El Blog

Calendario

<<   Octubre 2006  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31      

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

SACRIFICIOS ESPIRITUALES DEL SACERDOCIO NEOTESTAMENTARIO

Por cristianogiv - 12 de Octubre, 2006, 13:08, Categoría: General

 

Capítulo XXVI

 

SACRIFICIOS ESPIRITUALES

DEL SACERDOCIO NEOTESTAMENTARIO[1]

 

Sacrificios sacerdotales en Cristo

A4Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdo­cio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será avergonzado... 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia@ (1 Pedro 2:4-6, 9-10).

Ya hemos visto estos pasajes junto con otros, para tomar y renovar la conciencia del sacerdocio del Nuevo Testamento. Durante un tiempo enfatizamos un poco que debemos ser edificados como casa espiritual. Esto se refiere al Cuerpo de Cristo en general, a la familia de Dios. Para Dios los templos, las basílicas, las catedrales, no son casa espiritual, sino aquella de la cual nosotros somos piedras vivas, porque Dios no habita en casas hechas por manos humanas, sino en el templo de Dios que somos cada uno de nosotros. Fuimos diseñados como vasos para contener y expresar a Dios y ser canales de la autoridad de Dios en el universo, incluso en Su trato con Su enemigo. Además de como casa espiritual, ser edificados también como sacerdocio santo; o sea que nosotros debemos ser edificados como sacerdotes.


Ya hemos dicho antes, y renovamos la conciencia de que todo el pueblo de Dios en el Nuevo Testamento es sacerdote. En el Antiguo Testamento los sacerdotes eran solamente los descendientes de Aarón, y apenas servían, como dice la epístola a los Hebreos, a lo que es figura y sombra de los bienes venideros, o figura de las cosas celestiales; pero el sacerdocio del Nuevo Testamento no está restringido a un linaje especial, sino que todo el pueblo de Dios es de ese linaje. Por eso aparece en el versículo 9: AVosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable@. Solamente cuando el Señor nos saca de las tinieblas y venimos a Su luz admirable, podemos en Su luz admirable anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó; pero Él nos adquirió, nos llamó, nos introdujo en el Lugar Santísimo. Eso era lo que podía hacer solamente el sacerdote, una vez al año, precisamente el 15 de Octubre. Pero ahora todos los días, en todo tiempo, podemos entrar directamente a la presencia del Señor.

Consideremos ahora el paso siguiente. El sacerdocio espiritual y santo es Apara ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo@. Los sacerdotes son constituídos como tales para ofrecer a Dios sacrificios espirituales que sean aceptables a Él por medio de Jesucristo. Nada de lo que se ofrece a Dios es aceptable a Él si no se hace por medio del nombre de Jesucristo, por los méritos de Jesucristo y por la virtud del Espíritu de Cristo. Lo que se hace en Su nombre, confiando en Él, cubiertos en Su sangre y en la virtud de Su Espíritu, tiene la certeza de ser aceptado delante de Dios; porque dice: Aaceptables a Dios por medio de Jesucristo@; en Él somos aceptables. Nada de lo que hacemos que no sea cubierto por la sangre de Jesucristo y que no sea dependiendo del socorro oportuno de nuestro Sumo Sacerdote, que es Jesucristo, es aceptable a Dios. Sólo lo que sale directamente del Señor. El tema del sacerdocio del Nuevo Testamento es bastante amplio; todos los sacrificios son aceptables a Dios en base al sacrificio de Jesucristo, pero ese solo sacrificio produjo muchos otros sacrificios a Dios. Fue el sacrificio de Cristo que nos lavó con Su sangre, que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios el Padre; el sacrificio único hecho una vez y para siempre, nos hizo reyes y sacerdotes.


Ya hemos visto en el Antiguo Testamento, y concretamente en Éxodo, que se debían presentar a Dios con una canastilla con carne de becerro, de carnero, con panes sin levadura hechos con flor de harina, hojaldres, tortas sin levadura amasadas con aceite y todo eso, para la consagración de los sacerdotes; y esto todo representa los distintos aspectos de lo hecho por Jesucristo en la cruz. Todo lo relativo al sacerdocio y a las vestiduras del sacerdocio, a la consagración del sacerdocio, a los trabajos y funciones del sacerdocio, a las peripecias del sacerdocio, todo esto hay que entenderlo. Ahora apenas estamos tomando conciencia de que en el Nuevo Testamento existe un sacerdocio, porque hay veces en que tenemos muy claro el sacerdocio en el Antiguo Testamento, pero que en el Nuevo Testamento no existe algo así parecido, y pensamos que en el Nuevo sólo somos laicos, solamente creyentes; habrá algunos clérigos, algunos pastores, pero hoy necesitamos que en nosotros se torne muy nítido este concepto de que existe un superior sacerdocio en el Nuevo Testamento; que así como tenemos clara conciencia de un sacerdocio instituido por Dios y muy respetable en el Antiguo Testamento, así mucho más está constituido un real sacerdocio, mucho más respetable, en el Nuevo; porque aquel era la figura de las cosas celestiales, aquel trataba solamente con el modelo de las cosas, pero hoy el verdadero sacerdocio es el que agrada el corazón de Dios; éste sí le satisface, este sacerdocio del Nuevo Testamento. El negocio de Dios es con el sacerdocio del Nuevo Testamento, y debemos por tanto despertar a la conciencia de este sacerdocio real del Nuevo Testamento, del cual participamos todos los creyentes. )Qué nos ha hecho sacerdotes? La sangre del Señor Jesús, quien nos amó y nos lavó de nuestros pecados y nos hizo reyes y sacerdotes. Su obra en la cruz, donde derramó Su sangre preciosa, e hizo muchas otras cosas más, es lo que nos convierte en sacerdotes, lo que nos da entrada directa, siempre, a toda hora al Lugar Santísimo mismo en Espíritu y en verdad.

 

Diversos tipos de sacrificios

Vamos a ver varios sacrificios espirituales aceptables a Dios. Ese tipo de sacrificios y ofrendas, nosotros como sacerdotes, debemos presentar a Dios nuestro Padre por lo que ha hecho Jesucristo; no se trata solamente de ser creyentes de banca. Amados, cuán negligentes hemos sido los creyentes del Nuevo Testamento respecto del sacerdocio. Cualquier sacerdote de cualquier tribu o de cualquier denominación, es muy consagrado. Fíjense en un brujo, cuánto no hace, con tanta consagración, y trabaja para su denominación como sacerdote. Y aun los sacerdotes del Antiguo Testamento, cuán consagrados fueron y tomaron en serio su vocación; pero nosotros los creyentes no hemos despertado a la conciencia de lo que somos, y sin embargo somos la más alta clase de sacerdocio que existe en el universo, porque, como miembros de Cristo, somos participan­tes del sacerdocio según el orden de Melquisedec, porque éste es el sacerdocio de Cristo; y es por medio de Él, es en unión con Él, con Su sacerdocio, que nosotros presentamos a Dios sacrificios espirituales agradables a Dios, porque son en unión con el de Cristo, porque son por medio de Jesucristo.


Nosotros vemos personas muy dedicadas y muy conscientes de lo que son, en el sacerdocio de una tribu indígena, o en el sacerdocio de Aarón, o de cualquier otro tipo de sacerdocio; pero pareciera que nosotros no supiéramos que somos hechos por Dios, por Cristo para el Padre, sacerdotes de un superior linaje, de un orden superior. Parece que no actuamos como lo que somos; parece que cuando uno no tiene conciencia de lo que es, no actúa como lo que es. Hemos insistido mucho en ésto; cuando el abogado no sabe lo que es, este abogado no va a litigar; cuando el juez no sabe lo que es ser juez, no va a juzgar; cuando el ingeniero no sabe ni toma conciencia de que es ingeniero, éste no va a ingeniar; cuando el sacerdote no toma conciencia de sí, no vamos a sacerdotar, no vamos a actuar como sacerdotes. En el Nuevo Testamento aparece el verbo Asacerdotar@ el evangelio.

APorque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer@ (Hebreos 8:3).

Este versículo incluye el sacerdote del Nuevo Testamento, Jesucristo, según el orden de Melquisedec, del cual nosotros somos miembros.

A15Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificios de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. 16Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios@ (Hebreos 13:15-16).


Por una parte, no sólo es este un sacrificio de alabanza; es decir, que la alabanza va más allá de meramente cantar cánticos en los que nombramos las virtudes del Señor; esto es, fruto de labios que confiesan Su nombre. Alabar no es solamente cantar; uno puede alabar a su esposa, no cantándole, sino diciéndole a otras personas lo que ella es, lo que ella significa para uno. Entonces alabar al Señor no es solamente cantar o alabar, lo cual sí es una parte del sacrificio de alabanza; por eso lo dice aquí en los versículos que estamos desglosando. Es decir, que es más allá que cantar; es fruto de labios que confiesan Su nombre. Eso significa que se espera que los sacerdotes estén siempre publicando sus alabanzas. APueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable@. De conformidad con el versículo 16, debemos fijarnos en que por una parte habla de sacrificio de alabanza, fruto de labios que confiesan Su nombre, pero también habla de hacer el bien; por eso la Palabra dice que es un pueblo celoso de buenas obras; es decir, que hacer el bien es para Dios un sacrificio, porque para que las cosas se hagan, hay que poner en el altar muchas cosas, cosas tuyas y mías. Por ejemplo, los hermanos nos están permitiendo la sala, los muebles. Algunas veces nos vamos y dejamos los asientos sin colocarlos en su sitio; llegamos cuando ya están puestos; o sea que eso significa una molestia que se toman nuestros hermanos para recibir a los demás hermanos en su casa. Pero si esto se hace delante de Dios, es sacrificio para Dios; es útil sacrificio a Dios hacer el bien. El culto no sólo comienza cuando empezamos a cantar, no; el servicio comienza desde que se empieza a colocar las sillas y se está preparando la casa. El Señor ya está mirando, y esto hay que hacerlo espiritualmente; esto hay que empezarlo a hacer con corazón limpio delante de Dios, porque esto es parte del servicio a Dios. Hay que poner sobre el altar, o sacrificar, lo que es mi comodidad personal, y el tiempo que tengo para mí, para dedicárselo al servicio de Dios y de otras personas. Por tal motivo la Palabra dice, Asacrificio@. Cada vez que suena el teléfono hay que contestarlo; nosotros estamos muy cómodos en vivir para nosotros, pero, hermanos, no puede el grano de trigo fructificar si no cae a la tierra y muere; si no se sacrifica, no podemos servirle a Dios. El sacrificio es renunciar uno a sí mismo, renunciar a lo que uno tendría derecho legítimo, pero que por amor al Señor, descubrimos que ahí estamos en ese lugar para hacer precisamente esto; ponemos nuestro tiempo, nuestra persona, nuestra disposición, nuestros bienes, al servicio del Señor Jesús. Nosotros mismos los damos; nadie nos los va a quitar; nadie nos va a presionar, ni nadie nos va a exigir. Sabemos que es el Padre el que quiere que nosotros nos dedique­mos a esta parte del servicio; ellos están en otra parte, y otros en otra parte. Hay veces en que le decimos al Señor: Señor, yo te quiero servir; pero tan pronto Él nos pone el más pequeño trabajo, ya no lo aguantamos, ya protestamos.

Amados hermanos, no nos olvidemos Ade hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios@. Ayudar­nos mutuamente en diferentes cosas; hay necesidades espirituales, hay necesidades emocionales, a veces hay necesidades intelectuales, algunas veces necesidades materiales, como en tiempo de una enfermedad, o falta de empleo del jefe del hogar, o hay problemas, y somos nosotros, los miembros del Cuerpo, los que debemos, en virtud del Señor, satisfacernos estas necesidades unos a otros. Por eso la Palabra dice Aayuda mutua@. Para realizar la ayuda mutua hay que salir cada uno de su cascarón, de su vida en cierto modo privada y cómoda, y salir a servir. El caracol, para que se lo puedan comer y pueda servir de alimento, tiene que salir del cascarón donde está atrapado, pues cuando sale del cascarón se lo van a comer. Así también esto es un sacrificio, y por esto se llama sacrificio, porque es una muerte a sí mismo.

 

Los sacrificios en la práctica sacerdotal

ADigo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno@ (Romanos 12:3).


El capítulo 12 de Romanos, se relaciona a la vida de la Iglesia en este contexto. Cuando en el verso 3 dice: Digo, pues, este Apues@ quiere decir puesto que ha sido establecido lo anterior; por consiguiente desglosamos lo que viene. El no tener el más alto concepto de sí que el que debe tener, significa que el creyente debe ocupar su puesto exacto.

A4Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, 5así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 6De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. 9El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 11En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. 14Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. 15Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión@.

En el verso anterior llamamos la atención al Apues@, y ahora nos fijamos en el Aporque@ con que comienza el versículo 4. )Por qué? Para que entendamos estos dos versículos que vamos a ver, porque éstos se desarrollan en los siguientes versículos en este Apues@ y en este Aporque@. Por eso dice Apues@; por eso dice Aporque@; por eso dice Aasí nosotros@, Ade la manera que@, porque esto es una continuación, una secuencia. Allí dice: el que profetiza, el que sirve, el que enseña, el que exhorta, el que reparte, el que preside, el que hace misericordia, el amor sin fingimiento, prefiriéndonos unos a otros, en lo que requiere diligencia, no perezosos, fervientes en espíritu, gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración, compartiendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad, bendiciendo, no maldiciendo, gozándonos con los que se gozan, llorando con los que lloran, unánimes entre vosotros. Todo esto es el desglose de los dos primeros versículos que vamos a ver, porque al leerlos pensamos que no están hablando de nada; pero fijémonos en que dicen: APues@, Aporque@, Ade la manera que@; por lo tanto es una secuencia, un desarrollo de los primeros versos, los que vamos a leer.


A1Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrifico vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta@ (Romanos 12:1-2).

)Por qué el versículo 1 comienza diciendo Aasí que, hermanos@? Porque en el último versículo del capítulo anterior, dice: APorque de él y por él, y para él, son todas las cosas@. Como todo es de Él, como todo es por Él y como todo es para Él, a Él sea la gloria por los siglos de los siglos, amén. Así que como para él es la gloria, de Él es todo, así que, hermanos, os ruego, etc.. Tengamos en cuenta que el versículo 2 sí tiene que ver mucho con el versículo 1. Cuando dice que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, es porque uno puede decir: Bueno, Señor, yo presento mi espíritu; pero aquí se necesita trabajar, se necesita actuar, y para esto hay que presentar el cuerpo, porque dice que ese es nuestro culto racional; es presentarnos al Señor, es tener la buena disposición de servir; en lo que requiere diligencia, no perezosos. Por eso dice en el versículo 2: ANo os conforméis a este siglo@, porque en este siglo sí somos perezosos; estamos, como dijimos, enconchados en nuestra comodidad privada, pero no sirviéndole al Señor como sacerdotes que somos para Dios el Padre; y hay que salir y disponerse a hacerlo, y estar presentes, y si es necesario barrer, se hace; si es necesario tomar las sillas y ponerlas, si es necesario pasar a máquina unas cuestiones, si es necesario tomar unas fotocopias, si es necesario repartirlas, repartir unos folletos, programar un ágape, preparar la Cena del Señor. Se necesita salir de nuestra comodidad privada y ponernos a actuar, y esto lo hacemos con nuestro cuerpo, en sacrificio vivo a Dios.

La casa de Dios no se edifica si no se restaura el altar. Lo primero es el altar y luego los cimientos de la casa. Sin el altar no hay casa; sin el sacrificio espiritual, sin la disposición, sin el sacrificio vivo de nuestros cuerpos al decir, aquí estoy, heme aquí, Señor, y dame fuerzas porque yo soy perezoso, soy egoísta, soy susceptible a esto o aquello; Señor, límpiame porque yo te sigo a Ti; sin todo eso no hay casa. El bien que tú hicieres como para el Señor, esto recibirás. Puede que los hombres no lo vean; después de hacerlo lo mejor, puede que te vengan a criticar; pero el Señor sí lo va a recibir; el Señor sí sabe y conoce tu corazón, y conoce si estás presentando tu cuerpo en sacrifico vivo, y no conformándote a este siglo, sino que nos vamos transformando por medio de la renovación de nuestro entendimiento. Esto hay que comprobarlo, de lo contrario todo se queda en teoría, sobre el papel. Por eso dice: APara que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta@.


Volviendo al versículo 3, ya hemos dicho la causa por la cual dice: Adigo, pues@; cada uno ocupando su lugar, porque hay muchos miembros en el cuerpo y cada uno tiene su lugar. Así que los miembros, siendo muchos, son un cuerpo, pero uno hace un trabajo, otro hace otro; es decir, hay que presentar el cuerpo para proyectar, hay que presentar el cuerpo para servir, hay que presentar el cuerpo para enseñar, hay que presentar el cuerpo para exhortar, hay que presentar el cuerpo para repartir, hay que presentar el cuerpo para amar, para confraternizar, para ser diligentes en lo que requiere diligencia, fervientes, gozosos, sufridos, orando, compar­tiendo, practicando la hospitalidad, bendiciendo, llorando; todo esto es la práctica del sacerdocio, el hacer el bien y la ayuda mutua, que es el sacrificio espiritual que el Señor está esperando de toda la Iglesia. Si cada santo en la Iglesia tuviera este espíritu, qué belleza; veríamos a la Iglesia alumbrando, todos trabajando con buena disposición, todos perdonándo­nos, sobrellevándonos, pidiendo perdón, actuando, presentando nuestro cuerpo.

El Señor no solamente nos pide el espíritu sino el cuerpo, el arduo trabajo, la labor. Yo sé lo que significa transcribir un casete a máquina, pasar una grabación; esto es un trabajo pesado; pero si tú no lo haces, otros no lo van a tener; y estás cansado, pero le decimos al Señor, fortaléceme, ayúdame; y a otros les va a servir, otros van s ser alimenta­dos, otros van a ser enseñados, y otros van a ser vivificados, en el nombre del Señor, y Su nombre va a ser glorificado. Pero se requiere del sacrificio vivo. Antes se sacrificaban los becerros, se mataban y punto; ahora esa muerte es a la carne, es al viejo hombre, es a nuestra actitud egoísta, es a nuestra actitud perezosa, es a nuestra actitud indispuesta; allí es donde se aplica la muerte por el sacrificio de la cruz.

 

Sacrificios de olor fragante


A17No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. 18Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios@ (Fil. 4:17-18). Para el análisis de estos versícu­los, es conveniente estudiar todo el contexto desde el verso 10. Para Pablo sería una vergüenza buscar dádivas, sobre todo porque se trata de la obra del Señor. Lo que Pablo recibe de los hermanos filipenses lo llama la Palabra de Dios, Aolor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios@. Aquí aparece otra clase de sacrificios, otra clase de olor fragante. Lo que en el Antiguo Testamento eran figuras, en el Nuevo Testamento es el servicio para la obra del Señor, para que no falte a la obra del Señor, y no falte a los obreros, para que los obreros puedan hacer su obra; vivir y hacer su obra; o sea que la Iglesia ayuda, la Iglesia colabora, la Iglesia participa, y a eso se le llama olor fragante, y se le llama también sacrificio acepto.

A15Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia de Dios que me es dada 16para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo@ (Ro. 15:15-16). El verso 15 se lee igual en el texto griego, pero en el verso 16, en lo que se traduce ministro, dice para ser liturgo, porque la palabra Aministro@ se refiere a diaconía general. Cuando en la Biblia encontramos Aministro@, se refiere a diácono; pero aquí no dice diácono en el griego, sino liturgo, de donde viene la palabra en español Aliturgia@. Cuando Zacarías entraba al templo, se dice que él estaba presentando su liturgia; o sea que la liturgia es un sacrificio santo, sacerdotal, a Dios. Aquí hay algo interesante. Dice: Apara ser liturgo de Jesucristo a los gentiles, ministran­do el evangelio de Dios@. Aquí se traduce ministrando lo que en el original griego dice sacerdotando.

El verbo sacerdotar no existía en el castellano, y lo debieron traducir como ministrando. APara ser liturgo de Jesucristo@. Liturgo es un servicio sacerdotal de la más alta clase, de ofrenda sagrada al Señor. Decir Aministro@ uno lo toma como de una manera muy liviana, pero un Aliturgo@ es alguien que está en la santa presencia del Señor, y con plena conciencia de que está ofreciendo algo a Dios. Pero fijémonos en que en esta liturgia, lo que a Dios se le ofrece son los gentiles santificados por el Espíritu; lo que se sacerdota (perdónenme la nueva expresión, pero hay traducir en forma exacta este verbo), es la ofrenda de los gentiles; es decir, que los gentiles son gente perdida, y lo que hay que sacerdotar es el evangelio, la evangelización, el discipulado, el cuidado de los nuevos hasta formarlos como iglesia, y después presentar a la Iglesia como una virgen pura.

 

Sacerdotando el evangelio


Esta es la liturgia del sacerdocio. Somos sacerdotes para evangelizar. No se trata de evangelizar de una manera liviana, sino de presentar al evangelio para convertir a los gentiles en ofrenda; es decir, una ofrenda son alabanzas, una ofrenda es la ayuda mutua, es ayudarnos, es colaborar en la obra del Señor; pero aquí la ofrenda son personas perdidas que son evangelizadas, son discipuladas, son santificadas, son reunidas como iglesia y son presentadas al Señor como ofrenda litúrgica. Si tú tienes conciencia de que eres la Iglesia, sabrás cuál es tu trabajo sacerdotal, al evangelizar y llevar las personas a Cristo, cuando se lo estás ofreciendo como sacerdote; pero esto es solamente una parte, porque todavía no es santificada su conducta, todavía es apenas comprada. Pero al Señor se la presentamos y el Señor la recibe como ofrenda; pero también hay que atenderlos, hay que acompañarlos, hay que seguirles ministrando y visitando para que sean ofrenda agradable, santificada, no solamente salvados, sino además santificados; y no solamente santificados al nivel de personas, sino que hay que presentarlos como sacrificio vivo, y como sacrificio corporativo de la Iglesia. En 2 Corintios 11:2, dice Pablo que él presenta a los hermanos como una virgen pura a Cristo; esto era el ejercicio del sacerdocio del evangelio, de lo que trata el versículo 16 de Romanos 15, lo que el apóstol Pablo realizaba. Él evangelizaba y edificaba hasta que presentaba a la iglesia, y trabajaba en la iglesia para presentar a la iglesia, de entre los gentiles, un pueblo para el Nombre del Señor. Presentarle la iglesia al Señor es el trabajo de los sacerdotes; es un trabajo grande, y esto es lo que debemos hacer. Una persona se convirtió al Señor, entonces se la presentamos; cuando está viviendo en los caminos del Señor, yo la estoy cuidando. Señor, yo te la presento. No es solamente llevarlos a la reunión. Hemos hecho el trabajo muy liviano; hemos sido sacerdotes muy flojos, que no hemos llegado a ser sacerdotes de 30 años, sino apenas como de 15. En el Antiguo Testamento, el que nacía sacerdote ya era sacerdote, pero a los veinticinco años era que empezaba a servir, y a los treinta años entraba propiamente a desarrollar el ministerio. Por eso Jesús, a los treinta años apenas comenzó a realizar su ministerio público.

El verbo sacerdotando de Romanos 15:16, es en griego hierorgonta. La terminación gonta es como lo que llamamos en español un gerundio; es decir, un verbo en conjugación, como por ejemplo, durmiendo, comiendo. La raíz hiero es sacerdote; y de ahí viene la escritura llamada hierática. Hierática, en Egipto era la escritura sacerdotal; en cambio la escritura demótica era la popular. De ahí viene también hierorgonta, que significa sacerdotando. Por eso el verbo que utiliza Pablo es hierorgonta ton evengelion, o sea sacerdotando el evangelio, para que los gentiles le sean ofrenda agradable. Entonces no es solamente ministrando el evangelio, sino sacerdotando como un liturgo; aquí más santo, más sagrado. Debemos tener conciencia de que cuando nosotros estamos evangelizando como sacerdotes, estamos preparando una ofrenda para Dios. Cuando una persona se entrega al Señor, yo la tengo que entregar al Señor como una ofrenda; por eso oramos y la oración de entrega se la hacemos repetir a la persona; pero después de esto, nosotros se la entregamos al Señor como una ofrenda; pero esto es el comienzo; apenas ha sido comprada; necesitamos seguirla para que esta ofrenda sea santificada, y además la persona no se presenta sola, sino la iglesia. Así lo dice Pablo en 2 Corintios 11:2: APorque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo@.


He aquí la iglesia en general, el ministerio sacerdotal del Nuevo Testamento. APues os he desposado@. Esto es lo que hace un liturgo, desposar; es el que realiza los matrimonios, pero este matrimonio no es solamente un hombre y una mujer, sino de la Iglesia y Cristo, Acon un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo@. Es decir, que nosotros debemos presentar a la iglesia como una virgen pura, y este es un sacrificio espiritual. Por eso dice que Cristo se ofreció a Sí mismo para presentarse una Iglesia. Pero ahora los ministros de Cristo participamos de las aflicciones de Cristo por Su Cuerpo que es la Iglesia, a fin de presentár­sela a Él. Entonces nosotros debemos tener conciencia de que somos la más alta clase de sacerdocio que existe en toda la historia; pero este sacerdocio es una liturgia, de la cual las otras eran símbolos. Antes el sacerdocio, usando material de oro en sus vestiduras, tomaba incienso físico y lo ofrecía al Señor; pero hoy el incienso es espiritual. Esos panes sin levadura, el cordero, el candelero, hoy todo eso es de carácter espiritual; lo otro era solamente la maqueta, pero el interés de Dios es tener hoy todo hecho realidad. Él desea adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, no sólo con el sacrificio de alabanza y adoración, sino también sin descuidar todo lo demás que implica el sacerdocio del Nuevo Testamento. Sacerdotando el evangelio; la evangelización, el discipulado, la edificación de la Iglesia, como ofrenda litúrgica sacerdotal del Nuevo Testamento de Dios. De modo que antes de ser abogados o ingenieros, etcétera, el Señor desea que seamos sacerdotes. Lo anterior es necesario para los viáticos, pero nuestra verdadera función, para la que fuimos creados, es hacer el trabajo para Dios. Nadie puede hacerlo sino la Iglesia, los redimidos; y esto es lo que Dios quiere, y para eso Él nos compró y nos hizo para Dios el Padre, reyes y sacerdotes. En el Antiguo Testamento había muchos sacrificios. Se disponía el cordero separado en pedazos y al final encima del sacrificio se libaba. Había unas jarritas y otros cántaros más grandes donde se contenía el vino y pasaba luego a las jarritas, y se derramaban en libación sobre el sacrificio.


La libación representa el gastarse a sí mismo hasta la muerte; este era el sacrificio de libación, el estar dispuesto a morir, a derramar su vida, su sangre en servicio de Dios y de la fe de la Iglesia. Por eso el vino se derramaba. Derramar el vino es como derramar la sangre; es decir, como poner la vida hasta la muerte; este era el sacrificio de libación. )Por qué el Señor daba estas instrucciones simbólicas en el Antiguo Testamento? Porque hoy en el Nuevo Testamento Él quiere esa clase de disposición, porque Él es un Dios grande, y no vamos a servirle y presentar a Dios cosas indignas, como hizo Caín, pensando que lo que él ofrecía era suficiente para Dios, porque su Dios era muy pequeño. Cuando se tiene una baja impresión de una persona, se le ofrece las cosas más bajas: que se siente en el último lugar, y se le trata mal. Pero cuando se respeta a una persona, no se le trata así; se le respeta y trata de una manera diferente. Al presidente Gaviria se le respeta como presidente. Es lo que enseña el profeta Malaquías, cuando dice: APreséntalo a tu príncipe@. El libro de Malaquías es especial para sacerdotes cuando están bajándose de su nivel; por eso vale la pena estudiar y meditar todo este libro. El Señor nos perdone, amados hermanos, por la liviandad con que le ofrecemos a Dios nuestros servicios. Es importante dedicarle un rato de estudio a los versículos 6 al 14, del capítulo 1 del profeta Malaquías, donde habla sobre el pecado de los sacerdotes. Somos tan ciegos que no nos damos cuenta de cuando menospreciamos al Señor. Por ejemplo, en el versículo 9 vemos que no es que cuando nosotros presentamos un sacrificio al Señor le hagamos un favor; es Él el que nos presta el favor de aguantarnos y recibir algo de nosotros, siendo Dios, que no necesita nada de nadie; es Dios quien nos hace el favor. Allí habla de presentar el servicio con mala disposición, de mala gana y por eso dice: A)cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas?@.

A10)Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Yahveh de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda@.

Si me pagan, bien, pero yo no sirvo de balde. )Cómo se le va a servir a Dios así, mis amados hermanos? Dios no acepta eso así; ni siquiera Pablo, cuando no aceptó la ofrenda de los corintios, pues ya ellos habían hablado mal de él, que no trabajaba. Aquí está la dignidad del Señor en Pablo. Vale la pena estudiar Malaquías.

AY aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros@ (Filipenses 2:17).

Este es el sentir de Pablo; aunque sea gastado, hasta que se muera; esa es la libación, ser derramado en libación. Y así lo fue. La fe es un sacrificio y un servicio, porque la fe es un arriesgar. Hay veces en que no hacemos las cosas por no arriesgarnos; nos reservamos; pero cuando uno tiene fe, se arriesga y no se reserva, y este es el sacrificio y servicio de la fe en la Iglesia, al que añadía Pablo su libación. Que Dios nos ayude; y pidámosle perdón al Señor por nuestra pereza, por nuestra mala disposición, por nuestra falta de fe, porque hemos deshonrado a Dios con un servicio barato, con un servicio indigno de Su nombre, de Su grandeza; y digámosle: Límpianos, Señor, con tu preciosa sangre y ayúdanos a tomar conciencia de lo que significa ser hechos y constituido reyes y sacerdotes para la gloria de Dios el Padre. Amén.



[1]Enseñanza a la iglesia de la localidad de Usaquén, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, en agosto 30 de 1992. Transcripción: Emilia de Rodas.

Blog alojado en ZoomBlog.com