El Blog

Calendario

<<   Febrero 2018    
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28     

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

General
Artículos y anotaciones generales

LOS ASIENTOS RESERVADOS Y LOS ÁGAPES

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:52, Categoría: General

(31) LOS ASIENTOS RESERVADOS Y LOS ÁGAPES EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (31) LOS ASIENTOS RESERVADOS Y LOS ÁGAPES Localidad de Teusaquillo (3 de junio de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Abramos la palabra del Señor en el libro de Lucas, en el capítulo 14. Estaremos considerando, con la ayuda del Señor, una parábola que el hermano William Hendriksen llamó de “Los asientos reservados”; lo encontró más ajustado al texto que el de “Convidados a la boda”, por la esencia de la lección; yo concuerdo con el hermano Hendriksen, así que voy a llamarle también con él: “los asientos reservados”. Lucas capítulo 14, desde el versículo 7; y estaremos considerándolo hasta el capítulo 14. Esta parábola solamente se encuentra en Lucas, no la registra ni siquiera Mateo, ni Marcos, ni Juan; y es el Espíritu Santo el que puso en el corazón de Lucas el llamar a este pasaje “parábola”. Hay una razón por la cual el Espíritu Santo le hizo llamar “parábola”; podría parecer una lección moral; de hecho, vamos a ver otros pasajes de la Biblia donde la misma lección aparece. El Espíritu en continuidad, en el corazón del Señor Jesús, se mantuvo en este sentir de Dios, pero el Espíritu Santo le acrecentó a Lucas el llamarle a esto una parábola; y la razón por la cual Lucas le llama parábola, es para mostrar la delicadeza del Señor Jesús; quizá sin llamarle parábola, podría alguno interpretarla como si fuera una impertinencia, pero al llamarle parábola, lo saca de un asunto coyuntural y lo levanta a un asunto general; o sea que el Señor no está tratando solamente cosas en esa coyuntura, sino hablando cosas generales para todas las coyunturas; principios. Entonces es una parábola, y vamos a leerla de corrido primeramente, y luego vamos a hacer algunos comentarios, enriquecer con la ayuda del Señor, con otros versos de la palabra, el sentir del Espíritu. “Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola (nótese que estos convidados no son los convidados de la parábola, no; son los convidados que estaban en esa ocasión especial), diciéndoles: Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste, y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. Dijo también al que le había convidado: (ese tampoco es un personaje de una parábola, sino un personaje de la vida real) Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. Cuando lo leemos, no pareciere una parábola, pero el Espíritu Santo dijo: es una parábola; el principio moral que aparece en esta parábola lo habían mencionado incluso unos rabinos antes del Señor Jesús, basados principalmente en el libro de Proverbios. Vamos al libro de Proverbios, al capítulo 25, versículo 7, y vamos a encontrar aquí el mismo Espíritu; acordémonos de que quien estaba operando en el Antiguo Testamento era el mismo Espíritu del Señor. Proverbios 25:7; este es uno de los Proverbios con que el Espíritu movió al rey Salomón, al sabio Salomón a escribirlo, y que fue recopilado por los varones de Ezequias, el rey Ezequías de Judá. Entonces, entre esos dice este verso 7 del capítulo 25 de Proverbios: “Porque mejor es que se te diga: sube acá, y no que seas humillado delante del príncipe a quien han mirado tus ojos”; o sea que aquí el Señor nos enseña por el Espíritu a no autopromovernos, a no meternos donde no nos corresponde, sino esperar el ser convidados. “Mejor es que se te diga: sube acá”, que -no, por favor, esto es privado, salga-; es mejor que nos conviden, y no que nos echen; mejor es que nos abran la puerta, y no que nos la tengan que cerrar. Entonces este Proverbio 25:7, aunque no es exactamente las palabras de la parábola, sí es el mismo principio. Entonces en Lucas 14:8 dice: “Cuando fueres convidado por alguno a bodas…”; ustedes saben que en las bodas se hace un tipo de ceremonia donde se reservan, tanto para la boda, como después para la cena de las bodas, se reservan ciertos asientos. Imagínense que alguien, por ejemplo, el padre o la madre que están trayendo a la novia o al novio, ellos lo traen hasta cierto lugar, y luego tienen su asiento reservado; imagínense que haya alguien aquí que sin darse cuenta, por ejemplo, un muchacho que vino y encontró bien práctico sentarse en esa silla vacía allí adelante; y vino y se sentó; y después tiene que decirle alguien, un ujier: -por favor, se levanta, porque esta silla está reservada para la madre del novio-, o para el padre de la novia, o para cualquier cosa. Hoy en día, las bodas y las cenas no son iguales en los detalles, pero sí tienen principios similares. Antiguamente las mesas eran en forma de “U”, como una especie de herradura; el que servía entraba por la abertura de la “U” y servía a las personas; entre los judíos, el lugar más prominente era el del medio; digamos que estaba la “U”, y el que estaba en la parte cerrada de la “U”, era, como decir, el que ocupaba el primer honor; entonces a la persona más honorable se le cedía ese lugar; y luego al siguiente se le cedía hacia la derecha y hacia la izquierda; y luego asimismo había una precedencia de honor, en cuanto a la mesa del anfitrión, o a la mesa del novio, o a la mesa del rey. Entonces, los que le seguían en honor se colocaban exactamente una mesa a la derecha y otra mesa a la izquierda, y había un orden. El primero en honor se colocaba en la mesa central, en la “U”, allí en el centro, y entonces, uno a la derecha, el otro a la izquierda, luego la mesa de la derecha, luego la de la izquierda; se seguía el mismo orden de honor. Esto quizás en un espíritu laodizaico, donde se ha perdido, digamos, la conciencia de la autoridad; porque lo que quiere decir “Laodicea” es: “los derechos humanos”, pero los derechos humanos a veces tomados a la fuerza, digamos, la anarquía, la falta de respeto, la falta de reconocimiento de las personas; sin embargo, en el reino de Dios existe un orden de prioridades, existe también un orden de respeto. Cuando, por ejemplo, ustedes leen las listas de los apóstoles, siempre aparece Pedro de primero. El Señor le dijo: -a ti te daré las llaves del reino de los cielos-, y aparece Jacobo de segundo, Juan de tercero, Andrés de cuarto, siempre Felipe aparece de quinto, y Bartolomé de sexto, y Jacobo hijo de Alfeo de noveno; ¿por qué? ¿por qué hay listas en que no va a poder aparecer Jacobo de primero, y Pedro de doce, o Felipe de octavo, y por qué siempre de quinto? Porque en el reino de Dios hay autoridades delegadas de parte de Dios; y no solamente en el reino de Dios, sino que todo el ámbito de la naturaleza y de la sociedad está gobernado también por Dios. En la nación hay un primer magistrado, y hay un presidente, hay una serie de ministros, y hay un orden; por ejemplo, si el presidente no está, le corresponde el derecho a fulano para ocupar su lugar; hay un orden; y cuando uno es una persona que no ha sido entrenada para reconocer espiritualmente la autoridad, somos personas que no discernimos esa delicadeza espiritual, somos personas ciegas espiritualmente, atropelladadoras, que pasamos por encima de las cosas, porque todavía no nos hemos encontrado con la puerta de la autoridad cerrada. Un niño que no sabe que en un toma corriente se puede dar un choque, él es imprudente, él puede tomar una aguja de crochet, y el niño es imprudente y viene y mete la aguja allá en el toma corriente; recibe un choque; hasta que no recibe el choque, no se da cuenta de que estaba pasándose una línea de la cual él no tenía que pasar; lo mismo nos pasa a nosotros cuando no hemos aprendido de parte del Señor el respeto por la autoridad espiritual; entonces nosotros metemos la aguja en el toma corriente y recibimos el choque. Dios no quiere que nosotros recibamos un choque, sino que nosotros aprendamos a discernir, que seamos personas simples, personas humildes, personas sin pretensiones, que nos hacemos en el último lugar y esperamos que sea Dios el que nos coloque en el lugar que determinó para nosotros; pero si nosotros mismos nos queremos poner en el primer lugar, entonces vamos a tener que pasar por la amarga experiencia de ser humillados, porque el que se enaltece será humillado. Se sentó el muchacho, era cómoda esa silla, vino y se sentó allí, y tuvo que venir el ujier a decirle: -por favor, este lugar está reservado para estas personas-; entonces aquí eso es lo que sucede: “no te sientes en el primer lugar”; o sea que no todos los lugares son iguales, sino que cuando el Señor dice que hay un primer lugar, quiere decir que en ese primer lugar sólo se pueden sentar las personas a quienes Dios puso en ese lugar. En segundo lugar, unos querían decir, y vinieron Jacobo mismo y Juan por medio de Salomé, su mamá, la hermana de María, y como era la tía, -vamos aquí por medio de nuestra mamá, que es tía de Jesús, y vamos a conseguirnos los mejores lugares en el reino de los cielos-. Dijeron: -Señor, cuando vengas en tu reino, concede que mis hijos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda-. El ser humano siempre quiere ocupar los mejores lugares, siempre los reservamos para nosotros mismos, pero el Señor dijo: -el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío darlo, sino para quienes está reservado-; por eso estamos usando esa expresión: “asientos reservados”, reservados por mi Padre; o sea, no somos nosotros los que nos tenemos que calificar a nosotros mismos; es necio el que se califica a sí mismo, por sí mismo; nosotros debemos someternos a la calificación del Señor, a la calificación de la iglesia, a la calificación de los hermanos, a la calificación del gobierno, a la calificación de la policía, a la calificación del director del colegio, de la directora; siempre debemos respetar la autoridad y ocupar el lugar que se nos asigne, y no asignarnos por nosotros mismos un lugar de preponderancia. Esa actitud no es buena. Entonces dice allí: “No te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él”. Aquella persona distinguida, lógicamente que no va a pelear su lugar, pero noten que existe algo que se llama “distinción”; esas son cosas que no tienen olor, que no tienen sabor, con qué se come; sin embargo en el mundo espiritual, en la realidad espiritual, existe distinción. Dios habla aquí a través del Señor que hay unas personas más distinguidas que otras; eso parece que no nos gustara, especialmente en la época de Laodicea, sin embargo, el Señor dice aquí que hay personas más distinguidas; claro que el distinguido no es que él mismo se haga distinguido. Vamos a ver que el que distingue es Dios. Vamos a 1ª a los Corintios, capítulo 4, donde nadie distinguido puede pretender ser el distinguido por sí mismo; al contrario, el que se tiene que hacer distinguido por sí solo, es porque posiblemente no está siendo reconocido en las conciencias de los otros. Entonces dice aquí en el capítulo 4, desde el verso 3, para tener el contexto completo de la palabra distinción que viene en el verso 7; para tener el contexto, vamos a leerlo desde el 3: “Yo en muy poco”, dice Pablo, “tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones, y entonces (fíjense en eso) cada uno recibirá su alabanza de Dios”. Aquí nosotros, entre los seres humanos, damos gloria a los impíos y humillamos y perseguimos a los justos; pero no será así cuando las cosas estén a la luz del Señor; ahí cuando venga el Señor Él sí es el que va a decir: -este es tu lugar, tú estás sobre diez ciudades; tú estás sobre cinco; tú no puedes entrar; tú te quedas un poco afuera; a éste amárrenlo, sáquenlo-, eso lo dirá el Señor. Será delicado para aquel hombre que se quiso meter, y lo ataron de pies y manos y lo sacaron; o sea que hay que aprender a no meterse. Entonces dice aquí: “cada uno recibirá su alabanza de Dios”; o sea, será Dios el que dirá: -éste eres tú para mí-; confesará su nombre delante de los ángeles y hará que todos respeten el lugar que Él te dio, ¿verdad? No hay que tomarse el lugar, hay que esperar que Dios se lo de, que las conciencias de los demás lo reconozcan. David, por ejemplo, había sido llamado por el Señor como rey en Jerusalén, y él era el que debía reinar en Jerusalén, pero David se quedó esperando siete años en Hebrón, y no fue a Jerusalén aunque él tenía que reinar en Jerusalén; ¿por qué David se quedó en Hebrón, reinando siete años, y no fue a Jerusalén? Porque David entendía que él tenía que estar allá, pero los otros no entendían, y entonces David no se puso él mismo; esperó que los otros lo convidaran. David, ¿qué haces tú en Hebrón? Si Dios te puso a reinar sobre las tribus de Israel, ven a Jerusalén; entonces ahí, cuando los otros reconocieron que era la voluntad de Dios que reinara David, entonces David fue llevado por los otros a Jerusalén y allí David ejerció en el nombre del Señor la autoridad en Jerusalén; pero él no lo hizo por sí mismo, aunque había sido llamado y constituido por Dios para serlo; él no impuso su autoridad; la autoridad no se puede imponer, la autoridad solamente tiene que ejercerse cuando es reconocida. ¿Por qué Jesús no hizo milagros en Nazareth? No porque Él era menos en Nazareth, no; porque en Nazareth lo menospreciaban, en Nazareth lo tenían en poco, -¿quién es éste? ¿no es acaso el hijo del carpintero? ¿sus hermanos no están con nosotros? Es uno de nosotros, ¿de dónde le vienen estas cosas? Entonces como ellos lo menospreciaron, Él mismo no hizo milagros en Nazareth, se quedó callado y no hizo nada, Él no peleó para ser reconocido en Nazareth como era reconocido en otros lugares, Él no hizo nada; o sea, la autoridad espiritual no se puede imponer, es Dios el que la pone. Cuando María y Aarón empezaron a criticar a Moisés, no fue Moisés el que castigó a Myriam, fue Dios mismo el que la castigó con lepra, porque ella no respetó a Moisés, y entonces Dios tuvo que castigarla porque ella era una persona irrespetuosa. Moisés no exigió respeto, Dios lo hizo respetar. ¿No tuvisteis temor de tratar así a mi siervo Moisés? No fue Moisés el que lo dijo, fue Dios; o sea que Moisés esperó que fuera Dios el que lo vindicara y lo defendiera. El que se quiere defender por sí mismo, en vez de aumentar su autoridad la pierde; en cambio el que espera que sea Dios el que lo vindique es aquel a quien realmente Dios vindicará. Cuando los israelitas estaban molestos porque Dios había escogido a Aarón para el sumo sacerdocio, entonces dijeron: -¿quién es Aarón? Ustedes se están poniendo por encima de nosotros-; Moisés simplemente se calló, puso su boca en tierra, y ahí Dios le dijo lo que tenía que hacer. Traiga cada uno su vara seca, representando que nosotros somos varas secas; ninguno de nosotros en sí mismo tiene nada bueno para dar a nadie, a menos que Dios haga reverdecer esa vara seca, y por el poder de la resurrección una vara seca puede dar flores y puede dar frutos; entonces las varas secas de todos fueron puestas delante de la presencia del Señor durante una noche, y la prueba de la noche sirvió para que al otro día, cuando ya había pasado la noche, la vara que floreció durante la noche, la vara que Dios hizo producir frutos y almendros, esa era la vara que Dios había escogido; y así cerró las bocas de los otros que querían discutir con Aarón. Yo soy el que tengo que estar ahí, saquemos a éste y metamos a éste. Nosotros somos así, pero Dios es el que pone y Dios es el que quita; ni siquiera David, mientras Saúl estaba reinando, se sacó a Saúl por sí mismo de encima, él esperó que Dios tratara con Saúl; y aunque David había sido puesto por rey en lugar de Saúl, David no lo derrocó, sino que esperó, ¿verdad? Esas son cosas que no tienen color, no tienen sabor, no tienen textura, son cosas como invisibles, pero las personas que son espirituales, disciernen lo que significa honra, lo que significa respeto, lo que significa distinción en esta área espiritual, ¿verdad? Seguimos leyendo aquí 1ª a los Corintios 4; ahí dice que cada uno del Señor recibirá su alabanza. Luego en el verso 6 dice: “Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros”; eso de envanecerse unos contra otros es una cosa ridícula y abominable en la presencia de Dios; eso le recuerda al Señor la rebelión de Satanás, ¿ven? Entonces dice aquí: “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?”. Dios es el que da y Dios es el que distingue, por tanto, ninguna persona a quien Dios haya distinguido debe jactarse, ni debe pretender, -bueno, a mi fue a quien puso Dios, yo soy el digno de la pleitesía, de los aplausos, aquí yo soy el que mando, aquí yo soy el que doy la última palabra-; esa no es la actitud correcta. Aunque David había sido puesto por rey de parte de Dios, él se sentaba en el piso delante del Arca como cualquier otro y se humillaba y si hacía algo era porque le tocaba a él hacerlo, no porque él quisiera hacerlo, sino porque lo debía hacer por voluntad de Dios, no para jactarse por sí mismo. Entonces la palabra aquí: “¿quién te distingue?” implica que sí hay distinción, que es diferente de acepción; acepción de personas es una cosa diferente que ¿distinción. Nadie puede exigir nada delante de Dios, pero ¿qué si Dios quiere que Miguel sea arcángel y no ángel? Dios hizo arcángeles también; Dios hizo ángeles, pero hizo también arcángeles, también hizo querubines, y también hizo serafines. Un ángel no debe protestar porque fue hecho sólo ángel y no arcángel, y un arcángel no debe protestar porque fue hecho solo arcángel y no serafín, no; Dios lo quiso así; debemos respetar lo que Dios ha hecho. Ese tipo de envidias, de peleas, de luchas por primacía, esas son cosas que son originadas en Satanás; en la presencia de Dios eso nos debería traer vergüenza; nosotros debemos humillarnos, no reclamar nada, no pretender nada, y quedarnos en el polvo; y si el Señor nos dice: quédate en ese lugar, ahí nos quedamos, ¿amén? Pero en el mundo las cosas no son así, y por eso aquí el Señor lo está diciendo de esa manera. Volvamos a Lucas 14:8: “No sea que otro más distinguido que tú…”; todos debemos saber que habrá muchas personas espiritualmente delante del Señor más distinguidas que nosotros; quizá no nos guste eso, quizá nos rebelemos interiormente, pero el día que veas la gloria del Señor manifestada en esas personas, ese día te va a dar vergüenza; mejor discernir hoy y ser personas prudentes, personas que saben guardar su lugar, personas que saben respetar y aprecian lo que el Señor ha dispuesto; entonces otro más distinguido que tú; en este tiempo nadie quiere oír esa frase, otro más distinguido que tú, pero hermanos, ¿habrá personas más distinguidas que nosotros? ¿Vamos nosotros a pretender estar al lado de Pablo y de otros siervos de Dios que han caminado con Dios humildemente y que el Señor los ha puesto en lugares de preeminencia? Todos debemos saber que todos nos vamos a encontrar en la vida con personas más distinguidas que nosotros; no debemos pensar cuán distinguidos somos nosotros, debemos pensar a quiénes ha distinguido el Señor sobre nosotros, para respetar al Señor. Luego dice aquí: “…más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga:…”; porque fíjense, no es el otro el que va a pelear por su lugar, -éste es mi puesto-, no; en el reino nadie pelea por su puesto, en el reino del Señor, el Señor le da el puesto a cada uno, pero si uno se le coló al otro, es el mismo que convida el que pone orden entre los convidados, y dice: “…y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste”; ¡que cosa! el chofer ahí sentado en lugar del ministro, y el ministro allá atrás; ahora el chofer tiene que irse atrás y el ministro estar ahí adelante; “…y entonces comiences con vergüenza…”, porque existe algo que se llama vergüenza. Hay gente que es dura, gente que no tiene vergüenza, o sea, son sin vergüenza; esos sin vergüenza que hoy no quieren aceptar una pequeña vergüenza, dice el libro de Daniel, que van a tener una vergüenza perpetua; ¿qué significa una vergüenza perpetua? Una vergüenza que no les va a salir de su rostro; porque hay personas que tienen vergüenza y quieren que se los trague la tierra, y quieren esconderse, ¿verdad? Uno piensa que cuando estamos en la oscuridad no se van a notar las cosas; cuando estemos en la luz del Señor, ahí las cosas se van a notar, y entonces ahí vamos a tener vergüenza de haber sido pretenciosos; seguir nuestra vana gloria se va a convertir en vergüenza. Es mejor ser avergonzados ahora mientras estamos aquí, que no avergonzados perpetuamente; esas personas, incluso angelicales, y grandes principados que van a estar allá en el lago de fuego, sabiendo que humildes personas van a estar en el reino del Señor ocupando lugares de autoridad, porque el que se humilla será enaltecido, y los que se rebelaron, se engrandecieron, serán humillados, tendrán vergüenza; personas que hoy son caraduras, tendrán vergüenza, una vergüenza perpetua; y los grandes de la tierra que hoy se enseñorean de los otros, cuando venga el Señor querrán esconderse debajo de las piedras, debajo de las cuevas; por eso es que ellos buscan la oscuridad, porque en la luz se sienten desnudos, se sienten realmente lo que son, su monstruosidad es evidente a todos; por eso, para que no vean la monstruosidad de uno, uno en su vergüenza huye y se mete en la oscuridad. Entonces es mejor humillarse para que el Señor diga: -sube más acá-, ¿ven? Entonces dice: “da lugar a éste”; el Señor no lo mandó al último lugar, pero como el tiempo se lo ocupó sentándose donde no debía, ya el lugar de él lo había ocupado otro, entonces ahora le tocó uno más inferior del que le correspondía; o solo por vergüenza, aunque estuviere libre ese lugar, para que no le vuelva a pasar, se fue al último lugar. Es mejor ponerse en ese último lugar, porque ahí no hay peligro de que te degraden; mejor es degradarse uno mismo, humillarse, y entonces ahí es que otro te alaba; dice la Escritura: “que te alabe el extraño y no tu propia boca”. Nosotros fácilmente queremos jactarnos, y ojalá inmediatamente el Señor nos desinfle, porque ¿qué le pasó a Nabucodonosor? -Esta es la gran Babilonia que yo edifiqué-; entonces ahí mismo se volvió como un burro, comiendo paja como un burro, siete años de loco hasta que reconoció quién es el que hace todo; no es el hombre; nunca peleemos por nuestro puesto, dejemos que Dios nos lo dé. “Entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar”, no pretendas, “para que cuando venga el que te convidó…” ¡ay! aquí el Señor habla de una boda, y ¿cuál es la boda por excelencia de la cual las demás no son sino figuras? La boda del Cordero, y el que convida es el Señor; “cuando venga el que te convidó, te diga: amigo, sube más arriba”, no sea que diga: -y ¿tú qué haces acá sin vestido de boda, tú que pretendes acá?, por favor, amárrenlo y sáquenlo-. “Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa. Porque cualquiera…”, y aquí no hay excusa, ninguno tiene derecho a enaltecerse, “cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”. Entonces ahí el Señor les estuvo hablando primero a los convidados, ¿verdad? Pero había el convidante de aquella ocasión que necesitaba también una palabra del Señor, y el Señor entonces aquí le enseña la palabra, porque Él está hablando de los distinguidos, de los invitados más distinguidos, pero ahora el Señor está mostrando el carácter del Padre, de invitar a los más humildes, a los cojos, a los ciegos, a los mancos; y entonces ahora el Señor le habla al convidante, mostrando cómo es nuestro verdadero convidante, cómo es el Señor, el carácter del Señor. Yo pienso que la iglesia, en los 21 siglos que lleva sobre la tierra, ha aprendido de a poquito esto; los ágapes surgieron en la iglesia con este sentido. Dice: “Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado”, seas recompensado por el que te convidó. El Señor quiere recompensarnos Él, por aquello que no nos recompensan los hombres; el Señor quiere eso, porque nosotros aquí en la tierra decimos: -bueno, yo voy a pelarle el diente a este rico, porque posiblemente me va a dar un trabajito y buen salario-; y la gente siempre quiere estar ganándose a aquellos de quienes esperan alguna cosa; pero el Señor no quiere que nosotros pongamos la mira en los hombres. “Maldito el hombre que confía en el hombre”[1]; Él quiere que esperemos en Dios, ¿verdad? Entonces aquí dice que llevemos al banquete a los que no nos pueden recompensar, a los que no nos pueden pagar. El Señor quiere que nosotros nos encaminemos por ese lado. “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”; fíjense en que eso fue lo que hizo el Señor. En la siguiente parábola, que es la de la gran cena, miren lo que dice el versículo 23 del mismo capítulo 14, donde el Señor mismo cumple lo que Él enseñó en la parábola; Él obedece su propia enseñanza: “Dijo el señor al siervo”, esta palabra, perdónenme, cuatro veces me la ha dicho el Señor: “ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa”; esos eran los que sobraban, los cojos, los ciegos, los que sobraban, porque antes había dicho en el versículo 21: “Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Ve pronto por las plazas y las calles de las ciudad, y trae acá a los pobres”; ¿cuántos son cristianos? La mayoría no son ricos, son pobres; sólo cuando se vuelve un movimiento famoso empiezan a entrar los ricos, pero cuando las cosas son de esos “pentecostalitos de barrio marginal”, ahí nadie quiere saber nada, pero cuando empieza el movimiento grande, ahí sí los grandes barrios, los templos elevados, donde va la gente rica, ahí todo el mundo quiere ir a reunirse; pero el Señor dice: -ve por los caminos, a las plazas, a las calles, trae aquí a los ciegos, a los mancos, a los cojos, y luego los que sobraban, ve por los caminos, por los vallados-; o sea que no están ni en la ciudad, son los pobres rurales; es decir que el Señor cumple lo que Él mismo enseña, y entonces Él le dice a la iglesia eso: “Cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”; esto ya lo había enseñado Dios desde la ley. Yo quisiera que miremos algunos pasajes de la ley en Deuteronomio para que veamos que ese ha sido el sentir de Dios permanentemente para con Su pueblo. Entonces vamos inicialmente al capítulo 14, y vamos a los versículos 28 y 29; aquí habían las fiestas, las grandes convocaciones santas que el Señor hacía con Su pueblo, y dice: “Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Yahveh tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”. El Señor dice que el que le da al pobre, le presta a Dios[2]; Dios considera un préstamo que alguien le de algo al pobre sin pedir recompensa; es decir, si alguien le da al pobre sin pretender nada, si alguien ayuda sin esperar retorno y lo da, eso Dios lo considera un préstamo, Dios se siente deudor, y Dios paga lo que tú haces por amor, gratuitamente, sin esperar nada. Miremos aquí mismo en Deuteronomio, ahora en el capítulo 16, versículo 11, este mismo principio. Dice: “Y te alegrarás delante de Yahveh tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, (noten: juntos, no los siervos allá donde estarán solos los siervos, sino que estarán con los patrones, con los dueños de la casa, se alegrarán juntos en la misma fiesta) tu sierva, el levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero, el huérfano y la viuda que estuvieren en medio de ti, en el lugar que Yahveh tu Dios hubiere escogido para poner allí Su nombre. Y acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos”; como quien dice: -ustedes saben lo que sienten los siervos, porque ustedes pasaron su tiempo de siervos; ustedes saben cómo se sienten los extranjeros, porque ustedes también han sido extranjeros; entonces hagan sentir en familia a los extranjeros, a los pobres, a los humildes, a los siervos, tienen que hacerlos sentir en familia, comer juntos y alegrarse juntos como una misma familia delante de Dios; ese es el sentir de Dios. Eso mismo también está en el capítulo 26 de Deuteronomio, versículos 11 al 13, igual: “Te alegrarás en todo el bien que Yahveh tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como (es decir, no haciendo distinción, en este caso es que no se hace distinción, ni acepción, ¿se dan cuenta?) el levita y el extranjero que está en medio de ti. Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán. Y dirás delante de Yahveh tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos”. El Señor quería que en las convocaciones santas las clases sociales desaparecieran. Esto no lo dice al siervo: -usted tiene que forzar esto-, no; se lo dice al amo: -tú, tu casa y tu siervo-; o sea que el de arriba tiene que honrar a los de abajo, y los de abajo tienen que respetar a los que Dios puso arriba. En el Nuevo Testamento es la misma cosa, los siervos tienen que honrar a sus amos y hacer las cosas como para el Señor, pero los amos tienen que acordarse de que ellos son iguales delante de Dios, y que el mismo Señor de ellos es el Señor de los siervos, y que ellos tienen que ser justos y magnánimos, y representar el sentir y el gobierno del Señor, ¿amén hermanos? Entonces estas cosas, ese sentir de Dios, aparece también aquí en la enseñanza del Señor Jesús: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”; saben, hermanos, esto inclusive en lo natural, a través de la conciencia humana, como dice Pablo en Romanos, “mostrando la obra de la ley escrita en nuestros corazones”[3], lo sienten personas que no son cristianas, personas que son simplemente humanas, y por haber sido creadas a la imagen de Dios tienen ese sentir, aún sin ser cristianas; y por eso me traje este libro acá; ¿saben qué libro es? Los Diálogos de Platón; traje el tomo III, donde está un diálogo llamado Fedro, y aquí Fedro, 300 años antes de Cristo, habla lo mismo, mostrando la obra de la ley escrita en su corazón. Ustedes saben que Platón fue un poquito mayor que Aristóteles, y Aristóteles fue preceptor de Alejandro Magno, más o menos unos tres siglos antes de Cristo. Les voy a leer lo que dice Fedro en su diálogo con Sócrates, y aquí no es Sócrates el que lo dice, sino el propio Fedro. Dice Fedro de la siguiente manera: “Así, pues, cuando quieres dar una comida, deberán convidar, no a los amigos, sino a los mendigos y a los hambrientos, porque ellos te amarán, te acompañarán a todas partes, se agolparán a tu puerta experimentando la mayor alegría, vivirán agradecidos y harán votos por tu prosperidad”; miren lo que decía Fedro. Ahora, ¿por qué en la iglesia había ágapes? ¡Qué cuidados había que tener y hay que tener en los ágapes!. Vamos a 1ª a los Corintios, capítulo 11; ya fuimos al 4, y veamos allí lo que dicen los versos 33 y 34, que hacen referencia a los ágapes, cuando los santos expresan el amor divino, la comunión divina, comiendo juntos; entonces dice: “Cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros”, es el mismo principio. Esperar, o sea, honrar a los otros; y dice: “Si alguno tuviere hambre…”, o sea, tiene tanta hambre que por eso quiere comer de primero en el ágape. Como vamos a un ágape, y seguramente nos vamos a demorar porque somos muchos, y la servida del alimento quizá se demore, entonces coma en su casa. “Si alguno tuviere hambre, coma en su casa”; váyase con la panza llena y el corazón contento, como dice el dicho: “barriga llena, corazón contento”. Vaya tranquilito para que allá pueda esperar, ser cortés, ser atento con los otros, ¿ven? “Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio”, y también un poquito antes había hablado de que no debemos avergonzar a los pobres, ¿verdad? En el capítulo 11 dice el verso 20 al 23: “Cuando, pues, os reunís vosotros…”, o sea, nosotros, no la cena del Señor, sino la nuestra, es a lo que se llama “ágape”. Dice: “Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor”; la cena del Señor es el pan y el vino, pero “nosotros” es lo demás. “Porque al comer…”, ese es el problema que pasaba en Corinto, “…cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga”; es decir, uno comió de más y al otro le faltó. “Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis?” Aquí venimos a compartir con los otros; en la casa coma y beba para que esté tranquilo, pero si viene al ágape de la iglesia ahí venimos para honrar a los demás; entonces dice ahí: “¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”. ¡Señor Jesús! A veces nosotros somos tan necios que no nos damos cuenta de que avergonzamos a las personas y hacemos sentir a las personas como que les damos, como que les estamos haciendo un favor; los estamos avergonzando, entonces dice aquí: “¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo”. En la iglesia, por ejemplo, si decimos que cada familia traiga lo que puede, y que aquí juntamos todo, entonces algunos que tienen más entradas pueden traer más y mejor, pero si los ricos se lo van a comer sólo con su familia, entonces el pobre que no puede traer nada, ni un arroz siquiera, se va a sentir avergonzado; no, ahí se trae y nadie sabe qué se trajo, cuánto se trajo, quién trajo mucho, quién trajo poco, quién no pudo traer nada, nadie sabe nada, todos estamos vestidos con vestido de boda igual, y aquí entonces se reparte todo, todos disfrutan de todo y nadie sabe quién trajo, quién no trajo, y nadie es avergonzado. Uno a veces, para mostrar que es bondadoso, que está ayudando, avergüenza a los otros; a veces uno no se da cuenta y hace eso; sólo después es que uno se da cuenta. El Señor nos de la gracia de cómo hacer las cosas sin que se note. Fíjense en que en algunas iglesias algunos hermanos han aprendido a ofrendar en secreto a otros hermanos, de manera que nadie sabe. Por ejemplo, un hermano se da cuenta de que a otro hermano le faltan zapatos y no los ha podido conseguir; puede ser que si le da los zapatos directamente, el hermano se de cuenta quién los dio, pero hay unos diáconos, hay una cajita donde se puede depositar un sobrecito anónimo dirigido al hermano fulano, o para algunos hermanos; ¿quién lo dio? El Señor, no se sabe de otro, el Señor se lo dio a través de la iglesia; y hay hermanos que lo hacen así, tienen sus sobres en secreto donde se ofrendan unos a otros; uno sabe la necesidad del otro y hace llegar en secreto al otro lo que el otro necesita y el otro lo recibió de Dios, sabe que fue el Señor, fue la iglesia, pero no se siente atado con nadie, ¿ven? Yo pienso que uno tiene que aprender, antes de dar algo, a no esperar reconocimiento ni retribución; eso es una cosa simplemente de Dios, que es para todos, no hay obligación, no se está esperando nada, no se está pretendiendo nada, y por eso, si se hace en secreto es mucho mejor. Entonces yo pienso que podríamos aprender de las iglesias que ya hacen esto de esta manera, como en Salvador, Bahía, Brasil, y en otros lugares, en secreto. Yo recuerdo que una vez estaba en una reunión, y tenía que hacer un viaje del Paraguay al Brasil; y de pronto terminó la reunión, y me llamaron los diáconos; yo vi que los diáconos estaban abriendo su cajita y decían: esto es para el hermano fulano, esto es para el hermano sutano, esto es para el hermano Gino. -Hermano Gino, una carta con el pasaje de Asunción para San Pablo-; yo no sé quién me lo dio, el Señor me lo dio a través de la iglesia, pude hacer el viaje porque el Señor le puso a un hermano hacer ese regalito y lo hizo en secreto, ¿ven? eso es bonito, no avergonzar; a veces uno no se da cuenta porque le está pasando a los otros; es cuando nos pasa a nosotros que nos sentimos avergonzados. Si nos dan delante de todos, así como le decía Condorito a Huevo Duro: -¡Te quedan muy bonitos mis zapatos, Huevo Duro!- y eso lo decía en la fiesta delante de todos; entonces todo el mundo se daba cuenta de que Huevo Duro tenía los zapatos prestados. Entonces hermanos, el Señor nos entrene. Yo y todos tenemos que aprender mucho a no avergonzar a los hermanos, a hacer las cosas en secreto, sin que nadie se entere, y que la persona sepa que es el Señor el que lo ama y que la iglesia lo ama, punto; y le da las gracias al Señor; además no es el único que recibe, todos están recibiendo unos de los otros, ¿amén? Entonces esos principios allí: no menospreciar, no avergonzar, esperar, y si tiene hambre, bueno, comer algo aparte en casa y así poder esperar en el ágape, y cuando no hay para comer aparte, ahí hay que esperar. Continuamos en Lucas 14 verso 14: “y serás bienaventurado…”, y dice la razón: “porque ellos no te pueden recompensar”; o sea que cuando nosotros recibimos la recompensa aquí, se nos dirá: ya tienes tu recompensa porque tú lo hiciste para esto y ahora lo obtuviste, entonces ya tienes tu recompensa; qué triste es que lleguemos al tribunal de Cristo y el Señor nos diga: mira, respecto de todo esto ya tienes tu recompensa; mejor es que tengamos una cuenta en el cielo, una cuenta que ojalá sea abultada, para que cuando lleguemos al tribunal de Cristo, no hayamos recibido la recompensa de los hombres, sino que recibamos la recompensa de Dios, ¿amén? Y dice: “pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. El Señor determina la recompensa en lo que la Biblia llama “la resurrección de los justos”; no es la resurrección general, sino la de los justos. La Biblia habla de resurrección general y de resurrección de los justos. Sólo para ilustrar esto, vamos a unos versículos y terminamos aquí. Vamos a Daniel capítulo 12 y veamos la mención de este doble aspecto de la resurrección. En el capítulo 12 dice el verso 2: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados”, o sea, esto es la resurrección, pero dice: “unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”; eso es lo que estamos diciendo, una vergüenza y confusión perpetuas. Entonces vemos que unos son despertados para vida eterna, y otros son despertados para vergüenza y confusión perpetuas. Ahora, vamos allí al evangelio de Juan, capítulo 5 versículo 29, donde el Señor Jesús también menciona esos dos aspectos de la resurrección; leo desde el 26: “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener en vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto…”, que Dios le dio potestad al Hijo de ejecutar juicio, “porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida…”; entonces hay una resurrección que se llama “resurrección de vida”, “mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”; o sea, habrá gente que resucitará para ser condenados, pecaron en su cuerpo y con espíritu, alma y cuerpo en que pecaron, van al lago de fuego, resucitan para condenación y al lago de fuego, ¡imagínense! Son dos tipos de resurrección diferentes. Miremos ahora también en Hechos capítulo 24, versículo 15; dice allí el apóstol Pablo: “Teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, (o sea, los judíos) de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”; entonces habrá la resurrección de los justos y otra de los injustos; una para vida eterna, otra para vergüenza perpetua, para condenación; y lo mismo dice Pablo a los Filipenses en el capítulo 3. Pablo hace una distinción de esas resurrecciones; capítulo 3, versículo 11; Pablo dice que él quería llegar a ser semejante a Cristo en su muerte, y dice en el verso 11: “Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos…”, o sea, si todos los muertos van a resucitar, ¿por qué Pablo dice: “si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”?, porque esta resurrección a la que él quiere llegar no es la general para juicio, sino la de los justos, la que es para vida eterna; entonces él quiere resucitar con una mejor resurrección[4]. En Apocalipsis se nos dice que entre la resurrección de los justos, que es para vida, y la resurrección que es para condenación, hay mil años de diferencia entre las dos resurrecciones; eso está en el capítulo 20. Apocalipsis capítulo 20, dice desde el verso 4: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron…”, o sea, habían muerto, y vivieron, esa es la primera resurrección, “y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos (o sea, no los vencedores, no los que fueron decapitados por causa de Cristo, los que no pagaron el precio) los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección”, o sea, la de los justos, los que reinan mil años, esa es la primera, no hay otra resurrección anterior, esa es la resurrección de los justos, esa es la mejor resurrección, esa es la resurrección para vida, ¿amén? De la primera dice, de la primera resurrección: “la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. Luego, cuando se cumplan los mil años, ahí es cuando Satanás es suelto de la prisión y hay la otra resurrección, la resurrección de condenación; entonces hay dos resurrecciones: una para vida y otra para condenación, y entre las dos hay una diferencia de mil años, ¿amén? Solamente miremos ahora en Lucas capítulo 20, verso 35, donde el Señor, cuando le preguntan sobre la resurrección, y le dicen que un hombre había tenido siete esposas y ninguna le había dado hijos y que con cuál de ellas se iba a casar en la resurrección, entonces desde el verso 34 está la respuesta: “Jesús, les dijo: los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección…” no de los muertos, sino “de entre los muertos…”, la resurrección de los muertos es la general, pero de entre los muertos es la primera resurrección, o sea la resurrección de los justos; “mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección”. Esa es la resurrección de los justos. Entonces hermanos, yo creo que esta parábola nos ha dado mucha tela que cortar, ¿verdad? El Señor nos ayude en muchas áreas. Vamos a darle gracias al Señor. Padre, te damos gracias porque en Tu amor y paciencia, en Tu inversión que haces en nosotros nos hablas estas palabras; nos sentimos gozosos que nos tengas por dignos de hablarnos Tu palabra, porque tienes esperanza de producir fruto con esta semilla en nuestra vida. Señor, no queremos ser sólo oidores, sino hacedores de Tu palabra; por eso estamos abiertos a ella para que ella nos gobierne, para que Tu Espíritu Santo nos recuerde cada detalle en la hora apropiada y nos des las fuerzas para hacer según Tu voluntad, para ser hijos tuyos en esta tierra, agradando Tu corazón por medio de Tu gracia, en el nombre del Señor Jesús, ¡amén! La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por el autor y el comité de revisión conformado por: Piedad Gutiérrez, Beatriz Durán, Viviana Acosta y Johanna Alvarado. [1] Jer. 17:5 [2] Pr. 19:17 [3] Rom. 2:15 [4] Heb. 11:35

LOS CONVIDADOS

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:50, Categoría: General

(32) LOS CONVIDADOS EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (32) LOS CONVIDADOS Localidad de Teusaquillo (10 de junio de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Nuestro Dios y Padre, en el precioso nombre del Señor Jesús, nos inclinamos a tus pies y en Ti esperamos. En Ti esperamos la gracia, el Espíritu y el oportuno socorro. No estamos delante de Ti por merecerlo Señor, más bien porque Tú eres fiel a tu propio Hijo, a Ti mismo y a nosotros. Perdona nuestros pecados por la preciosa sangre del Señor Jesús, límpianos, concédenos estar sinceramente a tus pies, ten compasión de nosotros en tu infinita bondad Señor y derrama tu Espíritu sobre la sangre de tu Hijo bajo la cual nos cobijamos, que Tú puedas hablarnos una vez más, no te canses Tú de hablarnos y que nosotros te queramos escuchar y obedecer siempre, ten piedad de nosotros. En el nombre del Señor Jesús. Amén. Hermanos, en la noche de hoy estaremos considerando otra u otras de las parábolas del Señor Jesús, relativas a los misterios del reino de los cielos, y la razón por la cual dije otra u otras, es porque la parábola o las parábolas que vamos a considerar hoy, puede ser una sola o pueden ser dos muy parecidas, de manera que algunos de los siervos del Señor, la consideran una misma parábola vista desde dos ángulos: desde el ángulo de Lucas y desde el ángulo de Mateo, y otros las consideran dos parábolas diferentes; pero son tan parecidas las dos que es probable que sea una, pero no podemos ser excesivamente dogmáticos, ni decir que necesariamente es una sola contada de dos maneras o son dos tan parecidas que parecen una; de manera que dejamos esa cuestión abierta, no vamos a decir que es una ni que son dos; puede ser una, pueden ser dos, de todas maneras siendo una o siendo dos, el fondo y la lección sí es una misma, la lección espiritual que podemos aprender de ésta o estas parábolas, es una misma; por lo tanto, puesto que la lección es una misma, hice, como acostumbro hacer, la integración de las dos, teniendo el cuidado de decir, que en esta ocasión no estoy seguro porque no sé si realmente fueron dos o una parábola, o la misma parábola dicha en dos situaciones, pero realizo la integración por causa de la lección. Entonces, esa o esas parábolas se pueden encontrar en el evangelio de Lucas en el capítulo 14 y en el evangelio de Mateo en el capítulo 22. Ustedes, mientras yo leo la integración, pueden ir evaluándolas a la luz de los dos testigos: Mateo y Lucas. La de Mateo comienza desde el versículo 1 y va hasta el versículo 14 del capítulo 22 y en Lucas comienza en el capítulo 14 desde el versículo 15 hasta el versículo 24. De esta parábola también el llamado evangelio de Tomás, tiene noticias; de manera que como ya ustedes tienen las versiones separadas de Mateo y de Lucas, voy a leer la integración y luego voy a leerles los datos que aparecen en el Logión 64 del llamado evangelio de Tomás, en donde también se hace alusión a esta parábola. Voy a leer la integración. Leo despacio para que ustedes vayan evaluándola, siguiendo tanto a Mateo como a Lucas, lo leemos en la confianza del Señor, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Primero voy a leer y después vamos a comentar. “Oyendo esto”, que se refería a la parábola anterior en Lucas 14 que habíamos estudiado la vez pasada, a la parábola de los asientos reservados y el ágape, en la cual, el Señor presenta los dos lados, el lado dirigido a los que son invitados y el lado dirigido a los que invitan, una parábola muy equilibrada, los asientos reservados y los ágapes, después de escuchar esto, en esa misma ocasión. “Oyendo esto uno de los que estaban sentados con Él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. Entonces respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre rey que hizo fiesta de bodas a su hijo, una gran cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas y a decir: Venid, que ya todo está preparado; mas éstos no quisieron venir. Y todos a una comenzaron a excusarse. Volvió a enviar a otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: he aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto, venid a las bodas. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos los afrentaron y los mataron. Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces al oírlo el rey se enojó. Entonces enojado el padre de familia, enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Entrad por las plazas y las calles de la ciudad y traed aquí a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Id, pues, a las salidas de los caminos y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos, y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Antes de entrar en el comentario, para que también nos sirva, voy a leerles ahora el Logión 64 del llamado evangelio de Tomás para que ustedes vean de que manera recordó también Tomás esta parábola: “Jesús dijo: Un hombre tenía invitados y tras preparar la cena, envió a sus siervos para convidar a los comensales. Fue al primero y le dijo: Mi señor te convida, respondió: Me deben dinero unos mercaderes que vendrán esta tarde y a los cuales debo darles instrucciones, me excuso de la cena. Fue a otro y le dijo: Mi señor te convida, respondió: He comprado una casa y debo estar allí por este día, y no estaré disponible. Fue a otro y le dijo: MI señor te convida, respondió: mi amigo se casa y debo prepararle banquete, me excuso de la cena. Fue a otro y le dijo: Mi señor te convida, respondió: he comprado un alquer y voy por la renta, no podré ir, me excuso. Volvió el siervo y dijo a su señor: los convidados a la cena se han excusado. El señor dijo a su siervo: ve fuera a los caminos y a quienes encuentres, convídalos a la cena; los comerciantes y mercaderes no entrarán a las moradas de mi Padre”. Así lo recuerda Tomás en el Logión 64, de todas maneras fueron palabras con el mismo fondo. Ya sea que hagamos la exégesis separadamente de Mateo y separadamente de Lucas, vamos a encontrar de todas maneras un mismo fondo, una misma visión, así que si ustedes me permiten, vamos a hacer la exégesis de la integración de las dos, porque parece que es una misma lección la que quería decir el Señor, ya sea en una o en varias ocasiones; cada uno la estará recordando con unas palabras, otros algún aspecto u otro, ya sea que se haya dicho en una ocasión o se haya dicho en varias, porque sucede que un mismo mensaje se comparte en varios lugares y a veces, aunque se comparte en un mismo lugar, los testigos recuerdan cada uno el fondo con sus propias palabras o con las palabras que cada uno recuerda. Entonces me permití hacer la integración por causa de la unidad de la lección. Entonces, ahora sí vamos a ir paso a paso comentando esto. “Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, (cuando el Señor había dicho la parábola anterior, de los asientos reservados y del ágape) le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios”. Esta expresión era ya una expresión común en la época del Señor Jesús, incluso un poquito antes de la época de Él, porque ya los rabinos habían hablado también de que en el reino, ellos se sentarían con Abraham, con Isaac y de hecho ustedes recuerdan otros pasajes donde el Señor Jesús habla también de sentarse a la mesa con Abraham, con Isaac, con Jacob, con los profetas y que vendrían muchos del norte, del sur, del oriente, del occidente y se sentarían a cenar con los siervos de Dios, junto con el Señor y muchos de los llamados hijos del reino, aquellos a quienes conociendo Israel, se les había prometido el reino, estarían excluidos por causa de no haber recibido al Mesías, al Señor Jesús. Entonces, ese motivo de sentarse a la mesa en el reino es un motivo que viene ya desde la antigüedad, y que el Señor Jesús lo aprobó y lo usó y aquí este hombre es el que dice: “Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios”, pero entonces Jesús que conocía la verdadera idiosincrasia de las personas, la verdadera indisposición, la idolatría o amor por otras cosas más que por el Señor y las cosas del Señor, entonces, Él, introdujo esta parábola; ya sea la del rey que hace fiesta a su hijo de bodas, o la de este padre de familia que hace una cena, pero que de todas maneras están convidando a esta fiesta y todos se excusan. “Entonces respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: (o sea que esto es una parábola), el reino de los cielos es semejante a un hombre (dice Lucas) a un rey (dice Mateo, entonces puede ser un hombre rey), que hizo fiesta de bodas a su hijo”, yo pienso que es una de las frases más profundas dicha de la manera más simple, es sencillísima esta frase: “un rey que quiso hacer fiesta de bodas a su hijo”; ahí en el querer del rey se revela el propósito eterno de Dios, ese rey representa al mismo Señor y lo que El quiso hacer, representa el propósito eterno de Dios, Dios todo lo hace para su Hijo, dice que todas las cosas son en Él, por Él y para Él, o sea que el heredero de todas las cosas es el Hijo. De hecho, antes de crear, solamente existía el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y cuando Dios creó, dice la Palabra que creó para el Hijo, que creó con el Hijo, y que creó en el Hijo, así lo dice por ejemplo, Hebreos 1:3 ¿verdad? O sea que todo existe para el Hijo, y como el Hijo estaba figurado en Adán, porque dice Romanos 5 que Adán es figura del que había de venir y el que había de venir es el Hijo, quiere decir, que cuando leemos en Génesis, que Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea”1 no estaba hablando solamente de matrimonios naturales, aunque claro que sí, hablaba también de los matrimonios naturales, pero sabiendo que los matrimonios naturales son figura del matrimonio místico celestial, el que Dios quería hacer a su Hijo. Cuando Dios dijo de Adán: “No es bueno que el hombre esté solo”, sabiendo Dios que Adán figuraba a Cristo, está diciendo: le haré bodas a mi Hijo, quiero que mi Hijo unigénito, sea el primogénito entre muchos hermanos y ese resto de la familia que va a ser el compañero o la compañera de mi Hijo va a ser como su esposa, o sea que el objetivo de Dios es hacerle bodas a su Hijo, y el motivo de las bodas está en muchas partes en la Biblia, desde el Génesis hasta Apocalipsis. Yo pienso que todos recordamos aquel pasaje de Apocalipsis 19, donde dice: “Bienaventurados los convidados a la cena de las bodas del Cordero”2, y ahí se juntan los dos motivos: el de Mateo y el de Lucas, la cena de las bodas; uno habla de bodas, otro habla de cena y Apocalipsis habla de la cena de las bodas, realmente el motivo de las bodas y de la cena es uno solo, espiritualmente hablando, en el plan de Dios. “El reino de los cielos es semejante a un hombre rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; una gran cena y convidó a muchos”, es decir, a todas aquellas criaturas a quienes les haya llegado el evangelio de Dios, y quiero llamarles la atención, puesto que aquí aparecen, cuando lo lees con cuidado, varios niveles de invitación; como en el oriente eso era una costumbre normal, las personas, por cierta dignidad y para comprobar si era verdad que querían que estuvieran presentes, esperaban que se les repitiera el convite; entonces, vemos que aquí convidó primero a muchos, con tiempo anterior. Mi hijo se va a casar, quiero que esté en la boda de mi hijo; pero también cuando llegó la hora de bodas, se envió a los siervos para confirmar la invitación; parece que las personas esperaban que la segunda invitación realmente confirmara la primera, porque a veces alguien podía decir por cortesía, -te invito-, pero si no le confirmaba, era solamente por cumplir, pero no era realmente en serio; los orientales tenían como ese sentido de la dignidad y esperaban esa segunda invitación. Entonces, aquí aparece la primera invitación, ¿ven? “convidó a muchos”, ya lo dice el pasaje. “Y a la hora de la cena”, o sea, fue a llamar a los convidados, ya habían sido convidados y luego volvieron a ser llamados, vemos que aquí aparecen varias llamadas. Primero, la primera invitación; luego la invitación de los primeros siervos; luego volvió a enviar otros siervos con explicaciones mayores y mostrándoles como ya todo estaba listo, ¿verdad? Y entonces volvió a mandar a llamar a los de afuera; y como todavía sobraba lugar, volvió a enviar para que le llenen la casa. Observen que este convite tuvo varios niveles. El primer nivel aparece al inicio “convidó a muchos”. Ahora viene la segunda invitación. Cuando ustedes siguen el Cantar de los Cantares, ven que también varias veces el amado le dice a la amada: Amada mía, ven3, no es una sola vez que la llama, sino varias veces, “ven, ven”. Hagan ustedes por sí mismos, una lectura del Cantar de los Cantares y tomen nota de cuantas veces ella es convidada por él, ¿verdad? Entonces, aquí quiere decir que Israel estaba siendo convidado, porque el Señor está hablando en un contexto en todo el capítulo; si lo leemos completo, tanto en Mateo como en Lucas, el Señor está hablando en el contexto de los fariseos, de personas religiosas, personas que esperaban que viniera el Mesías y que interpretaban el Cantar de los Cantares como el amor de Dios por Israel, ¿ven? entonces este primer convite es para los Israelitas, el Señor había dicho: “Id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel”4. “Y a la hora de la cena envió a su siervo a llamar a los convidados (ya habían sido convidados) y a decir: Venid, que ya todo está preparado”, como dijo el mismo Juan el Bautista: “el que tiene la esposa, es el esposo, el amigo del esposo está a su lado y se alegra”5, pero el amigo no es el que se casa. Juan el Bautista presentó a Jesús como el Cordero de Dios y como el esposo, es decir, ya había comenzado ese noviazgo, en ese mismo momento. “Venid, que ya todo está preparado, mas éstos, no quisieron venir. Y todos a una comenzaron a excusarse”, o sea que lo que Lucas y Tomás dicen de manera desglosada, Mateo lo resume en una sola frase que es ésta: “no quisieron venir y todos a una comenzaron a excusarse”. Luego empieza a Lucas a explicar los diferentes tipos de excusa y si ustedes comparan las de Lucas con las de Tomás nos damos cuenta que el Señor ilustró con muchas clases de excusas y Mateo solamente las resumió, Lucas las desglosó en tres niveles y Tomás en cuatro, y no son iguales las de Lucas y las de Tomás. El Señor estuvo ilustrando una producción de excusas que nosotros, que somos convidados, solemos tener, el Señor está retratando nuestra mala voluntad y es bueno hacer caso de todas las clases de excusas para ver en cual de esas somos pillados, para que podamos arrepentirnos ¿verdad? Dice Mateo: “Volvió a enviar otros siervos”, es como si los primeros siervos hubieran sido Juan el Bautista, el mismo Señor Jesús llamando a las bodas y los apóstoles de la primera generación; pero luego vienen los demás apóstoles y demás evangelistas, pastores y maestros edificadores del cuerpo de Cristo, trasladándolo de la primera generación a todas las generaciones. “Volvió a enviar otros siervos”, primero fueron doce, después setenta, después todos los que ha enviado, porque el Señor ha estado enviando siervos, “diciendo: decid a los convidados”, es decir, evangelicen, porque eso es lo que representa esto, “He aquí he preparado mi comida”, y esta palabra “mi comida” cuando ustedes van al idioma griego se refiere a una palabra diferente a cena, como quien dice aquellas bodas no duraban solo una noche, duraban varios días, se comenzaba por una comida más simple que podía ser un desayuno, que es lo que se traduce aquí comida, luego se continuaba con la cena, cenas que duraban hasta siete días; si ustedes leen, por ejemplo, el libro de Ester, cuantos días duraba un banquete de esos, cuando se casó la reina Ester con Azuero, en fin, esa no era cosa pequeña, eso eran unas fiestas grandes, “mis toros y animales engordados han sido muertos”. Allí el Señor nos está mostrando la evangelización en el primer nivel y la evangelización en un nivel más profundo, primero cuando dice: “he preparado mi comida”, es esa primera comida, ese tipo de desayuno, es como decir la evangelización primera, pero cuando habla de toros y bueyes engordados, representa varios tipos de sacrificios y nosotros en la Biblia vemos varios tipos de sacrificios, por ejemplo en Levítico, sacrificio por las transgresiones, sacrificio por el pecado, ofrenda de paz, ofrenda mecida, holocausto, etc, que todas representan distintos aspectos de la obra de Cristo. Los hermanos que siguieron la serie de las provisiones de la cruz, recordarán cuantas cosas fueron hechas en la cruz; no solamente una cosa y por eso aquí habla de toros y bueyes engordados, por eso aquellas fiestas en el Antiguo Testamento eran de millares de corderos, de vacas, mostrando la abundancia de la obra del Señor Jesús, ya todo está dispuesto, es decir, de parte del rey todo está listo, Él ha provisto todo lo que se necesita, no hay sino que venir. “Venid a las bodas. El primero dijo: y aquí comienza la primera excusa desde Lucas: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla”; ¡ah, si fuera que solamente pudiera visitar la hacienda en un día! pero no, ¿si tiene una hacienda, cuántos días tendría para visitar la hacienda? esa no es suficiente excusa, pero fíjense que la persona está afrentando al Señor; aquí en occidente no es así, pero allá en oriente eso es tan grave como pasa aquí, por ejemplo, en la Guajira, si un hombre le hace una ofensa a una chica, eso es terrible y el ofensor se tiene que casar con ella; y aquí es lo mismo cuando no se acepta una invitación, es considerado como una declaración prácticamente de guerra, es una ofensa grande y aquí éste puso una excusa boba, una hacienda; con esto el Señor nos está mostrando que por cosas que no son valederas, nosotros estamos dejando de caminar con el Señor y de participar de lo preparado y dispuesto por el Señor, así es. El segundo le dice: “He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos”, justo ese día va a probar los bueyes, ya los había comprado, ¿ven? ¿Por qué no los probaba después de la fiesta? Esa es otra excusa necia, donde se revela la desconsideración y el menosprecio con la consideración y el aprecio que había mostrado el rey; el rey mostró aprecio y consideración, teniéndolos a ellos por personas que debían estar cerca de él, pero a ellos no les importaba. Luego viene la tercera, que para las costumbres antiguas quizá podía ser una excusa más significativa. “Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir”. ¿Ustedes recuerdan cuál era la ley del casamiento? En Deuteronomio 24:5, miren conmigo la ley del casamiento, pero aún casado ¿por qué no podía asistir a una boda? ¿Qué le iba a quitar? al contrario, le iba a recordar más, era como si fuera a reforzar la suya. Deuteronomio capítulo 24, el versículo 5 dice como es que a Dios le gusta que sea la luna de miel, porque justo en estos días de tanto apuro, los matrimonios no tienen tiempo para la luna de miel, pero Dios que conoce la sicología de ella y aquí pongo primero a ella, y después a él, Dios quiere que haya una buena luna de miel, así que aprendamos la lección, especialmente los jóvenes que no se han casado, aprendan la lección. Dice: “Cuando fuere recién casado, no saldrá a la guerra, (pero esto no era una guerra, esto era sólo una boda) ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, (y dice para qué, esta es la luna de miel inventada por Dios, miren para qué, varones pongan atención) para alegrar a la mujer que tomó”, dice que él debe ocuparse de alegrarla a ella, por eso tiene un año de luna de miel y él tiene que alegrarla a ella, porque Dios conoce como son las cosas, porque Dios es más sicólogo que nosotros, ¿verdad? Nosotros somos sicolocos, pero Dios es sicólogo, especialista en el alma del hombre y de la mujer, así lo dice Dios. Pero fíjense que ahí dice, una guerra o una ocupación de trabajo común, se le debía conceder un año para estar dedicado a alegrar a su esposa, a su mujer, pero realmente en ese año ¿porqué no podía asistir un día o una semana a esas bodas?, ¿verdad? No era tampoco una excusa válida para las cosas de Dios; dice Pablo que primero son las cosas del Señor, pero claro que el Señor también proveyó las otras cosas, son parte de las añadiduras concedidas por Dios y se puede servir a Dios también siendo casado, también teniendo casa y también teniendo finca. ¿Acaso Abraham no sirvió a Dios? El tenía muchos bueyes; también David y ¿no sirvió a Dios? El tenía también bueyes, casas y mujeres, y sirvió a Dios, ¿verdad? En cambio aquí, esta excusa es exagerada, es una excusa como diciendo: Mira, no me importas tú nada de nada, ni siquiera si mi esposa me da unas vacaciones, no las voy a usar, eso es lo que está diciendo aquí. “Dijo: he acabado de casarme, y por lo tanto no puedo ir”. Vamos a repetir las excusas que registra Tomás, porque las de Tomás son parecidas, pero no son exactamente iguales. “Uno decía: Me deben dinero unos mercaderes que vendrán esta tarde, a los cuales debo darles instrucciones”, por eso es que Tomás es fuerte contra los comerciantes y negociantes que sólo tienen tiempo para sus negocios y no tienen tiempo para el Señor y las cosas de Dios. Posiblemente el Señor Jesús dijo muchas cosas y cada uno recordó algunas; estamos oyendo los testigos, ¿verdad? Uno decía, “unos mercaderes vendrán esta tarde”, por eso no puedo. Las cosas de Dios tienen que esperar, porque es que mamón no puede esperar; no se puede servir a dos señores, dice el Señor, a mamón o a Dios, mamón es las riquezas. La otra excusa que registra Tomás es ésta: “He comprado una casa y debo estar allí este día, y no estaré disponible”, no es la hacienda, pero es la casa. El otro, no se casó él, pero dice: “mi amigo se casa y debo preparar el banquete”, está ocupado con las situaciones de otros, por eso el Señor dijo: “el que ama más, a padre, a madre, mujer, hijos, hijas que a mí, no es digno de Mí, el que ama más, aún su propia vida, no es digno de mí”;6 por eso dijo el Señor después, que ninguno de estos convidados era digno. El último ejemplo es, “he comprado un alquer”, es como decir el de la hacienda, y voy por la renta, no puedo ir, claro, justo en ese día me pagan. Fíjense como uno mismo puede caer en esa clase de excusas. Yo les he contado a ustedes el caso de aquella persona, varias veces lo he contado. Evangelizamos en Ciudad del Este unas personas y se iban a bautizar un domingo equis y salí a avisarles que el domingo serían los bautismos; y uno me dijo: -pero es que el domingo tengo un partido de fútbol-, entonces yo le dije: -tú escogerás, no sabes si el Señor te dará otra oportunidad, tienes que saber lo que es más valioso, tú escoges-; y el hombre se fue al partido de fútbol, no fue al bautismo y con el cuerpo caliente, jugando fútbol, cayó una lluvia fría y ninguno de los otros se murió, pero él se pasmó todo, se le hincharon las venas, se empezó a torcer y a los tres días murió, despreció al Señor mismo, delicado ¿verdad? Dijo el Señor: “Ve fuera a los caminos, (muy similar a lo que dice tanto Lucas como Mateo), y a quienes encuentres, convídalos a la cena, los comerciantes y mercaderes, no entrarán a las moradas de mi Padre”, claro que también Pablo por el Espíritu Santo dice que se ocupen en sus negocios, pero sosegadamente, es decir que nunca tienen que permitir que los negocios le quiten su espacio de servir a Dios, ¡no! Tome los negocios como algo que Dios le regaló para que usted con ellos le sirva a Dios, pero no que ellos le quiten el servicio a Dios. Entonces, podemos seguir aquí el comentario. Mateo resumió, Lucas mencionó tres excusas y Tomás mencionó cuatro; y dice después resumiendo Mateo: “Mas ellos, sin hacer caso, se fueron uno a su labranza, y otro a sus negocios”. Pero una cosa que no dijo ni Tomás ni Lucas, la dijo Mateo y fue la afrenta de algunos, que no sólo lo afrentaron con la indiferencia, ¿verdad? Sino que lo afrentaron de una manera directa, de una manera activa. Dice allí: “y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron”, miren eso, los afrentaron, es como cuando David mandó también unos embajadores, incluso llevando regalos y el otro lo tomó a mal y los afrentó, y les quitó la barba ya que en ese tiempo hacerle eso a un hombre era una afrenta, era como andar sin calzoncillos por la calle, les cortaron las faldas y se le vieron las nalgas, entonces claro era una afrenta, tanto que tuvieron que quedarse afuera no sólo hasta que les crezca la barba, sino para que les pase la vergüenza; porque tan solo a partir de los libertinos de la Revolución Francesa fue que los hombres empezaron a quitarse la barba, y ahora eso es lo común, pero en la Biblia estaba prohibido quitar la punta de la barba, era una manera de afrentar a los siervos y a algunos los mataron, ¿no fue eso lo que dijo el Señor Jesús? “He aquí os envío como ovejas en medio de lobos”7, y también ¿no afrentaban a los apóstoles? ¿no mataron a Esteban, mataron a Jacobo, mataron a los apóstoles?, y a Juan lo quisieron matar metiéndolo en aceite hirviendo, y durante la historia de la iglesia ¿no han sido los siervos de Dios afrentados muchos y matados varios también? Eso ha sido, ¿y no fue eso lo que pasó con el Señor Jesús y con los apóstoles de la primera generación? Por eso lo dice Mateo, eso no lo cuenta ni Lucas ni Tomás, pero Mateo si se acordó de esta parte. “Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Al oírlo el rey, se enojó. Entonces enojado el padre de familia, enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas”. Porque es que la afrenta no fue solamente indiferencia, quizá si hubiera sido indiferencia, simplemente invita a otros, como hizo, pero no, hubo homicidio, entonces mandó sus ejércitos y ¿qué dice? Los destruyó y quemó su ciudad. ¿Qué fue lo que pasó en el año 70 con Jerusalén? Rechazaron al Mesías, lo crucificaron, mataron a los siervos de Dios, a los apóstoles, entonces ¿qué pasó en el año 70? Dios permitió que Vespasiano, enviara a través de Tito, sus ejércitos y destruyeron Jerusalén y la quemaron, o sea que esta parábola era también profética y tuvo cumplimiento. Mas aquí no se cierra el asunto con Jerusalén, porque si Dios hizo eso con su propio pueblo Israel, ¿no lo haría también con los gentiles que hagan lo mismo o peor? O sea que cualquier otro pueblo, de cualquiera otra época, que haya afrentado al Señor, que haya perseguido a los siervos del Señor, también le tocará enfrentarse con el juicio del Señor; también habrá gran tribulación, justo cuando se levante el anticristo y acontezca la peor de las persecuciones, el Señor enviará sus siete plagas y también enviará sus ángeles como policías para cazar a todos esos bandidos y traerlos al tribunal del Señor, al juicio de las naciones y al trono blanco, o sea que aquí el Señor está sintetizando el juicio que merecen los homicidas, que afrentan al Señor, que afrentan a los siervos del Señor. “Entonces dijo a sus siervos: (miren como es el Señor) las bodas a la verdad están preparadas”; habrá bodas porque Dios dijo, “habrá bodas”, si no es con éstos, éstos mismos se excluyeron, se volvieron idólatras, amaron otras cosas que les impidió caminar en bodas con mi Hijo, dice el Señor. Entonces dice: “mas los que fueron convidados no eran dignos” y fíjense que tanto Pablo como Bernabé, seguramente recordaron esta parábola del Señor porque cuando fueron a predicar ustedes recuerdan en Hechos 13, que usan estas palabras, les predicaron en la sinagoga y ellos se levantaron contra ellos y ¿qué dijo Pablo? “puesto que no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí nos volvemos a los gentiles”8, porque digamos que la clásica ciudad podía ser Jerusalén, pero en los caminos y en los vallados, era el lugar de los gentiles, de los mancos, de los cojos, de los ciegos, los que no tenían casa tenían que dormir por ahí en los vallados, quizá debajo de las plantas, y a esos fue a los que el Señor mandó a llamar. Entonces dice: “los que fueron convidados no eran dignos. Ve pronto por las plazas, la palabra “pronto”, muestra la urgencia, ¿ven? No fueron dignos los que primero recibieron la invitación, convidados una, dos, tres veces, entonces ahora el Señor se vuelve a los que ellos consideraron desechos, a los que ellos nunca hubieran invitado, ni tenido en cuenta, el Señor los convida, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos”. Esa fue la primera llamada a los gentiles. “Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar”. La preparación del Señor es algo grande, como le mostraba el Señor en visión al hermano Rick Joyner, que eran miles de personas las que habían, pero había para muchísimas más personas, ¿verdad? Entonces dice: “Dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa”. Perdónenme hermanos que me atreva a decirles algo personal, pero esta misma palabra que aquí el Señor narra en esta parábola, en cuatro ocasiones en mi vida privada, el Señor me ha dicho estas palabras, cuatro veces me dijo estas palabras. La primera vez estaba en Buenos Aires, en el año 73, por ahí en enero del año 73, lo que menos me iba a imaginar era eso, yo iba caminando por la avenida José Cepaz que divide Buenos Aires del Gran Buenos Aires y me dijo el Señor, por primera vez, estas palabras: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar”. Yo estaba teniendo comunión con los hermanos del movimiento de renovación, aquel famoso avivamiento que hubo en Argentina en la década del 70, y estando en medio de ellos, me lo dijo el Señor, y entonces salí predicando a partir de esa primera vez que me habló, por toda Argentina, hasta que llegué a Paraguay. Cuando llegué a Paraguay, parece que paré un poco de viajar y de predicar y estando una vez orando, en casa de unos hermanos, buscando al Señor, unos poquitos hermanos, cuatro o cinco, estábamos en la sala de la casa de uno de ellos, en una colonia hacia el interior del Paraguay, estando orando allí, estaba así tirado en el piso orando y otros hermanos tirados por allá orando y me volvió a decir de nuevo, la misma palabra desde el cielo, y en lo más íntimo de mi ser. Me dijo: “ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar”. Yo dije: Señor, yo mismo necesito entrar y me dijo: ¿no te envío yo? Entonces a raíz de eso empecé a predicar por todo Paraguay, pasaron varios años y siempre el Señor me ha estado llevando de aquí para allá, viajando para aquí y para allá y en una época estábamos pasando unas pruebas bastante fuertes y justamente ese mismo año, cuando comenzaba el año, yo estaba durmiendo y al despertarme me dijo el Señor al oído: “prepárate para sufrir”, me despertó con esa frase: prepárate para sufrir. Yo le agradezco al Señor que me dijo que me preparara, así yo estaba listo y cualquier cosa que viniera, no me agarraba por sorpresa, fue uno de los años más difíciles que hemos pasado, muchas estrecheces, muchas acusaciones, problemas, eran tan difícil que yo estaba muy desanimado, pero aún así, yo acababa de evangelizar a un hermano que se llama Vicente Palacios, él era un joven y él no sabía nada de la comisión que el Señor me había dado, el Señor me ha dicho esa frase y otras frases también, pero esta me la ha dicho cuatro veces. La tercera vez fue de la siguiente manera: estaba desanimado, muy triste, estaba con ganas de ponerme a trabajar en lo secular y dejar el ministerio y el hermano un día llegó a casa, a las seis de la mañana, yo todavía no me había levantado, tocó la puerta y me dijo: -¡hermano Gino! ¡hermano Gino! - hola hermano Vicente ¿qué tal? - Anoche tuve un sueño hermano y tengo que venir a contárselo porque el Señor me dijo que se lo cuente-, y ¿cuál es el sueño? (él no sabía lo que pasaba conmigo, porque uno no acostumbra a decirle a la mayoría, y quizá a muy pocos, los problemas no se los cuento casi a nadie, a veces a nadie) y entonces dijo: -Anoche estaba soñando que usted estaba como sentado en un rincón, muy triste, muy triste, muy desanimado y vino una voz del cielo y le dijo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar- , tomó ánimo, se levantó y se fue; tercera vez, ya no por Sí, sino por otro que no sabía nada de nada. Así mismo en una cuarta ocasión, también en un momento de mucho desánimo, pidiendo la dirección del Señor: ¿Qué hago en este caso? ¿Qué hago? Me volvió a decir, cuarta vez, por eso cuando leo esto, es muy significativo, porque no es solamente una parábola, sino que esa parábola se cumple con todos nosotros y personalmente me dijo cuatro veces esta frase: “ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa”, y sigue diciendo el Señor Jesús: “Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena”. Esto si que es delicado, “ninguno gustará mi cena. Id, pues, a las salidas de los caminos y llamad a las bodas a cuantos halléis”, es como cuando el Señor dijo: “id y predicad el evangelio a toda criatura; el que creyere y fuere bautizado, será salvo, y el que no creyere, se condenará, id y haced discípulos en todas las naciones”, “id, pues, a las salidas de los caminos y llamad a las bodas a cuantos halléis”, o sea que el Señor no está excluyendo a ninguna persona. A cuantos halléis, toda criatura es convidada y entonces dice: “Y saliendo los siervos por las calles, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos”, porque el Señor dijo: A cuantos halléis, no dijo a los buenos, no, a todos, ¿acaso nosotros éramos buenos? Nosotros éramos los malos que a veces todavía seguimos siendo malos. Sin embargo el Señor nos llamó ¿verdad? Luego dice aquí, la parte que sólo cuenta Mateo, ni Lucas ni Tomás cuentan esto, pero aquí Mateo cuenta una cosa muy importante. Dice aquí: “y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda”, eso es muy raro, ¿cómo estaba allí un hombre que no estaba vestido de boda? Porque cuando los reyes orientales convidaban a las bodas, a las personas del pueblo y hacían banquete para el pueblo, ellos tenían una costumbre y esa costumbre aparece incluso en “La Odisea”, la famosa Odisea que escribió Homero, aparece la costumbre cuando los reyes convidaban al pueblo; dice que antes de entrar, había personas que los bañaban, siervas, criadas que los bañaban y les ponían las vestiduras de boda porque los pobres que vestiduras de bodas iban a tener por sí mismos. Entonces si entraba por la puerta, en la puerta se le bañaba y en la puerta se le calzaba, y en la puerta se le daba la vestidura de bodas, de manera que si alguno estaba sin vestidura de bodas era porque no había entrado por la puerta, o sea, era un colado por la ventana, ¿se dan cuenta? Entonces esto es muy significativo, que el Señor pregunte por vestidura de bodas, porque es que en la Biblia se habla de varias clases de vestiduras. Cuando nosotros recibimos al Señor, somos perdonados, somos justificados, se habla de las vestiduras blancas, dice el Señor: hay algunos que andan conmigo en vestiduras blancas, pero a esos que ya andan en vestiduras blancas, dice cuando vimos el mensaje a Sardis, dice el Señor: al que venciere será vestido de vestiduras blancas, o sea que hay unas segundas vestiduras, léanlo conmigo. Vamos por favor allí a Apocalipsis capítulo 3, dice el verso 4: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras”; o sea que ya tienen vestiduras que no han manchado, es decir, personas que fueron justificadas, esas primeras vestiduras son las de la justificación, cuando el Señor perdona nuestros pecados y somos salvos; pero ahora vean el futuro “y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas”, habla de unas segundas vestiduras blancas. Si vamos al Salmo 45 donde es el cantar de bodas, allí nos damos cuenta que habla de varias clases de vestiduras. Salmo 45. Cántico de las bodas del rey, entonces los primeros versos del 1 al 9, hablan del rey y luego desde el 9, habla de la reina. Dice: “Hijas de reyes están entre tus ilustres; está la reina (es la que se casa con el rey) a tu diestra con oro de Ofir (con la naturaleza divina que es lo que representa el oro). Oye, hija, (ahora le habla a la reina, primero le habla al rey: dirijo al rey mi canto; así empieza, esa es la cabeza, después le habla al cuerpo, la iglesia) Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; (como le dijo a Abraham: sal de tu tierra y de tu parentela, sal de tus cosas y ve a las mías. El que ama más otra cosa que a mi, no es digno de mi) Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor. Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; implorarán tu favor los ricos del pueblo. Toda gloriosa es la hija de rey en su morada; de brocado de oro es su vestido” y ahora miren: “Con vestidos” ahora habla en plural, primero habla del vestido de oro y ahora habla otros vestidos, mínimo dos, “Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, compañeras suyas serán traídas a ti”, noten que habla de varias vestiduras, ¿se dan cuenta? Y lo mismo aquí como lo vamos de ver en Apocalipsis 19:8, dice: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. Entonces aquí vemos otra clase de vestidura. La primera vestidura de la que habla allí en Sardis, en el mensaje a Sardis, dice: algunos andan conmigo en vestiduras blancas, es decir, no las han manchado y andarán, o sea, son las personas justificadas, son la primera vestidura de la justificación; la segunda vestidura es como dice: “revestíos del nuevo hombre”9, que es andar en el Espíritu, son las acciones justas de los santos, esas, las acciones justas de los santos que tienen que ver con el carácter y con los hechos de los redimidos, esa es la vestidura de boda, ¿ven? La vestidura de boda no es solamente la justificación, la justificación es la primera, pero noten que a los que ya estaban con vestiduras blancas y andando con El sin mancharlas, dice: “el que venciere será vestido con vestiduras blancas”, significa que hay unas terceras vestiduras blancas, las de la justificación, las de la santificación, o transformación, o configuración a Cristo, las acciones justas de los santos, que es diferente a justificación; es el vivir en santidad y luego, claro, esto mortal será vestido de inmortalidad y estaremos resurrectos en gloria como el Señor Jesús, esas serán las definitivas vestiduras, ¿verdad? si esto mortal se deshiciere, tenemos del Señor un edificio eterno en los cielos10, o sea, hay vestiduras en el espíritu, en el alma y en el cuerpo. Las del espíritu son el nuevo nacimiento; las del alma son las vestiduras de la transformación, las de ganar el alma, la de perderla para Cristo, para vivir en Cristo y esa es la transformación y luego la resurrección del cuerpo, son las tres vestiduras. Entonces, en esta parábola del Señor Jesús, cuando Él llega, el rey llega, llega ¿en qué momento? Llega en el momento de la plena boda y encuentra una persona que había sido invitada porque dijo: a cuantos encuentren ustedes, invítenlo; pero este hombre aunque era invitado no entró por la puerta, es decir, no estuvo en Cristo, no vivió en Cristo, no tenía la vestidura, inclusive podría ser un creyente, pero si no era un creyente convertido, transformado al Señor Jesús, no estaba vestido de bodas. Entonces dice el rey aquí: “¿Cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?” porque si hubiera entrado por la puerta, hubiera sido lavado en la puerta y vestido en la puerta, porque la puerta es el mismo Señor, que nos lava y nos viste, pero éste no entró por la puerta, entró por la ventana, es como decir un nominal, un colado, un pato, como se dice aquí en Colombia, ¿ven? “Mas él enmudeció”, porque no tenía nada que decir, se quedó mudo, aterrado, fue descubierto. Sigue diciendo: “Entonces el rey dijo a los que servían” , dijo a los ángeles que son los servidores, los espíritus ministradores al servicio de los herederos de salvación,11 “atadle de pies y manos” es decir, para que no haga daño, para que no empiece a correr y hacer algún desastre allí, “Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera”, aquí no habla que es eterno, por eso pueden ser cristianos nominales, “allí será el lloro y el crujir de dientes”, especialmente, cuando aquel tiempo en invierno, en Israel, estaba la casa calientica, iluminada y afuera oscuro y con frío, tiritaban y crujían los dientes. Y dice: “Porque muchos son llamados”, y cuando el Señor dice: “Porque”, cuando dice “Porque”, lo más probable es que éste sea un llamado, un salvo, porque dice “que a los que antes conoció a éstos llamó y a los que llamó, justificó”, podría ser un salvo, pero un salvo que no participó del reino, que es la cena de las bodas del Cordero que tiene que ver con el reino. La parábola empezó: El reino de los cielos es semejante a esto, ¿ven? entonces es probable que por esta última frase este hombre haya sido un salvo no vencedor, que haya tenido una vida nominal, teniendo nombre de que vive pero viviendo en muerte, o sea, en su carne. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Cuando leemos en Romanos que dice: a los que antes conoció, a éstos llamó, a los que antes llamó, a éstos justificó y a éstos glorificó12, estamos hablando de la totalidad de los salvos, pero cuando dice que muchos son llamados y pocos escogidos, está haciendo la diferencia, los llamados pueden ser los salvos, pero los escogidos son los vencedores, porque son escogidos en el contexto del reino, en el contexto de las bodas, ¿amén hermanos? Este era el comentario que tenía. ¿Ustedes me permiten enseñarles en cinco minutos un cántico que tiene que ver con esto? "Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado: Piedad Gutiérrez Durán del comité de revisión” 1 Gn:2:18 2 Ap:19:9 3 Cnt 2:10, 13 4:8 4 Mt 10:6 5 Jn 3:29 6 Mt 10:31 7 Mt 10:16 8 Hch 13:46 9 Col 3:10 10 2Co 5:1 11 He 1:14 12 Ro 8:29,30

LA HIGUERA ESTÉRIL

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:48, Categoría: General

(34) LA HIGUERA ESTÉRIL EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (34) LA HIGUERA ESTERIL Localidad de Teusaquillo (12 de agosto de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Vamos a Lucas capítulo 13, por favor. Lucas capítulo 13, de los versos 6 al 9. Siguiendo la serie de los misterios del reino de Dios en las parábolas del Señor Jesucristo, llegamos hoy a la consideración de la parábola de la higuera estéril; esa es la consideración de hoy, la higuera estéril. Vamos a ver primeramente los cuatro versos y después volveremos sobre nuestros pasos, Dios mediante. “Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto... (esa palabra, “bien”, es un agregado del traductor; realmente, la frase en el griego, queda en suspenso) “si diere fruto; y si no, la cortarás después” Como lo dice el verso 6, es una parábola. Después de esta ocasión, nos narran también Mateo y Marcos, que el Señor actuó esta parábola, pero primero la dijo. En el contexto de Lucas, aparece primero la enseñanza oral del Señor Jesús, después Él dio un ejemplo a través de una actitud que los hermanos recordarán, y que hoy vamos a recordar también, pero empecemos a considerar esta parábola aquí como Lucas la presenta del Señor Jesús. “Dijo también esta parábola”; si hubiera dicho: “Dijo esta parábola”, sin la palabra que aquí se traduce “también”, que puede traducirse “entonces”, “igualmente”; esa palabra traducida aquí “también”, ubica la parábola desde un contexto más amplio. Cuando dice: “dijo también”, quiere decir que había dicho ya unas cosas y ahora está continuando, y la continuación es esta parábola, pero lógicamente que si la continuación es esta parábola, la parábola se ubica en una coyuntura un poco más amplia de la sola parábola; es decir, él está usando esta parábola en un contexto, el cual nos habla del arrepentimiento necesario. Fíjense en que al final del capítulo 12, el Señor había dicho desde el verso 57: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aún la última blanca”, o sea que no hay que dejar pasar el tiempo sin arreglar los problemas, las dificultades, sin pagar las deudas, sin pedir perdón donde corresponde, sin solucionar lo que tiene que ser solucionado, no sea que seamos sorprendidos por la venida del Señor o con nuestra muerte y ya no tengamos oportunidad de hacerlo y nos toque llegar con esa deuda al tribunal de Cristo; entonces dice desde el capítulo 13, verso 1: “En este mismo tiempo”, o sea, cuando estaban hablando de esto, “estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?”, porque nosotros, a veces, tenemos la tendencia de decir -bueno, a éste le sucedió este percance; seguramente tenía algún pecado oculto y por eso a él le sucede eso; quizás a mi no me está pasando nada, no porque yo no tenga problemas también; quizá mis problemas son más serios y más graves, quizás estoy es perdiendo tiempo-. Dice en Apocalipsis que Dios le dio tiempo a Jezabel para que se arrepintiera[1]. La mayor cantidad de palabras dirigidas a las iglesias es la dirigida a Tiatira; la mayor longanimidad fue expresada para Tiatira: “le he dado tiempo[2]”. Si nosotros miramos en la historia de la iglesia lo que representa Tiatira: duró casi mil años; es la edad o período de la historia de la iglesia más largo, y que no le esté sucediendo nada, no significa que no tenga problemas; que le esté sucediendo a aquellos galileos que Pilato mezcló su sangre con los sacrificios paganos de los romanos, no quiere decir que esos galileos eran peores; el Señor dice -no, no hay que pensar de esa manera-; a veces nosotros pensamos que como otro está siendo corregido, el otro es más culpable que yo y puede ser que lo sea yo. Sigue en el verso 3: “No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si nos os arrepentís, todos pereceréis igualmente”, o sea que en ese contexto de la llamada al arrepentimiento es que el Señor habla esta parábola. Si lo que ha dicho hasta aquí es una llamada al arrepentimiento, la parábola que sigue es también una llamada al arrepentimiento, pero ahora mismo. Había dicho hasta aquí: “Si no os arrepentís”, pero con la parábola está diciendo: -ya estoy esperando fruto hace varios años, ya la orden de ser cortada fue dada, pero hay una intercesión, entonces vamos a esperar un poquito-. Hermanos, esta parábola está en ese contexto; uno no sabe en qué momento la decisión de Dios de esperar, termina. Nosotros no podemos tener la certeza de cuándo Dios dice: -Basta, hasta aquí-. Recordemos cuando el Señor consideraba la gente antidiluviana; el diluvio no venía, había fiesta, había parranda, había exageración, había violencia; pero Dios dijo a Noé: “No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre[3]”, o sea que el Espíritu del Señor está constantemente contendiendo con nosotros para que nos volvamos a Dios, para que reconozcamos nuestros pecados, para que arreglemos nuestros problemas, pero uno no sabe cuándo Dios va a decir: -Basta-, porque Dios es sabio. Si Él dijo que no echemos nuestras perlas a los puercos, ni demos lo santo a los perros, Él lo va a hacer así; si Dios da una orden a través del Señor Jesús, es porque Él mismo es así; Él cumple esa orden antes de darla. Dios sabe cuándo ya no vale la pena ser más longánime; cuándo hay que poner un punto final, y a veces uno piensa que porque las cosas están tranquilas, no está pasando nada, pero sí, sí está pasando algo; se está acabando el tiempo. “Le he dado tiempo para que se arrepienta, y no ha querido arrepentirse. He aquí entonces, yo la arrojo en cama y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que Yo soy, dice el Señor, el que escudriña la mente y el corazón[4]”; aunque la palabra aquí es una traducción, el original dice: los riñones, o sea, lo más íntimo y profundo de nuestro ser; entonces nosotros no sabemos cuándo cruzamos una línea invisible, porque esa línea sólo la conoce Dios, porque es Dios el que sabe decir: -¡Basta!-; uno no sabe cuándo Dios va a decir: -¡Basta!-, o sea que uno no debe abusar de la gracia de Dios, ni convertirla en libertinaje; eso nos enseña esta parábola en este contexto del llamado al arrepentimiento, y al arrepentimiento ya. Éste es el día de salvación; hoy, hoy, no sea que nosotros digamos: -mañana- y el mañana no esté en nuestras manos. “Dijo también…”, eso es lo que quiere decir “también” en el contexto de la parábola; “…esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña”; noten que aquí la viña es más amplia que la higuera; la higuera está en la viña; en la viña se plantan vides, se plantan uvas, así que se muestra lo más amplio, y lo más pequeño; si la higuera representa, como lo vamos a ver, a Israel, entonces la viña abarca el resto de las naciones, y por eso también el Señor habla de la higuera y los demás árboles, por eso habla de la higuera en la viña; la higuera es una de las plantas que hay en la viña, pero en la viña hay otras plantas. La palabra del Señor habla de las vides y de las viñas; claro que Israel también era una viña. En el caso cuando Dios trataba con Israel, Israel era la viña y Jerusalén era la higuera, pero ahora que Dios trata con todas las naciones, la viña está en todas partes donde Dios trabaja, y Dios trabaja por toda la tierra y con la iglesia, y las iglesias, hoy, son las vides en el cerner del Señor; por lo tanto, la higuera tiene que ver principalmente con Israel, aunque claro, cuando Dios trata con Israel, nosotros tenemos que poner atención también por lo que Dios dice en Romanos capítulo 11, de que nosotros, los gentiles, no nos ensoberbezcamos, porque si Dios trató con su bondad, y a la vez con severidad a Israel, que son las ramas naturales, ¿no lo haría también así con los gentiles? Vamos al capítulo 11 de Romanos, desde el versículo 16 en adelante, donde dice: “Si las primicias (que se refería a Israel) son santas, también lo es la masa restante”; es decir, el resto de los que han de ser llamados de Israel, ese remanente final de los 144.000 de las doce tribus de Israel que corresponden al resto de la masa de Israel; “…y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas…”; noten, no todas, porque Pablo mismo era judío, los apóstoles lo eran, había iglesia en Jerusalén, las iglesias de Judea existían; “algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre…”, es decir, los gentiles; éstos son los dos olivos: Israel y los gentiles; el pueblo de Dios, uno y otro; “…has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas”; para analizar esta parábola, hay que hacerlo sin ninguna jactancia; “y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti”, o sea que somos sustentados por la revelación de Dios a Israel, por las promesas de Dios a Israel, por el Mesías prometido a Israel. “Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará”. Quiere decir que en esta parábola en la cual el Señor habla a Israel, también nos habla a nosotros, porque dice: “si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permanece en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”, y luego, a continuación, Pablo explica el misterio de Israel; su endurecimiento parcial, hasta que entre la plenitud de los gentiles que habían de ser salvos; un pueblo entre los gentiles para el nombre del Señor y luego, la restauración de Israel. Leí este pasaje porque vamos a hablar de la higuera, pero cuando Dios le habla a la higuera, que es Israel, nos está hablando a nosotros porque dice: -Mira, mira la bondad y la severidad de Dios; si Dios trató así a las ramas naturales, ¿no lo haría también contigo?-, o sea, esta parábola que va dirigida a Israel tiene que ver también con nosotros; Dios actuaría de la misma manera si nosotros actuamos de la misma manera que Israel. Volvamos, hermanos, a Lucas capítulo 13: “Tenía un hombre una higuera plantada en su viña”; aquí está lo distintivo de Israel en medio de las naciones. Que la higuera se refiere a Israel podemos verlo en varios pasajes. Miremos Jeremías capítulo 24, donde con toda claridad, el Señor, se refiere a Israel y se refiere a los higos buenos, que son los frutos de la higuera, y a los higos malos; la higuera puede tener frutos buenos o frutos malos. Entonces vamos allí a mirar Jeremías capítulo 24: “Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilona a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Yahveh dos cestas de higos puestas delante del templo de Yahveh”; dos cestas de higos, o sea, el fruto de la higuera. “Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer. Y me dijo Yahveh: ¿Qué ves tu, Jeremías? Y dije: higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer. Y vino a mi palabra de Yahveh, diciendo: Así ha dicho Yahveh Elohim de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien”; los eché para bien, para bien; voy a corregirlos allá, allá van a aprender que la idolatría es abominable; allá se van a aferrar a la fe de un solo Dios y lo van a buscar, y van a retornar; esos son los higos buenos. “Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Yahveh; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios, porque se volverán a mí de todo su corazón. Y como los higos malos, que de lo malo no se pueden comer, así ha dicho Yahveh, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto. Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos los lugares a donde yo los arroje. Y enviaré sobre ellos espalda, hambre y pestilencia (los tres caballos: el rojo, el negro y el amarillo) hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres”; se volvieron a Egipto, esos son los higos malos; unos son buenos, los que se someten a la disciplina del Señor y vuelven a la tierra y al plan de Dios; los otros son malos, los que siguen sus propios caminos y se vuelven a Egipto, o sea que estos higos se refieren a Israel, pero la higuera es un símbolo de Israel; pero la higuera puede tener hojas y no frutos, o puede tener frutos malos y frutos buenos, entonces esta parábola nos habla primero como parábola y después en actuación; el Señor actúa de la misma manera. Dice ahí en Lucas 13: “Tenía un hombre una higuera (Israel), plantada en su viña (que es el resto de las ovejas del Señor que no son de Israel, pero que son también de la viña del Señor), y vino a buscar fruto en ella”, vino a buscar fruto en ella; vino el Señor y estuvo tres años en medio de ellos, porque el ministerio público del Señor duró tres años y medio; en el cuarto año El murió por todos los hombres, para salvar al mismo Israel, también a todas las naciones; “y no lo halló. Y dijo al viñador”; aquí el Señor le habla al viñador; el Señor es el encargado de la viña; Éste es el Hijo de Dios, el que tiene que cuidar la viña, es el que tiene que cavar, es el que tiene que abonar; representa al Señor Jesús; el Padre diciéndole al Hijo: “He aquí, hace tres años que vengo”, porque cuando el Señor viene, el Padre viene; tres años llevaba el ministerio del Señor Jesús; “…vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo”; el Señor quería que la palabra del Señor produjera fruto en medio de Israel, pero no produjo fruto; no lo halla; “córtala”: no dijo el Señor: -el reino será quitado a este pueblo y será dado a otro pueblo que dé fruto-; fue quitado temporalmente de Israel para que después los gentiles produjeran un pueblo para su nombre; sólo al final el Señor retorna de nuevo a Israel; entonces dice: “¿para qué inutiliza también la tierra?”; noten este pensamiento tan sabio del Señor; ¿por qué el Señor no deja a Israel seguir produciendo sólo hojas? Pura pamplina, pura palabrería, pura justicia propia es lo que representan las hojas. La primera vez que aparecen las hojas de higuera en la Biblia es para enfrentar la justicia propia con la que se quisieron esconder Adán y Eva. Se pusieron delantales de hojas de higuera pensando que con eso bastaba, y eso no significaba para Dios nada; la justicia propia, la justicia del hombre, es pura paja, pura palabrería, pura necedad, nada de realidad espiritual; ¿verdad? Eso es lo que representan esas hojas; el Señor no quiere encontrar sólo hojas, sino higos; y buenos para comer. Y dice: “¿para qué inutiliza también la tierra?” Primero, está ocupando un espacio; segundo, está produciendo una sombra que no deja que el sol llegue a las otras plantas del lado; y tercero, está sacando los nutrientes de la tierra y desperdiciándolos; los nutrientes que debían ser para producir fruto se están yendo en lo que no sirve; es tiempo perdido, esfuerzo perdido, producción perdida; ¿no es eso inutilizar la tierra? Saca los nutrientes, impide que le llegue el sol a las plantas que están cerca, y está quitando espacio para que otros den fruto y él no está produciendo fruto; por eso el Señor es también un cavador. El Señor Jesús dijo que Él era una vid, que nosotros somos los pámpanos de la vid y que nuestro Padre es el labrador, y que todo pámpano que no da fruto, lo cortará; lo echará al fuego; pero el que da fruto, lo podará para que dé mas fruto[5]. ¿Para qué es que se poda? para que se concentre la savia en las ramas fructíferas. Cuando hay muchas hojas y muchas ramas que no van a producir fruto, ellas derivan para sí la savia, y la savia se dispersa en cosas innecesarias y se pierde por las ramas y no se concentra en las ramas donde verdaderamente va a haber fruto. Entonces el Señor hace el trabajo del podador; Él es el labrador que poda; Él tiene que podar todo lo que es inútil para que toda la fuerza se concentre en las ramas útiles; así el Señor tiene que hacer con nosotros; a veces nosotros nos perdemos en cosas inútiles y el Señor tiene que podar para que la fuerza se concentre en lo que realmente va a producir y no haya competencia para el fruto, pero cuando no se poda, la savia no se puede ir para el fruto; sólo un poquito le llegará al fruto, el resto se irá para actividades inútiles; ¿se dan cuenta? entonces es necesario podar. El señor dice: -es necesario cortar esta higuera inútil, esta higuera estéril; le he dado tiempo; tres años-, tres años estuvo el Señor Jesús entre ellos; tres años y medio, pero aquí, a los tres años, el Señor les dice esto. Entonces la decisión era cortarla para que no inutilizara la tierra. Verso 8: “Él entonces”, o sea el viñador, el encargado de la viña, que debía presentarle al Señor el fruto de la viña, le dijo: “Señor”; aquí está la intercesión de Cristo: “Señor, déjala todavía este año”; el Señor duró medio año más, porque a los tres años y medio Él murió; al tercer día de morir, resucitó; a los cincuenta días vino el Espíritu Santo y nació la Iglesia. Entonces dice aquí: “déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella”, ese es el trabajo del Señor: cavar; cavar es herir y poner estrumen, estiércol, esa es la palabra que dice aquí que es el abono, o sea, para que la higuera pueda dar fruto, alguien tenía que morir; tenía que haber un trabajo con la tierra, la tierra tenía que ser hendida y tenía que haber una humillación bajo la tierra de aquello que se volvió abono para que por la muerte, la vida; como dice Pablo: -en nosotros actuó la muerte y en vosotros la vida[6]-; si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no lleva fruto[7]; el Señor tuvo que abonar la tierra con su propia muerte para salvar a Israel y a los gentiles; a los que creyeran, pero los que no creen, que no dan fruto, ¿qué pasa con el que no da fruto? se secará y lo recogen en el fuego, ¿verdad? para lo único que sirven las ramas secas es para alimentar el fuego. Dice el verso 9: “Y si diere fruto”, y aquí, esta palabra “bien”, la agregó el traductor para que la idea quede completa, porque realmente en el griego la idea está incompleta; quiere decir que nosotros somos los que la tenemos que completar; si diere fruto, no estéril; Él ya hizo todo lo que tenía que hacer. Cuando hablaba de la viña: -¿qué no he hecho yo a mi viña?; todo lo que tenía que hacer, hice, pero no está produciendo fruto; o sea que la parte de Dios ya fue hecha, ahora es la parte nuestra. “Si diere fruto”, eso depende ahora es de nosotros porque la provisión ya está; Él murió por nosotros, derramó su sangre, envió el Espíritu y nos anunció la palabra, y ha estado lloviendo, pero si esa producción, en vez de producir fruto produce espinas y abrojos, entonces va a venir intervención y juicio del Señor. “Y si diere fruto… y si no, la cortarás después”. Miren al Señor diciendo: -no la cortes ahora-, ¿qué pasó? Algunos pocos recibieron al Señor, pero la mayoría de los israelitas no lo recibió, entonces dijo el Señor: -Cortadlos; he aquí, nos volvemos a los gentiles-, y Dios comenzó a trabajar con los gentiles, e Israel, la higuera, fue podada, y fueron esparcidos a los cuatro vientos de la tierra; gracias a Dios que hay promesa para un remanente final, un Israel que será salvo; no dice que cada israelita, sino Israel como nación; las doce tribus de Israel representadas en los 144.000; ahí volverá para el final. Esto que el Señor enseñó en forma de parábola, también lo actuó; a veces las profecías no solamente eran dichas, sino también actuadas. Por ejemplo, a veces el Señor le decía a Isaías o a Ezequiel que hicieran ciertas cosas; a uno le tocó desnudarse y andar desnudo, ¿qué le parece? ¡Terrible! Un profeta para hacer actos proféticos. Ezequiel tenía que salir con los enseres para mostrarles cómo ellos iban a salir con los enseres transportados al cautiverio. Uno de ellos tuvo que sentarse varios días de un costado frente a un ladrillo, y tenía que cocinar con sus propios excrementos, y Dios fue misericordioso y dijo que cocinara con los excrementos de vaca, pero le hubiera tocado con los propios, y luego actuar para el otro lado. A uno le tocó quitarse el cabello y la barba, y esparcirla; eran actos proféticos. A veces las profecías se dicen; a veces se hacen, y aconteció en la vida del Señor Jesús algo que ilustra esta profecía en la actitud del Señor. Vamos a Mateo 21, y eso también está registrado en Marcos 11; vamos a tener esos dos pasajes; Mateo 21, desde el versículo 18 al 22, y Marcos 11, desde el verso 12 al 14, y luego más adelante también en Marcos 11, del 20 al 26. Entonces vamos a leer los testimonios de Marcos y de Mateo. Leamos primero el de Mateo capítulo 21, versos 18 al 22: “Por la mañana, volviendo a la ciudad…”; noten, Él había estado en la ciudad, había purificado el templo; luego se fue a hospedar en Betania; Él no se hospedó en Jerusalén, fíjense; Jerusalén era la ciudad del Gran Rey, así era llamada Jerusalén, pero Él no encontró recepción en Jerusalén, no encontró fruto; entonces, ¿dónde lo recibían? en Betania, una aldea que quedaba en las afueras, como decir, se va de Bogotá para Chía; y allá en Betania fue acogido donde Lázaro, Marta y María, y luego posó allá; no posó en Jerusalén porque allá no fue acogido, fue acogido en Betania, que era llamada Betfagé, que quiere decir “casa de higos”; o sea que el Señor no encontró higos en Jerusalén, pero encontró higos en Betfagé, o sea, en Betania. “Por la mañana”, o sea, salió temprano; Él a veces acostumbraba a madrugar; y se fue otra vez a Jerusalén, sin desayunar, porque dice que tuvo hambre por la mañana, o sea que se regresó a Jerusalén. “Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella”, o sea que Él venía hacia Jerusalén, la capital de Israel, y Él tenía hambre, y Él quería encontrar higos en Jerusalén, como había encontrado en Betania, pero dice: “y no halló nada en ella, sino hojas solamente”, o sea, las hojas representan la justicia propia, pura palabrería, cosas del hombre natural, nada del Espíritu de Dios; eran puras hojas; “y le dijo: nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera”. Vamos a parar aquí y vamos a ver el testimonio de Marcos; volveremos aquí a Mateo para completarlo. Marcos capítulo 11, lo dice primero del 12 al 14, la primera parte: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania”, o sea que por los datos sabemos que no iba sólo Jesús, sino con los discípulos, “tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos”. Aquí Marcos, que parece el portador de Pedro, da más explicaciones; sin embargo, ustedes saben que la higuera tiene la característica de producir higos desde el mismo tallo, y puede producir higos bastante tiempo; tres años ya es suficiente para dar fruto, pero aquí no dice que la higuera tenía tres años, sino que ya hacía tres años que esperaba que diera fruto, y no dio fruto, dice la parábola, ¿verdad? Entonces allí debía tener las primicias, porque cuando no es el tiempo de higos, debe haber las primicias o los rebuscos, los últimos, o los primeros. “Entonces dijo Jesús a la higuera: nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos”. Continuemos ahora con Mateo desde el verso 19 del capítulo 21, cuando dijo: “Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó enseguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”, o sea que el Señor actuaba en la fe, en la fe de Dios; tener fe en Dios; no es fe en la fe, no es fe en la palabra hablada; es fe en Dios, y Jesús actuaba en Dios y eso se cumplió, y ellos se quedaron maravillados, pero ellos lo que vieron fue el milagro externo; la higuera natural secándose por no haberle dado fruto al Señor, pero el Señor ya había dicho una parábola que registró Lucas, no la registró Mateo ni Marcos, pero la registró Lucas. Él estaba actuando la parábola. Dice Marcos, volvamos a Marcos capítulo 11, ahora desde el verso 19; aquí está la purificación del templo, ¿verdad? Dice el verso 19: “Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad”, o sea, se fue a Betania de Betfagé. “Y pasando por la mañana”, o sea, cuando volvían de Betania a Jerusalén, “vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acercándose, le dijo: Maestro”; o sea que Marcos cuenta que era Pedro; Mateo dice: “los discípulos”, claro, el portavoz fue Pedro; “mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios”. Muchos usan esto de la palabra de la fe, pero no entienden que esta fe es en Dios, no es fe en la fe; no es un chamanismo: -ahora voy a pinchar este muñeco para acá, para que le duela a ese pobre cliente ahí en ese punto-; eso también es fe, pero esa es fe chamánica, ¿verdad? Hay mucha gente que le hace fuerza, cruza los dedos para que no haga gol el otro equipo y meta gol el que es; no es fe en la fe, no es fe en el mentalismo; la cuarta dimensión, en la visualización, en soñar, cosas tipificas de la nueva era, que es la vieja era de nuevo; es fe en Dios, en la palabra de Dios y en los planes de Dios; fe en Dios. “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón…”, si creyere, ¿en quién? en Dios, “sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”; note que a veces se dice, y se ora, y se pide sin creer; una persona puede orar treinta veces, y reprender treinta veces, pero lo importante no es reprender treinta veces; lo importante es creer la primera vez. Si oro, debo creer y recibir; si reprendo en el nombre del Señor, debo creer y dejarlo con el Señor; si no creo, estoy repitiendo, repitiendo y repitiendo, y esa repetición muestra que no creí; debo creer que lo recibí, diciendo: -Señor, tú oíste, creo, ya está en tu mano-. No soy yo por medio de la fuerza, por medio de insistir; no es por medio de insistir y hacer fuerza, no; es por medio de la fe en Dios. Entonces creer, creer que lo recibisteis, y os será hecho, “y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad”, porque a veces lo que nos impide creer son las acusaciones en el corazón, por eso el apóstol Juan dice: “si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, pero si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios[8]”, o sea, para poder tener fe y confianza en Dios, no hay que tener acusación en el corazón, y por eso hay que perdonar. Entonces dice: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”, y eso dijo el Señor en el contexto de la higuera maldecida y seca porque no produjo fruto, o sea, el registro de Mateo y de Marcos nos muestra un hecho que aconteció, un acto; el Señor vino a buscar higos porque tenía hambre, eso es algo natural; quería desayunar, seguramente con higos, pero eso también simboliza a Israel, a la higuera, y el deseo del Señor por el propósito de Dios; querer encontrar fruto en Israel, y no lo encontró; entonces fue quitada, fue cortada esa higuera para no inutilizar la tierra, para dejar espacio para otros que lleven el fruto que ella no está llevando; hay que quitar lo que no sirve. Fíjense que cuando hay dos árboles demasiado cerca, el chiquito crece torcido porque el otro es demasiado grande, entonces el chiquito tiene que buscar el sol por el costado así. Miren, vayan por las aceras y fíjense en que a los arbolitos chicos les toca andar torcidos por causa de los grandes; eso quiere decir que hay que saber abrir espacio a los demás para que no crezcan torcidos; si siempre está el grande ahí encima, los chiquitos van a crecer con tortículis, ¿no es así? Hay que dejar suficiente espacio para que cada uno se desarrolle sin ser demasiado atosigado, sin ser demasiado sofocado por los demás; hay que dejar en libertad a las personas, dejarles su propio espacio para que en su propio espacio puedan crecer derechitos; no torcidos, ¿amén hermanos? No debemos sofocar demasiado a la gente. Entonces aquí el Señor actuó algo que era lo mismo que El había enseñado en la parábola; pudo haber sido algo natural, pero eso natural fue algo muy significativo, porque resultó ser lo que Él había dicho en la parábola: vino a buscar fruto, pasó un año, dos años, tres años; ahora nosotros, ¿qué lección tenemos que tomar de aquí? Sí, eso sucedió con Israel, y hasta hoy Israel está prácticamente fuera; gracias a Dios que ya se están viendo señales en Israel de judíos volviéndose cristianos, volviéndose mesiánicos, volviendo al Señor; quiere decir que el tiempo a los gentiles se nos está acabando, y ya el del Señor para volverse a Israel está cerca. Ya el Señor ha hablado a varios hermanos; les ha dado visiones, les ha dado sueños, les ha dado órdenes; no sé si está aquí nuestro hermano Jorge; él me contó una visión que tuvo hace unos días; estaba orando y vio al Señor y el Señor estaba alegre y le dijo: -Ya me voy a casar-, fue muy precioso, y nuestro hermano Román tuvo un sueño, que quisiera que lo cuentes ahora, que nos habla del tiempo, ¿verdad hermano? ¿Quieres contar el sueño, por favor. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. [1] Ap 2:18-21 [2] Ap 2:21 [3] Gn 6:3 [4] Ap 2:21-23 [5] Jn 15:1-6 [6] 2 Co 4:12 [7] Jn 12:24 [8] 1 Jn 3:20-21

EL ECÓNOMO INICUO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:46, Categoría: General

(35) EL MAYORDOMO INFIEL O EL ECONOMO INICUO EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (35) EL MAYORDOMO INFIEL O EL ECÓNOMO INICUO Localidad de Teusaquillo (19 de agosto de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Padre, en el nombre del Señor Jesús, te agradecemos la oportunidad de estar a tus pies, en el solo nombre del Señor Jesús. Señor, rogamos a Ti, que por tu Santo Espíritu, la palabra tuya que hemos de abrir, que hemos de leer, llegue a ser para nosotros luz y vida; que Tú puedas tocarnos y encaminarnos a través del Espíritu de tu Palabra, que apreciemos tu Palabra de todo corazón, que temamos y temblemos ante ella. Ayúdanos Padre, en el nombre del Señor Jesús. No estamos delante de Ti porque lo merezcamos, sino porque Tú has sido misericordioso y nos ha dado esta inmensa oportunidad. Te pedimos la intervención de gracia de tu Espíritu para que Tu puedas, Señor, tratar con nosotros, mientras consideramos en Tu presencia y con Tu ayuda, tu Palabra. Nos encomendamos a Ti, en el nombre del Señor Jesús. Amén. Hermanos, la paz del Señor Jesús sea con todos. Vamos, con la ayuda del Señor, a dar continuidad a la serie de los misterios del reino de los cielos, en las parábolas del Señor Jesucristo. Hoy estaremos tomando una parábola que se encuentra, solamente, en el evangelio según San Lucas, ni Mateo, ni Marcos, ni Juan, hacen referencia a ella, pero el Espíritu Santo la dejó para nosotros por Lucas. Está en el capítulo 16 de este evangelio. Lucas capítulo 16, aquí las Sociedades Bíblicas la tituló como la parábola del mayordomo infiel o del ecónomo inicuo. Es una parábola que Lucas asoció con otras palabras del Señor Jesús a continuación, y por alguna razón, el Espíritu Santo las colocó, inmediatamente después, de esta parábola. Entonces, vamos a incluir, además de los versos que las Sociedades Bíblicas, colocaron dentro del título de la parábola del mayordomo infiel, vamos a incluir los dos siguientes subtítulos, es decir, hasta el verso 18. Vamos a ir leyendo despacio, y después, con la ayuda del Señor, volveremos sobre nuestros pasos. Ha sido considerada por algunos exégetas, la parábola más difícil; quizá no sea tan difícil, sólo que nosotros mismos la hacemos difícil, cuando tenemos algunos preconceptos o lo vemos desde algunos presupuestos, pero si le dejamos decir lo que dice y procuramos entender, realmente, lo que sí está diciendo, y lo que no, creo que el Señor nos hablará. La dejó aquí para hablarnos. Entonces, vamos a ponerle atención al Señor, mientras leemos lo que Él dijo. Leo desde Lucas 16:1 hasta el verso 18, después del 18 viene la historia que algunos han llamado también parábola, aunque no dice el Señor que sea parábola, del rico y Lázaro, no dice que es parábola, es una historia, pero ésta sí es una parábola. “Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? El dijo: Cien batos de aceite (lo que dice ahí barriles, son batos, los batos equivalente a 37 litros). Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo (esta palabra es cien coros que equivale a 370 litros). El le dijo: toma tu cuenta, y escribe ochenta. Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente, porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz. Y yo os digo. Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación. La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley. Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera”. Después diremos las razones por las que pusimos juntos todos estos versos, no sólo nosotros, sino en el texto aparece todo esto junto. Vamos entonces a volver sobre nuestros pasos y vamos a ir meditando sobre las cosas que hemos leído. “Dijo también a sus discípulos”, también, quiere decir que había dicho ya unas cosas, ustedes se dan cuenta qué era lo último que había dicho, la parábola del hijo pródigo, y había un hermano del pródigo que estaba enojado, porque el pródigo había sido perdonado y recibido, y aquí el Señor da las razones de por qué había que alegrarse, por haber recibido al pródigo; y ahora le habla a los discípulos, pero, como ustedes se pueden dar cuenta, como lo dice también el versículo 14, lo oían los fariseos, “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él”, o sea, que Jesús, en el verso 1, habla a sus discípulos; esta parábola va dirigida a sus discípulos, pero los fariseos estaban cerca y pusieron atención a lo que el Señor le decía a sus discípulos y se burlaban, entonces ahí, se dirigió a ellos, y les habló a ellos unas palabras, que son las que vienen a continuación. Entonces, por eso dice: “Dijo también”, es un contexto, no es una parábola aislada, sino una parábola contextual. “Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes”, démonos cuenta, que aquí, seguramente, este hombre rico está representando al mismo Señor, porque Él es, el que realmente es, el dueño de todo, todas las cosas son del Señor, todos los bienes son del Señor, Él es el que tiene un plan, tiene un programa y por lo tanto existe una economía, que es lo que aquí se traduce como mayordomía. La palabra es oikonomía de oikos, hogar o casa, y nomos, norma o ley, oikonomía, economía, la ley de la casa, la norma del hogar, el arreglo administrativo del reino de Dios. Hay un arreglo administrativo, hay algo que administrar, hay unos bienes y hay un objetivo para el cual invertir esos bienes, hay una manera correcta de invertir esos bienes para que cumplan el objetivo; todo eso es una economía o una administración, o una mayordomía; todos nosotros estamos representados aquí en este mayordomo, sólo que podemos ser un mayordomo fiel, o podemos ser un mayordomo infiel, el mayordomo es mayordomo en relación a bienes ajenos. Por eso dice: si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Algunos manuscritos posteriores, cambiaron de vuestro a nuestro, pero la mayoría y los más antiguos dicen vuestro, así como Reina Valera lo tradujo es lo más correcto. Bienes, nosotros tenemos bienes que no son nuestros; el dueño de los bienes es este hombre rico, que se refiere al Señor; el Señor es el dueño del oro y de la plata, el Señor es el dueño del universo, de Él es todo como dice la Escritura, “porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas”1, el Señor realmente es el dueño de todo, pero Él tiene una manera de delegar esos bienes. Cuando se delega algo, se delega con un objetivo, si no hubiera un objetivo y si no hubiera una manera correcta de administrar, pues no habría ningún orden, pero si hay unos bienes que fueron encomendados, fueron encomendados para algo, si hay una disipación de bienes es porque, realmente, hay algo que se debía hacer con esos bienes, y otra cosa no se debía hacer. Si nosotros captamos eso, nos vamos a dar cuenta, que a veces, nosotros tenemos cosas en nuestras manos, que nosotros consideramos nuestras, pero que realmente fueron una delegación de Dios a nosotros, y nosotros podemos administrar bien lo que el Señor puso en nuestras manos, o podemos disipar esos bienes, podemos emplear lo que nos fue dado, de una manera como el Señor no quiere, entonces aquí, nos damos cuenta que, todos nosotros, somos responsables. Para comentar un poquito estos primeros versos, miremos, en 1ª a los Corintios capítulo 4, una expresión del apóstol Pablo por el Espíritu Santo, que nos ayuda a entender esto de la mayordomía, o de la economía, o de la delegación, o de la comisión, dice el capítulo 4, dejamos marcado en Lucas porque volveremos allí. Dice el apóstol Pablo: “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores (esa palabra administradores es la misma palabra ecónomo, que se tradujo allí mayordomo, aquí se tradujo administradores, la palabra es ecónomo), téngannos los hombres por servidores de Cristo, es decir, nosotros servimos es a Cristo, a la causa de Cristo y a la persona de Cristo, el Señor es el Rey, y administradores de los misterios de Dios”. Aquí en Corintios dice: “Administradores de los misterios de Dios”, o sea, se nos confían los misterios de Dios. En Pedro dice que se nos confía la gracia de Dios2 y en Tito dice que se confía el propio Dios3. Vamos a ver esos tres aspectos de la administración, volvemos a leer aquí el resto de 1ª a los Corintios, pero vamos a ver en Tito, tengamos marcado ahí en 1ª a los Corintios 4, Lucas 16 y ahora vamos a Tito capítulo 1, dice el verso 7: “Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios”. Entonces en 1ª a los Corintios 4, aparecen los apóstoles como administradores de los misterios de Dios, se les confía primeramente a los apóstoles, para que a través de los apóstoles se le confíen a la iglesia; la iglesia recibe, por medio de los apóstoles de Dios, la administración de los misterios de Dios; ahora aquí, a través de los ancianos de la iglesia, que son los obispos, dice: “Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios”; aquí aparece como administrador de Dios mismo, o sea, Dios se le confía, y lo que Dios le confía debe administrarlo, y ahora sí, en general para toda la iglesia. En 1ª de Pedro capítulo 4, versículo 10, dice: “Cada uno (aquí ya se refiere a cada hermano, a cada hijo o hija de Dios, a todo miembro del cuerpo de Cristo) según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. Entonces, existe la administración de la gracia, la administración de Dios, la administración de los misterios de Dios. Esa palabra administración ha sido traducida “mayordomía”, aquí en Lucas 16, ha sido traducida “dispensación” en Efesios4 y en Colosenses, ha sido traducida “comisión” en 1ª a los Corintios 9. Vamos 1ª a los Corintios 9 para ver esa palabra oikonomía o economía traducida como si fuera “comisión”, 1ª a los Corintios capítulo 9 verso 17: “Por lo cual, dice Pablo, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada”, esa palabra que él tradujo aquí, “la comisión”, en el idioma griego es “la economía”, la misma palabra que aquí en Lucas se tradujo “mayordomía”, que en Efesios se tradujo “dispensación” o “administración”, aquí en 1ª a los Corintios, donde se tradujo comisión, es también economía, la economía me ha sido confiada. También, cuando Pablo le escribe a Timoteo, vamos allí, a 1ª a Timoteo capítulo 1 versos 3 y 4: “Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñasen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios “, aquí dice “edificación de Dios”. La palabra en el griego es economía, lo mismo, oikonomía, porque oikodomía es edificación, con “d”, pero oikonomía, con “n” es de economía, es administración y aquí en el griego dice oikonomía, esta palabra aquí se refiere a la economía divina, al plan de Dios, al arreglo administrativo, ¿qué quiere decir esto? que algo nos fue confiado para producir algo. Si por ejemplo se dice: - vamos a darle aquí al hermano Gino, $50.000 de una ofrenda para que se los lleve al hermano Leonardo de Barbosa que está pasando necesidad -, entonces hay algo que se me confió. Ahora, ¿qué debo hacer yo con lo que se me confió? Debo cumplir el objetivo, ¿cuál es el objetivo? Ayudar a nuestro hermano que está en necesidad; pero yo me los como en empanadas, quiere decir que le di un destino egoísta y diferente a aquello que me fue confiado. ¿Verdad? Con este preámbulo, volvamos al capítulo 16 de Lucas: “Había un hombre rico, es el Señor, que tenía un mayordomo”, que es cada uno de nosotros, un mayordomo, quiere decir un ecónomo, una persona a quien se le encomiendan unos bienes, para que los administre según el objetivo del dueño, el dueño dice: - mira, aquí te voy a dar esta finca que tiene tantos miles de hectáreas y aquí produce trigo y produce también olivas, entonces tú vas a alquilar esta finca a las personas, las personas van a trabajar esta finca y van a darte un porcentaje del producto; entonces, los que producen olivas y aceitunas van a trabajar, a ellos les corresponde tanto y tal porcentaje nos corresponde a nosotros; tú eres el encargado de esto, y los que producen trigo, ellos van a trabajar la tierra, van a producir tanto trigo, una porción de trigo es para ellos y esta otra porción es para nosotros; entonces este trigo y este aceite es lo que nos corresponde a nosotros y lo otro les corresponde a ellos, entonces tú vas a tomar cuenta de todo, tú vas a llevar las notas, las facturas, vas a saber cuanto es lo que debe éste, cuanto es lo que tiene que entregar este otro y luego todo eso tú me lo vas a presentar- . Entonces se lo confió al mayordomo, el mayordomo no es el dueño de la tierra, el mayordomo debe hacer un arreglo, según la directriz del dueño, él debe velar para que todos utilicen la tierra bien y que cuando haya producido la tierra, el porcentaje correcto venga para el dueño, el correcto, pero si el mayordomo no es correcto, no hace llegar al dueño lo que corresponde, si disipa los bienes, es un ecónomo inicuo, que aquí fue traducido mayordomo infiel o ikonomo aditio se dice en el griego, es decir, que se puede tomar lo que Dios nos dio, que son sus bienes, que nos fueron confiados para el objetivo de Dios y nosotros no usarlos para el objetivo de Dios, sino que nos los comemos en nuestras empanadas, que es una parábola, otra parábola en otra parábola, quiere decir, que lo que nos confiaron, no resultó siendo invertido en el reino de Dios, en los negocios de Dios. Entonces, ¿cuántos bienes nosotros podemos decir que son nuestros y que no son del Señor? ¿No es todo de Él, por Él, y para Él? Si nosotros tenemos la calidad de seres humanos, ¿a quién se la debemos? Si tenemos la calidad de hijos de Dios y hemos tenido la oportunidad de oír el evangelio y de conocer la palabra de Dios, incluso más allá de los rudimentos, y se nos dio la vida del Señor, la sangre del Señor, el Espíritu del Señor, oportunidades del Señor, talentos, minas que es diferente a talentos, ¿a quién se lo debemos? Hay la parábola de los talentos que es una, y la parábola de las minas que es otra; una misma mina se le confió a todos, pero uno, con su mina, produjo diez, otro, con su mina, produjo cinco, otro, con la misma mina, produjo dos y otro escondió la mina y no produjo nada, sino que se quejó, ni siquiera colaboró con otros para que los banqueros trabajaran con la mina y él pudiera presentar por lo menos intereses. Así que a veces, tenemos que, inclusive con lo que se nos ha dado, colaborar con otros, para que así seamos partícipes del evangelio, como dice el apóstol. Vamos a ver eso, de colaborar con otros, allí en Filipenses, como una manera de participar, Filipenses capítulo 1; ustedes conocen la epístola a los Filipenses, ustedes vieron como los Filipenses, a diferencia de los Corintios y otras iglesias que no colaboraron con la obra del Señor, ni con el ministerio, que es la obra del Señor en la tierra, los Filipenses sí colaboraron. Entonces Pablo les dice así en el capítulo 1 versos 3, 4 y 5, incluso hasta el 7: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio”, miren esta expresión, vuestra comunión en el evangelio, existe la comunión del cuerpo de Cristo, la comunión de los apóstoles, la comunión del Espíritu Santo, ¿verdad? Y aquí se habla de la comunión en el evangelio; por el contexto, vamos a ver a qué se refiere la comunión en el evangelio, van a darse cuenta, que la comunión en el evangelio, quiere decir, entregar la mina a los banqueros, para que, por lo menos, cuando venga el dueño, reciba intereses, no esconder la mina; si tú no puedes trabajar tú solo con la mina, ponla en las manos de los banqueros, que los banqueros trabajen con tu mina, para que tú tengas intereses que presentar al Señor, es decir, si tú no puedes hacer solo las cosas, asóciate y colabora con otros, esa es la comunión en el evangelio. Entonces, dice aquí en el versículo 5: “por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia”, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia, es decir, Pablo estaba ejerciendo un ministerio, pero él no estaba solo, él era apoyado para que pudiera realizar ese ministerio y ellos lo apoyaron. Como decía el hermano Eliseo Apablaza a los hermanos en Chile, lo que había dicho el hermano William Carey, el padre de las misiones, - es necesario ir a cualquier rincón -, él dijo: - yo estoy dispuesto a bajar a cualquier hueco con tal que ustedes tenga la cuerda, entonces si ustedes mantienen la cuerda, yo bajo a cualquier hueco, yo voy a cualquier rincón, pero ustedes tienen que tener la cuerda -, quiere decir, que los que tenían la cuerda para que él bajara al hueco, eran los que estaban participando con él en el evangelio, ¿se dan cuenta? Eran los que estaban colaborando, no lo dejaron solo, entonces, a veces, si nosotros mismos no estamos produciendo, debemos por lo menos, entregar nuestra mina a los banqueros, para que los banqueros trabajen con nuestra mina, los banqueros sin mina no pueden trabajar, nosotros sin los banqueros, a veces, no trabajamos; por eso nos toca asociarnos con otros para que juntos estemos en la comunión del evangelio, participando de la gracia del apostolado, de la gracia del ministerio, todos colaborando, esa colaboración es la comunión del evangelio. Entonces, existe el que con su mina produce diez minas, el que con su mina produce cinco, el que produce dos, el que la da a los banqueros y el que no la da, o los talentos que es diferente a las minas; unos tienen talento por ejemplo para la música, otros tienen talento para la electrónica, para los aparatos, otros tienen talento para esto, para aquello, ¡cuántos talentos hay! ¡Cuántas facilidades hay! Yo miro, por ejemplo, a Marlene, ni siquiera tiene que mirar el teclado, va transcribiendo a toda carrera, si ella no hubiera invertido, muchos hermanos no podrían estar recibiendo el beneficio del trabajo de ella, - perdona que te ponga como un ejemplo-. Hay bienes que nos fueron confiados, oportunidades, asociaciones, tiempo, talentos, minas, inteligencia, facilidad para esto, facilidad para aquello, esos son los bienes que nos fueron confiados; a veces se nos dio dinero. Hay hermanos que no tienen carro, pero yo si tengo carro; ahora ese carro es mío o es del Señor, lo empleo sólo para mí, lo disipo o lo invierto en el reino. ¿Qué es disipar los bienes? Es usar lo que nos fue dado, para lo que no sirve a la causa, al propósito del Señor. Existe una economía, existe un dueño de todo, que es el Señor, existen unos bienes que él delega y esos bienes son de toda clase, bienes materiales, bienes intelectuales, bienes emocionales, bienes artísticos, bienes de salud, bienes económicos o a veces oportunidades, tiempo. Hay personas que se les da 80 años de vida, a otros se les da 5, otros nacen muertos y no depende de nosotros, nosotros no somos dueños de estos años, entonces, ¿en qué estamos empleando los bienes que nos fueron entregados? ¿Entienden hermanos? ¿Quién está sacando provecho? ¿Qué provecho se podría tener de lo que tenemos? ¿será que estamos procurando que lo que tenemos produzca el máximo provecho o estamos permitiendo que las cosas se pierdan? El Señor dijo una vez así, cuando multiplicó los panes y los peces, dijo que se recogiera lo que había sobrado y Él dio un principio de economía en una frase cortita, pero que todos los ecónomos debían tener en la pared de su casa o en su escritorio: “que no se pierda nada”5, ser personas efectivas con lo que tenemos, que lo que tenemos nos rinda para el reino, que el tiempo nos rinda, que las oportunidades nos rindan, que los aparatos que tenemos nos rinda, que lo que somos nos rinda, ¿por qué? porque se nos va a acabar el tiempo y ahora ¿qué hiciste con lo que te fue encomendado?, con lo que se te puso en las manos, ¿qué hiciste? Nos acordamos del caso que contaba el hermano Rick Joyner, de Ángelo, que le fue dado muy poco, pero produjo mucho, con lo poco que le fue dado, circunstancias difíciles, etc., sin embargo, produjo muchísimo, casi tenía que alimentarse con una manzana, con lo poco que ganaba arreglando jardines, compraba folletos de evangelización para estar evangelizando a todo el mundo, era una persona que se alimentaba con una manzana. Estamos dando ejemplos como para clarificar este inicio aquí, “un hombre rico que tenía un mayordomo” que es cada uno, pero que en un caso hipotético, disipador, cualquiera de nosotros puede ser disipador. Que el Señor a través de esta parábola nos ayude a no disipar nada, a que no se pierda nada, a usar todo para el mayor provecho, no sabemos el tiempo, no sabemos la oportunidad, hay cosas que había que hacerlas en estos tiempos, porque después no se harán, ya no hubo el caso, ya la oportunidad se fue, no administramos la oportunidad, no administramos el tiempo, no administramos los recursos, no ponemos a funcionar los talentos que nos fueron dados; cada cuál que tiene talentos y minas póngalas a funcionar para no ser disipadores, disipador es el que deja perder las cosas o el que las usa, egoístamente, para unos fines que no son los que corresponden. Sigue diciendo acá: “y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.” Los bienes son del hombre rico, los bienes son de Dios, a quien este hombre rico representa. Verso 2: “Entonces le llamó y le dijo”, esto puede ser en dos sentidos, puede ser una llamada de atención aquí, que por no haber sido fieles, no se nos puede confiar más o puede ser el Tribunal de Cristo, pero lógico que en el tribunal de Cristo ya no vamos a poder hacer las componendas que hizo éste, entonces puede ser en esta vida; a veces nuestra vida hubiera podido ser distinta si hubiéramos aprovechado una oportunidad, si hubiéramos hecho una elección apropiada en un momento, no hubiéramos perdido tanto tiempo ni tantos años, ni invertido en saco roto, cosas que se invirtieron para nada, entonces hay una llamada al mayordomo: “¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía,” yo pienso que cada noche que nos acostamos el Espíritu Santo en la conciencia nos dice: hoy, ¿qué hiciste hoy? Perdiste este día, ¿qué hiciste hoy para mi, en qué avanzó mi reino contigo en este día? Cada día hay que dar cuenta y un día daremos cuenta en el tribunal de Cristo, pero lógico que ya tenemos conciencia para empezar a dar cuenta, para pedir perdón, porque la novia tiene que ser sin mancha y sin arruga. ¿Qué es la arruga? La arruga viene con el tiempo, cuando a uno se le pasa el tiempo, se arruga, los viejitos nos vamos arrugando, entonces eso es lo que representan las arrugas, pero dice que la novia no tiene arruga, o sea que el tiempo perdido tiene que ser restaurado, no tenemos que perder el tiempo, si no usar las cosas en lo productivo para el Señor, según la capacidad que nos fue dada, según lo que fue puesto en nuestras manos, para que nos presentemos sin mancha por la sangre y sin arruga por la sangre, hay que arrepentirnos de las arrugas, que es el tiempo que dejamos pasar sin producir nada para el Señor, arrepentirnos para que nos cubra Su sangre y enmendarnos, y ocupar bien todo lo que tenemos. No vamos a responder por lo que El no nos dio, pero si Él nos dio uñas para arañar, vamos a trabajar con las uñas, arañando, pero vamos a hacer lo que sea para el reino, con las uñas que nos dio y si nos dio más que uñas, mucho más, ¿amén? Entonces dice: “Da cuenta de tu mayordomía”, o de tu economía, o sea tu manera de emplear lo que Yo puse en tus manos, da cuenta, “porque ya no podrás más ser mayordomo”, o sea que si, en esta vida, no somos fieles, en el milenio no se nos puede confiar y aún dentro de esta vida hay cosas que no se nos pueden confiar porque no sabemos administrarlas, no sabemos hacer las cosas bien; a veces el Señor nos tiene que poner en cuarentena y no nos abre puertas porque vamos es a contaminar, a dañar, a perjudicar, pero Filadelfia fue fiel, entonces por cuanto guardaste mi nombre y la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré y he puesto una puerta abierta delante de ti6, o sea, el Señor nos puede abrir puertas si somos fieles, pero si no somos fieles no nos puede confiar cosas y quedamos en cuarentena hasta aprender a ser fieles. “Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás mas ser mayordomo”. Ustedes recuerdan el caso de Sebna y de Eliaquim7; en el libro de Isaías se habla de Sebna, que era mayordomo de los tesoros de la casa de Dios, pero dice que él era como un clavo flojo, en un clavo flojo tú no puedes colgar la cartera, porque vas a colgar algo, en ese clavo, y se te cae todo; entonces dice el Señor que va a quitar a Sebna y va a poner en su lugar a Eliaquim, que Él si podía colgar la gloria de la casa en ese clavo. Entonces, cuantas cosas se nos confiaron y nosotros somos como un clavo flojo que no las retenemos, no las sabemos manejar, entonces no se puede confiar nada porque el clavo está flojo, entonces ¿quién va a poner el pie en un clavo flojo para subir una pared? ¿quién va a colgar algo en un clavo flojo? Y así una persona que no es responsable, es como un clavo flojo, no es un mayordomo fiel, sino inicuo, irresponsable. Entonces, el Señor le dijo que tenía que dar cuenta de su mayordomía, él tenía que ir, agarrar todos los papeles y llevarlos en un día equis y traer todo en orden. Entonces, él se dio cuenta que no iba a poder responder, -ya me van a echar-, cavar, pues claro, ahí podía trabajar haciendo pozos de agua, pero eso es para los jóvenes, -ya cavar no puedo y mendigar me da vergüenza, ¿qué voy a hacer?- Aquí el Señor no alaba la irresponsabilidad del mayordomo infiel, ¿saben qué fue lo que si alabó? Alabó la diligencia para el futuro. Alabó el Señor al mayordomo, no dice que lo criticó, pero sí dijo que es infiel, que es inicuo, o sea, el haber disipado los bienes está mal y eso, Él, no lo alaba, pero ¿qué es lo que el Señor alaba del mayordomo? Que él se preparó su futuro. - Mi amo me echa, entonces ¿dónde voy a trabajar? ¿Dónde me voy a hospedar, mientras consigo un trabajo? tengo que hacerme amigos con las ganancias injustas-, o sea, que injustamente él usó lo injusto para asegurarse algo. El Señor no nos dice que hagamos cosas injustas, lo que El quiere es, que si el mayordomo malo, con sus ganancias injustas se preparó su futuro, nosotros también vamos a dar cuenta en el tribunal de Cristo, así que nosotros también tenemos que preparar nuestro futuro. ¿Ustedes recuerdan que hay una cuenta en el banco del cielo? ¿Ustedes recuerdan ese pasaje en Filipenses? ¿recuerdan? Lo voy a leer para los que no lo están recordando, vamos a Filipenses capítulo 4, dice el versículo 17, ustedes conocen más el contexto, que es esa colaboración en el servicio a Dios, esa comunión en el evangelio, dice así: “No es que busque dádivas,” esa no era la intención de Pablo cuando estaba diciéndoles que ellos habían hecho bien al cuidarlo y apoyarlo, él dice: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta”, cuando dice: vuestra cuenta, quiere decir que cada uno de nosotros tiene una cuenta, una cuenta de ahorros en el cielo. Existe lo que se llama “el libro de las obras”; entonces Jesús dijo que nuestros tesoros aquí en la tierra, se los come la polilla, el orín los corrompe, el ladrón se los roba, que hagamos tesoros y bolsas en los cielos, donde no entra el ladrón, donde no corrompe el orín, donde la polilla no destruye8, quiere decir que hay una cuenta que puede ser de tesoros que vamos encontrando, es decir, nosotros nos vamos a encontrar con una cuenta, ojalá que no sea de saldo rojo, de solo deudas y sólo pecado, ¡no!, que sea una cuenta que aumente nuestro galardón, que cuando nos encontremos allá, haya una buena cuenta a nuestro favor, esa es la cuenta en la que nosotros tenemos que invertir, en lo que vamos a encontrar en el Tribunal de Cristo, que va a representar galardón. Volvamos a Lucas capítulo 16 versículo 4, que dice: “Ya sé lo que haré”, bueno, algo se le ocurrió, - mendigar me da vergüenza, cavar no puedo-, “Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en sus casas”, eso era aquí en la tierra, en la tierra lo van a recibir, ya después el Señor pasa de las cosas de la tierra a las moradas eternas, a ser recibido en las moradas eternas. ¡Qué lindo que cuando una persona muere, lleguen miles de hermanos a recibirlo alegres!, hermano, ¡gracias a Dios de que usted fue a evangelizar y usted fue a consolarnos, fue a aconsejarnos, fue a enseñarnos y ustedes ayudaron para que fueran otros! entonces vas a tener quien te reciba, ¿ves? Pero llegar allá con saldo rojo, eso no conviene. Esto fue lo que el Señor alabó, la astucia de él, la sagacidad, porque él dijo: -tengo que prepararme un nido para el futuro, porque esto aquí ya se me acabó-; nosotros también sabemos que este mundo se acaba y que tenemos que presentarnos ante el tribunal de Cristo y allá es donde tenemos que encontrar quien nos reciba, ¿verdad? Aquí éste preparó lo suyo acá, pero fue sagaz, no fue tonto, él hizo algo, aunque lo que hizo fue malo y el Señor no aprueba lo malo, aprueba su preparación para cuando las cosas están difíciles, cuando ya no pueda trabajar, más ¿dónde va a dormir mientras consigue otro trabajo y otra casa? ¿Quién lo va a recibir? Entonces él empezó, con las ganancias injustas a ganar amigos, sólo que él ganó los amigos aquí en la tierra, pero el Señor nos dice que ganemos amigos en las moradas eternas, porque aquí le habla a los discípulos, no a los que se van al infierno, a los discípulos, ¿ven? Entonces les dice aquí, aunque los discípulos si son malos pueden pasar por el fuego por un rato, pero dice aquí en el verso 5: “Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? El dijo: cien batos de aceite”, o sea 3700 litros de óleo, es bastante, “Y le dijo: toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta”. Como quien dice: éste es el pagaré, ¿verdad? Entonces mire, vamos a cambiarlo por un pagaré que sea solo de cincuenta y no de cien y así se hizo amigo de éste y del otro, y el otro no sabía si éste era injusto o no, seguramente que como el aceite con el tiempo se puede dañar, quien sabe, lo cierto es que él lo aceptó, -¡ah! ¡este mayordomo que amable es! me está rebajando los intereses y todo-, ¿verdad? - A lo mejor, él intercedió ante el dueño por mí - y ahora claro, se hacen amigos, el mayordomo está haciendo sus cosas, está haciendo de las suyas ahí. Luego viene el otro. “Después dijo al otro:” claro que aquí solo mencionó dos, pero los bienes eran muchos, ahí tomó el ejemplo de dos, pero seguro que hizo lo mismo con los otros. “Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta”. A uno de cien le rebajó a cincuenta, al del aceite, porque tenía más margen de variación, el trigo es un poco más estable, por tener menos margen de variación, le rebajó de cien a ochenta. Fíjense que nosotros a veces somos astutos así y el Señor lo va a decir más adelanta a los fariseos, nosotros a veces queremos rebajar al otro su pecado, como quien dice: - Sí, la ley dice que bueno, sólo por causa de una palabra que algunos traducen fornicación, se puede dar el divorcio, pero el rabino Hilel dice que si se le quemó la comida, la puede divorciar y el rabino Aquiba dice que si encuentra una más bonita puede dejar la otra y quedarse con la más bonita, o sea, estaban rebajando la deuda, pero el Señor no rebajó la deuda. Después al final, Él alabó la sagacidad de prepararse para el futuro, pero inmediatamente les explicó la fidelidad, y que la ley no puede rebajarse. Por eso estas palabras no son aisladas, están en este contexto para que no se interprete mal, porque primero el Señor dijo la parábola pero algunos la pueden interpretar mal, entonces a continuación le añadió estas palabras para que no le interpreten por otro lado, vamos a llegar a eso, aquí, en unos pocos versos. Dice el verso 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo”, no por ser malo, ¡no!, lo que él hizo mal, está mal, no por ser malo, no lo alabó por ser un tramposo, por ser un disipador, ¡no!, lo alabó por esto, por haber hecho sagazmente y ¿en qué consistió su sagacidad? En emplear las riquezas de injusticia, para asegurarse su futuro, eso fue lo que el hombre rico alabó, el Señor alabó, ¿qué alabó? El emplear las riquezas injustas para asegurar su futuro, eso es lo que el Señor alabó, no que hizo mal, eso no lo alabó y le llama “malo”, dice: “y alabó el amo al mayordomo malo...” Ahora, aquí en la Biblia a las riquezas se les llama “mamón”, al dinero, se le llama “mamón”, la palabra en el griego, realmente es “mamón”, no es riquezas, es “mamón”; mas a mamón o al dinero se le llama “riquezas injustas”. En la Biblia, hay una noción del dinero que es revelada por Dios, y en la Biblia sí había dinero de parte de Dios y había también el dinero del César, y había el siclo del santuario; el siclo del santuario era una moneda revelada por Dios, con su equivalente en trabajo, con su equivalente en cosechas, con su equivalente en tiempo y era una moneda que Dios revelaba, que no subía ni bajaba; pero cuando Adán vendió la economía a Satanás y Satanás dijo: “los reinos de este mundo me han sido entregados9“, eso quiere decir, que el sistema mundano del asunto de la moneda, del asunto del dinero, del asunto de los bienes, del asunto de la tierra, ya está corrompido por Satanás, por lo tanto, lo que en este mundo se consigue, es según un sistema vendido a Satanás y por lo tanto el Señor lo llama mamón ariquía, o sea riquezas injustas, y sin embargo, viviendo nosotros en este mundo, tenemos que emplear lo que nos fue dado, en la condición de este mundo, y usarlo para trasladarlo al reino, y sacarlo de este mundo y rendirlo y ponerlo al servicio del reino. Cuando las cosas de este mundo, son rendidas al Señor, y son gobernadas por el Espíritu, son saqueadas del saqueador, son recuperadas del saqueador que es el diablo y son puestas al servicio del Señor y su reino; entonces ahí dejan de ser injustas porque se le devuelven al dueño legítimo, que es el Señor, quien gobierna por el Espíritu y la Palabra. Cuando lo que nos ha sido dado, es entregado al Señor, dándole a Dios lo que es de Dios, entonces Dios dirige por su Espíritu y su Palabra y ahí las cosas fueron sacadas del saqueador, puestas en el reino, pero mientras no hagamos eso, mientras no entreguemos todo al Señor, para que sea gobernado por el Espíritu y la Palabra, entonces está todavía en el sistema de mamón, en el sistema injusto. Entonces hay que tomar lo que es injusto y someterlo a los pies del Señor, para que pasen a ser del reino y para que nos sirva para ser recibidos en las moradas eternas, para que haya quien los agradezca, de aquellos que vamos a encontrar en ultratumba; necesitamos encontrar agradecimiento en ultratumba por lo que hicimos en la tierra, ¿ven? entonces lo que hicimos en la tierra tiene que ser sacado del reino del mundo y sometido al reino del Señor. Por eso dice aquí en el verso 8: “Y alabó el amo al mayordomo malo”, dijo malo, aquí dijo malo, hasta aquí no había dicho malo, pero como lo alabó, tuvo que decir malo, la alabanza no es porque sea bueno, es malo, no es que hizo algo bueno, su preocupación por su futuro es lo que es bueno. Entonces a continuación dice así y aquí está la explicación por qué lo alabó, en qué sentido lo alabó: “Porque los hijos de este siglo, (los de este mundo, la gente mundana), son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”. Los hijos de Dios no son sagaces, somos ingenuos, en cambio los hijos de este mundo son muy sagaces, ellos hacen cosas, pero ellos hacen cosas para su provecho, sólo que el provecho de ellos es temporal, los hijos de luz tenemos que hacer cosas, ser astutos también, como la serpiente y sencillos como paloma10, pero emplear esa sagacidad y esa astucia en verdaderos bienes, ser sabios en aumentar nuestra cuenta celestial, eso es lo que el Señor alaba, aunque el otro se preocupó por sus bienes terrenales, Él le está hablando a los discípulos, les está enseñando que deben aprender a ser diligentes, -miren el otro, como trabaja para su futuro-, pero su futuro es terrenal. Nosotros somos los discípulos, nuestro futuro es eterno, entonces seamos sagaces, astutos, en el sentido limpio, aunque el Señor le dice a sus discípulos, que seamos astutos, no como el diablo que es la serpiente, pero nos pide que seamos astutos como la serpiente, quiere decir que tenemos que usar de sagacidad, saber emplear las cosas para encontrarlas en el reino, para la gloria del Señor y para nuestros amigos, para ser recibidos en la moradas eternas. Verso 9: “Y yo os digo: (ahora lo dice el Señor), Ganad amigos por medio de las riquezas injustas”, es decir, que todo lo que es de este mundo debe ser empleado, sometido al reino de Dios, para que el reino de Dios se extienda, mucha gente se salve, mucha gente sea edificada, encontremos muchas personas agradecidas, muchos amigos, “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas”, invirtamos todo lo que tenemos en esta tierra para encontrar amigos, personas que nos agradecerán haberlos evangelizado, haberlos visitado, haberlos ayudado, ¿amén? Y el Señor también lo hará, ¿amén? “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas”, es decir, todo lo que es de este mundo, todo lo que pertenece a ese sistema, trasladarlo al servicio del reino, a través del altar, es por medio del altar que podemos liberar las cosas que nos fueron dadas, de las garras de Satanás y entregarlas en las manos del Señor para que puedan producir amigos en las moradas eternas. Dice: “para que cuando éstas falten”, ¿por qué? porque ciertamente, nada llevaremos de esta tierra, desnudos como vinimos del vientre de nuestra madre, así desnudos nos iremos, porque ni siquiera el féretro nos lo llevamos, ese se queda aquí ¿verdad? Entonces dice acá: “para que cuando éstas falten”, porque esto va a faltar, mientras tengamos tiempo aprovechémoslo porque después nos puede faltar “os reciban en las moradas eternas”. Recuerdo un hermano en Cristo, Pedro Escobar, que es actualmente el Director de las Sociedades Bíblicas del Paraguay, era un pastor de las Asambleas de Dios y éramos muy amigos y él me decía que a veces tenía tiempo y no lo empleaba bien para estudiar, para leer la Palabra y después le tocó hasta la coronilla de trabajo que no tenía tiempo más para estudiar y ahí se entristeció, que cuando tuvo tiempo que no estaba con tanto trabajo, no lo había empleado bien y ahora no podía, entonces hermanos, emplearlo bien, para que “cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas”. Ahora, a continuación, para equilibrar una mala interpretación de esta parábola, para que los fariseos no fueran a decir: ¡Ah bueno!, si el mayordomo injusto le rebajó a los otros, entonces el rabino Aquiba está correcto porque él dijo que si le gustó más otra, que deje a ésta y agarre la otra, o si se le quemó el arroz que la divorcie de una vez, ¿ven? O digamos si tu padre está en necesidad, pero tú dices que es Corbán, que está dedicado a Dios, no tiene que ayudar a sus padres, así invalidan la palabra de Dios por medio de las tradiciones de los hombres11. Entonces, como esta parábola podía dar lugar a una interpretación falsa, si se interpreta con un corazón malo, el Señor le añadió esta colita que va hasta el verso 18, esa es la razón de los versículos que vienen a continuación, para equilibrar una interpretación equivocada, de los que la querían tomar barato. Como el mayordomo injusto le rebajaba a otros la deuda, entonces, - usted tranquilo, si usted fornicó, robó o mató, eso no es nada, tranquilo, tranquilo, tranquilo no, tiene que restituir, el muerto no lo puede resucitar, pero haga lo posible para que usted no se muera, arrepiéntase y arregle lo que pueda-, por eso el Señor dice a continuación: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”; y cuando dice: “muy poco”, quiere decir en lo pequeñísimo; si dijera “poco”, es poco, pero si dice “muy poco”, quiere decir que es poquísimo, o sea que la fidelidad se nota en las cosas pequeñas. Si tú no sabes administrar lo que es pequeño, si ahí no estás administrando bien, tampoco vas a administrar bien lo que es grande. Por ejemplo, este dinero es para esto, pero voy a usarlo aquí en esta cosita, después yo lo repongo, después ya no lo puedes recuperar, ¡ah! se puso a usar lo que era para una cosa en otra, un dinero ajeno lo usó haciendo esos cambalaches, saco de aquí y pongo allá, y después todo le salió mal porque lo usó ilegítimamente. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”, quiere decir que no hay que mirar lo grande, hay que mirar lo pequeño, hay que ver si el clavo está flojo. “Pues si en las riquezas injustas” o sea, en las de este mundo, esas son las injustas, las que están bajo el imperio de Satanás, que está ordenando el sistema del mundo de una manera injusta. Muchos no hicieron nada y nacieron con cuchara de plata y otros no pecaron en nada y nacieron en un arrabal, sin poder comer bien, sin poder estudiar, nacieron en barrio de invasión, le llaman invasión, pero realmente el que se agarra todo es el que está invadiendo, los pobres que están en un rincón no están invadiendo, los barrios de invasión son los de los terratenientes, este sistema es injusto. Entonces dice aquí: “si en las riquezas injustas”, en lo que tenemos en este mundo, “no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?”, lo verdadero es en el reino, en el milenio, eso es lo verdadero, pero ¿cómo se nos va a confiar lo verdadero, si mientras estamos en el mundo, con lo que tenemos en esta tierra, no somos fieles? ¿No lo sometemos y lo trasladamos al reino de Dios? Verso 12: “¿Y si en lo ajeno no fuisteis fieles,” esto que nosotros decimos,- es mío., el Señor dice, - no, no es tuyo, es mío- , o sea que es ajeno, para nosotros es ajeno. Hermanos, debemos recordar que todo lo que tenemos es ajeno, a veces nosotros vamos a trabajar y el tiempo no lo empleamos bien y le robamos al patrón, robamos las hojas, las grapas, etc. pensamos que eso no es nada, pero el que en lo poco no es fiel, tampoco lo es en lo mucho, ¿ven? Entonces dice: “Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”, ¿qué será lo que es vuestro? Lo que el Señor nos dará como galardón definitivo, eso, lo definitivo es lo nuestro, mientras tanto esto es sólo prestado, es solo para probarnos, ahora estamos en prueba. Es como los diáconos, antes de confiarle la diaconía, son sometidos a prueba, es decir como una especie de subdiaconía, ya está ejerciendo como diácono sin serlo, es un subdiácono, y si ejerce bien la prueba de la subdiaconía entonces ahora sí se le encomienda la diaconía. Bueno, esta pasada por la tierra es como una subdiaconía para el milenio. Para que en el milenio seamos los diáconos verdaderos, tenemos que, en esta tierra, en este mundo de riquezas injustas, ser probados y hallados fieles, para que en milenio, en la tierra nueva y en la Nueva Jerusalén, se nos confíe, ahora sí, lo nuestro; lo que Él nos dio, nadie nos lo quitará, lo de acá cualquiera nos lo quita, cualquiera da la vuelta a la arepa y de ricos pasamos a pobres y de pobres nos ganamos la lotería, aquí todo es inseguro, aquí nada es confiable, aquí todo está a merced de cualquier sorpresa, lo verdadero es lo que Él nos dará, pero si en lo ajeno no somos fieles, ¿quién nos confiará lo que es verdadero? Verso 13: “Ningún siervo puede servir a dos señores”, es decir, si estamos disipando los bienes, no estamos sirviendo al Señor, estamos sirviendo a “mamón” o a nuestro vientre, ¿verdad? Entonces dice: “Ningún siervo”, aquí ninguno puede decir: - yo sí, yo si puedo-, ¡no!, ¡ninguno!, “ningún siervo puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro,” no se puede tener un pie en la derecha y otro en la izquierda, en lo que está, tiene que dedicarse, en lo que es, si no, no se puede, entonces ¿qué dice ahí? “o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a mamón”. Lo que había dicho en el Sermón del Monte, lo volvió a repetir. Cuando lo dijo en el Sermón del Monte, lo registró Mateo; cuando lo volvió a decir porque valía la pena repetirlo en este otro contexto, lo registró Lucas. Verso 14: “Y oían también todas estas cosas”, dice: “también”, porque había sido dirigido a los discípulos, pero ahí cerca estaban los fariseos, “los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él”. La palabra “burlar” aquí es una traducción que realmente en el original, se refería a mover la nariz, torcían la nariz, hacían esos gestos, como ¿qué es lo que éste está diciendo? Esa es la palabra aquí que dice en griego, ese burlarse, era hacer gestos con la nariz. Verso 15: “Entonces les dijo:”, ahora sí, se dirige a ellos, ellos son los que se justifican, ahora ellos lo van a tomar por otro lado, ¡ah! ahora si, cuando le habló a ellos, se los dijo clarito: “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”, ahí les habla del reino, Él continúa hablando. Esto no es que de pronto a Lucas se le ocurrió una cosa y después se le ocurrió otra, no, todo eso está relacionado, todo eso viene en la continuidad. Verso 16: “La ley y los profetas eran hasta Juan;” es decir, ustedes estaban bajo la ley y van a interpretar la ley al estilo de los rabinos, bien laxos, ¿verdad? ¡no! “desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.” Esa frase tiene que ver con toda la parábola que ha dicho, esforzarse por entrar en el reino, es hacer amigos con las ganancias injustas, es decir, sacarlas de este siglo, devolvérselas al reino y que le produzcan al reino, eso es el reino, o sea que el Espíritu continúa diciendo estas cosas. Verso 17: “Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley”. Y luego toma, de toda la ley, un puntico, precisamente el que ellos más rebajaban, que lo cambiaban, que le perdonaban a los otros las cosas, entonces ahí toma la ley en este punto, como ejemplo, no es que Lucas estaba hablando cosas desconexas, ¡no!, es el Señor dando conexión y equilibrio a todo lo que dijo, hablando ahora a los fariseos, que habían torcido la nariz cuando oyeron la parábola. Verso 18: “Todo el que repudia a su mujer” y aquí Lucas no se acordó de la excepción, porque siempre uno va a buscar es la excepción, aquí era lo más perfecto. Mateo se acordó de la excepción, la excepción existe, pero la excepción hay que tenerla en cuenta en el momento oportuno, y de una manera santa, pero alguno quiere usar la excepción de una manera laxa y aquí ni se acordó de la excepción, aquí fue a la voluntad perfecta: “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” y ahí les dio el mejor ejemplo de ser fiel a la ley y no justificarse a sí mismo, sino ser fiel en lo mucho y en lo poco, para ser dignos de que se nos confíe lo que es nuestro y lo que es grande. Espero que esta parábola nos haya hablado, a mis hermanos, y claro, primeramente a mí. Vamos a orar. Señor: te agradecemos porque Tú nos desafías a ser buenos administradores; en primer lugar, te pedimos perdón Señor por todo lo que hemos malgastado, por el tiempo perdido, por las cosas invertidas neciamente y aún pecaminosamente. Padre, perdónanos, nosotros, como decía el título de la novela de Marcel Prusen, “Busca el tiempo perdido”, nosotros queremos ir en busca del tiempo perdido, que Tú nos limpies toda arruga, todo lo que hemos desperdiciado, ayúdanos a ser personas que saben aprovechar al máximo, incluso cada cebollita, ayúdanos, ayúdanos a administrar bien. Como dice Tu Palabra: “En el barbecho del pobre hay mucho pan, pero se pierde por falta de juicio”12. Señor: ayúdanos a ser personas diligentes, ayúdanos a ser personas fieles, personas que empleamos todo para la gloria de Tu Nombre, para que Tú tengas muchos hijos edificados, que sean nuestros amigos, que se alegren con nosotros en las moradas eternas. Ayúdanos Padre, en el Nombre del Señor Jesús. Límpianos, perdónanos y Señor, Tú Espíritu de diligencia, de fidelidad, sea con nosotros, en el Nombre del Señor Jesús. Amén. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez D. del comité de revisión para revisión final del autor 1 Col 1:16 2 1P 4:10 3 Tit 1:7 4 Ef 1:10 5 Jn 6:12 6 Ap :3:8,10 7 Is 22:15-25 8 Mt 6: 19,20 9 Mt 4:6 10 Mt 10:16 11 Mr 7:11-13 12 Pr 13:23

EL DEBER DEL SIERVO

Por cristianogivGino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:44, Categoría: General

(36) EL DEBER DEL SIERVO EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (36) EL DEBER DEL SIERVO Localidad de Teusaquillo (2 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Hoy vamos a continuar, con la ayuda del Señor, la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesucristo, y vamos a llegar al libro de Lucas, al capítulo 17, donde está la porción que con la ayuda del Señor vamos a estar considerando hoy; sólo está en Lucas, no está en ninguno de los otros evangelios. Voy a leer desde el versículo 7 hasta el versículo 10: “¿Quién entonces de vosotros”, ¿se dieron cuenta de que leí la palabra “entonces” que aparece en el griego? Aquí en estos versos aparece tres veces la palabra “entonces” que no es mencionada en la traducción Reina Valera, pero sí está en el griego, y ese “entonces” liga con su contexto inmediato esta parábola. “¿Quién entonces de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado?” Hasta aquí es el verso en los manuscritos más antiguos; algunos escribas respondieron explícitamente lo que era solamente algo tácito en la propia pregunta, o sea que los manuscritos más antiguos, en el verso 9, llegan hasta donde dice “mandado” “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” ¡Qué interesante es este pasaje hermanos! Es un pasaje que está en un contexto que ustedes lo pueden ver. Después de que se habló la parábola del ecónomo inicuo, o del mayordomo infiel, el Señor contó un caso, porque Él había estado hablando de este mayordomo, había estado hablando de cosas que tenían que ver con lo siguiente; mostró cómo al morir aquel rico fue al Hades, y cuando murió Lázaro, fue consolado en el seno de Abraham y el Señor no le llamó aquí parábola; Él estaba contando hechos porque Él conoce lo que pasa en ultratumba, y Él les estaba contando lo que pasaba, lo que se cosechaba al otro lado. Lógicamente que al hablar aquí de Hades, es una cosecha que llega hasta el día del juicio, porque el Hades es antes del juicio del trono blanco; las personas que morían en el Antiguo Testamento, todas iban al Seol que es lo mismo que Hades; Seol es la palabra hebrea y se traduce Hades en el griego, o sea que Seol y Hades son lo mismo, y todos los muertos iban al Hades, incluso Jacob fue al Hades; Samuel vino al Hades; José vino al Hades, pero en el Hades había esa distinción, entre los que estaban siendo consolados en el seno de Abraham porque serían unidos a su pueblo cuando morían como Esteban, descendiente de Abraham, que fue acogido por su pueblo entre los cuales el patriarca principal era Abraham, entonces él fue recogido en el seno de Abraham, que era un lugar de descanso, y el otro, el rico, fue al Hades donde estaba en tormentos; esos tormentos no eran todavía los que le venían del juicio porque todavía no habían pasado por el juicio, pero de todas maneras sí era una persona que había vivido mal; digamos que a un ladrón se le pilla en la calle, lo meten durante un tiempo en una especie de comisaría, de una cárcel donde se le retiene, se le priva de su libertad, y cuando se soluciona su caso, que va a ser juzgado por un Juez, después de que lo juzgan, se le da la sentencia definitiva. Antes de darle la sentencia definitiva se le retiene porque es una persona peligrosa, entonces lo mismo hace el Hades; en la parte del tormento del Hades, las personas que no iban a descansar sino a ser atormentados, no era todavía el juicio, sino era una prisión preventiva, entonces el Hades es una especie de prisión preventiva donde ahora, después de que el Señor murió, Él bajó al Hades y el Hades no lo pudo retener, y Él predicó el evangelio a todos los que estaban esperando que llegara el Mesías y que estaban en el Hades en la región del seno de Abraham, en la parte de consuelo, y Él predicó también el evangelio a los espíritus encarcelados en el tártaro, que es otro lugar más abajo del Hades, que es la prisión de aquellos espíritus que tomaron mujeres y fornicaron, y el Señor no los dejó a esos sueltos, sino que los arrojó al tártaro, que es la palabra griega donde Pedro traduce “infierno”, pero que la palabra es “tártaro”, diferente de Hades, que es diferente de la gehena, entonces en el tártaro están los espíritus encarcelados, como en el abismo y en el Hades. Después de que el Señor bajó, Él tomó cautiva la cautividad, les mostró que Él era el Mesías que ellos estaban esperando, entonces dice Pedro que el evangelio fue predicado a los muertos por el Señor Jesús; Él se identificó como el Mesías, entonces trasladó estas personas del seno de Abraham, del descanso, al paraíso del tercer cielo; entonces ahora el Hades está con las personas que están como en prisión preventiva; la parte negativa del Hades está debajo de la tierra; y los santos que recibieron al Señor, que lo esperaban, como dice el profeta Oseas, que el Señor lo libraría del Hades, o sea del Seol, los trasladó al paraíso, porque dijo: -Hoy estarás conmigo en el paraíso1-, y por lo que Pablo dice, puede ser que sea, digo, puede ser, porque hay escuelas que interpretan que no, para no ser dogmáticos, y dejar apertura a las distintas escuelas, es que es el tercer cielo; otros piensan que no, pero Pablo llama tercer cielo al paraíso en 2ª a los Corintios capítulo 2; entonces estas personas descansan en la presencia del Señor ya en el tercer cielo, por eso era que cuando moría Esteban, él no miró hacia debajo de la tierra, sino hacia el cielo y dijo: -veo los cielos abiertos y veo al Hijo del Hombre a la diestra del Padre2-, y dijo: -recibid mi espíritu3- y el Hijo del Hombre no lo recibía debajo de la tierra sino a la diestra del Padre, en el paraíso, debajo del altar de oro; lo mismo también decía Pablo, que él esperaba partir y prefería partir y estar con Cristo4; lógico que no sería abajo, sino donde está Cristo, que está arriba, ¿verdad? Entonces, las personas que mueren en pecado, mueren sin Cristo; ellos van al Hades que es descrito aquí por el Señor, en Lucas 16, con fuego; un lugar de tormento; van al Hades, pero en el Hades no es todavía su situación definitiva, porque en el Hades todavía no han sido juzgados. Apocalipsis dice que Él va a resucitar también, después del milenio, a todos los muertos, o sea, todas las personas que están en el Hades van a resucitar; efectivamente, Satanás va a ser también suelto de la prisión, del abismo donde él estará sellado en el milenio mil años; también él será suelto, reunirá mucha gente contra el Señor, entonces el Señor, con fuego del cielo, los consume e inmediatamente desaparecen el cielo y la tierra y se establece el juicio del trono blanco que es entre la vieja y la nueva creación; todavía no está la nueva en ejercicio pleno; el cielo nuevo y la tierra nueva y ya el viejo desaparece; no se halló lugar para ellos5, se establece el juicio, y los muertos que había en el Hades, en la muerte o en regiones de sombra de muerte, y en el mar, son presentados al juicio, y el Hades mismo es echado a la gehena, que es la muerte segunda definitiva; el Hades fue hecho como un lugar de los muertos, pero la gehena fue hecha para el diablo y sus ángeles; en el Hades los espíritus no están todavía siendo juzgados porque también ellos tendrán su tiempo de juicio, los espíritus van a ser juzgados también. La Biblia dice que nosotros juzgaremos al mundo, y aún a los ángeles, y la Biblia habla de espíritus que hay en prisión para el juicio del gran día; también los espíritus tienen que ser juzgados, entonces los espíritus juzgados van a ir al lago de fuego que el Señor preparó para el diablo y sus ángeles; el lago de fuego no es el Hades, es otra cosa diferente, está relacionado, pero no es lo mismo, y ese sí, la gehena o el lago de fuego, fue preparado para el diablo y sus ángeles, pero allí le seguirán los que le siguieron al diablo y a sus ángeles, pero no pasarán directamente del Hades a la gehena sin pasar por el juicio del trono blanco, y en el trono blanco estará el libro de la vida, de manera que las personas que, en ese juicio del trono blanco, vengan de donde vengan, estén en el libro de la vida, ellos entraron a la salvación eterna, pero las personas que, vengan de donde vengan, en el juicio del trono blanco no estén en libro de la vida, serán echados con Satanás y sus ángeles al lago de fuego; entonces aquí describe el aspecto del Hades; no es todavía el definitivo, sabemos que el Hades entregará sus muertos al juicio del trono blanco, y después el Hades será echado en el lago de fuego y todo aquel que no esté en el libro de la vida. Después de haber hablado esto, Él siguió hablando en ese contexto, porque el “entonces” del verso 7 que leímos: “¿Quién entonces de vosotros”, ese “¿Quién entonces”, esa palabra “entonces” que aquí el traductor no puso, pero que sí está en el griego, relaciona esto que va a enseñar y que leímos como que venía diciendo; para poder entenderlo tenemos que ver su contexto más inmediato. Entonces en el verso 5, ya había dicho: “Entonces dijeron los apóstoles”, ahí donde dice: “dijeron los apóstoles”, dice: “Entonces dijeron los apóstoles” y en el verso 1 del capítulo 17, dice: “Dijo entonces Jesús”; fueron tres entonces que el traductor Reina y su compañero que lo completó, Valera, omitieron; les pareció que no era necesario, pero si tú no dejas esa palabra, le quitas sus conexiones; entonces cuando dice: “Dijo entonces Jesús” está relacionando esto que experimentó Lázaro en el Hades, lo está relacionando con lo que viene. Había hablado el Señor Jesús, en la parábola que vimos la vez pasada del ecónomo inicuo o el mayordomo infiel, de las moradas eternas, ¿verdad? y después ilustró aquí las moradas eternas como el Hades y el seno de Abraham en cuanto a que el Señor todavía no había muerto; cuando El murió, lógicamente que Él descendió, y a partir del descenso del Señor, tanto al Hades como al tártaro, y también su ascenso al paraíso, lógicamente que cambió la situación en ultratumba; cambió de Cristo en adelante, pero Él está describiendo un hecho del pasado que Él iba a modificar; los que se quedan en el lugar del Hades, en tormento, son aquellos que no recibieron al Mesías, ni creyeron, y vivieron sin tener en cuenta a Dios, pero el Mesías fue y visitó a los muertos y les dijo que Él era a quien estaban esperando, y el que las profecías decían que los sacaría del Seol o del Hades, como lo dice en el libro del profeta Oseas. Entonces cuando dice: “Dijo entonces Jesús”, quiere decir que lo que Jesús viene a decir acá tiene que ver con lo que acaba de contar de la experiencia del rico Epulón y de Lázaro, porque viene y dice lo siguiente: “Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen!”, o sea que aquí el Señor está mostrando por ejemplo a este rico allí en el Hades, y por eso aquí está diciendo: “¡Ay de aquel por quien vienen los tropiezos (la palabra “escándalos”)” “Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos”, o sea que esa palabra “entonces” está mostrando la descripción que Él hizo de los tormentos en el Hades, que es para que tengan más peso estos “¡ay!” que Él está pronunciando. “Mejor le fuera que se le atase a la traquea (dice el griego) y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare…”, y por favor hermanos, los manuscritos más antiguos dicen sólo “pecare”; ese “contra ti” también fue agregado por algunos escribas posteriores, y como Reina Valera se basa en el Textus Receptus que se basa en los pocos manuscritos tardíos que él conocía, entonces por eso, se lo añade; los manuscritos tardíos acrecientan los acomodos de los escribas que tienden a hacer la cosa más explícita, pero aquí, cuando tú vas al griego y vas a los manuscritos más antiguos, el Señor dice: “Si tu hermano pecare, repréndele”; no es sólo si pecare contra ti; si tu hermano pecare, hay que hablarle, hay que hablarle, ¿por qué? porque hay un lugar de tormento en el Hades, por eso hay que hablarle a tu hermano que hay un lugar de tormento en el Hades; “…repréndele; y si se arrepintiere, perdónale”, es decir, no es reprenderle sólo para guardar, no, no; hay que perdonarlo setenta veces siete, o sea que lo que el Señor quiere es que no lleguemos con cuentas sin pagar al tribunal de Cristo, y menos al juicio del trono blanco. ¿Usted ha hecho la lista de lo que no ha pagado? ¿O para usted es indiferente? ¿O se acostumbró a olvidarse de las deudas, de todo tipo, no sólo económicas?, claro que también están incluidas; no se nos debe olvidar lo que debemos, ¿amén? porque hasta no pagar el último cuadrante, no saldremos; pero claro, hay que reconocer los pecados, reconocer las deudas y no hacernos los tontos; a veces hermanos, no somos bendecidos porque no pagamos las deudas; nosotros pensamos al revés, que no pagamos las deudas porque no somos bendecidos, pero es que no somos bendecidos porque no pagamos las deudas, porque ponemos primero nuestros gastos que las deudas, entonces por eso la bendición se nos retiene. Entonces, después de decir eso, “Dijeron entonces”; ese es el contexto, “Dijeron entonces los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” porque la única manera de enfrentar esto es con la fe, porque sólo la fe es la que recibe gracia para ponerse al día con el Señor. “Entonces”, ahora sí se lo puso acá, “el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro”; el sicómoro es la morera negra, aquella morera que no es una enredadera sino que es un árbol, que tiene unas raíces que los rabinos decían que duraban 600 años; la raíz era tan entrelazada que lo que Jesús está diciendo aquí es significativo; Él no escogió una planta de esas fáciles de desarraigar, no; una de las más difíciles de desarraigar. “Si tuvierais fe como un grado de mostaza, podríais decir a este sicómoro”, o sea que tienen 600 años de duración las raíces; imagínense como será: “Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería”. Entonces ahí si llega, ese era el contexto de este “entonces”, “¿Quién entonces…”, o sea, Él viene hablando de cuál es la actitud que deben tener los siervos, Él está hablando del otro lado y, claro, nosotros sabemos que hay recompensas y castigos. A veces tomamos esa actitud legalista de siempre pensar en qué hacemos nosotros, en lo que nosotros merecemos, y el Señor nos enseña desde el principio a olvidarnos de nosotros mismos; a servir, porque el Señor merece ser servido, por eso hay que servirlo. El rabino Johanat Belsakai, de la época del Señor Jesús, le decía a sus discípulos, los Talmudistas de la época; todavía no era el Talmud, apenas era la Misna, apenas se estaban dando los hechos, después se escribió; él les decía: -Si piensas que has adelantado mucho en la ley, no te jactes, para esto fuiste creado-, entonces el Señor está diciendo más o menos eso cuando dice: “¿Quién entonces de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado”; aquí habla de las distintas clases de los servicios; el arar es un trabajo de preparar la tierra para poder sembrar; todavía no es la siembra, la siembra es un trabajo, la siembra es como decir “evangelizar”; Pablo dice: -Yo sembré, Apolos regó6-, como quien dice: -yo evangelicé y Apolos vino a edificar encima, vino a apacentar, a acrecentar, a enseñar, a cuidar-, pero antes de sembrar está arar. Cuando estuvimos viendo aquí sobre la Teología Apologética y la Teología Natural, vimos cómo a veces una tierra está tan llena de piedras y de raíces que se necesita primero sacar esas cosas que estorban a la semilla, entonces hay trabajo de arar también. San Pablo, en primera a los Corintios, menciona también el arar, y dice que no hay que poner bozal al buey que trilla ni al buey que ara7, ¿verdad? Arar es trabajar preparando el terreno; el área de la apologética, el área de sacar todas esas clases de argumentos falsos que impiden que la persona entienda el evangelio. A veces, si no se hace un trabajo primero, no se puede sembrar; a veces tú vas a sembrar la semilla pero la persona está con un montón de cosas en la mente, entonces hay un trabajo de arar, y hay siervos de Dios que se ocupan de arar; otros se ocupan de apacentar; los maestros, por ejemplo, tienen que arar; los evangelistas, también; antes de evangelizar tienen que hacer un trabajo de preparación; el Señor es alguien que prepara; aún la venida de Él fue preparada por Juan; la esposa se ha preparado8; la Biblia habla de la preparación, de que hay que prepararse, entonces el arar es la preparación de la tierra para sembrar y, luego cultivar; pero apacentar ganado es un trabajo ya más pastoral, en cuanto a cuidar el rebaño del Señor, pero fíjense que uno podría pensar: -yo estoy dedicado a esto, estoy dedicado a aquello, pero nos olvidamos del derecho que el Señor, como creador y Redentor, tiene sobre nosotros, y de que nosotros debemos servirle al Señor mismo, no sólo servir en el campo, no sólo servir a la iglesia, no sólo servir al mundo evangelizándolo, no; hay que servirle al Señor mismo. Entonces dice: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?” Es curioso que Ambrosio de Milán interpreta esto como el paso al otro lado para sentarse a la mesa, es decir, mientras no pasemos al otro lado, no podemos sentarnos todavía a la mesa con el Señor; el Señor dijo que Él nos serviría la mesa, pero eso es al otro lado, mientras tanto, aquí nos toca a nosotros trabajar; entonces dice acá: “¿No le dice más bien…”, en vez de pasar, y sentarse a la mesa, “¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete”, es decir, viene sudado, viene cansado del campo, pero Él tiene que hacer este trabajo, tiene que bañarse, arreglarse, porque no puede venir todo sudado a servir en la mesa, y no sabemos si el Señor está con amigos, y a lo mejor se demoran charlando, y el siervo tiene que estar ahí al lado, sin estar mirando el reloj, ¿se dan cuenta? Servir con paciencia, servir con dedicación, porque lo de el siervo es después; después es que él puede pasar y sentarse a la mesa, pero después de servir al Señor. Antes que servir a la obra, hay que servir al Señor, y aquí, este “servir a la mesa” para que el Señor coma y beba, se refiere a nuestra vida de comunión y de adoración con el Señor, y no es todavía servir afuera. Una vez recuerdo, perdonen esta anécdota personal; sólo para ilustrar este aspecto aquí. Yo me levanté, oré, hice mi oración común y corriente, y ya tenía planeado todo el día: -bueno, esta mañana voy a visitar a la hermana tal, después voy a pasar allá, por la tarde voy a hacer esto, y a la noche la reunión-, ya tenía todo el día preparado para servir al Señor, digamos, en el campo, sembrando y apacentando; pero cuando iba a salir de casa, me detuvo el Espíritu, no en la puerta, sino en el pórtico, y me detuvo, y me detuvo, y yo no sabía porqué me detenía, entonces me devolví a adentro y me encerré a orar, y cuando estaba orando, el Señor me dijo: -Yo te amo-, ¡así!, -yo sé que me amas-, pero me lo quiso decir, y me dijo: -está conmigo, está conmigo-. El Señor quería que estuviera evangelizando, pastoreando, enseñando en la reunión, pero antes, Él quería que esté con Él, por eso el Señor llamó a los discípulos primero para estar con Él y después, enviarlos. Entonces lo primero que el Señor quiere es que estemos con Él, no tanto que prediquemos, evangelicemos, ayudemos, sirvamos; primero es que le sirvamos a Él la comida y la bebida, es decir, que sirvamos al Señor mismo, que estemos con Él, delante de Él, servirle a Él en persona; después entonces lo otro. Entonces aquí el Señor pregunta: ¿Quién de vosotros? como quien dice, le pregunta a la gente de aquella época, que era muy distinto que ahora. Ahora por lo menos hay tribunales laborales y hay horarios, pero allá había esclavitud, había una guerra y los perdedores de la guerra quedaban de esclavos, y los que no podían pagar las deudas, tenían que pagarlas con su trabajo como esclavos, y por eso había la esclavitud y los esclavos eran posesión del amo; no es como ahora; el Señor está hablando de esa época; claro que Él es distinto, Él les dice como era lo normal allá en la época de ellos. Dice el verso 9: “¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado?”, es decir, uno lo que tiene que hacer, tiene que hacerlo, no tiene que esperar reconocimiento, ni que le den gracias, porque lo que hay que hacer, hay que hacer; eso es una obligación nuestra, claro que el Señor es distinto. Aquí el traductor añadió: “Pienso que no”, aunque el Señor no lo dijo, pero de todos modos, en la pregunta como que está diciendo: -¿cómo tratan ustedes a sus esclavos? ¿cómo los tratan? Ahora, el Señor es diferente. Si retrocedemos un poquito allí, al capítulo 12 del mismo Lucas, dice desde el verso 35, y leo hasta el 37: “Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto…”, noten, el Señor comprometiéndose: -lo que yo voy a hacer-, lo dice en forma de parábola, “de cierto os digo que se ceñirá”, o sea, no les va a decir a ellos, cíñete, no; el Señor, como lo hizo con sus discípulos que se ciñó y les lavó los pies, “se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”, el Señor es así, no tiene porqué hacerlo; ¿nosotros qué le debemos a Él? ¡Le debemos todo! y Él, ¿que nos debe a nosotros? Nada; nosotros merecemos es la muerte, pero Él nos salvó, nos hizo y nos perdonó, ¿qué podemos esperar? ¿qué podemos pretender? Ya el solo hecho de existir es un gran privilegio; existir y servirle es todavía más privilegio; eso debe ser nuestro galardón, nuestro galardón debe ser servirle con amor, no pensando en galardón; Él quiere que actuemos por amor, no de una manera calculada, no: -bueno, yo te di tres pesos, entonces me vas a dar trescientos-, no, claro que Él lo hará, pero nuestra mentalidad no debe ser esa; por eso el Señor habla de con qué actitud debemos servir, totalmente olvidados de nuestras pretensiones y de que estamos prestándole a Dios algún servicio; no, realmente es el Señor el que nos dio la vida y el que nos concede servirle a Él, eso es lo grande. Volviendo allí al capítulo 17, dice en el verso 9: “¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado?”, y el traductor, o el escriba, o el copista, añade: “Pienso que no”, pero el Señor no hizo así; el Señor sí nos da inclusive galardones y todo, pero ahora, ¿qué nos dice a nosotros? No debemos tener esa actitud de un siervo calculador que está mirando la recompensa. Nos dice en el verso 10: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado”, o sea, eso ¿quién sabe cuándo será? ¿Cuándo vamos a alcanzar el grado de inútiles? Creo que nunca alcanzaremos el grado de inútiles; es cuando hayamos hecho todo lo que se nos ha mandado, que podemos decir que somos inútiles. Entonces dice: “decid: siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”, es decir, cuando se hacen las cosas solamente porque hay que hacerlas, debemos considerarnos inútiles. Solamente dos veces aparece la expresión “siervos inútiles” en la Biblia. ¿Saben donde aparece la otra? En Mateo 25, en la parábola de los talentos, y aparece precisamente, no en los que usaron bien los talentos, sino en los que los usaron mal; los que enterraron el talento. En el capítulo 25 está la parábola del talento, y dice desde el verso 26 al 30: “Respondiendo su señor, le dijo: siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado y tendrá más; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil…”, noten, es la única otra parte donde se menciona la expresión “siervo inútil”; en Lucas 17, que estamos considerando, y aquí en Mateo 25, en la parábola de los talentos. “Y al siervo inútil”, o sea, ¿qué merece un siervo inútil? es esto: “echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”, o sea, lo que merece un siervo inútil, es eso. Entonces, ¿el Señor qué esta diciendo? Que nosotros nos consideremos a nosotros siervos inútiles, que no merecemos sino la condenación del Señor, ¿para qué? para que estemos sobre la base de la gracia en su presencia y le sirvamos en la base de la gracia, con amor y gratitud, y no en la base de la justicia propia, en la base del negocio al estilo de Jacob: -bueno, si tú me prosperas y me das, entonces vas a ser mi Dios y voy a darte en el futuro el diezmo-, esa es una actitud de negocio. Aquí, el Señor quiere que actuemos sobre la base de su gracia, es decir, cuando hagamos todo lo que podemos, sintámonos como si no merecemos ninguna aprobación, sino la condenación; el único siervo inútil que el Señor había mencionado antes era ese, el de los talentos, ¿y qué dice el Señor? Digan ustedes de sí mismos, no estén pretendiendo ustedes tener alguna pretensión, no; olvídense de sí mismos, sirvan al Señor por amor, ¿amén? porque lo que hay que hacer, es lo que hicimos; eso no es gran cosa, no; hemos hecho porque somos deudores; entonces considerémonos personas que sólo necesitan de la gracia, que si somos abandonados de esa gracia realmente ¿qué tendremos? ¿Por qué será que algún día iremos a alcanzar el grado de siervos inútiles? ¿Cuándo vamos a hacer todo lo que debíamos? ¿Cuánto tiempo hemos perdido, cuántas cosas hemos dejado de hacer? ¿Cuántas cosas que se nos encomendaron, se nos desbarataron en las manos antes de hacerlas? Entonces, ¿cuándo vamos a alcanzar a ser inútiles? Somos peor que inútiles; somos perjudiciales, porque inútiles es el que no hace nada, pero peor que inútil quiere decir que hace daño. Nosotros lo que hacemos en nosotros mismos, es daño. Sólo pidámosle al Señor que nos conceda su gracia y que nos perdone, y nos limpie, y servir al Señor por amor, sin esperar sino su gracia, sobre la base de su gracia. Ahora, Él es bueno, Él sabe qué va a hacer, entonces nosotros estemos pensando en lo que debemos hacer y amemos al Señor y confiémonos en Él, que Él es digno de confianza y digno del servicio. Gracias hermanos. Padre, en el nombre del Señor Jesús te agradecemos que nos concedes leer este pasaje donde Tú nos conduces a tener una actitud correcta delante de ti, sin pretensión ninguna; concédenos tu gracia, concédenos simplicidad, vivir para ti, y ojalá, poder hacer todo lo que debemos, y hacerlo con amor y por amor a ti; de nosotros Tú te ocuparás, concédenos de tu parte, en el nombre del Señor Jesús, amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. 1 Lc 23:43 2 Hch 7:56 3 Hch 7:59 4 Fil 1:22-24 5 Ap 11:8 6 1 Cor 2:6 7 1 Cor 8:9-10 8 Ap 19:7

LOS DOS HIJOS

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:42, Categoría: General

(37) LOS DOS HIJOS EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (37) LOS DOS HIJOS Localidad de Teusaquillo (9 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) El Señor Jesús sea con todos. Vamos a orar un minutito hermanos. Querido Padre: Te damos gracias por tu infinito y verdadero amor, amor encarnado, amor realizado en la encarnación Señor, en la identificación plena y absoluta con nosotros, llevándonos sobre Ti mismo, en Tu muerte Señor ¡oh Verbo de Dios! Gracias por haber venido a hacerte hombre y cargar con todo el peso de lo que nosotros somos, llevarnos contigo a la cruz y resucitarnos contigo en la fe y en la gracia, en el Espíritu, sentarnos contigo, en Tu bondad, en los lugares celestiales. Gracias por haber hecho esto con nosotros. Gracias Señor Jesús que admitiste que fuésemos puestos en Ti, y admitiste también venir a vivir nuestra vida, ayudarnos a vivir la vida en la tierra para conducirnos a Tu gloria Señor. ¡A quién darle las gracias, sino a Ti! ¡Gracias te damos!, límpianos con Tu preciosa sangre, fortalécenos con Tu precioso Espíritu, concédenos que permanezcamos estrechamente unidos a Ti. Te necesitamos. Gracias Señor por ser fiel, Tú eres nuestra única esperanza, nuestra única salida. Te damos las gracias en el Señor Jesús. Padre, también pedimos que Tu Santo Espíritu, obre mientras consideramos juntos Tu palabra. Queremos abrir Tu palabra y pedimos que Tú puedas tocarnos, porque si Tú nos tocas, Tú nos encaminas. Encamínanos en Tu Hijo amado, Señor. ¡En el nombre del Señor Jesús! Hermanos, estamos considerando la serie sobre los misterios del reino de los cielos, en las parábolas del Señor Jesucristo y hoy llegamos a una parábola que se encuentra solamente en el evangelio de Mateo, en el capítulo 21 y se encuentra entre los versos 28 y 32 su parte central, claro que también tiene un contexto que con la ayuda del Señor, también hemos de considerar. Vamos a iniciar leyendo, primero de corrido, estos versos 28 al 32, para luego volver sobre nuestros pasos, para considerarlos. Mateo capítulo 21, desde el versículo 28 e inmediatamente siguientes, la parábola de los dos hijos. Dijo el Señor Jesús: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Si, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De ciertos os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” Antes de que pasemos a la parte exegética quisiera hacer, especialmente en esta parábola, un necesario comentario de crítica textual. Los hermanos saben que se le llama crítica textual, al trabajo de comparar los manuscritos que nos vienen de la antigüedad, unos con otros, para poder obtener el texto más puro, porque ciertamente, la Palabra de Dios cuando fue inspirada, y el autógrafo, en esta caso, el apóstol Mateo, la escribió sin errores; él la escribió correctamente, sólo que cuando él escribió, lógicamente que él escribió un rollo, en aquella época los libros venían en forma de rollo, y aquel rollo después era copiado por muchas personas y era recopiado, y recopiado en una misma ciudad y luego en varias ciudades hasta llegar a los tres continentes, y claro, el apóstol tenía la promesa del Señor y del Espíritu, y era inspirado, pero no necesariamente, todos los copistas son inspirados porque un copista puede cometer un error, si él está viendo, puede ser, que al final de una frase él piense que es el final de otra que termina igual y se salte alguna cosa, o a lo mejor, puede ser, que alguien esté leyendo y él está copiando un dictado y oye una palabra por otra, y a veces, en las copias antiguas acontecen errores. No son errores de la Palabra de Dios, son errores de los copistas, gracias a Dios que no fue un solo copista, sino muchos copistas y no todos los copistas se equivocan en el mismo punto; entonces, gracias a esto, la crítica textual compara un manuscrito con otro y así se descubre el texto puro que va pasando, a pesar de que éste se equivoca, los otros no se equivocaron; los otros se equivocaron en un punto o en otro, pero no todos en el mismo y muchos no se equivocaron, entonces el texto nos ha llegado correctamente, pero existen errores de copia y esta parábola de los dos hijos es una de las parábolas que tiene más problemas de crítica textual. Si aquí todos estamos leyendo la versión de Reina Valera, no lo vamos a notar, pero si alguno por ejemplo, tuviera la versión del Recobro, la Internacional, o cualquiera otra de las versiones, la del Peregrino, la de Nácar Colunga, ahí se van a dar cuenta que los versos no son iguales, los versos a veces son contrarios el uno al otro; principalmente, han llegado de la antigüedad tres versiones de esta parábola y el verso más problemático de todos, es precisamente el versículo 29, es el verso que nos ha llegado con varias versiones; unos dicen que le dijo al primero que fuera y dice que él dijo que no iba y al fin no fue; aquí dice que el primero dijo que no, pero después, arrepentido, sí fue; ustedes van a encontrar, en el verso 29, varias versiones, algunos dicen que sí iba y no fue; otros dicen que no iba y si fue, no todos los versos lo dicen en el mismo orden; los manuscritos tienen esas diferentes versiones, y también incluso, hay algunos manuscritos que lo dicen de una manera rara cuando el Señor les pregunta: ¿cuál piensan ustedes que hizo la voluntad del Padre? y le respondieron: El que dijo que iba y no fue, ese fue el que hizo la voluntad del Padre, algunos manuscritos dicen eso y es porque, entre los rabinos antiguos, existía la llamada doctrina de la buena intención; si la persona tenía buena intención, ya era contado como si hubiera hecho la voluntad de Dios, aunque no la hubiera hecho; por eso había manuscritos que lo dicen así, dos formas de ellas, necesariamente son equivocadas y cuando se contaron las tres formas entonces se logra descubrir, cual es la forma correcta y cuales fueron las formas que se desviaron de la correcta, ¿verdad? Creo que Reina Valera, en este caso, escogió los manuscritos más antiguos y los manuscritos más correctos, los que crean menos dificultad en el contexto. De todas maneras, si ustedes sólo leyeran la Reina Valera, no sabrían que hay estos problemas, pero como es posible que algún día se encuentren con otras traducciones, con otras versiones, entonces se van a encontrar con eso, de una vez les explico que es lo que hay. En el caso de Reina Valera entre los críticos textuales, al analizar las distintas versiones, ellos tratan de explicar cual sería la original y cuales se desviaron de ella, cuales tienen lógica y cuales no tienen lógica; pero por ejemplo, si ustedes comparan la versión del Recobro de Witness Lee, con otros hermanos y la Reina Valera, se dan cuenta que el verso 29 dice al contrario, y cuando ustedes empiezan a estudiar porqué lo dice al contrario y vas al aparato crítico, ahí descubres todas las variantes que existen, entonces se debe a eso, puede ser que haya otras versiones también, ¿verdad? De todas maneras, cualquiera de las tres versiones, nos muestra que hay dos hijos y también nos muestra que uno actuó de una manera, otro de otra, sólo que una lo dice primero, otra lo dice después y alguna dice cosas tan raras y tan inconsecuentes, que uno se da cuenta que fue un descuido del escriba y de los que copiaron a ese escriba. De todas maneras, así como lo tiene Reina Valera es correcto, y la lección espiritual se puede aprovechar ahí; entonces hermanos vamos a detenernos, mas bien, en la lección espiritual. Pasando ahora, de la crítica textual a la parte exegética, vemos que el verso 28 comienza con la palabra “Pero” y cuando hicimos la lectura inicial ustedes vieron que al final de la parábola se menciona a Juan el Bautista; entonces, por la mención de Juan el Bautista hacia el final, y por la palabra “Pero”, nos damos cuenta que esta parábola fue dicha en un contexto que se hablaba también de Juan; como vemos en los versos anteriores desde el 23 al 27, ahí se habla de Juan el Bautista y al hablar Jesús de Juan y al decir, “pero”, quiere decir, que esta parábola, se dijo en este contexto, que conviene tener en cuenta, porque el contexto nos ayuda a entender mejor la parábola. Entonces, vamos a leer ese contexto inmediato que comienza en el mismo capítulo 21 pero desde el versículo 23: “Cuando vino al templo”, fíjense que había hablado de la higuera estéril, ya estudiamos aquí esa parábola y vimos como el Señor esperaba que diera fruto y no dio fruto, entonces como no dio fruto fue desarraigada para que no estorbara la tierra, para que otros si dieran el fruto que no dio, entonces, en ese contexto, él llegó al templo; cuando llegó al templo los principales sacerdotes y los ancianos, que eran como decir la jerarquía religiosa del pueblo, “los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba”, esto que le pasó al Señor, le pasó a nuestro hermano Alejandro cuando estaba en Guayabetal, en una reunión predicando, y llegó el cura del pueblo y ni siquiera esperó que se terminara la reunión, y entró directo a la sala de la casa de nuestra hermana Lilia, donde estaban reunidos los hermanos, interrumpió a Alejandro y le dijo: -¿usted con qué autoridad está enseñando aquí? Yo soy aquí el cura del pueblo, a mí fue a quien puso el obispo, yo soy el que tengo que enseñar, ¿quién es usted? ¿Usted con qué autoridad está enseñando?-Exactamente eso le pasó a Alejandro en Guayabetal; así que en la próxima ocasión se reunieron a puerta cerrada y cuando llegó otra vez el cura y tocó la puerta, miraron por la rendija y cuando vieron que era el cura, no le abrieron; y entonces el cura, en el propio púlpito de su templo católico, comenzó a decir: -cuidado con el señor Alejandro que está enseñando sin autoridad-, le pasó lo mismo que al Señor, eso suele suceder. “Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, (no esperaron que terminara, lo interrumpieron así, alevosamente, irrespetuosamente), y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” fíjense que a veces los hombres se sustentan en una autoridad que no proviene del cielo, sino una autoridad fraguada por los mismos hombres, los hombres organizan algo, crean un embeleco y a ese embeleco le dan cierta respetabilidad y la gente que desciende de ese embeleco, es la que tiene el respaldo del embeleco, ¿se dan cuenta? y para ellos esa es la autoridad. Hoy en día muchas personas en los sistemas religiosos, incluso dentro del pueblo mismo del Señor, evangélico, a veces no siguen lo que dice la propia Palabra del Señor y el Espíritu del Señor, sino lo que es la tradición del embeleco y el Señor les tenía que decir: “Vosotros invalidáis la Palabra del Señor, por seguir vuestra tradición”1, como sucede a veces en el mundo religioso, que el diablo usurpa, de una manera astuta, la autoridad de Dios porque él siempre ha querido tener la autoridad, entonces él hace sus maniobras y crea sus costumbres y su nicolaismo para establecer cierto institucionalismo y exigir una autoridad que él no tiene y controlar el pueblo de Dios ilegítimamente. Por lo tanto, el asunto de la autoridad es importante entenderlo, debe ser del Espíritu y de la Palabra, es el mover del Espíritu según la Palabra, el hablar de Dios, el hablar de Dios no puede ser alguien distinto al propio Señor y algo distinto a la propia Palabra y Espíritu del Señor, porque siempre va a haber personas que reclaman autoridad y aquí le llegaron al Señor y a cualquiera de nosotros nos van a llegar. “¿Con qué autoridad haces estas cosas? (Él estaba enseñando) ¿y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta,” -como ustedes están reclamando autoridad, entonces yo les voy a devolver la pregunta, ¿ustedes reconocen la verdadera autoridad? ¿Reconocen ustedes la autoridad? ¿conocen ustedes la autoridad del Espíritu, la autoridad de la Palabra de Dios y la autoridad de los siervos de Dios? Entonces Él les volvió a hacer una pregunta- “Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas”, quiere decir, que Él les iba a responder con que autoridad lo hacía, pero si ellos no reconocían la autoridad ¿para que iba a decirles algo que ellos no iban a reconocer?, era como echarle las perlas a los puercos; ¿no dijo el Señor que no des lo santo a los perros y no echéis las perlas delante de los puercos?2 Si son personas que no reconocen la autoridad de Dios para que se va a poner uno a decirles cosas, simplemente no se pierde el tiempo con ellos, eso es lo que pasó aquí. Y la pregunta era ésta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era?” Juan el Bautista, ustedes recuerdan que ellos mismos, como lo testifica el apóstol Juan, habían mandado a preguntarle: ¿Tú quién eres? ¿Eres tú el Cristo? Juan dijo: no, yo no soy el Cristo. ¿Eres tú Elías? 3, aunque él venía en el espíritu de Elías y en él se cumplía la profecía de Elías, él como persona, no era Elías, el como persona era Juan el Bautista, porque el espíritu del ministerio de Elías el Tisbita se reprodujo en él y si ustedes ven el estilo de Elías y el estilo de Juan el Bautista, son iguales, y el mismo Señor Jesús dijo que Juan el Bautista era el Elías que había de venir4, pero no era la persona de Elías, sino la persona de Juan, entonces cuando le preguntaron: ¿eres tú el Cristo? El dijo: no lo soy, ¿Eres tú el profeta? No, no soy, ¿eres Elías? Porque ellos sabían que tenía que venir el Cristo, ellos sabían que Deuteronomio decía que vendría un profeta, “profeta de en medio de vuestros hermanos, os levantará el Señor vuestro Dios, a Él oiréis, toda alma que no oiga a aquel profeta será desarraigada del pueblo”5, por eso ellos preguntaban: -¿Eres tú el profeta?- Algunos decían que era Juan el propio Cristo. Hasta hoy los mandeos dicen que el Cristo es Juan el Bautista, hay un resto de los mandeos en Irak, cuya doctrina es que Juan Bautista era el Cristo, él mismo no lo aceptó, pero hubo gente que creyó en esas cosas, entonces dijo que no era ni el Cristo, ni el profeta, ni Elías, entonces ¿quién eres? Entonces él mostró lo que decía el profeta Isaías: “Yo soy la voz que clama en el desierto, preparad el camino del Señor”6, por eso Juan el Bautista sabía quien era el que venía detrás de él, el precursaba al propio Señor, dijo: “yo no soy digno de desatar la correa de su calzado, el que viene después de mi, era antes de mi”7, ahí está hablando de la preexistencia del Verbo de Dios, de Yahveh revelado, “preparad el camino del Señor”, él si identificó la profecía; Dios había dicho: “voz que clama en el desierto, preparad el camino del Señor”8, ese era Juan el Bautista, Dios lo había profetizado y lo había cumplido, y ellos lo habían visto, y él les había hablado en qué base estaba actuando con la Palabra de Dios, estaba hablando conforme a Isaías, capítulo 40, conforme a Malaquías capítulo 3: “He aquí envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mi”9, entonces Juan venía basado en la profecía de Isaías, basado en la profecía de Malaquías y con la experiencia de que el Señor lo llamó y lo constituyó y le dijo: “sobre quien veas que viene el Espíritu Santo ese es el que bautiza con Espíritu Santo y fuego”, él no sabía quien era, pero el que me envió, me envió a bautizar y me dijo: sobre quien veas descender el Espíritu Santo como paloma, ese es y yo lo he visto y he dado testimonio10; él dio testimonio, ellos habían visto y oído, ellos no eran ignorantes, ellos eran los sumos sacerdotes, los principales y entonces les pregunta, -¿están hablando de autoridad ustedes?, ustedes saben con que autoridad hago yo esto, pero ustedes ¿reconocen la autoridad? Ustedes que preguntan por autoridad, para establecer la de ustedes mismos y prohibir hablar en el nombre de Dios, ustedes mismos no reciben la autoridad de Dios-. “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, (o sea que ellos hacían un concilio privado), diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?”, ellos sabían que Juan había dicho que “Él era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que Él era el que bautizaba con Espíritu Santo y fuego”11, o sea que el Señor los puso entre la espada y la pared. - Ustedes quieren hablar de autoridad, entonces digan si el bautismo de Juan ¿era del cielo o era de los hombres?- Porque puede ser que la autoridad de algunos de ellos fuera de los hombres. Ciertamente el sacerdocio aarónico había sido instituido por Dios, pero el rabiná y todo eso era cosa de los hombres. Jesús, cuando el sumo sacerdote lo conjuró, él obedeció. Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si Tú eres el Cristo12, porque Él antes se quedaba callado, pero cuando el sumo sacerdote lo conjuró, el respetó la autoridad del Sumo Sacerdote, porque Él reconoció la autoridad del sumo sacerdote; Pablo también, cuando supo que el que lo había mandado a abofetear era el sumo sacerdote, le pidió perdón, -discúlpeme, yo no sabía que era el sumo sacerdote, porque está escrito: No maldecirás al príncipe de tu pueblo13-, entonces Pablo reconoció. Jesús mismo como su Padre y Él mismo habían constituido el sacerdocio, Él lo respetó, porque ¿qué tal constituir una cosa que El mismo no respeta?, pero ahora ellos no respetan a Dios, Juan también era sacerdote, Juan era descendiente del sumo sacerdote Zacarías, que cuando estaba en pleno ejercicio de su liturgia se le anunció el nacimiento de Juan y vino un ángel del cielo y le citó la profecía14, y con las palabras de la profecía de Malaquías, habló de Juan el Bautista y ellos sabían eso, ¿de quién es el bautismo de Juan? ¿De Dios o de los hombres? “Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creisteis? Y si decimos de los hombres, tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta”, o sea que las personas incluso las rameras y los publicanos que vivían de la usura y de la extorsión al pueblo, ellos se arrepintieron, y los sacerdotes que eran los que estaban al frente y enseñaban, como yo estoy enseñando aquí, ellos no se arrepintieron, y no creyeron ni obedecieron, entonces ellos exigían que se le sometan a la autoridad de ellos, pero ellos mismos no se habían sometido a la autoridad de la Palabra de Dios. Entonces dice acá: “Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos”, es decir, se mantuvieron en una actitud, -no sabemos-. Enseguida dice: “Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”. “Pero”, aquí está la continuidad, es en ese contexto, “Pero”. Cuando el Señor dijo: Pero, dijo:- Yo no les voy a decir con qué autoridad hago estas cosas porque ustedes no me dijeron cuál es la autoridad de Juan, pero ahora, yo si les voy a decir quienes son ustedes y cómo son ustedes, y les dijo dos parábolas, ésta y la siguiente; hoy nos detendremos en ésta. “Pero ¿qué os parece?”, cuando dice, que os parece, apela a la conciencia de ellos, como para que ellos se den cuenta de sí mismos, “un hombre tenía dos hijos”, aquí por ejemplo, los publicanos y las rameras representaban un hijo y los sumos sacerdotes y los escribas, representaban el otro hijo; unos representaban la crema y nata de Israel, los otros vivían como los gentiles; podríamos decir que esos dos hijos también, como en una segunda instancia, podrían representar a los gentiles que no habían recibido nada del Señor, pero que después reciben al Señor y llegan a ser la iglesia, el otro pueblo que debe producir el fruto que no produjo Israel, entonces aquí el Señor habló de esos dos hijos. “Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña”, o sea, el Señor revela que este hombre que es Dios, representa al Señor y tiene una viña, muchos pasajes de la Biblia y aquí hemos visto, en varias ocasiones, algunos que hablan de la viña del Señor, y el Señor, en su viña, requiere trabajadores, a todos nosotros que somos ahora sus hijos, no hay hijo que no sea siervo, y no hay hijo siervo que no deba trabajar en la viña; no piensen que aquí la viña, es sólo para el predicador que está allá en el púlpito al frente hablando, todos nosotros tenemos que trabajar en la viña, porque algunos piensan que sólo vinimos a la tierra para trabajar en los viáticos y ¿para qué entonces los viáticos? Para volver a trabajar; ¿no sería eso comer para trabajar y trabajar para comer? ¿será ese el sentido de la vida? ¿será que el sentido de nuestra vida es esclavizarnos a trabajar, para poder comer y comer para poder seguir trabajando? ¿Será que ese círculo vicioso es lo único que existe en nuestra vida? ¿Será que Dios nos creó solamente para ese sin sentido? Claro que hay que trabajar para comer, pero hay que comer para vivir y vivir para el Señor, vivir para el propósito con que nos creó Dios y ese propósito que Dios tiene, es lo que hace que exista en la tierra la viña del Señor, el trabajo del Señor, y todos los hijos somos siervos, y todos los siervos tenemos que trabajar en la viña del Señor. Ustedes recuerdan lo que dice en Efesios capítulo 4, que los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores y maestros, fueron constituidos ¿para qué? ¿para ellos solo trabajar? ¡No!, para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, o sea que todos los santos deben hacer la obra del ministerio y todos los santos deben colaborar con la edificación del cuerpo de Cristo, no son los pastores los que se reproducen como ovejas, son las ovejas las que producen ovejas; entonces, en la viña del Señor tenemos que trabajar todos y esto lo digo para que no nos escapemos de la apelación de esta parábola, ninguno de nosotros. ¿Qué hijos somos? Los que decimos que vamos pero no vamos, o los que aunque a veces no vamos, después nos arrepentimos y vamos. Esto es para nosotros; aquellas personas ya eran religiosas, eran religiosas, mas no trabajaban para la viña del Señor sino para sí mismos, a cualquiera de nosotros nos puede pasar eso, robarnos la viña para nosotros y no trabajar para el Señor, sino robarnos lo del Señor para nosotros. ¿No pasó eso? Entonces dice aquí: “ve hoy a trabajar en mi viña”. Hay que trabajar en la viña del Señor, los gentiles y los judíos, Israel y las naciones, todos tenemos que trabajar en la viña. “Respondiendo él, dijo: No quiero”, aquí cuando decía esta palabra: “Respondiendo él”, algunos manuscritos dicen: Respondiendo el primero, aquí el traductor, como sabía que existía esa problemática, de los manuscritos le quitó la palabra “el primero”, porque algunos interpretan, por ejemplo, el hermano Witness Lee, interpreta que este primero eran los gentiles que no habían seguido al Señor y luego cuando se arrepintieron se volvió la iglesia y entonces la primogenitura de Israel fue traspasada a los gentiles, o sea a la iglesia. Ciertamente en otras parábolas el Señor dice: “El reino será quitado a este pueblo y será dado a otro pueblo que dé el fruto que éste no dio”15. Entonces, como les digo, las distintas situaciones de los manuscritos dan ocasión a distintos puntos de vista, sólo que a veces uno lo dice muy dogmáticamente y en esto hay que ser un poco más abierto y menos cerrado, ¿verdad? Entonces: “Respondiendo él, dijo: No quiero, pero después, arrepentido, fue”, es posible que al principio uno no tenga una buena disposición, porque lo más natural del ser humano es la mala voluntad, la mala disposición para con Dios, gracias a Dios que Él, concede el arrepentimiento, porque también el arrepentimiento tiene que ser una concesión de Dios porque la Biblia dice: “se les concedió arrepentimiento también a los gentiles”.16 Cuando los de Jerusalén decían: -¡pero cómo Pedro fuiste a predicar a los gentiles!- y cuando Pedro les contó todo lo que había pasado y como Dios había tomado la iniciativa y lo había metido en el problema y se le adelantó el Espíritu Santo antes de que él terminara de predicar, dicen ¡Así es que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento!17 El arrepentimiento también es dado por Dios. Por eso, cuando uno es llamado al arrepentimiento, debe arrepentirse en ese momento, porque no sabemos si después tendremos oportunidad y se nos dará arrepentimiento; gracias a Dios que a éste se le concedió arrepentimiento. También Pablo en la 2ª a Timoteo habla de la concesión de arrepentimiento18, aquí Dios le concedió que se arrepintiera y éste aprovechó la oportunidad de Dios y se arrepintió y entonces fue a la viña. Al principio tuvo mala disposición porque esa es la disposición natural humana, pero aprovechó el toque de la gracia, se agarró de esa gracia y fue a trabajar en la viña. Entonces aquí lo que el Padre llama “Su voluntad”, es que trabajemos en Su viña, porque cuando Jesús dice: “¿cuál de los dos hizo la voluntad de su Padre?” nos está enseñando que la voluntad del Padre es que trabajemos en Su viña; y aunque quizá por un tiempo no lo hayamos hecho, seamos respetuosos de la gracia, del apelo que Él nos hace, que es gracia, para que nuestra vida no pase sin que toquemos para nada la viña del Señor. Todos debemos estar sirviendo en la viña del Señor, cada uno de los que está aquí debe preguntarse: ¿Yo qué estoy haciendo en la viña del Señor? ¿Yo estoy colaborando para la viña del Señor? El primero de los hijos fue, aunque por un tiempo no fue, como los gentiles que por un tiempo fueron desobedientes pero se les concedió arrepentimiento y se les concedió fe, entonces fueron ¿verdad? Dice aquí en el verso 30: “Y acercándose al otro”, y esta palabra “otro” es una palabra que algunos manuscritos dicen: histeros que quiere decir otro; otros dicen: deutero que quiere decir el segundo, entonces aquí realmente hay variedad en los manuscritos pero la idea, el segundo o el otro, está bien. “Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera” y noten esa frase: “de la misma manera”, como decían los hermanos de la iglesia en Jerusalén, -¿de manera que también ha dado Dios arrepentimiento y fe a los gentiles, lo mismo que a nosotros?19-. El Señor no hizo diferencia, lo mismo hizo con los judíos y lo mismo hizo con los gentiles, lo mismo, de la misma manera, eso quiere decir que Dios actuó de manera justa, equilibrada y dice aquí: “y respondiendo él, dijo: Si, Señor, voy”. Hay personas que piensan que decir es suficiente, pero el Señor constantemente decía: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?20, aquí lo importante es hacer. Vamos a ver todos los versos de nuevo hasta terminar la parábola, aquí en este contexto ustedes van a ver que el Señor Jesús, iguala fe con obediencia, fe con hacer la voluntad de Dios. Como decía Santiago: “Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras”21, o sea que la verdadera fe incluye la obediencia, incluye el hacer, cuando hay fe hay obediencia; si no hay obediencia, si no hay el hacer la voluntad de Dios, es como si fuera una fe en vano. La Biblia habla de fe en vano. Pablo le dice a los Corintios en el capítulo 15 de la llamada 1ª epístola porque hubo una anterior perdida, le dice: si no creísteis en vano22, quiere decir, que existe el fenómeno de creer en vano, ¿qué es creer en vano? Es no creer en serio, o sea no creer de corazón, no nacer de nuevo, simplemente en el hombre exterior hacer una aceptación externa pero donde no recibimos la vida divina en nuestro espíritu, son personas que son creyentes guau, como dicen en guaraní, guau es ficticios, falsos, ¿ven? Entonces aquí dice así: “Si, señor, voy. Y no fue; que es lo mismo, que en otras palabras dice el Señor, cuando se dirigen a Él como Señor, Señor, pero no hacen lo que Él dice. Como en otro dicho en Paraguay: mucho tilín, tilín, pero nada de paletas, o sea, llega con la campanita, tilín, tilín, llaman pero no hay paletas, sólo tilín, tilín, ¿verdad? Eso es eso, decir y no hacer. El Señor está comparando, aquí justamente, a éstos que pretendían tener autoridad, a los sumos sacerdotes, ellos creían ser los enseñadores, como yo aquí, pero ellos mismos no hacían, es peor uno enseñar que estar allí calladito oyendo, porque como yo estoy enseñando, me van a cobrar más duro, yo sé eso y a eso no puedo escapar, el Señor me llama a esto. Yo sé que a los que son maestros se les demandará más y allí están los sumos sacerdotes, sin embargo, no hacían lo que decían, entonces eso es más grave y más digno de condenación, terrible que yo mismo esté diciendo esto, pero tengo que decírmelo a mi mismo primero, después a ustedes, ¿verdad? No podemos engañarnos. -Sí, si voy-, pero no fue, tomó la apariencia pero no fue real con Dios. En el libro de Malaquías, quiero que ustedes me acompañen allí por favor, como el Señor tiene que, al final, mostrar la diferencia, porque en medio del ambiente religioso hay profesión de ser sin ser, porque eso es la profesión de ser algo sin serlo, eso es nominalismo, eso es muy típico de Sardis, tienes nombre de que vives pero estás muerto, entonces dice aquí en el libro de Malaquías, si ustedes me permiten, vamos a leerlo en el capítulo 3 desde el verso 13 hasta el 18, noten que Malaquías es un libro especialmente dirigido a los sacerdotes, a los levitas; si tú lees todo Malaquías va dirigido a los sacerdotes y levitas que hacían de mala voluntad las cosas, pero yo para que voy a cerrar las puertas si nadie me va a pagar por eso y así, pero qué fastidio estar con estos sacrificios todos los días, esta sangre y estas tripas acá, así decían y el Señor dijo: “vuestras palabras fueron violentas, dijisteis, que qué fastidio es esto”, o sea que esta carta va dirigida a los servidores profesos de Dios, a los profesantes y entonces dice aquí: “Vuestras palabras contra mi han sido violentas, dice Yahveh. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?” o sea, a veces uno no se da cuenta de que las actitudes de uno, las palabras de uno son contra el Señor. “Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Yahveh Sabaot? Noten, a veces se tiene esa actitud; los impíos bailan tranquilos, se divierten, tienen plata, tienen placeres y uno aquí todo afligido, el Señor dice que eso es violencia contra Él decir así, a veces no se dice, pero se piensa, se siente. Como uno de los hermanos que tuvo la experiencia de ser llevado al otro lado, un ángel le dijo que los pensamientos nuestros se oyen más fuerte en el cielo que lo que se oyen nuestras palabras en la tierra; nuestros pensamientos hablan en el cielo más duro que nuestras palabras en la tierra. Entonces dice aquí: “Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon. Entonces los que temían a Yahveh”, gracias a Dios, porque en el temor de Dios está la sabiduría; por eso yo no tuve reparo en hacerles oír el asunto del infierno, porque en el temor de Dios está la sabiduría, “los que temían a Yahveh hablaron cada uno a su compañero; y Yahveh escuchó”, porque lo que uno habla cuando nos animamos los unos a los otros, escucha, “Y oyó”, noten esas dos palabras: escuchó y oyó, son dos palabras, escuchar es entender pero oír es poner atención, “y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahveh y para los que piensan en su nombre.” Y noten, éstos son los dos versos a los que quería llegar en aquel contexto de Mateo 21: “Y serán para mi especial tesoro, ha dicho Yahveh Sabaot, en el día en que yo actúe, y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”, quiere decir que los hijos le sirven y fallan mientras le sirven, pero él dice: perdonaré al hijo que me sirve. Y dice: “Entonces”, ahora sí, durante este tiempo nos engañamos, pero en aquel día cuando yo actúe: “Entonces os volveréis y discerniréis la diferencia”, quiere decir que antes de ese día uno puede estar engañado y pensar que sirve a Dios, pero sólo sirve a su propio vientre y aquel debe ser un hereje perverso y ese era un santo, ¿verdad? ¡A cuántos santos de Dios los trataron como si fueran los peores! ¿no dice el Señor que fue contado con los malhechores y si con el árbol verde hicieron eso, no harían lo mismo con el árbol seco? Los siervos de Dios pueden ser contados como malhechores y los pícaros pueden ser contados como los santurrones, los pícaros, pero entonces el día que yo actúe, dice el Señor: “discerniréis la diferencia entre el justo y el malo”, quiere decir que un malo se puede disfrazar de justo y un justo puede parecer malo; entonces, “el día en que yo actúe, discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”. Puede ser que durante este tiempo no distingamos y por eso en 1ª. a los Corintios, si me acompañan en el capítulo 4, al respecto de lo mismo, dice así el apóstol Pablo por el Espíritu Santo, 1ª a los Corintios capítulo 4, voy a leer desde el verso 3, dice: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano;” Pablo sabía que los hombres no juzgan sino por las apariencias, juzgan según la carne, no según el testimonio del Espíritu, son pocos los que quieren oír lo que el Espíritu testifica de alguien, entonces vemos por las apariencias y por lo que Satanás nos quiere causar, porque Satanás trabaja para que a lo bueno le llamemos malo y a lo malo le llamemos bueno y para quitar de nosotros la semilla de Dios y meternos las cosas de él. Entonces dice acá: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano;” Pablo no confiaba en el juicio de Adán, de la carne, de lo meramente humano y ni siquiera en el de él, porque dice: “y ni aún yo me juzgo a mi mismo”, porque a veces uno piensa que está bien y mientras uno piense que está bien, nunca somete a la corrección lo que uno hace, porque uno está tranquilo pensando que todo está bien, pero ¿qué dice Proverbios?, dice: “Fíate de Yahveh de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia, reconócelo en todos tus caminos y El enderezará tus veredas”23. Es cuando tú le dices a Dios: - Señor, a mi me parece que esto está correcto, pero puede estar equivocado y no me doy cuenta, Señor, yo quiero es que Tú me enseñes, yo no quiero confiar en lo que yo entienda, yo necesito es que Tú me enseñes-, mientras tú no le digas al Señor: Enséñame Tú, tú puedes seguir creyendo erradamente, acerca de ti mismo o de lo que sea, hay que decirle a Dios: - Señor, yo puedo estar equivocado sin darme cuenta, te pido a ti que Tú me enseñes y a Ti hago responsable para enseñarme, porque yo me puedo equivocar y si Tú no me ayudas me voy equivocar otra vez.- ¿Cuántas veces nos hemos equivocado hermanos? Que sirva por lo menos para eso la experiencia, para saber que no sabemos nada, como decía Sócrates y decirle al Señor, - Señor: enséñame Tú- , como dijo también Job antes que Sócrates: “Yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí que yo no comprendía, ahora yo me voy a aborrecer, me aborrezco, me arrepiento”24; ahora me voy a preguntar, ¿cuántas personas están metidas en religiones falsas? ¿cuántos miles y millones de islámicos creyendo a un falso profeta como Mahoma y se tomaban las esposas de otros, siguiendo falsedades porque nunca le preguntaron a Dios si eso era verdad? Creyeron en su propio juicio o en la tradición y por la tradición invalidaron la Palabra de Dios; por eso dice aquí: “y ni aún yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado;” porque uno puede tener la conciencia cauterizada y no se da cuenta o no quiere darse cuenta, entonces dice: “pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo” es entonces, “cuando Yo actúe, entonces discerniréis la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”. Ahora todavía hay mucha apariencia, mucha profesión, pero puede ser hipócrita, ser falsa, no ser pura para con Dios. En aquel día nos sorprenderemos, ¿qué dirán los jesuitas? ¿Lutero también en el paraíso y Loyola en el infierno? Yo no puedo lanzar a Loyola al infierno pero estoy hablando sólo en suposición; las sorpresas que puede haber, ¿verdad? “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones”; y entonces”, lo mismo que dice Malaquías, “entonces”, aquí dice entonces, cuando venga el Señor en el tribunal de Cristo, “entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito”, eso hay que aprenderlo, no pensar más de lo que está escrito, restringirse a la Palabra de Dios, porque nosotros pensamos y pensamos, y creemos en nuestro discernimiento, en nuestro juicio y después somos sorprendidos ¿verdad? Volvamos aquí a Mateo capítulo 21, verso 30: “Si, señor, voy. Y no fue”. Todo esto era para ilustrar ese profesionalismo sin realidad. “Tienes nombre de que vives y estás muerto25”. Si, voy, pero no fue. Entonces ahora la pregunta del Señor es ésta: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” fíjense que a partir de aquí el Señor va a relacionar obediencia con fe, miren como el Señor relaciona la obediencia, el hacer la voluntad del Padre con la fe, miren como Él relaciona las dos cosas, las dos cosas van juntas; si hay fe, hay obediencia; si no hay obediencia no hay verdadera fe, solamente hay esa fe en vano, esa cosa externa, esa imitación de fe, no hay un verdadero toque porque si yo en verdad sé que esta casa se va a caer, yo me salgo, pero si yo sigo aquí.., -este banco ya está quebrado- y yo sigo invirtiendo en este banco, yo no creo que está quebrado, ¿se da cuenta? O soy muy estúpido, me perdonan la palabra, ¿verdad? Entonces dice así: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero”, claro, el que dijo que no iba y que al fin fue. Algún manuscrito dice que fue el que dijo que iba y no fue, dice que ese hizo la voluntad del Padre, imagínense, manuscritos decían así, ¿por qué? porque había la enseñanza de algunos rabinos de que lo importante era la buena intención y el otro dijo que iba a ir, tenía la intención, eso fue que algo le pasó, se le atravesó una chica por ahí, o ir a un banco, quien sabe que se le atravesó, pero él tenía la intención, ¡no, no, el Señor no ve eso!, Él ve es la realidad. Entonces dice ahí: “Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” y miren que cuidadoso es aquí Mateo al registrar la expresión “el reino de Dios”, Mateo casi siempre usa la expresión “reino de los cielos”, pero cuando abarca la parte de los judíos y la parte de la iglesia, dice “el reino de Dios”, por ejemplo, “el reino de Dios será quitado a este pueblo (era Israel) y será dado a otro pueblo”26, porque el reino de los cielos es parte del reino de Dios, pero la parte de Israel no era todavía el reino de Dios. Juan decía: “viene el reino de Dios”, pero no había venido, Juan anunciaba que venía; el reino de los cielos, no había venido, sólo que el reino de Dios tiene varios capítulos: el capítulo de la iglesia es del reino de los cielos, el capítulo del milenio es del reino de los cielos, pero la historia anterior de Israel, la anterior a Cristo no era el reino de los cielos, pero sí era el reino de Dios, entonces como aquí está hablando de dos hijos que puede representar a Israel que fue llamado al monoteísmo, a dar testimonio y no hizo, ahora de los gentiles, el Señor toma un pueblo para su nombre y sale la iglesia que sí hace, entonces ahora ya no usa la palabra “reino de los cielos”, sino “reino de Dios”, ¿se da cuenta qué cuidadoso es Mateo? Reino de Dios que abarca también a Israel. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las ramera van delante de vosotros en el reino de Dios, no porque son publicanos, ni porque son rameras, sino porque dejaron de serlo, porque creyeron, se arrepintieron e hicieron la voluntad de Dios, como frutos dignos de arrepentimiento que decía Juan: “haced frutos dignos de arrepentimiento”27 porque también los fariseos venían a oír a Juan, pero venían no con la intención de arrepentirse y hacer, sino a analizar ese fenómeno profético, no venían a arreglarse con Dios. Dice el verso 32: “Porque”, aquí viene a explicar esto, aquí está el contexto de lo anterior, desde el verso 23 al 27 que mencionó Juan y la pregunta por el bautismo de Juan, si era de Dios o de los hombres. Aquí viene el contexto. “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia”, noten eso “camino de justicia”, hay algo que se llama “camino de justicia”, los pasos de Juan eran en verdad, eran obedeciendo a Dios, haciendo lo que es justo y él decía y hacía lo que había que hacer: no hagáis esto, no extorsionéis, compartid, etc, ese era el camino de justicia, la frase “camino de justicia” siempre está relacionado con el reino, porque a veces nosotros vemos en la Palabra el aspecto de la gracia que es sin obras, “por gracia sois salvos, no por obras para que nadie se gloríe,”28 entonces existe la gracia, pero también la Palabra de Dios nos habla de la palabra de justicia, del camino de justicia, pero el camino de justicia está relacionado con el reino. La gracia quiere decir que Dios nos perdona, pero no para que sigamos pecando y nos vuelva a perdonar, ¡no!, nos perdona para que dejemos de pecar, -vete-, Él la perdonó, - pero no peques más-29, o sea que la gracia viene para constituirnos en hijos agradecidos, en hijos temerosos, hijos convertidos que ahora quieren hacer la voluntad de Dios, entonces caminan el camino de justicia que está relacionado con el reino, porque ¿qué era lo que anunciaba Juan? El reino de los cielos está cerca30, entonces por eso, él venía en camino de justicia, porque tenía que ver con el reino, aquí habla en el contexto del reino. “Delante de vosotros al reino de Dios, porque”, esa palabra “porque” es la relación, Jesús está relacionando la entrada al reino con el camino de justicia, no es solamente la fe, sino la fe que produce fruto de arrepentimiento, de bautismo, de obediencia, de hacer la voluntad de Dios, eso es lo que se llama “camino de justicia” y se relaciona con el reino. Entonces dice acá: “vino a vosotros Juan en camino de justicia y no le creísteis;” noten que ahora usa la palabra “creer”, “no le creísteis, pero los publicanos y las rameras le creyeron” entonces noten que los publicanos y las rameras iban delante de los sacerdotes en el reino de Dios y entonces ahí está relacionando creer con hacer. Porque ¿cuál de estos hijos hizo la voluntad de su padre?, el que se arrepintió y fue, el que hizo, o sea el que creyó se arrepiente, enmienda su camino y procura agradar a Dios, por la gracia de Dios. Entonces dice: “pero los publicanos y las rameras le creyeron;” no sólo creyeron, sino que dejaron de ser publicanos, dejaron de ser rameras, se bautizaron esperando la venida del Mesías y el Mesías vino y cuántos de estos seguramente pasaron a ser discípulos del Mesías, de Cristo y entonces dice: “y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle”; noten que ese “creerle” aquí después de arrepentimiento es un creer que implica obediencia porque si no implicara obediencia hubiera dicho primero “creer” y luego arrepentirse, pero dijo arrepentirse y después creer, arrepentirse para creer quiere decir que este creer implica actuar en conformidad con la fe y por eso lo cita después de arrepentimiento. Entonces amados, esta parábola es para nosotros, para mí que estoy hablando, es primero para mí, seguramente que a mí me va a pedir primero cuentas el Señor y también para ustedes que vinieron a oír, ¿verdad? No solo a mí, sino a los que juntos estamos hablando del Señor, ¿amén amados? Hermanos, debemos arrepentirnos e ir a la viña, trabajar en la viña; somos la iglesia, ¿somos los que daríamos fruto? Israel no dio, le fue dado a otro pueblo, nos fue dado a nosotros ¿para qué? para que demos fruto. ¿Vamos a dar fruto nosotros? ¿O serán otros? Ojalá seamos nosotros. Vamos a orar hermanos con un corazón sincero. Querido Padre: Ten misericordia de nosotros, Tú sabes cuán necios somos, cuán viles, cuán hipócritas, todo esto que el ser humano es en sí mismo, que no podemos dejar de serlo por nosotros mismos pero Tú nos has concedido el arrepentimiento, nos has reunido para hablarnos, porque Tu gracia nos ha alcanzado y Tu gracia tiene poder para sobreedificarnos Señor, para conseguir fruto en nuestras vidas. Tu Palabra, como cantábamos no volverá a Ti vacía, sino que hará aquello para lo cual fue enviada. Señor, queremos ser buena tierra, que recibe Tu palabra y da fruto, no queremos aprovechar la lluvia sólo para producir espinas y alimentar espinas, no queremos ser esa clase de plantas, queremos ser plantas nacidas de Tu Palabra. Señor, nosotros sabemos que con todo esto nos hacemos más responsables delante de Ti, pero no queremos huir, porque queremos Tu gracia, queremos vivir con Tu gracia Señor, perdona nuestra negligencia, perdona nuestros pecados, nuestra hipocresía, nuestras omisiones, la mala gana con que hacemos las cosas, danos buena disposición para ir a la viña y servirte, danos disposición Señor, concede que el resto de nuestras vidas sea una vida de diligencia y de servicio sostenido por Tu gracia. Queremos vivir en Tu Espíritu Señor. Límpianos con Tu sangre y fortalécenos a todos. ¡En el nombre del Señor Jesús! Amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez D, del comité de revisión para revisión final del autor 1 Mt. 15:6 2 Mt. 7:6 3 Jn. 1: 19,21 4 Mt. 17:12,13 5 Dt. 18:18,19 6 Jn. 1:23 7 Jn. 1:27 8 Is.40:3 9 Ml.3:1 10 Jn. 1:33,34 11 Jn. 1:29, Lc. 3:16 12 Mt. 27:63 13 Hch. 23:4,5 14 Lc:1:76 15 Mt. 21:34 16 Hch. 11:17 17 Hch 11:18 18 2ª Ti. 2:25 19 Hch. 11:18 20 Lc. 6:46 21 Stg. 2:18 22 1ª Co. 15:2 23 Pr. 3: 5,6 24 Job 42:3 25 Ap. 3:1 26 Mt. 21:43 27 Mt.3.8 28 Ef. 2:8,9 29 Jn 8:11 30 Mt. 3:2

LOS LABRADORES MALVADOS

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:40, Categoría: General

(38) LOS LABRADORES MALVADOS EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (38) LOS LABRADORES MALVADOS Localidad de Teusaquillo (16 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Padre: glorifica Tu nombre, santifícanos en la sangre del Señor Jesús y Su Santo Espíritu. Concédenos la gracia de hacer delante de Ti lo que es debido. Vamos a considerar Tu palabra con temor y temblor, dependemos de Tu gracia en Cristo Jesús. Hermanos, hoy, con la ayuda del Señor, vamos a estar continuando la consideración de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús. Estaremos considerando hoy una palabra que se encuentra tanto en Mateo como en Marcos y en Lucas, y también en el llamado evangelio de Tomás. Los versos son los siguientes: Mateo capítulo 21, desde el versículo 33 al 45; Marcos capítulo 12, del verso 1 al 12 y Lucas capítulo 20, del verso 9 al 19; en el llamado evangelio de Tomás se encuentra en los logiones 65 y 66; es la parábola llamada de los labradores malvados. Puesto que la parábola se encuentra en tres de los evangelios sinópticos, en los tres evangelios sinópticos, como acostumbramos hacerlo cuando una parábola aparece en más de un texto, integramos el testimonio de los tres testigos para tener una visión más completa de los detalles de la parábola que alguno de ellos da y que otro no da. Con ese objetivo, unimos los tres testimonios, los integramos en una sola redacción fluida y completa. La parte de Tomás la leo después de la integración de Mateo, Marcos y Lucas. Entonces las citas que les di son las del principio, pero la integración es la siguiente, que la hice aquí, y se las voy a ir leyendo, no voy a leer rápido para que los que puedan ir comparando los tres pasajes que, como les dije, están en Mateo 21:33-45; Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19, entonces vamos a leer despacio para que ustedes vayan viendo el por qué de la integración. “Entonces comenzó Jesús a decirle al pueblo por parábolas, esta parábola: Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual planto una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos, y se ausentó por mucho tiempo. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envío sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos y a su tiempo envió un siervo a los labradores para que le diesen del fruto de la viña, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. Mas ellos, los labradores, le golpearon y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar a otro siervo, pero hiriéndole le hirieron en la cabeza y también le enviaron afrentado. Ellos también a éste, golpeado y afrentado le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo, mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Volvió a enviar a otro y a éste mataron, y a otros muchos, golpeando a unos, matando a otros. Los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo a otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Entonces el señor de la viña dijo: ¿qué haré? Enviaré a mi hijo amado, quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. Finalmente, por último, teniendo pues un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos. Les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores, cuando vieron al hijo, al verle discutían entre sí y dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra, apoderémonos de su heredad y la heredad será nuestra. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, el señor de la viña, ¿qué pues, les hará el señor de la viña a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: Vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: Dios nos libre, pero él mirándoles dijo: ¿qué pues, es lo que está escrito? ¿nunca leísteis en las Escrituras, ni aún esta Escritura habéis leído? La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Todo aquel que cayere sobre ella, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, procuraban prenderle porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, temían a la multitud, al pueblo, porque éste le tenía por profeta y dejándole, se fueron”; integrando los detalles de los tres evangelistas sinópticos, obtuvimos esta redacción intercalada. Ahora voy a leerles cómo lo registra el llamado evangelio de Tomás que se encontró en 1945 en Egipto, en Naac Amadí; un campesino estaba arando la tierra y se encontró con unas ánforas, y en esas ánforas estaba una biblioteca de los gnósticos, en el Chenovosquión, un lugar llamado así, Chenovosquión, en Naac Amadí, en Egipto, y entre los rollos estaba una colección de 114 dichos del Señor Jesús, atribuido su registro al apóstol Tomás; entonces en el logión 65 y en el 66, él menciona esta parábola de los labradores malvados de esta manera. Les estoy leyendo ahora una traducción basada en 5 versiones de este evangelio de Tomás respecto de lo que decían también los evangelios sinópticos: “Él dijo”, o sea, dice Tomás: “Él (el Señor Jesús) dijo”. “Él dijo: Un hombre honrado tenía una viña, la entregó a unos labradores para que la cultivaran y recibiese fruto de ellos. Envió a sus siervos para que los labradores le dieran del fruto de la viña, ellos tomaron al siervo, lo golpearon y casi lo matan. El siervo retornó y lo dijo a su amo; su amo dijo: quizá no lo reconocieron; envió a otro siervo; los labradores lo golpearon igualmente. Entonces el amo envió a su hijo y dijo: quizá tendrán respeto a mi hijo. Aquellos labradores cuando supieron que era el heredero de la viña, lo agarraron y lo mataron. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Dijo Jesús: Mostradme la piedra que desecharon los edificadores, esa es la cabeza del ángulo” Entonces, ustedes pueden ver cómo la versión de Tomás es bastante similar a la de Mateo, a la de Marcos, y a la de Juan; quizás el aporte que haría Tomás es que uno de los siervos regresó y lo contó al amo; también que al principio el amo dijo: -quizá no reconocieron al primer siervo-, o sea, tratando de ser comprensivo. Entonces hermanos, ésta es, digamos, la parábola, y vamos a estar haciendo ahora un seguimiento exegético que es bastante interesante. En primer lugar, ustedes lo pueden comparar aquí, con Mateo 21, que la parábola de los labradores viene inmediatamente después de la parábola de los dos hijos. Ya la parábola de los dos hijos la consideramos, y en la misma ocasión en que el Señor Jesús dijo la parábola de los dos hijos, Él continuó con la parábola de los labradores; fue en la misma ocasión, por lo tanto, Él estaba complementando lo que estaba diciendo. Cuando habló de los dos hijos, quizá no había quedado claro para algunos de ellos, pero ya cuando habló la parábola de los labradores, que ocupa bastantes versículos, ahí nos damos cuenta de que lo calificó bastante bien; entonces vamos a ir siguiendo este testimonio de esta parábola, que la dijo el Señor Jesús, y la registraron estos cuatro apóstoles; tres sinópticos, en la Biblia, y Tomás, que se encontró después. “Entonces comenzó Jesús a decirle al pueblo por parábolas, está parábola, oíd esta parábola”, o sea, el Espíritu Santo, en el corazón de Él, le urgió a completar con más parábolas; ya dijo una parábola, pero con otra, va a clarificar las cosas. “Hubo un hombre, padre de familia”, agrega uno de los evangelistas, los otros no recuerdan esta palabra: oikodéspota, que es como decir, el gobernador de una casa, de una familia; aquí fue traducido padre de familia; “el cual plantó una viña”, aquí, el Señor está volviendo, otra vez, a dar continuidad al tema de la viña que ya nuestro Dios había iniciado en el Antiguo Testamento, y vamos a mirarlo en Isaías capítulo 5, versículos 1 al 7, porque nos vamos a dar cuenta de que esta parábola toma aquellos elementos y les da continuidad. Isaías capítulo 5, versículos 1 al 7. Ya por el profeta Isaías había hablado Yahveh, y ahora, el Señor Jesús da la continuidad con los mismos elementos, entonces vamos a hacer la ligazón: “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña (esto es Isaías, hablando del Señor). Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar, y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aún a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Yahveh Sabaot es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”, ¡cosa seria! ¿no? Ahora el Señor vuelve a retomar el tema de la viña; en el Salmo 80, si me quieren acompañar, allí también aparece el motivo de la viña, referido inicialmente a Israel; podemos leer en este Salmo 80, desde el verso 8, lo que por el Espíritu Santo dice Asaf; es un Salmo de Asaf: “Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar (eso se refiere al Mar Grande, al Mediterráneo), y hasta el río sus renuevos (el río se le llamaba al Eufrates, al norte) ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el puerco montés, y la bestia del campo la devora. Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste. Quemada a fuego está, asolado; perezcan por la reprensión de tu rostro”, etc., entonces aquí nos vamos dando cuenta de que el tema de la viña es un tema muy citado por Dios. En Cantar de los Cantares, ustedes recuerdan también, y ahorita vamos a mirar un verso allí. Aquí aparecen varias cosas: Él plantó una viña; esa viña es su pueblo en el cual quiere desarrollar su economía, su plan sobre la tierra. Cuando Dios dijo ”Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree1”, ese hombre no era sólo un hombre individual, sino el género humano; Dios quería que la tierra fuera el ámbito del desarrollo de su reino, de su economía; el hombre cayó, el Señor comenzó a hacer su operación de rescate, llamó a Abraham y le hizo la promesa de que en su simiente serían benditas las familias de la tierra2; surgió la nación de Israel, el Señor llamó a Israel su viña, dijo que trajo una viña de Egipto, la plantó en medio de Canáan, la tierra de Canaan, desalojó las naciones que había y Él quería, con ese pueblo suyo, establecer un modo colectivo de vida que fuera la economía divina y que se extendiera, y esas eran las uvas buenas que Dios esperaba, pero en vez de producir eso, hubo problemas, y ya lo dice Isaías, lo dice también Asaf, y lo ahora lo dice el Señor Jesús en esta parábola; “él plantó una viña”, y dice: “la cercó de vallado”, o sea, el Señor tuvo cuidado, el vallado es para que no entren los ladrones, para que no entren los animales para robarse el fruto de la viña; entonces había un vallado y dice que: “también edificó una torre”; en la torre estaba el atalaya, porque decía: “Cazadnos las zorras pequeñas que echan a perder las viñas3”, entonces en las torres los atalayas vigilaban también; estaba el vallado, y estaba también la torre; en la torre también se podían guardar cosas, y también podían dormir los viñadores. Y dice: “cavó en ella un lagar”; los lagares en aquel tiempo se cavaban en la piedra; los lagares tenían la siguiente forma: primero, en la misma piedra, se labraba un primer hueco en el cual se colocaban las uvas, y allí, esas uvas, eran pisoteadas por los campesinos para sacar el jugo de la vid, y ese jugo de las uvas, llegaba a otra parte más baja, que estaba también cubierta, más angosta, pero más honda, donde aquel vino iba cayendo y luego, como dice Hageo, venían al lagar y tomaban en cántaros el vino. Vamos a ver eso en Hageo; ese detalle está en el libro del profeta Hageo. Vamos a verlo allí, en el capítulo 2, dice el verso 16: “Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte”, entonces noten que en el lagar, donde estaba el vino, se sacaban los cántaros, o sea, una parte del lagar era donde estaban las uvas, donde se pisaban, ¿qué simboliza pisar las uvas? representa el juicio de Dios al pecado, a nosotros, al ego, entonces sólo cuando pasamos por el juicio del Señor, o por la prueba del Señor, es que hay fruto, hay vino, hay sabor y hay la vida; esa vida corría hacia la otra parte debajo del cántaro porque arriba se pisaba, y por un canal corría el vino, el jugo de la uva, a la otra parte del lagar y de ahí venían y la tomaban en cántaros, o sea que el Señor había hecho todo lo necesario para que esa vid produjera uvas y produjera el gozo de la salvación y la vida, que es lo que representa la sangre de la uva. “Cavó en ella un lagar, edificó una torre y la arrendó a unos labradores”. Es muy interesante ver esto como sucedió con Israel porque después, el Señor lo aplica también al reino de los cielos, al tiempo de iglesia, o sea que tenemos que aprender de Israel. Los labradores, o agricultores, o campesinos que trabajaban no eran los dueños; el dueño era este hombre que era el que tenía la tierra, había pagado todo el trabajo, tenía la viña, había cercado, había hecho el lagar, había hecho la torre, y en aquel tiempo entonces se le entregaba el trabajo a algunas personas y las personas trabajaban, una parte del producido era para los trabajadores y, la otra parte, lógicamente que era para el dueño de la viña. Podemos ver ese ejemplo también en Cantar de los Cantares; si ustedes lo quieren ver al final del Cantar de los Cantares, aparece cuál era el porcentaje que en esa época le tocaba a los trabajadores y el que le tocaba al dueño de la viña. En el capítulo 8, versos 11 y 12, dice lo siguiente: “Salomón (que es una figura de Cristo, hijo de David) tuvo una viña en Baal-hamón (Baal-hamón quiere decir , o sea que el Señor plantó su iglesia, su pueblo, en la tierra, en el mundo) la cual entregó a guardas, cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto. Mi viña, que es mía, está delante de mi; las mil serán tuyas, oh Salomón, (o sea las mil monedas) y doscientas para los que guardan su fruto”, o sea una quinta parte, el 20% le correspondía a los guardas, y aquí se trataba ya no de guardas contratados, sino de aparceros, personas que iban y trabajaban, pero trabajaban en un terreno ajeno, con lo que otro había invertido, entonces, el producido, lógicamente no podía ser sólo para ellos, sino para quien había invertido algo, pero cuando empezó a enviar los siervos, ahí comenzó el problema; las personas querían quedarse con la viña, querían robarse lo que le pertenecía al Señor, querían robárselo estos trabajadores mismos de la viña. ¡Qué cosa delicada! Dice: “se fue lejos y se ausentó por mucho tiempo”, o sea, el Señor vino, trabajó, trajo esa viña de Egipto, la plantó; eso fue con Moisés, con Josué, y luego, esperando que volviera el Mesías, empezó a enviar poco a poco profetas. Dice: “Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibieses sus frutos”. Vamos a ver unos versículos acá, en 2ª de Crónicas primeramente, antes de los sapienciales, antes de los Salmos y antes, están los históricos; Esther, Nehemías, Esdras y antes, 2ª de Crónicas, vamos a mirar allí el capítulo 24 primeramente, y luego vamos a 2ª Crónicas capítulo 36. En el 24:19 dice así: “Y les envió profetas para que los volviesen a Yahveh, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon” y ahora, en el capítulo 36, dice en los versos 15 y 16: “Y Yahveh el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo, y no hubo ya remedio”, o sea que el Señor amonesta no solamente una vez, ni dos veces; nos damos cuenta, cuando tomamos el testimonio de los tres evangelistas sinópticos, que realmente el Señor envió muchos siervos. Uno de los evangelistas dice “primero uno, luego un segundo, luego un tercero”; uno cuenta de uno que fue apedreado y fue matado, dice que después envió otros, y muchos, y en más cantidad, o sea que realmente Dios estaba insistiendo en trabajar con aquellos labradores para que ellos realmente tuvieran la oportunidad de arrepentirse; ellos, como que se olvidaron que la viña no era de ellos sino del Señor, pensaban que, si mataban al Hijo, iban a quedar impunes; hasta ese punto uno se vuelve ciego cuando uno se roba la viña, que se olvida que el Señor está juzgando, que Él es poderoso. Entonces dice allí: “A su tiempo envió sus siervos a los labradores, para que les diese del fruto de la viña, para que recibiese de éstos del fruto de la viña, mas ellos, los labradores, le golpearon y los enviaron con las manos vacías”. Vamos a ver el ejemplo de Jeremías, capítulo 37, versículo 15, para que veamos que éste, por ejemplo, es uno de estos siervos que fue enviado. Jeremías 37:15, allí vemos lo que pasó precisamente con Jeremías: “Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel”, o sea, lo azotaron, lo golpearon, dice el Señor acá, y le enviaron con las manos vacías. “Volvió a enviar otro siervo, pero apedreándole…”. Vamos a ver cómo otro de los profetas, Zacarías; no el de la profecía sino otro Zacarías, fue apedreado. Volvamos a 2ª de Crónicas 24, pero ahora el verso 21, dice: “Pero ellos hicieron conspiración contra él”, o sea, contra Zacarías, hijo del sacerdote Joiada; no es el Zacarías de los profetas menores, sino otro profeta Zacarías; “hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Yahveh”, o sea que el Señor, con esta parábola, estaba recordando todo lo que había hecho Israel contra los profetas, ¿ven?. “Le apedrearon, le hirieron la cabeza”, dice el Señor en la parábola, “y también le enviaron afrentado. Ellos también a éste golpeado y afrentado, lo enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo, mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Volvió a enviar a otro, y a éste lo mataron, y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Los labradores tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon”. Vamos a ver Nehemías capítulo 9 versículo 26, dice: “Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones”. “Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros”, o sea, el Señor, realmente, constantemente, estuvo visitando su trabajo en el Antiguo Testamento. Después hay otra parábola que muestra que esto también se repite en el tiempo de los gentiles, así que tenemos que aprender de lo que pasó con Israel, “e hicieron con ellos de la misma manera”. Vamos a lo que dice Pablo, resumiendo esto, en 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 15, y voy a leer desde el 14 para tener un contexto un poco más amplio: “Porque vosotros, hermanos (ahora la iglesia también) vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, los cuales mataron al Señor Jesús (el heredero) y a sus propios profetas, y a nosotros (o sea, a los apóstoles) nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres”; entonces estamos viendo cómo todos estos versículos nos esclarecen lo puntual de esta parábola. “Entonces el Señor de la viña dijo: ¿qué haré?” Primero, Él mismo se pregunta: -¿qué haré?- Aquí nos recuerda cómo el Señor también les pregunta: -vecinos de Jerusalén, ¿qué más puedo hacer yo por mi viña? Yo hice lo que podía-. Dice: -¿Ahora qué puedo hacer?-. Envió profeta tras profeta; lo último es: -bueno, les voy a enviar a mi Hijo-; ya si rechazan al Hijo, ya es el colmo; ahora sí ya no queda más espacio, todo hasta aquí fue gracia, y lo máximo de la gracia fue, no sólo haber enviado profetas, sino haber enviado al Hijo. Como dice en Hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”4; pero en estos postreros días ha enviado al Hijo; ya si no oyen al Hijo, ya no queda sino juicio; ya esa longanimidad que se expresa por un sin número de amonestaciones, se termina cuando se rechaza al Hijo. Entonces el Señor dijo: -Qué haré? Enviaré a mi Hijo amado-. Noten que es muy interesante que aquí el Señor Jesús está hablando de que Dios tiene un Hijo amado que es mayor que los profetas, porque está haciendo, en esta parábola, un contraste entre los profetas y el Hijo. Un Hijo suyo amado, ese único, es el unigénito Hijo de Dios, o sea que el Señor Jesús, en contra de lo que algunos liberales críticos dicen, sí declaró ser el Mesías, el Hijo; en esta parábola es muy claro cuando usa las palabras “la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo”5; Él muy claramente está identificándose; aunque parece que a veces se ocultaba, a veces decía las cosas con suma claridad, y pienso que esta parábola de los labradores malvados es una de la que habla demasiado claro de su identidad, ¿amén? “Teniendo un hijo suyo amado lo envió también a ellos. Les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores cuando vieron al hijo…”, noten que el Señor Jesús discierne los corazones; aquí no está diciendo que ellos se equivocaron, no; ellos sabían en su corazón, y dijeron, ellos mismos confesaron: -este es el heredero-, eso es lo grave; aquí, con esta parábola, el Señor está mostrando que ellos sabían. Recuerden lo que dijo Caifás: -Conviene mejor que un hombre muera por el pueblo-6, pero él no hablaba en el sentido de la expiación; como era sumo sacerdote, pues proféticamente se tomó en ese sentido, pero él lo que quería decir era: -vamos a matar a éste, si no, vienen los romanos aquí y nos quitan nuestro modus vivendi”, entonces ellos quisieron conservar su modus vivendi y le querían quitar al Hijo el derecho de su propia viña. Entonces dice: “cuando vieron al hijo, al verle, discutían entre sí”, o sea, el Señor está hablando de las cavilaciones que ellos tenían, de las cuales, con toda certeza, muchos de ellos se daban cuenta; nos damos cuenta, por ejemplo, en palabras de los evangelios y de los Hechos, cómo Nicodemo estaba entre ellos7, José de Arimatea estaba entre ellos8; el mismo Gamaliel decía: -si ésta es una cosa de hombres, tranquilos, esto se acabará; pero si es de Dios…9-, o sea, entre ellos mismos había gente que tenía conciencia. “Este es el heredero”, decían ellos, “venid, matémosle para que la heredad sea nuestra, apoderémonos de su heredad y la heredad será nuestra”, ¡qué delicado es esto! especialmente para nosotros, los que pretendemos servir al Señor. Me acuerdo del testimonio que me contó el hermano Rodrigo Abarca; una vez que estaba en Argentina, en pleno congreso de hermanos muy avanzados; no voy a decir nombres propios; hermanos que dirigían inclusive avivamientos, y dice el hermano Rodrigo Abarca, él me lo contó personalmente, que vino el Señor Jesús y se paró frente a él y le dijo: -diles, diles que me devuelvan mi iglesia-, o sea que a veces nosotros, los que pretendemos servir al Señor, nos apoderamos de la iglesia como si fuera cosa nuestra, y nos olvidamos de que no es cosa nuestra; los hermanos fueron comprados por la sangre del Señor; le pertenecen al Señor; nosotros somos servidores del Señor y de los hermanos, no somos los dueños; no podemos mandar, ni manipular, ni usar a las personas, pero es tan fácil que eso suceda, que a veces el Señor tiene que mandar a su siervos, como mandó a Rodrigo Abarca, y le dijo: -diles que me devuelvan mi iglesia-. A veces, el discipulador se hacía copador y dominador de los demás, que hasta para tomarse una coca cola, a veces había que pedir permiso, o sea, había un control exagerado, entonces el Señor está mostrando que, a veces, los mismos encargados, quieren robarse la viña para sí. Cuando venían los profetas para encaminar las cosas, para que el Señor tuviera lucro, ellos, en vez de arrepentirse, se enojaban con los profetas, los herían, los expulsaban, los golpeaban y los mataban, y al Señor le hicieron lo mismo, y el Señor dice en esta parábola que ellos entre sí discutían: “Este es el heredero, venid y apoderémonos de su heredad. Y tomándole le echaron fuera de la viña y le mataron”. Ustedes recuerdan que ya estaba previsto que el sacrificio se tenía que realizar fuera del campamento. Vamos a Hebreos, capítulo 13, versículo 11, y vamos a ver eso allí. Dice, por el Espíritu Santo, el autor de esta epístola (lo más probable es que sea Lucas): “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”. Si nosotros queremos servir al Señor, también debemos estar dispuestos a ser echados a un lado. Dice en el verso 13: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir”; no podemos esperar congraciarnos con el mundo, que el mundo nos aplauda; el mundo nos va a aborrecer, y el Señor salió fuera del campamento. Como los animales eran quemados afuera, Él fue al monte de la calavera, el calvario, el gólgota, y allá murió, y dice también que nosotros tenemos que aceptar ser echados, ser menospreciados, ser considerados parias o lo que fuere. Dice aquí: “Le echaron fuera de la viña y le mataron”. Mateo y Lucas lo dicen así en ese orden: “le echaron fuera de la viña y le mataron”. Marcos dice: “le mataron y lo echaron fuera de la viña”, pero eso quiere decir lo mismo, como quien dice: “le mataron habiéndole echado previamente de la viña”. Mateo y Lucas sí dicen primero, y lo mismo Tomás: “le echaron fuera de la viña y le mataron”. Ahora, cuando tú no lees los tres, tú no te das cuenta de que aquí hubo una intervención de personas; cuando lees los tres, te das cuenta de que antes que el Señor dijera estas cosas, ellos lo dijeron primero. Dijo el Señor aquí: “Cuando venga, pues, el Señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?”, o sea, el Señor les preguntó a ellos mismos qué haría el dueño de la viña. Él les está dando una parábola y, a veces, como para que la atención se mantenga más y haya un mayor involucramiento de las personas, se les pregunta: ¿y ustedes qué dicen de esto?, como cuando David había hecho morir a Urías para quedarse con Betsabé haciéndose el tonto; llegó, como si no fuera con él, Natán, y le contó la historia y le dijo: -había un hombre que tenía muchas ovejitas gordas, pero había un hombre que sólo tenía una y quiso hacer asado con la del pobre y no con una de las muchas que él tenía-10, ese era David, pero él no se daba cuenta que era él, y le dijo: -ese hombre debe morir11-, o sea, le dio la oportunidad de que él mismo pronunciara su propia sentencia; después de que David pronunció su propia sentencia, entonces Dios, por Natán, le dijo: -Ese eres tú-12. Ese mismo caso vemos aquí. Cuando juntamos los tres testimonios, vemos que antes de Él decirlo, Él les dio la oportunidad a ellos de que ellos se dieran su propia sentencia, y ellos se dieron su propia sentencia, porque dice: “le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: Vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otro”, como quien dice: -ese hombre eres tú-, ¡cosa seria! Aquí el Señor habla de cómo quitaría el reino a Israel y se lo daría a la iglesia, y aquí esto que el Señor dijo, se cumplió literalmente. Vamos a ver unos versos en Lucas, capítulo 19; vamos a mirar los versos 43 y 44. Dice el Señor Jesús, cuando entró en Jerusalén: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado”, como había dicho Isaías 5, ahora dice el Señor lo mismo a Israel, especialmente representada en sus líderes: sacerdotes, escribas y fariseos, “y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”. ¿Cuándo es el día de la visitación? Cuando llegó el Hijo amado. “…no conociste el tiempo de tu visitación”. Entonces, ¿qué dice? “Destruirá a aquellos labradores”. ¿Qué pasó en el año 70? justamente vino el General Tito, a órdenes del ejército romano, y destruyó la ciudad y los castigó, y los que habían crucificado al Hijo de Dios, fueron crucificados en Jerusalén, y la ciudad se llenó de cruces. Los que dijeron: -¡Crucifícale!-, también ellos fueron crucificados. Si ustedes leen el testimonio de Josefo, es terrible; el hambre era tan grande, que hasta las madres se comían sus hijos; le decía la una a la otra: -hoy nos comemos mi hijo; mañana nos comemos el tuyo-, o sea, vino el castigo; ellos mataron los profetas hasta matar al Hijo y ya el juicio debía venir sobre ellos, y del hermano del Señor Jesús, Jacobo el Justo, o Santiago, el autor de la epístola llamada de Santiago, que no es de los apóstoles Santiago el mayor, ni el menor, sino Santiago el Justo, hermano del Señor Jesús, dice la historia de la iglesia primitiva, que tenía las rodillas como de camello de tanto interceder a favor de Israel para que Dios aplazara el juicio, que les diera oportunidad. El día que mataron también a Jacobo con un garrote, ese mismo día, entró Tito y destruyó la ciudad; o sea, por matar al Mesías venía juicio, pero la intercesión de Jacobo hizo demorar, del año 33 al año 70, ese juicio, y cuando mataron a Jacobo, vino el juicio. Josefo dice, que se decía en Jerusalén, que el juicio era por haber matado a Jacobo, pero no por haber matado al Mesías, por haber matado a Cristo; sólo que Jacobo, intercediendo de rodillas, como con rodillas de camello, retardó casi 40 años el juicio, pero sobre esa misma generación que mató al Señor Jesús, vino la sangre de todos los profetas; el mismo día que matan a Jacobo, Su hermano, arrasan con Jerusalén, no queda piedra sobre piedra. Hoy en día sólo se recuerda, allá en Jerusalén, tres piedras de lo que era aquel templo antiguo; se tienen guardadas allí, ¡qué cosa! Vamos ahora a Hechos 13:46 para ver el otro aspecto que dice lo siguiente: “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: a vosotros”, o sea, están hablando en la sinagoga a los judíos: “a vosotros a la verdad era necesario que os hablase primero la palabra de Dios”; primeramente al judío, luego al griego; por eso, cuando el Señor estaba yendo primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel, la sirofenicia quería sacarlo de su trabajo y quería que fuera ya el tiempo de los gentiles, pero Dios tenía primero el tiempo con Israel. Jesús le dijo: “no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”13, y ella le dijo: “pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”14. -¡Ah, bueno!, como dijiste esto, con una migaja está bien-, y en ese momento, le concedió lo que ella pedía, y el demonio salió de la hija de ella, pero ella quería insistir, y el Señor dijo: -Id primero a los judíos-15; primero hay que honrar al pueblo del pacto, a las ovejas perdidas. Cuando Pablo y Bernabé iban a las sinagogas, siempre decían como acá: “A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios, mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”, o sea, el Señor dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer”16, pero esto es después; primero vino a las ovejas perdidas. Dijo: -por camino de gentiles no vayáis-, dice Mateo17. Primero, les mandaba ir a los judíos, después sí a los gentiles; entonces, esto que dice aquí que dijo Jesús, y que aquí lo hicieron Pablo y Bernabé, es lo que está diciendo aquí, en la parábola, el Señor Jesús, donde dice: “A los malos destruirá sin misericordia”, que ocurrió en el año 70; “y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”. Oigan hermanos, esta última frase nos llena de esperanza; se la dará a otros labradores, esos otros labradores, ¿quiénes eran? Pues los apóstoles, y después, el resto de los otros apóstoles, y profetas, y evangelistas, y pastores, y maestros, y santos de la iglesia del Señor; este otro grupo de labradores ahora es la iglesia y ahora, el Señor espera que la iglesia sí produzca el fruto que Israel no produjo. Si Él no dijera esta frase, nosotros diríamos: -bueno, exactamente lo mismo que pasó con Israel, va a pasar con la iglesia-, pero aquí hay una frase de esperanza; dice: “dará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”, o sea que el tiempo también es muy importante. A veces, Dios nos da veinte años de oportunidad para que maduremos, y si en esos 20 años no maduramos, nos morimos niños, nos morimos sin dar fruto para el Señor; o sea que hay que dar fruto a tiempo. Gracias al Señor que dijo que tendría fruto, como también dice que en su venida lo siguen los llamados escogidos y fieles, o sea que el Señor tendrá fieles, y también dice que la esposa se ha preparado; es decir que la palabra profetiza que Él tendrá fieles, que la esposa se preparará, y que Él recogerá el fruto a su tiempo de los otros labradores, ya que no pudo recoger de los primeros labradores que representaban a Israel caído. “Jesús les dijo: vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otro. Cuando ellos oyeron esto dijeron: Dios nos libre”, o sea, ellos entendieron y le pidieron a Dios que los librara, pero a veces uno dice: -Señor, Señor-, pero de boca para afuera; el corazón sigue en lo suyo, entonces ese es el problema; no es suficiente decir palabras bonitas, se necesita arrepentirse en serio y producir fruto en serio. “…pero Él mirándoles”, porque el Señor era valiente para decir estas cosas en sus caras a los que buscaban matarle. “…mirándoles, les dijo: ¿qué, pues, es lo que está escrito? ¿Nunca leísteis en las Escrituras, ni aún esta Escritura habéis leído: la piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” Esa Escritura está en el Salmo 118. Vamos allí; y también está en Isaías 28. Vamos primero al Salmo 118 que es un Salmo mesiánico; es un Salmo que acaba de cumplirse, porque esto, el Señor se los dijo cuando acababa de entrar en Jerusalén, y los niños habían dicho: -Bendito el que viene en el nombre del Señor-, y el Salmo 118 dice, en el verso 26: “Bendito el que viene en el nombre de Yahveh; desde la casa de Yahveh os bendecimos”. Esa palabra, bendito el que viene en el nombre de Yahveh, ese es el Mesías, y cuando Él había entrado en un burrito, los niños dijeron esto y le pusieron sus mantos y ramas de palmas. “Bendito el que viene en el nombre del Señor”, o sea que se cumplió esa profecía y Él, de ese mismo Salmo, les cita, pero en los versículos 22 y 23, donde dice: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Yahveh es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. Noten que para edificar, lo principal es esta piedra; esta piedra es el mismo Señor. Vamos a ver esta profecía también en Isaías 28, versículo 16; allí se complementa esta profecía, dice así: “por tanto, Yahveh Adonai dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable, el que creyere, no se apresure”, entonces noten que la piedra angular, en ese tiempo, era la piedra principal porque era una piedra grande; esas piedras a veces medían muchos metros, medían hasta casi seis metros, 5.80 metros de largo, 1.13 de alto; son unas piedras inmensas, se colocaban en una esquina, por eso se les llamaba , y de allí era donde se trazaba una pared, y se trazaba la otra pared, sobre la cual, después, se iba a edificar el resto; se llamaba a ese tipo de piedras antiguas. Ahora, también la Nueva Jerusalén, que es la casa de Dios y es la esposa del Cordero, es una pirámide, porque tiene la misma distancia de ancho, de largo y de alto; por lo tanto, lo de arriba es la piedra de gobierno, la de cabecera, es, también, donde se junta toda la pirámide. Cuando tú estás abajo, sólo puedes ver un lado de la pirámide; sólo desde arriba tú lo ves todo, esa también es una piedra del ángulo. En dos sentidos, Jesús es la piedra del ángulo; es la piedra de arriba, y también la piedra de abajo; la del fundamento, porque Él es el fundamento, el que dice cómo se tiene que trazar la casa y levantar la casa, y a la vez, también el que la corona. Entonces, aquí en Isaías, dice: “piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure”. Esos son los versos que el Señor les estaba citando aquí: “ni leísteis aún esta Escritura, ni ésta habéis leído? La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. Ahora, esta frase siguiente: “todo el que cayere sobre ella, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará”; hay algunos manuscritos que no contienen este pedazo, pero, la mayoría de los manuscritos, incluso los más antiguos, sí lo contienen. La razón por la que algunos manuscritos no tienen esta frase (tanto Ireneo como Orígenes no incluyen este pedazo), es que hay una terminación muy parecida en una frase arriba y en una frase abajo, entonces, seguramente, el copista, al ver una terminación semejante abajo, pensó que era la de arriba, entonces se saltó esa frase, por eso algunos manuscritos no la tienen, pero muchos otros sí la tienen, los antiguos la tienen; por eso las ediciones críticas no la quitaron, la ponen entre paréntesis cuadrado doble para mostrar que falta en algunos, pero está en el texto porque es muy antigua; y lo dice, ciertamente en Lucas18, que también se cita; ahí sí está citada sin ningún problema de crítica textual, y la profecía en Isaías19; también el comentario de Pablo en Romanos20 incluyen este pasaje, entonces es inspirando. Dice: “todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará”. Hay dos cosas; en un momento, la piedra es pasiva y el atacante es activo. “El que cayere sobre esta piedra”, o sea, imagínese caer sobre una piedra; el que se destutana es usted, no la piedra. Si usted se cae encima de una piedra, usted se rompe; pero si la piedra le cae encima, usted es el pasivo y la piedra es la activa; si la piedra le cae a usted, le vuelve polvo, ¿se da cuenta? Entonces hay dos cosas, caer sobre la piedra, trata de los que se ponen a atacar a Cristo, a atacar la palabra del Señor, a atacar a los cristianos, porque atacar a los cristianos es atacar al Señor. “El que a vosotros recibe, a Mí me recibe; el que a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”21. “¿Por qué me persigues Saulo?”22, cuando él perseguía a los cristianos, el Señor considera: “lo que hicisteis a uno de estos pequeñitos, a Mí lo hicisteis”23, entonces, caer sobre la piedra es quebrantarse. Eso lo dice Isaías capítulo 8. Volvamos a Isaías 8, versículos 14 y 15, dice desde el 13: “A Yahveh Sabaot, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario”, por eso dice que en la Nueva Jerusalén no había templo, porque el templo era el mismo Señor. “Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel (o sea, la de las diez tribus del norte, y la de las dos tribus del sur) por piedra para tropezar”. ¿No han tropezado los judíos en Cristo? Aquí dice: “por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se enredarán y serán apresados”, o sea que los judíos tropezaron en esta piedra de tropiezo, y dice que el que cayere contra esa piedra, sería quebrantado. Si usted se pone contra Cristo, usted es quebrantando, pero ahí Cristo está tranquilo; Él no está haciendo nada, fue usted el que se puso a pelear, o el crítico fue el que se puso contra Cristo cuando Cristo no estaba haciendo nada; cuando Cristo está quieto, uno se quebranta; cuando Él se mueve, uno se desmenuza. Ahora vamos a ver la piedra que lo desmenuza a uno. Vamos a Daniel, pero primero veamos el comentario de Pablo a lo anterior y luego vemos Daniel. Romanos 9:33, allí dice Pablo, desde el 32: “¿Por qué? porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída”, por eso dijo el Señor: -Bienaventurado el que no halle tropiezo en Mí24-, el que no se escandalice con el Señor y con la disciplina del Señor, porque dice: “He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado”. Ahí Pablo empieza a comentar eso. Ahora sí, vamos a Daniel, capítulo 2, versículos 34 y 35; ahora vemos el otro aspecto, ya no vemos a la piedra pasiva, sino a la piedra activa. Primero, el atacante era el activo y la piedra quietita; venía el atacante y venía contra la piedra y se desmenuzaba el atacante, y la piedra, tranquila. Ahora no; ahora es la piedra la que viene. Daniel 2:34-35: “Estabas mirando”, le dice Daniel a Nabucodonosor, a quien se le mostró toda la historia del mundo en una estatua donde el reino de Babilonia era una cabeza de oro; el reino de los persas era unos brazos de plata; el reino de Grecia era un vientre y muslos de bronce; y el reino de Roma eran dos piernas de hierro; y los reinos finales es una mezcla de barro con hierro, entonces dice: “Estabas mirando”, y ahí iba la historia, “hasta que una piedra fue cortada”, esta piedra es el Señor, “no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano”, o sea, donde el viento se lleva la paja, “y se los llevó el viento sin que de ellos quedare rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra”, entonces es el Señor el que viene ahora a destruir las llamadas civilizaciones humanas para establecer el reino suyo. Por eso dice: “Todo el que cayere sobre aquella piedra será quebrantado”, eso es poco, “mas sobre quien ella cayere…” porque no era una piedra pequeña, “le desmenuzará. Por tanto os digo, que el reino de Dios…”, notemos que en Mateo 3:2 y en Mateo 4:17, del reino de los cielos, se anuncia que viene. En Mateo 3:2, es Juan el Bautista el que dice que el reino de los cielos se acerca, y, en Mateo 4:17, es el Señor Jesús el que comenzando su ministerio dice: -El reino de los cielos está cerca-; por tanto, nos damos cuenta de que el reino de los cielos es uno de los capítulos del reino de Dios. Israel participaba del reino de Dios porque el reino de Dios es de eternidad a eternidad, pero de todos los capítulos del reino de Dios, el capítulo de la historia de la iglesia y del milenio, es el que se llama “el reino de los cielos”; el que más habla del reino de los cielos, y el único que lo menciona así, de esa manera, en la Biblia, es Mateo, pero en el caso cuando estaba tratando con los labradores malvados, refiriéndose a Israel, ya no habló del reino de los cielos, sino del reino de Dios; noten con qué puntualidad Mateo puso las palabras “reino de Dios” y “reino de los cielos”; no las usa indiscriminadamente, sino que las usa apropiadamente; entonces dice aquí: “El reino de Dios”, o sea que Israel tenía parte en el reino de Dios; los sacerdotes, los escribas, los fariseos, con Israel, estaban en un capítulo del reino de Dios, todavía no el reino de los cielos; es de Dios. “El reino de Dios será quitado de vosotros”, no dice “el reino de los cielos”, porque el reino de los cielos apenas estaba siendo anunciado e introducido por Juan y el Señor Jesús. “El reino de Dios será quitado de vosotros”, se lo dice claramente a los sacerdotes, con los escribas, y los fariseos, “y será dado a gente”, aquí la palabra “gente”es en el griego la palabra “etnia” y se refiere a otra raza que ahora es la iglesia; ya no es Adán, sino el Cristo, “y será dado a gente que produzca los frutos de él”, o sea que cuando el Señor le dio a la iglesia el reino de Dios, o sea, el capítulo del reino de Dios que ahora se llama “el reino de los cielos”, es para que produzca; aquí hay otra vez esperanza. Podemos ser muy críticos de la iglesia, pero el Señor le dio el trabajo ahora a la iglesia para que la iglesia produzca lo que Israel no pudo producir en su época; después lo producirá otra vez. “Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Y procuraban los principales sacerdotes y los escribas, echarle mano en aquella hora. Procuraban prenderle porque entendían que decía contra ellos aquellas parábolas”, porque también les habló la de los dos hijos y la de los labradores malvados, y ahora comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola, o sea, la de los labradores malvados. “Pero al buscar cómo echarle mano, temieron al pueblo”, o sea, ellos, si hubiera sido por sí mismos, lo hubieran hecho ya, pero la mayoría no lo tenía como el Mesías, sino como profeta; Juan era un profeta, había hablado de Él, un profeta, un profeta de Dios; Él es la voz del pueblo ahora que está hablando contra las injusticias de esa clase, entonces, ¡claro!, ellos tenían miedo de hacer las cosas porque el pueblo, de pronto, se levantaba contra ellos. Dice: “temían a la multitud, al pueblo, porque éste le tenía por profeta, y dejándole se fueron”. Hemos hecho un comentario. Veamos este apéndice que estamos colocando, no al mismo nivel de los canónicos, porque el Señor en su providencia quiso que la Biblia fuera la que tenemos, pero también en su providencia quiso que se encontrara después este testimonio del apéndice de Tomás. Entonces voy a que lo comentemos y terminamos; Tomás 65 y 66. En el evangelio de Tomás, los dos dichos están separados, sin embargo, es muy interesante que están uno detrás del otro; en los canónicos están juntos como una narración de corrido, pero como Tomás lo que hace es coleccionar dichos, él simplemente colecciona dichos sin un hilo narrativo. Solamente: dijo, dijo, dijo; entonces, él puso en el 65 la parábola, y en el 66, las últimas palabras, pero las puso una detrás de otra mostrando que realmente esa era la tradición oral que él tenía. Entonces ahora leo de Tomás, vamos a ver qué puede añadir Tomás a esto: “El dijo”, o sea, Tomás diciendo que el Señor dijo, “un hombre honrado tenía una viña, la entregó a unos labradores para que la cultivaran y recibir su fruto de ellos, y envió a su siervo para que los labradores le diesen del fruto de la viña. Ellos tomaron al siervo, le golpearon y casi lo matan”. Hasta ahí es casi lo mismo, pero lo que añade Tomás, que no añade ninguno de los sinópticos es esta frase: “el siervo retornó y le dijo a su amo”, o sea, cuando Dios envía a alguien y esa persona hace lo que tiene que hacer y no es recibido, él ora y dice: -Señor, hice lo que dijiste, pero ellos no pusieron atención-, y aquí se ve la siguiente frase: “su amo dijo: quizá no lo reconocieron”, miren la buena voluntad del amo que se expresó también en la cruz de Cristo. -Padre: perdónales porque no saben lo que hacen25-, y, ciertamente muchos de ellos no sabían lo que hacían, pero muchos de ellos, los que dijeron: -éste es el heredero-, ellos sí sabían. Entonces dice aquí: “quizá no le reconocieron”, esa es la parte que añade Tomás. “Envió otros siervos, los labradores le golpearon igualmente. Entonces el amo envió a su hijo y dijo: quizá tendrán respeto a mi hijo. Aquellos labradores cuando supieron que él era el heredero de la viña, lo agarraron y lo mataron. Quien tenga oídos para oír, oiga”, que lo acostumbraba decir el Señor, no lo recuerdan los sinópticos, pero lo recuerda Tomás. Es plausible que él hubiera dicho eso porque el Señor solía decirlo. “Dijo Jesús: mostradme la piedra que desecharon los edificadores”, lo que no tenían en cuenta los otros, “esa es la cabeza del ángulo”, ¿qué es lo que no se tiene en cuenta? Al mismo Señor. A veces se pone atención a todo, se hacen actividades, mas no se ora, no se consulta al Señor; el Señor está fuera de la iglesia tocando la puerta, y la iglesia está sin el Señor adentro, no teniendo en cuenta al que es el único que puede edificar. La piedra que los edificadores desecharon, descuidar al propio Señor, es la que vino a ser la cabeza del ángulo. Vamos a dar gracias al Señor. Padre, en el nombre de Jesús, agradecemos que nos has dado la oportunidad de considerar esta, Tu palabra, es muy seria también para nosotros, porque si ciertamente Tu fuiste estricto con Israel, también lo serás con los gentiles, como lo dice tu siervo Pablo a los Romanos. Ten compasión de nosotros, Señor, perdona nuestros pecados, ayúdanos a devolverte a ti la iglesia, porque la iglesia no es nuestra, la iglesia te pertenece a Ti y Tú eres el único que edifica la iglesia. Concédenos hacer lugar para Ti entre nosotros y límpianos Señor, sé Tú en nosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén y amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. 1 Gn 1:26 2 Gn 22:18 3 Cnt 2:15 4 He 1:1 5 I P 2:7 6 Jn 11:50 7 Jn 7:50 8 Jn 19:38, Mt 27:57, Mr 15:42, Lc 23:50 9 Hch 5:34-39 10 II Sm 12:1-4 11 II Sm 12:5-6 12 II Sm 12:7 13 Mr 7:26-27 14 Mr 7:28 15 Hch 1:7-8 16 Jn 10:16 17 Mt 10:5 18 Lc 20:18 19 Is 8:13-15, Is 28:16 20 Ro 9:32-33 21 Mt 10:40, Mr 9:37, Lc 10:16 22 Hch 9:4 23 Mt 25:40-41 24 Mt 11:6 25 Lc 23:34

LA VIUDA Y EL JUEZ INJUSTO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:38, Categoría: General

(39) LA VIUDA Y EL JUEZ INJUSTO EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS LA VIUDA Y EL JUEZ INJUSTO Localidad de Teusaquillo (23 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) La paz del Señor Jesús sea con todos los santos. Continuando con la serie de los misterios del reino de los cielos, en las parábolas del Señor Jesucristo, vamos hoy a una parábola que solamente se encuentra en Lucas, no está en los demás evangelios canónicos, tampoco la recuerda Tomás, sólo está en Lucas, en el capítulo 18. Hace poco en la escuela de la obra cuando se leyó sobre la oración, en el libro “Mensajes para Nuevos Creyentes”, del hermano Watchman Nee, la recordábamos; y hoy vamos a recordarla de nuevo y nos confiamos en las manos y gracia del Espíritu del Señor para que Él nos pueda impulsar, para que el Señor pueda tocarnos y para que lo que Él quería producir cuando dijo esta parábola se produzca más y más en nosotros. Es la parábola de la viuda y el juez injusto; está en Lucas, capítulo 18, entre los versos 1 al 8. Voy a leer inicialmente la parábola toda, con algún pequeño comentario de crítica textual, muy leve; luego, Dios mediante, volvemos sobre nuestros pasos para masticarla un poquito mejor. “También les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar”, aquí lógicamente que se refiere al Señor Jesús y el traductor lo que estaba tácito lo hizo explícito, sin embargo, el propio Lucas no lo escribió así, no está así en el griego, en el griego está como lo leí: “También les refirió (lógicamente que es Jesús) una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? (esta frase: se tardará en responderles, es una frase en el griego muy difícil, por eso se encuentran muchas traducciones para poder ver que es lo que quiere decir aquí: ¿se tardará en responderles? Y esta fue la manera como lo tradujeron Reina y Valera) Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” ¡Parábola tremenda! sólo la lectura ya nos toca. Quisiera que leyéramos un verso epígrafe en Levítico 19, vamos a mirar allí en el versículo 15, es un verso que tiene que ver con el Señor, lo que dijo Él acá: “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo”, o sea que hay que honrar al Señor mismo, a la justicia, no al hombre, ni aunque sea el pobre ni aunque sea el rico; si somos teólogos de la liberación, vamos a querer honrar al pobre y si somos vendidos a la clase alta vamos a querer favorecer al rico, pero las dos cosas son injusticia; la justicia debe representar el sentir del Señor; sin embargo, en la tierra no se da esto que el Señor quiere que se dé, en la tierra si existen jueces injustos, personas que ocupan posiciones en el gobierno, en los poderes, pero que no representan lo que el Estado debe representar, porque el Estado es también una institución de parte de Dios y debe representar el Gobierno de Dios, lo más que pueda en su rama, ya sea legislativa, ejecutiva o judicial; pero hay personas que les gusta ocupar, conseguir, escalar posiciones en el Estado no para servir a Dios. La Palabra dice que el Estado, los magistrados son servidores de Dios, inclusive la Fuerza Pública con sus armas, es servidora de Dios, nuestros soldados son siervos de Dios; los capitanes, los tenientes, los generales, son siervos de Dios, así los llama Romanos; los magistrados ¡cuánto más, están para representar la justicia hasta donde mejor la conozcan! pero como digo, hay personas que no están interesadas en la justicia, sino en posiciones ventajosas, elevadas, para hacer lo que les da la gana, sin tener en cuenta a Dios, como pasa aquí con este juez, que dice el Señor acá en esta parábola; y aquí Lucas explica, desde el principio, por el Espíritu Santo, estas son palabras editoriales inspiradas de Lucas, no del Señor Jesús, que la parábola es sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar; ciertamente que esto tiene una explicación escatológica, pero tiene una aplicación diaria y eso es lo que quiere resaltar el Espíritu Santo para que no la dejemos sólo escatológica, que es orar siempre y no desmayar, ese es el objetivo de la parábola; es una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar. Ya habíamos estudiado otra parábola, la del amigo importuno, por medio de la cual, el Señor Jesús, quería instarnos a estar constantemente molestando a Dios, tocando para que se nos abra, llamando para que se nos responda y aquí en otro contexto que es el contexto que ustedes ven aquí, que venimos estudiando en estos días, aquí vuelve a hablar de esta parábola. “Les refirió una parábola sobre la necesidad de orar siempre”; a veces nosotros oímos sobre la necesidad de orar siempre, pero no oramos siempre, entonces yo quisiera para mí mismo primeramente y luego para ustedes también, detenerme un poco en otros versos que hablan de este orar siempre, ¿para qué? ¿para qué vamos a leer esos versos? Para que nos queden grabados, para que nos gobiernen, para que constantemente seamos impulsados por estos versos a volvernos al Señor constantemente, porque para eso dijo esto: la necesidad de orar siempre, luego dice: y no desmayar, porque uno desmaya. Vamos a ver unos versículos aquí. Vamos por ejemplo a Romanos capítulo 12, donde el Espíritu Santo insiste diciendo en el verso 12: “gozosos en la esperanza;” cuando tenemos esperanza tenemos gozo, “sufridos en la tribulación”, a veces las tribulaciones hay que saberlas llevar, “constantes en la oración”, constantes, constantes, constantes, en la oración, dejémonos clavar ese clavo por el Señor, dejémosle al Espíritu que haga eso con nosotros, “constantes en la oración”. Efesios capítulo 6, versículos 18 y 19, allí también nos dice lo siguiente: “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mi, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio”; este es otro motivo de oración: orando en todo tiempo, con toda oración, o sea que hay varias clases de oración, no todas son iguales y hay que darle lugar a todas, “con toda oración y súplica en el Espíritu”. Esto nos recuerda lo que también Pablo nos decía en Romanos que a veces nosotros no sabemos que es lo que conviene, a veces no sabemos orar, no sabemos que sería lo conveniente, entonces dice que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, intercediendo por nosotros con gemidos indecibles1; a veces el Espíritu solamente puede expresarse en nosotros a través de un gemido, a veces nuestra oración no puede ser exacta, a veces necesitamos otras lenguas para que el Espíritu trate otros asuntos que sobrepasan nuestro propio entendimiento. Judas empleó esa expresión: Orar en el Espíritu. Vuestra santísima fe2, como refiriéndose a orar en otras lenguas, ese es otro de los propósitos de la oración en lenguas, es poder expresarse con el Señor de una manera más profunda, donde nosotros llegamos hasta un punto, porque nosotros no conocemos todas las cosas y muchas cosas que conocemos son apenas la apariencia de ellas, en cambio el Señor si conoce las cosas reales, de manera que el Espíritu Santo nos puede conducir a orar en relación a las realidades que Él conoce, entonces por eso oramos en el Espíritu, con toda oración y súplica en el Espíritu, o sea que cuando oramos nosotros debemos ponernos delante del Señor y delante de Él poner mucha atención al mover de su Espíritu en nuestro espíritu, porque a veces nuestras oraciones comienzan en el alma y es normal que así comiencen porque somos seres humanos que tenemos alma; recuérdese que en el lugar santo estaba el altar del incienso con el incensario y allí comenzaba la oración, allí se comenzaba a aderezar el incensario, a poner el incienso, pero luego el incensario era trasladado al lugar santísimo; por eso es que en Hebreos coloca el incensario como si fuera del lugar santísimo porque aunque realmente se inicia en el santo, el sacerdote lo introducía al lugar santísimo. Quiere decir que a veces nosotros comenzamos en nosotros mismos, tenemos que disponernos, disciplinarnos, pero ahí delante del velo, delante del Señor, el Espíritu nos traslada de lo natural a lo espiritual para que nuestras oraciones no sean basadas en lo que nosotros pensamos, en lo que nosotros queremos, sino que nosotros le pertenecemos a Él y nos confiamos a la ayuda del Espíritu Santo, para que Él sea el que nos guíe en la oración, para que la oración sea cargada por el Señor. A veces si no hacemos eso, no haríamos algunas oraciones, pero cuando tú dejas que el Espíritu Santo dirija la oración, te sorprendes a veces a qué te dirigió a orar el Señor. A veces tú no te imaginabas algo, a lo cual tú no hubieras ido, si el Espíritu no hubiera tomado la iniciativa; entonces debemos orar siempre en el Espíritu, ¿verdad? Y aquí mencionada unos casos, “velando en ello, o sea, sin desmayar, con toda perseverancia y súplica por todos los santos”, una oración por todos los santos. Perdónenme que les cuente una anécdota personal, no es para que ustedes sepan algo de mi, sino solamente para ilustrar algo. En los días cuando el Señor nos envió de Asunción a Ciudad del Este, todavía no me había dicho nada el Señor, ni a mi, ni a mi esposa, acabábamos de llegar de una gira, llegamos a Asunción a la casa comunitaria, donde vivíamos con algunos hermanos, y al llegar al portón el Espíritu me dijo: -tu tiempo aquí ya terminó-, acababa de llegar de una gira, llegué y todo estaba funcionando bien, había estado ausente como un mes, todo estaba bien, no hacía falta que yo estuviera ahí, pero si Él no me lo decía, yo hubiera seguido, pero Él me dijo: -tu tiempo aquí ya terminó-; entonces esa tarde conversé con mi esposa de disponernos al Señor, para que Él nos dijera hacia donde teníamos que irnos, porque ya nos había dicho que el tiempo ahí ya se acabó, entonces debíamos salir, pero ¿para dónde? ¿cómo? Ya hay que preguntarlo y conversamos esa tarde, ella concordó en disponerse al Señor para lo que fuera que el Señor hiciera; entonces entramos a orar en el cuarto, era el cuarto donde nos reuníamos pero estábamos solos los dos, yo estaba en un rincón y ella estaba en otro rincón. Cuando estábamos orando por el Espíritu, sucedió lo siguiente: orábamos por un lugar, por unos hermanos y el Espíritu utilizaba una lengua, cuando pasábamos a otro lugar y a otros hermanos, el Espíritu utilizaba otra lengua, o sea, orando en otras lenguas y cada vez que cambiábamos de lugar y de personas, el Espíritu usaba una lengua diferente, pero cuando llegamos a un punto que era Ciudad del Este, ahí se detuvo el Espíritu, parece que con más fuerza se detuvo, se detuvo el Espíritu en ese lugar, cuando estábamos allí, yo vi como una especie de campana así transparente que me cubrió y cuando me cubrió todo, me dijo el Señor: -múdate a Ciudad del Este, yo voy delante de ti-. No sé por qué me cubrió, seguramente para evitar algo de los demonios, alguna cosa, me cubrió y después me habló. Pero es curioso, era cuando se estaba intercediendo, cuando se estaba orando, cuando orábamos en nuestro propio idioma, lógicamente oramos lo que nosotros sabemos pero hay cosas que nosotros no sabemos pero que el Señor sabe; entonces cuando oras en el Espíritu, con toda oración en el Espíritu que incluye la oración en lenguas, el Espíritu ora acerca de la realidad que nosotros no conocemos y puede tratar asuntos a los cuales nosotros no tenemos acceso; sin embargo, tenemos participación por el Espíritu cuando oramos en el Espíritu por todos los santos. Muchas veces es allí cuando se reciben las instrucciones del Señor, les contaba esta anécdota solamente para ilustrar esto, yo creo que muchos hermanos han tenido también experiencias, en cualquier momento las pueden compartir. Entonces dice: “por todos los santos; y por mi”, yo también quisiera decir como Pablo, no que me sienta como Pablo, no soy digno ni de pedir, pero yo también quiero que oren. Yo sé que mis hermanos oran por mi, pero les ruego que oren más y les ruego que cuando oren no se guíen por su propia mente, no se guíen por sus propios pensamientos, ustedes pueden pensar que yo soy muy bueno y a lo mejor yo soy muy malo, ¿verdad? Ustedes pueden pensar que estoy por la izquierda y estoy por la derecha, pero el Espíritu Santo sí sabe, entonces oren como les guíe el Espíritu, ¿amén? La oración que les ponga el Espíritu y si es en otras lenguas y el Espíritu los dirige, oren por favor, porque el Espíritu intercede conforme a la voluntad de Dios y conociendo la realidad tal como ella es. Vamos a ver otros versos también en Colosenses capítulo 4 versículo 2, donde dice lo mismo: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”; vuelve otra vez el Espíritu a darnos lo mismo; nos lo dijo Pablo por medio de las epístolas a los Romanos, a los Efesios, a los Colosenses, todas estas palabras tienen como base las palabras y prácticas del Señor Jesús. También dice el versículo 3: “orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra”, noten eso, oraciones específicas, que el Señor abra puerta para la Palabra de Dios, “a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar”, entonces hay que estar orando, intercediendo. Permítanme contar otra anécdota, voy a contar algunas, no estaba en mis planes, pero el Espíritu me está diciendo que se las cuente. Una vez vino el hermano Charles Simpson, algunos han oído hablar de él, un siervo de Dios muy conocido en toda la tierra, en todo el mundo, uno de los fieles de avivamiento de renovación del movimiento carismático en Estados Unidos; y él, algunas veces, vino a Colombia y en una ocasión había una reunión de pastores, como de 500, muchos, allá en el norte, en la casa anterior donde se reunía Héctor Pardo; vino y estuvo compartiendo la Palabra allá; yo no conocía al hermano en persona, era la primera vez que veía al hermano, porque yo ya lo conocía por sus escritos y lo apreciaba; y cuando el hermano vino, yo estaba sentado atrás, en los últimos lugares y había cantidad de hermanos, yo estaba escondido entre todos, pero el Señor puso en mi corazón, interceder, orar por el hermano para que el Señor fortaleciera su hombre interior, para que él ministrara la Palabra en el Espíritu; eso nadie lo sabía, sólo lo sabía yo, ni siquiera el que estaba a mi lado, porque uno lo hace es adentro y yo mientras el hermano pasó al frente, incluso antes de empezar a orar, yo empecé a interceder por él, -Señor, fortalece a mi hermano Charles Simpson-, en silencio, no pasaba nada. El hermano ministró la Palabra y tan pronto terminó la reunión y él acabó de predicar, él se bajó del púlpito y se vino directamente a donde yo estaba, en medio de una multitud como de 500 ó 600 personas, atrás, y él se vino directo, pasó por entre todas las personas, se bajó del púlpito y vino y me dijo: -muchas gracias hermano por fortalecerme en el espíritu-, el percibió el fluir del Espíritu fortaleciéndolo y el Espíritu le mostró de donde venía, uno ni se imagina eso, pero el Señor le dio percepción al hermano, terminó y se vino directo por entre todos los pastores a darme las gracias, entonces hermanos, el Señor hace eso. Hay que orar para que con denuedo podamos hablar la Palabra, para que se abran puertas, hay que interceder, porque nosotros en nuestra naturaleza somos nada, somos sólo pecadores agarrados por el Señor del borde del abismo, nos salvó, nos perdona, nos soporta, nos trabaja y necesitamos la oración constante, ¿amén hermanos? No hay mérito absoluto en nosotros, necesitamos la oración de los hermanos en el Espíritu. Vamos también al libro de los Hechos, Hechos 1:14, hablando al inicio de la iglesia, los apóstoles con sus esposas, con los hermanos del Señor Jesús y María, dice: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”, así lo hizo Jesús, así lo enseñó, así lo hicieron ellos desde el inicio y así lo enseñaron. Nosotros debemos dar más lugar a orar juntos, debemos dar más lugar. Yo me alegro porque hay reuniones de damas donde se ora, las reuniones de varones han sido muy intermitentes, las hemos tenido y el Señor ha respondido esas oraciones, ¿amén? Esos eran los versos iniciales digamos, para completar esta parte de orar siempre. Ahora vamos a completar la de “no desmayar” con Gálatas capítulo 6 verso 9, vamos a Gálatas capítulo 6 verso 9, dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien”; o sea que hay la tendencia de uno cansarse, ¿verdad? Entonces “no desmayar” es no cansarse, “porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”, o sea que si desmayamos no terminamos de sembrar o de pedir y no vamos a cosechar. Para cosechar hay que insistir y sembrar, esta siembra en este caso es la oración. Ahora vamos a leer otros versos para ilustrar el segundo verso. Hemos visto los versos que nos ayudan a entender el primero, versos conexiones. Vamos ahora al 2, donde dice: “diciendo: (ahora es Jesús), Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre”. Ya comencé con esa diatriba, hay gente que quiere ocupar posiciones en el Estado sólo para su propio provecho, para poder mandar, pero no les importa la justicia, les importa el poder, el dinero, el prestigio. Salmos capítulo 36, versículo 1, nos dice algo importante, allí dice: “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos”, o sea, cuando la persona es impía y es inicua, es inicua porque no conoce a Dios, por lo tanto no teme a Dios, es una persona que está totalmente en oscuridad, una persona sin ninguna sensibilidad espiritual, personas que sólo se importan en sí mismos y aprovecharon su posición sólo para sí mismos. “No hay temor de Dios” y eso es lo que pasa aquí con este juez. Un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre. Romanos 3:18 también nos ilustra este caso. Ustedes saben que Romanos nos habla de la teología natural y Romanos 3:18 nos dice: “No hay temor de Dios delante de sus ojos”, es lo último que se dice en toda esa larga fila que se habla de los impíos: “No hay justo, ni aún uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron”3, etc. etc. y llega al 18: “No hay temor de Dios delante de sus ojos” o sea que lo que la ley dice lo dice a los que están bajo la ley4. Cuando la persona no tiene en cuenta a Dios queda suelto para hacer cualquier barbaridad, cualquier locura como lo dice también Romanos en el capítulo 1, miren lo que dice el verso 28 y desde el 26: “Por esto”, es decir, por no tener en cuenta a Dios, por cambiar la gloria de Dios por el culto a las criaturas, dice: “Dios los entregó a pasiones vergonzosas”; o sea la degeneración y la depravación entra cuando la persona pierde ese punto de referencia que es el Señor, ahí cualquier cosa se vuelve válida, la persona pierde la sensibilidad. Cuando no tiene en cuenta a Dios se vuelve una locura, una locura que va contra sí mismo porque dice ahí: “los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza”, ahí empieza la depravación, la degeneración, “y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios,” tan pronto se pierde ese punto de referencia, “no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada”, todo lo entienden mal, lo entienden al revés, ahora consideran descaradamente que lo normal son los matrimonios gays, etc. todas esas cosas, “una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de” un montón de cosas, y dice el 32: “quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”. Tan pronto se desconecta uno de Dios queda abandonado a su propia locura, a los demonios locos que le hacen hacer cualquier cosa, cada vez inventan cosas más depravadas, más locas y terminan es atormentándose, destruyéndose a sí mismos y a los que caen en sus manos. No hay temor de Dios en el impío, el que no tiene en cuenta a Dios hace cualquier cosa, ¡y pensar que gente de esta clase está en poderes del Estado! Imagínense, cuando estuve en Chile, la primera vez en mi vida, pasé por un orfanato donde había un montón de niños huérfanos, sin padre y sin madre y el encargado del orfanato era un homosexual, él era el encargado del orfanato y tenía una cantidad de niños huérfanos a su disposición, ¡terrible! Y había conseguido ese puesto con el Estado, ¿qué les parece? ¡Terrible!, ¿verdad hermanos? “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos”5. Ahora pasemos a lo siguiente, dice allí en el verso 3: “Había también en aquella ciudad”, en aquella polis, hay a veces el gobierno que es dispuesto por Dios, que lo recibieron de Dios, pero lo vendieron al diablo, ¿verdad? Pero el Señor también tiene una viuda. Algunos interpretan alegóricamente que esta viuda puede ser el pueblo del Señor, porque el Señor se fue y ahora estamos es por fe, no por vista; como el Señor hablaba que Él es el esposo y que la iglesia es la esposa, pero dice que un día el esposo no estaría, es como si se hubiera ido, es como si la iglesia fuera esta viuda, está a veces el Estado en manos de corruptos, pero hay una viuda, hay una viuda que está siendo víctima de injusticia, seguramente le han robado lo que le pertenece, sus derechos no han sido reconocidos. “una viuda, la cual venía a él, diciendo: hazme justicia de mi adversario”. Hermanos, la palabra del Señor habla mucho de las viudas. Hay muchos versos de las viudas que no tendríamos tiempo de ver todos, pero miremos dos o tres, que conste toda palabra por dos o tres testigos. Vamos a Éxodo capítulo 22, donde está la primera mención de las viudas, capítulo 22 versículo 22 y el siguiente 23, dice el Señor: “A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mi, ciertamente oiré yo su clamor; y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos”, o sea, el Señor es serio; si se aflige a una viuda o un huérfano, el Señor dice: -ahora también los tuyos van a ser huérfanos y viuda-, delicado, ¿verdad hermanos? Miremos otro verso, Deuteronomio capítulo 10, vamos allí al versículo 18, leámoslo desde el 17: “Porque Yahveh vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido”. En el verso del Éxodo que habíamos leído, un verso anterior decía que nos acordemos que también vosotros (decía a Israel) vosotros fuisteis extranjero, conocéis el alma del extranjero6 y hay que tratar bien al extranjero ¿verdad? Un tercero, está en el Salmo 68 versículo 5, tres testigos que muestran la preocupación sincera de Dios por las viudas, dice de Dios, lo siguiente: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados”; o sea que los que están desamparados, Dios quiere que estén en comunidad, no estén solos, sueltos, “saca a los cautivos a prosperidad; mas los rebeldes habitan en tierra seca”. Dios padre de huérfanos y defensor de viudas, por eso en el Nuevo Testamento hay muchos versos que hablan de las viudas. Santiago dice que la religión pura y sin mancha es visitar a las viudas, los huérfanos en sus tribulaciones7 y también la iglesia por orden de Pablo, por el Espíritu Santo tiene que tener un fondo para las viudas. Dice que las viudas que en verdad son viudas8, es decir que no tienen ya más familia que las cuiden, ni hijos que las cuiden, deben estar en una lista de la iglesia, si cumplen los requisitos que dice allí Pablo y la iglesia debe ayudar a estas viudas y estas viudas deben servir al Señor dentro de la comunión de la iglesia, o sea que las viudas deben ser atendidas porque Dios cuida a las viudas. Aquí nosotros tenemos una ofrenda para los santos pobres, obviamente que de ahí tiene que ir para las viudas y los diáconos deben estar pendientes para que se cumpla. Dice que las viudas que tienen hijos, porque murió el esposo, pero hay hijos entonces ellos deben honrar a sus padres. Pero a veces sucede, como dicen los holandeses, que es más fácil para un padre pobre mantener diez hijos que para diez hijos ricos mantener a su padre, eso dicen los holandeses; a veces un padre pobre puede mantener diez hijos, pero luego esos hijos ricos no se acuerdan que pueden juntos ayudar a su padre. La Biblia dice que hay que honrar a los padres; que si hay viudas que tienen familia, esa familia aprenda primero a cuidar esa viuda, para que las que son en verdad viuda que quedaron totalmente desamparadas, sean protegidas por la iglesia para que haya lo suficiente. Entonces esa frase: que haya lo suficiente para las viudas, quiere decir que nosotros como iglesia tenemos que alimentar ese fondo, que cada domingo nos acordemos que ese fondo es para ayudar a los necesitados, lógicamente empezando por las viudas, los huérfanos, los pobres, los que tienen algún accidente o alguna cosa, todos estos versos hay que decirlos ahora porque se nos pasa la palabra “viuda” y no aprovechamos el momento de efervescencia y calor, ¿cuándo los vamos a recordar? es el momento de recordarlo. ¡Ay Señor Jesús! “Una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo”, ese es el juez injusto. El Señor está haciendo contraste para animar nuestra fe, fíjense ese perverso está ahí, en ese puesto, haciéndose pasar por autoridad y por representante de la ley y de la justicia. Dice: “después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,” es decir, él sabía lo que él era, “sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agobie la paciencia”, o sea, un perverso de éstos hizo justicia solamente para no tener molestia, para que no lo molesten más, entonces solucionó el caso de la viuda. Verso 6: “Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto”, o sea si el mismo perverso juez fue capaz de hacer justicia para que no lo molesten, ¿Dios no hará justicia? Entonces hermanos, aquí llegamos a esto: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos?,” y allí aparece esa palabra “escogidos”. Entre las preguntas que hacían los jóvenes, algunos tenían preocupación por esa palabra “escogidos”, como si Dios fuera injusto cuando escoge y se preocupan de que Dios tenga escogidos, pero Dios es eternamente justo, de manera que cuando Dios escoge es justo y misericordioso; las veces que aparece la palabra “escogidos” en la Biblia como electos o predestinados, aparece junto con la palabra “presciencia” o conocimiento anticipado, “a los que antes conoció, a éstos predestinó”9, los predestinó después de conocerlos, es decir, personas que recibirían de Su gracia, y darían fruto de la gracia y habría personas que resistirían la gracia y que harían afrenta al Espíritu de gracia. No fue acaso Esaú el que por sí mismo vendió la primogenitura10, diciendo: que es esto para mí, esas cosas invisibles, así medio místicas, religiosas, las lentejas, esas sí saben rico; para la gente lo que es material, lo que se ponga, lo que se siente, el billete, la pistola, eso como que para ellos es la realidad, ¿verdad? Pero primogenitura, dice que menospreció la primogenitura y después ya aunque lloró por ella, ya la había vendido, ya no la tenía; entonces eso sucede, personas que no valoran las cosas espirituales, ya Dios sabía que Esaú iba a hacer esto. Entonces dice Dios: A Jacob amé y a Esaú aborrecí11, ¿por qué? porque Dios sabía lo que cada uno haría. En otro lugar de los profetas, dice: a mis ojos fuiste honorable y yo te amé12, así dice Dios de Jacob: A mis ojos fuiste honorable, él era tan humano y tan débil como Esaú, pero él quería al Señor a pesar de que él fuera humano y débil y dice Dios: A mis ojos fuiste honorable, él valoró. El Señor cuando le preguntaban: ¿por qué es que te vas a manifestar a nosotros y por qué al mundo no te vas a manifestar?, él les dijo: -El que me ama, guarda mi palabra13, o sea, si me amas, pones atención a lo que yo digo, pero el que no me ama, no guarda mis palabras, no le importa, no pone atención, entonces por eso el Señor da esa explicación por qué Él, no se manifestará al mundo, porque Judas Tadeo, su propio hermano dijo: ¿Señor, como es que te vas a manifestar sólo a nosotros y no al mundo?14, ¿Por qué a los escogidos y no a todos? Y el Señor explica la razón y si tú ves las dos caras de la moneda de los predestinados, dice en Romanos así, vamos a verlo mejor para no confiarme en mi memoria. Vamos a Romanos al capítulo 8 versículo 28, un pasaje bien conocido: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Entonces noten las dos caras de la moneda, por esta cara dice: los que aman a Dios; por la otra cara dice: los que conforme a su propósito son llamados, o sea que los que son llamados conforme al propósito, son los que aman a Dios. ¿Por qué no te manifestarás al mundo? porque no me aman, ellos no quieren saber nada de mí, entonces para que les voy a hablar, ellos quieren seguir sin mí, los dejo. A los que aman a Dios, todas las cosas, no dice sólo las buenas, las agradables, todas las cosas, aún las más difíciles, si amas a Dios, te ayudan a bien; lo más difícil, si amas a Dios, se va a convertir en un bien; Dios lo va a usar a la postre para un bien, pero ¿qué es lo que hace la diferencia? Que ames a Dios. Ahora, Dios no tiene que esperar para saber de los que hizo, si le amarían o no, porque El es omnisciente, El nunca va a aprender nada nuevo, entonces dice: “a los que antes conoció, también los predestinó. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó15”. Por eso también Pedro dice: escogidos según la presciencia de Dios16, Dios cuando escoge lo hace conforme a su naturaleza, lo hace con justicia y con soberanía, Dios es soberano pero ejerce su soberanía según su carácter; su carácter es justo, cómo, decía Abraham a Dios, ¿cómo vas a hacer perecer al justo y al impío juntos, el Juez de toda la tierra no ha de hacer lo que es justo?17 Dios siempre es justo y no hace acepción de personas, que Dios escoja y predestine, no quiere decir que sea injusto porque El escoge, porque El conoce y dice que los llamados conforme a su propósito son los que le aman y si alguien ama a Dios, todas las cosas, no hay cosa que no le vaya a servir de algo, aunque en cierto momento pueda ser dolorosa, pueda ser desagradable; sin embargo, si aman a Dios por sobre todas las cosas, al fin, a la postre, todas las cosas le ayudarán a bien, a que el propósito con el cual Dios escogió, se cumpla; aún las pruebas que cada cual tiene que pasar. Dice la Palabra que Dios no nos dejará ser probados más de lo que podamos resistir, sino que dará juntamente con la tentación, la salida18. Pero ¿por qué la permite? ¿Por qué Dios nos prueba? Porque dice Dios: para que seáis probados, os traje por esos caminos, os hice pasar por esto y por esto, para que seáis probados, porque es en la prueba donde nosotros en verdad mostramos si amamos o no a Dios. Si amamos a Dios podremos pasar la prueba y salir aprobados, pero si no amamos a Dios, a lo mejor después de la prueba salimos reprobados; podemos salir aprobados o reprobados de la prueba, Dios permitió la prueba pero dice para que es la prueba, lo dice en Deuteronomio19, para ver si amáis a Yahveh vuestro Dios de todo corazón, para eso somos probados, para ver si de verdad amamos a Dios sobre todas las cosas. Entonces esta palabra, sus escogidos es bíblica, ¿cómo vamos a escaparnos de que Dios tenga escogidos? Pero Dios es justo cuando tiene escogidos y también hay réprobos; es porque Dios conoce, no es que dice que Él escogió arbitrariamente, ¡no!, a los que antes conoció, a éstos predestinó, escogidos según la presciencia de Dios. Volvamos a Lucas capítulo 18 versículo 7: “Y acaso no hará justicia a sus escogidos”, ahora ¿qué hacen los escogidos? A ellos les hacen injusticia porque tenemos todo en contra, menos la gracia de Dios, nosotros mismos en nuestra debilidad de nuestra carne, tenemos nuestra carne en contra, tenemos el mundo en contra, tenemos el diablo en contra, los demonios en contra, pero tenemos la gracia de Dios y la gracia basta. Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en tu debilidad,20 o sea, cuando somos débiles, debemos decir: Señor, soy tan débil que si Tú no me sostienes desfallezco; “mi poder se perfecciona en tu debilidad”, o sea que nuestra debilidad es una ocasión para la manifestación del poder del Señor. El Señor no quita la debilidad, sino que enfrenta la debilidad con Su gracia, Su gracia es suficiente para enfrentar cualquier debilidad. Gracias al Señor y honra a Él porque ninguno es fuerte, todos somos débiles y por eso dice: “¿no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?” constantemente la Biblia habla de esto, ¿verdad? “¿Se tardará en responderles?”, esa fue la traducción aquí de una frase rara que está en el griego. He leído muchas traducciones y todos los comentaristas más serios, reconocen la dificultad del pasaje en griego y algunos la traducen de otra manera, algunos dan a entender que esta longanimidad de Dios no es solamente con los escogidos, sino con los que están haciendo injusticia con los escogidos, porque Dios no quiere que ninguno perezca, porque realmente cuando hablamos de escogidos, no hay que pensar que Dios quiere que alguno se pierda, ¡no! Dios no quiere que ninguno perezca y Dios quiere sincera y verdaderamente que todos sean salvos y que todos vengan al pleno conocimiento de la verdad21, pero si Dios quiere, ¿por qué gente no se salva? Porque ellos no quieren, porque es que la salvación es el mismo Señor y si no aman al Señor, no aman su propia salvación ¿ven? Entonces Dios quiere unir a su pueblo. -Cuantas veces yo quise juntar a mis hijos, pero tú no quisiste, yo quise pero tú no quisiste22-; Dios es soberano pero Él no tiene que ejercer su soberanía como si fuéramos títeres, Él hizo que fuéramos personas que nos hacemos responsables de nuestro destino. Claro que necesitamos su gracia para llegar al destino pero también necesitamos recibir esa gracia, vivirla con responsabilidad. Nadie estará en el infierno porque le faltó gracia. Porque la Palabra dice, Pablo a Tito: La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres23. También dice: dando fe a todos, resucitando a Cristo de entre los muertos24, entonces algunos resisten la gracia, resisten la gracia, no es que estén predestinados a condenación y por eso Dios no les da gracia y se tienen que ir al infierno, algunos interpretan así, ultracalvinistamente estas cosas, no es así, Dios no quiere que ninguno perezca, hay millones que han perecido, aunque Dios no quiere. Ustedes recuerdan el caso cuando estos hermanos que tuvieron esa experiencia de bajar al hades, veían a aquella gente clamando y lo que la compasión del Señor hacía, que hasta la hermana sentía que la sangre del Señor volvía a fluir, el Señor ya había derramado su sangre por ellos, el Señor ya hizo todo lo que había que hacer, y Él seguía con esa compasión, derramó su sangre y ellos despreciaron esa sangre, ellos no creyeron, ellos no lo recibieron. Id y predicad el evangelio a toda criatura25, así es que este asunto de escogidos no es que Dios sea injusto, el Dios que escoge es justo, es bueno y quiere que todos se salven, no quiere la muerte del impío, sino que se convierta y viva y Dios quiere que todos sean salvos. Si alguno se pierde y no se salva no es porque Dios no quiera, sino porque ellos no quieren. El precio fue pagado, el Señor murió por todo el mundo, no sólo por los escogidos, claro que Él sabía que a la postre sólo los escogidos iban a aprovechar, pero dice Juan en su 1ª epístola en el capítulo 2, que Él murió por nuestros pecados “y es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por lo nuestros, sino por los de todo el mundo; su muerte es suficiente para salvar a cada hombre. ¿Por qué hay tantos millones perdidos? Porque ellos rechazaron, despreciaron, menospreciaron, hicieron afrenta a la gracia y Dios no tenía que esperar para saber, Él lo sabía como Dios omnisciente que es, desde la eternidad Él sabía todo. Amén. Termina diciendo: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Y por esa última frase algunos han interpretado también esta parábola en el sentido escatológico, no sólo que Él nos hará justicia cada vez que le pidamos que nos haga justicia, como en el quinto sello, aquellas almas bajo el altar: Señor, ¿hasta cuando no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra?26 Y se les dieron vestiduras blancas y se les dijo que descansaran, que esperasen un momento que se completara el número de los que fueran muertos como ellos y entonces vienen las copas de la ira; de hecho las copas de la ira es una respuesta a esa oración de los santos por justicia, para que su testimonio sea vindicado por Dios, que ellos no estaban mintiendo cuando hablaron de Dios; si Dios no los vindica es como si no respaldara la verdad, pero ocurre que Él espera, porque Él es longánime, no queriendo que ninguno perezca y colocó un colmo altísimo, pero cuando ese colmo se llene, el juicio llega. Entonces El dice: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” La palabra “fe” tiene dos connotaciones en las Escrituras; la connotación del misterio de la fe o el contenido de la verdad; también en el sentido subjetivo que es el acto de creer como creyó la viuda; la viuda insistió, insistió e insistió, entonces el Señor espera que algunos tengan esa fe y Él pregunta: “cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe?” y aquí no aparece el artículo, pero en el griego sí aparece el artículo, esta clase de fe, esta fe que manifestó la viuda de insistir hasta obtener respuesta; lo que el Señor quiere es que insistamos, creyendo que Él responderá ahora y terminará de solucionar todo cuando Él venga; ya muchas cosas las soluciona ahora, ya nos hace justicia en muchas cosas ahora, pero la justicia definitiva la realizará cuando Él venga, pero cuando Él venga, “¿hallará fe en la tierra?” Quiere decir que los que creen, seremos pocos, espero que estemos dentro de los que creemos; de hecho sí dice que habrá los que creen porque uno será tomado y otro será dejado, ¿verdad? Si habrá los que lo recibirán ¿verdad? Y si habrán, sólo que no serán muchos porque esta pregunta muestra que es una minoría. “¿hallará fe en la tierra?”, aquí no dijo que no, pero con esa pregunta nos muestra que son pocos. Hermanos, son las ocho y media, ¿qué tal si oramos diez minutos? Oremos, ya que prediqué tanto, hubiera predicado diez minutos y orado una hora, pero por lo menos oremos diez minutos. Oremos que el Señor nos haga justicia, oremos que Satanás en sus planes de estorbarnos, el Señor se los estorbe, que podamos seguir adelante colaborando con el Señor. Oremos unos por otros. Oremos por todo. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez Durán del comité de revisión para revisión final del autor. 1 Ro 8:26 2 Jud.20 3 Ro 3:10-17 4 Ro 3:19 5 Sal. 36:1 6 Ex 22:21 7 Stg 1:27 8 1 Ti 5:3-5 9 Ro. 8:29 10 Gn. 25:32 11 Mal. 1:2,3 12 Is. 43:4 13 Jn. 14:,23 14 Jn. 14:22 15 Ro. 8:29,30 16 1P 1:2 17 Gn. 18:23,25 18 1 Co. 10:13 19 Dt. 8:2 20 2 Co. 12:9 21 1Ti 2:4, 2 Pedro 3:9 2222 Mt 23;37, Lc.13:34 23 Tit. 2:11 24 Hch 17:31 25 Mr. 16:15 26 Ap. 6:9,10

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 0:37, Categoría: General

EL FARISEO Y EL PUBLICANO Localidad de Teusaquillo (4 de noviembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Vamos a dar continuidad, con la ayuda del Señor, a la serie que estamos trayendo sobre los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús. Hoy estaremos considerando otra de las más conocidas; es importante, y está solamente en Lucas; no la mencionan Mateo, ni Lucas, ni Juan, ni tampoco aparece en los logiones del llamado evangelio de Tomás, pero está en Lucas en el capítulo 18, donde la última vez que vimos un capítulo de esta serie, vimos la parábola de la viuda y el juez injusto. Estas dos parábolas están seguidas la una de la otra; el Espíritu Santo le recordó a Lucas esta otra parábola una vez que había dicho la anterior, y también sólo la registró Lucas, y ustedes saben que Lucas tenía un ministerio particular porque cada uno de los cuatro evangelistas miraba al Señor Jesús, pero veía las glorias del Señor Jesús desde un ángulo en particular, porque ellos no eran iguales, eran personas distintas, tenían trasfondos y formación diferente y, por lo tanto, eran testigos desde diferentes ángulos. El arca la llevaban cuatro levitas, pero no todos los levitas estaban en la misma esquina; un levita estaba en el nororiente, otro en el noroccidente, otro en el suroriente, otro en el suroccidente, pero entre los cuatro llevaban el arca, y así también, el testimonio acerca del Señor Jesús es dado por cuatro evangelistas desde diferentes ángulos, cada uno de ellos tiene un aspecto complementario del Señor Jesús y, debido a esa particularidad del ministerio de cada uno de ellos, hay cosas que solamente tienen ellos, hay cosas que tienen cuatro, cosas que tienen tres de ellos, cosas que tienen dos de ellos, pero hay cosas que sólo tiene uno de ellos; hay cosas que sólo están en Marcos, hay cosas que sólo están en Mateo, cosas que sólo están en Juan, cosas que sólo están en Lucas; las cosas que sólo están en uno de ellos son las que tienen que ver con la percepción específica y la condición específica que el Señor por el Espíritu le dio a cada uno; uno ve al Señor desde el ángulo del león, otro desde el ángulo del becerro, otro desde el ángulo del hombre, y otro, desde el ángulo del águila, porque el Señor Rey es también Siervo, es también Hombre, y es también Dios, y se necesita la plenitud para ver al Señor de una manera más completa, entonces en estas cosas, que cada uno de ellos da y que ninguno de los otros da, es donde percibimos el ministerio particular y la característica particular de cada uno de ellos; en este caso, Lucas tiene una sensibilidad especial, ese carácter inclusivo del Señor, ese carácter humano, solidario del Señor que incluye a los pobres, que incluye a las mujeres, a las viudas; muy diferente de Mateo; Mateo menciona el aspecto profético, el aspecto del rey, el aspecto específicamente judío, así como Marcos presenta el aspecto del siervo, más desde un punto de vista romano, porque él estaba en Roma y hablaba para latinos, muy práctico, en cambio Juan hablaba desde la vista del águila, desde lo alto, y Lucas hablaba desde el punto de vista del hombre, él empieza desde Adán; Mateo comienza desde Abraham y David, pero Lucas no restringe al Señor a Judá, ¿verdad? él habla desde Adán, entonces vemos que esta parábola del fariseo y el publicano viene a continuación de la parábola del juez injusto y de la viuda. La parábola anterior que estudiamos del juez injusto y de la viuda, era una parábola que editorialmente, por el Espíritu Santo, desde el principio, dice Lucas para qué se dijo. Miren cómo comienza el 18:1 referiéndose a la anterior parábola: “También les refirió Jesús una parábola”, y aquí explica, por el Espíritu Santo, Lucas “sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar”, o sea, la parábola de la viuda y del juez injusto la explica desde el principio, incluso antes de la parábola, él ya dice para qué es la parábola, él ya está diciendo cuál es el objetivo esencial de la parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar; ese es el objetivo principal por el cual, el Espíritu Santo, le explica a Lucas que fue dicha por el Señor Jesús esta parábola, pero el Espíritu Santo conoce al ser humano; a veces nosotros, después de que oramos al Señor, si obedecemos esta primera parábola aquí de Lucas 18, a veces, nos sentimos santos, nos sentimos muy buenos, tenemos sensaciones bonitas de estar en la presencia del Señor y corremos el peligro del engreimiento espiritual, de pensar que somos alguna cosa, de pensar que somos mejores que otros; -nosotros sí oramos, nosotros sí ayunamos, nosotros sí leemos, nosotros sí predicamos, nosotros sí testificamos y los otros no-, entonces, el Espíritu Santo viene, e inmediatamente después de enseñarnos a orar, nos enseña sobre qué base es que oramos; no sobre la base de la justicia propia, sino sobre la base de la gracia de Dios, entonces, el Espíritu Santo, después de enseñarnos una parábola, inmediatamente nos enseña otra, porque el Señor es muy equilibrado; a veces la verdad tiene dos caras, si sólo miramos una cara, podemos irnos a un extremo, entonces, el Espíritu Santo nos enseña una vida de oración, pero ustedes saben que, en la experiencia religiosa de personas que les gusta orar, que les gusta profetizar, a veces no se dan cuenta de que les va entrando un cierto orgullo espiritual; se sienten mejores que otros que no oran, o que ellos piensan que no oran, que ellos piensan que no tienen la misma experiencia, entonces, el Señor equilibra una parábola con la otra, y ahora viene el lugar, justamente, de la siguiente parábola que está en Lucas capítulo 18, desde los versos 1 al 14; dije el contexto en el cual aparece esa parábola para que así tenga mayor significado para nosotros, el contexto nos ayuda un poco. Fíjense que son pocas las veces en que el Espíritu Santo mueve al evangelista a dar una explicación editorial. Generalmente, las parábolas son introducidas, ellas mismas, sin decir cuál es la lección, pero en estas dos ocasiones, tanto en la de la viuda y el juez injusto como en la del fariseo y el publicano, el Espíritu Santo le dio a Lucas la carga específica de, antes de decir la parábola, decir cual es la lección esencial de la parábola, decir a quién va dirigida y para tratar qué problema humano. Entonces aquí comienza la parábola en el verso 9, y vamos a leer toda la parábola inicialmente de corrido y luego volveremos sobre nuestros pasos, con la ayuda del Señor, para considerar más masticado cada uno de los elementos de la parábola, entonces leámosla desde el verso 9: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aún alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, el pecador” Aquí, esta traducción de Reina Valera se saltó el artículo; aquí este publicano no dice solamente “pecador” sino “el pecador”, como quien dice, él se identificaba como el prototipo de pecador, no uno más sino como el peor de todos, como el mismo Pablo decía de sí mismo. “Os digo (ahora dice el Señor Jesús) que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; (o en vez del otro, podría decirse) porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” Volvamos sobre nuestros pasos, vamos a masticar un poquito confiando en que el Señor nos ayudará a tocar algunas cosas, por el Espíritu Santo, con esta parábola que, yo pienso todos recordamos y por eso allí hay el peligro. Cuando ya recordamos en la memoria algo, a veces nos cerramos al toque del Espíritu; el Espíritu es el que está tocando siempre para que la palabra no sea solamente una idea sino que realmente nos toque el Señor por ella, y aquí dice: “A unos que confiaban en sí mismos como justos”; acaba de hablar de la necesidad de orar siempre y no desmayar. Nos vamos a dar cuenta de que lo que hacía este fariseo, y algunos otros fariseos, a veces, era ser más santos, entre comillas, claro, que Dios; como se dice: más papistas que el propio Papa, o más calvinistas que Calvino, porque algunas cosas que ellos hacían, las hacían más allá de lo que Dios mandaba, por eso, a veces, el ser humano, en su justicia propia, se siente tan bien en la presencia de Dios que llega a congraciarse consigo mismo, llega a aprobarse a sí mismo, llega como a estar complacido consigo mismo; ese es un peligro de las personas que quieren caminar con Dios, quieren complacerse consigo mismos; ¡qué bonito!, ¡qué santos hemos llegado a ser!, nosotros sí oramos, nosotros sí estamos orando; esos otros hermanos, parece que no madrugan, ni leen, ¿se dan cuenta? nos va entrando ese gusanito de autocomplacencia, de autojustificación que es muy peligroso para la vida espiritual. Entonces, aquí dice: “A unos que confiaban en sí mismos como justos”. No hay problema en ser justos por causa de que el Señor nos hace justos; la palabra del Señor habla de los justos, de hecho hay justos, pero nadie es justo en sí mismo; solamente somos justos en la justificación que nos viene de Cristo, Cristo es nuestra justificación, Cristo es nuestra redención, Cristo es nuestra santificación y Cristo es nuestra sabiduría, no en nosotros mismos, pero fíjense que, a veces, uno no se da cuenta, a veces, uno piensa que uno en sí mismo es algo, quizás uno doctrinalmente sabe que no debe ser así, pero nuestros sentimientos, a veces, nos engañan, a veces aceptamos una autocomplacencia, una justificación propia. En el mundo de querer caminar con Dios, ese es un gran peligro. ¿Ustedes recuerdan cuando el hermano Rick Joyner tuvo esas visiones que él registra en su libro “La búsqueda final”, que a veces, el brillo de la armadura no le dejaba ver los peligros y el orgullo lo atacó por detrás?, y por eso le fue dado un manto muy humilde, muy sencillo, una especie de trapo, común y corriente, para tapar el brillo de su propia armadura, ¿se dan cuenta? Ese es el peligro. ¿Qué fue lo que le pasó a Satanás? Satanás, cuando vio su belleza, cuando vio su propia sabiduría, él empezó a ver cuán bonito era él, cuán excelente era él, mejor que todos los demás, y hasta se le ocurrió la locura de que podía ser semejante al propio Dios; ¿se dan cuenta del peligro terrible? y eso le sucedió a él antes de ser diablo, fue cuando él empezó a ser diablo, fue con ese problema. Entonces dice: “A unos que confiaban en sí mismos como justos”, o sea que nunca; desde el principio nos enseña la parábola que nunca podemos confiar en nosotros mismos, nunca nada que nosotros seamos o que nosotros hagamos, es la base por la cual nosotros podemos llegar con cuello erguido delante de Dios; Dios sí quiere que nos presentemos en su presencia como hijos de Dios, como sacerdotes de Dios, como muertos al pecado y vivos para Dios en la resurrección de Jesucristo, pero siempre en Jesucristo; delante de Dios podemos tener acceso, pero nunca en nuestra propia justicia, nunca en la excelencia de nuestras obras, nunca basados en lo que somos o en lo que hicimos; podemos llegar ante el Señor con el rostro en alto, pero no porque nosotros lo podemos levantar con base en algo nuestro, sino porque Él en su gracia nos levanta el rostro y dice: -Mirad a Mí y sed salvos1-, y nos abre amplia entrada a su presencia, pero esa entrada nunca está basada en una excelencia nuestra; siempre está basada en la gracia, siempre está basada en el don, y por eso, el Señor aquí escoge a personas opuestas de la sociedad, personas que representaban los dos extremos: el extremo de la gente bien y el extremo de la gente mala, el extremo de los peores. Entonces dice: “A unos que confiaban en sí mismos”, o sea, en vez de tener la fe en el Señor y en su gracia, tenían la fe en su justicia propia; eso es muy delicado, eso fue lo que le pasó a Israel; mirémoslo aquí en Romanos, capítulo 10, donde el apóstol Pablo lo explica de una manera magistral; referido a Israel, dice el apóstol, desde el verso 1 (dejemos marcado allí en Lucas 18 porque volveremos allí): “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios”, o sea, eran personas que tenían celo de Dios, que querían agradar a Dios, se esforzaban por agradar a Dios. Yo acabo de venir de Jerusalén y ver unas personas con sus uniformes, todos arreglados, con sus cachumbos, orando al Señor, tratando de agradar a Dios en su justicia. Llegamos a Hebrón y un rabino joven nos predicó, y todo lo que él quería decir era acerca de ser recibido ante Dios en base a la justicia, ¿ven? Entonces dice: “yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia”, es decir, no comprenden las cosas como realmente son delante de Dios, “Porque ignorando la justicia de Dios”, o sea, la que es sólo por la fe, la que es basada en el precio que Él pagó y no en el mérito que tienen nuestras obras, “ignorando la justicia de Dios”, la que explica Pablo en Filipenses, por ejemplo, “y procurando establecer la suya propia”, procurando establecer su justicia propia, dice, “no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin”, o sea, el objetivo “de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. Entonces, noten que aquí habla de una clase de justicia, la que es de Dios, justicia de parte de Dios al que cree. Creyó Abraham a Dios, entonces Dios le contó esa fe por justicia2; no era una justicia que tenía Abraham, era una justicia que tenía Dios; el mundo está condenado, el mundo no puede salvarse por su propia fuerza y mérito, entonces, -yo voy a enviar a Abraham una simiente, y en la simiente de Abraham, serán benditas las familias de la tierra3-, entonces esa simiente de Abraham es Cristo; la bendición viene es por causa de Cristo, porque Cristo, que es la simiente de Abraham, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, murió por nuestros pecados y resucitó, entonces Abraham creyó la promesa de Dios, que sería bendito por Dios a través de un descendiente de él que sería el Cristo, y por eso, Dios le contó esa fe a Abraham por justicia, porque Abraham no confiaba en la justicia de él sino en la justicia de Dios que le sería dada por medio del descendiente suyo que es el Mesías, ¿ven? por eso dice acá: “porque el fin de la ley es Cristo para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley”, esa es otra clase de justicia, o sea, la justicia propia, “Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas”. Entonces, la justicia de Dios es por creerle a Dios lo que hizo Dios a nuestro favor siendo nosotros inútiles, y la justicia propia es merecer por lo que se hace; el que haga esto vivirá, vivir por lo que se merece, esa es la justicia de la ley, por Moisés, pero la ley fue dada sabiendo que no la cumpliríamos y que la quebrantaríamos; por eso fueron mezclados los mandamientos con los sacrificios, porque Dios, lo que quería hacer con la ley, era mostrar nuestra inutilidad, porque Él sabe que nosotros vamos a intentar, procurar merecer algo, porque estamos acostumbrados a pagar por lo que merecemos y a recibir también por lo que hicimos, entonces Dios tenía que desilusionarnos, hacernos realistas, mostrarnos la condición inútil de nuestra situación adámica, entonces, nos puso la ley sabiendo que la desobedeceríamos, pero nos la puso fue para eso, para que, al tratar nosotros de agradar a Dios cumpliendo la ley, descubriéramos que ante tantos y repetidos fracasos, somos unos totalmente inútiles en nosotros mismos, para eso fue dada la ley, como un termómetro para mostrarnos cuánta fiebre tenemos y que no nos engañemos a nosotros mismos; “de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que por la fe”, está contrastando dos justicias: la propia; por lo que hago, y la de Dios; por lo que Él hizo y que yo creo, porque Su palabra que me anuncia Su amor y Sus hechos, engendran la fe, la justicia, en contraste con la otra, “la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo?” o sea, ¿quién logrará llegar al cielo por sus fuerzas?, no lo digas, “(esto es para traer abajo a Cristo)”; nosotros no vamos a hacer que Cristo venga, no; Él nos amó primero, fue Él el que vino, fue Él el que tomó la iniciativa; estando muertos, el Hijo del Hombre vino a buscar lo perdido, porque por lo que nosotros éramos, no éramos merecedores; éramos los perdidos y Él tomó la iniciativa en venir, no es que nosotros lo hicimos venir a premiar, no, ni tampoco digas: “o, ¿quién descenderá al abismo? (Esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos)”, o sea, ninguno de nosotros puede hacer nada para ayudar a Cristo a resucitar, no; Cristo resucitó por el propio poder de Dios, sin ninguna ayuda nuestra, entonces, la justicia de Dios nos guía a no confiar en que merecemos, no; el Señor tomó la iniciativa, “Mas ¿qué dice?”, ¿qué dice la justicia que es de Dios? “Cerca de ti está la palabra”. Él vino, Él fue el que bajó y nos puso tan cerca de su corazón, Él habló la palabra para introducir su palabra como simiente en nuestro corazón y darnos el don de la fe a través de oír la palabra; “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor”, nota: no es lo que tú eres, no es lo que tú mereces; es lo que el Señor Jesús hizo, “y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos”, o sea, que murió por nuestros pecados y el Señor lo resucitó, demostrando que aceptó el sacrificio, “serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, entonces aquí vemos ese contraste. Ese contraste aparece también en Filipenses. Vamos a Filipenses, capítulo 3, a ver ese contraste de nuevo allí. Filipenses, capítulo 3. Dice el apóstol Pablo desde el verso 2: “Guardaos de los perros”, o sea de los gentiles, “guardaos de los malos obreros”, y estos malos obreros, por el contexto de lo que dice Pablo, son los que guían a la gente a la justicia propia, a depender de algo que ellos han hecho, por eso lo explica, “guardaos de los mutiladores del cuerpo”, se refiere a los que hacían depender, de la circuncisión en la carne, su salvación, por eso se les llama mutiladores del cuerpo, y luego dice Pablo: “Porque nosotros”, incluyendo a los Filipenses que no eran judíos, a los cristianos, “somos la circuncisión”, la verdadera circuncisión, “los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”; la parábola empieza: “A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, les dijo también esta parábola…”, junto con una, dijo la otra, entonces aquí dice lo mismo que dice en Lucas; confiaban en sí mismos, dice: “no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de que confiar en la carne. Si alguno tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día”, ustedes fueron circuncidados, yo también, al octavo día, no después como prosélito, no; desde niño, “del linaje de Israel”. Hoy en día estamos viendo los apellidos sefaraditas y no tenemos que caer aquí en estas cosas; es más importante primero pertenecer al cuerpo de Cristo como el nuevo hombre, y ningún hermano que no encuentre su apellido en la listas sefaraditas se tiene que poner triste porque si es un hermano, y está en Cristo, está en la lista del cielo, esa es la principal lista, esa es la más importante. Ahora, claro, como el Señor hizo promesas, las tenemos también en cuenta, porque es parte de la palabra, pero lo primero es lo primero y, lo segundo es lo segundo. Entonces dice acá: “Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley fariseo”, y aquí nos encontramos con el extremo de los bonachones; él era fariseo, él no era de esos saduceos herodianos; fariseo, de Fares, entonces dice: “en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es por la ley, irreprensible”. Noten que Dios no escogió a un malo sino a un hombre que trató de ser bueno, de cumplir toda la ley y que era celoso por cumplir la ley, a ese lo escogió para demostrar lo inútil que es la ley para salvar; la ley es buena, pero no para salvar, la ley es buena para mostrarnos el carácter de Dios, lo que es justo de Dios, la naturaleza de Dios, el estilo de Dios y la perversidad nuestra; para eso es la ley, pero nunca para salvarnos; nadie se puede salvar por la ley. Entonces dice aquí: “en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”, o sea, él trataba de obedecer todos los mandamientos. “Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de Cristo”. Entonces, esto que explica Pablo aquí en Filipenses 3, ese contenido espiritual, es el que está detrás de la parábola, que dijo el Señor Jesús, acerca del fariseo y el publicano que estamos considerando en esta noche. “Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo”, y este “todo” no son sólo cosas materiales sino su propia confianza en cosas externas, como el ser hebreo de hebreos, el ser irreprensible en cuanto a la ley; él ya no tenía eso como ganancia, si eso le servía de estorbo para estar solamente en Cristo, él lo consideraba más bien un problema. Recordemos esto, especialmente ahora que estamos viendo los apellidos sefaraditas; “y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (claro que yo leo la traducción más simple y no voy a decir la más verdadera) y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia”, no teniendo, porque a veces uno se aferra; como ustedes han visto, porque han estado leyendo a Job, cómo Job trataba de aferrarse a su propia justicia, ¿verdad? y cuando Dios le mostró la inutilidad humana, entonces él dijo: -yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mi, oye por tanto ruego, yo te preguntaré y tú me enseñarás, me aborrezco en polvo y ceniza4- y eso fue lo recto de lo que habló Job. ¿Qué es lo recto? -soy una miseria y no entiendo nada, ni lo que digo; ¡ah, Señor! solamente ayúdame-, eso es lo recto, eso es lo único recto; entonces, aquí dice lo mismo Pablo: “no teniendo mi propia justicia, que es por la ley”, otra justicia, la que alcanzó el publicano, “sino la que es por la fe de Cristo”, y ni siquiera “en” sino de Cristo, porque es un don de Dios, “la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. Todos los muertos van a resucitar, incluso los perdidos, pero hay una resurrección especial que es esta primera resurrección en la cual, Pablo, tenía puesta sus esperanzas siendo hallado en Cristo, y no en su propia justicia. Entonces, estas cosas que habla Pablo aquí y que tipifican también, por ejemplo, la historia de Caín y Abel, son las que están detrás de esta parábola. Ustedes recuerdan que Caín llegó a la presencia de Dios basado en su propio trabajo; él trabajó y se esforzó porque para ser labrador de la tierra hay que trabajar más que para apacentar ovejas, claro que los que apacientan ovejas también trabajan, pero no tanto como los labradores; a los labradores les toca estar haciendo fuerza, volteando la tierra, sembrando, limpiando, regando, y eso fue lo que hizo Caín, y obtuvo flores y frutos en sus productos, y vino a Dios contento a presentarle las cosas como si no hubiera nada con él, como si fuera suficientemente bueno, pero nuestra bondad está mezclada con nuestro mal, con nuestra jactancia, con nuestra presunción, con nuestro menosprecio de otros. Aquí, a veces hemos mencionado ese caso, como por ejemplo: yo traiciono a mi esposa, y luego, vengo y le doy un besito, como si no hubiera hecho nada; no, tengo que confesar mi pecado y pedir perdón para que ella me reciba, pero venir con flores ante Dios, como si no fuéramos malos, es como hacer eso; es como confiar que podemos venir delante de Dios. -Bueno, nosotros cantamos bien, nosotros estudiamos bien, predicamos bien- y, basados en lo que somos y hacemos, pretendemos ser recibidos por Dios; en cambio, Abel se dio cuenta de que él conocía la historia de sus padres, de que cuando Adán y Eva quisieron por ellos mismos cubrirse ante Dios, delante de Dios seguían desnudos; fue lo que Dios hizo por ellos y no lo que ellos hicieron por sí mismos, lo que cubrió a sus padres. Dios sacrificó a un animal inocente para, con la piel de ese animal, cubrir a sus padres delante de Dios, entonces Abel entendió eso y dijo: -yo no voy a ponerme a plantar flores, papayas, ni lechugas, ni nada de esas cosas-; corderos, ovejas, entonces él le ofreció a Dios sacrificio de sangre, como quien dice: -Dios, yo no merezco acercarme a ti, merezco es morir, pero mira este cordero inocente, está muriendo en mi lugar para que tú me puedas recibir-, entonces Dios vio con agrado la ofrenda de Abel y no miró con agrado la ofrenda de Caín; noten que la justicia propia es el comienzo de la persecución de los hermanos. El que confía en sí mismo que es justo, entonces menosprecia a los otros, los considera inferiores y considera que puede tratar de corregirlos a su manera, y ¿no dice la palabra de Dios que algunos pensarán que persiguiendo, incluso matando a los santos, agradan a Dios, rinden servicio a Dios? ¿no dijo Jesús que viene la hora en que cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios? ¿ustedes piensan que esos curas que torturaban a los judío, a los protestantes y a las brujas y les metían la imagen de María por la nariz diciéndoles: .......... no estaban confiando en agradar a Dios, en su justicia propia, queriendo convertir a los herejes, a los brujos y a los de la mala sangre judía, como decían los españoles, creyendo convertirlos por su fuerza? ¿Usted no cree que se hicieron perversos al considerarse superiores a los otros? O sea que la justicia propia los convierte en perseguidores. Cuando Pablo trató de ser justo, llegó a ser tan celoso de Dios, que se volvió perseguidor de la iglesia. Entonces, cuando uno confía en su justicia propia, menosprecia a los demás, los persigue, les hace daño, ¿ven? o sea que la persecución empieza por ahí; por ahí empezó Caín, y le dijo el Señor: -si hicieres bien, pero el pecado está a la puerta5-, o sea, detrás de la justicia propia, viene el pecado, ¿se dan cuenta? Viene el pecado porque ese bien, que nace sólo de nosotros mismos, está en el mismo árbol donde está el mal; el árbol del bien y del mal es un mismo árbol, no son dos árboles; el árbol de la vida divina, que es un don de Dios, es uno, pero el del bien y el mal es un mismo árbol; donde hay bien natural, hay mal natural mezclado con el bien, hay jactancia propia, hay menosprecio, hay todas estas cosas; es tan humano, está tan en nuestras fibras si somos abandonados solamente a nosotros mismos, ¿ven? entonces Caín representa en este caso a la justicia propia; Abel representa al que es justificado por la justicia de Dios mediante el sacrificio del cordero inocente; es el mismo caso también de Isaac e Ismael. Ismael nació por la fuerza propia de Abraham queriendo ayudarle a Dios, y cuántos problemas hay hasta hoy por los que nacieron de la fuerza de Abraham, cuántas rivalidades, cuántos problemas todos los días; ismaelitas, árabes con judíos, en cambio Isaac nació de la gracia de Dios; Dios esperaba que Abraham ya no tuviera más fuerzas y ya no pudiera ayudarle más con nada propio de él para entonces, Dios rejuvenecerlo con su poder, con su Espíritu; ahí nació Isaac del poder de Dios y dijo: -el heredero es Isaac, no es Ismael-, ¿amén? Entonces, todo esto está detrás de esta parábola. “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola”, dijo también ésta, porque ya que habló de orar, hay el peligro de que los que estamos orando, o los que están orando, piensen que ahora son mejores, ¡no! Continúa el verso 10: “Dos hombres”, y ahora el Señor pone los dos extremos, “subieron al templo a orar”, porque el templo quedaba arriba, en el monte Moriah, en un monte, entonces, los que vivían en Israel, tenían que subir a Jerusalén y subir al templo. Y dice: “uno era fariseo, y el otro publicano”, y el Señor escogió, como les decía, los dos extremos; los fariseos eran los que querían ser más fieles a la ley, los más irreprensibles de las denominaciones, digamos, entre comillas, los más evangélicos eran los fariseos, como hoy los evangélicos pueden ser algunos bien fariseos también, o sea que esto no se aplica sólo a los fariseos, puede aplicarse a los evangélicos también si actuamos como fariseos, legalismo, justicia propia. Entonces dice acá: “y el otro publicano”, o sea, servía al Estado, pero no al propio Israel sino al imperio que estaba dominando a Israel, a Roma. Los publicanos hacían negocios, los publicanos pagaban un monto específico que les imponía el imperio y luego recuperaban ese monto cobrándole al pueblo, se ponían en lugares específicos donde pasaban las principales caravanas; si los pescadores llegaban con pescado, tenían que pagarle un impuesto al imperio y, como ya lo habían pagado adelantado los publicanos, entonces ahora los publicanos les cobraban con intereses, y cobraban mucho al pueblo y extorsionaban, entonces eran aborrecidos del pueblo; realmente ellos vivían de atosigar a los otros, vivían de los intereses; vivían como esas sanguijuelas que viven del trabajo de otros, solamente aprovechándose de que lo que otros hacían, y ellos estaban ahí, listos para sacarle a todos; esos eran los publicanos, o sea, eran realmente aborrecidos, pero aún el Señor vino a salvar a los publicanos; ¿no dijo así cuando fue a la casa de Zaqueo? ¿y el banquete que le hizo también Levi Mateo?, él era publicano, y había muchos publicanos, y dijo Jesús que Él vino a salvar a los enfermos, pues claro, todos los publicanos eran enfermos, pero Él vino como médico a salvar también a los publicanos y Él pone los dos extremos. Verso 11: “El fariseo”, noten el contraste, “puesto en pie”, en cambio dice el verso 13: “Mas el publicano, estando lejos”, o sea, uno puesto en pie, seguramente no se va a poner en pie allá afuera, sino que va a ponerse en pie allá adelante, lo más cerca que pueda llegar, ¿verdad? en cambio, el otro se mantenía lejos, ¿se dan cuenta? Yo pienso que Caín llegó demasiado cerca, en cambio Abel se quedó por allá lejos, escondido detrás del sacrificio. Entonces dice aquí: “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera”, noten que puede existir un fenómeno religioso; el hermano Watchman Nee lo llama “obsesión”. Hay un libro de él que se llama “Realidad espiritual u obsesión”; las obsesiones son cosas de nuestra mente, que nosotros nos imaginamos, y entramos en sugestiones y entramos en cosas, y a veces hay hasta guerras espirituales fingidas, porque hay guerras espirituales reales, pero hay otras que son pura pamplina, son puras imaginaciones, y este fariseo dice que oraba consigo mismo; él realmente no tocó a Dios porque él vino fue a congratularse de sí mismo, en la propia presencia de Dios, o sea, una persona que realmente es tocado por Dios y que toca a Dios, lo primero que hace es caer postrado: -¡Señor, ten piedad de mi!-, pero este hombre se veía que realmente estaba tan contento consigo mismo, que ¡él oraba consigo mismo!, claro que él dijo: -Dios-, pero él estaba hablando era consigo mismo, estaba contento con él mismo, estaba autocomplacido, y ese fue el problema, “oraba consigo mismo de esta manera: Dios”, ¿a quién le dijo: -Dios-? ¿al Dios que él se imaginaba que lo estaba probando? ¡no!; ¿al Dios real que conoce su miseria? Consigo mismo oraba, no con Dios: “Dios te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones (pero aquí le estaba robando la gloria a Dios), injustos (él estaba siendo injusto) adúlteros (espiritualmente lo estaba siendo) ni aún como este publicano”; o sea, pensaba que era mejor que los otros, se sentía que era mejor, es decir, una persona que no ha sido avergonzada por Dios, todavía está en ese cuento, en ese sueño, en ese delirio, en esa obsesión, engañandose a sí mismo; sólo cuando la luz de Dios lo toca a uno, como Isaías que cayó como muerto, Job cayó como muerto, Juan cayó como muerto, Daniel cayó como muerto y cualquiera que ve al Señor cae como muerto. Verso 12: “ayuno dos veces a la semana”, noten, el único ayuno que fue mandado por Dios, era una vez al año en el día de Yon Kipur, de los que son ayunos de mandamiento en la ley; solamente Dios mandó ayunar una vez al año, el día del Yon Kipur, el día de la expiación, ¿verdad? pero éstos habían llegado a ayunar hasta dos veces por semana. Hoy en día hay mucha gente que va a ayunar; -hermano, yo ayuné cuarenta días-, y entran en la lista de los de cuarenta días, y están confiando en que, por haber ayunado, ahora tienen más poder; eso es orar consigo mismo, eso es estar en una ilusión, estar en una obsesión, ¿se dan cuenta? Todo basado en sí mismo, en lo que sienten, con base en lo que hacen, no es en lo que el Señor es, sino en lo que él es y en lo que él quiere. Mucha gente quiere sentir, cuando sienten algo, se sienten mejores que los que ellos piensan que no sienten; esa es justicia propia, porque nosotros no venimos por sentimientos sino por fe, por lo que Él hizo por nosotros. Nunca somos mejores que nadie, Él tuvo misericordia, y nada más; “y doy diezmos de todo lo que gano”. Cuando nosotros leemos la ley del diezmo en el Antiguo Testamento, la ley, porque antes de la ley hubo un diezmo voluntario de Abraham y otro más o menos voluntario de Jacob, después vino la ley y estableció un diezmo de los animales, del grano, de las olivas, pero ellos habían llegado a diezmar la menta, el comino, el eneldo, ellos querían ser, como les decía, más papistas que el papa, ¿se dan cuenta? Y él decía: “doy diezmos de todo lo que gano”, o sea, él estaba contento porque él era mejor; ayunaba dos veces, eran los lunes y los jueves, por eso es que en la Didaké dice la iglesia primitiva: -no ayunen los lunes y los jueves, mejor los martes y los viernes-, porque sabían que esos eran los días de los ayunadores; si quería ayunar dos veces, bueno, háganlo otro día, no el día de los ayunos, contaban: -si hermano, estoy ayunando-. Verso 13: “Mas”, o sea, “pero”, ese es el contraste, “el publicano, estando lejos”, ¿por qué estaba lejos? Porque él percibía la gloria de Dios, entonces en la luz de Dios veía su propio pecado, entonces él no podía ser presumido, “no quería ni aún alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba en el pecho”, esa es una manera de decir: -soy culpable, yo fallé-, pocas veces aparece eso de golpearse el pecho; dos veces aparece, una es cuando el centurión se dio cuenta de que aquel que habían crucificado era el Hijo de Dios; ahí se golpeaban el pecho, no era un golpe de pecho así aprendido; eso que se aprende, muchos ritos y maneras, no, este era culparse realmente a sí mismo, ser consciente de su miseria, de lo que él había hecho, que había extorsionado a otros, de la clase de vida que él tenía, o sea, él tuvo conciencia de su miseria, entonces dice: “se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mi, pecador”, y esta palabra “propicio”, viene de la misma palabra “propiciación”, hilasterio, propiciatorio, donde la sangre del Cordero fue derramada para que todos sean recibidos, o sea que aquí, este pecador, este publicano, no confiaba en su propia justicia, confiaba en la propiciación provista por Dios, decía a Dios que fuera propicio y Dios nos es propicio a través de la propiciación; la misma palabra hilasterio es la raíz de la palabra que aparece aquí: “sé propicio”, o sea que, como Abel, Abel no confió en lo que él hacía, ni en lo que él era, ni merecía, sino en la propiciación del animal, del cordero inocente que murió porque él merecía la muerte, entonces, dice que Dios vio con agrado la ofrenda de Abel porque le recordó a su propio Hijo, porque era una figura de su propio Hijo, con base en el amor de su Hijo, a quien Dios puso como propiciación, como propiciatorio, el lugar de la sangre derramada, con base en eso somos recibidos. A veces, nosotros cantamos bien, pero nunca debemos pensar que somos recibidos por lo bonito del canto, a veces, recogemos ofrenda para los santos pobres, pero no debemos pensar que por eso nosotros somos recibidos; nosotros somos recibidos sólo por la sangre, nunca debemos confiar en nada, sino en la propiciación, y esto fue lo que este publicano encontró como única salida. Cuando él vio su miseria, la única salida era la propiciación provista por Dios, nunca era nada que él merecía, ni que él prometía, porque a veces nosotros prometemos pensando que vamos a poder cumplir y después fallamos, fallamos y fallamos la promesa, para que nunca confiemos ni en lo que hicimos, ni en lo que pensamos que vamos a poder hacer, y a veces Dios nos permite fallar y fallar y fallar para destruir todo rastro de justicia propia y que no nos quede sino la única esperanza, la propiciación provista por Dios, el Dios propicio; entonces este publicano confió como Abel, en la propiciación, o sea, en el sacrificio por los pecadores y por el pecado y el sacrificio de reconciliación. Verso 14: “Os digo (y aquí el Señor es la última palabra) que éste (o sea el publicano) descendió a su casa justificado”, o sea que la justificación del publicano no se basó en lo que él hizo ni él merecía sino en la confianza que tuvo en lo que Dios es; Dios le fue propicio a través de la propiciación, entonces por eso fue justificado; esta es la justicia que es por la fe, no la que es por la ley, no la que es por ayunos, no la que es por oración, no la que es por buenas obras, aquí es sólo por la fe, “descendió a su casa justificado antes que el otro”; y la palabra “antes” puede decir que el otro llegó después, pero realmente es en vez del otro; el otro, mientras confiaba en sí mismo, no podía ser justificado, quién sabe qué tenía que sucederle para que se diera cuenta de que era también culpable y aborrecible. Entonces dice: “porque”, y esto lo repite otra vez el Señor, ya lo había dicho antes en otro contexto, pero ahora lo dice en este contexto, “cualquiera que se enaltece”, y aquí el Señor usa la palabra “enaltecerse” cuando tenemos trazos de autocomplacencia y de justicia propia; la autocomplacencia y la justicia propia es autoenaltecerse, por ahí comenzó Satanás. Entonces dice: “será humillado” como lo fue Satanás “y el que se humilla”, o sea, el que reconoce que no es nada, “será enaltecido”, pero enaltecido por la gracia, enaltecido porque el Señor lo encuentra muerto, y por gracia, lo levanta, lo resucita, por fe; estando muertos, el Hijo de Dios nos llama, de la muerte a la vida, por la gracia somos justificados y somos enaltecidos, Dios está mostrando que ser justificados es ser enaltecidos, ¿se dan cuenta? Ser justificado es ser enaltecido, porque el que es perdonado, es hecho hijo, es sentado con Cristo en lugares celestiales, ¿qué cosa más enaltecida puede haber?, es enaltecido por Dios, pero el otro, que se enaltece a sí mismo, es humillado por Dios; entonces podemos ser humillados por Dios si nos enaltecemos a través de nuestra justicia propia, o podemos ser enaltecidos por Dios si nos humillamos y no confiamos sino en la propiciación, nada más que en la propiciación. La gracia del Señor Jesús y de nuestro Padre Dios sea con nosotros. Vamos a orar con la ayuda del Señor. Señor: te agradecemos inmensamente que hablaste esta parábola para librarnos de nuestra locura, de nuestras obsesiones, de nuestras presunciones, de nuestras pretensiones, ¿qué tendrás que hacer Señor para desbaratar nuestra necedad? Ten piedad de nosotros, perdona tú nuestros pecados, no somos mejores que nadie, sino como el propio Pablo decía: -los peores pecadores- Pablo comenzó diciendo que era el último de los apóstoles, luego, el más pequeño de los santos, pero aquí terminó diciendo que era el peor de los pecadores; él fue madurando, fue descendiendo de último y de pequeño a peor, y ahí fue justificado por tu gracia. Señor, somos conscientes de que somos pecadores, quizá peor de lo que nos imaginamos y nos creemos. Señor, ten misericordia de nosotros, perdona nuestros pecados, de los que somos conscientes y de los que no somos conscientes como este fariseo que no pensaba que era pecador, límpianos con tu sangre, y guárdanos, ayúdanos a acoger a nuestros demás hermanos y a todas las personas en la base de tu sola gracia y no en la justicia propia, guárdanos de todo menosprecio, cualquier resquicio de menosprecio hacia alguien que haya en nuestro corazón, líbranos de eso, guárdanos de cualquier resquicio de justicia propia y de autocomplacencia, líbranos Señor, queremos ser desilusionados aquí y no en aquel día, queremos estar en aquel día basados en tu misericordia, en tu sacrificio, en tu sangre y en tu Espíritu y no en nosotros mismos. En el nombre del Señor Jesús, amén. Transcripción: Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. 1 Is 45:22 2 Rom 4:3 3 Gn 28:14 4 Job 42:3-6 5 Gn 4:7

LOS DOS DEUDORES

Por Gino Iafrancesco V. - 8 de Julio, 2011, 1:22, Categoría: General

LOS DOS DEUDORES

 

      Padre, en el nombre del Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad nueva de estar reunidos en tu presencia por la fe. Gracias, Señor, porque no te buscamos nosotros a Ti, sino Tú a nosotros; y no es que nosotros te hayamos amado a Ti, eres Tú el que nos has amado a nosotros, eres Tú el que nos ha buscado, nos ha encontrado, nos ha perdonado, nos has atraído a Ti. Gracias Padre, en el nombre del Señor Jesús. Concédenos en esta noche, Señor, considerar tu Palabra en tu presencia, con tu socorro y con tu ayuda, Señor; que tu Palabra nos pueda hablar. No te canses de hablarnos, Señor; siembra con tú Espíritu nuestro ser para que tu Palabra dé fruto. Tú dices que tu Palabra no volverá vacía a Ti; queremos ser buena tierra delante de Ti, que tu Palabra produzca fruto para Ti; no queremos ser oidores olvidadizos, no estamos delante del hombre, sino delante de Ti, Oh Dios; ayúdanos, en el Señor Jesús, amén.

 

     Hermanos, continuaremos entonces hoy la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús y nos corresponde hoy ir al libro de Mateo, al capítulo 18, a la parábola de los dos deudores; está entre los versos 23 y 35. Esta parábola no se encuentra ni en Marcos, ni en Lucas, ni en Juan, tampoco en el llamado evangelio de Tomás; es exclusivamente registrada por Mateo; y desde el principio quiero llamarles la atención a la ubicación de la parábola, su contexto con las demás parábolas que vimos las últimas tres veces; las últimas tres parábolas que hemos considerado son: la de las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esta parábola también está dentro del mismo contexto. Si ustedes quieren ver el inicio del vero 23 donde dice: "Por lo cual". Lo que habíamos visto de la parábola de las cien ovejas, está en este mismo capítulo 18, pero el contexto comienza desde el verso 1; en el verso 10 viene la parábola de las cien ovejas, aquella oveja perdida de entre las cien, lo que hizo el Señor; y luego el Señor en continuación, como lo vimos cuando estudiamos esa parábola, dice desde el verso 15. "Por tanto, si tu hermano peca contra ti"; la palabra "Por tanto" está ligando el contexto; sólo que la parábola que recordó Mateo fue esta de las cien ovejas, pero él no recordó la de las diez dracmas, ni la del hijo pródigo, que son exclusivas de Lucas, solamente Lucas las recordó; pero Lucas las colocó como continuación de esta parábola; y a la vez, después Mateo recordó del Señor Jesús otra parábola que es esta de los dos deudores; o sea que la parábola de los dos deudores es una continuación de las cosas que se dijeron en aquel día. Aquellas primeras tres parábolas: la de las cien ovejas, la de las diez dracmas y la del hijo pródigo, las llamamos una trilogía porque tienen un mensaje muy similar. Esta parábola que vamos a ver hoy de los dos deudores, también es una parábola, que no pertenece a esa trilogía, pero que sí da un paso más allá y que tiene que ver con el contexto que se venía hablando en Mateo 18 desde el 15 hasta al 22, cómo se debe perdonar al hermano; vimos ese pasaje cuando estudiamos las cien ovejas; tenía que ver con las cien ovejas; lo importante que es para el Señor una sola de sus ovejas; por lo tanto, el cuidado que tenemos que tener con los hermanos para que ninguno falte.

 

     Vamos a comenzar a leer en el capítulo 18 desde el versículo 23 al 35: "Por lo cual"; y esa es la frase de hilación, de colocación dentro del contexto. Vamos a leerlo primero todo, recibir la impresión primera, y luego comentaremos paso por paso esta parábola que tiene muchas cosas profundas. El hermano Watchman Nee decía que era más difícil explicar Mateo que explicar Apocalipsis; y realmente uno de los pasajes más difíciles, no es por él en sí mismo, sino por esta parábola que vamos a considerar hoy. Vamos a leer desde el 23 al 35: "Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos". Otra dice: un rey que quiso hacer bodas a su hijo; pero aquí ya se trata de cuentas con sus siervos. "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo (no era otro, era el mismo) halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas." Como les decía, Mateo es más difícil de entender, de explicar, que el propio Apocalipsis. Este es uno de los pasajes más serios, más profundos, por todas las implicaciones que tiene, y porque debemos interpretarlo y entenderlo en todo el contexto mediato e inmediato, y también en el general de las Sagradas Escrituras.

 

     Comienza el Señor hablando: "el reino de los cielos es semejante"; o sea que ésta es otra semejanza más, otra parábola del reino de los cielos; las parábolas las inicia de esa manera; y aquí la inició también de la misma manera; no aparece aquí la expresión parábola, sin embargo todas las connotaciones de una parábola aparecen. Entonces está hablando del reino de los cielos; ya aquí nos da una primera clave de interpretación. Primero, cuando dice: "Por lo cual", acababa de hablar cómo se debe perdonar al hermano, y luego entonces aquí da una continuación, que es con esta parábola, y dice que es el reino de los cielos. Muchas veces el Señor Jesucristo habló del reino de los cielos; no es la primera vez, sino una entre las muchas; aquí mismo hemos estado estudiando ya más de veinte parábolas, porque se habla del reino de los cielos; de manera que tenemos que interpretar también esta parábola en relación con las demás. Él dice: el reino de los cielos es semejante a esto; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; de manera que todas estas semejanzas del reino de los cielos lógicamente que no son contradictorias, sino complementarias; por lo tanto, debemos interpretar también esta parábola dentro de la complementariedad; es decir, en el mismo espíritu de todas las demás. Por las demás que ya hemos estudiado, y otras que inclusive tendremos que estudiar Dios mediante, nos damos cuenta de que el reino de los cielos se refiere a un capítulo especial con sus partes del reino de Dios. La expresión de éste último, para recordarlo, es una expresión general que va de la eternidad a la eternidad; en cambio el reino de los cielos se refiere a una sección del reino de Dios. El reino de Dios no tiene comienzo ni tiene fin, porque Dios desde la eternidad reina y por la eternidad reinará, pero en el reino de Dios ha habido etapas, a partir de la creación, del mundo invisible, del mundo visible, luego la caída de Lucero, un querubín que llegó a ser Lucifer, y la tercera parte de los ángeles, y luego la caída del hombre, y luego la promesa hecha a Abraham, y luego cuando Dios dio la Ley en el período de Israel, la Ley de Moisés, luego la venida de Juan el Bautista anunciando que el reino de los cielos se acercaba; o sea que el reino de Dios ya estaba aconteciendo; por eso dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y dado a otro pueblo; ya estaba aconteciendo el reino de Dios, pero el reino de los cielos se acercaba, decía Juan; y luego Jesús dijo también: entre vosotros está; o sea, el Señor Jesús introdujo el reino de los cielos. Nos damos cuenta de que el reino de los cielos son unos capítulos especiales del reino de Dios. De eternidad a eternidad es el reino de Dios, pero desde que Juan lo anunció: se acerca el reino de los cielos, y desde que el Señor Jesús lo introdujo, es el reino de los cielos. Y luego, a través de las parábolas que abarcan el reino de los cielos. El reino de los cielos es como un sembrador que salió a sembrar; el Señor es el que siembra, es la primera venida de Cristo como el Verbo encarnado, sembrando la palabra de Dios; luego vino el enemigo y sembró cizaña; y luego vemos el trigo y la cizaña creciendo juntos, la historia de la iglesia con los buenos y los malos, todos mezclados; luego viene la siega, o sea la segunda venida de Cristo; luego unos van al reino, otros van al fuego; o sea, nos damos cuenta de que el reino de los cielos incluye la primera y la segunda venida de Cristo, toda la historia de la Iglesia, el tribunal de Cristo, el juicio de las naciones, el Reino Milenial; todo eso es lo propio del Reino de los Cielos.

 

Por lo tanto, para interpretar aquí el resto de la parábola, tenemos que comenzar teniendo en cuenta eso, que el reino de los cielos abarca el período de la historia de la Iglesia y el Milenio; por lo tanto, cuando entendemos la palabra "perdón", tenemos que entender la palabra "perdón" en el contexto del reino de los cielos. En la Biblia aparecen varios contextos para la palabra perdón. El perdón eterno, que es el perdón que se le da a un pecador que reconoce sus pecados y que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ama de tal manera que envió a su Hijo para que Jesucristo muriera por sus pecados en la cruz; entonces esa persona recibe al Señor Jesús, y por creer en Él como el Hijo de Dios, como su Señor, como su Salvador, es perdonado; entonces esa persona recibe el perdón eterno; ha pasado de muerte a vida, y no perecerá jamás, según las propias palabras del Señor Jesucristo; es el perdón en el nivel general, y que tiene que ver con la eternidad; incluso más allá del Milenio; tiene que ver con el cielo nuevo, con la tierra nueva y con la Nueva Jerusalén; ese es el perdón eterno, el perdón que el Señor le da a cualquier persona que de corazón sincero reconoce sus pecados y reconoce al Señor Jesús como el Cordero expiatorio que murió en nuestro lugar, derramó su sangre y nos perdonó. Entonces por eso Dios nos perdona definitiva y eternamente. Ahí no está hablando de siervos, ahí está hablando de cualquier ser humano; aunque lógico que después de ser perdonados, ahí todos nos hacemos siervos en la práctica, aunque siempre lo somos por creación.

 

     Pero hay otro aspecto del perdón, que se le da a los hijos ya salvos para restaurar la comunión perdida por los pecados de los hijos; ese es otro tipo de perdón, que es también perdón, sólo que no es un perdón para salvar, sino un perdón para restaurar la comunión. Ustedes recuerdan que David dijo: restáurame el gozo de la salvación; no dice: restáurame la salvación, porque la salvación es un regalo de Dios; la salvación es un don, la salvación nadie la puede comprar, nadie la puede merecer; el hombre no puede hacer nada para salvarse por sí solo; sumando todo lo que el hombre haga, no le alcanza para merecer la salvación. Por eso es que la palabra dice: la paga del pecado es muerte; más la dádiva, o sea el regalo de Dios, es vida eterna; y por eso Pablo escribió a los Efesios de que por gracia somos salvos por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe. Entonces la salvación eterna no se debe a lo que nosotros hacemos, sino a lo que el Señor hizo por nosotros; lo que nosotros hacemos es lo que nos merece el juicio. Si vamos a sumar lo que nosotros somos y hemos hecho, merecemos este juicio, no la salvación. Por eso Dios, sabiendo que nadie puede salvarse por sí solo, envió a su Hijo; o si no Jesucristo no hubiera venido; hubiera bastado con Moisés, cumplan los mandamientos, el que los cumpla se salva y el que no los cumpla se pierde. El problema es que ninguno los ha cumplido siempre todos; por lo tanto, todos somos culpables, y todos merecemos el juicio de Dios. Entonces por eso Dios no dejó un solo Testamento con Moisés; la Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús; es decir, el Señor Jesús introdujo la gracia. El juicio al que nos condenaba la Ley, Él lo tomó sobre Sí mismo; por eso incluso la Ley ya preparaba sacrificios con corderos, en figura del verdadero Cordero de Dios. Ahora Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que en Su muerte tomó sobre Sí mismo, siendo inocente, el juicio de todos los pecadores del mundo, para que todo aquel que crea, crea y lo recibe, sea beneficiado, sea perdonado y se salve. Entonces cuando la persona cree, reconoce sus pecados ante el Señor, cree, recibe al Señor, la sangre de Jesucristo su Hijo le limpia de todo pecado, y esa persona, como dijo Jesús: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida, es salva. Entonces, en cuanto a la salvación eterna, este perdón de Dios es eterno, por cuanto es para salvación eterna, y la vida eterna. La naturaleza del Espíritu que Él nos da es también eterna; nos da vida eterna. Por lo tanto, aquí esta parábola que consideramos ahora, no está hablando de la vida eterna, sino que está en el contexto del reino de los cielos, en el contexto del período de la Iglesia, del tribunal de Cristo, del juicio de las naciones y del Reino Milenial; ese es el contexto aquí.

 

     Tenemos que ver otros pasajes de la Biblia que hablan también del perdón en otro aspecto; ya no es el del perdón para salvación eterna, sino en el del hijo que ya es salvo, y que vuelve y peca; porque ¿cuál de nosotros que ha creído en el Señor no necesita ser constantemente perdonado? Pero ese perdón no es para restaurarle la salvación, porque ésta en su primer sentido es un regalo incondicional; no es algo que se da y se quita; la salvación es un don. Pero si un hijo, que ha sido perdonado eternamente por Dios, y salvado en ese primer sentido, falla contra su padre, falla contra sus hermanos, falla contra sí mismo, falla contra la sociedad, peca incluso contra la naturaleza…, no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que pecó. Entonces necesita que el perdón restaure su comunión con Dios, y que el gozo de la salvación le sea devuelto. Entonces eso no es que un hijo dejó de serlo, y vuelve y lo es; como si en un día puede ser por tres horas hijo, y veintiuna horas perdido; no, la Biblia no habla de eso; quien nació de nuevo es un hijo, y es un hijo para siempre; sólo que por ser un hijo no quiere decir que esa persona ande siempre en el Espíritu; aunque es un hijo, no andamos siempre en el Espíritu; a veces andamos en la carne y pecamos. Entonces ¿qué pasa con un hijo que no anduvo en el Espíritu, que pecó? Necesita arrepentirse de nuevo, reconocer su pecado, y pedir perdón; y el perdón restaura la comunión con su Padre; ese es un segundo aspecto del perdón; es un perdón para restaurar la comunión, no la salvación; la salvación es eterna; pero los hijos salvos, a veces, y muchas veces, pecamos, y necesitamos de nuevo que se restaure nuestra comunión con Dios y los demás; ese es otro aspecto del perdón.

 

     Hay aún un tercer aspecto del perdón, que tiene que ver con el contexto del Reino; tanto el contexto de la Iglesia, como restaurar la comunión, y también en el contexto del Reino, del Milenio. Es que el Padre no solamente perdona a sus hijos, y restaura la comunión con ellos, sino que también el Padre los disciplina. No porque somos hijos no necesitamos disciplina; si somos un hijo como David, por ejemplo, David es un hijo, pero David cometió un pecado grande; David vio que la vecina casada con Urías era muy hermosa, la vio que se estaba bañando; pero ella era ya una mujer casada; entonces David se inventó una manera: como aquel hombre, el esposo de ella, era un gran militar, entonces lo puso al frente de la batalla de manera indirecta, para que muriera, y quedarse con su esposa; él adulteró con ella, y mató al otro; ese fue un pecado grave. Pero entonces Dios envió al profeta Natán, que lo encaró de frente, y ahí David se dio cuenta de la magnitud de su pecado; David se arrepintió de todo corazón, pidió perdón a Dios; ahí fue cuando se escribió el Salmo 51. Ahí vemos en la historia, que Dios perdonó a David; o sea, restauró su comunión con David; sin embargo, aunque Dios lo perdonó, y David seguía teniendo comunión con Dios, Dios le asignó una disciplina a David. La disciplina no es que pague por el pecado, pues la paga del pecado es muerte; ninguna de las disciplinas que nosotros suframos es para pagar todo lo que merecemos; sólo Jesucristo es el único que paga todo el pecado; pero la disciplina es para perfeccionar el carácter del hijo que peca, y para desagraviar al agraviado. Porque si el Padre solamente perdonara, y siempre perdonara, pero no disciplinara, entonces seríamos personas que solamente estaríamos pecando, porque diríamos: sí, mi Padre me va a perdonar; y ciertamente que nos perdona, pero Dios sabe como somos; entonces necesitamos, además del perdón, que es para restaurar la comunión, una medida de disciplina para entrenarnos. Entonces Betsabé tuvo ese bebé, y David se aficionó a ese niño; y Dios le iba a quitar el niño, pero no se lo llevó de golpe, sino que permitió un período de enfermedad para el niño, a fin de que David entendiera; y David empezó a luchar, y a interceder, y a orar para que el niño no se muriera; sin embargo, Dios no le oyó, y se murió su hijo. Después tuvo muchos otros problemas más  en su casa; uno de los hijos se peleó con el otro, y uno mató al otro, y otro se rebeló contra él; incluso fue avergonzado públicamente; las mujeres que tenía David se las tomó un hijo suyo y las tuvo en la terraza delante de todo el mundo; y otras personas lo persiguieron. Es decir, muchos sufrimientos tuvo David. No es que esos sufrimientos eran para que David pagara totalmente su pecado, no; la expiación, el cordero expiatorio, fue quien pagó por su pecado, en figura de Cristo, porque en ese tiempo era una tipología; pero el castigo era en relación a formar el carácter de David y desagraviar.

 

Entonces, a pesar de que la expiación es suficiente para expiar totalmente la muerte que es paga del pecado, para perdonar eternamente, para propiciar suficientemente, y nosotros con nuestros sufrimientos NO añadimos nada a la expiación, sin embargo, para nuestro tratamiento, y el desagravio de los agraviados, para la formación de Cristo en nosotros, para nuestra corrección, necesitamos una disciplina paternal. Entonces, cuando Dios establece una disciplina, esa disciplina dura un determinado tiempo, según el efecto que produzca en nosotros; NO es un efecto de salvación eterna en base a la disciplina para con él, ¡no!, sino que es un tratamiento para con nosotros, para ganar nuestra alma y librarnos de lo que somos. Cuando nosotros hemos llegado al punto que Dios esperaba con esa disciplina, entonces el Señor levanta la disciplina, y eso es lo que se llamaría un perdón de disciplina bajo el gobierno correctivo divino. Watchman Nee lo refiere como perdón de gobierno. Por ejemplo, puede ser, no es que haya sucedido, sino que digo solo como un ejemplo, que mi hijo por allá se estuvo peleando con unos muchachos en la calle; entonces yo lo llamo, lo entro, lo corrijo, lo castigo, y luego nos tratamos de nuevo como amigos; ya estamos de amigos otra vez, pero yo le digo: -hijo, tú no puedes por ahora salir de nuevo a la calle con esas personas. No es que ya no sea mi hijo; sí es mi hijo, e incluso estamos otra vez en comunión; sí, estamos en comunión, pero no puede salir libremente a la calle, hasta que llegue un momento en que la actitud del hijo sea sumisa; y  entonces el padre le dice: -ahora si puedes salir-; se levanta la disciplina, y ese es el perdón de disciplina o gobierno, en el contexto actual del reino de los cielos, en su capítulo de la historia de la Iglesia; e incluso puede continuar la disciplina durante el Milenio. No es fácil, como decía el hermano Watchman Nee, entrar apresuradamente bajo la disciplina de Dios, pues Dios es comprensivo, paciente y longánime; pero menos fácil, si fue necesario que entrásemos en esa disciplina, es salir de ella. Si llamamos la disciplina de Dios sobre nosotros, no saldremos de allí hasta que el Señor haya hecho en nuestro ser lo que esperaba con esa disciplina. A veces nosotros no entendemos aquí tan fácilmente que estamos bajo una disciplina, y lo que hacemos es prolongarla más, porque no estamos entendiendo bien lo que Dios está haciendo con nosotros.

 

Entonces son tres los aspectos diferentes del perdón: (1) el perdón eterno para un perdido que pasa a ser un hijo salvo eternamente; (2) el perdón de comunión para un hijo que restaura con su Padre la comunión; no había dejado de ser hijo, ni había perdido la salvación eterna, pero tenía problemas con su Padre, y por lo tanto podía acarrearse una disciplina en esta vida e incluso en el Milenio; entonces se necesitaba el perdón de comunión, y (3) también el perdón de la disciplina, o perdón de gobierno paternal, para que la disciplina, ya sea en esta tierra durante la era de la Iglesia, o en el Milenio, también en esta tierra, sea quitada. Allí es cuando se paga el último cuadrante. La obra expiatoria para la salvación eterna es el Señor el que la pagó con Su muerte, pero en cuanto a la disciplina que precisamos como hijos amados que somos del Padre, que a nadie deja sin disciplina, somos nosotros los que pagamos el último cuadrante; dijo el Señor Jesús: "de cierto os digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuadrante".

 

Entonces, para poder captar esta parábola en el contexto integral de la Biblia, teníamos que tener en cuenta: primero, su ubicación respecto a lo que está hablando del perdón de los hermanos en la iglesia; segundo, su contexto dentro del reino de los cielos: la era de la Iglesia y el Reino en el Milenio; y tercero, los distintos niveles de perdón de que habla la Biblia; entonces, ya con estas bases, vamos a seguir leyendo esta parábola.

 

     "El reino de los cielos es semejante a un hombre rey…"; realmente el idioma griego dice: hombre rey, antropos Basileo; no sólo rey, sino hombre rey; quiere decir que aquí nos está hablando de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la encarnación del Verbo de Dios, que es el Señor; Él es el Rey; entonces dice: "quiso", porque es su propósito que todos sus hijos siervos pasemos por el tribunal de Cristo, de cuentas, "quiso hacer cuentas con sus siervos". Ahora está hablando de los siervos en ejercicio; aquí no está hablando de personas perdidas que debieran servir mas no lo hacen; sino que habla de personas que tradicionalmente le han estado sirviendo al Señor, a quienes el Señor les encargó una labor que hacer mientras estaban en la tierra. Pero lógicamente que de todo lo que nosotros hacemos, o lo que dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que decimos, lo que no queremos, lo que no hacemos, pecados de acción y pecados de omisión, de todo eso, cada uno de nosotros va a rendir cuentas. Pero aquí en esta parábola se trata del contexto del reino de los cielos, que ya hemos estado estudiando; no está hablando del Gran Juicio del Trono Blanco, porque al juicio del trono blanco no pasan los siervos, sino los perdidos y los que no reinaron en el Milenio; pero los siervos pasan por el Tribunal de Cristo; son diferentes juicios; no hay que confundir los juicios. La palabra del Señor habla de tres tipos de juicios: Primero, Dios dice que su juicio comienza por Su casa, porque uno no puede corregir los bastardos, hijos ajenos, sin corregir primero los propios; entonces Dios primero corrige a sus hijos, a sus siervos, a sus amados; son éstos los primeros que Él corrige. Entonces en la Biblia se habla del Tribunal de Cristo para los siervos hijos; luego vendrá, según Mateo 25, el juicio a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, para definir las ovejas que van a entrar en el Reino, sobre los cuales reinarán los vencedores de las iglesias; y luego sí, después del Milenio, viene el Juicio Final del Trono Blanco. Son tres juicios diferentes: tribunal de Cristo para los hijos, y otro juicio para las naciones antes del Mileno y en función del Milenio;  vendrá el Hijo del Hombre en su gloria y reunirá las naciones; ¿por qué? porque la recompensa que Él dará a sus hijos es reinar sobre las naciones. Dice en Apocalipsis: Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro; eso se refiere al Milenio. Entonces primero los hijos son juzgados para determinar quienes van a reinar sobre las naciones; entonces los que reinarán sobre las naciones se definirán en el Tribunal de Cristo. Luego se juzga a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, y ahí se define quienes van al infierno de la Gehena, y quienes entran al Reino Milenial bajo el gobierno de los hijos que resultaron facultados en el Tribunal de Cristo para reinar con Cristo por mil años; y después del Milenio viene el juicio final, el de los demás muertos, el juicio total de todos los demás seres humanos; porque todos serán presentados; los que no estén en el Libro de la Vida, van al lago de fuego y azufre de la Gehena eónicamente; esa es ya la perdición indefinida. Se trata del último juicio, el del Trono Blanco al final. Aquí, en la parábola por ahora, estamos hablando del reino de los cielos, o sea, del período de la Iglesia y del período del Milenio, antes del juicio final; y lógicamente antes del cielo nuevo, antes de la nueva tierra, y antes de la Nueva Jerusalén. Él está hablando del reino de los cielos. Entonces cuando dice: "un rey quiso hacer cuentas con sus siervos", sus siervos aquí se está refiriendo a los que pueden ser convocados al Tribunal de Cristo; y entonces vamos a ver los versos, por causa de los hermanos que no están acostumbrados todavía con estos detalles.


     Vamos al capítulo 14 de Romanos, versículo 10; allí dice el apóstol Pablo de la siguiente manera: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? (está hablando de los hermanos) Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí". Entonces aquí está hablando del tribunal de Cristo para nosotros; allí está incluido Pablo, los apóstoles; o sea que es para los hijos, para los siervos.

 

     2ª a los Corintios capítulo 5 versículo también 10; aquí tenemos, como se dice, dos testigos: toda palabra conste en boca de dos o tres testigos; aquí vamos a un testigo nuevo, 2ª a los Corintios 5, versículo 10; dice allí: "Porque es necesario (noten, necesario, nadie puede escaparse de esto) que todos nosotros (aquí "nosotros" somos los creyentes, los hijos, hasta los apóstoles, todos los siervos de Dios) comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".El galardón que los vencedores recibirán es adicional a la salvación eterna. En Efesios dice: "por gracia sois salvos, no por obras, para que nadie se gloríe". En cuanto a la salvación eterna, somos salvos porque Él murió por nosotros, derramó Su sangre hasta la muerte, y nosotros creímos y lo recibimos; ahora somos salvos eternamente y somos hijos. Pero ahora los hijos somos siervos y servimos a Dios, y ese servicio, bueno o malo, el servicio y también los pecados no confesados, y los estorbos y escándalos de los hijos, de los siervos, van a ser juzgado en el Tribunal de Cristo, no para decidir la salvación, porque ya la salvación está decidida: "El que oye a mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida, no vendrá a condenación". En el Tribunal de Cristo no se decide la salvación eterna, pues la salvación eterna se decidió cuando creíste en el Señor Jesús; ahí lo recibiste y se decidió la salvación eterna; pero además de la salvación eterna, como la salvación te hace hijo, y como hijo te haces siervo, ese servicio va a ser galardonado no con la salvación eterna, sino con la salvación del alma en el Reino Milenial; el Reino es una posición especial, como está escrito: Sé sobre diez ciudades, sé sobre cinco ciudades; el Reino Milenial es una posición, algo adicional a la salvación eterna.

 

     1ª a los Corintios 3 nos habla de la diferencia entre galardón y salvación; me perdonan los que ya conocen esto que vayamos tan despacio por causa de los demás. 1ª a los Corintios capítulo 3; voy a leer desde el versículo 12 en adelante: "Y si sobre este fundamento…", (o sea, ya la persona está en el fundamento que se acaba de decir, que es Jesucristo; ya está salva, la persona ya es salva) "si sobre este fundamento alguno edificare", ahora ya habla de edificar, no habla de creer para la salvación; pero después de creer, ya eres salvo, ahora eres siervo, y entonces el trabajo ahora es edificar, no está hablando de la salvación, está hablando de la edificación realizada por los salvos, los que ya están en el fundamento; "si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera (que es distinto de oro), heno (que es distinto de plata), hojarasca (que es distinto de piedras preciosas; oro se refiere a la naturaleza divina, plata se refiere a la redención, piedras preciosas se refiere a la obra transformadora del Espíritu Santo; en cambio madera se refiere a lo meramente humano; heno es pura paja; hojarasca son las hojas que caen, que no tienen vida, que no están viviendo del árbol, y entonces están secas; esa es la hojarasca; entonces hay cosas que nosotros hacemos en la carne, y eso es pura paja; no está hablando de la salvación, sino del trabajo de los salvos por gracia; entonces dice aquí: "la obra de cada uno se hará manifiesta porque el día la declarará"; habla de la obra, no está hablando de la salvación; "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada"; ahora dice aquí: "y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, ( no está hablando de la salvación, la salvación ya es un hecho, está hablando del reino) recibirá recompensa"; noten: "si" es un condicional, no está hablando de la salvación, la salvación es creer, ya eres salvo, pero ahora los salvos trabajan, y ese trabajo se prueba en el Tribunal de Cristo, para definir su posición en el Reino, no la salvación, la salvación ya fue definida, es otra cosa la que se define aquí; entonces dice aquí: "si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa", no dice: la salvación; la salvación no es por obras, para que nadie se gloríe; pero la recompensa sí es por obras; el lugar en el Reino. "Si la obra de alguno se quemare", si era un siervo, pero lo que hizo, él mismo lo borró, escribió con la mano y borró con el codo, que es lo que nos pasa muchas veces, "Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida", habla de sufrimiento y de pérdida, y ahora habla de fuego, pero no eterno; "sufrirá pérdida", es decir, en relación con el galardón, "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego". O sea que la salvación es diferente del galardón; será salvo ¿por qué? porque él no pierde la salvación, la salvación es un regalo, la salvación no es un préstamo. Cuando Dios sabía que nadie se podía salvar si Él no le daba la salvación, los que creyeron la recibieron, son salvos; pero eso no quiere decir que porque son salvos no tengan que ser hijos y siervos, y que no tengan que ser corregidos o recompensados, no con la salvación, sino con su lugar en el Reino, o su exclusión temporal del Reino, ¿ven?

 

     Entonces, teniendo en cuenta esto, volvamos a 2ª a los Corintios capítulo 5, porque hicimos esta disgresión para captar de que es de lo que está hablando aquí, para no confundir salvación con galardón, ni salvación por obras; no, no es salvación por obras, es salvación por fe; pero si la salvación es por fe, ¿qué lugar tienen las obras? Este es el lugar de las obras, no para salvar, sino para edificar y ser recompensados en el Reino; es algo adicional y diferente de la salvación que es un regalo, ¿amén? ¿está claro? Entonces volvemos a 2ª a los Corintios 5; estamos en el verso 10: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba…", noten, aquí no se está decidiendo "la salvación"; ¿qué se decide en el tribunal de Cristo? El lugar en el Reino. "Bien hecho, siervo fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades, o sobre 5, o sobre dos; ¿tú quien eres y qué hiciste? Pero si no se te reconoce, entonces vas al castigo temporal, ¿se dan cuenta? Entonces dice aquí: "para que cada uno reciba según lo que haya hecho…", ya no es solo por la fe; la fe es para salvación, pero aquí no se está definiendo la salvación, ¿ven? "…mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo"; si hizo algo bueno, va a recibir recompensa; pero si hizo algo malo y no lo arregló, va a sufrir pérdida; y aunque su salvación no se pierde, pasa por fuego; un salvo que sufre pérdida y pasa por fuego. Aquellos siervos, que sabiendo la voluntad de su Señor, no se prepararon ni hicieron, son castigados con pocos o muchos azotes, y van a la prisión hasta que paguen el último cuadrante. Aquí no está hablando de que él tiene que pagar por su salvación, como si el Señor no pagó, no; el Señor ya pagó su salvación; aquí lo que él tiene que pagar, el precio que el hombre tiene que pagar, es el precio para madurar, para ser hecho a la imagen de Cristo, para desagraviar al agraviado. La salvación no se está discutiendo aquí; no vayan a confundir una cosa con otra; la salvación es un regalo; pero para ser maduro y ganar el alma asemejándola a Cristo, hay que pagar un precio; si no lo paga aquí, le toca pagarlo allá; también aquí un poquito, o más adelante y después.

 

Entonces nos vamos dando cuenta de que no es cuestión de salvación eterna; nadie vaya a salir diciendo de aquí que la salvación es por obras; ya lo estamos diciendo muy claro; pero los salvos son hijos cuyo servicio o pecado se juzga en el Tribunal de Cristo, donde se determina si su edificación perduró o si se quemó; entonces allí se decide su posición en el Reino, si va a estar reinando, o si va a ser excluido del Reino como aquellos que son excluidos, como aquellos que van a prisión temporal; no saldrá de allí hasta que pague el último cuadrante, o sea, hasta que llegue a ser transformado como para no echar a perder el Reino de los otros, y haya desagraviado al que agravió y aún no solucionó su problema; porque si no somos transformados aquí, echamos a perder el reino; ysi no somos trasformados en el Reino, el Cielo y la Nueva Jerusalem; así que tenemos que ser corregidos aquí para no dañar a los demás. No estamos hablando del infierno indefinido, o sea, de la gehena, pues la gehena es para los perdidos eónicamente; aquí estamos hablando del proceso del reino de los cielos; hay correcciones en la era de la Iglesia y correcciones en la era del Milenio.

 

     Vamos a ver las correcciones en la era de la Iglesia; vamos a 1ª a los Corintios otra vez, capítulo 11; leemos desde el versículo 27: "De manera que cualquiera que comiere este pan (la mesa del Señor) o bebiere esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor". Una persona que participa de la cena del Señor, es un creyente, es un hijo; está hablándole a la iglesia; sin embargo, puede estar culpada, haciendo las cosas en broma; entonces ¿qué viene? "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así", habiéndose probado, habiendo pedido perdón, habiéndose reconciliado con Dios y los hermanos; "como así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí"; aquí no es el juicio eterno; vamos a ver por el contexto que es un juicio temporal, es un juicio que se cumple durante la era de la Iglesia, y si no fue suficiente, continuará durante el Milenio, dice: "juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay (es la era de la Iglesia) muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (o sea, mueren antes de tiempo). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos…", si reconocemos nuestras faltas, somos honestos, falté en esto, reconozco, perdóname, perdónenme, Señor y hermanos; listo, la sangre del Señor lo limpió, se acabó, ¿ven? Puede ser que si la persona lo está tomando livianamente, el Señor le permite una disciplina, pero lo perdonó, ya fue reconciliado, David ya tiene comunión con Dios; Dios te ha perdonado le dijo Natán a David; sin embargo el hijo murió, sin embargo tuvo problemas con su familia, porque la disciplina no fue quitada todavía; él fue perdonado, el gozo de la salvación vino, pero la disciplina le duró un poquito, porque es un hijo, porque es una hija, entonces el perdón de la disciplina es más demorado; el perdón eterno es de una vez y para siempre; el perdón de comunión también es instantáneo, tan pronto te arrepientes y pides perdón; pero el levantamiento de disciplina es diferente, ¿amén? Dios es sabio y sabe cómo tratarnos para transformarnos.

 

     Seguimos aquí en 1ª a los Corintios 11; estamos en el verso 31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados"; ¿cuál es este juicio aquí? No es el eterno, sino que es el de una enfermedad, o el de una debilidad, o el de una muerte prematura, se accidentó, alguna cosa, ¿verdad? Se le acabó el tiempo de seguir sirviendo y edificando su tesoro, su cuenta, porque la Biblia habla de que tenemos una cuenta; pero no para salvación eterna, pues eso ya está definido; es una cuenta para el Reino, el galardón adicional a la salvación. Entonces vemos acá: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", o sea, juzgados con debilidad, con enfermedad y hasta con una muerte. Dice: "mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" Entonces este castigo no es eterno, no es la condenación eónica, ¿se dan cuenta? Castigados para no ser condenados; o sea que Dios a sus hijos nos corrige porque El ya nos perdonó y nos perdona, y nos perdona constantemente; pero si vamos a seguir haciendo de las nuestras, nos tiene que corregir; cualquier padre corrige a su hijo, no porque no sea su hijo, sino porque es su hijo; Él comienza por su casa a corregir a los suyos, a veces con problemas, con dificultades; no sabemos qué es lo que está pasando; pues. Hermano, lo que está pasando es que la disciplina está decretada porque es un hijo falluto.

 

     Vamos al Salmo 89, que algunos ya lo conocen, pero para enriquecer esto, voy a leer desde el versículo 26, para ver la promesa del Señor para con Cristo: "Él me clamará, (el Hijo me clamará) Mi padre eres Tú"; aquí está hablando del Hijo de Dios, de Cristo; es una profecía acerca de Cristo, y de la obra de Cristo, y de los hijos de Dios gracias a Cristo; "Él me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación"; y ahora dice el Padre: "Yo también le pondré por Primogénito"; Jesús es el mayor entre muchos hermanos; "le pondré por Primogénito, el más Excelso de los reyes de la tierra" Quién es? Jesucristo, Señor de señores, Rey de reyes, "el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y su trono como los días de los cielos". Ahora ¿qué pasa si nosotros sus hijos, que decimos ser cristianos, que amamos a Dios, comenzamos a pecar? "Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión"; esa vara puede ser debilidad, enfermedad, problema; "castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades"; esos azotes pueden ser aquí en la era de la Iglesia, pero si es necesario continúan en el Milenio, porque también se dice que en el Tribunal de Cristo habrá personas que se presentarán con cosas malas, y entonces tienen que continuar en el Milenio los azotes; por eso dice: unos serán azotados poco y otros serán azotados mucho; los azotes empiezan aquí, para que aquí nos corrijamos; pero si no nos corregimos aquí, continúan en el Milenio, ¿ven? Entonces dice: "castigará con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, más no quitaré de él mi misericordia"; no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que está en la disciplina del Padre; "no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad, no olvidaré mi pacto";  el Señor murió por nosotros, no tenemos otra esperanza, hemos creído y lo hemos recibido, y la dádiva de Dios es vida eterna, salvos eternamente, ah! pero porque soy salvo ¿puedo pecar? No, el Padre te corregirá si pecas. Entonces dice: "ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre"; habrá pasado por fuego, pero sigue salvo en Cristo, salvo como por fuego, por el castigo. "Y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo"; o sea que la salvación es eterna por causa de la unión con Cristo. Si pecamos, podemos ser castigados aquí o en el Milenio, ¿amén, hermanos?

 

     Ahora, si entendimos 1ª a los Corintios, que somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo, entonces ¿cuál es la era del castigo? Aquí, mientras estamos en la tierra, y después del Tribunal de Cristo, durante el Reino del Milenio; ahí es el galardón o el castigo temporal, que podemos llamar dispensacional, si queremos.

 

     Volvamos a Mateo 18, porque todo esto era para entender esta frase: "un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos"; estábamos tratando de entender esa frase. Estamos en el 18:23 de Mateo: "el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas…", esas cuentas son en el tribunal de Cristo, ¿ven? Claro que el Señor quiere que te vaya bien en el Tribunal de Cristo, y te corrige aquí; por eso dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo;…no te fatigues cuando eres disciplinado…; porque ahí es cuando Dios te está demostrando Su amor; Él te está disciplinando temprano, para que estés mejor en el Tribunal de Cristo; pero algunos se escapan acá queriendo salvar la vida almática, pero allá no se escaparán; es mejor llevar el yugo desde la juventud, el yugo del Señor, ¿amén? Entonces dice aquí: "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado", aquí ninguno se escapa; porque ¿qué dice el Señor? que Él enviará sus ángeles y reunirán a sus escogidos; y también ¿qué dice en cuanto a la red? Que recogerán peces buenos y otros malos, unos que causan tropiezo; ¿qué hace el Señor?  Los apresa con sus ángeles; no hay bandido que se escape del Señor y de sus ángeles; a cualquier bandido lo agarran y lo traen; ya sea al Juicio del Trono Blanco, pero si es un hijo que se hace el bandido, también se lo traen al Tribunal; entonces dice aquí: "fue presentado uno que le debía", no es cualquier bobería, "diez mil talentos", aquí el Señor usó una medida tan grande; por el contexto en el griego se nota después de que era una gran deuda la que tenía esta persona, este siervo de un rey, le tenía una deuda de diez mil talentos; ¿saben cuántos son diez mil talentos? Miren, el salario de un día es un denario; y 6000 denarios es un talento; diez mil talentos son sesenta millones de denarios; seguramente de ese rey tenía que ser algún ministro; aquí está mostrando el Señor que lo que Él nos da es muy valioso, y por eso tenemos que responder, ¿ven? Y este había dilapidado lo grande, lo glorioso, lo inmenso que fue puesto en sus manos; eso es lo que significa diez mil talentos; son los talentos áticos, antiguos, que son 6000 denarios por un talento; y un denario es el jornal de un día; imagínense lo que son 6000 denarios por un talento, y diez mil por seis mil son sesenta millones de denarios; aquí el Señor está mostrando que lo que Él ha puesto en manos de sus siervos no es una cosa pequeña, es una cosa muy, pero muy grande. Pero ¿qué hizo este siervo? "A éste, como no pudo pagar,…", aquí está mostrando la condición del hombre; el hombre en sí mismo no puede pagar, y transmite su naturaleza pecaminosa a su familia; él no pudo pagar, y dice acá: "como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; es decir, lo justo es que él pague lo que debe; si no se basa en la misericordia, en la gracia de Dios, paga él, y paga su familia, y pagan sus hijos, porque todos los que son hijos de pecadores son pecadores, ¿se dan cuenta? Además que aquí está el asunto de la enseñanza de la esclavitud antigua.

 

     Antiguamente, cuando una persona estaba en una guerra, digamos, cuando la guerra era justa, un país había ofendido a otro país, y entonces hubo una guerra de desagravio y también de recuperación, como pasó, por ejemplo, en Kuwait; llegó Irak y pasó por encima y agarró Kuwait; e inmediatamente vino la reacción del mundo a hacerle devolver a Kuwait; entonces eso es lo que se llamaría una guerra justa, es decir, una guerra de desagravio y de recuperación de lo que fue robado. (Aunque en el caso de Kuwait parece que hubo maniobras para inducir a Irak, para luego, por el petróleo, justificar la invasión usurpadora). Entonces ¿qué pasaba cuando había esas guerras? Estoy hablando de la antigüedad; mencioné ahora al Irak actual, pero volviendo a lo que era la costumbre en la época antigua, acordémonos de que aquí estaba en vigencia la ley, cuando Jesús está hablando; entonces ¿qué sucedía? Los prisioneros de guerra tenían que pagar, y eran esclavizados, tenían que trabajar para los victoriosos; y también si alguien robaba, y no podía pagar, tenía que pagar con su trabajo.

 

     Vamos a leer las leyes del Antiguo Testamento, para entender un poco mejor este asunto de las leyes de la esclavitud, para entender esta frase aquí. Éxodo capítulo 22, dice en los tres primeros versos, y pongan atención por favor, dice así: "Cuando alguno hurtare", mire cómo era la ley de Israel para los que estaban bajo la ley. Acuérdense de que Israel estaba en medio de unos países bárbaros; Israel también venía de ser bárbaro; y las leyes eran todavía más bárbaras; ahora Dios está apaciguando de a poco esa barbaridad de la época antigua. Entonces dice aquí: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas." Eso es lo que Dios consideraba justo. "Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido, y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día…", ya no de noche, porque de noche uno no sabe y está defendiendo la vida, ¿ven? "Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto"; es decir, él robó y no tiene como pagar, entonces queda como esclavo para que por medio de su trabajo pague lo que se robó, ¿verdad?

 

     Podemos inclusive pasar a la página anterior, para que veamos las leyes sobre la esclavitud, para entender un poco aquí por qué leímos eso en los dos deudores; capítulo 21 desde el verso 7: "Y cuando alguno vendiere su hija por sierva", miren cosas que sucedían en ese tiempo; o sea, no podía vivir, y vendió su hija por sierva; "no saldrá ella como suelen salir los siervos". Los siervos salían al séptimo año; pero aquí eran tomadas como esposas. "Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas"; ya dejó de ser una esclava, ahora es una hija. "Si tomare para él otra mujer," si aquel hijo que tiene a esta esclava por mujer, tomare otra mujer, dice: "no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia, sin dinero"; esa era la ley de esclavitud que antes era terrible; aquí el Señor le está poniendo orden a lo que era antes; se volvió una esposa, y tiene que cumplir con ella; y si no cumple, ella es libre; o sea, el Señor está liberando la esclavitud bárbara que había en esa época.

 

     Pasemos a Deuteronomio capítulo 23 versículo 15; allí también habla de las leyes; y el 16: "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo"; aquí vemos como el Señor estaba aligerando la esclavitud. Filemón se volvió un hermano, y Pablo mandó a Onésimo mismo con una carta: recíbelo como a un hermano, no para que fuera esclavo, sino recíbelo como a un hermano, como a mí; entonces dice: "No entregarás a su señor el siervo que huyere a ti de su amo. Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás." Miren como el Señor estaba aligerando la esclavitud que fue tan común, y que incluso en los siglos posteriores del Cristianismo todavía ha habido esclavitud, y hasta hoy hay esclavitud; había personas que iban, portugueses que decían ser católicos, holandeses que decían ser creyentes, se iban al África a robar personas y a venderlas en los mercados para trabajar en las minas; ¡terrible! El Señor a eso lo llamó secuestro, y lo castiga terriblemente; el Señor no permitía esa clase de esclavitud que era lo común, incluso en épocas dizque civilizadas, y todavía había grupos de raza negra que se robaban a otros de raza negra para vendérselos a los negreros, cosas terribles; entonces estamos viendo como eran las cosas en esa época; hay otros versículos allí en la Escritura.

 

     Vamos a pasar a Génesis capítulo 17; allí el Señor quería que, los que eran esclavos en ese momento, entraran a formar parte de la familia, como persona de la familia. Dice desde el vero 11: "Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio (es decir cortar con la carne) y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, (porque se compraban personas por causa de la esclavitud, ¿se dan cuenta?) que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo".

 

     Ahora pasamos a Éxodo 12 versículo 44 en la continuación de esto; dice así: "Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella (de la pascua) después que lo hubiere circuncidado"; o sea que el Señor estaba calmando la esclavitud. Tu siervo también va a ser circuncidado, va a entrar en Mi Pacto y va a participar de la Pascua, y vas a tratar bien a tu siervo; y hay muchas otras leyes que el tiempo no nos da, pero Dios decía: El año séptimo sale libre y no lo vas a enviar con las manos vacías, no, sino que le vas a dejar de tus vacas, de tus ovejas, le vas a dar su esposa, su casita; y él sale; o sea que el Señor aligeró lo que era la esclavitud, la hizo más bien suave, de tal manera que algunos siervos no querían dejar su casa. Decían: yo tengo aquí todo seguro, yo tengo trabajo y estoy viviendo bien; mi amo me trata como un hijo, como un amigo, así como aquel centurión de la Biblia que tenía un siervo enfermo, decía que era su niño. Primero, cuando cuenta la historia, dice que era siervo; pero él dijo que era su niño; era alguien que él amaba como un hijo; está enfermo, por favor di la palabra y mi siervo, mi niño, mi muchacho, dice el griego, sanará; y de hecho hubo épocas cuando Lincoln en Estados Unidos, después de esas guerras, abolió la esclavitud; ya vino una ley que dijo: todos los esclavos son libres; y hubo muchos esclavos que se levantaron, fueron a la plantación, trabajaron, y no se iban; decían: somos libres, pero ¿a dónde nos vamos a ir? Bueno, entonces se quedaron y aceptaron trabajar con eso; vamos a pagarles tanto, y se volvieron personas que trabajaban en común acuerdo con un salario, durante la propia independencia, y la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, con los que eran buenos; claro que eso no fue en todo lugar; hubo perversos; pero hubo casos en que los propios esclavos no se fueron, y quisieron quedarse trabajando con sus amos como alguien más de la familia. Cuando aquellos patrones tenían un corazón cristiano, incorporaban en su familia a los que antes habían sido esclavos; entonces quise leer todo esto, porque a veces, si no tenemos en cuenta el trasfondo, la época, la cultura en que se está hablando, la juzgamos en el siglo XXI; y Él está hablando aquí en el siglo I, cuando estaban bajo la ley, cuando a través de la ley en Israel Dios estaba suavizando condiciones peores; entonces Él está hablando aquí con ese trasfondo.

 

     Volvamos a Mateo capítulo 18:25: "A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; ahora tiene que trabajar y pagar con su trabajo, ya que no puede pagar de otra manera; "y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda", es decir, aquí está mostrando que se nos ha dado algo muy grande, que somos absolutamente deudores y que no podemos pagar. Entonces sólo porque el Señor es movido a misericordia, somos perdonados, ¿ven?

 

     Verso 26: "Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia (aquí la palabra no es paciencia, sino longanimidad, que es también como paciencia, demórate más en cobrarme y te lo pagaré todo) conmigo, y yo te lo pagaré todo". Realmente, él pensaba que iba a poder pagar; a veces nosotros pensamos que podemos pagar lo que debemos; nosotros naturalmente podemos decir: yo tengo que llevar mi "karma" encima y voy a pagar; ay, ay, no somos budistas, hermanos, somos cristianos; aquí nadie puede pagar; si el Señor no paga por nosotros, nadie se salva; pero él decía: te lo pagaré todo; este siervo no sabía en qué base estaba.

 

     Verso 27: "El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó (o sea, lo dejó libre, aunque lo habían traído preso, un ajuste de cuentas), y le perdonó la deuda" Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros; cualquiera de nosotros debe acordarse, cuando vamos a tratar con otro, cuando vamos a reclamarle a otro, qué es lo que el Señor nos ha perdonado, de qué nos ha librado el Señor; eso es lo que siempre tenemos que recordar: El Señor me ha perdonado dos, cuatro, cinco millones de veces, ¿cómo no voy a perdonar yo? Pero miren lo que pasó. Ah! es que el hombre es terrible: "Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos", o sea uno igual a él, alguien igual que él, un consiervo; el otro era el señor, y el señor le perdonó a él diez mil talentos, 60 millones de denarios; y su consiervo le debía cien denarios, es decir, más o menos tres meses y un poquito le debía; "halló a uno de sus consiervos"; esta palabra "halló", realmente es encontró; o sea que él se vio de pronto con su consiervo "que le debía cien denarios", o sea, una sesentamilaba parte de lo que a él se le había perdonado; "y asiendo de él, le ahogaba, diciendo:"; primero actuó y después habló; aquí la palabra "ahogó" es que lo estaba como estrangulando, lo estaba ahogando, págame lo que me debes, págame lo que me debes, lo estaba casi ahogando al otro, no lo dejaba ni respirar; eso está mostrando el Señor con esta parábola, como somos nosotros, se nos olvida que hemos sido perdonados de algo tan grande, sin embargo estamos ahogando al otro, reclamando constantemente. ¡Señor, ten piedad de mi!

 

     Verso 29: "Entonces su consiervo", noten, como para recordar lo que había pasado con él, el consiervo hizo lo mismo que había hecho él con el señor, "postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré", el todo aquí agregado. Fíjense, lo mismo, era como para que él se acordara, mire él está ahora en la situación que yo acabó de estar; y ni siquiera así él quiso perdonar. "Mas él no quiso", es decir, endureció su corazón, no quiero, no quiero, le mantengo la deuda, y dice: "sino fue", y aquí la palabra fue son tres letras en español; en griego son más letras, y es insistir; ustedes saben que estaban en medio de cuando era el imperio romano, y no podían meter a alguien en la cárcel así no más. Para meter a un siervo en la cárcel tenían que ir a un tribunal y tenía que haber un juez, testigos, un fiscal acusador, un defensor, y después de todo el juicio entonces el otro iba a la cárcel; o sea que este hombre estaba tan duro que hizo todo esto; son tres letras "fue", pero ese fue es mucha cosa; una persona dura, insistió e hizo todo el trámite para hacerle a otro mal, para cobrarle al otro; son tres letras, pero hay que entenderlas, "fue y le echó en la cárcel", eso no es tan fácil, es un todo un trámite que hizo movido por la maldad, por el enojo, por el odio, por la amargura, por la venganza; qué terrible es el corazón humano, ¿verdad? "hasta que pagase la deuda"; ahora aquí está hablando de siervos; cuán terrible es nuestro corazón en su naturalidad, si no estamos en el Señor, en el Espíritu.

 

     Verso 31: "Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho"; hay una tristeza primero con lo que él es, como él es; segundo, lo que está haciendo a otro, y la ofensa que le está haciendo a su señor que le perdonó; eso causó tristeza, por la ofensa al rey, por la ofensa al que casi ahoga, y por lo que él mismo se hizo, tan miserable; entonces se entristecieron; y ahí comenzaron a orar, a interceder; dice: "viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y refirieron a su señor todo lo que había pasado"; cuando en oración se empieza a contar las cosas: Señor, tócalo, trátalo, Señor, soluciona esto, Señor, ayuda a este pobre que está en un problema.


     Verso 32: "Entonces, llamándole su señor", ahí está, ahí viene la disciplina, ¿se dan cuenta? No es que se salvó y perdió la salvación; aquí entran en discusión calvinistas y arminianos; no; por eso desde el principio hablamos de que es en el contexto del Reino Milenial, de la disciplina dispensacional, del perdón de disciplina; ese es el que se demoró acá en arreglar sus cosas. "LLamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné"; el Señor le está recordando y haciendo entender todo lo que Él perdonó; "te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías…", oigan la palabra "deber"; cuando somos perdonados, adquirimos el deber de perdonar. Hermanos, y si hacemos cuenta de todo lo que hemos sido perdonados por Dios, es este el deber que está sobre mí, sobre tí, sobre cada uno de nosotros: "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" Porque se dice: "el que hiciere misericordia, se hará con él misericordia. Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia; pero él que no hiciere misericordia, juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; por eso la misericordia triunfa sobre el juicio". Señor, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, y la Biblia dice que tiene que morir apedreada; el Señor no dijo que esa no era la ley, sino que dijo: el que esté libre de pecado, tire la primera piedra; y ahí si se dieron cuenta de que todos eran iguales de pecadores, o peores, y se fueron empezando por los más viejos, porque más pecados tenían; y dijo Jesús: ni yo te condeno, vete y no peques más. Sí era un pecado, pero tuvo misericordia de ella. Juicio sin misericordia se hará con el que no hiciere misericordia. "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?"

 

     Verso 34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; dos veces en la Biblia aparece la palabra "verdugos"; aquí y en el Antiguo Testamento; en el Antiguo Testamento son ángeles. Vamos a ver los verdugos en el Antiguo Testamento; vamos a Ezequiel capítulo 9, y volveremos aquí. Ezequiel 9, para entender esta palabra "verdugos"; aquí aparece desde el capítulo 1 hasta el 9 la visión de los pecados de Jerusalén, de los mismos líderes; en el capítulo 8 las abominaciones de Jerusalén; entonces, claro, después de todo el pecado del que era su pueblo, leyendo del 1 al 8 hay las abominaciones del pueblo de Dios, del liderazgo mismo del pueblo, los ancianos del pueblo haciendo abominaciones, eso lo digo para que no nos resulte tan duro el 9; pues acaba de venir de declarar las abominaciones; entonces dice: "Clamó en mis oídos"; aquí está la voz fuerte del Señor, "con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir, y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce". Lo primero fue el altar, para ver quien estaba bajo la expiación; pero nadie, todos pecaban y ninguno pedía perdón. "Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa;" o sea, primero estaba en el Santísimo y se puso en el lugar santo de la casa, después se puso en la puerta de oriente y se fue, abandonó la casa y la gloria se fue; y dice: "y llamó Yahveh al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Yahveh: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella", o sea, a los que no concuerdan con las abominaciones que se están haciendo; vayan márquenlos; él fue, marcó a Ezequiel, casi a nadie más; todos los demás eran indiferentes y eran partícipes de la locura como está el país, una locura de matanzas, de orgías, de sangre, de las peores barbaridades. Bueno, primero marca a los que gimen, a los que no están de acuerdo con esto; y después dice: "Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él"; primero en pos, o sea, primero los marcados, como cuando el juicio venía sobre los egipcios, los de Israel estaban bajo la sangre; primero hubo la misericordia, pero de los que no aceptan la sangre del Cordero, los que siguen sus abominaciones, entonces dice: "Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno, pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo"; noten que terrible. Ezequiel dijo: Señor, no está quedando nadie; estos ángeles son llamados los verdugos, son los que vinieron con Él por el norte. Primero viene el aspecto espiritual, el juicio espiritual, los ángeles moviendo las circunstancias; y después vienen los acontecimientos, como fue la invasión de Nabucodonosor, los caldeos y de los babilonios, y arrasaron con Israel; Dios trajo juicio, pero ese juicio fue arreglado, ordenado por ángeles; y aquí la Biblia habla de verdugos; dos veces no más aparece la palabra "verdugos"; ¿qué dice el Señor? que serán atormentados delante del Cordero y de sus ángeles, y que el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo. ¿Usted piensa que en este momento Pablo Escobar estará teniendo reposo? ¿él a cuantos mató, a cuántos robó, a cuántos incineró? ¡Cuánta locura hizo! ¿Usted piensa que está muy feliz ahora? Hermanos, sólo mencioné uno, pero la historia está llena de barbaridades, de abominaciones; entonces por eso tiene que haber juicio, por eso la palabra "verdugos", ¿ven? Entonces la palabra es "verdugos"

 

Volvamos a Mateo 18:34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos";  Dios lo permite, incluso le entrega. Por ejemplo, dice que aquellos ángeles que van a salir del abismo, van a atormentar por cinco meses a los que no tengan el sello del Dios vivo que es el Espíritu Santo, en la gran tribulación; Dios primero tiene que dar permiso para que haya un castigo; ¿por qué a veces hay países que tienen castigo? Uno no sabe lo qué está haciendo Dios; le pasó a uno, pero le tocó a usted después. Si ustedes no se arrepienten, también sucede con ustedes, dice el Señor. Dice acá: "le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía"; vemos aquí que esto no se refiere tan sólo lo que la expiación paga, sino a lo que el hombre debe pagar; él era una persona que fue perdonada, pero su carácter no era el de Cristo; entonces tenía que ser corregido; y para ser corregido fue entregado a los verdugos; a veces es aquí en la tierra, a veces es en el Milenio. Dice que será azotado mucho; los que lo azotan, lógico que son los verdugos; esos son los que azotan. A veces Dios permite incluso a  espíritus malignos, como le pasó a Saúl, que vinieron a estorbarlo. Entonces Dios nos guarde y nos dé un corazón misericordioso y perdonador.

 

     Verso 35: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros"; y El está hablando a sus discípulos, "si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". Hermanos, el Señor busca que perdonemos de todo corazón, no guardar nada en el corazón, perdonar y listo; ya el Señor juzgará, porque el Señor dijo: no os venguéis vosotros mismos, mía es la venganza, dejadme a mí dar el pago. Si alguien está siendo injusto contigo, tú perdónalo; Dios sabe lo que va a hacer, tú no guardes rencor, no guardes amargura, deja tu corazón libre, quédate con el Señor, perdona tú, porque tú has sido perdonado y perdonado muchas veces; entonces perdonemos y no nos cansemos de perdonar. Esto ¿lo dijo cuándo? Cuando Pedro le había dicho: ¿cuántas veces perdonaré, hasta siete? No, hasta setenta veces siete; o sea que hay que estar dispuestos a perdonar siempre para no ser atrapados por el odio, por la amargura, por la venganza, por el rencor, que es lo que más nos destruye; perdonemos y dejemos al Señor dar el pago. El Señor, cuando padecía no condenaba, sino que encomendaba la causa al que juzga rectamente. Señor, tú sabes, yo perdono, no quiero guardarlo en mi corazón; paso por alto esto; está en tu mano, límpiame; y entonces el Señor nos ayuda a perdonar. Y lo que dijo en el "Padre nuestro", y con esto termino, fue lo mismo que dijo acá: "porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará"; aquí se refiere al perdón de disciplina, que es el perdón de gobierno, ¿amén? Cuando el Señor salva, su Palabra no vuelve atrás; pero si necesita castigar, castiga a los salvos para que sean corregidos. Nunca nuestro castigo paga la expiación; aquí no se trata de la expiación, aquí se trata del precio para ser transformados, la disciplina de Dios. Vamos a dar gracias a Dios.

 

     Padre Dios, Te agradecemos que nos hayas concedido considerar estas palabras solemnes del cielo pronunciadas en la tierra a tus siervos; y ahora, Señor, nosotros las hemos oídos para que las obedezcamos. Señor, concede a nuestro corazón perdonar, concede a nuestro corazón no retener nada a nadie, porque nosotros sabemos de cuantas cosas hemos sido perdonados por Ti, y cómo constantemente nos estás perdonando de nuestras barbaridades y abominaciones. Señor, ten compasión de nosotros, danos un corazón misericordioso para también alcanzar misericordia, que es lo que Tú quieres imprimir en nuestro ser. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús. Amén.

 

Esto dijo el Señor también delante de los fariseos y los saduceos que no querían perdonar. Gracias, hermanos.

 

 

Gino Iafrancesco V., 27 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

Otros mensajes en General

Blog alojado en ZoomBlog.com