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LAS COLUMNAS DEL ATRIO EN EL TABERNÁCULO COMO BASE PARA LA TIPOLOGÍA DEL TEMPLO

Por cristianogiv - 21 de Septiembre, 2006, 22:19, Categoría: General


El templo de Dios (19)


CAPÍTULO XIX

LAS COLUMNAS DEL ATRIO
EN EL TABERNÁCULO
COMO BASE PARA LA TIPOLOGÍA
DEL TEMPLO



Masticando un poquito más el tema

En nuestro estudio del Templo de Dios, hemos estado analizando el capítulo 6 del primer libro de los Reyes. La vez pasada estuvimos viendo lo relacionado con el atrio interior; pero  tuve la sensación de que en la parte que tratamos la vez pasada, hubo cosas que hubiera sido mejor completarlas un poquito; entonces vamos a tratar de completar un poquito lo que estuvimos viendo la vez pasada respecto del atrio. La vez pasada vimos en el libro 1 Reyes capítulo 6 lo relativo al atrio interior del templo de Dios; y para entenderlo mejor en la tipología del templo de Salomón, vemos que la tipología del templo se desarrolla de otra tipología anterior más simple e introductoria; por eso, para la comprensión espiritual, regresamos al tabernáculo e hicimos una lectura un poco larga de aquel pasaje de Éxodo donde se nos hablaba del atrio; pero precisamente por haberla hecho así rápidamente en función del pasaje del libro 1 Reyes,  entonces yo tuve la sensación de que algunas cosas quedaron como un poco crudas y no quise seguir adelante sin que por lo menos consideráramos, si no todo, por lo menos algunos otros aspectos del atrio en la tipología del tabernáculo, que es base para la tipología del templo, y entonces podamos dar un poquito más de atención a algunos detalles.

Estamos ahora en Éxodo 27:9. Vamos a fijarnos un poco allí en lo relativo a las columnas, que es la parte que quisiera que consideráramos hoy un poquito más detenidamente, porque la vez pasada sí lo tocamos, pero me quedó esa sensación en el espíritu de que se necesitaba masticar un poquito más el asunto de las columnas; además de que más adelante volveremos a ver columnas.

Las cortinas sostenidas por columnas

De manera, pues, que, si Dios lo permite, vamos a detenernos en las columnas del atrio, en el tabernáculo. Sí, veamos un poco las columnas del atrio como base para la tipología del templo. Volvamos allí a Éxodo 27:9 y vamos a fijarnos en los detalles de las columnas.

“9Asimismo harás el atrio del tabernáculo. Al lado meridional, al sur, tendrá el atrio cortinas de lino torcido, de cien codos de longitud para un lado. 10Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce”.

No sé si mis hermanos se dieron cuenta de cuántas son las columnas del atrio; fueron veinte en el sur, veinte en el norte, y diez en un lado, al occidente, y diez al oriente; son en total 60 columnas; interesante. Sesenta (60) es el resultado de multiplicar el número de hombre (6) por el número de las  naciones (10), creyendo  que Dios quiere hacer Su casa con gente de todo el mundo y de todas las naciones.

Pero detengámonos un poquito más en las columnas mismas; porque el énfasis de la vez pasada, más que en las columnas, fue en las cortinas de lino, mostrando cómo el lino representaba, como lo dice en la misma Escritura en el Apocalipsis, las acciones justas de los santos, y cómo el Señor quiere un pueblo diferente, un pueblo propio de Él, celoso de buenas obras. Pero ahora fijémonos en el detalle que esas cortinas de lino, esas acciones justas de los santos, esa vida de la Iglesia, ese lino fino, esas cortinas, son sostenidas por columnas; o sea que el Señor nos quiere dar a entender que la vida de la Iglesia, la vida del pueblo de Dios que Él quiere tener, es sostenido por personas; esto es evidente, pero a veces quizá no sea tan evidente como debiera ser. ¿Qué quiero decir con esto? que algunas veces nosotros podemos hacer descansar las cosas sobre estructuras, en tradiciones, en hábitos; pero al Señor no le convence eso; el Señor sabe que lo que va a  sostener el testimonio son personas y no estructuras.

Las personas y las instituciones

Todo lo contrario de lo que pensaba Montesquieu, las personas que han estudiado derecho saben que antes de venir el llamado pensamiento republicano, existía la monarquía, donde el poder, la autoridad, estaba sobre los reyes y sobre sus herederos; pero luego Montesquieu pensó que eran más seguras las instituciones que las personas; porque si las personas fallaban, se quitaba la persona y se ponía otra persona a ocupar la función institucional; o sea que en el punto de vista de Montesquieu, digamos, para organizar la sociedad y dividir los tres poderes: el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial, sin interferirse esos poderes sino más bien equilibrarlos, se estableció una institución.

Por allá me leí un libro; perdonen que haga estas ilustraciones, pero es para explicar por qué son columnas las que sostienen las cortinas de lino fino. Por allá me leí de un autor francés que se llama, por lo menos así aparecía en el libro, podrá ser un seudónimo, Mauricio Jolly, y él escribió un libro que se llama “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. Maquiavelo escribió el tratado de El Príncipe, donde le enseñaba a los reyes, no a los legisladores, senadores o a los  presidentes, o sea, a los funcionarios institucionales, sino a los reyes, cómo hacer política con mucha astucia.

Y Maquiavelo no estaba pensando en las instituciones, sino en la astucia del príncipe; lo importante era que el príncipe fuera muy astuto , un buen psicólogo, bien hipócrita, que supiera manipular las cosas y así tendría éxito; entonces, claro, ese libro se lo dedicó Maquiavelo a uno de sus príncipes. Algunos lo consideraron como ironías; puede ser.

Pero Montesquieu, que instituyó el sistema de la República, entonces él decía: No podemos confiar en los príncipes, tenemos que más bien crear instituciones, instituciones de legislación, de ejecución, de juicio, de controles oficiales, de disuasión, etc. Y esas  instituciones son las que van a resguardar el orden; y la gente hasta hoy le ha creído a Montesquieu por lo menos en parte. Pero cuando me leí ese libro, “Diálogo en el Infierno”, de Mauricio Jolly, un autor francés, diálogo ocurrido entre Maquiavelo y Montesquieu, este autor decía que en el infierno se habían encontrado los dos escritores, Maquiavelo y Montesquieu, y emperezaron a discutir entre los dos sobre cuál era el mejor sistema de gobierno; entonces, lógico que Maquiavelo continuaba con sus maquiavelismos, y Montesquieu trataba de explicarle a Maquiavelo cómo crear sistemas apropiados de control, de equilibrio, y que eso era mucho mejor que entregarle el poder a un príncipe. En esa discusión, que se desarrolla a lo largo del libro, Maquiavelo le fue demostrando a Montesquieu cómo las instituciones podían utilizarse maquiavélicamente; y resultó Maquiavelo apoderándose de las instituciones y manipulándolas y utilizándolas.

Claro, el autor del Diálogo en el Infierno, los ubicó muy bien en el infierno a los dos. Lo que estamos viendo aquí en este pasaje no es que el Señor apoye a Maquiavelo; pero es evidente que de seguro tampoco apoya a Montesquieu.

Las columnas de la Iglesia

Aquí se pone al Señor haciendo sostener las cortinas de lino fino del atrio por columnas, por personas. Fíjate, hermano, en la Biblia, en el Nuevo Testamento, algunas personas siempre fueron llamados columnas; por ejemplo, Jacobo, Cefas y Juan eran tenidos por columnas; también dice: “Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí” (Ap. 3:12). Vemos que al Señor no le interesa tanto las instituciones como las personas; las instituciones son engañosas, sirven para disfrazar; son sólo nombre, como dice la Escritura. El Señor le dice a Sardis: “Tienes nombre de que vives (pero no), y estás muerto” (Ap. 3:1). Sardis tipifica la iglesia institucional, nominal. Al Señor lo que le interesa son personas.

El Señor no dijo: id y haced personerías jurídicas con estatutos, presidente, juntas, tesorero, secretario, que se cambien lo más rápido posible, si es posible en un año, porque no se puede confiar dos años en una misma persona, no; el Señor no estableció instituciones.

El Señor dijo: “Id, y haced discípulos” (Mt. 28:19); al Señor lo que le importa son las personas. Hoy en día somos tan astutos; creamos universidades, pero ¿que son las universidades? Ladrillos y papeles, títulos, números, personerías, aprobaciones, cartones; pero las personas se identifican y apoyan en las instituciones; incluso hay ateos en universidades fundadas por creyentes. Eso significa que Maquiavelo puede infiltrar a Montesquieu.

Dios no confía en las instituciones

Hermanos, Dios no confía en las instituciones; por eso el Señor no quería que el arca fuera llevada sobre la maquinaria de un carro, sino sobre los hombros de los levitas. Al Señor lo que le importa son las personas. Nosotros podemos construir una institución, una postura, podemos hacer programas, podemos hacer cosas donde las personas estén escondidas detrás de la institución; el honorable congreso, el honorable senado, la honorable iglesia, el reverendísimo obispo; todos son nombres, títulos, ¿y la persona qué? Lo que al Señor le importa es la persona; el Señor no nos mandó a nosotros a construir instituciones.

Qué fácil y qué buen negocio es usar nombres; ponemos nombres raros, grandes, hacemos propaganda, sacamos afiches, vendemos libros, hacemos negocios de discos con canciones cristianas; podemos hacer mucho negocio, pero eso no hace que el Reino verdadero de Dios avance un poquito y que Dios tenga casa; porque Dios no mora en edificios hechos por hombres, ni en personerías ni estatutos; Dios mora en personas. Dios no está interesado en crear instituciones, y que se creen más instituciones y más papeles. Hoy en día hay mucha gente dedicada a los papeles. No, Dios sólo quiere personas, Dios trabaja en las personas, Dios escoge personas y trata con personas, no con instituciones. En eso Dios no está con Montesquieu; tampoco con Maquiavelo, claro, porque Maquiavelo preconizaba la astucia del príncipe, y en cambio el Señor preconiza la transparencia de las columnas.

Las columnas serán de bronce

De manera, pues, que analicemos lo que dice ahí en Éxodo 27: “10Sus veinte columnas y sus veinte basas serán de bronce”. Eso ya es muy importante; vemos que al Señor le importaba que las columnas tenían que ser de bronce. Ahora, el Señor nos ha hecho entender qué significan esos metales en la Biblia, tanto el oro representando la naturaleza divina, la plata representando la redención y el bronce representando el juicio de Dios.

 ¿Qué es una columna de bronce? Es una persona que ha sido tratada por Cristo en la cruz.  El bronce representa el juicio de Dios.

Recuérdese cuando Satanás, representado por la serpiente, hirió al pueblo del Señor. ¿Recuerdan que Israel fue herido por serpientes en el desierto en tiempos de Moisés porque empezaron a murmurar y tal? Entonces ¿qué hizo el Señor ? Le dijo a Moisés: Moisés, toma una serpiente de bronce y ensártala en un asta,  y el que mire al asta, o a la serpiente ensartada en el asta, será sano de la mordedura de la serpiente. Quiere decir que esa serpiente de bronce en el asta significaba Cristo hecho pecado; es decir, habiendo Cristo juzgado el pecado, y llamándole pecado al pecado y tratando al pecado por su nombre  sobre una base de la justicia divina. Por eso esa serpiente ardiente era de bronce. Por eso el altar del atrio era de bronce; por eso las columnas eran de bronce, que significa juicio.

Dios está interesado en las personas

 Y ahora el Señor considera que lo más exterior de Su casa debía tipificar la cruz; ni siquiera lo está tratando con lo de más adentro; está tratando sólo con el atrio; y sean sostenidas esas cortinas de lino por columnas de bronce en basas de bronce. Esas columnas representan personas, personas vencedoras; el atrio es el que hace la diferencia; de la columna para afuera no es la casa de Dios, pero de la columna para adentro es la casa de Dios; y el Señor pone en el borde límites, como decir el lindero. Esas columnas de bronce sosteniendo esas cortinas de lino, son personas.

 Dios está interesado en personas, no en que nosotros creemos organizaciones, ni que creemos estructuras, ni que creemos nombres y cosas que se parezcan, no.  El Señor sólo mira a las personas, porque a Dios sólo le importa trabajar con las personas; es decir, que cada una de las personas, que yo, que tú, tratemos realmente en Cristo con el pecado. ¿De qué sirve tener una personería jurídica reconocida por el Estado, y que sea algo competitivo entre las demás si somos unos pecadores miserables? Podemos tener la mejor personería, y cuántos problemas esconden a veces las personerías.

Qué tal que el Estado investigara lo que hay detrás de cada personería; a veces las personerías son el instrumento para robar, para ofender a Dios; y tienen nombre querido, pero está mal.

El Señor quiere tratar con nuestro pecado

¿No es eso lo que dice de Sardis, la que tipifica el protestantismo? Pero al Señor sólo le importa las personas, columnas de bronce; es decir, personas en las cuales Dios ha tratado el pecado. Eso es lo que el Señor quiere hacer con nosotros, tratar con nuestro pecado. A Él no le interesa que creemos instituciones, sino tratar con nosotros, con nuestra personalidad, con nuestra manera de ser; ese es el gran problema que le presentamos a Dios, lo que somos; y eso debe ser tratado en la cruz. Fíjate, hermano, que el altar del atrio, donde se sacrificaba el cordero, representa la cruz de Cristo, donde el pecado es juzgado; ese altar es de bronce, es el altar del atrio; no es el altar de oro que estaba frente al velo donde se ofrecía incienso, que es uno, sino el altar del atrio. En el atrio había un altar de madera cubierto de bronce, y ahí era donde se sacrificaba el cordero.

 Fíjate que el Señor Jesús, quien pasó por la muerte, se dice en la Palabra de Él que tiene pies como de bronce bruñido. “14Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno” (Ap. 1:14-15). El Señor Jesús fue el que pasó por el juicio de Dios en lugar de nosotros, pero Él pasó para tomarnos sobre Sí y conducirnos en unión con Él hasta la muerte a nosotros mismos. Él murió para que nosotros muriéramos a nosotros mismos, para que nosotros muriéramos a nuestro ego, para que nosotros muriéramos al mundo. Es necesario que nosotros pasemos por ese juicio.

El juicio de Dios en tiempos de Elías

  Es juicio contra el pecado, contra el diablo, contra la carne, contra el ego y contra el mundo. Ahora fíjense que cuando Elías decretó juicio sobre Israel, dijo: y no lloverá sino por mi palabra; y en figura de la gran tribulación, de tres años y medio será la tribulación, y Dios cerrará los cielos, así también Dios cerró los cielos en tiempo de Elías por tres años y medio; y dice la Escritura que los cielos se volvieron como bronce. ¿Por qué como bronce? Porque la sequía, el polvo y la polvareda se fue volviendo una capa como de smog de polvo, y, claro, los cielos se veían como de bronce. Era el juicio de Dios.

 Pero ahora lo curioso es que el Señor habla de columnas que sostienen las cortinas que vimos la vez pasada, lo de las cortinas de lino fino. Pero esa clase de vida tipificada por esas cortinas, sostenidas por esas columnas de bronce, o sea, por personas que han tratado con el pecado en la cruz, eso es muy importante, hermanos, exactamente, pues las acciones justas de los santos tienen que ser sostenidas por columnas, que son personas. Eso significa que si hay personas de ese talante, sólo así puede haber esa clase de obras; pero si no hay esas personas, no hay esas obras.

Hay diferentes clases de columnas, como en la Biblia vemos a los apóstoles como columnas, pero vemos también a los vencedores como columnas, y luego vamos a ver otras columnas. Había después otras dos columnas que vamos a ver después, porque hay varias clases de columnas, pero ahora estamos viendo las del atrio, o sea, estamos viendo las columnas del atrio del tabernáculo como base para la tipología del templo, exactamente. El lino torcido es tratado, no es crudo; no es el lino en bruto; con el Señor nada es en bruto; es algo bien tratado, bien trabajado. Las basas es sobre las que descansan las columnas. Fíjese en que adentro las tablas estaban sobre basas de plata. La plata representa la redención, pero en el atrio las columnas son de bronce, porque es que vamos por partes.

El bronce tipifica el juicio del pecado

Las columnas de bronce están sobre basas también de bronce; es decir que para estar ahí hay que haber pasado por el juicio de Dios, o sea, el pecado tiene que ser reconocido, tiene que decirse eso; es eso. Uno no puede hacerse el tonto, uno tiene que decir: yo soy un miserable, si lo es; un ladrón, si lo es; un avaro, un inescrupuloso, un perezoso, cualquier otra cosa, reconocerlo con sinceridad, aceptar el juicio de Dios; pero si uno se hace el tonto, si uno cree que es el mejor del mundo, esa persona no está siendo tratada, o sea que aún ni está sobre una basa de bronce, sobre basas de bronce; se necesita una persona que descansa sobre el juicio del pecado, en Cristo.

Significa que no se puede hacer parte de la casa de Dios sin haber sido identificado con Cristo en la muerte, que es lo que quiere decir el bautismo; y justamente después, cuando nos detengamos un poco a ver la bacia de bronce, el mar, donde estaba el lavacro hecho con espejos de bronce y donde estaba el agua y se veían las personas y se lavaban, era también de bronce, ahí era donde la persona se reconocía como era y se lavaba para poder entrar un poco más adentro, a tener una comunión más íntima con Dios. Pero nuestra comunión con Dios no puede ser íntima si no trata el Señor en nosotros, y nosotros en unión con el Señor con nuestros pecados y con el pecado que mora en nosotros.

Personas que no son indiferentes al pecado

¿Qué significa todo esto? ¿Quiénes son realmente estas columnas? Columnas de bronce significa personas que no son indiferentes al pecado, sino que realmente están en las manos de Dios. ¿Qué era lo que tenía que hacer el pecador cuando se iba a sacrificar el cordero? Ponía las manos sobre el cordero, sobre el becerro, confesaba sus pecados y luego veía morir ese cordero, entendía que era él el que debería estar desangrándose como ese cordero, y era por los pecados que él reconocía y que él confesaba; la columna era una persona que reconocía sus pecados, que trataba con el pecado; eso es una columna de bronce que descansa sobre basas de bronce.

Representa también que Cristo fue hecho pecado por nosotros, “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:6); y de modo que ya no andemos más en el pecado. No se puede convertir la gracia en libertinaje; convertir la gracia en libertinaje es pretender estar adentro de la casa de Dios sin tratar con nuestros pecados. Si hemos pecado hay que confesar el pecado, hay que humillarnos, hay que arrepentirnos, hay que pedir perdón; es decir, el pecado tiene que ser tratado.

Solamente estas personas que realmente han reconocido su pecado y que se ponen en las manos de Dios para ser tratados en cuanto a sus pecados, en cuanto a su ego, son personas aptas para mantener esa clase de vida que Dios quiere que el mundo vea en la Iglesia. Esas cortinas de lino fino, esas acciones justas de los santos solamente pueden ser hechas por personas que realmente han tratado con el pecado. ¿Qué es lo que daña nuestro testimonio? ¿No es nuestro pecado? Bueno, es nuestro pecado el que daña el testimonio. O lo contrario, lo que mantiene el testimonio es que tratemos con el pecado; si tratamos con el pecado se mantiene el testimonio; si dejamos colar el pecado se pierde el testimonio. Entonces el tratar con el pecado nos va convirtiendo en columnas de bronce.

Ahora, notemos que al bronce se le añade o se complementa con plata en el capitel, Eso es lo que venía un poco más adelante en Éxodo 27. Dice la segunda parte del verso 10: “Los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata”. Ahora, los capiteles eran, como decir, la cabeza de la columna. La columna tenía arriba como un capitel; luego, cuando veamos más adelante sobre las columnas, y entremos de nuevo en el tema, vamos a ver por qué aquí solamente menciona el capitel de plata; pero más adelante vamos a ver que tenía granadas y tenía muchas cosas interesantes; pero mientras tanto lo mencionamos. Por eso quería detenerme primero en esta parte para luego poder aprovechar mejor la próxima.

El capitel representa a Cristo

Entonces nótese que la columna no está completa sin el capitel; y  es interesante que el capitel sea de plata; la plata siempre se refiere a Cristo, porque la Biblia declara que el precio del rescate era un siclo de plata. Significa que la plata aparece representando la redención en Cristo. Podemos decir que la naturaleza divina, la naturaleza de Dios el Padre está representada por el oro; la redención dada por el Hijo está representada por la plata, y la obra de aplicación y de transformación de nuestras vidas que es hecha por el Espíritu, está representada en bronce. De manera que tenemos oro, plata y bronce: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; pero ahora fíjese en que estas columnas no tienen una cabeza propia sino que tienen a otro por cabeza, que es los capiteles de plata. Eso quieres decir que cada una de estas personas tiene como cabeza a Cristo; son personas que han sido tratadas y que aceptaron el gobierno de Cristo, el señorío de Cristo; Él es la cabeza. Eso es lo que quiere decir el capitel; es la parte visible y a la vez es la parte que adorna; este capitel adorna la columna.

Una columna sin capitel es como un decapitado, es alguien sin cabeza; entonces Dios le dio una cabeza a estas columnas, y esa cabeza es el capitel de plata; en cualquier parte que tú veas la columna, ahí tú ves el capitel de plata; porque lo que se ve no es la columna, es el capitel, porque la columna está detrás del lino fino, está toda las cortinas; entonces lo que se ve no es la columna. Lla columna de bronce se ha negado a sí misma, y lo que se ve es a Cristo, en sus buenas obras; ella no se ve, lo que se ve es el capitel y las buenas obras. Vemos con esto que lo que el Señor quiere que se vea en nosotros es a Cristo, y que se vean nuestras buenas obras. Dice la Palabra: “Para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen (¿a quién?) a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16); glorificar al Padre; las columnas están detrás de las buenas obras; la gente ve las buenas obras y ve el capitel. Ese es el pensamiento de Dios acerca de Su casa, que Su Hijo pueda ser visto y que las buenas obras que Su Hijo produce en Su pueblo sean vistas.

Pero en cuanto a nosotros, sostengamos estas buenas obras y reconozcamos el señorío de Cristo, pero que no nos veamos nosotros. Si nos vemos demasiado, hay que seguir viniendo a Sus manos para ser hechos de bronce, para ser tratados por el bronce. Lo importante que Dios quiere que se vea es Cristo, y que vean nuestras buenas obras para que glorifiquen al Padre, hermanos.

Estos eran los detallitos interesantes que era necesario ver. Esa es la única manera de ser realmente un muro; si no somos tratados, se nos cuela el diablo. Amén.

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