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12 de Julio, 2006

EL TESTIGO FIEL / REINO Y SACERDOTES

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 20:00, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (7)


EL TESTIGO FIEL,

REINO Y SACERDOTES

(CONTINUACIÓN DEL SALUDO)


“4Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. 

Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.  7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.  8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:4-8).



Saludo de la Trinidad

Vamos al Libro del Apocalipsis, al primer capítulo; estamos solamente en la introducción. En el primer capítulo vimos acerca de la alta crítica, acerca de este libro del Apocalipsis, viendo como su autor fue efectivamente el apóstol Juan. En el segundo capítulo vimos lo relativo a la baja crítica, la transmisión del texto desde los primeros siglos, los manuscritos que nos traen el texto del Apocalipsis, lo que es muy necesario, porque a través de la consideración de los manuscritos más antiguos tenemos acceso al texto más puro y podemos evaluar las diferentes versiones y traducciones que existen.

Hemos aconsejado a los hermanos que estemos abiertos a considerar varias traducciones, y en lo que sea posible, ir a los idiomas originales, especialmente los documentos más antiguos. En el tercer capítulo vimos lo relativo a la hermenéutica de este libro; como debe ser encarado este libro que es una profecía. En el cuarto capítulo vimos lo relativo al título del libro; y en el quinto capítulo, la vez pasada, comenzamos con el saludo del libro. Hoy vamos a continuar con el saludo; el tema de hoy es la continuación del saludo. El saludo está en el capítulo 1 desde el verso 4 al verso 8.  La vez pasada estuvimos viendo los textos griegos para que podamos ver este saludo de la manera más pura, como nos es conservada por los textos antiguos, y nos detuvimos después de ver el aspecto textual en la exégesis del versículo 4; pero el saludo va desde el 4 hasta el 8.


Entonces debemos ahora centrarnos un poco en la exégesis desde el versículo 5 en adelante, porque en el verso 4 Juan hace el saludo de la manera como hacían los saludos los apóstoles: la gracia y la paz de Dios.  Pablo decía: de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo; y Juan dice: “4Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir (que es el Padre), y de los siete espíritus delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra”. Vamos primeramente a detenernos allí, en el punto; voy a parar porque allí empieza una exultación, exaltación también al Señor; pero en el punto termina la parte del saludo de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero en este orden como lo presenta Juan: el Padre, el Espíritu y el Hijo. “De Jesucristo el testigo fiel”; la gracia y la paz de Dios son también de Jesucristo; nada nos viene del Padre sino por el Hijo; y aun lo que nos viene del Espíritu Santo es en el nombre del Hijo; es por medio del Hijo que Dios y el hombre se unen, se encuentran; en la persona del Hijo tenemos al Hijo de Dios en cuanto Verbo divino y al Hijo del Hombre en cuanto se hizo hombre y asumió naturaleza humana.

Ahora aparece llamado aquí como el testigo fiel. ¡Qué precioso! Este testigo es testigo de Dios, testigo del Padre; y qué hermoso que se le dice “testigo fiel”; o sea que en Jesucristo, el Hijo de Dios, sí podemos conocer a Dios el Padre sin distorsión, sin equivocación.


¿Qué imagen de Dios presentamos?

Muchos seres humanos han hablado de Dios y hablamos de Dios; yo también estoy aquí hablando de Dios; muchos seres humanos conversamos y presentamos cosas acerca de Dios. Si ustedes recuerdan, por ejemplo, el libro de Job, en el libro de Job, Job conversa con sus amigos; y después esa conversación se vuelve más o menos una discusión, y el tema es Dios; Job habla de Dios, los amigos hablan de Dios, y Dios escucha lo que ellos hablan de Él mismo; a veces, si uno no pone atención al último capítulo, cuando Dios mismo da su evaluación de las conversaciones de ellos, pensaríamos que su doctrina es muy buena; a veces nosotros podríamos hasta enmarcar uno de los versículos de la disertación de Bildad suhita o de Elifaz temanita o de Zofar naamatita, o de Eliú; pero fíjense en que Dios, después de que les dejó hablar treinta y tantos capítulos y él guardaba silencio, al fin habló Dios mismo; y cuando habló Dios mismo ahí se callaron todos; ahí Job dejó de responder argumentos y se postró y dijo: Yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí que yo no comprendía; por tanto me aborrezco en polvo y ceniza; yo te preguntaré y tú me enseñarás.  Pero luego vienen las palabras que les dice Dios a los amigos de Job, los que estaban defendiendo a Dios.

 Dios les dice: Vosotros no habéis hablado de mí lo recto como mi siervo Job, por lo tanto pídanle a él que ore por ustedes para que yo no los trate afrentosamente; como quien dice: para que no os corrija por lo que habéis hablado de mí mal; me habéis malinterpretado delante de Job; vosotros presentasteis una imagen mía que no es; o sea que ellos, aunque trataron de defender a Dios, no resultaron testigos fieles de Dios, y eso que sus palabras están registradas en la Biblia. ¿A quién consideró Dios que habló bien?  A Job; de él consideró Dios que habló bien; pero, ¿qué fue lo que él habló? Después de haber hablado muchas cosas dijo: Yo hablaba lo que no entendía; o sea, reconoció que lo que hablaba lo hablaba sin entendimiento y que se arrepentía, y que se aborrecía; eso fue lo que Dios consideró correcto, dejar que sea Dios el que contesta, no ponerse uno a tratar de ponderar y a dar definiciones finales de Dios.


Nosotros, a veces, los que enseñamos acerca de Dios, no presentamos una imagen correcta.  Cuando el diablo le dijo a Eva: ¿Con que Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto? lo primero que quiso hacer fue presentar una idea falsa de Dios, distorsionar a Dios, atribuirle despropósitos a las intenciones de Dios. 

Entonces, a partir de la caída, Dios quedó desconocido del hombre; los hombres quedaron abandonados a sus propios sentidos por un tiempo; no abandonados de parte de Dios, sino que Dios, para mostrar la necesidad de Su revelación le permitió a los hombres, como dice Pablo a los atenienses, según Lucas en Hechos 17, les dice que palparan, a ver si palpando podían conocer algo de Dios, pero que en la sabiduría de Dios, el hombre no conoció a Dios mediante la sabiduría; entonces fue necesaria la predicación del evangelio; o sea, el más distorsionado es Dios, no Él en sí mismo, sino la imagen de Él que es la que nosotros mismos representamos equivocadamente, desequilibradamente; pero fíjense en qué precioso el que se puede decir del Señor Jesús que Él sí es el testigo fiel de Dios.


Sólo el Señor Jesús da a conocer al Padre

Jesús dice: harán esto, incluso persiguiendo a los que son de Dios, porque no conocen al Padre ni a mí.  Hacen cosas, dizque para defender a Dios, que Dios aborrece. Llega la hora en que cualquiera que os mate, dijo Jesús, pensará que rinde servicio a Dios. Cuantos de los torturadores de la época de la inquisición que estaban aplicando torturas terribles a muchos que no eran papistas o no eran marianistas, pensaban estar prestando un servicio a Dios; pero Dios no es así. Jesús dijo: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis y le habéis visto” (Juan 14:7); o sea, que el Padre es conocido a través del Hijo, para que no tengamos una visión desequilibrada, viendo algún aspecto y negando otro, o ignorando otro; quien realmente nos revela el carácter de Dios, como es Dios, en Su misericordia y al mismo tiempo en Su justicia, en Su santidad, también en Su vida y sin embargo también Su paciencia, etc., es el Señor Jesús; es por el Señor Jesús, y sólo por Él, que se puede conocer a Dios.  Por eso Jesús dijo: el que no honra al Hijo, no honra al Padre; y también está escrito que el que no recibe al Hijo, no recibe al Padre y el que no tiene el Hijo no tiene al Padre.

Muchas personas aceptan la existencia de un Dios; hoy en la oración se mencionó, por ejemplo, a los musulmanes; pero la imagen que tienen los musulmanes de Dios, no es una imagen fiel; algunos son capaces de ponerse bombas e ir a usar un terrorismo porque piensan que van a ir a un paraíso donde van a tener valquirias que los sirvan; están engañados porque no recibieron al Hijo; el que no recibe al Hijo no recibe tampoco al Padre, el Padre sólo es conocido por el Hijo. 

Entonces esta expresión aquí: “Jesucristo el testigo fiel”, es importantísima, por medio de Jesús conocemos al Padre. “Padre, les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer aún”; o sea, lo continuaré dando a conocer; a Dios sólo lo conocemos por medio de Jesús.


Jesús es un testigo fiel.  Esa palabra, “testigo fiel”, se puede contrastar con otra palabra terrible que es: “falso testigo”.  Un testigo fiel es el que da el testimonio de Dios como es, sin acrecentarle y sin quitarle; un falso testigo es el que miente acerca de lo que vio; una persona que habla de Dios distinto de Cristo y no en Cristo, es un falso testigo.  Eso es delicado; el Señor quiere que seamos sus testigos y para poder ser sus testigos tenemos que conocerlo a Él y procurar depender de Él y estar en Él; de otra manera tergiversaremos a Dios. Jesús es el testigo fiel; muy preciosa esa palabra y muy profunda. El Padre puede decir: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5); como quien dice, y como Él lo dijo: toda alma que no oyere a ese profeta...

Claro que ese profeta era el mismo Hijo de Dios, el Verbo divino hecho hombre, pero la profecía decía que ese Hijo de Dios hecho hombre sería también, entre otras cosas, un profeta como Moisés.

“Profeta como yo, os levantará el Señor”, dijo Moisés; entonces dijo Dios: toda alma que no oyere aquel profeta, será desarraigada del pueblo; o sea, el testimonio fidedigno de Dios, sólo lo podemos recibir por su Hijo Jesucristo, el testigo fiel.


El testigo fiel

Otra cosa importante que se dice del Señor Jesús aquí y que se dice a continuación, ustedes se dan cuenta de que aquí hay una secuencia; primero dice: el testigo fiel; entonces, claro, ¿cómo demostró Dios que el testimonio de Jesús fue fiel? resucitándolo de los muertos; esa fue la manera de decir:  lo que Él decía sí era verdadero. Mahoma está podrido todavía, Buda está todavía podrido, hermanos; hasta los apóstoles están todavía podridos; pero claro, a esos sí los resucitará el Señor en la primera resurrección, pero por estar en Cristo Jesús; pero Dios demostró quien es el Señor Jesús resucitándolo de los muertos. La secuencia dice primero: el testigo fiel; entonces como consecuencia de eso: primogénito; gracias a Dios que no es el único, sino el primero, porque Él condujo a muchos en Su testimonio; “primogénito de los muertos”, entonces resucitado, glorificado, sentado a la diestra del Padre.  La siguiente consecuencia es: “soberano de los reyes de la tierra”. Fíjense en el orden: primero “testigo fiel”; eso fue desde la encarnación y Su vivir humano y Su muerte, porque fue testigo hasta la muerte, porque la palabra “testigo” en el idioma griego es “mártir”; o sea que para Dios “testigo” y “mártir”, es lo mismo; o sea, quien no esté dispuesto a poner su vida hasta la muerte por el honor de Dios, no es un verdadero testigo; por eso la palabra testigo y mártir para Dios es la misma palabra; en el griego es la misma palabra; donde dice: el mártir fiel, es el testigo fiel.

Primogénito de los muertos

Ahora sí viene “el primogénito de los muertos”.  Preciosa esta palabra; esto quiere decir: el primero que resucitó de la muerte en incorrupción para nunca más morir.  Ciertamente que antes del Señor Jesús hubo otras personas que resucitaron de los muertos, pero todavía en un cuerpo adámico, todavía en un cuerpo corruptible que volvería a morir. Los que resucitaron Elías o Eliseo, ¿verdad? Incluso los que resucitó el Señor Jesús aquí en la tierra, volvieron a morir, pero el Señor Jesús fue el primero en resucitar en incorrupción para nunca más morir y por eso él es el primogénito. ¡Pero qué precioso que diga que es el primogénito!  Eso implica que no es el único; por eso dice: “primogénito de los muertos”; o sea que gracias a Él, y siendo Él nuestro precursor, habrá otros que por medio de Él y por estar en Él resucitarán con Él, ¿amén? Y por eso se llama “primogénito de los muertos”; como Juan resume en estas tres palabras la identidad del Señor Jesús: “testigo fiel”, ahí está, Dios encarnado, Dios siendo conocido a través de humanidad y entonces, habiendo muerto, resucitado de los muertos y hecho Señor, autoridad total en los cielos y en la tierra, siendo el soberano de los reyes de la tierra, Señor de señores y Rey de reyes.  Él tiene ahora toda potestad; puede ser que algunos y muchos reyes de la tierra no sepan que Él es su soberano; muchos no saben que Él es el que los tiene ahí y que van a dar cuenta de la oportunidad que Él les dio; Él es el que los pone y Él es el que los quita y todo lo hace Él para llevar adelante Su programa.  Siempre debemos ver la mano de Dios detrás de todos los acontecimientos, porque nada se escapa de la mano de Dios; Él es el primogénito de los muertos, el primer resucitado para nunca más morir y el soberano de los reyes de la tierra.

Esto nos recuerda aquel Salmo 2, precioso Salmo donde el Padre le dice al Hijo: Hijo, “8pídeme, y yo te daré por herencia las naciones”; y luego le dice a los reyes: Reyes, “12honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino”; o sea que el Señor Jesús tiene toda potestad en los cielos y en la tierra. ¡Qué cosa importante de Juan!

Imagínense una cosa: ellos estaban nada menos que en tiempo de Domiciano, que fue considerado como un segundo Nerón, o un Nerón revivido o redivivo como se dice; y estaban muriendo, y él estaba mandando al pueblo que le adorase y le ofreciese incienso a su estatua, como figura de lo que ha de acontecer con la imagen de la bestia en los tiempos finales; y en ese tiempo en el que todo parecía tan difícil, Juan dice: “soberano de los reyes de la tierra”. Hermanos, esto hay que tenerlo en cuenta en los tiempos peores, estando sucediendo lo peor, debemos recordar que Él es el soberano de los reyes de la tierra, Él tiene absoluto dominio; Él no le permite siquiera un milímetro más a Satanás de lo que le permite.  Cuando Él le dijo: No tocarás la vida de Job, Satanás no pudo hacer nada.  Satanás hizo muchas cosas poderosísimas, pero no pudo tocar la vida de Job.  Después sí le dijo: Tocarás su piel, pero hasta la piel, no su vida; o sea que el diablo no puede escaparse un centímetro; hay un soberano absoluto que está siempre en el trono.  Entonces, hermanos, no importa lo que estemos viendo en el mundo, el Señor es soberano de los reyes de la tierra, y ellos darán cuenta al Señor.


Nos hizo reino y sacerdotes

Después sí viene el punto, y después de mencionarlo, en vez de hablar, porque él va a empezar a contar las cosas que le sucedieron, desde el versículo 9, en el verso 9 dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe”; pero antes de comenzar a contar él acaba de mencionar al Padre, al Espíritu y al Hijo; entonces tiene que glorificar; por eso dice: “Al que nos amó, y nos libró”, ya la vez pasada hicimos la comparación textual entre las traducciones y vimos que la palabra “libró” es un poco más cercana al original que “lavó”; o sea, lavó está incluido en “libró”, pero libró es más que lavar. “5Al que nos amó, y nos libró de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reino y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.  Hermanos, con esta exultación de Juan, realmente estamos viendo que este libro es el Apocalipsis; el Apocalipsis es el final, es la consumación, y aquí de la manera como Juan exalta al Señor, está presentando al Señor de una manera global y de una manera completa. Primero dijo: Él es el testigo fiel, el primogénito de los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; ahí está una cristología resumida donde está todo lo que es Jesucristo en cuanto a Su persona; pero ahora viene a resumir Su obra, “nos amó, y nos libró de nuestros pecados con su sangre y nos hizo reino (dice el original) y sacerdotes para Dios,  su Padre”; entonces fíjense en esas pocas palabras; así como antes había sintetizado la persona excelsa del Señor, ahora sintetiza la obra del Señor desde el principio hasta el fin; porque miren lo que dice: “nos amó”; o sea, desde la eternidad, “con amor eterno te he amado”, ahí esta la eternidad, “nos amó”. 

Por amor fue que se despojó, se encarnó, vivió, fue probado, murió, resucitó, ascendió, intercede, reina, envía al Espíritu, controla todo; ¿amén? Todo eso es por amor; y dice: “y nos libró de nuestros pecados con su sangre”. La palabra “libró”, que es una palabra más ajustada al original griego, la diferencia está sólo en una u menos; se pronuncian igual, pero no se escribe la o; entonces suena “libró”; esta palabra es más profunda que la otra, porque lavar es perdonar, pero no libertar; una persona puede ser una vez perdonada y otra vez perdonada, y otra vez perdonada, pero seguir haciendo lo mismo, porque no ha sido librada, sólo perdonada o lavada; pero ser librado es más profundo que ser lavado, porque ser librado implica haber sido lavado, perdonado, pero haber sido ayudado para que ya no sea más el pecador que era; o sea, ser librado de los pecados es más profundo que ser lavado. Ser lavado sí es ser limpiado del pecado, de la mancha del pecado, pero ser librado es más profundo.


Por ejemplo, en la epístola a los Romanos, se nota mucho esa diferencia. En Romanos, capítulo 4 por ejemplo, ustedes ven que Pablo ya va a algo más profundo. En 4:7, él dice: “7Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. 8Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado”.  Esto aquí se está refiriendo al perdón de los pecados o al lavamiento; pero luego usted puede ver un poquito más adelante, ya no en el capítulo 4, sino en el capítulo 6, verso 17: “17Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”.  Aquí no usa la palabra “perdonado”, sino “libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”; ahora las personas practican la justicia y no practican más el pecado; por lo menos, lo practican menos que cuando habían sido perdonados y libertados.


Entonces, hermanos, el Señor Jesús es el que constituye sacerdotes a Su pueblo como lo va a decir aquí a continuación: por medio de Su obra en la cruz. Juan está sintetizando aquí lo que con muchas palabras en  el Antiguo Testamento estaba tipificado.  Ustedes ven que aquí en Apocalipsis 1:5 dice: “nos amó”, entonces la consecuencia, nos lavó, pero el original más exacto es “libró de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo...” aquí dice la palabra “reyes”, pero el original griego dice “reino”; “y nos hizo reino y sacerdotes para Dios, su Padre”; entonces como nos amó desde la eternidad, hizo lo que hizo y luego lo hizo en nosotros, “nos libró”; pero ¿que más hizo cuando nos libró? “nos hizo reino”; por eso aquí está mostrando todo desde el principio, en la eternidad pasada hasta la eternidad futura.  Juan, aquí están todas las terminales de la Biblia; estas expresiones que aparecen aquí en Juan, son las que introdujo Dios.


Un reino de sacerdotes

Vamos a Éxodo 19, cuando por primera vez, de manera explícita, porque ya tipológicamente desde la creación del hombre se veía el sacerdocio, pero en forma tipológica, pero de manera explícita aparece en Éxodo 19.  Fíjense en cómo Apocalipsis, allí donde leímos, es como una terminal conectada con este pasaje acá. Éxodo 19 dice lo siguiente; vamos a leerlo desde el versículo 4: “Vosotros”, le está hablando Dios a todo el pueblo de Israel; oigan, en este pasaje, fíjense bien, no le habla sólo a los levitas, ni sólo a los sacerdotes de Aarón; le habla al pueblo entero de Él: “4Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.” Fíjense, es casi lo mismo: el que nos amó, Él fue el Cordero de la pascua, nos libró de nuestros pecados, nos trae a Él, ¿para ser qué? “Os he traído a mi. 5Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardaréis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”. Por eso era que el apóstol Pedro decía también: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncieis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9); o sea que desde el principio, el objetivo de la redención es un reino de sacerdotes; no es solamente ser perdonados, no es solamente no irnos al infierno.  El Señor nos perdona, nos libra y nos constituye sacerdotes, y esos sacerdotes juntos formamos un reino.

Un reino es toda una economía divina administrada por Dios, por Cristo el ungido y sus co-reyes, coherederos con Él, que reinarán juntamente con Él, si juntamente con Él padecieren; porque este asunto del reino está relacionado con el sufrimiento con Cristo. Aquí Juan está sintetizando de eternidad a eternidad; nos amó, nos libró de nuestros pecados con Su sangre, y nos hizo un reino. La palabra más exacta es un reino; la vez pasada mencionamos rápidamente ese detalle. Ser reyes es todavía muy individual; es que la palabra reino y reyes es muy parecida, sólo se diferencian en unas letras finales en el griego, y por eso algunos de los manuscritos posteriores se equivocaron en esos detallitos; pero los más antiguos mantienen esa palabra, “reino”, y que concuerda con lo que dice aquí en Éxodo 19, con lo que dice Pedro; el concepto de un reino, es un reino, no es reyes cada uno con su reino.... Juan es inspirado; pero no todos los traductores son inspirados; gracias damos a Dios por los traductores, pero nos toca comparar traducciones.  Espero que eso no escandalice a los hermanos, porque no estamos queriendo ser infieles a la Palabra, sino fieles, porque la Palabra es la que escribió Juan y lo más cercano son los manuscritos antiguos.


Ordenación de los sacerdotes

Hermanos, volvamos allí a Apocalipsis1:6: “Nos hizo reino y sacerdotes”. Ahora fíjense en esto: “nos hizo reino”; primero dice: “nos amó, y nos libró de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reino y sacerdotes”. Vamos de nuevo a Éxodo, pero esta vez al capítulo 29, donde ustedes van a encontrar la consagración de los sacerdotes; es decir, como era; porque el Antiguo Testamento es una tipología; cómo era que se hacían sacerdotes, y ahí con este capítulo 29 como trasfondo de aquella frase de Juan: “al que nos amó y nos libró de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reino y sacerdotes”, esa frase: el que nos amó y con su sangre nos libró y nos hizo, este capítulo 29 es la tipología; o sea, lo que está en Juan es un resumen de todo lo que aquí en esta tipología está ricamente expresado. Vamos a hacer una lectura un poco rápida, para que nos demos cuenta de cómo todos estos detalles reflejan distintos aspectos de la obra de Cristo. Éxodo 29 desde el 1: “1Esto es lo que les harás para consagrarlos, para que sean mis sacerdotes”.  Aquí nos está diciendo la tipología cómo es que se hacen los sacerdotes, porque dice que Él nos hizo sacerdotes. Ahora, ¿cómo nosotros, hermanos, ya no teóricamente, cómo nosotros llegamos a ser de hecho sacerdotes y practicamos el sacerdocio? Porque uno puede decir: soy sacerdote, pero no experimentarlo ni ejercerlo; pero Él nos amó, nos libró de nuestros pecados con Su sangre y nos hizo reino y sacerdotes. Ahora aquí estaba cómo es que se hacen los sacerdotes; cómo tú, una persona que vivías en el mundo, que no vivías en la comunión de Dios, cómo de pronto eres librado del mundo, eres sacado de las tinieblas, introducido en su luz admirable para conocerle y para anunciarle; es decir, para salir representándole; ese es un sacerdote en la práctica, una persona que sale de la oscuridad, entra en el Lugar Santísimo por Su sangre y luego sale en Su nombre y le representa fielmente. ¿Cómo puede ser hecho eso? Porque la frase así tan rápida, leída a la carrera, “nos hizo sacerdotes...”, pero ¿tú que sientes? ¿Tú sientes que te ha sucedido algo? ¿O no entras a la presencia? ¿O entras y no sólo entras, sino que vives y sales, no de la presencia, sino en el nombre de 1a presencia?  Esa es una frase profunda: “nos hizo”; y aquí en Éxodo 29 dice:: “1Esto es lo que les harás para consagrarlos”; o sea, lo que allá está en la terminal resumida, aquí está el contenido que está escondido en aquella frase que dice:

“para que sean mis sacerdotes:  Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin defecto; 2y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las harás de flor de harina de trigo. 3Y las pondrás en un canastillo, y en el canastillo las ofrecerás, con el becerro y los dos carneros. 4Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua. 5Y tomarás sus vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod; 6y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa. 7Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás. 8Y harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas. 9Les ceñirás el cinto a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacerdocio por derecho perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos”.


Todo esto que está aquí es la tipología de la realidad espiritual; aquí se presenta a Cristo; sí, el que nos amó y nos libró de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reino y sacerdotes; ahí vas a entender por qué no decía solamente nos lavó, sino nos libró; es decir que la obra de Cristo para hacernos sacerdotes es muy profunda; no es solamente el perdón lo que nos hace sacerdotes.


La limpieza y la liberación

Muchos son perdonados de sus pecados y vuelven a andar en lo mismo. Fíjense en que cuando fue simbolizada la hechura de los sacerdotes, la consagración de los sacerdotes, Cristo es tipificado de una manera múltiple; una cosa: el becerro; pero ¿por qué no dijo sólo el becerro? porque el becerro representa una cosa que está más adelante; pero dice: “y dos carneros sin defecto”. ¡Ah! los dos carneros también representan a Cristo, pero otro aspecto de la obra de Cristo. El becerro es para limpiarnos, pero los carneros son para liberarnos, y los panes sin levadura son para constituirnos; diferentes aspectos de la obra de Cristo: Ser limpiados es una cosa, ser librados es otra más profunda, y ser constituidos es otra más profunda; y por eso es que todo esto tenía que ser puesto en un canastillo, y ese canastillo estaba en las manos de los sacerdotes; ese canastillo somos nosotros; ese becerro, esos carneros, esos hojaldres, esas tortas tienen que ser puestas en el canastillo; es decir, en nosotros; eso es lo que se nos da a nosotros para nosotros presentar como sacerdotes.

 Si no tenemos lo que hizo el cordero que es el perdón, lo que hicieron los carneros que es la liberación, lo que hacen los panes sin levadura y las tortas que es la constitución, no podemos presentarnos al Señor, sino que estamos con las manos vacías.  Pero Él nos amó, él nos libró y él nos hizo o nos constituyó; todo eso está representado en estas cosas.


Los hermanos que quieran profundizar más en esto, porque no tenemos el tiempo de hacerlo con detalle, porque eso ya se hizo en otra ocasión con la iglesia en Usaquén, pueden leer: El Sacerdocio Neotestamentario, que ya está publicado, y oír las grabaciones de la continuación que son “la consagración sacerdotal”, que son varios casetes que están grabados, donde esto se estudia en detalle; aquí apenas estamos haciendo un recuento y no podemos tomarnos todo ese tiempo porque eso ya está tratado, y los hermanos pueden acudir a ese material para profundizar. De todas maneras vemos que todo esto representa aspectos de Cristo: el becerro, los carneros, los panes sin levadura, las tortas sin levadura amasadas con aceite y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las harás de flor de harina de trigo. 

Note, todo eso es lo que Cristo es. Cristo es aquel grano de trigo que fue molido por nuestros pecados para que nosotros también, unidos con Él, seamos hechos también un pan; ese pan sin levadura, las doce tortas que representaban al pueblo de Israel, en el Nuevo Testamento representan la iglesia, pues, si nosotros siendo muchos, somos un solo pan, ahí es cuando Cristo nos hace reino; la harina, los granos individuales, nuestro egoísmo, nuestro individualismo es quebrado, es molido, es amasado, es mezclado con aceite, es pasado por el horno; entonces ahí sí resulta el pan, la Iglesia: el cuerpo de Cristo; lo que Cristo nos hizo es un reino que es el cuerpo de Cristo, sacerdotes constituidos por Su propia vida, alimentados por Él; todo esto que aquí se dice en forma simbólica es rico y es profundo.


La ofrenda por el pecado

Ahora vamos a ver qué representan los becerros y esas cosas, y se dan cuenta de que hay palabras claves de la obra de Cristo asociados con cada uno de estos animalitos. Sigamos leyendo, porque todo esto es lo que está escondido detrás de aquella frase de Apocalipsis. Éxodo 29:10:

“10Después llevarás el becerro delante del tabernáculo de reunión, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del becerro (eso es como los pecados de ellos al ser puestos sobre aquel becerro que representa a Cristo).  11Y matarás el becerro delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión (por eso Cristo fue sacrificado al lado de Jerusalén, fuera del campamento, en el Gólgota).  12Y de la sangre del becerro tomarás y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y derramarás toda la demás sangre al pie del altar. 

13Tomarás también toda la grosura que cubre los intestinos, la grosura de sobre el hígado, los dos riñones, y la grosura que está sobre ellos, y lo quemarás sobre el altar.  14Pero la carne del becerro, y su piel y su estiércol, los quemarás a fuego fuera del campamento, es ofrenda por el pecado”.


Todo este aspecto de Cristo representado en este becerro para consagrar al sacerdote, representa la ofrenda por el pecado; pero ahora vamos a ver qué representan aquellos carneros.


La ofrenda quemada

Verso 15:  “15Asimismo tomarás uno de los carneros”.  Fíjense en que ahora son dos, porque con Cristo hay cosas que Él hizo por nosotros, es uno solo; pero hay cosas que Él hizo por nosotros y nos hace a nosotros con Él; entonces son dos. Por ejemplo, Cristo murió por nosotros, ese es uno; luego nosotros morimos también, ese es el otro; entonces dice así:

“15Asimismo tomarás uno de los carneros, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 16Y matarás al carnero, y con su sangre rociarás sobre el altar alrededor. 

17Cortarás el carnero en pedazos, y lavarás sus intestinos y sus piernas, y las pondrás sobre sus trozos y sobre su cabeza. 18Y quemarás todo el carnero sobre el altar; es holocausto de olor grato para Jehová; es ofrenda quemada a Jehová”.


¿Se dan cuenta que es otro aspecto? Un aspecto era ofrenda por el pecado; este otro aspecto es holocausto. ¿Qué quiere decir holocausto? Holocausto es algo que se quemaba totalmente para Dios; o sea, hay que libertarnos a nosotros del pecado, sí, pero hay que honrar y vindicar la justicia de Dios. Del holocausto no comía el sacerdote, del holocausto no comían los hijos de los sacerdotes, del holocausto no comía el pueblo, el holocausto se quemaba totalmente para Dios; o sea que como la santidad de Dios fue ofendida, Su justicia fue ofendida, Su gloria fue ofendida, debe ser vindicada. La muerte de Cristo no fue solamente para nosotros, sino para vindicar la santidad de Su Padre, vindicar la justicia de Su Padre y vindicar la gloria de Su Padre que habían sido ofendidas; era algo totalmente para Dios; nosotros no comemos de ese carnero, ¿por qué? porque era algo de lo cual sólo Dios tenía que recibir. Claro que la muerte de Cristo satisface a Dios, pero también nos salva a nosotros, por eso son distintos aspectos de la obra de Cristo. Si tú vas a Levítico lo puedes encontrar.  Algún día Dios nos conceda hacer una serie minuciosa de esto, que está en mi corazón hace tiempo también y sentí también de Dios un impulso, ojalá podamos ver cada aspecto. 

Cada sacrificio del Antiguo Testamento representa un aspecto de la obra única de Cristo hecha una vez para siempre; pero nosotros a veces sólo vemos el perdón de los pecados, pero más cosas fueron hechas en la cruz.


El sacrificio en la ordenación

Seguimos leyendo el capítulo 29: “19Tomarás luego el otro carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero. 20Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón”.  Ahora sí viene la aplicación; un aspecto era totalmente para Dios, totalmente quemado, holocausto, ofrenda a Jehová; esa es la parte que es para Dios; por eso es que tenían que ser dos; uno para representar lo que es para Dios y el otro lo que nos hace a nosotros. Ahora sí el otro aspecto de la obra de Cristo es para nuestra oreja, porque es que a veces oímos otras voces y no sólo la del Señor, y así nadie puede ser sacerdote; el que no oye sino la voz del Señor Jesús puede ser sacerdote, pero el que oye otras voces no puede ser sacerdote.  Por eso es que la sangre tiene que ser puesta en nuestra oreja, porque oímos muchos voces; pero Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).  ¿Saben cuando lo dijo? Cuando San Pedro, el que fue después llamado Papa, estaba promocionando a Moisés y a Elías que fueron siervos de Dios. Moisés y Elías, los más grandes de los profetas. Señor, que bueno que estemos aquí; vamos a hacer tres enramadas; y los puso en el mismo nivel como si fueran:  Padre,  Hijo y Espíritu Santo. Moisés, Jesús y Elías; no, cómo que Moisés, Jesús y Elías, no, no, no tres enramadas.  Cuando estaba hablando Pedro, Dios no lo dejó terminar de hablar, sino que mientras hablaba lo corrigió el Señor; habló diciendo: Éste, no éstos; éste, Jesús, éste es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento, a Él oíd.  Entonces, hermanos, primero la justicia, la santidad y la gloria de Dios debían ser vindicadas por el Cordero; o si no, ¿quién podía entrar a la presencia de Dios? ¿quién podía ser sacerdote si la santidad de Dios está ofendida, si la gloria de Dios está ofendida, si la justicia de Dios está ofendida?  Nadie puede ser sacerdote, nadie puede entrar con Él en el Lugar Santísimo sin que primero Él nos haya hecho de esta manera con Su muerte, sacerdotes, y con Su vida, alimentándonos de Él y haciéndonos un cuerpo y muchas iglesias locales.

Seguimos leyendo en Éxodo 29: “20Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el lóbulo de la oreja de sus hijos (eso se refiere al oír; no hay que oír sino una voz; cuando oímos otras voces tenemos otro gobierno, no somos reino suyo, ni sacerdotes para Él; somos de aquellos a quienes oímos; cuando oímos cualquier otra voz antes que la del Señor no podemos estar actuando como sacerdotes.  Para ser hechos sacerdotes el Señor tenía que limpiarnos de todas las otras voces que oímos), sobre el dedo pulgar de la manos derechas de ellos (significa el trabajo, la acción, la obra, porque tienen que ser purificadas con la sangre del Señor, las manos, la diestra, porque también no sólo oímos otras voces, sino que hacemos otras cosas que no son para Él; las manos son para trabajar; pero no siempre trabajos para Él; no siempre nuestro trabajo es para Dios; pero Él nos hizo reino para Dios el Padre, sacerdotes para Dios el Padre; por lo tanto, todo lo que no hacemos para Él es perdido, debe ser purificado; por eso el dedo de nuestra diestra, el dedo con el cual se cubren todos los demás dedos para poder hacer algo. ¿Recuerdan ese rey que tenía unos cuantos reyes allá debajo? Saben que para impedirles defenderse les cortó el dedo pulgar, porque sin el dedo pulgar tú no puedes agarrar bien las cosas sólo con cuatro; el pulgar es el que complementa; por eso es que allí se ponía también la sangre), y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de ellos (significa nuestro andar), y rociarás la sangre sobre el altar alrededor”.  Entonces esa sangre estaba sobre el lóbulo, lo que oímos; la mano, lo que hacemos, y el pie, por donde andamos, y en el altar, o sea, consagración. Consagrarnos a oírlo sólo a Él, a trabajar sólo para Él y a andar sólo en Él; así nos hace sacerdotes. Cuando con Su sangre nos libró, nos libra de otras voces, de otras obras, obras muertas, obras de las tinieblas y nos libra de otros andares.


Ahora dice así: “21Y con la sangre que estará sobre el altar, y el aceite de la unción, rociarás sobre Aarón, sobre sus vestiduras, sobre sus hijos, y sobre las vestiduras de éstos; y él será santificado, y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él”.  Significa que las vestiduras del sacerdocio representan el nuevo hombre en Cristo.  El viejo hombre es las viejas vestiduras, el nuevo hombre es las nuevas vestiduras; cuando somos purificados de lo demás, ahora nuestras vestiduras son el nuevo hombre; si no, estamos en el viejo hombre, en la carne.


Aspectos de la obra de Cristo

Luego dice: “22Luego tomarás del carnero la grosura, y la cola, y la grosura que cubre los intestinos, y la grosura del hígado, y los dos riñones, y la grosura que está sobre ellos, y la espaldilla derecha; porque es carnero de consagración”.  El otro carnero era de holocausto y éste es de consagración; la palabra clave aquí es consagración.  Fíjense, un aspecto de la obra de Cristo: ofrenda por el pecado; otro aspecto: holocausto para Jehová; otro aspecto: consagración, a nosotros. Nos libró de nuestros pecados con Su sangre y nos hizo reino y sacerdotes: consagración.  Él murió, y si uno murió por todos, luego todos murieron; Él murió para el Padre por nosotros: becerro y un carnero; y nosotros morimos con Él, por virtud de Él, Él nos hizo, el otro carnero; éste se llama de consagración; esas son las palabras claves: ofrenda de pecado, holocausto ofrenda a Jehová y consagración.  Noten: acaba de hablar de consagración.  Esa es la consagración para cada uno de los sacerdotes. ¿Hacia dónde nos lleva el Señor?  A la vida corporativa; no sólo a la consagración individual; y ahora agrega:

“23También una torta grande de pan, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre del canastillo de los panes sin levadura presentado a Jehová, 24y lo pondrás todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos; y lo mecerás como ofrenda mecida delante de Jehová”.


Esta es otra clase de ofrenda: ofrenda mecida. Primero era ofrenda de Él por nuestros pecados, holocausto para Dios; ahora nos consagra; pero ahora que estamos consagrados tenemos que presentar ofrenda mecida.  Pero ¿cuál es la ofrenda mecida que le tenemos que presentar?  Una torta grande que representa el cuerpo de Cristo en el sentido universal y otra torta pequeña de aceite que es la iglesia en su localidad, y la vida del servicio de la iglesia que son los hojaldres en el canastillo, que es nuestra vida, sirviéndole al Señor como sacerdotes. En el folleto del sacerdocio del Nuevo Testamento, ustedes ven allí las funciones del sacerdocio, los diferentes sacrificios espirituales del sacerdocio; eso está representado aquí en estas tortas, en estos hojaldres, en ese canastillo, porque esas tortas eran de los mismos panes de la proposición, con muchos granos que somos nosotros, se molían, nuestro ego se muele, se amasa con aceite que es el Espíritu Santo, se nos hace una sola masa, Iglesia; no es consagración individual, sino que aquí estamos como un pan; el pan somos nosotros y se mete en el horno que es la prueba y luego ahora sí se puede presentar al Señor como ofrenda a Jehová; es ofrenda mecida, son distintos aspectos de lo que Él nos hace; nos hace reino y sacerdotes.  Cuando la iglesia está unida, esa es la torta y ese es el reino, en lo universal, la torta grande; y en lo local, la otra pequeñita; y los hojaldres el servicio de la iglesia; y después, como nos hizo reino y sacerdotes:


“25Después lo tomarás de sus manos y lo harás arder en el altar, sobre el holocausto (ahora sí; antes Cristo era el único que se ofrecía; ahora dice: no, sobre el holocausto vas a poner toda esa ofrenda de la iglesia; vas a ponerlo sobre el holocausto; eso es lo que Él consiguió; Él lo hizo para el Padre, pero Él nos condujo a que nosotros también agrademos al Padre como Él lo agradó), por olor grato delante de Jehová. Es ofrenda encendida a Jehová”.  Otra clase de ofrenda; la ofrenda encendida es el servicio que se pone sobre el holocausto.  El holocausto es lo que sólo el Señor hizo para satisfacer al Padre, pero ahora como Él satisfizo al Padre, Él quiere que nosotros también, pero no lo podemos hacer sino  sobre el holocausto, o sea, en Cristo.


“26Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones (porque uno era el de holocausto y el otro era de consagraciones), que es de Aarón, y lo mecerás por ofrenda mecida delante de Jehová; y será porción tuya”.  Eso es para nosotros, la otra era para Dios; por eso era totalmente quemado, pero éste es para que coma el sacerdote, o sea para que nos alimentemos de Cristo; no sólo el Padre, sino también nosotros y dice:  “27Y apartarás el pecho de la ofrenda mecida, y la espaldilla de la ofrenda elevada, lo que fue mecido y lo que fue elevado del carnero de las consagraciones de Aarón y de sus hijos, 28y será para Aarón y para sus hijos como estatuto perpetuo para los hijos de Israel, porque es ofrenda elevada; y será una ofrenda elevada de los hijos de Israel, de sus sacrificios de paz, porción de ellos elevada en ofrenda a Jehová. (El pecho y la espaldilla, qué maravilla, es la parte nuestra.)  29Y las vestiduras santas, que son de Aarón, serán de sus hijos después de él, para ser ungidos en ellas, y para ser en ellas consagrados”.  El aceite no unge el viejo hombre sino el nuevo; hay que estar en las vestiduras nuevas para ser ungidos en ellas.


“30Por siete días las vestirá el que de sus hijos tome su lugar como sacerdote, cuando venga al tabernáculo de reunión para servir en el santuario”.


Siete es el número de completación, de plenitud.  El Señor Jesús intercediendo como sacerdote durante las siete edades de la iglesia y la iglesia sirviendo durante esos siete períodos al Señor, en Cristo. 

“31Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en lugar santo”.  Eso es para comer.  “32Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que estará en el canastillo, a la puerta del tabernáculo de reunión”.  Es la iglesia.  Por eso nos reunimos aquí, a comer del Señor y a mecer delante de él.


“33Y comerán aquellas cosas con las cuales se hizo expiación, para llenar sus manos para consagrarlos; (¿se dan cuenta? Al que nos amó, nos libró de nuestros pecados y nos hizo reino, con la expiación llenará nuestras manos para consagrarnos) mas el extraño (el que no venga en Cristo) no las comerá, porque son santas.  34Y si sobrare hasta la mañana algo de la carne de las consagraciones y del pan, quemarás al fuego lo que hubiere sobrado; no se comerá, porque es cosa santa”.  Eso nos dice que al Señor hay que comerlo fresco todos los días; lo de ayer era para ayer, y lo de hoy tiene que ser para hoy.


“35Así, pues, harás a Aarón y a sus hijos conforme a todo lo que yo te he mandado; por siete días (las siete edades de la iglesia) los consagrarás.  36Cada día ofrecerás el becerro del sacrificio por el pecado, para las expiaciones, y purificarás el altar cuando hagas expiación por él, y lo ungirás para santificarlo.  37Por siete días harás expiación  por el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare el altar, será santificada”.


Eso es cuando realmente vienes en unión con Cristo y te consagras a Él, ahí eres santificado.  Hermanos, ahora volvamos allí a Apocalipsis 1:5:  “5Al que nos amó, (desde la eternidad) y nos libró (o sea, no sólo nos perdonó sino que nos consagró) de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reino (ahí está la torta grande, la pequeña, los hojaldres, todos en un canastillo) y sacerdotes (nos consagró) para Dios, su Padre; (entonces) a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” ☐


Continúa con: Viene en las nubes.

VIENE CON LAS NUBES

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:46, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (8)


VIENE CON LAS NUBES


“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”. Apocalipsis 1:7

El Pantocrator

Vamos en esta noche, hermanos, a continuar con la ayuda del Señor, el estudio que hemos comenzado del libro del Apocalipsis; estamos en el primer capítulo. Apocalipsis capítulo 1; esta vez llegamos al versículo 7. La vez pasada vimos la presentación de Dios por Cristo, por Su ángel a Juan, a las iglesias; y entonces vimos como Juan alababa al que nos amó y nos hizo reino y sacerdotes para Dios su Padre; y por eso es que dice allí al final del verso 6: “A Él sea gloria e imperio”; aquí vemos claramente, podríamos decir, con toda desfachatez dando gloria al Hijo en aquel tiempo, donde Israel solamente conocía a Dios en el Padre, pero no había conocido a Dios en el Hijo; y aquí Juan es uno de los que más claramente confiesa la divinidad del Hijo. Así comienza su evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). En su primera carta dice: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Juan 5:20); o sea, el Dios verdadero, el único Dios verdadero, el Padre, es conocido por medio del Hijo; en el Hijo conocemos al Padre; no se puede conocer al Padre sin el Hijo; y aquí también en Apocalipsis, así como en el evangelio y en la epístola, ahora dice: “A Él sea gloria, (viene hablando del Hijo) e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Y entonces, teniendo nuestra atención en él, confiesa lo siguiente; antes de explicar lo que le pasaba en la isla de Patmos, que va a empezar a decirlo desde el verso 9, él está tan embebido de Aquel a quien vio y en cuyo nombre está hablando y a quien está glorificando, que dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén”. Entonces Dios el Padre habla por Juan y dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y que era y que ha de venir, (el pantocrator) el Todopoderoso”.


Aquí, como vimos la vez pasada en el examen textual de los distintos manuscritos, la versión más fiel, más pura y más antigua es la que les acabo de mencionar, que algunas Biblias lo dicen así: “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”; eso ya lo vimos con detalle una vez pasada, por lo tanto, ahora vamos a concentrarnos, más que en el comentario textual, en la exégesis.


Sobre el tiempo del arrebatamiento

Me perdonan lo que voy a hablar esta noche; y lo digo muy a propósito así por lo siguiente: yo sé, y ustedes también saben, que en la historia de la Iglesia respecto de la segunda venida del Señor Jesucristo ha habido muchas consideraciones, muchos puntos de vista; y todavía en la historia de la Iglesia no nos hemos podido poner de acuerdo todos los hermanos respecto a la segunda venida del Señor; de manera que sabiendo que eso es así, de ninguna manera voy por mi parte a pretender dar el punto final; pero tampoco puedo dejar de ser responsable, puesto que el Señor me indicó enseñar el Apocalipsis, enseñar lo mejor que lo entienda; así que le ruego que usted no me siga a mí, sino que siga la Biblia misma; lo que yo le diga, usted no lo trague entero, sino júzguelo por medio del Espíritu Santo a ver si es así o no es así; porque en este punto en que estoy por entrar, yo sé que en la historia de la Iglesia ha habido el punto de vista que habla que la segunda venida del Señor está dividida en dos partes: una secreta y otra pública y que habrá un arrebatamiento secreto antes de la venida gloriosa y manifiesta del Señor Jesús.

Pretribulacionismo. Ese es un punto de vista que es popular en un sector del pueblo de Dios; ese punto de vista fue por primera vez expresado en la era patrística por Efraín el Sirio, como en el año 374, la manera como él veía los asuntos; pero en sus escritos él no da una prueba muy profunda; él simplemente da la conclusión sin hacer la demostración, por lo menos en lo que ha llegado a nosotros de sus escritos; es él quien en la historia de la Iglesia en el siglo IV, por primera vez mencionó este asunto de un rapto antes de la gran tribulación. Después, ya por el año 1754, un pastor bautista llamado John Gill fue el segundo que expresó ese punto de vista de un arrebatamiento antes de la tribulación, en un comentario extenso que él hizo sobre todo el Nuevo Testamento; era raro porque entre los bautistas ese no era el punto de vista tradicional; pero este hermano, John Gill, lo vio así, lo enseñó así. Después, en 1810, un jesuita en Chile de apellido Lacunsa, también enseñó ese punto de vista de un arrebatamiento antes de la gran tribulación; algunos han acusado a Lacunsa de que para tratar de evitar la interpretación protestante que decía que el Papa era el anticristo, él trató de cambiar la escatología y entró por ese camino. Yo no lo acuso de esa manera porque yo directamente no he leído a Lacunsa, sino acerca de él; entonces solamente les cuento lo que algunos dicen, pero sin refrendarlo.

Después, unos poquitos años después de él, otro hermano llamado Edward Irving, como en 1812 más o menos, también enseñó el punto de vista pretribulacional, o sea, una venida del Señor en dos partes: una parte secreta tomando un rapto, el rapto de sus escogidos. Hay distintos puntos de vista. Después una mujer llamada Margaret McDonald, en 1816, enseñó la misma cosa y parece que ella tuvo unas experiencias místicas donde ella lo interpretó así. Por fin, en 1820, llegó un hermano muy serio, un precioso hermano, el hermano John Nelson Darby, de la línea de los Brethren o de los hermanos de Plymouth; él había sido anglicano, creo que hasta un arzobispo anglicano; renunció al punto de vista anglicano y a la organización anglicana porque comenzó a ver un poco mejor el cuerpo de Cristo, y él enseñó ya por primera vez de manera sistemática, de manera documentada, porque las anteriores menciones eran puntos de vista rápidos sin mucha sustentación; quien primero elaboró una sustentación profunda, digamos que fue el esquematizador del dispensacionalismo, fue el hermano John Nelson Darby; él fue uno de los ancianos de los Brethren en Plymouth, una ciudad al sur de Inglaterra; sin embargo, durante la misma época del hermano Darby, que fue el primero que sistematizó el dispensacionalismo y el pretribulacionismo, otro de los ancianos que pertenecía a la misma iglesia en Plymouth con Darby, el hermano Benjamín Newton, no concordó con el hermano Darby en su punto de vista de un rapto antes de la tribulación, sino que él demostró también con una argumentación bastante seria, que el rapto sería después de la gran tribulación; eso no lo hizo por primera vez el hermano Benjamín Newton porque ese fue realmente el punto de vista que existió entre los llamados Padres de la Iglesia en la era patrística, antes de Efraín el Sirio y después de Efraín el Sirio; fue el punto de vista que prevaleció en la era medieval y escolástica, fue el punto de vista que continuó con los reformadores, incluso cuando ya se introdujo este punto de vista del pretribulacionismo con el hermano Darby; el hermano Benjamín Newton lo tuvo que encarar y decirle que estaba equivocado. George Miller también era postribulacionista, y la iglesia en Bristol.


Los dos raptos. Hoy en día, la teología del pacto, o sea, la línea que siguen los reformados, es postribulacionista; y la línea dispensacionalista es pretribulacionista. Sucedió que ante los argumentos serios que presentaban el hermano Darby, pretribulacionista, y el hermano Benjamín Newton, postribulacionista, otros hombres de Dios, maestros también constituidos por el Señor, comenzaron a estudiar seriamente estos argumentos a ver cual de los dos tenía razón y surgió un equipo de maestros por la época del hermano Carlos Spurgeon, mas no Spurgeon, sino un hermano llamado Robert Govett, de quien Spurgeon dijo que había nacido cien años adelantado a la historia de la Iglesia, un hermano muy profundo, un hermano al que apenas ahora se le está entendiendo y se le está dando mucha razón en muchas cosas. El hermano Robert Govett, junto con el hermano G. H. Pember, junto con ellos el hermano D. M. Panton y el último de los teólogos de esa escuela, el hermano Lang, ellos, ante los argumentos de unos y otros, concluyeron que había dos raptos: uno antes de la tribulación y otro después de la tribulación; uno para las primicias o vencedores y otro para el resto de los cristianos salvos, que no alcanzaron a ser vencedores, como los primeros; ese punto de vista surgió al cambio del siglo XIX al XX. Los hermanos Govett, Pember, Panton y Lang, este último ya entrado el siglo XX, presentaron un tercer punto de vista.


El primero, que es el postribulacionista, que es el que aparece en los documentos de la iglesia primitiva desde la Didaché en el primer siglo, como interpretación del Nuevo Testamento, y también la patrística, los escolásticos, los reformadores y varias denominaciones, especialmente la línea reformada, y algunos presbiterianos, han tomado el punto de vista postribulacionista; luego, el punto de vista pretribulacionista desde Darby para acá, pero con las raíces no muy profundas que había mencionado de Efraín el Sirio, John Gill, Lacunsa, Edward Irwing, Margaret McDonald y John Nelson Darby. El punto de vista de Darby pasó a Scofield; entonces Scofield escribió unas anotaciones a la Biblia que fueron muy populares y de esa manera el punto de vista pretribulacionista pasó a muchas denominaciones. Luego, cuando murió Scofield, le sucedió el hermano Lewis Sperry Chafer, quien fundó el seminario fundamentalista de Dallas y escribió una teología sistemática y otros varios libros con el punto de vista dispensacionalista que había establecido Darby y después Scotfield; y así en ese Seminario de Dallas se formaron muchos pastores de denominaciones, y entonces el punto de vista dispensacionalista en el siglo XX comenzó a extenderse.


A Lewis Sperry Chafer le sucedió John F. Walwoord que siguió con el mismo punto de vista pretribulacionista y ahí las Asambleas de Dios tomaron ese punto de vista. Después, otros profesores famosos últimamente como el hermano Charles Ryrie y el hermano J. Dwight Pentecost, son los más caracterizados expositores del punto de vista pretribulacionista; algunos de estos autores los he leído con cuidado; a otros solamente los conozco de manera más liviana. Creo que la obra donde mejor se expresa el punto de vista pretribulacionista es “Eventos del Porvenir” de J. Dwight Pentecost; lo estudié minuciosamente, con sinceridad; claro que tengo que ser sincero; en algunos puntos no tengo paz del el Espíritu Santo en mi espíritu para concordar en todo con ellos, y por eso tengo que contarles esta historia, estas distintas escuelas, para que ustedes sepan que eso existe entre los hijos de Dios. Somos hermanos; todos tenemos el derecho de examinar la Palabra, exponer lo que vemos, y hacerlo en amor, hacerlo sin mala discusión, hacerlo con sinceridad, oírnos mutuamente, examinar los argumentos de unos y de otros.


El punto de vista de Darby pasó para la China, al sur de la China donde estaba el hermano Watchman Nee, en el siglo XX; él en su juventud adoptó el punto de vista pretribulacionista de Darby; él tenía en gran estima al hermano Darby. Nee escribió en su juventud un estudio sobre el Apocalipsis llamado “Ven, Señor Jesús”, que la editorial CLIE lo ha publicado; y en él presenta un punto de vista pretribulacionista; después, con el tiempo, él modificó su punto de vista y en un libro posterior que se llama “La Iglesia Gloriosa”, él pasó del punto de vista de Darby al punto de vista de los dos raptos; o sea, al punto de vista de Govett, Pember, Panton y Lang; este punto de vista lo adoptaron los hermanos que tienen comunión con el hermano Watchman Nee. Al Norte de China había otro hermano llamado Lee Chan Choo, que en occidente es conocido como Witness Lee; él fue discipulado por Burnet, que fue un discípulo del hermano Benjamín Newton. Benjamín Newton era postribulacionista; entonces el hermano Burnet fue postribulacionista; pero luego la escuela de los dos raptos de Panton, Pember, Govett y Lang fue la que los ayudó a ellos a ponerse de acuerdo; de manera que Watchman Nee y Witness Lee enseñaron el punto de vista de los dos raptos, y ese punto de vista ha entrado en Occidente, y está también en el mantel, en la mesa de las discusiones escatológicas.


Tuve que decirles todo esto porque acabamos de entrar a un versículo que nos habla de la segunda venida del Señor; y puesto que existe ese trasfondo histórico en la historia de la Iglesia, yo prefiero respetar la convicción de cada hermano; no voy a imponer ningún punto de vista; voy simplemente a cumplir mi responsabilidad, pero los dejo a ustedes que examinen las cosas; en lo que puedan concordar concuerden, y en lo que no puedan concordar, tranquilamente no concuerden; seguimos siendo hermanos; el cuerpo de Cristo es uno solo y todos los que nacimos de nuevo, a los que nos compró con Su sangre y nos regeneró Su Espíritu, somos hermanos, y ninguno ha llegado al final, y todos tenemos el derecho de investigar.


Todo ojo le verá

Con este preámbulo es que me voy a arriesgar a leer este verso. ¿Amén, hermanos? Como habíamos visto antes, el Apocalipsis contiene las terminales de toda la Biblia; o sea que todo lo que se trató en la Biblia se culmina en el Apocalipsis; por eso hay frases en el Apocalipsis que son la síntesis de muchos asuntos en la Biblia; y este verso que acabamos de leer es también una síntesis de muchas cosas que son tratadas en la Biblia; volvamos, pues, a leer esa síntesis: “He aquí que viene con las nubes”; eso lo dice en varias partes; “y todo ojo le verá”; eso aparece también en otros lugares; “y los que le traspasaron, y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.” Aquí tenemos algo de Daniel, algo de Zacarías, algo de Mateo, de Marcos, de Lucas, sintetizado en esta expresión. Permítanme, por mi parte, de manera particular, no hablo a nombre de la iglesia, sino como un miembro del cuerpo de Cristo, que a mí me llama mucho la atención que cuando los apóstoles, como en este caso primero acá y en lo demás que les voy a mostrar, mencionan la venida del Señor de una manera simple, ellos no entran en tantas separaciones ni divisiones como los teólogos modernos; ellos simplemente tienen esa expectativa. Aquí Juan le está hablando a las siete iglesias que están en Asia, y por medio de ellas le está hablando a todas las iglesias, porque el Espíritu dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; así que este mensaje a estas siete iglesias que estaban en Asía, es un mensaje del Espíritu Santo a todas las iglesias, también a nosotros; y aquí la expectativa que presenta el apóstol Juan de la venida del Señor, entrando de golpe es ésta: él no entra en una cosa secreta y en una cosa pública posterior, no; él simplemente entra así; esa es la expectativa que él tenía, que él expresó y que él le expresó a las iglesias para que las iglesias tengan esa expectativa; y es esta:

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”.

 Esa es la venida como la ve Juan en estos versículos; la ve así; él no hace divisiones, sino que la presenta en globo y le presenta esa expectativa a las iglesias; creemos que esto es de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Otro detalle más. Vamos a hacer la asociación de los versículos cuyas terminales están en este verso. Empecemos por lo de la venida en las nubes del Señor. Empecemos primero por Hechos de los Apóstoles capítulo 1; allí el Señor se apareció después de resucitado a los apóstoles, estuvo cuarenta días enseñándoles, luego los sacó a Betania y ascendió. Dice el versículo 9: “9Y habiendo dicho estas cosas, (las instrucciones finales que les dio antes de la ascensión) viéndolo (y me llama la atención el “viéndolo”) ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Desde esta enseñanza angélica acerca de cómo sería que vendría el Señor, aquí dice: Así como le habéis visto ir, así vendrá; entonces Él fue, ascendió, viéndolo ellos y fue ocultado por la nube, y de ahí en adelante continúa hacia el Padre; lo que dice Daniel.


Vamos al Libro de Daniel para ver hacia donde fue, porque dice que él ascendió hasta las nubes y la nube lo cubrió; pero Él se iba a la diestra del Padre. Veamos la continuación de ese evento en la profecía de Daniel capítulo 7:13: “Miraba yo en la visión de la noche”, cuando habían pasado las bestias y el cuerno, y los diez cuernos, todo eso y la culminación de toda esa historia, porque en el verso 12 es donde se dice que ya se le había quitado el poder a esas bestias, etc.; y en el 7:13 dice: “13Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”. Fíjense en que aquí aparece el Hijo del Hombre en las nubes pero no viniendo hacia nosotros, sino presentándose al Padre; o sea, cuando el Señor ascendió lo ocultó una nube porque Él se iba; pero ¿a dónde se iba? a la diestra del Padre; aquí vemos que el Hijo del Hombre vino en las nubes y llegó hasta el Anciano de días, o sea el Padre, y allí fue donde le fue dado dominio; después consideraremos más detalles, cuando Él llega al trono y nadie podía abrir el libro y Él abre el libro y en el libro está la manera como va a tener todos los reinos de la tierra, porque así culmina ese libro de los sellos, donde está el programa de Él cuando se sienta a la diestra del Padre para que todos Sus enemigos le sean puestos por estrado de Sus pies; todo ese programa, ese plan, estaba en un libro sellado que nadie podía abrirlo, pero Él ascendió a la diestra del Padre, el único digno de abrir el libro, y en el libro estaba escrito el programa de Dios para que culminara con el reino de Dios y de Su Cristo. Después consideraremos esto en más detalle, pero esto era solamente para el aspecto de las nubes; ya aparecerá Él viniendo con las nubes a tomar el reino con el Padre. Cuando Él ascendió, ascendió y fue a recibir el reino, a sentarse a la diestra hasta que todo le sea puesto por estrado de sus pies; y ya Él está reinando a la derecha del Padre, y toda potestad le es dada en los cielos y en la tierra, y Él tiene control de todo lo que sucede en el mundo, y Él está llevando adelante Su programa; no importa lo que tú veas, debes creer que Él tiene el señorío y Él está haciendo lo apropiado; nada se escapa de su control.


Nos encontraremos con Él en las nubes

Volvamos a otros pasajes donde aparece la venida del Señor en las nubes; y el primer pasaje está en Mateo 24, porque estamos viendo los versos que se relacionan con aquello de Apocalipsis 1:7.

Inicialmente voy a leer el verso 30, pero después vamos a tener que ver algunas cosas; el verso 30 es para ver la concordancia con Apocalipsis 1:7; pero ese verso hay que tenerlo en todo su contexto: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, (¿Se dan cuenta de cómo se asemeja a lo que dice Apocalipsis 1:7?) y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.

Él dijo que así vendría. Volveremos en un ratito a Mateo 24. Por lo pronto, sigamos en Mateo y vamos a ver la confesión de Jesús ante el Concilio cuando lo estaban juzgando; eso está en Mateo capítulo 26; leamos desde el verso 62, cuando allá Caifás, Anás y los otros estaban juzgado a Jesús: “62Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

64Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”. Y dijo: “Veréis”; por eso dice «y los que le traspasaron», y además dice: “todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”.

Respecto de esto de lo de la lamentación de las tribus, vamos a Zacarías capítulo 12; está hablando ya del tiempo del fin y dice el versículo 10: “10Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mi, a quien traspasaron”. Si usted toma la profecía desde el inicio, quien está hablando aquí es Jehová; o sea, aquí se confiesa la divinidad del Hijo: “mirarán a mi, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. 11En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido. 12Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; 13los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; 14todos los otros linajes cada uno por sí, y sus mujeres por sí”. Lo que dice aquí en muchos detalles está resumido allí en Apocalipsis 1:7 donde dice: “y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”.

También Marcos y Lucas nos presentan la venida del Señor en las nubes; en el capítulo 13 de Marcos dice el versículo 26: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria”. Podemos pasar a Lucas capítulo 21 donde también el verso 27 dice: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria”. Tanto Mateo, Marcos, como Lucas registran diferentes aspectos de las palabras del Señor Jesús. Si tú ves en Marcos, también aparece la misma confesión de Jesús ante el concilio, como leímos en Mateo, y también se ve en Lucas; así que por ahora no vamos a leer lo de Marcos ni lo de Lucas, pero ustedes lo pueden después revisar. Esto es lo que se nos dice aquí de la venida del Señor en las nubes.


Otro pasaje donde se habla de la venida del Señor en las nubes, ya en los apóstoles, está en 1 Tesalonicenses 4:14 en adelante: “14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

16Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Entonces vemos que el Señor viene en las nubes y que los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego los demás que estén o estemos vivos en la venida del Señor, juntamente con ellos seremos arrebatados para recibir al Señor en las nubes. ¿Usted no ve la palabra “nubes” allí? Mírenlo otra vez: “Seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire”; porque el Señor viene en las nubes y en el arrebatamiento recibiremos al Señor en las nubes.


¿Venida u hora secreta del Señor?

Ahora voy a tener que entrar un poco más profundo; aquí vimos lo relativo a la venida del Señor en las nubes; a veces se dice que la venida secreta es como ladrón, y la segunda parte de la segunda venida es la venida pública y gloriosa, visible en las nubes; pero que antes de esa hubo una venida secreta; claro que en todos los pasajes que leímos, que hablan de la venida en las nubes, en ninguno se nos habla de una venida anterior secreta. Hay cinco o seis versículos en la Biblia que hablan de la venida del Señor como ladrón en la noche; esa expresión de “venida como ladrón en la noche”, que nadie sabe el día y la hora, ha sido tomada como para decir que hay una venida secreta antes de la venida pública, y se dice que la venida secreta es como ladrón en la noche. Si tú pones cuidado a los versos, ves que Él no habla de venida secreta, sino de hora secreta; si tú vuelves a leer los versos, son cinco o seis solamente, y los vamos a leer esta noche, si tú ves los versos que hablan de la venida como ladrón, todos esos cinco o seis versos hablan en el contexto de la venida pública y visible; esos versos están en Mateo 24, en Lucas 12, en 1 Tesalonicenses 5, 2 Pedro 3 y en Apocalipsis 3 y 16; esos son los versos que veremos que hablan de la venida del Señor como ladrón en la noche, que algunos hermanos, los respeto, han dicho que esa es la venida secreta; pero yo voy a mostrarles por la Biblia, usted examínelo a ver si le parece o no, no se lo voy a imponer, que todos los cinco o seis versos que hablan de la venida como ladrón en la noche, todos los cinco o seis, si lees el contexto, se refieren a la venida pública y gloriosa, incluido este de Apocalipsis 1:7: “He aquí que viene con las nubes”. Esa venida con las nubes es como ladrón en la noche, ¿o la venida como ladrón en la noche es otra? Vamos a ver si la venida como ladrón en la noche es otra o es esta misma en que viene en las nubes visible.

Comencemos con la primera, en Mateo 24. Los cinco pasajes son: Mateo 24, anótenlo por favor para que lo vuelvan a leer en todo su contexto, Lucas 12, 1 Tesalonicenses 5, 2 Pedro 3 y Apocalipsis 3 y 16. Veremos los versículos uno por uno. Empecemos por Mateo 24; aquí tengo el texto griego para que los hermanos puedan revisar después en el griego; Mateo 24, comencemos desde el versículo 3, porque hay que leer al Señor en su contexto: “3Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?”. Él acaba de decir que sobre Jerusalén, aquel muro que ellos le decían: ¡mira qué piedras! y Él contestó: no quedará piedra sobre piedra; eso era una de las cosas que sucederían, pero no sólo eso, y le dicen: “¿Cuándo serán estas cosas, (o sea la destrucción de Jerusalén y del templo) y qué señal habrá de tu venida?”. Pueden revisar en el griego a ver si la palabra es parousia o epifanía porque algunos han dicho que la palabra parousia se refiere a la venida secreta y la palabra epifanía se refiere a la venida pública, pero si tú lees el griego vas a ver que parousia es usada en la venida pública; en esta venida se habla de la venida del Señor en las nubes, gloriosa, dice parousia; entonces el argumento de que parousia se refiere a la venida secreta no se puede sostener a la luz del griego. En el contexto griego todas las veces que habla de parousia se refiere a la venida del Señor, inclusive pública y visible.

“¿Y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 4Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 6Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin”; o sea, de cualquier guerra por ahí estamos diciendo que ya es el fin, pero todavía no, todavía no es el fin. “7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 8Y todo esto será principio de dolores. 9Entonces...”. ¿A quién le está hablando el Señor aquí? A los cristianos, a la Iglesia; cuando uno está en Cristo ya no es judío ni gentil; antes era judío o gentil, pero cuando Cristo murió ya no hay judío, ni gentil, ni bárbaro, ni escita, ni varón, ni mujer, sino que Cristo es el todo y en todos. Por favor sigan sus Biblias, no me sigan a mí, no sea que yo me equivoque y ustedes conmigo; así que vigílenme.


La Iglesia y la tribulación

“9Entonces (está hablando el Señor Jesús a los cristianos, a los suyos) os entregarán a tribulación, (¡ah! muchos dicen: tranquilo, hermano, usted no va a pasar por eso, usted no va a sufrir nada; pero ¿cuántos han sufrido tribulación ya en estos 21 siglos?) y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 11Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos; 12y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 14Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. 15Por tanto...”. ¡Ah! por tanto quiere decir que esto que va a decir a continuación está relacionado con lo que venía diciendo hasta aquí, y le está hablando a los cristianos; algunos dicen: le está hablando a los judíos; no, le está hablando a los cristianos que creen en Cristo; ya no hay judío ni gentil. “15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora...”. ¡Ah! así es que el Señor está diciéndole a Sus discípulos que en el fin verían la abominación desoladora; algunos pensarían que no la iban a ver, pero aquí el Señor no dijo que algunos no; aquí dijo “cuando veáis”; está hablando la instrucción normal, Él no está queriendo engañar ni enseñar torcidamente, ni dar una imagen equivocada; porque es que el Señor no enseña según Darby, ni según Newton; no, el Señor enseña como es; entonces hay que seguirle a Él. “15Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), (por eso les dije a los hermanos que leyeran ese trabajo sobre Daniel) 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. 19Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! 20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo”.

En el año 70 cuando llegó Tito y tomó la ciudad, comenzó el cumplimiento de estas cosas; no se cumplió todo, pero comenzó el cumplimiento, porque Daniel decía en el capítulo 9, después de la profecía de las 70 semanas, decía que cuando se le quitara la vida al Mesías, el príncipe de un pueblo que vendría destruiría la ciudad y el santuario, y eso fue Roma, ese es ese príncipe; cuando Vespasiano era emperador, Tito vino y se tomó Jerusalén y se empezó a cumplir esta retribución, pero no se cumplió todo; el Señor habló de varias cosas que tendrían que suceder, pero no habló del momento exacto, de la hora y el día; eso nadie puede hablarlo porque Jesús dijo: ni los ángeles lo saben, sólo el Padre. Entonces dice: “21Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”. Cuando dice: “ni la habrá”, ya se está dando cuenta uno de que no se está refiriendo solamente al año 70, sino a la gran tribulación final, a la última gran tribulación; claro, en el año 70 algo se cumplió, pero Él no estaba hablando sólo para el año 70, porque él estaba hablando no sólo de cuando serán aquellas cosas, sino cuando será Su venida y el fin del siglo; como ellos no sabían, le preguntaron todo junto y Él contestó todo junto, pero una parte corresponde a la caída de Jerusalén y la otra parte corresponde al anticristo, a la abominación desoladora, y por eso habla aquí de la “gran tribulación” que no habrá otra; o sea, que aquella del año 70 no es esa, aunque aquello es un inicio, un principio, pero la definitiva es la última que ya no habrá otra.


Sigue diciendo: “22Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

23Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manea que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25Ya os lo he dicho antes. 26Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre”. Como el relámpago se muestra, por eso habla de que todo ojo le verá. “28Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. 29E inmediatamente (fíjense por favor en esta frase aquí) después de la tribulación de aquellos días, (no antes de la tribulación, por favor) el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”.


Miren cómo el Señor responde el asunto de Su venida; así es que la responde y no ha terminado de responder; sigue hablando el Señor en este contexto; no tome el versículo aislado del contexto. “31Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”. No sólo en la tierra, sino del cielo, porque los santos que habían muerto con Cristo, estaban esperando la resurrección y venir con Él, por eso dice: “del cielo hasta el otro.” Y en ese contexto dice: “32De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, (incluida la abominación desoladora, la persecución de los santos, la tribulación de aquellos días) conoced que está cerca, a las puertas”. Todavía no ha venido, y dice: después de la tribulación; todavía dice: está cerca; y sigue diciendo más:

“34De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”. La primera generación vio la caída de Jerusalén y la generación que verá el final será una sola también. “35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 36Pero del día y la hora (este pero quiere decir que está todavía hablando de esa venida gloriosa y visible, todavía está hablando de esa venida gloriosa y visible, pero es respecto de aquella, o si no, no diría: pero) nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. 37Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”.


Noten que está hablando de juicio, de la venida pública, después de la tribulación de aquellos días: “40Entonces (vean el verso, no antes) estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado...”. Ese es el arrebatamiento; fíjense en qué contexto aparece el arrebatamiento; no lean este versículo aislado, léalo en el contexto de la enseñanza integral. “40Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. 41Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.

42Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”. ¿De qué venida está hablando aquí? De la que ha venido hablando durante todo el capítulo, y en ese contexto dice: “43Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa”; o sea que el contexto de la venida como ladrón es en el contexto todo del capítulo 24 de la venida gloriosa; yo lo estoy leyendo así; no sé usted como lo lea; lo dejo leer como quiera, pero les agradezco que me permitan leerlo. “44Por tanto, también vosotros estad preparados”. ¡Ah! vosotros, la iglesia, los cristianos, los suyos, sus discípulos, sus apóstoles. “Por tanto”, está relacionando todo con todo. “44Por tanto, también vosotros (no sólo los de afuera, también vosotros, los cercanos) estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. 45¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49y comenzare a golpear a sus consiervos, y aún a comer y a beber con los borrachos, 50vendrá el Señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Este es el contexto de la primera mención de la venida como ladrón. Si tomamos el verso aislado podemos ponerlo en cualquier parte, pero si lo tomas en el contexto general tienes que dejarlo en ese contexto.


La venida como ladrón en Lucas y Tesalonicenses

La segunda mención aparece en otro contexto en Lucas 12:35-40; allí hay otra cita en que el Señor habla de la venida como ladrón; estamos leyendo todos los versículos bíblicos que hablan de la venida como ladrón para que vean el contexto y para que lo interpretemos en su contexto; Lucas 12:35: “35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida”. ¿Quiénes son estos vosotros? Los apóstoles; Él está hablando a los suyos y dice: “37Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá”. La hora es secreta, pero la venida se notará. Ese es el segundo versículo en su contexto donde aparece la venida como ladrón, y ustedes ven que es parecido al que leímos en Mateo aunque en este contexto.

Vamos a la tercera mención de la venida como ladrón ahora en 1 Tesalonicenses capítulo 5. Notemos que en el 4 que ya leímos respecto de Su venida en las nubes y del arrebatamiento, pero que no precederíamos a la resurrección de los muertos, venía hablando de aquella venida y que lo recibiríamos en el aire para estar siempre con Él. Entonces Pablo en esta carta tiene una expectativa conforme a la enseñanza de Jesús; y miren una cosa: la expectativa de Pablo debe ser también la expectativa nuestra. Él dice: Os digo esto en palabra del Señor. Pablo le está hablando a la iglesia de los Tesalonicenses; él no está hablando a los derrotados, él no se está poniendo entre los derrotados, no habla de otros especiales que se van antes, pero nosotros los derrotados, no, él está hablando a la iglesia; él no tenía esos problemas, porque esas discusiones no se habían dado todavía en el tiempo de Pablo; él tenía la tradición fresca de Jesús. Entonces en 1 Tesalonicenses 3:12-13, miren lo que Pablo le dice a la iglesia, a los mismos que les habla en el capítulo 4 del rapto, en el 5 de la venida del Señor como ladrón, a los mismos les dice en el capítulo 3, lo que dice en los versos 12 y 13; noten que Pablo a las mismas personas les habla todo; él no está hablándoles a unos una cosa y a otros otra cosa, sino a los santos les dice la misma cosa. Miren lo que Pablo dice en 1 Tesalonicenses 3:12-13: “12Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, 13para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”. Pablo no está creándoles una expectativa diferente a la venida con todos los santos.


De esa venida es que Pablo está hablando acá, de esa venida con todos los santos; y para explicarles cómo será esa venida con todos los santos entonces dice ahora en el capítulo 4:13: “13Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús (esa es la venida del Señor Jesús con todos los santos) a los que durmieron en él. 15Por lo cual (refiriéndose a eso) os decimos esto en palabra del Señor: (o sea, no son mis palabras, dice Pablo, eso se los digo porque así lo dijo el Señor) que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida (y esa palabra es parousia) del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. Por favor, miren estas enseñanzas de Pablo por el Espíritu Santo. “Resucitarán primero”; primero es la resurrección de los santos que murieron en Cristo y entonces la transformación y reunión con ellos. Y dice: “17Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor (porque Él viene en las nubes) en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18Por tanto, (fíjense en que viene hablando de lo mismo; lo que dijo en el capítulo 3 está presente en el 4, y lo que dice en el 4 está presente en el 5) alentaos los unos a los otros con estas palabras. 5:1Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

2Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor...”. ¿De qué venía hablando Pablo? De la venida del Señor Jesucristo con todos los santos, y que Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él y vendrá en las nubes y con voz de trompeta, y con voz de mando, y con voz de arcángel, y los muertos resucitarán primero; en ese contexto dice: “vendrá así como ladrón en la noche”; y fíjense en que no es algo secreto; la hora sí, pero de la venida dice: “3que cuando digan: paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4Mas vosotros hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. 8Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. 9Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Y entonces ese “no nos ha puesto Dios para ira” es en el contexto de Su venida. Ahora fíjense en que el versículo 3 se relaciona con el 2; en el 2 habla de la venida como ladrón y en el 3 dice que cuando digan: paz y seguridad, vendrá sobre ellos destrucción repentina. Entonces, la venida del Señor como ladrón traerá destrucción repentina a los que no sean de Él; o sea, que no podemos poner la destrucción repentina por un lado y la venida como ladrón por otro, porque aquí Pablo las junta; Pablo junta el capítulo 3, la venida del Señor con sus santos, el capítulo 4, Dios traerá con Jesús a los que durmieron en él, el Señor con voz de arcángel, con trompeta de Dios, etc. y habrá la resurrección, y la transformación, y el arrebatamiento, y los encontraremos en las nubes; pero ¿cómo será eso? Es como ladrón, sorpresivo, la hora es secreta, pero cuando suceda destrucción repentina. Ahora, esto no lo dice sólo Pablo, lo dice también Pedro.


La venida del Señor relatada por Pedro y Apocalipsis 16

Vamos a 2 Pedro capítulo 3; estamos leyendo todos los versículos que hablan de la venida como ladrón para que no lo digamos en otro contexto, sino en el contexto en que lo habló el Señor y sus apóstoles.

 2 Pedro 3:9-10 habla de la venida como ladrón, y miren cómo es la venida como ladrón; no es una venida secreta; lo que es secreto es la hora, eso es lo sorpresivo, eso es lo que quiere decir como ladrón, lo sorpresivo, pero la venida misma miren como será: versos 9 y 10: “9El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10Pero el día del Señor vendrá (el día, lo dice el Señor) como ladrón en la noche; en el cual (noten, en el día cuando el Señor venga como ladrón en la noche) los cielos pasarán con grande estruendo, (eso no será secreto, la hora sí) y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. Hermanos, ese es el contexto de la venida como ladrón, “en el cual, (en el día cuando el Señor venga como ladrón) los cielos.... serán deshechos”; por eso decía: las potencias de los cielos serán conmovidas.


El último versículo de hoy que menciona la venida como ladrón está en Apocalipsis 16. Yo no sé si ustedes después de esta lectura han visto un rapto diferente; yo no sé, yo lo respeto, yo no me quiero burlar, guárdeme el Señor, pero es que estos versículos me hacen pensar muy serio; no sé como piensa usted; hay muchos otros versículos. Noten de qué trata el capítulo 16; trata de las copas de la ira. La primera copa ¿de que trata? De úlceras. La segunda copa ¿de qué trata? Del mar como sangre. La tercera copa ¿de que trata? De las fuentes de las aguas como sangre; ¿y la cuarta copa? Un gran calor; ¿y la quinta copa? Fíjense, habla del anticristo, de la bestia; o sea que estamos en plena gran tribulación en la quinta copa, ¿verdad? Miren la quinta copa, verso 10: “10El quinto derramó su copa sobre el trono de la bestia; (salté la palabra ángel porque en el griego no está, pero el traductor lo escribió, claro, para entender) y su reino (está hablando del trono de la bestia) se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, 11y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras”. O sea que ya en la quinta copa se está en la gran tribulación; ahora viene la sexta copa; si es la sexta, no va a ser antes de la quinta; dice la sexta: “12El sexto derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente”. ¿Recuerdan lo que decía Daniel? ¿Que cuando viniere ese anticristo, noticias del oriente y del norte lo atemorizarían? Pues, fíjense, en pleno gobierno del anticristo cuando vienen aquellos reyes del oriente.


Estamos en la sexta copa: “13Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; 14pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. 15He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. 16Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón”. Está hablando en pleno contexto de la bestia, en pleno contexto del Armagedón, la sexta copa, la copa de la ira; las primeras copas son pura tribulación; eso es pura tribulación, y todavía el Señor dice: “He aquí vengo como ladrón”; o sea que no ha venido todavía durante la sexta copa como ladrón; esos son cinco versículos que hablan de la venida como ladrón en la noche; y sin embargo, miren en qué contexto habla de la venida como ladrón; ¿se dieron cuenta del contexto?


El trigo y la cizaña y la venida del Señor

Vamos a Mateo capítulo 13 donde al Señor le preguntan acerca de una parábola que Él dijo. Mateo 13:24; la parábola del trigo y la cizaña.

“24Les refirió otra parábola diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; (ese campo es el mundo, lo explicó después) 25pero mientras dormían los hombres, vino el enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. 27Vinieron entonces los siervos del Padre de familia y le dijeron: (Él interpretó luego que eran los ángeles) Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? (los hijos del reino) ¿De dónde, pues, tiene cizaña? (los hijos del mal) 28Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? 29Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo”. No importa cuanta cizaña haya, el trigo puede crecer a su lado, déjelo crecer junto, pero por favor, fíjense en lo que dice a continuación: “30Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña,” (¡ah! ¿no era que el trigo se iba primero? Primero la cizaña; y no dijo: recoged la cizaña, sino: “recoged primero la cizaña y atadla en manojos (ese es el globalismo, la apertura económica, la integración económica) para quemarla”. Esa es gran tribulación. Primero se debe recoger la cizaña, atarla en manojos para quemarla: “pero recoged el trigo en mi granero”.


Hermanos, yo a veces escucho que primero recogían el trigo y dejaban la cizaña, pero aquí se recoge primero la cizaña; “atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Y Él luego explicó eso, en los versículos 36 hasta el 43; me voy a saltar los otros versos porque él explicó que ese era el Hijo del Hombre. Dice el verso 39: “39El enemigo que la sembró es el diablo; la siega (vamos a ver también esta siega en Apocalipsis) es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. 40De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo”. Se arranca la cizaña y se quema en el fuego. “41Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino (yo pensé que a los santos, pero dice:) a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol”. Eso es cuando son transformados y glorificados, y se van a reunir al Señor en el aire para venir a reinar con él en el reino de su Padre. “El que tiene oídos para oír, oiga”. Entonces, hermanos, aquí el Señor habla primero de recoger la cizaña en manojos. Cuando habla en Apocalipsis 1:7: “He aquí viene con las nubes”, se refiere a todos esos versículos que leímos. “Y todo ojo le verá”; aquello era lo que decía en el contexto de Mateo 24, que es después de la tribulación de aquellos días, Él comenzó a hablar de la venida como ladrón; y casi todos los versos que hablan de la venida como ladrón ya los hemos leído. Luego veremos Apocalipsis 3.


El arrebatamiento a la final trompeta

Ahora este versículo de 1 Tesalonicenses que habla de la resurrección y el arrebatamiento, se refiere a lo que dice 1 Corintios 15; vamos a este capítulo, leamos desde el versículo 50; noten que este pasaje se corresponde con el de 1 Tesalonicenses capítulo 4, donde explica lo del capítulo 3, la venida del Señor con los santos y el arrebatamiento de los santos a recibir al Señor en las nubes, pero que primero resucitarán los muertos y luego nosotros seremos transformados. Eso mismo es en 1 Corintios 15:50, que dice así: “50Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. 51He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, (¿no lo decía también Tesalonicenses? “y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” No creo que Pablo vaya a enseñar una cosa a los Tesalonicenses y otra distinta a los Corintios; él está enseñando lo mismo; pero Pablo aquí nos da una clave: ¿cuándo será eso? a la final trompeta; ¿por qué dice a la final? Porque hay otras trompetas, pero hay una final. Ahora ¿dónde aparecen en la Biblia las otras trompetas? Aparecen en Apocalipsis. En Apocalipsis aparecen las siete trompetas; veamos que es en la séptima trompeta, en la final, el momento de dar el galardón que es cuando el Señor viene.

Vamos a Apocalipsis 11; noten que es la séptima trompeta, porque ¿cuántas son las trompetas? Son siete y la final es la séptima. Todas las trompetas son de tribulación y la séptima dice lo siguiente en el verso 15: “15El séptimo ángel (que era el último) tocó la trompeta, (que era la final) y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; (ese es el momento, cuando el Señor se toma los reinos) y él reinará por los siglos de los siglos. 16Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 17diciendo: (miren lo que dicen los veinticuatro ancianos) Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. 18Y se airaron las naciones”. ¡Ah! ahí está resumido toda esa guerra del final: de los reyes del norte, del oriente, del anticristo, etc. “18Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, (¡ah! menciona el airarse primero, entonces la ira del Señor, que son las copas, además dice:) y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a sus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. 19Y el templo de Dios fue abierto (ahora sí, después de la séptima) en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo”. Entonces fíjense, hermanos, en que el tiempo de dar el galardón es la séptima trompeta, y el galardón a es la venida del Señor. Vamos a ver eso en Apocalipsis 22:12; el Señor viene hablando de Su venida: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”; entonces ¿cuándo es el tiempo de la venida para dar el galardón? La séptima o final trompeta; por eso dice allí en Apocalipsis 11:18: “Tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y dar el galardón”.


La hora de dar el galardón es la venida del Señor, y en la venida del Señor habrá resurrección de muertos, habrá transformación de vivos fieles en Cristo, habrá arrebatamiento a recibirlo a Él que viene en las nubes con voz de trompeta, con voz de mando; y ¿saben qué más dice de la venida del Señor en 2 Tesalonicenses? No dice que viene en secreto; dice que viene en llama de fuego y con ángeles de Su poder.


La Iglesia y el sufrimiento

2 Tesalonicenses. No se puede ver todo, pero vemos lo que podamos. A los mismos que les escribió la primera les escribió la segunda y no le va a contradecir lo que dijo la primera vez, sino que se los va a clarificar, porque algunos podían entender mal. 2 Tes. 1:3. Por favor hermanos, no me sigan a mí, sigan sus Biblias: “3Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, (eran los mismos de antes, los tesalonicenses) como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; 4tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis”. Oiga, desde el principio, lo normal para la iglesia son los sufrimientos, las persecuciones y las tribulaciones; eso es lo normal. ¿Saben qué enseña San Pedro? Que nos armemos del pensamiento de sufrir; dice Pedro: “Puesto que Cristo ha padecido por vosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento” (1 Pe. 4:1).

¿Qué pasa al que le enseñan que no va a sufrir? Lo están desarmando, porque lo que Pedro dice es que nos armemos del mismo pensamiento, la disposición a sufrir. Lo normal en toda la historia de la Iglesia, es el sufrimiento de la Iglesia, la persecución contra la Iglesia, la Iglesia en tribulación; y dice el verso 5: “5Esto (o sea las tribulaciones y persecuciones que soporta la Iglesia) es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis. 6Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, (¿por qué el mundo va a ser atribulado? Porque el mundo atribula a la Iglesia; la Iglesia es atribulada por el mundo; por eso el mundo es atribulado por Dios) 7y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, (¿cuándo? ¿Cuando nos va a dar el Señor reposo de la tribulación, cuándo?) cuando se manifieste (no es secreto) el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8en llama de fuego, para dar retribución (al mismo tiempo que a nosotros nos hace descansar de la tribulación, a ellos les retribuye al mismo tiempo; ¿cuándo? cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo, en llama de fuego) a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, (¿cuándo? Note ese cuando otra vez; es el mismo tiempo; viene hablando del juicio, de la retribución contra los impíos, y en ese mismo cuando) 10cuando venga en aquel día (para retribuir a unos y recompensar a otros) para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (esa es la transformación del cuerpo) (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

 11Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, 12para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo”.


Eso venía diciendo Pablo; pero él no le puso capítulos a sus escritos; él siguió diciendo: “2:1Pero con respecto a la venida (la palabra aquí es parousia) de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, (¿cuándo seremos reunidos con Él? Cuando seamos arrebatados a recibirlo en el aire; entonces ¿de qué viene hablando? Oigan, hermanos, con respecto a la venida del Señor, la parousia, y nuestra reunión con Él [la palabra es episinagogia, o sea, reunión en lo alto] ese es el arrebatamiento; nuestra reunión con él en lo alto es el arrebatamiento, cuando lo recibamos en el aire) os rogamos, hermanos, 2que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, (el que tenía la iglesia primitiva, que tenía él) ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. (Que ya llegó, según el griego) 3Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (viene hablando de la venida del Señor y de nuestra reunión con él en lo alto) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.


Lo que detiene la aparición del anticristo

Esto era lo que decía Daniel; en Daniel capítulo 11, se habla desde el versículo 35 hasta el final de ese período de ese gobierno dictatorial, de ese anticristo que se sienta en el templo de Dios como Dios; o sea que Pablo cuando está escribiendo esta carta, tiene en mente a Daniel, los capítulos de Daniel 7, 8, 9, 10, 11 que hablan de este anticristo; y en ese contexto con trasfondo de Daniel en su mente, Pablo sigue diciendo: “5¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?” Eso nos dice que la enseñanza oral de Pablo se basaba en Daniel también, y es con el contexto de Daniel y con el contexto cuidadoso de Pablo en medio del sistema romano que Pablo habla las siguientes palabras misteriosas que algunos han malentendido. “6Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene”. Note que no es el que, sino lo que; no es el Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo no es un “lo”, además es el Dios omnipresente, y aun cuando estén algunos siendo atormentados 5 meses, los que tienen el sello del Dios vivo no van a ser atormentados; el sello del Dios vivo es el Espíritu Santo; o sea que el Espíritu Santo estará allí cuando sean atormentados los hombres; no es el Espíritu Santo el que será quitado; Él no puede ser quitado, Él es omnipresente; dice el Salmo 139 que ni siquiera en el Seol puede ser quitado el Espíritu Santo.

“7¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás”. El Espíritu Santo no es quitado; Él no va a hablar de manera irreverente, “lo que lo detiene,” no va a hablar así del Espíritu Santo. Pero fíjense de quien está hablando; vea que él tiene en cuenta el trasfondo de Daniel. “6Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. 7Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.

8Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;” esto es, después de que se manifieste el inicuo.


Respecto de la venida del Señor, y nuestra reunión con Él, no os dejéis mover fácilmente, porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, se siente en el templo de Dios. Pablo aprendió eso de Daniel también.

 Ahora, hermanos, ¿qué era lo que detenía la presencia del anticristo? Fíjense en una cosa: él habla de cuando “a su debido tiempo se manifieste”; o sea que el anticristo, este hombre inicuo, este hijo de perdición, tiene un tiempo debido; es decir, no puede venir antes de su tiempo, porque el Señor en Daniel mostró el orden de los tiempos: Él le dio un tiempo a Babilonia. Mientras Babilonia estaba en pie no podía venir Medo-Persia; cuando fue quitada Babilonia vino Medo-Persia. Cuando estaba Medo-Persia, no podía venir Grecia, pero cuando fue quitada Medo-Persia, entonces el ángel le dijo: Ahora voy a pelear con el príncipe de Persia, pero luego va a venir el de Grecia; no podía venir el de Grecia porque estaba el de Persia. Cuando fue quitado el imperio persa, entonces se manifestó el imperio griego.

Mientras estaba el imperio Griego en su debido tiempo, no podía venir el imperio Romano porque estaba el tiempo de Grecia. Cuando se le acabó el tiempo a Grecia vino Roma, y ahora Pablo está escribiendo en Atenas, en el imperio Romano; pero él no puede decir a las claras que el imperio Romano va a caer, porque después vienen los diez cuernos que le van a dar el poder al anticristo. Él tiene que quedarse calladito; en forma oral él podía decir: ¿No os acordáis lo que os enseñaba respecto de Daniel? Pero ahora dice: pero vosotros sabéis lo que ahora lo detiene, porque ahora está el imperio romano; mientras está Roma no puede venir el anticristo, mas cuando a su debido tiempo se manifieste, cuando esto que lo detiene sea quitado de en medio, porque a esta bestia que es como de hierro le van a salir diez cuernos y le va a salir un cuernito que se va a hacer el grande, pero él no puede salir antes que se termine el tiempo de la bestia de hierro, que es Roma. Cuando éste sea quitado de en medio, cuando caiga el imperio Romano, entonces se manifestará aquel inicuo; no es el Espíritu Santo el que detiene al anticristo; es el mismo Espíritu Santo el que le da permiso al anticristo. Dice: se le dio autoridad para actuar 42 meses y hacer guerra contra los santos; o sea que los santos estarán siendo perseguidos por el anticristo. Cuando Roma sea quitada de en medio, entonces se manifestará aquel inicuo.


Termino con un verso, Apocalipsis 20:4 en adelante; aquí va a empezar el reino del milenio. “4Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron la facultad de juzgar; (¿quiénes se sentaron a reinar con Cristo mil años?) y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, (¿y quiénes más?) los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; (resucitaron) y vivieron, y reinaron con Cristo mil años. 5Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección”. Entonces, hermanos, la primera resurrección son aquellos mártires que fueron decapitados, incluso los que en el tiempo de la bestia, resistieron a la bestia, no adoraron su imagen; éstos son los que reinarán mil años, y esa es la primera resurrección. Entonces ¿cómo va a haber una resurrección anterior si ésta es la primera? Pablo decía: no precederemos a los que durmieron. ¿Quiénes son los que durmieron? Todos los cristianos; resucitarán primero y luego nosotros; es el arrebatamiento; junto con ellos recibiremos al Señor en el aire; pero aquí dice que la primera resurrección son estos mártires de Cristo, y los que vencieron a la bestia, que no recibieron su marca, ni adoraron su imagen. Entonces, hermanos, si ésta es la primera resurrección, ¿cómo habrá un arrebatamiento anterior? porque no puede haber un arrebatamiento sin primero haber una resurrección porque no precederemos a los que durmieron; los muertos en Cristo resucitarán primero, luego nosotros que vivimos, juntamente con ellos seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire. Yo personalmente no encuentro lugar para un arrebatamiento o una resurrección anterior porque ésta es la primera, si no, no diría la primera. Dice: protos, la primera. Vamos a encomendarnos al Señor. ☐


Continúa con: La voz entre los candeleros.

LA VOZ ENTRE LOS CANDELEROS

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:37, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (9)


LA VOZ ENTRE LOS CANDELEROS


“12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro”. Apocalipsis 1:12

Recuento introductorio

Vamos a continuar, hermanos, con el estudio del Libro del Apocalipsis que estamos realizando a paso lento; como estábamos orando realmente y como está escrito, es una bienaventuranza poder estar abriendo, leyendo y considerando este libro, y Dios quiera también, guardándolo; libro éste que es de la consumación. Estamos en el capítulo 1, y la vez pasada consideramos las implicaciones, las conexiones del versículo 7, pero llegamos hasta las 9 de la noche, hora de terminar, y no pudimos terminar; así que necesitamos hoy continuar viendo algo que no pudimos ver del verso 7 y sus conexiones. Apocalipsis 1:7 dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron, y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.

Como veíamos, el libro del Apocalipsis contiene las terminales de toda la Biblia, de manera que cuando tomas un verso del Apocalipsis es como  si a ese verso estuvieran conectadas las redes de los demás versos, porque toda la Biblia termina en el Apocalipsis; al tomar un verso del Apocalipsis y levantarlo, arrastra muchos versos que vienen de atrás; entonces cuando miramos este versículo la vez pasada: “He aquí viene con las nubes”, miramos los versos que se relacionan en otros pasajes de la Biblia con él. Vimos en Zacarías lo relativo al lamento de las tribus, también lo relativo a mirar al que traspasaron; pero principalmente, y por causa de que es más extenso el testimonio en los versículos de la parte que dice: He aquí viene con las nubes, estuvimos viendo los contextos de la venida del Señor en las nubes; vimos varios contextos. Si el Señor viene en las nubes, entonces viene con las nubes; no puede venir en las nubes, sin venir con las nubes; lo digo porque algunos hacen diferencia, pero la lógica de la expresión “venir en las nubes”, implica necesariamente venir con las nubes; no se puede venir en las nubes, sin venir con las nubes.


Vimos primeramente Mateo 24, el contexto general donde aparece la venida del Señor en las nubes; vimos que aparece después de la tribulación de aquellos días; el sol se oscurecerá, etc. y entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo y vendrá con las nubes. Pero vimos que en el contexto de ese capítulo y de esa venida es que el Señor hace la referencia “como ladrón en la noche”; y los demás pasajes donde Él viene en las nubes, como por ejemplo, 1 Tesalonicenses capítulo 4 donde dice que lo recibiremos en las nubes; en ese contexto habla de la venida como ladrón en la noche; o sea que el día y la hora es desconocida; nadie sabe la hora en que viene el ladrón. De cuando Él venga, vimos la mayoría de los versículos para poder interpretar la venida del Señor como ladrón en la noche; tuvimos que tomar todos los versículos de ese contexto; vimos que aparece en Mateo 24 inmediatamente después de hablar de la venida del Señor en las nubes enviando a sus ángeles para recoger a sus escogidos de los cuatro vientos. Vimos también que de la misma manera se refiere 1 Tesalonicenses capítulo 4 que acabamos de mencionar donde dice que no, no, no precederemos a los que durmieron, sino que el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, descenderá del cielo con gran voz de trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que quedamos seremos arrebatados juntamente con ellos para recibir al Señor en el aire; y al continuar hablando de eso, llegando al capítulo 5 de 1 Tesalonicenses entonces dice: “1Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que os escriba.

2Porque vosotros mismo sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores de la mujer encinta, y no escaparán”. Vemos que el contexto de la venida del Señor como ladrón en la noche, es esta destrucción repentina; lo mismo dice Pedro en el capítulo 3 de su segunda epístola, donde dice: “10Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual (en la venida del Señor como ladrón en la noche) los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”; o sea, estuvimos viendo todos los contextos que se refieren al día de la venida del Señor como ladrón en la noche; nos faltó un solo verso y eso lo vamos a ver hoy en Apocalipsis capítulo 3; pero cuando leemos este verso tenemos que ligarlo con todos los otros cinco versos que vimos relativos a la venida del Señor como ladrón; éste es otro.


En Apocalipsis 3:3, el Señor le dice a la iglesia: “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiente. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a que hora vendré sobre ti”. En este contexto también se señala la venida del Señor como ladrón; no está diciendo en qué momento, si antes o después de la tribulación, sino que está diciendo que viene como ladrón; pero para interpretar este verso tenemos que leerlo junto con todos los versos que hablan de la venida como ladrón, y leerlo en todo su contexto para no darle una aplicación fuera de lugar o imaginaria.


La unión con los resucitados

Hay otra cosa que no pude decir la vez pasada, cuando mencionamos el pasaje de Lucas. Vamos a Lucas, donde se habla también de la venida del Señor como ladrón; eso está en Lucas 12:35 en adelante; es aquella enseñanza para el siervo vigilante; nosotros leímos el pasaje y leámoslo otra vez hoy para tener en cuenta un detalle que la vez pasada, por causa del tiempo, solamente pasamos de largo; pero hoy necesitamos detenernos un poquito en una expresión. Lucas 12:35-40, habla del siervo vigilante. El Señor le habla a sus discípulos, a sus apóstoles, a los suyos, y les dice: “35Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá”. Este pasaje del siervo vigilante, menciona también la venida del Señor como ladrón; sin embargo, hay una frasecita que ha sido motivo de cuestionamientos, de interrogaciones y de interpretaciones de varias escuelas.

La vez pasada vimos las diferentes escuelas que había, y esa frase misteriosa es la siguiente, versículo 36: “Y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas”; esa expresión: “regrese de las bodas” es interpretada por algunos como si hubiera habido una boda anterior a la venida del Señor como ladrón; por ejemplo, el hermano Witness Lee en su Estudio Vida sobre Apocalipsis, él dice claramente, que algunos van a ser arrebatados, incluso antes de la venida del Señor como ladrón; y aparece después una venida secreta como ladrón y después otra venida pública en las nubes. Son interpretaciones; mencioné un caso específico para ver cómo algunos interpretan que incluso habrá un rapto anterior a la venida secreta, que inclusive es considerada por algunos, anterior a la venida pública; esas divisiones de venida secreta y pública, son interpretaciones; debemos nosotros también ser responsables de nuestras interpretaciones y procurar dejar decir a la Biblia lo que ella dice. Ahora, lógicamente, yo que estoy enseñando esto, me siento responsable de explicar este versículo; aquí el Señor le está hablando a sus discípulos, a sus siervos vigilantes; en ningún momento he oído al Señor preparar a sus discípulos para un rapto anterior a Su venida como ladrón; Él siempre preparó para Su venida como ladrón; pero cuando dice que antes de Su venida como ladrón, o sea, en el momento de la venida como ladrón, Él regresa de las bodas, eso quiere decir que llegó el momento de las bodas, y por eso Él regresa.

Fíjense en que en este pasaje de Lucas 12, del siervo vigilante, Él está hablando especialmente para aquellos que vamos a estar, si es que nos toca a nosotros, o que van a estar, si le toca a otros, vivos, cuando el Señor venga. Entonces este mensaje del Señor es para prepararnos a los que estén o estemos vivos en el momento de la venida del Señor; o sea que no se está refiriendo a los cristianos que ya murieron en Cristo; los que ya murieron en Cristo, son precisamente aquellos con los que el Señor viene porque ellos resucitarán primero y nosotros seremos arrebatados juntamente con ellos. Por eso es que se puede hablar de regresar de las bodas, porque los muertos en Cristo, resucitan primero; o sea, es el momento de la unión con el Señor; una boda es la unión con Cristo; en el momento de la resurrección es cuando ellos y el Señor se han hecho uno, cuando la vida del Señor ha sido manifestada en la carne de los resucitados; por eso cuando Él dice que “regresa de las bodas”, quiere decir que regresa con los resucitados, regresa para los siervos vigilantes que estén vivos; esa es la manera como yo lo entiendo, sin ser dogmático y sin imponerlo a ninguno. Pero algunos hermanos, con base a este versículo, dicen que ha habido un rapto incluso antes de la venida secreta. Bueno, yo no pienso así, pero tampoco puedo imponer mi pensamiento a otros; pero les digo las distintas escuelas que hay.


Los vencedores pasarán por la gran tribulación

El otro punto, o sea un tercer punto, para completar lo de la vez pasada, y les ruego que lo que estamos hablando hoy sea continuación de la vez pasada para completarlo, porque no tuvimos tiempo de terminarlo por causa de lo tarde. Vamos a Apocalipsis 15, del cual hoy estuvimos cantando. En Apocalipsis capítulo 15:2 se ve un número de vencedores, y dice esto de estos vencedores: “Vi también como un mar de vidrio”; les ruego que se fijen en la palabra “también”. Es bueno aclarar que nosotros estamos leyendo un libro al que ya el arzobispo de Cantorbery, Robert Langdom, y otro después, lo dividieron en capítulos; y en el siguiente siglo se le dividió en versículos. Cuando Juan escribió el Apocalipsis, Juan no escribió con capítulos ni con versículos; él escribió de corrido; a veces los capítulos y los versículos nos son útiles para encontrar rápidamente un pasaje, porque si no tuviera por lo menos un número, difícilmente lo encontraríamos, o nos demoraríamos mucho; de manera que tiene su utilidad esa división en capítulos y en versículos; no fue hecha por los apóstoles, no necesariamente por el Espíritu Santo, sino por hombres queriendo ayudarnos a encontrar rápido los textos; solamente que a veces, los capítulos, si se colocaron sin una lectura cuidadosa, a veces cortan la idea; entonces uno termina donde termina el capítulo, pero la idea no terminó, sino que continuó en el otro; o a veces comenzamos en un capítulo con una idea incompleta sin tener en cuenta lo anterior; por eso les llamé la atención aquí donde dice: “Vi también”; en el 15:1, dice: “Vi en el cielo otra señal, (o sea, que está dando la continuidad a las otras señales que había visto; había visto la señal de la mujer dando a luz el niño varón, había visto la señal del dragón y ahora ve otra señal) grande y admirable: siete ángeles con las siete plagas postreras”. Pero fíjense en un detalle: “2Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios”; entonces éstos son vencedores que, por lo que está escrito en el verso 2, necesariamente pasaron la gran tribulación.

En el capítulo 14 se presentan los 144.000, que en el capítulo 7, son 12.000 sellados de cada tribu de Israel; algunos hermanos toman un grupo de los 144.000 como diferente al otro. Yo no tengo libertad de pensar que hay dos  grupos de 144.000 diferentes, porque nunca se puede hacer una doctrina de un solo versículo; siempre tiene que haber por lo menos otro versículo que confirme al uno, que sea un pasaje paralelo y que se refiera a lo mismo. En Apocalipsis 7 aparece la misma secuencia que aparece en Apocalipsis 14 y 15. En Apocalipsis 7 aparecen los 144.000 sellados de las tribus de Israel e inmediatamente después aparece una multitud de otras tribus, lenguas, pueblos y naciones; es decir, de los gentiles; en Apocalipsis 7 se presentan las tribus de Israel y las tribus de los gentiles en esa secuencia: primero las de Israel y luego las de los gentiles. Esa misma secuencia, en un pasaje paralelo aparece en Apocalipsis 14 y 15 donde al principio del 14, aparecen los 144.000 en el monte Sion que se refiere principalmente a Israel como los 144.000 sellados de las doce tribus de Israel; aquí aparecen otra vez los 144.000 en el monte Sión; y así como en Apocalipsis 7 después de los 144.000 de las tribus de Israel, aparece una multitud incontable de las demás tribus, pueblos, lenguas  y naciones, así también después de Apocalipsis 14 donde están los 144.000 en el monte Sion, aparece esta multitud de vencedores de las otras naciones, que están allí en el tiempo de la tribulación y que vencieron, la misma secuencia de Apocalipsis 7 aparece en Apocalipsis 15.


Ahora, fíjense en lo que dice al final del capítulo 15: “8Y el templo se llenó de humo por la gloria de Dios, y por su poder; (y fíjense en esta frase) y nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles”. Aquí claramente dice la palabra del Señor que nadie puede entrar en el templo hasta que se hayan cumplido las siete plagas; por eso en Apocalipsis 16, después de describir, como lo vimos la vez pasada, el reino del dragón en la quinta copa y en la sexta copa, también la reunión de los reyes de parte del dragón, la bestia, el falso profeta para la batalla de Armagedón, todavía en el contexto de la sexta copa dice el Señor: “15He aquí, yo vengo como ladrón”; o sea que todavía en la sexta copa, después de todo ese problema, todavía no ha venido como ladrón; y dice aquí: “Nadie podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas de los siete ángeles”. El Señor cuando habla de los galardones en Apocalipsis 22, dice que Él da los galardones en su venida: “12He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Pero en Apocalipsis 11, cuando habla de la séptima trompeta, o la final trompeta, dice que esa final o séptima trompeta es el tiempo de dar el galardón a sus siervos los profetas; y cuando el Señor ofrece los galardones a las siete iglesias, en el galardón a la iglesia en Filadelfia, dice: “12Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”; o sea que los vencedores de Filadelfia son puestos como columnas en el templo; pero ninguno podía entrar en el templo hasta que se hubiesen cumplido las siete plagas que tenían los siete ángeles; por lo tanto los vencedores de Filadelfia tendrán que esperar que las siete plagas se cumplan para poder entrar al templo y no salir más de ahí. Cuando entren, no saldrán, pero no puede entrar nadie hasta que se cumplan las siete plagas. Los hermanos que quieran tener el contexto de esto, por lo menos, pueden conseguirse una copia de la transcripción que ya hoy me la entregó Marlene, para poder tener el contexto completo.


Un poco de crítica textual

Ahora sí, vamos a Apocalipsis 1:8, que ya lo leímos la vez pasada. En los manuscritos más antiguos, según las ediciones críticas de las que hemos examinado varias, dice de la siguiente manera: “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y que era y que ha de venir; el Todopoderoso”. Esta versión de Reina-Valera, está basada en un solo manuscrito tardío que usó Erasmo para el Textus Receptus; Reina-Valera se basó en el Textus Receptus de Erasmo, que era incompleto incluso en los últimos versículos, y ya Erasmo tuvo que añadirle del latín a su traducción al griego, porque estaba incompleto.

El único manuscrito que él tenía era un manuscrito bizantino, un manuscrito tardío del siglo XV; en ese manuscrito tardío y en los manuscritos tardíos del tipo bizantino, acontece lo siguiente: Ellos se caracterizan porque a veces incluyen las glosas explicativas de los escribas; a veces los escribas iban copiando y les parecía que ese contexto tenían que explicarlo; claro, no dicen una mentira, a veces toman parte de otro versículo y lo ponen aquí; en el caso específico de Apocalipsis 1:8 donde dice: “principio y fin”, otros  manuscritos tardíos dicen: “el principio y el fin”; esa expresión sí aparece en otros pasajes más posteriores de Apocalipsis, y de allá fue tomado por algunos escribas tardíos para tratar de explicar lo que quería decir el Alfa y la Omega; pero esa añadidura, que no dice una mentira, sino que es sacada de otro pasaje, sin embargo es una añadidura tardía que no aparece en los manuscritos más antiguos. También otra cosa: A la palabra, Señor el Dios, le quitaron la expresión “el Dios”, porque quisieron referirlo exclusivamente al Hijo, pero aquí realmente se refiere al Padre. El Padre en Apocalipsis 1:8 es llamado “El Alfa y la Omega” y el Hijo es también llamado así en otros pasajes posteriores; incluso en el capítulo 1 de Apocalipsis, pero en el versículo 18, el Señor tiene las llaves del Hades; Él aparece como el vivo, pero que estuvo muerto y había dicho antes que es el primero y el último; o sea que ese concepto de Alfa y de Omega significa el Primero y el Último, el Principio y el Fin. El primer comentario que hago al respecto es el comentario textual, no el exegético; el exegético es acerca del significado; el comentario textual es acerca de los manuscritos, como aparece el texto original. Aquí no estamos aferrados a una traducción específica, sino que usamos todas las traducciones, pero preferiblemente los manuscritos más antiguos; entonces aquí el que habla es Dios: “Yo soy el Alfa y la Omega”. El Alfa es la primera letra del alfabeto griego, porque el Nuevo Testamento se escribió en griego; en el hebreo es Alef, pero en griego es Alfa; entonces es la primera letra que tiene valor numérico 1; y Omega significa la última letra del alfabeto griego; en español es la zeta; en el hebreo es Tau; pero en el griego es Omega. Entonces dice: “El Alfa y la Omega”. Saben que es muy interesante cómo se escribe Alfa, que en este caso tenemos que escribirlo como mayúscula, porque se refiere al Señor: “Yo soy el Alfa”; el Alfa se escribe como un triángulo, representando la Trinidad; y Omega se escribe como una especie de círculo con una base, como queriendo decir que lo abarca todo, o sea, la culminación de todo. La misma escritura Omega es como si abarcara todas las cosas; el triángulo de la Trinidad es el principio que al final abarca todas las cosas. Que Dios sea todo en todos; Él es el principio de todo, pero también es el destino de todo; todo es de Él, todo es por Él y todo es para Él; entonces Alfa sí es el principio y sí es el primero; y Omega es el fin y es el último. El valor numérico de Omega es 800, así que Alfa y Omega es 801, porque Alfa es 1 y Omega 800. Al hermano Apringio De Beja, un comentarista del Apocalipsis de la época medieval, el Señor le abrió los ojos al respecto de este detalle, que el valor numérico de Alfa y Omega, es el mismo valor numérico de la palabra que significa “paloma” refiriéndose al Espíritu Santo; o sea que es curioso el valor numérico de paloma, que es la figura del Espíritu Santo, que es también 801, así como Alfa y Omega equivale a 801. ¡Cosa curiosa! El que se dio cuenta de eso fue Apringio en la edad media temprana.


Luego dice: “Dice el Señor Dios”. Kurios ho Teos [Κύριος ό Θεός], dicen los manuscritos más antiguos; los últimos, para aplicárselo sólo a Jesucristo, le quitaron esta porción; pero es muy delicado, y por eso en Apocalipsis yo me he puesto a pasarles a ustedes datos de comentarios textuales, porque este libro dice que el que le agregue le serán agregadas las plagas, y el que le quite le será quitada su parte; por eso yo no quiero seguir a otro, ni en agregarle, ni en quitarle, sino revisar todo lo máximo posible para seguir los originales más antiguos y no agregar, ni quitar; esa es mi intención. Por favor, no se asusten; no le estoy quitando a la Biblia; solamente estoy comentando esta traducción, comparándola con otras y con los originales. “Dice el Señor Dios”; aquí el que habla es Dios, o sea, el Padre, “el que es y que era y que ha de venir”; es una manera de decir “el eterno”; y luego dice: “el Pantocrátor”, o sea “el Todopoderoso”. Es interesante como aparece aquí la firma del saludo, porque aquí hubo un saludo: Juan, a las siete iglesias que están en Asía; dice: “del que es y que era y que ha de venir”, o sea, el que firma el saludo. Luego dice: “y de los siete espíritus que están delante de su trono”, que lo hemos ya examinado, “y de Jesucristo el testigo fiel”; ahí está mostrando a Dios y luego la obra de Cristo, que nos amó y nos libró de nuestros pecados con Su sangre, y nos hizo reino y sacerdotes, para Dios Su Padre; y luego aparece viniendo en las nubes, y dándole la gloria a Él; y luego aparece Dios diciendo: “Yo soy el Alfa y la Omega, (la frase “principio y fin”, es agregada), “dice el Señor”; en otra parte no es agregado; “el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.

Después de ponerle la firma al saludo, porque éste es un saludo del cielo, del Dios Trino: del Padre, del Espíritu, lo pone de segundo, y del Hijo que lo pone de tercero, ya encarnado, y dijo: A Él sea la gloria; viene con las nubes; nos está presentando el panorama; ese es el saludo; así saludaba Pablo también: gracia y paz; aquí gracia y paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo; gracia y paz del que es y que era y que ha de venir, de los siete espíritus, del testigo fiel, etc.; ese es el saludo y ahí termina el saludo; el saludo no es sólo de Juan; Juan es el instrumento, pero el origen es el Alfa y la Omega, el Señor Dios, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso; Él es el que habla estas palabras.


Copartícipe en la tribulación

Ahora sí llegamos al verso 9; después de ese saludo en nombre de Dios, Juan, el apóstol empieza a contar qué fue lo que le pasó; ahora recién empieza a decirnos que estaba en Patmos y tal; pero él empezó con el saludo del cielo y ahora va a explicar las circunstancias de la visión que recibió de Dios; entonces hoy fijémonos con más detalle en el versículo 9: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesús, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesús”. Los manuscritos tardíos algunos dicen: Señor Jesús, otros dicen: Jesucristo, otros Señor Jesucristo, porque es normal que si uno tiene reverencia a Jesús, le agrega Señor Jesús o Jesucristo; pero los manuscritos más antiguos dicen solamente Jesús; claro que un escriba piadoso se sentiría inclinado a añadirle Cristo o anticiparle Señor, pero los manuscritos más antiguos dicen solamente Jesús, y eso tiene su significado y su importancia.

Vamos entonces a volver nuestros pasos sobre este verso 9: “Yo Juan, vuestro hermano”; aquí uno ve la humildad de Juan; él es apóstol, pero él dice: vuestro hermano; Juan se está poniendo en el nivel de la iglesia. La iglesia está pasando por persecución; Juan es uno de los perseguidos y él no se pone en un lugar alto, sino que se pone con sus hermanos: “Yo Juan,  vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación”; o sea que lo normal de los hermanos es pasar por tribulación; Juan se declara hermano y se declara copartícipe en la tribulación; ciertamente que aquí no se refiere exclusivamente a la gran tribulación, sino a todo tipo de tribulación; pero lógicamente que la gran tribulación es tribulación. Fijémonos en este contexto cómo se presenta Juan; Juan está en persecución; Juan entiende a la Iglesia; la Iglesia está en persecución; él es uno de los perseguidos, y él se identifica como uno de ellos; eso es muy bonito, porque ponerse uno, que está tranquilo, que no está pasando por problemas, a darle consejos a otros, sin conocer dónde le aprieta el zapato al otro, esos son consejos muy vacíos; solamente quien ha vivido, que sabe dónde le aprieta el zapato, que a él también le ha apretado el zapato en el mismo callo, entonces esa persona sí puede tener simpatía, empatía, compasión y comprensión de los hermanos. Juan va a animar a los hermanos, Juan va a contarles cómo el Señor está en el trono, aunque ellos están en tribulación, aunque él está preso; él antes de llegar a ser preso, dice Tertuliano que lo condenaron a ser puesto en una olla de aceite hirviendo. Esa historia la cuenta Tertuliano, y que no se quemó; pensaron que era un brujo. Es que Dios lo tenía reservado para escribir este libro y el evangelio y las epístolas que escribió después del Apocalipsis; completó la Biblia.


Entonces lo llevaron preso a esa isla de Patmos, que era una isla donde llevaban a los criminales; no era precisamente una isla turística, sino una isla donde llevaban a los criminales; allí llevaron a Juan. Entonces dice: “Vuestro hermano y copartícipe vuestro en la tribulación”. Jesús también cuando le habló a la iglesia en Esmirna, que después lo vamos a ver con más detalle, antes de decirle a la iglesia que la iglesia esté dispuesta a ser fiel hasta la muerte, el Señor se presentó primero a la iglesia, diciendo: Yo estuve muerto, he aquí que vivo, sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida; porque él sufrió, “yo estuve muerto”, yo pasé por ahí, yo sé lo que te estoy diciendo; sé fiel, yo te voy a dar la corona de la vida; mira, yo vivo por los siglos de los siglos; estuve muerto, pero mira que vivo; sé fiel tú también; el Señor no le pide a la iglesia que soporte las situaciones sin que Él las haya soportado primero; por eso decíamos la vez pasada que si uno está pensando no sufrir, está siendo desarmado por Satanás, porque el apóstol Pedro dice en su primera carta (4:1): “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”.


Hermanos, lo normal de la vida cristiana, es pasar por pruebas, por tribulaciones, por dolores. En Hechos, el apóstol Pablo confirmó a la iglesia, precisamente con esas palabras. Hechos 14:22: “Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario (esa palabra “necesario” es porque Dios nos hace bien cuando pasamos la prueba. La prueba que pasamos es para purificarnos) que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”; esa era la manera de confirmar los ánimos. Hoy se trata de animar diciéndole a la gente: tú no vas a sufrir nada, te vas a ir en el rapto y no vas a sufrir nada, porque el Señor ya sufrió por nosotros; ¿por qué tienes tú que sufrir? Esa es una manera de desarmar a los hermanos; los apóstoles no enseñaban eso; Jesús no enseñó eso; Jesús dijo: Ya os lo había dicho antes, para que cuando suceda, os acordéis que ya os lo había dicho; o sea que el Señor habló que Su pueblo pasaría tribulaciones, y nunca ha habido una generación que no haya pasado tribulaciones; y si yo les leyera a ustedes los testimonios de la historia de la Iglesia, las clases de tribulaciones que el Señor ha permitido que Sus amados pasen, ustedes se dan cuenta que el Señor no mintió ni nos engañó, sino que nos preparó de antemano para que nada nos tome por sorpresa; por eso lo que dice aquí: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino”; y dice Pedro, lo que estábamos leyendo, “puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento”; o sea, un arma protectora es saber y estar dispuesto a sufrir; si no, estamos desarmados. Armaos con este pensamiento, puesto que Cristo padeció vosotros también armaos para padecer con Cristo.


El reino de Dios

Voy a leerles un pasaje que se refiere a los últimos tiempos, que está en Daniel capítulo 11, para que sepamos que esto es lo normal.

Daniel 11:33; fíjense en que es para el tiempo del fin; desde el versículo 31 viene hablando de la abominación desoladora; o sea, la que implantará el anticristo. Ya en ese contexto dice en el versículo 32: “32Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; (los que no le sean fieles al Señor, serán engañados con lisonjas) mas el pueblo (este mas es pero) que conoce a su Dios se esforzará y actuará. 33Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo”. Fíjense en esas cuatro palabras que sintetizan la persecución: “espada, fuego, cautividad y despojo”. Voy a decirles una noticia que es en el tiempo del gobierno actual; no estoy hablando de tiempos anteriores; se escuchó y salió, pero en una noticia muy pequeña; no se le dio el significado que se le debía dar. Resulta que venía un barco de Europa para Colombia y traía guillotinas; y en el Atlántico hubo una gran tormenta y fue necesario tirar las guillotinas al mar; pero no eran guillotinas de imprenta para cortar papel, eran guillotinas para cortar cabezas; un barco venía de Europa para Colombia cargado con guillotinas, en el tiempo de este gobierno; no sé si ustedes sabían esa noticia. ¿Para qué guillotinas en Colombia? ¿Quién estaba importando eso? Salió en las noticias, muy pequeña, y pocos supieron de ella; pero quiero que la sepan en este momento.


Volvamos a Apocalipsis; estamos en el 1:9: “copartícipe vuestro en la tribulación”. Juan está sufriendo, está preso en la cárcel, ha pasado por la olla de aceite hirviendo, el Señor le conservó la vida, ahora está preso en la isla de Patmos; esa historia la cuenta Tertuliano.

Ahora dice aquí: “copartícipe” no sólo en la tribulación, sino “en el reino y en la paciencia de Jesús”. Tres cosas en las cuales Juan se declara copartícipe al mismo tiempo: la tribulación, el reino y la paciencia; o sea, el reino tiene varias etapas: habrá una etapa gloriosa del reino cuando Dios enjugará toda lágrima, pero hay una etapa de introducción del reino cuando los valientes son los que lo arrebatan. Cuando el Señor Jesús dijo: “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos (los esforzados, los valientes) lo arrebatan” (Mateo 11:12), mostró que era necesario valentía para el reino; hay una etapa del reino que corresponde al período de la Iglesia y en las tribulaciones normales que pasa la Iglesia; por eso Pablo hablaba de los hermanos que le ayudaban en el reino; o sea que la vida de la Iglesia es un aspecto del reino. Habrá otro aspecto del reino en el Milenio; habrá otro aspecto del reino en el cielo nuevo y en la tierra nueva; hubo un aspecto del reino en el tiempo de Israel; hubo un aspecto del reino antes de la tierra cuando el Señor estaba con sus ángeles creando la tierra; Él reina de eternidad a eternidad; luego hubo el período del reino correspondiente a Israel, pero el reino será quitado a este pueblo y será dado a otro pueblo que dé el fruto que el otro no dio; es el período de la Iglesia, y Pablo hablaba del reino en la Iglesia; me ayudan en el reino de Dios, decía en sus saludos.


“El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Hay un aspecto actual del reino, hay un aspecto cuando el reino sufre violencia; esa es la hora de la Iglesia, es cuando el reino sufre violencia; Jesús dijo que el reino sufría violencia; aún después del milenio el reino sufrirá violencia, porque Satanás será desatado e irá a engañar a las naciones para venir contra la ciudad santa, pero el Señor hará descender fuego del cielo e introducirá Su juicio final; pero el reino del Señor sufre violencia porque es un choque de dos reinos; es el reino de Dios contra el reino de las tinieblas; por eso el reino de las tinieblas hace violencia contra el reino de Dios, y por eso es que Juan pone la palabra reino en medio de tribulación y paciencia; o sea, cuando el reino sufre violencia por tribulación, debemos tener paciencia, pero esa paciencia no la podemos tener sin Jesús, y aquí lo interesante en los versículos originales es que dice: “y en la paciencia de Jesús”; y más abajo: “el testimonio de Jesús”. Si tú lo ves en el griego, esta paciencia de Jesús no es lo único que se dice de Jesús, sino la tribulación de Jesús, el reino de Jesús y la paciencia de Jesús, y entonces “el testimonio de Jesús”. ¿Por qué no dice aquí en los originales “Cristo”? Siempre que se habla de victoria, se habla de victoria en Cristo; somos fuertes en Cristo, resucitados con Cristo, sentados con Cristo en los lugares celestiales y hablamos en Cristo.

Dice que el Señor llegó a ser, cuando ascendió, Señor y Cristo; no que no era el ungido, sino que ahora es el ungido para reinar; ahora a Jesús se le llamó: Señor y Cristo, como dice la Escritura. Para que lo vean con sus ojos, lo dice de la siguiente manera en Filipenses 2:10: “10Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor”. Primero cuando Él está como Jesús, Él está en sus pruebas terrenales, Él está en sus tribulaciones; por eso Él decía: Vosotros que me habéis acompañado en mis pruebas, os sentaréis conmigo en doce tronos; pero primeramente le habían acompañado en sus pruebas. Como Jesús, Él está en su humillación, ¿entienden? Como Cristo Él está en su resurrección y en su ascensión; entonces por eso Juan no utiliza aquí, tribulación en Cristo, sino copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesús. Esas tres cosas son de Jesús. La tribulación de Jesús, somos partícipes de la tribulación de Jesús.


El honor de padecer por Cristo

Por eso dice la Biblia: “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:29). Es una concesión, es un honor que se nos concede.

Quizá el Señor no conceda a algunos ese honor; ¿por qué? porque a lo mejor flaquean, no sabemos. Dios tenga misericordia de nosotros; de esto nadie se puede gloriar de valiente; porque Pedro se gloriaba diciendo: Señor, mi vida pondré por ti; y a última hora vio que en sus propias fuerzas hasta de la chica del servicio se asustó; ya después sí, ahora sí, ya en unión con el Señor, fue crucificado con el Señor y hasta cabeza abajo; fue valiente y no huyó más. ¿Quo vais? ¿A dónde vas? Cuando estaba huyendo de Roma, vio que el Señor volvía para Roma, en una visión; eso lo cuenta la historia; él estaba huyendo de Roma y vio que el Señor venía para Roma; y le preguntó: ¿Quo Vadis? ¿A dónde vas? Ahí entendió que él tenía que ir a Roma a morir en nombre de Cristo; entonces ya le llegó su hora, porque el Señor mismo dijo: mientras tanto huyamos, pero cuando llega la hora, hay que enfrentarla. Entonces aquí Juan tiene un concepto importante: copartícipes, nosotros en cuerpo, en la tribulación de Jesús, en el reino de Jesús y en la paciencia de Jesús; esa es la experiencia actual de Juan; cuando Juan está escribiendo esto, él está participando de la tribulación, del reino y de la paciencia, pero de Jesús; Jesús como hombre, en su humillación. Por eso él dice: en Jesús y no precisamente en Cristo, aunque Jesús es el Cristo, pero habló de Jesús, por causa de la humillación.


Entonces dice: “estaba en la isla llamada Patmos”; claro, él tenía  que explicar,  porque eso es como estar antes en la cárcel de la Gorgona; yo estaba en la Gorgona, ¡pero cómo! Porque sabemos que la Gorgona quiere decir la cárcel de los peores criminales; entonces él explica: “en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesús”; por estas dos cosas: por la palabra de Dios y el testimonio de Jesús, él fue enviado preso a la isla llamada Patmos.

¿Dónde está ubicada esa isla llamada Patmos? Si ustedes recuerdan donde está Grecia y Turquía hoy en día, y que luego se entra hacia el Mar Negro. En la costa de Turquía, que es la península Anatolia, está Efeso; luego a unos 80 kilómetros hacia el norte está Esmirna; luego otros 64 kilómetros hacia el norte está Pérgamo; luego va hacia el sur o sea a Tiatira y va bajando a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea. Ese es más o menos el recorrido; y a unos 100 kilómetros de Efeso, que queda cerca del mar, Mileto es como decir un puerto cercano a Efeso; luego de Efeso a unos 100 kilómetros hacia el suroeste está una serie de islas que se llaman las Espóradas; una de esas islas es la isla de Patmos, que tiene más o menos 16 kilómetros de largo y unos 8 kilómetros de ancho en la parte más ancha; pero hay una parte del mar que entra en la isla y casi la parte en dos; esa es la isla de Patmos que queda ubicada entre las islas Espóradas, más o menos al suroeste de Efeso, que queda en la península Anatolia, que es lo que hoy es Turquía, que antes se llamaba Asia Menor; es una isla rocosa, no muy fértil, donde está la cueva que se llama la cueva del Apocalipsis; hasta hoy está; hoy han levantado un monasterio y nuestro hermano Samuel Doctorian estaba orando justamente allá cuando tuvo aquella experiencia mística que escribió y que ustedes conocen; entonces es una isla que más o menos ya la ubicamos; una isla de presos. Juan estuvo bajo el gobierno de Domiciano, que fue llamado el segundo Nerón o el Nerón revivido o redivivo; y cuando murió Domiciano, el siguiente emperador le dio la libertad a Juan, y él pudo regresar a Efeso y allá en Efeso pudo escribir su evangelio y sus epístolas; pero él estuvo en esa isla durante ese tiempo.


Recibir la revelación en Espíritu

Dice el verso 10: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”. “Yo estaba en el Espíritu”. Para tener la revelación de Jesucristo se tiene que estar en el Espíritu; es decir, no es suficiente estar en la mera naturalidad del hombre almático; debemos discernir espiritualmente las cosas espirituales. Porque el mero hombre natural no las entiende, y para él son locura, como dice Pablo; el espiritual discierne todas las cosas; por eso es necesario estar en el Espíritu para recibir las revelación. “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor”. Esta frase, “en el día del Señor”, se refiere al domingo; hay una manera especial en el griego para referirse al día del Señor y diferente cuando se refiere al día del juicio; algunos lo han interpretado como el día del juicio, pero sin acudir al griego. Uno de los mejores especialistas en griego, el hermano Archibald T. Robertson, que publicó una obra en seis volúmenes que está en la biblioteca que se llama “Imágenes Verbales del Nuevo Testamento”, él hace un análisis profundo y una diferenciación de este asunto y por lo tanto en base a eso se puede decir que este día del Señor se refiere a un domingo. “Estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mi una gran voz como de trompeta”. Es interesante que la voz le habla desde atrás y eso se debe a una promesa que había hecho el Señor, porque dice en los profetas: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:21). Si tú vas a caminar, el Señor desde atrás te sopla por dónde es que tienes que caminar; entonces Juan seguramente que estaba confundido en la isla de Patmos, estaba en una persecución, quizá no sabía qué hacer porque esto con lo que él nos saludó lo experimentó después, aunque lo contó antes, estaría confundido, pero el Señor, que es fiel a Su pueblo, a Sus siervos, a Sus maestros, a Sus enviados, desde atrás de él le habló, y la primera palabra que el apóstol Juan escuchó fue la siguiente: “11Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asía: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”.

¿Se dieron cuenta de que me salté esa parte que dice: “Yo soy el Alfa y la Omega”? Eso tampoco está en los manuscritos más antiguos, pero lógicamente que quizá un escriba posterior piadoso, ¿cómo va a introducir así directo que escriba? Es como más bonito decir: Yo soy el Alfa y la Omega; claro que eso lo dijo el Señor en otra ocasión, pero los manuscritos más antiguos no ponen esta frase aquí; sólo la ponen algunos manuscritos posteriores. Dice aquí: “Escribe en un libro lo que ves”. ¿Saben, hermanos? El Señor manda a escribir. En Apocalipsis el Señor manda 12 veces a escribir; y esta es la primera vez: “Escribe en un libro lo que ves”. Veamos algunos de los otros mandamientos de escribir. Vamos por ejemplo al capítulo 14, verso 13: “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe”. En el 2:1: “Escribe”; en el 2:8: “Escribe”; en el 3:1: “Escribe”; en el 3:7: “Escribe”; en el 3:14: “Escribe”; en el 19:9: “Escribe”, y en el 21:5: “Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas”; 12 veces; el número 12 lo usa el Señor en todo; 12 veces le da el Señor a Juan la orden de escribir.

¿Por qué el Señor manda a escribir? Para que no se pierda. Él explica las razones; por ejemplo, a Habacuc le explica las razones. Vamos allá a Habacuc para ver por qué se debe escribir; es que a veces las cosas espirituales uno se las confía a la memoria, pero se le van olvidando, se le van deshaciendo, y por eso el Señor quiere que se escriban. Vamos al libro de Habacuc; dice en el capítulo 2:2: “Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.” O sea, el Señor sabe que si no se registra, las cosas se pierden; entonces Dios siempre manda a escribir: Moisés: escribe en un libro las jornadas; a Jeremías también le dijo: Jeremías, escribe. A Isaías también le dijo: Isaías, escribe. A Ezequiel también le dijo: escribe; inclusive le dijo: escribe esta fecha; o sea el Señor manda a escribir. Le dijo a Moisés que escribiera un cántico y que se lo enseñara al pueblo; o sea, Dios está interesado en que Su testimonio no sea tergiversado; no se le agregue, no se le quite, que permanezca para siempre; por eso es importante que se escriba, para que corra. Si no se escribe, se queda en tu memoria y se muere contigo; pero si se escribe, tú te mueres, pero queda escrito; luego otro le hace una copia, luego otro le hace otra copia. De Juan no sabemos si hizo siete copias, una para cada iglesia, o mandó una copia primera para la primera y que después en Esmirna hicieran para los otros, no sabemos; el hecho es que escribió; el Señor le dijo que la enviara. También en el capítulo 1:19, dice: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas”; o sea varias veces; entonces realmente son doce veces, siete es 3+4; 12 es 3x4. Porque son 7 a las siete iglesias; aquí en el capítulo 1 hay dos, son 9; en el capítulo 14, son 10; luego en el 19, son 11; y en el 21, son 12 veces que manda a escribir. “Escribe”, es un interés de Dios.


Los períodos de la Iglesia

Continuamos con el verso 11 de Apocalipsis 1: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: A Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”. Aquí vale la pena recordar que este escrito a estas siete iglesias es una profecía, y que Dios, a través de lo que le habla a estas siete iglesias, le está hablando a todas las iglesias; por lo tanto, sería interesante no solamente ver el nombre, sino el significado profético de estos nombres. Muchos hermanos han procurado ver el significado de estas palabras y algunas veces no coinciden unos significados con otros, porque algunos, por ejemplo, yo les mencioné a Apringio De Beja, estuve viendo los significados que él le da; él habla en latín y realmente quizá él le ve el parecido a palabras latinas y no ve las raíces griegas; por eso algunos le dan otros significados; pero este libro fue escrito en griego, por eso hay que ir a las raíces griegas para encontrar lo más parecido. No queremos ser dogmáticos, pero sí acercarnos lo más posible al griego. Aquí aparecen siete iglesias que eran históricas, pero también proféticas; es decir que se referían a períodos de la iglesia.

Dice: “A Efeso”. Efeso significa algo así como descansado, como aflojado, como si la iglesia en sus tiempos primitivos, comenzara, después de la muerte de los apóstoles, porque Juan fue el último que sobrevivió, a decaer un poco, a aflojar. Recuérdese que el apóstol Pablo hablando en Mileto a los ancianos de la iglesia en Efeso les dijo: “29Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:29-30). El mismo Pablo a la iglesia en Efeso le advirtió que después de su partida habría un bajón, habría un peligro; por eso cuando estudiemos esa iglesia veremos que el Señor le dice: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído”. Ese concepto está implícito en esa palabra Efeso. La palabra Esmirna tiene el significado de amargura; y si ustedes ven, se refiere a la iglesia en tribulación, a la iglesia en persecución, a la iglesia en tribulaciones difíciles. La palabra Pérgamo viene de muy casado: Hiper y gamia; por ejemplo, poligamia quiere decir muchos casamientos, muchas esposas, muchas mujeres; de ahí viene la palabra gameto, gamo. ¿Amén? Pérgamo quiere decir: muy casado y se refiere a ese período de la historia de la Iglesia después del período de las persecuciones; o sea, después de Constantino en adelante, cuando la Iglesia empezó a mezclarse con el mundo; por eso el Señor le habla como aquel que tiene la espada para separar lo precioso de lo vil. Después viene la palabra Tiatira; a esta palabra algunos le han dado varios significados. Mirando las raíces griegas, algunos la han llamado sacrificio continuo, mujer dominante, o torre alta, mostrando que es como ese período en que la Iglesia se hizo grande, llegó a ser dominante; entonces es el período medieval, el período de la iglesia de la edad media, la continuación de Pérgamo.

Luego Sardis es la palabra que algunos han interpretado como escapados, que escapan, refiriéndose al período de la Reforma, cuando salieron del dominio de la gran ramera, que era Roma. Luego la palabra Filadelfia viene de la palabra phileo o amor filial, o afecto natural, y adelfo que quiere decir hermano; entonces Filadelfia es el período del amor fraternal, de la restauración de la visión del cuerpo de Cristo, como una etapa posterior a la Reforma, como algo que debe suceder, que debe superar el nivel denominacional de la Reforma. Por último aparece la palabra Laodicea, que viene de la palabra laos de donde viene la palabra laicos o pueblo, y la palabra dikesis que quiere decir justicia o derecho; de manera que Laodicea quiere decir los derechos del pueblo, refiriéndose a la época final que es la actual donde el énfasis son los derechos humanos y el gobierno del pueblo; a veces es la anarquía; se ha hecho común. Esto después se verá en más detalle, pero es como para adelantar un poquito.


Volvamos a Apocalipsis 1:12 que dice: “12Y me volví (dice Juan) para ver la voz (porque él oyó que le hablaban detrás y él quiso ver la voz) que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”; y sigue describiendo; pero antes de entrar aquí en la descripción del Señor, detengámonos un poquito en el detalle: Lo primero que vio Juan cuando se volteó a ver la voz que le hablaba, fue los siete candeleros; después vio al Señor en medio de los candeleros, pero primero vio siete candeleros. Dice: “me volví para ver la voz”; lo interesante es la relación de voz con candelero. “Me volví para ver la voz”; la voz se oye, no se ve, pero él quería ver quién era el que había hablado; y lo curioso es que el Señor fue el que le habló, pero le habló en medio de los candeleros. Más adelante va a explicar el misterio de los candeleros y le dice que estos candeleros son las siete iglesias; o sea que cuando Juan quiso encontrar la voz del Señor, el Señor se le reveló en medio de las iglesias; como quien dice, al Señor se le encuentra en la iglesia. La iglesia tiene el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la palabra, el ministerio del Espíritu, el ministerio del Nuevo Pacto, y las personas se encuentran primero con la iglesia y en la iglesia encuentran al Señor; claro que el Señor está en medio de las iglesias, pero el Señor cuando se reveló y se mostró a Juan lo primero que Juan ve es candeleros; él no describe primero al Señor, sino los candeleros. “Me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro”; claro que en medio vio al Señor, pero él vio los candeleros; él quería discernir la voz del Señor y el Señor se le presenta en medio de los candeleros; eso quiere decir que Dios hace que Su Iglesia sea tenida en cuenta. El Señor fue a la Iglesia a la que le encomendó Su palabra; aun apóstoles como Juan lo primero que ven son los candeleros. Cuando Pablo se convirtió, porque el Señor se le apareció en el camino, y hasta se quedó ciego, Pablo le dijo: Señor, ¿que haré? Pero el Señor no le dijo directamente todavía qué hacer; el Señor inmediatamente lo colocó bajo la autoridad de la iglesia; el Señor le dijo: Ve a la ciudad de Damasco, a la puerta derecha; le dijo dónde tenía que ir, allá a la casa de Ananías, y allí se te dirá lo que debes hacer; o sea que el Señor le había podido decir directamente a Pablo lo que el Señor tenía que decirle, pero el Señor le hizo a Pablo honrar a la iglesia, el Señor lo puso bajo la autoridad de la iglesia; eso quiere decir que nosotros no podemos menospreciar el testimonio de la iglesia porque esos son los candeleros.


En el testimonio de la iglesia se oye la voz de Dios; claro que después tenemos relación directa con el Señor, pero normalmente el Señor nos habla en la iglesia. Yo pienso que si tú haces un recuento de lo que has aprendido de la palabra del Señor, puede ser que un porcentaje mínimo lo hayas aprendido directamente, pero el mayor porcentaje lo has aprendido en la iglesia, en la comunión con los hermanos, porque el Señor habla en medio de los candeleros. Lo primero que le mostró el Señor a Juan, incluso al Señor allá, pero primero vio los candeleros; eso quiere decir que no podemos pasar por alto la iglesia y que sí encontramos la voz del Señor en la iglesia; el Señor está en medio de los candeleros, Él se mueve como Sumo Sacerdote en medio de las iglesias y es en las iglesias donde oímos la voz de Dios. Dios te puede hablar directamente, pero casi siempre te habla por la iglesia. Señor, ¿qué haré? Ve a la calle derecha y allí se te dirá qué debes hacer. El Señor le va a hablar, pero a través de la iglesia en Damasco; él quería que el Señor le hablara directo; el Señor después le habló directo, pero después de que estuvo sometido a la autoridad delegada por el Señor a la iglesia; por eso es que Juan, cuando se volteó para ver la voz que le hablaba, lo primero que vio fue los candeleros; y así las personas antes de conocer a Cristo ven a la iglesia y por eso es tan importante que la iglesia dé un buen testimonio, porque si la gente mira a la iglesia y no encuentra el testimonio del Señor en la iglesia, difícilmente va a encontrar al Señor mismo. El Señor quiere que la gente lo encuentre a Él en medio de la iglesia; por eso hermanos, nunca debemos perder de vista esto. A veces nosotros decimos: no mire a los hombres y siga solamente al Señor, pero el Señor quiere que lo encuentren a Él en los hombres; Dios quiere que el Señor sea encontrado en nosotros; nosotros a veces no tenemos cuidado de cometer un error y escandalizar a la gente, y decimos: Es que yo soy pecador, no me mire a mi, mire al Señor; claro que nosotros somos la iglesia, pero el Señor no quiere que nosotros le dejemos a Él solamente el trabajo, no; Él quiere ser encontrado en nosotros; Dios nos ayude a dar un buen testimonio; que la gente que quiera encontrar a Cristo lo pueda encontrar en medio de nosotros. La voz de Cristo en medio de las iglesias. Vamos a parar por hoy aquí. ☐


Continúa con: Visión de Cristo glorificado.

VISIÓN DE CRISTO GLORIFICADO

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:24, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (10)


VISIÓN DE CRISTO GLORIFICADO


“12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. 14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. 16Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Apo. 1:12-16.

La voz y la visión

Vamos en la presencia del Señor a continuar estudiando Su palabra, el libro del Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1 y hoy con la ayuda del Señor comenzaremos a ver en este capítulo la visión del Cristo glorificado que recibió el apóstol Juan en la isla de Patmos; aquí se nos presenta, y a partir de aquí empieza toda la revelación. Desde el versículo 12 que ya la vez pasada vimos, vamos a empatar desde allí donde dice: “12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los candeleros...”

La palabra “siete” fue acrecentada en los manuscritos posteriores; los más antiguos dicen simplemente: “y en medio de los candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un ciento de oro. 14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus  ojos como llama de fuego; 15y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. 16Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. 17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies.

 Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último, 18y el que vive y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. 20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”. Aquí en esta visión, en esta aparición, en esta revelación de Cristo glorificado, el apóstol  Juan vio todo esto que acabamos de leer, pero que necesitamos considerarlo poco a poco; fíjense en que Apocalipsis es la culminación de toda la Biblia. Dios es el tema de la Biblia. El tema de Dios es Su Hijo; y aquí en esta visión tenemos nada menos que la visión gloriosa del Cristo glorificado; o sea que en esta visión en Patmos están sintetizadas muchas cosas de la identidad del Señor Jesús, y cada uno de los detalles nos revela algo del misterio de Cristo; y digo el misterio de Cristo porque ustedes lo ven aquí en medio de los siete candeleros de oro. Tenemos la cabeza y el cuerpo: el Hijo del Hombre, la cabeza en medio de los candeleros, el cuerpo de Cristo, las iglesias que son Su cuerpo en toda la tierra.


Crítica textual

Entonces, hermanos, vamos a ir considerando uno por uno los detalles de esta visión. En primer lugar, hago mención del comentario textual para que los hermanos estén atentos, conforme a todos los versos que aparecen en los manuscritos más antiguos; las diferencias venían en el versículo 11, donde lo que decía la voz era: “escribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias”; aquí “que están en Asia,” fue acrecentado por un escriba posterior para identificar que eran las mismas “que están en Asia” que aparecen en el verso 4; o sea que en el verso 4, la expresión “que están en Asia” es corroborado por los manuscritos; pero en el verso 11 fue acrecentado por un escriba posterior en manuscritos posteriores; no aparece en los manuscritos más antiguos; sólo que se refiere a las mismas. Dice: “y envíalo a las siete iglesias: Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”. Me llama la atención que cuando se refiere a las iglesias históricas, claro que dice: las siete iglesias que están en Asía; pero como estas iglesias que están en Asia representan al cuerpo de Cristo en el sentido universal, por eso en el verso 11, no es necesario acrecentar que están en Asia, porque aquí ya está hablando en profecía.

La otra porción es en el verso 13 donde dice: “12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los [siete] candeleros,” la palabra siete fue acrecentada por un escriba posterior, en los manuscritos tardíos; en los anteriores no está; pero obvio que se refiere a los siete, pero cuando dice aquí: los candeleros, es mucho más amplio; son todas las iglesias, porque aquellos primeros candeleros representan a todos los candeleros. Sí, la iglesia en Efeso es un candelero; todas las iglesias, cada una en su localidad, son también candeleros; entonces por eso allí en el verso 13 lo correcto es: “y en medio de los candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre,” etc. Ya el resto de los pasajes son perfectamente claros en la mayoría de manuscritos; solamente algo acontece en la palabra “refulgente” del versículo 15; algunas variantes, porque hay tres maneras en que aparece en los manuscritos, puesto que el apóstol Juan escribió “refulgente” en singular y en femenino en el griego, entonces algunos escribas, para corregir “refulgente” relativo al bronce, lo escribieron en masculino; y otro relativo “a los pies” lo pusieron en plural; pero él lo dijo en femenino y en singular referido a la caminada de los pies. Esto en el griego.


Vestiduras reales y sacerdotales

Ahora sí, después de estos datos de crítica textual, vamos a la exégesis de los versos. La vez pasada vimos el 12, cuando él se volteó para ver al Señor, la Voz, porque el que le hablaba era el Señor; el Señor le hizo que viera primero los candeleros de oro, porque el Señor se encuentra en medio de la iglesia y aquí el Señor se está revelando en Su gloria, y el misterio completo de Cristo incluye el Cuerpo de Cristo. Como esta es la visión final del Cristo glorificado, no puede aparecer la cabeza sin el cuerpo; entonces aparece el Hijo del Hombre en medio de los candeleros. Lleguemos ahora al 13: “y en medio de los candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”. En estos detalles que nos muestran cómo aparece vestido el Señor Jesús en medio de los candeleros, aparece con las vestiduras sacerdotales. En el Antiguo Testamento, ustedes recordarán, en los capítulos 27, 28 y 29 del libro de Éxodo, allí aparece la descripción de las vestiduras sacerdotales, de la consagración sacerdotal; y ustedes recordarán primero que había unas vestiduras y esas vestiduras son vestiduras largas; son túnicas; eran vestiduras reales y sacerdotales; aquí aparece que las vestiduras le llegaban hasta los pies. Por eso si ustedes me acompañan a Isaías, capítulo 6, dejando marcado allí en Apocalipsis a donde volveremos, en Isaías 6 se nos dice lo siguiente respecto de la visión gloriosa del Señor Jesús que tuvo el profeta Isaías: “1En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”. Sus faldas llenaban en templo; por eso allí aparece Él con vestiduras reales y también con vestiduras sacerdotales. Si usted sigue leyendo el capítulo 6, está allí hablando de Jehová, pero la aparición de Jehová, Jehová es visible y reconocido en el Hijo; por eso es que San Juan en el capítulo 12 de su evangelio, cuando se refiere a la visión de Isaías, él dice que esa visión se refería a la gloria de Cristo; por eso pueden leer conmigo en el capítulo 12 del evangelio de San Juan desde el versículo 37: “37Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? 39Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: (esto que va a decir aquí, “dijo Isaías,” es aquel capítulo 6 que estamos leyendo) 40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se convierta, y yo los sane. 41Isaías dijo esto cuando vio Su gloria”; o sea, viene hablando del Señor Jesús; éste “vio su gloria”, se refiere a que Isaías vio la gloria del Señor Jesús; o sea, el Señor Jesús en su trono; dice: “sus faldas llenaban el templo”; esa vestidura es signo de realeza y signo de sacerdocio. En el Antiguo Testamento la realeza y el sacerdocio estaban distribuidos entre las tribus de Judá y de Leví: la realeza en la tribu de Judá, y en la tribu de Leví el sacerdocio, porque hubo una caída de Rubén; Rubén era el primogénito. El primogénito era el que heredaba el sacerdocio; el primogénito heredaba el reino; el primogénito heredaba la doble porción; pero como pecó profanando el lecho de su padre, a Rubén le fue quitada la primogenitura; y el reino le fue dado a Judá, el sacerdocio le fue dado a Leví y la doble porción le fue dada a José. Pero en el caso del Señor Jesús, el reino y el sacerdocio están en el orden de Melquisedec, que era sacerdote del Dios altísimo y rey de justicia, y rey de paz. ¿Amén? Por eso aparece con estas vestiduras que representan tanto su reinado, como su sacerdocio.

Pero hay un detalle más en estas vestiduras que el Espíritu Santo quiso resaltar y es la que aparece aquí en el verso 13 de Apocalipsis: “Ceñido por el pecho con un cinto de oro”. No dice: ceñido por la cintura, sino ceñido por el pecho, porque esa era justamente la vestidura sacerdotal; en el pecho era donde se ponía el cinto. El cinto de los sacerdotes se bordaba en oro, que era la figura, pero en el Señor Jesús no es sólo bordado en oro, sino que es de oro mismo; está por el pecho. ¿Por qué por el pecho? Porque el cinto tenía esta función: el cinto era el que mantenía el efod, que eran las hombreras de donde se colgaba el pectoral, de donde se colgaba también la capa; entonces el efod, las hombreras, tenían unas argollas hacia adelante y unas argollas hacia atrás y el cinto pasaba por esas argollas para mantener el efod en su lugar, para que no se cayeran las hombreras, no se desviaran; el cinto tenía la función de mantener las hombreras; o sea, el efod del pectoral, el efod del manto, para que no se movieran esas hombreras; eran aseguradas por el cinto.

Eso es muy interesante y muy significativo, porque ustedes saben que sobre el efod o sobre las hombreras, había dos piedras de ónice con los nombres de las doce tribus de Israel: seis en un lado, seis en otro lado; o sea que el Señor carga sobre Sus hombros a Su pueblo; y también colgado de las mismas argollas del efod estaba el pectoral con las doce piedras también de las doce tribus de Israel, diciendo que el Señor carga también a Su pueblo sobre Su pecho, sobre Su corazón; por eso Él aparece como Sumo Sacerdote, o sea, el que intercede por Su pueblo, el que se responsabiliza por Su pueblo, el que lleva la carga de Su pueblo sobre Su corazón y sobre Sus hombros; por eso el cinto de oro es tan importante, porque el cinto era el que mantenía el efod en su lugar, y el pectoral en su lugar, y el manto en su lugar; eso quiere decir que la intercesión, las misericordias del Señor son firmes, debido a ese cinto en el pecho; no se podían caer las hombreras; por lo tanto no se podían caer las piedras de ónice; por lo tanto no se podía caer Su pueblo; Su pueblo estaba sobre Sus hombros; el Señor cargando la responsabilidad de Su pueblo, el Hijo del Hombre, el representante de todos nosotros, que nos representa delante de Dios.


Una de las tareas que tenía que hacer el Sumo Sacerdote en la antigüedad, era mantener el candelero en el tabernáculo y los candeleros en el templo, porque Dios muestra que Su voluntad es la multiplicación de los candeleros. Su pueblo está representado en un candelero en el tabernáculo, en diez candeleros en el templo, mostrando que Dios quiere llenar la tierra de sus iglesias; y una de las responsabilidades del sacerdote era que él tenía que mantener esos candeleros funcionando; el sacerdote era el que tenía que añadir aceite a las lámparas, y también tenía la despabiladera, que era aquella tijerita con la cual tenía que quitar la parte seca del pábilo para que no humeara y enrareciera el ambiente. Ese era el trabajo del sacerdote, y aquí aparece el Señor Jesús en medio de los candeleros; o sea que el Señor Jesús está reuniéndose siempre con Sus iglesias. “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Y ¿qué está haciendo el Señor? añadiendo aceite; o sea, el Espíritu Santo a nuestros espíritus, vivificando nuestros espíritus, quitando lo viejo. Por eso en los capítulos 2 y 3, cuando se nos describen las siete iglesias, ahí vemos al Señor haciendo el doble trabajo: Añadiendo aceite, (tienes esto, no te pondré otra carga) pero también usando la despabiladera (pero tengo contra ti esto); ahí está el Señor cortando lo que es de la carne, lo que es del ego, lo que no es del Espíritu, lo que es meramente natural, y añadiendo aceite, apoyando, reforzando lo que está bien, cortando lo que está mal. Es el Señor Jesús haciendo ese trabajo de Sumo Sacerdote en medio de los candeleros. En el Antiguo Testamento era la figura; hoy es la realidad.


En medio de los candeleros


El Señor está en medio de nosotros haciendo ese doble trabajo: vivificando nuestro espíritu y aplicando la cruz a nuestra alma, a nuestro ego; lo que viene de Adán tiene que ser cortado con la cruz, con la tijerita, con la despabiladera; y lo que es del Espíritu tiene que ser avivado, tiene que ser ferviente, tiene que haber renovación, tiene que haber fluir; eso es lo que el Señor hace. Él está por toda la tierra mirando Sus iglesias; esas lámparas se refieren a nuestros espíritus, dice la Escritura; es un verso que los hermanos conocen, pero para que los nuevos lo tengan de manera más firme, vamos a leerlo en el Libro de los Proverbios, porque este verso es sumamente importante, porque tiene que ver con el oficio sacerdotal del Señor.

Proverbios 20:27, dice así: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón”. O sea que el Señor se hizo una lámpara para Él poner Su luz y la lámpara donde la luz de Su Espíritu tiene que alumbrar es nuestro espíritu. El espíritu nuestro es el que tiene que estar vivo, ferviente, sensible, porque a Dios sólo se le puede adorar en espíritu, servir en espíritu, captar, entender en espíritu, comprender en espíritu, percibir en espíritu; es nuestro espíritu Su lámpara; es nuestro espíritu el que percibe el testimonio de Dios. Dice Romanos 8:16 que el Espíritu de Dios da testimonio a nuestro espíritu; es nuestro espíritu; no es necesariamente nuestro entendimiento, que no es lo mismo que el espíritu. Por eso dice 1 Corintios 14:15: “Cantaré con el espíritu, peroy cantaré también con el entendimiento”, para mostrar que el entendimiento y el espíritu no son la misma cosa. El espíritu intuye y recibe de manera directa la impresión de Dios, y el entendimiento lo interpreta; a veces no interpretamos bien ese mover del Espíritu en nuestro espíritu, pero de pronto, cuando no entendemos, hay que orar, pedir en oración poder interpretar. La interpretación es del entendimiento, pero el espíritu es más profundo; toda comunicación de Dios, toda guianza de Dios, toda comunicación de Dios,  toda corrección de Dios, toda dirección de Dios es en el espíritu; todo testimonio de Dios llega a nuestro espíritu; nuestro espíritu es la lámpara de Dios y el candelero es el portador de la luz. En el Antiguo Testamento ustedes ven descrito el candelero en Éxodo, en Levítico, en Zacarías, con siete lámparas, representando la plenitud de la vida en el espíritu, en la iglesia.


Entonces ¿qué es el trabajo del Sumo Sacerdote que nos retiene firme, cerca de su corazón y sobre sus hombros? ¿Qué tenía que hacer el sacerdote? Tenía que mantener encendidos los candeleros delante de Su Padre. El Padre encomendó un trabajo al Hijo y el Hijo está haciendo ese trabajo a la diestra del Padre con su Espíritu en todas las iglesias. El trabajo del Sumo Sacerdote tiene que ver con nuestro espíritu. Cuando estamos muy en la emoción, muy en el alma, muy en lo natural, muy en el intelecto, pero no en el espíritu, el Señor trabaja con el propósito de ponernos en el Espíritu; a veces nos sentimos débiles, a veces nos sentimos secos, porque el Señor quiere llamarnos a depender de Él, para vivificar nuestro espíritu. Todo el trabajo del Señor en nuestra vida como sacerdotes, es siempre ponernos en el Espíritu, porque nosotros con mucha facilidad nos deslizamos del espíritu y entramos en la carne, entramos a la naturalidad, y al Señor le toca hacer todo las que tiene que hacer para colocarnos en el Espíritu, mantener las lámparas encendidas; las lámparas encendidas es el espíritu vivo. A veces estamos en el intelecto solamente; entonces el Señor nos deja secos y por medio de esa sequedad, descubrimos que estamos sólo en el intelecto; no es que esté mal el intelecto, Él lo creó; pero tiene que estar la mente puesta en el Espíritu, ocupada, ungida por el Espíritu. Es a  través de esa sequedad que el Señor nos dice: estás en ti mismo, vuélvete a mí. El que a mí viene, de su interior correrá el Espíritu; entonces el Señor siempre nos dirige a estar en el Espíritu.


A veces nos entusiasmamos en el alma y nos metemos en una cantidad de tareas, pero vemos que el Espíritu no nos acompaña; entonces tenemos que parar en el Señor hasta percibir Su compañía, Su unción, Su aprobación, para caminar en unión con Él. No importa cuál sea nuestra función en el Cuerpo de Cristo, tiene que ser en el Espíritu; eso es lo que está haciendo el Señor. Por eso el Sumo Sacerdote intercede por nosotros, nos lleva sobre Su pecho, asegurados a Su pecho, en Sus hombros, pero haciendo un trabajo en medio de los candeleros, manteniendo esas luces, esas lámparas, o sea nuestros espíritus; no sólo el de cada uno, sino el de todos juntos, encendidos delante de Su Padre, porque ese es Su trabajo; Él se mueve en medio de los candeleros, es decir, haciendo Su trabajo sacerdotal, ayudando a las iglesias a estar en vida, a estar en luz, a estar en el Espíritu. Interesante que lo primero que se nos presenta de la visión del Cristo glorificado, es Su posición como cabeza en medio de la iglesia, el representante de los hombres, el Hijo del Hombre. Allí cuando dice: en medio de los candeleros, a uno semejante al; la palabra puede traducirse: uno como el Hijo del Hombre; se está refiriendo a las visiones del Mesías que aparecen en el Antiguo Testamento, las cuales se refieren al Cristo que vendría o el Mesías, como el Hijo del Hombre, por ejemplo en Daniel. Entonces ese que vio Juan, era como ese que había visto Daniel; Ezequiel también vio uno como Hijo de Hombre, sentado en el trono, en medio de los querubines. Aquí Juan está identificando al Señor Jesús, como aquel Hijo del Hombre prometido en los profetas. Lo primero que aparece es Él, en medio de la iglesia como cabeza, como rey, como sacerdote; por eso se nos presentan los dos aspectos del reino: sus vestiduras, sus faldas que llegaban hasta los pies, y también el cinto de oro por el pecho que representa Su sacerdocio.


El Hijo del Hombre glorificado y como Juez

Ahora llegamos al versículo 14; primero lo describió completo; ahora va a empezar a describirlo de la cabeza a los pies. Primero dijo: el Hijo del Hombre; pero ahora empieza por la cabeza y  baja hasta los pies y dice: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve”. Primero describe Su cabeza, y en Su cabeza primero describe Sus cabellos; fíjense en que quien así era antes descrito era el Anciano de días, refiriéndose al Padre. Vamos a Daniel, donde en el capítulo 7 aparece lo siguiente; veámoslo desde el versículo 9 donde aparece la descripción final del reino, después de las bestias que son descritas en los primeros versos. Daniel 7:9: “9Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, (éstos son los del reino del Señor y Su pueblo) y  se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. 10Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos”. Aquí está mostrando el reino final, y está mostrando al Anciano de días. Primero, el Anciano de días era el Padre. “11Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno (el anticristo); miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego. 12Habían también quitado a las otras bestias su domino, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.”

Significa que habían dejado de ser reyes que reinaban y solamente las naciones que sobrevivieron pasan al milenio. “13Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo, venía uno como un hijo de hombre”. Éste es el Hijo; cuando ascendió, la nube lo recibió y fue a dar a la diestra del Padre. Aquí aparece cuando Él sube en ascensión a recibir el reino a la diestra el Padre, porque no dice que venía en la nube a la tierra, sino que en la nube llegó a la diestra del Padre, porque la nube lo recibió y lo llevó a la diestra del Padre.


Entonces, vino uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días; aquí vemos que el Anciano de días era el Padre y el Hijo del Hombre es el Hijo. “Y le hicieron acercarse delante de él”.

Pero ahora fíjense en este verso que es el que explica porqué ahora es el Señor Jesús el que tiene la cabeza blanca como la nieve; porque el Padre le dio el juicio al Hijo; ¿se dan cuenta? Dice el Señor Jesús: “El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio se lo dio al Hijo” (Juan 5:22), por cuanto el Hijo es el Hijo del hombre. El Padre decide que sea el Hijo el que juzgue. Hasta aquí el Anciano es el Padre, pero a partir de este momento cuando el Hijo es glorificado y recibe el reino del Padre, el dominio de parte del Padre, o sea, la representación del Padre, ahora la recibe el Hijo. “14Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”. Por eso cuando explica esto más adelante el Arcángel Gabriel a Daniel en el mismo capítulo, dice: “26Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio (a aquel anticristo) para que sea destruido y arruinado hasta el fin, 27y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. Ahora el Juez es el Hijo. Primero dijo cuando estaba en la tierra: Yo, a nadie juzgo, por eso mi juicio es justo; porque Él dependía del juicio del Padre; pero luego juzgaban el Padre y el Hijo. Dice: Vosotros sabéis que el testimonio de dos hombres es verdadero; mi Padre es el que da testimonio y yo doy testimonio; entonces ahí aparece el Hijo con el Padre. Luego el Padre, como dijo el Señor Jesús, a nadie juzga, sino que todo el juicio se lo dio al Hijo. Ahora es el Hijo el que reina en el nombre del Padre; ahora es el Hijo el que se sienta como Juez.


Por eso en Hechos de los Apóstoles, cuando comienza a predicar San Pedro, ustedes pueden ver conmigo que el Juez llega a ser el Hijo. Cuando él está hablando, San Pedro, allá en la casa de Cornelio, Hechos 10:42, dice: “Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”. Ahora el que Dios puso por Juez, es el Hijo; primero es el Padre, pero ahora el Padre juzga a través del Hijo. El Padre le dio el juicio al Hijo, Dios puso al Hijo como Juez de vivos y muertos, y por eso es que como Juez aparece con Su cabeza como lana blanca. Los jueces para juzgar se ponen lana blanca; ustedes han visto, por ejemplo, cómo los jueces entran con su peluca de lana blanca, con su túnica, para ejercer el oficio de jueces; eso es lo que representa esa peluca blanca, que es, como decir, que está juzgando en el nombre de Dios; tiene que representar el nombre de Dios. Por eso es que Dios les dijo: “Vosotros sois dioses” (Salmo 82:6); ¿a quién se lo dijo? A los jueces; porque debían representar el nombre de Dios; ahora el que recibe el encargo de juzgar, de presidir el juicio en nombre de Dios, es el Hijo; ahora en Apocalipsis aparece el Hijo con la cabeza blanca como la lana. ¿Se dan cuenta? Y resplandeciente como la nieve; es decir, mostrando no sólo, como se dice, Su antigüedad, sino Su eternidad; porque decir: el Anciano de días, se refiere al Eterno; pero como del Padre se dice ser el Alfa y la Omega, del Hijo se dice ser el Alfa y la Omega también.


Por eso aparece aquí el Hijo en Apocalipsis 1:14: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego”. Primero describe un aspecto del Cristo glorificado; Su aspecto como rey, Su aspecto como cabeza de la iglesia, Su aspecto como sacerdote, y ahora en el verso 14, su aspecto como Juez; Él es el Hijo del Hombre, es la cabeza del cuerpo, Él es el rey, Él es el sacerdote y Él es también el Juez; es decir, todas esas funciones se encuentran resumidas en el Señor Jesús; por eso aparecen también Sus ojos: “sus ojos como llama de fuego”; es decir, Él escudriña lo más profundo, Él purifica, Él discierne, Él infunde, como decía el hermano Witness Lee; infunde con Su mirada; Él nos comunica lo que es Él y nos transforma; Sus ojos como llama de fuego, aparecen en el contexto de Él como Juez; Su cabello como blanca lana, como nieve, y Sus ojos como llama de fuego; o sea que nadie puede esconderse del Señor.


El juicio de Dios contra el pecado

Ahora viene el verso 15: “Y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno”. Vamos primero a detenernos en esa parte; está describiendo de la cabeza a los pies; ahora llega a los pies. La palabra que se traduce allí: “bronce bruñido”, es una palabra que sólo aparece usada por el apóstol Juan en el Apocalipsis; en ningún otro libro de la Biblia; y hasta ahora no se ha encontrado ningún otro libro griego de la época en que aparezca esta palabra. La palabra es “calcolíbano”, que allí se traduce en dos palabras: “bronce bruñido”; la palabra en el griego, está en un griego mezclado con hebreo, porque la palabra “calcos” en griego, es la palabra que quiere decir “bronce”; pero la palabra “bruñido”, o sea la palabra “líbano”, de calcolíbano, esa palabra “líbano”, que viene de Labán, quiere decir: “bruñido”, pero en el hebreo. Como Juan era judío, era israelita, pero estaba en Efeso, él puso una palabra mixta, una palabra griega y hebrea: “calcolíbano”, que se traduce “bronce bruñido”; claro que en Efeso, en la ciudad de Éfeso había lugares donde se trabajaba con metales, y varios de los propietarios de esos trabajos en metales eran judíos; por lo tanto era muy normal que se hubiera creado esa palabra “calcolíbano”, mezclada de griego y hebreo, que es la que dice aquí: “bronce bruñido”, “calcolíbano”.


Pero quiero llamarles la atención a algo más. Dice también: “refulgente”; aquí, como les dije ahora en el comentario textual inicial, esta palabra “refulgente” en griego es singular femenino; o sea que no se refiere al bronce bruñido, ni a los pies en plural, sino a la caminada; y el contexto aparece donde dice lo siguiente: “refulgente como en un horno”. ¿Saben cómo se dice horno en el griego? Y esto me llama mucho la atención; horno se dice en griego: “camino”; o sea que camino, es el horno; el camino estrecho que vivió el Señor Jesús es el horno; allí fue cuando Sus pies fueron bruñidos; por eso aparece Su caminada, refulgente como en un horno; es decir, que eso representa un tratamiento del Señor. Dice la Escritura del Señor Jesús en Hebreos 5:8 que “por lo que padeció aprendió la obediencia”; o sea, ahí está cuando el calcos está siendo bruñido; es decir, cuando el Señor está caminando Su camino estrecho; cuando el Señor está juzgando, porque eso es lo que representa el metal bronce en la Biblia; el juicio de Dios contra el pecado, contra el ego, contra el mal, contra el mundo; por eso en el Lugar Santísimo se usaba el oro, pero en el Lugar Santo y en las basas aparecía la plata; pero las columnas del atrio, que separaban lo de afuera de lo de adentro, eran columnas de bronce; el altar donde se sacrificaba el cordero era también un altar de bronce; el bronce es el metal que representa el juicio de Dios.

 Y el Señor, teniendo los pies como de bronce bruñido, quiere decir que Él fue el que llevó el juicio por el pecado, Él juzgó al pecado en su propia carne, venció al pecado en la carne, juzgó al pecado en la cruz; o sea, Él pasó por el camino estrecho, por el horno; la vida de probación del Señor, de negarse a sí mismo hasta la muerte, de humillarse hasta lo sumo, quiere decir que Él pasó por el horno para poder ser el bronce bruñido; llegó a ser refulgente como en un horno. ¡Ay hermanos! Cuando vi que la palabra “horno” se decía “camino”, dije: Señor, tú me estás enseñando algo. El verdadero camino es el estrecho, negar el ego, negar el yo, humillarnos a nosotros mismos.


La facultad de juzgar

“15Y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno”. Aquí vemos la base por la cual Él fue hecho Juez: porque Él se juzgó a si mismo. Él dice: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre” (Juan 5:19); o sea que el Señor se negó a vivir una vida independiente del Padre y se humilló hasta la muerte, y por eso el Padre lo puso como Señor y lo hizo Juez de todas las cosas; o sea, Su caminata es la base de Su señorío. Hasta que nuestra caminata sea la base de nuestro lugar en el reino, hasta donde nos hayamos juzgado a nosotros mismos, podemos cooperar con el Señor para juzgar al mundo; en aquello en que no nos negamos a nosotros mismos, no podemos tampoco juzgar al mundo. Si nosotros toleramos algo del mundo en nosotros mismos, entonces lo vamos a predicar así, lo vamos a tolerar así, no lo vamos a juzgar, sino que como no nos juzgamos a nosotros mismos, no juzgaremos al mundo; o sea, no estaremos facultados para reinar con Él en Su trono; porque dice Apocalipsis 20 que en esos tronos se sentarán los que recibieron facultad de juzgar. La facultad de juzgar consiste en haber podido llamarle a lo negro,  negro, a lo blanco, blanco, a cada cosa por su nombre, y poniéndole los puntos a las íes; en nosotros mismos, para poder entonces cooperar con el Señor en Su juicio; por eso esos dos versos aparecen seguidos: “14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno”.

Ahora sí aparece la voz. Es curioso que la voz no aparece antes; él venía hablando de la cabeza, los ojos, y pasó a los pies; y recién viene la voz; quiere decir que si nosotros no vivimos, lo que hablamos no tiene valor; primero tenemos que andar, vivir, para que entonces tenga lugar la seriedad de nuestras palabras; la voz viene después de haber pasado por el horno. Entonces ahora se dice aquí: “y su voz como estruendo de muchas aguas”. Eso quiere decir que el Señor también hace oír Su voz en medio de las naciones, porque también a las muchas aguas, a las naciones, es el testimonio del Señor; no que las naciones testifiquen del Señor, sino que el Señor conquistará las naciones; digamos que nuestras voces deben decir lo que hizo el Señor; por lo tanto Su voz, llega a ser una voz poderosa como de muchas aguas; una voz fuerte.


La espada aguda de dos filos

Llegamos al versículo 16. Este verso es muy profundo; este verso es muy rico y no creo que alcancemos a terminar hoy; pero por lo menos vamos a ver algo esencial. Ahora llega la mano diestra. “Tenía en su diestra siete estrellas”. Después habla de la boca; una cosa es la voz y otra cosa es la boca: “Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Vamos primero a tratar lo más sencillo, por causa del tiempo, y dejamos lo más profundo para el próximo viernes: “De su boca salía una espada aguda de dos filos”.

Ustedes saben que eso se refiere a la palabra de Dios; vamos a ver dos versos, especialmente por los hermanos más nuevos, en Efesios 6 y en Hebreos 4. Efesios 6:17: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. La espada del Espíritu es la palabra de Dios; y Hebreos 4:12, dice: “12Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 13Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Vemos en el contexto que aparece la palabra del Señor viva y eficaz, como espada de dos filos, refiriéndose a la palabra de Dios; o sea que aquí, cuando dice en Apocalipsis 1:16: “De su boca salía una espada aguda de dos filos”, se refiere a la palabra de Dios. Veamos eso también en 2 Tesalonicenses 2:8, cuando habla del anticristo: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, (y la espada del Espíritu es la palabra) y destruirá con el resplandor de su venida”. Por eso en Apocalipsis 19:11, dice: “11Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. 12Sus ojos eran como llamas de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. 15De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso”. Recalcamos: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones”. Todos estos versos nos muestran claramente que esa espada que sale de Su boca, es Su palabra viva y eficaz que penetra hasta lo más profundo de nuestro ser, separando lo que es del espíritu, de lo que es del alma, lo que es del ego, etc., lo que es de arriba, de lo que es de abajo, lo precioso de  lo vil, lo santo de lo profano. Así se presenta Él a la iglesia en Pérgamo, que era precisamente la iglesia de la mezcla; por eso cuando se presenta a la iglesia en Pérgamo, dice en el 2:12: “Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto”. Aquí el Señor discierne lo que es de lo alto de lo que es bajo, lo que es del mundo y lo que es del Espíritu. Entonces esa palabra es muy importante: “De su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”.


Analicemos. “Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Significa que la gloria de Dios se refleja en el rostro del Señor Jesús; no sólo del Señor Jesús se dice que brilla como el sol; a veces en los profetas, cuando se estaba describiendo a un ángel creado, se dice que su rostro brillaba como el sol; también cuando se describe la gloria de los redimidos en Daniel capítulo 12, donde se dice que los que enseñaban la justicia a la multitud, resplandecerán como astros en el firmamento. Si eso se dice de los redimidos y se dice de los ángeles, cuanto más se tiene que decir del Señor Jesús; o sea que el rostro del Señor brillaba como el sol; es decir, más que el sol, porque el sol aún brillara siete veces más para los que están afuera de la Nueva Jerusalén; pero la Nueva Jerusalén no tiene necesidad de luz del sol, porque el Cordero, que es su lumbrera, la ilumina con la gloria de Dios. Aquí se refiere a la gloria de Dios manifiesta en el rostro del Señor Jesús. “Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Estamos, hermanos, ya faltando 5 minutos para las 8 y media, y yo sé que esto de las siete estrellas me va a requerir más tiempo, entonces yo les digo que paremos por ahora aquí. Démosle gracias al Señor por lo que pudimos ver hoy. ☐


Continúa con: El misterio de las siete estrellas.

EL MISTERIO DE LAS SIETE ESTRELLAS

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:16, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (11)


EL MISTERIO DE

LAS SIETE ESTRELLAS



“20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”. Apocalipsis 1:20.

El Señor se revela con relación a nosotros

Hermanos, con la ayuda del Señor, volvamos a Apocalipsis capítulo 1 y vamos a estudiar la porción correspondiente al día de hoy. La vez pasada nos habíamos introducido en la consideración de la visión del Cristo glorificado que aparece allí en el capítulo 1 desde el versículo 12, donde aparece rodeado el Hijo del Hombre de los candeleros, hasta el versículo 20, donde aparecen palabras reveladoras del Cristo glorificado. Esta no es una visión cualquiera; esta es la visión que inicia y respalda todo el Libro del Apocalipsis; y como el libro del Apocalipsis es la culminación de toda la Biblia, la cual sin el Apocalipsis quedaría sin conclusión, entonces esta visión del Cristo glorificado es sumamente importante; aunque habla palabras misteriosas, debemos confiar y creer que estas palabras misteriosas son de la mayor importancia, que revelan las cosas más esenciales y principales que el Señor quiere que conozcamos de Él y por Él, de Su Padre. Él, cuando se mostró en esta visión gloriosa del Cristo glorificado, no quiso presentarse solo, y esto es muy significativo; Él hubiera podido presentarse como el Hijo del Hombre con toda Su gloria, como vimos con Su cabello blanco como la lana, Sus ojos como llama de fuego, de Su boca sale una espada aguda, Sus pies como bronce bruñido, Sus vestiduras, pero Él no quiso presentarse solamente así, sino que Él se quiso presentar en medio de siete candeleros de oro y con siete estrellas en Su diestra. En cuanto a sí mismo Él no hizo muchas explicaciones, porque Él mismo es la explicación de Dios y también en él son explicadas todas las cosas; pero Él sí quiso hacer la explicación de lo que significaban los siete candeleros y las siete estrellas. En la visión habíamos visto los siete candeleros alrededor de Él; no sólo Él, sino Él en medio de los candeleros; Él se revela en relación a Su pueblo, Él se revela no sólo en relación a Sí mismo, sino en Su relación con nosotros Su pueblo, y se revela en medio de candeleros y con siete estrellas en Su diestra; de las otras cosas Él no hizo explicación.

La vez pasada habíamos visto los detalles acerca del Hijo del Hombre, Sus vestiduras, el cinto de oro por el pecho, Su cabellos, Sus ojos, Sus pies, y cuando llegamos a Su diestra en el verso 16 del capítulo 1, nos saltamos la frase: “Tenía en su diestra siete estrellas”; porque dijimos que para considerar esto necesitábamos más tiempo; entonces terminamos el verso 16: “y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Lo relativo a las palabras que Él dice en los versos 17 y 18, lo estaremos viendo después, pero mientras tanto vamos a ver la frase primera del verso 16 de Apocalipsis 1, donde dice: “Tenía en su diestra siete estrellas”; y dice el versículo 20: “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”.

Este es un misterio compuesto de dos; se le llama el misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro. Una parte del misterio son las siete estrellas y la otra parte íntimamente relacionada con las siete estrellas, son los siete candeleros; y estas siete estrellas, Él dice, son los ángeles de las siete iglesias. Ahí estamos viendo la relación de las estrellas con los candeleros, de los ángeles con las iglesias; o sea que es un misterio compuesto; es uno de los misterios de Dios. La palabra del Señor nos habla de la administración de los misterios de Dios, del misterio de Dios consumado; nos habla del misterio de la voluntad de Dios; se nos habla del misterio de la economía de Dios o el programa de Dios para llegar a esa voluntad, ese propósito; se nos habla del misterio de Dios el Padre: Cristo, Dios siendo revelado por Cristo; se nos habla también del misterio de la piedad, se nos habla de la encarnación, Dios manifestado en carne, etc; se nos habla del misterio del evangelio, la obra del Señor; se nos habla del misterio de la fe por medio de la cual nos apropiamos de la obra del Señor y del Señor por y con Su Espíritu; entonces se nos habla también del misterio de Cristo: la Iglesia; del misterio del matrimonio que está relacionado con el misterio de Cristo y la Iglesia, que es un misterio subsidiario; porque el matrimonio natural es tipológico del espiritual, el de Cristo y Su pueblo; y en ese mismo contexto se llega al misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro. Después hay otros misterios, como el de Israel; como el misterio de la mujer y la bestia que la trae, o sea el misterio de Babilonia; el misterio de iniquidad; los misterios del reino de los cielos; el misterio de la final trompeta. Hemos mencionado estos misterios para recordarlos y para no tomar este misterio aislado de los demás misterios de Dios que deben ser administrados.


Un sentido histórico

Hoy vamos a introducirnos un poco en esta primera parte del misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro; es lo que el Señor quiso revelar ahí; Él mostró una visión acerca de Sí mismo; y acerca de Sí mismo Él no habló nada porque Él mismo es la explicación de todo; pero ¿por qué en medio de siete candeleros? Porque Él se identifica con esos candeleros; decide morar en medio de ellos, y ¿por qué en Su diestra siete estrellas? Eso sí lo explica. Aquí no dice: el misterio del cabello blanco es tal, el misterio de la espada aguda es tal, el misterio de los pies bruñidos es tal; no habla de esto, esto no lo explica, pero sí el misterio de las siete estrellas que es el primero que presenta aquí. Para poder profundizar un poco en esta primera parte de este misterio, o sea el misterio de las siete estrellas en Su diestra, en la diestra del Hijo del Hombre, debemos recordar lo que vimos en aquel capítulo de la hermenéutica del Apocalipsis; allí vimos que el Apocalipsis debe interpretarse de una manera triple; o sea que hay un primer sentido histórico, porque estas iglesias eran históricas, y se le dijo a Juan que escribiera y lo enviara a esas iglesias, y él lo hizo de una manera concreta, histórica en el pasado; pero también se nos dice en este libro que este libro es también una profecía. Tanto en el principio como al final del libro se llama el libro del Apocalipsis como una profecía: Bienaventurados los que oyen y guardan las palabras de la profecía de este libro; desde el principio hasta el fin Apocalipsis es llamado una profecía; de manera que también tenemos que interpretar proféticamente el Apocalipsis; pero también lo que se le habla a las iglesias, tanto histórica como proféticamente, se le habla por el Espíritu a todas las iglesias; es decir, para aplicarse en cualquier condición de la iglesia, en cualquier época, donde algunas de estas cosas se den. Lo que el Señor aprueba o desaprueba se manifiesta en el mensaje a las siete iglesias; o sea, los valores del Señor, los principios del Señor. Por eso se habla también de una interpretación arquetípica y también una interpretación axiológica; es decir, en cuanto a los valores.

Arquetípica en cuanto a los principios y axiológica en cuanto a los valores; el Señor revela como Él es cuando dice lo que aprueba y cuando dice lo que desaprueba; y aunque prevalece eso en una iglesia histórica y en un período histórico, el Señor revela en todos los tiempos, en todos los lugares como es Él, qué aprueba Él y que desaprueba Él; de manera que debemos tener en cuenta recordar esto que habíamos visto en la hermenéutica del Apocalipsis al leer ahora lo relativo a las siete estrellas en Su diestra; porque ciertamente hubo siete iglesias históricas, hubo personas específicas propias que recibieron ese mensaje en sus manos, pero también las siete iglesias proféticamente representan los períodos de la historia de la Iglesia, entonces tenemos que también entender esas siete estrellas y esos siete ángeles en el sentido profético, además del sentido histórico. Entonces por eso, empecemos a considerar lo que Él primero revela.


Ángeles: mensajeros celestiales o humanos

Él dice allí en el versículo 16, la frase: “Tenía en su diestra siete estrellas”. ¿Qué sería eso? Dice el verso 20: “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: (un misterio compuesto) las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias”. El Señor ya interpretó. Las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias. Ahora, cuando uno mira a un ángel, ya sea en el sentido humano o en el sentido espiritual, es un mensajero; porque la palabra ángel, como solemos decir a menudo, no es una palabra que designe naturaleza, sino que designa oficio; la palabra ángel en griego es angelos [ἄγγελος], y la palabra en hebreo es malak, que quiere decir: mensajero; de manera que la palabra ángel puede aplicarse al oficio de seres celestiales como los ángeles, como los arcángeles, como Miguel, como Gabriel y de los millares de ángeles; ellos propiamente son llamados ángeles porque son mensajeros celestiales; pero la misma palabra ángel en el griego del Nuevo Testamento aparece utilizada no sólo referida a ángeles celestiales, sino referida también a ángeles naturales, seres humanos enviados. Cuando ustedes van a los Evangelios a aquel pasaje donde el Señor Jesús envió unos mensajeros de su parte para ir a conseguir el lugar donde iban a preparar la pascua y que iban a encontrar un hombre que llevaba un cántaro y que lo siguieran, que cuando llegaran a su casa le preguntaran: ¿dónde está el lugar donde he de celebrar la pascua con mis discípulos? cuando ustedes leen ese pasaje en griego, aquellos mensajeros que el Señor envió de sus discípulos, que eran seres humanos, son llamados también ángeles; o sea que no eran ángeles celestiales, sino que eran ángeles humanos; por eso les dije que la palabra ángel es una palabra de oficio; el oficio de mensajero, ya sea celestial, ya sea natural. La palabra ángel significa mensajero; no necesariamente tiene que ser celestial solamente, ni necesariamente tiene que ser humano solamente; y me agrada que el Señor haya querido utilizar esta palabra para revelar el misterio, porque se nos permite interpretar el misterio en el sentido espiritual y también en el sentido natural, porque la interpretación de estrella es ángel.

También cuando vemos Apocalipsis 12, vemos que aquel dragón arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó a la tierra; se refería a la tercera parte de los ángeles que son llamados estrellas. Lo primero que llama la atención es que esas siete estrellas específicas, son siete, lo que representa la plenitud; todo está resumido en ese siete; el Señor está dando una revelación completa, Él está culminando la revelación en Apocalipsis con esta visión; con esta visión es que Él se presenta a las iglesias; sin embargo Él habla: siete estrellas, como si estuviera resumiendo todas las cosas. Si uno ve un mensajero humano, puede dudar y desconfiar de él; si ve un ángel que se aparece, inclusive tenemos la obligación de probarlos, porque si aparece uno de los apóstoles o un ángel del cielo anunciando un evangelio diferente del que anunció el Señor Jesús y Sus apóstoles y que está en la Biblia: sea anatema; se nos obliga a probar los ángeles. San Juan dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1); o sea que los ángeles, ya sean celestiales, ya sea humanos, tienen que ser probados. Ahora, el Señor se revela a seres humanos o a ángeles celestiales que tengan que ser probados; Él tiene siete en Su diestra; eso es muy importante; que estén en Su diestra significa que nadie los puede arrebatar de Su mano; significa que Él tiene ese control; Su diestra representa Su poder, representa Su soberanía; que Él tenga siete ángeles en Su diestra quiere decir que Él está teniendo el control absoluto de ellos, que ellos están en Su mano guardados por Él, que ellos son dirigidos por Él. Ciertamente que el Señor tiene Su enemigo y sus demonios que le siguen y que quieren hacer muchos problemas y confundir al pueblo de Dios; pero el Señor tiene en Su diestra estos siete ángeles, no importa cuántos enemigos se levanten; el Señor ha establecido esto así: están en mi mano, están en mi diestra; por lo tanto, nadie los puede arrebatar de mi mano, no importa cuánta lucha se levante contra Dios, no sólo el Señor está seguro, sino que Sus mensajeros que representan Su revelación, Su luz, están en Su mano, están en Su diestra; Él los tiene en Su diestra, Él los guarda con Su poder, Él quiso que lo supiéramos, Él lo reveló y lo mostró en Su mano; si aun sus ovejas, dice, estamos en Su mano, nadie nos puede arrebatar de Su mano, ni de la mano de Su Padre; el Padre es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre; y Yo y el Padre uno somos, dice el Señor. Entonces si Él dice que a sus ovejas nadie las puede arrebatar de la mano de Su Padre, eso en cuanto a la salvación, ahora en cuanto a la revelación que es prerrogativa de Dios, en cuanto al mensaje de Dios para la Iglesia, eso también está en Su mano; no sólo la salvación de las ovejas está en la mano del Señor, también la revelación para la Iglesia.


Antes de venir el Señor alumbran las estrellas

En ese misterio, ¿cuál es la misión de las estrellas? ¿Qué es lo primero que se dice de las estrellas en la Biblia? Podemos verlo aquí en Génesis, en el capítulo 1; la primera vez que aparecen las estrellas es al final del verso 16; aquí también están en el 16. Como Apocalipsis 1:16, Génesis 1:16, dice: “16E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. 17Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra”.

 Entonces ¿para qué son las estrellas? Para alumbrar sobre la tierra: ¿y qué más? Ahí sigue diciendo en Génesis: “18Y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19Y fue la tarde y la mañana el día cuarto”. Si usted regresa un poquito al 14 cuando Dios dijo: “Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan”, en el hebreo dice: “para señales, para las estaciones, para días y años”.

Esta traducción Reina-Valera-1960 traduce así: “y sirvan de señales para las estaciones, (y ahí le pone la coma) para días y años”; pero si tú lo lees en el hebreo, el hebreo dice: “para señales, para estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra”. Entonces ¿para qué son las estrellas? Primero para alumbrar, alumbrar en la noche, cuando está oscuro, cuando todavía no aparece el sol; entonces es misión de las estrellas alumbrar; o sea que antes de la segunda venida de Cristo, que representa la salida del sol de justicia, alumbrarán las estrellas; como dice Malaquías 4: se levantará el sol de justicia; esa es la venida segunda de Cristo; viene como el sol de justicia; antes de venir el sol de justicia, durante el período oscuro de la historia de la iglesia, antes de que venga el Señor, ese es el tiempo de la noche; en el tiempo de la noche los que tienen la responsabilidad de alumbrar son las estrellas; las estrellas son para alumbrar en la noche; pero estas estrellas son mensajeros de Dios para alumbrar en la noche; así como hay una noche física y hay unas estrellas físicas, también hay una noche espiritual, pero también hay estrellas espirituales. Por eso son ángeles y aunque sean hombres también tienen espíritu; entonces hay un sentido espiritual.


También esas estrellas sirven para señales, para señalar, para indicar el camino. Fíjense en que cuando los magos no sabían dónde encontrar a Jesús, aquel fenómeno estelar, como lo dice el griego: “fenómeno estelar” les señaló precisamente dónde estaba Belén y dónde estaba el niño, porque desde ese punto se podía ver ese fenómeno estelar que fue llamado “astro o estrella” que se llama en el griego “fenómeno estelar”; para señalar, para señales, para mostrar las épocas. Una época se diferencia de otra época porque cada época tiene su tónica, cada época tiene un mensaje específico de lo que el Señor está haciendo en ese tiempo, y Dios tiene personas providenciales que abren una nueva época, cuando la Iglesia entra en un aprendizaje específico del Espíritu. En la historia de la Iglesia también hay que ver los siete ángeles; no sólo en las iglesias históricas, sino en el período de los asuntos que el Espíritu Santo trae a colación. En distintos siglos de la historia de la Iglesia, allí también hay que ver a los mensajeros de Dios asegurados por la mano de Dios, porque el Señor Jesús dijo que Él edificaría Su Iglesia; o sea que es la mano de Dios la que está detrás de la historia de la Iglesia; es la mano del Señor la que está mostrando la luz específica para cada período de la Iglesia; es el Espíritu Santo el que está dando el énfasis clave en cada época de la Iglesia. Por eso Él tenía en Su diestra siete estrellas; esas siete estrellas son los ángeles; ya no podemos interpretar ángel en otro sentido más, porque ya ángel es interpretación de estrella. Si el Señor usó la palabra “ángel” como interpretación de “estrella”, el Señor dejó una palabra que se aplica a lo celestial y a lo natural, que se aplica en los cielos y se aplica en la tierra; digamos que se aplica al espíritu de la iglesia que se expresa en el liderazgo y se refiere también al liderazgo o a los mensajeros; entonces la interpretación que el Señor Jesús le dio a la palabra “siete estrellas” son los siete ángeles de las siete iglesias.


Espíritu de la iglesia y espíritu de la época

El Señor no solamente tiene iglesias, sino que tiene mensajeros para las iglesias, y tiene mensajeros en el sentido espiritual, celestial, y también en el sentido natural y terrenal. Si las naciones tienen príncipes, si las personas, aún los niños, tienen ángeles de la guarda, y ya vimos ángeles de naciones y ángeles de niños en la Biblia, ¡cuánto más han de tener las iglesias sus respectivos ángeles en el primer sentido espiritual! Ustedes recuerdan en Daniel capítulo 10 que aparece el príncipe de Persia como un principado celestial; el príncipe de Grecia como un principado celestial. Dice que Miguel era uno de los principales príncipes, que era el que estaba por el pueblo de Israel; o sea que el príncipe de Israel es Miguel, pero hay otros príncipes; algunos que se rebelaron, como era el de Persia, o como era el de Grecia, y se rebelaron porque guerrean contra el de Daniel, que es Miguel; pero Miguel no es el único príncipe, sino que es uno de los principales príncipes, como dice Daniel 10: “13Pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme”, dijo aquel ser celestial que se le apareció a Daniel en el capítulo 10 de su profecía; entonces si Miguel es uno de los principales, hay otros que también son principales; entonces las naciones tienen espíritus; si la nación de Persia tiene un principado, probablemente algunos gobernadores sujetos a esos principados, algunas potestades están a cargo de regiones y también a cargo de ciudades; entonces si el Señor en Su reino tiene ángeles adscritos a cada persona, cuando dice: no menospreciéis a este pequeñito, porque “sus” ángeles, y no dijo en singular, sino en plural, mínimo dos, pero pueden ser más, sus ángeles miran continuamente el rostro de Dios, entonces ángeles, más de uno, tienen el privilegio de mirar a Dios, y sin embargo fueron asignados al cuidado de un pequeñito, cuán importante es ese pequeñito. Si un pequeñito tiene ángeles y no se le puede menospreciar por el hecho de tener ángeles que miran a Dios, quiere decir que él es más valioso que esos ángeles; si esos ángeles tienen ese privilegio, qué privilegio más tendrá ese pequeñito; porque como orábamos hoy, Dios escogió a esos pequeñitos para morar Dios mismo en sus corazones; entonces si un niño tiene ángeles, una nación tiene ángeles; hay principados, potestades, gobernadores y huestes, ¿cuánto más habrá en las iglesias? Quiere decir que cada iglesia tiene los ángeles guardianes de los santos de la iglesia, pero ellos tienen que tener un líder, un líder de la iglesia de esa ciudad. Al hermano Samuel Doctorian se le revelaron cinco ángeles de cinco continentes. Aquí el Señor habla que cada iglesia tiene su ángel; cuando interpretamos la palabra ángel en el sentido celestial es porque el Señor usó la palabra ángel, que tiene la doble aplicación: la aplicación celestial y la aplicación terrenal; o sea que si esa palabra tiene dos aplicaciones y el Señor la usó así de esa manera ambigua, que puede tener doble aplicación la misma palabra, pues, aprovechemos ese uso que el Señor le hizo para que nosotros también entendamos que existe un mundo espiritual que rodea la Iglesia, que está entre nosotros y que también podemos decir lo siguiente: existe lo que podríamos decir, el espíritu de la iglesia, de cada iglesia particular, y también existe el espíritu de la época.
Usted va a una determinada congregación y usted nota su espíritu; puede ir a otra congregación en la misma región o en otra ciudad y usted nota otro espíritu, aunque es el mismo Espíritu Santo, sin embargo, se tiñe de las personas que lo canalizan y se particulariza y se puede clasificar dentro de él. Algunas iglesias son liberales, otras son legalistas; unas son moderadas, otras son radicales; usted percibe el espíritu de cada iglesia y lo mismo es en lo local, digamos, en la interpretación histórica. Pero también cada una de las iglesias históricas de Apocalipsis representa un período profético, y también existe el espíritu de la época. Cada época tiene su espíritu; cuando tú ves la historia de la Iglesia, tú te das cuenta de que al principio de lo que se trataba era de tal cosa, y por mucho tiempo se estuvo tratando eso, y se trató, por ejemplo, el asunto de la Trinidad, el asunto de las controversias con el Arrianismo, con el Sabelianismo, y eso era lo que el Espíritu Santo estaba enseñando en esa época; digamos que esa época tuvo una estrella, un espíritu de esa época en que se trató cierto asunto; pero claro está que la tónica del Espíritu también se manifestó en el liderazgo; por ejemplo, Atanasio fue el hombre clave que enfatizó la divinidad de Cristo y que defendió la divinidad de Cristo en cuanto a doctrina, frente a los ataques de los arrianos y de otros; o sea que sí existe el espíritu de cada iglesia, pero que se expresa a través del liderazgo de la iglesia. Ahí se ven los dos aspectos, tanto el aspecto celestial de ángel, como el aspecto humano de ángel, porque el liderazgo de la iglesia es como decir el mensajero de la iglesia, es como decir el ángel de la iglesia en el sentido natural; pero esa palabra se puede aplicar en los dos sentidos; y si el Señor le dio esos dos sentidos a esa palabra, vamos a aplicársela en los dos sentidos. ¿Por qué la vamos a restringir? Si el Señor usó la palabra bien amplia. Entonces existen mensajeros en cada iglesia y en cada período. Cada iglesia tiene su mensajero, cada período tiene su mensajero sobresaliente. Por eso el liderazgo de la iglesia está representado también en el ángel de la iglesia. El Señor, cuando le habla al ángel de la iglesia, es como si lo hiciera responsable por la situación de la iglesia. El Señor le dice al ángel de la iglesia en Tiatira: Tú toleras a Jezabel; quiere decir que en esa iglesia específica, el liderazgo toleraba a esa mujer histórica que se llamó Jezabel; pero también el liderazgo de una época toleró una determinada estructura eclesiástica, como por ejemplo, el romanismo, la gran ramera, la Jezabel en el sentido profético, y la gente aceptó ese espíritu durante esa época. Después otra época cambió, surgieron otros mensajeros para representar otra tónica del Espíritu en la edificación que el Señor está haciendo en la historia de la Iglesia; el Señor está edificando la Iglesia. Ya el asunto de la Trinidad está claro, vamos a pasar al asunto de la cristología; el de la cristología ya está claro, vamos a pasar al asunto de la expiación; el asunto de la expiación ya está claro, vamos a pasar al asunto de la justificación. ¡Ah! en la época de la Reforma el asunto de la justificación ya está claro, entonces ahora que ya sabemos quien está dentro y quien está fuera; vamos a pasar al asunto de la Iglesia; el asunto de la Iglesia ya está claro, vamos a pasar al asunto de los vencedores, al asunto de la escatología; cada época tiene su mensaje y por eso su mensajero; cada época tiene su espíritu y también tiene las personas que encarnan ese mensaje, y que son, como decir, los que encarnan el espíritu de la época en la historia de la Iglesia. ¿Se dan cuenta? Ahora, pero el que tiene eso en Su mano, es el Señor.

Siete iglesias locales y siete períodos históricos

El Señor sabe a quién le revela qué y durante cuánto tiempo, y luego cuando, como decimos, ya está cocinada esa parte de la torta, el Señor voltea la torta e introduce a la iglesia en una nueva etapa, en un nuevo asunto. Ahora el asunto de la nueva época está representado por un liderazgo que trata un mensaje, y por eso es una segunda estrella, y después una tercera estrella con un tercer mensaje y luego una cuarta estrella con un cuarto mensaje, hasta una séptima estrella con un séptimo mensaje. El mensaje completo de Dios es administrado a la Iglesia poco a poco, por partes; entonces podemos hablar del espíritu de la Iglesia en cada época y podemos hablar de los personajes escogidos por Dios, que están en las manos de Dios, que representan esa porción del mensaje de Dios para esa época. No podía entrarse en la época de la Reforma, no podía haber un Lutero sin primero haber unos prerreformadores, y sin haber habido antes los problemas de Pérgamo y luego los de Tiatira; no se hubiera entendido el mensaje de Wicklef o de Juan Huss o de Lutero o de Calvino o de Melancton o de Zwinglio, si primero la Iglesia no hubiera pasado por ciertas etapas. Entonces, hermanos, las siete iglesias representan primero siete iglesias históricas, pero como es una profecía, esas iglesias históricas proyectan profecía acerca de los períodos de la historia de la Iglesia, y por lo tanto, así como hay liderazgo natural que expresa el espíritu, digamos el genio de la época y del espíritu de la iglesia, en lo espiritual, también lo hay en lo natural; tanto en lo local, como en lo histórico. Esas siete estrellas representan toda esa constelación de mensajeros del Señor que el Señor ha usado para revelar plenamente Su palabra en la historia de la Iglesia.

Los ángeles de las edades

Ha habido hermanos y siervos del Señor que han tratado de identificar los personajes claves de la historia de la Iglesia; por ejemplo, hubo un hombre llamado Alexander Freytag que fue como una disidencia de los adventistas y de los testigos de Jehová, que en un principio eran un solo grupo que se llamaba “los estudiantes de la Biblia”, que comenzó Miller y después por un lado salió Elena de White con los adventistas y Charles Russel con los testigos; en esa época surgió un disidente de ellos que se llamó Alexander Freytag que fundó aquel movimiento llamado “los amigos del hombre”, muy famoso especialmente en Francia; ya desde esa época ellos empezaron a ver que había personajes claves en la historia de la Iglesia, que habían sido los mensajeros que Dios usó para introducir una tónica especial del Espíritu en esa época. Alexander Freytag, él por su parte, pensó que los siete hombres claves en la historia de la Iglesia habían sido: Para Efeso, Pablo; para Esmirna, Juan; para Pérgamo Arrio, porque desgraciadamente él había estado con los testigos, su origen era arriano, entonces puso a Arrio como el que representaba el espíritu de Pérgamo. Voy a decir otras opiniones de otros, pero es para ilustrar esto que estamos diciendo. Luego para el mensaje de Tiatira, él colocó a Pedro Valdo, de los valdenses; para Sardis él colocó a Wicleff; para Filadelfia él colocó a Lutero, y para Laodicea él dijo que esa época se había iniciado a partir de la profecía de Miller; aunque no menciona a Miller como ángel, pero a raíz de la profecía de Miller; era como si él prácticamente se colocara a sí mismo como el mensajero final.

El hermano Branham también señaló personajes que él consideró claves en la historia de la Iglesia. Es como si la historia de la Iglesia fuera toda una cordillera que tiene muchos montes, pero hay montes principales; es donde se expresa con mayor especialidad el espíritu de la época. Entonces el hermano Branham coincidió con Freytag solamente en Efeso; él colocó como mensajero de Efeso a Pablo, pero colocó como mensajero de Esmirna a Ireneo, y colocó como mensajero de Pérgamo a Martín de Tours, San Martín de Tours; después colocó como mensajero de Tiatira a Colombo, que fue un líder de las iglesias de Iona, que mantuvo un cristianismo no romano por allá en Escocia y en la isla de Iona; luego colocó a Lutero como Sardis; yo creo que en eso estaba más acertado Branham que Freytag; luego colocó a Wesley en Filadelfia, y luego él era el mensajero de Laodicea: William Branham.


Hay muchos hermanos que han interpretado la historia de la Iglesia proféticamente en esos capítulos 2 y 3 de Apocalipsis. Algunos sin entrar a tratar de identificar las influencias básicas de la época, solamente mencionando en forma general; otros sí, como Freytag, Branham y otros, poniendo personajes específicos. Digamos, el hermano Campbell Morgan, que escribió una obra muy preciosa que se llamó “Las cartas de nuestro Señor”, él hace una interpretación de Apocalipsis 2 y 3, pero sin poner mensajeros específicos. El hermano Watchman Nee escribió una obra que se llama “Ortodoxia de la iglesia”; también él trata este tema. El hermano Branham tenía una obra que se llama: “Las siete edades de la iglesia” que también trata este tema. Muchos siervos de Dios han visto este aspecto hasta cierto punto. Nuestro hermano Arcadio Sierra Díaz tiene una obra que se llama: “La iglesia de Jesucristo, Una Perspectiva Histórico Profética”, donde también trata el aspecto de las siete edades de la iglesia.

Cuando vimos la administración de los Misterios de Dios allá en la escuela de la obra que tenía la sede en Barrios Unidos, en Rionegro, allí también se trató este asunto; ahora vamos a volver a tratarlo.


Es curioso que existe en todas las cosas un proceso, y ese proceso se completa en siete; miremos cómo incluso la ciencia ha tenido también sus períodos. Fíjense en que comenzó con los pitagóricos; digamos que Pitágoras era aquel representante de la ciencia; después de Pitágoras ya pasó a Aristóteles; fue otra época donde Aristóteles fue el gran genio; ya en tercer lugar fue Ptolomeo; el gran científico Ptolomeo que marcó una época, él fue el representante de la ciencia llamada Ptolemaica, geocéntrica, donde interpretaba el universo girando alrededor de la tierra; pero entonces después vino Copérnico, en cuarto lugar, y cambió la visión geocéntrica por la heliocéntrica, con el sol rodeado por los planetas alrededor; y después vino Galileo en quinto lugar, y después vino Isaac Newton en sexto lugar, y por último vino Einstein en séptimo lugar, marcando la influencia final en la ciencia; o sea, la teoría de la relatividad. Ustedes se dan cuenta, pues, cómo la historia ha tenido su proceso y muchos personajes, pero algunos como que representan el espíritu de la época; y así como lo ha habido en la ciencia, también lo ha habido en la historia de la Iglesia.


Yo no quiero poner nombres específicos; preferiría que nosotros escogiéramos quien sería el personaje clave al principio de la historia de la iglesia; podríamos poner a Pablo o podríamos poner a Juan, porque tanto Pablo fundó la iglesia de Efeso, pero Juan fue el que la completó; pero es el mismo Juan el que tiene que mandar la carta al mensajero; entonces podríamos decir que queda difícil colocar. El personaje histórico que aparece sobresaliente en la iglesia de Éfeso en la historia es Polícrates, pero no es que haya marcado época; digamos que el Señor como que encomendó desdpues de los doce el comienzo a Pablo y la continuación a Juan. Pero en la iglesia primitiva después de los apóstoles, el más influyente fue Ireneo, campeón contra el gnosticismo. El que era el líder de la iglesia en Esmirna era Policarpo; pero realmente a los pies de Policarpo, Ireneo fue el hombre clave de todo ese período de la historia de la iglesia, en la iglesia perseguida, el que luchó contra las herejías; fue el personaje para mí más sobresaliente; yo en eso concuerdaría con Branham; realmente Ireneo fue un personaje clave; pero yo no quiero ser dogmático, yo dejo que ustedes también decidan. Después de Ireneo el más influyente fue Orígenes en plena época de persecuciones. En la tercera edad de la iglesia referida a Pérgamo cuando comenzó el Concilio de Nicea con Constantino, realmente es Atanasio el personaje clave, más que Martín de Tours; yo creo que Martín fue un gran hermano, hizo milagros, pero no marcó el espíritu de la época como lo marcó Atanasio; Atanasio realmente marcó el espíritu de la época; lo ponemos en contraposición a Arrio a quien había colocado Freytag. Pero mucho más que Atanasio, Agustín de Hipona marcó mil años de historia de la Iglesia como la mayor influencia. Luego en la edad media, ¿quién fue el personaje clave de Dios que estuvo en la edad media? Hubo personajes como Tomás de Aquino o como Francisco de Asís, o Pedro Valdo; realmente Francisco de Asís fue un hombre clave; pero fíjense en que se dice de ellos, de los de Tiatira, de la época del absolutismo papal, que ellos toleraron a Jezabel; eran siervos de Dios, pero que estuvieron dentro del sistema romanista, mas no Valdo. Después de Agustín, la mayor influencia fue de Tomás de Aquino. Yo pienso que en cuanto a la Reforma, la época de Sardis, la voz cantante que marcó la época fue Lutero; hubo otros grandes hombres de Dios como Calvino, como Zwnglio, como Melancton, pero realmente la voz cantante que marcó la época de la Reforma, yo creo que fue Lutero.


Luego viene Filadelfia, que representa el período de la visión del cuerpo de Cristo; Freytag mencionó aquí a Lutero, pero le cuadra más la época de la Reforma: Sardis. Branham colocó a Wesley que realmente fue una gran influencia en cuanto a la santidad, en cuanto a la destemplización, pero realmente en cuanto a visión de cuerpo de Cristo, Wesley no logró presentar una visión tan clara del cuerpo de Cristo; digamos que después vinieron hermanos como Darby, que antes de Darby hubo el hermano Cronin y otros hermanos, pero Darby mismo fue exclusivista; yo pienso que de los herederos que cuajaron y que tenían una visión de iglesia y de cuerpo uno es Watchman Nee; yo pienso que nadie ha presentado una visión del cuerpo de Cristo tan clara como el hermano Watchman Nee; yo pienso que él representa bien ese período de Filadelfia; pero Laodicea, la época terrible de los derechos humanos, iglesia tibia, iglesia que tiene que pagar un precio y no lo paga, iglesia que se dice rica pero es pobre, sin embargo, el Señor le da un mensaje especial a esa iglesia; yo pienso que todavía esas personas se tienen que manifestar. No me atrevo a poner nombres para esa época final. Hay siervos sobresalientes en el presente, pero la mayoría de éstos son sobresalientes en evangelización, milagros, sanidades; pero en el mensaje específico a Laodicea, puede ser que falte; o ustedes analizarán la historia de la Iglesia y verán; pero si percibieron, hermanos, que la palabra ángel es una palabra tan amplia, donde se puede interpretar el espíritu de la iglesia, los ángeles de la iglesia que representan a la iglesia delante del Señor, que suben sus oraciones y traen los asuntos de la iglesia ante el Señor, y que esa iglesia está delante del Señor por la información de esos ángeles; aunque el Señor ya lo sabe todo, pero ellos representan esas oraciones de la iglesia, el espíritu de la iglesia delante del Señor; y también hay un liderazgo natural que encarna eso; cada iglesia tiene su presbiterio y en el presbiterio puede haber alguno que sea el que presida en el mismo presbiterio, sin ser un obispo encima, sino un igual, un primus inter pares, a través del cual el Señor presida; entonces se ve que los ángeles representan la autoridad delegada del Señor en la iglesia y existe en cada iglesia local autoridad delegada; pero existen también mensajeros específicos que marcan época en la historia de la Iglesia.

Yo pienso que con estas consideraciones nos ha quedado más o menos claro lo que quiere decir que el Señor tenía en su diestra siete estrellas y que el misterio de esas siete estrellas es que son los siete ángeles de las siete iglesias.


Las iglesias y el ministerio de la obra

Una última cosa quería decir para terminar esto: No podía solamente el Señor mencionar las iglesias, sin incluir la obra, porque el trabajo del Señor en la edificación del cuerpo de Cristo tiene el aspecto de la obra y tiene el aspecto de las iglesias. El aspecto de las iglesias son los candeleros, pero el aspecto de la obra son los ángeles de las siete iglesias prototipos (pues en la historia son el episcopado). Los ángeles representan el ministerio, los que alumbran a la iglesia en el período de oscuridad; por eso para ver esos dos aspectos: el de la Iglesia misma y el del ministerio de la obra, vamos a Zacarías capítulo 4, en donde ustedes van a ver allí este mismo sentido en esta visión.

Zacarías 4 dice: “1Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño. 2Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro (la visión para restaurar la casa de Dios en tiempos de Zacarías, de Nehemías, de Esdras, de Hageo; la visión para animar a la restauración de la casa es la visión del candelero; el Señor le muestra la visión del candelero) todo de oro, con un depósito encima, (este depósito es el que alimenta el candelero; es el mensaje de Dios a la iglesia, el corpus de la verdad, el consejo de Dios que debe alimentar a la iglesia; pero fíjense en cómo ese depósito llega al candelero) y sus siete lámparas encima del candelabro, (las siete lámparas que representan el espíritu de los ángeles de las iglesias, pero fíjense en qué es lo que comunica el depósito al candelero) y siete tubos para las lámparas que están encima de él”. El Señor hace llegar el aceite del depósito a las lámparas de los candeleros por medio de siete tubos; esos siete tubos son los canales del aceite; o sea, representan el ministerio del Nuevo Pacto, el ministerio en su plenitud; por eso se llamó el ministerio del Nuevo Pacto, el ministerio del Nuevo Testamento, el ministerio de la Palabra, el ministerio del Espíritu, el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la justificación; pero ese ministerio está distribuido entre los ministros, y aquí el Señor representó la plenitud del ministerio en siete tubos que son los canales que llevan el aceite como oro del depósito a las lámparas del candelero; y asimismo en la visión del Cristo glorioso aparece el Señor en Su diestra con siete estrellas que son los mensajeros para alumbrar la iglesia y son los ángeles de las iglesias; o sea, los mensajeros o portavoces del mensaje de Dios a las iglesias, la autoridad delegada en cada iglesia local como también aquellos apóstoles del Señor que en la historia de la iglesia fueron los que marcaron época y tocaron la tecla del Espíritu para esa época. Por eso esas siete estrellas se corresponderían con estos siete tubos; o sea que los candeleros representan las iglesias y las estrellas representan la obra. Existen esas dos cosas: la obra y las iglesias; por eso el Señor tiene siete estrellas en Su diestra y siete candeleros. Creo que hemos mirado un poco acerca del misterio de las siete estrellas en la diestra del Hijo del Hombre. Vamos a parar aquí. ☐


Continúa con: Las llaves de la muerte y del Hades.

LAS LLAVES DE LA MUERTE Y DEL HADES

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:08, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (12)


LAS LLAVES DE

LA MUERTE Y DEL HADES



“17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; 18y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Apocalipsis 1:17-19.

Juan cae como muerto ante Jesús glorificado

Vamos con la ayuda del Señor a continuar el estudio del Libro del Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1, desde el verso 17. Voy a leer inicialmente los versos que corresponden a la visión del Cristo glorificado; estamos todavía en los detalles de esta visión; hoy veremos otro aspecto. El primer aspecto lo vimos desde el verso 12-16, el segundo el 16 y el tercero va desde el 17. Dice el apóstol Juan referido a esta visión del Cristo glorioso, a esa aparición de Cristo al apóstol Juan, hijo de Zebedeo y Salomé en la isla de Patmos, dice Juan cuando vio al Señor: “17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, yo soy el primero y el último, 18y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. 20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”

Aquí Juan declara lo siguiente. Acordémonos de quien era Juan. Era quizá el más íntimo del Señor Jesús; en la cena, en que no se sentaban en mesas así como éstas, sino que aquellas mesas eran unas mesas bajitas, eran más reclinatorios, se reclinaban así sobre la mesa poniendo los pies hacia un lado y la mesa era en forma de u, entonces se servía; por eso aquí estaba uno recostado; el siguiente que estaba delante era Juan; era el que se recostaba en el pecho del Señor reclinado, y así los demás, y Juan era uno que se reclinaba en el pecho del Señor; lo dice él mismo y sin embargo, ahora cuando le vio glorificado, cayó como muerto; porque mientras estaba velado, no lo distinguía bien, sabía que Él era el Hijo de Dios, que era el Mesías, que era el Verbo de Dios, pero de velo para afuera; pero cuando la gloria que estaba dentro del velo, en la glorificación pasó fuera del velo, ahí Juan quedó como muerto. Ustedes recuerdan que cuando los mobiliarios del templo se trasladaban, se hacían montoncitos; el primer montoncito era el Arca del Pacto, el segundo era la mesa de los panes, el tercero era el candelero, el cuarto era el altar del incienso con el incensario, y todos estaban cubiertos por pieles de tejones, excepto el primer montoncito donde iba el arca, donde el paño de azul estaba por fuera; los otros también tenían paños en el interior, pero el arca lo tenía por fuera mostrando que en el caso del Señor Jesús, que es el precursor, que es el Arca del Pacto, la gloria ya fue manifestada, Él ya fue glorificado y la gloria ya no sólo está dentro de Él, sino afuera de Él, y Él es el precursor, Él es el que dirige la procesión del pueblo del Señor. Entonces por eso aquel que había visto al Señor pero no Su gloria, aunque lo había visto en la transfiguración una vez y quedaron aterrorizados, ahora está otra vez en Patmos y dice: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. ¡Qué cosa tremenda! Que aún en vida los que venían a tomarlo preso cayeron para atrás; después él se retuvo y se dejó tomar, porque Él dice: “Nadie me la quita (la vida), sino que yo de mí mismo la pongo”. Hermanos, esto es muy importante entenderlo; nosotros ahora, como dice el apóstol Pablo, andamos por fe y no por vista. El Señor ahora se está escondiendo prácticamente; Él se ha revelado, pero de todas maneras Él sigue escondido, revelado y escondido, por eso es un misterio; si Él se revelara todo el mundo caería a sus pies, pero ¿quién le amaría de esa manera? Todo el mundo se aterrorizaría, pero ¿quien le amaría? Pero a éste que le amaba, le reveló un poco de Su gloria, y quedó como muerto; así fue con los que le amaban; Él todavía no se ha revelado en gloria para los impíos; por eso se atreven a hablar mal, por eso se atreven a decir cosas; en el momento en que Él se revele en gloria, ahí sí como Él juró: toda boca confesará Su nombre y toda rodilla se doblará. Si Juan, que era uno de los que doblaba las rodillas voluntariamente, cayó como muerto, entonces fue más que arrodillarse; cayó como muerto; eso quiere decir que la gloria del Señor es grande.


El caso de Job

El Señor, al primero en la historia bíblica, en el aspecto cronológico, tenemos que se le reveló y produjo ese efecto, fue a Job. Entonces en el libro de Job, que ustedes pueden ver conmigo, ustedes ven que Dios toleró una larga conversación teológica entre Job y sus amigos y hablaban de Dios, así como a veces hablamos nosotros y parece que no pasa nada; podemos hablar de Dios y luego seguir pecando otra vez y a veces hasta pecando hablamos de Dios. Yo he escuchado que hay hasta borrachos que testifican de Cristo mientras toman licor; eso es porque se está hablando de Él, pero sin tener conciencia de Su presencia; y Job estuvo hablando con sus amigos muchos capítulos y Dios no decía nada; Dios les dejaba que ellos hablaran; pero de pronto en un torbellino, y eso que no fue toda Su gloria, pero fue una expresión de Dios en un torbellino, le habló directamente a Job. Todas las argumentaciones a favor de Dios que hacían sus amigos, no hicieron ninguna mella en Job; pero bastó con que Dios se moviera un poquito en un torbellino y comenzara a hacerle unas preguntas desde el capítulo 38: “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo”; y ahí comenzó a hablar Dios en los capítulos 38, 39, 40 y 41; cuatro capítulos habló Dios ahora sí, al final; Dios dejó que otros hablen, pero después habló Él. Ahora, cuando habló Dios, lo que no lograron los treinta y tantos capítulos de sus amigos, Dios desde un torbellino produjo el siguiente efecto, capítulo 42: “1Respondió Job a Jehová, dijo:”. Noten, cuando hablaban de Dios los amigos, Job seguía justificándose, pero cuando habló Dios mismo, ya nadie se justifica delante de Dios a sí mismo; mientras nos hablan de Dios nosotros tenemos muchas respuestas, cuando nos habla Dios mismo, que fue lo que le pasó a Job, entonces dice: “2Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. 3¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?” Esa era la pregunta con que Dios comenzó a hablarle a Job; ahora Job va a responder la pregunta: “Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; (recién en el contacto con Dios uno se da cuenta de que está equivocado; mientras tanto uno se justifica) cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía (yo hablaba y hablaba, pero no comprendía nada). 4Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré y tú me enseñarás. 5De oídas te había oído; (por eso es que uno habla y habla porque sólo conoce a Dios de oídas; por eso era que hablaba lo que no entendía) mas ahora mis ojos te ven. 6Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. Este es el efecto de la verdadera revelación de Dios; cuando Dios verdaderamente se revela lo tumba a uno.

El caso de Moisés

Vemos otro ejemplo en el caso de Moisés, en Éxodo 20 y en Éxodo 33; tenemos ese mismo ejemplo. Yo pienso, hermanos, que lo que ha caracterizado los avivamientos es esa certeza de la presencia de Dios; y lo que necesitamos nosotros no es realizar muchas actividades exteriores, sino realmente buscar la presencia del Señor y dar lugar a que Él nos toque; si Él nos toca todo cambia; si no, nosotros como Job, hablamos, predicamos, escribimos, grabamos, transcribimos, pero si el Señor no nos toca, seguimos en el hombre exterior; no cruzamos el velo, necesitamos el encuentro directo con el Señor. En Éxodo 20:18 está el día de los diez mandamientos: “18Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos”; y eso que aquello era un símbolo de Dios, porque ¿qué es un relámpago, qué es un trueno en comparación con una explosión nuclear en el sol? Y Dios hizo todas esas galaxias, todas esas explosiones salen de su mano, así que Dios está simbolizándose de a poquito en la medida en que le podamos entender, y un poquito que simboliza ya quedamos aterrorizados. “Y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, (y eso que no lo veía del todo; Él sólo se revela un poquito y ya es suficiente) temblaron, y se pusieron de lejos. 19Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”. Con sólo una revelación mínima, ya ellos estaban aterrorizados y pensaban que iban a morir y es así. Dios le dijo en el capítulo 33 de este mismo libro a Moisés, que no lo vería hombre y viviría. Moisés está hablando con Dios, e interrumpiendo bien adelante la conversación, leo sólo desde el verso 15: “15Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo; no nos saques de aquí”; porque verdad que hacer cosas sin su presencia, qué necedad, qué tristeza! “16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, (en esto se conocerá que he hallado gracia ante ti, si andas conmigo, si andas con nosotros) y que yo y tu pueblo (esa es la consecuencia de andar Él con nosotros) seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” Si Él anda con uno, uno no puede seguir en lo común y menos en el pecado; ha de vivir una vida separada. “17Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, (¡qué precioso! haré esto que has dicho: andaré con ustedes, ¡qué precioso!) por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. 18Él entonces dijo: (ahí se animó Moisés) Te ruego que me muestres tu gloria”. ¡Qué cosa! Moisés no sabía qué estaba diciendo. “19Y le respondió Jehová: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia (es por misericordia que Dios hace esto con Moisés) del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”. Es lo que dijeron los israelitas: para que no muramos, habla tú. “21Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mi, (¡aleluya! ¿Cuál es el lugar junto a mi?) y tú estarás sobre la peña; (ese es el lugar junto a Él, sobre la peña, sobre la roca, figura de Cristo) 22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, (ese es Cristo herido por nosotros; sólo ahí escondidos en Cristo, porque Él murió por nuestros pecados y escondidos en la hendidura de la roca, sólo ahí podemos soportar Su espalda, sólo Su espalda) y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”. Realmente, hermanos, conocer al Señor es serio; conocerlo de verdad, no tener sólo ideas de Él, sino conocer Su presencia; produce siempre este temor; fíjense en lo que produjo en Job, lo que produce en Moisés, y dice en el Nuevo Testamento que estaba temblando Moisés.

El caso de Isaías

Fijémonos en Isaías, capítulo 6, cuando él vio al Señor y los serafines; se le concedió ver, se le abrieron los ojos; fue una experiencia espiritual, fue un toque sobrenatural; entonces dice el verso 4: “4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mi! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. Jehová de los ejércitos [Yavheh Sabaoth]; o sea que Job hablaba, Isaías oraba, profetizaba, ya llevaba seis capítulos profetizando, pero de pronto cuando vio Su gloria, clamó: “Ay de mi!....porque han visto mis ojos al Rey”; o sea, él se dio cuenta de que él estaba por morir; fue el Señor el que envió al serafín; el serafín lo recuperó, lo restauró, pero una verdadera revelación, un verdadero encuentro con Dios produce este efecto; la luz de Dios mata lo que tiene que morir, pero también resucita lo que tiene que resucitar.

El caso de Daniel

Daniel también es un ejemplo; y eso que en el caso de Daniel no era precisamente con Dios, sino parece que con un ángel, aunque algunos han interpretado este ángel también como el Señor. En Daniel 10:8 dice: “8Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, (pero ¿qué pasó cuando vio?) y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. 9Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. 10Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.

12Entonces me dijo: Daniel, no temas; (le revela a uno un poquito de la realidad y ya uno tiembla, pero la intención no es destruirlo; con sólo un poquito de la gloria ya uno queda temblando; “no temas”, siempre hay esa otra parte: “no temas”) porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”. Y ahí sigue hablando después lo que le dijo el ángel, y dice el versículo 17: “17¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor (dice Daniel) hablar con mi señor? (¿cómo podrá? Él se sentía incapaz, sin fuerzas, de hablar con un ángel) Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento. 18Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció”. Al final del 19 dice: “Hable mi señor, porque me has fortalecido”; como quien dice: antes no hable todavía, porque si con esto primero ya quedé como muerto, ahora que me fortaleció, ahora sí hable. Nosotros andamos por fe, hermanos, no por vista; Dios quiso que anduviéramos por fe y no por vista.


Por eso volvemos allá a Apocalipsis; este Juan que había sido tan cercano al Señor cuando lo vio al que había visto siempre, tres años y medio andando con Él para arriba y para abajo, cuando lo vio, cayó como muerto; pero ahí viene la continuación; dice en 1:17: “Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; (y le explica la razón por la que no hay que temer:) yo soy el primero y el último;” o sea, si Él dice: no temas, entonces no hay nada que temer, porque si yo digo: hermanos, no teman, ustedes pueden seguir temiendo porque el mal puede venir por cualquier lado; pero si el Señor dice: no temas y añade: “yo soy el primero”, o sea, como quien dice: tú Juan, existes porque Yo quiero, todo existe porque Yo quiero, Yo soy el primero, no temas, Juan. y además, Yo soy también el último, no sólo todo existe por mí, sino que todo es para mí; Yo soy el fin de todas las cosas, Yo soy la realización de todas las cosas. Juan, Yo soy tu realización, yo soy tu origen y tu realización. “No temas, yo soy el primero y el último”; Él es el origen de todo y la meta de todo; entonces Él sí puede decir: “No temas”, y cuando uno está medio muerto o muerto mismo, porque viene la hora en que hasta los muertos oirán la voz del Hijo del Hombre, pero los que la oyeren, vivirán; los otros se quedaron muertos hasta después del milenio; después del milenio ya todos se levantarán a ser juzgados; y sigue diciendo: “18Y el que vivo, y estuve muerto”. Aquí vemos claramente que el que está hablando es el Hijo. Miren un detalle: cuando Moisés habló con Dios, los judíos y hasta los musulmanes podrían decir: Bueno, eso fue Dios, el Padre; pero aquí nos estamos dando cuenta de que el mismo efecto que producía la gloria del Padre, produce el Hijo, porque el que está hablando aquí es el Hijo: “Estuve muerto; mas he aquí”, y aquí estaba presente delante de Juan, en gloria, “he aquí que vivo por los siglos de los siglos”. Demostró que no hay nada contra Él; Él es el primero y el último. Sí me mataron, pero mírame Juan otra vez; ya me habías visto muchas veces con los apóstoles, cuarenta días estuve contigo, ahora estás aquí en Patmos, hacia el final del siglo I, y sin embargo está diciendo: “He aquí que vivo por los siglos de los siglos”; y le añade algo que es muy importante, y en esto quisiera que nos detuviéramos un poquito: “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.


El dueño y portador de las llaves

Aquí el Señor ya resucitado puede decir eso: “Tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Él habla en plural de llaves; como quien dice, hay llaves para la muerte y llaves para el Hades. En la palabra del Señor, la muerte y el Hades están relacionados, aunque no son lo mismo. Por ejemplo, si ustedes van más adelante en Apocalipsis, al cuarto sello, dice en 6:8: “8Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”.

Aquí aparece la Muerte, y el Hades le seguía. Otro pasaje donde aparecen relacionados el Hades y la Muerte, está en el capítulo 20 de Apocalipsis; y quiero llamarles mucho la atención a este pasaje, porque allí se nos va a esclarecer más lo que quiere decir puertas y llaves de las puertas. Dice Apocalipsis 20:13; estamos en pleno juicio del trono blanco, el juicio final, y allí dice Juan: “13Y el mar entregó los muertos que había en él; (quiero llamar la atención que hasta el día del juicio, una porción de muertos estaban en el mar) y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; (fíjense en ese plural: la muerte uno, y el Hades otro, y había muertos en la muerte hasta el día del juicio final y había muertos en el Hades hasta el día del juicio final; había muertos en el mar, muertos en la muerte y muertos en el Hades; había muertos en tres lugares, muertos en el mar, muertos en la muerte y muertos en el Hades, hasta el día del juicio final; en el día del juicio final, el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos: en la muerte y en el Hades) y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”. La muerte segunda es el lago de fuego; o sea, es un lugar; pero en la muerte primera había muertos hasta el juicio final, en el Hades también había muertos hasta el juicio final y en el mar había muertos hasta el juicio final. Que hubiera muertos en la muerte, nos indica que la muerte es como se llama en algún lugar, regiones de sombra de muerte; lo que se llama “Tanatos”, y quiero llamarles la atención a algunos versículos que nos hablan de manera misteriosa.


Puertas de la muerte y del Hades

Vamos a Job de nuevo, pero al capítulo 38; allí en esa conversación que Dios tuvo con Job, le dijo lo siguiente en el versículo 17; son palabras directas de Dios a Job en el torbellino; Dios le pregunta a Job: “17¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muerte?” Miren esas preguntas de Dios; habla de la muerte, de la sombra de muerte y de las puertas de la muerte, y de las puertas de la sombra de muerte; no habla sólo de una puerta; digamos que la persona que muere, cruza una primera puerta, pero a la muerte le sigue otra puerta. Vamos a Lucas 16:22; el Señor está hablando del rico y Lázaro que murieron uno después del otro, y dice: “22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”. La frase “fue llevado por los ángeles”, significa que los ángeles estuvieron en el momento en que él cruzó el primer umbral de la muerte, la primera puerta de la muerte, y entonces fueron y lo llevaron; o sea, lo atravesaron por la muerte y luego lo llevaron al Seol, al seno de Abraham, al que antes de venir Cristo y resucitar todos iban, al Seol, debajo de la tierra; pero había un lugar donde estaban los perdidos y otro lugar donde estaban los que tenían esperanza y descanso; pero dice: “fue llevado por los ángeles”; los ángeles le hicieron recorrer desde la muerte hasta llegar al seno de Abraham; fue llevado; ese recorrido implica una primera puerta y otra puerta más allá; cuando dice: puertas, mínimo son dos: una para pasar de la vida a la muerte y la otra para pasar de la muerte al Hades, aunque pueden haber más por lo que dice en Proverbios 7:27: “Camino al Seol es su casa, (la casa de la mujer ramera; “camino”, hay todo un camino: “camino al Seol”, y se empieza por la prostitución; por la fornicación se entra en su camino) que conduce a las cámaras (plural) de la muerte”. Entonces habla de varias cámaras de la muerte; supongo que cada cámara tendrá su puerta. Entonces a Job, Dios le dice: “¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte?”

Fíjense en que había muertos en la muerte y no podían salir de allá y fueron guardados allá para el día del juicio del trono blanco, y luego fueron echados al lago de fuego. ¿Se dan cuenta? Significa que había personas que habían partido de esta tierra y que estaban unos en el mar, otros en la muerte y otros en el Hades; y cuando habla de puertas de la muerte, lo habla en plural, y también habla de puertas del Hades. En Mateo 16, vamos a ver allí cuando el Señor habla de la iglesia, menciona en plural las puertas del Hades. En Mateo 16:18, el Señor le dice a Pedro: “18Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca (no sobre ti, “sobre esta roca” que acaba de confesar Pedro, de quién es Cristo, el Cristo de Dios) edificaré mi iglesia; y las puertas (habla en plural) del Hades no prevalecerán contra ella”. En la Biblia se habla de las puertas de la muerte y de las puertas del Hades; se habla de la muerte que tiene sus puertas y sus cámaras y se habla de las puertas del Hades. Cuando se pasa de la muerte al Hades, se cruza una puerta; si alguno sale del Hades, es sólo con el permiso de Dios; a veces el Señor permitía subir alguno del Hades, como en el caso de Samuel que subió del Hades a conversar con Saúl y le dijo: mañana estarás conmigo en este lugar; y si tú lees te das cuenta que el que habla es el cronista inspirado por el Espíritu Santo, no es Saúl precisamente, no es la adivina, es el cronista inspirado el que cuenta este hecho; entonces nos damos cuenta de que a veces Dios permite que una persona cruce de una dimensión a otra, pero el que tiene las llaves, como estamos leyendo allí, es el Señor; Él es el que tiene las llaves de la muerte y del Hades. Él puede permitir que una persona entre en la muerte, que tenga una muerte clínica y llegue hasta un determinado portal y de allí no pase y Dios le concede regresar; a veces Dios puede permitirle a alguien que descienda al Hades, al Seol, al infierno, al mundo inferior y vea lo que hay allá y luego le permite regresar; pero nadie puede hacerlo porque quiere; ninguno puede cambiar de un lugar a otro; el que tiene las llaves es el Señor; sólo el Señor sabe quien puede volver y quien no, quienes van a resucitar en la primera resurrección, quienes se quedan después del milenio a resucitar en la segunda; o sea, quien controla todas las dimensiones y el paso de la una a la otra, de todas esas regiones celestes, porque se habla en la Biblia de regiones celestes, es el Señor Jesús.


Vamos a ver esa expresión en Efesios capítulo 6; el que controla todo ese tráfico de ultratumba es el Señor Jesús. Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Fíjense en esa expresión “regiones”, plural, son varias regiones celestes y en esas regiones se mueven espíritus, principados, potestades y huestes de maldad; son regiones espirituales; es decir, son varios universos paralelos; ahora, quien tiene el control absoluto es el Señor. Por ejemplo, va a haber un momento en Apocalipsis 9:1; aquí se habla de la caída de aquel gran ángel, y dice: “1El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio (no la tenía) la llave del pozo del abismo. 2Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. 3Y del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra”. Esas criaturas demoníacas estaban en el abismo y no podían salir de ahí. Ahora, cayó esa gran estrella, Lucero; y “se le dio la llave”. El que da el permiso de que salgan espíritus a molestar es Dios, el que los mantiene a distancia es Dios, y no sólo Dios, sino Cristo. “Estuve muerto; (dice Él) mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Porque Él realizó toda una obra de ultratumba después de la muerte; Él fue y predicó a los espíritus encarcelados en los días de Noé, como lo dice aquí 1 Pedro 3:18-20: “18Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; (Cristo vivificado en espíritu) 19en el cual también fue (eso fue un recorrido, “fue” en espíritu vivificado) y predicó a los espíritus encarcelados, 20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. El Señor fue después de muerto a esa región, o sea al Tártaro, donde estaban esos espíritus malignos, aquellos hijos de Dios que vieron a las hijas de los hombres, tomaron mujeres entre ellas y engendraron gigantes y fueron por eso encarcelados; entonces el Señor fue allá y les predicó quien era Él. Ellos están allí encarcelados, esperando el juicio final, dice San Judas. El Tártaro es una prisión, pero no es la prisión de su juicio, sino que es para el juicio. Dice en la epístola de San Judas, verso 6: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. Esos son espíritus que están allá esperando el juicio; algunos no están allá; a algunos se les permite recorrer; algunos van a salir cuando aquella estrella caiga y se le dé la llave del pozo del abismo; y otros están allá esperando porque son tan terribles y lo que han hecho es tan grave que están presos y no salen de allí hasta el día del juicio; o sea, están en ese lugar.


El Hades

Volvamos a 1 Pedro, pero ahora al capítulo 4, y veamos que no solamente a estos ángeles caídos, a estos espíritus corruptos y corruptores se les predicó, sino también a los muertos; o sea, a los seres humanos que antes de la venida del Mesías habían muerto en la esperanza del Mesías y estaban en el Seol; porque en el Antiguo Testamento, antes de venir Cristo, todos los muertos iban al Seol.

Jacob dice: voy a descender al Seol a encontrarme con mi hijo José; solamente que en el Seol había una distinción, una sima que separaba donde estaba aquel rico Epulón, que le llamó a ese lugar de llamas, lugar de tormento; y la otra porción donde estaba el seno de Abraham, donde se decía que era un lugar de descanso y de consuelo; pero de todas maneras ellos estaban esperando al Mesías que los libertaría, porque ellos no podían pasar al cielo sin la muerte del Mesías, porque el velo no había sido rasgado. El Seol quedaba y queda debajo de la tierra, por eso la Biblia habla de “los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2:10); debajo de la tierra hay personas. Dice 1 Pedro 4:6: “Porque por esto”. ¿Por esto por qué? por lo que dice el verso 5: “ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”; o sea, el Señor va a juzgar a los vivos y a los muertos; pero como va a juzgar a los muertos y muchos muertos murieron esperando al Mesías sin que llegara, el Señor tenía que presentarse a ellos, identificarse como su Salvador; de todas maneras tenía que llevar cautiva la cautividad y cuando Él resucitara tenía que abrir el paraíso, el tercer cielo.

“6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” O sea, el mismo evangelio lo predicó el Señor Jesús, a los muertos, cuando descendió al Hades.


Llevó cautiva la cautividad

Él Señor dijo: “No dejarás mi alma en el Hades”; Él fue al Hades, que es el Seol, y allí encontró a los que estaban, y por eso dice en Efesios 4:8: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad”; o sea, había personas que estaban cautivas antes de su resurrección, pero cuando Cristo murió fue y los visitó, entonces resucitó. Cuando Cristo resucitó, de los santos del Antiguo Testamento también despertaron algunos, y podemos leerlo en Mateo 27:50: “50Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51Y he aquí, el velo del templo (el que separaba) se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”. A muchos. No sólo el Señor resucitó, sino que Él llevó cautiva la cautividad, cuando el Señor ascendió. Por eso dice: “7Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 8¿Quién es este Rey de gloria? Jehová fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla... 10Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria” (Salmos 24). Entonces también habla de las puertas del cielo; son varios niveles, como decir, un atrio, un lugar santo, un Lugar Santísimo. Entonces hay puertas de la muerte, puertas del Hades y puertas de los cielos. El Señor ascendió y llevó cautiva la cautividad; por eso le pudo decir a aquel ladrón que se arrepintió y creyó en él, a su lado: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Por 2 Corintios 12 nos damos cuenta de que el Paraíso se refiere al tercer cielo. Allí dice el apóstol Pablo “2Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo”.

Ahora Pablo vuelve y cuenta lo mismo porque, ¿será que me entenderán el tercer cielo? Entonces repite en el siguiente verso: “3Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. Entonces nos damos cuenta de que el paraíso es el tercer cielo; en cambio el Seol es bajo la tierra. Por eso cuando Él resucitó llevó cautiva la cautividad del Seol al tercer cielo; o sea, al paraíso; por eso le pudo decir a aquel ladrón que se convirtió, que creyó: Hoy estarás conmigo en el paraíso; o sea que el Señor después de muerto visitó todas esas regiones como el Vencedor. Ahora Él es el que tiene las llaves. Por eso Él dice: Tengo las llaves de la muerte y del Hades; o sea que nadie muere cuando quiere y nadie puede quedarse cuando se tiene que ir; el Señor es el que dice quién se muere. Vendrá tiempo cuando muchos buscarán la muerte y no la hallarán, porque el Señor tiene las llaves, y aunque algunos tratarán de suicidarse, les sale el tiro por otro lado y no podrán morir. Ahora, cuando muere alguien no puede volver, a menos que el Señor quiera; Él puede permitir la resurrección de algunos, pero ¿quién tiene la autoridad? Él, Él tiene las llaves de la muerte, que tiene varias puertas y cámaras, y del Hades, que es el Seol. También se habla de puertas del Hades. Para pasar de la muerte al Hades; para salir del Hades, ya sea para volver a la tierra o para pasar al lago de fuego o para pasar al juicio; de todas maneras se habla de varias puertas, tanto de la muerte, como del Hades. Se habla de muertos en el mar, de muertos en la muerte y de muertos en el Hades, que serán entregados por cada uno de éstos, al juicio del trono blanco; y luego la muerte y el Hades serán echados al lago de fuego; por lo tanto no es lo mismo el Hades que el lago de fuego. El lago de fuego es el juicio definitivo, la muerte segunda, la separación definitiva de Dios; pero el Hades es un lugar transitorio, puede ser de tormento; era de tormento y de consuelo, pero ahora la parte de consuelo fue tomada cautiva y ahora está con el Señor en el paraíso, en el tercer cielo. El Seol es el mismo Hades, debajo de la tierra; y el tercer cielo es el paraíso, en el cielo; en cambio el Hades es debajo de la tierra.


Las cosas que son y las que han de ser

Vamos a mirar unos versos porque los dije de memoria; porque es bueno que los hermanos tengan las citas para que después no se molesten buscando. Filipenses 2:9-11: “9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, (habla de varios cielos: del primero, del segundo, del tercero) y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Allí habla también de gente debajo de la tierra que tendrá que confesar al Señor y doblar sus rodillas ante Él. Lo mismo dice Apocalipsis 5:13: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Ahí aparece gente debajo de la tierra y gente en el mar adorando al Señor. Todos confesarán Su nombre.

Volviendo a Apocalipsis 1 donde estamos enriqueciendo los versos con sus conexiones, dice: “17Yo soy el primero y el último; 18y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. (Quizá este amén lo diga Juan) Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Después de que le reveló Su gloria, entonces le dice (doce veces le manda a escribir a Juan en Apocalipsis, y esta es la primera): “19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Aquí el Señor le divide en tres partes las visiones a Juan. La primera parte: las cosas que has visto.

¿Qué fue lo que él vio? El vio la gloria del Hijo del Hombre, o sea, las cosas que has visto, se refiere a la cristología. Las cosas que son, fíjense en el verso 20 cuáles son las que son; ahí están las estrellas en Su diestra en medio de los candeleros. “20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son (esas son las cosas que son) los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son (esas son las cosas que son) las siete iglesias”. Las cosas que son se refiere a la eclesiología; y las cosas que han de ser después de éstas, se refiere a la escatología. Las cosas que viste y has visto: la cristología; las cosas que son: la eclesiología, toda la historia de la iglesia, la obra del Señor, el Señor en medio de los candeleros; esos candeleros son las cosas que son, eso es lo que el Señor dijo que es lo que es; y las cosas que han de ser después de estas, se refiere a la escatología; esas cosas que han de ser después, podemos aquí a grandes rasgos ir rápido y mirar en el capítulo 4: “1Después de esto”, o sea, después de ver las iglesias, las profecías acerca del recorrido de las iglesias, “miré”, y se le muestra el panorama del mundo invisible. En el 5:1 dice: “Y vi” el trono con el Padre reclamando quién era digno de tomar el libro. En el verso 11: “Y miré”. En el 6: “1Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos”; “2Y miré”; “5Y miré”; “8Miré”; “12Miré”. En el 7:1: “Después de esto vi”. El Señor le fue mostrando y mostrando, y él estaba viendo y oyendo: las cosas que has visto y oído, Juan; y todo esto es lo que él vio. En el 7:9: “Después de esto miré”; ¿se dan cuenta? En el 9:17: “Así vi en visión”. En el 10:1: “Vi descender del cielo”. En el 12: “1Apareció en el cielo una gran señal”; “3También apareció otra señal. En el 13:1: “y vi subir del mar una bestia”. En el 3: “Vi una de sus cabezas como herida de muerte” En el 11: “Después vi otra bestia”. En el 14:1: “Después miré”. 14:6: “Vi volar”. Verso 13: “Oí”. Verso 14: “Miré”. En el 15: “1Vi en el cielo otra señal”; “2Vi también”. En el 16: “1Oí”; “13Vi salir de la boca del dragón”. En el 18:1: “Después de esto vi”. En el 19: “1Después de esto oí”; “11Entonces vi”. En el 20: “1Vi un ángel”; “11Y vi un gran trono blanco”. En el 21:1: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”, y entonces en el 22:8, resume todo: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas”. ¿Cuáles? Todas esas que recorrimos en Apocalipsis; una serie de cosas que oyó y que vio. Entonces dice en el capítulo 1:19: “Escribe las cosas que has visto”. ¿Qué era? La visión del Cristo glorificado, la Cristología consumada, “y las que son,” la eclesiología en su sentido final, “y las que han de ser después de éstas”, la escatología, la consumación de todas las cosas. “20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”; que es lo que entraremos a ver, Dios mediante, en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis. Vamos a terminar por hoy aquí. Vamos a orar, dar gracias al Señor. ☐


Continúa con: Panorámica de las siete iglesias.

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