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LOS CORCHETES

Por cristianogiv - 12 de Octubre, 2006, 13:42, Categoría: General

 

 

 

Capítulo XX

 

LOS CORCHETES[1]

 

 

 

Algunos detalles simbólicos

Abramos las Escrituras en el capítulo 26 del libro del Éxodo. Seguimos observando juntos el plano del arquitecto celestial. Él es el que nos dejó este modelo, que en figuras parece misterioso, pero el Espíritu Santo ha estado ayudando a la Iglesia siempre, y confiamos en que la seguirá ayudando. Habíamos estado considerando hasta aquí más detenidamente los primeros cinco versos de Éxodo 26, y vamos ahora a considerar otros aspectos que aparecen en los versos siguientes. Vamos a hacer inicialmen­te una lectura seguida desde el versículo 6 hasta el 14 inicialmente, y vamos a ver hasta dónde nos concede llegar el Señor en esta jornada:

A6Harás también cincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernácu­lo. 7Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás. 8La longitud de cada cortina será de treinta codos, y la anchura de cada cortina de cuatro codos; una misma medida tendrán las once cortinas. 9Y unirás cinco cortinas aparte y las otras seis cortinas aparte; y doblarás la sexta cortina en el frente del tabernáculo. 10Y harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde en la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unión. 11Harás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meterás por las lazadas: y enlazarás las uniones para que se haga una sola cubierta. 12Y la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo. 13Y un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo. 14Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo, y una cubierta de pieles de tejones encima@.


Vamos a detenernos un poco más, con la ayuda del Señor, en estos detalles simbólicos de la edificación del cuerpo de Cristo, en la edificación de la casa de Dios.

 

Un principio de edificación espiritual

La carga inicial del pasaje de la jornada presente, se relaciona con los corchetes. Mis hermanos se han dado cuenta de que aparecen aquí dos clases de corchetes: Unos son de oro, que aparecen en el verso 6: Acincuenta corchetes de oro, con los cuales enlazarás las cortinas la una con la otra, y se formará un tabernáculo@. Llamo la atención a que los corchetes de oro se relacionan con las cortinas más interiores; como hemos podido leer, nos damos cuenta de que hay diez cortinas de lino fino, azul, púrpura y carmesí; esas son las interiores. Sobre esas cortinas aparecen otras cortinas de pelo de cabra, sobre esas cortinas aparecen otras de pieles de carnero teñidas de rojo, y por último, otras de pieles de tejones. Detengámonos por lo pronto desde lo más interior hasta lo más exterior, porque la obra del Señor es así; el Señor trabaja desde adentro hacia fuera. Debemos conocer ese principio de la obra del Señor. El Señor no trabaja desde afuera para adentro. Satanás está en los aires y él trabaja desde afuera para adentro; él trata de ofuscar nuestros sentidos, nuestra mente, nuestras emociones, nuestros nervios, y sofocar nuestro espíritu desde afuera para adentro; el Señor, en cambio, nos habla del fluir de Su Espíritu desde adentro hacia afuera. Él dice: El que cree en mí, de su interior correrán ríos de agua viva,[2] y dice la Palabra que mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.[3]

Un principio de la edificación espiritual es que fluye desde el interior hacia el exterior, como una presencia, como una inspiración, como un burbujeo; como le dice el Señor a la mujer samaritana: tendrá en él, en su interior, una fuente que salte para vida eterna (cfr. Juan 4:14). Esa palabra que dice el Señor, de su interior, esa palabra Ade@ en el griego es ek. Si nosotros vamos a dibujar esa partícula ek, podríamos pintar un círculo y una flecha saliendo de ese círculo; por ejemplo, Éxodo, viene de esa raíz, o exterior, o externo; entonces la palabra Aek@ significa salir de o desde, porque dice el Señor: el que cree en mí, desde su interior...; usa la preposición Aek@, o sea, hay un proceso de edificación, de formación del Señor que va desde nuestro espíritu hacia nuestra alma.


Primeramente el Señor impresiona nuestro espíritu; luego actúa en nuestra mente. La mente pertenece al ámbito del alma, un poco más exterior. Nuestro espíritu corresponde al lugar santísimo del templo de Dios, en cambio el alma corresponde al lugar santo, y el cuerpo correspon­de al atrio. En el alma está nuestra mente, nuestras emociones, nuestra voluntad; pero antes de que entendamos, simpaticemos y decidamos, recibimos una inspiración interior, una intuición en el espíritu. El Señor se mueve en nuestro espíritu, en nuestra conciencia, en nuestra intuición; nos da un impulso usando nuestra propia decisión que él inspira, pero que Él no toma la decisión; tú tienes que tomarla para que Él pueda usar tu propia decisión; Él te inspira. Ese proceso espiritual del interior hacia el exterior aparece en otros pasajes, por ejemplo en la primera carta a los Corintios capítulo 14; podemos mirar allí para ilustrar este proceso del interior hacia el exterior del trabajo del Señor.

Dice 1 Corintios 14:12-15: A12Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. 13Por lo cual, (noten que esta edificación de la Iglesia viene desde adentro hacia fuera) el que habla en lengua extraña...@; eso es debido al Espíritu, eso se llama en la epístola de Judas, oración en el Espíritu; el Espíritu inspira ciertos gemidos, ciertas intercesiones en otras lenguas, y por eso dice: Ael que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretar­la@, e interpretar ya pertenece a un ámbito más exterior, a un ámbito de la mente, de nuestra alma; la inspiración del don de lenguas viene del Espíritu de Dios en nuestro espíritu, pero la intención de Dios es que aquello que está enriqueciendo y vivificando, porque ciertamente el que habla en lenguas se edifica a sí mismo, entonces dice que esa edificación interior, la intención de Dios es que del ámbito del espíritu, pase al ámbito del alma, al ámbito de nuestra interpretación, de nuestro entendimiento; por eso dice: Ael que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla. 14Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. 15)Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento@. Entonces aquí vemos ilustrado en la experiencia de la devoción privada este principio del Señor Jesús que dice: que desde, ek,  desde su interior, correrán ríos de agua viva. Significa que hay un río espiritual, de vida divina, que corre desde el interior hacia el exterior del creyente.

 

Cortinas de pelo de cabra


Volvamos a Éxodo 26; estamos viendo aquellas camadas de cubiertas; una primera camada interior es de cortinas de lino fino, es algo muy positivo: azul, muy positivo; púrpura, muy positivo; carmesí, muy positivo; en esa cortina más interior el significado de todas esas partes es muy positivo; pero un poquito más hacia el exterior encontramos un elemento extraño que se llama Apelos de cabra@. Qué extraño que Dios haya escogido que su casa tenga pelos de cabra; claro que tratados, pero al fin y al cabo es de cabra. La cabra no tiene buen significado en la Biblia; el macho cabrío no tiene buen significado; las cabras en las parábolas del Señor Jesús no tienen buen significado, pero el Señor sabe que nosotros heredamos de Adán una condición caída y que la casa de Dios se realiza con seres humanos que pasaron por la experiencia adámica pero que fueron tratados, y por eso los pelos de cabra son tratados en la casa de Dios.

 

La unidad en el Espíritu

Volvamos allí; las cortinas interiores se relacionan con corchetes de oro, en cambio las cortinas de pelo de cabra, esas once cortinas de pelo de cabra se relacionan con corchetes de bronce, y esto es muy interesante y tenemos que aprender muchas lecciones de esto. En primer lugar, recordemos lo que en la tipología bíblica significa el oro; el oro, como el metal tradicionalmente más precioso, representa la naturaleza más preciosa, que es la naturaleza divina. Por ejemplo, el arca, que representa a Cristo, se hacía de madera de acacia y de oro, porque el Señor Jesús tiene las dos naturalezas: la divina y la humana; la naturaleza humana está representada en la madera de acacia, porque la madera nos representa a nosotros, la humanidad. Juan el Bautista dice que el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y esos árboles somos nosotros, somos plantíos de Yahveh, entonces la madera representa la humanidad, la naturaleza humana; el oro representa la naturaleza divina. Entonces aquí en el interior, los corchetes que tratan directamente con las cortinas interiores son de oro; el oro representa la naturaleza divina, los corchetes son instrumentos para unir; nosotros interiormente somos constreñidos por el amor del Señor; nosotros experimentamos eso; cuando andamos en el Espíritu experimentamos un acercamiento con los hermanos.

A veces parece que quedamos tan abrazados espiritualmente, que no es algo del exterior; es algo que experimentamos en el interior de nuestro ser. Allí los corchetes son de oro. Cuando andamos en el Espíritu, en el espíritu ya estamos unidos, en el espíritu tenemos la provisión de Dios. La unidad del Espíritu es algo que ya está provisto; nosotros no tenemos que trabajar para fabricar la unidad del Espíritu; el Espíritu es uno y nos fue dado por la fe a todos los hijos de Dios sin distinción, y todos los hijos de Dios ya tenemos el Espíritu, y cuando andamos en Espíritu el amor de Cristo nos constriñe.


Por eso es que dice que aquellos corchetes de oro son estos instrumen­tos que enlazan, mantienen enlazadas las cortinas. Por una parte están las lazadas de azul, las cincuenta lazadas de azul, pero aparecen también los cincuenta corchetes de oro; nosotros somos constreñidos por el amor de Cristo debido al Espíritu en el interior; eso si andamos en el Espíritu. El problema está en que estamos todavía combatiendo en esta carne, todavía no hemos sido glorificados dispensacionalmente, todavía tenemos que soportarnos unos a otros, todavía en la Iglesia existe una medida adicional que carga a nuestras espaldas, como leíamos en esas once cortinas.

 

A veces hay pecado en la Iglesia

Las cortinas de cabra ya no son diez, son once; es un elemento adicional que entró en la humanidad; la humanidad debía ser la casa de Dios, pero el hombre desde el primero fue vendido al pecado, y todos hemos heredado una naturaleza adámica en la cual opera el poder del pecado, y aun San Pablo lo dice allá en Romanos 7; él dice: en mi hombre interior y en mi mente yo estoy de acuerdo con la ley de Dios, A23pero veo@, dice Pablo, Aotra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24(Miserable de mí! )Quién me librará de este cuerpo de muerte?@ Por eso Pablo incluso lo llama Acuerpo de la humillación nuestra@; el pecado no es algo que está fuera de nosotros; la Biblia le llama pecado, en singular, al pecado, no a los pecados como actos de desobe­diencia; el pecado que mora en mí, dice San Pablo. San Pablo dice que el pecado mora en él, en su carne y en sus miembros; quiere decir que hay un elemento extraño en nuestra naturaleza; sin embargo, el Señor decidió hacer su Iglesia con nosotros aún operando en nuestra carne la ley del pecado. El Señor nos dio vida divina, Su vida, para enfrentar el mal, pero el mal está en la carne del hombre; lo enfrentamos a través del Espíritu, y en el Espíritu heredamos la victoria de Cristo, pero en la carne heredamos la condición caída de Adán; y por eso es que no solamente hay cortinas de lino fino en el templo, sino de pelos de cabra, porque el Señor es muy realista; hay problemas en la iglesia. A veces hay pecado en la iglesia, a veces hay envidia en la iglesia, a veces hay egoísmo en la iglesia, a veces hay fornicación en la iglesia, hay problemas en la iglesia, y el Señor no iba a quedarse sin mostrar que Su Iglesia tiene problemas que tratar; y por eso es que la medida de estas cortinas de pelo de cabra es excedente a las medidas de las cortinas interiores.


Fíjense, comparando unas con otras, en el verso 2, hablando de las cortinas interiores, las de lino fino, azul, púrpura y carmesí, dice: ALa longitud de una cortina de veintiocho codos@; veintiocho es el resultado de 7 x 4; pero hablando de las cortinas de pelo de cabra, dice 7: AHarás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás@; ya no son diez, sino once, o sea, es algo adicional que está ahí presente. Y luego dice: ALa longitud de cada cortina será de treinta codos@, es decir, dos codos más que cuelgan a las espaldas del tabernáculo por todo lado, un codo para allá, otro codo para acá, y dice, como hemos leído allí en el versículo 12: AY la parte que sobra en las cortinas de la tienda, la mitad de la cortina que sobra, colgará a espaldas del tabernáculo. Y un codo de un lado, y otro codo del otro lado, que sobra a lo largo de las cortinas de la tienda, colgará sobre los lados del tabernáculo a un lado y al otro, para cubrirlo@. Nos damos cuenta, pues, que existe un elemento adicional allí, en la casa de Dios; obviamente que estos pelos de cabra eran tratados, eran retorcidos para poder pertenecer a la casa de Dios; sin ser tratados no pueden formar parte de la casa de Dios; los pelos de cabra por sí solos no hacen cortina, tienen que ser tratados para llegar a ser cortina. 6 x 5 30. Lo humano siendo tratado por la gracia de Dios.

Vamos por parte, detengámonos primero en los treinta codos de estas cortinas. El treinta está hecho de 6 x 5; el número seis (6) es el número del hombre; el hombre fue hecho al sexto día. Siempre que vemos por ejemplo, la figura de Cristo en las puertas de la casa de Dios, la visión de Ezequiel y en otros lugares, siempre vemos la medida del seis; pero aquí aparece combinada con el 5; el número 5 es el número de la gracia en la Biblia, es el número de la redención. Fíjense, el 1 es el número de Dios, el de la unidad de Dios; el 2 el del testigo de Dios que es Cristo, número del testimonio, el Hijo, y el 3 es el número del Espíritu; Padre, Hijo y Espíritu; tenemos la Trinidad; después de existir la Trinidad, existe algo más. Sí, la Trinidad quiso crear la creación, así que existe la creación, es el número 4; pero hay algo más después de la creación. Como la creación cayó, se  necesita una quinta cosa, la gracia. Si ustedes ven las medidas del altar que representa la cruz donde Cristo fue crucificado, aparecen cinco codos, aparecen las medidas con el número 5; entonces 6 x 5 es el número del hombre recibiendo gracia. )Por qué gracia? Por causa del pecado, )se dan cuenta? Por causa del pecado. Las medidas de las cortinas de pelo de cabra son de treinta codos; no son de veintiocho, son de treinta. Dios utiliza otra numerología apropiada para su significado.

 

El juicio de Dios


Ahora, )se dieron cuenta de que los corchetes con los que se mantie­nen unidas las cortinas de pelo de cabra no son de oro? )Se dieron cuenta de qué son los corchetes? Son de bronce. Fíjense en el verso 11: AHarás asimismo cincuenta corchetes de bronce, los cuales meterás por las lazadas, y enlazarás las uniones para que se haga una sola cubierta.@  El bronce en la tipología bíblica no aparece en el lugar santísimo, aparece en el atrio, el altar de la cruz, el altar del juicio, donde se sacrificaban los animales para expiación en figura de Cristo. Aquel material del altar era de bronce; el bronce, representa el juicio de Dios. Por ejemplo, dice del Señor Jesús en Apocalipsis, que Él estuvo muerto y vivió; por eso dice que tenía los pies como de bronce bruñido. )Qué quiere decir el bronce bruñido? El bronce pasado por el fuego; el bronce representa el juicio de Dios, representa el tratamiento de Dios con el pecado. Por eso es que las cortinas de pelo de cabra se mantenían unidas gracias a las lazadas, pero también a corchetes de bronce; esto es muy significativo. Cuando nosotros estamos en el Espíritu no necesitamos ser disciplinados por Dios, no necesitamos ser juzgados por Dios. La Biblia dice que si nos examináse­mos a nosotros mismos no seríamos juzgados,[4] pero si nosotros insistimos en no andar en el Espíritu sino en la carne, nosotros llamamos la intervención de Dios.

 

Las actitudes individuales no necesariamente provienen del Espíritu

Vamos a leer eso, por ejemplo, en la primera carta a los Corintios capítulo 11. Para ubicarnos en el contexto, vamos a leerlo desde el verso 17: A17Pero al anunciaros esto que sigue@;  Pablo está escribiendo esto a los Corintios para edificación de la iglesia. Resulta que en Corinto los hermanos no tenían discernimiento del cuerpo; por eso ellos decían por una parte, soy de Pablo; otros, soy de Apolos; otros, soy de Cefas; y algunos pensaban que sólo ellos eran de Cristo; los que hablan así es porque no disciernen el cuerpo; y otros vivían en pecado en medio de la iglesia; entonces Pablo tuvo que escribir esa carta, y precisamente en esa carta es donde él empieza a explicar el asunto del cuerpo con mucha minuciosidad, y la edificación de la Iglesia. Entonces dice en esa carta: APero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor@. Aquí aparecen los pelos de cabra; lo mejor es el lino fino, el azul, el púrpura y el carmesí, pero congregarse para lo peor quiere decir que a veces los hermanos no están en el mismo espíritu; a veces se reúnen pero en la carne y en su propio ego, no en el Espíritu, entonces esa reunión no resulta en lo mejor, sino en lo peor.


Sigue diciendo 1 Corintios 11: A18Pues@ (y empieza a explicar qué es reunirse para lo peor) en primer lugar, (quiere decir que no es lo único, pero en primer lugar) cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; (esos son pelos de cabra) y en parte lo creo@. Y me gusta que el apóstol dice: en parte lo creo; no es que lo crea todo, pero en parte sí, porque el diablo también es exagerado y acusador; por eso me alegra mucho lo que dice Pablo: en parte lo creo; es decir, lo que es factible, pero también sé que el diablo siempre está añadiendo pimienta a la sopa. Luego dice: A19Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados@. Luego miren lo que pasaba en plena santa cena: A21Porque al comer, cada uno (la cena se celebraba con el ágape, con la comida conjunta) se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga@. Significa que son  actitudes individualistas, que no provienen del Espíritu; eso viene de esa parte adicional que cargamos sobre nuestras espaldas, heredada de Adán. Mientras estamos aquí en esta carne, en ella opera la ley del pecado y de la muerte y nos lleva a los pecados y a la muerte; y si no andamos en el Espíritu, esa ley se manifiesta tan pronto tenga oportunidad; no importa si somos hermanos de 95 años de servir al Señor, si andamos en la carne, se nos salen las garras cuando menos esperábamos.

 

Pelos de cabra en la casa de Dios


Entonces dice: A22Pues qué, )no tenéis casas en que comáis y bebáis? )O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada?@ Estos son pelos de cabra, el menosprecio a los hermanos que tienen menos posibilidades económicas u ocupan una posición social de menor estrato; cuando se reunían en algún ágape, había hermanos que tenían una condición económica que Dios les dio más holgada; ellos podían traer pavo, uvas, jugo de naranja, pero había otros hermanos pobres que a lo mejor no se atrevían a ir a la reunión porque no tenían que llevar; pero algún hermano le dijo: vamos, vamos; no, hermano, porque no tengo nada que llevar. No importa, vamos; y va, pero cuando llega, los que tenían el pavo no lo ponen al servicio de toda la iglesia, sino que se lo comen entre ellos, en vez de poner todo junto sin que se sepa quién trajo el pavo y quién trajo la arepa. Que nadie sepa quién trajo nada; todo para todos; pero )qué pasaba con los corintios? Que los que podían avergonzaban a los que no podían; esos son pelos de cabra; en la casa de Dios tienen que ser tratados. Por eso dice así: A)Qué os diré? )Os alabaré? En esto no os alabo@. Acaba de decir: en esto os alabo, pero ahora dice: en esto no os alabo; Pablo era así tan franco como el Señor Jesús. El Señor Jesús dijo: Ésto está a tu favor, pero tengo contra ti esto, muy claro; el Señor dice qué aprueba y qué desaprueba, y Pablo es así, es muy claro; en esto os alabo, pero en esto no os alabo.[5]

 

Corchetes de bronce en el hombre exterior

Luego habla de la cena del Señor, y dice en el verso 27: A27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor@. Ser culpado quiere decir que atrae sobre sí una disciplina del Señor; eso es lo que representan esos corchetes de bronce, porque por nosotros mismos en el hombre exterior, no queremos estar con nuestros hermanos. En el hombre interior somos impulsados a tener comunión con los demás, el Espíritu nos constriñe al amor, pero en el hombre exterior, no. El hombre exterior necesita corchetes no sólo de oro, sino de bronce; tenemos que ser disciplinados por el Señor para poder vivir la comunión del cuerpo; tenemos que discernir el cuerpo de Cristo. Cuantas cosas que hacemos sin discernir el cuerpo de Cristo están acarreando que el Señor venga por Su preciosa mano y ponga a funcionar ese instrumento que se llama Acorchete de bronce@, eso se llama la disciplina del Señor.

 

Discerniendo el cuerpo de Cristo

Hermanos, podríamos contar muchas anécdotas al respecto;  cuando cada uno de nosotros sabe que el Espíritu del Señor lo inspiró a hacer alguna cosa buena en la casa de Dios, al servicio de Dios, pero nos retuvimos de hacerlo todo, o el Espíritu nos dijo que no hiciéramos algo y lo hicimos, al poco tiempo nos damos cuenta de que el Señor nos va a pedir cuenta de lo que hicimos, y experimentamos alguna cosa desagrada­ble. Sigue diciendo en 1 Corintios 11: A28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa@. Probarse es examinarse para ver si está en la fe, si está en Cristo, si está en el Espíritu; tenemos que ser honestos y darnos cuenta de cuando estamos en la agitación de nuestra sola alma o en la carne misma, o incluso bajo presión de demonios. Continúa la Escritura diciendo: A29Porque el que come y bebe indignamen­te, ()qué es comer y beber indignamente? sin discernir el cuerpo del Señor, (el cuerpo de Cristo es Cristo repartido en la Iglesia; lo que hacemos a un miembro de Cristo, lo hacemos a Cristo; lo que hacemos divisivamente, que no hacemos en función de la edificación del cuerpo, sino afectando la unidad y edificación del cuerpo) juicio come y bebe para sí@. Este juicio no es el juicio eterno, no se refiere a la perdición eterna, sino que se refiere a un castigo temporal aquí.


Ahora dice el versículo 30: A30Por lo cual (es decir, por haber comido juicio) hay muchos enfermos (eso es un castigo del Señor, una disciplina del Señor) y debilitados entre vosotros, (incluso dice:) y muchos duermen@. Hermanos, en el proceso de edificación de la Iglesia, yo he visto morir a varios, más de uno, más de dos. En este momento me acuerdo claramente de tres personas. El Señor nos guarde; puede haber más personas que el Señor se las llevó muy rápido, que esperábamos que los hubiera usado más, pero no discernieron el cuerpo del Señor y el Señor dijo: es mejor llevarte a descansar ya, y el galardón hasta aquí. )Por qué? Sigue diciendo: A31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados  con el mundo@. Aclaramos que este juicio no es juicio eterno, sino que se refiere a una disciplina o castigo del Señor por causa de no discernir el cuerpo, por causa de haber actuado o comido la cena del Señor con indignidad, por no juzgarnos a nosotros mismos.

 

La disciplina de Dios


Hermanos, esto es cosa seria. A veces nosotros, como nos recordaba nuestro hermano David, no confesamos nuestros pecados, o a veces los confesamos a Dios, pero no le pedimos perdón a la persona a quien hemos ofendido en el cuerpo de Cristo, incluso fuera de él, y pensamos que como no me ha pasado nada, no me va a pasar nada de aquí a poco, que el Señor es misericordioso. Por ejemplo, en el mensaje a Tiatira, el Señor dice: Toleras a Jezabel, y yo le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no ha querido arrepentirse de su fornicación; por lo tanto, he aquí yo la arrojo en cama.[6] Sí, el Señor nos da tiempo para que nos juzguemos a nosotros mismos, el Señor es longánimo, pero a veces no entendemos la longanimidad del Señor, y por no juzgarnos a nosotros mismos, por no reconocer nuestras faltas, por no traer a luz nuestras miserias, confesarlas y pedir perdón, entonces al Señor le toca hacernos dar cuenta de lo que hacemos y dejamos de hacer, y viene la corrección del Señor y las disciplinas. Una disciplina es enfermedad. Con esto no estoy diciendo que todas las enfermedades son juicio temporal de Dios por amor de sus hijos que Él ama, no toda enfermedad es disciplina; porque al que Dios ama, lo disciplina; a los que Dios no disciplina es porque no son hijos, sino bastardos. Hebreos nos dice que Dios azota a todo el que recibe por hijo para que participemos de Su santidad;[7] significa que aquella parte que no es santa, donde tenemos la mano metida, si no sacamos la mano rápido, mientras es tiempo, y esa mano sigue fuera de lugar, recibirá un azote del Señor.

Ahora, esos azotes pueden tener diversa intensidad, según el grado del Señor. Aquí habla, por ejemplo, de enfermedad como juicio del Señor por no discernir el cuerpo del Señor, o puede ser debilidad; quizá no sea enfermedad física, pero puede ser una debilidad espiritual; la persona está débil, no madura; parece que es cristiano pero como que no tiene una vida victoriosa. )Por qué no tiene una vida victoriosa? Porque está débil, porque hay algo en lo cual esa persona no se ha juzgado a sí misma, y Dios lo está juzgando, retirándole la unción o el gozo, y la persona se siente débil, desganada, no quiere servir al Señor; es un hijo de Dios, sigue siendo salvo, pero está bajo disciplina porque no se ha juzgado a sí mismo; y hay otra disciplina más seria aquí que incluso la debilidad, que es la muerte física antes de tiempo. De pronto pensábamos que tal hermano estaría más entre nosotros pero el Señor lo quitó de en medio. No estoy diciendo que todos los que mueran sea por un juicio de Dios, pero lo que la Palabra dice es que algunos duermen por ser castigados por el Señor; pero su muerte no es para condenación, sino para que no sea condenado con el mundo; es castigado por el Señor porque, amados, el juicio del Señor comienza por la casa de Dios.

Para ver ese principio del Señor, fíjense en lo que sucedió hace poquito. Dice en Apocalipsis que las estrellas serían heridas, )cierto? )Saben cuál fue el primer planeta en recibir un latigazo? El llamado padre de los planetas, que es Júpiter, pero si hay un primer latigazo, un cometa­zo, porque la órbita de los cometas es un látigo, Júpiter, el padre de los planetas del sistema solar, fue herido. Ahí se muestra el principio de Dios de comenzar su juicio por la casa de Dios. Dios no empieza por los lejanos; Él empieza por los cercanos. Le dice a aquel escribano que vio Ezequiel: Vaya poniendo un sello a los que gimen por las abominaciones que se hacen en la ciudad, y ustedes, aquellos otros intendentes de la ciudad. )Ustedes saben que existen intendentes angelicales? )Saben lo que es un intendente? Es un supervisor. Intendentes son las personas que están supervisando lo que acontece en la otra dimensión.

 

El juicio de Dios: La mortandad en Ezequiel


Por favor, vamos a leer eso en Ezequiel capítulo 9, porque puede ser que algunos hermanos no hayan meditado aún lo suficiente en eso, o no nos hayamos metido lo suficiente en esto, y vale la pena que lo leamos. Ezequiel 9: A1Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. 2Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino (eran siete) el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce@. )Dónde? Precisamente junto al altar de bronce; ese es el lugar donde tenían que haber preparado aquello, porque el altar de bronce es donde se juzga el pecado. A3Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Yahveh al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, 4y le dijo Yahveh: pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.@ Estos son los que se juzgan a sí mismos, los que reconocen la maldad y sus propios pecados sobre su pueblo; sobre éstos hay una marca protectora de parte del Señor; ellos no necesitan ser juzgados por el Señor porque ellos se juzgan a sí mismos.

Luego dice: A5Y a los otros dijo, oyéndolo yo: ()Quiénes son esos otros? Los seis verdugos, intendentes, como se traduce, de la ciudad, y esos personajes no son naturales, son sobrenaturales) Pasad por la ciudad en pos de él y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis, y comenzaréis por mi santuario@. No que comenzaran por el barrio de los burdeles, no, por el santuario, por la casa de Dios. Es lo que dice el apóstol Pedro: Cuando Pedro dice eso, no se está refiriendo al juicio del trono blanco; se está refiriendo a la disciplina en vida, esa que tenemos ahora de la Iglesia.

 

El juicio de Dios en Pedro


Leámoslo en Pedro también, y sigamos allí en la primera carta a los Corintios. Para tener el contexto, leamos en 1 Pedro 4:12-19. Estos son los corchetes de bronce en el tabernáculo, dice: A12Amados, no os sorpren­dáis...@; porque es que hoy en día, sobre todo con la llamada Ateología de la prosperidad@, es muy fácil sorprendernos. Miren lo que dice antes del verso 12, el verso 1 del mismo capítulo: APuesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamien­to@. )Cuál es ese pensamiento que es un arma a favor de la Iglesia? La disposición a sufrir aquí; así como Cristo padeció en la carne, vosotros también debéis armaros con ese mismo pensamiento. Las personas que no están queriendo someterse a la mano de Dios aquí en la tierra y caminar por el camino estrecho y sufrir un poco, están desarmados. Aquellos hermanos a quienes se les está diciendo: Hermano, nosotros somos hijos de Dios, y no tenemos porqué sufrir, pasar por ninguna prueba, están siendo desarmados por una mentira; el arma es la disposición a pasar las pruebas que haya que pasar, que Dios, para nuestra purificación y entrenamiento, nos permite. Hermano, no hay cristianismo legítimo sin este elemento. Dice el verso 2: Apara no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios@.


Volvamos al verso 12: AAmados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, (aquí se llama Afuego de prueba@, dos palabras: fuego para consumir  lo que no puede soportar el fuego; lo que soporta el fuego pasa purificado a través del fuego, pero lo que es impureza se quema sobre el fuego) como si alguna cosa extraña os aconteciese, (o sea que el fuego de prueba no es algo extraño, es lo normal; no piense que le está pasando nada extraño; eso no es extraño, eso es normal en la vida de los creyentes, que seamos pasados por fuego y salados con sal) 13sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. 14Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. 15Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. 17Porque (aquí está la explicación de porqué los hijos de Dios tenemos que pasar ese camino estrecho) es tiempo...@; para la iglesia ese es el tiempo de ser purificados, ese es el tiempo de ser corregidos, ese es el tiempo de asumir nuestras responsabilidades con entereza y de hacer nuestra restitución a tiempo, como el Señor le dice a Jezabel: Le he dado tiempo; el Señor nos da este tiempo, A17Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios@. Eso lo había dicho Pedro en vida. Significa que Pedro entendía esa persecución y ese participar de los padecimientos de Cristo como un juicio sobre lo extraño, sobre lo carnal, sobre lo natural que hay en nosotros. AEs tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; (Pedro tenía presente a Ezequiel; seguramente Pedro era un buen lector de Ezequiel; se acordaría de ese capítulo 9 que dice: Y empezad por mi santuario. Eso, hermanos, es claro) y si primero comienza por nosotros (y Pedro se incluye)A )cual será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? 18Y: Si el justo con dificultad se salva, )en dónde aparecerá el impío y el pecador? 19De modo que los que padecen según la voluntad de Dios (alguno dice: no, pero no es la voluntad de Dios que padezcamos; pero esa no es la doctrina de los apóstoles; la doctrina de los apóstoles es ésta que dice el apóstol Pedro que si alguno padece según la voluntad de Dios) encomienden sus almas al fiel Creador ((Aleluya! Me gustan esas dos cosas: padecer según su voluntad, pero por la voluntad de un Creador fiel; o sea que ese padecimiento es para purificación): y hagan el bien@.

 

Un plazo de purificación

Volviendo al capítulo 11 de la primera carta a los Corintios, creo que se nos aclara mucho más eso que dice el verso 31:  ASi,  pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados@; es decir que la misericordia del Señor nos concede un plazo, un plazo de purificación; pero si ese plazo es malgastado, entonces comienza el plazo de purificación de otra manera. )Ustedes quieren ver que el Señor habla de plazo de purificación? Vamos a Daniel 11:35; noten que en el verso 36 ya habla del anticristo; desde el verso 36 en adelante nos habla del anticristo; allí dice que el rey hará su voluntad, se ensoberbecerá, se engrandecerá sobre todo Dios, etc.; ese es el anticristo; pero un poquito antes del verso 36 está el verso 35. Pero leamos el contexto desde el 32 para tenerlo más completo: A32Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará@. Eso es lo que está profetizado de los que conocen a Dios de ese pueblo. A33Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; (parece que ese versículo debería terminar ahí, dice uno, están instruyendo a muchos) y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo@. Gracias a Dios que aquí también se ve la misericor­dia de Dios. A34Y en su caída (oigan, la caída de los sabios, en persecución y sufrimiento) serán ayudados (pero) de pequeño socorro; (el Señor puede dar gran socorro, pero aquí lo más conveniente es que el socorro sea pequeño, lo más conveniente para estos sabios es que el camino sea estrecho) y muchos se juntarán a ellos con lisonjas. 35También algunos de los sabios caerán para ser depurados (no para irse al infierno, no) y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; (le he dado tiempo; el Señor determina un tiempo para hacer ese trabajo de purificación)  porque aun para esto hay plazo@.

 

Examinarnos a nosotros mismos


Señor, (qué misericordioso eres tú!  Que para no ser condenados con el mundo en aquel día, sino para que juzguemos juntamente con Él a las naciones, nosotros somos juzgados primero aquí; pero )cómo vamos a sentarnos a juzgar al mundo y a los ángeles si nosotros no nos hemos examinado a nosotros mismos? Tenemos que examinarnos a nosotros mismos y ser capacitados para juzgar; porque dice la Palabra que se sentarán con Cristo los que recibieron facultad de juzgar; o sea que la Iglesia está en un facultamiento, estamos en la facultad de derecho. (Aleluya! Porque hemos de juzgar al mundo, debemos ser juzgados primero, el juicio comienza por la casa de Dios. Dice: purificados por un tiempo determinado. El Señor tiene su tiempo, tiene su número; aun aquellas almas debajo del altar decían: Señor, )hasta cuándo no juzgas y vengas nuestra sangre del mundo? Él les dice: esperen un tiempo.[8] Esto es como si dijera el Señor: Estoy juzgando primero el pecado de ustedes, hijos redimidos; esperen que se complete el número de los que deben ser muertos como ustedes y entonces ahí  sí voy a juzgar al mundo, pero primero los estoy juzgando a ustedes.

Hermanos, no nos engañemos, el Señor sí murió por nuestros pecados en la cruz, nos limpió y nos perdona, pero eso no quiere decir que seamos eximidos de la disciplina temporal; somos perdonados de los pecados y somos eximidos del juicio eterno, pero no del castigo temporal. Cuando David pecó, organizó la muerte de Urías para quedarse con su esposa, entonces vino Dios y le habló de su pecado por Natán, y él reconoció su pecado, se humilló a Dios, y la Escritura dice que Dios lo perdonó; sin embargo, la disciplina temporal no fue levantada, porque esa disciplina nos ayuda a tomar conciencia de lo que somos y de lo que hacemos. Si Dios nos dejara sin pasar por disciplina, nosotros no tendríamos conciencia de nuestro pecado y haríamos mucho daño; pero si aun el Hijo de Dios, Jesucristo, que nunca pecó, dice la Escritura que por lo que padeció aprendió la obediencia.[9] Así que, amados, la Escritura es muy clara; a los que Dios ama, Él disciplina, Él corrige.

Hermanos, no nos engañemos, no nos dejemos desarmar por el diablo, sino que armémonos con ese pensamiento. Debemos estar dispuestos a sufrir aquí para no ser condenados allá. La salvación nos viene por la gracia, pero la purificación, el entrenamiento, el aprendizaje de la obediencia nos viene por la disciplina aquí. La salvación no, pero el aprendizaje de la obediencia, sí. Dice la Escritura que somos disciplinados para participar de Su santidad.[10] Hay una santidad provista en Cristo, pero aplicada en el ejercicio de la obediencia.

 

Para no ser condenados con el mundo


Volvamos a la primera epístola a los Corintios capítulo 11. Vamos a ir examinando los corchetes de bronce que Dios utiliza para poder mantener la cubierta del tabernáculo por causa de los pelos de cabra. Dice el verso 30: APor lo cual (por comer indignamente la mesa del Señor sin discernir el cuerpo) hay muchos enfermos@. (Oh! Esa palabra es seria, Amuchos@; parece que el Señor tiene que juzgar por la derecha, por la izquierda. Entonces dice: Ahay muchos enfermos y debilitados@; parece que mayormente el Señor juzga con enfermedad y con debilidad. A...y muchos duermen@. Aquí aparece muchos, muchos, muchos, pero estos muchos son de la Iglesia, son de la cristiandad, son del pueblo del Señor, del cristianismo; muchos enfermos, muchos debilitados, muchos muriendo, pero )por qué será? Por eso, por no discernir el cuerpo, por comer indignamente de la mesa del Señor. Entonces dice: A31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, (ese es el plazo; primero, le da un plazo para que se arrepienta, dice el Señor, pero la persona piensa que no está pasando nada, que no va a pasar nada de aquí a poco; no nos gastemos el plazo determinado por Dios para nosotros mismos juzgarnos, para nosotros mismos arrepentirnos y confesar nuestro pecado. No pensemos que la impunidad también existe en el reino de Dios, no; en el reino de Dios no hay impunidad) no seríamos juzgados@. El Señor comprende, tú confesaste tu pecado, te arrepentiste, te apartaste, no necesita el Señor disciplinarte; pero si te haces o me hago el tonto, entonces dice: A32mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo@.

Hermanos, estamos en el reino de Dios, un reino inconmovible por cuya puerta no entra cosa inmunda. El Señor castiga a sus hijos para que el diablo no diga: )pero por qué solamente castiga a los míos? El Señor castiga primero a los suyos.

Volvamos a Éxodo 26:9: AY unirás cinco cortinas aparte y las otras seis aparte; (porque eran diez, pero aquí son once las cortinas de pelos cabra; hay una adicional; entonces esa se colocaba en el lugar de la puerta) y doblarás la sexta cortina en el frente del tabernáculo@. El frente del tabernáculo es la puerta. En todas las demás partes del tabernáculo era una carga a las espaldas esa cortina, pero en la puerta, que representa al Señor, esa cortina estaba enrollada y vuelta para atrás. Primero, porque el Señor no cometió pecado, no hay pecado en Él; pero también en Él fue tratado el pecado; por eso esa cortina no está cerrando la entrada, sino que está tratada en la entrada de la puerta, porque el pecado fue tratado en Cristo. Cristo fue hecho pecado por nosotros para que nosotros seamos hechos justicia de Dios en Él; esa es la razón por la cual esta sexta cortina es adicional, está doblada para atrás en el frente del tabernáculo que es la entrada, la cual representa a Cristo.


Unanimidad en el alma

Dice el verso 10: AY harás cincuenta lazadas en la orilla de la cortina, al borde de la unión, y cincuenta lazadas en la orilla de la cortina de la segunda unión@. Encontramos aquí el mismo principio de las cortinas interiores; continúa en esto. Así como debemos estar unidos en Espíritu, debemos estar unánimes en el alma. Creo que el Espíritu ha estado enfatizando eso a algunos acá, según me han contado algunos. Justamen­te, hermanos, eso es lo que representa aquí estas lazadas. El ámbito del Espíritu es una provisión; instantáneamente al recibir el Espíritu ya tenemos Su unidad en el cuerpo; pero la Biblia habla no sólo de unidad en el Espíritu, habla también de ser unánimes, o sea, en un solo corazón, una sola alma; ese es un plano diferente de la unidad. Todos tenemos a Cristo en nuestro espíritu, pero no nos podemos llevar bien unos con otros, hay desacuerdos; entonces, bueno, en el espíritu es suficiente corchetes de oro; somos constreñidos por el amor del Señor; pero en el hombre exterior, en unas cortinitas más afuera, donde tiene que ser tratado el pelo de cabra, allí los corchetes tienen que ser de bronce, allí nuestra alma tiene que ser disciplinada, nuestro ego tiene que ser tratado; el yo, lo natural es tratado; allí no sólo es unidad del Espíritu, allí es unanimidad. La unanimidad en la casa de Dios está representada por la unión de las cortinas que eran de pelo de cabra. Tenemos que aprender a comprender con todos los santos las medidas de Cristo; pero este tratamiento ya no es solamente en el ámbito del espíritu, sino en el ámbito de nuestro subjetivismo; cuán subjetivos somos. No nos damos cuenta de cuán subjetivos somos hasta que estamos entre otros. Cuando estamos solos, todo nos parece muy claro, muy correcto. AHay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte@ (Pr. 14:12; cfr. Pr. 16:25); y como dice otro Proverbio: AEl camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio@ (Pr. 12:15).

 

Criterio de clase


Solamente cuando estamos con otras personas distintas a nosotros, exactamente allí donde Dios sabe que tenemos que estar, allí descubrimos que somos subjetivos. Hermano, por eso es que el Señor quiere hacer Su casa de diez cortinas, con toda clase de personas, razas, clases sociales, porque allí nuestro subjetivismo, nuestro criterio de clase, es confrontado. )Ustedes saben que hay algo que se llama Acriterio de clase@? )Qué es criterio de clase? Como usted está acostumbrado a vivir cierta manera de vida, porque para usted es natural, usted nunca se pone en el lugar de otros que están en otra condición. Tú le puedes decir a otro: Hermano, )por qué no se viene en taxi? porque para ti es normal venir en taxi, pero puede ser que para otro eso sea casi una blasfemia.

Voy a contarles una anécdota legítima de una persona que me la contó una tía mía. Ella dijo que algunas personas estaban queriendo con todo el corazón ayudar a los pobres y meterse en las barriadas; entonces esta persona dejó de vivir en su propio nivel, y se ponía sus botas y sus pantalones, no de corbata, y se iba y se metía allá en las barriadas, con personas y hermanos que viven con plásticos haciendo allí un huequito en la loma del cerro para poder tener un plancito y allí su casita, y vivir ahí; y el agua le sale más cara que a los barrios ricos porque tienen que llevarla en burro y tienen que pagar el transporte del agua, y le sale más caro que la que le llega por las tuberías a los barrios que consumen el agua potable. Entonces aquel hermano, queriendo identificarse con los hermanos más pobres, se puso su traje de faena y se fue a ayudar a los hermanos, y se vino una de esas llovidas; eso fue aquí en Bogotá, se pegó una embarrada completa, y llegó a la chocita de los hermanos que iba a visitar todo embarrado; y el hermano se sintió muy feliz; en vez de enojarse se sintió feliz de que estaba compartiendo la situación de aquellos hermanos que tenían que subir por aquellos barriales para llegar al lugar. Cuando lo vio todo embarrado, le dice una de las personas que vivía en la chocita: Bueno hermano, cuando tú llegues a tu casa te das un baño de agua caliente y te cambias de ropa; y al hermano se le acabó la alegría, porque él sí podía volver a casa, darse un baño de agua caliente y cambiarse de ropa, pero ellos no, ellos no podían hacer eso.

Entonces, hermanos, el Señor juzga todas las cortinas para terminar con nuestro subjetivismo y nuestro criterio de clase. (Ay, hermanos! Hay congregaciones que son de clase media alta y tienen su estilo; otros que son tipo pentecostales marginales; pero en la iglesia del Señor están todos los hijos de Dios para aprender a ser tratados. Cuando no estamos al lado de otros no somos tratados. Nosotros no nos damos cuenta de que somos egoístas, que somos avaros, cuando estamos entre los que tienen más o menos el mismo modo de vida nuestro; pero cuando estamos con los más pobres, ahí nos damos cuenta de cómo somos, y también ellos se dan cuenta de cómo somos; se dan cuenta que tienen envidia, tienen rabia, que quisieran aprovecharse de los ricos, y los ricos como que no quisieran ayudar a los pobres.

 

Nuestro subjetivismo es tratado en la comunión


No nos damos cuenta de nuestra naturaleza sino en la comunión de la iglesia según Dios la quiere. El subjetivismo nuestro es tratado en la comunión; no es suficiente la unidad del Espíritu. En el plan del Señor está el tratamiento en el alma; nuestro criterio de clase debe ser tratado; no debemos ser subjetivos. No nos damos cuenta de cómo somos hasta que el Señor nos coloca en la situación que necesitamos para aprender y ser tratados.

Hermanos, el Señor nos ama, estamos siendo tratados, hermanos; no estamos aquí de vacaciones; no debemos tomar la religión como una pastillita para vivir bien, no, hermanos. Somos convidados al altar, como decía un siervo de Dios que fue mártir en Alemania bajo el régimen nazi.[11] Él decía: ACuando Dios llama a un hombre, lo llama para que venga y muera; el llamamiento es para morir@. Entonces por eso aparecen allí corchetes de bronce; gracias a Dios que por encima están esas cortinas de pelo de cabra tratado y unidas por la fuerza de esos instrumentos del juicio y la disciplina del Señor; la disciplina del Señor para mantener Su casa; el Señor ejerce disciplina en Su casa.

 

La cubierta de pieles de carnero

 14Harás también a la tienda una cubierta de pieles de carneros teñidas de rojo@. Gracias a Dios que por encima de esas cortinas hay otra de pieles de carnero teñidas de rojo, representando cómo el Señor perdona los pecados, problemas y debilidades de su pueblo; porque ese carnero, que es el macho de las ovejas, representa a Cristo, y están teñidas de rojo esas pieles porque representan la redención, el perdón del Señor, la longanimi­dad del Señor para ese proceso de edificación de la Iglesia donde existe disciplina.

No nos engañemos, hermanos; la gracia del Señor viene a nosotros para conducirnos a la obediencia de Su gobierno. La gracia no es licencia para pecar; la gracia tiene el objetivo de conducirnos a obedecer Su gobierno. Si aprovechamos la gracia y aprovechamos el plazo y nos examinamos a nosotros mismos, no necesitamos mayor disciplina, pero si no, seremos disciplinados, porque somos amados, para no participar de la condenación del mundo.

 

La cubierta de pieles de tejones


 14Harás también a la tienda una cubierta de.... pieles de tejones encima@. La última de las cortinas es la de pieles de tejones; es la última que aparece visible, es la última que se ve; es decir, cuando la gente pasaba por el desierto, lo que veía era pieles de tejones; ellos no veían el arca, no veían el candelero, los querubines, la mesa, el incensario; ellos no veían sino las pieles de tejones. Las pieles de tejones representan lo que está visible a los ojos de los que están afuera. Saben que los tejones no son precisamente animales muy bonitos; son como una especie de ratones del desierto. Por ahí hay algunas enciclopedias donde aparecen los tejones. Del Señor Jesús se dice como cantamos, y creo que vamos a terminar cantando ese canto: No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.[12] Y San Juan dice en su primera epístola, capítulo 3, que el mundo no nos conoce porque no le conoció a Él; el mundo solamente ve las apariencias; el mundo juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón. El Señor representa las apariencias menospreciables de Su casa a los ojos del mundo, por medio de las pieles de tejón.

Dice San Juan: AAmados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser@ (1 Juan 3:2). Por dentro tenemos el arca, pero por fuera, pieles de tejones. Siempre que había que trasladar el campamento, todo era pieles de tejones; lo único que tenía el azul por fuera era el arca. )Por qué? porque la gloria de Cristo ya fue manifestada en su humanidad, y Él ya fue transfigurado; por eso el arca que era el liderazgo, el precursor, tenía los tejones por dentro y el azul por fuera. Pero nosotros todavía tenemos la cortina de azul por dentro y el tejón por fuera. Cuando seamos transformados, entonces estará el azul por fuera y el tejón por dentro, no por apariencias. El mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Él fue menospreciado porque no estaba para apariencias de los hombres sino a los ojos de Dios. Vamos a terminar con esa canción.



[1]Enseñanza en la localidad de Teusaquillo, Bogotá D. C., el 19 de marzo de 1995. Transcripción: Marlene Alzamora

[2]Cfr. Juan 7:38

[3]Cfr. 1 Juan 4:4

[4]Cfr. 1 Corintios 11:31

[5]Cfr. Apocalipsis capítulos 2 y 3

[6]Cfr. Apocalipsis 2:20-22

[7]Cfr. Hebreos 12:7-11

[8]Cfr. Apocalipsis 6:9-10

[9]Cfr. Hebreos 6:8

[10]Cfr. Hebreos 12:10

[11]Dietrich Bonheffer

[12]Cfr. Isaías 53:2

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