LOS DOS DEUDORES
Padre,
en el nombre del Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad
nueva de estar reunidos en tu presencia por la fe. Gracias, Señor,
porque no te buscamos nosotros a Ti, sino Tú a nosotros; y no es que
nosotros te hayamos amado a Ti, eres Tú el que nos has amado a nosotros,
eres Tú el que nos ha buscado, nos ha encontrado, nos ha perdonado, nos
has atraído a Ti. Gracias Padre, en el nombre del Señor Jesús.
Concédenos en esta noche, Señor, considerar tu Palabra en tu presencia,
con tu socorro y con tu ayuda, Señor; que tu Palabra nos pueda hablar.
No te canses de hablarnos, Señor; siembra con tú Espíritu nuestro ser
para que tu Palabra dé fruto. Tú dices que tu Palabra no volverá vacía a
Ti; queremos ser buena tierra delante de Ti, que tu Palabra produzca
fruto para Ti; no queremos ser oidores olvidadizos, no estamos delante
del hombre, sino delante de Ti, Oh Dios; ayúdanos, en el Señor Jesús,
amén.
Hermanos,
continuaremos entonces hoy la serie de los misterios del reino de los
cielos en las parábolas del Señor Jesús y nos corresponde hoy ir al
libro de Mateo, al capítulo 18, a la parábola de los dos deudores; está
entre los versos 23 y 35. Esta parábola no se encuentra ni en Marcos, ni
en Lucas, ni en Juan, tampoco en el llamado evangelio de Tomás; es
exclusivamente registrada por Mateo; y desde el principio quiero
llamarles la atención a la ubicación de la parábola, su contexto con las
demás parábolas que vimos las últimas tres veces; las últimas tres
parábolas que hemos considerado son: la de las cien ovejas, las diez
dracmas y el hijo pródigo; y esta parábola también está dentro del mismo
contexto. Si ustedes quieren ver el inicio del vero 23 donde dice: "Por lo cual".
Lo que habíamos visto de la parábola de las cien ovejas, está en este
mismo capítulo 18, pero el contexto comienza desde el verso 1; en el
verso 10 viene la parábola de las cien ovejas, aquella oveja perdida de
entre las cien, lo que hizo el Señor; y luego el Señor en continuación,
como lo vimos cuando estudiamos esa parábola, dice desde el verso 15. "Por tanto, si tu hermano peca contra ti"; la palabra "Por tanto"
está ligando el contexto; sólo que la parábola que recordó Mateo fue
esta de las cien ovejas, pero él no recordó la de las diez dracmas, ni
la del hijo pródigo, que son exclusivas de Lucas, solamente Lucas las
recordó; pero Lucas las colocó como continuación de esta parábola; y a
la vez, después Mateo recordó del Señor Jesús otra parábola que es esta
de los dos deudores; o sea que la parábola de los dos deudores es una
continuación de las cosas que se dijeron en aquel día. Aquellas primeras
tres parábolas: la de las cien ovejas, la de las diez dracmas y la del
hijo pródigo, las llamamos una trilogía porque tienen un mensaje muy
similar. Esta parábola que vamos a ver hoy de los dos deudores, también
es una parábola, que no pertenece a esa trilogía, pero que sí da un paso
más allá y que tiene que ver con el contexto que se venía hablando en
Mateo 18 desde el 15 hasta al 22, cómo se debe perdonar al hermano;
vimos ese pasaje cuando estudiamos las cien ovejas; tenía que ver con
las cien ovejas; lo importante que es para el Señor una sola de sus
ovejas; por lo tanto, el cuidado que tenemos que tener con los hermanos
para que ninguno falte.
Vamos a comenzar a leer en el capítulo 18 desde el versículo 23 al 35: "Por lo cual";
y esa es la frase de hilación, de colocación dentro del contexto. Vamos
a leerlo primero todo, recibir la impresión primera, y luego
comentaremos paso por paso esta parábola que tiene muchas cosas
profundas. El hermano Watchman Nee decía que era más difícil explicar
Mateo que explicar Apocalipsis; y realmente uno de los pasajes más
difíciles, no es por él en sí mismo, sino por esta parábola que vamos a
considerar hoy. Vamos a leer desde el 23 al 35: "Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos". Otra dice: un rey que quiso hacer bodas a su hijo; pero aquí ya se trata de cuentas con sus siervos. "Y
comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil
talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su
mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.
Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten
paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo,
movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo
aquel siervo (no era otro, era el mismo) halló
a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él,
le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo,
postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo
te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel,
hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se
entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había
pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda
aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener
misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces
su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo
que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no
perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas."
Como les decía, Mateo es más difícil de entender, de explicar, que el
propio Apocalipsis. Este es uno de los pasajes más serios, más
profundos, por todas las implicaciones que tiene, y porque debemos
interpretarlo y entenderlo en todo el contexto mediato e inmediato, y
también en el general de las Sagradas Escrituras.
Comienza el Señor hablando: "el reino de los cielos es semejante";
o sea que ésta es otra semejanza más, otra parábola del reino de los
cielos; las parábolas las inicia de esa manera; y aquí la inició también
de la misma manera; no aparece aquí la expresión parábola, sin embargo
todas las connotaciones de una parábola aparecen. Entonces está hablando
del reino de los cielos; ya aquí nos da una primera clave de
interpretación. Primero, cuando dice: "Por lo cual",
acababa de hablar cómo se debe perdonar al hermano, y luego entonces
aquí da una continuación, que es con esta parábola, y dice que es el
reino de los cielos. Muchas veces el Señor Jesucristo habló del reino de
los cielos; no es la primera vez, sino una entre las muchas; aquí mismo
hemos estado estudiando ya más de veinte parábolas, porque se habla del
reino de los cielos; de manera que tenemos que interpretar también esta
parábola en relación con las demás. Él dice: el reino de los cielos es semejante a esto; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a
esto otro; de manera que todas estas semejanzas del reino de los cielos
lógicamente que no son contradictorias, sino complementarias; por lo
tanto, debemos interpretar también esta parábola dentro de la
complementariedad; es decir, en el mismo espíritu de todas las demás.
Por las demás que ya hemos estudiado, y otras que inclusive tendremos
que estudiar Dios mediante, nos damos cuenta de que el reino de los
cielos se refiere a un capítulo especial con sus partes del reino de
Dios. La expresión de éste último, para recordarlo, es una expresión
general que va de la eternidad a la eternidad; en cambio el reino de los
cielos se refiere a una sección del reino de Dios. El reino de Dios no
tiene comienzo ni tiene fin, porque Dios desde la eternidad reina y por
la eternidad reinará, pero en el reino de Dios ha habido etapas, a
partir de la creación, del mundo invisible, del mundo visible, luego la
caída de Lucero, un querubín que llegó a ser Lucifer, y la tercera parte
de los ángeles, y luego la caída del hombre, y luego la promesa hecha a
Abraham, y luego cuando Dios dio la Ley en el período de Israel, la Ley
de Moisés, luego la venida de Juan el Bautista anunciando que el reino
de los cielos se acercaba; o sea que el reino de Dios ya estaba
aconteciendo; por eso dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y
dado a otro pueblo; ya estaba aconteciendo el reino de Dios, pero el
reino de los cielos se acercaba, decía Juan; y luego Jesús dijo también:
entre vosotros está; o sea, el Señor Jesús introdujo el reino de los
cielos. Nos damos cuenta de que el reino de los cielos son unos
capítulos especiales del reino de Dios. De eternidad a eternidad es el
reino de Dios, pero desde que Juan lo anunció: se acerca el reino de los cielos,
y desde que el Señor Jesús lo introdujo, es el reino de los cielos. Y
luego, a través de las parábolas que abarcan el reino de los cielos. El reino de los cielos es como un sembrador que salió a sembrar;
el Señor es el que siembra, es la primera venida de Cristo como el
Verbo encarnado, sembrando la palabra de Dios; luego vino el enemigo y
sembró cizaña; y luego vemos el trigo y la cizaña creciendo juntos, la
historia de la iglesia con los buenos y los malos, todos mezclados;
luego viene la siega, o sea la segunda venida de Cristo; luego unos van
al reino, otros van al fuego; o sea, nos damos cuenta de que el reino de
los cielos incluye la primera y la segunda venida de Cristo, toda la
historia de la Iglesia, el tribunal de Cristo, el juicio de las
naciones, el Reino Milenial; todo eso es lo propio del Reino de los
Cielos.
Por
lo tanto, para interpretar aquí el resto de la parábola, tenemos que
comenzar teniendo en cuenta eso, que el reino de los cielos abarca el
período de la historia de la Iglesia y el Milenio; por lo tanto, cuando
entendemos la palabra "perdón", tenemos que entender la palabra "perdón" en el contexto del reino de los cielos. En la Biblia aparecen varios contextos para la palabra perdón. El perdón eterno,
que es el perdón que se le da a un pecador que reconoce sus pecados y
que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ama de tal manera
que envió a su Hijo para que Jesucristo muriera por sus pecados en la
cruz; entonces esa persona recibe al Señor Jesús, y por creer en Él como
el Hijo de Dios, como su Señor, como su Salvador, es perdonado;
entonces esa persona recibe el perdón eterno; ha pasado de muerte a
vida, y no perecerá jamás, según las propias palabras del Señor
Jesucristo; es el perdón en el nivel general, y que tiene que ver con la
eternidad; incluso más allá del Milenio; tiene que ver con el cielo
nuevo, con la tierra nueva y con la Nueva Jerusalén; ese es el perdón
eterno, el perdón que el Señor le da a cualquier persona que de corazón
sincero reconoce sus pecados y reconoce al Señor Jesús como el Cordero
expiatorio que murió en nuestro lugar, derramó su sangre y nos perdonó.
Entonces por eso Dios nos perdona definitiva y eternamente. Ahí no está
hablando de siervos, ahí está hablando de cualquier ser humano; aunque
lógico que después de ser perdonados, ahí todos nos hacemos siervos en
la práctica, aunque siempre lo somos por creación.
Pero
hay otro aspecto del perdón, que se le da a los hijos ya salvos para
restaurar la comunión perdida por los pecados de los hijos; ese es otro
tipo de perdón, que es también perdón, sólo que no es un perdón para
salvar, sino un perdón para restaurar la comunión. Ustedes recuerdan que David dijo: restáurame el gozo de la salvación;
no dice: restáurame la salvación, porque la salvación es un regalo de
Dios; la salvación es un don, la salvación nadie la puede comprar, nadie
la puede merecer; el hombre no puede hacer nada para salvarse por sí
solo; sumando todo lo que el hombre haga, no le alcanza para merecer la
salvación. Por eso es que la palabra dice: la paga del pecado es muerte; más la dádiva, o sea el regalo de Dios, es vida eterna; y por eso Pablo escribió a los Efesios de que por gracia somos salvos por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe.
Entonces la salvación eterna no se debe a lo que nosotros hacemos, sino
a lo que el Señor hizo por nosotros; lo que nosotros hacemos es lo que
nos merece el juicio. Si vamos a sumar lo que nosotros somos y hemos
hecho, merecemos este juicio, no la salvación. Por eso Dios, sabiendo
que nadie puede salvarse por sí solo, envió a su Hijo; o si no
Jesucristo no hubiera venido; hubiera bastado con Moisés, cumplan los
mandamientos, el que los cumpla se salva y el que no los cumpla se
pierde. El problema es que ninguno los ha cumplido siempre todos; por lo
tanto, todos somos culpables, y todos merecemos el juicio de Dios.
Entonces por eso Dios no dejó un solo Testamento con Moisés; la Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús;
es decir, el Señor Jesús introdujo la gracia. El juicio al que nos
condenaba la Ley, Él lo tomó sobre Sí mismo; por eso incluso la Ley ya
preparaba sacrificios con corderos, en figura del verdadero Cordero de
Dios. Ahora Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que en Su muerte
tomó sobre Sí mismo, siendo inocente, el juicio de todos los pecadores
del mundo, para que todo aquel que crea, crea y lo recibe, sea
beneficiado, sea perdonado y se salve. Entonces cuando la persona cree,
reconoce sus pecados ante el Señor, cree, recibe al Señor, la sangre de
Jesucristo su Hijo le limpia de todo pecado, y esa persona, como dijo
Jesús: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida,
es salva. Entonces, en cuanto a la salvación eterna, este perdón de
Dios es eterno, por cuanto es para salvación eterna, y la vida eterna.
La naturaleza del Espíritu que Él nos da es también eterna; nos da vida
eterna. Por lo tanto, aquí esta parábola que consideramos ahora, no está
hablando de la vida eterna, sino que está en el contexto del reino de
los cielos, en el contexto del período de la Iglesia, del tribunal de
Cristo, del juicio de las naciones y del Reino Milenial; ese es el
contexto aquí.
Tenemos
que ver otros pasajes de la Biblia que hablan también del perdón en
otro aspecto; ya no es el del perdón para salvación eterna, sino en el
del hijo que ya es salvo, y que vuelve y peca; porque ¿cuál de nosotros
que ha creído en el Señor no necesita ser constantemente perdonado? Pero
ese perdón no es para restaurarle la salvación, porque ésta en su
primer sentido es un regalo incondicional; no es algo que se da y se
quita; la salvación es un don. Pero si un hijo, que ha sido perdonado
eternamente por Dios, y salvado en ese primer sentido, falla contra su
padre, falla contra sus hermanos, falla contra sí mismo, falla contra la
sociedad, peca incluso contra la naturaleza…, no dejó de ser un hijo,
pero es un hijo que pecó. Entonces necesita que el perdón restaure su
comunión con Dios, y que el gozo de la salvación le sea devuelto.
Entonces eso no es que un hijo dejó de serlo, y vuelve y lo es; como si
en un día puede ser por tres horas hijo, y veintiuna horas perdido; no,
la Biblia no habla de eso; quien nació de nuevo es un hijo, y es un hijo
para siempre; sólo que por ser un hijo no quiere decir que esa persona
ande siempre en el Espíritu; aunque es un hijo, no andamos siempre en el
Espíritu; a veces andamos en la carne y pecamos. Entonces ¿qué pasa con
un hijo que no anduvo en el Espíritu, que pecó? Necesita arrepentirse
de nuevo, reconocer su pecado, y pedir perdón; y el perdón restaura la comunión con su Padre; ese es un segundo aspecto del perdón; es un perdón para restaurar la comunión,
no la salvación; la salvación es eterna; pero los hijos salvos, a
veces, y muchas veces, pecamos, y necesitamos de nuevo que se restaure
nuestra comunión con Dios y los demás; ese es otro aspecto del perdón.
Hay aún un tercer aspecto del perdón, que tiene que ver con el contexto del Reino;
tanto el contexto de la Iglesia, como restaurar la comunión, y también
en el contexto del Reino, del Milenio. Es que el Padre no solamente
perdona a sus hijos, y restaura la comunión con ellos, sino que también
el Padre los disciplina. No porque somos hijos no necesitamos
disciplina; si somos un hijo como David, por ejemplo, David es un hijo,
pero David cometió un pecado grande; David vio que la vecina casada con
Urías era muy hermosa, la vio que se estaba bañando; pero ella era ya
una mujer casada; entonces David se inventó una manera: como aquel
hombre, el esposo de ella, era un gran militar, entonces lo puso al
frente de la batalla de manera indirecta, para que muriera, y quedarse
con su esposa; él adulteró con ella, y mató al otro; ese fue un pecado
grave. Pero entonces Dios envió al profeta Natán, que lo encaró de
frente, y ahí David se dio cuenta de la magnitud de su pecado; David se
arrepintió de todo corazón, pidió perdón a Dios; ahí fue cuando se
escribió el Salmo 51. Ahí vemos en la historia, que Dios perdonó a
David; o sea, restauró su comunión con David; sin embargo, aunque Dios
lo perdonó, y David seguía teniendo comunión con Dios, Dios le asignó
una disciplina a David. La disciplina no es que pague por el pecado,
pues la paga del pecado es muerte; ninguna de las disciplinas que
nosotros suframos es para pagar todo lo que merecemos; sólo Jesucristo
es el único que paga todo el pecado; pero la disciplina es para perfeccionar el carácter del hijo que peca, y para desagraviar al agraviado.
Porque si el Padre solamente perdonara, y siempre perdonara, pero no
disciplinara, entonces seríamos personas que solamente estaríamos
pecando, porque diríamos: sí, mi Padre me va a perdonar; y ciertamente
que nos perdona, pero Dios sabe como somos; entonces necesitamos, además
del perdón, que es para restaurar la comunión, una medida de disciplina
para entrenarnos. Entonces Betsabé tuvo ese bebé, y David se aficionó a
ese niño; y Dios le iba a quitar el niño, pero no se lo llevó de golpe,
sino que permitió un período de enfermedad para el niño, a fin de que
David entendiera; y David empezó a luchar, y a interceder, y a orar para
que el niño no se muriera; sin embargo, Dios no le oyó, y se murió su
hijo. Después tuvo muchos otros problemas más en
su casa; uno de los hijos se peleó con el otro, y uno mató al otro, y
otro se rebeló contra él; incluso fue avergonzado públicamente; las
mujeres que tenía David se las tomó un hijo suyo y las tuvo en la
terraza delante de todo el mundo; y otras personas lo persiguieron. Es
decir, muchos sufrimientos tuvo David. No es que esos sufrimientos eran
para que David pagara totalmente su pecado, no; la expiación, el cordero
expiatorio, fue quien pagó por su pecado, en figura de Cristo, porque
en ese tiempo era una tipología; pero el castigo era en relación a
formar el carácter de David y desagraviar.
Entonces,
a pesar de que la expiación es suficiente para expiar totalmente la
muerte que es paga del pecado, para perdonar eternamente, para propiciar
suficientemente, y nosotros con nuestros sufrimientos NO añadimos nada a la expiación,
sin embargo, para nuestro tratamiento, y el desagravio de los
agraviados, para la formación de Cristo en nosotros, para nuestra
corrección, necesitamos una disciplina paternal.
Entonces, cuando Dios establece una disciplina, esa disciplina dura un
determinado tiempo, según el efecto que produzca en nosotros; NO es un
efecto de salvación eterna en base a la disciplina para con él, ¡no!,
sino que es un tratamiento para con nosotros, para ganar nuestra alma y
librarnos de lo que somos. Cuando nosotros hemos llegado al punto que
Dios esperaba con esa disciplina, entonces el Señor levanta la
disciplina, y eso es lo que se llamaría un perdón de disciplina bajo el gobierno correctivo divino. Watchman Nee lo refiere como perdón de gobierno.
Por ejemplo, puede ser, no es que haya sucedido, sino que digo solo
como un ejemplo, que mi hijo por allá se estuvo peleando con unos
muchachos en la calle; entonces yo lo llamo, lo entro, lo corrijo, lo
castigo, y luego nos tratamos de nuevo como amigos; ya estamos de amigos
otra vez, pero yo le digo: -hijo, tú no puedes por ahora salir de nuevo
a la calle con esas personas. No es que ya no sea mi hijo; sí es mi
hijo, e incluso estamos otra vez en comunión; sí, estamos en comunión,
pero no puede salir libremente a la calle, hasta que llegue un momento
en que la actitud del hijo sea sumisa; y entonces el padre le dice: -ahora si puedes salir-; se levanta la disciplina, y ese es el perdón de disciplina o gobierno, en el contexto actual del reino de los cielos, en su capítulo de la historia de la Iglesia; e incluso puede continuar la disciplina durante el Milenio.
No es fácil, como decía el hermano Watchman Nee, entrar apresuradamente
bajo la disciplina de Dios, pues Dios es comprensivo, paciente y
longánime; pero menos fácil, si fue necesario que entrásemos en esa
disciplina, es salir de ella. Si llamamos la disciplina de Dios sobre
nosotros, no saldremos de allí hasta que el Señor haya hecho en nuestro
ser lo que esperaba con esa disciplina. A veces nosotros no entendemos
aquí tan fácilmente que estamos bajo una disciplina, y lo que hacemos es
prolongarla más, porque no estamos entendiendo bien lo que Dios está
haciendo con nosotros.
Entonces son tres los aspectos diferentes del perdón: (1) el perdón eterno para un perdido que pasa a ser un hijo salvo eternamente; (2) el perdón de comunión
para un hijo que restaura con su Padre la comunión; no había dejado de
ser hijo, ni había perdido la salvación eterna, pero tenía problemas con
su Padre, y por lo tanto podía acarrearse una disciplina en esta vida e
incluso en el Milenio; entonces se necesitaba el perdón de comunión, y
(3) también el perdón de la disciplina, o perdón de gobierno paternal,
para que la disciplina, ya sea en esta tierra durante la era de la
Iglesia, o en el Milenio, también en esta tierra, sea quitada. Allí es
cuando se paga el último cuadrante. La obra expiatoria
para la salvación eterna es el Señor el que la pagó con Su muerte, pero
en cuanto a la disciplina que precisamos como hijos amados que somos del
Padre, que a nadie deja sin disciplina, somos nosotros los que pagamos
el último cuadrante; dijo el Señor Jesús: "de cierto os digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuadrante".
Entonces,
para poder captar esta parábola en el contexto integral de la Biblia,
teníamos que tener en cuenta: primero, su ubicación respecto a lo que
está hablando del perdón de los hermanos en la iglesia; segundo, su
contexto dentro del reino de los cielos: la era de la Iglesia y el Reino
en el Milenio; y tercero, los distintos niveles de perdón de que habla
la Biblia; entonces, ya con estas bases, vamos a seguir leyendo esta
parábola.
"El reino de los cielos es semejante a un hombre rey…"; realmente el idioma griego dice: hombre rey, antropos Basileo;
no sólo rey, sino hombre rey; quiere decir que aquí nos está hablando
de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la encarnación del Verbo de
Dios, que es el Señor; Él es el Rey; entonces dice: "quiso", porque es su propósito que todos sus hijos siervos pasemos por el tribunal de Cristo, de cuentas, "quiso hacer cuentas con sus siervos".
Ahora está hablando de los siervos en ejercicio; aquí no está hablando
de personas perdidas que debieran servir mas no lo hacen; sino que habla
de personas que tradicionalmente le han estado sirviendo al Señor, a
quienes el Señor les encargó una labor que hacer mientras estaban en la
tierra. Pero lógicamente que de todo lo que nosotros hacemos, o lo que
dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que decimos, lo que no queremos,
lo que no hacemos, pecados de acción y pecados de omisión, de todo eso,
cada uno de nosotros va a rendir cuentas. Pero aquí en esta parábola se
trata del contexto del reino de los cielos, que ya hemos estado
estudiando; no está hablando del Gran Juicio del Trono Blanco, porque al
juicio del trono blanco no pasan los siervos, sino los perdidos y los
que no reinaron en el Milenio; pero los siervos pasan por el Tribunal de
Cristo; son diferentes juicios; no hay que confundir los juicios. La
palabra del Señor habla de tres tipos de juicios: Primero, Dios dice que
su juicio comienza por Su casa, porque uno no puede
corregir los bastardos, hijos ajenos, sin corregir primero los propios;
entonces Dios primero corrige a sus hijos, a sus siervos, a sus amados;
son éstos los primeros que Él corrige. Entonces en la Biblia se habla
del Tribunal de Cristo para los siervos hijos; luego vendrá, según Mateo 25, el juicio a las naciones que sobreviven a la gran tribulación,
para definir las ovejas que van a entrar en el Reino, sobre los cuales
reinarán los vencedores de las iglesias; y luego sí, después del
Milenio, viene el Juicio Final del Trono Blanco. Son tres juicios
diferentes: tribunal de Cristo para los hijos, y otro juicio para las
naciones antes del Mileno y en función del Milenio; vendrá el Hijo del Hombre en su gloria y reunirá las naciones; ¿por qué? porque la recompensa que Él dará a sus hijos es reinar sobre las naciones. Dice en Apocalipsis: Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro;
eso se refiere al Milenio. Entonces primero los hijos son juzgados para
determinar quienes van a reinar sobre las naciones; entonces los que
reinarán sobre las naciones se definirán en el Tribunal de Cristo. Luego
se juzga a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, y ahí se
define quienes van al infierno de la Gehena, y quienes entran al Reino
Milenial bajo el gobierno de los hijos que resultaron facultados en el
Tribunal de Cristo para reinar con Cristo por mil años; y después del
Milenio viene el juicio final, el de los demás muertos, el juicio total
de todos los demás seres humanos; porque todos serán presentados; los
que no estén en el Libro de la Vida, van al lago de fuego y azufre de la
Gehena eónicamente; esa es ya la perdición indefinida. Se trata del
último juicio, el del Trono Blanco al final. Aquí, en la parábola por
ahora, estamos hablando del reino de los cielos, o sea, del período de
la Iglesia y del período del Milenio, antes del juicio final; y
lógicamente antes del cielo nuevo, antes de la nueva tierra, y antes de
la Nueva Jerusalén. Él está hablando del reino de los cielos. Entonces
cuando dice: "un rey quiso hacer cuentas con sus siervos",
sus siervos aquí se está refiriendo a los que pueden ser convocados al
Tribunal de Cristo; y entonces vamos a ver los versos, por causa de los
hermanos que no están acostumbrados todavía con estos detalles.
Vamos al capítulo 14 de Romanos, versículo 10; allí dice el apóstol Pablo de la siguiente manera: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? (está hablando de los hermanos) Porque
todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está:
Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda
lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios
cuenta de sí". Entonces aquí está hablando del tribunal de Cristo
para nosotros; allí está incluido Pablo, los apóstoles; o sea que es
para los hijos, para los siervos.
2ª a los Corintios capítulo 5 versículo también 10; aquí tenemos, como se dice, dos testigos: toda palabra conste en boca de dos o tres testigos; aquí vamos a un testigo nuevo, 2ª a los Corintios 5, versículo 10; dice allí: "Porque es necesario (noten, necesario, nadie puede escaparse de esto) que todos nosotros (aquí "nosotros" somos los creyentes, los hijos, hasta los apóstoles, todos los siervos de Dios) comparezcamos
ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".El galardón que los vencedores recibirán es adicional a la salvación eterna. En Efesios dice: "por gracia sois salvos, no por obras, para que nadie se gloríe".
En cuanto a la salvación eterna, somos salvos porque Él murió por
nosotros, derramó Su sangre hasta la muerte, y nosotros creímos y lo
recibimos; ahora somos salvos eternamente y somos hijos. Pero ahora los
hijos somos siervos y servimos a Dios, y ese servicio, bueno o malo, el
servicio y también los pecados no confesados, y los estorbos y
escándalos de los hijos, de los siervos, van a ser juzgado en el
Tribunal de Cristo, no para decidir la salvación, porque ya la salvación
está decidida: "El que oye a mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida, no vendrá a condenación".
En el Tribunal de Cristo no se decide la salvación eterna, pues la
salvación eterna se decidió cuando creíste en el Señor Jesús; ahí lo
recibiste y se decidió la salvación eterna; pero además de la salvación
eterna, como la salvación te hace hijo, y como hijo te haces siervo, ese
servicio va a ser galardonado no con la salvación eterna, sino con la
salvación del alma en el Reino Milenial; el Reino es una posición
especial, como está escrito: Sé sobre diez ciudades, sé sobre cinco ciudades; el Reino Milenial es una posición, algo adicional a la salvación eterna.
1ª
a los Corintios 3 nos habla de la diferencia entre galardón y
salvación; me perdonan los que ya conocen esto que vayamos tan despacio
por causa de los demás. 1ª a los Corintios capítulo 3; voy a leer desde
el versículo 12 en adelante: "Y si sobre este fundamento…",
(o sea, ya la persona está en el fundamento que se acaba de decir, que
es Jesucristo; ya está salva, la persona ya es salva) "si sobre este fundamento alguno edificare",
ahora ya habla de edificar, no habla de creer para la salvación; pero
después de creer, ya eres salvo, ahora eres siervo, y entonces el
trabajo ahora es edificar, no está hablando de la salvación, está
hablando de la edificación realizada por los salvos, los que ya están en
el fundamento; "si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera (que es distinto de oro), heno (que es distinto de plata), hojarasca
(que es distinto de piedras preciosas; oro se refiere a la naturaleza
divina, plata se refiere a la redención, piedras preciosas se refiere a
la obra transformadora del Espíritu Santo; en cambio madera se refiere a
lo meramente humano; heno es pura paja; hojarasca son las hojas que
caen, que no tienen vida, que no están viviendo del árbol, y entonces
están secas; esa es la hojarasca; entonces hay cosas que nosotros
hacemos en la carne, y eso es pura paja; no está hablando de la
salvación, sino del trabajo de los salvos por gracia; entonces dice
aquí: "la obra de cada uno se hará manifiesta porque el día la declarará"; habla de la obra, no está hablando de la salvación; "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada"; ahora dice aquí: "y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, ( no está hablando de la salvación, la salvación ya es un hecho, está hablando del reino) recibirá recompensa"; noten: "si"
es un condicional, no está hablando de la salvación, la salvación es
creer, ya eres salvo, pero ahora los salvos trabajan, y ese trabajo se
prueba en el Tribunal de Cristo, para definir su posición en el Reino,
no la salvación, la salvación ya fue definida, es otra cosa la que se
define aquí; entonces dice aquí: "si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa",
no dice: la salvación; la salvación no es por obras, para que nadie se
gloríe; pero la recompensa sí es por obras; el lugar en el Reino. "Si la obra de alguno se quemare",
si era un siervo, pero lo que hizo, él mismo lo borró, escribió con la
mano y borró con el codo, que es lo que nos pasa muchas veces, "Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida", habla de sufrimiento y de pérdida, y ahora habla de fuego, pero no eterno; "sufrirá pérdida", es decir, en relación con el galardón, "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego".
O sea que la salvación es diferente del galardón; será salvo ¿por qué?
porque él no pierde la salvación, la salvación es un regalo, la
salvación no es un préstamo. Cuando Dios sabía que nadie se podía salvar
si Él no le daba la salvación, los que creyeron la recibieron,
son salvos; pero eso no quiere decir que porque son salvos no tengan que
ser hijos y siervos, y que no tengan que ser corregidos o
recompensados, no con la salvación, sino con su lugar en el Reino, o su
exclusión temporal del Reino, ¿ven?
Entonces,
teniendo en cuenta esto, volvamos a 2ª a los Corintios capítulo 5,
porque hicimos esta disgresión para captar de que es de lo que está
hablando aquí, para no confundir salvación con galardón, ni salvación
por obras; no, no es salvación por obras, es salvación por fe; pero si
la salvación es por fe, ¿qué lugar tienen las obras? Este es el lugar de
las obras, no para salvar, sino para edificar y ser recompensados en el
Reino; es algo adicional y diferente de la salvación que es un regalo,
¿amén? ¿está claro? Entonces volvemos a 2ª a los Corintios 5; estamos en
el verso 10: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba…", noten, aquí no se está decidiendo "la salvación"; ¿qué se decide en el tribunal de Cristo? El lugar en el Reino. "Bien hecho, siervo fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades,
o sobre 5, o sobre dos; ¿tú quien eres y qué hiciste? Pero si no se te
reconoce, entonces vas al castigo temporal, ¿se dan cuenta? Entonces
dice aquí: "para que cada uno reciba según lo que haya hecho…", ya no es solo por la fe; la fe es para salvación, pero aquí no se está definiendo la salvación, ¿ven? "…mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo";
si hizo algo bueno, va a recibir recompensa; pero si hizo algo malo y
no lo arregló, va a sufrir pérdida; y aunque su salvación no se pierde,
pasa por fuego; un salvo que sufre pérdida y pasa por fuego. Aquellos
siervos, que sabiendo la voluntad de su Señor, no se prepararon ni
hicieron, son castigados con pocos o muchos azotes, y van a la prisión
hasta que paguen el último cuadrante. Aquí no está hablando de que
él tiene que pagar por su salvación, como si el Señor no pagó, no; el
Señor ya pagó su salvación; aquí lo que él tiene que pagar, el precio
que el hombre tiene que pagar, es el precio para madurar, para ser hecho
a la imagen de Cristo, para desagraviar al agraviado. La salvación no
se está discutiendo aquí; no vayan a confundir una cosa con otra; la
salvación es un regalo; pero para ser maduro y ganar el alma
asemejándola a Cristo, hay que pagar un precio; si no lo paga aquí, le
toca pagarlo allá; también aquí un poquito, o más adelante y después.
Entonces
nos vamos dando cuenta de que no es cuestión de salvación eterna; nadie
vaya a salir diciendo de aquí que la salvación es por obras; ya lo
estamos diciendo muy claro; pero los salvos son hijos cuyo servicio o
pecado se juzga en el Tribunal de Cristo, donde se determina si su
edificación perduró o si se quemó; entonces allí se decide su posición
en el Reino, si va a estar reinando, o si va a ser excluido del Reino
como aquellos que son excluidos, como aquellos que van a prisión
temporal; no saldrá de allí hasta que pague el último cuadrante,
o sea, hasta que llegue a ser transformado como para no echar a perder
el Reino de los otros, y haya desagraviado al que agravió y aún no
solucionó su problema; porque si no somos transformados aquí, echamos a
perder el reino; ysi no somos trasformados en el Reino, el Cielo y la
Nueva Jerusalem; así que tenemos que ser corregidos aquí para no dañar a
los demás. No estamos hablando del infierno indefinido, o sea, de la
gehena, pues la gehena es para los perdidos eónicamente; aquí estamos
hablando del proceso del reino de los cielos; hay correcciones en la era
de la Iglesia y correcciones en la era del Milenio.
Vamos
a ver las correcciones en la era de la Iglesia; vamos a 1ª a los
Corintios otra vez, capítulo 11; leemos desde el versículo 27: "De manera que cualquiera que comiere este pan (la mesa del Señor) o bebiere esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor".
Una persona que participa de la cena del Señor, es un creyente, es un
hijo; está hablándole a la iglesia; sin embargo, puede estar culpada,
haciendo las cosas en broma; entonces ¿qué viene? "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así", habiéndose probado, habiendo pedido perdón, habiéndose reconciliado con Dios y los hermanos; "como así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí";
aquí no es el juicio eterno; vamos a ver por el contexto que es un
juicio temporal, es un juicio que se cumple durante la era de la
Iglesia, y si no fue suficiente, continuará durante el Milenio, dice: "juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay (es la era de la Iglesia) muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (o sea, mueren antes de tiempo). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos…",
si reconocemos nuestras faltas, somos honestos, falté en esto,
reconozco, perdóname, perdónenme, Señor y hermanos; listo, la sangre del
Señor lo limpió, se acabó, ¿ven? Puede ser que si la persona lo está
tomando livianamente, el Señor le permite una disciplina, pero lo
perdonó, ya fue reconciliado, David ya tiene comunión con Dios; Dios te ha perdonado
le dijo Natán a David; sin embargo el hijo murió, sin embargo tuvo
problemas con su familia, porque la disciplina no fue quitada todavía;
él fue perdonado, el gozo de la salvación vino, pero la disciplina le
duró un poquito, porque es un hijo, porque es una hija, entonces el
perdón de la disciplina es más demorado; el perdón eterno es de una vez y
para siempre; el perdón de comunión también es instantáneo, tan pronto
te arrepientes y pides perdón; pero el levantamiento de disciplina es
diferente, ¿amén? Dios es sabio y sabe cómo tratarnos para
transformarnos.
Seguimos aquí en 1ª a los Corintios 11; estamos en el verso 31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados";
¿cuál es este juicio aquí? No es el eterno, sino que es el de una
enfermedad, o el de una debilidad, o el de una muerte prematura, se
accidentó, alguna cosa, ¿verdad? Se le acabó el tiempo de seguir
sirviendo y edificando su tesoro, su cuenta, porque la Biblia habla de
que tenemos una cuenta; pero no para salvación eterna, pues eso ya está
definido; es una cuenta para el Reino, el galardón adicional a la
salvación. Entonces vemos acá: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", o sea, juzgados con debilidad, con enfermedad y hasta con una muerte. Dice: "mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" Entonces este castigo no es eterno, no es la condenación eónica, ¿se dan cuenta? Castigados para no ser condenados; o sea que Dios a sus hijos
nos corrige porque El ya nos perdonó y nos perdona, y nos perdona
constantemente; pero si vamos a seguir haciendo de las nuestras, nos
tiene que corregir; cualquier padre corrige a su hijo, no porque no sea
su hijo, sino porque es su hijo; Él comienza por su casa a corregir a
los suyos, a veces con problemas, con dificultades; no sabemos qué es lo
que está pasando; pues. Hermano, lo que está pasando es que la
disciplina está decretada porque es un hijo falluto.
Vamos
al Salmo 89, que algunos ya lo conocen, pero para enriquecer esto, voy a
leer desde el versículo 26, para ver la promesa del Señor para con
Cristo: "Él me clamará, (el Hijo me clamará) Mi padre eres Tú";
aquí está hablando del Hijo de Dios, de Cristo; es una profecía acerca
de Cristo, y de la obra de Cristo, y de los hijos de Dios gracias a
Cristo; "Él me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación"; y ahora dice el Padre: "Yo también le pondré por Primogénito"; Jesús es el mayor entre muchos hermanos; "le pondré por Primogénito, el más Excelso de los reyes de la tierra" Quién es? Jesucristo, Señor de señores, Rey de reyes, "el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y su trono como los días de los cielos". Ahora ¿qué pasa si nosotros sus hijos, que decimos ser cristianos, que amamos a Dios, comenzamos a pecar? "Si
dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren
mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con
vara su rebelión"; esa vara puede ser debilidad, enfermedad, problema; "castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades";
esos azotes pueden ser aquí en la era de la Iglesia, pero si es
necesario continúan en el Milenio, porque también se dice que en el
Tribunal de Cristo habrá personas que se presentarán con cosas malas, y
entonces tienen que continuar en el Milenio los azotes; por eso dice: unos serán azotados poco y otros serán azotados mucho;
los azotes empiezan aquí, para que aquí nos corrijamos; pero si no nos
corregimos aquí, continúan en el Milenio, ¿ven? Entonces dice: "castigará con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, más no quitaré de él mi misericordia"; no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que está en la disciplina del Padre; "no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad, no olvidaré mi pacto"; el
Señor murió por nosotros, no tenemos otra esperanza, hemos creído y lo
hemos recibido, y la dádiva de Dios es vida eterna, salvos eternamente,
ah! pero porque soy salvo ¿puedo pecar? No, el Padre te corregirá si
pecas. Entonces dice: "ni mudaré lo que ha
salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a
David. Su descendencia será para siempre"; habrá pasado por fuego, pero sigue salvo en Cristo, salvo como por fuego, por el castigo. "Y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo";
o sea que la salvación es eterna por causa de la unión con Cristo. Si
pecamos, podemos ser castigados aquí o en el Milenio, ¿amén, hermanos?
Ahora,
si entendimos 1ª a los Corintios, que somos castigados por el Señor
para que no seamos condenados con el mundo, entonces ¿cuál es la era del
castigo? Aquí, mientras estamos en la tierra, y después del Tribunal de
Cristo, durante el Reino del Milenio; ahí es el galardón o el castigo
temporal, que podemos llamar dispensacional, si queremos.
Volvamos a Mateo 18, porque todo esto era para entender esta frase: "un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos"; estábamos tratando de entender esa frase. Estamos en el 18:23 de Mateo: "el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas…",
esas cuentas son en el tribunal de Cristo, ¿ven? Claro que el Señor
quiere que te vaya bien en el Tribunal de Cristo, y te corrige aquí; por
eso dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo;…no te fatigues cuando eres disciplinado…;
porque ahí es cuando Dios te está demostrando Su amor; Él te está
disciplinando temprano, para que estés mejor en el Tribunal de Cristo;
pero algunos se escapan acá queriendo salvar la vida almática, pero allá
no se escaparán; es mejor llevar el yugo desde la juventud, el yugo del
Señor, ¿amén? Entonces dice aquí: "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado", aquí ninguno se escapa; porque ¿qué dice el Señor? que Él enviará sus ángeles y reunirán a sus escogidos;
y también ¿qué dice en cuanto a la red? Que recogerán peces buenos y
otros malos, unos que causan tropiezo; ¿qué hace el Señor? Los
apresa con sus ángeles; no hay bandido que se escape del Señor y de sus
ángeles; a cualquier bandido lo agarran y lo traen; ya sea al Juicio
del Trono Blanco, pero si es un hijo que se hace el bandido, también se
lo traen al Tribunal; entonces dice aquí: "fue presentado uno que le debía", no es cualquier bobería, "diez mil talentos",
aquí el Señor usó una medida tan grande; por el contexto en el griego
se nota después de que era una gran deuda la que tenía esta persona,
este siervo de un rey, le tenía una deuda de diez mil talentos; ¿saben
cuántos son diez mil talentos? Miren, el salario de un día es un
denario; y 6000 denarios es un talento; diez mil talentos son sesenta
millones de denarios; seguramente de ese rey tenía que ser algún
ministro; aquí está mostrando el Señor que lo que Él nos da es muy
valioso, y por eso tenemos que responder, ¿ven? Y este había dilapidado
lo grande, lo glorioso, lo inmenso que fue puesto en sus manos; eso es
lo que significa diez mil talentos; son los talentos áticos, antiguos,
que son 6000 denarios por un talento; y un denario es el jornal de un
día; imagínense lo que son 6000 denarios por un talento, y diez mil por
seis mil son sesenta millones de denarios; aquí el Señor está mostrando
que lo que Él ha puesto en manos de sus siervos no es una cosa pequeña,
es una cosa muy, pero muy grande. Pero ¿qué hizo este siervo? "A éste, como no pudo pagar,…",
aquí está mostrando la condición del hombre; el hombre en sí mismo no
puede pagar, y transmite su naturaleza pecaminosa a su familia; él no
pudo pagar, y dice acá: "como no pudo pagar, ordenó su señor venderle";
es decir, lo justo es que él pague lo que debe; si no se basa en la
misericordia, en la gracia de Dios, paga él, y paga su familia, y pagan
sus hijos, porque todos los que son hijos de pecadores son pecadores,
¿se dan cuenta? Además que aquí está el asunto de la enseñanza de la
esclavitud antigua.
Antiguamente,
cuando una persona estaba en una guerra, digamos, cuando la guerra era
justa, un país había ofendido a otro país, y entonces hubo una guerra de
desagravio y también de recuperación, como pasó, por ejemplo, en
Kuwait; llegó Irak y pasó por encima y agarró Kuwait; e inmediatamente
vino la reacción del mundo a hacerle devolver a Kuwait; entonces eso es
lo que se llamaría una guerra justa, es decir, una guerra de desagravio y
de recuperación de lo que fue robado. (Aunque en el caso de Kuwait
parece que hubo maniobras para inducir a Irak, para luego, por el
petróleo, justificar la invasión usurpadora). Entonces ¿qué pasaba
cuando había esas guerras? Estoy hablando de la antigüedad; mencioné
ahora al Irak actual, pero volviendo a lo que era la costumbre en la
época antigua, acordémonos de que aquí estaba en vigencia la ley, cuando
Jesús está hablando; entonces ¿qué sucedía? Los prisioneros de guerra
tenían que pagar, y eran esclavizados, tenían que trabajar para los
victoriosos; y también si alguien robaba, y no podía pagar, tenía que
pagar con su trabajo.
Vamos
a leer las leyes del Antiguo Testamento, para entender un poco mejor
este asunto de las leyes de la esclavitud, para entender esta frase
aquí. Éxodo capítulo 22, dice en los tres primeros versos, y pongan
atención por favor, dice así: "Cuando alguno hurtare",
mire cómo era la ley de Israel para los que estaban bajo la ley.
Acuérdense de que Israel estaba en medio de unos países bárbaros; Israel
también venía de ser bárbaro; y las leyes eran todavía más bárbaras;
ahora Dios está apaciguando de a poco esa barbaridad de la época
antigua. Entonces dice aquí: "Cuando alguno hurtare buey u
oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y
por aquella oveja cuatro ovejas." Eso es lo que Dios consideraba justo. "Si
el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido, y muriere,
el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día…", ya no de noche, porque de noche uno no sabe y está defendiendo la vida, ¿ven? "Pero
si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón
hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su
hurto"; es decir, él robó y no tiene como pagar, entonces queda como
esclavo para que por medio de su trabajo pague lo que se robó, ¿verdad?
Podemos
inclusive pasar a la página anterior, para que veamos las leyes sobre
la esclavitud, para entender un poco aquí por qué leímos eso en los dos
deudores; capítulo 21 desde el verso 7: "Y cuando alguno vendiere su hija por sierva", miren cosas que sucedían en ese tiempo; o sea, no podía vivir, y vendió su hija por sierva; "no saldrá ella como suelen salir los siervos". Los siervos salían al séptimo año; pero aquí eran tomadas como esposas. "Si
no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le
permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando
la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella
según la costumbre de las hijas"; ya dejó de ser una esclava, ahora es una hija. "Si tomare para él otra mujer," si aquel hijo que tiene a esta esclava por mujer, tomare otra mujer, dice: "no
disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si
ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia, sin dinero";
esa era la ley de esclavitud que antes era terrible; aquí el Señor le
está poniendo orden a lo que era antes; se volvió una esposa, y tiene
que cumplir con ella; y si no cumple, ella es libre; o sea, el Señor
está liberando la esclavitud bárbara que había en esa época.
Pasemos a Deuteronomio capítulo 23 versículo 15; allí también habla de las leyes; y el 16: "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo";
aquí vemos como el Señor estaba aligerando la esclavitud. Filemón se
volvió un hermano, y Pablo mandó a Onésimo mismo con una carta: recíbelo como a un hermano, no para que fuera esclavo, sino recíbelo como a un hermano, como a mí; entonces dice: "No
entregarás a su señor el siervo que huyere a ti de su amo. Morará
contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus
ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás." Miren como el
Señor estaba aligerando la esclavitud que fue tan común, y que incluso
en los siglos posteriores del Cristianismo todavía ha habido esclavitud,
y hasta hoy hay esclavitud; había personas que iban, portugueses que
decían ser católicos, holandeses que decían ser creyentes, se iban al
África a robar personas y a venderlas en los mercados para trabajar en
las minas; ¡terrible! El Señor a eso lo llamó secuestro, y lo castiga
terriblemente; el Señor no permitía esa clase de esclavitud que era lo
común, incluso en épocas dizque civilizadas, y todavía había grupos de
raza negra que se robaban a otros de raza negra para vendérselos a los
negreros, cosas terribles; entonces estamos viendo como eran las cosas
en esa época; hay otros versículos allí en la Escritura.
Vamos
a pasar a Génesis capítulo 17; allí el Señor quería que, los que eran
esclavos en ese momento, entraran a formar parte de la familia, como
persona de la familia. Dice desde el vero 11: "Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio (es decir cortar con la carne)
y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días
será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones;
el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, (porque se compraban personas por causa de la esclavitud, ¿se dan cuenta?)
que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y
el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto
perpetuo".
Ahora pasamos a Éxodo 12 versículo 44 en la continuación de esto; dice así: "Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella (de la pascua) después que lo hubiere circuncidado";
o sea que el Señor estaba calmando la esclavitud. Tu siervo también va a
ser circuncidado, va a entrar en Mi Pacto y va a participar de la
Pascua, y vas a tratar bien a tu siervo; y hay muchas otras leyes que el
tiempo no nos da, pero Dios decía: El año séptimo sale libre y no lo vas a enviar con las manos vacías,
no, sino que le vas a dejar de tus vacas, de tus ovejas, le vas a dar
su esposa, su casita; y él sale; o sea que el Señor aligeró lo que era
la esclavitud, la hizo más bien suave, de tal manera que algunos siervos
no querían dejar su casa. Decían: yo tengo aquí todo seguro, yo tengo
trabajo y estoy viviendo bien; mi amo me trata como un hijo, como un
amigo, así como aquel centurión de la Biblia que tenía un siervo
enfermo, decía que era su niño. Primero, cuando cuenta la historia, dice
que era siervo; pero él dijo que era su niño; era alguien que él amaba
como un hijo; está enfermo, por favor di la palabra y mi siervo, mi niño, mi muchacho, dice el griego, sanará;
y de hecho hubo épocas cuando Lincoln en Estados Unidos, después de
esas guerras, abolió la esclavitud; ya vino una ley que dijo: todos los
esclavos son libres; y hubo muchos esclavos que se levantaron, fueron a
la plantación, trabajaron, y no se iban; decían: somos libres, pero ¿a
dónde nos vamos a ir? Bueno, entonces se quedaron y aceptaron trabajar
con eso; vamos a pagarles tanto, y se volvieron personas que trabajaban
en común acuerdo con un salario, durante la propia independencia, y la
abolición de la esclavitud en Estados Unidos, con los que eran buenos;
claro que eso no fue en todo lugar; hubo perversos; pero hubo casos en
que los propios esclavos no se fueron, y quisieron quedarse trabajando
con sus amos como alguien más de la familia. Cuando aquellos patrones
tenían un corazón cristiano, incorporaban en su familia a los que antes
habían sido esclavos; entonces quise leer todo esto, porque a veces, si
no tenemos en cuenta el trasfondo, la época, la cultura en que se está
hablando, la juzgamos en el siglo XXI; y Él está hablando aquí en el
siglo I, cuando estaban bajo la ley, cuando a través de la ley en Israel
Dios estaba suavizando condiciones peores; entonces Él está hablando
aquí con ese trasfondo.
Volvamos a Mateo capítulo 18:25: "A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; ahora tiene que trabajar y pagar con su trabajo, ya que no puede pagar de otra manera; "y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda",
es decir, aquí está mostrando que se nos ha dado algo muy grande, que
somos absolutamente deudores y que no podemos pagar. Entonces sólo
porque el Señor es movido a misericordia, somos perdonados, ¿ven?
Verso 26: "Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia
(aquí la palabra no es paciencia, sino longanimidad, que es también
como paciencia, demórate más en cobrarme y te lo pagaré todo) conmigo, y yo te lo pagaré todo".
Realmente, él pensaba que iba a poder pagar; a veces nosotros pensamos
que podemos pagar lo que debemos; nosotros naturalmente podemos decir:
yo tengo que llevar mi "karma" encima y voy a pagar; ay, ay, no somos
budistas, hermanos, somos cristianos; aquí nadie puede pagar; si el
Señor no paga por nosotros, nadie se salva; pero él decía: te lo pagaré todo; este siervo no sabía en qué base estaba.
Verso 27: "El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó (o sea, lo dejó libre, aunque lo habían traído preso, un ajuste de cuentas), y le perdonó la deuda"
Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros; cualquiera de nosotros debe
acordarse, cuando vamos a tratar con otro, cuando vamos a reclamarle a
otro, qué es lo que el Señor nos ha perdonado, de qué nos ha librado el
Señor; eso es lo que siempre tenemos que recordar: El Señor me ha
perdonado dos, cuatro, cinco millones de veces, ¿cómo no voy a perdonar
yo? Pero miren lo que pasó. Ah! es que el hombre es terrible: "Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos",
o sea uno igual a él, alguien igual que él, un consiervo; el otro era
el señor, y el señor le perdonó a él diez mil talentos, 60 millones de
denarios; y su consiervo le debía cien denarios, es decir, más o menos
tres meses y un poquito le debía; "halló a uno de sus consiervos"; esta palabra "halló", realmente es encontró; o sea que él se vio de pronto con su consiervo "que le debía cien denarios", o sea, una sesentamilaba parte de lo que a él se le había perdonado; "y asiendo de él, le ahogaba, diciendo:"; primero actuó y después habló; aquí la palabra "ahogó"
es que lo estaba como estrangulando, lo estaba ahogando, págame lo que
me debes, págame lo que me debes, lo estaba casi ahogando al otro, no lo
dejaba ni respirar; eso está mostrando el Señor con esta parábola, como
somos nosotros, se nos olvida que hemos sido perdonados de algo tan
grande, sin embargo estamos ahogando al otro, reclamando constantemente.
¡Señor, ten piedad de mi!
Verso 29: "Entonces su consiervo", noten, como para recordar lo que había pasado con él, el consiervo hizo lo mismo que había hecho él con el señor, "postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré",
el todo aquí agregado. Fíjense, lo mismo, era como para que él se
acordara, mire él está ahora en la situación que yo acabó de estar; y ni
siquiera así él quiso perdonar. "Mas él no quiso", es decir, endureció su corazón, no quiero, no quiero, le mantengo la deuda, y dice: "sino fue",
y aquí la palabra fue son tres letras en español; en griego son más
letras, y es insistir; ustedes saben que estaban en medio de cuando era
el imperio romano, y no podían meter a alguien en la cárcel así no más.
Para meter a un siervo en la cárcel tenían que ir a un tribunal y tenía
que haber un juez, testigos, un fiscal acusador, un defensor, y después
de todo el juicio entonces el otro iba a la cárcel; o sea que este
hombre estaba tan duro que hizo todo esto; son tres letras "fue", pero
ese fue es mucha cosa; una persona dura, insistió e hizo todo el trámite
para hacerle a otro mal, para cobrarle al otro; son tres letras, pero
hay que entenderlas, "fue y le echó en la cárcel", eso
no es tan fácil, es un todo un trámite que hizo movido por la maldad,
por el enojo, por el odio, por la amargura, por la venganza; qué
terrible es el corazón humano, ¿verdad? "hasta que pagase la deuda";
ahora aquí está hablando de siervos; cuán terrible es nuestro corazón
en su naturalidad, si no estamos en el Señor, en el Espíritu.
Verso 31: "Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho";
hay una tristeza primero con lo que él es, como él es; segundo, lo que
está haciendo a otro, y la ofensa que le está haciendo a su señor que le
perdonó; eso causó tristeza, por la ofensa al rey, por la ofensa al que
casi ahoga, y por lo que él mismo se hizo, tan miserable; entonces se
entristecieron; y ahí comenzaron a orar, a interceder; dice: "viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y refirieron a su señor todo lo que había pasado";
cuando en oración se empieza a contar las cosas: Señor, tócalo,
trátalo, Señor, soluciona esto, Señor, ayuda a este pobre que está en un
problema.
Verso 32: "Entonces, llamándole su señor",
ahí está, ahí viene la disciplina, ¿se dan cuenta? No es que se salvó y
perdió la salvación; aquí entran en discusión calvinistas y arminianos;
no; por eso desde el principio hablamos de que es en el contexto del
Reino Milenial, de la disciplina dispensacional, del perdón de
disciplina; ese es el que se demoró acá en arreglar sus cosas. "LLamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné"; el Señor le está recordando y haciendo entender todo lo que Él perdonó; "te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías…",
oigan la palabra "deber"; cuando somos perdonados, adquirimos el deber
de perdonar. Hermanos, y si hacemos cuenta de todo lo que hemos sido
perdonados por Dios, es este el deber que está sobre mí, sobre tí, sobre
cada uno de nosotros: "¿No debías tú también tener misericordia de tu
consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" Porque se dice: "el
que hiciere misericordia, se hará con él misericordia. Bienaventurados
los misericordiosos porque alcanzarán misericordia; pero él que no
hiciere misericordia, juicio sin misericordia se hará con aquel que no
hiciere misericordia; por eso la misericordia triunfa sobre el juicio".
Señor, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, y la Biblia
dice que tiene que morir apedreada; el Señor no dijo que esa no era la
ley, sino que dijo: el que esté libre de pecado, tire la primera piedra;
y ahí si se dieron cuenta de que todos eran iguales de pecadores, o
peores, y se fueron empezando por los más viejos, porque más pecados
tenían; y dijo Jesús: ni yo te condeno, vete y no peques más. Sí era un pecado, pero tuvo misericordia de ella. Juicio sin misericordia se hará con el que no hiciere misericordia. "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?"
Verso 34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; dos veces en la Biblia aparece la palabra "verdugos";
aquí y en el Antiguo Testamento; en el Antiguo Testamento son ángeles.
Vamos a ver los verdugos en el Antiguo Testamento; vamos a Ezequiel
capítulo 9, y volveremos aquí. Ezequiel 9, para entender esta palabra "verdugos";
aquí aparece desde el capítulo 1 hasta el 9 la visión de los pecados de
Jerusalén, de los mismos líderes; en el capítulo 8 las abominaciones de
Jerusalén; entonces, claro, después de todo el pecado del que era su
pueblo, leyendo del 1 al 8 hay las abominaciones del pueblo de Dios, del
liderazgo mismo del pueblo, los ancianos del pueblo haciendo
abominaciones, eso lo digo para que no nos resulte tan duro el 9; pues
acaba de venir de declarar las abominaciones; entonces dice: "Clamó en mis oídos"; aquí está la voz fuerte del Señor, "con
gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno
trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones
venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y
cada uno traía en su mano su instrumento para destruir, y entre ellos
había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de
escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce". Lo primero fue el altar, para ver quien estaba bajo la expiación; pero nadie, todos pecaban y ninguno pedía perdón. "Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa;"
o sea, primero estaba en el Santísimo y se puso en el lugar santo de la
casa, después se puso en la puerta de oriente y se fue, abandonó la
casa y la gloria se fue; y dice: "y llamó Yahveh al varón
vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le
dijo Yahveh: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y
ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a
causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella", o
sea, a los que no concuerdan con las abominaciones que se están
haciendo; vayan márquenlos; él fue, marcó a Ezequiel, casi a nadie más;
todos los demás eran indiferentes y eran partícipes de la locura como
está el país, una locura de matanzas, de orgías, de sangre, de las
peores barbaridades. Bueno, primero marca a los que gimen, a los que no
están de acuerdo con esto; y después dice: "Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él";
primero en pos, o sea, primero los marcados, como cuando el juicio
venía sobre los egipcios, los de Israel estaban bajo la sangre; primero
hubo la misericordia, pero de los que no aceptan la sangre del Cordero,
los que siguen sus abominaciones, entonces dice: "Pasad por
la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis
misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta
que no quede ninguno, pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no
os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde
los varones ancianos que estaban delante del templo"; noten que
terrible. Ezequiel dijo: Señor, no está quedando nadie; estos ángeles
son llamados los verdugos, son los que vinieron con Él por el norte.
Primero viene el aspecto espiritual, el juicio espiritual, los ángeles
moviendo las circunstancias; y después vienen los acontecimientos, como
fue la invasión de Nabucodonosor, los caldeos y de los babilonios, y
arrasaron con Israel; Dios trajo juicio, pero ese juicio fue arreglado,
ordenado por ángeles; y aquí la Biblia habla de verdugos; dos veces no
más aparece la palabra "verdugos"; ¿qué dice el Señor? que serán atormentados delante del Cordero y de sus ángeles, y que el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo.
¿Usted piensa que en este momento Pablo Escobar estará teniendo reposo?
¿él a cuantos mató, a cuántos robó, a cuántos incineró? ¡Cuánta locura
hizo! ¿Usted piensa que está muy feliz ahora? Hermanos, sólo mencioné
uno, pero la historia está llena de barbaridades, de abominaciones;
entonces por eso tiene que haber juicio, por eso la palabra "verdugos",
¿ven? Entonces la palabra es "verdugos"
Volvamos a Mateo 18:34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; Dios
lo permite, incluso le entrega. Por ejemplo, dice que aquellos ángeles
que van a salir del abismo, van a atormentar por cinco meses a los que
no tengan el sello del Dios vivo que es el Espíritu Santo, en la gran
tribulación; Dios primero tiene que dar permiso para que haya un
castigo; ¿por qué a veces hay países que tienen castigo? Uno no sabe lo
qué está haciendo Dios; le pasó a uno, pero le tocó a usted después. Si
ustedes no se arrepienten, también sucede con ustedes, dice el Señor.
Dice acá: "le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía";
vemos aquí que esto no se refiere tan sólo lo que la expiación paga,
sino a lo que el hombre debe pagar; él era una persona que fue
perdonada, pero su carácter no era el de Cristo; entonces tenía que ser
corregido; y para ser corregido fue entregado a los verdugos; a veces es
aquí en la tierra, a veces es en el Milenio. Dice que será azotado
mucho; los que lo azotan, lógico que son los verdugos; esos son los que
azotan. A veces Dios permite incluso a espíritus
malignos, como le pasó a Saúl, que vinieron a estorbarlo. Entonces Dios
nos guarde y nos dé un corazón misericordioso y perdonador.
Verso 35: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros"; y El está hablando a sus discípulos, "si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas".
Hermanos, el Señor busca que perdonemos de todo corazón, no guardar
nada en el corazón, perdonar y listo; ya el Señor juzgará, porque el
Señor dijo: no os venguéis vosotros mismos, mía es la venganza, dejadme a mí dar el pago.
Si alguien está siendo injusto contigo, tú perdónalo; Dios sabe lo que
va a hacer, tú no guardes rencor, no guardes amargura, deja tu corazón
libre, quédate con el Señor, perdona tú, porque tú has sido perdonado y
perdonado muchas veces; entonces perdonemos y no nos cansemos de
perdonar. Esto ¿lo dijo cuándo? Cuando Pedro le había dicho: ¿cuántas veces perdonaré, hasta siete? No, hasta setenta veces siete;
o sea que hay que estar dispuestos a perdonar siempre para no ser
atrapados por el odio, por la amargura, por la venganza, por el rencor,
que es lo que más nos destruye; perdonemos y dejemos al Señor dar el
pago. El Señor, cuando padecía no condenaba, sino que encomendaba la
causa al que juzga rectamente. Señor, tú sabes, yo perdono, no quiero
guardarlo en mi corazón; paso por alto esto; está en tu mano, límpiame; y
entonces el Señor nos ayuda a perdonar. Y lo que dijo en el "Padre
nuestro", y con esto termino, fue lo mismo que dijo acá: "porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará";
aquí se refiere al perdón de disciplina, que es el perdón de gobierno,
¿amén? Cuando el Señor salva, su Palabra no vuelve atrás; pero si
necesita castigar, castiga a los salvos para que sean corregidos. Nunca
nuestro castigo paga la expiación; aquí no se trata de la expiación,
aquí se trata del precio para ser transformados, la disciplina de Dios.
Vamos a dar gracias a Dios.
Padre
Dios, Te agradecemos que nos hayas concedido considerar estas palabras
solemnes del cielo pronunciadas en la tierra a tus siervos; y ahora,
Señor, nosotros las hemos oídos para que las obedezcamos. Señor, concede
a nuestro corazón perdonar, concede a nuestro corazón no retener nada a
nadie, porque nosotros sabemos de cuantas cosas hemos sido perdonados
por Ti, y cómo constantemente nos estás perdonando de nuestras
barbaridades y abominaciones. Señor, ten compasión de nosotros, danos un
corazón misericordioso para también alcanzar misericordia, que es lo
que Tú quieres imprimir en nuestro ser. Te lo pedimos en el nombre del
Señor Jesús. Amén.
Esto dijo el Señor también delante de los fariseos y los saduceos que no querían perdonar. Gracias, hermanos.
Gino
Iafrancesco V., 27 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá
D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada
del autor.