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LA MESA DE LOS PANES DE LA PROPOSICION / 1

Por cristianogiv - 12 de Octubre, 2006, 14:19, Categoría: General

Capítulo XVI

 

LA MESA DE LOS PANES

DE LA PROPOSICIÓN[1]

 

Figuras de las cosas celestiales

Vamos a abrir, hermanos, con la ayuda del Señor, la Biblia inicialmen­te en el capítulo 9 de la epístola a los Hebreos. Vamos a hacer inicialmente una lectura de los primeros versos. Hebreos 9:1 en adelante.


A1Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. 2Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. 3Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, 4el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; 5y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora (en el momento de escribir la carta) hablar en detalle. 6Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; 7pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; 8dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. 9Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan (esta carta se escribió antes del año 70, cuando todavía no había sido destruido el templo de Jerusalén, por eso dice Ase presentan@) ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, 10ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. (Ese tiempo de reformar las cosas es ahora en el Nuevo Testamento. Hasta el Antiguo Testamento aquellas disposiciones, ordenanzas y culto eran símbolos y el Espíritu Santo daba a entender cosas pero para el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento es el tiempo de reformar las cosas). 11Pero estando ya presente Cristo, (ese es el tiempo en que las cosas han sido reformadas de lo simbólico y figurativo a lo espiritual y a lo real) sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.@

Vamos a saltar por lo pronto los siguientes versos y vamos a llegar hasta el 23 del mismo capítulo 9: A23Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, (fíjese en el contraste: por una parte en el Antiguo Testamento, en el símbolo de las disposiciones en el tabernáculo y el templo, eran figuras de las cosas celestiales; por otra parte, ahora en el Nuevo Testamento es la realidad espiritual, es el espíritu de las cosas, son las cosas celestiales mismas. En el Antiguo Testamento es la figura de las cosas celestiales, el símbolo. En el Nuevo Testamento es el espíritu, la realidad, las cosas celestiales mismas) con mejores sacrificios que estos@. El capítulo 10 versículo 1 dice: A1Porque la ley, (lo que leemos en el Antiguo Testamento, digámoslo desde Génesis hasta Deuteronomio o incluso, durante toda su vigencia en el Antiguo Testamento completo) teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, (aquí vemos de nuevo el contraste: el Antiguo Testamento es la sombra, el Nuevo Testamento es la imagen misma de las cosas) nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan@.

En este capítulo, el Espíritu Santo por manos del escritor de esta epístola, posiblemente Lucas, hace un contraste entre el Antiguo y el Nuevo Testamento mostrando la excelencia del Nuevo Testamento en comparación con el Antiguo. En el Antiguo teníamos a Moisés, hoy tenemos al Hijo de Dios, el Señor Jesús; en el Antiguo Testamento teníamos un santuario terrenal, hoy tenemos el verdadero santuario celestial. En el Antiguo Testamento teníamos muchos sacrificios de corderos, de bueyes, etc., hoy tenemos el sacrificio del Señor Jesús; en el Antiguo teníamos la sombra, la figura, el símbolo, cosas con que el Espíritu Santo daría a entender otras cosas espirituales, pero en el Nuevo tenemos ya no el símbolo sino lo simbolizado, ya no la figura sino la imagen misma de las cosas, las cosas celestiales mismas y el Espíritu.

 

Trabajo sacerdotal de Cristo


En las disposiciones que leímos, se nos describe el Lugar Santo primeramente y entonces el Lugar Santísimo, y se nos presentan distintas tareas que tenía que hacer el sumo sacerdote aarónico del Antiguo Testamento, en figura de las tareas que el sumo sacerdote de nuestra profesión del Nuevo Testamento, Jesús el Cristo, realiza hoy espiritualmen­te delante de Dios dentro del velo en el Lugar Santísimo en el cielo en la presencia de Dios, y también las tareas que realiza detrás del velo, es decir, a este lado del cielo, aquí en la Tierra, en el Lugar Santo y en el Atrio; porque en el Lugar Santísimo es en la presencia de Dios en el cielo, y fuera del velo es esta parte que estamos viviendo todavía aquí, es decir, mientras estamos aún en la carne. El Señor Jesucristo realiza para el Padre diferentes tareas. Esas tareas que el Señor Jesús realiza son muchas tareas. El sumo sacerdote tiene mucho trabajo. Aquí, por tratarse de una epístola en que está introduciendo a los creyentes que estaban saliendo del judaísmo al cristianismo, comienza hablando con la primera de las tareas, que es la de presentar la sangre y enfatiza lo relativo al sacrificio, lógicamente; una vez al año, el sumo sacerdote, el 15 de octubre tenía que entrar detrás del velo y presentar la sangre; eso en figura del Señor Jesús que tenía que morir por nuestros pecados y presentarse por nosotros ante Dios presentando ahora Su propia sangre y Su propio sacrificio y Su propio incensario; porque así como el sacerdote terrenal entraba en el Lugar Santísimo y presentaba el incienso delante de Dios, así el Señor Jesús ha entrado en el cielo mismo precursándonos en nombre nuestro, llevándonos sobre sus hombros y sobre su pecho, así como el antiguo sacerdote llevaba sobre su pecho aquellas doce piedras en el Urim y Tumim, en el pectoral, en cada piedra el nombre de las tribus de Israel, y sobre sus hombros dos piedras de ónice, cada piedra con seis nombres de las doce tribus de Israel, mostrando cómo el sumo sacerdote llevaría sobre sus hombros y sobre su pecho al pueblo de Dios llevando su iniquidad y reconciliándolo con Dios y presentándolo e introduciéndolo en Sí mismo en la presencia de Dios.


Lógicamente que cuando el autor a los Hebreos nos dice Ade las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle@, quiere decir que había otras cosas que decir, pero él estaba diciendo las primeras. Lo mismo había dicho al final del capítulo 5 de esta epístola, donde él le dice a los hermanos en el verso 11: @11Acerca de esto@; si vemos qué es AestoA, nos damos cuenta de que es el trabajo sumosacerdotal del Hijo de Dios. A11Acerca de esto, (del trabajo sumosacerdotal del Señor Jesús, dicen los apóstoles por el Espíritu) tenemos mucho que decir...@. Hay mucho que decir acerca del trabajo sacerdotal del Hijo de Dios, pero en esta carta solamente va a decir la primera parte; pero el Espíritu Santo, que ya había enseñado a los apóstoles lo mucho que había que decir acerca del asunto, en esta carta solamente menciona unas cosas, pero ciertamente el Espíritu Santo ya había enseñado en la comunión apostólica, en el ministerio del nuevo pacto, otras cosas que aquí no fueron habladas, porque aquí en esta carta se hablaron las primeras claves, pero igual se nos dice que de aquí hay que pasar a otras. A11Acerca de esto (y venía hablando, fíjese en el último titulito que le pusieron al último pasaje: Jesús el gran sumo sacerdote, de eso venía hablando), tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios@. Claro que las palabras de Dios van más allá de los primeros rudimentos; en esta carta tienen que presentarse los rudimentos, pero ciertamente que el deseo era poder ir más allá de los rudimentos, lo cual dice más adelante en el capítulo 6:3: AY esto haremos (es decir, iremos un poco más allá de los rudimentos), si Dios en verdad lo permite@. Permíta­nos Dios ir un poco más allá de los rudimentos. Porque el asunto de sacrificar el Cordero es en el Atrio. Hay otros trabajos del sumo sacerdote que son en el Lugar Santo, y hay otros trabajos del sumo sacerdote que son en el Lugar Santísimo; o sea que el sumo sacerdote, nuestro Señor Jesucristo, ha realizado trabajos en el atrio como morir en la cruz, fuera del campamento, no en la ciudad sino allá en el monte Calvario, en el monte de la Calavera; eso era como decir el altar de bronce en el atrio; pero Él también tiene otros trabajos que hacer, y de hecho, el Señor está realizando muchos trabajos. Él se sentó a la diestra del Padre para realizar la plenitud de Su trabajo sacerdotal.


Aparte de morir por nuestros pecados en el altar de bronce en el atrio, a manera de cordero, hablándolo ahora figurativamente, )qué otros trabajos realiza el sumo sacerdote? Note que no solamente está el altar de bronce para ser sacrificado, sino que también frente al velo estaba el altar de oro con el incensario para hacer el trabajo de abogado, el trabajo de intercesor. El Señor en el atrio hizo el trabajo de sacrificio y ahora, a la diestra del Padre, hace el trabajo de intercesor. Ahora está haciendo la realidad de aquello que figuraba el antiguo sacerdote cuando entraba detrás del velo y allá en el altar de oro tomaba el incensario, preparaba el incienso y entraba dentro del velo y mecía el incienso. Ese mecer el incienso representa el trabajo de intercesión del sumo sacerdote. Pero el sumo sacerdote también tenía otros trabajos que hacer en el Lugar Santo; a este lado del velo. El sumo sacerdote tenía que tener delante de Dios en orden el candelero. Ese también era trabajo del sumo sacerdote y por eso es que en el Apocalipsis, cuando comience el libro del Apocalipsis, aparece el Señor Jesús con un cinto por el pecho, porque los sumos sacerdotes, según las vestiduras sacerdotales, no se ponían el cinto como nosotros en la cintura sino que se lo ponían en el pecho, porque por el pecho era que el cinto mantenía en su lugar algo que era como unas hombreras, y esas hombreras venían por delante y por detrás de manera que el cinto debía mantener las hombreras en su lugar para que no se le cayeran de los hombros las ovejitas que lleva en el hombro; porque allí en las hombreras lleva las piedras de ónice con las tribus de Israel. Significa que el pueblo de Dios está sobre los hombros del Señor; total que esas hombreras tienen que estar bien puestas y para que estén bien puestas, el sacerdote tiene que tener el cinto en el pecho y no en la cintura.

 

Entre los siete candeleros


Por eso es que en Apocalipsis vemos al Señor Jesús realizando también ese trabajo sacerdotal. Dice Apocalipsis capítulo 1:12: A12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo@. Aquel que dijo: Yo soy el Alfa y la Omega, Aquel que dijo: Yo soy el primero y el último, Aquel que envió profecía a las siete iglesias que están en Asia. A13Y en medio de los siete candeleros...@; ahí estaba el sumo sacerdote haciendo su trabajo en el lugar santo, o sea, su trabajo con las iglesias; porque las iglesias, mientras estamos en la carne, estamos en el Lugar Santo y en el atrio. En cambio, el Señor Jesús que está en el cielo mismo, como precursor, Él está en el Lugar Santísimo. Nuestro espíritu está en el Lugar Santísimo por la fe, y por la fe estamos delante de Dios, pero ahora estamos por fe, no por vista; pero entonces cuando seamos transformados y arrebatados, estaremos ya no por fe sino por vista en la presencia misma de Dios; y estaremos presentes y no ausentes, como lo enseña Pablo en segunda a los Corintios, donde el apóstol enseña lo que es estar presentes y lo que es estar ausentes. Dice que ahora estamos por fe, ausentes, porque estamos presentes es de cuerpo aquí afuera del velo. Mientras estamos en la carne estamos fuera del velo; cuando muramos o cuando seamos arrebatados y entremos a la presencia misma de Dios, estaremos ahora sí ya no sólo en espíritu sino espíritu, alma y cuerpo en el Lugar Santísimo. Por lo pronto las iglesias están en la tierra, por lo pronto ministramos en nuestra carne mortal, por lo tanto hay un trabajo que se hace fuera del cielo. Las iglesias están en Efeso, en Esmirna, en Pérgamo, en Tiatira, en Sardis, en Filadelfia y en Laodicea; pero el sumo sacerdote además de realizar su trabajo de haber muerto en el atrio por nuestros pecados en la cruz, además de estar intercediendo por nosotros a la diestra del Padre, Él está también sentado a la diestra del Padre tratando el asunto de sus iglesias que están en la tierra, y ese es el trabajo sumosacerdotal del Señor Jesús. )Qué tenía que hacer el sumo sacerdote en el Lugar Santo? Tenía que mantener el candelero encendido delante de Dios. Ahora, ese candelero en la tipología estaba supuesto a multiplicarse; por eso cuando llegamos al templo en el tiempo de Salomón ya no hay un solo candelero sino diez, porque la intención de Dios es que los candeleros se multipliquen, que la iglesia se multiplique por todas las localidades de la tierra. Por eso es que el Arca no se multiplica, pero el candelero sí se multiplica, porque el Arca, que es una sola, representa al Señor Jesús, en cambio el candelero representa Su incorporación en Su pueblo, y cada iglesia en cada localidad es para el Señor un candelero. Entonces aquí aparece en los versos 12 y 13: A12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 13y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho (no por la cintura) con un cinto de oro@. Ahí vemos al Señor Jesús haciendo un trabajo sumosacerdotal en lo que tiene que ver con el candelero.

El sacerdote tenía que echar aceite al candelero, también tenía unas tijeritas que se llamaban despabiladeras para tratar con el pabilo, o sea, la mechita de cada lámpara del candelero, porque el pabilo es aquel que es empapado por el aceite del candelero para que encienda la lamparita del candelero; las siete lámparas se encienden por causa del aceite y el pabilo. Cuando el pabilo está seco, entonces se quema y echa humo, y el ambiente se enrarece; entonces el sacerdote tiene que tomar la ceniza, quitar la parte seca, la parte que ya echa humo, la parte que no está ungida, la parte que no tiene aceite, y dejar solamente el pabilo húmedo de aceite para que alumbre y no eche humo. De modo que vemos al Señor Jesús haciendo ese trabajo en el Apocalipsis; tienes esto, tienes aquello, yo apoyo esto, estoy de acuerdo con esto; el Señor en algunas ocasiones está apoyando lo que hace la iglesia, lo está respaldando. Es como cuando el sumo sacerdote le echaba aceite. Pero a veces dice: Apero tengo contra ti esto@; es cuando está usando la tijerita; no quiero nicolaís­mo, no quiero baalamismo, no quiero jezabelismo, no quiero muchas otras cosas; tienes esto, esto está bueno pero esto está malo, para esto hay aceite pero para esto hay tijerita. Ahí vemos al sumo sacerdote, el Señor Jesús, realizando su trabajo sacerdotal en el Lugar Santo. Pero en el Lugar Santo también estaba, frente al candelero, la mesa de los panes de la proposición. También la mesa de los panes de la proposición representa un trabajo que el sumo sacerdote, Jesucristo, tiene que realizar velo para afuera delante de Dios para el Padre.

Nos hemos fijado en el trabajo que el Hijo del Hombre hace en el atrio, donde es sacrificado el cordero, como el Señor Jesús murió, como la fiesta de la Pascua; hemos visto ya ese trabajo. También hemos visto el trabajo de intercesión en el altar de oro, el tomar el incienso, en el entrar detrás del velo, presentar la sangre, presentar el incienso; hemos visto ese trabajo de Él a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. También hemos visto el trabajo de Él en lo relativo al candelero, moviéndose entre candeleros y haciendo lo Suyo, pero ahora nos toca también ver el trabajo del sumo sacerdote con la mesa de los panes de la proposición, porque también eso representa otro aspecto de la obra sumosacerdotal del Señor Jesús con el pueblo de Dios delante del Padre.


Hace ya varios meses, quizá dos, tres meses que el Espíritu del Señor ha puesto sobre mi corazón una carga e inclusive a veces he pasado las noches, digamos, masticando esto, el Espíritu Santo alegrando mi corazón, enseñándome y poniéndome la carga de compartirlo con mis hermanos; pero no podíamos tener esa oportunidad en otros lugares porque estábamos también completando otras cargas; entonces pensé que quizá podría hacerse, si los hermanos lo acordaran conmigo, en esta oportuni­dad pudiéramos tratar ese asunto. Con los hermanos allá en Bogotá hemos seguido una serie acerca del Arca del Pacto y hemos seguido también una serie completa sobre el candelero, hemos seguido una serie sobre el sacerdocio, sobre las vestiduras sacerdotals, sobre el tabernáculo, pero nos falta concretar el asunto de la mesa de los panes de la proposi­ción, y yo pienso que el Espíritu Santo espera que sea el momento en que pueda ser digerido por lo menos por algunos para que entonces nosotros también le dediquemos alguna consideración en la presencia del Señor acerca de esto. El asunto de la mesa de los panes de la proposición es también un trabajo sacerdotal del sumo sacerdote. Pues lo que hemos hecho esta mañana es solamente ubicar ese tema dentro del contexto del sacerdocio del Señor Jesús mostrando cómo en la Palabra de Dios esto tiene que tener también un lugar. Por lo pronto, sea esta parte una introducción. No podemos descuidar ese aspecto porque tenemos claros otros y necesitamos también tener claro éste.

 

El tabernáculo en el desierto


Tratamos el tema de la mesa de los panes de la proposición inicialmen­te en Éxodo capitulo 25. Allí aparece una secuencia en los primeros 10 versículos. Dios le dice a Moisés que Él desea que Su pueblo le haga ofrenda voluntaria de todo corazón de lo que Él le pide. No necesariamen­te que le ofrezcamos lo que nosotros queremos sino que de todo corazón, voluntariamente, le demos lo que Él pide. Desgraciadamente, en nuestra inmadurez religiosa sí queremos tener relación con Dios, pero solamente a nuestra manera; por eso existen muchas religiones. Si el hombre no quisiera tener relación con Dios, no habría religiones en la tierra, pero vemos que hay muchas religiones. Eso prueba que el hombre de alguna manera, o de muchas maneras quiere tener con la divinidad alguna relación, solamente que según nuestro parecer y según nuestra propia manera. Hay personas que están dispuestas a subir de rodillas a Monserra­te, a cumplir los 9 días de la novena y a realizar muchas otras actividades religiosas a su manera. El Señor Jesús, en Marcos capítulo 7, dice que los ancianos de Israel habían invalidado la Palabra del Señor para seguir sus propias tradiciones. Había tradiciones de los ancianos. Ellos no invalidaban la Palabra de Dios porque no quisieran a Dios; querían a Dios, pero no según Su palabra. Querían a Dios según sus tradiciones. Entonces el Señor les dice que bien invalidaban la Palabra de Dios por seguir las tradiciones de los ancianos. Acá en Exodo 25, nosotros vemos que el Señor pide a Su pueblo los materiales con los cuales Él quiere que se le haga un santuario, y el Señor también establece el modelo del santuario; o sea que lo que Dios le está pidiendo a Su pueblo, es que Su pueblo voluntariamente, de todo corazón le dé a Él lo que Él pide. Toda la humanidad procura darle lo que la humanidad quiere; como Caín que ofreció a Dios lo que él quería, pero eso no le fue agradable a Dios. Dios nos pide que nosotros le demos lo que Él quiere y que le hagamos el santuario; hagamos las cosas conforme al modelo que Él traza. Si estamos dispuestos a oír lo que Dios nos pide y el modelo que Él nos presenta, podemos caminar con Dios para, con la ayuda de Su Hijo, agradarle.

Aquí en los primeros 10 versículos del capítulo 25 de Éxodo, Dios enfatiza estas dos cosas: Dios pide los materiales que Él escogió y Él pide que se le haga un santuario conforme al modelo que Él diseñó. Luego, desde el versículo 10 hasta terminar el verso 39 del capítulo 25, el Señor pide a Su pueblo que le haga ciertos utensilios, ciertos muebles, ciertos enseres. Primero dice que va a hacer un santuario y luego comienza a describirlo por el mobiliario principal, el Lugar Santísimo, y comienza estableciendo la prioridad o la preeminencia del Arca del Pacto con la cual Él simboliza Su propia presencia. En el capítulo 26 aparece el tabernáculo, en el capítulo 27 aparece el altar de bronce, y eso ya es en el atrio. Pero incluso antes del tabernáculo, el Señor tomó espacio para describir tres muebles que Él quería: el Arca del pacto, la mesa de los panes de la proposición y el candelero de oro. Todas estas cosas son figuras, todas estas cosas son simbólicas y todas ellas nos enseñan algo de la relación que Dios quiere tener con el hombre, con Su pueblo, como pueblo, y que Él quiere que Su pueblo tenga con Él. Él le pide a Su pueblo que haga un Arca para colocarla en el Lugar Santísimo de la casa de Dios. Lo primero que Él describe es el Arca y la ubicación del Arca, la preeminencia del Arca y su ubicación en el Lugar Santísimo de la casa de Dios. Lo segundo es la mesa de los panes de la proposición y el candelero de tercero. Luego aparece el altar de bronce, y otro altar de oro, el incensario, etc.; el tabernáculo. Quisiera llamar la atención al lugar que se la da a la mesa de los panes de la proposición en este orden de prioridades: lo primero que aparece es el arca del pacto y entonces, inmediatamente, la mesa de los panes de la proposición, luego frente a la mesa aparece el candelero.

 

La secuencia de Dios


Yo quisiera que mis hermanos vieran también esa misma secuencia, porque la secuencia nos enseña mucho. La secuencia nos enseña las cosas que son prioritarias para Dios. Si no atendemos la secuencia de Dios, entonces establecemos nosotros nuestra propia secuencia, y cuando nosotros establecemos una secuencia diferente a la secuencia de Dios, le quitamos importancia a cosas que Dios sí les da importancia y le damos demasiada importancia a cosas a las que sí se les debía haber dado una importancia relativa pero después de otras. Nosotros debemos aprender a corregir nuestra escala de valores. Nuestra secuencia tiene que adaptarse a la secuencia de Dios. Es Dios el que dice qué va primero, qué va segundo, qué va tercero, qué va de cuarto y no nosotros. Nosotros somos muy dados a hacer las cosas conforme a nuestras propias valoraciones subjetivas. Yo creo que los hermanos que ya tienen algunos años caminando con el Señor, habrán comenzado un poquito a aprender cuánto afecta a las cosas de Dios, a la marcha del pueblo de Dios, nuestro subjetivismo. A veces nosotros somos muy subjetivos. Vemos nuestra propia escala de valores, que es nuestra propia secuencia, nuestra propia estimación, nuestra propia estimación de las cosas, y para colmo de males no solamente tenemos nuestra propia estimación de las cosas sino que queremos que los demás también la tengan, y eso sí que hace difícil el asunto. Todos debemos aprender a renunciar a nuestras propias subjetivi­dades personales, aprender de Dios la objetividad de la secuencia de Dios establecida clara y nítidamente por Dios en la Palabra de Dios. La palabra de Dios establece prioridades, la Palabra de Dios establece jerarquía de valores, jerarquía de asuntos.


Íntimamente relacionado con este capítulo, Éxodo 25, es el de Números capítulo 4, que nos dice desde el versículo 5: A5Cuando haya de mudarse el campamento@. En repetidas ocasiones en la historia del Pueblo de Dios, el campamento debe mudarse para seguir a la nube de la gloria de Dios. En repetidas ocasiones, el Señor, después de haber guiado a Su pueblo en una determinada jornada y haberlo llevado a un determinado punto espiritual y haberle enseñado algunas lecciones, cuando Él juzga que la sazón ya está a punto, entonces la nube se levanta y dirige al pueblo a una jornada posterior; salen de una estación y llegan a otra estación; ya han aprendido ciertas lecciones y ahora es la hora de aprender nuevas lecciones, y los toma de una posición y los lleva a otra posición. Así es nuestra vida espiritual tanto en lo personal como en lo colectivo y dentro de lo colectivo, tanto dentro de lo local como en lo universal; existen unas secuencias establecidas por el Espíritu Santo. Cuando nosotros miramos la historia de la Iglesia en lo colectivo y en lo universal nos damos cuanta de que el Espíritu Santo detuvo la nube de gloria en ciertos asuntos que era necesario esclarecer primero para que sirvieran de base suficiente para tratar otros asuntos después. Difícilmente se hubiera empezado por la Cristología si no se hubiera tenido primero claro lo de la Trinidad. El Espíritu Santo tenía que aclarar lo relativo a la Trinidad y lo relativo a la humanidad para que se pudiera aclarar lo relativo a la Cristología.

Y así, cuando estudiamos la historia de la iglesia, vemos que los primeros conflictos al interior del pueblo de Dios eran para tratar de saber cómo era eso del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sí, bueno, el Padre es Dios, pero )quién es el Hijo? Y se discutía si era de la misma sustancia o de una sustancia semejante o diferente; si era Dios o si era una criatura, y si siendo Dios era la misma persona del Padre o era una segunda persona divina; y todo eso se discutió primero, y la iglesia tenía que quedarse bajo la nube de gloria aprendiendo la lección acerca de Dios. Después de que la discusión acerca de Dios se decantó, entonces comenzó la discusión acerca del hombre; si el hombre por naturaleza es capaz de agradar a Dios o si necesita de la gracia de Dios, y las discusiones de Pelagio que decía que nosotros no heredamos el pecado de Adán sino que el pecado de Adán afectó sólo a Adán como persona, pero que cada uno tiene libre albedrío y con la sola fuerza del libre albedrío y de la persona ya podemos hacer la voluntad de Dios. Eso se lo creía Pelagio, que era un hombre que seguramente pensaba que era posible agradar a Dios por la sola fuerza del libre albedrío. Pero Agustín de Hipona, que había sufrido bastante conociendo su propia debilidad humana, era muy sensible para esos versículos de la Palabra donde dice que no solamente Adán pecó sino que por el pecado de uno, la muerte pasó a todos y todos fuimos constituidos pecadores y que ya no es suficiente la naturaleza sino que se necesita la gracia, y comenzó esa discusión y al mismo tiempo con esa discusión acerca de la naturaleza humana vino la discusión acerca de quién es Cristo entonces.

Bueno, ya sabemos que Cristo es Dios; una segunda persona junto con el Padre y el Espíritu Santo en la Santísima Trinidad, pero )cómo se relaciona la naturaleza divina con la naturaleza humana en la persona del Señor Jesús? Esa era otra estación en la que se detuvo la nube de gloria en lo colectivo, en lo universal. Hasta que estuviese esclarecido por ahí a partir del concilio de Calcedonia en el siglo V apenas. Cinco siglos después quedó claro de que la segunda persona de la Trinidad, el Hijo de Dios, al hacerse hombre, es perfectamente Dios y perfectamente hombre, dos naturalezas, pero una sola persona. La definición de Calcedonia se escribe en un solo párrafo y ese párrafo se lee en cinco segundos, pero se demoraron quinientos años en poder llegar a la conclusión que se puede leer en cinco segundos; la definición de Calcedonia que se lee en cinco segundos, tuvo que gestarse prácticamente cinco siglos. Un siglo para cada segundo.


Entonces, hermanos, nos damos cuenta de que era necesario tener claro primero lo que es Dios y lo que es el hombre para poder tener claro quién es Cristo. Sólo después de tener claro quién es Cristo, entonces se llegó a la época de la escolástica, de la alta edad media, para discutir el asunto de la expiación, porque cómo se va a entender la expiación si ni siquiera se entiende a Cristo. Diez siglos para discutir a fondo la expiación; todavía en el siglo XII ustedes oyen las discusiones de Abelardo, donde pensaba que la muerte de Jesús en la cruz era para darnos ejemplo de sufrimiento. Hoy usted, que está en el siglo XX, dice: (pero cómo era tan ciego! Pero así es. Se necesitó de varios siglos para que se decantara en la iglesia universal el sentido expiatorio de la muerte de Cristo; entender lo que es la expiación. Pero después llegó la época de la Reforma, y en la época de la reforma la nube de gloria pasó a otra etapa y lo que había que tratar en esa nueva etapa era si el justo se salva por la sola fe o por la fe con las obras. Si es expiación, la fe en esa expiación era suficiente para ser salvo eternamente, o si se necesitaban las obras como méritos para la salvación. Y no piensen que la discusión fue fácil. Yo pienso que una gran cantidad de muertos al interior de la cristiandad costó el llegar a esta claridad; el justo se justifica por la sola fe, sin las obras de la ley. Cuánto hace que Pablo lo había dicho, pero una cosa es que Pablo, el apóstol, tenga la revelación y otra cosa es que llegue a ser una posesión universal del cuerpo de Cristo, que es otra cosa. O sea que la nube de gloria tenía que haber tenido cocinado el asunto de la Cristología, y el de la expiación, para completar el asunto de la justificación, y eso apenas empezó a ser claro a partir de la época de la Reforma. Por aquella época surgió la contrarreforma, surgió el concilio de Trento, tratando de desvirtuar lo que decía la Reforma y anatemizando nada menos que la declaración esencial del evangelio: el justo vivirá por la fe, dice Pablo: concluimos pues que el justo es justificado por la fe sin las obras de la ley,[2] y esa conclusión apostólica fue anatematizada por el concilio de Trento. Cualquiera que diga que lo que dijo Pablo es anatema, mas Pablo dijo: cualquiera que diga distinto a lo que nosotros decimos es anatema. Hoy en día ya las cosas han cambiado un poco; hoy en día ya ha habido un acuerdo entre el ministerio universal luterano con los obispos norteamericanos católicos, y hoy en día Martín Lutero ya no es declarado un hereje sino un doctor de la iglesia, por fin después de cinco siglos; y hoy en día los herejes son llamados hermanos, aunque separados, pero hermanos. No es fácil avanzar. Si no se tenía claro el asunto de quién es salvo y quién no es salvo, qué es lo que salva a una persona y qué es lo que todavía hace que la persona no sea salva, si no se tiene clara la Soteriología, que trata del asunto de la salvación, )cómo se iba a tener claro el asunto de la iglesia?


Para entrar a considerar el asunto de la iglesia a partir de aquellos hermanos del pasado que comenzaron a considerar el asunto del cuerpo, había que tener primero claro el asunto de quién es salvo y quién no, cómo se salva la gente y cómo no, y para eso había que tener claro lo de la expiación, y para eso tener claro a Cristo, y para eso tener claro lo de la Trinidad y lo del hombre. )Se dan cuenta que son secuencias necesarias? Hay cosas que el Espíritu tenía que aclarar primero para luego poder avanzar. Entonces por eso recién en el siglo pasado, comenzaron un poco a fondo las discusiones eclesiológicas para aprender cual es la eclesiología de la Biblia, porque claro, la iglesia llevaba ya diecinueve siglos andando pero basándose en eclesiologías católicas, ortodoxas o protestantes de distintas clases, y se necesitaba llegar a una eclesiología bíblica. Pero, )cómo llegar a una eclesiología bíblica y no meramente eclesiástica sin primero tener una soteriología o doctrina de la salvación clara? Lo mismo es el asunto final, de la escatología, de las ultimas cosas. )Cómo tener claro el asunto de las ultimas cosas, del Apocalipsis, de los vencedores, sin tener en cuenta el asunto de la iglesia? Se tiene que tener claro primero el asunto de la iglesia para poder tener claro el asunto de los vencedores y el asunto del juicio y del milenio y de todas estas cosas de la escatología. Así que, mis hermanos, se dan cuenta que sí existe una secuencia didáctica y que ciertas verdades para ser plenamente entendidas necesitan de otras que se traten primero. Aveces nosotros queremos entrar de una vez por Apocalip­sis, pero nos olvidamos que Apocalipsis es el último libro de la Biblia y que en el Apocalipsis están todas las terminales de la Escritura, y que para entender Apocalipsis necesitamos entender primero toda la Escritura. Ya cuando tenemos en cuenta toda la Escritura, podemos entender algo de Apocalipsis. Aquí en estos versículos que estamos viendo, nos damos cuenta de que Dios establece unas prioridades, y, estas prioridades establecidas por Dios, son instrucciones divinas para cuando haya que mudarse el campamento. Pienso que con esta visión panorámica de la historia de la iglesia nos hemos dado cuenta de cuantas veces se ha mudado el campamento, cuantas veces hubo que pasar por muchas experiencias para que se asienten de parte de Dios, del cielo, ciertas verdades en la tierra.

 

El orden jerárquico


Entonces, cuando dice acá: Acuando haya de mudarse el campamen­to@ (Num 4:5), nos está diciendo que realmente el campamento tiene que mudar de jornada en jornada y de estación en estación varias veces según una secuencia establecida por Dios. De tal manera que Dios le dijo a Moisés: Moisés, escribe en un libro las jornadas. Dios estaba interesado en que las jornadas quedaran escritas para nosotros, porque aquellas jornadas naturales de Israel, como nos enseña 1 Corintios 10, son ejemplo para nosotros. A11Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos@ .

Entonces ahora, veamos aquí el orden jerárquico de asuntos estableci­dos por Dios en la marcha del campamento. Números 4:5: ACuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio@ . Fíjense en lo primero que se menciona; no se puede avanzar un poquito en el camino del Señor sin tratar primeramente lo relativo al arca cubierta con el velo. A veces nosotros dejamos lo del arca y lo del velo para lo último, pero el Señor establece lo primero. La Palabra dice que en esto conoceréis el espíritu de la verdad y el espíritu de error: ATodo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios@ (1 Jn. 4:3). Ahí esta lo del velo, no se puede avanzar sin tener claro este asunto del Señor Jesucristo, del Hijo de Dios, de la encarnación. Hay personas que pueden estar de acuerdo en muchas otras cosas, pero, si en este asunto fundamen­tal acerca de la persona divina y humana del Señor Jesucristo no están claros, no se puede caminar con ellos todavía. San Juan dice que si alguno viniere a vosotros y no trajere esta doctrina con respecto a Jesucristo, como venido en carne, ni siquiera lo recibáis en casa ni le digáis bienveni­do. Entonces, )cómo nosotros vamos a hablar de la iglesia sin primero hablar de la divinidad y humanidad del Señor Jesucristo? Lo primero que hay que tratar para poder avanzar, es tener claro el asunto de la divinidad y humanidad del Señor Jesucristo. El primer asunto a tratarse es el arca; aquí dice el arca cubierta por el velo. Fíjese en lo primero que Dios establece; nosotros no podemos hacer otros trabajos, con otras personas, con otros grupos de hermanos sin tener claro el asunto de la divinidad y humanidad del Señor Jesús.


Ahora sigue diciendo: Ay pondrán sobre ella@, sobre el arca cubierta con el velo; se desarma el velo de la tienda, que representa la carne de Cristo y con ella se cubre el arca del testimonio. Antes de avanzar, para avanzar, se avanza en una profundización de Cristo. La única manera de profundizar es profundizando en Cristo, profundizando en Su persona, en Su divinidad, en Su humanidad, en Su obra en la cruz, en Su obra en la resurrección, en todo lo relativo a Su persona y en la esencia del evangelio. Eso es lo que hace avanzar a la iglesia, una profundización en eso. Profundizar en quién es Cristo y profundizar en qué hizo Cristo, eso es lo que nos hace avanzar. Luego dice acá: Ay pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y (recién ahora) le pondrán sus varas@; ahora sí se puede avanzar. Mientras eso no esté cubierto y cada cosa en su lugar, todavía ni siquiera hay que ponerle las varas, no hay que avanzar en eso, hasta que el asunto no esté en su lugar respecto de eso. Cuando ya todo lo relativo al arca, al velo y al paño de azul por encima esté en su lugar, ahora sí se le puede poner las varas. Fíjense en este detalle; ustedes van a ver de aquí en adelante que con respecto a los panes de la mesa de la proposición que viene después, y al candelero que viene después, el velo de azul se coloca primero, y encima de él se colocan las pieles de tejón. Es decir que cuando usted ve esa santa procesión de levitas, de coatitas llevando el arca, llevando la mesa, llevando el candelero, llevando el altar de oro y el incensario, usted ve que por fuera, la mesa, el candelero y el altar, son pieles de tejones. En cambio, en el caso del arca, por fuera es el paño de azul. En los otros casos el paño de azul está por dentro, y las pieles de tejones están por fuera, pero en el caso del arca las pieles de tejones están por dentro y el paño de azul está por fuera. El paño de azul por fuera, nos muestra dónde está la vanguar­dia, dónde está el precursor, dónde va el arca. El arca es la que va siempre adelante, el arca es el primer asunto, y sabemos que el arca es el primer asunto porque tiene el velo de azul por fuera. El azul representa lo celestial. En el caso del Señor Jesús, que se hizo hombre, Él ya fue glorificado, y por tanto, encima de las pieles de tejones están las telas azules, el paño azul. El azul, lo celestial, ya es visible en la persona del señor Jesús porque Él ya resucitó. En el caso nuestro, nosotros tenemos lo celestial por dentro, pero todavía por fuera tenemos la carne. En cambio, en el Señor Jesús, Él ya sacó lo celestial por fuera, Él ya resucitó corporalmente, Él ya es espiritual, ya es celestial, y por eso aunque es hombre, y por eso tiene madera de acacia y pieles de tejones, sin embargo todo eso está ya revestido y cubierto de un paño azul, porque en el caso de la persona del Señor Jesús, Él ya ha sido glorificado, y por eso es nuestro precursor; y por eso, cuando vemos todos aquellos montoncitos de la procesión, sabemos cuál es el primero y a cuál es al que hay que seguir. Todos los demás también tienen azul, la mesa también tiene azul, el candelero también tiene azul, pero lo tienen por dentro. Nosotros todos tenemos el azul por dentro, pero el Señor ya lo tiene por fuera porque Él ya fue glorificado.

 

El arca es lo primero


Entonces sigamos allí la secuencia. A7Sobre la mesa de la proposición@. Fíjese en lo que continúa después de la cabeza. Lo que continúa después de la cabeza es el cuerpo; en lo universal, después en lo local. Lo que continúa después del arca es la mesa de los panes de la proposición; ese es el segundo lugar. Dios estableció el segundo lugar para esto, para la mesa, incluso antes que el candelero, incluso antes que el altar del incensario o del altar de bronce del sacrificio, la mesa de los panes de la proposición es lo que continúa inmediatamente al arca. Aquí vemos una secuencia; estamos viendo que el lugar de este asunto de la mesa de los panes de la proposición no es un asunto secundario, es un asunto prioritario después del arca; digamos que después del arca, este asunto es importante. El arca nos refiere a Cristo, su persona y su obra, la esencia del evangelio, pero entonces ahora viene la mesa de los panes de la proposición, con la que trabajaba el sumo sacerdote. El sumo sacerdote tenía que preparar esta mesa, tenía que mantener esta mesa delante del Padre de una cierta manera. Ese era un trabajo sacerdotal como trabajo era el del sacrificio afuera, trabajo era el incensario adentro, trabajo era cuidar los candeleros; pues yo pienso que hemos entendido ya, como ayer a la mañana veíamos, a veces nos hemos puesto a poner atención a ese trabajo sacerdotal del sacrificio, también hemos entendido el trabajo sacerdotal de la intercesión, también hemos entendido el trabajo sacerdotal del sumo sacerdote en medio de los candeleros, pero )y qué de la mesa? )cuál es el trabajo sacerdotal respecto de la mesa de los panes de la proposición? Ahora estamos viendo que esto es un asunto de prioridad una vez que lo relativo al arca esté claro. Lo relativo al arca es la persona y obra de Cristo, esencia del evangelio, y tiene que tener una continuidad con lo relativo a la mesa de los panes de la proposición; y repito: proposición que es distinto a propiciación. Como la pronunciación es parecida, a veces uno puede decir: Alos panes de la propiciación@, pero no es propiciación, es proposición. Después veremos la diferencia.


A7Sobre la mesa de la proposición extenderán un paño azul (ahí está la mesa, luego viene el paño azul), y pondrán sobre ella las escudillas (que en el hebreo es la misma palabra que en otra parte se llama los platos), las cucharas, las copas (que es lo que en otras partes se llama las cubiertas, según el hebreo) y los tazones para libar; y el pan continuo (la palabra lo dice con más exactitud: el pan de la continuación; ya solamente con esas palabritas nos damos cuenta de a qué nos estamos acercando: el pan de la proposición es el pan de la continuación, aquí se le llama el pan continuo pero la palabra exacta en el hebreo es: el pan de la continuación) estará sobre ella. 8Y extenderán sobre ella un paño carmesí@. Fíjese en que sobre el arca no había necesidad de poner un paño carmesí, porque como el Señor Jesús no pecó, nadie necesitaba morir por Él para cubrir los pecados de Él porque no pecó, ni siquiera Él tenía que morir por sí mismo, porque si Él hubiera tenido que morir por sí mismo, no hubiera podido morir por nosotros. Como Él murió por nosotros, Él se vuelve la expiación a nuestro favor, pero Él no necesita que nadie expíe por Él, ni siquiera Él por si mismo porque Él no ha pecado. Por eso respecto del arca, no era necesario poner un paño carmesí, pero sobre la mesa sí se necesita poner un paño carmesí. Así que necesitamos estar constantemente cubiertos por la sangre de Cristo, por la obra expiatoria para poder avanzar un poquito en esto de la mesa de los panes de la proposición.

Entonces dice así: Ay lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas@. También en esto hay que avanzar, pero las pieles de tejones están afuera. El arca también tiene pieles de tejones, pero están adentro. La mesa también tiene un paño azul, pero por dentro todavía, por fuera son pieles de tejones. Por eso es que cuando no se ve lo que el Señor quiere ver en Su Iglesia, el mundo lo que ve son grandes ratones, porque los tejones son como unas ratas grandes del desierto, no tan feas, pero tampoco tan lindas, pero el azul está por dentro. Luego dice: A9Tomarán un paño azul (también el azul) y cubrirán el candelero del alumbrado, sus lamparillas, sus despabiladeras, sus platillos, y todos sus utensilios del aceite con que se sirve, 10y lo pondrán con todos sus utensilios en una cubierta de pieles de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas@. Ahí también tiene el azul por dentro y las pieles de tejones cubriendo. )Qué aparece en tercer lugar? El candelero. En Éxodo 25 la secuencia era exactamente la misma: primero empieza a describir el arca del pacto, después la mesa de los panes de la proposición, y en tercer lugar el candelero, después venía el altar de oro que es lo que aquí aparece en cuarto lugar. Aquí dice: A11Sobre el altar de oro extenderán un paño azul, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán sus varas@. Ahí está; el azul por dentro y los tejones por fuera. El único que tiene el azul por fuera es el arca, porque de todos nosotros los hombres el único que ha sido glorificado ya en forma efectiva es el Señor Jesús; nosotros somos glorificados en Él y tenemos lo de Él por dentro, pero ahora tiene que pasar de adentro hacia fuera en aquel día de Su venida.



[1]Enseñanza en el 3° Campamento Nacional de iglesias colombianas, en Melgar, Tolima, Colombia, en junio 27 al 30 de 1998. Transcripción de Johanna Alvarado, Orlando y Andrés Salamanca.

[2]Cfr. Romanos 1:17 y Gálatas 3:11

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