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Septiembre del 2006

EL TEMPLO DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 1:50, Categoría: General


Si desea acceder a todos los capítulos de este blog, haga click a la izquierda en categoría "General".




EL TEMPLO DE DIOS


por: GINO IAFRANCESCO V.


© El Templo de Dios./ Autor. Gino Iafrancesco V./ Bogotá D.C., Colombia, 1998.


INDICE


Prefacio


1.  El momento de la edificación de la casa de Dios


2.  La longitud de la casa de Dios   


3.  La anchura de la casa de Dios   


4.  La altura de la casa de Dios   


5.  El pórtico del templo   


6.  Las ventanas de la casa de Dios


7.  Los aposentos laterales del templo


8.  El modelo ilustrado del templo   


9.  No se oyeron instrumentos de hierro en la construcción


10.  La escalera de caracol a la derecha del templo   


11.  El revestimiento interior del templo


12.  El artesonado interior del templo: Las calabazas  


13.  El artesonado interior: Los querubines  


14.  El artesonado interior: Las palmeras   


15.  El piso de la casa de Dios   


16.  El umbral de la puerta de la casa de Dios


17.  Las puertas del templo   


18.  El atrio interior del templo


19.  Las columnas del atrio en el tabernáculo como base para la tipología del

      templo  


20.  El período de edificación del templo   


21.  El estado adjunto   


22.  El mar de fundición


23.  Las diez fuentes de bronce



PREFACIO

Este libro: "El Templo de Dios", está conformado por una serie de conferencias dadas por Gino Iafrancesco V. en  la localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia, durante el año de 1998, las cuales fueron transcritas por varios hermanos en Cristo, y revisadas por el autor.

EL MOMENTO DE LA EDIFICACIÓN DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 1:37, Categoría: General


El templo de Dios (1)


CAPÍTULO I

EL MOMENTO DE LA EDIFICACIÓN
DE LA CASA DE DIOS


Un plan progresivo de revelación

Comenzamos este año una nueva serie los viernes. Los hermanos saben que en el Nuevo Testamento hay muchas clases de reuniones. Hay reuniones de mutualidad, reuniones de oración, reuniones de estudio y de otras cosas, y también hay reuniones de enseñanza y reuniones de la obra. Dice la Escritura que los apóstoles, todos los días, dentro y fuera de las casas, no cesaban de enseñar, de predicar a Jesucristo. Esas son reuniones del ministerio de la Palabra. Hemos separado, con la ayuda del Señor, y entregándola a Él, la reunión de los viernes, para que sea una reunión de enseñanza de la Palabra. Los hermanos que vienen los viernes, por favor, no lleven una impresión parcial de que es el único tipo de reunión que existe. Hay muchas otras reuniones otros días en la localidad, y con toda libertad. Pero hemos separado esta reunión los viernes poniendo siempre en las manos del Señor, para que si Él así lo quiere y así lo aprueba con Su Espíritu, entonces estemos escudriñando la Palabra del Señor.

El Señor quiere que en la comunión de la Iglesia, la Palabra de Cristo more abundantemente y que el compartir de la Iglesia sea en la Palabra de Cristo. Mis hermanos saben que aunque el Señor mismo es inmutable, sin embargo Su revelación y Su dispensarse es progresivo.

 Él se ha propuesto llenar toda la tierra con el conocimiento de Su gloria. Él no será más glorioso de como comenzó. Dios, como Dios no se le puede agregar a Él nada en Su esencia; pero su revelación para Sus criaturas sí es progresiva. Él ha ido revelándose progresivamente, y cuando se completó el canon de las Escrituras, con la revelación completa, también después que la fe fue una vez dada para siempre a los santos, sin embargo el Espíritu Santo sigue guiando en esa única fe a la Iglesia, profundizando en ella a medida que pasan los siglos; y la Iglesia de Dios por el Espíritu, siendo guiada a toda verdad, va entendiendo cada vez más y cooperando con Dios en Su plan, en su programa.


Hay cosas que en la Palabra del Señor se comenzaron a revelar a través de pequeños indicios que luego fueron desarrollados por el Señor para con Su pueblo; y también en la historia de la Iglesia el Espíritu Santo comenzó a mostrar algunas otras cosas, y después ha ido mostrando más. Y si nosotros le damos lugar, el Espíritu del Señor nos irá mostrando cada vez más, no cosas nuevas en el sentido de una revelación fuera de la fe que una sola vez fue dada a los santos, pero sí una comprensión cada vez más ajustada, más profunda y más rica de lo que Él ha querido dar a Su pueblo. De hecho esta ruta es incambiable de parte de Él, y está establecido que esto sería así. Él ya tipificó el reino de los cielos como el crecimiento de una plantita. Esa simiente que es la fe una vez dada a los santos, la Palabra completamente centrada en la primera generación apostólica, habría de producir primeramente hierba, después espiga, después granos verdes en las espigas, después granos llenos, maduros a la hora de la ciega; entonces eso quiere decir que el Espíritu Santo estaría cada vez más conduciéndonos a toda Su Iglesia hacia la madurez en Cristo, hacia el plan de Dios. El Espíritu Santo siempre dirige hacia el cumplimiento del plan de Dios.


La revelación de la casa empezó por Betel

Sabemos por las Escrituras, cómo en la ocasión cuando comenzó Dios a revelar sobre los patriarcas, le habló a Jacob en hebreo y le dio los primeros indicios de su plan de edificar para sí mismo una casa, pero el concepto de casa aparecía muy simple en aquella primera revelación, cuando Jacob le puso el nombre de Betel. Ya después aquí con los hermanos y en otros lugares hemos estudiado el asunto de la edificación o erección del tabernáculo. Allí el concepto de Betel, casa de Dios, fue un poco más desarrollado. Hemos avanzado un poco porque ya era la hora de que Dios pasara de lo simple, un poquito, a algo más complejo. Y Dios, como no ha parado Su edificación, y la edificación continúa, y la edificación es la edificación de la iglesia, solamente que así como la tipología pasó de lo simple a lo medianamente complejo y a lo más complejo, así al final y a través de esta tipología, el Señor está revelando distintos aspectos de la edificación que Él quiere realizar, es necesario que también nosotros continuemos en la misma línea del Espíritu de Dios, que es una línea de edificación conforme al programa de Dios.

Pero así como en una época vimos el asunto de Betel, y luego más adelante vimos el asunto del tabernáculo, ahora necesitamos pasar un poco más adelante, al asunto del templo, hasta que eventualmente lleguemos al asunto de la Nueva Jerusalén, que es la consumación final; pero no se puede ir de golpe, sino por partes, de manera progresiva. Entonces vamos a iniciar una serie, con la ayuda del Señor, acerca del templo de Dios. Lo de Betel, y lo del tabernáculo fue una base, pero lo del templo es algo todavía más complejo. Pero no se puede empezar por el templo; había que empezar por Betel y luego seguir con el tabernáculo, pero aun a eso el Espíritu Santo no lo paró allí sino que continuó.


La sombra de los bienes venideros

Entonces los hermanos que deseen acompañarme con sus Biblias, les ruego que vamos al libro que nos habla precisamente de esa época, que es 1 Reyes, considerado aquí en esta versión como primer libro de Reyes, pues en otras es considerado como tercer libro de Reyes, pues originalmente los libros de Samuel fueron llamados primero y segundo de Reyes. Abrimos 1 Reyes 6. Con la ayuda del Señor vamos a hacer un seguimiento, ojalá minucioso, para que podamos aprovechar los detalles; ciertamente que la interpretación tipológica es obligada en estos casos, ya que en el Nuevo Testamento el autor de la epístola a los Hebreos, posiblemente Lucas, había dicho que en las cosas que estaban en la ley o en la Torá, o sea en el Antiguo Testamento, principalmente en el Pentateuco, pero también en la Torá, abarca el Antiguo Testamento en general, que todas esas cosas eran sombra de los bienes venideros, eran figura. Aun las historias de los patriarcas, la historia de Israel, fueron alegorías y ejemplos. Eso enseña el Nuevo Testamento; de manera que cuando estamos leyendo estos libros históricos, en primer lugar ciertamente estamos leyendo historia, pero el Nuevo Testamento nos ha dado la clave para interpretar esa historia con un sentido alegórico, puesto que era una historia donde Dios estaba alegorizando, con la cual Dios estaba ejemplificando y tipificando a Su Hijo. Entonces vemos en el Nuevo Testamento, en muchos pasajes que sobraría repetir, porque ya se han tratado en otras ocasiones, que no sólo nos autoriza sino que creo que hasta nos obliga a leer con clave de tipología los pasajes del Antiguo Testamento, especialmente estos donde Dios es tan minucioso en muchos detalles, que si no tuvieran un sentido espiritual, no habría necesidad de esa minuciosidad; pero si ha habido minuciosidad de parte del Espíritu, es porque Dios tiene algo que decir; y como está escrito en Romanos 16:25-28, que el misterio que estaba oculto en Dios debe ser dado a conocer con la utilización de las Escrituras del Antiguo Testamento, según el mandamiento del Dios eterno, como lo dice allí.

Los principales trazos de la casa de Dios

Entonces vamos a leer con clave del Nuevo Testamento, del nuevo pacto, estos capítulos históricos. Vamos a leer historia pero detrás de la historia vamos a leer el sentido espiritual que el Nuevo Testamento enseña que tiene la historia del Antiguo Testamento. Entonces vamos a comenzar inicialmente haciendo una lectura de los primeros catorce versos; hacemos esta lectura inicial para tener una visión panorámica de los principales trazos de la casa de Dios. Después de hacer la lectura panorámica entonces volveremos verso por verso para entrar ya en el sentido. Inicialmente sólo leemos 1 Reyes 6:1-14:

“1En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová. 2La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto. 3Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos. 4E hizo a la casa ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera. 5Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor. 6El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa”. Ya nos vamos dando cuenta que la tipología del tabernáculo ya se quedó corta. “7Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro. 8La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa; y se subía por una escalera de caracol al de en medio, y del aposento de en medio al tercero. 9Labró, pues, la casa, y la terminó; y la cubrió con artesonados de cedro. 10Edificó asimismo el aposento alrededor de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro. 11Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo: 12Con relación a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre; 13y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel. 14Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó”.


Celebración espiritual de las fiestas

Hay muchas cosas en esta primera parte. Devolvámonos, pues, al primer verso. Mis hermanos recuerdan que en 1 Corintios 5:7 dice el apóstol Pablo: “7Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por vosotros. 8Así que celebremos, (los panes) no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. Entonces ahí nos damos cuenta de cómo Pablo está usando un lenguaje de la fiesta de la pascua, que iba junto con la de los ázimos y de las primicias, pero lo está aplicando a una celebración espiritual propia del Nuevo Testamento; y en el Nuevo Testamento la fiesta de la pascua entonces está tipificando un primer aspecto fundamentalmente de Cristo, el cual es muy rico, y tiene que ser tipificado también con otras fiestas y otras cosas; pero el ciclo de las fiestas comienza con la fiesta de la pascua; y allí dice Dios en Éxodo 12: para vosotros este el mes de Abib será el primer mes del año; así que tenía un sentido espiritual, que todo el ciclo de las fiestas representa los distintos aspectos de Cristo y del trabajo o de la gesta o economía de Cristo con Su pueblo, que estaba tipificado en esas fiestas. Tenían fechas y un orden y unas asociaciones de unas con otras; y unas distancias entre unas y otras, las cuales sentaban realidades espirituales.

Cuando nosotros estamos viendo el asunto de las fechas, no debemos leer las fechas solamente con sentido cronológico sino que las fechas, además de un primer sentido histórico gramatical, tienen también un sentido espiritual. No pasemos, pues, por alto los detalles de estas fechas, porque lo interesante no es solamente entender el significado sino captar el principio espiritual que revela ese significado con el cual el espíritu del Señor quiere gobernar la edificación de su casa.


Un sentido espiritual en cronología

Hay un principio espiritual que es revelado en el significado, y ese sentido espiritual, que es una delicadeza de Cristo en nuestro interior que está simbolizada, representada con algunos detallitos aveces, una pequeña frase utilizada por el Espíritu Santo para hacer consciente en tu espíritu una delicadeza del carácter de Cristo. Entonces pongamos atención a estos pequeño detalles. En primer lugar dice: “1En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová”. Yo sé que no soy el primero ni seré el último que me he puesto a hacer una cronología de la historia bíblica, y cuando me puse a hacer la cronología, y los hermanos saben que en la biblioteca de casa hay un libro, Aproximación a Crónicas, donde hay una cronología obtenida con los datos inspirados que aparecen en la misma Biblia desde Génesis, con los años de los respectivos nacimientos de los patriarcas antediluvianos y su muerte, hasta el diluvio, porque la Biblia trae muchos datos históricos, y tú haces el seguimiento; y cuando yo hice el cuadro cronológico con los datos de la Biblia, y no de fuera de ella, desde el tiempo del Éxodo hasta el tiempo del comienzo de la edificación de Salomón, me encontré conque no coincidía. Con Salomón hice esa revisión varias veces sumando los años de tal tiempo con tales otros años, con los años de tal juez, con los años que estuvieron afuera; daban mucho más que los 480; me pasaba en algunos siglos. Yo pensaba que estaba haciendo mal los cálculos, porque era más factible que me equivocara yo y no la Biblia.

Pero resulta que también hijos de Dios e historiadores que también se han interesado en este aspecto cronológico, encontraban el mismo problema que yo he encontrado. Yo no le encontraba una solución, pero al hermano Warchman Nee, de la China, también le sucedió la misma cosa. Él lo narra en un libro que se llama “Escudriñad las Escrituras”; solamente que el Espíritu del Señor le dio a él la solución del enigma. Esto yo no lo recibí directamente, entonces yo reconozco que lo aprendí del hermano Watchman Nee. Resulta que él se puso a contabilizar el tiempo y le daban las mismas fechas que me daban a mí, pero después se puso a contabilizar solamente el tiempo cuando realmente Dios reinaba sobre Israel y no cuando reinaban los filisteos, los madianitas o algunos de los de afuera; y resulta que cuando se contabilizaba el tiempo en el que Dios realmente reinaba por algunos de los jueces, ahí sí, al sumarse esos períodos descontando los otros períodos, ahí sí sumaban 480. Pero si tú le sumas cuando los opresores de Israel, ya fueran los filisteos o madianitas o Edom, todos esos que aparecen en Jueces y otros lugares, ya no da la cuenta; entonces me di cuenta de que esa cifra tenía un sentido espiritual, y no solamente un sentido cronológico histórico. ¿Por qué? Porque para Dios no contaba el tiempo en el cual Él no reinaba; para Él era tiempo perdido; era como si no hubiera pasado ese tiempo. Lo que para Dios contaba era el tiempo en el cual realmente Él era el Rey sobre Israel, e Israel le obedecía.


La resurrección de Cristo y la casa de Dios

Cuando ellos se rebelaban y Dios los ponía bajo la opresión de otros como castigo, ese tiempo en el cual Dios no estaba siendo aceptado por Su pueblo, sino que Su pueblo estaba en otros caminos, ese tiempo no contaba para Dios, no tenía significado; así que lo que tenía significado era el tiempo en el cual Él realmente estaba reinando. Y entonces cuando se completaron los 480 años en el tiempo de Dios, entonce llegó el momento de edificar la casa; o sea que ese 480 ya es muy significativo, en primer lugar porque está formado por tres números que son significativos en la Biblia, que son el seis (6), el diez (10) y el ocho (8), que los vamos a ver aparecer varias veces en los detalles de las medidas de la casa. Fíjense en que el número 6 es el número del hombre, y el número 10 es el número de las naciones, que conforman el número 60, pero si fuera 6 x 10, que son 60, juntando las naciones de la humanidad, todavía no sería casa de Dios.

 Si no estuviera mezclado con el número 8, que es el número de la resurrección, que es el número de Cristo. Así como el número del anticristo es 666, el número de Jesucristo es 888, y el número 8 es el número de la resurrección. Y repetidas veces el 8, y los números combinados con el 8, hacen referencia a la resurrección. El 6 se refiere a la humanidad, el 10 a las naciones y 480 es una combinación del número del hombre con el de la naciones y el número de Cristo, de la resurrección de Cristo.


No hay casa de Dios entre los hombres sin la resurrección de Cristo; o sea que la casa de Dios puede ser edificada solamente a partir de la resurrección de Cristo con todos los hombres; mientras no se completara ese proceso, esos 480 años, es como quien dice, mientras Cristo no resucite y restaure, y recapitule en Sí a la humanidad en un nuevo hombre, no hay casa de Dios. Entonces ese número no es solamente un número cronológico; es un número también con sentido espiritual; porque si tú vas a seguir la historia cronológica no te va a dar 480 años, pero sí te va a dar solamente cuando tienes en cuenta estos detalles espirituales; ahí sí te da.


Primero el fundamento, después la edificación

La Biblia es un libro primeramente espiritual, aunque habla cosas históricas. No habla todas las cosas históricas que le interesan a los historiadores sino las que le interesan a Dios. Si uno quiere estudiar historia puede consultar un libro de arqueología y otras cosas, pero si quiere estudiar a Dios en la historia, entonces ya es otro asunto.

Luego dice: “1En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel...”. Y otra vez es el cuarto porque en el tercero es otra vez número de resurrección. El Señor resucitó al tercer día, o sea, la casa de Dios no comenzó a ser edificada en el primer año ni en el segundo ni en el tercero; tenían que pasar los tres primeros, así como Israel tenía que esperar tres días antes de cruzar, como el Señor tenía que esperar tres días para la resurrección. Así tenían que pasar estos tres días para la resurrección de Cristo, y entonces después fueron 4, el número de la creación; la creación fue involucrada en la resurrección de Cristo. Entonces allí empieza diciendo: “el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel”. Pero aun dice más: “en el mes de Zif, que es el mes de segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová”. Porque no comienza la edificación en el mes primero sino en el mes segundo.

Esto es muy interesante porque no se puede edificar sin base, porque no se puede edificar sin fundamento.


El mes primero es el mes de Abib. El Señor dijo a Su pueblo: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero de los meses del año” (Éx. 12:2). “Vosotros salís hoy en el mes de Abib” (Éx. 13:4); lo que llaman aquí la semana santa; o sea, realmente la llamada semana santa es el año nuevo a los ojos de Dios en la Biblia. ¿Qué dice Dios a Su pueblo? Para vosotros este será el primer mes del año; y era el mes en que se celebraba la pascua con los panes ázimos y las primicias; ese era el mes de Abib, el primer mes. En el segundo mes, que es el mes de Zif, era el mes del comienzo de la edificación de la casa.


Pero cuando aparece la casa comenzando a ser edificada en el segundo mes, quiere decir que no se puede edificar la casa sin que haya primeramente el fundamento que es Cristo y la obra de Cristo, y esto es un principio muy importante que nosotros debemos tener en cuenta. Nosotros no podemos cooperar con la edificación de la casa de Dios sin primeramente estar en una medida con Cristo. A veces nosotros queremos edificar una casa ecuménica, descuidando las delicadezas de Cristo; entonces no va a resultar la casa de Dios sino la guarida babilónica del mundo.


Primero la doctrina de Cristo

Fíjense en que el apóstol Juan, aunque es llamado con justicia el apóstol del amor, sin embargo él dice frases tan serias como esta refiriéndose a la doctrina acerca de Cristo: “10Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina (la doctrina apostólica acerca del Padre y del Hijo en el Espíritu), no lo recibáis en casa ni le digáis: ¡Bienvenido! 11Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2 Juan 10-11); vemos que el apóstol del amor no era un apóstol ingenuo. Él sabía que había asuntos que tratar primero, pero en relación a la persona de Cristo y la obra de Cristo, para recién después tratar lo relativo a la Iglesia; porque si empezamos a mezclar en la Iglesia cualquier espíritu de anticristo con error en lo relativo al Padre, al Hijo, a la obra del Hijo, y al Espíritu, entonces no se va a edificar la casa de Dios, sino para el engañador.

Cuando en la tipología, como en el libro de Números, por ejemplo, el pueblo del Señor tenía que marchar, había que pasar de una instancia a otra, de una situación espiritual a otra; Dios había establecido unos cuidados en relación al avance del pueblo del Señor; y en esos cuidados Dios había dicho: Primeramente se tiene que tratar lo relativo al arca, y trasladar el arca primero con sus debidos cuidados; entonces después se tiene que tratar lo relativo a la mesa de los panes de la proposición, y después de tratar lo relativo a la mesa de los panes de la proposición, entonces recién en tercer lugar se tiene que tratar lo relativo al candelero, y en cuarto lugar lo relativo al altar de oro, al incensario.


Fíjense en que no empieza con orando juntos, no; pues aquí todos tenemos la unidad de Dios, entonces vamos a reunirnos a orar budistas, musulmanes, rosacruces, cristianos, dicen algunos. Así resulta un ecumenismo. Aquí en Bogotá cada 19 de mes hay una reunión de oración ecuménica con gentes de todas las religiones; y resulta de haber cambiado el orden de Dios y poner primero a andar el incensario antes que el arca; resultará una Babilonia en una mezcla de espíritus; entonces el Señor no quiere que nos mezclemos con eso; antes que ofrecer el incienso tiene que estar en su lugar el candelero, la mesa y el arca. Vemos, pues, que Dios estableció un orden de prioridades en las cosas espirituales, y la preeminencia le corresponde al arca. El arca represente a Cristo; entonces todo lo relativo a Cristo viene a ser tratado en primer lugar, antes que otra cosa.


Consultar la Palabra de Dios

Pueden aparecer muchos grupos y todos pueden decir que somos cristianos, y que por qué no estamos todos juntos. Eso es lo que quisiera Satanás; él quisiera meternos en la misma olla, para que cuando ya estemos todos los hermanos allí con toda la ingenuidad y la buena voluntad de nuestra parte, empieza a utilizar aquello para meter doctrinas erradas, para robarse lo que es de Dios para un falso profeta o para el mismo anticristo. Entonces por eso el Señor no permite que las cosas se hagan así de una manera cualquiera sino como Dios ordenó. Una vez, ustedes recuerdan, David tenía una buena intención; Él quería avivamiento en medio del pueblo. Y nos lo narra también aquí Crónicas, nos lo narra Samuel, y nos dice que él consultó con el pueblo si querían tener el arca en medio de ellos, y claro, todo el mundo quería tener el arca. Entonces organizaron la fiesta; no faltaron las emociones religiosas. Estaba el pueblo de acuerdo, estaban presentes las emociones; el arca fue puesta en un carro de bueyes, y estaban todos en fiesta.

¿Quién se iba a imaginar que en medio de la fiesta esas emociones de adoración y de danzas delante de Dios, estaban provocando la ira del Señor? ¿Quién se iba a imaginar? Solamente se podía saber por la Palabra; en aquellas ocasiones no fueron suficientes las emociones, y no fue suficiente el acuerdo del pueblo; era la Palabra la que mostraba dónde estaba el error. No fue el acuerdo. No lo vio. Las emociones estuvieron presentes; pero cuando Uza metió la mano, cayó muerto, y ahí David se preguntó: Pero ¿entonces cómo debo traer el arca de Dios? Pero si lo hubiera consultado antes, se hubiera evitado muchos problemas; pero si uno no se hace la pregunta de cómo debe traer el arca, se embarca uno en cosas a veces movido por la multitud, a veces movido por las emociones, a veces movido por la buena voluntad y los buenos deseos; pero la Palabra, la Palabra de Dios decía diferente; y eso era lo que no se había tenido en cuenta.

 Se había sustituido la dirección de Dios por el voto de la mayoría y por el bienestar; el sentimiento agradable y religioso de la mayoría.


El sutil engaño del culto babilónico

Pero eso no tiene credenciales para sustituir la clara Palabra de Dios. Entonces el Señor estableció un orden de prioridades en los asuntos, y en ese orden de prioridades, primeramente es el arca. Primero hay que tratar lo relativo a Cristo; cómo vamos a tratar de edificar la Iglesia con personas que no están en Cristo o que están en otro espíritu, como lo dice claramente el apóstol Pablo en 2 Co. 11:3-4:

“3Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados (fascinados o corrompidos o engañados) de la sincera fidelidad a Cristo. 4Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”.


El problema es que a otro Jesús y otro evangelio y otro espíritu, bien lo recibís, bien lo toleráis y no discernís que hay otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio disfrazado en medio de toda la parafernalia del show religioso, porque hay culto babilónico. Ahí aparecen cánticos y danzas, y lo que menos nos imaginamos es que se esté predicando a otro Cristo; entonce había que tener primero cuidado en relación a Cristo antes de entrar en componendas con grupos que dicen ser cristianos; nosotros debemos ver si están o no en Cristo; y ojalá lo disciernan, no cuando están preparados sino cuando están en lo suyo; ahí es cuando vas a discernir estas cosas.


La redención antes que la Iglesia

Por esa razón la casa no se pueda edificar en el primer mes, en el mes de Abib, porque esa prioridad le corresponde a Cristo y a su obra. Recién en el segundo mes, en el mes de Zif, ahí comienza a edificarse la casa; significa que no se puede edificar con lo de la iglesia primero antes que con lo de Cristo. Primero es el arca, lo relativo a la persona del Hijo de Dios en cuanto Hijo de Dios con el Padre, en cuanto divino, en cuanto humano; y luego entonces viene lo relativo a Su obra y a la participación nuestra con Su obra, la expiación; y después de lo relativo a la expiación entonces ahora sí la persona está en Cristo y está en el evangelio; entonces sí está en la Iglesia. Ahora sí podemos pasar del primer mes al segundo y comenzar a edificar casa; pero no se puede edificar casa sin primero constatar que el fundamento ha sido colocado evidentemente, el cual es Jesucristo.

La prioridad es el arca

A los hermanos que acostumbran a visitar a otros hermanos y tener comunión con otros hermanos les sugiero que antes de hablar de la Iglesia hablemos de Cristo; compartamos primeramente a Cristo, constatemos que estamos compartiendo al mismo Cristo; entonces sí, la consecuencia natural es pertenecer a la misma iglesia; pero si no, vamos a agarrar los tesoros de la casa de Dios, los vasos propios del ministerio, y se los vamos a entregar a Babilonia, y Babilonia se va a enriquecer y va a enriquecer su sistema fuera de Cristo, con cosas de la casa de Dios, cosas que sólo deberían ser usadas privadamente en lo de Dios, y van a salir de en medio y van a colgarse, endilgarse a cosas de Babilonia; como le pasó a Ezequías, que abrió sus tesoros a los emisarios de Babilonia y vinieron los de Babilonia y vieron todo y dijeron: queremos esto, pero no aquí, sino allá en Babilonia, para enriquecer nuestras orgías; no queremos los vasos aquí, queremos los vasos allá; y por eso Dios amonestó por Isaías a Ezequías y le dijo: ¿Le mostraste todos los tesoros a los emisarios de Babilonia? Y él dice: Sí, les mostré todo; no dejé nada sin mostrarles. Pues ahora éstos van a venir y se van a llevar estos tesoros a Babilonia. Por eso dice la Escritura así: “El que abre demasiado la puerta, busca su ruina” (Pr. 17:19b). Por eso más adelante vamos a ver que la casa de Dios tiene ciertos pórticos y muros y ventanas, y no se puede entrar a la casa de Dios por cualquier parte sino por la puerta; y la puerta tiene unas medidas especiales, y solamente entrando por esa puerta se puede estar dentro de la casa. No se puede tratar el asunto de la iglesia, la inclusividad de la iglesia, quién está adentro, quién está afuera, quién está entrando, quién está medio adentro, medio afuera, sin primeramente entender lo relativo a Cristo y a la salvación.

El arca y la mesa de los panes primero, después recién es el asunto del candelero. No se puede entrar a tratar lo de la Iglesia y a mezclar, porque ahora todo el mundo va a salir diciendo: Sí, la Iglesia, nosotros somos la Iglesia, pero ¿cuál es su contenido? Son el tabernáculo; pero ¿qué tiene en el Santísimo? el arca. No, no, allá tenemos, como decían de los cristianos, una cabeza de burro. Hay que tener el arca primero. Yo pienso que esa delicadeza es necesario que nosotros la tengamos y no seamos ingenuos, porque existen puertas, pórticos, en la casa de Dios y guardas de las puertas.

Nosotros debemos guardar las puertas, y no a raíz de que entendemos que el cuerpo de Cristo es uno, entonces confundir la unidad del cuerpo de Cristo con el ecumenismo de Babilonia, que no es lo mismo.


El Espíritu de verdad

Primero necesitamos profundizar en Cristo y primeramente en nosotros tenemos que entronizar el arca debidamente nosotros. Una vez que el arca, todo lo relativo a Cristo está claramente definido y formado en nosotros, entonces tenemos con qué discernir si el Cristo predicado y el espíritu y el evangelio predicado por otros es o no es el del Espíritu de Dios y el de los apóstoles. El apóstol Juan dijo: En esto distinguimos el espíritu de la verdad y el espíritu del error; el espíritu de la verdad nos oye, oye a los apóstoles del Nuevo Testamento. El Cristo apostólico es el Cristo de la Biblia. Hoy muchas personas hablan de Jesucristo. Los espiritistas hablan del gran maestro Jesús; los rosacruces hablan de Jesús; los Testigos, que niegan su divinidad, hablan de Él. Los unitarios, que niegan su subsistencia personal como Hijo con el Padre, hablan de Él también, pero realmente lo niegan al decir que no existe sino la persona del Padre pero no la del Hijo con el Padre. Entonces confesándolo por fuera, lo niegan por dentro. Los Testigos, confesándolo por fuera, niegan su divinidad por dentro. Los gnósticos se llaman cristianos y se presentan como iglesia cristiana gnóstica, y ponen primeramente “cristiana” y agregan el apellido “gnóstico” después. Pero es iglesia gnóstica cristianoide o pseudo cristiana, no cristiana. Si es cristiana no puede ser gnóstica; y si es gnóstica no puede ser cristiana; es cristianoide o pseudo cristiana.

En este asunto de la casa de Dios tenemos que tener esta prioridad, la prioridad de Cristo; tenemos que estar en esto primero con mucha claridad. Lo primero que la Iglesia debe hacer es conocer a Cristo, conocerlo en todo lo que Él ha revelado, lo que Dios ha revelado, lo que el Espíritu ha revelado, lo que la Palabra ha revelado; lo que los apóstoles confesaron acerca de Cristo en todos sus aspectos, en su eternidad, en su Divinidad, en su humanidad, en su obra en la cruz, la obra de la expiación, justificación, la resurrección, la venida; estas son cosas esenciales. No es bueno abrirnos a un ecumenismo descuidando esto. Hay un orden de prioridades que podemos aprender de estas fechas, de estas fechas que dice que en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová; es decir, no sin antes haber disfrutado de la fiesta de la pascua, de los ácimos, de las primicias; recién después se podía edificar.


Una persona que no ha nacido de nuevo ni siquiera puede entrar ni ver el reino de Dios. Organizaciones van a haber muchas con personerías jurídicas, títulos, edificios; pero realmente el gobierno espiritual de Dios no lo va a discernir si no nace de nuevo. Las cosas espirituales se disciernen en el espíritu por el nuevo nacimiento. Si la persona no recibe a Jesús como el Hijo de Dios conforme a la confesión apostólica, pues puede ser un cristiano nominal, no es todavía un miembro de la casa, no ha entrado por la puerta, y las ventanas son muchas. Por dentro son anchas, no por fuera; por fuera son estrechas. Entonces vamos a detenernos un poco en las ventanas.

 Ahora solamente estamos viendo la fecha, el sentido espiritual de la fecha en la cual comienza a edificarse la casa de Dios. No se puede edificar la casa de Dios sin el fundamento suficiente. Entonces por hoy solamente vamos a detenernos en este primer aspecto.

LA LONGITUD DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 1:30, Categoría: General


El templo de Dios (2)


CAPÍTULO II

LA LONGITUD
DE LA CASA DE DIOS


Leyendo la profecía en la historia

Vamos a abrir la Biblia en 1 Reyes 6:2: “La casa que el rey Salomón edificó a Jehová, tenía sesenta codos de largo, y veinte de ancho, y treinta codos de alto.” . Por lo pronto vamos a detenernos en la escritura de este pasaje, particularmente en este versículo interesante que el Espíritu Santo mueve al escritor de este libro de Reyes, posiblemente Jeremías basado en Iddo; porque desde Samuel, incluso desde Josué, Jueces, Ruth, Samuel y Reyes, fue una larga lista de profetas los que escribieron estos libros, que aunque son llamados históricos por la gente moderna, el pueblo del Señor en la antigüedad los llamaba, y Jesús los llamó: Nebiim. A los cinco primeros libros de Moisés le llamaron la Torá, y el Señor los llamó conforme al pueblo de la época: La Torá, y luego los Nebiim; el resto de libros desde Josué hasta Reyes, y luego Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores, fueron llamados los Nebiim, los cuales son llamados primeros y postreros. Los Nebiim primeros o los profetas primeros, es lo que va desde Josué, pasando por Jueces, Ruth, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes; eso es lo que llamaban en el tiempo de Jesús, y Jesús los llamó así: Los Nebiim primeros. Los Nebiim postreros son: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los 12 profetas menores; el resto de libros como Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares, Ester, Daniel (Lamentaciones está incluido con Jeremías) y Crónicas, son llamados los Quetubim, los libros Santos o Hagiógrafos. La Biblia del Antiguo Testamento de Jesús estaba dividida en esas tres partes.

Pero es interesante que ellos no le llamaran libros históricos a estos libros desde Josué hasta Reyes; porque realmente la intención de Dios no es solamente contar historias. Esta colección de libros se llamaba Profetas Primeros, porque fue escrita por profetas desde el tiempo de Samuel. Samuel escribió las historias de Israel y de lo que pasó con aquellas tierras, y luego continuó otra serie de profetas, como Natán, después Gad, completando desde Josué hasta Samuel; y después otra serie de profetas como Ido, Semaías, Jehú, Ahías y otros profetas que son mencionados en los libros de Rut a Crónicas, y que aquí mismo en estos libros ya aparecen varias profecías de profetas, tanto de Elías, de Eliseo y de otros profetas que no son muy conocidos como Eliécer ben Dodava de Maresa, que está en la Biblia, como Urías hijo de Semaías; y en fin, ellos escribieron la historia desde el punto de vista de la intuición profética.


De manera que  nosotros no estamos leyendo un libro de historia, estamos leyendo un libro profético. Ciertamente que sí es histórico, las cosas se dieron en la historia, pero Dios inspiró estos libros proféticamente; estos libros fueron escritos por profetas. Reyes fue terminado por Jeremías; y de hecho ustedes ven que algunos capítulos de Reyes, especialmente los finales, dicen exactamente lo mismo que dice Jeremías, mostrando que Jeremías a través de Baruc escribió estos libros, la parte final. Se fue, pues, añadiendo a ese caudal profético hasta terminarse ese aspecto profético de los Nebiim primeros, que es lo que ahora se llama: Libros Históricos. Y realmente Jesús los llamó los Profetas: “Lo que está escrito de Mí, en la Torá, en los Nebiim y en los Quetubim, en los Salmos, en los Hagiógrafos”.


Cuando leemos pasajes como este que vamos a considerar, el Espíritu de Dios no está solamente interesado en contarnos cuáles eran las medidas del templo que hizo Salomón. Claro, Él sí está interesado en contarnos eso, pero en un sentido profético; no era suficiente un sentido histórico, y ser tan minucioso el Señor en ponernos a decir detalles del templo y de la edificación. Él sabe que la edificación de Él, la edificación de Su pueblo, de Su Iglesia, llegaría a darse y a concluirse en la edificación de la Nueva Jerusalén, y llegaría a concluirse como un trabajo que Dios comenzó en el principio. Dios no está improvisando nada, sino que Él está desarrollando un plan, y todo lo que Él hace y todo lo que Él inspira, está relacionado con la totalidad y está relacionado con la finalización y la conclusión.

Podríamos decir que lo que se viene adelantando en el tiempo son etapas para la conclusión; y es desde la conclusión que se tienen que interpretar la etapas históricas que el Espíritu del Señor inspiró; entonces, como la vez pasada también decíamos, no vamos a leer solamente este pasaje como leyendo un libro histórico; vamos a leer este pasaje como inspirado por el Espíritu de profecía, para señalarnos el camino a la conclusión del programa de Dios, la conclusión del propósito eterno de Dios.


Señales en los planos de Dios

Hemos leído nada menos que una clave; aquí nos muestra Dios que Su casa tiene ciertas medidas. Muy interesante que Salomón el hijo de David, figura de Cristo, que edifica el templo de Dios, esté por indicación de David; porque David, nos dice Crónicas, fue el que le dio los planos a Salomón. Salomón no se inventó estos planos, David se los dio; pero tampoco David se los inventó; David lo recibió de Dios.

En el libro de Crónicas nos dice claramente cuándo se repite esto; es interesante que esto se repite con algunas variaciones también inspiradas. Allí Dios le dio el plano; Dios es el autor del plano, y en ese plano Dios traza unas medidas, y en esas medidas Dios utiliza unas señales; hay cosas que Dios quiere señalar a través de las medidas de la casa de Dios. Antes de seguir acá en 1 Reyes 6 miremos en Efesios 3. Efesios es aquella carta del apóstol Pablo, eclesiológica por excelencia, donde encontramos precisamente que Pablo también nos habla de unas medidas. Es interesante que nada menos que en la epístola a los Efesios, donde más se habla acerca de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, aparezca la casa de Dios con ciertas medidas. En el comienzo del capitulo 3 de Efesios se nos habla del misterio de Cristo, que es el cuerpo de Cristo; luego en los versículos 14-21 se nos habla de un proceso espiritual de edificación. En el verso 16 se nos habla del fortalecimiento del hombre interior, con el propósito de que se pueda dar lo del versículo siguiente, que es el que habite Cristo por la fe en los corazones; pero esa habitación de Cristo por la fe en los corazones es todavía individual; hasta ahí el hombre interior, y hasta ahí Cristo en los corazones, pero todavía las cosas son muy individuales; pero ese trabajo del Señor, primero en el hombre interior para poder trabajar después también en los corazones, y claro, en las emociones y en los sentimientos, en los pensamientos y en la voluntad, es trabajo primero de dar vida al hombre interior, para que en virtud de esa vida interior pueda ser trasformada nuestra alma, nuestro corazón; todavía es un trabajo a nivel muy personal. Pero ese trabajo que Dios hace a nivel personal, vamos descubriendo inexorablemente que no es suficiente para Dios que tengamos una vida espiritual individual, personal; eso no es suficiente; sí es necesario, pero no es suficiente. Dice Efesios 3:17: “ ... para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados...”, es decir, con las raíces en Cristo, para poder extraer de Cristo la fuerza necesaria para encajar con todos nuestros demás hermanos; necesitamos, desde estas raíces, extraer de Cristo lo que se necesita. Gracias a Dios que Dios sí lo ha provisto en Cristo, y que la unidad del cuerpo de Cristo es una hechura y provisión de Dios en la cual podemos confiar, y eso es confiar en Él. Y dice: “y cimentados en amor, 18seáis plenamente capaces de comprender...”.

 Hasta aquí pareciera que yo fuera fortalecido en mi hombre interior, en mi espíritu, y que Cristo habite en mi corazón; pero todo eso tiene el objetivo de capacitarnos hasta “comprender con...”. ¿Qué es lo que hay que comprender con todos los demás hermanos? Las medidas de Cristo, las medidas de la Casa de Dios; eso es lo serio.


Dios opera en nuestros corazones para capacitarnos para comprender “con todos los santos” las medidas de Cristo, que son las medidas de la casa de Dios; eso es lo que Dios está haciendo en nuestras vidas, en la de cada uno de sus hijos. Dios está trabajando con cada uno de sus hijos, para capacitarlo a comprender con los demás hijos, las exactas medidas de la casa de Dios; por eso dice: “18seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura”. En el versículo que leímos de Reyes, todavía no aparece la profundidad; aparece la longitud, la anchura y la altura; pero más adelante, en un cierto cubículo detrás, en el Lugar Santísimo, aparece la profundidad, pero mientras tanto Dios nos habla de la medida en varios sentidos. Es interesante que las medidas de Cristo formándose en la iglesia no son en un solo sentido; a veces nosotros crecemos en un solo sentido; a veces nosotros nos desequilibramos, o nos vamos para un lado o nos vamos para otro lado; pero el Señor trabaja Sus medidas tanto a lo largo como a lo ancho, como a lo alto y como a lo profundo. Cuando vemos la tipología como acabamos de leer, no siempre son las mismas medidas; la longitud no es igual a la anchura; todo eso tiene sus razones de ser; entonces debemos captar, ya que estas medidas de la casa de Dios, que se refieren a las medidas de Cristo, siendo formado en la comunión del pueblo de Dios, sí tienen algunos detalles, algunas diferencias; a veces en algunas cosas nos quedamos cortos, y Dios quiere que seamos más largos; en otras cosas somos excesivamente anchos y Dios quiere que no seamos en ese respecto tan anchos como largos; a veces somos más anchos de la cuenta, y a veces somos más estrechos de la cuenta; a veces incluimos más de lo que Dios quiere y a veces excluimos lo que Dios no excluye; entonces es necesario comprender a Cristo y que nosotros todos juntos comprendamos a Cristo, el Espíritu de Cristo, formándose en nosotros, dándonos a conocer las medidas para que seamos llenos de Su plenitud.


El largo de la casa de Dios

Volvamos a 1 Reyes 6:2, y vamos a comenzar a detenernos en esta primera clave, en este primer Jeroglífico. “La casa que el rey Salomón, (el hijo de David, figura de Cristo, la casa, figura de su cuerpo) edificó a Jehová, (porque, claro, la casa es para Jehová, quien dio el modelo fue Jehová) tenía sesenta codos de largo”. Vamos a detenernos primeramente en el largo de la casa. El Señor dio una señal; Él dijo que la casa tenía sesenta codos de largo. La Palabra del Señor nos habla de la longitud de Cristo siendo comprendida en Su casa; la palabra nos habla de la longitud de Cristo, hasta dónde llega Cristo. Hasta donde llega Cristo hasta allí debe llegar Su casa; Su casa no debe ir más allá de Cristo, pero tampoco Su casa debe quedarse más acá de Cristo. Todas las medidas, tanto el largo, como el ancho, como el alto y la profundidad, son distintos aspectos de Cristo. A veces nosotros tenemos en cuenta algunos aspectos de Cristo y no tenemos en cuenta otros aspectos también de Cristo; entonces el Señor comienza primero en esta señal, a señalarnos la longitud de la casa. Observe que el ancho es apenas la tercera parte, pero la longitud es tres veces más que el ancho. Con la ayuda del Señor vamos a entender un poco mejor esta longitud de Cristo en Su casa, la que Él quiere, en la cual juntos seamos llenados. Dice: “sesenta codos”. Mis hermanos ya comprenden estos números; hay la numerología bíblica que no proviene de la numerología cabalística; al contrario, la numerología cabalística se ha robado algo de la bíblica, claro con la caldea, con la cananea y otras pervertidas por Satanás y la corriente de Gematría y  Notarikón. Pero la numerología del Espíritu está completa en la Biblia, y no necesitamos acudir a fuentes exteriores a la Biblia para interpretar la numerología bíblica, sino interpretarla desde la Biblia misma, y el sesenta (60) es un número bastante conocido en la Biblia, porque es el número que está compuesto por el número seis (6) y por el diez (10). Esos números ya deberían ser suficientes para hacernos entender lo que Dios quiere acerca de la longitud.

Las implicaciones de los números 6 y 10

No estoy ahora hablando de la anchura, sino que estoy hablando de la longitud de la casa; el 6 es el número del hombre; el hombre fue creado al sexto día, y en muchas partes que se refiere a la humanidad aparece el número 6, incluso en la persona de Cristo; la puerta, el pórtico es Cristo, y usted recuerda el número 6 en Cristo, porque Él no sólo es el Verbo del Dios vivo, sino que Él es también hombre, Él es también perpetuo hombre. El 6 es el número del hombre, pero el número 10 en las Escrituras se refiere a las naciones; el número 10 lo vemos referido a las naciones. Tenemos, por ejemplo, la tabla de las naciones, de donde se ve todas la ramificación de los pueblos de la humanidad a partir de Noé y sus tres hijos, cuando se fue multiplicando, y eso aparece justamente en el capitulo 10 de Génesis.

Cuando nosotros vemos aquella estatua de Nabucodonosor en Daniel 2, en el punto final cuando la piedra no cortada con manos le da en los pies, entonces aquella estatua tenia diez dedos, refiriéndose, pues, al estado de las naciones, al final, cuando venga el Señor Jesús por segunda vez; aparecen diez cuernos en la bestia (Daniel 7). También aparecen diez vírgenes esperando la venida del Señor. El número 10 es usado en la Biblia para referirse a las naciones. Si Dios quiere una casa que tenga sesenta codos, quiere decir que Él quiere una casa con gente de toda tribu, pueblo, lengua y nación; y esto es una cosa muy práctica y muy revolucionaria, porque el interés de Dios no es que digamos: “Bueno, esto significa esto”, sino que al entender lo que significa, entonces estemos dispuestos a ser edificados con personas de todas las razas, con personas de todas las nacionalidades, con personas de todo tipo de idioma, con personas de toda clase social. Si nosotros no estamos disponiéndonos al Señor para estar edificados como un solo cuerpo, con personas de todas las razas, entonces no le estamos construyendo la casa como Él la quiere construir. Él quiere construir Su casa con gente de Europa, de Asia, de África, de América, de Oceanía, y si hay algunos en la Antártica, pues que no falte la iglesia en la Antártica tampoco, ni en el Ártico.


Gente de toda clase: gente blanca, gente negra, gente amarilla, gente indígena, pigmea, vikingos, chinos; a veces, pues, nosotros cuando vamos a hablar de las diferencia de razas, nos es más fácil distinguir esas grandes diferencias de razas; pero es muy curioso que en continentes cuando la mayoría de las gentes es de una raza, ellos no se ven como de la misma raza, sino que enfatizan sobremanera el clan. Y hay guerras entre clanes. Se observa que hay guerras entre los Tupsis y los Uptus, o entre los Zulúes y los Bantúes, a veces de una misma raza. Para nosotros todos ellos son de raza negra; pero ellos dicen: No, no, nosotros somos Tupsis; no, no, nosotros somos Uptus, y enfatizamos esas diferencias; y asimismo pasa aquí en Colombia. Unos decimos: somos colombianos; otros: no, no, nosotros somos paisas, o costeños, esos son cachacos y aquellos son corronchos; y nosotros estamos siempre enfatizando las diferencias e identificándonos con la diferencia.


La pared de separación fue derribada

Cuando la palabra del Señor dice que Su casa tiene sesenta codos de longitud, el Señor está dando, a través de la cruz, un golpe mortal al racismo, un golpe mortal al nacionalismo; no al sano nacionalismo, porque Él creó las naciones, sino al ultra nacionalismo; un golpe mortal al autonomismo. ¿Qué quiere decir autonomismo? Bueno aquí nosotros somos digamos la iglesia de los teusaquillenses, así que si viene un gringo, o un ruso a vivir en nuestro barrio, pues él como que no se siente como tan de la iglesia, parece que siempre le hacemos sentir que es gringo, o que es ruso o que es cubano; pero el Señor no quiere que eso sea así en la iglesia; el Señor quiere que nosotros incluyamos a toda clase de personas, que no hagamos diferencia de razas, que no hagamos diferencias de nacionalidad. Por eso en muchos versículos, y está escrito muchas veces, no una sola vez, como en cuatro cartas: “A todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres, sean varones o mujeres”.

El Señor ha rasgado el velo de separación por causa de raza; no puede haber separación en la casa de Dios por causa de clase, no puede haber separación en la casa de Dios por causa de nacionalidad, por causa de idioma; solamente puede haber separación por causa del pecado; mientras el pecado esté. Una vez limpiado el pecado, no tiene que haber ninguna separación. El Señor justamente llevó el castigo de todos nuestros pecados y todo lo propio heredado de Adán y lo rasgó de arriba a bajo; y aquel velo que había en el tabernáculo, que después se puso en el templo, y que después apareció en una cantidad de muros allá en el templo de Herodes: el atrio de las mujeres, el atrio de los gentiles, el atrio donde solamente entraban los judíos, el lugar donde sólo podían entrar los sacerdotes, pero no los levitas, y los sacerdotes podían llegar hasta el lugar santo, pero solamente el sumo sacerdote y una vez al año, el 15 de Octubre, podía entrar en el Lugar Santísimo, toda esa serie de separaciones del velo, de adentro para fuera, en la cual algunos podían llegar hasta un punto y no más, todo eso fue rasgado; el Señor terminó con todo eso y abrió la puerta para gente de toda raza.


Así que cuando nosotros sentimos cualquier tipo de racismo en nuestro ser, tengamos la certeza que no proviene del Espíritu Santo. Eso proviene de Satanás y de Adán; primero de Satanás y luego de Adán; de ahí es que proviene el racismo. Nosotros tenemos que ser personas que en Cristo estemos dispuestos a comprender la longitud de Cristo, incluyendo gente de toda tribu, de toda lengua, de toda raza, de toda nación. Y cuando dice la palabra nación, esa palabra es mucho más extensa en la Biblia que la palabra que nosotros entendemos por nación; nosotros le llamamos nación a un país constituido, pero la palabra en el idioma de la Biblia es etnia. Cuando dice: “Id y predicad el evangelio”, o “id y haced discípulos a todas las etnias”, no se refiere a Colombia como un país, sino a todas las distintas etnias de Colombia. Hay algo que el Señor quiere; Dios fue el autor de todas las etnias; todas las etnias provienen de Dios, excepto la de los Nefilim, la de los gigantes, aunque Dios la permitió, no era de parte de Dios, y por eso no permitió que continuase sobre de la tierra.


Pero hablando en el sentido normal de la gente que nació de Adán y de Noé, la que llenó toda la tierra, Dios quiere gentes de todas las etnias. Etnia es algo más específico que una nación. Colombia es una sola nación, pero en Colombia hay muchas etnias, y el interés de Dios es tener en Su casa gente de todas las etnias, comenzando por los Judíos. Primeramente en Jerusalén, segundo en Judea; primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel. El antisemitismo no es del Espíritu Santo; el antisemitismo es de Satanás. Ahora, un tipo de preferencia racial no es del Espíritu Santo. La Palabra del Señor nos dice que en la cruz de Cristo se acabó con eso. No dice: “No debería haber más ni judíos, ni gentiles, ni griegos”, no, no; dice contundentemente: “ya no hay”. En Cristo ya no hay ni judío, ni gentil, ni bárbaro, ni escita. Los romanos consideraban a los bárbaros como no civilizados. Claro, como ellos no podían hablar latín, entonces no les entendían, pues les escuchan como si en su lengua dijeran: Bra, bra, bra (de ahí es de donde viene la palabra bárbaros); ellos menospreciaban a los que estaban fuera de las fronteras del Imperio Romano, y los llamaban bárbaros.


Ni bárbaro ni escita, ni varón ni mujer

El Señor es muy claro con nosotros en ese respecto: “No hay bárbaro, no hay escita”. Ahora dice también: “No hay varón, ni mujer”; significa que en la realidad espiritual, Cristo es exactamente el mismo Cristo en los hermanos y el mismo Cristo en las hermanas. Nosotros cuando nos reunimos, lo primero que debemos hacer es darle lugar a Cristo, no a los varones, y permítanme que diga esto a hermanos que están en algunas iglesias donde prevalecen las mujeres, y quizás a veces las mujeres tendrían la tendencia, bueno, ya que hay algún varón, entonces nosotras nos vamos hacer a un lado y vamos a dejar que el varón prevalezca. Antes de dar lugar al varón, debemos dar lugar a Cristo, no sea que usted por darle lugar al varón, le esté dando lugar a Adán en la iglesia; no porque sea varón entonces él va a tener la preeminencia, no; Cristo tiene la preeminencia, y la autoridad delegada de Cristo tiene otra preeminencia; y si Cristo delegó alguna autoridad en los varones, es por causa de Cristo; solamente que nosotros atendemos el orden de Dios; nunca el orden se basa en algo aparte de Cristo. Cristo es el que Dios estableció para tener la preeminencia, y ciertamente Él reparte como Él quiere. Él reparte funciones a los hombres, Él reparte funciones a las hermanas, pero que sea Cristo.

Cuando la iglesia se reúne, la iglesia debe estar centrada en Cristo, y por favor olvídense de lo de hombre y mujer en este aspecto. Claro que si usted en lo exterior es dama, está bien que se cubra, está bien que esté sujeta a la autoridad de Cristo, pero siempre es a la autoridad de Cristo. Cuando la esposa está sujeta al marido, está sujeta al marido es por causa de Cristo, no por causa del marido.

Entendámoslo bien, hermanos, es todo por causa de Cristo, es porque Cristo lo delegó así; si usted no lo entiende así, si usted no ve que es algo de Cristo, entonces todavía usted no está viendo bien; cuando vemos que Dios ha distribuido labores, y ha distribuido funciones, y ha distribuido, digamos, medidas de gobierno, ellas no tienen base en sí mismas, solamente tienen base en Cristo. Entonces entre las hermanas en una iglesia local, a veces puede haber cinco hermanas y estar un hermano, no, por favor, no por ser hermano ustedes tienen que poner al hermano en cuanto “macho” sobre ustedes, no, no; ustedes deben dar lugar a Cristo, ustedes deben estar concentradas en Cristo, ustedes deben esperar que Cristo sea moviéndose como Él quiera y  cómo Él reparte en la Iglesia. Claro que Él va a repartir como está escrito en la Palabra, pero eso es algo que nosotros no debemos fingirlo o fabricarlo de manera artificial. Todo lo que es la expresión de Cristo en la iglesia es algo espontáneo, es algo que proviene de la vida; no es algo que proviene de una cláusula, no es algo que proviene de un articulo o de un método o de una especie de cosa que no sea Cristo mismo.


En la iglesia le estamos abriendo lugar a las medidas de Cristo; cupieron mujeres en el cuerpo de Cristo, y en Cristo no hay diferencia entre varón y mujer; el Cristo que está en los varones es el mismo Cristo que está en las mujeres; no hay diferencia; las diferencias se enfatizan en otras cosas, pero no en Cristo. Ahora, aun siendo todos varones o siendo todas mujeres, también Cristo reparte distintas funciones entre unos y otros; pero esas cosas no se basan nunca en la persona, no se basan nunca en lo natural; nunca alguien tiene una prerrogativa especial aparte de Cristo; el único que tiene prerrogativas en la iglesia es Cristo. Que sea Cristo formándose como Él quiera, que sea Cristo expresándose a través de los miembros como Él quiera, nosotros no debemos ni exaltar a nadie, ni rebajar a nadie; lo que tenemos que hacer es dejar a Cristo en libertad; no tenemos que preocuparnos por levantar a los que están abajo o por bajar a los que están en alto; debemos de preocuparnos por estar en Cristo; que sea Cristo el que baje al que quiera, suba al que quiera, cuando quiera, como quiera; lo que nos interesa es sólo Cristo, lo que nos interesa es que sea solo Cristo; que Él tenga toda la preeminencia en la Iglesia, que Él se mueva en los hermanos, en las hermanas, sin ningún tipo de acepción de personas. Cristo no hace acepción de personas, pero Él reparte como Él quiere. Nosotros no tenemos que dar nada por sentado; tenemos solamente que estar en Cristo. Eso en cuanto a varones y mujeres; en cuanto a razas ya lo hemos visto.


¿Y qué de las clases sociales?

En cuanto a clases, a veces tenemos tendencia a ser clasistas sin darnos cuenta; nos sentimos cómodos con las personas que son más o menos de nuestra clase, de nuestro barrio, de nuestro nivel social, de nuestro nivel cultural y nos sentimos incómodos con personas que son o de una clase más elevada secularmente o de una clase más pobre secularmente. El Señor ha reunido en un único cuerpo personas de todas las clases, y debemos siempre estar velando para que no busquemos compincherías con los que son de nuestra misma clase social; porque es muy fácil para nosotros sentirnos entre los que somos más o menos lo mismo, con los que más o menos tenemos un mismo nivel social, una misma clase. Nos reunimos acá sin hacer distinciones. Eso de estar con personas de otra clase o más alta o más baja, nos hace sentir a veces incómodos, y a veces Dios mismo nos coloca ahí precisamente para tratar con nosotros en esa área; a veces nos coloca con personas de una clase social más alta, y uno no sabe cómo hay que sentarse, cómo es que hay que ponerse la corbata, cuál es la cuchara que corresponde o el tenedor. Bueno, se siente uno completamente fuera de lugar.

El Señor Jesús podía moverse en las clases altas; Él podía estar en los banquetes de los grandes publicanos, que eran los grandes banqueros de la época. Mateo no era un pobrecito, Zaqueo tampoco, pero también Él podía entrar en la casa de la viuda, en la casa de los pescadores y al lado del siervo mendigo. Si nosotros entendemos esto por el Espíritu Santo, hemos de estar vigilando a que no sea el racismo, el clasismo, o el machismo, o el feminismo, o cualquier otro ismo que proceda de Adán el que determine nuestra conducta en el cuerpo de Cristo. Si tú te das cuenta que estás siendo muy racista, dile al Señor: Señor, guárdame. Observemos que cada clase tiene un criterio, cada clase se ha formado con un trasfondo y sus costumbres, está acostumbrada, habituada a pensar de otra manera. Yo les contaba, no se si aquí o en otro lugar, sobre unas revistas bautistas que circulaban en barrios pobres de Suramérica, pero como venían de Estados Unidos, les aconsejaban a los hermanos: Hermanos, no es necesario tener tres automóviles, es suficiente con dos. Claro, allá era muy fácil tener dos, uno para el señor, otro para la señora; pero leída esa revista en un barrio pobre, en donde ni siquiera había para los patines. El Espíritu Santo es muy cuidadoso en eso. El Espíritu Santo va a procurar que nos pongamos en los pies de las personas que están en otras clases.


Hubo un hermano en Cristo que iba a visitar a los hermanos por allá en los cerros del sur de Bogotá, bien arriba, donde en el cerro del barrio habían hecho una especie de planito, y habían hecho una especie de cuadradito, así como el hermano de Melgar, que le rebanó un pedazo al cerro y allí hizo su ranchito con plásticos y con unas tejas. Bueno, y para subir allá es muy difícil, pues eso es en medio del barro, y que cuando llueve es muy difícil llegar arriba; se baja muy rápido, resbalando; y allá no es tan barata el agua, allá es más cara el agua que en los barrios ricos; y dicen que los barrios más ricos pagan incluso un subsidio para los pobres, y les llega el agua través de acueducto. No, allá hay que comprar la caneca y cargar con ella para subirla y es muy difícil; y un hermano que quería sentirse entre sus hermanos, comenzó a visitar a estos hermanos y un día se pegó una resbalada y llegó todo embarrado, pero el hermano se puso muy feliz de que ahora estaba entendiendo mejor a los hermanos, porque él se resbaló en el barro, para llegar después a la casa donde tienen que vivir. Llegó, pues, a aquella casa todo embarrado, sintiéndose que estaba un poquito más cerca de los hermanos, pero los hermanos le dijeron: Tranquilo, hermano, porque usted puede volver a su casa, darse un baño de agua caliente y cambiarse de ropa. Él podía pero ellos no podían; ellos no podían darse un baño de agua caliente y cambiarse de ropa. Vemos que mientras más creía uno estar más cerca del otro, descubre que no está tan cerca; sin embargo sí hay uno que sí esta cerca; es Cristo. Nosotros no podemos hacer eso sin Cristo, pero Cristo lo hizo ya. Una vez que Cristo se forme en nosotros, entonces Cristo va estar siempre pendiente, para mantener fuera de nosotros toda clase de clasismo, toda clase de criterio meramente de clase; siempre Cristo nos va tratar de ayudar a ponernos en el lugar del otro, y va a ser muy difícil ponerse en el lugar del otro.


Una vez una hermana que es de aquí de Bogotá, no pudo pagar su piecita de alquiler y se la cerraron y quedó en la calle, y tenía que dormir debajo de un puente; y claro, no podía ni bañarse. Claro, era muy difícil para ella estar limpia en medio de la reunión, y llegaba bastante sudada, pero fue reprendida públicamente por llegar sudada; claro, el que la reprendió tiene dos y tres baños en su casa, pero ella no tiene. ¿Por qué mejor no la dejó bañarse en su casa?

LA ANCHURA DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 1:18, Categoría: General


El templo de Dios (3)


CAPÍTULO III

LA ANCHURA
DE LA CASA DE DIOS


Una necesaria repetición

Buenas noches, hermanos. Esta noche con la ayuda del Señor, tengo en mi corazón tratar un tema. Hemos terminado ya la serie del libro Aproximación al Apocalipsis. Se presentó una situación con la transcripción de la serie sobre el Templo de Dios; es una serie que ya se siguió con los hermanos en 1998; ya hace prácticamente cinco años. Los hermanos estaban transcribiendo esas cosas, pero parece que el enemigo dos veces borró uno de los capítulos, que es justamente el clave; el enemigo puede dejar la cáscara porque él la puede usufructuar poniéndosela a otro contenido. Acerca del templo de Dios habla también la masonería, sólo que no es en Cristo; acerca de la unidad del cuerpo habla también el ecumenismo, sólo que no es alrededor de Cristo. Al diablo no le importa que se hable del templo, que se hable de la unidad, lo que le importa es que se hable de que sea en Cristo, por Cristo y para Cristo; y justamente, el mensaje que trata esas cosas esenciales, lo borró. Después se trató de recuperar otro poco y se volvió a borrar. Nos damos cuenta, pues, que hay una resistencia hacia ese tema; de manera que tengo en mi corazón volver a repetir ese tema, especialmente porque se está grabando todo, porque varios de los hermanos que están ahora no estuvieron en esa serie. Entonces ya que nos quedó un espacio de la serie de Apocalipsis que terminó, y antes de que comencemos de nuevo, si Dios permite, que regrese del Brasil, vamos a aprovechar el día de hoy, para volver a enfatizar esos asuntos. Les ruego a los hermanos que ya estuvieron esa vez que me disculpen la repetición, pero la mayoría de los hermanos no estuvieron.

Así es que vamos a ir al libro primero de los Reyes, donde encontramos una preciosa tipología acerca de la casa de Dios; 1 Reyes 6:2, y nos vamos a concentrar en una de las frases del verso.

Dice allí: “La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto”. Por el momento vamos a detenernos allí. La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía estas medidas. Yo no me puse de acuerdo con Manolito para que leyera Efesios, pero el Espíritu Santo le hizo leer Efesios donde se habla de las medidas, de la longitud, de la altura, de la anchura de Cristo; creo que el Espíritu Santo estaba confirmando lo que había de tratarse en esta noche.


La verdadera casa de Dios

La verdadera casa de Dios, es el pueblo de Dios, es la Iglesia. La Biblia dice: “Vosotros sois el templo del Dios viviente” (2 Co. 6:16). El verdadero hijo de David, el verdadero rey de paz es el Señor Jesús; de manera que Salomón edificando la casa, un templo de Dios, es una figura, una tipología, un símbolo de Cristo edificando la Iglesia. Antes que se construya la casa, un arquitecto hace un plano y también según el plano hace una maqueta; claro que las personas no pueden vivir en la maqueta, pero la maqueta sirve para entender cómo va a ser la casa. Lo mismo hizo Dios antes de que Su Hijo Jesucristo encarnara, de quien Dios le había dicho a David: David, mira, tú has derramado mucha sangre, tú no me edificarás casa, pero el hijo que nacerá de ti, él me edificará casa; Yo le seré a él padre y él me será a mí hijo. Vemos que Dios le prometió a David, que el hijo de David le edificaría casa al Señor, Dios lo tendría a él por hijo y el sería como padre para ese hijo.

Lógico que después nació Salomón, y Salomón edificó el templo conforme a los planos que David recibió de Dios, pero aquello que hizo Salomón era apenas la maqueta, era apenas el plano. Salomón, como su nombre lo indica, Shalom, quiere decir: paz, pacífico, rey de paz, era una figura del verdadero Hijo de David, que ya no es Salomón sino el Señor Jesús, y la verdadera casa que el Señor Jesús edifica para Dios es la Iglesia. Se nos leyó ahora en Efesios que somos edificados para ser llenos de la plenitud de Dios. La casa de Dios somos nosotros, no son las catedrales ni los templos hechos por mano de hombre; esas construcciones las hacemos nosotros para reunirnos, pero la que el Señor está edificando es la Iglesia. Jesús dijo: “Yo edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). La Iglesia del Señor Jesús es la suma de todos los hijos de Dios; todas las personas que han creído en Dios, todas las personas que han creído en el Señor Jesús, que lo han recibido, que sus pecados fueron limpiados por Su sangre, que fueron perdonados por Dios a través de Cristo, que fueron regenerados por el Espíritu Santo; no importa dónde se reúnan, no importa quién les haya predicado; lo que importa es quién es su Padre celestial, quién los perdonó, quién los regeneró; todos los que creemos en el Señor Jesús, no importa dónde; lo importante es en quien, en el Señor Jesús, que nuestros pecados fueron perdonados por Su sangre, que nuestro espíritu fue regenerado por el Espíritu de Dios; somos los hijos de Dios y somos la iglesia de Dios y somos el templo de Dios.


Figuras de las cosas espirituales

Dios no habita en templo hecho por manos humanas, sino en el templo que Él mismo está edificando. Eso fue lo que Dios le dijo a David: Tu hijo me edificará casa; claro, antes de venir la luz, viene la sombra. Si por ejemplo, va a pasar un perrito y la luz proyecta la sombra, primero pasa la sombra del perrito, y usted sabe que viene un perrito porque la luz lo está proyectando desde atrás; mientras llega la luz, llega primero la sombra, después llega la luz. Así primero vino la sombra, la figura, la maqueta, el Antiguo Testamento, el tabernáculo, el templo, el sacerdocio, el mobiliario del templo, los ritos; era una figura de las cosas espirituales. El templo de Dios es la casa del Dios vivo, la Iglesia; y no le pongo apellido a la iglesia, porque si le pongo apellido ya no van a caber todos los que hacen parte de la casa. Todos los hijos de Dios somos esta casa, todos los creyentes de todas las épocas, en todo el mundo, somos la casa del Señor; no la que fundó equis o ye persona en el siglo pasado, sino el Señor Jesús que abarca todos los cristianos de la tierra y de todas las épocas. Esa es la verdadera casa; de manera que Salomón edificando la casa es una figura de Cristo edificando la Iglesia.

Yo edificaré mi Iglesia, dice el Señor. Esa es la edificación del Señor. Él no le llamó iglesia a un salón; Él llamó iglesia a las personas; nosotros somos las piedras vivas de la casa de Dios; nosotros somos la Iglesia las 24 horas; nosotros no vamos a la iglesia; la iglesia va a muchas partes para reunirse; la Iglesia somos nosotros, las 24 horas; cuando estamos en casa somos la Iglesia, cuando vamos al mercado, cuando estamos en la cocina, somos la Iglesia.


La inclusividad de la casa de Dios

Ahora, Dios nos quiso dar una tipología; los planos se los pasó a David y le dijo cómo iban a ser las medidas de la casa de Dios; nos habla de una longitud de la casa, nos habla de una anchura de la casa y nos habla de una altura de la casa, y todas estas tres medidas son diferentes. Ya se ha visto lo que es la longitud de la casa, dice que son 60 codos; esa es una figura, ese es un símbolo, porque el sesenta (60) es un número que se compone de 6 x 10. El número 6 es el número de la humanidad; Dios hizo al hombre al sexto día y el número 10 es el número de la humanidad, de las naciones en general. Por ejemplo, en Génesis 10 se nos habla de la tabla de las naciones en general; eran 10 vírgenes las que esperaban al Señor, son 10 dedos los de la estatua de la civilización que vio Nabucodonosor y que la interpretó Daniel; son 10 los cuernos que le van a salir a la bestia final para el gobierno mundial; el 10 es un número que nos habla de la generalidad de la humanidad; por lo tanto, una casa de 6 x 10, o sea de 60 de codos, significa, como ya lo hemos visto, que Dios quiere edificar Su Iglesia con personas de toda tribu, lengua, pueblo, nación, de toda raza, de toda clase social; en la casa de Dios no puede haber clasismo, en la casa de Dios no puede haber racismo; la voluntad de Dios es que en Su casa quepa toda clase de seres humanos, si son ricos o si son pobres, si son blancos, o negros, o amarillos, si son chinos, o si son vikingos o son pigmeos, toda clase de seres humanos; si son cultos o si son incultos, Dios no hace acepción de personas; entonces los 60 codos, recordándolo, nos hablan de la inclusividad de la casa de Dios.

Jesús dijo: ninguno que a mí viene, yo lo echo fuera; no importa la raza de la persona, no importa si tiene dinero o no, si es culto o inculto, no importa, Dios salva a toda clase de personas. Dios determinó que la longitud de su casa sea de 60 codos, y eso está representando la inclusividad de la Iglesia; la Iglesia acoge a todo ser humano; cualquier persona que recibe al Señor es parte del pueblo único de Dios, no importa cuántos nombres aparezcan por fuera; a los ojos de Dios Su Iglesia es una sola, y nosotros no somos ninguna otra iglesia sino con todos los hijos de Dios esa única iglesia del Señor Jesús; todos los que han recibido al Señor son nuestros hermanos; todos los que engendró el Espíritu Santo son nuestros hermanos, todos los que limpió su sangre son nuestros hermanos; que algunos se ponen un nombre y otros otro nombre eso es lo de menos, lo que importa es quién vive en la persona; la persona fue perdonada, recibió al Señor, nació de nuevo, es parte del cuerpo único de Cristo, de esto nos habla la longitud.


Cristo murió por el todo el mundo

Ahora tenemos que ver esa otra parte, que es una parte sumamente importante. Al diablo no le importa que se hable de la longitud porque él también quiere meter gato por liebre; mientras se esté hablando de incluir a todos, él también quiere meterse, él y los suyos; así que también el Señor habla de la anchura. Veamos de nuevo el versículo:

“La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto”. Aquí en el verso 2 dice que la longitud tenía sesenta codos, dice: “sesenta codos de largo”, pero también dice: “y veinte de ancho”. La anchura de la casa es un tercio de la longitud; la longitud nos habla hasta dónde llegó el Señor; dice que Él amó a los suyos hasta el fin; de eso nos habla la longitud, pero el ancho de la casa son sólo 20 codos, o sea un tercio.

¿Por qué el ancho de la casa es sólo un tercio de la longitud? ¿Por qué eso si el Señor murió por todo el mundo y no sólo por los apóstoles, no sólo por los santos que han recibido al Señor? La muerte de Cristo es suficiente para salvar a toda persona, entonces ¿por qué no toda persona va a ser salva, si el Señor murió por todos? Si la Biblia dice que él murió por todo el mundo (cosmos en el original griego), ¿por qué no todo el mundo va a ser salvo, si Él murió por todo el mundo? Porque no todo el mundo lo recibe; y por eso el ancho de la casa es diferente al largo de la casa; la longitud son sesenta (60) codos, pero la anchura son sólo veinte (20) codos, solamente un tercio; quiere decir que aunque la muerte de Cristo es válida para salvar a cualquier persona, no importa su raza, su cultura, su clase social, su nacionalidad, etc., sin embargo, no todos aquellos por los que Cristo murió, que es por todo el mundo, creen en esa salvación.


Dice San Juan que no sólo murió por nosotros, sino también por todo el mundo. Dios quiere que todos sean salvos, y el sacrificio de Cristo podría salvar a todos, pero si alguno no se salva no es porque Dios no quiera, ni porque Cristo no lo haya cubierto, sino porque ellos no quieren, ellos no han recibido al Señor, ellos no han recibido la gracia de Dios; no porque Dios no se las dé. La Biblia dice que la gracia de Dios ha sido manifestada a todo hombre, así lo dice claramente la Biblia, pero no todo hombre la ha recibido; por eso la anchura de la casa es apenas un tercio de la longitud, porque aunque el Señor murió por todos, no todos lo reciben.


Solamente un tercio

Vamos a un pasaje que está en el profeta Zacarías, en el capítulo 13 y vamos a ver allí este asunto del tercio. Zacarías 13:7-9: “7Levántate, oh espada, contra el pastor”. El buen pastor de las ovejas es Cristo, y antes de venir Cristo, ya estaban profetizados los sufrimientos de Cristo. “7Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas, y haré volver mi mano contra los pequeñitos”.

 El pastor es Cristo; Cristo fue herido, fue golpeado, fue crucificado y muerto, y luego vino la retribución sobre Jerusalén, en la que aun hasta los niños sufrieron, hasta se los comieron sus propios padres como lo dice Flavio Josefo en su obra “Las Guerras de los Judíos”.


Antes de hablar lo del tercio en el verso 8, nos habla de que el pastor fue rechazado, que murió por nosotros, pero fue rechazado; entonces ahora nos dice el verso 8: “8Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová (o Yahveh, son dos pronunciaciones del nombre de Dios) que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera parte quedará en ella. 9Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios”. Aquí nos damos cuenta de que a pesar de que el Señor murió por todos, no todos reciben al Señor; y entonces dice aquí la profecía que sólo un tercio llegará a ser pueblo del Señor, sólo un tercio le dirá a Dios: Jehová es mi Dios, y Dios le podrá decir: Tú eres mi pueblo; dos tercios se perderán, un tercio será salvo; así que pase por fuego, será refinado como la plata; la plata es figura de la redención en la Biblia, pero solamente quedará un tercio salvo; dos tercios se perderán.


Vemos que aunque la muerte de Cristo es por todos, y esa inclusividad de su muerte está representada en los 60 codos de la longitud, sin embargo, la anchura, que es donde está la puerta, porque no se puede entrar por las ventanas, la anchura es de solamente 20 codos; que significa que es solamente un tercio, es decir, que sólo un tercio de la humanidad recibiría al Señor Jesús. Si hacemos el cálculo hoy de las personas que creen en Cristo, comparadas con las que rechazan a Cristo, las que siguen más bien a Mahoma, o a Buda, o a Lao Tse, o a Marx, o a Fuerbach, o a Nietzsche, o a Freud, pero no a Cristo, nos estamos acercando a ese tercio realmente apenas de cristianos; y eso en lo nominal hay más o menos un tercio; esperamos que de lo nominal se pase a lo real.

Cuando Dios habla aquí: Pueblo mío, es porque es real, pero aquí aparece un tercio.


La tercera parte de las estrellas

Fíjense en lo de Satanás. La Biblia en Apocalipsis capítulo 12 habla de Satanás. Vamos a Apocalipsis 12:3-4: “3También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas (es Satanás, sus príncipes gobernando el mundo); 4y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra”. En la Biblia estas estrellas representan ángeles, como lo dice el verso 7: “Hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”. Vemos, pues, que los ángeles, que es como decir la cola del dragón, representan la tercera parte de las estrellas del cielo; significa que la tercera parte de los ángeles, uno de cada tres, se fueron con Satanás.

Satanás se rebeló contra Dios, siendo un gran querubín, y en su rebelión engañó o convenció a un tercio de los ángeles; y después Satanás se tomó la humanidad; pero así como la humanidad aceptó a Satanás y hoy prefieren seguir a Satanás que seguir al Señor, así como Satanás le quitó un tercio de los ángeles al Señor, el Señor se reservó un tercio de la humanidad para Sí mismo. Dios le pagó a Satanás con la misma moneda. El hombre se había vendido a Satanás, y todos los hombres, si no hubiera venido Cristo, estaríamos perdidos; pero Él vino, se hizo hombre, vivió sin pecado y luego hasta los mismos que lo acusaron, lo declararon inocente, porque el mismo Judas dijo: He pecado, he vendido sangre inocente; luego devolvió el dinero y fue y se ahorcó; y el mismo Pilato que lo mandó crucificar se lavó las manos y dijo: No tengo nada que ver con la muerte de este justo; es decir que el mismo que lo traicionó y el mismo que lo mandó crucificar, lo declararon inocente, y ya estaba simbolizado que el Cordero tenía que ser sin defecto, y Él fue examinado, fue hallado sin defecto; aun el que lo traicionó lo halló sin defecto, aun el que lo mandó crucificar lo halló sin defecto, aun el mismo centurión dijo: Éste era justo, verdaderamente éste era el Hijo de Dios.


La gracia de Dios y la responsabilidad de los hombres

El Señor vino, llevó el precio de nuestros pecados y lo hizo por todos los hombres, aunque no todos lo aprovechan; es suficiente para salvar a todos; la muerte de Cristo es suficiente para salvar a todos. Dios quiere que todos sean salvos, y la gracia Dios se la da a todos, lo dice la Escritura. La Biblia dice que la gracia de Dios ha sido manifestada para salvación a todos los hombres, pero Dios nunca toma la decisión por la persona; la gracia se da, pero no substituye la responsabilidad de la persona; cada persona puede escoger a Dios y la gracia la ayuda, pero la gracia no va a escoger por la persona, la gracia no va a decidir por la persona; la gracia va a capacitar la decisión de la persona, pero no va a decidir por la persona. La persona debe decidir, y en su decisión la gracia lo sostiene, pero no lo substituye porque si no, no seríamos personas, seríamos cosas, seríamos títeres y esa clase de comunión Dios no la quiere.

La primera cosa que Dios pide es que Su pueblo tenga voluntad y espontánea relación con Él; Él no va a forzar. Pongo delante de vosotros, dice el Señor, el camino de la vida y el camino de la muerte; escoged, pues, el de la vida, dice Dios, escoged; pero Dios no va a escoger por el ser humano. Ahora, nosotros no sabemos quiénes van a escoger a Dios o no, pero Dios sí sabe, Dios es Dios; Él no necesita esperar para saber; Él es omnisciente, Él sabe el fin desde el principio; entonces Él puede profetizar lo que sucedería, cada uno de los que se van al infierno. No es porque Dios lo manda ni porque Dios no quiera que vaya a la gloria; se va al infierno por su propia culpa, porque no quiere saber nada de Dios, porque le da la espalda, porque no recibe el amor de Dios expresado en la encarnación de Su Verbo, de Su Hijo, en la muerte expiatoria de Cristo, en la resurrección, en la ascensión, en el envío de Su Espíritu; todo lo hizo Dios para que fuéramos salvos, para que todo hombre fuera salvo, y Él quiere que se le anuncie a toda criatura. Id y anunciad el evangelio a toda criatura, el que creyere y fuere bautizado, será salvo; nos lo puso fácil, no tenemos que hacer cosas, es creer. El que le creyere a Dios, será salvo. El que creyere que Dios le ama, de tal manera que envió a Su Hijo a morir por él y el que lo recibe, se salva, el que cree; el que lo recibe, es nacido de nuevo; Su sangre (la de Cristo) le limpia de todo pecado, Su Espíritu le regenera, es una piedra viva del templo único de Dios, de la familia única de Dios; la casa que el Hijo le edificaría al Padre; para eso vino Jesús.


Dios quiere que todos quieran

Ahora, no todos lo recibieron; nosotros no sabemos cuántos no lo hicieron, pero Dios sí sabía, y por eso profetizó: dos tercios se perderán, no porque Dios quiera; lo que Dios quiere Él lo manifiesta en la Palabra; Dios quiere que todos sean salvos, pero ellos no quieren. Fíjense cómo cuando el Señor lloraba sobre Jerusalén, dijo: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos, debajo de sus alas, y no quisiste” (Lc. 13:34). Yo quise, pero tú no quisiste. Si Dios fuera un dictador, Él nos haría querer a la fuerza, pero ese no es el carácter de Dios. Dios es todo un caballero.

Dios no es como esos cavernícolas que solemos decir, que agarran un garrote y le da un garrotazo a la mujer, y así privada se la llevan para la cueva; así no es Dios; Dios no es así. Dios quiere que la persona quiera; por eso hizo al hombre persona con voluntad para que decida.

 El que quiera ser mi discípulo, tome su cruz cada día y sígame. El que quiera, dice el Señor en la Palabra, venga y beba gratuitamente del agua de la vida. ¿Quién? el que quiera. Dios quiere que todos quieran; Dios va a producir el querer como el hacer, sin anular a la persona, sino en la persona en pleno ejercicio de su persona, de su responsabilidad, va a ser sostenido por el Señor; la gracia siempre va a sostener la responsabilidad, pero nunca la va a substituir, la va a sostener.


Sólo un tercio de los hombres recibirán la salvación

Cuando tú sabes la voluntad de Dios, tienes que pedir la gracia para tener la fuerza para hacerla; no puedes hacerla si Él no te ayuda, pero Él siempre está dispuesto a ayudar a todos, porque la Biblia dice que la gracia fue manifestada para salvación a todos los hombres. Ustedes recuerdan ese pasaje; está en la epístola de Pablo a Tito. Tito 2:11:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”. Dios quiere que todos sean salvos.¿Por qué la casa de Dios sólo tiene un tercio de ancho? Porque en el tiempo de la Iglesia sólo un tercio recibiría al Señor; y sólo ese tercio diría: Jehová es mi Dios, y El le diría: tú eres mi pueblo; sería probado, pasaría por pruebas, no importa, saldría al otro lado en redención, a disfrutar lo que Dios tenía planeado.


Ahora, Dios antes de la fundación del mundo tiene su carácter eterno; Él es misericordioso y también es justo, entonces Él hace a las criaturas responsables, con aquellos que lo reciben a Él, que se esfuerzan en Su gracia, Él manifiesta su misericordia; y con aquellos que se rebelan, que prefieren el pecado, que prefieren la traición, que prefieren el mal, entonces Él manifiesta otra cosa buena de su carácter, que se llama la justicia; porque la justicia de Dios se manifiesta para aquellos que hacen el mal, y viene el juicio de Dios.

Ahora, los que recibimos a Cristo también merecíamos el juicio, pero el juicio de Cristo se interpuso entre el juicio de Dios y nosotros; el Señor Jesús recibió el juicio que había contra nosotros, de manera que ya el juicio cayó sobre Él. Dios no va a cobrar dos veces; si alguien debe algo y otro paga por él, si la persona deudora acepta que su amigo pague por él, queda libre; pero si no acepta, queda debiendo; aunque el amigo tenga clara decisión de pagar por su compañero que no tiene con qué pagar; si el que no tiene con qué pagar, no recibe la ayuda de su amigo, se queda debiendo. Lo mismo pasa con Dios; todos somos deudores ante Dios, pero el Señor vino a pagar el precio de nuestros pecados, El murió por nosotros, pero si no lo recibimos, si no lo creemos, si no contamos con eso, entonces es como si no lo aprovechamos; el Señor murió por todos, pero no todo el mundo va a ser salvo; no porque Dios no quiera, sino porque ellos no quieren.

Cuántas veces yo quise, dice el Señor, pero tú no quisiste; el que quiera, venga y beba. ¡Ah! pero ninguno puede venir si Tú no le ayudas; Yo le ayudo a todos, mi gracia es para todos, pero esa gracia no te substituye. ¡Ah Señor! pero Tú tienes que producir el querer; claro, pero en ti, sin anularte a ti, sin anular tu decisión. El Señor lo sabe, pero se debe remar con dos remos.


La responsabilidad necesita la capacidad

Si tú vas a atravesar un río con una canoa, no puedes remar para un solo lado porque das vuelta para un lado; si remas para el otro lado, das vueltas para el otro lado; entonces necesitas remar con los dos remos y así avanzas, pero unas personas quieren hacer todo solas, sin la gracia de Dios, eso es remar sólo con un remo; así no pueden. El querer el bien está en mí, pero no el hacerlo; pero otras personas quieren que Dios haga las cosas y ellos no hacer nada, y Dios decidió que tú quieras; si tú quieres Él te ayuda; si tú confías, puedes contar con Él; Él lo único que te pide es creer, y en la fe eres capaz, porque Él te capacita. El hombre por sí solo tiene la responsabilidad, pero no tiene la capacidad, pero la gracia le devuelve la capacidad, pero no toma la decisión por el hombre; la gracia está ahí para fortalecerte en el querer y Él produce el querer, pero lo produce en ti y tú eres una persona que tienes que pronunciarte. Para que te pronuncies, Dios te ayuda, pero Él no se va a pronunciar por ti; Él quiso que fueras tú el que decidieras, pero claro, antes de que tú decidieras, Él ya sabía.

Dice la Palabra del Señor que a los que antes conoció, a éstos los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo; a los que antes conoció. Pero ¿qué dice la Palabra? Dice Pedro que la elección de Dios es según el conocimiento anticipado, o la presciencia de Dios; y luego dice Pablo a los Romanos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, esto es, a los que conforme a su propósito, son llamados.


Las dos caras de la moneda

Usted ve, pues, las dos caras de la moneda. Una cara de la moneda dice: a los que aman a Dios, esto es, los que conforme a su propósito son llamados; los que son llamados conforme al propósito de Dios son los que aman a Dios. ¿Quién es el que ama a Dios? El que recibe a Cristo, ese es el que ama a Dios. Él dijo: Este es el que me ama, el que guarda mis mandamientos; el mandamiento que yo les he dado no es difícil, es recibir a Cristo. ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Dios ha enviado. Dios envió a Cristo. Entonces Dios ayuda a todos, pero Dios hace responsable a todos; nadie va a estar en el infierno porque Dios no lo quiso salvar; Dios quiere que todos sean salvos y manifestó Su gracia a todos, y Cristo murió por todos, pero no todos lo recibieron; nadie lo podía recibir sin la ayuda, pero Dios ayudaría a todos, si lo hubieran recibido. Eso nosotros no lo podemos saber, como Dios puede saber, pero nosotros no somos Dios, nosotros no sabemos; Dios sí sabe.

Nadie está en el infierno por cuenta de Dios; si alguien va al infierno es por su propia culpa, pero aun en el infierno se manifiesta la justicia de Dios. Nadie tendrá lo que no merezca, cada persona tendrá eternamente lo que merece. Ahora, nosotros todos merecíamos el infierno, pero el Señor murió por todos para que los que creen, no se pierdan, sino que tengan vida eterna. De tal manera amó Dios al mundo, no sólo a la Iglesia, al mundo, ¿para qué? para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Ahora, claro, que la fe es por el oír y es un don que se recibe por oír la Palabra; así que la Palabra es la que produce el oír y el oír es el que produce la fe. La palabra es enviada para todos; la gracia ha sido manifestada para salvación a todo el mundo. Dios quiere que todos se salven; envió Su Palabra para todos, pero no todos la recibieron, no todos quisieron, no todos; las personas cerraron su corazón.


La puerta de la casa es Cristo

Entonces la longitud de la casa es más larga que la anchura; la anchura solamente tiene la tercera parte. En la anchura es donde está la entrada; la entrada es la puerta; la puerta de la casa nos habla de Cristo. Él dijo: yo soy la puerta de las ovejas, el que por mi entrare, hallará pastos; pero si no se entra por la puerta, no se pueden hallar pastos, y no todos van a entrar. ¿Qué quieren hacer los que no entran? Quieren hacer la voluntad del diablo. El Señor dijo: vosotros no creéis a mis palabras porque no sois de mis ovejas; mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco por nombre, pero vosotros no sois de mis ovejas, vosotros hacéis lo que habéis oído acerca de vuestro padre, el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer; él ha sido homicida desde el principio. Así que Dios hace responsable al diablo que se rebeló contra Dios y a todos los que siguen al diablo; Dios no lo hizo diablo, Dios lo hizo querubín, sello de perfección, pero lo hizo libre; el Señor sabía que iba a ser el diablo, pero no lo hizo diablo, lo hizo libre. El Señor sabía que Judas lo iba a traicionar, pero no lo hizo traidor, lo hizo apóstol; pero aquel a quien hizo querubín con libertad, se hizo diablo; aquel a quien hizo apóstol con libertad, se hizo traidor.

Entonces, hermanos, el ancho de la casa es apenas un tercio. Se requiere recibir al Señor Jesús para hacer parte de la casa de Dios; para formar parte de la casa de Dios se requiere estar en Cristo Jesús, aunque Cristo Jesús quiere que el evangelio sea para todos, Dios quiere que todos sean salvos. Dios hace responsable al hombre, claro que el hombre es incapaz de cumplir su responsabilidad, pero la gracia es manifestada a todos. ¿Cómo lo hace Dios? Es un misterio; sólo Dios sabe cómo lo hace, pero Él lo hace porque está escrito; Él nos hace responsables, y Él nos ayuda por Su gracia. Nadie es salvo sino por la gracia de Dios, pero nadie es condenado sino por su propia responsabilidad. Nadie es condenado porque le falte la gracia, sino por no haberla recibido, por no haberla creído; por eso se condenan las personas.


El hombre es responsable por su propia culpa

Entonces, hermanos, no es ecumenismo, no dice que todos los caminos llevan a Dios; no es que como el Señor murió por todos entonces todo el mundo se va a salvar sin querer, sin creer, sin recibir, no; es necesario que la persona crea, reciba y quiera; si la persona cree, se salva. Cuando la persona cree, la persona recibe.

Cuando la persona recibe, la persona quiere; cree, recibe y quiere.

Cree por el oír; la Palabra es enviada para todo mundo, para que todo mundo oiga, pero algunos no quieren oír. Yo quise, pero tú no quisiste. El que quiera; el Señor lo dijo: el que quiera, venga y beba.

Dirán: pero, Señor, ¿cómo voy yo a querer? Yo te ayudo a querer, pero yo sé si quieres o no; yo sé si querrías o no. Nosotros no sabemos si una persona iba a querer, pero Dios sí lo sabe. Dios no necesita esperar para saber; por eso Dios puede profetizar, por eso Él podía profetizar acerca de la traición de Judas; no que el Señor obligó a Judas a traicionarlo porque estaba profetizado; estaba profetizado porque Dios lo sabía, pero fue Judas el que tomó su decisión de antemano; él fue responsable por su propia culpa; hizo lo que quiso; el Señor lo escogió como apóstol; hasta cuando lo estaba traicionando le llamó amigo. Amigo, ¿a qué has venido? El Señor llamó amigo al traidor; pero si Judas lo traicionó, Dios no tenía que esperar para saberlo; Judas es responsable porque Dios hizo a las personas responsables; pero Dios conoce lo que el hombre haría con su responsabilidad desde antes de la fundación del mundo. Por lo tanto Dios escogió a aquellos que recibieran a Cristo, para predestinarlos para gloria y salvación; y aquellos que rechazaran a Cristo, conocieran el juicio que se merecen, y así el atributo de su misericordia y el de su justicia serían revelados, tanto en la gloria como en la condenación. Los que van a condenación van a permitir que se conozca el poder y la justicia de Dios, y los que van a salvación muestran la misericordia y la gracia de Dios.


Se necesita a Cristo para ser salvo; no es cualquier religión, no es cualquier camino que lleva a Roma, no; no vamos para Roma, vamos a Cristo, vamos a Dios. No nos importa llegar a Roma; hay muchos peligros allá en Roma; vamos a Cristo, pero sólo en Cristo hay salvación. Eso es lo que el diablo no quiere; el diablo quiere decir que la salvación está en la plenitud de todo, que simplemente basta con ser humano y seréis como dioses, dijo el diablo. ¿No fue eso lo que le dijo al hombre? Pero el Señor dijo: moriréis; a menos que recibamos al Señor; Él vino a darnos vida. Si no se tiene a Cristo, la persona está perdida; si la persona rechaza al Señor Jesús, no le quedan más oportunidades de salvación; la salvación es en el Señor Jesús. Nadie merece en sí mismo ser salvo; nadie lo merece; lo único es recibir al Señor por la fe. Cuando tú lo recibes es cuando tú le crees, porque la Palabra te da la fe, y tú al creerle no resistes al Espíritu Santo, sino que recibes la gracia; entonces puedes, entonces quieres, entonces puedes beber gratuitamente del agua de la vida; pero no puedes beber si no lo recibes; sólo se puede beber si se recibe. Beber es recibir.


Los dos remos

Entonces, hermanos, la anchura de la casa es solamente un tercio. Dios quiere que todos sean salvos, pero dos tercios se perderán porque no quisieron, ni recibieron al Señor. Seamos nosotros del tercio que cree, del tercio que recibe y que en la gracia se esfuerza y quiere, quiere en unión con el Señor; los dos remos, no Él solo, no tú solo; Él en ti y tú en Él; no es sólo Él, ni eres sólo tú; es café con leche, el café en la leche y la leche en el café; tú en Cristo y Cristo en ti, esa es la única manera. Cristo es para todos, ojalá más personas lo reciban.

En la Iglesia sí se trata todo lo que proviene de Dios, lo que proviene de Adán, lo que Satanás ha infiltrado, eso se tiene que tratar en la Iglesia; necesitamos el equilibrio de estos dos puntos. Bajo el pretexto de la unidad, no podemos meter en una misma olla sapos, culebras, serpientes y toda clase de alimañas en aras de la unidad y del ecumenismo, porque como entendemos una parte, que la Iglesia es una, entonces metamos en la olla toda clase de alimañas, no, no.

Cuando los profetas estaban con Eliseo, estaban haciendo un potaje, y en esa sopa había anatema; le tocó a Eliseo poner en esa sopa harina, que representa el trigo molido, o sea el efecto de la cruz de Cristo, que es la que trata con las cosas negativas en la Iglesia. Debemos tener siempre presente que la casa que el hijo de David, el verdadero Salomón, el Señor Jesús, está edificando, es una, pero también es santa y necesitamos el equilibrio de las dos, y ese equilibrio solamente está en Jesucristo. En Jesucristo está provista la unidad de la Iglesia. No existe otra unidad de la Iglesia aparte de Jesucristo; la unidad de la Iglesia es compartir a Jesucristo. Y si compartimos a Jesucristo somos ya uno, pero, también somos santos, porque Él mismo es nuestra paz, es también la santidad de la Iglesia. Jesucristo es uno y Jesucristo es Santo, entonces la Iglesia es una y no hay sino una Iglesia; y todos los hijos de Dios, no importa su clase, su raza, su sexo, su cultura, son miembros del cuerpo de Cristo; y sin embargo también es santa. No importa de dónde venga, con tal que venga en Cristo.


La santidad va unida a la unidad, y viceversa

Cristo es un mismo Cristo para los ricos, para los pobres, para los negros, los chinos, los blancos, los indígenas, los pigmeos, los vikingos, para los de derecha, para los de izquierda; como para Mateo el publicano y para Simón el Zelote, un mismo Cristo es. Pero todo eso, lo que se era anteriormente, deja de serlo; ya no hay más judíos, ni gentil, ni griego, ni bárbaro, ni escita, ni varón, ni mujer, ya no hay; lo que se era se terminó en la cruz de Cristo. Ahora Cristo resucitó, ascendió, nos resucitó, nos ascendió, nos dio su Espíritu y ese Espíritu nos ha bautizado en un solo Cuerpo, que es también santo. La Iglesia es santa por la misma virtud por la cual es una. No puede haber una legítima unidad sin santidad, ni tampoco hay una legítima santidad sin la unidad.

Hay personas que quieren tener santidad sin unidad y otros unidad sin santidad; y los dos son extremos que las medidas de la Casa de Dios nos hacen evitar. ¿Qué quiere decir santidad sin unidad? Significa personas que piensan que es suficiente vivir una vida devota a nivel personal, individual. Esa persona todavía no entiende el propósito de Dios a cerca del Cuerpo de Cristo. El propósito de Dios no se agota con personas individuales santas. Dios quiere personas individuales, santas, miembros de un cuerpo trabajando corporativamente en ese misterio de Cristo que es el Cuerpo de Cristo.


Así es que se necesita la santidad y se necesita la unidad, y santidad y unidad, las dos, son Cristo. Entonces aquí Pablo está tratando, no el asunto de la unidad, sino el asunto de la santidad. En la primera carta a los Corintios Pablo trató el asunto de la unidad; en la segunda a los Corintios trató el asunto de la santidad. Dice Pablo en el capítulo 11 de 2 Corintios: “1¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme. 2Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

3Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, (que nos tira para sólo una unidad ecuménica impura, o para una pretendida supersantidad fanática, sistemática; pero no es ni una ni otra) vuestros sentidos (sentidos para percibir las cosas) sean de alguna manera (porque Satanás tiene varias maneras de trabajar) extraviados (sacados de la Biblia) de la sincera fidelidad a Cristo”. Y luego empieza a explicar por qué decía esto; y dice: “4Porque si viene alguno...”; los hermanos, en el período primitivo, al principio, entendían muy bien lo de la unidad de la Iglesia.


La unidad de la Iglesia es cristocéntrica

La unidad de la Iglesia es una cosa sagrada. Hoy en día lo común, lo protocolizado, lo sacralizado es la división. Hoy las divisiones están sacralizadas, están protocolizadas, al principio no. Entonces en ese tiempo, el peligro era por el otro lado, y mire lo que dice cómo vino el diablo: “4Porque si viene alguno predicando a otro Jesús ( ahí está el peligro) que el que os hemos predicado...”. Aquí se refiere a un Jesús diferente al predicado por los apóstoles; eso proviene de espíritu de error. La Iglesia con respecto a la persona del Señor Jesús, debe ser muy estricta. En esto no podemos ser laxos. No podemos ser amplios y decir, es que yo tengo un amplio criterio y acepto en el mismo plano a Jesús, a Buda, a Mahoma; o si me hablan de Jesús, cualquier Jesús, el Jesús de los gnósticos o de los Testigos de Roussell, o el de los Mormones, cualquier Jesús, si es Jesús, no hay problema. Si es el de Nietzsche, o el del Caballo de Troya, o el testamento de Juan, sí, vengan, vengan todos, todos esos jesuses. No, no, no; no porque menciona a Jesús, ese Jesús es el verdadero, el que Dios nos ha anunciado. Es el Jesús de los apóstoles.


Probad los espíritus

Dice el apóstol Juan: En esto conoced el Espíritu de verdad y el espíritu de error. El que es de Dios nos oye; el Espíritu de Dios se caracteriza porque te lleva a reconocer al Jesús que predicaron y enseñaron los apóstoles; pero si tú hablas de Jesús, pero es otro Jesús, que no es el Jesús de los apóstoles, entonces ese proviene de un espíritu de error, de un espíritu de anticristo. Fíjense en lo que dice San Juan “Amados, no creáis a todo espíritu”; aquí San Juan está predicando una santa incredulidad, un santo escepticismo. No creáis, no crean todo, no, no, no creáis. El que predica la fe a la vez predica el escepticismo. La fe en el Cristo de la palabra de Dios, pero escepticismo a esos otros jesuses pintados por ahí.

“No creías a todo espíritu, sino probad los espíritus sin son de Dios” (1 Juan 4:1). Antes de que nosotros estemos mezclándonos con un grupo de personas que dicen ser cristianas, ellos pueden hablar que son la misma Iglesia en el Distrito o en la localidad. Eso no es lo primero, mis hermanos. Antes de tratar el asunto del candelero, hay que tratar primero el asunto de la mesa, y antes de tratar el asunto de la mesa de los panes de la proposición, aun antes, hay que tratar el asunto del Arca. Dios había establecido un orden de prioridades: primero el Arca, después la mesa, después el candelero; si estamos en el mismo Cristo y en el mismo evangelio, entonces estamos en la misma Iglesia.

Dicen: estamos en la misma iglesia, no importa qué evangelio y qué Cristo tengas tú; si tienes algún Cristo y algún evangelio, bienvenido.

No, no y no; no le digas bienvenido, porque el que le dice bienvenido, participa de sus malas obras. El ancho de la casa no puede ser de 60 codos, solamente de 20. ¿Está claro, hermanos?


Volvamos 2 Corintios 11: “4Porque si viene alguno predicando otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu...”; ahí está ese asunto, otro espíritu; porque el espíritu de Jesús se caracteriza, y otros espíritus también se distinguen; son distintos al Espíritu Santo. Son otros espíritus que quieren rondar y que se meten en lo religioso, y a veces cuando tú visitas grupos cristianos, tú percibes la diferencia de espíritus; a veces es un espíritu mundano que convierte en libertinaje la gracia de Dios; a veces es un espíritu legalista muy diferente al que predicó Pablo en Gálatas, en Romanos.

A veces se va por el legalismo, a veces se va por el antinomianismo o el libertinaje. A veces es un Jesús medio misterioso, medio esotérico; a veces es un Jesús tipo Camilo Torres, Gustavo Gutiérrez: Teología de la Liberación, ametralladoras para liberar al pueblo, no de los pecados sino de los imperialistas; muchas clases de jesuses.


Sí, la Iglesia es una pero no es ingenua; la Iglesia es una pero no es tonta; la Iglesia debe distinguir y discernir estas cosas que son espirituales. Claro que hay que hacer diferencia entre la persona y los espíritus, porque nuestra lucha no es con las personas humanas, sino contra principados y potestades en las regiones celestes, espíritus que quieren confundir aun a los mismos hermanos.


Revelación en el espíritu

Tenemos el caso de San Pedro, al que llaman el primer papa, uno de los más cercanos a Jesús; pues él se descuidó y cuando menos se imaginó lo usó Satanás, y le vino diciendo a Jesús: ¿Pero no te da cuidado? ¿Cómo vas a ir a Jerusalén? Te van a matar en Jerusalén.

Jesús sabía quién era el que hablaba, y dijo: Apártate, Satanás. Ya Dios le había revelado a Pedro hacía un poquito; pero que le haya revelado algo, no quiere decir que sí está en el espíritu la carne se beneficiaria de la revelación. La revelación es en el espíritu, y cualquiera de nosotros podemos pasar del espíritu a la carne; gracias a Dios que también se puede pasar otra vez de la carne al espíritu por la Sangre de Cristo, por el arrepentimiento. Dios tenga misericordia de nosotros; y por eso la iglesia tiene que estar siempre vigilando que sea realmente Cristo, y cuidándonos unos a otros para conducirnos por medio del ejemplo, del amor, de la amonestación debida en Cristo.  


Si viene alguno predicando otro Jesús, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, otro evangelio que el que habéis aceptado, ¿lo toleraréis? Pablo les dijo a los Gálatas: “7No que haya otro (evangelio), sino que hay algunos que perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gá. 1:7-8), dice Pablo; ni siquiera yo Pablo, ni Pedro, ni Bartolomé, ni Juan; nosotros no podemos cambiar el evangelio, porque eso fue revelado de Dios, por el Hijo de Dios, por el Espíritu Santo, conforme a la Escritura, previsto y tipificado en el Antiguo Testamento. Nosotros no podemos cambiar el evangelio. Dice que ni siquiera un ángel del cielo puede venir a traer una revelación nueva, como el ángel Moroni, que supuestamente se apareció a José Smith, el de los mormones; y otros por ahí, que hay muchos por acá. Dicen que se le apareció Gabriel a Masa Márquez, y por ahí hay un grupo misterioso que ahora tiene un nuevo Gurú en Bogotá, y otras cosas raras.


Ni otro Jesús, ni otro espíritu, ni otro evangelio

Mis hermanos, el ancho de la casa no es igual al largo; es más estrecho el ancho y se refiere a estas cosas. La Iglesia no debe ser descuidada: ni otro Jesús, ni otro espíritu, ni otro evangelio. Si alguno viene a vosotros (Juan venía hablando acerca de la persona de Jesús) y no trae esta doctrina, la de los apóstoles, la confesión apostólica acerca de Jesucristo, la confesión del Espíritu Santo que está en las Sagradas Escrituras, entonces hay que obrar con determinación: No decirles bienvenidos. Parece descortés, aunque no es descortesía, porque de todas maneras no decir bienvenido se puede decir con cortesía, muy cortésmente; y no podemos guardar las deficiencias. El que le dice bienvenido participa de sus malas obras.

La Iglesia es una pero también es santa, y la unidad y la santidad de la Iglesia radican en Cristo mismo. Sólo Cristo mismo tiene lugar en la Iglesia; no que en aras de una unidad y en un supuesto ecumenismo ingenuo, vamos a permitir cualquier cosa en medio de los santos; pero tampoco en una pretendida santidad vamos a desconocer la unidad del Cuerpo de Cristo. Por eso es necesario comprender cuáles son las distintas clases de unidades que hay por ahí, y cuál es la unidad bíblica del cuerpo de Cristo. No se trata simplemente de la unidad, sino de la unidad en Cristo, y en el Cristo de las Escrituras, alrededor de Cristo, conforme a la Palabra. No se trata de una supuesta unidad meramente espiritual donde no es una unidad práctica; ni tampoco una unidad meramente organizacional, no; ni tampoco una unidad ecuménica, aunque sea dentro de la cristiandad, ni mucho menos con todas las religiones, no. La unidad de la Iglesia es Cristo y la santidad de la Iglesia es Cristo. Ese es el ancho de la Casa de Dios; tenemos que tener en cuenta por un lado el largo 60 codos, por otro lado el ancho, solamente 20 codos.

LA ALTURA DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 1:07, Categoría: General


El templo de Dios (4)

CAPÍTULO IV

LA ALTURA DE
LA CASA DE DIOS


El número de la inclusividad

Estamos en 1 Reyes 6:2. Con la ayuda del Señor vamos a entrar a considerar la tercera parte de este verso. “La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto”. Son distintos aspectos de Cristo, de quien son las medidas de la casa de Dios. Recordamos que la longitud de sesenta codos se refiere a la inclusividad de la casa de Dios, que está representada en esta cifra numérica de 60, y conformada por seis (6), el número del hombre, y el 10 que es el número de la humanidad, de las naciones, queriéndonos mostrar Dios que en la casa de Dios, Él quiere que se incluya a las personas de toda tribu, de toda nación, de toda lengua, de toda raza, de todas las clases; y la inclusividad es algo que caracteriza a la Iglesia, a diferencia de lo que es el sectarismo. El sectarismo no incluye a todos los hijos de Dios que Dios incluye en Su cuerpo. El sectarismo no recibe como hijos de Dios y como hermanos y como miembros del cuerpo de Cristo a todos los que nuestro Padre ha engendrado. El sectarismo es excluyente, el sectarismo es exclusivista, el sectarismo no tiene en cuenta a miembros del cuerpo de Cristo. El sectarismo se mueve en un ámbito de tipo gueto, no con un corazón amplio en el cual quepan todos los hijos de Dios, los que la sangre de Cristo ha limpiado, y el Espíritu de Cristo ha regenerado.

Entonces la longitud de la casa se refiere a esa inclusividad y a esa receptividad de la Iglesia. La palabra del Señor nos dice: “Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Ro. 15:7); inclusive dice: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones” (Ro. 14:1); ya está en la fe; aunque sea débil en la fe y traiga algunos escrúpulos acerca de ciertas comidas, de ciertos días. Dice: “1Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres”. Unos creen así, que se puede comer de todo; otros sólo comen legumbres. “5Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días”. Pero, ¿qué dice? Recibidlo, porque Dios lo recibió.


Entonces la casa que el Señor está edificando, la que el Hijo le está edificando al Padre, es una casa en la cual pueden caber todos los hijos de Dios, en cuanto hijos y como personas. Eso es en cuanto a la longitud del templo.


Lo que se excluye en la Iglesia

Ahora hay otra medida más estricta, que es la anchura del templo, la cual solamente es un tercio. No son sesenta codos sino solamente veinte (20); porque así como ciertamente en la casa de Dios se incluyen y se reciben a todos los hijos de Dios en cuanto hijos, sin embargo no se reciben los pecados en la casa de Dios. En la casa de Dios, la misericordia de Dios en el presente es tratar con nuestros pecados ahora, para no tener que tratar con nuestros pecados después. A la casa de Dios tampoco entrarán los errores, las herejías.

 Puede que haya hermanos que tengan errores; pues bien, los hermanos son recibidos como hijos, pero no sus pecados ni sus errores.


San Pablo dice en la Palabra de Dios dice, por ejemplo: “14Si alguno no obedece a lo que decimos en esta carta, a ese señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence”. Mas también dice: “15Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano” (2 Tes. 3:14-15). En cuanto a considerarlo todavía como a hermano, ahí vemos la longitud de la casa; en cuanto a amonestarlo y mantener distancia por causa del pecado, o por causa del error, ahí se ve la anchura de la casa. La anchura de la casa se refiere a lo que es específico.


En la iglesia no se puede dar la bienvenida a una doctrina no sustentada en la Palabra de Dios, ni a un espíritu de error; no se puede permitir en la Iglesia que se nos predique otro Jesús, que se traiga otro espíritu, que se nos enseñe otro evangelio. Y así, como por un lado la Iglesia es inclusiva y receptiva y es una, así también la unidad de la Iglesia se refiere a la longitud del templo. Pero la santidad de la Iglesia se refiere a la anchura del templo. No podemos tener una Iglesia solamente una, ni solamente santa. Dios quiere que la Iglesia sea una y santa; y la unidad y la santidad son provistas a la Iglesia en Cristo Jesús.


Cristo es la santidad de la Iglesia, y Cristo es la paz de los miembros del cuerpo de la Iglesia. Cristo es la unidad de la Iglesia, y es también la santidad.


El cuidado de la Iglesia

A veces pecamos contra la santidad por una unidad mal entendida, y a veces pecamos contra la unidad por una santidad mal entendida.

Entonces la Palabra del Señor nos muestra que hay diferencia de grados; cuando se trata de cosas de fondo relativas a la persona del Señor Jesús, a la esencia del evangelio, la Palabra del Señor es más estricta. La Palabra del Señor nos dice a través de la mano del apóstol San Judas Tadeo, hermano del Señor Jesús y de Santiago: Contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos; y en esas cosas la Iglesia tiene que ser bien definida, y no puede ser ambigua en cuanto a la existencia de Dios, en cuanto a la revelación de Dios, en cuanto al Hijo de Dios, en cuanto a la muerte expiatoria, en cuanto a la resurrección de Cristo, en cuanto al Espíritu Santo, a las Sagradas Escrituras.


Estas son cosas sumamente esenciales que tienen que ver con Dios, Cristo y la salvación, y en ese caso la Iglesia tiene que ser estricta. La Iglesia no puede ser ambigua, y no puede admitir que se mencione solamente el nombre de Jesús, que se predique otro Jesús usando el mismo nombre, pero que es otro distinto del que los apóstoles predicaron y enseñaron. Entonces la Iglesia, en cuanto a herejía, en cuanto al tratamiento del pecado, en cuanto a los sistemas que son cierta modalidad de protocolización del pecado, la Iglesia tiene que tener mucho cuidado.


La Iglesia es inclusiva en cuanto a todos los hermanos; la Iglesia es abierta con todos los hermanos, la Iglesia tiene comunión y amor con todos los hermanos, pero no puede participar de sus pecados, ni de sus errores, ni de los sistemas que los hijos de Dios a veces crean en rivalidad con el plan perfecto de la Palabra de Dios. Entonces la Iglesia, aunque es una, es inclusiva y es misericordiosa, es también santa y representa el testimonio de Dios frente a algún tipo de ambigüedad, y esa santidad y esa firmeza son también misericordia; porque la misericordia no es alcahuetería; la misericordia es ser honesto y claro, y tratar con la persona directa y claramente hasta que la persona misma reconozca su pecado, lo confiese como debe, y se aparte de él; entonces ahí la misericordia se tornará de nuevo en camaradería.


Treinta codos de altura

Ahora entramos en una tercera parte, que es lo que se llama la altura de la casa. El Señor también nos dice que la casa tiene una altura. Nos dice que la altura es de treinta (30) codos. La casa tiene treinta codos de alto. En el inicio de la oración de nuestro hermano Maximino él dijo una palabra clave que sintetiza la esencia del sentido de alto.

En su oración él habló de la edificación de Cristo en la Iglesia, y a eso se refiere la altura de la casa.


Para masticar un poquito mejor esto, vamos a otros versículos que nos ayuden a entender este aspecto de la casa. Vamos a la epístola a los Efesios 4:11-16. ¿En qué consiste esa edificación? En edificar la casa hasta la altura del varón perfecto, hasta que lleguemos a la altura que Dios estableció que tenga la casa. La casa ciertamente no puede sobrepasar la altura, pues como dijo el Señor Jesús: El discípulo no es superior que su maestro; pero también dijo el Señor: Pero si el discípulo fuere perfeccionado, será como su maestro. Entonces el perfeccionamiento de los discípulos tiene una meta, tiene una altura, tiene una medida, lo que en la Escritura se llama “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Eso, la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, es la altura de la casa.


Fíjense que el número 30 es el número de madurez. En la Biblia vemos que el pueblo de Israel, en revelación divina, y específicamente relacionado con los levitas de una manera más especial, la madurez en la mayoría de edad llegaba a los treinta. No era como ahora, que es a los 18 años; era hasta los 21, y va bajando hasta los 16; quién sabe después llegará a los 8; quién sabe. Pero en la Biblia la mayoría de edad, la madurez, era a los 30 años.


Fíjense cómo dice eso respecto del Señor Jesús en el evangelio de San Lucas 3:23: “23Jesús mismo al comenzar el ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí.../... 38hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios”. Jesús era Hijo del Altísimo por el poder del Espíritu Santo. Fíjense que Jesús, aunque ya era el Hijo de Dios desde la eternidad, y luego desde el momento de la encarnación, no es Su identidad lo que estaba en juego; sin embargo la Palabra del Señor nos dice del Hijo de Dios, del Señor Jesucristo, en la epístola a los Hebreros nos dice lo siguiente. No vamos a entrar ahora en el por qué; quizás en otra ocasión lo haremos.


La altura se relaciona con el perfeccionamiento

Hebreos 2:10-11: “10Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria (ahí está el proceso de crecimiento y edificación de la casa), perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos”. Vuelve a aparecer ese verbo, perfeccionar; ese es el verbo clave que está aquí. Digamos que el verbo clave en la longitud es incluido, recibido; el verbo clave en la anchura es separar; pero aquí el verbo clave de la altura es perfeccionar. “Perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. 11Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”.

Por lo pronto podemos saltarnos algunos versos, y llegamos al 18, donde dice: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. También podemos mirar en Hebreos 5:8-9: “8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. En cuanto Hijo, era Hijo, pero por lo que padeció, aprendió la obediencia. En cuanto Dios no tiene que aprender nada, pero puesto que se hizo hombre, asumió nuestra naturaleza, y puesto que Adán cuando de gracia recibió la naturaleza humana no la llevó a su meta, porque él tenía que haberse pronunciado en contra de Satanás, en contra del árbol de la ciencia del bien y del mal y haber decidido vivir por la vida divina, por el árbol de vida hasta llevar a la humanidad a la plena madurez y a la purificación; pero eso no aconteció con Adán. Entonces ahora el Señor Jesús tuvo que ser sometido, y Él sí llevó a la humanidad, a la naturaleza humana, a su máxima expresión, o, digamos, a la medida de la estatura de la perfección humana, a la altura diseñada por Dios para su casa, para su morada, para que Él pueda ser contenido y expresado en esa casa.


Diferentes ángulos de la salvación

“Aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Eso significa que la perfección es con el aprendizaje, y por el padecimiento se aprende la obediencia. Aprender la obediencia, ese es el verdadero seguimiento de Cristo; aprender a obedecer al Padre con Cristo y en Cristo. 9Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Nótese que en este caso ya no habla de salvación a todos los que creen, sino salvación a todos los que obedecen. No quiere decir que la salvación sea por la obediencia; solamente que la salvación no se refiere únicamente a la salvación del infierno. Sí, la salvación del juicio eterno ya se dio el día que creímos en el Señor, pero el Señor no solamente nos salva de la ira, sino que también nos salva por su vida. No sólo nos salva de la condenación eterna, sino que también nos salva de nosotros mismos, y esa salvación de nosotros mismos ya viene por la aplicación de la fe. La aplicación de Cristo por la fe a nuestra vida cotidiana. Ese es el crecimiento, la salvación; ese es el ocuparse de la salvación.

Hay un aspecto eterno de la salvación, que es jurídico en cuanto al juicio eterno; pero hay otro aspecto de la salvación que es la aplicación de Cristo para que seamos librados de nosotros mismos y del presente siglo malo, y de otras muchas otras cosas que el Señor se ha propuesto librarnos. En Cristo se ha provisto la salvación en todos esos sentidos. De modo que cuando estudiamos la salvación, en la Biblia encontramos que se habla en muchos ángulos de la salvación; y aquí aparece un ángulo de la salvación que no hay que ponerlo en contra del otro. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras”; pero también dice: “Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Claro que en esto, le obedecen, está indicando la fe salvadora, pero la salvación por la fe. La fe y la salvación se perfeccionan por el amor.


Entonces en este sentido está hablando de salvación para todos los que le obedecen, ¿no? Porque cuando nos salvamos del infierno, cuando así se aseguró nuestra salvación, ¿por qué no nos lleva el Señor para el cielo? Ciertamente que tenemos que hacer un trabajo aquí; pero no se trata solamente de hacer un trabajo aquí, sino que Él también tiene que seguir haciendo un trabajo con nosotros, y ese trabajo que Él hace con nosotros y en nosotros, y que nosotros hacemos con Él, en ese trabajo consiste la edificación de la casa de Dios, consiste en el perfeccionamiento de los santos y el proseguir hasta la medida de la estatura de un varón perfecto; es decir, hasta la altura correcta de la casa, la altura que Dios le tiene. Nosotros decimos: Bueno, yo dejo la casa por la mitad. A veces ocurre como en tiempos de Esdras, al regreso de Babilonia. El pueblo decía: No, ya hay mucho escombro, hay muchas dificultades. Se cansaron; dejemos así. Y dejaban el muro hasta la mitad.


Ese es el hombre, pero el Señor no. Tan pronto le han parado la obra, cuando cesan los trabajos de la obra, el Señor actúa. En tiempos de Zorobabel el Espíritu del Señor levantó a Hageo y levantó a Zacarías, y siguió insistiendo. Y ¿ustedes para qué quieren el tiempo? ¿Acaso el tiempo es de ustedes? ¿lo quieren para ocuparlo en las propias cosas de ustedes, mientras mi casa está desierta? ¿No se dan cuenta de por qué es que hay sequía? ¿No se dan cuenta de por qué es que hay problemas en la naturaleza, y hay escasez entre ustedes? Yo les voy a decir por qué, dice Dios por Hageo; porque cada uno está corriendo a su propia casa, a sus propios asuntos, pero la casa mía está vacía; no está edificada. Dios tiene un trabajo que tiene que seguir haciendo.


“Y habiendo sido perfeccionado (este es el Hijo en cuanto hombre), vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.

Él vino a posibilitar también nuestra obediencia, la completa salvación de Dios implica la provisión de Dios para nuestra obediencia completa, y eso es la edificación de la casa de Dios.


El perfeccionamiento y la edificación

Leemos ahora Efesios 4:11 en adelante. “11Y él mismo constituyó a unos...” ¿Quién es él mismo? El Señor que descendió hasta lo más bajo y ascendió hasta lo más alto. Él mismo. Me halaga tanto que sea Él mismo. Porque si se tratara de nosotros, nosotros podríamos y estaríamos a nuestra manera, y nos equivocaríamos muchísimo. “11Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12a fin de perfeccionar a los santos”. Todos estos obreros que trabajan en la obra de la casa de Dios, fueron constituidos por el Señor a fin de perfeccionar a los santos. Ciertamente Cristo nos quiere perfeccionar a través de nuestros hermanos y a través del ministerio. Solitos no podemos ser perfeccionados; solamente entre hermanos podemos ser edificados, pero necesitamos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros constituidos por Dios para perfeccionar a los santos.

Edificando el cuerpo de Cristo

“12A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Esto es muy importante, hermanos, porque si lo que nosotros estamos edificando no es a Cristo en nosotros, ¿entonces qué? Sí, Él es el que edifica, pero Él dice que nosotros también; ¿no? Edificamos a Cristo en nosotros y al cuerpo de Cristo. Si edificamos otra cosa que no sea Cristo en las personas, y otra cosa que no sea el cuerpo de Cristo, no estamos dando la talla, no estamos dando las medidas, no estamos siguiendo bien el plano de Dios. El plano de Dios es treinta codos de alto. ¿Eso qué quiere decir? la medida de la estatura del varón perfecto en un solo cuerpo.

El treinta es el número de la madurez

Si nosotros decimos: Bueno, voy a procurar andar yo en Cristo lo mejor que pueda; está muy bien, pero eso no es todavía la medida de la casa; porque tú no eres sino una piedra de la casa. No es suficiente que yo sea muy espiritual; no es suficiente. Se necesita que seamos un solo cuerpo; lo que hay que edificar no es sólo a Cristo en los individuos, sino a Cristo en el Cuerpo. Lo que hay que edificar es el cuerpo. A eso se refiere la altura de la casa, a la plenitud de Cristo. La persona y el cuerpo madurando; eso es el número treinta, la madurez, la persona y el cuerpo madurando en Cristo.

Cristo fue perfeccionado; llegó a la mayoría de edad; llegó a ser el heredero que puede hacer uso de la herencia. Mientras el heredero es niño, es heredero, pero todavía no se le puede confiar la cuenta corriente al niño, porque se va a comprar chicles con todos sus amiguitos; entonces solamente de a poco se le va dando a disfrutar de la cuenta. Eso quiere decir madurez, cuando ya no tiene doce añitos, ni quince, ni veintiuno, sino treinta. ¿Qué pasaba con los levitas que tenían 25 años? Sí, ellos sí podían comer el pan de la proposición, de las ofrendas, pero no podían ministrar sino a partir de los treinta. Y así el Señor Jesús, aunque ya era el Hijo de Dios, la Palabra dice que Él estaba en un proceso de aprender, de aprendizaje.

 Él fue sometido por el Padre a un intenso aprendizaje, y cada piedra de la casa de Dios, cada persona que va a estar en aquella casa eterna, para la eternidad con Dios, también debe ser sometido al mismo aprendizaje; porque el discípulo será como su maestro. Por eso Dios estableció una medida de altura para su casa, que es 30 codos de alto.


La medida de la estatura

El Señor no quiere que simplemente seamos salvos; por eso es que Pablo le decía a Timoteo: Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan a la epignosis, o al pleno conocimiento de la verdad.

No sólo salvos, sino que también ya siendo salvos vengan a conocer plenamente a Cristo, que es la verdad. Ese conocimiento de Cristo es algo en lo cual se tiene que crecer, se tiene que crecer en Cristo. La Palabra de Dios nos habla de unas escalas en Dios; cuando lleguemos a las escalas entraremos viendo sus escalones con la ayuda del Señor.

 Mientras tanto estamos viendo que hay una meta. Estamos viendo una meta. Hay un proceso para llegar a esa meta; pues claro, hay un proceso en donde estamos todavía mirándolo, detallándolo, solamente edificándolo.


Hay una altura que Dios estableció para su casa, y su altura es de 30 codos; es decir, la madurez de Cristo. La medida de la estatura del varón perfecto. Por eso dice: “12A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe”. Ahí está la medida.

 Significa que tenemos que seguir trabajando, no solamente con uno, mientras encontramos un salmo para nuestro hermano; es nuestro hermano, es un miembro, hay que hacer algo. Nótese que la amada madura en el Cantar de los Cantares, no pensaba sólo en la madurez de ella. En Efesios dice: “hasta que todos lleguemos”. Ese es nuestro compromiso con todos nuestros hermanos. No, no es suficiente la soledad espiritual, ser uno un ermitaño, no, no. En el plan de Dios no se contempla el tener ermitaños. Eso fue cosa de Simón el Estilita y algunos otros, pero no es de Dios. En el libro del Cantar de los Cantares 8:8, dice algo importante la amada, la hermana madura, la que después de muchas vicisitudes en estos 8 capítulos, fue perfeccionada, y halló descanso y se recostaba en el pecho de su amado. Al principio era como una yegua de los carros del faraón, pero después fue como una columna de humo, fue más dócil al Espíritu.


La edificación del cuerpo a la altura de la casa

De manera que esta amada, que llegó a recostarse en su amado, dice en el verso 8: “Tenemos una pequeña hermana, que no tiene pechos”.

 Eso significa que todavía es una niña; porque la Iglesia no toda es madura. “¿Qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare?” Significa que hay que hacer algo con la hermana. No hay que dejar que la hermana haga sola todas las cosas. La hermana solita puede hacer algo, pero su hermana mayor tiene que hacer algo con su hermana menor, y es lo siguiente: Si ella es muro, es decir, si ella sabe guardar, entonces se mantiene en santidad, se mantiene dentro del redil. “9Si ella es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata; si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro”. ¡Ah, ya! Parece que fuese una chica fácil; ya no se sabe guardar, sino que se va con éste y con aquel, y con el otro; y ¿entonces qué? ¿hay que dejarla a sus anchas? No. ¿Qué haremos si nuestra hermana pequeña no se guarda? ¿Sabe qué haremos? “La guarneceremos con tablas de cedro”, la protegeremos en Cristo, y en la cruz de Cristo.


Y luego dice ella: “10Yo soy muro, y mis pechos como torres (ella así es madura; ¿por qué ella es madura? Porque es muro con torres), desde que fui en sus ojos como la que halla paz”. Cuando halló paz en Él, ya dejó de andar como andaba antes. Esta hermana no hallaba paz, y andaba de marido en marido hasta que encontró al Señor Jesús. Encontró estabilidad y firmeza en el Señor Jesús. Ahora, cuando ella no es madura, casi no tiene estabilidad, ni firmeza, sino que es vulnerable. Entonces la hermana mayor debe cuidar la vulnerabilidad de la hermana menor. A ella también; cuando ella, la mayor, era menor, también se le puso a estar en el contexto de la comunión. Por eso dice: “hasta que todos lleguemos”; no es individual solamente; no es una piedra individual, o gigantes espirituales ermitaños lo que Dios está buscando. Dios está buscando la edificación del cuerpo conforme la altura de la casa. Eso es lo que todos los obreros debemos buscar juntos.


Cuando aún somos inmaduros

Miremos en el capítulo 1 del Cantar de los Cantares el contraste cuando era nueva la que al final llegó a ser madura. Cuando era nueva, y todavía tenía sus amigos impíos y sus amigas de mundo, entonces se dice de ella lo siguiente, y ella misma lo dice desde la mitad del versículo 6: “Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé”. Yo también era irresponsable. Ella misma no guardaba su propia viña; la jurisdicción que le fue encomendada a ella. Sin embargo, ella tenía sed de Dios. Sí, claro, ella no era obediente, pero Él sí espera. “7Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía”. Ella quería estar con Dios, pero solita; entonces le dice eso el amado; y ella dice: “Pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?” Ella se sentía como fuera de lugar junto a los rebaños de los compañeros que el Señor llama sus compañeros; porque el Señor tiene compañeros, el Señor tiene socios. Por eso dice que el Señor fue elegido más que sus compañeros. Por ejemplo, Pablo es un compañero, Watchman Nee es un compañero; seguramente que David era otro, y san Pedro y san Juan. ¡Cuántos compañeros!

Pero la amada era todavía nuevita. Quería tener comunión con Dios, pero solita. Una persona muy nueva a veces quiere andar bien con Dios, pero solita. Le dice el Señor: Si tú no lo sabes. ¡Ah! De manera que hay cosas que esa persona no sabe, ¿verdad? No sabe dónde apacentar. ¿Dónde apaciento yo? ¿Dónde duermo yo la siesta, dónde reposo? Ella no lo sabía. ¿Cuál es el lugar de mi reposo? ¿Tú no sabes todavía esto? “8Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, vé, sigue las huellas del rebaño”. No pienses que la Iglesia va a empezar contigo, no; la Iglesia hace años está en la tierra. No sólo años, no sólo décadas, sino que hace siglos, hace dos mil años; ahora podemos hablar en plural, milenios. La Iglesia está en la tierra hace dos milenios. “Sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores”. Lleva las cabritas, a los amiguitos; ya no son inconversos, invítalos, convídalos a la reunión con los hermanos; lleva tus cabritas a las cabañas de los pastores.


Ella al principio era un poco díscola; pero note que en el capítulo 8 es ya diferente. Dice en el capítulo 8:11: “11Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, la cual entregó a guardas (la delegación de autoridad de parte del Señor), cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto”. Significa que los guardas tenían que trabajar, sembrando y limpiando, y, como se dice en Paraguay, corpiendo, sacando todos los problemas hasta que la viña florezca y fructifique; y dice ella: “12Mi viña, que es mía, está delante de mí”. Antes, cuando era joven, me pusieron a guardar las viñas, pero mi viña, que era mía, no guardé. No, no se preocupó en lo que a ella le fue encomendado al principio, pero ella amaba al Señor. El Señor la amaba; la llamaba hermosa entre todas las mujeres; a pesar de que le dicen yegua; sí, a la verdad la amaba el Señor. ¿Amén? Luego ella dice: “Mi viña, que es mía, está delante de mí; las mil serán tuyas, Salomón (me preocupo por la mía, pero también estoy pendiente de las mil), y doscientas para los que guardan su fruto”. ¡Qué maravilla! Eso es el proceso de madurez. Vemos en el Cantar de los Cantares la maduración de la esposa.


El perfeccionamiento de los santos

Volvemos a Efesios 4. Cuando habla del perfeccionamiento de los santos, no se refiere solamente a un perfeccionamiento personal, para la vida devocional privada; no es sólo un perfeccionamiento familiar, para que sea un buen papá o una buena mamá, o un buen hijo, o un perfeccionamiento laboral. Sí, está bien todo eso, pero es un perfeccionamiento que va más allá de un perfeccionamiento de ese primer nivel. Hoy en día a veces descuidamos la altura de la edificación. Queremos edificar de nuestra parte, y hacer retiros para padres, retiros para novios, retiros para esposas; pero aquí dice: “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”. Perfeccionar a los santos para que los santos hagan la obra del ministerio. Y ¿cuál es la obra del ministerio? La edificación; ¿de qué? ¿De tal cual denominación? ¿Vamos a fundar una denominación nueva? no, no; eso no es; eso no da la talla. El Señor no quiere edificar novecientas denominaciones más; Él está interesado es en la altura de la casa, 30 codos de alto. La madurez de Cristo en el cuerpo. En eso se interesa el Señor; la madurez de Cristo en el cuerpo.

Tres metas

“13Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, (y eso es) a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Aquí hay tres metas que son una. ¿Hasta que todos lleguemos a qué? A tres cosas que son mutuamente relacionables.

Primera meta: Unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. Mientras la Iglesia no madura, mientras esté siguiendo las muchas opiniones humanas, muchas divergencias, muchas vertientes doctrinales polarizadas, no se ha llegado a la unidad de la fe y del conocimiento; sino que unos creen de una manera, otros creen de otra, pues hay muchas maneras de enfocar las cosas. Cuando se va madurando en Cristo, se va logrando, y de a poco se va llegando; porque es un proceso, un perfeccionamiento para llegar a la unidad de la fe, y no sólo de la fe sino también del conocimiento del Hijo de Dios. Esa es la primera meta, hasta que todos lleguemos allí, a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios.


Segunda meta: A un varón perfecto. Esa es la madurez de Cristo; la madurez de Cristo en cada uno de nosotros, y de todos juntos en uno. De lo individual se pasa a lo corporativo.


Tercera meta: A la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Esa es la casa. Tiene 30 codos de alto. ¿Dónde está la casa? En la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. Los 30 codos se relacionan con el varón perfecto. La medida de la estatura de la plenitud. No son unas personas, sino una casa. Quiere decir, hermanos, que todos los sufrimientos que tenemos es para dar ocasión a que algo nuevo de Cristo aparezca y se forme en nosotros.

Nosotros ya tenemos a Cristo, pero la Biblia habla de que Cristo se forme dentro de nosotros; pero nosotros conocemos ciertas cosas de Cristo, nosotros conocemos de Cristo hasta cierta medida; pero hay otras cosas que Cristo es, que todavía no hemos tocado, no hemos percibido; son novedades para nosotros. Hay muchas cosas nuevas de aquí para adelante, pero todas de Cristo,


Entonces, bueno, ya estamos en Cristo hasta aquí, pero hay cosas que no hemos tocado de Cristo, y que no se han formado de Cristo en nosotros. Entonces “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch. 14:22). Es necesario que haya en nosotros disensiones, para que manifiesten los que son aprobados. La aprobación no es sino un poco más de Cristo. Nadie es aprobado en sí mismo; sólo somos aceptos en Cristo. Todo lo que nos acontece, en toda la situación en que el Señor permite que nosotros necesariamente caminemos, es con el objetivo de que algo más de Cristo se forme, un poco más de la madurez de Cristo.


Los dolores de parto

Antes de pasar por eso, todavía yo no había tocado aquellos aspectos de Cristo, pero ahora que estoy pasando por todo esto, estoy abnegado a que Cristo empiece a mostrar otras cosas que yo no había visto. Sí, yo había visto aquello, pero no había visto esto; o había visto esto, pero no había visto aquello. Pero es un Cristo que se va formando, y a eso se le llama los dolores del alumbramiento, como la mujer que va a dar a luz un niño. El Señor mismo padeció a fin de perfeccionarse “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (He. 5:8). “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (He. 2:10). Perfeccionase por aflicciones; ¿para qué? Para aprender la obediencia. El perfeccionamiento viene después del aprendizaje de la obediencia, y Dios utiliza las aflicciones; por eso se llaman dolores de parto; por eso dice que la mujer estaba en la angustia del alumbramiento.

Es necesario pasar por angustias, pasar por complejidades, pasar por apreturas, pero eso nos obliga a buscar al Señor. Cuando buscamos al Señor en esa situación, y si lo buscamos sinceramente, y como nuestra hermana habla de humillarnos cada vez un poco más, entonces le damos un poquito más lugar a Cristo. Entonces ahí es cuando la mujer va creciendo encinta, y el varón perfecto se va formando en el vientre de la mujer.


Jesús dijo: “20De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo” (Juan 16:20-22). Eso representa la formación de Cristo en la Iglesia; es decir, el aparecimiento de los vencedores por medio de la madurez de Cristo.


Entonces, ¿para qué es que era necesario pasar por aflicciones? Para que los vencedores se formen, para que se manifiesten los vencedores. Usted no es vencedor aparte de Cristo; pero para que se forme Cristo es necesario estar en situaciones que a veces uno no sabe qué hacer, como reaccionar, qué decir, hasta que busca a Cristo, y Cristo le dice cómo. Con esto aprendió un milímetro más de Cristo.


Siguiendo la verdad en amor

Ahora, ¿saben qué, hermanos? Eso no es sólo a nivel personal. De eso es que estamos hablando. Porque es que a veces tomamos esto sólo a nivel personal; pero no; aquí se trata de la madurez de Cristo apareciendo en la comunión de la iglesia. La madurez de Cristo apareciendo en la comunión legítima, espiritual de la iglesia. Por eso dice: “14Para que ya no seamos niños fluctuantes (ya no; es decir, cuando somos inmaduros, somos niños fluctuantes, influenciables; vamos de aquí para allá), llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. Cuánta astucia hay en el mundo religioso, cuánta política.

“15Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. ¿En quién hay que crecer? En Cristo. Crezcamos, pero así en plural, todos juntos, para así, lo que tengamos que pasar sea todos juntos, por medio de lo que sea necesario que pasemos; sólo Él sabe lo que sea necesario, porque Él es el que sabe. Uno no sabe lo que hay que pasar para aprender la obediencia. Crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, la estatura del varón perfecto; y dice que es Jesucristo. No es sólo la cabeza; es cabeza y cuerpo.


“16De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente”. En el original griego dice: coyunturas del suministro, pues el traductor aquí era un poco congregacional, cuando tradujo que se ayudan mutuamente. A nosotros nos gusta mucho la mutualidad; sin embargo el griego dice coyunturas del suministro.


16De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas del suministro, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. ¿Quién recibe el crecimiento? El cuerpo. Aquí no sólo se trata de un miembro; sino que si estamos contentos con sólo el crecimiento de un miembro, es porque todavía no estamos en el sentir de Cristo. Cierto que Cristo murió por mí, cierto que Cristo murió por ti, pero también Cristo se entregó asimismo por la Iglesia para presentarse a sí mismo una Iglesia gloriosa, santa y sin mancha. Vemos, pues, que el alcance y el objetivo de la obra de Cristo es el casamiento con Su Iglesia. No sólo es salvar pecadores individuales. El asunto es con la Iglesia. Se trata de todo el cuerpo bien concertado. ¡Ayayay, qué difícil es esto!


Sí, en Cristo, sí, es bien, pero en Adán ¿qué? Mal concierto. Qué difícil es estar bien concertado; qué desconcierto; Dios tenga misericordia.

Ahora, esa palabra, concierto, es muy interesante porque no solamente es concertar piezas. Imagínense, aquí tenemos dos músicos; ellos lo saben; yo también sé lo que es un concierto. En el concierto se escucha el piano, que es tan diferente del violín, pero van juntos; la trompeta, los clarinetes y la percusión, y por fin sale una armonía; es un concierto. ¿Y en nosotros? Tendremos cara de flauta, o de guitarra; aquí hay muchas caras de instrumentos, pero tiene que salir un solo concierto, el cántico del Cordero. “Bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas del suministro, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.


La edificación es la unidad de la fe, en el conocimiento del Hijo de Dios, el varón perfecto, la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, y por amor perfecto. Perfeccionados en amor. Tenemos que caminar para ser perfeccionados en amor. Treinta codos de alto es la madurez de Cristo en el cuerpo. Amén.

EL PÓRTICO DEL TEMPLO

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 0:57, Categoría: General


El templo de Dios (5)

CAPÍTULO V

EL PÓRTICO DEL TEMPLO


La casa de Dios y el misterio de Cristo

Hoy vamos al capítulo 6 del libro 1̊ de los Reyes, donde, con la ayuda del Señor, consideraremos Su Palabra, que nos habla de nuestro Dios, y de nosotros con Él, y Él con nosotros; porque Sus planes son preciosos. Vamos a leer en 1 Reyes 6:3.

Antes de leer esta traducción quiero contarles a los hermanos que he revisado el texto en el idioma hebreo con la ayuda del interlineal que tenemos aquí, y he comparado las traducciones diversas que pudimos tener a la mano, algunas en español, otras en portugués, y me complace decirles, hermanos, que encontré esta traducción que estamos leyendo de Reina Valera 1960, por lo menos en este verso, mucho más ajustada al texto hebreo que otras. Le agradecí mucho al Señor, que nos hubiera tocado tener esta traducción y poderla usar en esta noche.


Hoy, con la ayuda del Señor, vamos a detenernos en el tercer versículo. Dice así: “Y el pórtico...”. La palabra en el hebreo es ulan; algunas traducciones dicen atrio, otras dicen vestíbulo, pero la que expresa con más exactitud es precisamente pórtico, sí, pórtico delante del templo. Esa palabra es jecal y se refiere al Santuario incluido el lugar santo y el Santísimo,  aunque el Lugar Santísimo se llama debir, el lugar santo sí se le suele llamar jecal, y al vestíbulo, a la entrada al pórtico mismo, que es algo menor que todo el atrio, que es muchísimo más amplio, la palabra es ulan.


Entonces dice: “3Y el pórtico delante del templo de la casa...”.

Notemos que la casa es más grande; una parte de la casa es el templo; la casa incluye todo el atrio con todos sus patios interiores, en cambio el templo incluye el edificio central incluido el lugar santo y el Lugar Santísimo, y el pórtico es solamente la entrada del santuario, es decir, de lo que aquí se llama el templo. “Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos”.


Conversábamos esta mañana con los hermanos que nos reunimos los viernes aquí por la mañana y por la tarde, cuántas cosas sería necesario haber profundizado y tenerlas claras para que sirvieran de base para aprovechar todo lo que dice este versículo. Este versículo realmente es muy rico;, en este versículo están implicadas muchas áreas de la revelación divina. Mis hermanos saben que todo el asunto de la casa de Dios, el templo de Dios, se refiere de manera muy específica, y creo que no encontraremos en la Biblia otro sentido al templo de Dios, a la casa de Dios, que el del misterio de Cristo. En el capítulo 3 de la epístola a los Efesios, se nos expresa que el misterio de Cristo es el cuerpo de Cristo; allí nos dice Pablo que por revelación le fue declarado este misterio; y dice ahí en el versículo 6 del capítulo 3 de la epístola a los Efesios, que ese misterio (el de Cristo) se refiere a que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la herencia por o mediante el evangelio. Eso significa que la esencia  del misterio de Cristo es el Cuerpo de Cristo.


La casa de Dios es el cuerpo de Cristo

Sabemos que el cuerpo de Cristo es la casa de Dios. El Cuerpo de Cristo es el templo de Dios; por lo tanto, cuando estamos leyendo estos pasajes del templo de Dios, estamos leyendo acerca del misterio de Cristo. Todo  el asunto de la Casa de Dios, todo el asunto del Santuario y todos sus detalles, su visión global y sus detalles particulares, se refieren al misterio de Cristo, y el misterio de Cristo es el Cristo corporativo, es el cuerpo de Cristo. Todo muestra distintos aspectos de Cristo. El fundamento es Cristo, la puerta angular es Cristo, el revestimiento interior es Cristo, pero distintos aspectos de Cristo. Ahora, aquí estamos viendo un aspecto de Cristo, como el pórtico. Cristo es también el pórtico, Cristo es la puerta de las ovejas. Él dijo: Yo soy la puerta; el que por mí entrare, hallará pastos.

Cristo mismo es el pórtico de Su casa

Vemos que el Señor mismo nos da la clave, que Él es, por una parte, el tabernáculo de Dios. Dice la Palabra que el Verbo tabernaculizó entre nosotros; eso lo dice el apóstol Juan en su primer capítulo de su Evangelio; allí usa precisamente en el idioma griego, la  palabra tabernaculizó, para producir precisamente la correspondencia del Nuevo Testamento con el Antiguo; él utilizó esa palabra, ese verbo que no se usa en español pero fue el que usó Juan: tabernaculizar.

Ahora Cristo se presenta como la puerta, como el pórtico; y este asunto del templo es el misterio de Cristo, pero aquí estamos viendo un aspecto clave del misterio de Cristo y es el pórtico. En este pórtico vemos que el Señor revela algunos detalles. Jesús dice: El que por mí entrare; el pórtico es la entrada; por el pórtico es que se entra dentro de la casa; no hay otro lugar por el que se pueda entrar a la casa, porque la casa tiene muros, y las ventanas son estrechas; la única manera de entrar a la casa es por la puerta, es por el pórtico; y el Señor habla de entrar por Él. Pero resulta que aquí se nos describe el pórtico de una cierta manera, se nos describe el pórtico con unas ciertas medidas, y las estamos relacionando todas, unas con las otras, porque todas ellas son detalles reveladores de aspectos de Cristo.


No sé si mis hermanos al leer las medidas del pórtico, se dieron cuenta que también  el pórtico, al igual que la casa, tiene una medida de largo y una medida de ancho. La casa tiene 60 codos de largo y 20 codos de ancho, en cambio el pórtico tiene 20 de largo y 10 de ancho; vemos, pues, que el pórtico, al igual que la casa, es un rectángulo, y ese rectángulo nos habla también de dos aspectos. Así como la casa, por una parte, tiene una longitud que se refiere, con los 60 codos, a la inclusividad, a la receptividad de la Iglesia, a todo lo que la Iglesia debe contener, todo lo que típicamente  debe estar en la Iglesia; pero tiene a la vez una anchura, un poco más estrecha, que se refiere a aquello que es específico y santo, y que separa a la Iglesia del mundo; lo mismo sucede con el pórtico. La longitud del pórtico es exactamente la anchura de la casa; porque habíamos visto el ancho de la casa, que se refiere a lo que es específicamente de Cristo. Sí, hay de toda clase de razas, hay de toda clase de sexo, varón y mujer, hay personas de toda cultura de toda nacionalidad, ricos y pobres, etc., cultos e incultos; sin embargo no todos son incluidos, sino solamente los que están en Cristo; por eso es que el ancho de la Casa es exactamente igual al largo del pórtico; coinciden el ancho de la casa y el largo del pórtico, sin embargo el ancho del pórtico nos muestra que así como en cuanto a la casa existe una selectividad, no todas las personas del mundo son incluidas sino las que reciben a Cristo, así también existen dos aspectos en el pórtico: el aspecto del largo del pórtico y el aspecto del ancho del pórtico; porque una cosa es ser salvo en Cristo y otra cosa es ser vencedor en Cristo. Por eso también el pórtico manifiesta una selectividad en el ancho; no es igual el largo del pórtico al ancho del pórtico.


Dos aspectos de la salvación

Y ¿por qué es que es diferente el largo y el ancho del pórtico? Porque no es lo mismo ser salvo que ser vencedor. Por medio de Cristo es que somos salvos, pero la Palabra del Señor nos muestra dos aspectos de la salvación: uno relacionado con el largo del pórtico, y otro relacionado con el ancho del pórtico.

1) La salvación de la ira. Sed salvos de la ira, dice la Escritura; es una salvación que puede llamársele y ha sido llamada con propiedad salvación jurídica o de tipo jurídico; es decir, el Señor pagó el precio de nuestros pecados; eso fue algo que ocurrió objetivamente en la historia, fuera de nosotros; ocurrió delante de Dios. Cuando aún nosotros éramos pecadores, el Señor pagó el precio y cualquier persona que crea, sin hacer nada, sin obras, que crea que Dios lo amó y por ese amor envió a Su Hijo, el cual murió por nuestros pecados, el que crea en Jesús como el Hijo de Dios, en su muerte, en su resurrección, solamente por creer, es salvo. Salvo de la ira, salvo jurídicamente delante de Dios; esa persona ya no se va a perder eternamente.


2) Pero hay otro aspecto de la salvación en la Biblia, que ya no es solamente la salvación jurídica objetiva, realizada por sólo Cristo, sino también la salvación por la vida; no sólo salvos de la ira, sino salvos por su vida. Es una salvación aplicada, es una salvación usufructuada, una salvación realizada en nuestra experiencia subjetiva; es otro aspecto de la salvación, y esa es la que tiene que ver con los vencedores. Cristo es un pórtico, Él es la puerta, pero por medio de Cristo no solamente se entra en la salvación, por medio de Cristo también se nos da amplia y generosa entrada en el Reino eterno.

Entonces Cristo es suficiente para salvar a todo aquel que en Él crea.

Una vez que una persona creyó, así sea en la hora de la muerte, habiendo cometido muchos pecados como aquel ladrón que murió al lado de la cruz, en otra cruz, es salvo. Pero eso no quiere decir que vaya a tener una posición en el Reino como la tendría por ejemplo Pablo o Juan, porque no solamente existe el aspecto de la salvación, sino que existe también el aspecto del galardón. La salvación inicialmente, el comienzo y la base de la salvación, es jurídica; lo que el Señor es y lo que el Señor hizo y lo que nosotros creemos, eso nos da entrada al camino de la salvación, comenzamos a ser salvos y fuimos definitivamente salvos del juicio eterno, del lago de la muerte segunda, del lago de fuego eternamente. Ese aspecto ya está cubierto.


El caso de las diez vírgenes

Pero la Palabra del Señor también nos presenta que había diez  vírgenes, las diez son llamadas vírgenes, las diez creen en el esposo, las diez esperan al esposo, pero de esas diez, la mitad, de veinte codos, sólo diez codos, solamente la mitad son prudentes. Al final, las necias dirán a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan” (Mt. 25:8); es decir que habían estado encendidas, tenían aceite, eran personas que participaban de la vida divina; no eran personas que podríamos decir, incrédulas, porque estaban esperando al esposo. En la parábola no dice que tenían las lámparas apagadas o que nunca las habían tenido encendidas, sino que se apagaban porque tenían poco aceite; no dice que no tenían aceite; las otras, las prudentes, no solamente tenían aceite en sus lámparas sino que tenían un aceite de reserva para que cuando se estuvieran apagando sus lámparas realimentaran sus lámparas con aceite.

Ahora, nosotros sabemos por la Palabra del Señor que la lámpara de Yahveh, como dice Proverbios, es el espíritu del hombre, y entonces se necesita no solamente tener la vida del Señor y ser salvos, sino también ejercer el poder del Señor; es el aspecto de la salvación por la vida. Cuando la Biblia dice: “mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Ro. 5:10). Quiero llamarles la atención a ese versículo, para que mis hermanos vean esos dos aspectos de entrar por Cristo, por la fe, pero también para vencer. Vamos a Romanos donde podemos ver esos aspectos, en Ro. 5:6-11. Sabemos que Cristo es la puerta, Cristo es el pórtico; pero hay que tener en cuenta que el pórtico tiene ciertos detalles. Así como cuando se habla de la salvación por la fe en Cristo, la Biblia muestra muchos detalles también en la salvación. No es una puerta simple, no; es una puerta compleja. La salvación  tampoco es algo simple. Cuando vamos a recoger todos los versículos que nos hablan de la salvación en la Biblia, encontramos que a veces dice: somos salvos por gracia, y a veces dice: ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor; y a veces dice: será salvo (futuro). A veces dice: somos y tenemos vida eterna, y a veces dice: ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, y a veces dice: será salvo, y dice: para vida eterna.


Los tres tiempos de la salvación

A veces dice que ya tenemos la salvación, pero también nos dice que hay que alcanzarla. Son dos aspectos diferentes; un aspecto no anula el otro. Un aspecto se refiere al largo del pórtico, que es la obra jurídica de Cristo, la salvación jurídica, y la otra es el angosto, el ancho del pórtico, que es la experiencia de la salvación por la vida.

Entonces vamos a distinguir estos dos aspectos diferentes, porque cuando la Biblia nos habla de la salvación, nos habla de una manera muy amplia, y a veces sólo consideramos un aspecto de la salvación, o consideramos que ya somos salvos o que todavía no, o  que vamos a serlo. Pero la Biblia dice que somos, que estamos siendo y que seremos salvos; eso significa que hay que entrar por todo el pórtico.

“El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará  pastos” (Jn. 10:9); es pasar a través de Cristo.


Lo vemos en Romanos 5:6-11: “6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. (Ahí está el aspecto objetivo, la base jurídica de nuestra salvación del juicio eterno, de la ira) 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8Mas Dios muestra su amor para con nosotros...”; aquí están las palabras del mismo Jesús: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Listo. El Señor no dijo más cosas; dio a su Hijo, y que el que crea en el Hijo, tenga vida eterna y no perezca, sino que tenga vida eterna; esa persona que recibió al Señor Jesús se salvó eternamente y no perecerá jamás. Eso significa que se salvó del juicio eterno. Ahora, ¿se habrá salvado de sí mismo? ¿Se habrá salvado de su carácter? Ese es ya otro aspecto. De eso también nos tenemos que salvar. Dice Romanos 5: “8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

¿Qué pensaría uno? ¿Ya no falta nada? ¿Es ese todo el aspecto de la salvación? El siguiente versículo muestra una salvación de la ira.

“9Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. La obra de Cristo, su sangre derramada y recibida por fe es lo que justifica, pero ¿será que eso nos garantiza la entrada al reino? Por la obra de Cristo obtenemos justificación; o ¿será que Cristo no solamente nos justifica sino que nos da de esta manera que narró Pedro, amplia y generosa entrada en el reino?


“9Pues mucho más estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. Note el tiempo verbal; estando ya justificados por Él, y note otra vez el tiempo, seremos salvos de la ira.

OK. Aquí se habla de la salvación de la ira, aquí cuando dice seremos, es la seguridad en que el día en que el Señor venga a juzgar y a mandar al infierno eterno, al lago de fuego, a las personas, en ese día nosotros estaremos listos; desde ya somos salvos, y cuando llegue la hora de la ira del juicio eterno, eso estará solucionado. “10Porque si siendo enemigos, fuimos (fíjese aquí el tiempo otra vez pasado) reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, (otra vez) mucho más, (hay otra cosa todavía, además de ser justificados y salvos de la ira) estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. Aquí se habla de otro aspecto de la salvación, ser salvo por la vida; significa por participar de la vida divina, por usufructuar la vida divina, estando ya reconciliados, estando ya justificados y estando ya salvos de la ira; mucho más nos habla de otro aspecto de la salvación.


No sólo entrar al cielo sino también al reino

En el verso anterior decía ser salvo de la ira, pero ahora dice ser salvo por su vida. Una es la salvación jurídica y otra es la salvación orgánica, la vida. Se ha hablado correctamente esa palabra, una salvación aplicada. Cristo formado en nosotros, es la manera de entrar por medio de Cristo al galardón en el Reino; no solamente entramos a la salvación en el cielo sino también al galardón en el Reino por medio de Cristo.

Cristo nos hace entrar en la salvación y en la plenitud de la salvación; en el inicio y en la culminación; el que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. ¿Cuál es el día de Jesucristo? Cuando Él venga y seamos glorificados, y seamos semejantes a Él y glorificados como Él es. En ese día, la salvación orgánica habrá alcanzado en nosotros la plenitud de efectividad; es decir, habrá sido efectuada y aplicada. Ya fue efectuada en la cruz, pero es aplicada en la medida en que vamos creciendo en Cristo; en otras palabras, en la medida en que vayamos entrando por este pórtico, no solamente al Reino de los salvos sino también a la congregación de los primogénitos, al grupo de los vencedores.


Cristo ha provisto salvación y galardón

Hay dos aspectos diferentes: El Señor no solamente ha provisto salvación sino que ha provisto también galardón; por eso dije que en este versículo hay implicadas muchas cosas.  Todas las discusiones acerca de si la salvación se pierde o no se pierde, tienen que ver con este asunto acá. Todo el asunto de la diferencia entre salvación y galardón tiene que ver con este asunto acá, con ser miembro del Cuerpo de Cristo y con ser vencedor, pero tanto en una cosa como en la otra entramos por medio de Cristo. Cristo es la puerta para las dos cosas. Cristo es la puerta para ser salvo de la ira y Cristo es la puerta para  ser reyes y sacerdotes vencedores que reinaremos con Cristo mil años. Por eso, volvamos a leer este asunto del pórtico.

Volvamos a leer 1 Reyes 6:3 “Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos”. Claro que no se puede entrar a formar parte del Cuerpo de Cristo sino por medio de Cristo; por eso, ¿dónde tiene que estar el pórtico? delante. El pórtico no puede estar adentro, no puede estar en otra parte, no, no. El pórtico  está ahí en el muro, ahí en la entrada. Nadie puede pertenecer a la casa de Dios si primero no recibió al Señor Jesús. Si la persona no recibió a Cristo, está del pórtico para afuera. No puede haber eclesiología sin soteriología, no. Primeramente hay que ver quién es salvo; cuando sepamos quién es salvo, entonces sabremos quién forma parte de la Iglesia y quién está dentro del templo. Algunas personas pueden reunirse con la iglesia pero no entraron por la puerta; no tienen el vestido de bodas que es Cristo, nuestra vestidura; revestidos de Cristo, del nuevo hombre. Significa que las personas simplemente están en el ambiente cristiano, pero no son cristianas, no han nacido de nuevo, no han creído; entonces esas personas están excluidas de la salvación y mucho más del Reino; porque incluso personas salvas serán excluidas del Reino; porque no es lo mismo el Reino que la salvación; porque se sufrirá pérdida del galardón aunque no de la salvación.


Dice claramente 1 Corintios 3:13-15 que “13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó,  recibirá  recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida (pero no de la salvación), si bien  él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. Significa que esa persona, ese creyente, será salvo con pérdida y por fuego; no se perderá la salvación pero sí perderá algo, pero eso que perderá no es la salvación;  porque dice que “sufrirá pérdida, si bien el mismo será salvo”; significa que perderá todo su galardón o parte de su galardón. Por eso el apóstol Juan hablaba de recibir el galardón completo, es decir, que no se pierda parte del galardón de la persona o todo su galardón, o a lo mejor tenga que ser azotado; porque de eso habla también; habla de azotes a siervos; y dice el Señor que Él llamará a sus siervos; no está hablando de los incrédulos, no.


El juicio de los incrédulos es uno, pero el tribunal de Cristo es para juzgar a los siervos, a los salvos, a los santos, a los hijos; y dice que si hiciere cosas dignas de azotes, será azotado mucho o poco; claro que al decir mucho y decir poco no es decir eternamente; pero eso significa mucho. No podemos alargar el mucho y hacerlo eterno; ese aspecto no figura en el tribunal de Cristo. No estoy hablando del juicio eterno, el juicio de los que no han conocido al Señor, sino del juicio de los creyentes. Lo leemos en 2 Corintios 5:10: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. Vemos que recibirá también según lo malo que hiciere.


El largo de la salvación y el ancho de la victoria

Hermanos, hay una diferencia entre galardón y salvación. En esto hay que estar claro; y por eso es que este pórtico tiene un largo que se refiere a la salvación, y tiene un ancho que se refiere a la victoria; y son dos cosas diferentes. La salvación es por gracia, pero el galardón es por obras; pero el galardón es la posición en el reino, añadida a la salvación.

En aquellas ciudades donde reinarán los vencedores, aquel que tiene a su cargo 10 ciudades, ciertamente que los que están en esas ciudades no están perdidos, pues estarían en el lago de fuego y no en esas ciudades, o sea que estarán salvos pero no sobre esas ciudades. Su salvación está manifiesta, pero no tienen el galardón de aquel que tiene a su cargo 10 ciudades. Uno estará sobre una ciudad, pues solemos decir que hay una diferencia entre ser mero ciudadano raso, o ser el alcalde o ser el gobernador. El que está sobre 10 ciudades es como un gobernador de una decápolis. Otro, pues, será el alcalde, prefecto, de una ciudad en el Reino de los Cielos, y otro estará en una de esas ciudades, salvo, no perdido, pero no sobre.


Correr la carrera por el premio

Hermanos, cuando vemos lo del pórtico, hay muchas cosas que están implícitas acá. Por eso les dije que para tener un aprovechamiento profundo de este asunto, tenemos que hacer un seguimiento del asunto de la salvación, de esas discusiones que si se pierde o no se pierde; porque algunos cuando encuentran los versículos que se refieren al asunto del galardón se los aplican a la salvación. Por ejemplo, en donde dice que si yo corro de tal manera que alcance el premio, pero no todos alcanzan el premio, sino uno, no sea que yo habiendo sido heraldo para otros, sea eliminado; ese eliminado algunos se lo aplican a la salvación; pero ahí está hablando es de ganar el premio de la carrera, no se está hablando de la salvación; porque la salvación no es corriendo, la salvación se recibe creyendo. Ahora, el galardón sí es corriendo; por eso es que la longitud del pórtico también es más larga que el ancho del pórtico; el pórtico también es más selectivo, el pórtico es apenas la mitad, así como de las 10 vírgenes la mitad entrará al reino, al galardón en el reino.

“Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo”. Si usted recuerda, la anchura de la casa es exactamente de  20 codos. Entonces, ¿cuál es el pórtico? La longitud en el pórtico es exactamente igual a la anchura de la casa. ¿Qué quiere decir eso? Que la persona que está en Cristo está en la Casa; si cree en Cristo es salvo. “El que por mí entraré, hallará pastos”. Yo Soy la puerta, el que entraré por mí... Hay que entrar por Cristo.


Ahora, no solamente hay que creerle. Sí, por medio de creer en Cristo eres salvo de la ira, eres salvo del juicio eterno y obtienes la eterna salvación; pero esa fe, dice Pedro, debe desarrollarse en virtud; a la fe añadir virtud, y a la virtud, conocimiento, y al conocimiento, templanza, y a la templanza hay que alargarla y volverla paciencia, y la paciencia volverla amor; porque a veces tenemos paciencia y no amor; nos toca estirar la paciencia hasta que se vuelva amor; estirar la templanza hasta que se vuelva paciencia, y estirar la paciencia en Cristo, en aplicación de Cristo, en formación de Cristo, hasta que la paciencia se estire y se vuelva afecto fraternal; por lo menos afecto primero, entonces piedad, entonces amor, y de esta manera se os será otorgada amplia y generosa entrada en el Reino, no en la salvación, no; en el reino, que tiene que ver con el galardón; en la salvación ya entró en el primer escalón; no podría haber tenido virtud sin tener fe, porque la virtud viene de la fe, y se le fue añadida a vuestra fe, virtud.


Salvados para buenas obras

Bueno, cuando tú crees, experimentas el poder, la fidelidad; ahí hay virtud, ahí pasó a otro escalón. Ahora cuando experimentaste la virtud, ahí conociste de verdad, entonces ahí se estiró la virtud en conocimiento; y cuando conociste por experiencia, ahora sí el conocimiento se volvió templanza; ese es un conocimiento que no es solamente intelectual sino un conocimiento que te controla, que te restringe; sólo que al principio te restringe de a poco. Al principio es sólo templanza, pero a la templanza hay que añadirle paciencia; significa que es como si la paciencia fuera una templanza alargada. Y ya, claro, la paciencia después se vuelve afecto; y eso sí que es bello; y dice: “de esta manera”, entrando por esos escalones, porque  más adelante vamos a darnos cuenta que los escalones están en el pórtico. Sólo que todavía no he hablado de eso.

Hermanos, hay que entrar; y ¿cuál es la puerta? Es Cristo; entramos por la fe en Cristo en la salvación jurídica; pero hay que entrar en la salvación orgánica, la aplicación de la salvación, en el ser salvos por la vida. Ese crecer en Cristo es la entrada al Reino,  no a la salvación, no. Los que ya son salvos, son salvos para buenas obras, y esas buenas obras van a ser galardonadas en el reino, pero ese galardón no es lo mismo que la salvación. La persona podría perder su galardón o parte de él sin perder su salvación. “15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, (sí, pérdida, no de la salvación) si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; pero esa pérdida no será de la salvación, es de la recompensa de la obra, porque “he aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según (¿su fe o según sus obras?) sus obras” (Ap. 22:12). Lo que pasó fue que el catolicismo, tomó los versículos que se refieren al galardón por obras en el Reino de los ya salvos por gracia, y lo aplicó  a la salvación, y ahora otros aplican la salvación al Reino, la salvación al galardón, y piensan que por haber creído entonces se merecen estar con Pablo a la diestra o a la izquierda del Señor Jesús; no, no. Son dos cosas diferentes. La salvación es por gracia sin obras, pero el galardón es por obras para los salvos por gracia.


El reino milenial para los salvos en vida

El milenio es para el Reino, es para el galardón, para recompensar  las obras de los creyentes. El tribunal de Cristo se relaciona con las obras; en cambio el juicio del trono blanco, será para después del Milenio; dice que el que no está escrito en el libro de la vida, ese será condenado por sus obras, pero no se salvará porque no está en el  libro de la vida; no está allí porque no tiene vida. Son, pues, dos cosas diferentes: la salvación es una cosa y el galardón es otra. La salvación  de la ira tiene que ver con la salvación por la fe,  y es la salvación que estamos llamando jurídica; en cambio la salvación por la vida, no de la ira sino por la vida, es la salvación orgánica, la salvación aplicada.

Cristo formado de tal manera que la persona experimenta un desarrollo en su vida espiritual, y poniendo diligencia, su fe se perfecciona en virtud, de virtud en conocimiento, de conocimiento en templanza, de templanza en paciencia, la paciencia en afecto fraternal, y el afecto fraternal en amor; de esa manera, no dice por la fe; por la fe se salva, pero la fe no basta para ser galardonado; la fe hay que perfeccionarla mediante un desarrollo del conocimiento verdadero hasta alcanzar la salvación orgánica. “Porque de esta manera (agregando escalón a escalón) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pe. 1:11); esta es otra cosa; no hay que confundir la salvación con el Reino.


El reino es para los salvos en vida, la salvación sólo es para los salvos de la ira por la fe; todo es por fe; la fe es la base incluso para el Reino porque sobre esa base, el primer escalón de la fe, es que a la fe se le añade virtud; desde la fe se recibe la virtud, y esa virtud se vuelve experiencia, que es el verdadero conocimiento de Dios, y ese conocimiento es el que realmente te restringe porque conoces a Dios, conoces su salvación y te conoces a ti mismo; entonces ese conocimiento se vuelve templanza. Y esa templanza se vuelve paciencia. etc., y de esa manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino; y vuelve a hablar de la entrada. ¿Y qué son todas esas etapas? ¿todos esos escalones? son la formación de Cristo, es el crecimiento en Cristo, es entrar por el pórtico pero ya no para la salvación, sino también para el galardón.


Despojarnos del viejo hombre

Porque Cristo es la puerta de las ovejas; por Él somos salvos de la ira y somos salvos en vida. Dios quiere que nos salvemos no solamente del lago de fuego, sino también de nosotros mismos; por eso Cristo también crucificó el viejo hombre. Por eso ahora nosotros en unión con Cristo, debemos despojarnos de aquello que ya fue crucificado;  pero dice: despojaos vosotros del viejo hombre. Ya fue crucificado el viejo hombre, pero vosotros debéis  despojaros de lo que ya fue crucificado. Esa es la aplicación de la provisión en Cristo por la fe y ejercicio de fe en nuestra vida particular. Ese es otro aspecto.

En el pórtico delante del templo, la casa tenía 20 codos de largo, exactamente el ancho de la casa. Eso se refiere a Cristo en la salvación jurídica de la ira. Y dice: a lo ancho de la casa. ¿Cuál era el ancho de la casa? La casa es un rectángulo. Tiene 60 codos de largo y tiene 20 codos de ancho; vemos que en la parte del ancho, allí es donde está el pórtico. A todo lo ancho de la casa allí está el pórtico; y el ancho ya no se refiere al ancho de la casa sino al ancho del pórtico.

Tengamos en cuenta y distingamos que el ancho del pórtico no es igual al ancho de la casa; el largo sí. Quien esté en Cristo, quien haya creído en Cristo, está salvo. Por eso el ancho de la casa es igual al largo del pórtico, porque la persona que cree en Cristo es ya salva y es de la Iglesia, pero no es todavía vencedor. Así como la casa es un rectángulo selectivo, así también el pórtico es asimismo un rectángulo selectivo. Así como no de todos los seres humanos, aunque de toda clase de seres humanos se pueden salvar, no todos serán salvos sino los que crean en Cristo, así por eso es un rectángulo, por eso el pórtico también es un rectángulo.


Los vencedores entre los cristianos

No todos los salvos en Cristo son vencedores. Entonces los salvos vencedores definen el ancho del pórtico, no de la casa. El ancho del pórtico es inferior al ancho de la casa; el ancho del  pórtico es apenas la mitad. Por eso dice así: “Y el ancho delante de la casa era de diez codos”; es decir, más o menos 5 mts,; o sea, la mitad. ¿Cuál es el largo? Diez. ¿Cuántas vírgenes estaban esperando al esposo? Diez, pero ¿cuántas lo recibieron y entraron a la boda? Cinco. No todos los miembros de Cristo que están en la Iglesia son vencedores, sino “al que venciere le daré...”. Ahora, el que creyere, será salvo, pero al que venciere, le daré. Son dos cosas diferentes: para poder ser vencedor,  primero tiene que ser creyente; todos los vencedores son creyentes, pero no todos los creyentes son vencedores. Los creyentes son salvos, pero los vencedores son reyes. Claro que son salvos también, lógico. Dios quería que todo Israel fuera un reino de sacerdotes, todo, pero le tocó sólo a la tribu de Leví; y de entre ellos les tocó ser sacerdotes sólo a los coatitas,  y  de los coatitas sólo a los aaronitas; y aunque Dios quería que fuera para todos, el sacerdocio sólo quedó para los de Aarón, en el antiguo pacto. Así Dios quiere que en el Milenio todos reinen con Cristo mil años, pero sólo reinarán los que vencieren; los demás estarán salvos, y en la Nueva Jerusalén estarán, pero no se sentarán  a la mesa en el reino con Jesús y los  patriarcas, los profetas y los apóstoles y los vencedores; su posición en el reino será inferior porque de las estrellas, unas  tienen más gloria que las otras, se diferencian una de la otra en gloria.

La Biblia le llama gloria a lo que los astrónomos le llaman magnitudes; estrellas de primera magnitud, de segunda magnitud, de tercera magnitud, sin embargo, en el Cuerpo de Cristo habrá vencedores de primera magnitud, de segunda magnitud, de tercera magnitud. Sí, todos serán salvos pero no todos brillarán igual en el Reino. Tenemos lo de las minas; le fue dada una mina a cada uno; no hablo de la parábola de los talentos, porque los talentos fueron repartidos en diferentes cantidades; a uno se le dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno; al que menos se le dio, fue un talento; pero la parábola de las minas es otra.


Lo que determina el galardón

Todos tienen la misma mina, una sola mina, pero uno produjo con su mina diez minas, el otro produjo con su mina cinco minas, también está bueno, pero  el otro no produjo nada con su mina. ¿Qué sucede entonces? Ahí sí el que produjo diez minas estará sobre diez ciudades; el que produjo cinco minas con su mina, estará sobre cinco ciudades; significa que su galardón se recompensará con lo que haya hecho con su salvación, mientras estaba en el cuerpo. Por eso en una parte dice:

 “8Sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8,9); y por otra parte, dice: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Flp. 2:12). Cuando dice: creados en Cristo Jesús, eso es ser salvos, pero cuando continúa para buenas obras, eso es para edificar sobre el fundamento una súper estructura de la cual se determinará su galardón. El tener derecho a comenzar a sobreedificar es la fe en Cristo. Ahí ya está  sobre el fundamento, ya eres hijo, pero ahora que eres hijo, salvo por gracia y por fe, no por obras, porque fuiste creado de nuevo, recreado en Cristo Jesús, “creado en Cristo para buenas obras”, las cuales Dios recompensará.


Ese aspecto de ese pórtico misterioso es un poco más angosto. Bueno, por eso dice: “y el ancho delante de la casa era de diez codos”. Este es un pórtico que en cuanto a los vencedores es más selectivo que en cuanto a los creyentes. Los creyentes se salvan, pero de los salvos algunos serán vencedores y se les otorgará amplia y generosa entrada en el Reino eterno. Ese es otro aspecto. ¿Se han dado cuenta cuántas cosas están implicadas en este versículo del pórtico? El Señor es la puerta, pero Él es una puerta un poco compleja. Después más adelante, veremos otros detalles de la puerta. Vamos a ver que la puerta tiene dos alas, y cada ala tiene otras dos; tiene muchos detalles esta puerta.


Hermanos, por lo menos hasta ahora hemos visto este aspecto del pórtico, del ulam como se dice en el idioma hebreo. Hay selectividad en cuanto al reino del cual participarán sólo los vencedores; así como la salvación es para toda clase de seres humanos, pero no todos serán salvos, sino los que crean, así también para todos los que crean hay salvación pero no galardón igual. El galardón es para los que venzan.

El precio alcanza para salvar a todos, pero será efectivamente sólo para aquellos que crean. Ahí está por qué es rectangular la casa, por qué tiene 60 de largo y apenas 20 de ancho. Pero también el pórtico es rectangular. También en el pórtico hay selectividad, no todos los salvos serán vencedores. Los vencedores serán solamente aquellos que sean salvos por vida, no sólo por fe;  claro, por fe son salvos del juicio eterno, pero ahora viven en Cristo y creen en Cristo, y de esa manera se les otorga entrada por la puerta, la entrada de la puerta; pero ya no habla aquí de la puerta de la salvación, sino de la puerta del Reino. Eso es lo que tiene que ver con el milenio, no sólo con la salvación.


Yo sé que esto tuve que decirlo así dando por sentado muchas cosas que había que explicar. Yo sé que detrás de esto hay muchas controversias de siglos en la historia de la Iglesia, pero esas controversias le han hecho masticar mucho, mucho a la Iglesia. Se masticó a ver cómo era lo de la salvación, si por obras, si por gracia, y después si se pierde o no se pierde. Si no se pierde, si es lo mismo que galardón. ¡No!, eso no es lo mismo, y ese galardón es sólo positivo o también tiene azotes. Bueno, vamos a ver qué dice Dios en su Palabra. Fue necesario decir esto muy resumido. Debajo de esto hay mucha digestión de 20 siglos de la Iglesia. Nosotros vamos siendo herederos de toda esa digestión. Poco a poco. Bueno,  vamos a parar aquí, lo relativo al pórtico del templo de la casa.

LAS VENTANAS DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 0:45, Categoría: General


El templo de Dios (6)

 CAPÍTULO VI

LAS VENTANAS
DE LA CASA DE DIOS


El auténtico constructor de la verdadera casa de Dios

Estamos estudiando la Palabra en el capítulo 6 del libro primero de Reyes en el capítulo sexto, según la versión Reina Valera, revisión 1960. El capítulo 6 nos habla de la edificación del Templo de Dios por el hijo de David. Salomón es el hijo de David, figura del Señor Jesús.

Y así como Salomón en figura y según los planos revelados por Dios a David, construyó para Dios este templo que estamos siguiendo con atención, así también el verdadero Salomón, el verdadero Rey de Paz, el verdadero Hijo de David, que es el Señor Jesús, Él es el que está edificando la verdadera casa de Dios. Como Dios le había dicho a David: “David, tú has derramado mucha sangre, tú no me edificarás casa, pero tu hijo que nacerá de ti, él me edificará casa”. Sabemos que ese hijo de David verdadero que le edifica la verdadera casa a Dios es el Señor Jesús, y la verdadera casa de Dios es la Iglesia. No le pongo apellidos porque en la Biblia no tiene apellidos; son los hombres los que agarran pedacitos de la Iglesia y le ponen distintos apellidos y distintas personerías, pero no el Señor. El Señor no le puso apellidos ni personería a su casa.  Ningún apellido le quedaría suficiente y mucho menos una personería. Siempre las personerías se quedarán cortas para abarcar la realidad misteriosa de lo que realmente es el Cuerpo de Cristo. Ninguna personería puede realmente alcanzar lo que es la Iglesia.


En este capítulo 6 hemos estado siguiendo una serie sobre el templo de Dios; esto lo digo por causa de los que hoy están por primera vez.

En esa serie estamos viendo la manera cómo se edifica el Templo de Dios; cómo el Señor dio unas especificaciones  acerca de Su casa. De manera que en el capítulo 6, en el primer verso, que fue el primer mensaje que consideramos, vimos el momento de la edificación del Templo. Dios escoge un momento equis para edificar, porque si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; y es el Señor el que sabe el momento oportuno, las coyunturas, las sazones de la labranza de Dios. Luego vimos el segundo verso en tres reuniones; la primera referida a la longitud del templo, la segunda referida a la anchura del templo y la tercera referida a la altura del templo. El viernes pasado estuvimos viendo el siguiente verso relativo al pórtico del templo. Hoy nos corresponde pasar al siguiente versículo, detenernos un poco en él, que es el versículo número 4, que trata de las ventanas del templo. Hoy, pues, vamos a ver las ventanas del templo.


Nadie puede entrar a la casa de Dios por las ventanas

Es interesante que el Señor le puso ventanas al templo. Claro que si usted se fija bien cómo son hechas estas ventanas, se da cuenta que no se puede entrar al templo por las ventanas, porque como usted va a leer, las ventanas son estrechas por fuera. Aunque son anchas por dentro, son estrechas por fuera, y nadie puede entrar a la casa de Dios por las ventanas; solamente se puede entrar por la puerta.

Solamente en Cristo la persona está en la Iglesia. No se puede estar en la Iglesia sin primeramente estar realmente en Cristo. El Señor Jesús enseñó a los apóstoles, y lo dice el apóstol Pablo en Romanos capítulo 8, dice que el que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Él.

Significa que una persona que todavía no ha creído en el Señor Jesús y que no ha recibido efectivamente por la fe el perdón de sus pecados, y que por la fe en Cristo no ha sido regenerado, recibiendo el Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios se recibe por la fe, si esta persona no ha creído, si esta persona no se ha confiado en Cristo y no ha sido regenerada, esta persona no ha entrado por la puerta. Entonces esta persona no está todavía dentro de la casa de Dios. Puede ser que esté afiliada a alguna denominación, eso sí.


Membresía frente a la justificación por la fe

Yo recuerdo que me contaba el hermano Aniceto, un amado siervo del Señor allá en Brasil, que había sido convidado a predicar entre un grupo de luteranos, que así como aquí en Colombia la gente nace y ya desde niño la hacen católica romana, pues allá en Alemania, como la denominación oficial no es la católico-romana sino la evangélica-alemana, entonces, pues allá la gente nace y adquiere la ciudadanía alemana juntamente con la membresía a la iglesia de la nación. Ustedes saben que ese fue uno de los problemas que aconteció a partir de la Reforma. Se había de tal manera confundido el asunto de la Iglesia con el catolicismo, que no se esclareció suficiente con la Reforma. Sí, con la Reforma comenzaron a esclarecerse otras cosas que sí se esclarecieron bien y que era necesario que se esclarecieran primero, para que después se esclareciera la Iglesia. Fue el asunto de la justificación por la fe. La justificación por la fe fue verdaderamente lo que el Espíritu trajo en aquella época de la Reforma, en el Siglo XVI, para que llegara a ser posesión definitiva de la Iglesia como Él lo había querido desde el principio. Pero lógicamente, después de ver quién realmente está justificado es que se puede decir quién realmente está en la Iglesia.

Mientras eso no estuviera claro, el asunto de la Iglesia no estaba claro; y algunos, aplicando la parábola del trigo y la cizaña a la Iglesia, decían: Bueno, en la Iglesia hay trigo y hay cizaña. Pero cuando tú lees con cuidado aquella parábola del Señor Jesús sobre el trigo y la cizaña, te das cuenta que Él no dice que la Iglesia es el campo; el campo es el mundo. En el mundo se siembra la cizaña; el mundo es el campo. En el campo el Señor sembró la semilla, el trigo, que son los hijos del reino; ellos son los que realmente conforman la Iglesia, y entre los hijos del reino, en el campo que es el mundo y no la Iglesia, Satanás sembró la cizaña, que son los hijos del malo, que están conviviendo con los hijos del reino, pero no en la Iglesia, sino en el mundo.


Hoy vamos a ver un poquito más de este aspecto espiritual de la Iglesia. Llegó la época de la Reforma; con la época de la Reforma, bueno, muchos se salieron del cesaropapismo, de aquel gobierno absolutista en donde el papa y el emperador definían incluso la religión de las conciencias particulares. Eso de conciencias particulares parece que no se tenía en cuenta durante las edades medias.  Incluso yo he leído documentos por ahí del siglo VIII, del siglo IX que cuando algún señor feudal vendía su feudo o lo cedía a otro, lo cedía con todo y parroquianos, como si los parroquianos fueran gallinas. Sí, con todo y parroquianos. Y hacía el inventario de los parroquianos. Y eso fue aceptado así. A partir ya de la Reforma, las cosas comenzaron a cambiar.


Una pretendida iglesia invisible y otra visible

Pero entonces, de la iglesia imperial, que comenzó a desarrollarse con Constantino, se pasó a las llamadas iglesias nacionales europeas, en donde las personas al nacer en una nación tenían por obligación la religión del príncipe, del gobernante. Si el príncipe era de la línea luterana, entonces sus súbditos nacían luteranos; pero si alguien nacía en Holanda, podía ser reformado; si nacía en España, entonces era católico; y como España fue la que colonizó a Latinoamérica, entonces la gente en estas tierras nacía católica; y hoy en día todavía lo sacerdotes católicos consideran católicos a la mayoría de los colombianos. De hecho, cuando llegaron hace poco al colegio de mis hijos, que es del Estado, fueron directamente poniéndole a todos en la frente la cruz de ceniza de la cuaresma, dando por sentado que todos eran católicos. Claro, cuando fueron llegando hasta los cristianos, y éstos comenzaban a decir: “a mí no, a mí no”, se dieron cuenta que había muchos que pensaban diferente; y a partir de ahí comenzaron a preguntar: “¿Usted acepta o no?” Pero ellos antes ya venían directo a poner su señal a todos. Eso quiere decir que todavía en la época de la Reforma no se había clarificado el asunto de la Iglesia. ¿Qué sucedió entonces? Como empezó a haber personas que se decían ser de la Iglesia pero que su fruto era cizaña y no era trigo, surgió una nueva explicación; la de la iglesia espiritual invisible y la de la iglesia visible; que esa fue una etapa un poquito posterior; y todavía hay muchos que están en esa posición de la iglesia invisible y la visible. Claro que cuando tú lees la Biblia, tú no encuentras que la Iglesia sea invisible, o que la iglesia visible sea distinta de la invisible. En la Biblia, la Iglesia que es Iglesia en lo invisible aparece muy visible como candelero en las localidades; pero eso es algo que se ha ido clarificando por el Espíritu Santo durante varios siglos.

En este asunto que vamos a ver hoy sí vamos a ver un aspecto importante de la espiritualidad de la Iglesia, que es lo que aparece aquí implícito en este versículo de las ventanas; porque las ventanas no son para entrar a la Iglesia. Las ventanas sí son para que desde adentro se pueda ver un poco hacia fuera; pero fíjate que no es al revés. Fíjate en lo que dice allí de las ventanas del templo.


Ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera

Dice así: “4E hizo a la casa (fíjese que las ventanas fueron hechas para la casa, es decir, quien se debe  beneficiar de las ventanas no es la gente que está fuera de la casa, sino la gente que está en la casa) ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera”. Estas ventanas tienen la peculiaridad de que son anchas por dentro y estrechas por fuera. Por dentro de la casa las ventanas son anchas. ¿Ustedes se imaginan cómo es una ventana ancha por dentro? Imagínense un cuadro que es grande por dentro y alguna ranura un poco más angosta por fuera, y luego en forma como de trapecio, de manera que los que están adentro desde cualquier ángulo pueden mirar hacia fuera, pero los que están afuera, con mucha dificultad pueden entender lo que pasa dentro de la casa de Dios.

Y esto es muy interesante que nosotros lo comprendamos, porque el Señor a propósito diseñó así la Iglesia, justamente porque el Señor conoce que Satanás es un pervertidor. Como se está en un drama universal, ustedes saben que hay un drama universal que se está jugando, hay un partido que se está jugando en el universo, y ustedes saben que Satanás va a ser juzgado, y ustedes saben que va a ser juzgado por el Señor a través de la Iglesia, entonces Satanás está muy interesado en embolatar al expediente. Él está muy interesado en embolatar el expediente; él quiere tergiversar el testimonio de la Iglesia. Si él no puede hacer caer a la Iglesia realmente, por lo menos que parezca que cayó; o si no trata entonces de asociarse con la Iglesia, de enredarse así como un parásito en la Iglesia y tergiversar su testimonio y sacar partido echando el agua para su molino. Ustedes entienden. Satanás es muy astuto.


De ahí que, lógicamente, el nombre de Iglesia ha sido utilizado por muchas personas. Hoy en día, tú abres el directorio telefónico y encuentras una lista de muchas llamadas Iglesias; la “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”, la “Iglesia Cristiana Gnóstica”, y se aplican el nombre de iglesia muchas personas, y la gente de afuera realmente, cuando lee el directorio telefónico, y aunque no lo lea, cuando va por las avenidas, por los barrios, por las calles, encuentra cantidad de letreros, cantidad de personerías, cantidad de cosas y no entiende a la Iglesia. Realmente desde afuera no se puede ver muy bien a la Iglesia.


Ver y entrar al reino de Dios

El Señor Jesús dijo que el que no nace de agua y del espíritu no puede ver y no puede entrar. Primero dijo ver y después entrar. Vamos a fijarnos en eso allí en Juan. Fijémonos en ese detalle que nos muestra que la Iglesia tiene que ser conocida desde adentro por revelación divina. Juan 3, allí dice el Señor Jesús:

“3De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 5De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.


En este momento, el reino de Dios, el reino de los cielos, es la Iglesia. Cuando se estudia los misterios del reino de Dios, nos damos cuenta que el reino de Dios abarca muchos capítulos y abarca, digamos, muchas etapas. Se habla del reino de Dios de eternidad a eternidad en un sentido porque Dios siempre reina; en un sentido; pero hay otros aspectos del reino que le fueron cedidos a Israel, pero dice que como no dieron el fruto que debían dar, el reino de Dios sería quitado de ellos y sería dado a otro pueblo. Ahí es cuando entra la Iglesia en parte a tratar algo del reino.


Y aquellas parábolas donde aparece la Iglesia significada, aparece bajo aquél epítome: “el reino de los cielos es semejante a”; y entonces comienza a mostrar el aspecto legítimo del reino y el aspecto aparente del reino. Semejante es lo que parece, o lo que se puede llamar la apariencia del reino; hay trigo y también hay cizaña.

En la apariencia de la cristiandad hay trigo y hay cizaña mezclados, pero la realidad del reino no es lo que parece, es el trigo. Luego el reino se manifestará por fin de una manera definitiva en el Milenio. Por eso habla de que nosotros estamos trabajando para el reino. Por una parte estamos en el reino y por otra parte se nos dará entrar al reino.


Hay un reino eterno; de eternidad a eternidad, un aspecto del reino con Israel, otro aspecto del reino con la Iglesia, otro aspecto del reino con el Milenio, y un aspecto final del reino, al final, ya en la Nueva Jerusalén; pero todos esos son capítulos diferentes que se refieren a distintos aspectos del reino y que no hay que confundir. Por una parte habla de entrar en el reino y de que el reino no ha venido, y sin embargo se habla de que el reino será quitado de Israel. ¿Cuál es el que no ha venido y cuál es el que es quitado? Son distintos capítulos y distintos aspectos del reino. Ahora no estamos estudiando del reino, pero mencionamos esto para tenerlo presente, pero estamos hablando de la Iglesia, que sí es un aspecto del reino.


Fíjense que Pablo, cuando hablaba de su servicio en la Iglesia, dice: “Fulanos y fulanos, que son los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios”. Y cuando Pablo dice que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:17), allí no habla en futuro, sino en presente. Entonces hay un aspecto, no todos, un aspecto del reino de los cielos que corresponde al período de la Iglesia; eso nos dice que en el período de la Iglesia se está gestando el reino que será manifiesto en el Milenio, y luego consumado en la Nueva Jerusalén, pero son etapas del reino. Ahora, había una etapa con Israel, hay una etapa con la Iglesia, habrá una etapa en el Milenio, y habrá una etapa final con el cielo nuevo, la tierra nueva y la Nueva Jerusalén. Ahora no estamos todavía en la Nueva Jerusalén en el sentido final, aunque en otro sentido sí, en el de Hebreos, pero no en el sentido final. Ahora no estamos en el Milenio, pero estamos en la Iglesia y estamos en ese aspecto del reino. Y cuando el Señor dice “no puede entrar en el reino”, quiere decir que el que nace de nuevo entra en el reino; en el aspecto del reino que corresponde a la Iglesia.


Discernir el cuerpo del Señor

Dice así en Juan 3: “5El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va”. El que está adentro, se mueve según el Espíritu, el que está afuera  no entiende. “8...mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”, es decir, el que está dentro del reino, que realmente está en la Iglesia; no en la membresía de alguna denominación, sino en la realidad del cuerpo de Cristo.

El cuerpo de Cristo debe ser un asunto que debe ser discernido; y a veces incluso hermanos en Cristo, que están dentro del reino y de la Iglesia, ni siquiera disciernen bien el cuerpo de Cristo. Son parte del cuerpo de Cristo pero no lo disciernen; y por eso a veces necesitan ser corregidos con enfermedades o con debilidad, y a veces con la muerte prematura. No son expulsados de la salvación, ni del reino, ni del cuerpo, pero ya no pueden hacer más méritos porque el galardón en el reino sí tiene que ver con las obras, no la salvación. La salvación es por la fe, pero los salvos, que se salvan por gracia, que nacen de nuevo por gracia, que viven en Espíritu por gracia, le sirven a Dios y hacen obras mientras están en el cuerpo en la fe de Jesucristo, las cuales serán recompensadas en el reino; no con la salvación, sino con la posición en el reino; no hay que confundir salvación con galardón. La salvación es por la fe, el galardón es por las obras.


Dice Apocalipsis 22: “12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno (no según su fe, sino) según sea su obra”. También dice 2 Corintios 5: “10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba (no según su fe, sino) según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. Hermanos, mientras estamos en el cuerpo y estamos en la fe y estamos dentro del reino, servimos a Dios, y es allí cuando se debe discernir el cuerpo.


Sólo por nacimiento espiritual

Este asunto de las ventanas nos muestra la necesidad de la revelación espiritual para conocer la Iglesia desde adentro, para discernir el cuerpo; porque aquí nos dice lo siguiente: “9Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos (ese es el que está adentro),  y lo que hemos visto, testificamos (ese es el que está adentro); y no recibís nuestro testimonio (ese es el que está afuera)”. ¿Se da cuenta? Por dentro se sabe y se testifica, pero por fuera no se recibe el testimonio, ni se sabe, ni se conoce; entonces por eso las ventanas son anchas por dentro, pero angostas por fuera. Dice acá: “12Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”.

En el versículo 3 del mismo capítulo el Señor empleó otra palabra;  en el verso 5 empleó la palabra “entrar”, pero en el verso 3 había empleado la palabra “ver”. Dice allí: “3Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo...”; esta parte es antes de explicarle lo del agua y del Espíritu, que fue como una concesión explicativa del Señor; el que ya nació de nuevo, con sólo decirle nacer de nuevo ya entendería, pero al que no ha nacido de nuevo se le concede que se refiere a nacer de agua y del Espíritu.

Entonces dice: “3...el que no naciere de nuevo, no puede (note este verbo “poder”, es decir, capacidad) ver el reino de Dios”.


Cristianos por tradición

Vamos al segundo capítulo de la primera epístola a los Corintios, donde se nos habla también del aspecto espiritual de la casa de Dios; cómo la casa de Dios tiene ventanas anchas por dentro pero estrechas por fuera. Podemos leer desde el verso 6 para notar el contraste de la parte de adentro y de la parte de afuera del templo; porque la Iglesia, hermanos, es algo espiritual. Porque, ¿qué es el cuerpo de Cristo? Es el organismo de la vida divina. Aquella persona que está vinculada con la vida divina es movida por la vida divina y es un miembro vivo del cuerpo de Cristo.

Ahora, puede haber unas personas vinculadas a ciertos círculos cristianos pero que no han nacido de nuevo, así como estamos hablando de estos grupos que nos ha contado el hermano Aniceto, que allá en Brasil lo invitaron a predicar a un grupo de luteranos, y le decía el pastor: Bueno, hermano, más o menos de los 2000 luteranos que hay aquí, solamente unos 26 han nacido de nuevo; eso significa que los otros habían heredado la tradición luterana, así como aquí se heredó la tradición católica, pero no nacieron de nuevo. Formaban parte de la llamada iglesia luterana, pero no habían nacido de nuevo.

Eso no quiere decir que ninguno entre los luteranos ha nacido de nuevo; de cierto muchos han nacido de nuevo; incluso entre los católicos también hay nacidos de nuevo. Pero lo que hace a la Iglesia no es esa apariencia exterior. No es el embeleco del templo, de la personería, del estatuto; no es la conformidad exterior. Lo que hace que una persona esté realmente dentro de la casa de Dios es el nuevo nacimiento; es la participación con el Espíritu de Cristo por la fe. Esa persona es la que nació de nuevo. Sólo las personas que recibieron a Cristo por la fe y nacieron de nuevo, están dentro de la Iglesia. Ellos conocen el aspecto vivo de la Iglesia por dentro. Claro, para los de afuera puede ser invisible, pero ciertamente no es invisible para los de adentro. Los de afuera no pueden ver el reino, pero los de adentro sí. Los de adentro tienen la ventana más ancha; los de adentro sí pueden ver lo que está adentro y lo que está afuera. Los que están afuera pueden ver lo que está afuera, pero no lo que está adentro. El que está adentro ve adentro y ve afuera; el que está afuera sólo ve lo que está afuera y no ve lo de adentro.


La auténtica sabiduría es don de Dios por revelación

Dice 1 Corintios 2:6: “6Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, (ahí está: Hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; es la parte ancha de la ventana por dentro, pero cuando dice) no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo que perecen”; esa es la parte de afuera. Lo que el mundo tiene por luz, todavía es muy estrecho delante de la luz que el Señor dio a la Iglesia. Y dice: “7Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta”; note esa palabra: “oculta”; es decir, el Señor mismo la ocultó a propósito. El Señor dijo así: “25Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste (fue Dios el que escondió) estas cosas de los sabios y de los entendidos, (según el mundo, según la carne) y las revelaste a los niños” (Mt. 11:25). Note que revelar es algo interior; esa es la ventana ancha por dentro; y esconder es también un trabajo del Padre; es el Padre el que revela y es el Padre también el que esconde. ¿Saben que al Padre a veces le toca esconder? A veces le toca esconder, porque Él sabe cómo es el enemigo. Él tiene que esconder Sus cosas; y por eso a veces, cuando tú estás en el Espíritu, el Espíritu te hace cerrar la boca en muchos aspectos. Jesús mismo hasta de los discípulos cerraba la boca. “12Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad” (Jn. 16:12-13); y esa guianza es progresiva, es poco a poco. Significa que las cosas verdaderamente espirituales se conocen sólo por revelación divina, por inspiración e iluminación de Dios, y se conocen desde adentro para afuera; y la mente natural, como vamos a ver aquí a continuación, no entiende, no discierne las cosas espirituales que se deben discernir espiritualmente. Por eso estamos hablando de la espiritualidad de la Iglesia; conocer la Iglesia por revelación desde adentro.

Sigue diciendo 1 Corintios 2: “8La (sabiduría) que ninguno de los príncipes de este siglo conoció”; la sabiduría oculta, ¿no? que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, no para la del mundo; para adentro sí, para afuera no; “7...para nuestra gloria, 8la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria”. Eso significa que realmente Judas no conoció al Señor Jesús; no nació de nuevo. “9Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio (ahí está lo de afuera), ni oído oyó (ahí está estrecho por fuera), ni han subido en corazón de hombre (estrecho por fuera), son las que  Dios ha preparado para los que le aman”. Los que le aman; amplia por dentro. “10Pero Dios nos las reveló (eso es lo que quiere decir una ventana ancha por dentro; reveló) a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña (ahí está la ventana ancha por dentro), aun lo profundo de Dios”. ¡Aleluya! “11Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre (no de afuera, pero quién), sino el espíritu del hombre que está en él? Así (y ahí está la ventana estrecha por fuera) tampoco nadie conoció las cosas de Dios (tan, tan estrecha por fuera) sino el Espíritu de Dios (la ventana ancha por dentro). 12Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos (se necesita el Espíritu de Dios para saber) lo que Dios ha concedido”. Sin el Espíritu de Dios no se puede saber, no se puede ver.


Hay que entrar por la puerta para conocer a Cristo

Por eso con tanta claridad, el apóstol Juan, lo vamos a leer ahora, decía: “Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn. 3:1). Si las personas no entran por la puerta, no conocen a Cristo y tampoco conocen la Iglesia. Primero hay que conocer a Cristo para conocer la Iglesia; quien no conoce a Cristo por dentro, tampoco va a conocer la Iglesia. Sí, puede ser que conozca muchos jerarcas; puede que se mueva en grandes reuniones con el nuncio apostólico, allí en las cenas diplomáticas, en los grandes banquetes. Sí, puede ser incluso embajador en Roma; hay algunos de los embajadores en Roma son amigos de los nuncios, pero no han nacido de nuevo.

Parece que están en relación con la Iglesia, pero están muy afuera, si no nacen de nuevo.


Seguimos en 1 Corintios 2: “13Lo cual también hablamos (lo que Dios nos ha concedido), no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”. Esto que llama “lo espiritual” es el contenido, lo que Dios nos ha concedido, ¿acomodado a qué? a lo otro espiritual, que son las palabras enseñadas por el Espíritu. Las palabras que enseña el Espíritu son espirituales, y se acomodan a lo que refieren esas palabras: la realidad de lo que Dios nos ha concedido. La realidad de lo que Dios nos ha concedido es la sustancia espiritual que se acomoda a las palabras enseñadas por el Espíritu, que es lo espiritual.

 Aquí hay dos cosas espirituales que se acomodan una a la otra: “acomodando lo espiritual a lo espiritual”. Lo que Dios nos ha concedido, la sustancia, es acomodado a las palabras ensañadas por el Espíritu, o viceversa. Las palabras ensañadas por el Espíritu se refieren a lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos.


El hombre psíquico no puede percibir

Y dice: “14Pero (ahí está el otro lado de la ventana) el hombre natural (y la palabra en el griego es el “hombre psíquico”, el hombre almático, el hombre que está solamente en el ego de su vida natural, aquí se tradujo bien la palabra “natural” aunque en realidad es “el hombre psíquico”) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él  (no es que sean, es para él) son locura”. Ahí está: la ventana es estrecha por fuera. El hombre natural no entiende las cosas espirituales. Tú le puedes hablar, pero si la persona no ha nacido de nuevo; ahí te cansas. Pero cuando la persona está en la luz, apenas empezaste a hablar, te entiende de qué le vas a hablar.

¿Verdad? Ya sale hacia delante; el Espíritu le revela; después solamente, cuando oye las palabras dice: Amén, porque conoce desde adentro; y si no, para él eso es una cosa rara; y va a decir: “¿De qué estás hablando?” El hombre natural no percibe, pues la ventana es estrecha por fuera. “14El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede (otra vez vemos que es la capacidad del hombre natural; no las puede, no tiene la capacidad) entender, porque se han de discernir espiritualmente (es decir, haciendo uso del Espíritu)”.


Discernir espiritualmente se logra haciendo uso del espíritu; si el espíritu ha sido despertado, ha sido regenerado, entonces puede ejercer la función del discernimiento. Por eso es que el cuerpo de Cristo debe ser discernido. Al cuerpo de Cristo la gente no lo puede ver así por fuera. La gente por fuera va a ver muchas organizaciones; y si tú estás en la carne, vas a ver la Iglesia toda confundida en un montón de organizaciones; pero si tú estás en el Espíritu, vas a reconocer quiénes son tus hermanos y para ti no va a ser invisible la Iglesia, y vas a actuar de una manera muy visible, una comunión muy práctica y muy visible con todos tus legítimos hermanos ahí en tu localidad, ahí en tu lugar, en tu ciudad donde tú vives. ¿Por qué? Porque tú vas a discernir quiénes son tus hermanos; ¿por qué? Porque participas del mismo Espíritu, entonces disciernes.


El hombre espiritual puede ver y discernir

Ahora viene la otra cara de la moneda: “15En cambio el espiritual (es decir, el contraste con el hombre natural o el hombre psíquico; en cambio el hombre pneumático, el espiritual; ahí entra psiqué, alma, que se refiere al hombre exterior y pneuma, espíritu, que se refiere al hombre interior) juzga todas las cosas (tiene la ventana ancha por dentro; puede estar acá y ve hacia allá, puede estar al otro lado y tiene muchos ángulos para discernir las cosas); pero él no es juzgado de nadie”.

¿Sabe que el asunto de estar en la casa de Dios es un asunto de ver? El Señor dice: “mirad”; se lo dice al salvo. Cuando la persona ve lo que ve el Señor,  lo que hizo el Señor y cree en Él, nace de nuevo y entra; y cuando está adentro ve a sus hermanos. Claro que necesita madurar, necesita andar en el Espíritu. Si es un hombre natural, aunque sea un hijo de Dios, si está en la carne y si está en el alma, no va a discernir y no va a poder percibir, y se va a pegar unas cuantas confundidas. A la vez que la persona va madurando en Cristo y siendo espiritual, juzga todas las cosas (ventana ancha por dentro); y a la vez dice: “15pero él no es juzgado de nadie (ventana estrecha por fuera)”. Ustedes saben que la gente lo mira y dice: “¿qué será lo que tiene entre manos este tipo, o esta señora?” Pues, no entiende nada; aunque trata de captar, no entiende.


Pero el que está en el Espíritu, se encuentra con un hermano, y a veces sin necesidad de que hable, dice: “este es un hermano”; lo discierne. Esto es muy importante comprenderlo bien; nos muestra el aspecto interior y el aspecto exterior.


La verdadera sabiduría contrapuesta a la falsa

Ustedes saben que también hay otro pasaje que está ahí en Santiago 3:13, que hace esa diferencia entre las dos sabidurías. Vale la pena leerlo en este contexto. Ahí está el contraste entre lo natural, lo exterior, y lo espiritual, lo interior. La Iglesia no es invisible, no, pero se necesita verla con los ojos del Espíritu. El mundo no va a entender la Iglesia; la casa de Dios no se puede entender desde el mundo, no se puede entender desde la carne y desde la sabiduría natural. Dios quiere una casa que solamente se entiende desde adentro; que la entiende Dios.

Cuentan algunos libros históricos, no la Biblia, que el apóstol Tomás llegó una vez a la India a la jurisdicción de un tal rey Gondafar y comenzó a trabajar, a evangelizar, y entonces algunas personas recibieron al Señor; el mismo rey Gondafar obsequió algunos bienes para la edificación de un palacio; pero él pensaba que se empleaba para la edificación de un gran palacio; de manera que cuando fue pasando el tiempo y no aparecía el gran palacio sino que Tomás usaba eso para los pobres, necesitados y todo, el tal rey mandó a llamar a Tomás a preguntarle: “y bueno, ¿dónde está el palacio que estás edificando?” entonces Tomás llamó a todos los pobres del cuerpo de Cristo que estaban siendo atendidos por las ofrendas que recibía Tomás para la iglesia, y le dijo: “Este es el templo que estás edificando”; y le mostró a un montón de hermanos pobres que estaban recibiendo ayuda.


También hubo otro santo que se llamó San Lorenzo, el famoso San Lorenzo; esa fue la razón por la cual lo quemaron vivo en una parrilla; a él lo quemaron vivo, y cuando se estaba cocinado por un lado dijo: “ya estoy cocinado por aquí, ya puede voltearme, y puede comer”; y le dio a comer a los torturadores. A San Lorenzo lo quemaron por la misma acusación y la misma respuesta de Tomás, de que él estaba interesado en robar los tesoros del templo. Lorenzo era un diácono de la iglesia de la localidad; él administraba los bienes de la Iglesia; pero a la sazón había personas muy interesadas en robar los tesoros del pueblo de Dios, pero él ya los había invertido en los pobres; entonces cuando le dijeron que trajera los tesoros, él dijo: “con mucho gusto”, y fue y se trajo a un montón de hermanos pobres y se los presentó; pero al hermano no lo mataron a golpes, sino de a poco, cocinándolo, por esa razón. Vemos que tanto Tomás como Lorenzo, en estas historias antiguas del cristianismo, que no están en la Biblia, pero que están en la tradición, nos muestran que la Iglesia sí es espiritual, no invisible. No hay que confundir; la Biblia no habla de Iglesia invisible. La Biblia muestra a la Iglesia como un candelero para que los que entran vean la luz; la Iglesia está colocada por el Señor para ser vista; pero para ser verdaderamente entendida y verdaderamente vista, se necesita nacer de nuevo.


Entonces aquí Santiago 3 nos hace el contraste: “13¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta (ah, vemos que la verdadera sabiduría no se muestra sino por la conducta) sus obras en sabia mansedumbre. 14Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad (toda esa jactancia es la mentira, esa no es la verdad. La verdad es sabia mansedumbre); 15porque esta sabiduría (esa de contención) no es la que desciende de lo alto, sino (sí es sabiduría, pero terrenal) terrenal, animal (y todavía más), diabólica... 17Pero (la de adentro) la sabiduría que es de lo alto (ahí está el contraste) es primeramente (¿cómo se caracteriza?) pura (no tiene intereses mezclados, no tiene dobles intereses, no usa la piedad como fuente de ganancias con astucia, querer enriquecerse con la religión),  después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz (es decir, adentro, los que están dentro)”.


El mundo no conoce a los hijos de Dios

Vamos a otra frase que acabamos de mencionar, pero  la vamos a ver para que los hermanos lo puedan leer, y los que están tomando nota la tengan; vamos a 1 Juan 3. Primero, esta epístola está dirigida a los hijos de Dios, a los que han creído; por eso dice: “1Mirad (éstos pueden mirar, mirar por dentro) cuál amor nos ha dado el Padre (como decía Pablo: para que sepáis lo que Él os ha concedido y lo que nos ha dado en Espíritu. Por el Espíritu es que se entra al cuerpo; es el Espíritu el que nos bautiza en el cuerpo. Es el que tiene el Espíritu de Cristo el que es de Cristo, y entró por la puerta y está dentro de la casa de Dios), para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce (ahí esta la ventana estrecha por fuera. Claro, estamos en el mundo, pero el mundo no nos conoce. Nosotros tenemos que saber eso. A veces nosotros pensamos que  porque nosotros vemos, ellos también ven. No. Si no nace de nuevo no puede ni ver ni entrar en el reino), porque no le conoció a él”. Si no entró por la puerta, está fuera. Y sigue diciendo:  “2Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste (es decir, cuando ha sido terminada la edificación del tabernáculo viene la nube de gloria y lo llena), seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Entonces, en la medida que le vemos, en esa misma medida nos transformamos. Por eso dice: “mirando a cara descubierta, somos transformados”. Lo que nos transforma es ver. Cuando uno ve, entonces se transforma.


El Padre nos revela al Hijo, y el Hijo nos revela la Iglesia

Vamos ahora a ver el pasaje que mencioné, el de 1 Corintios 11, el que habla del discernimiento del cuerpo; y  por eso es que el Señor cuando le habló a Pedro de edificar la casa, le dijo: “17Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mt. 16:17-18). No le dijo, sobre ti. Dijo sí, Pedro, a ti te daré las llaves del reino de los cielos; eso sí se lo dijo a Pedro, pero no dijo: sobre ti edificaré, no; sobre esta roca. Pedro acababa de confesar lo que le fue revelado por el Padre acerca del Hijo; y el Hijo entonces le dijo: Yo te digo: el Padre te reveló quién soy yo, y yo te revelo quién eres tú; tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia. La Iglesia es edificada sobre la roca de la revelación de Cristo por el Padre, y de la Iglesia por el Hijo. La Iglesia es edificada de revelación en revelación. El Padre nos revela al Hijo. Nadie conoce al Hijo sino el Padre. El Padre nos tiene que traer al Hijo y mostrarnos al Hijo, y luego el Hijo nos muestra la Iglesia. Primero el Padre nos muestra al Hijo (entramos por la puerta) y entonces el Hijo nos muestra la Iglesia.

La necesidad de juzgarnos a nosotros mismos

Ya viendo la Iglesia por revelación, podemos ver el Cuerpo de Cristo; de ahí que nos dice 1 Corintios 11: “27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así (habiéndose examinado a la luz de Dios, porque es en su luz que debemos ver; en nuestra propia luz estamos completamente a ciegas) del pan, y beba de la copa.

29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir (ahí está el asunto de ver, ahí está el asunto de la ventana ancha por dentro) el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. Eso sucede porque no nos examinamos; si nos examinamos, no hace falta que el Señor te reprenda; si tú mismo te reprendes, si tú reconoces tus faltas, no necesitas que Dios te reprenda. Si reconoces tus faltas, eres irreprensible; pero si no las reconoces, necesitas que Dios te haga conocer las faltas por medio de Su reprensión. Esta reprensión y este juicio no es juicio eterno; no es que pierde la salvación, no. Es un castigo que puede ser temporal y durar incluso un poquito más, pero no hasta la eternidad.


Para discernir se necesita revelación

Dice: “30Por lo cual hay muchos enfermos (ese es el temporal) y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (por eso dije y un poquito más. Hay personas que sufren la muerte física, que el Señor los llama antes de tiempo, perdiendo así la oportunidad de haber trabajado más para el Señor, acrecentado así el peso de su galardón; no su salvación, el peso de su galardón. Mueren, a veces mueren antes de tiempo). 31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. Esta palabra se refiere a un castigo temporal o dispensacional. Comer juicio no significa que la persona come juicio eterno y pierde la salvación; ese juicio se refiere aquí a esa enfermedad o a esa debilidad o a su muerte prematura. Eso se debe a que no discernió el cuerpo del Señor y comió indignamente. La palabra discernir nos muestra que se necesita tener revelación.

Vamos al capítulo 3 de la epístola a los Efesios, para que nos demos cuenta de que el asunto de la Iglesia es un asunto primeramente de revelación. Sobre esta roca edificaré mi Iglesia. ¿Cuál roca? Te la ha revelado mi Padre: quién soy yo; ahora yo te digo quién eres tú: eres una piedra en la edificación que yo estoy haciendo; pero primero el Padre te tiene que revelar quién soy yo. Ahora yo te digo, ahora yo te revelo la segunda parte del misterio. La primera parte es la cabeza, la segunda parte es el cuerpo. Pero eso es revelación: “No te lo reveló carne ni sangre”. La persona debe entender al Señor y  a la Iglesia por el Espíritu para que realmente tenga luz interior; de lo contrario, el hombre natural no discierne, no puede discernir las cosas que son del Espíritu. Se va a confundir, va a ver cosas, va a discutir un montón de nombres, de personerías, muchas cosas que hay por fuera, hasta que se le revele en el interior lo de la Iglesia; entonces ahí es cuando va a ver a sus hermanos; cuando vea a Cristo y cuando comparta con Cristo va a ver a sus hermanos.


Vemos en Efesios 3: “1Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; 2si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3que por revelación me fue declarado...”. Pablo entra en esto por revelación; Pedro entra por revelación; tú y yo tenemos que entrar por la misma revelación. El mismo Espíritu que le reveló a Pedro al Hijo y le reveló a Pablo al Hijo y también al cuerpo, tiene que revelárnoslo a nosotros para que entendamos lo que dice Pablo; de lo contrario no vamos a entender de qué habla Pablo; si no pensamos que él habla de esto aquí o de esto allá, ¿cómo lo entenderemos sin revelación? Debemos captar la esencia de lo que Pablo habla.


El misterio de Cristo sólo es conocido por revelación

Pablo dice acá: “3Por revelación me fue declarado el misterio (se refiere al misterio de Cristo, que es la Iglesia), como antes lo he escrito brevemente. ¿De qué había escrito Pablo hasta aquí. ¿Cuál era el tema de Pablo? El misterio de Cristo. A veces leemos a Pablo y no captamos de qué está hablando Pablo, pero Pablo dice que a él le fue revelado el misterio y que lo que él ha escrito hasta aquí es acerca de ese misterio de Cristo; y luego lo va a sintetizar en el verso 6, pero dice desde el 4: “4Leyendo lo cual (leyendo lo que les he escrito hasta aquí) podéis entender (claro, Pablo confiaba que el Espíritu Santo revelaría) cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5misterio que en otras generaciones no se dio a conocer (estaba oculto) a los hijos de los hombres, como ahora (fíjense: el misterio de Cristo, que se refiere a la Iglesia, al cuerpo de Cristo, ese misterio es revelado; la Iglesia es revelada. El asunto del cuerpo es una revelación básica) es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”. El misterio de Cristo es revelado.

El misterio de Cristo revelado

Y ahora dice “dos puntos”, pues en el verso 6 va a decir cuál es ese misterio. Se va a saber que ese misterio es el cuerpo de Cristo. Dice:

“6que los gentiles...”; los gentiles corresponde a la madera de Dios que trajo Hiram, rey de Tiro, y que entró por Jope, para formar parte del templo que levantó Salomón. Esa madera de Tiro representa a los gentiles; la madera de Judea representa a los judíos. El templo de Salomón se hizo con madera de afuera y con madera de adentro; y esa madera entró por Jope; y justamente cuando Pedro estaba en Jope, el Señor le dijo: Pedro, mata y come, y él dijo: No, Señor, no.

Pedro no entendía que el Señor quería hacerle entrar la madera gentil por Jope. Fue en Jope que Pedro se dio cuenta de que Dios quería también gentiles en su casa; tenía que ser en Jope, porque era por Jope por donde entraba la madera de afuera; la madera gentil entraba por Jope. Hoy el aeropuerto internacional de Israel está en lo que era Jope, que es Tel Aviv justamente; Tel Aviv es Jope. Por ahí es por donde llegan los gentiles a Israel hasta hoy.


Entonces dice: “6que los gentiles son coherederos (y también con los que de los judíos creyeron) y miembros del mismo cuerpo”. Entonces, ¿de qué trata el misterio de Cristo? Del cuerpo de Cristo, hecho por madera gentil y por madera judía; judíos y gentiles. Los gentiles entraron por Jope, cuyo arquetipo veterotestamentario fue esa madera que trajo Hiram, así como en Jope Pedro recibió la revelación para aceptar a los gentiles en la casa de Dios. Y le discutían a Pedro, pero Pedro dijo: ¡Yo qué culpa tengo!”; y empezó a contar que fue Dios el que iba delante de él, y que le dijo: “Vé y no dudes”.


Repetimos: “6que los gentiles son coherederos (ahí está la herencia)  y miembros del mismo cuerpo (ese es el misterio de Cristo)”. El misterio de Cristo es el cuerpo de Cristo. Ese es el misterio de Cristo; y abarca el aspecto de la relación con los hermanos judíos. Hoy es muy importante tener en claro estos asuntos, porque por ahí aparecen congregaciones mesiánicas, de judíos mesiánicos; pero a veces un poco cerrados, es decir, que han entendido que Jesús es el Mesías, pero se han desentendido del cuerpo de Cristo, donde no hay judío ni griego, y que madera de una y de la otra formaron parte de la misma casa. Hay que tener mucho cuidado con esas cosas.


La Iglesia es un asunto de revelación

Coherederos, miembros del mismo cuerpo; y me gusta esa palabra: “del mismo cuerpo”, porque no hay sino un solo cuerpo; y dice este verso 6, que trata del cuerpo de Cristo, que ese es el misterio de Cristo del que hablaba Pablo. ¿Cuál es el tema de Pablo? El misterio; ¿cuál misterio? pues el de Cristo; y ¿cuál es el misterio de Cristo? pues el cuerpo; y ¿cuál es el cuerpo de Cristo? el edificio de Dios, el templo de Dios. Pero fíjense, misterio que ahora es revelado. Ese misterio debe ser revelado por el Espíritu, primero a los apóstoles, a los profetas, pero no sólo para ellos; a todo el cuerpo. También dice: es manifestado a los santos; claro, primeramente apóstoles, lo segundo, profetas, pero, el destino es también a los santos. Siempre la función comienza por la cabeza, que es Cristo, baja por la barba, que es el ministerio, y llega hasta el borde de las vestiduras, que es el cuerpo de Cristo. La revelación es para todo el cuerpo de Cristo; pero fíjense: la Iglesia es un asunto de revelación. La Iglesia es espiritual. La Iglesia debe discernir el Espíritu. La Iglesia tiene ventanas anchas por dentro, pero angostas por fuera; el hombre natural no puede discernir lo que es del Espíritu. El que no nace del Espíritu no puede entrar, no puede ver el reino de Dios.

Por eso hay mucha confusión acerca de la Iglesia, incluso entre los mismos hermanos cuando se anda en la carne; aunque sean hermanos, si andan en la carne, no pueden discernir. Si hay intereses en la carne, se va a confundir acerca de la Iglesia. Se necesita estar en Cristo, estar en el Espíritu, para poder entender, ver y entrar a la Iglesia, al templo de Dios, para poder ver las cosas espirituales. El espiritual, juzga todas las cosas, pero él no es juzgado por nadie.

LOS APOSENTOS LATERALES DEL TEMPLO

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 0:35, Categoría: General


El templo de Dios (7)


CAPÍTULO VII

LOS APOSENTOS LATERALES
DEL TEMPLO



La verdadera casa de Dios es espiritual

Como en los capítulos anteriores del presente estudio, vamos al capítulo 6 del primer libro de los Reyes. De este capítulo hemos visto lo relativo al momento de la edificación del templo de Dios, lo relativo a la longitud de su templo, lo relativo a la anchura del templo, lo relativo a la altura del templo, lo relativo al pórtico del templo y lo relativo a las ventanas del templo. Hoy, Dios mediante, vamos a continuar con el versículo siguiente, que es el número 5. Leemos, pues, 1 Reyes 6:5-6:

“5Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor. 6El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, y el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa”.


Vamos a detenernos en estos dos versos. Tuvimos que leer los dos versos completos para tener la idea más completa de este aspecto.

Estamos viendo aquí la tipología acerca de la Casa de Dios, acerca del templo de Dios, acerca de la Iglesia, pero no la Iglesia material. En aquel tiempo era material; la Escritura de la realidad espiritual de la verdadera casa espiritual. Porque la verdadera Casa de Dios es espiritual. Nos dice la Palabra en 1 Pedro 2:4:


“4Acercandoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo”. Dice: sed edificados; habla de dónde comienza la idea. Sed edificados acercandoos a Él; significa que en la medida en que los hermanos en Cristo se van acercando a Él, al Señor, en esa medida van siendo edificados; en la medida en que se acercan a Dios en Cristo, en esa misma medida somos edificados. Y dice ¿edificados cómo? como dos cosas somos edificados: La primera es como casa espiritual, y la segunda como sacerdocio santo.


Edificados como casa espiritual

Pero lógicamente que se tiene que tratar primero lo relativo a ser edificados como casa espiritual. Vemos claramente que comienza todo por la cabeza, Cristo; acercándonos a Cristo, dice el evangelio; ahí está la fe; y luego viene la edificación del cuerpo. Acercándoos a Él; y luego lo describe a Él en largas frases y una larga oración: “piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual”. Les llamo la atención a lo primero que somos edificados: edificados como casa espiritual. Y luego dice: y sacerdocio santo. Ustedes recuerdan también que en el orden de la tipología y en el libro del Éxodo primero aparece la pascua, el cordero, el sacrificio, la salida de Egipto; lo que tipifica la relación con Cristo; y entonces después sí dice: Bueno, ahora me haréis un santuario; y después en el capítulo 25 y 26, ahí nos habla del Tabernáculo, y luego en el 27 y 28 nos habla del sacerdocio; y de ahí en adelante nos habla de los sacrificios espirituales; y continúa así con el libro de Levítico.

El orden tipológico espiritual

Ese es el orden tipológico en que aparece Cristo en Éxodo: primero la pascua con el sacrificio del cordero, luego la liberación del mundo, de Egipto. Somos llamados a la presencia de Cristo acercandoos a Él; nos llama allá a Su presencia como la figura del monte Sinaí, y luego empieza a decir: Bueno, ahora, Moisés, dile al pueblo que me hagan un santuario; y luego que dice que le hagan un santuario, dice: Bueno, ahora tomarás a los hijos de Aarón y los vestirás y los consagrarás para que sean mis sacerdotes; y luego dice: y los sacrificios que este sacerdocio en esta casa va a ofrecer son los siguientes; y continúa con el resto del Pentateuco, especialmente Levítico; y después alrededor de la casa se organiza el ejército de Israel; y después se le da la instrucción al ejército de tomarse ciudad por ciudad. Ahí tenemos, pues, el orden espiritual de Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio y Josué, hasta aquí.

Primero acercándonos a Cristo

Pero aparece aquí un orden: primero, acercandoos a Él; segundo, ya habiéndoos acercado a Él, sed edificados como casa espiritual. Primeramente hay que tener la relación personal con Cristo, y cuando ya se tiene la relación personal con Cristo, entonces se puede estar y entrar a la casa de Dios, y luego se puede servir en el sacerdocio santo a Dios en Su casa. A veces hemos invertido el orden; a veces nos hemos quedado sacerdotes individuales sin casa y sin sacerdocio; pero por eso se nos dice sed edificados primero; ¿cómo? acercandoos a Él; y luego, cuando nos acercamos a Él ¿qué sucede? Cuando nos acercamos cada vez más a Cristo, Él nos va edificando, ya no como personas individuales, sino como una casa espiritual. Eso es lo que acontece cuando nos acercamos a Cristo. Cuando nos acercamos a Cristo somos edificados como casa espiritual, y también como un sacerdocio santo, colectivo, corporativo, para ofrecer corporativamente, en la única casa, sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Al principio en Éxodo era todo una figura; hoy es la Iglesia, hoy es la realidad espiritual. Esto que estamos leyendo en Reyes es lo relativo al plano revelado por Dios acerca de Su casa. Nosotros en Cristo vamos siendo edificados conforme a este plano, porque dice: sed edificados como casa espiritual. ¿Cómo nos está diciendo? ¿De qué manera? Y ¿qué resulta de la edificación? Sí lo que resulta de la edificación es gigantes espirituales individuales, hipercríticos, parece que no está bien encaminado. Lo que debe resultar de la edificación es una casa espiritual para Dios y un sacerdocio colegiado.


Estamos analizando 1 Pedro 2:4-5: “4Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres,  mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. Detengámonos en esa frase: “Acercándoos a él, sed edificados como casa espiritual”.


El modelo veterotestamentario

¿Qué está diciendo aquí Pedro? Pedro está diciendo que no se acuerdan de Éxodo, que se acuerdan de Reyes, que se acuerdan de Esdras, que se acuerdan de Nehemías, que se acuerdan de Ezequiel, que se acuerdan de todo lo que aconteció en ese tiempo, que no se edificó una verdadera casa para Dios. De eso es que se trata el asunto. Dice Pedro: Sed edificados como casa. Claro, ahora dice Pedro en el Nuevo Testamento que esa casa es espiritual; pero cuando dice que seamos edificados como casa, nos está diciendo: Miren, sean edificados así como fue edificado Be-thel, así como fue edificado el Tabernáculo, así como fue edificado el templo de Jerusalén, así como fue restaurada la casa de Dios por Zorobabel, así como Dios le mostró a Ezequiel que quería Su casa, así edificaos como casa; solamente que ahora, en el Nuevo Testamento, es espiritual.

Así que cuando leemos Éxodo 26, 1 Reyes 6, o Ezequiel 40 al 48, o en Esdras, etc., estamos viendo cómo es que se edifica la casa, cómo es que se edifica el templo. Solamente que en ese tiempo ellos la edificaron con piedras, y con madera, y con plata y con oro, con telas, y unos materiales que sí tenían un sentido espiritual, pero que en aquel tiempo sólo se hizo la maqueta, y que hoy en día la casa es espiritual, hoy las piedras son vivas, las tablas son hermanos, etc. De manera que cuando dice, sed edificados como, quiere decir que cuando leemos estos pasajes que nos hablan de la edificación de la casa de Dios, nos está diciendo el Espíritu Santo qué lecciones espirituales tenemos que extraer del plano veterotestamentario; porque lo que estamos haciendo ahora es leyendo un plano; eso es cuando leemos la restauración del templo, cuando leemos la historia de Betel, en todo ello, pues, vemos los principales trazos del plano.


Cuando leemos lo del Tabernáculo, ya vemos más detalles del plano; cuando leemos lo del Templo, vemos más detalles; cuando leemos la visión de Ezequiel, hay muchisimos más detalles; cuando leemos la Nueva Jerusalén, bueno, ahí vemos la consumación de los detalles; pero lógicamente que no se puede llegar a los detalles empezando por lo complejo, sino por lo simple. Todas estas visiones o revelaciones tanto en Betel como en el Tabernáculo, como en el Templo, como en la visión de Ezequiel, la restauración de la casa y la Nueva Jerusalén, y lo que dice acerca de la Iglesia en el Nuevo Testamento, todo esto tiene una continuidad. El Señor nos va llevando de lo simple a lo complejo. Y cada detalle complejo que encontramos está engarzado en un detalle simple de la tipología anterior. Es una cadena progresiva.


El Señor trabaja en forma progresiva

El Señor siempre trabaja, y hay que entender ese principio, siempre trabaja en forma progresiva. Él va de lo simple a lo complejo. Por ejemplo, en el libro de Daniel, Él presentó la historia universal, en la imagen del sueño de Nabucodonosor de forma simple: la cabeza de oro, los brazos y pechos de plata, el vientre y muslos de bronce, las piernas de hierro y los dedos de hierro mezclado con barro. Ahí tenemos la visión de la historia universal de manera simple. No entra en muchos detalles; pero cuando tú vas a Daniel capítulo 7, donde es la visión de aquellas 4 bestias y del reino de los santos que la sustituyen, vemos que habla de lo mismo, pero con un poco más de detalles.

Digamos que tú tienes que colocar la primera bestia en consonancia con la cabeza del sueño, la segunda bestia en consonancia con los brazos y pechos de plata, la tercera bestia en consonancia con el vientre y muslos de bronce, la cuarta bestia en consonancia con las piernas de hierro, los diez cuernos con los diez dedos. Eso significa que el Señor no es que dé una revelación aquí y la próxima que da es totalmente nueva, sino que es en continuidad con la anterior. En las visiones avanzadas Dios no se desentiende de las anteriores, sino que las posteriores se entienden gracias al trabajo de las anteriores; esto que vamos a ver ahora se enlaza con las revelaciones anteriores. Los detalles posteriores y complejos, se captan gracias a los detalles anteriores más simples; quiere decir que se está hablando de lo mismo que ya se había hablado antes, pero con un poco más de detalle. ¿Me comprendieron el principio?


El progreso de la revelación

Primero es Be-thel, casa de Dios, y después el Tabernáculo; eso quiere decir que el concepto de Betel está subsumido en el Tabernáculo, sólo que con más detalles; y en el Templo esta subsumido el tabernáculo. Vemos, pues, que el Templo subsume el Tabernáculo y a Betel; la Nueva Jerusalén subsume el Templo, el Tabernáculo y subsume también Betel. La Nueva Jerusalén subsume todo esto desde Betel hasta la Iglesia. Subsumir quiere decir que una cosa está desarrollada en la otra; es algo que se va desarrollando, y perfeccionando. Como vas a interpretar un detalle complejo, tienes que regresar al símbolo más simple anterior; y cuando vas al título más simple anterior, ahí vas a encontrar inmediatamente que se está hablando de lo mismo.

Analicemos un poco en Betel. ¿Qué hubo en Betel? Una piedra, aceite y libación. La piedra representa la casa de Dios; el óleo de la unción representado en el sacerdocio, y la libación representando los sacrificios espirituales; sólo que era muy simple. Era una piedra ungida, y luego derramada libación sobre ella; eso es Betel. Sólo que más tarde esa piedra se volvió Tabernáculo, esa unción se volvió sacerdocio y esa libación se volvió sacrificio. Pero ¿se dieron cuenta de la continuidad? La continuidad sigue. Acercándoos a Él, sed edificados como casa espiritual; ahí está la piedra. Sacerdocio santo; ahí está la unción. Sacrificios espirituales; ahí está la libación. Ahí está el Tabernáculo, ahí esta el sacerdocio, y ahí están los sacrificios.

Ahora estamos en Reyes, pero tenemos que entender estos dos versículos que leímos a la luz de los pasajes anteriores.


Ahora sí volvamos a 1 Reyes 6:5. Aquí nos había hablado de la casa, nos había hablado de la longitud del templo, es decir, la parte del edificio grande. El edificio grande es todo el Tabernáculo viniendo del atrio, viniendo del lugar santo y del Lugar Santísimo; se llama el ulam, es decir, el lugar del atrio o el vestíbulo del pórtico. Luego el jecal, que es el lugar santo, y el debir, que es el Lugar Santísimo. Por eso se habla del pórtico del templo de la casa. Ustedes recuerdan que así hablaba. Fíjense en cómo lo decía en el versículo 3: y el pórtico del templo de la casa tenía tales medidas. Fíjense en cómo habla; habla del pórtico, el pórtico del templo de la casa. El pórtico se refería solamente al vestíbulo, que es cuando se pasa del atrio al lugar santo, y luego decía el templo. El Templo se refiere ya al Lugar Santísimo, y al lugar santo con el pórtico, y la casa se refiere a todo el edificio incluyendo el muro de afuera, el atrio y todas las puertas. Significa que la casa grande tiene unos atrios con unos muros, y en el medio tiene aquel rectángulo que es el templo, y ese templo tiene a la entrada un pórtico. De manera que nos dimos cuenta cómo es el pórtico del templo de la casa.


La tipología de las cámaras alrededor de la casa

Toda esta tipología se refiere al misterio de Cristo. Cristo y la Iglesia. Ahí está Cristo y la Iglesia. Uno pensaría: Bueno, estando ya Cristo y estando ya la Iglesia, ¿no es suficiente? Porque, para servirle de contrafuerte al muro de la casa, edificó también unas galerías, unos aposentos, unas cámaras; si tú después ves lo que se hacía en esas cámaras, en esas cámaras era donde el sacerdocio se mudaba las vestiduras, donde se guardaban los tesoros, donde se realizaban todos los asuntos que se tenían que presentar en la casa, se tenían que preparar primeramente en esas cámaras. Entonces es importante lo que revela sobre estas cámaras que hemos leído. Dice: edificó también, pues no es suficiente para el Señor en Su plano que esté la Iglesia con Cristo sin algún contrafuerte; no es suficiente.

El Señor vio necesario hacerle un contrafuerte al muro de la casa y ponerle unas cámaras en tres pisos, y la de más abajo era más angosta, y la de en medio era mediana, y la de más arriba, unas cámaras más amplias. Después más adelante vamos a ver cómo se subía de la una a la otra. Pero vamos entrando en la tipología de las cámaras alrededor de la casa. Si en la Biblia hablamos del Cuerpo y de la Cabeza, pero el Señor se vale también de la Iglesia para reforzar el misterio, el Señor le dio a la Iglesia el diaconado en el primer piso, el episcopado u obispado en el segundo piso, y el apostolado en el tercer piso, para que sirvan de contrafuerte a la casa.


Vamos a la tipología, vamos al Tabernáculo. En el Tabernáculo el Señor puso las tablas una al lado de la otra; cada uno de los hermanos en Cristo es una tabla del tabernáculo. Pero el Señor no solamente quiso que las tablas tengan relación entre sí solitas. Sí, debe tener una relación de tabla con tabla; recuérdese que cada tabla solamente tenía un codo y medio de ancho; no tenía una medida completa, porque la medida divina es tres codos; pero si sólo tenía un codo y medio, quiere decir yo solo. Como dice, una sola golondrina no hace verano. Por eso el Señor dice que debemos ir de dos en dos; por eso es que una tabla de uno y medio no es completa; solamente cuando está esta tabla con la otra tabla, ahora sí hay Iglesia. Cuando tú estás solo, no hay Iglesia todavía. Para que haya Iglesia se tiene que empezar por dos o tres. “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20). Por ahí comienza la Iglesia. Ese dos o tres significa la relación de una tabla junto a la otra tabla.


El fruto de la comunión de los santos

¿Qué establecía el Señor antiguamente? era lo siguiente. Cada tabla tenía que estar sobre dos basas de plata. Una basa a la derecha, otra a la izquierda. De la basa de un lado salía una espiga dorada hacia la tabla vecina y de la basa vecina salía una espiga dorada hacia esta tabla de la cual había salido la otra espiga. Quiere decir que de las basas de plata salían las espigas que se entrecruzaban y ayudaban a mantener en comunión entre sí tabla con tabla. Pues es la relación de los santos entre sí; esas espigas son el fruto de Cristo, son el fruto del Espíritu; las espigas representan a Cristo. Cristo dijo que Él era el grano de trigo que había de morir para dar fruto. Y él fructificó y el fruto de Cristo es el que mantiene a los santos unidos. Amor, gozo, paz, benignidad, paciencia, bondad, fe, mansedumbre, esas son las espigas entrelazadas entre los santos. Las espigas entrelazadas entre las tablas representan la comunión de los santos.

Pero al Señor no le fue suficiente; el Señor quería reforzar un poco más las paredes del Tabernáculo y le puso cinco barras a las tablas; les puso argollas y por esas argollas pasaban las barras; y aquellas cinco barras ayudaban a mantener también las tablas en su lugar. No era suficiente que las tablas estuvieran una al lado de la otra solamente sostenidas por las espigas; no era suficiente las espigas; se necesitaba un contrafuerte, y ese contrafuerte eran las barras, y esas cinco barras representan los cinco ministerios que son apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, por los cuales el Tabernáculo es mantenido en orden y en su lugar. Entonces el Señor dice que él dio a la Iglesia primeramente apóstoles; lo segundo, profetas; lo tercero, evangelistas; lo cuarto, pastores, y lo quinto, maestros; y dice para qué, para perfeccionar a los santos. Significa que los santos solos sin el ministerio, sí forman la casa, pero necesitan un perfeccionamiento; y esa palabra, perfeccionamiento, es una palabra traducida del término griego katartisis [κατάρτισις], cuyo significado es ajustamiento, ajustar. Ajustar a los santos se relaciona mucho más con las barras, tener las cosas en su lugar; y no solamente había barras para mantener las tablas en su lugar.


Dios estableció tres cosas para mantener las tablas unidas. 1) Primera cosa, las espigas; esa es la comunión de los santos, el fruto del Espíritu. 2) Segunda cosa, las barras; ese es el ministerio para ayudar a ajustar a los santos, para perfeccionar a los santos para la edificación del cuerpo de Cristo, la casa de Dios. 3) Pero también había unos goznes de bronce en la cerviz de las tablas que no la dejaban irse ni para un lado ni para el otro. A veces si no es a las buenas, entonces por medio de la disciplina somos mantenidos en nuestro lugar. ¡Aleluya! A veces por medio de la disciplina somos mantenidos en nuestro lugar. Pasemos ahora del Tabernáculo, al Templo; ya en el Templo y en el lugar de las cinco barras encontramos las galerías. Lo que en el tabernáculo hacían las barras, en el templo lo hacen esas tres galerías.


Tres niveles del ministerio

El versículo que estamos estudiando comienza diciendo: “5Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor...”. Nosotros diríamos, pero si ya tenemos el Espíritu Santo. No es suficiente, pues el Señor no nos dio solamente al Espíritu Santo; nos dio palabra y nos dio el cuerpo, nos dio el ministerio del cuerpo, nos dio apóstoles, nos dio profetas, nos dio evangelistas, nos dio pastores y maestros por un lado; y a la Iglesia le dio diáconos. Nos dio ancianos, nos dio apóstoles para cuidar y mantener el muro, el contrafuerte, y para lo que se realice dentro de la casa se prepare allí en esas galerías, en esas cámaras. En esas cámaras es donde se guardaban los tesoros; por ejemplo, todo el servicio que se realizaba dentro de la casa se preparaba en las galerías. Los sacerdotes ministraban vestidos dentro, pero se tenían que vestir en las galerías.

Cuando dice que edificó también, quiere decir que es necesario que Cristo y la Iglesia tengan primeramente diáconos, también ancianos, presbíteros u obispos; y también que estén en la comunión apostólica normal de la Iglesia universal. Esas tres cosas, estos tres niveles, esos tres grados; se llaman grados. Recuerdan cuando aparece en Timoteo lo del oficio de diácono, dice que aquellos que ejerzan bien el diaconado ganan para sí un grado honroso, que es eso un grado honroso.


El Señor, pues, edificó también. Dios quiso que la Iglesia tenga esto, que su casa tenga esto. Debemos ser edificados como casa espiritual, pero esa casa tiene el ministerio dispuesto así de parte de Dios. No es suficiente que los santos estén vinculados entre sí solos. Se necesita que los santos estén en comunión con el ministerio de los apóstoles, con los presbíteros, y con los diáconos para que la casa sea una verdadera edificación espiritual. Si todavía no lo es, debemos ser edificados; primero tiene que surgir un diaconado, luego tiene que surgir un presbiterio; y de entre los presbíteros, de entre los que integran los presbiterios locales, debe surgir el apostolado; porque los apóstoles son los que realizan la obra del Señor; y ¿eso tiene que surgir de dónde? De entre los santos; surgen los diáconos y luego los ancianos, y de entre los ancianos surgen los apóstoles.


Los aposentos laterales y el ministerio

Esto es necesario para que la casa sea completa. El señor vio bien que además de edificar la casa con toda su largura, su anchura y su altura, era necesario también estas galerías, estas cámaras laterales que servían de refuerzo, que hacían el papel de aquellas barras del Tabernáculo. ¿Para qué? Para que se mantuviera bien edificado y que no se fuera para un lado o para el otro; que estuviera la casa en su lugar.

Esto hay que entenderlo bien; porque miren una frase que dice el apóstol Pablo a Timoteo: “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Ti. 2:7). Con ese el Señor, ahí esta la cabeza; te dé entendimiento en todo, ahí esta la Iglesia. La iglesia es un organismo complejo; tiene la cabeza, tiene el cuerpo, y ese cuerpo tiene sus coyunturas y ligamentos, con sus respectivos oficios y servicios. El oficio de los diáconos es el diaconado, el oficio de los presbíteros es el obispado y el oficio de los apóstoles es el apostolado.


El apostolado

Vamos a ver esa palabra apostolado; vamos primeramente a Romanos 1:5: “Y por quien (por el Hijo de Dios) recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre”. La gracia y el apostolado. También en Hechos de los Apóstoles 1:24-25: “24Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar”. Fue el Señor el que sacó a Judas, para irse a su propio lugar; note que dice: la parte de este ministerio y apostolado; y es importante notar que cuando dice la parte de este ministerio, es porque el ministerio es colegido, no es individual. Se llama el ministerio del nuevo pacto, el ministerio del Espíritu, el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la justificación. Especialmente en la segunda a los Corintios, capítulos 3, 4 y 5 habla del ministerio como un ministerio del Nuevo Testamento, del cual forman parte los ministros. No es que cada ministro tiene un ministerio totalmente desvinculado del ministerio del Nuevo Pacto. No, cada uno tiene su parte. Pedro tenía parte en el ministerio, Bartolomé tenía una parte del ministerio, Andrés también tenía una parte del ministerio; y el ministerio del Nuevo Pacto es la torta completa. Así se llama, el ministerio de la reconciliación o ministerio del apostolado.

Ese ministerio, el Señor lo dio a varios, lo comparten varios. Ninguna persona ostenta ella sola el ministerio, ni ella sola el apostolado; lo ostentan varias personas. Por eso dice en Hechos, la parte de este ministerio y apostolado; por eso se habla de la comunión de los apóstoles. Cuando el apóstol Juan dice: “Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn. 1:3), ahí vemos que la comunión de los apóstoles es con el Padre y su Hijo Jesucristo. Esa es la comunión de los apóstoles o la comunión apostólica.


Hermanos, el apostolado es también colectivo. Así como el diaconado es colectivo, y el obispado es colectivo, el apostolado también es colectivo. Claro que hay detalles ahí en el apostado, hay distintas clases de apóstoles pero de todas maneras es colectivo. Por eso vemos a Pedro diciendo: Judas era contado con nosotros. Vemos, pues, que ellos contaron el uno con el otro, y juntos decían lo mismo.


La comunión del apostolado

Es importante para el Señor, la cabeza, que el apostolado esté de acuerdo. Por eso le dice el Señor a Pablo: Mira, yo sé que llevas 14 años predicando, pero tú vas a subir con Bernabé y vas a llevar a Tito y vas a ir a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que ustedes. Van a ir a donde Jacobo, donde Cefas, donde Juan, y van a conversar en privado entre ustedes, no sea que cada uno salga por su lado. Uno dice A, uno dice B, otro dice C; y entonces los santos unos quedan de Pablo, otros de Apolos, otros de Cefas, todos confundidos; pero para que no haya confusión, entonces ustedes sólitos allá, pues, en la casa de Juan o en la casa de Pedro o en algún lado, o en algún aposento, ustedes tratarán en privado estos asuntos para evitar que la Iglesia esté despedazada. ¿Por qué está despedazada la Iglesia? No se ha edificado primero ni la anchura, ni la longitud, ni la altura, ni mucho menos la galería de abajo, ni la de en medio, ni la de arriba. Hay mucho trabajo que hacer, hasta que todos lleguemos a la altura de la casa. ¡Ay Señor Jesús! Hasta que todos lleguemos a esa altura de Dios. Bueno, aquí en Romanos y en Hechos aparece otra vez el apostolado.

Compañías de obreros

Ahora pasemos a la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas; allí vamos a encontrar también este orden, esta palabra, en Gálatas 2:8 en adelante; ese es justamente el pasaje donde estaba comentado: “8(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles”. Eso nos dice que había una compañía de obreros que el Señor envió a los judíos bajo el liderazgo de Pedro.


Cada equipo de obreros, es decir, cada compañía de obreros tiene una misión especifica en el Cuerpo y una jurisdicción específica. Cada compañía de obreros que lidera un grupo de santos en una región tiene una jurisdicción especifica. Eso aparece muy claro; y dice aquí: “el que actuó”; porque si no actúa el Señor, ¿qué apostolado va a haber? Porque si no actúa el Señor, no hay apostolado; porque lo que constituye el ministerio es la operación del poder de Dios por la gracia; es eso, la operación del poder por la gracia. Jamás actúa el título. Eso lo dice Efesios. Enseguida lo leemos, y terminamos allí.


Misiones apostólicas específicas

Dice Pablo en Gálatas 2 que “8el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles”. Es claro que a Pablo junto con Bernabé, junto con Lucas, con Tito y otros, le fue encomendado el apostolado de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión. La Palabra del Señor habla de la obra en general, la obra del ministerio, y de la obra que el Señor encargó a cada uno. Miren, por favor, vamos al evangelio de Marcos; hacia el final del evangelio de  Marcos.

Leamos Marcos 13:34: “Es como el hombre (ese es Jesús el Cristo) que yéndose lejos, (es el cielo, a la diestra del Padre) dejó su casa, (es la Iglesia, es el templo de Dios que edifica también) y dio autoridad a sus siervos, (eso es en general) y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase (ahora a cada uno, eso es en particular)”.

Vemos que el Señor dio unción particular y jurisdicción particular a las personas; y se debe respetar ese límite. Voy a mostrarles por qué. Porque el Señor los repartió; yo no puedo entrar impunemente en el terreno de otra persona a poner en orden lo que no me corresponde.


Puede ser que yo sea mejor, puede ser que yo sea un carpintero mejor que Jaime, pero si a Jaime lo contrataron para hacer la mesa, es Jaime el que debe responder por esa mesa. Jaime me puede decir: Gino, me ayudas aquí en esto, tú que eres buen carpintero; o puede ser que el mal carpintero sea yo y yo le tenga que pedir ayuda a Jaime; pero a ti te toca hacer esa mesa. Te toca a ti, y tu tienes que hacer esa cama, y tú tienes que hacer aquel clóset. Entonces el que hace el clóset, haga su clóset bien, pero por favor no le vuelva clóset la cama que tiene que hacer el otro. Dice Marcos que el Señor “dio autoridad a sus siervos, y a cada uno (a cada uno) su obra, y al portero mandó que velase”. A cada uno su obra quiere decir que cada cual tiene una medida de autoridad, una misión particular y una jurisdicción particular dentro de la misión general.


El Señor puso guardas en su viña

Vamos a ver esto también en Cantar de los Cantares, que ya lo vimos pero subrayando un aspecto; ahora lo vamos a ver subrayando otro aspecto. Cantar de los Cantares 8:11: “Salomón tuvo una viña (eso es el Cuerpo de Cristo en general; la obra única en general, la obra del ministerio de la edificación del Cuerpo que es una sola) en Baal-hamón (en la multitud de Baal; cuando a Salomón se le ocurrió hacer la viña, la hizo como el Señor tiene su casa en este mundo), la cual (la viña del cuerpo de Cristo) entregó a guardas”. ¿Quiénes son estos guardas? La viña es la Iglesia, pero el Señor quiere que Su Iglesia tenga contrafuertes, que tenga guardas; esos guardas representan el ministerio.

Sin embargo, dice que “cada uno de los cuales (cada uno de los guardas) debía traer mil monedas de plata por su fruto”; es decir, el fruto de la redención. Cada guarda. A todos les fue encomendada una sola viña, pero cada uno tenía una parte que presentar.


Las jurisdicciones en el ministerio

Ahora vamos al asunto de los límites y la extralimitación. Lo vemos en 2 Corintios 10:12-13. Estamos viendo esas jurisdicciones, esas medidas. El diaconado no debe sobrepasar al presbiterio; el presbiterio no debe sobrepasar al apostolado, pues hay medidas.

Leemos Corintios: “12Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”. Noten que ya Pablo empieza a usar el verbo medir; porque es que a veces uno piensa que puede pasar ciertas medidas, cuando no las puedes sobrepasar; pero se atreve a pasarlas porque piensa demasiado en sí mismo. Pablo dice que “algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. 13Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros”. Sí nos gloriaremos, pero dentro de una medida, no desmedidamente; nos gloriaremos en Cristo dentro de estos límites que nos encargó Dios, pero no desmedidamente; nos gloriaremos conforme a la regla que Dios nos ha dado como medida; hasta dónde tú puedes ejercer cierta autoridad y hasta dónde no. En qué medio puedes ejercer tal autoridad y en qué medio no.


Pablo se mide con la medida de Dios

Si ejerces tal autoridad en un medio que no te corresponde, te has extralimitado; si hay una sedición, hay un conflicto de autoridad en el Reino de Dios; es una cosa delicada. Por eso Pablo dice lo que expresa en el verso 13:

“Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros”. Esta frase es muy importante. A alguien le encargó Dios una determinada región; a aquellos a quienes Dios ha enviado primero a fundar y a establecer, ahí ellos son los que Dios encargó.

Por eso Pablo sigue diciendo: “14Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar a vosotros con el evangelio de Cristo. 15No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla”. Es que es muy fácil que otra persona trabaje, trabaje, trabaje, y cuando ya esté todo trabajado, llegue otro y hace las cosas a su manera en un terreno ajeno. Eso es extralimitarse; éstos ponen sus sanciones, éstos destituyen o nos ponen en duda; éstos hacen una cosa, éstos dicen otra. Con eso no están cooperando sino estorbando. Es delicado, pero es la verdad.


Las extralimitaciones no son de Dios

Pablo dice: “No nos hemos extralimitado, (significa pasar el límite) como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros”; es decir, si las iglesias las fundaron tales apóstoles, es a ellos a quienes les fue encargado esa parte de las viñas. Si nosotros vamos a trabajar allí, debemos hacerlo en comunión con ellos y detrás de ellos, y no pasar más allá.

Si los que Dios encargó el lugar, llegan hasta aquí, hasta este punto, los otros no pueden ir más allá, sino hasta donde llegan los que están en ese lugar. Cuando alguien va más allá, ha violado la autoridad. ¿Me entienden eso, hermanos? Hay una limitación; de ahí que Pablo diga: “No nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros”. Si ustedes son los primeros, no se están extralimitando.

Ustedes están fundado las iglesias locales, nos están enseñando, están estableciendo, porque a ustedes el Señor los encargó, y ustedes son los primeros que van a responder. Si otro viene a cooperar, debe cooperar debajo de su autoridad, y hasta donde esa autoridad le permite llegar, y no ir más allá de donde le es permitido; porque si cruza esa línea más allá, hay peligro.


Esto nos muestra que la Casa de Dios es reforzada por aquellas galerías que tienen cámaras, aquellos aposentos en tres niveles. El diaconado; sobre éste está el obispado; porque el gobierno no está con los diáconos sino con los presbíteros, y sobre los presbiterios, ¿sobre quiénes está la audiencia de los problemas del presbiterio? sobre los apóstoles que los nombraron. Los que ventilan los problemas en el presbiterio son los apóstoles que los nombraron; son éstos los que deben oír, admitir o no admitir con dos o tres testigos, las quejas. Y si se trata en privado, y si no se corrigen cuando se trató el asunto, se reprende, se recuerda lo que hizo delante de todos. Eso es lo que hay que hacer; y quienes tienen que hacer esto son los obreros, los apóstoles. Gloria a Dios.

EL MODELO ILUSTRADO DEL TEMPLO

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 0:24, Categoría: General


El templo de Dios (8)


CAPÍTULO VIII

EL MODELO ILUSTRADO
DEL TEMPLO


Una necesaria recapitulación

Vamos a estudiar la Palabra de Dios. Voy a pedirles que una vez más abramos, con la ayuda del Señor Jesús, en 1 Reyes 6. Hoy, en esta serie del Templo de Dios, hemos llegado al punto de algo que es necesario hacer. Hemos estado estudiando lo del Templo de Dios a pedacitos. pero de tanto en tanto es necesario remontarnos un poco, mirar la panorámica e integrar los pedacitos en un todo para que no nos quedemos con pedacitos sueltos, sino que ahora vamos a recapitular lo que ya vimos en los versos que hasta aquí hemos estudiado. Vamos a recapitularlos con una ilustración neotestamentaria del modelo del templo. Ese es el tema de esta noche: la ilustración neotestamentaria del modelo del templo.

Entonces, para tener fresco justamente ese modelo del templo, vamos a hacer una lectura de corrido desde donde comenzamos hasta donde quedamos la vez pasada, y luego iremos al Nuevo Testamento, con la ayuda del Señor, para ilustrar el modelo del Templo que estamos leyendo aquí en 1 Reyes 6:1-6:


"1En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová. 2La casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto. 3Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos. 4E hizo a la casa ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera. 5Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor. 6El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho;  porque por fuera había hecho disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa."


Esto lo leímos, aunque lo hemos estado estudiando en forma lenta, para que tengamos presente todos los aspectos en la ilustración que veremos en el Nuevo Testamento de lo que hemos leído. Hemos estado leyendo tipología, pero en el Nuevo Testamento no es tipología, es la realidad. Entonces, ahora debemos ir al Nuevo Testamento y mirar cómo realmente el templo de Dios en el Nuevo Testamento se corresponde perfectamente con la tipología.


Una ilustración neotestamentaria

Lo primero que vimos, para recordarlo, y para que los hermanos que están por primera vez hoy aquí lo tengan también presente, fue el momento de Dios para la edificación del templo. Después vimos lo relativo a la longitud, y entonces lo relativo a la anchura del templo, y entonces lo relativo a la altura del templo. Después vimos lo relativo al pórtico del templo, y entonces las ventanas del templo, y lo último que vimos la vez pasada fue los aposentos laterales del templo. Con esto, parece que ya tenemos el esqueleto, en obra negra lo principal.

Claro, todavía no está revestido, pero ya están los trazos esenciales, de manera que es el momento de hacer una recapitulación. Ahora vamos a ver una ilustración neotestamentaria, es decir, del Nuevo Testamento, del templo de Dios.


Vamos a la epístola del apóstol san Pablo a los Filipenses. Mis hermanos saben cuán preciosa era para el apóstol Pablo la iglesia de los filipenses. A esa epístola se le llama la carta del gozo, y lo que le hacía gozar a Pablo era que los filipenses estaban en Cristo. Esta era una especie de iglesia modelo para Pablo. Él decía: ninguna otra iglesia como vosotros ha correspondido. Realmente la iglesia a los filipenses es una iglesia que vale la pena escudriñar; así como cuando leemos las epístolas del Señor Jesús en el Apocalipsis, vemos que Él escribió a varias iglesias, pero entre todas, aquella epístola a la iglesia en Filadelfia se ve que es una epístola donde el Señor no le reprocha ninguna cosa, como a Esmirna tampoco le reprocha nada; pero a Filadelfia el Señor le pone una puerta abierta; de manera que el Señor está mostrando cuál es el tipo de iglesia que a Él le agrada. Lo mismo, cuando leemos la epístola a los Filipenses encontramos que es  una iglesia a la que Pablo llama: gozo y corona mía; muy diferente de lo que decía a las iglesias de Galacia: estoy perplejo ante vosotros, no sé qué pensar de vosotros, todavía sigo teniendo dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros. El sentimiento de Pablo para con las iglesias de Galacia era diferente del sentimiento para con la iglesia de los filipenses. Lo mismo, a la iglesia en Tesalónica dice: estoy rogando a Dios día y noche para poder volver a ver vuestro rostro y completar lo que falta a vuestra fe. Eso nos dice que si Pablo decía completar, era un tiempo en el que faltaban todavía muchas cosas en la iglesia en Tesalónica. Podemos, pues, ver la diferencia; a los tesalonicenses les dice: completar lo que falta, pero a los filipenses les dice corona mía.


Una iglesia normal bíblica

Leamos, pues, Filipenses 1:1. Veamos allí en este versículo el modelo de la casa de Dios. En un solo versículo está todo el modelo del templo que hemos estado viendo; de manera que hay que poner mucha atención a este pasaje. Aquí está todo el modelo del templo.

Lo leeré despacio para poder digerir con el trasfondo de lo que acabo de leer y de lo que hemos estado estudiando los días pasados en 1 Reyes 6. Vamos a leer 1 Reyes 6:1-6 aquí en Filipenses 1:1:


"1Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos".


Esto es lo que es una iglesia normal; esto es una iglesia bíblica, una iglesia establecida que es gozo y corona del apóstol Pablo. Y esta iglesia está aquí descrita como una iglesia normal; pero pongamos atención a todos los detalles que aparecen allí.


Vamos a comenzar a ver las medidas. Decía que la longitud era de sesenta codos. Mis hermanos recuerdan que los sesenta (60) vienen de seis (6), número de hombre, por diez (10), número de las naciones; gente de toda tribu, lengua y nación, lo cual nos habla de la inclusividad o receptividad de la iglesia. La iglesia incluye a toda clase de hijos de Dios sin ninguna discriminación. Sí, así es el cuerpo de Cristo; en el cuerpo de Cristo caben todos los hijos de Dios; y por eso aparece en la Palabra aquí en Filipenses 1:1: "... a todos los santos en Cristo Jesús". De esta frase, vamos a resaltar la palabra todos. A veces nosotros hablamos de los santos en Cristo, pero no de todos los santos. La palabra todos los santos está resaltando la inclusividad de la iglesia en Filipos. La ciudad de Filipos es la jurisdicción en la cual el Señor levanta Su casa. En Filipenses 4:15, Pablo llama iglesia a los santos en Filipos:


"15Y sabéis también vosotros, oh  filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos".


¿Quién es este vosotros solos cuando dice sino? Ninguna iglesia sino, es decir vosotros solos, la iglesia de los filipenses, la iglesia en la localidad, municipio, ciudad, población o aldea de Filipos. Pero cuando el apóstol está diciendo: "todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos", en la palabra todos aparecen los sesenta codos de largo, allí aparece la inclusividad de la iglesia. La iglesia de un pueblo, de una ciudad, de un municipio, de una aldea, está conformada por todos los santos en Cristo Jesús. Por favor, hermanos, subrayen en sus Biblias la palabra todos.


Dios quiere un corazón ensanchado

Si para ti no son hermanos los que el Padre ha engendrado, tú eres estrecho, tu casa no tiene sesenta codos de largo; puede tener cincuenta y nueve. pero si no caben todos los que le caben a Dios, entonces no es la casa de Dios sino una casa que tú estas construyendo según tus propias medidas. Claro, tú piensas hacerla para el Señor, pero el Señor te dice: te quedaste corto en unos cuantos codos. Por eso Pablo les decía a los corintios: "ensanchaos también vosotros, no seáis estrechos".

La Iglesia universal

Hermanos, es necesario que nosotros sepamos esto: a los ojos del Señor Jesús, en lo universal, no existe sino una Iglesia. El Señor habla de Mí Iglesia, en lo universal. Él habló también en lo local, pero en lo universal el Señor dice Mi Iglesia; y en Efesios dice: "A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén" (Ef. 3:21). Sólo dice la iglesia, no le pone apellidos, no le pone adjetivo, no le dice católica, protestante, cruzada, ortodoxa, luterana, calvinista, metodista, bautista, no. Simplemente la iglesia, "la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (Ef. 1:23). El Señor le llama iglesia no a ningún templo hecho con manos humanas, ni tampoco a un grupo de hijos suyos separados de los demás. Cuando el Señor dice: Mí Iglesia, no se está refiriendo a ninguna denominación particular; no había denominaciones todavía cuando el Señor habló de Su Iglesia y cuando Pablo escribió esta carta, Cuando el Señor dice: Mí Iglesia, o cuando los apóstoles dicen la Iglesia, la cual es Su cuerpo, se está incluyendo a la suma de todos los hijos de Dios, limpiados y comprados con Su sangre, y regenerados efectivamente por el Señor. Esta es la Iglesia en lo universal.

La iglesia local

Si tú entiendes cual es la Iglesia en lo universal, tú vas a entender cual es la iglesia en Jerusalén, o la iglesia en Antioquía, o la iglesia en Filadelfia, o la iglesia en Corinto. Cuando el Señor mandó las cartas, ya no a la iglesia sino a las iglesias, porque la iglesia universal aparece en muchas iglesias locales, es decir, en muchos candeleros, entonces el Señor dice a las siete iglesias que están en Asia, y, ¿qué nombres les dio? Dio el nombre de los pueblos, de las localidades, de las ciudades, de los municipios. No les puso nombre de razones sociales, no, les dijo la iglesia en Éfeso, en Esmirna, en Pérgamo, en Tiatira, en Sardis, en Filadelfia y en Laodicea, y aparece en la Biblia la iglesia en Filipos, en Laodicea, en Jerusalén, etc. Tú no encuentras en la Biblia una cosa diferente a esto.

Si tú entiendes cuáles son los santos que pertenecen a la Iglesia universal, pues todos los que pertenecen a la Iglesia universal por haber creído en Cristo y ser comprados por Su sangre y han nacido de nuevo, éstos que están en Jerusalén son la iglesia en Jerusalén. Los que pertenecen a la Iglesia universal que están en Jerusalén son la iglesia en Jerusalén; los que pertenecen a la Iglesia universal que están en Antioquía, son la iglesia en Antioquía; los que pertenecen a la Iglesia universal que están en Corinto, son la iglesia en Corinto. Claro que los de la iglesia en Corinto, perteneciendo a la iglesia, a veces no la discernían, no discernían el cuerpo y se dividían por ministerios, y decían: yo soy de Apolos, otros pensaban que eran de Cefas, otros pensaban que eran de Pablo y otros pensaban que sólo ellos eran de Cristo, y que los que decían ser de Apolos eran realmente de Apolos y no de Cristo; pero Pablo les dice a todos ellos, incluso a los que se decían ser solamente ellos de Cristo, y los que decían ser de Pablo, y los que decían ser de Apolos, y los que decían ser de Cefas, a todos los santos en Cristo que están en Corinto les decía la iglesia de Cristo que está en Corinto. No le puso cuidado a lo que ellos decían, sino a lo que ellos eran. Si habían sido comprados por la sangre y si habían sido nacidos de nuevo, eran hijos de Dios, eran santos en Cristo Jesús que estaban en Corinto.


La inclusividad de la Iglesia

Ahora, como las otras iglesias todavía no tenían el mismo problema, Pablo les dice: la iglesia de los Tesalonicenses, o los santos  que están en Colosas, o los santos que están en Filipos, o a los santos que están en Roma; pero los de Corinto sí tenían un problema; ellos decían ser de, o de, o de, entonces a ellos les tiene que decir la Iglesia de Dios, no de Pablo, de Dios; no de Apolos, de Dios; no de Cefas, de Dios.

Pero no como una denominación que se llame La Iglesia de Dios y excluye a los hijos de Dios; porque la auténtica Iglesia de Dios no excluye a ningún hijo de Dios. ¿Cómo va a haber una Iglesia de Dios que excluye a hijos de Dios? Yo no puedo ni nadie puede escoger a sus hermanos; nosotros debemos aceptar los hermanos que nuestro Padre nos engendró; nos gusten o no nos gusten, esos son mis hermanos que nuestro Padre nos está dando; si Él los engendró, si Él los recibió, yo tengo que recibirlos. Esa es, pues, la inclusividad de la Iglesia, esa es la receptividad de la Iglesia, la que dice recibíos unos a otros como Cristo os recibió. ¿Cómo te recibió Cristo? ¿En base a que mérito? ¿Tu teología era la mejor? O ¿solamente cuando te hayas graduado de teología vas a empezar a ser hijo de Dios? No, el día en que estabas muerto en delitos y pecados, Él te llamó de la muerte, como a Lázaro: "¡Lázaro, ven fuera!" (Jn. 11:43). Así tú oíste la voz del Hijo de Dios, y creíste en Él, y ahora eres hijo. Cuando creíste que Dios envió a su Hijo, que Jesús es el Hijo de Dios, y que las palabras que Él nos habló las recibió del Padre, a nosotros que hemos creído, a los que le recibieron, a los que creen en su Nombre les dio potestad de ser llamados hijos suyos; ya no son nacidos de voluntad de carne ni de varón, los que en efecto, por la fe sincera, no fingida, no nominal, nacieron de nuevo por creer en Jesús como el Hijo de Dios que limpió sus pecados, que resucitó, que ascendió, y que confían que Su muerte es expiatoria, y no tienen otra cosa en la cual descansar y en la cual gloriarse sino en la cruz del Señor Jesús, éstos fueron comprados con Su sangre y regenerados por su Espíritu. El que cree, dice el apóstol san Juan, que Jesús es el Hijo de Dios, es decir, el que se confía en Él, es nacido de Dios.


De manera que la persona que creyó en Jesús de corazón sincero ya nació de nuevo y pertenece a la Iglesia, es del cuerpo de Cristo; si no tiene el Espíritu de Cristo no es de Él, pero si lo tiene es de Él. A veces el Señor les da el Espíritu de Cristo a algunos que uno no esperaría; los judíos no esperaban que los gentiles recibiesen también el Espíritu de Cristo. El Señor sabía cómo era Pedro, sabía cómo era su corazón, y tuvo que adelantársele diciéndole: "Pedro, mata y come"; pero Pedro no quería; tres veces le dijo que no al Señor. Lo que Yo he limpiado no lo llames tú común, le dijo el Señor; pero a veces, uno sigue llamando común a lo que el Señor ha limpiado con Su sangre.

Común porque no tiene toda la teología en todos los puntos y señales iguales a la de uno. No estamos aquí hablando de las herejías que no están sobre la base de Jesucristo, estamos hablando de los que están en Cristo, los hijos verdaderos de Dios, que es lo esencial.


Dice la Palabra de Dios: "Recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios" (Ro. 15:7). Cuando la Palabra de Dios dice: "todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos...", está enfatizando la longitud del templo, esos sesenta codos de longitud.

Así que, ¿quiénes son nuestros hermanos aquí en esta localidad? No son sólo los que entienden la iglesia; son todos los santos en Cristo Jesús que están en esta localidad. Los miembros son de la familia porque nacieron en la familia; no es cuando entiendan la familia; yo soy de la familia García, y mi tío es éste, y mi primo es éste; que cuando tenga toda esa doctrina familiar entonces sí llega a ser de la familia, no. Cuando el papá lo engendró en la mamá, ya nació, ya es de la familia, ya es de la familia García, él no sabe ni quién es su papá, ni qué diferencia hay entre su papá y su tío; él no sabe, pero él es hijo del papá aunque él no sepa bien, pero él ya nació. Lo que hay que tener en cuenta es si nació del papá.


Discernir el cuerpo del Señor

Hay hijos de Dios que aunque todavía no disciernen el cuerpo, son del cuerpo de Cristo, porque hay una diferencia entre la realidad del hecho del cuerpo y el discernimiento del cuerpo. Pablo le escribe a los santos de la iglesia en Corinto diciéndoles que son un cuerpo, y les dice: Vosotros sois el cuerpo, pero hay entre vosotros divisiones porque no tenéis el discernimiento del cuerpo. Quiere decir que ellos eran hijos de Dios, miembros del cuerpo, parte de la familia, pero no entendían la familia; entonces el Señor tiene que enseñarles lo que es la familia de Dios a veces por medio de una reprensión, de su salud o de una debilidad del cuerpo; todo esto sucede como consecuencia por no discernir el cuerpo de Cristo; pero eso sucede para que se discierna, para que se pregunte por qué pasa esto.

Si uno no se examina a uno mismo, el Señor tiene que examinarnos y corregirnos para que no seamos condenados con el mundo, como dice en 1 de Corintios 11:32; es decir que es un hijo, es un niño que nació en la familia, pertenece a la familia, pero no entiende la familia, no la discierne. Cuando la Biblia dice: "todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos...", se refiere a toda la familia de Dios, todos los nacidos de nuevo en Cristo Jesús; no importa si entienden o no; no importa si dicen: yo soy de Pablo, yo soy de Apolos. A mí no me importa si un hermano me dice: yo soy bautista, yo soy metodista; a mí lo que me importa es si es de Cristo; no me importa lo que él dice, me importa lo que él realmente sea. Un hijo de Dios puede pensar que él es bautista o presbiteriano, pero él es un hijo de Dios, él es un miembro del cuerpo de Cristo. Yo no le puedo decir: "Ah, es que usted es metodista, usted es de otra iglesia, en cambio yo soy presbiteriano". Si él ya nació de nuevo, es nacido de mi Padre y pertenece a la Iglesia universal del Señor, la de Dios; y si está en la misma localidad donde yo estoy, es de la iglesia en esa localidad.


Representando la inclusividad del Señor

Si tú vivieras en Filipos, ¿de qué iglesia serías? Y si tú vivieras en Antioquía, ¿de qué iglesia serías? ¿De la de Bernabé, o de la de Lucio, o de la de Manaén? En la Biblia no es así; en la Biblia, Manaén, y Lucio, y Saulo y Bernabé eran de la misma iglesia. Algunos hermanos eran de la iglesia en Filipos, otros de la iglesia en Jerusalén, otros de la iglesia en Corinto, etc. Si estás en Chipaque, eres la iglesia en Chipaque con todos los hijos de Dios en Chipaque. Puede ser que no todos los hijos de Dios entiendan, pero si tú entiendes, tú tienes que actuar a nombre de todos, incluyendo a todos, sin excluir a ninguno que el Señor incluya; debes representar la inclusividad del corazón del Señor. Pero a veces nosotros mismos tenemos al Señor y no representamos su inclusividad y su receptividad, hasta que el Espíritu Santo nos dice: "el Templo que yo quiero tiene sesenta codos de largo; toda mi casa debe entrar, no solo tú familia o los de tu grupo".

No existen iglesias autóctonas; si viene un gringo a tú pueblito de Tipacoque, y si él es cristiano, es de la iglesia en Tipacoque; no porque él sea gringo no es de la iglesia en Tipacoque; es gringo pero está en Tipacoque, Pablo no dice: todos los santos en Cristo que nacieron en Filipos, no; que están en Filipos.


Cuando en Filipenses dice: "todos los santos en Cristo Jesús...", ahí se ve la longitud de la casa de Dios. Pero mis hermanos recordarán que la casa no sólo tiene el largo, sino que tiene ancho, y el ancho es apenas un tercio del largo; el ancho mide apenas veinte codos, y eso nos muestra que la Iglesia sí tiene cosas especiales. Es decir, el Señor murió por toda clase de seres humanos, pero solamente los que le reciben son a los que redime Su sangre. Por eso cuando leemos: "todos los santos en Cristo Jesús", pero enfatizando la palabra santos, tenemos el ancho. Si tomamos ésta frase: "todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos", y resaltamos la palabra todos, vemos el largo; pero cuando subrayamos la palabra santos, entonces vemos el ancho.


El ancho del Templo es un tercio del largo; es decir que no todas las personas están en Cristo. Cristo murió, y la muerte de Cristo bastaría a cualquiera que esté en Filipos aunque esté en el alcantarillado, sin embargo si esa persona no cree en Cristo, no le aprovecha la muerte de Cristo. Para que te aproveche, para que lo usufructúes, tú debes creer.


La Iglesia es una en el largo y santa en el ancho

Cristo murió por todos nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo; eso es una expiación que abarca a todos, pero es efectiva para los que creen. Ahí vemos el ancho de la casa. Cuando vemos el largo estamos viendo lo que es general en la Iglesia de Dios; todos los hijos de Dios con todas sus posibles escuelas de opinión. Cuando vemos el ancho de la casa, que es más estrecho, estamos viendo lo que es fundamental, lo que es esencial, aquello sin lo cual no se está en la Iglesia, aquello que tiene que ver con el fundamento; porque puede haber personas que hablen de Jesús, pero no es el Jesús del que habla el Espíritu Santo por boca de los apóstoles, entonces hablan de otro Jesús, hablan de un Jesús moralista, humanista, incluso espiritista, o de la era de acuario. Hay muchos supuestos Jesús, pero son otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio. Aunque la Iglesia es inclusiva de todos los hijos de Dios, no es inclusiva de toda clase de otros supuestos Jesús, espíritus y evangelios, no. Jesús es solamente el de la Biblia, el de los apóstoles; el Espíritu es solamente el Santo, y el evangelio es solamente el evangelio de Dios que está en la Biblia. No hay otro evangelio, y no hay otro Jesús. Claro, hay algunos llamados evangelios que pretenden pervertir el verdadero evangelio, como dice Pablo a los Gálatas, y presentar otro Jesús y otro espíritu. Aunque la Iglesia es inclusiva de los hijos, no es una Iglesia ingenua, a la que le ponen en la boca sapos, culebras, serpientes, toda clase de bichos, no. La Iglesia en esto es santa; es una, pero santa.

Cristo formándose en los santos

La Iglesia es una en el largo, y santa en el ancho; pero también aparece el alto en la misma frase cuando dice: "todos los santos en Cristo Jesús...". Ahora ya no vamos a subrayar el todos, que es el largo, ni el santos, que es el ancho, sino la frase en Cristo Jesús, que corresponde a la altura de la casa de Dios, los treinta codos, la medida de Cristo, la estatura del varón perfecto. Es decir, Dios quiere a Cristo formándose en los santos.

"En Cristo Jesús"; allí está la puerta de la casa. Cristo Jesús es el pórtico de la casa. Cuando dice: "todos los santos que están en filipos", no son todos los filipenses; es decir, hay algunos que están en Filipos pero no están en Cristo; están entre los santos pero que no entraron por la puerta, sino que están mirando desde afuera por las ventanas. Cuando tú lees: "todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos", ahí tú ves el largo, el ancho, el alto, el pórtico y las ventanas.


Los aposentos laterales y el ministerio

Ahora vamos a ver los aposentos laterales: el apostolado, el obispado y el diaconado. ¿Dónde está el apostolado? En el versículo 1: "Pablo y Timoteo…", es la revelación del apostolado a la Iglesia. El templo estaba rodeado de aposentos alrededor y eran los que reforzaban el muro, guardaban la casa; allí también se guardaban los vestidos y se preparaban las cosas; todo lo necesario para el ministerio de la casa se desarrollaba allí, y también se guardaban los tesoros.

El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, que representa el servicio, es decir el diaconado, que es el primer grado; como dice la Biblia: "Porque lo que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso" (1 Ti. 3:13). Ahora, ¿no dice allí en Romanos que el servicio es un don de gracia? El servicio es un don de gracia; por eso es que aparecen los dones de gracia en Romanos 12:6:


"6De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir".


Son dones según la gracia; son dones de gracia. Esta palabra que aquí dice servicio, en el griego es diaconía. La diaconía es la base del diaconado, porque la diaconía es general para todos los santos; todos los santos deben servir en la obra del ministerio; por eso dice que Él constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, es decir, la obra de la diaconía, como dice en el griego. Es decir que hay una diaconía o un servicio general de los hijos de Dios. Todos los hijos de Dios deben servir en la diaconía; pero no quiere decir que sean diáconos nombrados en el diaconado. Entre toda la diaconía o ministerio de los santos, algunos, especialmente aquellos que sean sobresalientes en el área del servicio de las cosas materiales, de la administración, del cuidado de las iglesias y de todas estas cosas, entonces el Señor dice: Bueno, pongan en prueba a algunos de entre todos los santos; porque todos deben servir, algunos prestan un servicio especial, y entonces cuando están a prueba es una especie de subdiaconado; y cuando pasan la prueba, forman el diaconado, que es un don de gracia que se perfecciona; y de ahí el número cinco del ancho de la cámara de abajo. Pues el 5 es el número de gracia; y por eso el altar de bronce, que representa la cruz de Cristo, era de cinco codos por cinco codos, representando la gracia; porque el número tres es Dios, Padre, Hijo y Espíritu; el número cuatro, la creación; y después, el número cinco, la gracia. En el capitulo cuatro de Apocalipsis vemos a Dios siendo adorado por la creación, y en el cinco por la gracia. Entonces, el número de la gracia es el cinco, y son cinco codos de ancho los de la cámara de abajo.


Los obispos son los mismos ancianos

Pero luego, además de haber diáconos, hay obispos. Los diáconos son los del aposento de abajo, pero hay que subir, porque sobre los diáconos Dios estableció un gobierno, y el gobierno de cada iglesia son los obispos. La Palabra dice: "Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor" (1 Ti. 5:17); y los ancianos son los mismos obispos. Si tú ves en Hechos de los Apóstoles, capítulo 20, allí Pablo llama a Mileto a los ancianos de la iglesia en Éfeso.

"17Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia"; y empieza a hablarles, diciéndoles también: "28Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos". Pablo llama obispos a los ancianos.


El gobierno es para poner en orden la casa de Dios; y por eso aparece con el 6, que es el número del hombre. La cámara de abajo es de cinco codos, pero la de arriba es de seis codos; es más ancha porque tienen más autoridad los ancianos que los diáconos. Los diáconos tienen la administración de las cosas materiales en la iglesia de la localidad de Filipos, pero el gobierno lo tienen los ancianos. Es decir, es el presbiterio o los obispos de la ciudad; porque la jurisdicción de los ancianos es la ciudad, así como en Filipos estaban los obispos de la iglesia en Filipos. Pablo le dice a Tito: "Por esta causa te dejé en Creta, (que es una isla que tiene muchas localidades, muchos pueblos, muchas polis y municipios) para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos (presbíteros, obispos) en cada ciudad" (Tito 1:5). La jurisdicción de la junta de ancianos, o presbíteros, u obispos o también llamados pastores en el sentido amplio, es la ciudad, o localidad, o municipio.


Varones principales

La palabra pastores que aparece en la versión Reina Valera en Hebreos 13:7, aparece como traducción de la palabra griega poimen, que quiere decir guías, que es la palabra pastores en el sentido amplio; es decir, todos los líderes ya sean apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, en el sentido estricto o poimén en griego, son pastores en general; esos son los que se llaman los  pastores o guías.

Ahora, en Efesios 4, dice apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; ahí está dividiendo el ministerio, separando estos pastores en el sentido de aquellos hermanos que apacientan y cuidan las ovejas, que las llevan sobre los hombros, que las atienden y las aconsejan; esos serían poimén en el sentido estricto. Hay, pues, hermanos que son pastores o apacentadores en el sentido estricto y hermanos que son guías. En el concilio o sínodo de Jerusalén, cuando escribieron la carta y mandaron a Bernabé y Pablo y escogieron a dos más, a Silas y a Barsabás, dice en esta traducción que eran varones principales entre los hermanos, esta palabra que se traduce varones principales es la misma palabra que se traduce guías y que aparece como pastores en Hebreos 13;7; es decir que esos varones principales se refiere a hermanos lideres, ya sea que sean apóstoles, profetas, evangelistas o pastores apacentadores, o maestros. Entonces, la palabra pastores en Hebreos, es una palabra general; en cambio en Efesios es una palabra especifica. Estos obispos de la ciudad son los mismos ancianos, son los mismos presbíteros, son los mismos pastores en el sentido de ser guías, es decir, los que trabajan y nos presiden en el Señor y nos amonestan.


Aquí ya vemos, pues, la segunda galería de aposentos de la casa de Dios, que refuerzan como contrafuertes, para guardar la casa de Dios, donde se guardan sus tesoros, donde se cambian las vestiduras, donde los sacerdotes preparan el servicio de la casa. Esa es la segunda galería.


Los apóstoles, autoridad sobre los ancianos

Pero la Palabra dice: "19Contra un anciano no admitas acusación sino con (en presencia de) dos o tres testigos. 20A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman" (1 Ti. 5:19-20). Pablo, que era un obrero, un apóstol, le dice a Timoteo que él tiene que auditar a los ancianos de las iglesias que ellos establecieron. Claro, no van a auditar a los que otros establecieron; a ellos los auditarán aquellos que los establecieron; pero las iglesias que Pablo y Timoteo y su compañía apostólica establecieron, esos presbíteros son auditados por los apóstoles; es decir que hay autoridad sobre esos ancianos. Por eso es que Diófretes decía: no, no queremos recibir a Juan; y entonces dice Juan: "Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteado con palabras malignas contra nosotros" (3 Juan 10). Y Pablo le dice a Timoteo: A los ancianos que persistan en pecar, después de una y otra amonestación, repréndelos. Vemos, pues, que Dios estableció autoridad sobre los ancianos, que es la compañía de obreros apostólicos que los establecieron.

Por eso es que encima del segundo piso hay un tercer piso que tiene siete codos de ancho. El número siete es el número de plenitud.

Cuando dice en Filipenses 1:1 "Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo", allí aparecen las distintas clases de apóstoles. El apóstol del Espíritu Santo, edificador del cuerpo, que es Pablo, y Timoteo, que fue hecho apóstol por la inclusión por Pablo en su ministerio. Timoteo hace la obra del Señor así como Pablo, pero Pablo incluyó a Timoteo en su apostolado. En Tesalonicenses se dice de Timoteo con Silvano y Pablo, que son apóstoles, incluidos Timoteo y Silvano; es decir que Pablo introdujo a Timoteo al apostolado. Pero notemos donde aparece que las vigas no se pueden empotrar en la casa, sino en las disminuciones que se hacen a la casa, para que el peso del ministerio no caiga excesivamente sobre la iglesia, y no se abuse del ministerio.


El apóstol Pablo dice: "Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo". Ellos eran apóstoles y decían: nosotros tenemos derecho, pero no hicimos uso de ese derecho para no seros gravosos a vosotros. Siendo apóstoles y teniendo el derecho propio del apostolado, ellos voluntariamente renunciaron a ese derecho y se declararon siervos, y no actuaron enseñoreándose sino sirviendo. Ahí vemos por qué las columnas no se empotraban en el muro de la casa, mostrando cómo los apóstoles no se enseñorean de los santos. Pedro dice: "2Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente, no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey" (1 Pe. 5:2-3); como aparece en el templo, las columnas no se empotren en el muro de la casa, sino que haya una disminución.


La importancia para el Señor de la Iglesia

En este solo versículo 1 de Filipenses, tenemos una ilustración neotestamentaria del templo; en un solo versículo está todo. "Pablo y Timoteo…"; ahí está esa galería del tercer piso de siete codos de ancho; "siervos de Jesucristo…"; aquí está el ministerio no haciéndole peso al muro; "a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos…";  ahí está el largo, el ancho, el alto de la casa, la puerta, el pórtico y las ventanas. Ahora nótese que no dice: esta carta se la dirijo al reverendísimo cardenal fulano, no; la carta va dirigida a los santos y obispos. Por eso no están en el medio sino en un aposento lateral.

Lo que es importante para el Señor es la iglesia, el candelero, no es el apóstol Juan ni el ángel de la iglesia. El candelero es la iglesia; la iglesia es la que es el candelero. Claro que el Señor envía al ángel de la iglesia y a los apóstoles; y el Hijo del Hombre se mueve en medio de los candeleros; pero el candelero no es el ángel, el candelero no es el apóstol, es la iglesia. Lo que el Señor quiere tener es su candelero, Su iglesia con todos, todos los santos en Cristo Jesús funcionando, sirviendo para el gobierno de Dios, en la comunión del cuerpo de Cristo a través del apostolado.


Una iglesia normal, es una iglesia como la que aquí describe Pablo, es una iglesia bíblica,  donde el modelo del templo se ve perfectamente. Así debemos ser también nosotros en cada una de nuestras localidades, tener un corazón inclusivo de todos los hijos de Dios y estar fundados en Cristo Jesús, sin otro Jesús sino el de los apóstoles, el de la Biblia; sin otro Espíritu sino el Santo, sin otro evangelio que el de la Biblia, pero inclusivos de todos los hermanos como la única iglesia en nuestra localidad, que reconoce a todos los santos de nuestra localidad, pueblo o municipio. En comunión, no aislados, con las demás iglesias a través de los apóstoles; así como ellos escribían:

"Para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Juan 1:3). Ahí están todos los santos teniendo comunión como una sola iglesia en su respectiva localidad y todas las iglesias del universo teniendo comunión en Cristo según la Palabra, sin necesidad de crear ninguna gran ramera con misión internacional; porque no estamos predicando ecumenismo sino el cuerpo de Cristo, la casa de Dios conforme a su modelo. El Señor nos ayude a caer en cuenta que este versículo nos dice muchas cosas. Es un solo versículo, pero aquí está todo el modelo.

NO SE OYERON INSTRUMENTOS DE HIERRO MIENTRAS SE EDIFICABA EL TEMPLO

Por cristianogiv - 22 de Septiembre, 2006, 0:12, Categoría: General


El templo de Dios (9)


CAPÍTULO IX

NO SE OYERON
INSTRUMENTOS DE HIERRO
MIENTRAS SE EDIFICABA
EL TEMPLO



Dios está trabajando en la construcción de Su casa

Vamos a continuar con el estudio del libro primero de los Reyes, en el capítulo 6, el que se relaciona con la descripción del templo construido por Salomón. En la última ocasión de esta serie habíamos hecho una ilustración neotestamentaria del modelo del Templo, puesto que ya los trazos principales en los primeros versos habían sido tratados, y habíamos llegado al versículo 6. Ahora, para el estudio de este día, nos correspondería el versículo 7, para considerar, con la ayuda del Señor, lo que el Espíritu Santo nos quiere decir con este versículo 7.

En él usa palabras todas significativas, porque Dios no habla necedades. Todas las palabras que Dios utiliza tienen un sentido espiritual. Ustedes saben que lo espiritual es rico, es profundo, es vivificante, nos ilumina, nos conduce; leamos, pues, este versículo 7 con gusto, leamos sabrosamente, a ver qué nos dice el Espíritu Santo. Y ciertamente estamos leyendo espiritualmente.


“Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro”.


¡Es algo maravilloso! De manera que ya Dios estaba trabajando en la casa cuando aún estábamos lejos de ella. Cuando las piedras fueron traídas para la edificación de la casa, ellas habían sido preparadas, podríamos decir, en la cantera; y esto es muy interesante comprenderlo; porque a veces nosotros pensamos que solamente lo que estamos viendo ahora, o en un determinado momento presente, es la obra del Señor; pero observamos que el Señor comienza Su obra desde mucho antes. Las cosas van a ensamblar en un futuro; el propósito de Dios es que las cosas ensamblen en un futuro. Pero vemos que a veces Dios necesita tomarse Su tiempo con cada uno de los Suyos, antes de hacernos ensamblar con los demás. Yo sé que mis hermanos conocen aquél pasaje de Efesios, capítulo 3, porque en algunas ocasiones, en algunos lugares, hemos tratado este capítulo.

En el versículo 14, comienza a tratar del trabajo personal, digamos de cada piedra en su cantera; pero cuando llegamos al versículo 18, llegamos al momento del ensamblaje de estas piedras; es interesante que existe un proceso dentro del pueblo de Dios, en el cual todavía los componentes del cuerpo de Cristo, digamos las piedras del templo de Dios, no están todavía en su lugar ni están listas, y sin embargo está previsto ese tiempo en que hay muchas piedras y muchas tablas, pero no están en su lugar, no están ensambladas debidamente una con la otra; y sin embrago Dios estaba trabajando. No se puede decir que Dios no ha hecho nada. Mientras la Iglesia no tomaba conciencia de su unidad y de la unanimidad, sin embargo Dios estaba trabajando, pero estaba trabajando en las canteras;  podemos decir que a veces nosotros estuvimos durante algún tiempo en canteras y Dios trabajaba con nosotros en la cantera para luego ser traídos a ser ensamblados juntos en la casa.


Despertamiento espiritual

Analizamos, pues, en Efesios 3:14 en adelante: “14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que (esta intercesión de Pablo es  para que) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu“. Esto podríamos decir que es todavía un trabajo de cantera, porque es un trabajo que tiene que ver con la persona espiritual. Dios quiere que las personas sean espirituales, y Dios despierta el espíritu de las personas. En el libro de Hageo, se nos dice que el espíritu de ellos fue despertado antes de ellos venir a Jerusalén; el espíritu de los hebreos fue despertado mientras todavía estaban en Babilonia. Si ustedes quieren fijarse en el momento del despertamiento del espíritu, en el libro del profeta Hageo, lo podemos leer en Hageo 1:12:

“12Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Yahveh su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Yahveh su Dios; y temió el pueblo delante de Yahveh. 13Entonces Hageo, enviado de Yahveh habló por mandato de Yahveh al pueblo, diciendo: Yo estoy con vosotros, dice Yahveh. 14Y despertó Yahveh el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; (primero es una operación en el espíritu) y vinieron y trabajaron en la casa de Yahveh de los ejércitos, su Dios”. Vemos que primero el espíritu debe ser despertado; debe haber un trabajo genuino del Espíritu de Dios dentro de la persona, y ese trabajo no necesariamente comienza  en medio de la casa de Dios. Observemos dónde estaba el hijo pródigo cuando el espíritu comenzó a trabajar en su interior; él estaba allá con los marranos, él estaba allá en una provincia lejana. Pero dice que volvió en sí mismo, y dijo: ¿qué hago yo aquí en esta pocilga? Me gustaría comer lo que comen los marranos, pero en la casa de mi padre, sus siervos tienen abundancia; voy, pues, a volver a mi padre y a su casa. De modo que el trabajo de Dios no comienza en la casa, sino cuando la gente está lejos. El Espíritu Santo comienza a trabajar en el interior.


Cuando la persona comienza a volver

Nosotros en vano vamos a tratar de entrar en componendas en forma artificial con hermanos para ser uno, si primero no hay una operación legítima del Espíritu en el interior de las personas. Primero Dios trabaja en la persona misma, en cada persona en su rincón, y luego cuando el Espíritu ha hecho el trabajo y ha despertado, y la persona ha vuelto en sí, dice: iré a la casa de mi padre. Si nosotros observamos en el libro de los Salmos, desde el Salmo 120, ustedes se van a dar cuenta que hay un subtítulo a toda esta colección de Salmos del 120 al 134; todos estos Salmos tienen el subtítulo que se llama cántico gradual; se les llama cánticos graduales porque se cantaban en las gradas. Si usted ve la serie de estos cánticos graduales, note que el primer Salmo, el 120, digamos que se cantaría en la grada de más abajo; es un canto que se canta estando lejos, pues dice:

Primer grado. “1A Yahveh clamé estando en angustia, (ahí es cuando la persona comienza a tomar conciencia para volver) y él me respondió. 2Libra mi alma, oh Yahveh, del labio mentiroso, y de la lengua fraudulenta. 3¿Qué te dará, o qué te aprovechará, oh lengua engañosa? 4Agudas saetas de valiente, con brasas de enebro. 5!Ay de mí, que moro en Mesec, y habito en las tiendas de Cedar! (todavía no en Jerusalén, está bien lejos, está en Moscú, no en Jerusalén; dice: moro en Mesec, y Mesec es Moscú al norte, o Cedar al sur) 6Mucho tiempo ha morado mi alma con los que aborrecen la paz. (Los que no están en Jerusalén) 7Yo soy pacífico;  (yo soy de Jerusalén) mas ellos, así que hablo, me hacen guerra”. ¡Qué diferente este ambiente al de la casa de Dios; es un ambiente de pelea!


Segundo grado. Luego continúa en el Salmo 121: “1Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? 2Mi socorro viene de Yahveh”. Y ahí comienza, ya se siente incómodo ahí dónde está, y empieza a mirar hacia los montes, hacia los montes de la casa de Dios.


Tercer grado. Luego en el siguiente Salmo, el 122, dice: “1Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Yahveh iremos. (Ahora sí, a la casa de Yahveh iremos, ahora sí empieza a caminar) 2Nuestros pies estuvieron dentro de tus puertas, oh Jerusalén. 3Jerusalén que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí”.


Entonces ahí comienza el alma a pasar de esa posición lejana a irse encaminando grado tras grado, subiendo las gradas hasta el santuario de Dios, narrado en todos estos salmos.


Último grado. Ahora, al observar el último de los cánticos graduales, que es el 134, miremos cómo dice: “1Mirad, bendecid a Yahveh, vosotros todos los siervos de Yahveh, los que en la casa de Yahveh estáis por las noches. 2Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid a Yahveh. 3Desde Sion (no desde Mesec, desde Sion) te bendiga Yahveh, el cual ha hecho los cielos y la tierra”. Ahora sí está en la casa; ahora sí se ve desde la casa, desde el Santuario; y ¿qué había dicho en el Salmo anterior para poder decir que está en el Santuario y en Sión? Miremos lo que decía el Salmo anterior, el 133: “1¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! (Ahora sí está en Jerusalén) 2Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras”. Por eso se llaman cánticos graduales, porque van de grado en grado en una posición espiritual de regreso a la casa de Dios. Ellos estaban lejos, y el espíritu comienza a trabajar allá lejos, en Moscú, que era como decir, en el extremo norte de Jerusalén; porque en el mismo meridiano de Jerusalén está Moscú, en el extremo norte; y desde allí comienzan a caminar hacia Jerusalén, y otros desde Cedar, que es otro lugar al sur, como por Arabia; viniendo hacia Jerusalén unos desde un extremo y otros del otro extremo.


Fueron despertados lejos de la casa de Dios

Volvemos a Hageo 1; allí nos dice: “14Y despertó Yahveh el espíritu de Zorobabel”. Todo comienza con una operación en el espíritu de las personas; si la persona viene y no recibe una revelación de Dios mismo, no camina. Tiene que ser Yahveh quien despierte el espíritu; y lo despierta no en la casa, no, sino por allá en los confines. Gracias a Dios que Él nos visita en nuestras cuevas y en nuestros rincones en los confines; y comienza a trabajar allá con cada uno. Si cada uno de nosotros miráramos nuestra propia vida, sabríamos desde dónde comenzó el Señor a trabajar y a pasar, y por cuántos grados hemos estado subiendo. ¿Por cuántos grados hemos pasado realmente? ¡Por muchos grados!

Notemos que el Señor no sólo despertó el espíritu de Zorobabel, sino que dice que despertó “el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Yahveh de los ejércitos, su Dios”.

Era la casa de Yahveh. “1Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Yahveh iremos”. Y vinieron; eso significa que no estaban ahí cuando fueron despertados. Fueron despertados fuera de ahí; fueron hechos piedras fuera, pero tenían que empezar a ser tratados hasta que estuvieran listos a llegar a ensamblar con los demás. Ellos “vinieron y trabajaron en la casa de Yahveh de los ejércitos, su Dios, 15en el día veinticuatro del mes sexto, en el segundo año del rey Darío”.


En Efesios 3 vemos también el mismo proceso del paso del trabajo espiritual, personal, individual y con las personas, hasta que las personas empiezan a ver lo que es la casa de Dios, a discernir lo que es el Cuerpo de Cristo. Los hijos de Dios ya son hijos de Dios desde el día en que nacen de nuevo, pero todavía no vienen a servir en el Cuerpo de Cristo con discernimiento de su posición en el Cuerpo. El Señor comparaba a Su pueblo, como dice allí en Ezequiel 37, con “un valle de huesos secos”. Ezequiel se queda mirando esos huesos secos, y dudaría mucho que vivieran; él no le dijo al Señor que vivirían, cuando el Señor le preguntó: y ¿tú qué dices, Ezequiel? ¿vivirán estos huesos? Ezequiel vio que estaban secos en gran manera. Ezequiel no dijo: ¡Sí!. Sólo dijo: Señor, tú lo sabes; yo no me atrevo a decir que vivirán. Pero Dios sí se atreve, y dice Ezequiel 37: “9Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Yahveh el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán”.


El Espíritu sopla primero

Y cuando el Espíritu comenzó a soplar, dice que hubo un temblor, y dice que empezaron cada hueso a juntarse con su hueso. Antes cada hueso estaba fuera de lugar; y hay un peligro en la vida espiritual cuando no estamos en nuestro debido lugar, pero somos hijos de Dios, y estamos en un proceso legítimo; pero no estamos en nuestro lugar, estamos vagando, estamos en el valle, estamos bajo el tratamiento de Dios, pero todavía no estamos encajando en nuestro lugar, en nuestra coyuntura en el Cuerpo de Cristo. Fue después de que cada hueso se juntó con su hueso y hubo aquella coordinación, que aparecieron los músculos, los nervios, la piel, y se formó un ejército fuerte en gran manera que es el pueblo de Dios. Pero el pueblo de Dios no llegó a ser fuerte, sin primero haber estado totalmente desvinculado uno del otro y seco. El Espíritu tenía que soplar primero; sólo después que el Espíritu sopla empieza a haber vida espiritual. ¿Hacia dónde sopla el Espíritu?  A poner en coyuntura uno con otro. El Espíritu siempre te dirige hacia donde tú tienes que encajar; el Espíritu Santo te va a llevar en tu hora, en tu momento a tu lugar; pero eso es un proceso que se demora; si nosotros no somos bien renovados, no queremos encajar.

En Cantar de los Cantares, cuando la novia es nueva, anda vagando; entonces se le dice: “8Sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores”. Pero ella andaba vagando por la ciudad para arriba y para abajo, y andaba con mucha sed de Dios. Ella le pregunta: “7¿Dónde apacientas, dónde sesteas al medio día?” Y después el Señor le dice: “8Sí tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres”. ¡Qué bueno es el Señor! La llama hermosa desde el principio, cuando todavía es bien díscola; está dislocada; dislocada viene de díscola; no está con las tuercas bien puestas todavía. Y el Señor trabaja, y le dice: “Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, vé, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores”.


El Espíritu nos va sacando de lo individualista

Notemos que en Efesios 3:14 empieza con el despertamiento del espíritu, empieza con un trabajo personal.  Jesús dijo: “44Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere. 6Tuyos eran y me los diste”. (Juan 6:44; 17:6). Dios es el que tiene que atraer a las personas;  Dios es el que junta a las personas. Dios tiene que hacer un trabajo durante un tiempo, muy personal. Y al principio de nuestra vida espiritual nosotros somos muy individualistas, y no queremos que nadie se meta en nuestra vida; y vivimos bien aisladitos para venir y visitar un ratito, y chao, chao; porque yo sigo haciendo mi voluntad, a mi manera, escondidito en lo mío, en mi casita, un buen tiempo; y el Señor cada vez nos va atrayendo a la sartén, y vamos saliendo de nuestras cuevas, de nuestros escondrijos y vamos saliendo de lo personal, de lo individual, de lo egoísta, a lo corporativo.

Dice el Salmo 43:3: “Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán (¿a dónde?) a tu santo monte, y a tus moradas”. El Espíritu nos dirige primero al santo monte, a la posición exaltada en unión con Cristo, y una vez que estamos en Cristo victoriosos, estamos también con el Cuerpo de Cristo. Pero mientras ese proceso se da, estamos por allá alejados. Por eso dice Efesios 3:16: “16Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu; (eso es el trabajo personal de Dios con cada uno en su hombre interior) 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones”. Ahora del espíritu del hombre interior pasa al alma, pasa al corazón, pasa a la mente, pasa a las emociones, pasa a la voluntad.  Dios comenzando a trabajar con el área de nuestra alma; ahí es cuando sí se oyen martillazos, ahí sí se oyen serruchazos, ahí sí, en la cantera. En la casa no. Dios no quiere que en Su casa se oigan martillazos ni serruchazos, ni hachazos, ni pulidora. En Su casa no, en la cantera sí.

Dios comienza a trabajar en algo, en el alma, para que Cristo habite por la fe en los corazones. Ahora, ¿para qué es ese trabajo en los corazones? ¿Para qué es ese tratamiento en nuestra vida personal, así como a Jacob? Jacob vio la revelación de Bet-el, pero no fue martillado en Betel, sino en casa del tío Labán; él se fue a hacer sus negocios por allá, y Dios se fue detrás de él. Y empezaron a sucederle cosas a Jacob, hasta que fue pulido, y dejó de ser Jacob, y se volvió Israel; y ya cuando era Israel, Dios le dijo: Ahora sí, vuelve a Bet-el.

Jacob, después de haber sido tratado por largos años en su vagancia, digamos, en la cantera de su vida diaria, de las circunstancias, como las personas que a veces nos demoramos muchos años haciendo nuestra voluntad, tratando de aprender la voluntad de Dios y a consentir con ella; cuánto nos demoramos en comprender y  consentir la voluntad de Dios; así Jacob, cuando ya el tío Labán tiene cara larga y sus hijos también, y etc., etc., le dice Dios: “Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí” (Gé. 35:1). Y ahí es cuando Jacob en su camino a Bet-el, llega a ser Israel. Y ya cuando llegó a Bet-el, él ya no era Jacob, era Israel. Y llegó a Bet-el siendo muy Israel. Y ahora sí, se consagró a lo que al principio entendía pero todavía no lo hacía.

Porque uno primero entiende y después lo aplica; primero, entiendo, primero predico, después lo aplico. ¡Terrible!


Arraigados y cimentados en amor

Dice Efesios: “17Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que (ahí está, para qué es ese trabajo en el corazón, esa molienda y todo lo que nos acontece en nuestra vida privada, en nuestro viaje por la tierra del tío Labán, para esto) arraigados y cimentados en amor (ahora sí), 18seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos...”. Hasta aquí uno no era capaz de comprender con los hermanos; sólo era capaz de pensar a mí manera, y que todos piensen como yo; y no te doy la oportunidad de pensar distinto. Y es que tan pronto sospecho que tienes una opinión distinta, ya te excomulgo; por una sola sospecha, a veces infundada; pero Dios empieza a tratar, y a tratar y a tratar a fin de capacitarnos. “A fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura...”. Ahora sí con todos; para ello Dios tiene que trabajar en la vida personal de cada uno, y hay previsto un margen de error; digamos que a todo ese caminar individualista, llamémoslo margen de error, porque no es todavía en su lugar, pero previsto por Dios. Dios sabe que tiene que tratar con la persona individualmente, antes de poder tratar con ella en común. Solamente cuando Dios ha tratado realmente con la persona, es que la persona entiende cuál es su lugar con los demás. Al principio uno piensa que mientras yo tenga una devoción con Dios, con tal que no me vaya al infierno todo está bien; pero el trabajo de Dios no es individualista.

El trabajo de Dios para que conozcamos a Cristo

El trabajo de Dios es para edificar la casa colectivamente. El trabajo individual no es todavía suficiente. El trabajo debe ser colectivo, y debe ser para la comunión, debe ser para el ensamblaje del templo de Dios. Por eso, ahora sí, trabajando en su corazón, arraigado y cimentado en amor, para ser plenamente capaz, es decir, capacitado ampliamente para comprender, ¿cómo? ya no solo, individual, sino una comprensión colectiva, con todos los santos, cuáles sean las medidas del Templo, el amor de Cristo. Cuando somos individualistas no pensamos que Cristo pueda llegar a tanto. Ahí está aquél hijo, el que había quedado con su padre, el padre del pródigo; se enojó porque el padre iba a recibir al hijo que se había perdido por allá; y no quería entrar a la fiesta: ¡No voy a entrar, no! Se enojó. Y no quiero entrar. Si tu hijo se estaba gastando el dinero, ¿cómo le vas a hacer una fiesta y cómo lo vas a recibir de nuevo? Y se enojó y no lo quería recibir. Pero el padre dijo: Mi hijo estaba perdido y es hallado, ¿cómo no lo voy a recibir? Tú siempre estás conmigo. El hijo le decía: Tú nunca me has dado nada. Pero, hijo, todo lo mío es tuyo; pero él no se había dado cuenta de que todo lo del Padre era de él, y él pensaba que Dios no le daba nada y que al otro le daba todo,  y que el otro no merecía y él sí merecía. Y el Padre le dice: Todo lo mío es tuyo, sin embargo tú no lo disfrutas porque no te das cuenta de que es tuyo, no crees que es tuyo, y ahora te enojas porque tu hermano es perdonado.

Sigue diciendo Efesios 3: ”18...seáis plenamente capaz de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19y de conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento, para que seáis llenos de toda plenitud de Dios”. Ahora sí, estos últimos versículos son colectivos. Comprender con todos los santos las medidas del Templo. El Señor estaba hablando de la anchura, de la longitud y de la profundidad. La longitud se refiere hasta dónde el Señor es capaz de llegar, y la anchura se refiere a lo mínimo que el Señor exige; así también la Iglesia debe estar dispuesta a llegar, en su receptividad, hasta donde llegue Jesús. Pero a su vez la Iglesia debe ser celosa con Cristo, en exigir el mínimo que exige Dios; ese mínimo es la anchura, y el máximo es la longitud.


Dios no quiere que haya escándalos en la Iglesia

Volvamos de nuevo a 1 Reyes 6:7: “Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, (Dios estuvo trabajando a cada uno hasta el final, cuando ya es el momento de ensamblar la verdadera casa. Hasta aquí hemos ensamblado montones de divisiones de denominaciones, montones de grupos independientes, montones de, digamos, cristianos “libres”, hasta ahora; pero cuando yo tengo que edificar la casa, ahora sí, la persona tiene que haber sido tratada) de tal manera que cuando la edificaba...”. Mire el interés de Dios. ¿Por qué Dios hace esto de tratar a cada uno en su rincón,  de corregir a cada uno por allá en su cueva a dónde se escapó? Porque realmente nos escapamos a nuestras propias cosas, porque el que hace los males se esconde; cuando alguien lleva pecado, se esconde. Cuando Adán y Eva pecaron, ellos se escondían. ¿Por qué, hermanos? Porque en la luz Cristo es manifiesto; cuando estamos en la comunión Cristo es manifiesto; por esto a veces, cuando no estamos bien con Dios, no queremos estar con los hermanos.

“Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, (cuando la edificaban;  note ahora este aspecto, este interés de Dios) ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro”.

No en la casa, Dios no quiere que haya escándalos en la Iglesia; nosotros debemos entender esto, que Dios no quiere eso, porque esa es Su casa, es donde Él está. Él no quiere que en Su casa haya escándalos; Él quiere que seamos tratados primeramente en lo particular. Por eso el Señor estableció un orden, e instancias donde Él muestra que la Iglesia no tiene por qué cargarse con el problema de la gente antes que la gente los arregle en privado. Jesús dijo: “Si tu hermano  peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos” (Mt. 18:15); eso no tiene todavía que oírse aquí en la iglesia; aquí en la casa de Dios no tienen que escucharse los martillazos; aquí en la casa de Dios no tienen que escucharse los serruchazos, no. Tú y él solos; allá solos, gana a tu hermano, trata tus problemas personales con tu hermano. El problema es que no le entendemos eso al Señor, y al que menos le hablamos es al interesado; a todos los demás le hablamos, y no al interesado, no. Si tu hermano peca contra ti, vé tú y él solos, que no se oiga. A veces nosotros creemos  que Dios quiere que el otro quede avergonzado, no. Dios no es así.


Hay que pagar un precio

Mire cómo habla el Señor aquí en Apocalipsis 3:18; mira cómo es de delicado el Señor. Claro, sí, si es necesario después Él va a tener que hacer otras cosas, pero mientras tanto miren cómo dice El: “Por tanto, yo te aconsejo (al que pensaba que era rico sin serlo, el típico creyente de Laodicea) que de mí compres oro”; porque esa riqueza que tú dices, soy rico, no es mía, son riquezas del mundo, no son riquezas espirituales; tú dices, soy rico, me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres pobre, desventurado, miserable ciego y desnudo; espiritualmente eres esto, aunque naturalmente eres jactancioso de tus riquezas y de tus dones naturales; espiritualmente eres pobre, “por tanto yo te aconsejo que de mí compres”; es decir, lo que tienes es del mundo, no es mío; todavía no tienes el oro mío, porque no has pagado el precio; te aconsejo que pagues el precio, que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico. No es que yo no quiera que seas rico, yo quiero que seas verdaderamente rico; y eso que tú dices que lo eres; pero tu riqueza es todavía pobreza, es todavía desnudez; “que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico”. Mira: “de mí compres”; porque eso es lo que está escrito, que pagues el precio para vestirte con vestiduras blancas, que compres vestiduras blancas para vestirte; y ¿por qué quiero que te vistas? Para que no se descubra tu desnudez.

Miren la misericordia de Dios. ¿Ustedes creen que Dios se alegra cuando ve nuestros pecados o cuando uno no ve los propios? Dios lo que quiere es cubrirnos. Cuando Él nos ve en nuestra miseria, Él tiene misericordia y quiere que acudamos a Él: Señor, ten misericordia.

Vísteme del nuevo hombre. Que no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Note esa frase del Señor: Que no se descubra; yo no quiero que eso que tú eres sea conocido, yo quiero más bienes cubrirte y perdonarte de tu miseria. Pero vamos a tener que descubrirle nuestras faltas; si no nos examinamos a nosotros mismos vamos a tener que ser examinados por Él; pero si te examinas a ti mismo, si pagas el precio, si compras vestiduras blancas para vestirte, si te vistes del nuevo hombre despojándote del viejo, entonces ya no se descubrirá la vergüenza de tu desnudez. Eso lo dice más adelante en otros detalles de la casa de Dios; así es Dios.


Dios no quiere que se descubra la vergüenza de nuestra desnudez

Dios quiere que las cosas se traten primeramente en privado, y por eso dice: Si tu hermano peca contra ti, vé tú y él solos allá; arreglen las cosa ustedes solos; solamente si no las pueden arreglar solos, entonces toma dos o tres testigos, para que por boca de dos o tres testigos, conste toda palabra. Solamente si no oye a los dos o a los tres, ahora sí hay que decírselo a la iglesia. Vemos que el Señor establece unas instancias privadas para que en la casa de Dios no se oigan los serruchazos, que en la casa de Dios no se oigan los martillazos, sino para que cada persona sea tratada en lo suyo; porque Dios es misericordioso. Dios no quiere avergonzarte por avergonzarte; si es necesario avergonzarnos nos avergonzará, pero si no es necesario, Él no lo va a hacer innecesariamente. Dios no hace nada innecesario; sólo lo que es necesario es lo que Él hace. A veces cruzamos por cosas que no sabíamos que iban a ser tan vergonzosas y dolorosas, pero era porque eran necesarias; porque de otra manera no lo hubiéramos simplilemente corregido; pero Dios no quiere que se descubra la vergüenza de nuestra desnudez. Él quiere tratar a cada uno individualmente.

Ahí está el caso de Apolos. Apolos llegó con muy buena intención a visitar la iglesia en Éfeso, pero él tenía un error doctrinal acerca del bautismo; él todavía bautizaba con el bautismo de Juan, todavía no con el del Nuevo Testamento; pero ahí estaban Priscila y Aquila. ¿Qué hicieron Priscila y Aquila? ¿Acaso se levantaron en público a contradecir a Apolo? no; eso hubiera sido martillar y serruchar en la casa de Dios innecesariamente. No, esperaron que Apolos hiciera todo lo que tenía que hacer, y luego en privado fueron allá y le expusieron de una mejor manera el camino del Señor; es decir, le dieron la oportunidad de corregir de ahí en adelante por él mismo, no tener que ser corregido por otros, sino que lo corrigieron a él en privado, para que él mismo de ahí en adelante corrigiera las cosas; porque, o si no ¿qué va a ser de la casa de Dios? un montón de martillazos y serruchazos. Todos martillándonos y serruchándonos mutuamente sería una cuestión muy terrible. Dios quiere que en la casa de Dios haya la alegría por construir la casa de Dios de tal manera que sea lo debidamente agradable para todas las personas que El Señor trae; para el Señor primero, y para los que están en la casa; y Él quiere tratar con nosotros por un lado, en la cantera, a cada uno en privado; Él trata a cada uno en su vida particular; las cosas no se tienen que tratar todavía en la casa sino al final, cuando no se haya podido dirimir en privado. De los ancianos dice: “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos” (1 Ti. 6:20). ¿Qué quiere decir que persiste? Que primero se trató la cosa en privado, se trató que las cosas se arreglaran sin necesidad de involucrar a la iglesia en el problema; si hubo un pecado de uno para con otro, deberían arreglarlo ellos solos, mas los demás no tienen que meter las narices en lo que no les corresponde; no hay que ser impertinentes.

Impertinente es meterte en lo que no te importa. ¿Y qué a ti? Le dijo el Señor a Pedro, porque Pedro estaba demasiado metido en la vida de Juan. ¿Qué va a pasar con Juan, Señor? ¿Qué es lo que vas a hacer con Juan? ¿Qué te importa a ti, Pedro? Sígueme tú; como quien dice: no seas metido en la vida de otros, sígueme tú; lo que yo tenga con Juan es cosa de Juan y mía. Pero nosotros a veces no tenemos esos cuidados; a veces no tenemos esos cuidados que el Señor sí tiene.

“De tal manera que cuando la edificaban ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro”. Eso nos revela cómo Dios quiere que se hagan las cosas. Que se respeten las personas, que se respete la vida privada de las personas, que se respete el trato de Dios con cada cual, que se respete a la iglesia, que se traten las cosas con cada uno si es necesario, tú y él solos.


El ejemplo de los apóstoles

Hay otros versículos que nos muestran estas debidas distancias que debemos tener; hay debidas distancias que debemos guardar, acerca de ciertas cosas; porque eso es lo que nos revelan esas frases, ni martillos ni serruchos se oían en la casa; hay unas delicadezas que mantener, unos tratamientos. Ejemplo, por ahí andaban Pedro, Juan y Jacobo haciendo la obra del Señor por Jerusalén y Galilea; y  por allá andaba Pablo con Bernabé y Tito, otros haciendo la obra del Señor; y la Cabeza del cuerpo vio que, posiblemente, si ellos no tenían comunión, se iban a formar movimientos distintos que iban a provocar división en la Iglesia. Por eso dice Pablo en Gálatas 2: Por una revelación subí a Jerusalén y traté en privado el evangelio que predico. No se pusieron a discutir Jacobo y Pablo delante de la iglesia, sino que se fueron en privado allá, Jacobo, Cefas, Juan, Pablo, Bernabé y Tito, y en privado conversaron las cosas y expusieron las cosas y recibieron la exhortación  que había que recibir, y ellos reconocieron y fueron reconocidos en lo que había que reconocerse; lo hicieron en privado. Cuando luego en el concilio de Jerusalén había que tratar el asunto, se reunieron los apóstoles y los ancianos, no la iglesia.

No inmiscuirnos en la vida privada de otros

Miremos en Números capítulo 4, ya para terminar este aspecto de la delicadeza de hacer las cosas con reverencia y misericordia. ¿Cuántas veces una frase hiere a una persona? ¿Cuántas personas son destruidas con dos, tres frases, dichas mal en público? Hay que hacer las cosas con cuidado. Notemos cómo el Señor en el libro de Números, capítulo 4:15 en adelante, refleja esos cuidados. “15Y cuando acaben Aarón.... Esto de guardar el arca, envolverla, envolver el candelero, envolver todo, lo tenían que hacer primero; esto lo tenían que hacer los hijos de Aarón solos; ellos solos tenían que envolver el arca, aquellas cortinas, envolver la mesa, envolver los panes, luego envolver el candelero, el altar de oro, y después “cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello...”; no antes; los coatitas no tienen que aparecerse por ahí; no antes; todavía no se metan en eso, no se apresuren; a veces somos tan metidos que queremos adelantarnos a las cosas; no, no. “Cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran”. Porque a veces las personas que entran en cosas que no debían entrar de la vida privada de otros, o en conflictos doctrinales de los cuales no están preparados o en cosas semejantes que sobrepasan a su madurez, ¿qué sucede? se perjudican. “No sea que mueran: Estas serán las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión” Podemos saltarnos al verso 18 “18No haréis que perezca la tribu de Coat de entre los levitas. 19Para que cuando se acerquen al lugar santísimo vivan, y no mueran, haréis con ellos esto...”. Para que no mueran. Mira el cuidado que deben tener los líderes, los que el Señor ha puesto como líderes, que somos iguales que todos, en cuanto que delante de Dios no hay nadie mayor que nadie; somos iguales que todos; pero si Dios encarga a unas personas, esas personas deben tener cuidado con el cuerpo; y a veces hay cosas que, si está fulano o zutano, no  se pueden tratar, porque se le hace daño a esa persona. Lo que trataban Jacobo, Cefas y Juan con Pablo, Bernabé y Tito, no lo podían tratar sino en privado, ellos seis; otra persona podría confundirse al ver a los apóstoles discutiendo, tratando de verificar y confirmar el evangelio que predicaban; eso lo podían soportar ellos, no lo soportarían los nuevos.

 “19Para que cuando se acerquen al lugar santísimo vivan, y no mueran, haréis con ellos esto: Aarón y sus hijos vendrán y los pondrán a cada uno en su oficio y en su cargo. 20No entrarán para ver cuando cubran las cosas santas, porque morirán”. No entrarán para ver cuando cubran las cosas santas.


Hay que cubrir las debilidades de los hermanos

Hay cosas que deben ser tratadas en privado. Suponga que algún hermano ha cometido un pecado, y quiere confesarlo delante de la iglesia; eso a veces no es conveniente; si siente que debe confesarlo, confiéselo en privado a los hermanos maduros, a los hermanos ancianos; y a veces incluso entre los hermanos maduros, ancianos, en un momento de infidencia, un anciano puede usar mal esa información, la puede usar mal. Todos nosotros debemos tener ese cuidado. No puede la iglesia soportar cosas sórdidas de la flaqueza humana; esas cosas deben ser tratadas en privado; pueden ser tratadas con los hermanos maduros; no es necesario cargar a la iglesia con las debilidades de los hermanos. En el Templo de Dios no se deben oír ni los martillazos ni los serruchazos. Como dice acá, vendrán y cubrirán para que no mueran. Esto lo pondrán en su orden para evitar que haya un peligro para ellos. “20No entrarán para ver cuando cubran las cosas santas, porque morirán”. Por eso es que ellos fueron en privado para tratar ciertos asuntos.

Hermano, a veces si alguien no te convida a determinado tipo de reunión, no te molestes, no es para menospreciarte, es para guardarte; a veces no se le puede encomendar a todos las tareas. Miren, hermanos, mayor autoridad de parte de Dios en la casa de Dios significa problemas más graves; en la medida que el Señor te da más autoridad en Su casa, te toca hacerte cargo de problemas más complejos; y a veces los hermanos se adelantan a tratar ciertos problemas complejos antes de tiempo, y es como poner una caja de hierro sobre un fosforito; las personas piensan que van a soportar, y a veces no soportan; las personas no saben lo que significa llevar una carga superior a las fuerzas.


Cosas tratadas en las canteras privadas

Hay personas que se suicidan porque no aguantan el conflicto; entonces hay cosas que el Señor prefiere que se ignoren. Dios no quería ni siquiera que Adán y Eva supieran acerca del bien y el mal, no quería; quería que fueran inocentes, y que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios no quería. Si ellos se hubieran mantenido en su inocencia, Dios los hubiera conducido a la vida, a la luz,  pero ellos se adelantaron a Dios, ¿y qué trajeron? Muerte. ¿Qué fue lo que hicieron aquellos vigilantes que descubrieron esos secretos a los hijos de los hombres? Hay cosas demasiado sórdidas en la tierra; hay cosas demasiado malignas que no deben ser tratadas en medio del pueblo de Dios. En la casa de Dios no se deben oír martillazos ni serruchazos. Las cosas deben ser tratadas en las canteras privadas, las canteras particulares, donde cada uno está siendo tratado por el Señor. En la comunión debe primar solamente Cristo.

Para terminar, veamos Josué 3:3: “3Y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Yahveh vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marchareis en pos de ella, 4a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella”. Esto nos muestra la reverencia de lo que es marchar en las cosas de Dios. Dios no quiere que nosotros seamos presumidos, que seamos entrometidos, que seamos apresurados, que seamos desbocados, que seamos irreverentes, que seamos indecorosos. Dios quiere que nosotros aprendamos a tratar las cosas en privado; los problemas que tenemos con nuestro hermano ojalá los podamos tratar en privado; las correcciones que tengamos que hacer las hagamos en privado. Libremos a la iglesia de cosa sórdidas. Los hachazos, serruchazos y martillazos están bien en otro lado, en la cantera; no en la casa de Dios.

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