos en la carne, miren el contexto en que habla de qué muertos, en 1 Pedro 4:5: “5Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”. Cuando dice a los vivos y a los muertos, nos damos cuenta de que estos muertos no son los que están vivos, sino que son los que ya pasaron por la primera muerte; y después de decir eso entonces entra en el 6: “6Porque (y este porque está relacionando el verso 5 con el 6) por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero que vivan en espíritu según Dios”.

Porque Dios va a juzgar a los vivos y también a los muertos; por eso, porque Dios va a juzgar a los muertos, Dios le dio una oportunidad a aquellos muertos que estaban muertos hasta que descendió Cristo.

Muchos como Abraham, estaban en el Hades; Sara estaba en el Hades, Jacob estaba en el Hades, José estaba en el Hades, Samuel estaba en el Hades, Saúl estaba en el Hades; lo dice la Escritura claramente, y la familia de ellos con los cuales ellos se reunieron estaba en el Hades, pero en el Hades, en aquella sección que se llama el seno de Abraham, que es una sección positiva, que los griegos llaman los Campos Elíseos, pero que aquí se llama el Seno de Abraham, “Por esto (porque va a haber un juicio) también ha sido predicado...”, y lo dice en pasado, por eso no me atrevo a decir como algunos arminianos que esto lo vivirían los apóstoles e incluso nosotros; yo eso lo dejo sin decir, porque aquí habla en pasado, aquí dice: ha sido, no dice es, ni será, “ha sido predicado el evangelio a los muertos”; o sea que cuando Cristo descendió, todos aquellos que habían esperado al Mesías, ahora supieron quién es el Mesías: Jesús de Nazaret, pues, ha predicado el evangelio a los muertos. ¿Qué habíamos estudiado la vez pasada en aquellas profecías del Antiguo Testamento? Que el Señor redimiría sus almas del Seol. ¿No dice así? Bueno, cuál momento sino éste: el descenso de Cristo a las partes más inferiores de la tierra; y cuando llegó al Hades su alma no fue dejada en el Hades; pero entonces la Palabra nos muestra que Él fue al Tártaro y también al Hades. Él tiene las llaves del infierno y de la muerte, Él tiene la autoridad. Ahora dice que Él predicó el evangelio a los muertos; no podemos negar eso; algo sucedió en el Seol, en el Hades, cuando el Señor descendió; hubo un cambio desde la venida de Cristo al Seol; ¿por qué? porque antes ellos habían esperado que el Mesías venía, pero no había venido. Cuando Cristo murió, en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, y como alma en el Hades predicó el evangelio a los muertos; aquí lo dice claramente.


Entre los libros apócrifos, especialmente uno que se llama el evangelio de Nicodemo, que se colecciona con el ciclo de Pilato entre los apócrifos dice, aquí no se los cuento a manera de doctrina, sino como simplemente una ilustración y no para ponerlo al nivel de la Palabra; lo digo que es una ilustración, una noticia que quedó en los apócrifos; no la pongo al nivel de la Biblia, pero se los cuento. Dice el evangelio de Nicodemo, apócrifo, subrayo apócrifo, es decir, reservado, leído con cuidado, apócrifo, que no está al nivel de los canónicos, que Simeón, aquel que había recibido al Señor Jesús y que dijo: Ahora han visto mis ojos al rey, ahora puedo morir tranquilo, ese Simeón tuvo dos hijos: el uno se llamaba Leucio y el otro se llamaba Carino; entonces Simeón murió y Leucio murió unos poquitos días antes de que el Señor Jesús muriera en la cruz; entonces cuando el Señor Jesús murió, ustedes recuerdan lo que dice allá en Mateo 27; leámoslo en Mateo 27:51, cuando el Señor Jesús murió, entregó el espíritu y dice: “51Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, (o sea, Él fue el primero, pero después de que resucitó, santos que habían muerto, también despertaron) vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”. Vemos que no sólo el Señor se apareció, sino santos que habían muerto también se aparecieron; entonces dice la tradición que está en los apócrifos que entre esos que se levantaron estaban Simeón y los hijos de Simeón que habían muerto un poquito antes. Cuando hubo estas cosas raras, le dijeron a los sacerdotes lo que había pasado y les dijeron que Leucio y Carino, los hijos de Simeón, estaban en una tal ciudad vivos, siendo que ellos los habían enterrado; entonces mandaron una comisión para conversar con ellos y que les preguntarán: ¿Cómo es que están aquí? ¿Qué fue lo que pasó? Ellos cuentan que estaban en el Hades, cuando de pronto entró el Señor con una luz luminosa, y ellos empiezan a contar la experiencia que ellos tuvieron en el Hades cuando el Señor descendió al Hades. Esa historia está en el evangelio apócrifo de Nicodemo; no sabemos si sea un invento; no lo puedo poner en el nivel canónico; o puede ser una tradición basada en estos santos que se aparecieron; ellos cuentan de Simeón y de los hijos de Simeón cuando el Señor descendió, y el terror que tenía Satanás cuando el Señor descendió. Esta anécdota apócrifa, la dejo en ese nivel, ¿amén? No digo que es canónica; de lo canónico digo: fue; de lo apócrifo digo: pudo ser, quién sabe, tal vez, no sabemos.


Cristo lleva cautiva la cautividad

Vamos a la epístola a los Efesios donde allí también hay unas palabras de Pablo que no podemos dejar de considerar con cuidado. Nos dice Efesios 4:8: “8Por lo cual dice: (porque Cristo dio dones a los hombres; en ese contexto dice, es una profecía) Subiendo a lo alto, (eso se refiere a la ascensión de Cristo) llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. 9Y eso de que subió, ‘qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?” Es una frase que no podemos eludir; algo aconteció en la ascensión de Cristo que no tiene que ver sólo con Cristo mismo, sino con los que estaban cautivos, los que estaban cautivos esperando; se refería incluso a los muertos; en Hebreos lo identifica así. Miren lo que dice Hebreos capítulo 2, una expresión en cuanto a la palabra cautividad; dice en los versos 14 y 15: “14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, (y ¿qué más?) 15y librar a todos (es decir, morir y después) los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 16Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham”. Claro que eso incluye a los que están vivos, pero también incluye a los que están muertos.

Por eso en Efesios 4:8 habla de la ascensión: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad”; esa frase no la podemos pasar por alto; algún cambio hubo en el Seol, que es el Hades, cuando el Señor descendió.

Cuando el Señor descendió nos dice la palabra claramente, que Él predicó el evangelio a los muertos, o sea que tuvieron la oportunidad de oír el evangelio los muertos que estaban en el Seol, y ahí explica Pedro y dice: para que sean juzgados en carne, según los hombres, pero vivan en espíritu, según Dios; o sea, los hombres dirán: este fue tal y tal cosa, cuando estaba en la carne, sí, pero luego recibió el evangelio y por eso en espíritu vive según Dios. Ustedes recuerdan ese pasaje, entonces no lo leo. Luego dice: predicó el evangelio; después dice otra cosa más, es inspirada, es de Dios, que cuando Él murió, se abrieron los sepulcros y que después de la resurrección de Él, muchos santos que habían muerto antes, resucitaron; quiere decir que sus almas regresaron a su cuerpo y aparecieron en una ciudad.

Eso lo dice Mateo por el Espíritu Santo; o sea, para que esos santos pudieran haber resucitado quiere decir que el Señor les dio la capacidad desde donde estaban, o si no, no hubiera sucedido. Se predicó el evangelio y fue tomada cautiva la cautividad; como dice: librarás nuestra alma del Seol. El Señor lo haría, está profetizado allá en Oseas; ¿lo recuerdan? Lo leímos. Aquí vemos algo que se llamaba la cautividad y que fue cautivada, es decir, el Señor la tomó; los libró. Llevó cautiva la cautividad. ¿Cuándo? Cuando subió a los cielos.


Ubicación del Paraíso

No todos los hermanos entienden estas cosas; no estamos hablando de manera dogmática, estamos tratando de ver todo lo que nos dice la Biblia. Por ejemplo, los hermanos Witness Lee y Delcio Meireles con él, a quienes yo respeto mucho, ellos dicen que no, que no hubo esa tal ascensión de los santos que estaban cautivos; piensan que el Paraíso se refiere al Seol, al seno de Abraham en el Seol; pero hay entonces la diferencia de interpretación del texto de 2 Corintios 12:1-4, donde se menciona en un mismo pasaje, el tercer cielo y el paraíso juntos; allí dice el apóstol Pablo: “1Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. 2Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3Y conozco al tal hombre (viene hablando del hombre que fue arrebatado al tercer cielo, ese fue él, pero él por humildad, dice: conozco al tal) (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no es dado al hombre expresar”. Pablo está contando una experiencia, pero la cuenta de manera doble; al principio dice que subió al tercer cielo, luego dice que fue arrebatado al paraíso. Yo creo que los arrebatamientos no son para abajo, sino para arriba, “fue arrebatado al paraíso”. Los que piensan que el paraíso queda debajo de la tierra, lógico que dicen que son dos: uno es el tercer cielo, otro es el paraíso. Ahora, yo me pregunto si Pablo quería decir dos cosas distintas o una cosa con dos palabras para simbolizar una con la otra. Yo me inclino por esa, sin ser dogmático; otros hermanos muy serios, piensan otra; los respeto; ¿verdad? Ahora dice aquí: “fue arrebatado hasta el tercer cielo”,y otra vez, “fue arrebatado al paraíso”; pareciera que interpreta paraíso por tercer cielo, tercer cielo por paraíso. Entonces, si el paraíso después de la ascensión de Cristo está debajo de la tierra, ¿cómo se usa la palabra “arrebatado” y cómo se usa casi como sinónimo, el tercer cielo? Cuando Esteban estaba siendo apedreado, él vio al Hijo del Hombre, no en el paraíso debajo de la tierra, sino a la diestra del Padre en pie, y le dijo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Ahora, ¿dónde estaba el Señor Jesús para recibir el espíritu de Esteban? Estaba a la diestra del Padre. San Pablo en Filipenses dice que él prefiere morir y estar con Cristo porque para él es mucho mejor; o sea que Pablo tenía la certeza de que si él moriría estaría con Cristo. Ahora, ¿dónde está Cristo? Sentado a la diestra de Dios; o sea que Pablo tenía la confianza de que al morir se iría con Cristo. Hay más versículos donde se habla otras cosas así; por ejemplo, en Mateo.

En Mateo capítulo 24, el Señor está hablando de la segunda venida de Él, y cuando está hablando de la segunda venida dice en los versos 30 y 31: “30Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y  entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”. ¿De dónde recogerá a sus escogidos? Desde un extremo del cielo hasta el otro.


Entonces 1ª a los Tesalonicenses capítulo 4:13, para relacionarlo con esto, dice de la siguiente manera: “13Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús, a los que durmieron en él”. O sea que los que durmieron en Cristo vendrán con Jesús; son escogidos de los cuatro extremos del cielo, y vienen a resucitar, a tomar sus cuerpos para recibir al Señor en el aire; pero ¿dónde estaban ellos? Estaban con el Señor. Pablo si moría ¿dónde iba a estar? Con Cristo. Esteban miraba hacia el cielo y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu; o sea, si Cristo estaba a la diestra del Padre y Esteban le pide que lo reciba, es porque Esteban esperaba que su espíritu iba a ser llevado por el Señor Jesús. Por esa razón es que me inclino a pensar esto. Después, cuando veamos las almas bajo el altar en el próximo sello, les voy a decir cuáles son los argumentos de los hermanos, cuál es el principal versículo que ellos usan, pero eso corresponde al otro sello. Mientras tanto ya estamos ahora mismo espiritualmente sentados con Cristo en lugares celestiales.


Volvemos a Efesios 4:8,9: “8Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. 9Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?”. Interesante que le llama “partes” y no parte, porque está el Seol y está el Tártaro; entonces Él predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron en los tiempos de Noé y también predicó el evangelio a los muertos que esperaban el desenlace para la venida del Mesías, y luego dice que Él fue a las partes más bajas de la tierra, y dice acá: “y llevó cautiva la cautividad”; ¿pero desde dónde? Desde aquí desde las partes más bajas de la tierra. Ciertamente este verso faltaba que habla del descenso al Hades. Estos versos nos enriquecen los otros versos que vimos la vez pasada. Aquí no menciona la palabra “Hades”; dice: predicó a los muertos, predicó a los espíritus, descendió a las partes más bajas de la tierra, y por eso no los ubicamos dentro de los que hablan del Seol o Hades, pero sí había que tenerlos hoy en cuenta para completar esa visión de la vez pasada y para entender que sí hubo un acontecimiento allá en el mundo inferior cuando Cristo descendió. Ahora, si el paraíso al que se refiere aquí 2ª a los Corintios capítulo 12, es el mismo tercer cielo, ciertamente está en el tercer cielo. También el Señor al apóstol Juan le dice en Apocalipsis: “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en el paraíso de Dios” (Ap. 2:7), ¿verdad? ¿Será que el árbol de la vida está en el Hades? Pues, es difícil, ¿verdad? Entonces esa cuestión de si el Paraíso se trasladó del seno de Abraham al cielo, sólo sería una especulación. En cuanto al uso de la palabra paraíso para el seno de Abraham, la Biblia no lo dice, sí la tradición judía. Cuando Jesús le dijo al malhechor: Hoy estarás conmigo en el paraíso, es porque el Señor fue a ultratumba y seguramente que estuvo en el paraíso, y estuvo en el Tártaro, y estuvo en el Hades. Cuando Él apareció a María le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; pero después lo tocaron; quiere decir que en ese ínterin subió al Padre en secreto porque después sí se dejó tocar; o sea que el Señor puede moverse en todas las dimensiones porque Él es el Señor de los cielos y de la tierra; todo poder le fue dado en los cielos y en la tierra; por eso apareció y desapareció. Hermanos, Vamos a dar gracias al Señor; vamos a parar por aquí. ☐


Continúa con: La apertura del quinto sello.

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