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13 de Julio, 2006

APROXIMACIÓN AL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 1:53, Categoría: General



APROXIMACIÓN AL

APOCALIPSIS


por:

GINO IAFRANCESCO V.


© APROXIMACIÓN AL APOCALIPSIS.
Autor: GINO IAFRANCESCO V. - 2003.
Transcriptora: Marlene Alzamora.
.


PREFACIO

El título de este libro, "Aproximación al Apocalipsis", es adrede ambiguo, pues se refiere a varias cosas al mismo tiempo. Por una parte, significa que es un acercamiento al libro bíblico; por otra, significa que también vivimos y nos acercamos a los acontecimientos descritos en el Apocalipsis; por fin, significa también que al interpretar el Apocalipsis, no pretendemos tener la última palabra, sino que estamos abiertos a mayor luz.

Este libro, "Aproximación al Apocalipsis", está formado por la serie de conferencias dadas por Gino Iafrancesco V., en reuniones de la obra cristiana llevadas a cabo las noches de los viernes, en la localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia, América del Sur, entre el 6 de julio del año 2001, hasta el 19 de octubre del año 2003. La serie de conferencias conserva el estilo oral e informal.

El autor asumió tal encargo exegético por comisión directa del Espíritu Santo, que le dijo nítidamente: -Enseña Apocalipsis-. Igualmente, en una ocasión anterior, mientras el autor enseñaba también acerca del Apocalipsis, un profeta que estaba escuchando, terminadas las ministraciones, convidó al autor a cenar y le dijo: –Mientras enseñabas, vi que un ángel venía con un rollo y una pluma y tomaba nota de todo lo que estabas enseñando; por lo tanto, debes publicar lo que el Señor te ha dado acerca del Apocalipsis.- Esto no significa que el autor se sienta infalible, sino, por el contrario, temeroso de Dios por la gran responsabilidad. Para honrar a la Iglesia de Jesucristo, e incluso al trabajo humano, se consultaron variados autores de diferentes escuelas, como consta en la bibliografía; sin embargo la exégesis final es absoluta responsabilidad del autor. Eso quiere decir que aunque se realizaron muchas consultas, no todos los autores consultados fueron necesariamente seguidos, pero sí todos respetados.

El autor agradece una vez más a la hermana Marlene Alzamora, la cual, como si fuera poco, después de haber asumido voluntaria y gratuitamente la transcripción de las conferencias del Libro de Las Jornadas, ahora también asumió, de la misma manera voluntaria y gratuita, la transcripción de las conferencias de ésta serie de Aproximación al Apocalipsis. La hermana Marlene Alzamora es diaconisa de la iglesia en la localidad de Teusaquillo. ¡Que el Señor le recompense su inmenso trabajo!, el cual permite que estas conferencias puedan llegar a un más amplio público. La trascripción fue revisada por el autor.

Quiera Dios que éste trabajo pueda servir a la reflexión del pueblo de Dios y a su preparación para la segunda venida de Jesús Cristo; que pueda servir también de testimonio a los hombres de nuestra época, y si el Señor lo quiere, también a las generaciones venideras.

Gino Iafrancesco V.



CONTENIDO


1. Introducción I: El libro de la consumación   
2. Introducción II: Autoría del Apocalipsis   
3. Introducción III: Trasmisión del Texto   
4. Introducción IV: Hermenéutica del Apocalipsis  
5. Encabezamiento del Apocalipsis   
6. Saludo del Apocalipsis 
7. El Testigo Fiel, Reino y sacerdotes  
8. Viene con las nubes   
9. La Voz entre los candeleros 
10. Visión de Cristo glorificado
11. El Misterio de las siete estrellas
12. Las llaves de la Muerte y del Hades  
13. Panorámica de las siete iglesias de Apocalipsis
14. El mensaje a la iglesia en Éfeso   
15. El mensaje a la iglesia en Esmirna   
16. El mensaje a la iglesia en Pérgamo  
17. El mensaje a la iglesia en Tiatira   
18. El mensaje a la iglesia en Sardis  
19. El mensaje a la iglesia en Filadelfia  
20. El mensaje a la iglesia en Laodicea  
21. Excursus: Libros celestes   
22. El Trono y los veinticuatro ancianos  
23. Los seres vivientes   
24. La apoteosis del Cordero 
25. Panorámica de los siete sellos del Apocalipsis 
26. La apertura del primer sello  
27. La apertura del segundo sello   
28. La apertura del tercer sello   
29. La apertura del cuarto sello  
30. Y el Hades le seguía   
31. El descenso de Cristo al Hades y al Tártaro  
32. La apertura del quinto sello   
33. La apertura del sexto sello (I)   
34. La apertura del sexto sello (II)   
35. La apertura del séptimo sello   
36. La primera trompeta   
37. La segunda trompeta  
38. La tercera trompeta   
39. La cuarta trompeta   
40. El anuncio de los tres ayes  
41. La quinta trompeta   
42. La sexta trompeta   
43. El ángel del pacto y el libro abierto  
44. Los dos testigos   
45. La séptima trompeta   
46. La Mujer y el dragón
47. la angustia del alumbramiento
48. La bestia
49. La otra bestia
50. Las primicias
51. El mensaje de los tres ángeles
52. La siega y la vendimia
53. Escena celestial previa a las 7 copas de la ira
54. La primera copa de la ira
55. La segunda copa de la ira
56. La tercera copa de la ira
57. La cuarta copa de la ira
58. La quinta copa de la ira
59. La sexta copa de la ira
60. Excursus: el tridente de Satanás
61. La séptima copa de la ira
62. La gran ramera y su sentencia (I)
63. La gran ramera y su sentencia (II)
64. Excursus: Atalía
65. La preparación de la esposa
66. La segunda venida del Señor Jesucristo
67. El Milenio
68. El juicio final
69. Cielo y tierra nuevos, la esposa, y el lago de fuego
70. La Nueva Jerusalem
71. Jaspe
72. Zafiro
73. Calcedonia
74. Esmeralda
75. Sardónica
76. Sardio
77. Crisólito
78. Berilo
79. Topacio
80. Crisopraso
81. Jacinto
82. Amatista
83. Cierre del Apocalipsis
84. Bibliografía de Aproximación al Apocalipsis
Pequeño Apocalipsis Sinóptico

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Gino Iafrancesco V.   http://cristianogiv.zoomblog.com
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A CONTINUACIÓN...


























EL LIBRO DE LA CONSUMACIÓN

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 1:28, Categoría: General



Aproximación al Apocalipsis (1)

INTRODUCCIÓN I:


EL LIBRO DE LA CONSUMACIÓN


Visión panorámica

Antes de adentrarnos en los detalles del tema de esta introducción, miremos todo bajo la perspectiva de una introducción panorámica, porque hay veces en que uno se pone a mirar un motor, pero el motor está descompuesto, desarmado, todas las piezas están sueltas, amontonadas en el suelo, y en esas condiciones es difícil saber de qué se trata el motor. Es necesario, pues, que todo el motor esté armado, que cada tuerca vaya con su correspondiente tornillo, que cada plaquita esté en su lugar, que cada resortito asimismo esté en su lugar, que todas las cosas estén relacionadas una con la otra de una manera coherente.

Antes de entrar en los detalles necesitamos inicialmente tener una visión panorámica introductoria que nos ayude a ubicarnos en el asunto central. Lo mismo ocurre cuando se va a construir, por ejemplo, un edificio; primeramente se busca el lugar y los elementos apropiados, se colocan los principales fundamentos, las columnas principales, las vigas principales, las planchas principales; luego se hacen las principales divisiones, y recién después viene el decorado.

Pero uno no puede meterse en el decorado, con los pequeños detalles, sin ver primeramente el plano general, las líneas maestras y directrices, o el esquema fundamental. Así necesitamos también entender precisamente que al libro de Apocalipsis es necesario verlo primero en relación con el programa divino, en relación con toda la Biblia, y en particular con todo el Nuevo Testamento, y particularísimamente con los escritos del apóstol Juan, y ver qué es lo que Dios quiere darnos a través de este libro; primero de una manera general, y luego sí entrando en los detalles.


En primer lugar fijémonos en la ubicación providencial que el libro del Apocalipsis tiene en el canon de las Sagradas Escrituras; aparece nada menos que al final de toda la Biblia, y el mismo título del libro, Apocalipsis, que es una palabra griega que significa revelación o develación, nos muestra como si fuera y es la culminación de todo un programa, de todo un proceso. Debemos entender que esa es la razón de la ubicación del libro providencialmente al final del canon, no sólo de los escritos de Juan y del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia.


Apocalipsis significa quitar el velo. Es como un artista que estuvo haciendo durante mucho tiempo una obra maestra y minuciosa; pero mientras se hacía, esa obra estaba oculta al público en general. Al pasar cerca a la casa del artista, podría ser un escultor o un pintor, el público a lo mejor escucharía algunos ruidos, algunos martillazos, pero no comprendería aquello, tanto para la escultura como para la pintura; a lo mejor saldría un poco de polvo por la ventana, y el público sin saber lo que estaba haciendo el artista. Pero cuando se llega el día de la inauguración, como cuando se va a quitar un velo para mostrar el busto de algún personaje importante, pues se llega a ese día final y se corre el velo y se muestra al público la obra maestra. El Apocalipsis cumple ese mismo papel.


El libro de Génesis es el libro de los orígenes; es el libro donde se siembran las primeras semillas del programa de Dios, donde se establecen las primeras pistas del propósito eterno de Dios, y donde se muestran también las primeras líneas de conducta, tanto de la descendencia de la Simiente de la Mujer, como de la descendencia de la simiente de la serpiente. En el libro de Génesis se siembran esas semillas. La primera profecía donde se nos resume lo que sería la historia está primeramente en Génesis. Pero después de haberse desarrollado a lo largo de toda la Biblia y de toda la historia, se consuma en el Apocalipsis.


El combate histórico entre las dos simientes

Dice la Palabra de Dios en Génesis 3:15:

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar".


Dios habla aquí anticipándose al programa de la historia, y le habla a la serpiente, aquella serpiente antigua, que es el diablo, Satanás, y vemos que el Señor está identificando a un personaje y a una línea de conducta que sigue a ese personaje. Como el Señor Jesús dijo después: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer" (Juan 8:44a), el Señor ya identificó a un personaje rebelde y profetizó una descendencia espiritual de ese mismo personaje, y a la vez una conducta y también un final. Dios puso enemistad entre la simiente de la serpiente y la Simiente de la Mujer. Claro que la mujer por sí sola no puede tener simiente, a menos que sea la virgen María que dio a luz sin intervención del hombre; por lo tanto realmente el Señor Jesucristo es la Simiente de la Mujer porque nació de la mujer sin intervención del varón.


De ahí que esto se trate de una lucha entre el Señor y el diablo, en la cual el Señor hiere en la cabeza a Satanás; ahí está anunciado el final; y el diablo hiere al Señor en el calcañar. El Señor le aplastará la cabeza al diablo, y al aplastársela, Él será herido, pero de todas maneras se la aplastará. La primera profecía, que podríamos llamar el proto-evangelio, nos muestra un combate entre Dios y el diablo; entre la descendencia del uno y la del otro, y un final victorioso para el Señor, revelado a través de la Simiente de la Mujer. Para obtener esa victoria tuvo que haber una herida, un sufrimiento en esa Simiente de la Mujer. Génesis aquí presenta de una manera resumida el programa de Dios a lo largo de toda la historia, y la historia misma tiene su final.


Esta misma mujer y esta misma serpiente aparecen también en Apocalipsis; solamente que en Apocalipsis ya no se nos revela algo tan simple, sino un poco más complejo. Para ilustrar mejor leamos, por ejemplo, en Apocalipsis 12:1-4:


"1Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. 3También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 4y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese".


Aquella mujer que era muy simple cuando se le mencionó en Génesis, ya ha tenido un desarrollo en el Apocalipsis. También vemos aquí la Simiente de la Mujer. La primera señal que aparece es que la mujer da a luz un hijo varón; la segunda señal es la aparición en el cielo de un dragón escarlata, que es la misma serpiente, como lo explica el versículo 9, cuando dice:


"Y fue lanzado fuera el dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él".


Ahí se nos explica que este dragón es la misma serpiente, solamente que al principio aparece de una manera muy simple; es decir, simplemente la mujer, la Simiente de la Mujer, la serpiente y la simiente de la serpiente. Pero al transcurrir el tiempo de la historia, vemos a la mujer ya vestida de sol, con la luna debajo de sus pies, con doce estrellas. Asimismo vemos la serpiente muy desarrollada, convertida en un dragón con siete cabezas y diez cuernos. Otros acontecimientos finales los vemos en los versos 15-17, que dicen:

"15Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. 17Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo".

Aquello que comenzó en el libro de Génesis de una manera simple, profética, ha tenido un desarrollo a lo largo de toda la historia, y precisamente aparece un final en el libro de Apocalipsis. Hasta ahora sólo hemos venido haciendo un esbozo de este histórico drama, pues solamente hemos visto la primera mira, y la final; como cuando se va a disparar a un blanco, hay que tener en cuenta la primera y la última mira. Si sólo miramos con la primera mira, o sólo con la segunda, no damos en el blanco; por eso debemos mirar Génesis con Apocalipsis, para descubrir cuál es la línea recta para dar en el blanco.


Cuando miramos el libro de Apocalipsis vemos que esas cabezas del dragón después aparecen identificadas con las cabezas de la bestia; así como el dragón tiene siete cabezas, también la bestia tiene siete cabezas; entonces nos damos cuenta de que las cabezas de la bestia son las mismas cabezas del dragón. Solamente que el dragón representa la parte espiritual del reino de las tinieblas, y en cambio, la bestia representa la parte política y terrenal de ese reino; y existe, además, una sincronía entre ese mundo espiritual y ese mundo natural. Por ejemplo, en el capítulo 10 del libro del profeta Daniel, aparece una lucha en los aires y se dice que aquel ángel que estuvo luchando para poder venir a darle a Daniel la revelación de Dios, tuvo que ser ayudado por el arcángel Miguel, quien luchó contra el príncipe de Persia; pero la Palabra narra que después de que el príncipe de Persia cayera, vendría el príncipe de Grecia; y eso significa que en los aires existió un principado que se llamó príncipe de Persia. Mientras ese principado demoníaco estaba reinando, en la tierra gobernaba el imperio persa. Cuando el príncipe espiritual de las tinieblas de Persia cayó, el imperio persa también cayó. Y ¿ante quién cayó el imperio persa? precisamente ante el imperio griego, que era liderado por el príncipe de las tinieblas llamado el príncipe de Grecia. Vemos, pues, que la Palabra de Dios nos revela que existe una sincronía entre el mundo espiritual y el mundo natural, entre el dragón y la bestia, las cabezas del dragón o sus príncipes y las cabezas de la bestia y los grandes líderes, o grandes imperios que están representados por esas cabezas.


 Está profetizado desde Génesis lo que entre la Simiente de la Mujer y la simiente de la serpiente se ha desarrollado en toda la historia universal; y la Palabra de Dios nos revela el trasfondo de la historia universal. ¿Qué es lo que está detrás de todos los acontecimientos? ¿Cuál es el significado último detrás de todo lo que ha acontecido en la historia? Un combate entre la simiente de la serpiente y la Simiente de la Mujer. La línea de Dios contra la línea de Satanás; al fin de cuentas eso es lo que está detrás. Pero la Biblia nos enseña que tanto Dios como el diablo tienen un objetivo, tienen un propósito.


La gran mentira del diablo

La Biblia nos habla del propósito de Dios y también nos habla de las intenciones o deseos del llamado padre el diablo; no es llamado así por nosotros, obviamente. Como citamos arriba, el Señor le dijo a ciertos personajes: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer"; ahí vemos que Jesús habló de los deseos del diablo, de los objetivos que él tiene; hay algo que él quiso. En los capítulos 14 de Isaías y 28 de Ezequiel, la Palabra de Dios nos aclara que el diablo tuvo unos objetivos; pero esos objetivos no son de Dios ni son eternos. Antes de que el diablo tuviera esos objetivos, y antes de que el diablo existiera, y antes de que existiera cosa alguna, Dios existía desde la eternidad y Dios tenía Sus propios objetivos, Sus propios propósitos, aun sabiendo que una de las criaturas angélicas, un querubín protector que Él crearía como el sello de la hermosura, se rebelaría contra Dios y tendría también sus propósitos, que están revelados claramente en Isaías 14 y Ezequiel 28. Esos propósitos satánicos consisten en que el diablo quiere ocupar el lugar de Dios. El diablo decía:

"13Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo" (Isaías 14:13-14).


Esos han sido los deseos del diablo desde el comienzo de la rebelión en el cielo; es decir, que el diablo tiene un objetivo. El quiere sustituir, reemplazar a Dios; él quiere que la criatura ocupe el lugar de Dios.

Ese principio está detrás de muchas filosofías, de muchas mitologías, de muchas religiones y de muchas rebeliones; pero ese mismo principio, "seréis semejantes a Dios", es el mismo con que el diablo ha tentado al hombre desde el principio: Vosotros seréis como dioses, conociendo el bien y el mal; y eso es precisamente lo que está detrás de la filosofía evolucionista, del hombre autodesarrollándose por sí mismo hasta llegar a ser la expresión final de la divinidad.


Pero la divinidad ya no se le llama a Dios, sino a la naturaleza, como en el panteísmo; filosofía que dice que la naturaleza tiene unas fuerzas intrínsecas evolutivas que van desarrollándose, y que esa divinidad va apareciendo en el hombre, y que el hombre es el estado más evolucionado del hilo primordial de la sustancia divina, que es el todo de la naturaleza, según ellos; y eso está detrás de las religiones, detrás de las mitologías y de las filosofías seculares. Esa es la filosofía de Hegel, de Teilhard de Chardin; esa es la pseudofilosofía del evolucionismo; asimismo esa es la filosofía del esoterismo, del gnosticismo, del cabalismo, del hermetismo, de la masonería, de la nueva era.


Todo ese principio es el mismo de la serpiente: Seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal; es decir, vosotros ocuparéis el lugar central. Esa fue la sensación que el diablo difundió, que no nació de nadie sino de sí mismo, y quiso ocupar el lugar central. En Romanos 1:21-23, Pablo lo expresa hermosa y magistralmente así:


"21Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles".


Los hombres adoraron a la naturaleza, incluido el hombre mismo, en lugar de a Dios. Es el mismo problema del diablo; él dijo: seré semejante al Altísimo. Esos son los deseos del diablo. Pero así como el diablo tiene sus propios deseos, antes de que el mismo diablo existiera y tuviera la oportunidad de rebelarse, Dios ya tenía un propósito eterno. En la Palabra de Dios son muchos los pasajes que nos hablan del propósito eterno de Dios, y que cuando Dios creó las cosas, las creó en función de Su propósito eterno.


Cuando Dios dio permiso para que existiera la rebelión, lo hizo en función de Su propósito eterno; y la providencia de Dios, que profetizó lo que sería la historia, ha estado detrás de todos los acontecimientos, llevando adelante todo el propósito de Dios, aun con la existencia de un mundo rebelde que tiene otro propósito. Y Dios permitió esa rebelión porque El quería hacer notorio lo que El reprueba, y también Su poder y Su ira contra la rebelión; y también Su gracia y Su misericordia para con aquellos de quienes se compadezca y salve e introduzca en Su Reino, en Su economía final.


Un substrato del propósito de Dios

Démosnos cuenta de que el libro de Apocalipsis está situado en un lugar donde confluye la consumación de esas dos líneas. No es cualquier libro; eso supone un libro tremendo; un libro donde todo lo que se sembró en Génesis y se desarrolló a lo largo de la historia, en la Biblia, y también después de que la Biblia cerró su canon, todo eso que estaba ya profetizado, se consuma en el libro de Apocalipsis. Ese libro contiene el destino final de aquella simiente de rebelión, y contiene también la consumación del plan eterno de Dios. En la epístola a los Efesios 1:8-12, la Palabra es tan clara, que nos ayuda a analizar las cosas, para saber qué es lo que deberíamos encontrar en Apocalipsis, porque a veces, cuando vamos a este libro, nos fijamos en las tuerquitas, en los tornillitos, en los resortitos, en el motor desbaratado, pero necesitamos ver todo eso armado y consumado. Leamos el pasaje:

"(Su gracia) 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo".


Esta gracia sobreabundante ya no se refiere solamente a la redención, al perdón de los pecados, que ya de por sí es una gracia muy abundante. "Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia"; pero tanto sobreabundó, que la gracia no se limitó solamente a la redención, porque la redención es para recuperar al hombre caído, a fin de poder Dios continuar con Su propósito eterno. El propósito final de Dios no es la salvación, pues la salvación es el medio que Dios utiliza para recuperar al hombre, para alcanzar su propósito final. El propósito final de Dios va más allá de la redención y la salvación, y por eso dice aquí que a la gracia la hizo sobreabundar más allá de la redención, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, o sea, sabiduría e inteligencia que provienen de la gracia y en relación con el propósito eterno de Dios; y eso se extiende dándonos a conocer el misterio de Su voluntad, porque Dios tiene una voluntad. Todavía muchos dicen: ¿Cómo es que vinimos acá? ¿para qué vivimos? ¿será que el mundo por acá tiene algún sentido? Eso es lo que algunos están concluyendo. Sin embargo, a la Iglesia, no a la universidad, no a la ciencia secular, a la Iglesia, no por medio de sus propios esfuerzos, sino por la revelación divina, a la Iglesia le es dado a conocer el misterio de la voluntad divina; cuál es el objetivo que Dios se propuso en Sí mismo; para qué creó; para qué permitió la rebelión; para qué salvó, y dónde terminará todo el desarrollo de la historia. Esto se lo revela Dios a la Iglesia. Lo que a Dios le plació desde la eternidad, se lo propuso como un objetivo, y no habrá diablo que pueda estorbar a Dios en Su propósito eterno, Sus objetivos. En el verso diez dice que se propuso en Sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, dándonos en forma resumida el substrato del Apocalipsis, porque Apocalipsis es la consumación del plan de Dios, y aquí en Efesios se nos está diciendo cuál es ese plan.


Es decir, que a través de la llave de este versículo, vemos el substrato fundamental o esquemático de Apocalipsis. Reunir significa tomar lo que estaba disperso, lo que sin estar en este lugar, a los pies de Cristo y en función de Cristo, no tendría razón de ser. Téngase en cuenta que el diablo también quiere reunir. Si entendemos esta primera consideración panorámica, después vamos a entender otras muchas cosas con relación a la religión, a la política, a la economía; pero aquí se habla de reunir todas las cosas en Cristo, en cambio el diablo quiere reunir todas las cosas pero no en Cristo, sino alrededor de sí mismo. El diablo en sus deseos quiere sentarse en el monte del testimonio, poner su trono sobre las estrellas del norte y hacerse semejante a Dios, y para eso necesita también reunir, pero reunir alrededor de sí mismo; en cambio el Señor quiere reunir alrededor de Cristo. A quien ama el Padre por sobre todas las cosas es al Hijo, porque antes de que existiera la creación, sólo existía la Trinidad, y el Padre amaba al Hijo, y el Padre quiere la preeminencia del Hijo sobre todas las cosas. La creación fue hecha para el Hijo; la redención es para darle al Hijo un Reino; el Hijo está en el centro del corazón del Padre, pero el diablo quiere ocupar ese centro.


Si entendemos esto, se nos va a afinar el discernimiento acerca de los acontecimientos actuales; porque sabemos que existen dos fuerzas en combate, en el cual prevalecerá la del Señor, aunque sea muy aparente la del diablo. Es más aparente un dragón con siete cabezas que una mujer con un niño, pero sin embargo es el niño de esa mujer, la Simiente de la mujer, quien prevalecerá contra el dragón, sus cabezas y sus cuernos.


Cuando en Efesios se nos dice "de reunir... en la dispensación del cumplimiento...", en el griego dice: "en la economía de la plenitud de los tiempos". Esta palabra economía, que en este pasaje se traduce dispensación, en otros pasajes se traduce administración, en otros se traduce mayordomía, comisión, edificación. La palabra economía viene de unas palabras griegas, oikos (οίχος), de donde viene la palabra española hogar, que quiere decir casa, y nomos (νόμος), de donde viene la palabra española norma, que significa ley; de donde oikonomía significa la ley de la casa, la norma del hogar; es decir, la administración del Reino. Entonces dice que Dios quiere reunir todas las cosas en Cristo en la economía de la plenitud del cumplimiento del tiempo.


Cuando habla de los tiempos, en plural, significa que la historia ha recorrido varias etapas; pero al contrario de lo que piensan los griegos, que el tiempo es una cuestión cíclica que se repite ciegamente, o de lo que piensan algunos que creen en el azar, que no hay ningún sentido en la historia, sino que las cosas surgen en la historia de una manera desbocada, que no tienen ningún sentido, la Palabra de Dios revela que la sucesión de los tiempos, de las etapas, de los períodos de la historia, tiene un sentido, que detrás de la historia hay una mano providente y gobernante, que es la de Dios, y que Dios está dirigiendo el sentido de cada período de la historia; que cuando un período de la historia se ha dado, ha conseguido una primera plataforma, una primera escala o eslabón de un programa definido que Dios tiene, de reunir en Cristo todas las cosas. Dios gobierna la historia en función de Cristo. Cuando después o través de cierto tiempo Dios establece una base, entonces se entra en un segundo período, después en un tercero, luego en un cuarto, y esas sucesiones de períodos vienen hacia el cumplimiento y finalización o consumación de la economía divina, en la cual el Hijo de Dios tiene la preeminencia, pues todas las cosas están ordenadas alrededor de Su Hijo, teniendo en cuenta que Su Hijo le da sentido a la realización de todas las cosas. El Hijo está en el centro del corazón del Padre, y el Padre le entregó la creación, y por ende la historia. La historia discurre en función del Hijo, porque la creación es en función del Hijo; el Hijo es quien ocupa el lugar central. Por eso cuando entramos a Apocalipsis, encontramos el trono de Dios. La parte sobresaliente de Apocalipsis no son los cuernos de la bestia sino el trono de Dios, el cual es la parte central; la Jerusalén de Dios. Dios en Su cúpula, en Su Lugar Altísimo, y el Cordero es Su lumbrera, y la gloria de Dios a través del Cordero y de Su Esposa, siendo la capital del universo.

Todas las cosas reunidas alrededor de Cristo, expresando la excelencia de Cristo. Dios el Padre ama tanto al Hijo, que quiso darle a El todas las cosas para que disponga de ellas y las administre, y sea el mayordomo de la plenitud. Por eso se le llama economía del cumplimiento de los tiempos, o dispensación del cumplimiento, o plenitud de los eones, de las eras, de los tiempos.


La Iglesia en el propósito de Dios

Un hecho importantísimo es que en este propósito eterno de Dios en el que el lugar central lo ocupa el Hijo de Dios, el Cristo, el Señor Jesús, la Iglesia juntamente con Cristo ocupa también un lugar central, como esposa de El que es, como coherederos que somos los hijos de Dios con Él; por eso en el verso 11 de Efesios 1 dice que en Él, o sea en este Cristo alrededor del cual Dios quiere reunirlo todo, en Él asimismo, así como Dios quiere reunirlo todo alrededor de Cristo, Dios quiso que este Cristo fuese un Cristo corporativo, un Cristo que se incorpora en Su Cuerpo que es la Iglesia, y que hace a los miembros de Su Cuerpo, herederos con Él de todas las cosas, que es una verdad que queremos resaltar por su importancia. De manera que la Iglesia ocupa con Él un lugar central en el plan eterno de Dios.

Esa es la razón por la cual el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, termina con la Nueva Jerusalén, con la esposa del Cordero, que asimismo se identifica con la Iglesia. Así como la Jerusalén terrenal tenía en las afueras un basurero donde iban a para todas las cosas inservibles, para quemarlas con fuego, ubicado en el Valle de Hinom, de donde viene la palabra Gehena, de la misma manera la Jerusalén de Dios tiene en las tinieblas de afuera su basurero, el lago de fuego que arde con fuego y azufre, donde estará Satanás y sus ángeles, y los perdidos que le siguieron; es decir, todo lo que era inservible a la causa y propósito de Dios va a parar al basurero que estará en las afueras. Por eso es que el Apocalipsis termina con un juicio de esa línea maligna en el lago de fuego, pero con la consumación del objetivo de Dios en la Nueva Jerusalén.


"En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas...". Dios tiene un propósito, y Él escogió personas y las predestinó para que alcancen ese propósito, y precisamente para eso hizo la redención, para recuperar esas personas de su caída y poder alcanzar lo que Él se propuso en Él, en Cristo, en ese Cristo central, en el Cristo preeminente alrededor del cual Dios el Padre reúne todo. Asimismo como Cristo, la Cabeza, también el Cuerpo tiene herencia; fuimos hechos coherederos conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de Su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En estos versos de Efesios que hemos venido desglosando está el substrato básico, la esencia de Apocalipsis, porque esta es la revelación de lo que es el objetivo de Dios, y Apocalipsis es la expresión, la revelación ya más detallada de esa culminación del programa de Dios. Si entendemos esta visión panorámica, vamos a entender después mucho mejor los detalles.


Visión panorámica de la economía divina. Asimismo es importante detenernos un poco en esta visión panorámica en lo relacionado con la teología y la economía divina. La teología que se ocupa del estudio y profundización de la Palabra de Dios en general, tiene también un orden formal, sistemático, que es la Teología Sistemática, la cual no se atraganta con un montón de temas inconexos. Por eso se le llama sistemática; en cambio la exégesis hace el examen de cada texto para sacar su sentido. La Teología Dogmática es la que relaciona las verdades traídas por la exégesis. La dogmática no estudia por textos, por autores, por pasajes en orden, por libros, por versos, por raíces, sino que su estudio lo hace por temas.


La Teología Exegética estudia por autores, como la colección de las epístolas paulinas, e incluso haciendo las subdivisiones como las epístolas primeras, las epístolas de la prisión, las epístolas pastorales; el paso siguiente sería empezar con Romanos, sus principales secciones, luego todo el primer capítulo, pasaje por pasaje, verso por verso, frase por frase, y si es necesario, palabra por palabra, y aun raíz por raíz de esa palabra; todo eso lo hace la exégesis. La exégesis se encarga del estudio del libro, lo ubica, y puede comenzar por estudiar la raíz de la palabra, el sentido del versículo, el contexto del capítulo, el lugar que ocupa en toda la epístola, y lo que Dios nos quiere decir a través de Pablo en esa epístola, incluso del aporte paulino en todas sus epístolas. Ya tenemos la teología paulina.

Después se hace lo mismo con Pedro, obteniendo la teología petrina; después hacemos lo mismo con Juan, y tenemos la teología juanina.

Luego tomamos toda la teología de los autores del Nuevo Testamento y tenemos la teología neotestamentaria. De esa manera hacemos lo mismo con la teología del Antiguo Testamento, y tenemos la Teología Bíblica que surge de la exégesis.


La Teología Dogmática es la antesala de la Sistemática; como hemos dicho, la dogmática no estudia por libros, por autores, por pasajes, sino por temas. A la dogmática lo que le interesa es Dios, el plan de Dios, la creación de Dios, los ángeles, el diablo, los demonios, el hombre, la caída, el pecado, la salvación, Cristo, el Espíritu Santo, la Iglesia, las últimas cosas; o sea que estudia los grandes temas y las verdades reveladas y proclamadas. A eso es a lo que en la Biblia, en su versión original se le llama dogmática. Cuando leemos la Biblia en español, allí no encontramos la palabra dogma, pero en el original griego sí está. Cuando se reunió el Concilio de Jerusalén, y llegaron a una conclusión y la escribieron, después que llegaron a las iglesias, dice aquí en la traducción Reina Valera de 1960, que enviaron la carta con las ordenanzas de los apóstoles. Pero en el original griego, la palabra que aquí se traduce ordenanza, como en otras partes que se traduce edicto, decreto, acuerdo, orden, es la palabra griega dogma (ϐογμα) apostólico, surgido del concilio apostólico de la Iglesia en Jerusalén; o sea, el primer concilio. De esa palabra bíblica, dogma, surge lo que es la dogmática. La Teología Dogmática es el estudio de los grandes temas; ya no es el estudio de los grandes textos, pues de eso se encarga la exégesis para que surja la Teología Bíblica. Cuando estos temas se ponen en orden en una secuencia lógica y coherente, entonces se arma un sistema completo. La Iglesia no solamente tiene que tener mensajes sueltos de una cantidad de cosas, como si nos estuviéramos comiendo un sancocho, sino que la Iglesia tiene que ordenar esos temas en una gran cosmovisión que demuestre cuál es el consejo de Dios. Por esa razón Pablo hablaba de que no había rehuido anunciar a la Iglesia todo el consejo de Dios.


El consejo de Dios es la cosmovisión coherente, lo que el salmista en el Salmo 119:160 dice: "La suma de tu palabra es verdad"; y de ese versículo es de donde surgieron los nombres de los grandes sistemas teológicos, y que por eso en la Edad Media se les llamaba “la Suma Teológica”, que se deriva de la palabra latina summa, que significa totalidad, como las que escribieron Tomás de Aquino y Alberto Magno.

 La de Tomás de Aquino es una obra monumental donde no está tratando un tema u otro, sino que se mete con los grandes temas y los ordena en un sistema. Por eso se dice que Tomás de Aquino fue un teólogo que en el siglo XIII sistematizó todo el dogma católico de su tiempo. Al unir esos grandes temas en un sistema, surge la Teología Sistemática. Así como de la exégesis surge la Teología Bíblica, de la dogmática, la cual se encarga de realizar los estudios por temas, al relacionarlos en sistema, surge la Teología Sistemática.


La Teología Sistemática es la presentación ordenada y coherente del cuerpo de la verdad o de la suma de la Palabra.. Dentro de la Teología Sistemática, y precisamente en honor de su nombre, existe una secuencia de varios temas, y el último justamente tiene que ver con Apocalipsis, dentro del contexto de la Escatología. Lo primero que Dios ha revelado en la Biblia es acerca de Sí mismo; por lo tanto el primer gran tema de la Teología Sistemática es Dios mismo. La teología propiamente dicha, lo que se llama Teología Propia, es la materia que se ocupa del ser de Dios, de los atributos de Dios, de los nombres de Dios, de Su eternidad, de Su espiritualidad, de Su personalidad, de Su infinitud, de Su amor, de Su unidad en Trinidad, etcétera. Solamente es Dios el contenido de esta gran materia, o sección, o asignatura de la Teología Sistemática, que es la teología
propiamente dicha, o Teología Propia.


Pero Dios no solamente ha revelado algo acerca de Sí mismo, sino que ha revelado algo acerca de Sus planes, porque una cosa es lo que El es en Sí mismo y para Sí mismo, y otra es lo que El planea para con Su creación. Antes de llegar a la creación misma había unos planes, y Dios ha revelado en las Sagradas Escrituras el contenido de Sus planes: Cuál es Su beneplácito, cuál es Su voluntad, cuál es Su propósito, cuál es el plano, el programa para llevar adelante ese propósito en el futuro; la presciencia de Dios o el conocimiento anticipado de todas las cosas que Dios tiene para escoger según esa presciencia, y para predestinar a esos escogidos, y para bendecir con Su gracia con un decreto antes de la fundación del mundo, de manera que Sus escogidos, predestinados, alcancen el propósito; y ha ordenado las cosas, y tiene lo que la Biblia llama un consejo determinado, una mano providente que dirige todas las cosas a ese propósito. Todos esos capítulos forman parte de una especie de segunda gran materia de la Teología Sistemática, que es la Divina Teleología; es decir, tratado acerca del telos, o la voluntad (θἑλημα), el propósito; esa palabra, telos, no significa fin en el sentido de terminación, sino de objetivo, meta, propósito. Después de la teología propiamente dicha, viene la Divina Teleología.


Luego de Dios haber hablado de Sí mismo y de Sus planes, también ha hablado acerca de la creación. Dios se ha revelado allí. ¿Qué es la creación? ¿Cómo se originó? ¿Cómo está? ¿Qué le ha pasado? ¿Qué sentido tiene? ¿Cómo hay una creación invisible? ¿Cómo hay una providencia de Dios que sostiene esa creación? ¿Cómo hay una concurrencia de Dios como causa primaria, con las causas secundarias de lo que se produce en la naturaleza? O sea que Dios ha revelado algo acerca de la creación, y eso constituye la materia llamada Cosmología Bíblica.


Pero después de Dios revelar acerca de Sí mismo, de Sus propósitos, de Su creación, y empieza a desglosar un poco más sobre la creación, entra en el mundo invisible, en las principales criaturas de ese mundo, en los ángeles, y entonces surge esa gran materia que se llama la Angelología. Entre esos ángeles hubo un querubín, Lucero, que se rebeló, y surge la Satanología; pero como no se rebeló él solo sino que se llevó la tercera parte de los ángeles, entonces surge la Demonología, siendo esas dos materias derivaciones de la Angelología. De todo esto ha hablado Dios en la Biblia.

Pero vienen las criaturas del mundo visible, de las cuales la principal es el hombre. Dios ha hablado en la Biblia acerca del hombre; de la misión del hombre conforme al propósito de Dios; del diseño del hombre conforme a la misión que Dios le ha encomendado; de la constitución del hombre, de su espíritu, de su alma y de su cuerpo; de cómo cayó el hombre, y cómo afectó la caída el ser del hombre, tanto en lo individual como en lo familiar y en lo cultural, y cómo ha sido restaurado. Todo ese tema y lo que se relaciona con él, es el contenido de esa gran materia que se llama Antropología Bíblica. Así como existe una antropología secular, que trata de interpretar al hombre en su origen y su sentido desde el punto de vista humano, existe una antropología revelada, la bíblica, que nos enseña lo que Dios dice acerca del hombre, de su origen, de su misión, de su estado, de sus fines, etcétera.

Vemos que, al igual que aquel querubín, el hombre también cayó, y surge otro gran tema de los que Dios habló muy claro en Su Palabra. Dios ha revelado con mucha claridad en la Biblia acerca del pecado, acerca del mal, todo lo relativo al por qué Dios permitió el pecado; qué efectos ha tenido el pecado, cómo tiene que ser tratado el pecado, etcétera. Todo esto pertenece a una materia de la Teología Sistemática llamada Hamartiología, porque la palabra pecado en el griego se dice hamartía (ἁμαρτία); es por eso que el tratado acerca de la hamartía o el pecado, la doctrina del mal, es la Hamartiología.

Ahora, ¿cómo trata Dios con esa condición caída? Entonces viene la Cristología, que, como su nombre lo indica, nos habla de Cristo.

¿Quién era Cristo antes de la fundación del mundo? ¿Qué parte tuvo Cristo no sólo con el Padre en la eternidad, sino también en el propósito de Dios, en la creación de Dios, en la redención de parte de Dios, en el juicio y en el Reino de parte de Dios? Y nos habla también sobre todo de lo relativo a la persona de Cristo antes de la encarnación, su kenosis (χενοσις), o despojamiento, Su concepción en el vientre de la virgen María, Su gestación y nacimiento, Su crecimiento en estatura y en gracia y sabiduría, las pruebas que tuvo, Su muerte, Su resurrección, Su ascensión, Su ministerio celestial, Su segunda venida; todo lo referente a Cristo es lo que trata la Cristología. Asimismo, todo lo referente al Espíritu Santo lo registra la Pneumatología, del griego pneuma (πνεμα), viento, espíritu.

La Cristología y la Pneumatología son las bases de la Soteriología, que es la materia que se ocupa de la salvación, porque Cristo y el Espíritu Santo vinieron para sanar y salvar. Todo lo que la Biblia habla de la salvación, todo ese gran contenido de revelación bíblica, se llama Soteriología, que viene de la palabra griega sotería (σωτηρία), que significa salvación. De modo que ya tenemos a Cristo, al Espíritu Santo y la salvación, y surge la Iglesia, que es tan importante para Dios, porque la Iglesia es la esposa de Su Hijo, todos los salvados. El Señor dice frases profundísimas con palabras sencillísimas, y en una parábola muy sencilla, solamente al inicio de esa parábola dice: "El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo..." (Mateo 22:2). En una frase muy sencilla narra de un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo. Aleluya. ¡Qué profundidad en esa frasecita! El rey está revelando al Soberano Dios que promueve estas bodas, y está revelando el propósito eterno de Dios; hacerle bodas a Su Hijo.

Está mostrando la centralidad de Cristo y está revelando el sentido de la Iglesia, que es la esposa de ese Hijo para esas bodas; una frase tan sencilla y a la vez tan profunda; entonces surge esa gran materia acerca de la esposa de ese Hijo, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, que es la Eclesiología; porque la Iglesia es el vehículo de vanguardia que usa la Cabeza del universo que es Cristo, el cual no sólo es Cabeza de la Iglesia. El es Cabeza sobre todas las cosas, dado a la Iglesia, y es Cabeza de todo principado y potestad, y Cabeza de toda la creación. Asimismo es Cabeza de todo varón, soberano de todos los reyes de la tierra. Y como Cabeza, El tiene un Cuerpo; a El le fue dado una esposa, y todo lo que la Biblia habla acerca de la Iglesia, el lugar de la Iglesia en el propósito eterno de Dios, el origen de la Iglesia, la naturaleza de la Iglesia, las profecías y la tipología acerca de la Iglesia, la administración de la Iglesia, el gobierno de la Iglesia, el funcionamiento de la Iglesia, el ministerio de los miembros del Cuerpo de Cristo, que es mucho lo que la Palabra de Dios habla sobre este tema, todo eso lo trata esa gran materia que se llama Eclesiología.


La última de las grandes materias de la Teología Sistemática y que precisamente encuentra su sentido en el Apocalipsis, es la Escatología; es la materia que se ocupa de las últimas cosas, de la consumación, porque el Dios eterno que tenía un propósito y que providentemente se ha movido detrás de la historia y ha hecho una gran obra de salvación a través de Su Hijo y por Su Espíritu, lo ha hecho con un sentido final y ese sentido final es para cada criatura y para todas las criaturas en una sola historia. Entonces aquella materia que se ocupa de las últimas cosas en relación a cada criatura, sobre todo las criaturas humanas, lo relativo a su propio fin, su muerte, ultratumba, el cielo o el infierno, y también el fin de la historia y las etapas para ese fin, las profecías acerca de Dios, de Cristo, de la Iglesia, de Israel, de las naciones, de la creación, de la gran tribulación, del arrebatamiento, del milenio, de la Nueva Jerusalén, todo eso es el contenido de una final materia de la Teología Sistemática, que es la Escatología. De manera que la Escatología se va a colocar al fin del estudio sistemático de la teología; y el Apocalipsis, que es el libro de la Biblia que corona todo el texto sagrado y todo el programa de Dios, es también el libro que le suministra el material fundamental a la Escatología.


El Apocalipsis es un libro muy importante; no es un libro suelto, ni profecía suelta, sino que es nada menos que la coronación de toda la Palabra de Dios, tal como ha sido revelada en las Escrituras, y tal como ha sido entendida y revelada por la teología. El Apocalipsis es también la culminación y coronación de la misma teología; o sea que no es cualquier libro; es un libro precioso, profundo. El Apocalipsis mismo atribuye su autoría al apóstol Juan, corroborado por los escritos de la Iglesia primitiva en su corriente tradicional. El apóstol Juan es el último de los doce apóstoles del Cordero que quedó. El Señor Jesús le había dicho a Pedro: "Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras" (Juan 21:18).


Ahí le estaba revelando el Señor con qué muerte habría de morir; y la historia dice que Pedro fue llevado cautivo y crucificado y dijo que no era digno de morir como nuestro Señor, que lo pusieran boca abajo, y así fue como murió el apóstol Pedro, boca abajo o con las piernas para arriba. Existen libros apócrifos y existe un Apocalipsis de Pedro que es considerado apócrifo, que trata de unas supuestas experiencias de ultratumba y visiones acerca del cielo y del infierno. Cuando el Señor Jesús le estaba diciendo las anteriores palabras a Pedro, el apóstol vio que detrás venía Juan y le preguntó al Señor: "Señor, ¿y qué de éste?", refiriéndose a Juan. Dicen los versículos 22 y 23 que: "22Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?".

A ese discípulo, Juan, el Señor se le apareció para revelarle todos los acontecimientos del libro de la consumación de las cosas.


De manera que los escritos de Juan son los que completan toda la Biblia; su evangelio completa a los sinópticos, sus epístolas fueron las últimas en ser escritas, y el Apocalipsis cierra toda la revelación bíblica. ☐


Continúa con Introducción II: Autoría del Apocalipsis

AUTORÍA DEL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 1:19, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (2)

INTRODUCCIÓN II:


AUTORÍA DEL APOCALIPSIS


"1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas, que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.../... 9Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla de Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.../... 22:8Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas" (Ap. 1:1,9; 22:8.).

Alta crítica

Ya terminamos el estudio sobre el Libro de las Jornadas, y ya desde bastante tiempo había tenido una dirección del Espíritu del Señor para compartir con los hermanos, con los que quieran estar voluntariamente, una serie sobre el Apocalipsis. En una ocasión casi la comenzamos; no se dio esa vez, pero la dirección sí la recibí del Señor. Me acuerdo de una vez en que fui invitado a donde el hermano Holbert y estuve dando una serie de introducción al Apocalipsis, y uno de los pastores allí, de los hermanos, cuando terminé la serie, me llamó aparte, me invitó a cenar, y cuando estaba cenando me dijo: Hermano Gino, cuando usted estaba tratando esos temas, el Señor me mostró que un ángel vino con un rollo y con una pluma y tomaba nota de lo que usted estaba enseñando, y yo entendí que usted tiene que publicar esas cosas que estaba enseñando. Eso me lo dijo él en privado en una cena; entonces yo pienso que con la ayuda del Señor, si Él nos ayuda, quizás estemos en el momento de considerar ese libro. Yo lo había guardado en mi corazón, pero algunos hermanos se acercaron a mí, e inclusive sin saber eso, me lo pidieron también; y yo dije: quizá sea una señal de que podamos comenzar esa serie. Les ruego sus oraciones porque ninguno de nosotros es suficiente, especialmente para una cosa tan delicada como esa; pero confiamos que el Señor, si Él nos coloca ahí en la arena, Él nos va ayudar. No pensamos decir la última palabra ni todas las palabras, sino hacer un aporte particular de un miembro del cuerpo, que ustedes completarán también con otros hermanos; entonces no pensamos dar la última palabra, sino solamente aquello que el Señor ponga en el corazón.

Ustedes ven hoy en esta mesita, que tuve que ponerla para colocar unos documentos de la iglesia primitiva, que aquí están los escritos de aquellos hermanos que tuvieron contacto directo con los apóstoles, que algunos han dado en llamar los padres apostólicos; también está la colección de las apologías escritas durante los tiempos de la persecución a la iglesia primitiva escrita por los apologetas, una colección de sus defensas; también está la obra "Contra las herejías" de Ireneo de Lyon, que fue discípulo de Policarpo en la iglesia de Esmirna, y que a su vez, Policarpo, conoció a Juan . Cuando Juan recibió el Apocalipsis tuvo que entregarlo a los ángeles de las siete iglesias, a las siete iglesias; y precisamente una copia fue a Policarpo.

Ireneo era uno de los que estaba sentado a los pies de Policarpo recibiendo el testimonio que Policarpo daba del Señor Jesús y de la comunión estrecha que había tenido con el apóstol Juan. También tengo aquí los volúmenes de la obra de Eusebio de Cesarea, la historia eclesiástica, donde hay muchos datos de la iglesia primitiva.


Antes de entrar propiamente en la consideración exegética del libro del Apocalipsis, yo quisiera hacer una introducción de lo que se suele llamar "Alta Crítica"; o sea, lo que tiene que ver con: quién es el autor del libro, cuáles son las pruebas históricas de que eso es así y qué problemas han surgido; cuestionamientos a lo largo de la historia y cómo han sido tan refutados. De manera que la iglesia debe conocer estas cosas, porque en cualquier momento los hermanos se tropiezan con terribles corrientes de incredulidad y de escepticismo que circulan por toda la tierra; los hermanos a veces no se chocan con esas corrientes, pero de pronto un día se chocan con ellas y necesitan tener estas cosas claras. Por eso permítanme, antes de entrar directamente en la exégesis del libro, hacer una introducción al mismo. Vamos a ver cuatro versos iniciales en el libro de Apocalipsis que están en el capítulo 1 y también después en el capítulo 22. Quiero llamarles la atención inicialmente, con el propósito de introducción, a 4 versos.

Apocalipsis 1:1-2, dice así:

"1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto".

Interesante es esa última frase del verso 2: "las cosas que ha visto".

El apóstol Juan usaba mucho esa frase. Ustedes recuerdan en la primera epístola del apóstol Juan, donde él habla en un lenguaje parecido. Les invito a leerlo conmigo, porque es muy bueno desde el principio, ver la semejanza en el lenguaje, la semejanza en las palabras. Dice 1 Juan 1 desde el verso 1:


"1Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de Vida 2(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); 3lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. 4Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido".


La autoría de Juan

El objetivo es que nos gocemos en la fe que viene de recibir el testimonio de Dios por medio de los apóstoles. Lo que hemos visto, testificamos, lo que hemos oído. Allí dice: ha dado testimonio de las cosas que ha visto. Es el lenguaje típico de Juan hablando del Logos, del Verbo, como aparece tanto en el evangelio, como en sus epístolas, como en el Apocalipsis. Dios escogió que Juan escribiese, que contara esa experiencia de revelación de Jesucristo, que fuera su siervo. Este es Juan el apóstol, de los doce apóstoles; Juan el hijo de Zebedeo y de Salomé, hermano de Jacobo, y primo del Señor Jesús; porque Salomé era hermana de María. Entonces en el versículo 4 de Apocalipsis 1, dice: "Juan"; no necesita ese Juan ponerse otros apellidos porque era bien conocido; él simplemente dice: Juan; era un Juan conocido por las iglesias en el Asia Menor. "Juan, a las siete iglesias que están en Asia". Es decir, a ellos, él inicialmente les escribió este libro, esta profecía; él tuvo la experiencia, y el Señor le dio la orden que enviara esta profecía a las siete iglesias que están en Asía. Por eso los testimonios más antiguos en la historia de la Iglesia, acerca del Apocalipsis de Juan, son los que provienen de esa región del Asia Menor: de Efeso, de Esmirna, de Sardis, de Hierápolis, que queda ahí al lado de Laodicea, y en fin; son los testimonios más antiguos acerca del Apocalipsis; éstos comenzaron a darse allí en el Asia Menor.

En aquella época los libros no circulaban como ahora; hoy en día hay cantidades de imprentas, hay internet, y una cosa que hoy se pone en una página web ya en el mundo entero se sabe; en aquel tiempo había que escribir rollo por rollo con mucho trabajo y se circulaba a pie, o en caballo, o en camello y las cosas eran muy lentas y así los libros fueron expandiéndose de una manera muy lenta, pero se fueron expandiendo; y cuando uno estudia las huellas de la transmisión del Apocalipsis en la historia, uno se da cuenta de que realmente los testimonios más antiguos comenzaron en el Asia Menor y fueron extendiéndose justamente en el Asia Menor, que es como decir un lugar central en los tres continentes, y de allí comenzó a extenderse más hacia el occidente; por fin fue llegando hacia el oriente, bien al oriente, donde se tardaron bastante en aceptar el Apocalipsis, porque como les voy a contar hoy, y les voy a leer, se presentaron algunas cuestiones históricas que impidieron que algunas personas tuvieran acceso al Apocalipsis, y que estuvieran abiertos a él. Gracias a Dios que la Palabra de Dios prevaleció sobre todos los problemas, sobre todas las resistencias que Satanás le puso; porque Satanás siempre le pone muchos problemas especialmente al Génesis y al Apocalipsis, que son los libros que revelan su principio y su fin.


Entonces son dos libros tremendamente atacados por Satanás; y entonces estamos aquí identificando al autor humano; lógicamente que es una revelación divina, pero a través de un ser humano, sin anular al ser humano, usando a ese ser humano, tal como él es, usándolo con su personalidad, usándolo con su lenguaje, con su estilo, usándolo con su condición humana; y esto lo digo muy a propósito por lo siguiente: porque la gramática griega del Apocalipsis es una gramática sui géneris; en el autor no era el griego su primera lengua; su autor hablaba arameo porque Juan hablaba en arameo, y él no solamente hablaba en arameo, sino que también pensaba en arameo y hacía las frases conforme a la sintaxis en arameo, y el arameo es muy diferente al griego. Hay cosas que en la gramática y en la sintaxis se llaman "los casos"; entonces, por ejemplo, a veces el pronombre, si es plural, tiene un plural en la conjugación del verbo.

Por ejemplo, en inglés y en español; en inglés no hay esa diferencia; en inglés los verbos regulares, si tú hablas el yo, o el tú, o el nosotros, o ellos, o vosotros, la conjugación es la misma; en español sí tenemos diferencia; por eso cuando un norteamericano está tratando de hablar en español, pues lógicamente que él a veces dice: yo estar muy contenta. El yo, es él, estar, no concuerda estar con yo, porque él dice: yo estoy; pero él no es español, entonces él usa la conjugación que no concuerda con el pronombre y a veces, el género; él es hombre y dice "contenta", porque como fulana dijo que estaba contenta, entonces él también está contenta y pone en femenino lo que era en masculino. Pero aun siendo así, nosotros entendemos perfectamente y Dios nos habla a nosotros como somos. Si las personas son del pueblo, entonces hablan en un lenguaje popular y Dios las usa en su lenguaje popular. Por ejemplo, el griego de Marcos es un griego koiné muy popular, porque Marcos era una persona popular; entonces él cuenta, inspirado por el Espíritu Santo, conforme a su personalidad, y Dios lo usa como él es; porque ¿quién dijo que sólo los que han leído mucho se pueden comunicar? ¿o que sólo para ellos es el lenguaje? no; Dios usa a todos los hombres así hablen como hablen; si habla chino, si habla ruso o si habla mezclado, lo importante es que es una persona limpia usada por Dios y con su personalidad; entonces Marcos escribe con una gramática popular; Lucas, en cambio, era un médico, un gran lector y un hombre muy culto; entonces él habla con un lenguaje casi clásico, un koiné clásico; así también Juan, cuando escribió Apocalipsis, él estaba solo; él lo escribió en un lenguaje de un Juan que era pescador; él no era un escritor clásico y además él no estaba escribiendo en arameo, sino que estaba escribiendo en griego; estaba solo y no tenía quien le ayudara.


Si ustedes se dan cuenta de cómo el Señor permite que eso sea así, en Hechos 15 quiero mostrarles algo. Dice en Hechos 15 que después de que el sínodo apostólico y presbiterial en Jerusalén llegó a una conclusión, se escribió una carta; entonces dicen los versos 22-23:

"22Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos, varones y enviarlos a Antioquia con Pablo y Bernabé; a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; 23y escribir por conducto de ellos".

Asuntos de cultura griega

Tenemos aquí a Silas. La palabra Silas es una contracción de la palabra Silvano, así como Pacho es una contracción de Francisco, como kiko una contracción de Francisco, como Lucas es una contracción de Lucano, como Epafras es una contracción de Epafrodito; así Silas es una contracción de Silvano. Este Silvano era un hermano culto; y los apóstoles, que eran personas del pueblo, pero llenas del Espíritu Santo, acostumbraban dictar sus cartas; aún Pablo se las dictaba a Tercio; y aquí los apóstoles la dictaron a Silvano. La carta era de los apóstoles, pero Silvano escribía con buena gramática.

 Vamos, pues, a las dos cartas de Pedro. Ustedes se van a dar cuenta de que entre la primera y la segunda carta de Pedro hay una diferencia, pues la primera fue escrita de Pedro por conducto de Silvano, y la segunda por Pedro solo; es por eso que la gramática griega de la primera epístola de Pedro es muy culta, y la gramática griega de la segunda de Pedro es más popular; y por eso algunos han pensado que el autor no es el mismo Pedro y quieren rechazar la segunda, simplemente porque consideran el griego de la primera más culto que el de la segunda; pero ¿qué fue lo que pasó con la primera?

En 1 Pedro 5:12, dice Pedro: "Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente". Vemos que Silvano era un hermano culto; así como entre  nosotros hay hermanos que tienen buena gramática, buena ortografía, entonces les pedimos si nos hacen una transcripción; nos la ponen bien; puntos, comas; nos hacen bien las cosas; nosotros, a veces, hablando de manera informal, dejamos una frase por la mitad, y él termina la frase y la hace correcta; lo mismo sucedió en la iglesia primitiva. Silvano era un escriba de los apóstoles; era también un apóstol con Pablo, era un hombre culto, y los hermanos lo apreciaban y le pedían que escribiera lo que ellos decían; ellos eran inspirados por el Espíritu Santo y él lo escribía con un lenguaje culto. Por eso la primera epístola de Pedro, es de Pedro, pero se le nota la gramática de Silvano. Ya en la segunda no estaba Silvano, de manera que se le nota más a Pedro cuando escribe solo. Lo mismo sucede con el Apocalipsis.

El Apocalipsis tiene una gramática que era aramea expresada a través del griego, como si un gringo hablara en castellano, porque el griego no era el lenguaje de Juan; el lenguaje de Juan era el arameo; sin embargo, no hay libros tan sublimes como éstos de la Biblia, y éste del Apocalipsis es donde se termina toda la revelación; y Dios escogió a un pescador para hablar Su palabra y coronar Su palabra a través de un Juan en que el griego era apenas su segunda lengua y estaba por allá preso sin quien lo ayudara. Sin embargo, Dios usó a Juan como es Juan, y le damos gracias a Dios por eso, y eso explica lo sui géneris de la gramática griega de Apocalipsis. Claro que después vinieron unos escribas, cuando fueron copiando el Apocalipsis; por eso surgen variantes, porque le adaptaron un poco: Yo estar con yo estoy; bueno, por eso al compararse unos manuscritos con otros, tú notas unas variantes de acomodación de los géneros, de los números, etc.; pero de todas maneras eso en las copias posteriores y en las traducciones no se nota. En las traducciones tú no notas las diferencias de estilo de Lucas y de  Marcos, de Moisés, de Pablo, sino que todo es del mismo traductor; pero en la Biblia original sí se nota. Dios nunca le quitó las características al hombre, sino que lo utiliza así como es él.


Yo recuerdo que el hermano Branham era un hermano también de extracción popular. Dios lo usó mucho; tanto lo usó el Señor, que los hermanos querían que las grabaciones aparecieran exactas, así como él decía. ¿Por qué? porque los hermanos no querían que se le pusieran retoques gramaticales y hacerlo muy bonito, sino así en toda su crudeza que apareciera; y así ustedes leían los primeros folletos que publicaban muy pulidos, pero después los hermanos dijeron: No, ¿qué tal que en ese pulir haya una traición a la idea? No, así con toda la crudeza nos cuentas las cosas; y hermanos, ¿no tiene derecho el pueblo a hablar? ¿Acaso es solamente algún hombre de la Academia de la Lengua el que tiene derecho a comunicarse? No, Dios no tiene ese concepto, Dios se comunica a través del ser humano como el ser humano es; lo que importa es que le entiendan. Y no estamos hablando para rebajar la categoría de nadie cuando hacemos la diferencia entre lo popular y lo clásico; solamente para mostrar el hecho, pero no para rebajar a las personas, porque Dios no las rebaja y Dios las usó así; entonces las respetamos y las recibimos como de Dios. Toda la palabra es inspirada por Dios. Eso, pues, era necesario decirlo al respecto.


De manera que ese Juan no necesita otro apellido; y eso lo digo también muy a propósito por algo que voy a tener que decir después; porque es que hay algunos que han querido negarle la autoría del Apocalipsis a Juan, o del evangelio, o de las cartas, o de alguna de las cartas. Ha habido mucha lucha en el campo de la alta crítica modernista liberal. Se necesita hacer estas introducciones para poder poner los parapetos cuando los hermanos se encuentren con esas corrientes escépticas y antagónicas; por eso me detengo en esto.

Entonces fíjense en Apocalipsis 1:4: "Juan, a las siete iglesias". Era un personaje tan conocido, que no tuvo ni siquiera que decir: Hijo de Zebedeo, ni de Salomé, ni hermano de Jacobo; era el Juan que había sobrevivido a los demás apóstoles y que estaba ahí; era simplemente Juan. Luego en 1:9, dice: "Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo".

Se ve que había conocido a Jesucristo de cerca, conocía la paciencia de Jesucristo. Muchas personas tienen la imagen de un Dios ogro, pero él conocía la paciencia de Jesucristo. "Estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo". En la isla de Patmos fue donde este Juan, el apóstol Juan, recibió esta revelación y la escribió sin la ayuda de Silvano. No sabemos si en los próximos libros le hayan podido ayudar en Efeso, pero aquí en Patmos estaba solo. En el capítulo 22, también aparece el autor de este libro, que es el apóstol Juan; 22:8: "Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas". Es el estilo típico de Juan: lo que hemos visto y oído, ya sea que hable con la ayuda de Silvano en el evangelio y sin la ayuda de él en Apocalipsis, es su estilo y sus palabras: Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas; o sea que el que escribió este libro fue el apóstol Juan.


En el capítulo 1, cuando estaba comenzando la revelación, él ya recibió esta orden del Señor. El Señor le dijo: "Escribe en un libro lo que ves"; esa fue la elección del Señor, que fuera Juan, y le mandó a escribir. Al Señor no le importaba si Juan hablaba arameo y no griego, y tenía que mandar eso a iglesias que hablaran griego, y lo hizo muy bien. "11Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea". De modo que Juan el apóstol en la isla de Patmos recibió una revelación de Dios que se le dio a Jesucristo, que se la envió por un ángel al apóstol Juan, y le ordenó enviarla a siete iglesias específicas del Asia Menor, que son las de estas ciudades: Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Como les dije al comienzo, lo más lógico era que los primeros testimonios del texto, las referencias más antiguas al Apocalipsis, y los documentos manuscritos, pergaminos más antiguos, provinieran de aquellas regiones; y justamente así ha sido. Después de que murió Domiciano, el emperador, que fue el que condenó a Juan a la isla de Patmos, entonces por un año subió un sucesor suyo llamado Nerva, que inmediatamente hizo sacar a Juan de la isla de Patmos, y él volvió a Efeso y allá continuó haciendo la obra del Señor teniendo como centro de la obra la ciudad de Efeso; y justamente, es de la iglesia de Efeso de donde surge el testimonio más antiguo acerca de la autoría del Apocalipsis por el apóstol Juan.


Testimonio de Justino Mártir

En la iglesia de la ciudad de Efeso hubo un hombre de Dios muy famoso en la antigüedad, muy respetado, que se llamó Justino Mártir.

 Se llamó así porque él fue martirizado; y él era un filósofo y fue martirizado por otro filósofo, amigo de un emperador filósofo. ¡Qué paradoja! Este hombre, que era un filósofo, había nacido en Samaria, en la ciudad de Siquem, que hoy se llama Nablus o Nablusa o Neápolis, que son las diferentes pronunciaciones de la misma palabra: Neápolis, Nablusa, Nablus; es lo que era la antigua Siquem en Samaria; ahí fue donde nació Justino, y él empezó a leer filosofía. Él estuvo pasando por todas las escuelas filosóficas; Dios quiso que así fuera; y él se fue corriendo hacia el occidente, y se estableció por fin en Efeso, y allí conoció al Señor y se hizo cristiano. Los filósofos en aquella época usaban su manto de filósofo, y él comenzó a predicar el evangelio como si fuera un filósofo porque la gente iba a donde él a oír filosofía, y él aprovechaba eso para evangelizarlos. Luego se trasladó a Roma, y en una casa cerca de unos baños públicos, él estableció su lugar de predicación, y los que querían iban a oírlo allá, hasta que el filósofo Junio Rústico, amigo del emperador Marco Aurelio, lo mandó a llamar para obligarlo a él y a sus compañeros, que eran como siete hermanos, entre ellos una hermana llamada Caridad, y los obligaron a la idolatría después de hacerles unas preguntas; ellos se confesaron claramente cristianos; tenían que hacer sacrificios a los dioses; como ellos no los hicieron, por tanto ese filósofo los mandó a azotar  y a decapitar, y ellos fueron fieles con grande alegría; pusieron su vida por el Señor. Por eso se le llama "Justino mártir". Él vivió en la primera parte del siglo II, y escribió por ahí por los alrededores del año 135 a más tardar, cuando había la persecución contra los cristianos. Justino es llamado "El príncipe de los apologetas", porque en esa época de persecución de los emperadores romanos y del imperio romano a los cristianos, entonces algunos hermanos escribieron apologías o defensas del cristianismo y se las enviaron al emperador Marco Aurelio, o a Antonino Pío, o a los otros emperadores. Esas apologías se recogieron en este volumen que tengo acá, donde está la colección de esas defensas de los cristianos primitivos; y Justino escribió unas apologías y escribió también un diálogo con un judío famoso llamado Trifón, con el cual él tuvo un diálogo, que después Justino redactó. Entre los judíos, parece ser llamado el Rabino Tarfón; Trifón se le dice en el griego. Justino, que vivía en la ciudad de Efeso, escribió ese diálogo con Trifón en la ciudad de Efeso, en la primera parte del siglo II, a más tardar en el año 135. Les voy a leer aquí una partecita de lo que él escribió, donde aparece el testimonio más antiguo, aparte del Apocalipsis mismo, donde se dice que este Libro de Apocalipsis lo escribió el apóstol Juan.


Voy a leerles aquí en el Diálogo con Trifón, después de que él ha citado aquí unas palabras del profeta Isaías; él leyó aquel pasaje de Isaías, donde habla cómo va a ser el reino venidero, aquello de que el cordero comerá paja con el león, etc; entonces después de citar esas palabras de Isaías a Trifón, dice Justino:


"Lo que en estas palabras, pues, se dice, dije yo, "porque según los días de los árboles, serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán las obras de sus manos", entendemos que significan misteriosamente los mil años, porque como se dijo a Adán que el día que comiera del árbol de la ciencia del bien y el mal, moriría; sabemos que no cumplió los mil años; entendemos también que hace también a nuestro propósito aquello de que un día del Señor es como mil años; además, hubo entre nosotros un varón por nombre Juan, uno de los apóstoles de Cristo, el cual en revelación que le fue hecha, profetizó que los que hubieren creído en nuestro Cristo, pasarán mil años en Jerusalén y que después de esto vendría la resurrección universal y para decirlo brevemente, la eterna resurrección y juicio de todos unánimemente; lo mismo vino a decir también nuestro Señor: No se casarán, ni serán dadas en matrimonio, sino que serán semejantes a los ángeles, hijos que son del Dios de la resurrección; porque entre nosotros se dan hasta el presente carismas proféticos, de donde vosotros mismos debéis entender que los que antaño existían en vuestro pueblo han pasado a nosotros".


Hasta aquí una cita textual de Justino Mártir, donde hablando del milenio, en ese contexto él hace una referencia antiquísima, apenas a comienzos del siglo II, cuando él vivía en Efeso. Hubo entre nosotros un varón llamado Juan, de los apóstoles de Cristo, que recibió una revelación; y hace una referencia al Apocalipsis. Vemos aquí, pues, la referencia más antigua al Apocalipsis conocida hasta ahora, hecha por un líder de la iglesia primitiva en el siglo II.


Testimonio de Papías

Tengo aquí también otras referencias que hacer: uno de los discípulos directos del apóstol Juan fue Papías de Hierápolis. Hierápolis era una ciudad que quedaba cerca a Laodoicea y a Colosas. Esas tres ciudades, si ustedes las miran en el mapa del Asia Menor, están cerquita una de la otra; casi como decir: Suba, Bosa, el antiguo Tiguaque, que es San Cristóbal; o sea que es una región más cercana que este Distrito, pero quedaban muy cerca la una de la otra; entonces para ver esa cercanía, vamos allí a la epístola a los Colosenses; allí el apóstol Pablo hace referencia a estas tres iglesias.

Colosenses 2:1: "Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro"; o sea, los que estaban allí cerca de Laodicea; y en 4:13 dice: "Porque de él doy testimonio (de Epafras o Epafrodito, que es la contracción de Epafras) de que tiene gran solicitud por vosotros (los de Colosas), y por los que están en Laodicea, y los que están en Hierápolis". Esas tres localidades: Colosas, Laodicea y Hierápolis, estaban cerca, y ellos se visitaban, de tal manera que Pablo más adelante les dice en el verso 16: "Cuando esta carta (la de los Colosenses) haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses"; o sea que la carta que le envié a los Laodicenses, léanla también ustedes, y la que le envié a ustedes, Colosenses, hágansela leer a ellos; porque estaban muy cerca; no había carro, no había internet, no había avión, pero podían ir a pie, o en burro; entonces podían hacer eso. ¿Se dan cuenta de que Hierápolis quedaba ahí cerca? Ahí en Hierápolis vivió el diácono y evangelista Felipe y también las hijas de Felipe; puesto que él tenía cuatro hijas profetizas. Justamente Papías, que era un discípulo de Juan, había conocido a Felipe y había oído varios de los testimonios de la tradición antigua de las mismas hijas de Felipe, y Papías dice algunas cosas. Yo quisiera leerles algo de lo que dice Papías para que los hermanos tengan esas noticias de la iglesia primitiva. Justamente, una mala interpretación que se hizo de unas palabras de Papías, de ella se agarraron primero unos herejes y luego unos escépticos; no es exactamente lo mismo, pero están trabajados por el diablo para tratar de decir que había otro Juan y que no fue Juan el apóstol el que escribió esto.


Voy a leerles algunas de las palabras de Papías. Tengo aquí los fragmentos de Papías. Papías escribió una obra en cinco rollos que se llamó "Exégesis de los Logiones del Señor", que era una explicación de los dichos, de las sentencias del Señor Jesús. Después los libros fueron llamados Los Exotéricos; no los esotéricos con ese, sino con equis; son los mismos cinco libros de Papías; esos libros sobrevivieron hasta cierto tiempo; luego se perdieron, pero algunos fragmentos de Papías sobrevivieron. Ireneo lo cita, Eusebio lo cita, Apolinar de Hierápolis, que fue sucesor de Papías, lo cita, Andreas de Cesarea los cita a ellos. Ustedes saben que en Cesarea hubo una gran biblioteca que formó Orígenes. Orígenes, cuando fue a Cesarea formó una gran biblioteca que luego, cuando él murió, la continuó Pánfilo, y en esa biblioteca él procuró recopilar todo lo posible de los cristianos anteriores, y gracias a la biblioteca de Orígenes completada por Pánfilo, Eusebio de Cesarea pudo escribir la historia eclesiástica que tenemos acá, donde nos da las noticias de la iglesia primitiva; gracias a esa biblioteca. Andreas de Cesarea también cuenta algunas noticias de Papías; o sea, tenemos los dichos de Papías que han sobrevivido.

No sobrevivieron todos los libros, pero sobrevivió algo de su historia; son muy importantes para la Iglesia los testimonios de Papías, porque algunos de los evangelios, en sí mismos, ellos son anónimos. Hoy sabemos que el evangelio de Mateo lo escribió Mateo por el testimonio que dio Papías. Sabemos que el evangelio de Marcos lo escribió Marcos porque el testimonio de eso lo dio Papías, que lo oyó del mismo apóstol Juan. El apóstol Juan fue el que leyó el evangelio de Marcos y le dijo a sus discípulos que Marcos no había mentido en nada de lo que había escrito; eso lo escribió Papías. De manera que muchas noticias importantes para conocer los autores de los libros de la Biblia nos vienen a través de Papías; aunque no sobrevivieron los cinco volúmenes de Exotéricos o de exégesis de los dichos del Señor, por lo menos, los fragmentos que sobrevivieron han sido muy importantes. Por eso quiero leerles algo de Papías.  Dice Ireneo, citando a Papías:


"Cuando también la creación renovada y libertada fructificará muchedumbre de todo género de comida, del rocío del cielo y de la fertilidad de la tierra, a la manera que recuerdan los ancianos que vieron a Juan, discípulo del Señor".


¿Quién está hablando aquí? Está hablando Ireneo. Ireneo era de la iglesia en Esmirna cuando la presidía Policarpo, que fue quien recibió el Apocalipsis de mano de Juan, porque el Señor le dijo: Envíalo a la iglesia de Esmirna y a las otras; pues el que estaba al frente de la iglesia en Esmirna era un discípulo de Juan que fue el que quedó haciendo trabajo apostólico cuando éste murió; el que quedó haciendo esa obra que hacía Juan fue Policarpo; entonces el mensaje del Señor por Juan lo recibió Policarpo; pero Policarpo tenía un joven de la iglesia de Esmirna que era Ireneo. Este Ireneo es el que escribe estas cosas. Él dice así:


"La manera que recuerdan los ancianos que vieron a Juan (entre ellos están Policarpo y Papías), discípulo del Señor, habérselo oído a él , de qué modo enseñaba y hablaba el Señor de aquellos tiempos".


Se refiere a los tiempos del reino milenial; entonces, pone comillas para citar las palabras del Señor transmitidas por Juan y transmitidas por Papías y por Policarpo; ahora las está transmitiendo Ireneo, así:

"Vendrán días en que nacerán viñas que tendrán cada una diez mil cepas, y en cada cepa diez mil sarmientos, y en cada sarmiento diez mil ramas, y en cada rama diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y de cada grano prensado dará veinticinco metretas de vino, y cuando alguno de los santos tomare uno de aquellos racimos gritará: yo soy mejor, tómame a mí, bendice por mí al Señor.

Igualmente se dará un grano de trigo que producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano dará cinco libras de flor de harina clara y limpia, y así de los demás frutos y semillas y hierba, conforme a la conveniencia de cada uno, y todos los animales, que usando de aquellos elementos que se reciben de la tierra, se convertirán en pacíficos y unidos entre sí, sujetos a los hombres con toda sujeción. Esto atestigua también por escrito Papías, discípulo que fue de Juan y compañero de Policarpo, varón antiguo, en el cuarto de sus libros, pues, tiene en efecto compuestos cinco libros, y añadió diciendo: «Ahora bien, estas cosas son creíbles para los creyentes»; se lo decía el Señor; y como Judas, el traidor, no creyera y preguntara: entonces ¿cómo serán llevadas a cabo por el Señor tales producciones? Respondió el Señor: lo verán los que lleguen a aquellos tiempos".


Mas adelante voy a leerles otras cosas acerca de Papías. Esto lo dice Eusebio conservando fragmentos de Papías:


"Mas de Papías, cinco son en número los escritos que corren de su nombre, titulados: Explicación de las sentencias del Señor. (Es una traducción del título). De éstos hace también mención Ireneo, como los únicos por él escritos, en los siguientes términos: «Esto atestigua también por escrito Papías, discípulo que fue de Juan y compañero de Policarpo, varón antiguo, en el cuarto de sus libros», porque fueron por él compuestos cinco libros, que es el testimonio de Ireneo".


Tergiversaciones en tiempos de Eusebio de Cesarea

Voy a saltar unas palabras aquí de Eusebio, porque Eusebio toma unas palabras de Papías y él les da una interpretación equivocada a esas palabras, y a raíz de esas palabras equivocadas, otros se equivocaron; porque parece que Eusebio no era milenarista, entonces hubo a partir de cuando ya el cristianismo comenzó a conquistar el Estado, y ya Eusebio de Cesarea era amigo de Constantino, quienes empezaron a entender prácticamente que lo del milenio era una cosa alegórica, aquella profecía del Apocalipsis, y comenzaron a no tomar en cuenta las palabras del Apocalipsis en forma literal. Comenzó, pues, a surgir un sentimiento en contra de los que ellos llamaron "milenaristas". Juan habló en Apocalipsis del milenio, de manera que Papías hablaba del milenio, Ireneo hablaba del milenio, Melitón de Sardis hablaba del milenio; aquí aparece también Apolinar de Hierápolis, que hablaba del milenio, Tertuliano de Cartago hablaba del milenio, Victorino de Petavio hablaba del milenio, Lactancio hablaba del milenio; todos estos eran los líderes cristianos primitivos que eran milenaristas. Como también Montano, que era un líder de los alrededores del año 150, y era bastante entusiasta, como decir un pentecostal bien clásico, y que ellos enfatizaban las profecías y los dones del Espíritu, y a veces algunos o algunas se iban a los extremos, y como Montano creía también en el milenio y en el Apocalipsis, entonces, lógico, en reacción contra los excesos entusiastas de Montano surgieron algunas reacciones contra el montanismo; pero como el montanismo era literalista y se basaba en el Apocalipsis, entonces comenzaron a rechazar a los hermanos que creían en el milenio literal y los consideraban los herejes kiliastas, de kilo, de mil, de milenio. Después ya no sólo rechazaron a la interpretación milenarista, sino que rechazaron incluso el Apocalipsis, porque el Apocalipsis era el que daba pie para eso. Comenzó, pues. a surgir, en una vertiente, un rechazo al libro del Apocalipsis, porque decían que el Apocalipsis era prácticamente el culpable de la "herejía" de los mil años y todas esas cosas. Entonces en Roma, por el año 210, uno de los presbíteros de Roma, que se llamaba Cayo de Roma, él escribió contra Montano, y en sus escritos contra Montano y el montanismo también atacó al milenarismo y atacó al Apocalipsis; entonces uno que había aprendido de Ireneo, que se llamaba Hipólito de Roma, escribió una obra contra Cayo, refutando de una manera tremenda todo lo que era el ataque antiapocalíptico y antimilenarista, siendo él un hombre ortodoxo. A partir de la obra que escribió Hipólito contra Cayo de Roma, siendo Hipólito también de Roma, un anciano en Roma, desde allí, en occidente, gracias a la intervención de Hipólito se respetó mucho el Apocalipsis.

Del Asia Menor se difundió mucho por occidente, y los ataques que se levantaron contra el Apocalipsis y contra el milenarismo fueron acallados por la obra de Hipólito en el occidente; pero como las obras no circulaban tan rápido, por allá en el oriente, por Georgia y por Armenia, se demoraron mucho en aceptar el Apocalipsis, y heredaron después ese escepticismo de los alegoristas. Los alegoristas, que no querían hablar de un milenio literal, no sólo rechazaron la interpretación literal, sino que rechazaron el libro mismo del Apocalipsis. Si es muy delicado para el que le saque una parte al libro, cuánto más sacar el libro entero. Quitarle un pedazo o agregarle es delicado, cuánto mas delicado es quitar el libro entero. Fue, pues, Hipólito el que hizo la defensa en su libro contra Cayo de Roma en el año 215.


Otro que escribió y usó el Apocalipsis fue Metodio. Ya estamos citando algunos de los testigos antiguos que son: Justino Mártir, Papías de Hierápolis. Estoy aquí con dificultad de leerles todo el material que hay; además que no quiero leerles a Eusebio sin darles la explicación, porque él tuvo unas cuestiones que él interpretó mal. Él era amigo de Constantino y él era arriano, de manera que estaba en un bando un poco delicado. A partir de la interpretación de Eusebio a unas palabras de Papías, comenzaron a quitarle el valor al Apocalipsis y a quitarle la autoría del Apocalipsis al apóstol Juan; y después le quitaron al apóstol Juan no sólo la autoría del Apocalipsis sino también de las cartas y después del evangelio.


Otro que hizo eso fue otro hereje que se llamaba Marción. Marción incluso conoció personalmente al apóstol Juan, y el apóstol Juan percibió su espíritu y no lo recibió en la comunidad en Efeso; entonces Marción se fue para Roma, y él decía que el Dios del Antiguo Testamento era un demiurgo, y que el Padre de nuestro Señor Jesucristo era otro Dios, y  rechazaba todo lo que era judaico; y como en el Apocalipsis hay muchas cosas que tienen raíces en el Antiguo Testamento, rechazó el Apocalipsis por judaico. Marción sólo aceptaba una parte mutilada del evangelio de Lucas y algunas de las epístolas de Pablo; eso era todo su Nuevo Testamento. Ireneo tuvo que combatir a Marción; Papías tuvo que combatir a Marción, Tertuliano tuvo que combatir a Marción, que fue el primer gran hereje que hubo en este tiempo. Después de Marción surgió un grupo herético que se llamaba "los álogos"; o sea los contrarios al Logos, y también eran contrarios al Apocalipsis, y como el Apocalipsis circulaba mucho, ellos comenzaron a hacer circular la mentira de que el Apocalipsis no lo había escrito Juan sino Cerinto, que era otro hereje.


El diablo ha luchado desde el principio contra el Apocalipsis. Yo quería que ustedes supieran eso porque a lo mejor un día les toca también enfrentar esas corrientes. ¿Por qué? porque esa línea que introdujo Marción, hereje, y continuaron los álogos, grupo herético, después fue introduciéndose poco a poco en personas que no eran tan heréticas.

Después Dionisio de Alejandría por el año 256, como él sí era un gran escritor del griego, empezó a criticar la gramática popular del Apocalipsis y empezó a dudar de la autoría de Juan porque veía que el evangelio era un poco más culto, así como la primera epístola de Pedro es más culta que la segunda, porque en la segunda ya no tiene la ayuda de Silvano, y además que el evangelio de Juan es bastante posterior en varios años al Apocalipsis y ya Juan había aprendido mejor el griego; en esas cosas se basaban los que ponían dudas.

Eusebio se basó en las dudas de Dionisio y las aceptó y en base a eso continuó la corriente de los rechazadores del Apocalipsis y los rechazadores de la autoría de Juan el apóstol. Luego Cirilo de Jerusalén tomó la misma línea de Eusebio y lo mismo hicieron las iglesias de Armenia y Siria hasta más o menos el año 500. En el año 600 la canonicidad misma del Apocalipsis prevaleció sobre los que la habían rechazado, pero en el oriente se demoró mucho la aceptación del Apocalipsis por esos conflictos que hubo. En occidente se aceptó gracias al trabajo de Hipólito que defendió el Apocalipsis en una obra contra Cayo de Roma.


Otro dato donde se habla del Apocalipsis está en Melitón de Sardis; pero fíjense en que Sardis era otra de las iglesias a las que fue dirigida el Apocalipsis, y justamente uno de los líderes que hubo en Sardis fue Melitón. Melitón de Sardis escribió incluso un comentario al Apocalipsis; él escribió una obra sobre el diablo y el Apocalipsis de Juan; parte de esa obra ha sobrevivido y ha sido citada por otros.


Quiero, pues, leerles algunas de las cosas ya con la introducción de las citas que hace Eusebio de Papías; pero habiéndoles hecho la explicación. Ustedes van a notar que Eusebio, que era una persona culta, arriano y alegorista, que rechazaba la literalidad de las cosas, y que  andaba en la corte de Constantino, habla de una manera despectiva de Papías; pero Ireneo que lo conocía, habla de una manera respetuosa de Papías; e Ireneo era anterior como en dos siglos a Eusebio; por eso es bueno saber esto. Sigue diciendo ahora Eusebio citando a Papías:


"A decir verdad, Papías mismo, en el proemio de sus discursos no afirma de modo alguno haber sido oyente de los sagrados apóstoles (esa es una mentira de Eusebio; es una mentira que demuestran otros escritores que se refirieron a Papías; pero aquí ya se nota que él está en contra de Papías, porque él es amilenarista); ni haberlos personalmente visto, sino que enseña por las mismas expresiones de que se vale, que recibió lo tocante a la fe de los que fueron familiares de los mismos apóstoles, y no tendré inconveniente...".


Ahora el que habla es Papías. Esta cita la hace Eusebio de Papías; ahora es Papías el que habla. Esta es la cita de Papías que malinterpreta  después Eusebio; entonces por eso hago el énfasis para que no se confundan. Ahora va a hablar Papías; esta cita malinterpretada fue la que provocó que hasta hoy los modernistas usen y aparece en muchos comentarios bíblicos, diccionarios bíblicos; aparece incluso en notas al pie de varias versiones de la Biblia que son modernistas o latinoamericanas. Como los hermanos se pueden encontrar con eso, necesitan conocer toda esta historia para no ser enredados. Ahora dice Papías:


"Y no tendré inconveniente en ofrecerte ordenadas a la par de mis interpretaciones, cuantas noticias un día aprendí muy bien y muy bien grabé en mi memoria, seguro como estoy de su verdad, porque no me complacía yo como hacen la mayor parte, en los que mucho hablan, ni en los que recuerdan los mandamientos ajenos, sino en los que por el Señor fueron dados a nuestra fe y que proceden de la verdad misma; y si se daba el caso de venir algunos de los que habían seguido a los ancianos, (desde ya llamo la atención a que Papías llama "ancianos" a los apóstoles, porque como también va a hablar del anciano Juan, algunos dicen: miren que aquí dice anciano Juan, no apóstol Juan; entonces supuestamente el anciano Juan era distinto que el apóstol Juan; pero desde ya les llamo la atención a que en el lenguaje de Papías él llama ancianos incluso a los apóstoles; y como el mismo Pedro dice: yo anciano también con ellos), si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos, yo trataba de discernir los discursos de los mismos ancianos (o sea que si los que habían oído a los apóstoles decían algo, entonces él procuraba ver qué era lo que era de los apóstoles, y no de los que lo transmitían); ¿Qué había dicho Andrés? ¿Qué Pedro? ¿Qué Tomás o Santiago o Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor? y lo que dice ahora... (habla en presente. Lo que decían en el pasado, menciona a éstos; y ahora en presente, es como quien dice: ahora todavía hay unos que no han muerto y que siguen en pie). Lo que dicen Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor; porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente".


Fíjense en que Papías quería saber lo que había dicho el Señor, según lo que decía Andrés, lo que decía Felipe, lo que decía Juan, y él procuraba oír acerca de ellos; pero también él oía directamente ahora en vida, a Juan y a Aristión.  Entonces aquí Papías hace dos menciones de Juan. Primero menciona que él procuraba oír lo que ellos habían dicho en el pasado, según los que le habían seguido; entonces él les indagaba, qué fue lo que dijeron Andrés, Juan, Mateo; pero ahora pasa al presente:  "Y lo que ahora dicen Aristión y el anciano Juan".  Entonces Papías hace dos menciones de Juan; una en  pasado, lo que decía cuando todavía estaba vivo Andrés, Santiago, Felipe, Juan y Mateo; y ahora lo que al presente, dijo Papías, seguía diciendo Juan, discípulo del Señor.  Debido a las dos menciones que hace Papías, en este pasaje, de Juan, Eusebio de Cesarea interpretó que uno era Juan el apóstol y el otro era otro Juan; no entendió que está hablando lo que hablaban en pasado y lo que ahora el mismo Juan habla en presente; las dos menciones de Juan no son dos Juanes; son el mismo Juan; pero lo que hablaba cuando estaban en vida los compañeros de él y lo que todavía en tiempo de Papías seguía hablando Juan con Aristión. Papías era un hombre que procuraba tener todos esos datos y los copiaba y hacía la exégesis; por eso a raíz de estas palabras de Papías, Eusebió lo mal interpretó más adelante, y por eso voy a saltarme el comentario de Eusebio; después ustedes lo pueden leer, pues eso lo van a encontrar por todas partes; así que yo estoy enfatizando el testimonio de Papías como directo escuchador de Juan.


Otros fragmentos de Papías

Aquí también hay otros fragmentos de Papías que han sido citados, algunos por Eusebio, otros por Apolinar; entonces Andrés de Cesarea, que es aquella Cesarea donde estaba la biblioteca de Orígenes, decía lo siguiente de Papías y Apolinar de Hiérapolis, no de Laodicea, que fue otro posterior. Apolinar de Hiérapolis fue como un sucesor de Papías. Ellos cuentan algunos datos de Judas Iscariote que contó Papías; dice:

"No murió en la cuerda Judas, sino que sobrevivió por haberse soltado antes de ahogarse y esto ponen de manifiesto los hechos de los apóstoles, habiéndose hinchado, reventó por medio y se derramaron sus entrañas".


Y luego aquí comienza a explicar la muerte de Judas, que fue terrible; dice que llegó a hincharse de tal manera que ya no se le veían ni los ojos, y se pudrió y le salieron gusanos y la carne se derramó en la tierra, de tal manera que el lugar donde murió olía tan feo que nadie podía pasar por ese lugar. ¡Cosa terrible! Eso lo cuenta aquí Papías de Judas. Luego, miren lo que dice aquí este Andreas de Cesarea, respecto del Apocalipsis. Este testimonio es importante; dice así:

"Creemos que es superfluo alargar el discurso acerca de la divina inspiración del libro (es decir, el Apocalipsis de Juan), cuando atestiguan que es digno de fe, los bienaventurados Gregorio el teólogo y Cirilo, y además entre los más antiguos: Papías, Ireneo, Metodio e Hipólito".

Andres de Cesarea está refiriéndose al testimonio de los más antiguos: Papías, Ireneo, Metodio e Hipólito y un poquito después de ellos: Gregorio y Cirilo, a favor del Apocalipsis escrito por el apóstol Juan. Estas son citas bien antiguas.


Para terminar, quiero hacerles unas citas literales de Ireneo; voy a leerles algunos pasajes; dice: "He aquí, ¿por qué dice Juan en el Apocalipsis, su voz era como el ruido de muchas aguas?". Aquí está citando el Apocalipsis como de Juan; eso es en el libro "Contra las Herejías" que escribió Ireneo, que era de Esmirna. Sigo leyendo otro pasaje aquí: "Juan dice en el Apocalipsis, que el incienso son las oraciones de los santos"Vemos que está atribuyéndole el Apocalipsis a Juan. Luego en otro pasaje dice: "Como dice Juan en el Apocalipsis, se abrió el templo de Dios". Otra cita de Ireneo, dice:


"También Juan el discípulo del Señor en el Apocalipsis asiste a la venida del reino glorioso y sacerdotal; me voltee, dice él, para ver la voz que me hablaba y cuando me voltee, vi siete candeleros de oro y en medio de ellos, parecido al Hijo del Hombre, vestido de una larga túnica y con el cinto de oro a la altura del pecho; y su cabeza y sus cabellos eran blancos, como lana blanca, como la nieve; sus ojos eran como llamas de fuego; sus pies semejantes a cobre abrasado en fuego; la voz de él era como la de muchas aguas; su mano derecha aseguraba siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos y su rostro era brillante como el sol, en lo máximo de su fulgor".


Hace una cita bastante amplia del Apocalipsis de Juan, diciendo: esto dice Juan, el discípulo del Señor, en el Apocalipsis. Esas son varias de las citas. Voy a leer una más de Ireneo. Dice:


"Una revelación más clara todavía acerca de los últimos tiempos y de los diez reyes entre los cuales será dividido el imperio que ahora domina  fue hecha por Juan, el discípulo del Señor, en el Apocalipsis, explicando lo que eran los diez cuernos vistos por Daniel".


Y luego hace la cita. Nos damos cuenta de cómo Ireneo, que fue un discípulo de Policarpo, que a su vez fue un discípulo del apóstol Juan, está atribuyéndole directamente el Apocalipsis a Juan. Justino lo hace, Papías lo hace, Melitón de Sardis lo hace, Ireneo lo hace, Teófilo de Antioquia también en un libro que escribió "Contra las herejías de Hermógenes" lo hace, Clemente alejandrino lo cita en varios libros también en el año 200; Orígenes hizo un comentario y cita a Juan en varias partes.


En Milán se encontró, del año 170 más o menos, lo que se llamó "El Canon de Muratori". Muratori fue como decir el arqueólogo que encontró ese canon en Milán, donde aparecía para esa época tan temprana, un canon de las Escrituras del Nuevo Testamento y ahí estaba incluido el Apocalipsis del apóstol Juan; ya lo menciona el canon que descubrió Muratori en la biblioteca Ambrosiana de Milán.

Luego cerca del año 190, la iglesia de Cartago reconoce el Apocalipsis en su canon. Tertuliano escribió muy abundantemente; de los 22 capítulos del libro de Apocalipsis, él cita 18 capítulos en su obra, atribuidos al apóstol Juan; él llegó a ser montanista al final de su vida.

Montano, Metodio, Hipólito que fue el defensor de eso en occidente, a quien le debemos que nos llegó el Apocalipsis más rápido en occidente, Victorino de Petavio y Andrés de Cesarea, éstos son los principales testigos. No he podido leerles todo por causa del tiempo, pero quería dejarles esto en la introducción al Apocalipsis, cómo Juan el apóstol es el autor del Apocalipsis, aunque esa cita que leemos de Papías, malinterpretada por Eusebio de Cesarea, hizo que se rechazara el Apocalipsis en muchas partes y los modernistas liberales lo siguen haciendo hasta hoy en gran manera; pero creo que es suficiente con lo que hemos leído para que sepamos que tenemos un libro del apóstol Juan, hijo de Zebedeo y de Salomé, primo del Señor Jesús, recibido del Señor Jesús en Patmos.☐


Continúa con Introducción (III): Transmisión del texto del Apocalipsis.
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TRANSMISIÓN DEL TEXTO DEL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 1:07, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (3)

INTRODUCCIÓN III:

ISAGOGIA JUANEA SOBRE EL APOCALIPSIS

TRANSMISIÓN DEL TEXTO


Alta crítica

Que la paz del Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Prepárense porque esta noche les tengo un ladrillazo. Hoy tengo que compartirles un ladrillo; así que prepárense ya para poderlo soportar. Ustedes saben que estamos iniciando una serie, Dios mediante, sobre el libro del Apocalipsis; pero es necesario, antes de entrar en la exégesis del texto verso por verso, hacer una introducción. Digamos que la exégesis corresponde a la sopa que es donde está la sustancia y tenemos que llegar a ella. La hermenéutica corresponde a la cuchara con la cual nos tomamos la sopa; la hermenéutica es esa ciencia y arte de la sana interpretación; es el conjunto de reglas, normas, principios, métodos para interpretar correctamente un texto; esa es la hermenéutica, es la cuchara de la sopa. La sopa es el mensaje; allí es donde está la sustancia, y la exégesis es sacar el sentido del texto, esa es la sopa; pero la sopa tiene que venir en un plato y la bibliología es el plato. La bibliología es la que se ocupa de la Biblia en sí, se ocupa de cada uno de sus libros, de sus autores, de la legitimidad del libro, de su transmisión: la del texto de siglo en siglo, de la inspiración del libro, de la legitimidad de los documentos; lo relativo a la alta y a la baja crítica tiene que ver con la bibliología, con el plato; y después de caminar unos añitos, uno se da cuenta de que el diablo ataca por donde tú no estás preparado; él se cuela por donde tenemos un vacío.

Espero que los hermanos que apenas oyen esta primera charla mía no se vayan a llevar una imagen incompleta, no de mí, sino de lo que se comparte aquí, por el ladrillo de hoy. Hoy vamos a tener que ver algo de baja crítica; porque, Dios mediante, cuando entremos en la serie ya propiamente exegética, o sea, en la consideración de los versos, tenemos que tener ya una fundamentación acerca del libro que vamos a estudiar. Entonces, una isagogia, o sea, una introducción preliminar a manera de prolégomenos, es necesaria. La vez pasada estuvimos haciendo una parte de la introducción, la relativa a la alta crítica, que tiene que ver con quién es el autor, cuáles son las discusiones que hay especialmente con el modernismo, el escepticismo, quienes están en contra de este libro. Como les decía, Satanás ataca mucho tanto al Apocalipsis como al Génesis. La baja crítica tiene que ver con los testigos del texto a lo largo de los siglos, porque es muy fácil para ti comprar una Biblia y leerla, pero esa Biblia es una traducción que viene del idioma original, que es el griego, y para saber cuál es el texto griego legítimo, tú tienes que retroceder lo más posible en la historia y tomar cuáles son los documentos existentes de la antigüedad, cuál es el texto del Apocalipsis que aparece en los documentos del siglo I y en los del siglo II y en los del III y en los del IV, hasta llegar a nuestra época, para poder tener una edición crítica del texto griego de la cual se hagan las traducciones. Yo sé que es un ladrillo para algunos hermanos estudiar esas cosas, oír ciertos nombres técnicos, ciertos nombres raros; pero les digo, hermanos, decidí delante del Señor ocupar esta clase de hoy para pasarles ese ladrillo. Me traje aquí unas hojas, porque como sé que son nombres raros, entonces tomé notas que les prefiero leer; además, como se está grabando, entonces esto va a quedar grabado más como tema de consulta. De modo que algunos de ustedes quizá por primera vez van a familiarizarse con cierto lenguaje de los pergaminos, de los papiros, de los manuscritos antiguos en griego, en latín; pero es necesario tener esto dentro de la serie. No podemos empezar algo sin tener esta base; entonces, como esto está siendo grabado, y no sólo va a llegar, Dios mediante, a los hermanos que están aquí, sino si Dios lo permite, a otras personas, queremos que sea lo más completo posible. Entonces les ruego que se preparen para el ladrillo de hoy.


Voy a leerles parte de lo que la vez pasada se leyó. Voy a leer de nuevo hoy una parte, para encuadrar la lectura dentro de un contexto más amplio, a lo que después podemos sacarle fotocopia, a estas notas que no están todavía completas, pero para que las puedan consultar después los que las necesiten. Los obreros las puedan tener y pueda circular; como el Señor le dijo a Habacuc: "Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella", hasta los últimos días. Debido a eso, a los que las deseen tener, yo les dejaría estas notas para sacarles fotocopias; se las voy a leer, porque yo sé que terminada la reunión, muchos ni se van a acordar; de manera que van a tener que tener las notas para volver a ellas y para familiarizarse con ciertas cosas. Voy a hacer la lectura y me voy a detener en ciertas expresiones para explicarlas, porque yo sé que para algunos es la primera vez que se les explican ciertas cosas. Es necesario que los hermanos se vayan familiarizando con esto. Para usted es muy fácil tener esta Biblia, comprándola en las Sociedades Bíblicas o en la librería, pero para que usted tenga esa facilidad, muchos hermanos han tenido que hacer un trabajo que usted no se imagina. Recopilar todos los papiros, manuscritos viejos, algunos ni completos, pedacitos, pero de gran valor por ser antiguos, donde tienen el texto como consta que era en el siglo I, en el II, en el III, para que luego pueda haber una edición crítica del texto griego y luego una traducción y una exégesis. Para ello, es bueno conocer esas raíces, aunque sea de vez en cuando, tener una idea y tener un material para cuando necesiten. A veces las grandes discusiones que existen en torno a la apostasía, es porque ellos atacan por el área de la bibliología, no tanto por la exégesis; ellos atacan la bibliología.

Necesitamos tener en cuenta eso. Voy a irles leyendo una porción de la isagogia Juanea. Isagogia quiere decir: una introducción preliminar o unos prolegómenos. Juanea quiere decir: acerca de Juan. Ya existe un material que es la Isagogia Jacobea, acerca de Jacobo. Ahora la de Juan tiene que ver con lo relativo al apóstol Juan y lo relativo a los escritos de Juan: el evangelio, las epístolas y el Apocalipsis. Hoy no vamos a tratar lo relativo a la persona de Juan, pero vamos a tratar lo relativo a la alta y baja crítica del libro del Apocalipsis, que es muy atacado desde su aparición. Este material, como usted todavía no ha recibido los ataques, quizá no lo valore ahora; pero los que hemos caminado y hemos tenido que combatir en ciertas áreas, sabemos que es necesario tenerlo. De manera que para que le quede a la iglesia, se lo vamos a pasar. Por favor, hermanos, hagan el esfuerzo de seguir la lectura con todo su corazón; invoquen al Señor que Él nos ayuda si le invocamos.


Testimonios documentarios

Justino Mártir

Testigos manuscritos del texto y canonicidad del Apocalipsis del apóstol Juan Boanerges, hijo de Zebedeo y Salomé, hermano de Jacobo el mayor y primo de nuestro Señor Jesucristo.

Una de las menciones más antiguas del Apocalipsis canónico escrito por el apóstol Juan, hasta donde el presente autor conoce, es la que hace precisamente desde la ciudad de Efeso, primera destinataria del Apocalipsis, el famosísimo filósofo y apologeta cristiano, Justino Mártir (✝165), martirizado, según consta en las Actas de los Mártires, bajo el emperador Marco Aurelio, junto con 6 compañeros, por orden del prefecto Junio Rústico, filósofo estoico y confidente del emperador.

Justino Mártir, escribiendo un diálogo que tuvo en Efeso por los alrededores del año 135 d.C., probablemente con el famoso rabino tanaíta Tarfón de Lydda, de la tercera generación de tanaim. [A los rabinos de los primeros siglos de la era de Cristo, se les llamó los tanaítas; a los anteriores pretanaítas. Los tanaitas fueron los que escribieron la Mishnah, que es los comentarios rabínicos de los primeros siglos de nuestra era a la Torah o Antiguo Testamento; luego en los siguientes siglos, los rabinos amoraitas o amoraim fueron los que comentaron a los tanaitas, y sus comentarios forman la Gemarah, que es el comentario a la Mishná; entonces la Mishná y la Gemarah forman el Talmud, que es los escritos de los judíos ortodoxos. Eso es lo que quiere decir Tanaim]. Tarfón de Lydda, de la tercera generación de Tanaim, mencionado en la Mishná, discutía de la Halakah con el rabino Aquiba. [Halakah quiere decir la jurisprudencia de la ley. La Hagadah es la parte narrativa, y la Halakah es la parte legal. El Rabino Tarfón discutía con el rabino Aquiba acerca de la parte legal de la ley, y esas discusiones rabínicas del primer siglo y del segundo de nuestra era, están en la Mishná que es la principal parte del Talmud].


Tal diálogo de Justino Mártir (decía), se conserva bajo el título Diálogo con Trifón, dedicado a Marco Pompeyo, y en sus numerales 81 y 82 nos dice acerca del Apocalipsis del apóstol Juan lo siguiente [palabras textuales de Justino Mártir, alrededor del año 135 d. C., es decir, a unos treinta y cinco años después de la muerte del apóstol Juan, muy cercano. Dice Justino Mártir]:


"Además, hubo entre nosotros un varón de nombre Juan, uno de los apóstoles de Cristo, el cual, en revelación que le fue hecha, profetizó; y que los que hubieran creído en nuestro Cristo, pasarán mil años en Jerusalem, y que después de esto vendría la resurrección universal y, para decirlo brevemente, la eterna resurrección y juicio de todos unánimemente. Lo mismo vino a decir también nuestro Señor: "No se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán semejantes a los ángeles, hijos que son del Dios de la resurrección". Porque entre nosotros se dan hasta el presente carismas proféticos; de donde vosotros mismos debéis entender que los que antaño existían en vuestro pueblo, han pasado a nosotros" (D.T. 81b, 82a).

Hasta aquí lo que Justino Mártir le decía a Trifón.

Andrés de Cesarea

Andrés de Cesarea (✝614), en el prefacio a su obra Sobre el Apocalipsis dice lo siguiente:

"Creemos que es superfluo alargar el discurso acerca de la divina inspiración del libro [es decir, el Apopcalipsis de Juan], cuando atestiguan que es digno de fe los bienaventurados Gregorio el teólogo y Cirilo, y además, entre los más antiguos, Papías, Ireneo, Metodio e Hipólito".


Vemos, pues, que Andrés de Cesarea conoce las antiguas pronunciaciones a favor de la canonicidad del Apocalipsis del apóstol Juan hechas por personas cercanas al apóstol, tal como Papías de Hierápolis, que lo conoció personalmente y fue su discípulo directo, transcribiendo incluso bajo el mismo dictado del apóstol Juan su Evangelio, tal como se sostiene de las fuentes de la antigua tradición en el Códice Vaticano-Alejandrino de los años 800 editado por Tomasio, donde dice lo siguiente (lectura textual de un Códice de los años 800, de hace más de 1200 años):


"El Evangelio de Juan fue manifestado y dado a las iglesias cuando Juan todavía vivía en cuerpo, como lo refirió Papías, por nombre hierapolitano, discípulo caro de Juan, en los "Exotéricos", (no esotéricos con ese, sino exotéricos con equis, que es todo lo contrario de esotérico), es decir, en los últimos cinco libros. Ahora bien, al dictado de Juan transcribió rectamente el Evangelio. Pero Marción, hereje, habiendo sido reprobado por él, por sentir de modo contrario, fue rechazado por Juan. Aquel, empero, le había traído escritos o cartas de los hermanos que estaban en el Ponto".


Jerónimo

Es este mismo Papías de Hierápolis, aquel que en sus "Cinco Libros de Exégesis de los Logiones del Señor", o sea de los dichos de Cristo, se refiere al apocalíptico milenio, como lo confirman Ireneo, Eusebio, Jerónimo, Anastasio Sinaíta, Máximo Confesor, Esteban Gobaro, Felipe de Side y Giorgio Hamartolo, lideres aniguos. Precisamente Jerónimo, (cito a Jerónimo) del año 400, en su libro De los Varones Ilustres dice al respecto lo siguiente: "Dícese que Papías sacó a luz la tradición judaica del reino de mil años. Siguiéronle Ireneo y Apolinar y cuantos dicen que, después de la resurrección, reinará el Señor en la carne con los santos. También Tertuliano, en su libro De la Esperanza de los Fieles, y Victorino Petavense y Lactancio son de esta opinión."

Más que a la mera tradición judaica acerca del Milenio, Papías de Hierápolis, discípulo para el Señor Jesús hecho por el apóstol Juan, es de éste mismo y de su Apocalipsis que enseña la doctrina milenarista. A Papías, pues, sucedióle en su sede Apolinar de Hierápolis conservando la misma tradición.


Vimos, pues, cómo el mismo apóstol Juan, hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Jacobo el Mayor, discernió el espíritu herético de Marción del Ponto, manteniendo distancia de él. Marción, pues, para mediados del llamado año 150 d.C. ya había rechazado el Apocalipsis como una obra de trasfondo judaico adicta a un demiurgo inferior [que decía Marción; eso ya lo presentía Juan en espíritu]. Por eso también Policarpo de Esmirna, otro discípulo directo del apóstol Juan, cuando se encontró con Marción y éste le pidió reconocimiento, Policarpo le dijo: –Sé quien eres, primogénito de Satanás. Esto nos lo transmiten Ireneo y Jerónimo. Marción había sido discípulo de Cerdón que a su vez lo fue de Simón Mago. [Entonces ya ven la línea de Simón Mago, Cerdón, Marción, la línea de la serpiente, luchando contra el Apocalipsis. Las dos líneas: la de la mujer y la de la serpiente]. Contra Marción escribió entonces por su misma época una obra Justino Mártir; también escribieron contra Marción en aquella época Felipe de Gortina, Dionisio de Corinto, Ireneo, Modesto y Teófilo de Antioquía. Más tarde también lo hizo Tertuliano de Cartago. Por aquella época Montano de Frigia, enfatizando la pneumatología y el ascetismo, enseñó también el milenarismo amparándose en el Apocalipsis de Juan. También Melitón de Sardis, por la época escribió un libro Sobre el Apocalipsis de Juan.


Ireneo de Lyon

Discípulo de Policarpo de Esmirna, que fue discípulo del apóstol Juan, fue Ireneo de Lyon, en Esmirna, donde le llegó el Apocalipsis, el cual sostiene lo siguiente respecto del Apocalipsis del apóstol Juan:
"Una revelación más clara aún [que la hecha al profeta Daniel] acerca de los últimos tiempos y de los diez reyes, entre los cuales será dividido el imperio que ahora domina, fue hecha por Juan, el discípulo del Señor, en el Apocalipsis. Explicando lo que eran los diez cuernos vistos por Daniel, refiere lo que le fue dicho: «Los diez cuernos que viste son diez reyes que aún no han recibido el reino, mas recibirán poder como reyes, por una hora, con la bestia. Ellos no tienen sino un pensamiento, homenajear a la bestia con su fuerza y su poder. Ellos combatirán contra el Cordero, mas el Cordero los vencerá, porque el Señor es Señor de señores y Rey de reyes»" (Ireneo, Contra las Herejías V:26:1).

Repetidamente hace Ireneo citas del Apocalipsis de Juan, como por ejemplo las siguientes [Ireneo citando a Juan]: "He allí porque dice Juan en el Apocalipsis:«Su voz era como el ruido de muchas aguas...» /...Juan dice en el Apocalipsis que el incienso son las oraciones de los santos.../...Hay por tanto un altar en los cielos, a donde suben nuestras preces y ofrendas; y hay un templo, como dice Juan en el Apocalipsis: «Abrióse el templo de Dios», el tabernáculo: «He aquí -dice- el tabernáculo de Dios el cual habitará con los hombres».../... También Juan, el discípulo del Señor, en el Apocalipsis, asiste a la venida del reino glorioso y sacerdotal: «Me volteé -dice él- para ver la Voz que hablaba conmigo; y vuelto vi siete candeleros de oro y en medio de ellos a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de larga túnica y con un cinto de oro a la altura del pecho. Su cabeza y Sus cabellos eran blancos como lana blanca como la nieve; Sus ojos llama de fuego; Sus pies semejantes al cobre abrazado por el fuego: Su voz como la de muchas aguas; en Su mano derecha sostenía siete estrellas; de Su boca salía una espada de dos filos y Su rostro era brillante como el sol en lo máximo de su fulgor...» Mas Juan no soportó la visión:«Caí a Sus pies como muerto», dice él, para que se cumpliese lo que está escrito: «Ninguno puede ver a Dios y vivir».

Entonces el Verbo lo reanimó y le recordó que era Aquel en cuyo pecho se había recostado durante la cena preguntando quién sería el traidor; y le decía: «Yo soy el Primero y el Último, Aquel que vive y estuvo muerto; y he aquí que vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del Hades». Después, en una segunda visión, él vio al mismo Señor: «Vi -dice él- en medio del trono y de los cuatro vivientes y de los ancianos, un Cordero de pie como inmolado, con siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra». Y aun hablando del mismo Cordero dice: «He ahí un caballo blanco y Aquel que lo montaba tenía el nombre de Fiel y Verdadero; combate y juzga con justicia. Sus ojos son como llama de fuego, en Su cabeza tiene muchas diademas y tiene un nombre escrito que ninguno conoce, sino Él mismo; viste un manto manchado en sangre y Su nombre es el Verbo de Dios. Los ejércitos del cielo lo seguían montados en caballos blancos, vestidos de lino fino de blancura inmaculada; de Su boca sale una espada aguda afilada para herir a las naciones; Él las gobernará con vara de hierro y exprime en el lagar el vino del furor de la ira del Dios omnipotente. En Su manto y en Su fémur trae escrito Su nombre: Rey de reyes y Señor de señores».../... Es justamente por este motivo que nació el Señor y de quien Jacob prefiguraba el nacimiento, y de quien Juan dice en el Apocalipsis [miren esto, miren cómo interpreta Ireneo el pasaje de Apocalipsis del Señor]: «Salió como vencedor y para vencer». Otra cita de Ireneo: "La misma cosa dice Juan en el Apocalipsis: «Bienaventurado y santo el que participa en la primera resurrección»."


Todas estas citas fueron tomadas de Ireneo de Lyon, de sus cinco libros Contra las Herejías IV:14:2; 17:6; 18:5, 20: 11; 21:3; V:34:2). También en la Demostración de la predicación Apostólica, que es otro libro de Ireneo que con algunos hermanos lo leímos, Ireneo hace en su lenguaje varias alusiones al Apocalipsis [Epideixis (que es la palabra en griego: demostración 9, 38, 39, 61, citas dónde están las alusiones)]. Eusebio de Cesarea, año 325, de la época de Constantino, en su Historia Eclesiástica resume y cita de la siguiente manera lo dicho por Ireneo acerca del Apocalipsis de Juan. [Eusebio citando a Ireneo]:


"En el quinto libro trata del Apocalipsis de Juan y el número del nombre del anticristo. Dice (ahora Eusebio cita a Ireneo. Habla Ireneo): «Puesto que esto es así y que este número está presente en todas las copias buenas y antiguas, que dan testimonio de ello los que vieron personalmente a Juan, y ya que el sentido común nos enseña que el número del nombre de la bestia se revela por el cálculo de los griegos según las letras que lo componen...» (Hasta ahí la cita de Ireneo hecha por Eusebio. Continua Eusebio:) Más abajo afirma lo siguiente sobre el mismo tema (vuelve a citar a Ireneo, dice Ireneo, cita de Eusebio:) «Así, pues, nosotros no corremos el riesgo de pronunciar concretamente el nombre del anticristo, porque si se tratara del momento adecuado para anunciar abiertamente su nombre, hubiera sido dicho por aquel que dio la revelación, pues no hace mucho que fue vista, casi en nuestra generación, al final del gobierno de Domiciano» (Termina la cita de Ireneo hecha por Eusebio y dice:). Esto es lo que dice Ireneo en cuanto al Apocalipsis". (H.E.V:8:5-7a).


Teófilo, Tertuliano y Clemente

Por la misma época de Ireneo, también Teófilo de Antioquía utiliza el Apocalipsis de Juan haciendo varias citas en su obra titulada Contra las Herejías de Hermógenes, según lo registra Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica IV:24. Alrededor del llamado año 190 d.C. la iglesia de Cartago, norte de África, manifiesta documentariamente reconocer al Apocalipsis atribuyéndolo al apóstol Juan de la misma manera como ya lo había hecho la iglesia de Roma, según consta en el Canon Muratori, [Muratori fue un arqueólogo que encontró un canon del año 170 en el cual figuraba el Apocalipsis] y también se menciona el Apocalipsis como del apóstol Juan en los escritos de Tertuliano de Cartago De la Resurrección 38, y Del Pudor 12. De los 22 capítulos del Apocalipsis de Juan realmente Tertuliano hace citas expresas de unos 18 de los capítulos del total. También en Alejandría [ahí en la desembocadura del Nilo, en Egipto], por los alrededores del llamado año 200 d.C., Clemente de Alejandría reconoce el Apocalipsis al apóstol Juan en sus obras: el Paed. II:19, Stromata VI:106,107 y en Quis vives 42.

Orígenes

Igualmente lo hace Orígenes [el sucesor de Clemente en la escuela de Alejandría], en su Comentario a Juan tomo V:3 y en Lommatzsch I:165. Acerca del Apocalipsis dice textualmente Orígenes:

"¿Qué es necesario decir acerca de Juan, el que se recostó sobre el pecho de Jesús? Dejó un solo Evangelio, a pesar de reconocer que podía componer tantos que no cabrían en el mundo; y también escribió el Apocalipsis, habiéndosele sido ordenado callar y no escribir los sonidos de los siete truenos..." Después sigue hablando de las cartas.


Lastimosamente, siguiendo el mismo espíritu escéptico en cuanto al Apocalipsis del apóstol Juan que había manifestado Marción del Ponto, surgió otro grupo herético llamados los álogoi, que no recibían el libro de Apocalipsis como del apóstol Juan, sino que pretendían atribuirlo al hereje Cerinto. El grupo de los álogoi fue refutado por Epifanio de Salamina en su obra Panarion L.3, L.33. Los álogoi no aceptaban la doctrina juanina acerca del Verbo de Dios, y por lo tanto rechazaban todos los escritos del apóstol Juan.


Baja Crítica

Papiro P47. [Ahora comenzamos a pasar alternadamente de la alta crítica que era hasta aquí, a la baja crítica que es el asunto de los textos, porque vamos del siglo I al II, al III. Como se dan cuenta, vamos avanzando cronológicamente]. El manuscrito en griego más antiguo del Apocalipsis que se conoce hasta el presente, hasta donde este autor conoce, es el Papiro P47 , de alrededor del llamado año 200 d.C., que con pequeñas lagunas consta de los pasajes que van desde Apocalipsis 9:10 hasta 17:2, [son un tesoro, un gran pedacito, pero antiquísimo] y que se encuentra en el Museo Chester Beaty de Dublín, Irlanda. El tipo de texto griego del Papiro P47 es el Alejandrino, conocido como el más antiguo. [Hay varios tipos de texto; se llaman el Alejandrino, el Bizantino, el Cesareo, el Oriental , el Occidental. El más tardío y que incorpora glosas de escribas al margen y que trata de comparar un manuscrito antiguo con otro, y junta los dos en uno, ese es el texto tardío Bizantino. Los más antiguos son el Occidental, el Alejandrino y el Cesareo. Este papiro es del tipo Alejandrino, o sea, antiguo].

En el año 210 d.C., Cayo de Roma, combatiendo a Montano de Frigia, que utilizaba el Apocalipsis de Juan para sostener el milenarismo, al igual que otros respetados líderes cristianos, rechazó juntamente al montanismo y también al Apopcalipsis. Entonces, Hipólito de Roma, que tomó la antorcha de Ireneo, escribió por el año 215 d.C. una refutación de Cayo de Roma, defendiendo así la apostolicidad y canonicidad del Apocalipsis del apóstol Juan. A partir de la contundente defensa de Hipólito de Roma, todo Occidente acató respetuosamente el libro del Apocalipsis.


Papiro P18. [Los papiros se hacían de unas plantas; como unas plantas en rollo. Son papiros, no son pergaminos. Más antiguos son los papiros; ustedes ven que se llama papiro P. De los papiros del Nuevo Testamento hay como setenta y tantos; cada uno tiene su sigla: P1,P2, P3, P4, y cada uno tiene su sigla específica y está en un lugar específico y es usado por los eruditos para poder armar la edición crítica del libro y poder tener nuestras traducciones]. Otro importante papiro antiquísimo del Apocalipsis, de los dos más antiguos papiros incompletos de alrededor de los años 250 d.C., es el Papiro P18, que consta de la porción Apocalipsis 1:4-7 y que se encuentra en el Museo Británico de Londres, Inglaterra, catalogado con la sigla P2053 verso.

Al igual que el P47, el texto griego del Papiro P18 también es de tipo alejandrino antiguo.


Cerca del llamado año 256 d.C., Dionisio de Alejandría expresó dudas acerca del Apocalipsis simplemente por cuestiones de gramática.

Dionisio, como buen alejandrino, hablaba un griego koiné culto, pero es necesario recordar que el apóstol Juan era un hombre sin letras y que además hablaba en arameo, siendo el griego apenas una segunda lengua para él, y estaba preso en la isla de Patmos sin la ayuda de un amanuense o escribano como Silvano o Tercio. No obstante, la inspiración del Espíritu Santo tuvo a bien utilizar al apóstol Juan sin violar su personalidad, ni estilo, ni condición, para darnos unas de las páginas más sublimes en el griego koiné popular sui géneris del Apocalipsis. Libre ya el apóstol Juan de la prisión, regresó a Efeso, muerto ya Domiciano, y pasados unos años, ya más familiarizado con el griego, y teniendo alrededor suyo la facilidad de amanuenses, escribió Juan los otros libros suyos que hacen parte del Nuevo Testamento.


Papiro P24. [Estamos tratando con papiros, antes de los manuscritos en pergaminos. Los papiros son más antiguos; después vienen los manuscritos unciales, o sea, escritos todos en letras mayúsculas y palabras pegadas, que son antiguos, hasta el siglo VIII. Luego vienen los minúsculos cursivos con letras pequeñas y las palabras separadas que son del siglo VIII, IX, X en adelante. Ustedes se dan cuenta de que los papiros tienen más valor que los unciales y los unciales más valor que los cursivos en cuanto a antigüedad]. Otro papiro de importancia cercano a los años 300 d.C. es el Papiro P24 con un texto griego incompleto de Apocalipsis, pero antiguo del tipo alejandrino.

Consta el Papiro P24 de los pasajes Apocalipsis 5:5-8 y 6:5-8. Se conserva en el Centro Newton de la ciudad de Massachusetts.


Códices Unciales

[Ahora empezamos ya con los pergaminos, los unciales, que son importantísimos.] Uno de los principales manuscritos mayúsculos antiguos en pergamino, con el texto griego completo del Apocalipsis, que es el primer completo, es el famoso Códice Uncial 01 Alef Sinaítico, de los alrededores del llamado año 300 d.C., encontrado por Tieschendorf en el Monte Sinaí, y conservado en el Museo Británico de Londres. Es del tipo de texto alejandrino antiguo. También de los años 300 d.C., pero con el texto griego de Apocalipsis incompleto, es el Códice Uncial 0207 con el capítulo de Apocalipsis 9.

[Ahora quiero llamarles la atención para que se vayan familiarizando con la técnica de citación o de catalogación. Los unciales, se llaman así porque se escribía todo con letra mayúscula y pegado; ese era el estilo antes de aparecer el estilo cursivo y separado. La numeración de los unciales se comienza con el cero; cuando usted escuche un 015, 028, 0200, el cero quiere decir que es un uncial; si el número es 16 no más, es un cursivo minúsculo; si es 015 es un uncial o mayúsculo] [Vamos siglo por siglo]. De los años 400 d.C. con el texto griego de Apocalipsis son:


- El Códice Uncial 02 A Alejandrino, también del tipo de texto alejandrino antiguo, y conteniendo el Apocalipsis completo; se encuentra también en el Museo Británico.


- El Códice Uncial 04 C Efraémico Palimpsesto Rescripto, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, Francia. Es también del tipo de texto alejandrino antiguo.


[¿Qué quiere decir la palabra Palimpsesto o Rescripto? Puse las dos palabras, puse todo junto. 01, 02, A, Uncial, aunque con la sola A mayúscula quiere decir que es un uncial. Si la a es minúscula, quiere decir que no es en griego, sino en latín; si tiene cero antes del número quiere decir que es un uncial; si no tiene cero es minúsculo; si dice palimpsesto quiere decir que era un códice de otra cosa que fue borrado y encima se escribió eso; eso es lo que quiere decir la palabra palimpsesto, del griego. La misma palabra palimpsesto se dice en latín rescripto, re-escrito; entonces cuando usted escucha palimpsesto, rescripto, quiere decir que era un códice de otra cosa y encima se escribió eso; o a veces hay un códice de la Biblia en que se borró la Biblia y se escribió otra cosa; pero con rayos infrarrojos se logra sacar lo que estaba debajo; esos son los palimpsestos. De manera que se van acostumbrando los hermanos a este lenguaje.]


Versiones latinas

[A veces los eruditos se interesan más en las versiones latinas antiguas que en los cursivos tardíos, porque en los cursivos tardíos pudieron haber errores de los escribas que fueron incorporados al texto, en cambio los latinos son versiones antiguas; por eso mencionamos también los latinos]. También de los años 400, con el texto latino antiguo de la versión Itala del Apocalipsis, es el manuscrito en latín h55 Floriacense, editado por Buchanan. [Siempre que se citan los latinos la letra es minúscula; cuando se citan mayúsculas son griegos; los griegos unciales se citan con las letras del alfabeto; cuando se acabaron las letras del alfabeto, entonces se echaron las letras griegas; cuando se acabaron por ahí en 47 papiros, se empieza con 047, 048, 049; cada uno que se va encontrando se le va catalogando, donde está y de qué consta; es bien conocido por los eruditos. De ahí viene nuestra Biblia, de revisar todos estos museos y cosas].


De los años 500 d.C. con el texto griego del Apocalipsis es el Papiro P43 que consta de los pasajes Apocalipsis 2:12,13, y 15:8 hasta 16:2 [pedacitos]. Es también del tipo de texto alejandrino antiguo. Se encuentra en el Museo Británico catalogado con la sigla P2241. De los años 500 d.C. en el latín antiguo africano [o sea el de Cartago, del norte de África] existe del Apocalipsis el Códice h Fleury Palimpsesto.

También en latín el Códice f Fuldensio cercano al año 543 d.C. y cuyo texto es semejante al Códice a Amiantino del año 700 d.C., y que es considerado por los eruditos como el mejor representante del texto de la Vulgata Latina [pero este Códice Fuldensio es anterior y tiene el mismo texto, 200 años anterior]. Contiene la epístola apócrifa de Pablo a los Laodicences al igual que el Códice Dublinense, que también tiene esa epístola. En el idioma siriaco [vimos griego, latino, ahora siriaco] existen de los años 500 d.C. unos 50 manuscritos de la Siriaca Harleana con el texto siriaco del Apocalipsis, que parece que apenas desde esta época comenzó a circular libremente entre las iglesias de Siria. [Fue recibido más rápido en Asia Menor, luego en Occidente, gracias al trabajo de Hipólito, y por fin después de 500 años comenzó a ser recibido en Siria.]


Textus Receptus

De los años 600 d.C. con el texto del Apocalipsis: en griego, con el Apocalipsis completo, el Códice Uncial 046 B(r) Vaticano 2066, cercano al año 650, del tipo de texto bizantino [ya no alejandrino; el texto bizantino es un texto más tardío que compara manuscritos antiguos; este tiene una cosa y este tiene otra; junta las dos; entonces proviene de juntar varios textos y hacerle glosas por los escribas; se llama bizantino; se le clasifica diferente; entonces este Códice Vaticano 2066 es del tipo de texto bizantino], el cual es de carácter un poco posterior y ecléctico que combina varias lecturas e incorpora glosas escribales. Se encuentra en la Biblioteca del Vaticano. [Pongan atención a esto, porque existen discusiones sobre esto.] Es del Códice Uncial 046 con texto griego del tipo bizantino ecléctico posterior que se copió por cerca del año 1145 d.C. el Códice 1 que usó Erasmo en griego para su edición, pero que sólo llega hasta Apocalipsis 22:9. [Sólo este manuscrito griego del Apocalipsis tenía Erasmo para su edición; tuvo que traducir el pasaje de Apocalipsis 22:10-21 al griego desde el latín, el mismo Erasmo, no del griego de Juan]. Es de este posterior e incompleto Códice 1 [es minúsculo, no 01, sino 1] de Erasmo que proviene el Apocalipsis del Textus Receptus. De los años 600 d.C. con el texto en latín antiguo del Apocalipsis el manuscrito l (ele) 67 Legionense editado por Fisher.

Otra centuria. De los años 700 d.C. en griego con el texto del Apocalipsis el Códice Uncial 0229. En latín antiguo el manuscrito z 65 Harleiano Londinense editado por Buchanan. El manuscrito en latín antiguo m Speculum Agustiniano fechado entre los años 300 y 800 d.C. con el Apocalipsis ha sido editado por Jülicher, Wordsworth-White. De los años 700 d. C. con Apocalipsis en latín antiguo habíamos ya mencionado al Códice a Amiantino. También en latín de estos años el Códice d Dublinense llamado Libro de Armagh, y cuyo texto de la Vulgata Latina proviene del Amiantino. Contiene también la apócrifa epístola de Pablo a los Laodicenses.


De los años 800 d.C. con Apocalipsis en griego, el Códice Uncial P Porfiriano que se encuentra en la Biblioteca Pública de Leningrado (hoy San Petersburgo). Este códice proviene de un arquetipo de Luciano de Antioquía cercano a los años 300 d.C. del cual proviene toda la familia fP [¿Qué quiere decir f a la p? Cuando escribe una f minúscula y una letra arriba o una sigla, esa f quiere decir que es una familia de manuscritos; o sea que cuando de un arquetipo se copiaron varios, todos esos que se copiaron de ese arquetipo tienen las características del arquetipo, y forman una familia, entonces se conoce con la sigla f a la tal cosa; entonces todos los que se copiaron de aquel de Luciano y que llegó a ser el Porfiriano de San Petesburgo, entonces se llama la familia f a la p; la p como si fuera un exponente de f; así se llama esa familia. Cuando los hermanos lo vean, sepan a que se refiere]. Su texto griego es del tipo bizantino. También en griego de los años 800 d.C. con el texto de Apocalipsis el Códice Uncial 051 E que se encuentra en la República Monástica del Monte Athos. Del tipo bizantino.


Importantes son para el texto griego del Apocalipsis, del 800 d. C., el manuscrito cursivo minúsculo 33 [éste es llamado el rey de los cursivos minúsculos, porque aunque es ya minúsculo, quiere decir que se copió por ahí en el año 800, sin embargo se copió de uno muy antiguo; por eso es considerado el m con m minúscula 33, como el rey de los cursivos, porque aunque se copió, se copió de algo muy antiguo; entonces por eso lo valoran mucho los eruditos; le llaman el rey de los minúsculos]. Es el manuscrito cursivo minúsculo 33, el cual proviene de un uncial antiguo, y su texto es de tipo alejandrino y no bizantino, a pesar de la época tan avanzada. De los mismos años es el manuscrito griego cursivo minúsculo 1424, del cual proviene toda la familia f1424. [De ese se copiaron un montón.] Esta familia [oigan la característica de esta familia de manuscritos] de manuscritos cursivos, la f 1424 es del tipo de texto cesareo [o sea, proviene de Cesarea, semejante al alejandrino. Ustedes saben que Orígenes de Alejandría fue a Cesarea y él era un gran copista con la hexapla y la tetrapla]; (entonces dice así:) La f1424 se caracteriza, toda esa familia, porque el libro de Apocalipsis aparece después de los Evangelios, Hechos y Epístolas Universales, y antes de las Epístolas Paulinas [es un orden diferente; toda esa familia tiene ese orden: evangelios, Hechos, universales, Apocalipsis, Paulinas; toda esa familia f1424 de manuscritos, tiene ese orden]. En latín con Apocalipsis: el Códice c Cavensis también semejante al Amiantino, el manuscrito latino ar 61 Ardmacano editado por Gwym, y el manuscrito latino g1 Sangermanense editado por Jülicher.


De los años 900 d.C. con Apocalipsis en griego el Códice Uncial 052 F que también se encuentra en el Monte Athos y su texto es de tipo bizantino. De estos años son importantes para el estudio de las variantes los manuscritos griegos cursivos minúsculos 627 y 2074, 2329 y 2351; estos 3 últimos son manuscritos que contienen exclusivamente al Apocalipsis. Proviene su revisión para la edición crítica de Champlin del texto griego impreso. En latín de los 900 el manuscrito latino haf Hafniano editado por Wordsworth-White, y que contiene exclusivamente al Apocalipsis.


De los años 1000, a la vuelta de milenio, con Apocalipsis: en griego los importantes manuscritos cursivos minúsculos [como ven, ya empiezan a abundar los cursivos], de tipo diferente al bizantino y que fueron estudiados por el Instituto de Münster, [en la ciudad alemana de Münster, existe un llamado Instituto para el estudio del texto del Nuevo Testamento que recopila todos los manuscritos habidos y por haber para estudiar y hacer el trabajo de crítica textual para poder hacer la edición crítica del griego, para hacer después las traducciones; entonces somos deudores al trabajo de muchos eruditos]. De este Instituto y entre los principales cursivos que son importantes por su tipo de variantes, son: 1006, 1854, 2081, 2344.

Con fecha en el manuscrito [algunos manuscritos tienen la fecha cuando se copió]: el 2138 de 1072 y el 104 de1087, en el Instituto de Münster. Los de los años 1000 d.C. revisados del texto griego impreso para la edición crítica de Champlin con interés por sus variantes: 35, 42, 241, 256, 325, 424 y el 2048 que es exclusivo de Apocalipsis. Con fecha exacta: el 517 de 1050. En latín a la vuelta del primer milenio cristiano: el manuscrito latino t 56 Liber Comicus Toletanus editado por Morin. [Y que aquí en Bogotá, Colombia, se consigue en la Librería del Seminario, en facsímil].


De los años 1100 d.C. con Apocalipsis en griego, del Instituto de Münster, los manuscritos cursivos minúsculos 1, éste es el de Erasmo, 88, 94, 1611, 1828. De la revisión Champlin: 110, 242, 808, 2030 exclusivo de Apocalipsis, y 2050 también exclusivo de Apocalipsis con fecha de 1107.


De los años 1200 d.C. con Apocalipsis: en griego: del Instituto de Münster: el manuscrito cursivo minúsculo 2053. De la revisión Champlin: 468, 469 y 792. Un manuscrito griego cursivo minúsculo sobresaliente con Apocalipsis capítulos 18 y 19 es el 1229 anterior a esta centuria. En griego el m.1597 con fecha de 1298. De esta centuria con Apocalipsis, [es importante, pongan atención a esto] en latín: el manuscrito latino dem 59 Demoviano editado por Matthaei, y el manuscrito latino gig 51 Gigas editado por Belsheim, Wordsworth-White. [Este Códice Gigas, se llama Gigas porque es gigante; tiene un metro por medio metro, es un tremendo manuscrito gigantesco.] Este Códice Gigas con Apocalipsis es importante porque se copió en Cerdeña, la isla de Cerdeña, de un manuscrito cercano a los años 300 d.C [o sea de uno del 300 se copió el grande]. Se encuentra en la Biblioteca Kunkliga de Estocolmo, Suecia. [La historia del gig es que un monje en Cerdeña, por mala conducta fue castigado obligándosele a copiar el manuscrito del 300, y el monje invocando al diablo lo terminó rapidísimo en un formato gigante de casi un metro por medio metro; en el códice se hizo un dibujo del diablo. Hasta eso existe.] Otro códice sobresaliente de esta centuria es el manuscrito griego cursivo minúsculo 2053 que contiene el texto del Apocalipsis de tipo alejandrino antiguo y juntamente con él en el mismo códice contiene también un comentario al Apocalipsis, de Ecumenio (c.500).

El texto del Apocalipsis en el m.2053 es semejante al del Códice Uncial 02 A Alejandrino [esos 01, 02, 03, 04, son considerados los más antiguos e importantes, muy apreciados por su antigüedad]. En latín de la centuria el manuscrito latino p 54 Perpinianense editado por Wordsworth, y el manuscrito latino div Divionense editado por Wordsworth-White.


De los años 1300 d.C. con Apocalipsis: en griego: De esta centuria también en griego, del Münster: 1859, 2042, 2073, 2432 y 2495. De la revisión Champlin en griego impreso: el m.18 del año1364, el 254 y el 2058 exclusivo de Apocalipsis.


De la centuria de los 1400 d.C. de Apocalipsis, en griego, del Münster: 2020 y 2065. De la revisión Champlin: 69, 181 exclusivo de Apocalipsis, 205, 336, 429 exclusivo de Apocalipsis, 467, 1626, 1778 exclusivo de Apocalipsis, 2028 exclusivo de Apocalipsis con fecha de 1422, los minúsculos 2054, 2067, 2069, 2302 y 2595 todos estos exclusivos de Apocalipsis. Importante [pongan atención a éste, acuérdense de éste por favor] por lo sui géneris en griego el m.61 que es el primer manuscrito griego, bien tardío, año 1400, donde aparece por primera vez el pasaje de 1 Juan 5:7 [nunca hasta el año 1400 ningún texto griego tenía ese versículo (1 Juan 5:7); en este manuscrito 61 cursivo de los años 1400 es el primero donde aparece].


De la centuria de la Reforma Protestante, los años 1500 d.C., con Apocalipsis en griego: los manuscritos cursivos minúsculos 296, 522 de fecha 1515, dos años antes de las tesis de Lutero, los 2029, 2033, 2038, 2049, 2068 y 2071, todos exclusivos de Apocalipsis. Con fecha en la copia: el 2044 y el 2083 de 1560, exclusivos de Apocalipsis, en griego. En latín: el manuscrito latino c 6 Colbertino editado por Jülicher.


Son interesantes [pongan atención a esto que esto necesitan saberlo] también para Apocalipsis la Vulgata Latina Sixtina [se le llama Sixtina porque el Papa Sixto V fue el que la mandó a hacer con una bula de excomunión al que haga algo distinto]. La Vulgata Latina Sixtina de fecha 1590 con bula de excomunión por parte del papa Sixto V para todos aquellos que modifiquen la edición o publiquen variantes.

[Cualquiera que publique una variante de La Vulgata Latina, lo excomulgarían, pero miren lo que pasó] Dos años después, [sólo dos] el Papa Clemente VIII [el siguiente papa], publicó en 1592 la Vulgata Latina Clementina [ya no Sixtina, sino Clementina], con 4900 variantes en relación con la inmediatamente anterior Sixtina con bula de excomunión al que la modifique y publique variantes [o sea, dos papas romanos entre sí ni se tienen en cuenta, se excomulgan unos a otros. Y eso con dos años de diferencia. Nos guarde el Señor de pretensión de infalibilidad] . Otra edición con Apocalipsis posterior es la Vulgata Latina Benedictina de Oxford, publicada en 1954 por H. D. Sparks.


Del siglo XVII, el manuscrito griego cursivo minúsculo más tardío de
Apocalipsis exclusivamente es el m.2071 fechada la copia en 1622, cuando ya existían ediciones de imprenta.


Todo este ha sido el caudal testigo para la crítica textual del Apocalipsis canónico del apóstol Juan hijo de Zebedeo y Salomé, hermano de Jacobo el Mayor y primo de nuestro Señor Jesús Cristo.

[Lo digo así tan recalcitrantemente porque es que los modernos niegan que sea Juan el apóstol; entonces tengo que martillar.]

Existen, pues, alrededor de unos 300 manuscritos griegos del Apocalipsis, de los cuales unos 13 son unciales o mayúsculos. También las copias en latín antiguo son a veces más apreciadas por los eruditos que las griegas tardías. El libro del Apocalipsis está, pues, mejor atestiguado en su Texto que cualquier otro libro antiguo secular, y el tiempo entre el autógrafo y sus copias más tempranas es muchísimo más corto que el de los manuscritos de otras obras clásicas. Su canonicidad está también atestiguada, pues, por Justino Mártir, Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría, Tertuliano de Cartago, Orígenes; Cipriano de Cartago [como no lo había mencionado antes, digo en que obra aparece como canónico] (De op et eleem.14) [es el título en latín de la obra de Cipriano], Hipólito de Roma (De Anticr.36), Metodio (De Resurr. 9. par. 315; Conv. viii:4.p.143). Y se le reconoce al Apocalipsis como canónico en los Catálogos Canónicos del Canon de Muratori (170), de Orígenes-Alejandría (250), de Atanasio de Alejandría (350), de Epifanio de Salamina (400), de Jerónimo (400), de Rufino (400), de Agustín de Hipona (400), de Inocente (417), de Cartago-África (419) y en el Códice Claromontano, de Gelasio (470), de Leoncio de Constantinopla (540), de Casiodoro (550), de Isidoro de Sevilla (608), de Juan Damasceno - Siria (750).☐

Continúa con Introducción (IV): La Hermenéutica del Apocalipsis.

HERMENÉUTICA DEL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 0:57, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (4)

INTRODUCCIÓN  IV:


HERMENÉUTICA DEL APOCALIPSIS


Una cuchara adecuada

Vamos a abrir la palabra del Señor en el Libro del Apocalipsis; vamos a abrir por ahora en el primer capítulo. En las dos ocasiones anteriores hicimos una introducción necesaria en lo relativo a las consideraciones de alta crítica; o sea, relativo al autor del libro, etc. y lo relativo también a la baja crítica en relación con los textos, a la transmisión textual desde el siglo I hasta hoy de este precioso libro y su canonicidad. Hoy, antes de entrar, con la ayuda del Señor, después, si Él así nos lo concede, verso por verso, capítulo por capítulo, quisiera hacer una consideración general acerca del libro, ya no acerca del autor, ni tampoco de los manuscritos en que se ha contenido, sino acerca del libro mismo y acerca de las herramientas que necesitamos, con la ayuda del Señor, para entenderlo. Habíamos mencionado la vez pasada que la sopa nos viene en un plato y nos la tomamos con una cuchara; la sopa es el alimento, la sopa es el contenido, la sopa nos la tomamos por medio de la exégesis; o sea, leyendo y entendiendo, con la ayuda del Espíritu Santo y su promesa, este libro que es para todos sus siervos; pero claro que esa sopa viene en un plato, o sea, en un documento que es la Biblia, que tiene una historia, que ha pasado muchos combates y ha prevalecido sobre esos combates y ataques, y eso es lo que se trató la vez pasada. La vez pasada se trató algo del plato en que nos viene el Libro; pero antes de pasar a tomarnos la sopa, vamos a tratar de la cuchara, o sea, de la herramienta de la hermenéutica necesaria a tener en cuenta para leer este libro; o sea que el plato es la bibliología en sus aspectos de alta y baja crítica; o sea, la autoría, la legitimidad, la canonicidad, la transmisión textual que es la base de estas traducciones; ese es el plato; y la hermenéutica que es el arte o ciencia de la sana interpretación, el conjunto de normas, métodos, principios, reglas para interpretar sanamente, esa es la hermenéutica, esa es la cuchara. Entonces, necesitamos también valernos de una cuchara adecuada para tomarnos esta preciosa sopa, este alimento del Señor.

El corpus de la revelación

Hoy no vamos a estar haciendo una exégesis ordenada de los versos, sino mirando solamente de manera general el libro, mirando su ubicación dentro del contexto de toda la revelación. Ustedes recuerdan una frase que dijo el apóstol Judas Tadeo Lebeo, hermano del Señor Jesús y de Santiago, y yo quisiera en relación con el Apocalipsis, leer esa expresión de Judas; al final del verso 3 de la epístola, él dice por el Espíritu Santo una expresión que es la siguiente: “La fe que ha sido una vez dada a los santos”; esa frase significa mucho, esa frase significa que ya no vendrá después de la primera generación apostólica una revelación nueva, una supuesta nueva revelación con un anuncio nuevo; ya lo que Dios tenía que anunciar a nuestra fe, ya fue anunciado; la fe ya fue dada una sola vez y no tenemos que añadirle nada nuevo; todo el contenido de lo que Dios ha revelado ya salió del corazón de Dios, ya está inspirado su registro y ya está contenido en las Sagradas Escrituras; claro que de ahí en adelante el Espíritu Santo viene a iluminarnos, a darnos revelación de lo que está escrito en la Palabra, pero ya no va a aparecer una nueva Biblia; cualquiera otra supuesta Biblia, cualquier otro libro, así sea el Corán, así sea el Libro del Mormón o cualquiera otro escrito que pretenda traer un nuevo evangelio, es declarado anatema por parte de Dios, por parte de Su palabra. El apóstol Pablo dijo que ni siquiera ellos (los apóstoles), ni siquiera un ángel del cielo, así se llame Moroní o pretenda ser Gabriel, ni siquiera un ángel del cielo puede anunciar un evangelio diferente del que reveló Jesucristo y que anunciaron los apóstoles. No es un evangelio de los apóstoles, es un evangelio de Dios por Jesucristo; y el Padre dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”; y el Señor ya reveló todo lo que tenía que revelar, ya la palabra de Dios está completa, el corpus de la verdad ya fue manifestado, ya está escrito; ahora lo que podemos hacer es procurar penetrar en él, entenderlo con la ayuda del Espíritu Santo; pero ya una revelación nueva que venga a quitarle o a agregarle o a modificar la que tenemos en la Biblia no puede darse; ya Dios pronunció un anatema sobre cualquier otro pretendido evangelio o anuncio diferente al que Él ya anunció; los apóstoles ya anunciaron y el Espíritu Santo inspiró que se registre y ya está escrito en la Biblia; por eso se habla de la fe que una vez fue dada a los santos; es lógico que ese proceso de revelación de Dios duró muchos años; Dios ya algo reveló al primer hombre, y lo que Dios reveló al primer hombre ya fue registrado en la Biblia; y luego ya hubo todo el proceso de los patriarcas, todo el proceso de Moisés, de Israel en el desierto, de Israel en Canaán, de Josué, de los Jueces, de los profetas, luego vino la cautividad babilónica, entonces vino el período de Esdras, luego vino Juan el Bautista anunciando la venida del Mesías y vino el Mesías cumpliendo las profecías, conforme a una primera venida que tenía que ser para pagar el precio de nuestros pecados conforme a la tipología y la profecía, y resucitar al tercer día ante testigos y enviar el Espíritu Santo y los apóstoles. Con la muerte del último de los doce apóstoles del Cordero, que fue el apóstol Juan, se cerró el canon de las Sagradas Escrituras y se completó el corpus de la verdad, la fe que había de ser revelada; la fe que una vez fue dada a los santos. Ahora, no estamos esperando revelaciones nuevas, sino solamente penetrar, con la ayuda del Espíritu Santo, en la revelación que ya está completa, ya fue dada y ya está en la Biblia; fue precisamente al apóstol Juan al que le correspondió completar el canon de las Sagradas Escrituras.

El libro de la consumación

El apóstol Juan fue aquel que el Señor escogió para que escribiera los últimos libros de la Biblia; ya Mateo, Marcos y Lucas habían escrito su Evangelio, pero el Espíritu Santo movió al apóstol Juan para que él escribiera cosas que ni Mateo, ni Marcos, ni Lucas habían escrito; es decir, con el Evangelio según el apóstol Juan, se completan los evangelios. Las últimas cartas o las últimas epístolas en ser escritas también fueron las del apóstol Juan; el apóstol Juan fue el último en escribir; él escribió prácticamente a fines del siglo I y también el Apocalipsis es el último libro profético y el último libro apocalíptico de la Biblia; ya en el Antiguo Testamento habíamos tenido algunos libros apocalípticos, especialmente Daniel que es considerado un apocalipsis veterotestamentario; también Ezequiel y también Zacarías; estos tres profetas tienen características apocalípticas.

Basado en ese Apocalipsis, principalmente el de Daniel, después en el período intertestamentario surgieron otros apocalipsis espúreos, tratando de presentar una visión futurista, escatológica, pero no fueron inspirados por el Espíritu Santo, no están en el canon de las Sagradas Escrituras; se pueden leer, se basan en cuestiones del Antiguo Testamento, pero no son el Antiguo Testamento mismo; luego, en el Nuevo Testamento hay algunos pasajes apocalípticos del mismo Señor Jesús; por ejemplo, los que aparecen en Mateo 24, en Marcos 13, en Lucas 17, en Lucas 21; esos son pasajes de tipo apocalíptico del Señor Jesús; pero el Apocalipsis por excelencia, el Apocalipsis que culmina la revelación, es este Apocalipsis del apóstol Juan que fue colocado al final de la Biblia. Yo creo que esa es la ubicación mejor que se le puede dar a este libro; es posible que el evangelio y las epístolas hayan sido escritas por Juan un poco después, para completar la revelación acerca del Señor Jesús, pero la culminación de la Biblia, allí donde se termina todo el desarrollo del programa de Dios, se da en el Apocalipsis. El Apocalipsis es el libro donde aparece la cosecha final; o sea que todo lo que se sembró en el Génesis, en el Pentateuco, todo lo que fue desarrollándose en el trabajo de Dios, en la economía divina, a lo largo de todos los siglos, tiene una culminación en el Apocalipsis; podemos decir que el Apocalipsis es el libro de la consumación; es un libro principalmente, no únicamente, pero principalmente escatológico.


La revelación divina trata acerca de Dios, trata acerca del Mesías, trata acerca de la caída, acerca de la salvación, trata acerca de la Iglesia; de manera que varias de las materias de la Teología Sistemática encuentran en otros libros de la Biblia sus principales contenidos; pero dentro de la Teología Sistemática lo último en tratarse es la escatología, la que trata de la consumación de las cosas.

 Existe un sentido en la historia y existe un propósito eterno de Dios, que es el que le da sentido a la historia; es un Dios Soberano y un Dios que muchas veces ha profetizado y sus profecías se han cumplido; pero tenemos también profecías para el futuro, y el libro que contiene las profecías finales es precisamente el libro del Apocalipsis. El Apocalipsis es como un libro donde están todas las terminales de la Biblia. ¿Qué quiero decir con todas las terminales? Cosas que comenzaron a ser reveladas desde el Génesis y en otros libros a lo largo de la Biblia, fueron teniendo un desarrollo; la revelación fue progresiva, se fue añadiendo algún detalle más a la revelación, hasta que toda la revelación culmina en el Apocalipsis; todo lo que comienza en cualquier otro libro de la Biblia tiene su terminación en el Apocalipsis; en el Apocalipsis encontramos el final definitivo de la mano de Dios de todos los asuntos; Dios le da conclusión a todos los asuntos y revela eso en el libro del Apocalipsis; o sea que para el Apocalipsis, para leerlo y entenderlo, se necesita tener en cuenta toda la Biblia.


Una de las razones por la cual el hereje Marción, a comienzos del siglo II, rechazó el Apocalipsis, es precisamente porque él era antijudío; él decía que el Dios del Antiguo Testamento era un demiurgo inferior, que el Padre de nuestro Señor Jesucristo era otro Dios; él no entendió que era una revelación progresiva; él dijo que era otro Dios; entonces él rechazó todo lo de los judíos, él fue un gnóstico. Simón el Mago tuvo un discípulo llamado Cerdón y éste tuvo otro discípulo llamado Marción y este Marción rechazó el Apocalipsis porque lo consideraba muy judaico; él rechazó los escritos de los apóstoles Pedro, Jacobo, Juan, así como hoy en día hacen en «Creciendo en Gracia», y solamente aceptaba algunos escritos del apóstol Pablo mutilados y solamente un evangelio, el de Lucas, también mutilado; ese es el canon de Marción, sólo Pablo mutilado y Lucas mutilado; él rechazó el Apocalipsis porque el Apocalipsis tiene mucho de semítico, tiene mucho del Antiguo Testamento; ¿por qué? porque allí están las terminales de toda la Biblia. Si tú ves un candelero en Apocalipsis, tienes que, para entender esa figura, retroceder a la primera mención, a la segunda y a la tercera y a las demás menciones del candelero; si tú encuentras unas bestias y unos cuernos en el Apocalipsis, tienes que regresar a las primeras menciones de las bestias y de los cuernos anteriores; si tú ves un trono en el Apocalipsis, tienes que regresar atrás; si tú ves un tabernáculo en el Apocalipsis, cualquier figura o señal, o profecía que tú encuentras en el Apocalipsis, se remonta a la Biblia atrás de él; o sea, el Apocalipsis es un libro no aislado, sino es el libro que culmina la Biblia; en el Apocalipsis están las terminales de la Biblia; todo lo que comienza en algún punto de la historia del pueblo de Dios se desarrolla y se culmina en el Libro del Apocalipsis; o sea que el Apocalipsis es un Libro que no se puede leer sin el resto de la Biblia. De los alrededor de 400 versículos casi 280 son alusiones al Antiguo Testamento, casi 280; o sea que para poder entender esas frases, esas alusiones, esas figuras, esas señales, necesitamos acudir a todo el Antiguo Testamento y también al resto del Nuevo Testamento.


Señales claves en el Apocalipsis

El Apocalipsis es el libro de la culminación y allí encontramos el estadio final de todas las cosas y también encontramos las señales claves que resumen toda la Escritura. Ustedes recordarán que en el Evangelio de Juan, él habla así: “Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria”; y luego más adelante dice: y esta señal hizo; como siete veces aparece de parte de Juan la mención de que el Señor Jesús hizo señales. La palabra señal, semeion [σημείων] en el griego, significa algo más que prodigio; algo más que milagro; un milagro puede ser una cosa prodigiosa, pero la palabra señal quiere decir más que milagro y quiere decir más que prodigio; una señal es un signo. Un signo o una serie de signos son instrumentos de revelación y de mensaje. Cuando un milagro se considera solamente como milagro todavía no estás viendo la señal; pero cuando el milagro sirve de señal para un mensaje de Dios acerca de Cristo, de nuestra condición, de la salvación, ahora le podemos llamar que existe una señal, no sólo un milagro; o sea que Dios usa los milagros como señales, usa visiones, usa figuras como señales.

Si ustedes me acompañan al primer capítulo de Apocalipsis, ustedes van a ver, aunque aquí en el castellano no está tan claro eso, en el idioma griego es sumamente claro; allí en Apocalipsis 1:1 dice: “Apocalipsis de Jesucristo”; ese artículo “la” no está en el griego; no es “La revelación de Jesucristo”, sino “Revelación de Jesucristo”, “Apocalipsis de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto, y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”. Por ahora no me voy a detener sino en el contexto de lo que venimos diciendo en forma inmediata en la palabra “declaró”; lo que aquí se traduce “declaró”, la revelación de Jesucristo que Dios le dio, esa palabra “declaró” es una palabra griega que tiene como raíz esa palabra “semeion”, que quiere decir “señales”; o sea la declaró por medio de señales; la idea de declarar por medio de signos, de figuras, de símbolos para dar un mensaje a través de esas señales, está debajo de esta palabra “la declaró”; o sea, la manifestó con señales, con signos, con símbolos, con figuras.


Eso quiere decir principios espirituales primero, proyecciones proféticas segundo, realidades históricas que cumplen esas profecías y manifiestan esos principios son declaradas por medio de señales. Las señales no son solamente algo histórico y no es solamente algo profético; la señal es algo para mostrar principios. Por ejemplo dice Juan: Vi una señal en el cielo, una mujer, y la describe, para dar a luz un niño, y lo describe, y luego dice: Vi otra señal: un gran dragón con tantas cabezas y cuernos, y lo describe; esas cosas son señales; o sea, Dios está dando un mensaje, revelando principios a través de esas señales. Claro que esos principios que son de Dios y que revelan el carácter de Dios se manifiestan también en las profecías y lógicamente también en las coyunturas históricas, pero principalmente las señales, lo que hablan, son mensajes y principios.


Una clave triple

Primera clave: Interpretación histórica. Entonces hablábamos de una cuchara que tenemos que tener preparada para tomar la sopa; o sea, una hermenéutica, unas reglas, normas, métodos, principios de interpretación que necesitamos usar para el Apocalipsis. Como el Apocalipsis es un libro de señales, las señales revelan principios así vengan de profecías o dentro de casos históricos. Nos damos cuenta de que debemos interpretar el Apocalipsis en un triple nivel por causa de que es un libro de señales. Un milagro como ejemplo, la conversión del agua en vino en Caná, no era solamente un milagro; era una señal; o sea el milagro fue algo histórico, pero ese milagro estaba proyectando una enseñanza, un principio; no era solamente un milagro que aconteció, sino que ese milagro significaba algo, algo en relación a Dios, algo en relación a nosotros, algo en relación al plan de Dios, algo en relación al lugar de Cristo en ese plan. Entonces quiero decirles que a este libro de Apocalipsis debemos leerlo en una triple clave, puesto que es una revelación declarada en señales. La primera clave es una clave histórica; es decir, el libro se dio en un contexto específico de la historia; algo aconteció en la historia y algo Dios estaba respondiendo con ese libro para la historia. Cuando, por ejemplo, el Apocalipsis fue enviado a las siete iglesias que están en Asia, esas iglesias eran iglesias históricas que estaban en una determinada situación histórica y que estaban pasando por una determinada situación, y el Señor responde a las necesidades coyunturales históricas de sus iglesias en ese tiempo y les escribe con figuras que ellos podían entender y que podían utilizar para interpretar su propia coyuntura, ser consolados y ser inspirados en su situación histórica. Por ejemplo, Abraham vivió una historia y esa historia de Abraham está registrada en la Biblia y fue algo que aconteció con Abraham. Él tuvo dos mujeres: una se llamó Sara, otra se llamó Agar; tuvo de Agar un hijo que se llamó Ismael, tuvo de Sara otro hijo que se llamó Isaac y todo aquello fue una historia; sin embargo, hay otra lectura que tenemos que hacer después y encima o detrás, como usted lo quiera decir, de la primera lectura histórica.

Segunda clave: Interpretación profética. Pablo, cuando leía la historia de los patriarcas, él se dio cuenta por el Espíritu Santo que le abrió los ojos, que detrás de aquella historia, detrás de aquellas coyunturas históricas, Dios estaba usando esa historia para proyectar una alegoría. Entonces Pablo en el Libro de Gálatas, cuando cuenta la historia del patriarca Abraham y de sus mujeres Sara y Agar y de sus hijos Ismael e Isaac, dice Pablo: “24Lo cual es una alegoría, pues estas dos mujeres (no son sólo dos mujeres) son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual (la Jerusalén terrenal), pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud”. Vemos, pues, que Agar representa el Antiguo Pacto, Sara representa el Nuevo Pacto. Ismael representa el hijo de Agar, nacido por el esfuerzo humano, en cambio Isaac representa al hijo nacido por la intervención soberana y sobrenatural de Dios, por el Espíritu; o sea que detrás de la historia el apóstol Pablo pudo discernir, no solamente que Dios nos estaba contando una historia en Génesis, sino usando esa historia como alegoría; lo mismo sucede en el Apocalipsis. En el Apocalipsis, ciertamente la iglesia en Efeso era una iglesia histórica; ciertamente que lo que se dice ahí sucedió allá; seguramente que el personaje Antipas que aparece mencionado en Pérgamo era un hombre real a quien realmente mataron; seguramente que Jezabel, la que aparece en Tiatira, era una mujer específica que se llamaba Jezabel y lo que se dice aconteció en forma histórica; pero no hay que quedarnos solamente en leer estos pasajes solamente como historia, puesto que Dios mismo dice que además de historia son proféticos; por eso en el libro de Apocalipsis se habla de que este libro es una profecía; y luego en Apocalipsis 1:3, dice: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía”; o sea que el Apocalipsis es una profecía y es una profecía no solamente en relación con acontecimientos pasados, sino en relación con acontecimientos futuros; por eso miren lo que dice en el versículo 1: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”; cosas que deben suceder; o sea que no todo lo que está en el Apocalipsis es una revelación de algo histórico pasado, sino que se proyecta hacia el futuro. “Cosas que deben suceder”, cosas que están en el futuro, y por eso lo llama este libro “profecía”. “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca”. Claro que esta palabra que dice aquí: “que deben suceder pronto” y “cerca”, es desde el punto de vista del que da la revelación, que es el Señor Jesús; para Él un día es como mil años; los últimos días para nosotros es un largo período, pero para el Señor es como un pestañeo, porque Él es eterno.

Entonces la palabra “cerca” y la palabra “pronto” debemos saber que provienen de la boca de Jesucristo y no necesariamente de la boca de Juan.


Entonces en Apocalipsis 22, se nos declara lo mismo. Apocalipsis 22:19 y luego en el versículo 10. En el 19 dice: “Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro”; o sea, “el libro de esta profecía”; éste es un libro de profecía. En el 22:10: “Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca”. Entonces, hermanos, tenemos tres versos que nos dicen claramente que el Apocalipsis es un libro de profecía; de manera que la cuchara para tomar la sopa, la hermenéutica para interpretar, nos indica que debemos leer este libro como una profecía y no sólo como algo histórico. Ah, claro que ha habido intérpretes que han tenido intereses de solamente tomar el Apocalipsis como un libro histórico del pasado; especialmente aquellos que son denunciados en este libro; les gusta que se interprete el libro como algo del pasado; es una cuestión de Nerón; esos siete reyes, ya pasaron; esa es una cosa del pasado, que había una persecución; entonces como para darles un poco de tranquilidad en esa persecución, les dijo unas cuantas cosas; esa es una cosa del pasado y no tiene nada que ver con el ahora. Claro, como habla de la gran ramera vestida de púrpura y de escarlata, la ciudad de Roma, y como habla otras cosas posteriores, muchos intérpretes no quieren verse retratados en esa profecía y prefieren considerar el libro desde el punto de vista meramente histórico, como cualquiera otro de los apocalipsis judíos que había en el período intertestamentario, y a lo mejor no fue el apóstol Juan, sino otro Juan, porque Eusebio, porque Papías, y empiezan con ese espíritu de escepticismo a tratar de desembarazarse de este libro. ¡Qué cosa seria! Si quitarle una parte a esta profecía es serio, cuanto más quitarse el libro de encima es más serio. Este libro no es para quitárselo de encima; es para leerlo, oírlo y guardar las cosas que en él están escritas.


Entonces, hermanos, además de percibir en el libro, porque sí se perciben acontecimientos históricos, esos mismos acontecimientos históricos sirven como tipología para proyectar alegoría y profecía; así como la historia de los patriarcas, no sólo fue historia, sino que proyectaban alegoría y profecía, así también los acontecimientos históricos, como el de Nerón, como el del Nerón revivido llamado Domiciano, fueron acontecimientos históricos; pero esos acontecimientos históricos, al igual que los acontecimientos históricos patriarcales, proyectaban profecía para el futuro; esto es profecía, no es sólo historia; esto no es para describir sólo situaciones del pasado reciente de Juan, sino del futuro de todos los siervos de Dios. Este libro, dice, es para revelar a sus siervos o manifestar a sus siervos, o sea a los siervos; aquí no habla de un predicador especial, sino de todos los hijos de Dios, que son todos siervos de Dios; manifestar a ellos las cosas que deben suceder pronto. Este libro es una profecía; de manera que cuando leemos algunas cosas, aunque hayan tenido un cumplimiento histórico, Dios escogió esos acontecimientos históricos como lenguaje, como señal para proyectar profecía y también principios


Tercera clave: Interpretación arquetípica, de los principios. El tercer nivel de interpretación que tenemos que tener en cuenta es el nivel de los principios. Hay una interpretación histórica inicial; sobre ella una interpretación profética; pero Dios, tanto en el cumplimiento histórico, como en la profecía, manifiesta principios; “arqué”, es la palabra que quiere decir “principio”; por eso le podemos llamar interpretación arquetípica; percibir el arquetipo, el principio. Entonces está una interpretación histórica, pero como no es solo una historia, proyecta profecía, proyecta tipología, proyecta alegoría, hay una segunda interpretación profética que es obligatoria, porque es una profecía; no podemos tomar esto solamente como un libro histórico, aunque sí lo es, pero es más que eso, es una profecía; pero esta profecía nos obliga también a ver que Dios revela principios en las señales.

Fíjense, por ejemplo, conmigo en Apocalipsis 2 y 3, como después de que le habla a siete iglesias históricas, está proyectando profecía acerca de la iglesia; pero luego de proyectar profecía acerca de la iglesia, al final de cada mensaje a cada iglesia, dice lo siguiente (2:7, cuando le habló a Efeso): “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. En el verso 1 decía: “El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:” o sea, este es el Hijo, el Hijo de Dios habla esto a una iglesia histórica que existió en el tiempo de Juan, que era la iglesia en Efeso; pero en la iglesia de Efeso está tipificado lo que caracterizaría un período profético de la historia de la iglesia; entonces usando las situaciones coyunturales se está proyectando profecía; pero no sólo se proyectan profecías, porque ahora dice: “Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; o sea, a las iglesias en general, no sólo a estas siete, no sólo a las de aquella época, sino a las iglesias, todas las iglesias, cualquier ocasión que suceda en cualquier iglesia, un asunto semejante al que sucedió en Efeso, o en Esmirna, o en Pérgamo, o en Laodicea, Dios está revelando cómo Él entiende eso, cómo lo trata Él, qué aprueba Él, qué desaprueba Él.


¿Qué diferencia hay entre lo profético y lo arquetípico? Lo profético quiere decir que unas determinadas condiciones prevalecen en una determinada época de la historia de la iglesia; eso es lo profético. Por ejemplo, Dios sabía que en la edad media iba el cristianismo, la cristiandad, a tomar determinado cariz; entonces, tomó una iglesia histórica de la época, por ejemplo Tiatira, donde acontecía lo que iba a prevalecer en esa época medieval; entonces le habló primeramente a Tiatira en lo histórico; pero al hablarle a Tiatira en lo histórico, profetizó acerca de lo que prevalecería en determinado período de la historia de la iglesia, y Dios trató con la iglesia en sus períodos futuros; eso es lo profético, pero lo arquetípico es que no importa si tú no estás en determinado período histórico donde prevalecen determinadas situaciones; puedes estar en cualquier período, puedes estar en cualquier país, en cualquier lugar de la historia de la iglesia, de la geografía y del espacio, Dios está revelando principios. “Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; o sea, si tiene oídos espirituales, capte los principios. Si por ejemplo en tu iglesia, en tu localidad, están sucediendo cosas semejantes a las que acontecieron históricamente en tal iglesia o en determinado período de la iglesia, Dios habló ya, reveló sus principios de tratamiento, reveló sus aprobaciones, reveló sus desaprobaciones; entonces hay que tener en cuenta lo que revelan de Dios, de su trato, de sus evaluaciones y valoraciones estas profecías; tanto lo histórico como lo profético revelan lo arquetípico.

Lo histórico sirve de lenguaje para proyectar profecía, pero tanto en lo histórico como en lo profético se revelan los principios de Dios. A veces nosotros queremos ver el aspecto profético y queremos aplicarlo minuciosamente a determinada época de la historia de la iglesia o de la historia humana, determinados acontecimientos; pero resulta que en otros acontecimientos de otra época histórica, tú también puedes aplicar esas profecías. De hecho, durante veinte siglos, los cristianos han estado aplicando las profecías de la Biblia.

¿Por qué eso? Porque detrás de los acontecimientos históricos, detrás de la prevalencia en determinada época de ciertas condiciones, o sea, el aspecto profético, existen principios que siempre se mueven, no importa si estás en la edad media, el Apocalipsis te sirve proféticamente en la edad media; por causa de los principios; te sirve en la edad moderna por causa de los principios; te sirve en el primer siglo por causa de los principios.


Los arquetipos detrás de la historia

Dios es el Señor de la historia, y quisiera que mis hermanos recordaran unos versículos que están en el libro del Eclesiastés. Eclesiastés 3:10-11; y vamos a ver unas palabras que Dios dice allí que nos ayudan a entender este asunto de los principios; dice así:

“10Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. 11Todo lo hizo hermoso en su tiempo”; ok, ahí vemos el tiempo, ahí vemos la coyuntura histórica; pero resulta que los hombres, que en su cuerpo son temporales, fueron creados para la eternidad; y dice lo siguiente: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”; o sea que el hombre vive en el tiempo, pero el hombre tiene algo en su interior que es para la eternidad, que no se limita al tiempo, que lo hace levantarse de lo meramente accidental y coyuntural a un significado perenne; eso lo hizo Dios en el hombre.

Entonces el hombre necesita interpretar los principios detrás de la historia. Así como se descubren leyes biológicas; por ejemplo, Mendel comenzó a hacer unos experimentos con las plantas, con unos guisantes, y descubrió las leyes de la genética; o sea que no era que esta vez esta plantita, si yo siembro esto, produjo esto, pero eso fue esta vez; la próxima vez puede ser que produzca otra cosa; pero después produjo lo mismo, después lo mismo y después lo mismo; se dio cuenta de que de todas las coyunturas, todas, reflejaban un principio que siempre se repetía; ahí fue cuando descubrió las leyes de la genética.


Bueno, también la historia es como un cumplimiento alegórico de la teología. Fíjense que el Señor hablaba en parábolas; Él hablaba de la viña, cómo hay que sembrar esto, cómo se siembra aquello y cómo se recoge esto y cómo se recoge aquello; o sea, el reino de los cielos es semejante a un hombre que siembra una semilla y luego crecen unas hojitas verdes, luego le sale la espiga, luego el grano llena la espiga y cuando el grano ya está maduro, se mete la hoz porque la siega ha llegado; o sea, Él tomó algo que aconteció una vez, dos veces, tres veces, hasta que se volvió la ley de la naturaleza; ahora tomó la naturaleza y la usó como figura de la historia. El Señor interpretó la historia con el lenguaje de la naturaleza; o sea que la naturaleza es una señal para convertirse en parábola y hablar cosas de la historia, del tiempo de la siega, del tiempo de la siembra, del tiempo de regar y por eso se habla: vosotros sois plantío de Jehová y uno siembra, otro riega; o sea, lo que servía de algo natural, histórico, que sirvió para mostrar leyes naturales, ahora sirve como parábola para mostrar leyes o principios espirituales; o sea, existe un control de Dios; así como hay una providencia, un ciclo completo con un desarrollo completo en lo natural en una planta, por ejemplo en una espiga de trigo, lo mismo existe entre los seres humanos. El Señor habla de las vides que ya están maduras y hay que pisar el lagar y exprimir el jugo de la uva y subirá sangre hasta los frenos de los caballos; ahora él utiliza la siega: un ángel con una hoz. Mete tu hoz porque la siega ha llegado y ahora resulta que esas vides y esas espigas son naciones, son personas. Vemos, pues, que Dios revela cosas espirituales a través de las naturales. Las naturales son la figura, son el símbolo, pero existen realidades espirituales de las cuales Dios habla y esos son los principios, los arquetipos.

Pero la Biblia nos revela no sólo profecía lineal, sino principios; entonces en el Apocalipsis tenemos que tener en cuenta también ese tercer nivel hermenéutico; después de lo histórico y de lo profético, tenemos que ver el nivel arquetípico: los principios. Cuando dice: Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias, ya no está hablando solamente de la iglesia de Efeso específica de aquella época ni del período de la iglesia primitiva representado por ella, sino que Dios reveló principios cuando trató con aquella iglesia histórica y con aquel período de la iglesia; reveló principios de Su reino que aparecen en cualquier situación. En cualquier momento tenemos que discernirlo y aplicarlo.

Por eso es que los hermanos del siglo II y del siglo III podían leer Apocalipsis, podían interpretar sus acontecimientos históricos coyunturales desde la época y ser beneficiados; pero pasada la edad media vino el cambio de milenio, el primer milenio; hubo nuevas situaciones y resulta que lo que había acontecido antes, volvía a acontecer después, y aquellos primeros cumplimientos servían de tipología, alegoría y enseñanza, porque revelan los principios para interpretar otra época posterior, la del primer cambio de milenio; y ahora nosotros estamos comenzando otro milenio y también las mismas cosas comienzan a acontecer y a revelarse; o sea que existe un cumplimiento típico y un cumplimiento final. Cuando está aconteciendo el típico puede parecernos que es el final, pero luego la historia nos muestra que era típico y no el final; por eso es que dice: La bestia que has visto, ese es el discernimiento de la situación política internacional; la bestia que has visto, era y no es y será; entonces cuando dice: era, está mostrando que sí realmente hubo un cumplimiento de la profecía. La profecía había dicho que iba a suceder eso y sucedió; pero no sucedió en forma definitiva, porque después va a suceder en forma definitiva otra vez. Entonces, era, pero no es todavía la final, pero será. Las cosas son y no son. Son porque es un cumplimiento de lo típico, pero no son todavía el definitivo, porque el definitivo viene después; por eso el Señor Jesús llamó la atención: Cuando vean guerras y rumores de guerra, terremotos y falsos profetas, tranquilos, eso es necesario que acontezca, pero todavía no es el fin; porque había la tentación de creer: Bueno, aquí hubo una guerra, ya es el fin inmediato; otra guerra, ahora sí es el fin inmediato; otra guerra, ahora si es el fin inmediato; tampoco era; en el siglo III otra guerra; ahora sí es el fin inmediato; tampoco era.

Después del siglo III otra guerra, ahora sí, no; por eso el Señor Jesús dijo: todavía no es el fin inmediato; es decir, lo que tenemos que hacer es vivir los principios, porque si tú vives en los principios de Dios, cualquiera que sea el cumplimiento, cualquiera que sea, puede ser provisorio, transitorio, tipológico, final, tú vas a estar correcto.

Pero si tú te pones a decir: Bueno, el anticristo es Hitler y resulta que no era él, entonces, ¿se equivocó la Biblia? No, no fue la Biblia; fuiste tú; la Biblia no habla de Hitler, pero habla de personas que actúan como Hitler; pero no sólo Hitler actúa así; o sea, arquetipos, cosas que se repiten en distintas coyunturas; la Biblia nos habla de sus principios y nos consuela y nos dirige en cualquier coyuntura; por eso está hablando a Efeso, sí, está tratando con Efeso histórico, está tratando de un período tipificado por Efeso, pero ahora dice: El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a todas las iglesias; o sea, está hablando para todas las épocas, para todos los lugares, para todas las situaciones; ¿para qué? para sacar los principios del asunto.


Ciclos de cumplimiento

Yo quiero llegar a un verso donde esto que les estoy diciendo, lo dice aquí la Biblia. Fíjense aquí en Eclesiastés 3:14-15; ahí está revelado por la palabra de Dios este asunto de los ciclos de cumplimiento tipológico hasta un cumplimiento definitivo. Por favor, guarden estos dos versos: Eclesiastés 3:14-15, porque ahí se revela en pocas palabras esto que yo emplee mucho tiempo diciendo. Miren lo que dice aquí Salomón por el Espíritu Santo: “14He entendido”; ah, por fin dejó de solamente estar mirando la coyuntura para ver el principio.

¿Entienden, hermanos? Muchos quieren leer el Apocalipsis sólo para ver la coyuntura. Ahora esto, ahora aquello, y se quedan sólo en lo coyuntural y no pasan detrás de la coyuntura a ver el principio. Las señales son para mostrar el principio, ya sea en ésta o en cualquier coyuntura parecida; hay que sacar el principio. Ahora Salomón, después de haber vivido muchas coyunturas, entendió el principio. Dice Salomón:


“14He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. 15Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”.

¿Se dan cuenta de este principio tan importante? Todo lo que Dios hace será perpetuo. ¿Para qué? para que todos los hombres de todas las épocas, de todos los lugares, al ver los principios de Dios manifestados en toda coyuntura y cumplidos proféticamente, teman los hombres; Dios está en el control. “Aquello que fue, ya es”. Cuando ustedes leen en el libro I de los Macabeos, se dan cuenta que la profecía de Daniel 11 tuvo cumplimiento con Antíoco Epífanes en el tiempo de los Macabeos. Lean Daniel capítulo 9, capítulo 10, capítulo 11, especialmente el 11, y miren lo que va a pasar: la abominación desoladora, y cómo profanará el santuario y perseguirá a los santos y tal; y luego lean el primer libro de los Macabeos, la historia de Antíoco Epífanes, y se dan cuenta de que Antíoco Epífanes cumplió la profecía de Daniel 11; pero luego viene el Señor Jesucristo, toma la misma profecía de Daniel 11, se refiere al mismo Daniel 11 y dice: “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel”; y aplica esa profecía para el futuro, como si Antíoco Epifanes no hubiera cumplido nada; o sea que lo que sucedió en tiempo de Antíoco Epífanes fue un cumplimiento tipológico. ¿Por qué? porque hay dos simientes que se están moviendo.

Cada simiente manifiesta sus principios; siempre que Dios se mueve, se mueve según sus principios; y el diablo tiene sus antiprincipios o antivalores y se mueve también, y él siempre quiere controlar, dominar y hacer lo que hizo Antíoco Epífanes; tiene oportunidad el mismo espíritu y hace lo mismo con Nerón, y si tiene oportunidad hace lo mismo con Domiciano, y luego hace lo mismo por allá con el sultán Saladino, y hace lo mismo con Hitler o con Napoleón, o con cualquiera de los actuales. ¿Por qué? porque el espíritu es el mismo.

Miren: las personas se mueren, pero no los espíritus: éstos continúan, y los principios continúan. Si tú siembras un grano de maíz hoy, te va a dar una planta de maíz; pero si tomas otro grano de maíz y lo siembras de aquí a diez años, te vuelve a producir otra mazorca de maíz; ¿por qué? porque era la misma genética, el mismo principio.

¿Se dan cuenta? Entonces eso es lo que quiere decir interpretación arquetípica, percibir el arquetipo, el principio. Hay algo histórico, verdadero, algo profético también verdadero y algo arquetípico también verdadero. Necesitamos las tres cosas, verlo en los tres niveles y no verlo en un solo nivel. Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias; aquello que fue, fíjate, con Antíoco Epífanes, ya es otra vez con Pompeyo; aquello que fue con Pompeyo, año 63 a.C., ya es otra vez con Vespasiano y con Tito, año 70 d.C.; y después vuelve y es con Adriano y la revolución de Bar Cochba en el 135, y después vuelve y sucede en el tiempo de las cruzadas, y ahora en los tiempos modernos; estamos más cerca de lo definitivo; vuelve y acontece.

Todo lo que Dios hace será perpetuo, sobre ello no se añadirá, ni de ello se disminuirá, y lo hace Dios para que delante de Él, teman los hombres, y para que los hombres conozcan a Dios.


Y ahora dice: “Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya”. ¿Tú quieres saber cómo va a ser el tiempo del anticristo? Léete el libro de los Macabeos y ve como fue Antíoco Epífanes; cuando lees la historia de Antíoco Epífanes, vas a ver cómo va a ser el tiempo del anticristo; y cualquier anticristo tipológico o típico que aconteció en la historia de la iglesia, porque el espíritu de anticristo, el misterio de iniquidad ya está en acción desde el principio de la historia de la iglesia, y cada vez que tiene oportunidad se acerca más a su cumplimiento final, porque es un mismo espíritu. “Aquello que fue, ya es, y lo que ha de ser, fue ya”. ¿Quién hace esto? Dios, Dios restaura lo que pasó; entonces debemos captar a Dios. El Apocalipsis es para conocer a Dios, es para conocer a Cristo y es para estar preparados para cualquier coyuntura histórica, para cualquier situación. Ahora, no vayan a desanimarse en este sentido: Bueno, si esto es solamente típico, puede ser que éste no sea el cumplimiento final, las cosas como están ahora. Yo les digo: hermanos, vivan como si fuesen a morir mañana; que si no es, hayan vivido conforme a los principios del Señor, pero si es, no los agarre desprevenidos. ¿Se dan cuenta? Los apóstoles vivieron como si el Señor fuera a venir en esa generación; bueno, no vino, pero vivieron como había que vivir. La segunda generación lo mismo. Nosotros debemos vivir como si ésta fuera la última y que puede ser o puede no ser; no podemos ser dogmáticos, pero sí puede ser. ¿Entienden, hermanos? Hay que aprender de toda la historia, de todas las coyunturas, de la profecía y de la interpretación actual de los acontecimientos, porque lo que está siendo ahora ya fue en otra vez. No sabemos si sea la última; puede ser, no sabemos. ¿Amén, hermanos? Pienso que por hoy, podemos parar aquí. ☐


Continúa con: Título del Apocalipsis.

ENCABEZAMIENTO DEL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 0:47, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (5)


ENCABEZAMIENTO

DEL APOCALIPSIS



“1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas, que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.  3Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:1-3.

El Hijo heredero de todo

Vamos a la palabra del Señor en el libro del Apocalipsis, para comenzar con su ayuda, a considerar este libro; lo cual, como aquí dice al comienzo, para todos nosotros los que leemos, oímos y guardamos, si lo hacemos, es una bienaventuranza. En ningún otro libro se promete esta bienaventuranza, como en Apocalipsis. En la isagogia o introducción preliminar a este libro, vimos primeramente lo relativo a la alta crítica; segundo, lo relativo a la baja crítica; y tercero lo relativo a la hermenéutica o interpretación. Ahora entonces, empezamos, con la ayuda de Dios, a leer en forma exegética el libro; y vamos a comenzar en el capítulo 1 de Apocalipsis. Inicialmente vamos a ver los tres primeros versos; vamos a leerlos de seguido, pero luego volveremos sobre nuestros pasos, con la ayuda del Señor, para considerar lo que leímos.

Apocalipsis 1:1-3; leo según la traducción Reina-Valera de 1960:

“1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. 3Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Vamos a meditar juntos, hermanos, en estos primeros versos; son tremendos. Este es el título del libro, pero en el título se resume el contenido del libro; siempre los títulos procuran darse para resumir el contenido. Entonces siendo este el título del Apocalipsis, aquí se nos resume el contenido; y fíjense cómo comienza el libro: Apocalipsis de Jesucristo; así lo dice aquí en el griego, revelación de Jesucristo, Apocalipsis de Jesucristo; el libro se llama así: Apocalipsis de Jesucristo; lo principal que se revela en este libro, lo central es Jesucristo mismo; por eso se llama revelación de Jesucristo. No solamente que Dios le reveló a Jesucristo; claro que sí, esto también es un primer asunto. Dios le dio esta revelación a su Hijo. Por eso dice: la revelación de Jesucristo que Dios le dio; Dios el Padre le dio esta revelación a su Hijo y su Hijo la envió por medio de su ángel a su siervo Juan; el apóstol Juan, uno de los más íntimos de Él; entonces aquí vemos una delegación de esta revelación, pasando del Padre al Hijo, pasando del Hijo a su ángel, pasando de su ángel al apóstol Juan y pasando del apóstol Juan a sus siervos, para que sus siervos la lean, la oigan y la guarden; ese es el orden de dispensación de Dios.


Pero el libro se llama revelación de Jesucristo; o sea que el tema principal del propio Padre es el Hijo. Al Padre le agradó que su Hijo tuviese toda plenitud y le dio la preeminencia sobre todas las cosas y todas las demás cosas sólo tienen su debido lugar en relación con el Hijo, en relación con Jesucristo; por eso todas las cuestiones del futuro no se entenderían si no fuera en relación con Jesucristo.

Cuando Jesucristo resucitó y apareció a los apóstoles, como lo dice allí en Mateo, ustedes lo recuerdan al final del evangelio, en Mateo 28:18; son interesantes las palabras que el Señor Jesús pronuncia a sus apóstoles. Él les dice lo siguiente:  “Y Jesús (ya resucitado) se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”; así comienza. El Padre le dio al Hijo toda potestad en los cielos y en la tierra; el Hijo es el objeto del amor del Padre, el objeto del trabajo del Padre; el Padre todo lo hace para el Hijo; todo lo hizo para el Hijo. Creó para el Hijo; al Hijo lo constituyó heredero de todo; por tanto es algo que el Padre le da al Hijo; el Padre le revela al Hijo cuánto lo ama y lo que le ha dado y en qué posición suprema lo ha colocado; por eso es una revelación acerca de Jesucristo, dada a Jesucristo y también, como dice Jesucristo: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.


Nosotros somos llamados a ver el amor que el  Padre le tiene al Hijo, y somos un regalo que el Padre le da al Hijo; toda la creación es un regalo del Padre al Hijo; todo lo que Dios quiere hacer es en torno de Su Hijo; todo lo que Dios quiere revelar, todo lo que Dios quiere mostrar es quién es Su Hijo. Antes de que existiera creación el Padre se bastaba en su Hijo. El Padre se solaza en su Hijo, como el Hijo se solaza en el Padre y esto en el Espíritu, que es comunión entre el Padre y el Hijo. Por eso este libro que termina toda la Biblia, que culmina todo el programa de Dios, se centra en Jesucristo; en este libro se completa la revelación de Jesucristo; fíjense en que si no hubiera Apocalipsis, toda la Biblia estaría incompleta; habría habido un principio, pero no se sabría con qué fin. Ha habido sucesos y acontecimientos, pero ¿dónde va a terminar todo? Pero este libro es el que nos dice en qué termina todo; todo termina en la gloria de Dios en Jesucristo y la gloria de Jesucristo en Su pueblo, en Su iglesia, porque la iglesia es la coheredera con Cristo, la iglesia es el cuerpo de Cristo; por eso el Apocalipsis comienza con la cabeza y el cuerpo. En el capítulo 1 se nos revela la cabeza y en los capítulos 2 y 3 se nos revela el cuerpo que es lo central. Lo central es Dios revelado en Cristo que mora por el Espíritu en su cuerpo; el Hijo con Su iglesia son los herederos de todas las cosas.


Toda potestad en Cristo

Ya después se nos revela la escena celestial a partir de la ascensión; cómo aquel Jesucristo resucita y dice: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, y él asciende y allí aparece el capítulo 4: el trono y Dios adorado por la creación; luego el capítulo 5, donde es adorado por la redención y tomando en sus manos el rollo del libro y abriendo el libro para revelar de qué manera Dios va a cumplir Su objetivo y va a llevar adelante Su propósito eterno y le va a dar conclusión; sin Apocalipsis no hay conclusión, no hay sentido en la vida, no hay sentido en la historia, no hay sentido en nada, ni en la religión; si no hubiera Apocalipsis; y Apocalipsis es la revelación final, pero esa revelación final tiene un centro y ese centro es el Hijo de Dios; ese centro es el Padre revelado en el Hijo, amando al Hijo, dándole todas las cosas al Hijo y el Hijo correspondiendo al Padre en el amor, devolviéndole al Padre todas las cosas; esa es la culminación, como ustedes pueden verlo aquí en 1 Corintios 15, donde se nos habla de la culminación.  Lo que habla Apocalipsis, lo habla 1 Corintios 15 en forma resumida. Leamos los versículos 27-28: dice: “27Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies.” ¿Cuándo comienza a suceder esto? en la ascensión; recuerden lo que decía el Salmo: “Dijo el Señor a mi Señor (o sea el Padre al Hijo): Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a todos tus enemigos por estrado de tus pies”; o sea, el Padre quiere honrar al Hijo y toda la rebelión del universo la va a someter al Hijo; entonces ¿qué le dice al Hijo? Siéntate a mi diestra; o sea, a partir de la ascensión comienza un trabajo en el mundo invisible, en relación con este mundo visible, y su mundo visible donde se expresa lo invisible; lo de los cielos y de la tierra. Jesús resucitó y dijo: “Toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra”; y por eso en Apocalipsis 4 lo primero que se describe es el trono; y en Apocalipsis 5, el Hijo llegando al trono y recibiendo del Padre la herencia y luego abriendo el libro y mostrando el desarrollo de Su programa, de qué manera Él va a tomar el reino y va a someter a Sus enemigos debajo de Sus pies y va a entregar al Padre el reino; de ahí lo que dice en 1 Corintios 15:27: “27Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies (toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra, todas las cosas). Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas (o sea el Padre). 28Pero luego que todas las cosas le estén sujetas”, eso es el proceso que se revela en el trabajo de Dios. Hijo, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies; ahora el Hijo como un Cordero inmolado que vamos a ver en el capítulo 5, aparece y recibe el libro.

¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Aparece el Cordero, el Único, y comienza a abrir el libro; y ¿qué vemos cuando ese libro es abierto? Vemos cómo el Señor somete todas las cosas bajo los pies de Su Hijo. Siéntate a mi diestra, hasta que ponga todas las cosas  bajo tus pies.


La revelación de Jesucristo

Entonces la apertura del libro de  los siete sellos es la manera como el Padre le sujeta al Hijo todas las cosas, así como el Hijo le sujeta al Padre todas las cosas; esto está aquí resumido en estos dos versículos.  “28Pero luego que todas las cosas le estén sujetas (la manera está revelada allí en el libro de los siete sellos), entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.  Ese es el final, esa es la síntesis de Apocalipsis; todo Apocalipsis está resumido en estos dos versículos. ¿Ven? Siéntate, ahí empieza el trabajo de la Cabeza por el Espíritu; luego a la Iglesia como Su vehículo primero, y luego el Señor, después de usar a la Iglesia en el caballo blanco, sigue el rojo, el negro y el amarillo, y va poniendo cinco, seis y siete sellos y trompetas y copas, hasta que le sujeta al Hijo todas las cosas, y cuando todas las cosas le han sido sujetadas al Hijo, el Hijo se las sujeta al Padre y hay una culminación, y en esa culminación Dios es todo en todos; y al fin, lo que no tenía explicación, lo que no tenía conclusión, no tenía explicación, tiene conclusión; tiene conclusión final y tiene explicación final.  Por eso ese libro empieza así: “La revelación de Jesucristo”.  Claro que aquí habla del anticristo, de la bestia, de cuernos, de langostas, de caballos, de un montón de cosas, pero aquí no dice: la revelación de los caballos, o la revelación de los cuernos, o la revelación de las bestias, de las langostas, del anticristo; no, todas esas cosas solamente explican quién es Jesucristo; por qué se le permitió a criaturas rebelarse y qué revela ahora la victoria del Señor contra las criaturas que con libertad se rebelaron; es para mostrar a Jesucristo. El Padre conoce al Hijo, pero el Padre quiere dar a conocer al Hijo y cuando el Padre da a conocer al Hijo, el mismo misterio de Dios es revelado, porque el Padre se revela por el Hijo.

Cuando el Padre muestra quién es el Hijo, Dios es plenamente conocido; mientras tanto el diablo sigue diciendo muchas mentiras acerca de Dios y hay muchas personas que están confundidas acerca de Dios.  Desde que la humanidad apareció en la tierra, la serpiente lo primero que dijo fue: ¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de todo árbol del huerto?  Sabe Dios que el día que comáis del árbol de la ciencia del bien y del mal serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios; o sea, ¿qué está haciendo la serpiente antigua, Satanás? Está tergiversando a Dios, está como dice en el capítulo 4 de la segunda carta a los Corintios, encegueciendo el entendimiento de los incrédulos en Dios, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo.  El Cristo de Dios que revela a Dios es glorioso; el trabajo de Satanás es oscurecer el entendimiento acerca de Dios; el mayor malentendido es Dios; pero Dios le dijo al Hijo: Hijo, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a todos tus enemigos por estrado de tus pies. ¿Para qué resucitó y ascendió y glorificó Dios a Su Hijo Jesucristo? Para ponerle a Su Hijo todas las cosas debajo de Sus pies; y en este libro de Apocalipsis se revela la conclusión de ese trabajo; el proceso y la conclusión de este plan eterno del Padre para con Su Hijo, sabiendo que sería Su Hijo el que revelaría el misterio de Dios y ahí en ese misterio del Padre con el Hijo, porque es un asunto del seno de Dios, allí es donde encuentran las criaturas su lugar definitivo; las criaturas no tienen lugar ni explicación, sin relación a Dios, sin relación a la Trinidad, sin relación a la revelación del Padre con el Hijo en el Espíritu Santo. Solamente es en la Trinidad donde se explica el universo visible e invisible; por eso esta revelación no es acerca de otras cosas, aunque habla de todo; es acerca de Jesucristo y es dada primeramente al Hijo; el Padre le abre su corazón al Hijo y le dice: Hijo, esto es para ti; todo lo hice para ti y aunque has pasado por la muerte, yo te he sentado sobre todas las cosas; este es el libro donde está la revelación; el Padre se la da al Hijo; como dice aquí: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio”.  Ahora el Hijo envía su ángel para darla a la iglesia. Entonces esta revelación es de Jesucristo; o sea, la recibió el Hijo del Padre, pero el motivo central es acerca del Hijo mismo, quién es el Hijo para el Padre; y cómo el Padre quiere que Su Hijo tenga toda plenitud y lo constituye heredero de todas las cosas, y a ese heredero le dio una coheredera, como a Adán le sacó una costilla y le hizo una compañera; aparece una coheredera: la iglesia, un cuerpo, como lo central del misterio de Cristo: la cabeza y el cuerpo, Cristo y la Iglesia, y es lo primero que aparece en esta revelación de Jesucristo. En el capítulo 1, la cabeza; en los capítulos 2 y 3, el cuerpo; ya después aparecen los ángeles, aparecen las naciones, aparece el juicio y aparece el cielo y el infierno; pero lo primero que aparece es la cabeza y el cuerpo: Apocalipsis 1 y Apocalipsis 2-3. El 1 relativo a la cabeza y el 2 y 3 relativo al cuerpo, que es la Iglesia.


Revelación a los siervos

Ahora pasemos al segundo nivel de la dispensación de la revelación.

Primero es del Padre al Hijo que acabamos de ver; la revelación de Jesucristo que Dios le dio; pero ahora dice: “para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”; o sea, los últimos destinatarios de esta revelación, son sus siervos; y Dios le revela a sus siervos lo que debe suceder pronto. Los siervos pueden estar confundidos al estar viendo todo lo que hace Satanás, las persecuciones que acontecieron en esa época y que acontecerían después; de manera que el Señor sabe lo que tiene que hacer con sus siervos; el Señor no deja a sus siervos en la oscuridad; precisamente en el momento de mayor tensión, de mayor prueba, el Señor se revela; esa es una característica del Señor; Él se revela a Sus siervos.  Dice aquí: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”; en tiempos de tribulación, en tiempos de persecución, en tiempos de dificultad, cuando Sus siervos están por tirar la toalla, el Señor solamente abre la boca y les explica a Sus siervos el sentido de todo lo que está pasando y en qué va a terminar todo, y Sus siervos aceptan la revelación, se fortalecen y se animan.  Para eso es este libro, para fortalecer, no es para asustarnos, no es para confundirnos; este es un libro para los siervos, para que los siervos sepan en qué va a terminar todo y cómo tienen que pasar por donde hay que pasar para avergonzar al enemigo; pero todas las cosas están en las manos del Hijo de Dios; a Él se le dio toda autoridad en los cielos y en la tierra. En los evangelios vemos al Cordero; en el Apocalipsis ese Cordero se vuelve León. Luego en las epístolas se nos explica la obra de Cristo, pero es en Apocalipsis donde vemos el trono en el cielo, donde vemos el reino, donde vemos la culminación. ¿Amén?

Ahora, veamos esta característica de Dios: Dios revela para manifestar. Vamos a dos pasajes de la Biblia para captar cómo es Dios en este respecto. Vamos primeramente a Génesis capítulo 18. Ustedes saben que Abraham es llamado el padre de los creyentes; por lo tanto es una figura de los creyentes en general; por eso en Romanos se nos dice que nosotros los creyentes seguimos las pisadas de la fe de nuestro padre Abraham; o sea, los que creen en el Dios de Abraham, que llegó a ser también el Dios de Isaac y de Jacob, el Dios de Israel, el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo; los que creemos en el Dios de Abraham somos los creyentes y somos representados en Abraham; entonces cuando Dios actúa con Abraham está mostrando cómo actúa Dios con los creyentes, porque las pisadas de Abraham son el anticipo de las pisadas de los creyentes; entonces en el trato de Dios con Abraham se nos revela el trato de Dios con los creyentes.

Fíjense que en el capítulo 19 aparece la destrucción de Sodoma y Gomorra con fuego; es como decir un primer Apocalipsis, porque como fue en los días de Sodoma, así será en la venida del Hijo del Hombre; pero fíjense que inmediatamente antes de Génesis 19 donde está la destrucción del mundo, de Sodoma y Gomorra por fuego, como ejemplo de la destrucción apocalíptica del mundo, entonces aparece Génesis 18 como ejemplo de la revelación.  Miren lo que dice Génesis 18:16: “16Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos”. Esto fue cuando Jehová descendió con dos ángeles en figura de hombre para acercarse para saber como estaba el pulso de Sodoma y Gomorra, que es ejemplo del mundo para destruirlo.  Entonces, justo antes de la destrucción del mundo por fuego, Jehová dijo (¡Ah!, miren lo que dijo Jehová): “17Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, 18habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte,  y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? 19Porque yo sé que mandara a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”.

¿Qué es lo que ha hablado Jehová acerca de Abraham? Abraham, “en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”. ¿Cuándo se cumple definitiva y completamente esa promesa? En Apocalipsis; pero fíjense que antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, cuya destrucción es un ejemplo para la destrucción por fuego del mundo, como lo enseña Jesús en los evangelios, Dios antes de hacer eso se lo revela a los suyos. “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” A Abraham no, al mundo sí; el mundo no va a entender; y como cuando le reveló a Daniel las cosas le dice: Mira, Daniel, de los impíos ninguno va a entender esto, pero los entendidos lo van a entender; Abraham lo va a entender; ¿le encubriré yo a Abraham esto?  “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?


Otro verso donde se ve este mismo principio está en el profeta Amós, capítulo 3. Vamos a leerlo también para enriquecer este entendimiento bíblico del carácter de Dios. Amós 3:7: “7Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. 8Si el león ruge...”; eso lo vamos a ver en Apocalipsis cuando aquel Ángel del Pacto rugió como un león y vino con el libro abierto; antes el libro estaba cerrado, pero cuando él ruge, él abre el libro; esa es la revelación. ¿Hará algo Jehová sin que primero revele su secreto? “Porque no hará nada”, no hará nada; ese es el carácter de Dios; Él no quiere tomar por sorpresa a los suyos.  Dios quiere que los suyos estén preparados; por eso antes de ese final apocalíptico hay una revelación de lo que debe suceder; pero ¿para quién es esa revelación? Para sus siervos. “No hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?” Si Él quiere revelar, Él habla, y si Él habla hay profecía; antes de que las cosas acontezcan, el Señor siéndole fiel a Su pueblo, se las revela. “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”. “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.


Declaración por medio de señales

Volvamos allí a Apocalipsis 1; dice: “...y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”; la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan. Ya la vez pasada les dije que esa palabra: “declaró”, viene de una palabra cuyas raíces en el griego son semeion, de donde viene la palabra “semántica”, “semiótica” que quiere decir: significado de los signos; significado, sentido de los signos, de las señales; o sea que esta revelación de Jesucristo, que Dios le dio a Jesucristo, Jesucristo la envía por su ángel y el ángel la declara por medio de señales. Esta palabra la “declaró”, es decir, la dio a entender con señales, con signos, con figuras, con tipología; pero ahora miren lo siguiente: ¿A quién envió Jesucristo? A su ángel; miren en Apocalipsis 22, porque este ángel que aparece al principio, aparece al final y también por allá dentro. En el capítulo 22 dice el verso 16, que se relaciona con el principio y el final de este libro: El principio dice: “la declaró”, la revelación de Jesucristo, que Dios le dio a Jesucristo para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder; o sea, el cumplimiento del propósito eterno de Dios, según la providencia y soberanía de Dios; la declaró Jesucristo, enviándola por medio de su ángel. Dice aquí en el 22:16: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”; o sea que los siervos del Señor están en las iglesias; “para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”. Antes de que salga el sol, viene la estrella resplandeciente y anuncia la venida del sol; entonces el Señor antes de que destruya Sodoma y Gomorra revela algo, antes de que haga algo, revela su secreto a Sus siervos los profetas; por eso envía su ángel para declarar a sus siervos en las iglesias lo que debe suceder pronto; entonces Él se revela: Yo soy; cuando Él está actuando de esa manera, cuando el Señor está revelando algo antes de que suceda, cuando el Señor no te quiere tomar por sorpresa, Él se está revelando como la estrella de la mañana. En ese contexto de revelar a Sus siervos las cosas, antes que sucedan, dice: “Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”; Él se revela como la estrella resplandeciente de la mañana queriendo decir: Yo soy el que antes de que el día amanezca les anuncio las cosas cuando aún está oscuro. Este mundo está en oscuridad, pero Sus siervos, Sus iglesias, tienen una revelación de la estrella resplandeciente de la mañana; esa revelación es ésta del Apocalipsis.

¡Qué libro precioso es este libro! El mundo no sabe que está pasando, ni en donde va a terminar todo, pero Sus siervos, las iglesias, lo saben porque Jesús envió su ángel.


Si leyéramos solamente el 1, no sabríamos que éste, su ángel, se refiere al ángel de Yahveh el Padre, o al ángel del Hijo; pero aquí en el 22:16, sabemos que este ángel es el del Hijo, por eso dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel”; entonces según Apocalipsis 22:16, sabemos que al que Jesús llama mi ángel es el mismo que Apocalipsis 1:1, dice: “su ángel”. ¿Qué diferencia hay entre el ángel de Jehová y el ángel de Jesús? Hay una gran diferencia, más alta que el cielo de la tierra; pero Juan no entendía la diferencia; Juan había sido un judío y había aprendido quién era Jesucristo. Juan escribió su evangelio para mostrar la divinidad de Cristo, y Juan sabía que el Ángel de Jehová, el Ángel de la faz de Dios, el Jehová enviado, es el Hijo, y sabía que el Hijo era Dios mismo; por eso dijo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”; y ahora resulta que Jesucristo le envía también el ángel de Jesucristo y Juan se postró a adorar a los pies de este ángel pensando que a lo mejor, como Jesús es el Ángel del Padre y es Dios, Juan como que se confundió un poquito.  Fíjense en la confusión de Juan aquí en el capítulo 22; dice el verso 8: “Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas”; o sea, la revelación de Jesucristo declarada por el ángel de Jesucristo; y él sabía que Jesucristo es el Ángel de Jehová y es el Verbo que estaba con Dios y era Dios; entonces Juan un poquito medio confundido dice: “Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas”; o sea, me revelaba a Jesucristo y todo lo que ha de culminar...  “9Pero él me dijo: Mira, no lo hagas”. Jesucristo no dijo eso; cuando los apóstoles adoraron a Jesucristo, Él dijo: “El que no honra al Hijo no honra al Padre”; porque en el caso del Ángel de Jehová que es el Verbo, Él sí es Dios; Él sí recibe adoración; pero este ángel enviado por Jesucristo no es el Ángel de Jehová, sino el ángel de Jesucristo; no sólo del Verbo sino hecho hombre encarnado; y por lo tanto es una criatura, no es Dios; pero Juan estaba confundido; piensa: ¿Será que la misma relación del ángel de Jesucristo es la misma del Ángel del pacto con el Padre? y dice: “... me postré para adorar”; un judío, a adorar a los pies del ángel. “9Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.  Hasta aquí el ángel de Jesucristo es una criatura y es un consiervo y no recibe adoración, sino que remite toda la adoración a Dios. En cambio, respecto del Hijo, el Padre dice en Hebreos 1, cuando introduce el Primogénito en el mundo, manda a todos los ángeles: adórenle todos los ángeles de Dios; y Dios hizo al Hijo semejante al Padre; lo puso en el trono del Padre para que todos honren al Hijo como honran al Padre. “¿Creéis en Dios? creed también en mí”. La relación del Padre y el Hijo es diferente a la relación del Hijo y su ángel. La relación del Padre y el Hijo es de igualdad; en cambio la relación del Hijo y el ángel es de Señor a siervo; el siervo es el ángel; entonces este ángel no es el Ángel del Pacto, no es el Ángel del Padre, sino el ángel del Hijo. “16Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.


Portadores del testimonio de Dios

Ahora, fíjense en el siguiente concepto fundamental que aparece desde el principio, y que nosotros, hermanos, como iglesia debemos entender.  A veces nosotros no entendemos esto y es como cuando un abogado no sabe que es abogado, entonces no actúa como abogado.

Si el ingeniero no sabe que es ingeniero no actúa como ingeniero, y si nosotros no sabemos que somos portadores del testimonio de Dios, del testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, no actuamos como testigos.  Este libro se nos revela para que nosotros seamos portadores del testimonio. Dios va a juzgar al mundo, pero cuando Dios vaya a juzgar al mundo él va a tener unos testigos que le hablaron al mundo, que le señalaron al mundo el camino y amonestaron al mundo y el mundo no los tuvo en cuenta; por eso la condenación del mundo será justa, como Noé. Mientras Noé estaba construyendo el arca, él estaba dando testimonio del juicio de Dios que vendría sobre el mundo; la preparación de Noé y del arca era el testimonio contra el mundo; el mundo no valoró, no tomó en serio el testimonio de Dios que daba Noé, y cuando vino el juicio de Dios, destruyó el mundo, pero se salvó Noé con su familia. Hermanos, desde el principio de Apocalipsis y hasta el final del mismo aparece este concepto importante de testimonio. Hermano, acuérdate de que ahí donde tú estás, no estás para estar callado; estás para ser testimonio. Miren lo que dice aquí: “1La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.  Juan no se quedó callado, ni puso punto. ¿Ahora cuál es la parte de Juan? Y ¿cuál es la parte de los que estamos con Juan y los que debemos hacer lo mismo que Juan?  Es que Juan no puso punto en Juan, no; Juan asumió la parte de él.  “A su siervo Juan 2que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto”.  Entonces, ¿qué es esto que está escribiendo Juan? Es parte de su testimonio, testimonio de la palabra de Dios, testimonio de Jesucristo y testimonio de las cosas que ha visto.  Nosotros también con Juan debemos  ser partícipes en el testimonio. Miren lo que dice Juan en Apocalipsis 1:9:  “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro (es decir, no sólo yo, yo participo con vosotros en lo siguiente:) en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”; o sea que Juan que está dando testimonio de la palabra de Dios y testimonio de Jesucristo, se declara copartícipe con nosotros los siervos, las iglesias.

“Yo Juan... copartícipe con vosotros”; no es sólo Juan, somos también los siervos que recibimos el testimonio, copartícipes con Juan, son las iglesias copartícipes con Juan, nosotros la Iglesia somos testimonio al mundo. Nosotros somos como Noé que estamos construyendo el arca.

 ¿Por qué estamos reunidos aquí? Estamos preparándonos para el juicio que viene. ¿Se dan cuenta? Somos como Noé construyendo el arca antes del diluvio; somos testimonio.


En el 1:2 aparece ese concepto; en el 1:9 aparece otra vez ese concepto. ¿Se dan cuenta? Ahora, también podemos venir a Apocalipsis 12:11,17; vamos a ver que al principio, en el medio y al final del Apocalipsis está claramente definido el concepto de testimonio; ya lo vimos al principio en 1:2 y en 1:9; ahora vamos a la mitad, al 12. Dice en el 12:11 hablando de los vencedores del diablo: “11Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero (o sea que limpió sus pecados; y ¿qué más?) y de la palabra del testimonio de ellos”; o sea que tenemos que dar testimonio. Si tú estás allí en un barrio, en un trabajo, en una oficina, en un medio ambiente equis o ye, estás allí como testigo; por eso el Señor habla a su pueblo: ¿Cómo van a ser como perros mudos?  Los perros tienen que ladrar; nosotros tenemos que dar testimonio, el mundo tiene que saber lo que le viene encima si no recibe a Jesucristo; somos testigos y ellos, los vencedores, en el contexto del capítulo 12, vencieron al dragón, por medio de la sangre del Cordero que limpió los pecados; segundo, por la palabra del testimonio de ellos; y luego ¿qué dice? “Y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”; es decir, por dar testimonio no se preocuparon ni de que los mataran; fueron valientes y no valoraron su vida; dieron testimonio aun a costa de su vida.

Luego vemos el 12 verso 17: “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto (esa palabra el resto, se podría traducir mejor, remanente) de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.  Hermanos, el mundo no sabe quién es Jesucristo, pero nosotros sabemos quién es Jesucristo; por eso tenemos que dar testimonio  de Jesucristo; aunque sea un folletito; pero tenemos que dar testimonio más que con folletitos; pero aunque sea con eso.  La gente tiene que saber que hubo profeta en Israel, que en el día del juicio no pueden decir: yo no sabía; no, es que no sabía; levántate tú, y ahí te levantas: ¿te acuerdas? ¡Ah! y se acuerda; ¡ah! y se acuerda ¡ah!  Hermanos, habrá un juicio final, pero Dios está teniendo testigos para ese juicio y esos testigos tienen que ladrar; ¿amén? no sólo actuar sino hablar. Entonces dice, ahora  sí: “Guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.


Ahora vamos hacia el final de la Biblia; a Apocalipsis 19:10; otra vez dice Juan: “Yo me postré a sus pies para adorarle. (Juan estaba temblando, él no entendía bien) Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y (fíjense en esta palabra, consiervo) de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús”; o sea, ¿qué se supone de los hermanos? Que retengamos el testimonio de Jesucristo. Jesús dijo: “26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. 8Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios”. De manera que debemos confesar a Jesucristo, retener el testimonio de Jesucristo. ¿Amén, hermanos? A veces hasta de nuestros parientes nos asustamos, ¿cuánto más del diablo? ¡Dios mío!


Vamos ahora a Apocalipsis 20 donde aparece el milenio y la descripción del reino.  Dice el versículo 4: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos (¿quiénes se sentaron sobre los tronos?) los que recibieron facultad de juzgar; (¿quiénes recibieron facultad de juzgar en tronos con Cristo en el milenio?) y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vinieron y reinaron con Cristo mil años”.  Estos son los que reinarán con Cristo; los que estuvieron dispuestos a poner la cabeza por causa de su testimonio de Cristo y de la palabra de Dios; éstos recibieron facultad de juzgar, los que menospreciaron aun sus vidas hasta la muerte y mantuvieron el testimonio. Claro, todo el Apocalipsis, al principio, en el medio y al final, tiene ese concepto de testimonio.  Nosotros somos testigos, estamos aquí como testigos; nuestro barrio debe saber quienes somos, nuestra nación tiene que saber, nuestros parientes, donde trabajamos tienen que saber. ¿Amén?  Dice: “Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, (o sea, de toda la Biblia y de Cristo) y de todas las cosas que ha visto”.

Dios le abrió los ojos para ver el propósito de Dios, las etapas para cumplirlo y la culminación de él, su centralidad en Cristo con una coheredera que es Su iglesia, junto con Él. ¿Amén, hermanos?


Promesa de bienaventuranza

Vamos al último verso por esta noche: “3Bienaventurado el que lee”.

Ningún libro dice esto; solamente el Apocalipsis, el libro que menos la gente quiere leer; es el único que promete una bienaventuranza especial.  El Génesis no dice así, ni el Éxodo, ni nada del Pentateuco, ni el Antiguo Testamento, ni los evangelios, ni el de Juan, ni las epístolas, ni la de los Romanos, nada; sólo Apocalipsis dice eso: “Bienaventurado el que lee”.  El Señor sabía que mucha gente iba como a escabullirse de este libro. Hermanos, aquí no estamos para ser torturados sicológicamente, no; estamos para ser bienaventurados; nos hemos aventurado bien. “3Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; (las guardan, porque el diablo las va a querer arrancar, las va a querer cambiar, las va a querer distorsionar, hay que guardarlas y ¿por qué hay que guardarlas?) porque el tiempo está cerca”.


Este libro se necesita en el último tiempo. Voy a destruir Sodoma y Gomorra. ¿Acaso le voy a encubrir a Abraham lo que voy a hacer?  Se necesita; no hará nada Jehová el Señor sin revelar su secreto a sus siervos los profetas. “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias”, de las cosas que habrán de venir.


Ahora, aquí cuando dice: “Bienaventurado el que lee”, no se refiere solamente a la lectura privada y silenciosa, no; esta es una lectura pública en medio de la iglesia. “Bienaventurado el que lee y los que oyen”; o sea, en aquel tiempo no era tan común saber leer como ahora; ni siquiera en la edad media.  Eran pocas las personas que sabían leer en la antigüedad; entonces Dios quiere que la Palabra de Dios en el ambiente de la iglesia sea leída, comentada y considerada; eso es un establecimiento de Dios en medio de Su pueblo, la lectura de Su Palabra, dándole el sentido. Dios quiere que eso sea así: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen”. Hermanos, eso lo instituyó Dios desde el Antiguo Testamento. Por ejemplo, vamos allí a los libros de Esdras y Nehemías y ustedes se van a dar cuenta en los tiempos de la restauración como esto fue así.


Vamos a Nehemías capítulo 8 donde habla de que Esdras lee.  Esta figura debe ser rescatada en la iglesia; el Apocalipsis no es para leer en secreto; es para leer en la iglesia; y la lectura de la Palabra de Dios en la iglesia, fíjense desde donde comenzó en el pueblo de Dios:  Nehemías capítulo 8: “1Venido el mes séptimo, (miren este número) los hijos de Israel estaban en sus ciudades; (o sea, en el 1, en el 2, en el 3, en el 4, en el 5, en el 6 y hasta en el 7 estaban en sus ciudades, pero ya hacia el punto final del 7, séptimo mes) y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, (cerca de la puerta de las aguas, figura de Cristo, Él es la puerta de donde manan aguas; lo otro era una figura) y dijeron a Esdras el escriba (dijeron a Esdras; o sea, no fue que Esdras los obligó, sino que ellos querían oír) que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 2Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, (¿será que usted se aguantaría una lectura de esas? A veces nosotros hemos leído desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche, verdad? Esto lo hacía el pueblo, desde el alba hasta el mediodía, en la plaza) en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos (el Espíritu Santo les dio una tremenda atención) al libro de la ley. 4Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam.  5Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. 6Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.”


Ahora fíjense: “7Y los levitas “; o sea, estos siete de la derecha y a la izquierda eran los que ayudaban a Esdras en la lectura, porque eran como seis horas leyendo; pero además de eso había levitas, porque la ley estaba escrita en hebreo arcaico antiguo, pero en la época de Esdras se hablaba en arameo; entonces había que hacer una traducción del hebreo arcaico al arameo actual.  Esa traducción se llamó: Tárgum.  Los tárgumes fueron las traducciones o darle el sentido de lo que esas palabras arcaicas en hebreo querían decir ahora en arameo; eso se llama un Tárgum; ese es el origen de los tárgumes.


“7Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; (no era leer unas palabras raras en el latín antiguo, como cuando la gente iba a misa en latín, sin entender nada, no; aquí se hablaba en hebreo arcaico pero se hacía entender al pueblo la ley) el pueblo estaba atento en su lugar. 8Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura”. Hermanos, esto sucedió en un momento claro de restauración; hay que dar lugar a la lectura con sentido de la palabra de Dios. Esas eran las trompetas, la lectura de la palabra.


El sonido de la trompeta

Ahora vamos a Hechos capítulos 15 y 16. En Hechos 15 está el Sínodo de Jerusalén, el sínodo apostólico y presbiterial; o sea, los apóstoles y los ancianos reunidos en Jerusalén, llegaron a una conclusión, escribieron esa conclusión en un documento, en una carta, y escogieron a personas de entre ellos: a Silvano y a Judas Barsabás que fueran a llevar esa carta, la leyeran y la explicaran.  Eso debe suceder en la iglesia, que la iglesia debe conocer el sonido de la trompeta con claridad de Dios, la palabra de Dios. Dice: “Si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” Había que hacer sonar la trompeta y entender a Dios, entender el sentido. Entonces dice el 15:30: “30Así, pues, los que fueron enviados (de este Sínodo en Jerusalén) descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, (que en el original es a la iglesia) entregaron la carta; (¿a quién? a la iglesia) 31habiendo leído la cual, (la conclusión apostólica en la iglesia) se regocijaron por la consolación. 32Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.  (o sea, no sólo se leyó, sino que se explicó, se le dio el sentido, como hacían Esdras y los levitas) 33Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado”. Luego dice el capítulo 16: “1Después (Pablo) llegó a Derbe y a Listra” y tal; luego dice el verso 4: “4Y al pasar por las ciudades, (ya no sólo en Antioquía) les entregaban las ordenanzas (esta palabra en el griego es, los dogmas; aquí aparece la palabra  “dogmas”; las conclusiones del sínodo apostólico se llaman en la Biblia dogmas; y aquí se traduce “ordenanzas”, pero la palabra original en griego es “dogma” [δόγματα]; entregaban los dogmas) que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. (o sea, estaban escritas) 5Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, (o sea, por medio de la lectura de la palabra) y aumentaban en número cada día”.

Ahora vamos a Colosenses capítulo 4, allí dice el verso 16: “Cuando esta carta (o sea, la carta a los Colosenses) haya sido leída entre vosotros, (la carta tenía que ser leída en la iglesia) haced también que se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros”.  Aunque una carta había sido enviada a una iglesia, el Espíritu estaba hablando a todas las iglesias. Cuando dijo: Juan, envía a Efeso; al final dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a (todas) las iglesias”.  Las cartas deben ser leídas; o sea, debe restablecerse la figura de la lectura de la Palabra en la iglesia con sentido. ¿Amén?


Pasemos al último testimonio de lo mismo en 1 Tesalonicenses 5:27.  Miren, que según estas palabras, no es algo meramente opcional; si fuera algo meramente opcional no se hablaría con estas palabras.  Dice: “27Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos”. Que esta carta se lea a todos los santos hermanos.

 Entonces, hermanos, se dan cuenta, la palabra de Dios, las cartas y el Apocalipsis, o sea, el Antiguo y el Nuevo Testamentos se tienen que leer en la iglesia, leerse y darle el sentido, y el pueblo tiene que oír; no todo el pueblo sabe leer; ahora se lee más que antes; hay que leer, hay hermanos que a veces leen trabados, no leen bien. Los hermanos que saben leer bien, que le pueden dar el sentido, la entonación clara, deben hacerlo de tanto en tanto en la iglesia; deben existir  además de reuniones de otras cosas, reuniones de lectura.

Ahora, si había conjura para la iglesia de leer la carta, leérsela a los hermanos en la iglesia, y sin embargo todavía no había promesa de bienaventuranza, cuanto más Apocalipsis debe ser leído; por eso terminamos en esta noche leyendo esa frase, ya con ese contexto, con ese trasfondo: “Bienaventurado el que lee”; no es el que lee en privado, es el que le lee a la iglesia. “Bienaventurado el que lee, y los que oyen”, aunque no sepa leer, que le lean, hermano.  Si usted no sabe leer, pida que le lean, y si sabe leer, léale a los que no saben leer; si es ciego, o es analfabeto, o lee mal, léanle. ¿Amén?

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Ya la vez pasada dijimos lo que era este libro: una profecía; debe interpretarse también en sentido profético. Vamos a parar por hoy, vamos a orar y a dar gracias al Señor.☐


Continúa con: Saludo del Apocalipsis.

SALUDO DEL APOCALIPSIS

Por cristianogiv - 13 de Julio, 2006, 0:37, Categoría: General


Aproximación al Apocalipsis (6)


SALUDO DEL APOCALIPSIS


“4Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.  Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.  7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.  8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:4-8).


Un asunto de baja crítica

Vamos a considerar, hermanos, esta noche, el estudio que estamos haciendo del libro del Apocalipsis. Ustedes ven que tengo en esta noche una serie de Biblias abiertas; y lo hago por causa de que en muchas cosas, y especialmente en este libro, es necesario tener muchos cuidados; y algunas de las cosas que voy a decir requieren estos libros aquí abiertos; porque quizá la mayoría de los que estamos aquí presentes tenemos la versión Reina-Valera, que con esa vamos a comenzar la lectura; pero es necesario acudir también a otras traducciones que hay, y a los originales, para quedar más cerca del texto sagrado. Espero que los hermanos tengan la suficiente madurez para examinar algunas cosas que vamos a estar diciendo.

Vamos entonces al capítulo 1 de Apocalipsis donde quedamos la vez pasada.  La vez pasada vimos lo relativo al título; hoy vamos a ver lo relativo al saludo.  Esto en Apocalipsis 1:4-8.  Voy a hacer inicialmente la lectura en esta versión Reina-Valera de 1960, que creo que la mayoría tenemos aquí; si hay alguno que tenga otras versiones, le ruego que levante la mano para saber quien tiene otra versión. Está la de Jerusalén, la Nácar-Colunga, Dios Habla Hoy, y Reina-Valera de 1995. Aquí al frente tengo la edición de los textos originales en el griego; traje varias ediciones críticas.  Las ediciones críticas son aquellas que comparan los diversos manuscritos más antiguos y editan el texto, incluyendo las variantes que tiene un manuscrito respecto de otros, porque el autor fue inspirado, pero no los copistas; a veces los copistas, o un copista podía equivocarse, un copista podía saltarse algún renglón, porque una vez terminaba el renglón parecido quizá a otra frase más adelante; a lo mejor se saltaba algo, o a lo mejor a veces el copista, con determinados lectores, le parecía que podían malentender algo, entonces el escriba le añadía una glosa personal para clarificar el sentido; pero eso aparecía sólo en la copia que él hizo; cuando se comparaba con otras copias entonces resultaba que las otras copias no tenían la explicación del escriba; pero las copias que se copiaron de ese escriba aparecían con esa glosa, no así las demás.  De manera que existe la ciencia de la crítica textual que trabaja comparando los manuscritos más antiguos: los del siglo I, los del II, los del III, los del IV, etc., y las ediciones críticas después en la imprenta,  los manuscritos de la Edad Media, del Renacimiento, y la imprenta; de manera que esa es la forma de llegar a un texto más puro; y por eso es mejor no atarse uno a una sola traducción, sino hacer uso de varias traducciones; y si es posible acudir a los idiomas originales, mejor; y si cuando va a los idiomas originales puede acudir a varias ediciones críticas para constatar el texto, es muchísimo mejor. Con ese propósito yo traje todas estas Biblias; las tengo todas abiertas en el mismo pasaje que vamos a tratar, y lo hice a propósito porque aquí encontramos algunas variantes en dos versículos.


Como Reina-Valera del 60 proviene del llamado Textus Receptus, por lo tanto traduce basado en ese texto. El Textus Receptus es de la época del Renacimiento.  Gracias a Dios hubo el Textus Receptus. ¿Qué es el Textus Receptus? Antes de llegar la era del Renacimiento, o sea, en los primeros siglos, aquí en Occidente comenzó a circular la versión de la Vulgata Latina; y en la época del oscurantismo era prohibido leer la Biblia, y sólo podían leerla los jerarcas católicos romanos; y tampoco podían leer cualquier versión, sino solamente la versión de la Vulgata Latina. Dámaso le escribió a Jerónimo, un gran escritor biblista del tiempo patrístico, para que hiciera esa versión; entonces Jerónimo hizo un gran esfuerzo, tradujo al latín de los textos hebreos y griegos, y esa versión de Jerónimo, la Vulgata Latina, fue establecida por el papado como obligatoria; inclusive uno de los Papas Sixtos, como la vez pasada lo mencioné, excomulgaba a cualquiera que tuviera otra versión.  Gracias a Dios que el siguiente Papa, con la misma autoridad del anterior, no aceptó la excomunión dictaminada por su predecesor e hizo algunas correcciones a las traducciones; porque el autor es inspirado, pero los copistas, los traductores, no lo son; a veces hacen una buena traducción, pero a veces cuando esa traducción es revisada por otros, se dice: hubiera podido decirse mejor así o traducirse mejor así.  Por eso es que hay revisiones de tanto en tanto; ¿por qué? porque, por ejemplo, en 1909 se hizo una revisión a Reina-Valera. Tengamos en cuenta que Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera eran dos personas diferentes, y uno corrigió al otro; no era una corrección en mal espíritu, no; ellos eran hermanos que amaban al Señor, hacían la mejor traducción que podían; pero luego el otro revisaba esa traducción y encontraba unos puntitos que podía mejorar. Pasados unos 100 años, 200 años, ya se habían recopilado por el examen de muchos hermanos, muchas otras cositas que podían mejorarse, y por eso es que hay nuevas revisiones de tanto en tanto.  Por eso es que algunos tienen la revisión de 1995, que es una revisión de la del 60.  Se hizo una en el 77, luego otra en el 95, sólo de Reina-Valera; pues, si eso se hace de una traducción, cuanto más trabajo cuando se trabaja con los manuscritos antiguos. 

Algunos trabajaron con unos, otros con otros; entonces antes de la época del Renacimiento, en occidente se usaba más que todo la Vulgata Latina, hasta que en la época del renacimiento Erasmo comenzó a buscar algunos manuscritos griegos y a publicar el Nuevo Testamento en griego; claro, fue un gran trabajo; ya no había que acercarse a la Biblia solamente a través de una traducción latina, sino que ahora el texto griego era publicado; eso fue un avance para la época anterior; con respecto a la época actual está atrasado, pero con relación a la época anterior al renacimiento, fue un avance; ¿por qué? porque se pasó del texto latino que había sido declarado infalible por un papa, pero luego el siguiente papa romano lo tuvo que corregir y luego otro y otro.  Al fin se aceptaron las traducciones vernáculas; antes se prohibían las traducciones vernáculas. Por ejemplo, en el Concilio de Trento se prohibían, en el Vaticano II se permitieron; o sea que ha habido un proceso, una evolución y un acercarse mejor a los originales.


En torno al Textus Receptus

Erasmo, para la época de él, cuando todavía la  arqueología y la ciencia bíblica no estaban muy avanzadas, él tuvo pocos manuscritos a mano para hacer su edición del texto griego; él usó manuscritos tardíos, manuscritos minúsculos que son a partir del siglo X, XI, XII, XIII, XIV y XV. Para el texto que estamos estudiando, el Apocalipsis, él solamente tenía a mano un manuscrito, que era el códice cursivo minúsculo número 1, que era incompleto en Apocalipsis, la parte final desde el capítulo 22; él tuvo que traducir del latín al griego para poder tener el texto griego; pero el texto griego de la última parte de esa edición de Erasmo, no era el texto griego de Juan, sino la traducción al griego de Erasmo.  No es un fraude, no; él estaba tratando de hacer lo mejor, poner al alcance de la gente el texto griego; o sea, fue un avance con respecto a la Vulgata Latina; sin embargo, él fue sincero, él explicó cual era el códice en el cual se basó; para el Apocalipsis sólo tuvo un códice incompleto y tardío; después, claro, empezó la arqueología a descubrir más textos y fueron descubriéndose muchos textos, más antiguos que los tardíos, que los de la época del Renacimiento; entonces, claro, a la luz de la comparación con textos más antiguos, se podía descubrir si los textos más tardíos trataban el texto fielmente, o si le habían hecho alguna glosa, si le habían incluido una glosa; si a veces una palabra la habían cambiado.  A veces no es con mala intención que un copista cambiaba la palabra; a veces otro le dictaba, y en ese tiempo no tenían luz eléctrica, entonces a la luz de sus antorchas, el otro, a lo mejor oía una palabra parecida; porque yo sé, a veces yo mismo estoy hablando y está siendo grabado, pero a veces el que oye, oye una palabra distinta de la que se habla; entonces mientras uno le dictaba al copista, el copista oía equivocado y escribía algo parecido; y justamente hoy vamos a encontrarnos con un caso así en el versículo 7; y entonces fueron descubriéndose más manuscritos; ahora, del Nuevo Testamento hay más de 5000 manuscritos anteriores; entonces el trabajo de poder hacer una crítica, o sea, una comparación de los manuscritos, a ver cuál es el texto más antiguo, qué era lo que los manuscritos más antiguos decían, si concuerdan con los tardíos o no, si hubo algo que se le agregó, algo que se le quitó, o si permaneció igual, esa es la ciencia de la crítica bíblica, de la llamada  “Baja Crítica”.  Espero que esto no les sea muy pesado a los hermanos, porque esto es lo normal; no se vayan a escandalizar por estas cosas, ¿entienden, hermanos?

Yo creo en la inspiración de la palabra de Dios, pero tengo que ser sincero respecto de que la palabra, cuando Pablo escribió una carta a Timoteo, él no escribió la Biblia; escribió una carta a Timoteo; luego Timoteo permitió que la iglesia en Efeso hiciera una copia, y luego de esa copia hicieron tres copias; y de esas tres hicieron diez, y en ese proceso puede ser que alguno hubiera cometido un error, porque los copistas no son inspirados; nosotros cometemos errores.  Por ejemplo, yo revisé ese folletito que les di a ustedes de Cristo en la Eternidad; lo revisé varias veces, pero después de que ya estaba impreso, le encontré varios errores; y un error que es tan sencillo: se cita un versículo de Isaías, allí en ese folletito, donde dice: “Hijo nos es dado”, y sin embargo, en “nos es dado”, la letra ese, el diablo, en alguna equivocación del que escribió a máquina, le quitó la ese y dice: Hijo no es dado; queda, pues, la idea contraria; pero todos sabemos que es una cita de Isaías y que fue un error involuntario.  Otro error: allí donde habla de Platón y Aristóteles, hubo un lapsus, y en vez de atribuirle la Academia a Platón y el Liceo a Aristóteles, le atribuimos el Liceo a Platón y la Academia a Aristóteles; o sea, hubo un lapsus; después uno lo lee y se da cuenta de que hubo un lapsus; así que les ruego que tengan en cuenta ese lapsus cuando lean ese folleto.  Eso es solamente un ejemplo, aun queriendo hacer las cosas bien hechas y haciéndolas con diligencia y revisándolas varias veces; igual se cuelan unos errorcitos.


Entonces cuando estoy hablando del Textus Receptus no estoy hablando en un mal espíritu; no quiero hablar en forma de crítica contra los hermanos que hicieron ese trabajo.  Erasmo hizo un gran trabajo; él hizo avanzar las cosas para poner al alcance de la gente el texto griego, porque antes sólo se podía leer en el latín de la Vulgata; pero el original no era en latín; el original era en griego. ¿Se dan cuenta? Él hizo una gran cosa; ahora, respecto de Reina y Valera, que eran, Reina del año 1569, y Valera de 1602, el texto en griego que ellos tenían a mano era el del Textus Receptus de Erasmo, basado en textos tardíos, inclusive el Apocalipsis de un solo manuscrito, el códice 1, que es como del siglo XV, donde él tuvo que suplir el griego de la última parte.


Cuando Reina (y después Valera) hizo la traducción, él se basó en el Textus Receptus. Hermanos muy queridos hoy publican una traducción del Textus Receptus; no quiero criticar a las personas; lo que quiero es que los hermanos sepan las cosas reales.  Allí dice: Basada en la traducción original del Textus Receptus, pero se le añade una mentirita, que no es con mala voluntad que se le añadió; dice: el texto de la iglesia primitiva.  Eso es mentira; el Textus Receptus es de la iglesia renacentista y no primitiva; los textos de la iglesia primitiva recién se conocen ahora mejor.  Existen, por ejemplo, institutos cuya función es recopilar los manuscritos antiguos y compararlos unos con otros; existe en Alemania un Instituto, el de Münster; los que han leído la Isagogia Jacobea y la Isagogia de Apocalipsis, recuerdan que mencioné al Instituto para la investigación del texto bíblico de Münster, una ciudad de Alemania, donde han hecho un trabajo erudito sin tomar partido; ellos simplemente cuentan las cosas como son, y eso es lo que yo quiero presentarles aquí; no tomar partido, sino contarles los hechos reales del texto para que mis hermanos tomen cada uno su posición.  No vamos a imponer un texto tardío ni uno temprano; vamos a decir lo que dice tal, de qué época es y lo que dice otro más antiguo. ¿Qué dice? Simplemente, para que conozcan la realidad del campo, sin imponer ninguna interpretación.


Comparación de todos los manuscritos

¿Por qué hay que ser delicados en esto y especialmente en Apocalipsis? Nunca ustedes me habían visto hacer esto, pero ahora sí.

 ¿Saben que dice Apocalipsis? Que al que le agregue, se le añadirán las plagas que están escritas en ese libro; y al que le quite, se le quitará su parte del árbol de la vida; entonces ¿qué hay que hacer? Hacer la investigación más seria, más responsable posible, e ir a los más antiguos manuscritos, a los medievales, a los renacentistas, a ediciones de la imprenta, para tener los hechos claros; así es que yo no voy a decidir por ustedes; sólo les voy a decir los hechos y usted va a decidir por usted mismo, ¿amén?  Por eso es que hago esto; porque al leerles un pasaje que voy a leer acá, voy a tener que decirles: esta frase que aparece acá en Reina-Valera, aparecía en el manuscrito que tenía Erasmo, que era tardío en el siglo XV, pero en ninguno de los otros más antiguos aparecía. ¿Qué pasó? ¿Fue que se equivocaron los otros? A lo mejor fue que lo agregó un escriba para querer explicar algo con buena voluntad; no era para agregarle a la palabra; era para explicar una frase que podía parecer oscura; se le añadía una cosita, el escriba le añadía algo, pero sólo aparece en ese manuscrito o en algunos otros que se copiaron de ese, pero no aparece en los anteriores. ¿Entienden, hermanos?  Entonces hay que tener cuidado en eso.  Después ediciones críticas se han publicado; por ejemplo, esta edición crítica que tengo acá, esta edición roja, es de los últimos eruditos y del Instituto de Münster, este Instituto que les dije y que ustedes lo pueden ver. Le voy a pedir aquí a mi hermano Jorge, que sabe griego, y a Marlene, que sean testigos; esta edición del Instituto para la investigación Textual del Nuevo Testamento de Münster, Westfalia, y los eruditos son Aland, de los últimos, Martini, Metzger y Karavidopoulos, que son de las personas más eruditas en esto, y no son de un solo grupo, sino que es un equipo de distintas congregaciones y de distintas denominaciones, de manera que no es un texto ladeado, sino que es un texto científico. En este texto, ahora que les lea, voy a comparar lo que dice el texto de la traducción de Reina-Valera, que se basa en el Textus Receptus de la época de Erasmo, cuando no se conocían manuscritos más antiguos como ahora se conocen. ¿Entienden, hermanos?  Por eso les hice toda esa explicación para que cuando mis hermanos estén ahora leyendo la Biblia, vean por qué determinado versículo lo pongo entre paréntesis; no es a la palabra de Dios a  la que pongo entre paréntesis; no, es que comparando los manuscritos antiguos, éste tal o cual manuscrito tardío tiene esto y los otros no lo tienen; lo tienen que saber ustedes; la palabra de Dios es inspirada, pero no los copistas; por eso hay que comparar sus copias; no los traductores, por eso hay que comparar las traducciones.  No me malentiendan; al no reconocer yo la inspiración de los traductores y de los copistas, no estoy negando la inspiración del original; pero para descubrir el texto original, hay que comparar todos los manuscritos habidos y por haber, especialmente los manuscritos más antiguos. ¿Me entienden, hermanos? Es una cosa correcta lo que se está haciendo; no es algo en contra de la Biblia, sino a favor de la palabra del Señor.


Otro texto que tengo aquí es la edición crítica de Wescott y Hort, famosos críticos textuales.  Aquí tengo abierta otra edición de otro equipo de eruditos; tengo abierta la edición crítica; ésta también es una edición crítica; una edición crítica no es como esta, que es una traducción donde no se dice que dice tal manuscrito y tal otro; una edición crítica es una edición imparcial. ¿Qué quiere decir imparcial? Te dice: tales manuscritos dicen así, tales otros dicen así, a tales les falta eso, tales le agregan esto; esa es una edición crítica; esa es una edición imparcial. ¿Entienden, hermanos? No una traducción tendenciosa. Este otro que tengo acá y lo aprecio mucho, es la última edición de la Biblia griega y hebrea, con todo el aparato crítico; ustedes la pueden ver aquí en estas partes abajo; por ejemplo, si aquí el  versículo dice tal, si determinado manuscrito dice diferente, entonces aquí a pie de página dice: el manuscrito tal dice así, tales manuscritos lo dicen así, tales manuscritos tienen esta variante, tales no la tienen.


Entonces, así al compararse todo, se logra conocer algo más; y ésta que tengo aquí con el interlineal es la de Nestlé-Aland, de las últimas más valoradas.  Después de esa viene esta roja primera; y esta que tengo aquí azul, es la de Champlin, otro erudito que editó una edición crítica y en esa edición crítica él explica cual podría haber sido la causa de las diferencias de uno con otro manuscrito. Esto lo voy a tener que hacer así a lo largo de la exégesis de Apocalipsis por la delicadeza que existe con este libro; con toda la Biblia es delicado, pero mucho más con este libro que dice que no se le puede agregar ni quitar; entonces cuando tú comparas versiones, ahí te encuentras con que algunas versiones tienen algunas frases que otras no tienen; de manera que hay que saber por qué es eso, de donde viene eso, por qué tales versiones no dicen esa frase y otras sí lo dicen.  Entonces, para que usted no sea el responsable de agregar ni de quitar, usted tiene que conocer los hechos reales, como son. ¿Amén, hermanos? El texto es inspirado, pero no los traductores, ni los copistas; a los copistas hay que criticarlos, no en el sentido negativo, sino en el de hacer un examen cuidadoso, responsable, serio; es lo que procuramos hacer aquí. Tengo aquí abiertas la versión del Textus Receptus, la versión Nueva Versión Internacional, y la Reina-Valera; y aquí las ediciones críticas diferentes de distintos equipos que han hecho este trabajo, independientemente unos y otros y en distintas épocas, para poder llegar a ese texto.


Variación textual

Vamos a leer Apocalipsis 1:4-8, que es el pasaje que vamos a considerar sobre el saludo en Apocalipsis de Dios a las iglesias, a través de Juan. Voy a leerlo conforme a Reina-Valera de 1960, que es una traducción española, varias veces revisada, que se basó en el Textus Receptus de la época del renacimiento.  El Textus Receptus del Apocalipsis era un solo manuscrito que usó Erasmo, el códice 1, cursivo minúsculo; de ahí viene esta traducción; después compararemos qué era lo que decían los otros manuscritos más anteriores:

“4Juan, a las siete iglesias que están en Asía: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; 5y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 6y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. 7He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. 8Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.


Ese es el texto de la traducción de Reina-Valera, de la revisión del año 1960.  Voy a decirles los dos puntitos en el que este texto difiere de los manuscritos más antiguos, según esta pila de ediciones críticas que tenemos aquí en la mesa y según otras traducciones en español.

Antes de hacer la exégesis tenemos que saber cuál es el texto más puro.  Donde dice: “Juan, a las siete iglesias que están en Asía: Gracia y paz a vosotros”, o sea, todo el verso 4, no presenta dificultad; en el verso 5 se presenta una pequeña dificultad por causa de lo que les dije, que hay palabras que al pronunciarse suenan parecidas a otras. 

Aquí donde dice: “y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”, donde dice “lavó”, otros manuscritos más antiguos dicen: “nos libró de nuestros pecados con su sangre”.  Por ejemplo, aquí tengo la traducción de la Nueva Versión Internacional, y en ese verso 5, dice así: “y de parte de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de la resurrección, el soberano de la tierra. Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados”; esta traducción en este pasaje, es más exacta con los manuscritos más antiguos; la diferencia está en las palabras: lavó y libró. Lavó se escribe en griego con ou y libró se escribe sólo con u, pero la ou y la u se pronuncian como u. 

Entonces, posiblemente al pronunciarlo  uno con la sola u, el escritor al oír, pensó quizá que era una ou y le puso la ou; entonces cambió la palabra libró por lavó; pero este verso dice más con libró que con lavó, porque lavar es una parte de la obra del Señor; lavar los pecados es el perdón; pero librar del pecado es más que lavar. Librar es apartarte de él; no sólo que te perdona, sino que te separa; por eso la traducción aquí, libró, es un poquito mejor que lavó.

El otro pasaje donde hay una dificultad es en el versículo 6, donde dice: “y nos hizo reyes”.  La palabra no es “reyes” en plural, sino nos hizo “reino”, y reino es más que reyes, porque reyes son muchos individuales, pero todos los reyes en común acuerdo es “reino”. La palabra “reino” es más exacta que “reyes” y eso es lo que dicen los textos acá que aquí se los voy a mostrar para que los hermanos puedan ver.

El otro asunto está en el verso 8, aquí donde dice: “Yo soy el Alfa y la Omega”.  Esa palabra “principio y fin” no aparece en la mayoría de los manuscritos antiguos; aquí ustedes pueden comparar el verso 8, y dice así: “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.  Pueden mirar aquí el verso 8, otro testigo; él está mirando en la edición de Münster y aquí está mirando la de Wescott y Hort; el verso 8, dice aquí: “Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios”; no dice principio y fin. Claro que en otros pasajes sí dice, en otros versículos sí dice que es el principio y el fin, el primero y el último; entonces quizá algún escriba, como para que algunos entendieran qué quiere decir con el Alfa y la Omega, y como en otras partes al mencionar Alfa y Omega añadió principio y fin, también se lo añadió aquí; pero ese fue un trabajo de un escriba muy bien intencionado; pero eso aparece en unos pocos  manuscritos, no en la mayoría ni en los más antiguos; claro, no se está quitando que Jesucristo es el principio y el fin porque en otra parte lo dice; aquí se está tratando, antes de la exégesis, de la crítica textual. Para poder tener la base de una exégesis correcta hay que hacerle crítica textual a las traducciones y a las ediciones, no a la Biblia, no a la palabra de Dios. ¿Entienden? Y aquí en el verso 8 donde dice: “Dice el Señor”, la mayoría de los manuscritos más antiguos dicen: “El Señor Dios”, refiriéndose al Padre; allí tú lo puedes ver, dice: “El Señor Dios”; dice: Kuryos ho Teos; lo mismo lo dice acá el verso 8; dice: “Kuryos ho Teos”, el Señor Dios; esa parte, Dios, se la quitó esta traducción. ¿Entienden? Allí dice: “El Señor Dios”; aquí también lo dice; todas estas que tengo acá lo dicen así; ya lo revisé; por eso cualquiera que lo quiera testificar lo puede ver; aquí las tengo abiertas y tengo dos testigos cercanos y los que quieran revisar después, lo pueden hacer. Esas son las únicas variantes que hay que tener en cuenta para hacer la exégesis de este pedacito que vamos a hacer hoy.


La exégesis del saludo

Ahora sí pasamos de la parte crítica textual a la parte de exégesis, que es la más importante; pero no se puede hacer una exégesis sin tener el texto más puro, especialmente si es de Apocalipsis, al que no hay que agregarle ni hay que quitarle. ¿Amén? Pasemos a la exégesis.  “Juan, a las siete iglesias que están en Asía”. Interesante comparar el saludo de Juan con el saludo de Pablo. Pablo decía: Pablo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo, gracia y paz. Aquí también dice Juan: a las siete iglesias: gracia y paz; sólo que Pablo decía: Gracia y paz de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo; en cambio aquí Juan, que está completando la revelación, porque Apocalipsis es una completación, si usted le quita Apocalipsis a la Biblia, se queda sin terminar la Biblia; usted tiene dónde empezó la cosa y cómo va, pero no sabe en qué va a terminar. Es muy interesante ver y comparar los saludos de Pablo con los saludos de Juan. El saludo de Juan está casi semejante al de Pablo, pero tiene unas diferencias; miren cómo dice aquí Juan: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia (ya volveremos a esa frase): Gracia y paz a vosotros (y en vez de decir del Padre, dice), del que es y que era y que ha de venir (y luego en vez de seguir con el Hijo, sigue con el Espíritu y después recién con el Hijo, y dice), y de los siete espíritus que están delante de su trono, (o sea, puso el Espíritu después del Padre) y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra”; o sea que ustedes se dan cuenta de cómo Juan completa las cosas en Apocalipsis, pero resalta al Espíritu de una manera misteriosa.

En el Antiguo Testamento casi siempre se veía al Padre y apenas se profetizaba al Hijo, al Mesías. En el Nuevo Testamento, ahora el énfasis es el Hijo; y si ustedes leen los evangelios es acerca del Hijo; si leen las epístolas, es explicando la obra del Hijo; claro que se menciona la obra del Espíritu Santo; pero cuando se habla de la culminación del programa de Dios, el Espíritu es resaltado de una manera muy fuerte; ahora se habla del Espíritu de manera muy especial en el Apocalipsis; en otras partes se habla del Espíritu, pero aquí se habla de los siete espíritus de Dios; y el Espíritu y la esposa dicen; así dice el Espíritu; ese énfasis en el Espíritu es muy notorio en Apocalipsis.  No quiere decir que el Padre quedó de lado, sino que en la economía del programa de Dios, el Padre tiene algo que hacer, el Hijo tiene algo que hacer y el Espíritu tiene algo que hacer; pero el Espíritu es el que lleva a consumación el programa. Primero el Padre es el originador y Él envía al Hijo, pero ahora el Hijo envía al Espíritu; entonces no puede faltar un énfasis en la obra del Espíritu en el Apocalipsis; y aquí ese énfasis se nota en el cambio de orden. Cuando ustedes leen Mateo dice: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pablo dice: Gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo; no menciona el Espíritu; claro que él habla en el Espíritu y a veces menciona al Espíritu en las cartas, pero aquí dice Juan: “Gracia y paz” del Padre, pero ahora como que revela al Padre con más detalle: que era, que es y que ha de venir; noten que todo comienza desde arriba; este es el saludo; el saludo de Juan no parte de Juan; Juan no está hablando de él; es gracia y paz ¿de quién? Del que era, el que es y el que ha de venir; o sea, está presentando al Dios eterno.


El orden de la economía divina

Fíjense en cómo empezó Apocalipsis: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio”; o sea, del Padre pasa al Hijo; Dios le dio. Hermanos, cuando el Señor Jesús se despojó de Su gloria y se hizo hombre, Él declaró ya en esa situación de humillación, de despojamiento, diciendo: el Padre es mayor que yo.  No estoy hablando de la divinidad; estoy hablando de la posición del Hijo humillado y sometiéndose a su Padre y poniendo al Padre como cabeza; y por eso dice que el Dios Padre es la cabeza de Cristo; entonces aparece el Hijo recibiendo del Padre; esto es una revelación que culmina la Biblia; y aquí aparece la venida del Señor, y Jesús mismo dijo, como lo registra Marcos, lo dijo en su condición de despojamiento, de humanidad y de humillación; Él dijo: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32).  Jesús enseñó que sólo el Padre conoce el fin y la hora final; sólo el Padre.  En Hechos 1:6-7 aparece cuando los apóstoles le preguntaron en la resurrección: “6Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” ¿Qué dijo el Señor Jesús?  “7No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”; o sea que el mismo Hijo dice que eso del tiempo y de las sazones Él se lo dejó al Padre; Él no se preocupa por eso; y por eso dice: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio”. Jesucristo siempre toma la actitud de Hijo, siempre reconoce a Su Padre como Su Dios y Su Padre, y siempre lo honra y siempre le es fiel; esa es la actitud de Jesucristo, por eso dice: Dios le dio; eso no lo sabríamos nosotros si el mismo Hijo no lo hubiera revelado; pero Él lo declaró así de esa manera, por medio de Su ángel, a Su siervo Juan. ¿Amén?  Ese orden es interesante tenerlo presente; ese orden no es respecto de la esencia divina, sino de la economía divina; la esencia divina es inmutable y el Verbo es Dios; en cuanto a esencia el Verbo es igual al Padre; el Verbo es también Dios con el Padre; pero en la economía divina, o en el trabajo de Dios en la administración, el Padre es la cabeza y el Hijo es el enviado y el representante y el testigo; y el Espíritu es el agente; nada se hace sino por el Espíritu; el Padre lo hace por el Hijo y el Padre y el Hijo lo hacen por el Espíritu; por eso es que aparece el trono; pero delante del trono aparecen los siete espíritus, que es como decir: la plenitud del fluir del Espíritu para la obra de Dios; entonces por eso aparece aquí el Espíritu “del que es, que era y que ha de venir y de los siete espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo”; ahí aparece el Hijo; pero noten que entre el Padre y el Hijo, el mismo Dios, por Jesucristo y el ángel, colocó al Espíritu en este caso, de una manera resaltada. ¿Se dieron cuenta? Aparece el Hijo en tercer lugar aquí, porque él se humilló y se hizo hombre: “testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra”.

El Espíritu séptuple

Voy a detenerme un poquito en el asunto del Espíritu; aquí se llama los siete espíritus que están delante de su trono. Vamos a ir un poco al profeta Isaías.  En Isaías 11, miren cómo se habla del Espíritu de una manera séptuple; ustedes recuerdan que la vez pasada leímos algunas citas que hacía Ireneo del Apocalipsis. Ireneo interpretaba estos siete espíritus de esta manera que aparece aquí en Isaías.

Isaías 11:1-2: “1Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñara de sus raíces”.  Esa es una profecía acerca de Cristo; pero ahora miren cómo el Cristo aparece ungido por el Espíritu en forma séptuple o septiforme; miren el verso 2: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová”; entonces fíjense en que lo mencionó en forma global, el Espíritu de Jehová; o sea, en esencia el Espíritu es uno; en persona el Espíritu es uno; pero su función es séptuple, su manifestación es séptuple; también sus frutos son multiformes, también sus manifestaciones son multiformes; es un Espíritu pero que aparece multiplicado. En el candelero el aceite que lo alimentaba era uno solo, pero aparecía en siete lámparas; ahora, esas lámparas del candelero están allí porque a Moisés le fue mostrada la realidad, y luego se le dijo que hiciera el modelo en la tierra, conforme a lo que había visto en el monte; o sea que Moisés vio lo que Juan vio, pero Moisés hizo una figura; Juan describe las cosas que Moisés vio y que él vio.  Dice el verso 2: “Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová”; entonces aquí aparece el Espíritu de Jehová en Su unidad esencial, en la unidad de Su persona; pero ahora miren cómo el Espíritu uno aparece en siete, así como la luz blanca a través de un prisma se descompone en siete colores; asimismo el Espíritu de Dios se manifiesta en forma multiforme. Dice: “espíritu de sabiduría y de inteligencia, (ahí van dos) espíritu de consejo y de poder, (ahí van cuatro) espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”. Ahí van seis, y Espíritu de Jehová al principio que es la caña central que une todo, es siete; o sea que el Espíritu único aparece aquí revelado en siete. Espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová; ahí están los siete: en el candelero, la caña central, Espíritu de Jehová, hacia la derecha tres, hacia la izquierda tres; seis y con el del centro son siete.


Vamos a ver un poco más respecto de esto que dice aquí del Espíritu. Volvamos allí al capítulo 1 de Apocalipsis: “y de los siete espíritus que están delante de su trono”; aquí Juan está escribiendo cuando él ya vio las cosas. Primeramente él vio las cosas, y después que él vio, él escribió; claro, cuando uno empieza a leer sin uno haber visto, y Juan empieza a decir: el que es, que era y que ha de venir, y los siete espíritus que están delante de su trono y de Jesucristo, noten que pone el Espíritu séptuple en el nivel del Padre y el Hijo; porque es que algunos han interpretado estos espíritus como los siete arcángeles; pero no se les puede poner en el mismo nivel. Si Jesucristo hubiera dicho así: Bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y de San Pedro, pues, San Pedro es muy querido, pero no podemos ponerlo en el nivel del Padre y del Hijo; o bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del arcángel Miguel; no, no se puede equiparar el arcángel Miguel al Padre y al Hijo; se puede poner en nivel con Gabriel y si se quiere con Uriel, Rafael, Sariel, Ragüel y Remiel, los siete arcángeles, basado en el libro de Enoc, en donde aparecen esos arcángeles; pero aquí aparece connumerado el Espíritu séptuple junto con el Padre y el Hijo; por lo tanto, no podemos interpretar los siete espíritus como siete arcángeles como lo hace el esoterismo.


Vamos a ver otros pasajes donde se habla de estos siete espíritus para que se den cuenta que se refiere al Señor mismo; lógico que aquí aparecen de una manera que irrumpen de repente, porque Juan empieza diciendo: Juan, a las siete iglesias que están en Asia, de aquel que era, que es,  y que ha de venir, gracia paz y del que era, que es y que ha de venir y de los siete espíritus que están delante de su trono y de Jesucristo, tal y tal. Claro, para nosotros él mencionó algo raro; nunca ningún profeta había hablado así, pues Isaías un poquito, lo que acabamos de leer, pero no de esa manera tan descriptiva; ninguno de los apóstoles, ni los evangelios, ni las epístolas; pero Juan habla así. ¿Por qué? porque en el capítulo 4 él lo vio así. Miren lo que dice en el capítulo 4; vamos a leerlo desde el verso 2: “2Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 3Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda”.  Entonces ahí está el trono de Dios, ahí está viendo el gobierno de Dios, ahí aparece el trono del creador, de Dios. “4Y alrededor del trono había veinticuatro tronos”.  Ustedes recuerdan que en Colosenses dice que en Cristo fueron creados tronos, dominios, principados, potestades.  Lo primero que menciona en Colosenses son tronos; mírenlo por favor en Colosenses para que esto les quede claro. Lo primero del reino del mundo invisible después del Señor mismo son estos tronos.


Leemos Colosenses 1:16: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, (y cuando empieza a describir las cosas creadas, claro, no va a poner al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo que no son creados, pero cuando describe las cosas creadas, dice: “las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; (y comienza:) sean tronos, (es lo primero que menciona, tronos, luego) sean dominios, (luego) sean principados, (luego) sean potestades”; de todas estas jerarquías la que menciona primero en cuanto a gobierno, son los “tronos”, y esos tronos aquí en Apocalipsis son veinticuatro; por eso después del trono menciona en el capítulo 4:4, los veinticuatro; por eso dice: “4Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas”.  Ahí está mostrando la administración del mundo invisible; ahí está el trono de Dios y alrededor otros tronos que son de veinticuatro ancianos; pero ¿qué había delante? Ya no al lado, sino al frente; porque recuerdan que del trono de Dios salía un río de fuego que salía al frente y aquí aparece que del trono salía un río de fuego. ¿Ustedes lo recuerdan que está en Daniel 7?  Entonces dice aquí: “5Y del trono salían relámpagos y truenos (ahora aquí va a describir más el trono) y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios”.  Esto fue lo que Juan vio.


Un Cordero como inmolado en el trono

Después en el capítulo 5 siguió describiendo el trono, después describe los serafines, los querubines, los millares de millares; pero luego en el capítulo 5 aparece el Cordero inmolado, el León de la tribu de Judá. ¿Usted oyó que Pablo hablara del León de la tribu de Judá? ¿o Pedro, o Mateo? Sólo Juan completa la profecía de Génesis; Apocalipsis completa la Biblia. No podemos dejar de lado Apocalipsis; si quitamos Apocalipsis se nos queda la Biblia sin terminar; todo termina en Apocalipsis. Juan fue elevado a ver no sólo esta atmósfera sino el mundo invisible y vio el trono de Dios y los veinticuatro tronos al lado, pero delante de Dios vio las siete lámparas de fuego, que no sólo es fuego, son los siete espíritus de Dios en forma de fuego, porque delante del trono dice que salía un río de fuego.  Hay siete lámparas de fuego delante de Dios, que son los siete espíritus de Dios; eso lo vio Juan  y él recibió la comisión del Padre, del Espíritu y del Hijo; recibió la comisión y por eso en el capítulo 1, dice: Juan, a las siete iglesias: gracia y paz del que es y que era y de los siete espíritus que están delante del trono y del Cordero; él no tiene el mismo orden, porque lo que le fue mostrado en el capítulo 4, fue primero el trono del Padre y el Espíritu; en el 5 fue que apareció el Cordero como inmolado, resucitado, el primogénito de los muertos; en cuanto a la economía de Dios aparece después. Entonces en el mismo orden que le fue revelado a él, el Padre primero y delante de él el Espíritu y después en el 5 aparece el Cordero, en ese orden es que él habla. “Juan, a las siete iglesias: gracia y paz del que es y que era y que ha de venir y de los siete espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo el testigo fiel”; y dice lo que hizo Jesucristo, nos ama, nos libró de nuestros pecados con su sangre y nos hizo reino y sacerdotes para Dios Su Padre; ese es el saludo de Juan, pero no sólo de Juan; es el saludo del cielo a las iglesias; es el saludo del trono a nosotros; esto fue revelado a nosotros sus siervos.  Hermanos, tenemos que ponernos receptores del trono; nosotros somos los receptores; es para nosotros que esto es. ¿Amén, hermanos? Pero ¿como lo vio Juan? Lo vio en ese orden y por eso en ese orden lo describe.

En el capítulo 3, verso 1, dice: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto”.  Fíjense en que Jesucristo, cuando le habla a Juan para la iglesia en Sardis, Jesucristo mismo dice que él tiene los siete espíritus de Dios; ahora es Jesucristo mismo el que se revela como el que tiene los siete espíritus. Ahora, van a ver que eso que dijo Jesucristo y que así se le presentó a Juan, así fue como Dios se lo mostró en el trono.

Vamos al capítulo 5 de Apocalipsis donde aparece él mostrado en el trono; dice el verso 6: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en  medio de los ancianos, (o sea, en el centro) estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”.  Entonces aquí Jesucristo aparece como con siete ojos y dice que esos siete ojos son los siete espíritus de Dios; no son criaturas, son los mismos ojos de Cristo. Ahora aquí aparece el Cordero con siete cuernos; los cuernos en la Biblia representan el poder. Por ejemplo, dice que los diez cuernos de la bestia eran diez reyes; o sea, el poder de la civilización humana, el poder político está representado en unos cuernos; y dice que salió un cuerno pequeño que es el anticristo y peleó con otros cuernos y derribó tres cuernos; esos cuernos representan el poder; pero ¿quién tiene la plenitud del poder?  Jesucristo. Toda la plenitud del poder; “toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra”. ¿No dijo Él así? Toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra; o sea que Él tiene la plenitud del poder; por lo tanto, el Cordero tiene siete cuernos, la plenitud del poder; siete cuernos.  Pero Él también tiene siete ojos; esos siete ojos representan también la omnisciencia de Dios; fíjense en que antes los siete ojos se le aplican a Jehová, el Padre del Antiguo Testamento; pero ahora aparecen en el Hijo porque el Padre se revela por el Hijo y se administra por el Espíritu, porque es un solo Dios dispensándose o administrándose. Vean otra vez aquí el verso, el 6: “un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”. ¿Lo vieron? Eso es para entender ese verso 4 y 5 del capítulo 1 de Apocalipsis.


Vamos a Zacarías; porque yo les dije la vez pasada que en Apocalipsis están las terminales de toda la Biblia; o sea que lo que aparece en Apocalipsis, ya tuvo su inicio de revelación en los libros anteriores, pero se completa esa revelación en Apocalipsis. Ahora vamos a ver que ya fue en Zacarías cuando se había iniciado esta revelación de los siete ojos de Jehová, que ahora los tiene el Cordero y que es el Espíritu multiplicado.  Porque el Espíritu ¿ungió a quién? A Jesús.  “El Espíritu de Jehová está sobre mí”.  El Espíritu de Jehová es espíritu de sabiduría, de conocimiento, etc., los que acabamos de ver allí. Vamos a Zacarías capítulo 4, pero antes de ver en el capítulo 4, miremos lo del capítulo 3 para entender lo del 4.  Zacarías 3:8: “Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote; (este Josué sumo sacerdote era de la época de Zorobabel, de la reconstrucción del templo) tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo”. El Renuevo, es el pimpollo; se refiere a Cristo; Él es el Renuevo, Él es la vara de Isaí; este se llama el Renuevo; se refiere a Jesucristo.  Pero miren lo que haría Jesucristo, verso 9: “Porque he aquí aquella piedra que puse delante de Josué”.  Josué es el sumo sacerdote, figura de Cristo; le fue puesto delante de Josué una piedra; esa piedra es para edificar; o sea, lo que el Hijo había que hacer es edificar la Iglesia; entonces delante de Josué había una piedra. ¿Qué hay que hacer con esa piedra? Dice el verso 9: “sobre esta única piedra hay siete ojos; he aquí yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos”. Eso se refiere a la edad de la Iglesia. El Señor esculpiendo en esa piedra; esa piedra está delante de Josué; esa es la edificación de la Iglesia, pero sobre esa piedra hay siete ojos, los siete ojos de Jehová que recorren toda la tierra, mirando como edifican.  Hermanos, ¿qué es lo que está mirando Dios en la tierra? ¿Para qué existe humanidad? ¿Para que se vaya al infierno? ¡Para que haya Iglesia!  Delante de Josué hay una piedra que tiene que ser esculpida; entonces los siete ojos de Dios están fijos allí, mirando la escultura que Dios tiene que hacer. Entonces sigue diciendo así: “y quitaré el pecado de la tierra en un día”.  Después de la era de la Iglesia viene el Milenio, porque para el Señor un día es como mil años; entonces ¿que va a hacer Dios? Primero va a esculpir esa piedra y después va a quitar el pecado de la tierra en un día; la esculpida de esa piedra es la era de la Iglesia y el día en que el pecado es quitado es el Milenio. Eso era para tener base a entender el capítulo 4.  En el capítulo 4 ustedes ven que aparece el candelabro, y el candelabro también tiene siete lámparas y siete tubos, ¿verdad?  Y tiene dos olivos al lado; ya después volveremos a esto, pero entonces saltemos al versículo 10: “Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces (cuando había que restaurar, todo era tan poquito, era pequeño, pero los que lo menospreciaron no importara que fueran pocos) se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel.  (eso es para edificar; ahora él explica) Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra”. Ahí lo tenemos al final del verso 10 de Zacarías 4. “Estos siete”; porque le acababa de mostrar en el candelero, siete lámparas y le está explicando; ¿qué es esto? Fíjense en lo que en el verso 4 del capítulo 6,  dice: “4Respondí entonces y dije a aquel ángel que hablaba conmigo: Señor mío, qué es esto? 5Y el ángel me respondió”; o sea que el ángel está respondiendo a la pregunta de Zacarías: ¿qué es esto qué le fue mostrado? Un candelero, le explicó el candelero, pero le mostró las siete lámparas, que es la manifestación de la plenitud del Espíritu que es en la Iglesia; o sea, en el pueblo de Dios; es decir, el Espíritu septiforme; pero ahora dice que esos siete espíritus son los siete ojos y ahora los siete ojos de Jehová; como Jehová se revela en Cristo, aparece el Cordero con siete ojos y esos siete ojos son los siete espíritus de Dios. 

Entonces nos damos cuenta de que es una manera misteriosa de presentar la Trinidad, pero así es, así lo reveló Dios, y todo esto tiene sentido.  Vimos estos versos, para poder entender este verso 4 que dice: “los siete espíritus que están delante de su trono”.  No es algo distinto de Dios mismo, no es algo aparte de Dios, es el Espíritu de Dios dispensándose, es el Espíritu de Dios en los ojos de Jehová, en los ojos del Cordero.  Entonces dice: “el que tiene los siete espíritus dice esto”. ¿Quién es el que tiene los siete espíritus? Es el Cordero que tiene siete ojos que son los siete espíritus; y ¿quién es el Cordero? El Verbo de Dios hecho carne; o sea, Jehová, Emanuel, Jehová con nosotros y Jehová el que tiene los siete ojos. ¿Se dan cuenta, hermanos? O sea, que todo esto muestra que hay una identidad.


Las siete profecías de las cartas a las iglesias de Asia Menor

Antes de pasar al siguiente verso, detengámonos un poco en el verso 4 de Apocalipsis 1.  No hay que apurarse, porque así apurados no digerimos bien; ahora, ¡qué cosa curiosa! En Asia física no sólo estaban estas siete iglesias; allí estaban también otras iglesias: la iglesia de Troas, la iglesia de Magnesia, la de Colosas, la de Hierápolis, estaban ahí cerca del mismo Efeso; por ahí estaban y además de esas había otras iglesias en otras partes; y Dios está revelando a Jesucristo y le envía este mensaje a Juan; y claro, Juan se lo tiene que enviar a siete iglesias. ¿Pero será que Dios solamente quería hablarle a estas iglesias? No hermanos, estas siete iglesias son una profecía; todo lo que aparece aquí es profecía. ¿Recuerdan que ya antes vimos eso? Que este libro es una profecía y que hay que interpretarlo proféticamente; claro que había siete iglesias históricas; esas siete iglesias existían en ese tiempo; pero ¿será que Dios sólo le quería hablar a esas siete iglesias en Asia Menor? ¿o le quería hablar a todos su siervos? ¿Acaso no dice al final de cada mensaje a cada una de esas siete iglesias, “oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”? Cuando tú ves el mensaje a cada una de esas iglesias, al final dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. ¿Recuerdan eso? ¿Qué quiere decir eso? Que el Espíritu le está hablando a todas las iglesias cuando le manda el mensaje a estas siete iglesias; o sea que Dios le quiere hablar al cuerpo de Cristo universal a través de estas siete iglesias.  Eso significa que estas siete iglesias representan toda la Iglesia, representan todo el cuerpo de Cristo; no era sólo para Efeso; claro, en aquel Efeso había unas situaciones históricas que fueron tratadas, pero cuando Dios trató las situaciones históricas de aquel Efeso, el Espíritu estaba hablándole a todas las iglesias: Oiga; o sea, cuando veas al Señor hablándole a Efeso, el Espíritu nos lo dice a todas las iglesias; el mensaje del Señor a Esmirna, es el mensaje del Espíritu a todas las iglesias; el mensaje del Señor a Pérgamo, es el mensaje del Espíritu a todas las iglesias; y así sucesivamente hasta Laodicea; o sea que estas siete iglesias, como es una profecía, proféticamente representan la plenitud de la Iglesia.  El número siete es número de plenitud.  Dios le habla al cuerpo de Cristo, le habla a la Iglesia en cualquier época y en cualquier lugar, a través de esta profecía; o sea que cuando leemos los mensajes a las siete iglesias, es mensaje de Dios a toda la Iglesia; pero no solamente a las siete iglesias se le hablan los mensajes de Apocalipsis 2 y 3; toda la profecía de Apocalipsis, desde el capítulo 1 hasta el 22, toda le fue mandada a las siete iglesias; o sea que todo el Apocalipsis es para la Iglesia.  Claro que aquellas siete iglesias históricas en Asia Menor, en forma representativa de la iglesia universal, recibieron ese mensaje; pero ese mensaje no era sólo para ellas; sí era para ellas; concretamente esos eran los problemas que tenían; los trataron; pero al tratar Dios con ellos históricamente, estaba tratando proféticamente y arquetípicamente con todo el cuerpo de Cristo, con toda la Iglesia.

Cuando dice: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia”, hay que ver otra cosa en este versículo; es que Dios no quiso hablar solamente en el sentido universal; sí él hubiera dicho: Juan, a la iglesia universal, hubiéramos entendido también; pero ¿por qué no lo quiso decir así? porque Él quiere revelar que la realidad de la iglesia universal se manifiesta en las iglesias locales. Uno puede hablar de la iglesia universal, pero si no vive la iglesia en su localidad, no está siendo el testimonio de la iglesia universal en su tiempo y en su ciudad o en su municipio o localidad.  Él no solamente dijo: Juan, a la iglesia universal, no; Juan, envíalo a las siete iglesias que están en Asia; y dio el nombre de localidades: Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea; o sea que el Señor ve a la iglesia universal en las iglesias locales. En la administración de Dios, Dios estableció un candelero por localidad; cuando Dios quiere hablarle a su iglesia universal, la encuentra en su localidad: en Efeso, en Esmirna, en Pérgamo, etc. Hermanos, porque es muy fácil hablar de la iglesia universal así de una manera mística, la iglesia universal allá según Efesios 1, 2, 3, 4, 5 y 6, y en el cielo, pero la Biblia no sólo habla de la iglesia mística universal; la Biblia habla de la iglesia en Efeso, de la iglesia en Esmirna, o en Jerusalén, o en Corinto, o en Antioquia, o en Babilonia, o en Laodicea, o en Filadelfia; Dios no se refiere nunca a las iglesias de otra manera; Dios ve las iglesias con siete ojos; así como las ve aquí, así como Dios habla, así es como Él ve las iglesias; cuando Él mira una localidad, Él no hace distinción entre bautistas, metodistas, cruzada equis o ye, no; Él mira a Su pueblo, Su iglesia en esa localidad; no piense que Dios va a hacer esa diferencia.  Él quiere que seamos uno, unánimes y juntos en nuestra localidad, que seamos uno con todos los hermanos de nuestra localidad. Hermano, hablar sólo de la iglesia universal es muy fácil; donde realmente se vive la realidad de la unidad del cuerpo es en la localidad; es en la localidad donde la iglesia universal deja de ser solamente una idea y pasa a ser realidad. Nosotros aquí somos personas reales, nosotros somos la expresión de la iglesia universal, aquí; la iglesia universal no es solamente una doctrina eclesiológica por allá en libros de teología, no; el Señor no quiere sólo bibliotecas de eclesiología; Él quiere iglesias, Él quiere la iglesia universal apareciendo concreta en cada localidad; la suma de los hijos de Dios como uno, en su localidad; ese es Su reino.


Imagínense que el Presidente Pastrana va a organizar su gobierno aquí en Colombia y nombra un determinado Ministro para tal cosa, otro Ministro para tal cosa, otro para tal cosa y luego se nombran tales Gobernadores por votación popular y tales Alcaldes, pero ninguno de ellos conoce su jurisdicción, ni saben para que están ahí, qué tienen que representar, qué línea tienen que seguir; lo mismo pasa con el reino de Dios.  Ustedes se van a encontrar aquí un poco con la palabra no sólo reyes, sino la palabra reino; y la iglesia es la realidad actual del reino. Dios quiere reinar en toda la tierra y en cada ciudad y en cada localidad; entonces sus hijos de cada localidad, tienen que unirse para constituir la asamblea del reino de Dios en esa localidad. Eso es algo muy concreto; porque ¿qué tal que haya la fábrica tal y el gerente no sabe que es gerente, dónde empieza la fábrica, dónde termina, no sabe cómo va a hacer algo; tú tienes que saber porqué estás en tu localidad y estás con los que Dios puso ahí; ustedes todos son el reino de Dios ahí, ustedes son la sede de la embajada del cielo; pero si no ponemos cuidado en que tenemos que ser la concreción de la iglesia universal en nuestra localidad, donde el reino de Dios es concreto, real, visible, ¿quién tendrá el testimonio?  Nosotros no somos solamente creyentes sueltos, que vamos para acá, vamos para allá; claro que podemos ir donde queremos, pero tenemos que saber por qué estamos en un lugar, con los que estamos ahí. ¿Por qué Dios nos puso juntos en esa localidad, en ese municipio, en ese pueblo, en esa ciudad? Para que juntos seamos el candelero de esa ciudad, seamos la expresión concreta del reino en esa ciudad; la gente tiene que encontrarse con el reino.


Si alguien quiere irse para el cielo, tiene que sacar la visa en la embajada; ¿y cuál es la embajada del reino? La iglesia. Dice: sois embajadores de Cristo; ¿no dice que somos embajadores? Nadie sabe donde queda la embajada; allí dice iglesia tal, iglesia tal; ¿cuál será la embajada? El Señor nos dijo cual era; Él dijo: la iglesia en tal lugar.

En la Biblia usted no encuentra a la iglesia apareciendo con ningún otro nombre; en la Biblia la iglesia no tiene nombre; lo que tiene nombre es Jerusalén, Antioquia, Corinto, Efeso, Esmirna; la localidad es la que tiene nombre; así ve Dios a sus iglesias; así Él las quiere ver. Sin Apocalipsis el asunto de la iglesia estaría incompleto; en Apocalipsis es donde se revela el misterio de los candeleros; el misterio de los candeleros tiene que existir en forma concreta; no solamente un versículo en Apocalipsis 1:20. Dios no quiere solamente tener un versículo en la Biblia, no; Dios quiere tener a su iglesia en cada localidad como un candelero alumbrando plenamente con las siete lámparas, con los siete ojos en cada localidad. Tú tienes que saber donde te puso Dios y que tú solo no haces nada; tienes que estar con tus hermanos, siendo uno con ellos, siendo el cuerpo de la cabeza, que es el Señor Jesús. No pasemos muy rápido esa frase: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia”. Aquí se ven las iglesias locales siendo la concreción en el tiempo, en la historia, en la geografía, de la iglesia universal. La iglesia real no es una teoría, la iglesia real es la suma de todas las iglesias locales; esa es la iglesia real. Cada iglesia local es la realidad de la iglesia universal; todos los que pertenecen a la iglesia universal que están en un lugar y en un tiempo, son la iglesia local de ese lugar y de ese tiempo; no es suficiente tener comunión así mística, así teológica. Somos un solo cuerpo en Cristo, hermanos; somos uno; pero seguimos actuando en forma dispersa; tenemos que ser la asamblea del reino de Dios ahí.

Sí, cuando el Presidente se ganó las elecciones, él dijo: con cuáles puedo contar, éstos van a hacer esto, éstos van a estar allá; lo mismo es el Señor. El Señor va a poner su reino en la tierra y ese reino se abre espacio a través de la iglesia; la iglesia es el comienzo de la realidad del reino de los cielos. Primero es la iglesia; la iglesia tiene que entender quién es. La importancia de la iglesia; la revelación aquí en Apocalipsis se consuma; aquí está la consumación de Cristo y su cuerpo, en Apocalipsis. “Juan, a las siete iglesias que están en Asía”.

Dios no quiso hablar de la iglesia universal. Dios habló de la iglesia local, las iglesias locales, la iglesia en cada localidad; así es como Él la quiere ver. No es suficiente que hablemos de la iglesia universal; Dios quiere que la iglesia universal aparezca concreta, unida, juntos, unánimes en cada localidad. Jerusalén, primero en Jerusalén, entonces por todas las localidades de Judea y luego de Samaria, hasta lo último de la tierra; entonces sí: “Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo”.


¿Se dieron cuenta de que antes de Dios hablar, se identificó el auditorio? ¿A quién le habla Dios? A las iglesias. Usted tiene que estar en la posición correcta para poder recibir la revelación correcta y el enfoque correcto, porque el mensaje se le da es a las iglesias como iglesias. Si usted actúa como individuo, no estará en la posición correcta para recibir la revelación; como rueda suelta usted no recibirá la revelación; usted recibirá la revelación del Padre, del Hijo y del Espíritu por medio del ángel y de Juan, si está en la posición de la iglesia; si usted no está en la posición de la iglesia, no está en la posición correcta para recibir la revelación. Una persona sola, un cristiano suelto, no está en la posición correcta para recibir la revelación; la revelación es la luz completa de Dios que está en el candelero; es solamente en la comunión del cuerpo de Cristo en forma concreta en nuestra localidad, que estamos en la posición apropiada para recibir la revelación, porque la revelación es aquí: a las siete iglesias que están en Asía. ¿A quién habla el Espíritu? A las iglesias. Si tú no estás con tus demás hermanos en la posición de iglesia, no estás en la posición legítima para recibir la revelación porque la revelación es enviada a las iglesias, el Espíritu le habla a las iglesias; si tú no estás actuando como iglesia, no estás en la posición de recibir la revelación; la iglesia concreta en cada localidad es a la cual el Espíritu le habla, es a la cual el Espíritu le envía la revelación. Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu envían la revelación a cada iglesia.

Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias; la iglesia en cada localidad, esa es la posición para recibir el mensaje. Si llega una carta que dice: para el gerente, pues, no la puede recibir el barrendero; el único que puede abrir esa carta es el gerente, no la secretaria, porque la carta no es para la secretaria, es para el gerente; ahora si dice: esta circular es para el colegio Maria Auxiliadora, es el colegio María Auxiliadora el único que está en la posición de recibir y obedecer esa circular; lo mismo pasa con el Apocalipsis, que es la culminación de la revelación de la Biblia. Si tú no la recibes como iglesia con todos tus hermanos en tu localidad, no la vas a poder recibir, tú solo no eres iglesia para recibir; necesitamos ser iglesia para poder estar en la posición de recibir la revelación. La revelación es enviada del trono de Dios a las iglesias; el Espíritu, al tratar con las iglesias locales, trata con todas las iglesias. Aquí no dice que esta carta es para tal misionero tal, fulano de tal, o aquel teólogo, no; es para la iglesia, para la iglesia aquí, para la iglesia allí, para la iglesia en cualquier parte, pero para la iglesia en su lugar, para la iglesia en su localidad; para ellos es la revelación; es como si fuera una carta que nos llegó del cielo, pero ¿quién tiene derecho de abrir esa carta? Sólo la iglesia en la localidad, porque ¿a quién le fue enviada? ¿A quien le habla el Espíritu? No pienses que el Espíritu te habla sólo a ti. Es cuando estamos como iglesia que oímos el hablar del Espíritu; cosas que tú no entiendes, cuando oyes a tus hermanos, entiendes, porque el Espíritu habla a las iglesias; la promesa de que las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia, es a la iglesia; la iglesia es la depositaria de la revelación de Dios, a la iglesia es a quien se le entrega el mensaje. El mensaje de Apocalipsis y de toda la Biblia, es principalmente para las iglesias; claro que cada persona individual, puede recibir un poquito, pero la plenitud, solamente en la comunión de la iglesia. Hermanos, son las nueve, y apenas quedamos en el versículo 4. ☐


Continúa con: Continuación del saludo del Apocalipsis.

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