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LAS LLAVES DE LA MUERTE Y DEL HADES

Por cristianogiv - 12 de Julio, 2006, 19:08, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (12)


LAS LLAVES DE

LA MUERTE Y DEL HADES



“17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; 18y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Apocalipsis 1:17-19.

Juan cae como muerto ante Jesús glorificado

Vamos con la ayuda del Señor a continuar el estudio del Libro del Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1, desde el verso 17. Voy a leer inicialmente los versos que corresponden a la visión del Cristo glorificado; estamos todavía en los detalles de esta visión; hoy veremos otro aspecto. El primer aspecto lo vimos desde el verso 12-16, el segundo el 16 y el tercero va desde el 17. Dice el apóstol Juan referido a esta visión del Cristo glorioso, a esa aparición de Cristo al apóstol Juan, hijo de Zebedeo y Salomé en la isla de Patmos, dice Juan cuando vio al Señor: “17Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, yo soy el primero y el último, 18y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. 19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas. 20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”

Aquí Juan declara lo siguiente. Acordémonos de quien era Juan. Era quizá el más íntimo del Señor Jesús; en la cena, en que no se sentaban en mesas así como éstas, sino que aquellas mesas eran unas mesas bajitas, eran más reclinatorios, se reclinaban así sobre la mesa poniendo los pies hacia un lado y la mesa era en forma de u, entonces se servía; por eso aquí estaba uno recostado; el siguiente que estaba delante era Juan; era el que se recostaba en el pecho del Señor reclinado, y así los demás, y Juan era uno que se reclinaba en el pecho del Señor; lo dice él mismo y sin embargo, ahora cuando le vio glorificado, cayó como muerto; porque mientras estaba velado, no lo distinguía bien, sabía que Él era el Hijo de Dios, que era el Mesías, que era el Verbo de Dios, pero de velo para afuera; pero cuando la gloria que estaba dentro del velo, en la glorificación pasó fuera del velo, ahí Juan quedó como muerto. Ustedes recuerdan que cuando los mobiliarios del templo se trasladaban, se hacían montoncitos; el primer montoncito era el Arca del Pacto, el segundo era la mesa de los panes, el tercero era el candelero, el cuarto era el altar del incienso con el incensario, y todos estaban cubiertos por pieles de tejones, excepto el primer montoncito donde iba el arca, donde el paño de azul estaba por fuera; los otros también tenían paños en el interior, pero el arca lo tenía por fuera mostrando que en el caso del Señor Jesús, que es el precursor, que es el Arca del Pacto, la gloria ya fue manifestada, Él ya fue glorificado y la gloria ya no sólo está dentro de Él, sino afuera de Él, y Él es el precursor, Él es el que dirige la procesión del pueblo del Señor. Entonces por eso aquel que había visto al Señor pero no Su gloria, aunque lo había visto en la transfiguración una vez y quedaron aterrorizados, ahora está otra vez en Patmos y dice: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. ¡Qué cosa tremenda! Que aún en vida los que venían a tomarlo preso cayeron para atrás; después él se retuvo y se dejó tomar, porque Él dice: “Nadie me la quita (la vida), sino que yo de mí mismo la pongo”. Hermanos, esto es muy importante entenderlo; nosotros ahora, como dice el apóstol Pablo, andamos por fe y no por vista. El Señor ahora se está escondiendo prácticamente; Él se ha revelado, pero de todas maneras Él sigue escondido, revelado y escondido, por eso es un misterio; si Él se revelara todo el mundo caería a sus pies, pero ¿quién le amaría de esa manera? Todo el mundo se aterrorizaría, pero ¿quien le amaría? Pero a éste que le amaba, le reveló un poco de Su gloria, y quedó como muerto; así fue con los que le amaban; Él todavía no se ha revelado en gloria para los impíos; por eso se atreven a hablar mal, por eso se atreven a decir cosas; en el momento en que Él se revele en gloria, ahí sí como Él juró: toda boca confesará Su nombre y toda rodilla se doblará. Si Juan, que era uno de los que doblaba las rodillas voluntariamente, cayó como muerto, entonces fue más que arrodillarse; cayó como muerto; eso quiere decir que la gloria del Señor es grande.


El caso de Job

El Señor, al primero en la historia bíblica, en el aspecto cronológico, tenemos que se le reveló y produjo ese efecto, fue a Job. Entonces en el libro de Job, que ustedes pueden ver conmigo, ustedes ven que Dios toleró una larga conversación teológica entre Job y sus amigos y hablaban de Dios, así como a veces hablamos nosotros y parece que no pasa nada; podemos hablar de Dios y luego seguir pecando otra vez y a veces hasta pecando hablamos de Dios. Yo he escuchado que hay hasta borrachos que testifican de Cristo mientras toman licor; eso es porque se está hablando de Él, pero sin tener conciencia de Su presencia; y Job estuvo hablando con sus amigos muchos capítulos y Dios no decía nada; Dios les dejaba que ellos hablaran; pero de pronto en un torbellino, y eso que no fue toda Su gloria, pero fue una expresión de Dios en un torbellino, le habló directamente a Job. Todas las argumentaciones a favor de Dios que hacían sus amigos, no hicieron ninguna mella en Job; pero bastó con que Dios se moviera un poquito en un torbellino y comenzara a hacerle unas preguntas desde el capítulo 38: “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo”; y ahí comenzó a hablar Dios en los capítulos 38, 39, 40 y 41; cuatro capítulos habló Dios ahora sí, al final; Dios dejó que otros hablen, pero después habló Él. Ahora, cuando habló Dios, lo que no lograron los treinta y tantos capítulos de sus amigos, Dios desde un torbellino produjo el siguiente efecto, capítulo 42: “1Respondió Job a Jehová, dijo:”. Noten, cuando hablaban de Dios los amigos, Job seguía justificándose, pero cuando habló Dios mismo, ya nadie se justifica delante de Dios a sí mismo; mientras nos hablan de Dios nosotros tenemos muchas respuestas, cuando nos habla Dios mismo, que fue lo que le pasó a Job, entonces dice: “2Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. 3¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?” Esa era la pregunta con que Dios comenzó a hablarle a Job; ahora Job va a responder la pregunta: “Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; (recién en el contacto con Dios uno se da cuenta de que está equivocado; mientras tanto uno se justifica) cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía (yo hablaba y hablaba, pero no comprendía nada). 4Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré y tú me enseñarás. 5De oídas te había oído; (por eso es que uno habla y habla porque sólo conoce a Dios de oídas; por eso era que hablaba lo que no entendía) mas ahora mis ojos te ven. 6Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. Este es el efecto de la verdadera revelación de Dios; cuando Dios verdaderamente se revela lo tumba a uno.

El caso de Moisés

Vemos otro ejemplo en el caso de Moisés, en Éxodo 20 y en Éxodo 33; tenemos ese mismo ejemplo. Yo pienso, hermanos, que lo que ha caracterizado los avivamientos es esa certeza de la presencia de Dios; y lo que necesitamos nosotros no es realizar muchas actividades exteriores, sino realmente buscar la presencia del Señor y dar lugar a que Él nos toque; si Él nos toca todo cambia; si no, nosotros como Job, hablamos, predicamos, escribimos, grabamos, transcribimos, pero si el Señor no nos toca, seguimos en el hombre exterior; no cruzamos el velo, necesitamos el encuentro directo con el Señor. En Éxodo 20:18 está el día de los diez mandamientos: “18Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos”; y eso que aquello era un símbolo de Dios, porque ¿qué es un relámpago, qué es un trueno en comparación con una explosión nuclear en el sol? Y Dios hizo todas esas galaxias, todas esas explosiones salen de su mano, así que Dios está simbolizándose de a poquito en la medida en que le podamos entender, y un poquito que simboliza ya quedamos aterrorizados. “Y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, (y eso que no lo veía del todo; Él sólo se revela un poquito y ya es suficiente) temblaron, y se pusieron de lejos. 19Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”. Con sólo una revelación mínima, ya ellos estaban aterrorizados y pensaban que iban a morir y es así. Dios le dijo en el capítulo 33 de este mismo libro a Moisés, que no lo vería hombre y viviría. Moisés está hablando con Dios, e interrumpiendo bien adelante la conversación, leo sólo desde el verso 15: “15Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo; no nos saques de aquí”; porque verdad que hacer cosas sin su presencia, qué necedad, qué tristeza! “16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, (en esto se conocerá que he hallado gracia ante ti, si andas conmigo, si andas con nosotros) y que yo y tu pueblo (esa es la consecuencia de andar Él con nosotros) seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” Si Él anda con uno, uno no puede seguir en lo común y menos en el pecado; ha de vivir una vida separada. “17Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, (¡qué precioso! haré esto que has dicho: andaré con ustedes, ¡qué precioso!) por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. 18Él entonces dijo: (ahí se animó Moisés) Te ruego que me muestres tu gloria”. ¡Qué cosa! Moisés no sabía qué estaba diciendo. “19Y le respondió Jehová: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia (es por misericordia que Dios hace esto con Moisés) del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá”. Es lo que dijeron los israelitas: para que no muramos, habla tú. “21Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mi, (¡aleluya! ¿Cuál es el lugar junto a mi?) y tú estarás sobre la peña; (ese es el lugar junto a Él, sobre la peña, sobre la roca, figura de Cristo) 22y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, (ese es Cristo herido por nosotros; sólo ahí escondidos en Cristo, porque Él murió por nuestros pecados y escondidos en la hendidura de la roca, sólo ahí podemos soportar Su espalda, sólo Su espalda) y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro”. Realmente, hermanos, conocer al Señor es serio; conocerlo de verdad, no tener sólo ideas de Él, sino conocer Su presencia; produce siempre este temor; fíjense en lo que produjo en Job, lo que produce en Moisés, y dice en el Nuevo Testamento que estaba temblando Moisés.

El caso de Isaías

Fijémonos en Isaías, capítulo 6, cuando él vio al Señor y los serafines; se le concedió ver, se le abrieron los ojos; fue una experiencia espiritual, fue un toque sobrenatural; entonces dice el verso 4: “4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mi! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. Jehová de los ejércitos [Yavheh Sabaoth]; o sea que Job hablaba, Isaías oraba, profetizaba, ya llevaba seis capítulos profetizando, pero de pronto cuando vio Su gloria, clamó: “Ay de mi!....porque han visto mis ojos al Rey”; o sea, él se dio cuenta de que él estaba por morir; fue el Señor el que envió al serafín; el serafín lo recuperó, lo restauró, pero una verdadera revelación, un verdadero encuentro con Dios produce este efecto; la luz de Dios mata lo que tiene que morir, pero también resucita lo que tiene que resucitar.

El caso de Daniel

Daniel también es un ejemplo; y eso que en el caso de Daniel no era precisamente con Dios, sino parece que con un ángel, aunque algunos han interpretado este ángel también como el Señor. En Daniel 10:8 dice: “8Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, (pero ¿qué pasó cuando vio?) y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. 9Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. 10Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. 11Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.

12Entonces me dijo: Daniel, no temas; (le revela a uno un poquito de la realidad y ya uno tiembla, pero la intención no es destruirlo; con sólo un poquito de la gloria ya uno queda temblando; “no temas”, siempre hay esa otra parte: “no temas”) porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”. Y ahí sigue hablando después lo que le dijo el ángel, y dice el versículo 17: “17¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor (dice Daniel) hablar con mi señor? (¿cómo podrá? Él se sentía incapaz, sin fuerzas, de hablar con un ángel) Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento. 18Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció”. Al final del 19 dice: “Hable mi señor, porque me has fortalecido”; como quien dice: antes no hable todavía, porque si con esto primero ya quedé como muerto, ahora que me fortaleció, ahora sí hable. Nosotros andamos por fe, hermanos, no por vista; Dios quiso que anduviéramos por fe y no por vista.


Por eso volvemos allá a Apocalipsis; este Juan que había sido tan cercano al Señor cuando lo vio al que había visto siempre, tres años y medio andando con Él para arriba y para abajo, cuando lo vio, cayó como muerto; pero ahí viene la continuación; dice en 1:17: “Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; (y le explica la razón por la que no hay que temer:) yo soy el primero y el último;” o sea, si Él dice: no temas, entonces no hay nada que temer, porque si yo digo: hermanos, no teman, ustedes pueden seguir temiendo porque el mal puede venir por cualquier lado; pero si el Señor dice: no temas y añade: “yo soy el primero”, o sea, como quien dice: tú Juan, existes porque Yo quiero, todo existe porque Yo quiero, Yo soy el primero, no temas, Juan. y además, Yo soy también el último, no sólo todo existe por mí, sino que todo es para mí; Yo soy el fin de todas las cosas, Yo soy la realización de todas las cosas. Juan, Yo soy tu realización, yo soy tu origen y tu realización. “No temas, yo soy el primero y el último”; Él es el origen de todo y la meta de todo; entonces Él sí puede decir: “No temas”, y cuando uno está medio muerto o muerto mismo, porque viene la hora en que hasta los muertos oirán la voz del Hijo del Hombre, pero los que la oyeren, vivirán; los otros se quedaron muertos hasta después del milenio; después del milenio ya todos se levantarán a ser juzgados; y sigue diciendo: “18Y el que vivo, y estuve muerto”. Aquí vemos claramente que el que está hablando es el Hijo. Miren un detalle: cuando Moisés habló con Dios, los judíos y hasta los musulmanes podrían decir: Bueno, eso fue Dios, el Padre; pero aquí nos estamos dando cuenta de que el mismo efecto que producía la gloria del Padre, produce el Hijo, porque el que está hablando aquí es el Hijo: “Estuve muerto; mas he aquí”, y aquí estaba presente delante de Juan, en gloria, “he aquí que vivo por los siglos de los siglos”. Demostró que no hay nada contra Él; Él es el primero y el último. Sí me mataron, pero mírame Juan otra vez; ya me habías visto muchas veces con los apóstoles, cuarenta días estuve contigo, ahora estás aquí en Patmos, hacia el final del siglo I, y sin embargo está diciendo: “He aquí que vivo por los siglos de los siglos”; y le añade algo que es muy importante, y en esto quisiera que nos detuviéramos un poquito: “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.


El dueño y portador de las llaves

Aquí el Señor ya resucitado puede decir eso: “Tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Él habla en plural de llaves; como quien dice, hay llaves para la muerte y llaves para el Hades. En la palabra del Señor, la muerte y el Hades están relacionados, aunque no son lo mismo. Por ejemplo, si ustedes van más adelante en Apocalipsis, al cuarto sello, dice en 6:8: “8Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra”.

Aquí aparece la Muerte, y el Hades le seguía. Otro pasaje donde aparecen relacionados el Hades y la Muerte, está en el capítulo 20 de Apocalipsis; y quiero llamarles mucho la atención a este pasaje, porque allí se nos va a esclarecer más lo que quiere decir puertas y llaves de las puertas. Dice Apocalipsis 20:13; estamos en pleno juicio del trono blanco, el juicio final, y allí dice Juan: “13Y el mar entregó los muertos que había en él; (quiero llamar la atención que hasta el día del juicio, una porción de muertos estaban en el mar) y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; (fíjense en ese plural: la muerte uno, y el Hades otro, y había muertos en la muerte hasta el día del juicio final y había muertos en el Hades hasta el día del juicio final; había muertos en el mar, muertos en la muerte y muertos en el Hades; había muertos en tres lugares, muertos en el mar, muertos en la muerte y muertos en el Hades, hasta el día del juicio final; en el día del juicio final, el mar entregó los muertos que había en él y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos: en la muerte y en el Hades) y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda”. La muerte segunda es el lago de fuego; o sea, es un lugar; pero en la muerte primera había muertos hasta el juicio final, en el Hades también había muertos hasta el juicio final y en el mar había muertos hasta el juicio final. Que hubiera muertos en la muerte, nos indica que la muerte es como se llama en algún lugar, regiones de sombra de muerte; lo que se llama “Tanatos”, y quiero llamarles la atención a algunos versículos que nos hablan de manera misteriosa.


Puertas de la muerte y del Hades

Vamos a Job de nuevo, pero al capítulo 38; allí en esa conversación que Dios tuvo con Job, le dijo lo siguiente en el versículo 17; son palabras directas de Dios a Job en el torbellino; Dios le pregunta a Job: “17¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte, y has visto las puertas de la sombra de muerte?” Miren esas preguntas de Dios; habla de la muerte, de la sombra de muerte y de las puertas de la muerte, y de las puertas de la sombra de muerte; no habla sólo de una puerta; digamos que la persona que muere, cruza una primera puerta, pero a la muerte le sigue otra puerta. Vamos a Lucas 16:22; el Señor está hablando del rico y Lázaro que murieron uno después del otro, y dice: “22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”. La frase “fue llevado por los ángeles”, significa que los ángeles estuvieron en el momento en que él cruzó el primer umbral de la muerte, la primera puerta de la muerte, y entonces fueron y lo llevaron; o sea, lo atravesaron por la muerte y luego lo llevaron al Seol, al seno de Abraham, al que antes de venir Cristo y resucitar todos iban, al Seol, debajo de la tierra; pero había un lugar donde estaban los perdidos y otro lugar donde estaban los que tenían esperanza y descanso; pero dice: “fue llevado por los ángeles”; los ángeles le hicieron recorrer desde la muerte hasta llegar al seno de Abraham; fue llevado; ese recorrido implica una primera puerta y otra puerta más allá; cuando dice: puertas, mínimo son dos: una para pasar de la vida a la muerte y la otra para pasar de la muerte al Hades, aunque pueden haber más por lo que dice en Proverbios 7:27: “Camino al Seol es su casa, (la casa de la mujer ramera; “camino”, hay todo un camino: “camino al Seol”, y se empieza por la prostitución; por la fornicación se entra en su camino) que conduce a las cámaras (plural) de la muerte”. Entonces habla de varias cámaras de la muerte; supongo que cada cámara tendrá su puerta. Entonces a Job, Dios le dice: “¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte?”

Fíjense en que había muertos en la muerte y no podían salir de allá y fueron guardados allá para el día del juicio del trono blanco, y luego fueron echados al lago de fuego. ¿Se dan cuenta? Significa que había personas que habían partido de esta tierra y que estaban unos en el mar, otros en la muerte y otros en el Hades; y cuando habla de puertas de la muerte, lo habla en plural, y también habla de puertas del Hades. En Mateo 16, vamos a ver allí cuando el Señor habla de la iglesia, menciona en plural las puertas del Hades. En Mateo 16:18, el Señor le dice a Pedro: “18Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca (no sobre ti, “sobre esta roca” que acaba de confesar Pedro, de quién es Cristo, el Cristo de Dios) edificaré mi iglesia; y las puertas (habla en plural) del Hades no prevalecerán contra ella”. En la Biblia se habla de las puertas de la muerte y de las puertas del Hades; se habla de la muerte que tiene sus puertas y sus cámaras y se habla de las puertas del Hades. Cuando se pasa de la muerte al Hades, se cruza una puerta; si alguno sale del Hades, es sólo con el permiso de Dios; a veces el Señor permitía subir alguno del Hades, como en el caso de Samuel que subió del Hades a conversar con Saúl y le dijo: mañana estarás conmigo en este lugar; y si tú lees te das cuenta que el que habla es el cronista inspirado por el Espíritu Santo, no es Saúl precisamente, no es la adivina, es el cronista inspirado el que cuenta este hecho; entonces nos damos cuenta de que a veces Dios permite que una persona cruce de una dimensión a otra, pero el que tiene las llaves, como estamos leyendo allí, es el Señor; Él es el que tiene las llaves de la muerte y del Hades. Él puede permitir que una persona entre en la muerte, que tenga una muerte clínica y llegue hasta un determinado portal y de allí no pase y Dios le concede regresar; a veces Dios puede permitirle a alguien que descienda al Hades, al Seol, al infierno, al mundo inferior y vea lo que hay allá y luego le permite regresar; pero nadie puede hacerlo porque quiere; ninguno puede cambiar de un lugar a otro; el que tiene las llaves es el Señor; sólo el Señor sabe quien puede volver y quien no, quienes van a resucitar en la primera resurrección, quienes se quedan después del milenio a resucitar en la segunda; o sea, quien controla todas las dimensiones y el paso de la una a la otra, de todas esas regiones celestes, porque se habla en la Biblia de regiones celestes, es el Señor Jesús.


Vamos a ver esa expresión en Efesios capítulo 6; el que controla todo ese tráfico de ultratumba es el Señor Jesús. Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Fíjense en esa expresión “regiones”, plural, son varias regiones celestes y en esas regiones se mueven espíritus, principados, potestades y huestes de maldad; son regiones espirituales; es decir, son varios universos paralelos; ahora, quien tiene el control absoluto es el Señor. Por ejemplo, va a haber un momento en Apocalipsis 9:1; aquí se habla de la caída de aquel gran ángel, y dice: “1El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio (no la tenía) la llave del pozo del abismo. 2Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. 3Y del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra”. Esas criaturas demoníacas estaban en el abismo y no podían salir de ahí. Ahora, cayó esa gran estrella, Lucero; y “se le dio la llave”. El que da el permiso de que salgan espíritus a molestar es Dios, el que los mantiene a distancia es Dios, y no sólo Dios, sino Cristo. “Estuve muerto; (dice Él) mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Porque Él realizó toda una obra de ultratumba después de la muerte; Él fue y predicó a los espíritus encarcelados en los días de Noé, como lo dice aquí 1 Pedro 3:18-20: “18Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; (Cristo vivificado en espíritu) 19en el cual también fue (eso fue un recorrido, “fue” en espíritu vivificado) y predicó a los espíritus encarcelados, 20los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. El Señor fue después de muerto a esa región, o sea al Tártaro, donde estaban esos espíritus malignos, aquellos hijos de Dios que vieron a las hijas de los hombres, tomaron mujeres entre ellas y engendraron gigantes y fueron por eso encarcelados; entonces el Señor fue allá y les predicó quien era Él. Ellos están allí encarcelados, esperando el juicio final, dice San Judas. El Tártaro es una prisión, pero no es la prisión de su juicio, sino que es para el juicio. Dice en la epístola de San Judas, verso 6: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. Esos son espíritus que están allá esperando el juicio; algunos no están allá; a algunos se les permite recorrer; algunos van a salir cuando aquella estrella caiga y se le dé la llave del pozo del abismo; y otros están allá esperando porque son tan terribles y lo que han hecho es tan grave que están presos y no salen de allí hasta el día del juicio; o sea, están en ese lugar.


El Hades

Volvamos a 1 Pedro, pero ahora al capítulo 4, y veamos que no solamente a estos ángeles caídos, a estos espíritus corruptos y corruptores se les predicó, sino también a los muertos; o sea, a los seres humanos que antes de la venida del Mesías habían muerto en la esperanza del Mesías y estaban en el Seol; porque en el Antiguo Testamento, antes de venir Cristo, todos los muertos iban al Seol.

Jacob dice: voy a descender al Seol a encontrarme con mi hijo José; solamente que en el Seol había una distinción, una sima que separaba donde estaba aquel rico Epulón, que le llamó a ese lugar de llamas, lugar de tormento; y la otra porción donde estaba el seno de Abraham, donde se decía que era un lugar de descanso y de consuelo; pero de todas maneras ellos estaban esperando al Mesías que los libertaría, porque ellos no podían pasar al cielo sin la muerte del Mesías, porque el velo no había sido rasgado. El Seol quedaba y queda debajo de la tierra, por eso la Biblia habla de “los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2:10); debajo de la tierra hay personas. Dice 1 Pedro 4:6: “Porque por esto”. ¿Por esto por qué? por lo que dice el verso 5: “ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos”; o sea, el Señor va a juzgar a los vivos y a los muertos; pero como va a juzgar a los muertos y muchos muertos murieron esperando al Mesías sin que llegara, el Señor tenía que presentarse a ellos, identificarse como su Salvador; de todas maneras tenía que llevar cautiva la cautividad y cuando Él resucitara tenía que abrir el paraíso, el tercer cielo.

“6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” O sea, el mismo evangelio lo predicó el Señor Jesús, a los muertos, cuando descendió al Hades.


Llevó cautiva la cautividad

Él Señor dijo: “No dejarás mi alma en el Hades”; Él fue al Hades, que es el Seol, y allí encontró a los que estaban, y por eso dice en Efesios 4:8: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad”; o sea, había personas que estaban cautivas antes de su resurrección, pero cuando Cristo murió fue y los visitó, entonces resucitó. Cuando Cristo resucitó, de los santos del Antiguo Testamento también despertaron algunos, y podemos leerlo en Mateo 27:50: “50Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51Y he aquí, el velo del templo (el que separaba) se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”. A muchos. No sólo el Señor resucitó, sino que Él llevó cautiva la cautividad, cuando el Señor ascendió. Por eso dice: “7Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. 8¿Quién es este Rey de gloria? Jehová fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla... 10Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria” (Salmos 24). Entonces también habla de las puertas del cielo; son varios niveles, como decir, un atrio, un lugar santo, un Lugar Santísimo. Entonces hay puertas de la muerte, puertas del Hades y puertas de los cielos. El Señor ascendió y llevó cautiva la cautividad; por eso le pudo decir a aquel ladrón que se arrepintió y creyó en él, a su lado: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

Por 2 Corintios 12 nos damos cuenta de que el Paraíso se refiere al tercer cielo. Allí dice el apóstol Pablo “2Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo”.

Ahora Pablo vuelve y cuenta lo mismo porque, ¿será que me entenderán el tercer cielo? Entonces repite en el siguiente verso: “3Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. Entonces nos damos cuenta de que el paraíso es el tercer cielo; en cambio el Seol es bajo la tierra. Por eso cuando Él resucitó llevó cautiva la cautividad del Seol al tercer cielo; o sea, al paraíso; por eso le pudo decir a aquel ladrón que se convirtió, que creyó: Hoy estarás conmigo en el paraíso; o sea que el Señor después de muerto visitó todas esas regiones como el Vencedor. Ahora Él es el que tiene las llaves. Por eso Él dice: Tengo las llaves de la muerte y del Hades; o sea que nadie muere cuando quiere y nadie puede quedarse cuando se tiene que ir; el Señor es el que dice quién se muere. Vendrá tiempo cuando muchos buscarán la muerte y no la hallarán, porque el Señor tiene las llaves, y aunque algunos tratarán de suicidarse, les sale el tiro por otro lado y no podrán morir. Ahora, cuando muere alguien no puede volver, a menos que el Señor quiera; Él puede permitir la resurrección de algunos, pero ¿quién tiene la autoridad? Él, Él tiene las llaves de la muerte, que tiene varias puertas y cámaras, y del Hades, que es el Seol. También se habla de puertas del Hades. Para pasar de la muerte al Hades; para salir del Hades, ya sea para volver a la tierra o para pasar al lago de fuego o para pasar al juicio; de todas maneras se habla de varias puertas, tanto de la muerte, como del Hades. Se habla de muertos en el mar, de muertos en la muerte y de muertos en el Hades, que serán entregados por cada uno de éstos, al juicio del trono blanco; y luego la muerte y el Hades serán echados al lago de fuego; por lo tanto no es lo mismo el Hades que el lago de fuego. El lago de fuego es el juicio definitivo, la muerte segunda, la separación definitiva de Dios; pero el Hades es un lugar transitorio, puede ser de tormento; era de tormento y de consuelo, pero ahora la parte de consuelo fue tomada cautiva y ahora está con el Señor en el paraíso, en el tercer cielo. El Seol es el mismo Hades, debajo de la tierra; y el tercer cielo es el paraíso, en el cielo; en cambio el Hades es debajo de la tierra.


Las cosas que son y las que han de ser

Vamos a mirar unos versos porque los dije de memoria; porque es bueno que los hermanos tengan las citas para que después no se molesten buscando. Filipenses 2:9-11: “9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, (habla de varios cielos: del primero, del segundo, del tercero) y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Allí habla también de gente debajo de la tierra que tendrá que confesar al Señor y doblar sus rodillas ante Él. Lo mismo dice Apocalipsis 5:13: “Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Ahí aparece gente debajo de la tierra y gente en el mar adorando al Señor. Todos confesarán Su nombre.

Volviendo a Apocalipsis 1 donde estamos enriqueciendo los versos con sus conexiones, dice: “17Yo soy el primero y el último; 18y el que vivo, y estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. (Quizá este amén lo diga Juan) Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Después de que le reveló Su gloria, entonces le dice (doce veces le manda a escribir a Juan en Apocalipsis, y esta es la primera): “19Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Aquí el Señor le divide en tres partes las visiones a Juan. La primera parte: las cosas que has visto.

¿Qué fue lo que él vio? El vio la gloria del Hijo del Hombre, o sea, las cosas que has visto, se refiere a la cristología. Las cosas que son, fíjense en el verso 20 cuáles son las que son; ahí están las estrellas en Su diestra en medio de los candeleros. “20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son (esas son las cosas que son) los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son (esas son las cosas que son) las siete iglesias”. Las cosas que son se refiere a la eclesiología; y las cosas que han de ser después de éstas, se refiere a la escatología. Las cosas que viste y has visto: la cristología; las cosas que son: la eclesiología, toda la historia de la iglesia, la obra del Señor, el Señor en medio de los candeleros; esos candeleros son las cosas que son, eso es lo que el Señor dijo que es lo que es; y las cosas que han de ser después de estas, se refiere a la escatología; esas cosas que han de ser después, podemos aquí a grandes rasgos ir rápido y mirar en el capítulo 4: “1Después de esto”, o sea, después de ver las iglesias, las profecías acerca del recorrido de las iglesias, “miré”, y se le muestra el panorama del mundo invisible. En el 5:1 dice: “Y vi” el trono con el Padre reclamando quién era digno de tomar el libro. En el verso 11: “Y miré”. En el 6: “1Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos”; “2Y miré”; “5Y miré”; “8Miré”; “12Miré”. En el 7:1: “Después de esto vi”. El Señor le fue mostrando y mostrando, y él estaba viendo y oyendo: las cosas que has visto y oído, Juan; y todo esto es lo que él vio. En el 7:9: “Después de esto miré”; ¿se dan cuenta? En el 9:17: “Así vi en visión”. En el 10:1: “Vi descender del cielo”. En el 12: “1Apareció en el cielo una gran señal”; “3También apareció otra señal. En el 13:1: “y vi subir del mar una bestia”. En el 3: “Vi una de sus cabezas como herida de muerte” En el 11: “Después vi otra bestia”. En el 14:1: “Después miré”. 14:6: “Vi volar”. Verso 13: “Oí”. Verso 14: “Miré”. En el 15: “1Vi en el cielo otra señal”; “2Vi también”. En el 16: “1Oí”; “13Vi salir de la boca del dragón”. En el 18:1: “Después de esto vi”. En el 19: “1Después de esto oí”; “11Entonces vi”. En el 20: “1Vi un ángel”; “11Y vi un gran trono blanco”. En el 21:1: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”, y entonces en el 22:8, resume todo: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas”. ¿Cuáles? Todas esas que recorrimos en Apocalipsis; una serie de cosas que oyó y que vio. Entonces dice en el capítulo 1:19: “Escribe las cosas que has visto”. ¿Qué era? La visión del Cristo glorificado, la Cristología consumada, “y las que son,” la eclesiología en su sentido final, “y las que han de ser después de éstas”, la escatología, la consumación de todas las cosas. “20El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”; que es lo que entraremos a ver, Dios mediante, en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis. Vamos a terminar por hoy aquí. Vamos a orar, dar gracias al Señor. ☐


Continúa con: Panorámica de las siete iglesias.

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