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EL UMBRAL DE LA PUERTA DE LA CASA DE DIOS

Por cristianogiv - 21 de Septiembre, 2006, 22:50, Categoría: General


El templo de Dios (16)


CAPÍTULO XVI

EL UMBRAL DE LA PUERTA
DE LA CASA DE DIOS


Un umbral de cinco esquinas

Con la ayuda del Señor, vamos a avanzar un poco en esta noche en el estudio del Templo de Dios. Vamos al primer libro de los Reyes 6:31, y con la ayuda del Señor vamos a detenernos en una de las porciones de este verso. Digo una de las porciones, porque el verso 31 comienza con algo que continúa en el 32; pero antes de dar continuidad con el 32 a la segunda parte del 31, hay en la segunda parte del 31 una expresión que es la que vamos a considerar hoy, con la ayuda del Señor. Es la relativa al Umbral de la puerta. El verso 31 comienza diciéndonos que hay una puerta, y en el 32 se nos describe la puerta. Pero en el 31, antes de empezar a describir la puerta, el Espíritu Santo quiso primero señalar que hay un umbral. Lógico que no habría razón de ser de un umbral sin una puerta. Él mencionó la puerta, pero mencionó el umbral también, y recién después de haber mencionado el umbral, describió la puerta. Eso quiere decir que es necesario detenernos primero en el umbral. Lógico, cualquier persona que va a pasar por una puerta, llega primero al umbral y después pasa por la puerta.

La vez pasada nos detuvimos en el piso de la casa de Dios, y hoy nos vamos a detener en el umbral de la puerta. Dice el verso 31: “A la entrada del santuario hizo puertas de madera de olivo; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas”.

Analicemos. “A la entrada del santuario hizo puertas (aquí habla en plural, aunque es una puerta que tiene partes) de madera de olivo; y el (entre la y y este el lógicamente que está implícito hizo. Como vamos a detenernos en esta segunda parte podemos decir así: hizo el) umbral y los postes eran de cinco esquinas”. El umbral y los postes que hizo, eran de cinco esquinas. Es interesante que el Señor quiera que en Su casa además de la puerta, claro no para sustituir la puerta, pero para señalar la puerta, el Señor quiso que hubiera frente a la puerta un umbral, y que ese umbral tuviera cinco esquinas; y que hubiera cinco postes y que también esos postes tuvieran cinco esquinas; porque dice: el umbral y los postes eran de cinco esquinas.

El Señor quiere que en Su casa, que representa Su pueblo, Su Iglesia, frente a la puerta, que es por donde se entra, la puerta no estuviera como sola, sino que a la entrada de la puerta y sin ser la puerta, sino que a la entrada de la puerta, sin embargo hubiera un umbral. Los hermanos saben que a veces cuando está lloviendo, la gente llega a la puerta y mientras saca la llave,  se coloca bajo el umbral y ese umbral es como una especie de vestíbulo que hay allí, a la entrada de la puerta, y se le llama umbral; y no es un umbral pequeño, porque cinco columnas quiere decir que es más o menos suficiente; no demasiado, pero tampoco muy pequeño.

El cinco en la numerología bíblica

Quiere el Señor que haya un umbral frente a la puerta; y utiliza aquí las cinco columnas, y el número cinco de las esquinas del umbral. En la Biblia los números tienen un significado. Claro que fuera de la Biblia también existe una numerología de imitación y de tergiversación, que le da otros sentidos a los números. No estamos usando la numerología de la cábala ni ninguna numerología exterior; no porque no sepamos que existe, sino porque no necesitamos de ella para la Biblia, porque la Biblia tiene su propio sentido basado en ella misma.

Vamos, pues, a empezar a ver el sentido del número cinco, porque tanto el umbral como cada uno de los cinco postes tienen cinco esquinas. Recordando la numerología bíblica, por una parte el cinco (5) en la Biblia es el número de la gracia, el tres (3) es el número de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Señor resucitó al tercer día; tres días había que prepararse para cruzar el Jordán; el Lugar Santísimo, el lugar santo y el atrio son tres; lo mismo espíritu, alma y cuerpo, y muchas cosas de Dios son hechas con el número tres; y si el número tres representa a Dios, pues además de Dios, por voluntad de Dios existe la creación. La creación aparece en el número 4, porque, por ejemplo, en Apocalipsis en el capítulo 4, Dios es adorado por la creación. Podemos leer la adoración por la creación en el capítulo cuatro, y luego en el 5, la adoración por la gracia. En Apocalipsis 4:8 dice: “Y los cuatro seres vivientes...”; había cuatro seres vivientes alrededor del trono, como quien dice, representando la creación.

Cuando se habla de la creación, se habla de los cuatro (4) ángulos de la tierra. Y luego, en el versículo 11, dice lo que adoraban; qué dicen las criaturas alrededor del trono: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas”. La adoración aquí en el capítulo 4 es por la creación: “tú creaste”; y noten cómo aparece el número 4 alrededor del Señor: los cuatro seres vivientes, y los 24 ancianos, que son 6 por 4; número 6 del hombre, el 4 número de la creación; y la adoración allí es “porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

La obra de la redención en la numerología bíblica

Pero además de Dios existir, y de existir la creación, hay algo más de Dios que aparece después del cuatro; en quinto lugar aparece la obra de redención de Dios, la obra de la justificación, la obra de la gracia, la obra de la reconciliación. El altar de bronce, que estaba en el atrio, donde se sacrificaba el cordero, era de cinco (5) codos de longitud por cinco (5) codos de anchura; utiliza la medida de cinco por cinco para referirse al altar donde es sacrificado el cordero. Eso quiere decir que ese altar de bronce donde es sacrificado el cordero representa la cruz, la obra de la redención. Nuestro Dios no ha hecho solamente una obra de la creación. Él es Dios: uno, y tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu; cuatro (4), la creación; cinco (5), la redención. Ahora en el capítulo 5 de Apocalipsis se le adora a Él por la redención. Observemos lo que decía el cántico en el verso 9: “9Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: (Note que aquí se le llama cántico nuevo. En el 4 no se le  llama nuevo, porque es en el orden de la creación. Aquí es nuevo porque es en el orden de la redención; es la redención la que hace lo nuevo) Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, (ahora la adoración es porque fue inmolado. En el 4 es porque creaste. y en el 5 es porque fuiste inmolado) y con tu sangre los has redimido” (no es nos sino los, como dice en el original griego; porque son estos seres vivientes y estos ancianos cantando acerca de los redimidos) para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10y los has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinarán sobre la tierra. 11Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y  su número era millones de millones, 12que decían a gran voz:  El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.  13Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, (cuatro (4) lugares) y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos”. Alabanza, honra, gloria y poder, de la creación por la redención. “14Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos”.

Vemos, pues, que el número en relación con la redención, es el número cinco (5); está en el capítulo cinco, y el altar es de cinco codos por cinco codos representando la cruz; así que el número cinco (5) representa la gracia, representa la justificación, representa la reconciliación.

El umbral es el ministerio de la reconciliación

Es de observar que antes de entrar las personas directamente por la puerta, el umbral les ayuda a guarecerse para entrar por la puerta. El umbral cumple el papel, primero, de señalar dónde está la puerta.

¿Dónde está la puerta? Pues donde está el umbral. ¡Ah! allí está el umbral; entonces uno ve primero el umbral y entra bajo el umbral; y ya en el umbral, entra por la puerta. Claro que el umbral no es la puerta. Pero Dios ha querido que exista frente a la puerta un umbral que conduzca las personas a la puerta, y donde las personas puedan guarecerse mientras entran por la puerta. Por lo tanto ese umbral de cinco esquinas, cinco columnas de cinco postes representa el ministerio de la reconciliación. El ministerio de la reconciliación.

El ministerio son columnas; son las que conducen a las personas a la puerta; no son la puerta. El ministerio no es para conducir la gente a sí mismo; el ministerio es para mostrar quién es la puerta. La puerta es Cristo. El ministerio tiene que conducir la gente a Cristo. Pero la gente a veces no entra directamente a Cristo sino que llega primero al umbral; y a veces no entra, sino que se queda en el umbral, y ahí esas cinco columnas lo están guarneciendo, lo están protegiendo; claro que esa protección todavía no es tan segura; porque puede salirse de ahí. Es para que venga y se proteja, pero la intención del umbral  y de las columnas es proteger a las personas en la puerta para que lleguen a la puerta y para que entren por la puerta. Por eso es el ministerio de la reconciliación.

El ministerio de la justificación

Así se llama en 2 Corintios 3 y 5. En el capítulo 3 se le llama el ministerio de la justificación, que es el número cinco, el número de la gracia; y en el capítulo 5 se le llama el ministerio de la reconciliación.

Mirémoslo, primero en el capítulo 3. Dice 2 Corintios 3: “1¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos?” es decir, ¿estamos queriendo traer la gente a nosotros? Esta columna o esta otra, o cualquiera de estas cinco columnas, ya sea apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro, estos cinco ministerios del ministerio de la reconciliación, estos cinco postes todos del ministerio de la reconciliación, son cinco esquinas, cada poste: el apostolado, los profetas, los evangelistas, los pastores y maestros, son cinco columnas, mostrando las cinco clases de ministerios; pero éstos, todos juntos, conforman un sólo umbral, que es el ministerio de la reconciliación, ministerio corporativo que está a la entrada de la puerta.

La gente a veces no conoce a Cristo, pero recibe testimonio del evangelista, y la enseñanza del maestro, y el apacentamiento del pastor, y la profecía del profeta y la edificación del apóstol; pero ellos no son la meta ni traen la gente a sí mismos. Ellos no son la puerta, son solamente un umbral; ellos están mostrando dónde es que queda la puerta para que la gente que no ha entrado por la puerta, mientras tanto, se guarezca allí, sea protegida por el ministerio; pero la intención no es que la gente viva en la puerta, a las afueras, durmiendo como un mendigo, allá en el umbral, sino que entre. Claro que la puerta tiene sus bemoles, que después vamos a ver, pero mientras tanto estamos en el umbral.

El ministerio es para conducir hacia Cristo

Por eso dice: “1¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? (No; la intención no es traer la gente a nosotros, porque no podemos hacer que la gente viva en el umbral) ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?  2Nuestras cartas (¡ah! nuestras, o sea que las escriben los ministros) sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres”. Sí, las personas pasan por el umbral; sí, el Señor quiere que haya personas que nos evangelicen, que haya personas que nos enseñen, que nos apacienten, que nos exhorten, que nos edifiquen, que nos conduzcan a Cristo, pero no a sí mismos. Ahí no se termina la caminata, no.

“2Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones”. Sí, Dios quiere que haya participación del ministerio en la conducción y protección de la gente hacia Cristo; pero la intención es llevarla a Cristo mismo. “Conocidas y leídas por todos los hombres; 3siendo manifiesto que sois carta de Cristo”, no de nosotros. Vosotros sois cartas de Cristo, es decir, lo que se llegue a ver que Dios haga en ustedes, es porque Cristo lo ha hecho. Si Dios por Cristo no hace las cosas, esas cosas no aparecen.

Ustedes no son cartas de los apóstoles, no son cartas del ministerio; ustedes no tienen que mostrar lo que es el ministerio. Ustedes tienen que mostrar lo que es Cristo. Vosotros sois carta de Cristo pero expedida por nosotros; es decir, esas cartas pasan por nuestras manos. Qué terrible, qué responsabilidad que Dios quiera que ayudemos a sus ovejas, y sin embargo  daremos cuenta por ellas.

Quiere decir que sí pasan por las manos de los evangelistas, de los apóstoles, por las manos de los profetas, de los pastores, de los maestros, pero no tienen que quedarse en sus manos. No. Tienen que ser presentadas como ofrenda; como dice Pablo: Presentad a los gentiles como ofrenda; significa que no se tiene que quedar en las manos y mucho menos en el bolsillo de Pablo, sino que Pablo  tiene que mecerla al Señor y pasársela al Señor; Pablo es sólo un umbral, no es una puerta, es sólo un umbral. El ministerio señala la puerta y se está un rato por ahí, pero es un ratito, mientras el Señor le enseña; cuando ya el Señor le enseña, ya no necesita que lo retengan; eso se debe hacer pero mientras tanto, mientras pasa por la puerta.

Sigue diciendo: “3Siendo manifiesto que sois carta de Cristo (la relación es con Cristo, pero) expedida por nosotros”. Dios quiso que exista el ministerio de la reconciliación. A veces nosotros nos vamos a un polo o al otro polo. A veces los ministros quieren retener demasiado en sus manos las personas, como si fueran para sí mismos, y enseñorearse y a veces hasta esquilmar para medro propio. Entonces como consecuencia de los abusos por un lado, las ovejas se van al otro lado, y dicen: No queremos pastores, no queremos ancianos, no queremos nada. Cristo y yo, y yo y Cristo.

Pero Cristo ha establecido que en Su casa haya un umbral que nos conduzca a la puerta y donde seamos guarecidos mientras pasamos la puerta.

Cristo es la puerta

Dios sí quiere que seamos conducidos, evangelizados, enseñados, apacentados, etc., por personas que Él ha establecido. El ministerio de la reconciliación lo establece Dios. Es Dios el que quiere que haya un umbral delante de la puerta. “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mt. 10:40).

Ahora, el que recibe a Cristo, por medio de Cristo puede entrar al Padre, entrará y hallará pastos: “el que por mí entra”, “yo soy la puerta de las ovejas”; el Señor es la puerta, pero el ministerio de la reconciliación es el umbral. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, son las cinco columnas de cinco esquinas del umbral, que también tiene cinco esquinas, porque ese es el ministerio de la reconciliación.

No debemos irnos a ninguno de los extremos: Pensar que no necesitamos ser evangelizados o que alguien nos enseñe o nos apaciente, etc., porque sí lo necesitamos, pero no demasiado.  Es que a veces, si no nos visitan todas las semanas, entonces ya no vamos a la reunión; y a veces las ovejas se cargan hacia un lado  y a veces hacia el otro. A veces nunca maduramos, y siempre estamos necesitando que se nos conduzca, que se nos enseñe; y dice la epístola a los Hebreos: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios” (He. 5:12), de la doctrina de Cristo; se refiere a las ovejas que no maduran, que ya deberían haber pasado por la puerta y por el atrio y por el santo y estar en el Santísimo, pero todavía están durmiendo en el umbral. Y hay otros que no les gusta que Dios haya puesto umbral. Sí, se van a los extremos. No quieren saber nada de ancianos.

¿Gobierno? Esa palabra, gobierno, les cae pesada a muchos. Claro, cuando la Palabra dice “los ancianos que gobiernan bien”, quiere decir que algunos ancianos gobiernan mal.  “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”; pero los que gobiernan mal, bueno, soportarlos; soportaos unos a otros. Como David tenía que soportar a Saúl hasta que Dios se lo sacara de encima; pero no se lo sacó él mismo. Amados, no debemos irnos a ningún extremo. En esto debemos ser muy equilibrados. Dios quiere que tengamos una relación muy directa con El, muy íntima, muy verdadera, y al mismo tiempo quiere que seamos evangelizados y enseñados y apacentados y edificados y que se nos profetice; eso lo quiere también Dios. Así que no podemos ni despachar el umbral, ni tampoco agrandar el umbral y convertirlo en edificio sempiterno. Ninguna de las dos cosas.

Cristo, la puerta, obra a través del umbral, el ministerio

Sigamos analizando el umbral; porque es que el umbral está aquí en estos capítulos 3, 4 y 5 de 2 Corintios. Seguimos leyendo en el capítulo 3: “4Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios”; en el verso 3 decía: “carta de Cristo expedida por nosotros”. Ahí aparecen la puerta y el umbral. Cartas de Cristo; entonces Cristo es el que hace la obra en cada persona, y la convierte en una carta, que cuando se ve a la persona, se ve lo que Cristo ha hecho en la persona; sólo que Cristo hace cosas en la persona a través de otros.

Por eso dice: “3Siendo manifiesto que sois carta de Cristo (ahí está la puerta) expedida por nosotros, (ahí está el umbral) escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo;  no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. 4Y tal  confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; 5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, (significa que Dios hace competentes a personas para hacer estas tareas, por gracia) 6el cual (Dios) asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, (ese es el umbral. Hay ministros competentes de un nuevo pacto. Por eso son cinco esquinas, cinco postes y cinco esquinas en cada poste y cinco esquinas en el umbral) no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.

Esta letra que mata no se refiere a estudiar; se refiere a la ley de Dios; porque Dios escribió la ley en tablas de piedra, que el que desobedece merece la muerte. Esa es la letra que mata, la letra que escribió Dios mismo en tablas de piedra; esa es la que condena a muerte; y por eso es que si vamos a tratar de salvarnos por la ley, estamos condenados a muerte por el dedo de Dios que escribió la letra. Por eso la letra escrita de Dios es el instrumento con el cual morimos. Porque el ministerio de la letra, el ministerio de la ley, el de la palabra de Dios en cuanto exigencia, ese ministerio nos mata.

Cuando Dios nos exige, nos mata. Cuando nos da, nos vivifica. Dios nos mata o nos vivifica. Con el antiguo pacto, Dios nos condenó justamente a muerte; y con el nuevo nos resucitó de la muerte. Y por eso ahora delante en el umbral está el ministerio de justificación; ese es el umbral, no el ministerio de la letra. Entonces por eso es de cinco (5) esquinas. El número de la gracia, el ministerio de reconciliación; así se llama.

El umbral es un ministerio de gloria

Por eso dice acá: “7Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria,  tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés  a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, (este era donde se movían los sacerdotes de la vieja alianza en figura, en tipología; ahora hay una verdadera casa espiritual con un verdadero sacerdocio neotestamentario y un verdadero ministerio o servicio espiritual para conducir a las personas a la vida, Cristo Jesús. Ese es el ministerio del Espíritu) 8¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación”. Nota esa expresión: “el ministerio de justificación”. Ese es el umbral. Cuando tú dices apóstol o apóstoles, es sólo una columna, es una sola columna. Si dices profetas es una sola columna; si dices evangelistas, es una sola columna; si dices pastores, es una sola columna, y si dices maestros, es una sola columna; pero cuando dices el ministerio de justificación, es el umbral. Es muy importante porque a veces los ministros no hemos entendido lo suficiente lo que quiere decir el ministerio colegiado, colectivo.

A veces pensamos que cada uno puede hacer su ministerio aislado, y no entendemos que no, que cada columna tiene que estar configurando con las otras columnas un sólo umbral delante de una sola puerta. Imagínese que hubiera columnas por ahí sueltas, aisladas; eso no sería una casa. Usted va por ahí y ve una columna aquí, y otra acá, como la de Absalón. Absalón quiso guardar su nombre; puso una columna para él. Y Saúl quiso también guardar su nombre e hizo otra columna para él; y así algunos hombres hacían columnas para sí solos; la de Hamurabbi, etc. Todos hacían columnas para perpetuar su  propio nombre. Pero cuando es el ministerio colectivo, es para señalar a Cristo. Ahí están juntas, no pegadas, porque cada uno tiene su parte, pero no están distanciadas; están todas rodeando la puerta, todas conduciendo la gente a la misma puerta. Ya sean los que vienen por allá, bueno, necesitan de estas columnas, y los que vienen por allá necesitan de éstas, y los que vienen por acá de éstas; y los que vienen por acá a veces entran por este lado, o por cualquier lado con tal que llegue al umbral, y mientras cruza la puerta se guarnece un rato, pero no vive en el umbral. Entra por la puerta.

Después vamos a ver que en el umbral había unas personas que se llamaban los guardas de las puertas; eso nos dice que Dios tiene personas guardando las puertas en el umbral. Los guardas de las puertas están en el umbral. ¿Por qué hay que guardar las puertas? Porque es que las puertas son un poco complejas; tienen cierto manejo, de manera que para manejar esas puertas y para que no entre cualquiera ni salga cualquiera, tiene que haber personas en el umbral guardando las puertas; su trabajo es guardar las puertas para que no entre lo que no debe entrar, ni salga lo que no debe salir.  Y salga lo que tiene que estar afuera, o no entre lo que no tiene que entrar. Pero hoy  no vamos a hablar de los guardas de las puertas ni de las puertas; estamos sólo en el umbral por ahora.

Un solo ministerio colegiado

Sigamos, pues, leyendo un poquito acá. Hemos visto que habla del ministerio del Espíritu, del ministerio de justificación. Podemos luego pasar al capítulo 4, para ver la colegialidad del ministerio. Notemos que cuando se habla del ministerio del Espíritu, cuando se habla del ministerio de la justificación, cuando se habla del ministerio de la palabra, cuando se habla de la obra del ministerio de la edificación del cuerpo, cuando se habla del ministerio de la reconciliación, siempre se habla en singular; eso nos dice que el ministerio de la justificación es uno solo; el ministerio del nuevo pacto, del Nuevo Testamento, del Espíritu, es uno solo; y todos los ministros, todas las columnas forman parte de un solo ministerio, de un solo umbral. No es que por allá el apóstol hace su ministerio, y el pastor, el suyo; o el evangelista hace el suyo; no, todos hacen uno solo; todos juntos tienen que trabajar en el ministerio. Es decir como Pedro decía: Bueno, cayó Judas de este ministerio y apostolado; era contado con nosotros en este ministerio; no dice que cayó de su ministerio, sino de este ministerio; que era contado con nosotros. El tenía parte en este ministerio; él no tenía todo el ministerio; él tenía una parte del ministerio. La torta completa es el ministerio, el umbral completo es el ministerio del nuevo pacto, con todos los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, formando juntos el ministerio del nuevo pacto, el ministerio de la edificación del cuerpo de Cristo, el ministerio de la reconciliación; ese es el umbral completo.

Todos en una misma cobertura conjunta

Si nosotros queremos cooperar con Dios y construir y edificar con Cristo para el Padre la casa espiritual de Dios, tenemos que aceptar el ministerio del nuevo pacto; es decir, debemos aceptar que Dios haya puesto personas que nos ayuden espiritualmente, y al mismo tiempo las personas que ayudan espiritualmente deben saber que deben ayudar con los demás. No podemos ayudar solos. Los apóstoles no pueden hacer todo, los profetas no pueden hacer todo; los maestros no pueden hacer todo; los evangelistas no pueden hacer todo. Por eso se necesitan cinco columnas pero un sólo umbral. O si no, vamos a tener allí una congregación de evangelizados pero no enseñados, y una congregacioncita chiquitina de súper doctores que no evangelizan a nadie. Hay grandes doctores con muchos títulos pero nadie se ha convertido por medio de ellos. Porque Dios necesita evangelistas, pero también maestros, y también personas evangelizadas y enseñadas, pero también apacentadas. Pero no todos pueden enseñar y al mismo tiempo apacentar, y al mismo tiempo predicar, y al mismo tiempo profetizar, y al mismo tiempo evangelizar.

Entonces se necesita que uno haga una cosa, pero para la misma casa; que el otro haga otra cosa, pero para la misma casa, la otra, otra cosa para la misma casa; y todos hacen una misma cobertura conjunta, que sea el umbral para que las personas se guarezcan mientras cruzan por la puerta. Ya cuando cruzan por la puerta y están adentro, listo. Pero siempre para entrar en Cristo hay que pasar por el umbral.

Un ministerio singular en la pluralidad

Dice 2 Corintios 4: “1Por lo cual, teniendo nosotros este (ese nosotros es plural; ahí están  las cinco columnas, este ministerio; no dice estos ministerios; este ministerio; nosotros, plural, en este, singular.

Tenemos cinco columnas pero un sólo umbral) ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. Porque si alguien está en el ministerio es por pura misericordia. “2Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia,  ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad”. Aquí queda la puerta: “por la manifestación de la verdad”.

No vengan a mí, no; vamos juntos a Cristo. La puerta es por acá,
vamos. El Señor nos puso aquí cerca de Él, pero no es para que se queden conmigo. Aquí no es donde se vive, aquí no es donde están las cámaras; las cámaras están adentro. Vamos adentro. Por eso dice: “por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”. Por eso el umbral está delante de la puerta.

Avancemos al capítulo 5:11 en adelante. para enfatizar lo que estamos tratando ahora. “11Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; (porque es que si uno no conoce el temor de Dios, no puede persuadir a nadie. Uno tiene que temer primero. Si uno no teme a Dios ¿cómo va a ayudar a otros?) pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. 12No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, (no; ésta no es la puerta, claro. No los estamos trayendo a nosotros. No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo. Somos apenas el umbral, pero la puerta es Jesucristo) sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. 13Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. 14Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: (ahí está: es el amor el que motiva el ministerio. ¿Me amas? Sí, Señor, te amo. Apacienta mis ovejas. Lo que constriñe al ministerio debe ser el amor. Por amor de Jesús) que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”. Todo esto es posible ahora que Cristo murió y resucitó. Esa es la esencia de la salvación.

El umbral es puesto por el Señor

De ahí la expresión siguiente: “16De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; (no sólo según el hombre natural) y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. Es decir, ahora en el nuevo pacto se conoce a Cristo por discernimiento espiritual; ese es el verdadero conocer a Cristo.

“17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18Y todo esto proviene de Dios, quien (primero) nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y (segundo) nos dio el ministerio de la reconciliación”.

Entonces cuando los hermanos están yendo, evangelizando, predicando, enseñando, estableciendo las iglesias, o apacentando, ¿qué es eso? Eso es el umbral. Ese es el umbral de la casa espiritual de Dios. La gente está siendo invitada a entrar  por la puerta en la casa de Dios. Por eso dice que “nos dio el ministerio de la reconciliación”.

Sí existe un umbral en la casa de Dios, sí existe. No podemos menospreciar a los ministros del Señor. No lo digo para honrar a alguno en especial o sonsacar algo para alguien, no. Es para evitar que seamos desconsiderados con lo que el Señor ha establecido. El Señor sí quiere un umbral; no es la casa, no es la puerta, no es el Lugar Santísimo, es sólo el umbral; pero Dios lo puso. Así que aceptémoslo, respetémoslo y démosle su lugar. “Nos dio el ministerio de la reconciliación; 19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, (esa es la puerta) y nos encargó (a nosotros: ese es el umbral) la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, (ese es el umbral) como si Dios rogase por medio de nosotros; (ese es el umbral) os rogamos en nombre de Cristo: (esa es la puerta) Reconciliaos con Dios” (esa es la puerta).

No debemos llevar la gente solamente al umbral. A veces decimos: Hermano, te voy a llevar allí donde un pastor que habla muy bonito. Eso es dejarlo dormir al aire libre, casi, no del todo, pero casi. Lo que debemos hacer es ayudarlo a pasar un poco más allá. Entonces, hermanos, yo pienso que con estos versos que hemos visto, es más que suficiente para entender a qué se refiere el umbral de la puerta.

Sí hay en la casa de Dios ancianos; sí los hay, que deben ser obispos, o sea, supervisores. Sí hay en la casa de Dios supervisión. Sí hay gobierno delegado en la casa de Dios; sí hay. Eso es lo que quiere decir obispo, supervisor. ¿Para qué habría supervisores sin una supervisión? Por eso también hay gobierno delegado;  no para traer a la gente a sí mismo; no nos predicamos a nosotros mismos, ni predicamos el gobierno y la supervisión para espolear a los hermanos y ponerles en la cerviz algún yugo pesado. No. La intención es que los hermanos entren por la puerta, nada más. Lo único es que los hermanos sepan cómo guarecerse mientras cruzan por la puerta. Para eso es. Nadie está para traer la gente a sí mismo. Como dijo el Señor de Juan, que él era antorcha que ardía por un poco de tiempo.

Una ilustración

Miren, hermanos, el Señor me permitió tener una experiencia cuando iba la vez pasada en el viaje Bogotá–Paris, el año pasado. Nos fuimos de noche, toda la noche viajamos por el Océano Atlántico Yo iba en la ventana del lado derecho, o sea, la que mira hacia el oriente; y cuando estábamos ya acercándonos hacia Europa, el Señor me permitió en un momento ver un espectáculo tan hermoso, tan hermoso, y era el Señor enseñándome. El Señor me habló profundamente con ese espectáculo. Resulta que, claro, uno yendo sobre el Océano Atlántico no ve sino mar y cielo; y como era de noche, prácticamente no se veía nada sino una tenue raya negra allá, que uno más o menos la adivinaba mirando bien. Pues a mí me gusta mirar por la ventana en el avión, y viendo esa raya hubo una cosa que sucedió en un segundo. O sea que si no hubiese estado mirando en ese segundo, no la hubiera visto; un espectáculo hermoso. De pronto en esa oscuridad, en esa raya del horizonte apareció una luz; estaba totalmente oscuro, y apareció una luz, como si hubieran prendido un faro que hubiera estado apagado y prendieron la luz instantáneamente; apareció una luz. Fue el momento en que Mercurio apareció en la línea del horizonte; y Mercurio, como es el planeta que está más cerca del Sol, entonces siempre cuando el Sol sale, Mercurio sube con el Sol; cuando sube el Sol, Mercurio sube con el sol. Y le pusieron Mercurio a ese planeta justamente porque Mercurio (en latín) es el mismo Hermes (en griego). Hermes es el mismo Mercurio; y Hermes era el heraldo de los dioses, es decir, el que anunciaba a Dios. Por eso es que se llama hermenéutica, o sea, hacer lo que hacía Hermes, que era interpretar, era señalar, era mostrar.

Prácticamente Hermes o Mercurio son uno. Por eso es que a San Pablo, que era el que hablaba, le decían Mercurio. Entonces a ese planeta se le llama Mercurio porque donde aparece Mercurio allí es donde va a salir el Sol. Está toda la oscuridad; usted no sabe dónde es el norte, el sur, el este, o el oeste, cuando de pronto aparece en un segundo una hermosa luz como si se hubiera prendido un faro, así con un interruptor, ese es Mercurio. Luego empezó a subir, a subir, y de todo lo que se veía en el cielo desde el avión, lo más lindo era ver al planeta Mercurio.

Una antorcha que ardía por poco tiempo

Ante eso, yo pensaba en Juan Bautista. Él era antorcha que ardía por un rato. ¿Por qué por un rato? Porque a medida que pasaba el tiempo y Mercurio iba subiendo, de pronto empezó a haber una liniecita azul; primero era como azul oscurito, luego la línea del horizonte se fue poniendo de un azul más clarito; porque ya venía el Sol. Entonces se empezaba a ver la aurora; era hermoso Mercurio allá, y una rayita azulita; desde el avión se veía una hermosura en el horizonte, desde el oriente. Después saliendo más el sol, se fue aclarando, hasta que desapareció Mercurio. Pero no es que se fuera a otro lado; ahí estaba, pero estaba perdido en la luz, ya no se podía ver a Mercurio, porque ahora se veía al Sol.

Juan el Bautista, como Mercurio, era antorcha que ardía por un poco de tiempo. “35Vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.

36Mas yo tengo mayor testimonio que Juan” (Juan 5:35,36). Ahí viene el Señor Jesús mismo; cuando viene el Señor Jesús mismo, cuando sale el Sol y empieza a aclarar, a aclarar, entonces en la medida en que empieza a aclarar, ya no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, el Espíritu mismo os enseñará; pero mientras tanto, cuando somos niños, hay tutores y curadores; sí, hay un umbral, pero claro, es por un ratito. Una vez que empieza a salir el sol, la luz del sol esconde a Mercurio, y Mercurio queda escondido en la luz. ¡Qué curioso! Mercurio desaparece cuando está en la luz. Y ahí ya, Juan dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30).

El que tiene a la esposa, es el esposo; no es el heraldo. La esposa no vive en el umbral; su sala es allá adentro.

Eso fue tan bonito porque en la naturaleza era como si estuviera leyendo el Nuevo Testamento. Ahí veía a Juan el Bautista y veía a Cristo a la luz del nuevo pacto. Cuando el Señor nos alumbra directamente, ya antes que el predicador hable, ya entendemos a qué se refiere; cuando da la primera señal, ya sabemos. Y el Señor estableció así en la Iglesia, y se refiere al umbral. Es solamente un umbral y queda hacia el lado de afuera.

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